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Letras de La Niña Que Nunca Miraste

El texto refleja el dolor y la frustración de una hija hacia su padre ausente, quien ha causado un profundo daño emocional. A pesar de los intentos de reconciliación, la protagonista reconoce que su relación nunca será la que deseó y que se siente como una extraña en su propia familia. A lo largo del relato, se manifiestan sentimientos de odio y amor contradictorios, dejando claro que la herida emocional persiste.

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Letras de La Niña Que Nunca Miraste

El texto refleja el dolor y la frustración de una hija hacia su padre ausente, quien ha causado un profundo daño emocional. A pesar de los intentos de reconciliación, la protagonista reconoce que su relación nunca será la que deseó y que se siente como una extraña en su propia familia. A lo largo del relato, se manifiestan sentimientos de odio y amor contradictorios, dejando claro que la herida emocional persiste.

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Sara Gómez Grup 2

Letras de la niña que nunca miraste

Dices que lo que te estoy haciendo no se lo desearías ni a mi peor enemigo, lo malo


es que mi peor enemigo siempre fuiste tú.

Tus reproches, tus súplicas por mi atención, yo ya los viví muchos años atrás.

Parece que nos hemos intercambiado los roles pero, aun así, la mala sigo siendo
yo.

Me has ignorado toda mi vida y ahora que soy yo la que lo hace, soy una mala
persona y debería reflexionar sobre mi comportamiento. Ahora que lo ves desde mi
perspectiva, me gritas y me dices que te estoy haciendo mucho daño, pero tu no
eres una niña pequeña esperando que su padre por fin apareciese por casa
mientras él estaba en el trabajo (o a saber dónde), tratando de ignorar lo que le
estaba haciendo a su mujer y a sus hijos.

Ahora me doy cuenta de que nunca fui el problema, aun así me echaba la culpa por
no hacer lo suficiente para que me hablaras, para que jugaras conmigo, para que
me escucharas, para que me abrazaras, para que me amaras.

Me sueles hablar de mi infancia y que he cambiado mucho, sé que lo que quieres


decir es que ya no soy esa niña tan fácil de manipular, ya que me sé dar cuenta de
lo está bien y lo que está mal y por eso me he alejado de ti.

Le solías decir a la gente que era una niña feliz, que me pasaba el día riendo y que
siempre le veía el lado bueno a todo, sigo sin comprender porque lo decias si
después fuiste tú el que me arrebató esa luz.

Supongo que me tendré que acostumbrar a no taparme los ojos cuando paso por
delante del parque para no ver a niñas jugando con sus padres, a no taparme los
oídos para no escuchar a mis amigas hablando de lo maravilloso que es el suyo,
mientras tú eres la ausencia más presente en mi vida.
Fuiste el primer hombre en romperme el corazón, digo el primero porque sé que
nunca podré confiar del todo cuando esté en una relación, porque el hombre que se
suponía que jamás me iba a hacer daño, fue el primero que lo hizo.

Acepto que nuestra relación nunca será la que soñé que fuera, pero también acepto
que me merezco más que las migajas de afecto que dejaste caer durante todos
estos años.

También hubieron risas, pero no compensan todas las noches en vela que me
destrocé a mí misma solo por ti. Porque el monstruo que se escondía debajo de mi
cama, del que se suponía que me tenías que proteger, estaba cansado de
escucharme llorar.

Lo peor de todo es que ni siquiera te echo de menos, porque nunca te llegué a


conocer, nunca te llegué a amar de verdad y tu pretendes conocerme cuando
simplemente somos dos extraños que comparten sangre.

Quizá en otra vida ese perdón que tantas noches anhele no será solo un sueño,
sino una realidad. Quizá en esa vida no conoceré el sabor metálico de la sangre y el
tacto de tus dedos serán solo caricias.

Me has hecho daño como nadie y actúas como si nada hubiese pasado. “Él se lo
pierde” es lo que suelen decir, pero aquí la única que se siente perdedora de algo
soy yo, tú ya te estabas construyendo otra vida a costa de la mía.

Odio que me llames, odio que me escribas, odio las canciones que me recuerdan a
ti, odio que me digan que me parezco a ti, odio parecerme a ti, odio que me
pregunten por ti y tener que dar explicaciones, odio llevar tu apellido, odio callarme
todo lo que me gustaría decirte, odio que te halaguen, odio tener que escribir esto,
odio ver fotos nuestras, odio el 19 de marzo, odio tu voz, odio tu carácter, odio tus
bromas, odio tu ropa, odio tu olor, odio tu pelo… Pero sobre todo lo que más odio es
que nunca te podré llegar a odiar.

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