10.
FRIEDRICH NIETZSCHE
1 Introducción
1.1 Contexto cultural e histórico
1.2 Contexto filosófico
1.3 Vida y obra
2 Teoría del conocimiento
“Sobre verdad y mentira en sentido extra moral”
3 Crítica a la Cultura Occidental
3.1 Crítica a la moral
3.2 Crítica a la religión cristiana
3.3 Crítica a la filosofía tradicional
3.4 Crítica de la ciencia
4 El Superhombre y el Eterno Retorno
4.1 El Superhombre
4.1.1 . Proceso hacia el Superhombre
4.1.2 Características del Superhombre
4.2 El Eterno Retorno
1. Introducción (Contexto)
1.1. Contexto cultural e histórico
Antes de la guerra franco-prusiana de 1870, los enfrentamientos bélicos sólo
preocupaban a las dinastías políticas europeas, que los concebían como un instrumento
de expansión territorial, económica y de recaudación de impuestos. Pero tras la guerra,
la política de Prusia sufrió un giro hacia una progresiva manipulación de la opinión
pública para favorecer el apoyo popular a la guerra. Prusia llegó a consolidarse como
un país altamente nacionalista y militarizado, que concentraba todos sus esfuerzos en
el logro de un estado alemán en competencia con los estados circundantes. Nietzsche
presenció esta manipulación de las masas y de la opinión pública a favor del
nacionalismo y fue testigo de cómo la vida cultural, artística, literaria, filosófica y
religiosa estaban al servicio del Estado prusiano. El triunfo de los prusianos embriagó
a la cultura alemana, que se vio reducida a mera cultura de masas, en un proceso de
simplificación y homogeneización que Nietzsche detestaba.
Esta Alemania joven y fuerte se vanagloria de su reciente historia, con genios en
literatura (Goethe, Schiller, Hölderlin), filosofía (Kant, Hegel, Marx), música (Bach,
Beethoven, Schuman, Brahms) y en las restantes ciencias que la convierten en una
potencia europea.
Se dan en esta época las primeras conmociones de revueltas obreras frente a la
opulencia del capital y un avance significativo de las ansias ilustradas de conquistar el
mundo con la razón y con las ciencias. Pero todo este exceso de razones será rechazado
por Nietzsche, padre filosófico del irracionalismo y destructor de mitos para quien la
razón es un invento y las ideas metafísicas son ídolos.
La crítica a la cultura alemana de su época se convertirá en la motivación básica en los
inicios de su filosofía. Nietzsche eligió el ideal aristocrático griego como paradigma
desde el que criticar los rasgos distintivos de su época. Atacó las dos grandes corrientes
filosóficas del siglo XIX: el historicismo por su defensa de las tradiciones e
inmovilismo y el positivismo por la falsedad de su concepción de la verdad de la ciencia.
Socialmente la época estaba marcada por la decadencia de la sociedad cristiano
burguesa alemana, con su moral puritana llena de prejuicios. Nietzsche reaccionó
contra la mediocridad y contra el convencionalismo de la moral tradicional y su sistema
de valores, porque son contranaturales y van contra la vida.
En su obra, "Consideraciones Intempestivas", diagnosticó el origen de la degradación
de la cultura alemana y la asimilación de sus valores nihilistas y represivos en la
influencia de la cultura judeo-cristiana. Nietzsche acabará haciendo extensivo este
diagnóstico al conjunto de la civilización occidental, interpretando la causa de su
decadencia en la transvaloración introducida en nuestra civilización tanto por la
metafísica y la ciencia occidental como por la religión judeo-cristiana.
La enorme crisis de las últimas décadas del siglo XIX están presentes en todas las
aportaciones sociales y culturales de la época, se va produciendo un agotamiento, un
cansancio (nihilismo lo llamará Nietzsche) de las ideas fundamentales que habían
sostenido la concepción del mundo de la época anterior. Nietzsche es el más brillante
portavoz de esta crisis, propone el superhombre, un hombre que afirme la vida, la tierra,
que sustituya al hombre cristiano tradicional y, en definitiva, a Dios.
1.2. Contexto filosófico
El vitalismo de Nietzsche fue heredero de la filosofía de Schopenhauer, del que adoptó
la primacía de la voluntad sobre la razón y la crítica a la moral kantiana. Nietzsche
rechazó los valores ilustrados y su defensa de la razón especulativa como instrumento
de comprensión del mundo.
Su vitalismo promulga un ideal romántico frente al ilustrado, capaz de instalar a los
hombres en la vida y que, en lugar de limitarse a racionalizarla o comprenderla, les
ayude a concebir la vida como un acto creador. Su vitalismo es un rechazo que va
contra el intelectualismo y el positivismo, es una exaltación de los instintos, de los
impulsos inconscientes y la intuición irracional. Es la actitud "dionisíaca", desbordada,
orgiástica, frente a la actitud "apolínea", comedida y respetuosa con los valores
tradicionales.
Lo que se ha venido a llamar su "filosofía del martillo" ha hecho que Nietzsche sea
considerado uno de los grandes "maestros de la sospecha". Recogiendo las reflexiones
de Ricoeur, Nietzsche, junto a Marx y Freud, "sospecharon" que tras los valores de la
modernidad y la cultura occidental se ocultaban oscuros intereses. Los tres sintieron la
necesidad de encontrar un método de interpretación para acceder a esta realidad oculta:
Marx formuló en "El Capital" el materialismo histórico como instrumento capaz de
descubrir que bajo los valores dominantes se encuentran los intereses de clase, Freud
encontró en el psicoanálisis el método para acceder a las motivaciones irracionales del
inconsciente humano que subyacen bajo nuestra aparente racionalidad, y Nietzsche en
su "Genealogía de la moral" utilizó el método genealógico para descubrir que tras los
valores morales de la civilización occidental se oculta la voluntad de poder y el
resentimiento de los débiles frente a los fuertes. Esta labor hermenéutica de los
"maestros de la sospecha" inauguró la crisis de los ideales de la Ilustración y su
impronta se manifiesta aún en la renuncia de gran parte de los filósofos de la actualidad
a la posibilidad de una comprensión total de la realidad humana.
El conjunto de la filosofía de Nietzsche tiene dos componentes esenciales:
Por una parte, es una crítica radical a los fundamentos de la cultura occidental
basada en una metafísica, una religión y una moral que han suplantado e invertido los
valores vitales.
Por otra parte, es un intento de superación de esta cultura a la que califica como
producto del resentimiento contra la vida. Por ello debe verse en Nietzsche, no sólo un
perspicaz crítico, sino que su pensamiento es también un intento de superación de la
decadencia y del resentimiento de la cultura que critica.
1.3. Vida y obra
Nació el 15 de octubre de 1844, en Röcken, Prusia. Su padre, un ministro luterano,
murió cuando él tenía 5 años, y fue educado por su madre en una casa donde vivían su
abuela, dos tías y una hermana. Estudió filología clásica en las universidades de Bonn
y Leipzig, y fue nombrado profesor de filología griega en la universidad de Basilea con
tan sólo 24 años. Su delicada salud (estuvo afectado toda su vida por su poca vista y
sus constantes jaquecas) le obligó a retirarse en 1889. Al cabo de diez años sufrió una
crisis nerviosa de la que nunca se recuperó. Murió en Weimar el 25 de agosto de 1900.
Podríamos hablar de tres etapas fundamentales en su pensamiento:
Una primera, estética o romántica, influenciado por su amigo Richard Wagner
(con el que mantendrá una relación amistad-odio), donde redacta "El origen de la
tragedia a partir del espíritu de la música". Las primeras preferencias de Nietzsche en
el terreno de la filosofía girarán en torno al idealismo hegeliano, pero el pensador que
en esos momentos influye en él con más fuerza será Arthur Schopenhauer. Su teoría se
halla bajo el influjo del innatismo y la crítica de Schopenhauer al racionalismo
hegeliano e intenta por caminos similares a los de aquél (la voluntad y la intuición)
superar sus conclusiones pesimistas (la voluntad de vivir).
Una segunda, tras haber renunciado a la cátedra de Basilea, en la que su modo
de vida modesto y austero se ve perseguido por sus problemas de salud. Es sobre todo
en esta época donde se desarrolla su interés por la cultura griega, que a la postre tendría
tanta importancia en su filosofía. Estudia la obra de Platón y Aristóteles, y siente
especial predilección por las figuras de Sócrates y Heráclito.
Una tercera etapa, de madurez, se extendería hasta su internamiento en Basilea
en 1889, bajo síntomas de locura. Es ésta, en la segunda mitad de los 80, el periodo en
el que escribe la mayor parte de sus mejores obras: “Así habló Zaratustra” (1883-
1885), “Más allá del bien y del mal” (1886), “La genealogía de la moral” (1887), “El
crepúsculo de los dioses” (1888), “El Anticristo” (1888), “Ecce Homo” (1889) y “La
voluntad de poder” (1901).
2. Teoría del conocimiento
En Nietzsche, la reflexión sobre el conocimiento adopta dos actitudes:
La primera, de sospecha, se apresta al desenmascaramiento del conocimiento como
modo de engaño e ilusión, incluso como manera de olvido. Por eso, empieza la
narración “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”, con una fábula en la que el
conocimiento o la inteligencia nos la presenta como una invención realizada por los
hombres para poder sobrevivir, y sentirse el centro de todo (antropocentrismo y
pathos). Es un recurso utilizado por el hombre para considerarse como algo especial.
La inteligencia la inventa y utiliza el hombre, para fingir, enmascarar y ocultar una
realidad que su debilidad no puede soportar.
La mentira en sentido moral significa un acto de enmascaramiento ante los demás, de
la auténtica personalidad y sentimientos, con el fin de sacar provecho. En sentido
extramoral, hace referencia a la incapacidad de acceder al conocimiento auténtico de
la realidad, por estar condicionados por un modo determinado de percibir las cosas
(perspectivismo). La auténtica realidad, la parte instintiva y pulsional, el auto-
conocimiento, nos es inaccesible. Nos es imposible conocer el auténtico carácter de la
naturaleza humana (“despiadado, codicioso, insaciable, asesino... , un ser cruel y
malvado”), la de un tigre que hemos domesticado para ser exhibido en un circo pero
que, en el fondo, continúa siendo un tigre.
La segunda actitud, de escucha, atiende a la génesis de esas ficciones que pasan por
verdades, apuntando a una transvaloración de todos los valores. El papel que juega la
inteligencia en el proceso de socialización, viene a ser el establecer un pacto de
convivencia –en la línea de Hobbes-. Mediante dicho pacto se establece lo que es la
verdad social, donde va a jugar un papel importantísimo el lenguaje. La verdad no es
más que una ficción, una convención establecida por los seres humanos para poder
entenderse y poder conocer la realidad.
Ambas actitudes son complementarias. Si la falsedad del conocimiento proviene del
olvido o del enmascaramiento de su génesis, tendrá que ser una genealogía la que
desande el camino y nos ponga en la pista del auténtico saber.
IMPORTANCIA DEL LENGUAJE
En esta convención escondemos y deformamos la realidad, nos olvidamos del pacto y
pensamos que las palabras coinciden con las cosas. ¿Cómo tener claro que el lenguaje
no coincide con la realidad?. La respuesta la encontramos en el proceso y fases a través
de las cuales se forman las palabras.
1ª fase.- Entramos en contacto con la realidad exterior que actúa como estímulo
nervioso y provoca en el sistema nervioso una reacción.
2ª fase.- Los estímulos captados a través de los sentidos crean una imagen, que se
convierte en una metáfora del original.
3ª fase.- Intentamos transmitir esa imagen mental a los demás mediante un sonido
articulado que es a lo que llamamos palabra. Segunda metáfora.
El lenguaje, pues, transforma la realidad originaria y la expresa de modo metafórico.
El lenguaje posee un carácter convencional y no coincide con la realidad. Esto lo vemos
en la existencia de adjetivos subjetivos y cambiantes: decimos que una piedra es dura,
o utilizamos los géneros de modo arbitrario, clasificando incluso las flores en
femeninas (rosa) y masculinas (jazmín). O en la existencia de diferentes idiomas.
Insistiendo en la imposibilidad de pretender alcanzar la verdad, insiste en el modo
como se forman los conceptos. Al intentar con una única palabra referirnos a un
conjunto amplio de cosas, que son similares pero no idénticas. Es una crítica al
pensamiento platónico y su mundo de las ideas. Para reivindicar lo individual y lo
diferente que es lo real.
LA VERDAD EXTRAMORAL
Está vinculada al interés social, es una construcción que en su uso termina en costumbre
y adopta forma de norma, de obligación. Nos olvidamos de la mentira original, de las
impresiones intuitivas originarias, y construimos un universo ficticio de conceptos que
utilizamos para poder comunicarnos y vivir en sociedad.
Nietzsche admira la capacidad constructora e inventiva del hombre, capaz de levantar
un edificio complicadísimo como es el lenguaje. Pero que nos aleja de la auténtica
verdad, de la auténtica realidad, que no podrá ser jamás alcanzada.
El lenguaje es el resultado de la antropomorfización, de la deformación de la realidad,
el hombre transforma la realidad según sus intereses, y de ahí las múltiples
interpretaciones y la imposibilidad de una percepción correcta. La verdad queda basada
únicamente en la costumbre y la creencia de que las cosas siempre han sido y seguirán
siendo así.
CRITICA A LA CIENCIA
La auténtica verdad para Nietzsche resulta inaccesible o inaprensible. Pero la ciencia y
el trabajo científico creen que son poseedores de la auténtica realidad, creen poseer un
rigor y una objetividad por las que descubren la existencia en la naturaleza de unas
leyes, que les permiten determinar lo que sucederá, puesto que la naturaleza sigue unas
regularidades que son comprensibles desde la metodología matemática. Nietzsche
realiza una crítica a la ciencia, y muestra que es una peculiar manera de interpretar la
realidad.
La ciencia para Nietzsche se encuentra muy alejada de conocer la realidad. Ya hemos
dicho que el lenguaje no reproduce la realidad en sí, ha creado un entramado de
relaciones ficticias entre los conceptos, un conjunto de generalizaciones, ilusiones que
el uso y la costumbre han ido imponiendo; sin embargo, la ciencia construye desde
esos conceptos y crea unas relaciones entre ellos (Ejemplo V=E/T conceptos como
velocidad, espacio y tiempo). Y esa verdad científica, que sólo es una más entre las
muchas que puedan existir, se muestra con un orgullo creyendo que es la única válida.
El científico se cree que en la naturaleza existe un orden (cosmos) que ha conseguido
conocer.
Su crítica se centra en los siguientes aspectos:
Critica la ciencia como conocimiento objetivo. La objetividad es la supuesta
capacidad de describir el mundo independientemente de las peculiaridades de la
persona o grupo que lo alcanza. Según Nietzsche, no podemos desprendernos de
nuestra subjetividad cuando intentamos conocer la realidad. La ciencia sólo sabe de
cantidad y número pero nada sabe de la pasión, la fuerza, el amor, el placer...
Defiende el perspectivismo, todo conocimiento se alcanza desde un punto de vista,
punto de vista del que es imposible prescindir: las características del sujeto que conoce
(psicológicas, sociales, físicas, la peculiaridad personal, la misma biografía) hacen
imposible superar la propia perspectiva. No podemos desprendernos de nuestra
subjetividad cuando intentamos conocer la realidad; incluso la creencia en la
objetividad es un punto de vista más, pero un punto de vista que esconde la relatividad
de su origen, su dependencia de concepciones establecidas y no evaluadas o
controladas.
Crítica de la existencia de leyes naturales. En el mundo no existen leyes de la
Naturaleza, sino supuestos comportamientos regulares de las cosas: las relaciones entre
las cosas no son necesarias, sino contingentes.
El orden del mundo es pues, una creencia infundada que establecemos para hacer más
soportable nuestra existencia.
Siguiendo el planteamiento de Hume, Nietzsche considera que las relaciones entre las
cosas no son necesarias (para emplear un término clásico, son contingentes), son así
pero perfectamente podrían ser de otro modo. Las cosas se comportarían siguiendo
leyes o necesariamente si hubiese un ser que les obligase a ello (Dios), pero Dios no
existe; las leyes y la supuesta necesidad de las cosas son invenciones de los científicos.
Si creemos en las leyes naturales es porque nos interesa creerlo, no porque realmente
existan; el orden en el mundo es una creencia infundada, nosotros creemos en ese orden
para hacer más soportable la existencia, para sentirnos más cómodos ante el entorno
hostil.
Crítica a la ciencia porque destaca exageradamente la razón como
instrumento para comprender la realidad.
En este punto la crítica a la ciencia se incluye en la crítica más general de toda actitud
(incluida la filosófica) que considera a la razón como el instrumento legítimo para el
conocimiento. La razón no se puede justificar a sí misma: ¿por qué creer en ella? La
razón es una dimensión de la vida humana, aparece de forma tardía en el mundo y muy
probablemente, dice Nietzsche, desaparecerá del Universo; y nada habrá cambiado con
dicha desaparición.
Junto con la razón, en el hombre encontramos otras dimensiones básicas (la
imaginación, la capacidad de apreciación estética, los sentimientos, el instinto,...) y
todas ellas pueden mover nuestro juicio, todas ellas son capaces de motivar nuestras
creencias.
La razón no es mejor que otros medios para alcanzar un conocimiento de la realidad
(en todo caso es peor puesto que el mundo no es racional). La ciencia se equivoca al
destacar exageradamente la importancia de la razón como instrumento para
comprender la realidad.
Crítica a las matemáticas porque son ajenas a la riqueza y la pluralidad del
mundo. La matematización no nos ayuda a conocer las cosas sino sólo a establecer una
relación cuantitativa entre ellas y con ello anulamos las diferencias que realmente
existen entre ellas, pues el modelo matemático de la naturaleza se basa en la cantidad
y no en la calidad propia de cosa, y tiende a la igualación de todas ellas.
En cuanto al origen de la ciencia, Nietzsche señala dos motivos:
Su utilidad: la ciencia nos permite un mayor control de la realidad, la previsión
y dominio del mundo natural; pero la eficacia no es necesariamente un signo de verdad
Es consecuencia de un sentimiento decadente: la ciencia sirve también para
ocultar un aspecto de la naturaleza que sólo los espíritus fuertes consiguen aceptar: el
caos originario del mundo, la dimensión dionisíaca de la existencia. La ciencia nos
instala cómodamente en un mundo previsible, ordenado, racional
QUÉ SACAMOS DE TODO LO DICHO –EL MUNDO DEL ARTE-
La imaginación y creatividad del hombre no tiene límites, no se agota construyendo e
interpretando la realidad desde el lenguaje o desde la ciencia. Ese impulso instintivo
en construir metáforas, es, según Nietzsche, el mundo del arte, del sueño, de la fantasía.
El arte consiste en la tendencia a dejarse engañar, en vivir las cosas, bien películas,
teatro o novela, dejándonos engañar, vivirlas como realidad. Es la inteligencia utilizada
ahora de un modo distinto al utilizado desde la razón, ahora como ficción, sin cargas,
ni convenciones establecidas. Ahora dejamos de ser siervos para convertirnos en
señores, somos nosotros quienes construimos o jugamos desde un intelecto liberado,
porque somos dueños de la obra que realizamos, de nuestra realidad .
HOMBRE RACIONAL Y HOMBRE INTUITIVO
El hombre racional es el científico, o quienes actúan de acuerdo con normas, leyes y
conceptos convencionalmente aceptados como válidos en nuestra sociedad. El hombre
intuitivo, es el artista que juega con las intuiciones, destruye y transforma los conceptos
de los que el hombre racional se mostraba tan orgulloso. Para Nietzsche, los conceptos
son inferiores a las intuiciones. Intuición y abstracción son enemigos naturales, como
lo son el hombre racional y el intuitivo.
El hombre racional es preciso, prudente, y fuerza a la naturaleza a que posea una
regularidad, es frío y actúa desde conceptos rígidos. Lo identifica Nietzsche con la
actitud estoica, por su resignación ante las desgracias, sin voluntad para luchar, ni gritar
ante el dolor, y ocultando los sentimientos, sufrimientos y desgracias.
El hombre intuitivo disfruta de su creación, vive con mayor intensidad sus sentimientos,
vive y siente la vida con mayor sufrimiento.
3. Crítica a la Cultura Occidental
Nietzsche parte del supuesto de que la cultura occidental está viciada desde sus
orígenes. Es una cultura racional (empeñada en mantener a toda costa la racionalidad,
se opone a la vida y a los instintos) y dogmática, y por eso es decadente. Hace una
crítica total de todos los valores de la cultura europea: la filosofía tradicional, la religión
y la moral.
2.1. Crítica a la moral
Critica el dogmatismo y el carácter antivital de la moral tradicional.
El dogmatismo moral presenta las dos características siguientes: consideración de los
valores morales como valores objetivos y universalidad de los valores morales:
Crítica a la consideración objetiva de la moral: Platón situó los valores en el
mundo eterno e inmutable de las Ideas, el cristianismo los sitúa en el ámbito eterno e
inmutable de la mente de Dios. Pero la moral tradicional, dice Nietzsche, se equivoca
totalmente: los valores morales no tienen una existencia objetiva, no existe un ámbito
en el que se encuentren los valores como realidades independientes de las personas, no
existen los valores como una de las dimensiones de las cosas, ni como realidades que
estén más allá de éstas, en un supuesto mundo objetivo. Los valores los crean las
personas, son proyecciones de nuestra subjetividad, de nuestras pasiones, sentimientos
e intereses, los inventamos, existen porque nosotros los hemos creado. Sin embargo, es
frecuente olvidar este hecho, de ahí que habitualmente los vivamos como objetivos y
los sintamos como mandatos, como exigencias que vienen de fuera (de la ley de Dios,
de la Naturaleza o de la conciencia moral). El dogmatismo moral consiste precisamente
en olvidar que los valores dependen de nosotros, consiste en mantener que tienen una
existencia objetiva;
Crítica a la universalidad de los valores: como consecuencia de la creencia en el
carácter independiente de los valores, la moral tradicional creyó también que las leyes
morales valen para todos los hombres: si algo es bueno es bueno para todos, si algo no
se debe hacer no es correcto que lo haga nadie. Esto es, precisamente, lo que indicaba
el imperativo categórico kantiano y la conclusión a la que se podía llegar también a
partir de la consideración tomista de la ley moral como consecuencia de la ley natural,
y ésta de la ley eterna. Nietzsche niega este segundo rasgo del dogmatismo moral: si
realmente los valores existiesen en un Mundo Verdadero y Objetivo podríamos pensar
en su universidad, pero no existe dicho Mundo, por lo que en realidad los valores se
crean, y por ello cambian y son distintos a lo largo del tiempo y en cada cultura. Una
vez criticado el fundamento absoluto que sirve de soporte a la validez de la moral, no
se puede pensar en su universalidad.
La moral tradicional es antivital: podría parecer que con la descripción anterior
Nietzsche está justificando toda apreciación moral, sea cual sea, ya que todas en el
fondo valen lo mismo: nada. Pero esto no es así: aunque la defensa de un criterio de
verdad moral puede parecer algo paradójico desde su punto de vista, Nietzsche nos
propone uno pues todas las tablas de valores son inventadas, pero hay algunas mejores
que otras; el criterio utilizado para esta apreciación es el de la fidelidad a la vida: los
valores de la moral tradicional son valores contrarios a la vida, contrarios a la categorías
básicas que parecen estar involucradas en la vida. La moral tradicional (la moral
cristiana) es “antinatural” pues presenta leyes que van en contra de las tendencias
primordiales de la vida, es una moral de resentimiento contra los instintos y el mundo
biológico y natural. Esto se ve claramente en la obsesión de la moral occidental por
limitar el papel del cuerpo y la sexualidad.
El dogmatismo moral tiene varias implicaciones (para Nietzsche “patológicas”): la idea
de pecado y de culpa, y la de la libertad. La idea de pecado es una de las ideas más
enfermizas inventadas por la cultura occidental: con ella el sujeto sufre y se aniquila a
partir, sin embargo, de algo ficticio; no existe ningún Dios al que tengamos que rendir
cuentas por nuestra conducta, sin embargo el cristiano se siente culpable ante los ojos
de Dios, se siente observado, cuestionado, valorado por un Dios inexistente, del que
incluso espera un castigo; situación paradójica por cuanto este Dios y los propios
valores morales son una creación de él mismo.
El cristianismo (y todo el moralismo occidental) tiene necesidad de la noción de
libertad: para poder hacer culpables a las personas es necesario antes hacerlas
responsables de sus acciones. El cristianismo cree en la libertad de las personas para
poder castigarlas.
Los valores tradicionales son los de la moral de esclavos y frente a ellos Nietzsche
propone la moral de los señores, los valores del superhombre y de afirmación de la
vida.
Distingue dos tipos de moral:
Moral de los señores: Es una moral caballeresca, propia de los espíritus elevados,
que ama la vida, el poder, la grandeza y el placer. Es la moral propia del superhombre,
la del que quiere la muerte de Dios.
Moral de los esclavos: Es la moral del dolor, la humildad, la amabilidad, la
compasión, la resignación... Representa los valores que nacen con el judaísmo y que
hereda el cristianismo.
Esta distinción se fundamenta en la noción de decadencia, que Nietzsche aplica al
conjunto de la cultura occidental desde el momento en que, por obra del socratismo,
del platonismo y del cristianismo, se ha efectuado una tremenda inversión de los
valores, ya que han puesto la vida, lo terrenal, el devenir y lo inmanente en función de
la muerte, lo suprasensible, el ser inmutable y eterno, y lo trascendente. De esta manera,
se ha invertido el auténtico sentido y se ha elaborado una filosofía que es una auténtica
«calumnia», contra la que debe establecerse la transvaloración de todos los valores.
Nietzsche no es enemigo de la moral, sino, más bien, enemigo de una moral concreta
(la procedente del idealismo, del cristianismo y de la burguesía), frente a una moral de
la vida.
Esta moral invertida, propia de los resentidos contra la vida, según Nietzsche, se
impone históricamente gracias al judaísmo y a su producto más acabado: el
cristianismo, que propicia la confabulación de los débiles que imponen la fuerza de su
mayoría.
El hombre superior, el «noble», en el auténtico sentido moral de este término, es quien
se ríe de los supuestos valores del mundo suprasensible; es el detentador de la moral
de los señores que propugna los valores activos y afirmativos de la vida. En cambio, el
esclavo, el débil, el impotente, es aquél que, resentido contra la vida, le dice no y en su
lugar defiende valores reactivos: la compasión, la humildad, la resignación, la
obediencia, la renuncia.
Nietzsche nos dice que donde había colocado todos los valores, en el mundo
suprasensible, no hay nada. Allí estaba colocado Dios: DIOS=NIHIL. Ha muerto Dios
y nos hemos quedado desorientados, sin brújula. Ahora bien, el nihilismo surgido de la
muerte de Dios permite también la superación del hombre y el surgimiento del
superhombre, que será quien propiamente establezca la moral de los señores después
de efectuar la transvaloración de todos los valores.
2.2. Crítica a la religión cristiana
Según este autor, la religión no es una experiencia verdadera pues no es experiencia de
una entidad real, de una entidad que realmente exista; dicho de otro modo, Nietzsche
considera verdadero el ateísmo y falsa toda creencia en lo sobrenatural. Aceptado este
principio, la tarea que se propone Nietzsche es comprender cómo es posible que
durante tanto tiempo se haya creído en esta ilusión. Y la solución que presenta es la
misma que le sirve para explicar la aparición de las construcciones metafísicas que con
tanta dureza ha criticado (la ciencia, la metafísica, ...): el estado de ánimo que promueve
el éxito de las creencias religiosas, de la invención de un mundo religioso, es el de
resentimiento, el de no sentirse cómodo en la vida, el afán de ocultar la dimensión
trágica de la existencia. Nietzsche se enfrenta a los siguientes elementos de la religión
cristiana:
La “metafísica cristiana”: Nietzsche resume la concepción del mundo propia
del cristianismo indicando que esta religión es “platonismo para el pueblo”: el espíritu
que anima al cristianismo es exactamente el mismo que animó a Platón, la incapacidad
vital para aceptar todas las dimensiones de la existencia y el afán de encontrar un
consuelo fuera de este mundo. El cristianismo no añade nada esencialmente nuevo a la
filosofía platónica; como ya hizo Platón, el cristianismo presenta una escisión en la
realidad: por un lado el mundo verdadero, eterno, inmutable, en donde se realiza el
Bien, la Verdad y la Belleza, y por otro el mundo aparente, cambiante, abocado a la
muerte e imperfecto; por un lado el mundo del espíritu, por otro el mundo de la
corporeidad. El cristianismo traduce la filosofía platónica en términos comprensibles
para todo el mundo. Por esta razón las críticas al platonismo valen también para el
cristianismo.
La moral cristiana: con el cristianismo triunfa una moral que reivindica valores
propios de lo que llama Nietzsche “moral de esclavos”, los valores de la humildad, el
sometimiento, la pobreza, la debilidad, la mediocridad. El cristianismo, dice Nietzsche,
solo fomenta los valores mezquinos: la obediencia, el sacrificio, la compasión, los
sentimientos propios del rebaño; es la moral vulgar, la del esclavo, la moral de
resentimiento contra todo lo elevado, lo noble, lo singular y sobresaliente; es la
destrucción de los valores del mundo antiguo, la peor inversión de todos los valores
nobles de Grecia y Roma, la rebelión de los esclavos contra sus señores; el cristianismo
es el "enemigo mortal del tipo superior del hombre". Con el cristianismo se presenta
también una de las ideas más enfermizas de nuestra cultura, la idea de culpabilidad, de
pecado, de la que sólo se puede huir con la afirmación de la “inocencia del devenir” o
comprensión de la realidad y de nosotros mismos como no sometidos a legalidad
alguna, a ningún orden que venga de fuera, con la reivindicación de la conducta situada
“más allá del bien y del mal”.
Influencia “perversa” del cristianismo: con el triunfo de esta religión, todo el
pensamiento occidental queda viciado por su punto de vista, es el corruptor de la
filosofía europea, ésta “lleva en sus venas sangre de teólogos”.
Valoración de Jesús: sin embargo, Nietzsche no valora tan negativamente la
figura de Jesús ni del cristianismo primitivo: haciendo una lectura muy distinta a la
tradicional, considera que lo que ahora entendemos por cristianismo debe mucho más
a San Pablo que a Jesús. Para Nietzsche Jesús se presenta como un revolucionario, un
anarquista contrario a todas las manifestaciones del orden, fundamentalmente del poder
religioso tradicional, como uno de los más destacados defensores de la renuncia a la
violencia y a los brillos mundanos de sus contemporáneos; y por esta actitud subversiva
fue crucificado.
Politeísmo frente a monoteísmo: para Nietzsche, aunque todas las religiones son
falsas, unas son más adecuadas que otras. El politeísmo es falso pero expresa mejor la
riqueza de la realidad que el monoteísmo; el politeísmo no se ha separado radicalmente
de la vida: en el mundo de los olímpicos, por ejemplo, se refleja la pluralidad y riqueza
de la realidad, tanto sus aspectos luminosos, ordenados y positivos como los aspectos
oscuros, caóticos y negativos; el monoteísmo representa el extravío de los sentidos, el
invento de un transmundo, la desvalorización del verdadero mundo y la máxima
hostilidad a la naturaleza y a la voluntad de vida.
El concepto de Dios sirve para objetivar los valores en los que cree una cultura, así el
Dios cristiano representa los valores negativos y contrarios a la vida, los valores de la
impotencia, mientras que el mundo divino propuesto por el politeísmo representa los
valores afirmativos, la fidelidad a la Naturaleza.
La superación del cristianismo (y la consiguiente “muerte de Dios”) ya iniciada por la
Ilustración es fundamental para la transmutación de todos los valores, para la
recuperación de los valores de la antigüedad perdidos tras la aparición de esta religión
y de la filosofía.
2.3. Crítica a la filosofía tradicional
La crítica que hace Nietzsche a la filosofía se vincula estrechamente a la crítica que
hace de la moral. La moral tiene su base en la filosofía platónica con el mundo de las
ideas y el mundo real.
La crítica de Nietzsche a la metafísica tradicional abarca dos aspectos: el aspecto
ontológico (crítica al ser estático, pues el ser es devenir) y el aspecto epistemológico
(crítica a los conceptos, que petrifican el ser. Para él será la metáfora la que es válida
para hablar de la realidad, de la vida.)
La filosofía tradicional es dogmática: considera el ser como algo abstracto, estático e
inmutable. Pero ese ser no existe; sólo existe el devenir, el mundo de las apariencias y
de los fenómenos.
Los grandes referentes de la filosofía occidental han sido, para Nietzsche, sus grandes
traidores. Sócrates fue el encargado de que Dionisos no se impusiera sobre Apolo, con
lo que la razón dominó sobre la vida. Su discípulo Platón despreció el mundo que nos
rodea, a la vez que se inventó uno nuevo, en el cual se encontraban la verdad y el bien.
El idealismo de ambos esconde, en realidad, la decadencia, el temor ante la vida
irracional y el mundo, el miedo al instinto desordenado y dionisíaco, la angustia ante
la finitud y la muerte. Es un consuelo metafísico propio de la debilidad humana.
De entre todos los filósofos, sólo Heráclito se salva: muchos de sus fragmentos
aparecen en las obras de Nietzsche, y sus ideas están detrás de conceptos como el eterno
retorno. El resto, se ha dedicado a conceptualizar, a negar la vida con conceptos como
“ser”, “yo”, “sustancia”, “cosa en sí”, “causa”... Son estos conceptos los responsables
del desprecio a los sentidos y una valoración excesiva de la razón. Se debe luchar contra
este racionalismo con una aceptación contundente de lo único que nos es dado: los
datos de los sentidos, la apariencia. La filosofía debe regresar a las tesis heraclíteas.
La metafísica se equivoca al separar la apariencia y la esencia, el mundo aparente y el
mundo verdadero. La única verdad es la apariencia y los conceptos metafísicos son
obstáculos que nos separan de las cosas: el que quiera pensar con libertad debe
deshacerse de ellos, destruirlos, para retomar el contacto directo con la realidad.
El filósofo dogmático se dedica a especular por encima del movimiento del mundo,
porque piensa que el ser del mundo no se puede estudiar en el torbellino de esta vida,
que es para él causa de error. Pero no hay un mundo real y otro aparente sino el devenir
constante del ser creando y destruyendo el único mundo existente. Es la necesidad de
racionalizar el devenir lo que nos obliga a inventar ficciones lógicas y modelos de
conocimiento que nos permitan la estabilidad frente al carácter caótico del mundo. Los
filósofos se han dedicado hasta ahora a “momificar” el devenir del ser a través de
conceptos, que sólo sirven para etiquetar. Se ha pretendido que el concepto sirva para
expresar y significar una multiplicidad de cosas o realidades individuales que,
rigurosamente hablando, nunca son idénticas. A través de los conceptos no llegamos
nunca a penetrar en el origen de las cosas. La verdad, entonces, no es más que un
conjunto de generalizaciones, ilusiones que el uso y la costumbre han venido
imponiendo y cuya naturaleza desconocemos. Estamos siendo engañados por nuestro
propio lenguaje. Por ello él propondrá la metáfora, que por prestarse a una pluralidad
de interpretaciones no cae en la interpretación única y dogmática de los conceptos.
Según Nietzsche, inventar fábulas acerca de otro mundo distinto de este no tiene
sentido, presuponiendo que no domine en nosotros un instinto (...) de recelo frente a la
vida”. Para Nietzsche el problema de fondo no es otro que el nihilismo, consecuencia
de la perspectiva estática del ser. Inventar otro mundo es propio de una actitud de
resentimiento ante la vida.
4. El Superhombre y el Eterno Retorno
3.1. El Superhombre
Este es el pensamiento central de Nietzsche, y así lo predica Zaratustra: "Yo predico al
superhombre; el hombre es algo que debe ser superado".
Esto significa:
Que el hombre es algo intermedio, algo sin terminar de hacerse y, por lo tanto,
un puente para llegar al superhombre.
La especie humana está en un proceso evolutivo constante (Darwin) que le hace
ir hacia especies superiores.
Un sentido de superación, del que se ve necesitado el hombre para superar la
decadente moral tradicional para llegar a la nueva moral. Este afán de superación le
debe llevar a expulsar a Dios de su interior; una vez que Dios muere y sólo queda el
hombre, éste tiene que ir superándose hasta llegar al superhombre.
3.1.1. Proceso hacia el Superhombre
La transformación del hombre en superhombre pasa por tres transformaciones
sucesivas:
Camello. El espíritu del hombre es en primer lugar un camello, un animal que
carga y que obedece a su amo sin quejarse. Este le manda y él obedece. Es el hombre
de la cultura occidental.
León. El hombre-camello, cansado por el peso de la carga, se revela contra su
amo y lo derriba. Entonces se convierte en el hombre-león, crítico y dueño de sí mismo,
que dice "yo quiero" e impone su voluntad. Es el gran negador, símbolo del nihilista
que rechaza los valores tradicionales.
Niño. A medida que se va quitando las cargas se va haciendo el creador de sus
propios valores. Se convierte en el hombre-niño que busca la afirmación de sí mismo.
A partir de este tercer momento es cuando empieza a aparecer el superhombre, que da
lugar a la nueva humanidad libre y creadora.
3.1.2. Características del Superhombre
Ansia de vivir. El superhombre se preocupa sobre todo por la vida. Valora sobre
todo la vida corporal, la salud, el placer, las pasiones, la violencia, el éxito. Las virtudes
que ama son la fuerza física, el poder, la rebeldía.
Vive en la finitud: no cree en ninguna realidad trascendente, ni en Dios ni en un destino
privilegiado para los seres humanos, una raza, una nación, o un grupo; no cree que la
vida tenga un sentido, como no sea el que él mismo le ha dado; acepta la vida en su
limitación, no se oculta las dimensiones terribles de la existencia (el sufrimiento, la
enfermedad, la muerte), es dionisíaco.
Superación. Superación de la moral tradicional cristiano-occidental. No está
sometido a ningún precepto moral porque se sitúa por encima del bien y del mal. Su
conciencia es la conciencia de la naturaleza: lo que favorece la naturaleza es bueno y
lo que la perjudica es malo.
Rechaza la moral de esclavos:la humildad, la mansedumbre, la prudencia que esconde
cobardía, la castidad, la obediencia como sometimiento a una regla exterior, la
paciencia consecuencia del sometimiento a un destino o a un mandato, el servilismo,
la mezquindad, el rencor.
Superior. El superhombre es un ser superior, que dice sí a las jerarquías entre
hombres: la igualdad sólo lleva a la moral de rebaño de los esclavos.
Rechaza la conducta gregaria: detesta la moral del rebaño, la conducta de los que siguen
a la mayoría, de los que siguen normas morales ya establecidas; como consecuencia de
su capacidad y determinación para crear valores, no los toma prestados de los que la
sociedad le ofrece, por lo que su conducta será distinta a la de los demás.
Valores. El superhombre ha roto con la jerarquía tradicional de los valores y se
ríe de ellos.
Crea valores:los valores morales no existen en un mundo trascendente, son invenciones
de los seres humanos; pero no todos los hombres los crean, muchos –la mayoría– se
encuentran con los valores ya creados por otros, siguen las modas, los estilos vitales
vigentes; el superhombre inventa las normas morales a las que él mismo se somete,
valores fieles al mundo de la vida que le permitan expresar adecuadamente su
peculiaridad, su propia personalidad y riqueza.
Tierra. Vive la fidelidad a la tierra, lejos de la transcendencia de la metafísica y
de la idea de Dios. Es fiel a la tierra que pisa, olvidando elucubraciones espirituales.
Poder. El superhombre vive la voluntad de poder, la voluntad de dominar y
recrear el mundo y sus valores. Se debe dejar llevar por el deseo de dominar, de ser
señor y no esclavo.
Retorno. La nueva meditación sobre el ser ha sido producida por la voluntad de
poder: exaltación de la creatividad del ser humano en tanto que afirmación de esta vida
terrenal. Esta afirmación es eterna, y por eso la voluntad de poder alcanza su más alto
grado de reflexión en el eterno retorno: hay que amar la vida de forma que se quiera
volver a vivirla porque todo vuelve a repetirse eternamente.
3.2. El Eterno Retorno
Según el mismo Nietzsche, se trata de su pensamiento «más profundo», y también del
más difícil de captar, ya que el tratamiento que da Nietzsche de este tema es bastante
ambiguo. El «eterno retorno de lo mismo» no significa la repetición de las cosas
individuales; más bien, debe entenderse como doctrina moral: es el sí trágico y
dionisíaco a la vida pronunciado por el propio mundo. Esta prueba moral selectiva
supone una importante reflexión sobre el tiempo que Nietzsche expone de forma
metafórica. Contra el sentimiento de un tiempo destructor y aniquilador de las
potencialidades de la voluntad de poder, Nietzsche reivindica la destrucción del sentido
trascendente del tiempo lineal judeo-cristiano (un tiempo orientado hacia un fin que
trasciende cada uno de sus momentos). Esto supone una crítica profunda de la
oposición habitual entre pasado y futuro: el instante no es un simple tránsito desde un
pasado hacia el futuro, sino que en él mismo se muestra el tiempo eterno. Pero esto
tampoco supone afirmar la circularidad del tiempo, ya que dicha circularidad, sin más,
implica el hastío y la parálisis, en la medida en que tiende a la plena determinación (ya
que todo cuanto sucede debe volver a suceder). Por ello, Zaratustra tampoco acepta la
mera concepción cíclica del tiempo, que todavía se basa en categorías de análisis
tomadas del transcurso temporal fragmentador.
El eterno retorno es el fin de toda finalidad trascendente: tanto de un fin en sentido
escatológico —como el predicado por las religiones que hablan de un juicio final—,
como del fin de una conflagración universal al final del ciclo del gran año. La doctrina
del eterno retorno no es descriptiva, sino prescriptiva: el eterno retorno debe instituirse
por medio de una decisión humana para que realmente cada momento posea todo su
sentido. El resentimiento contra la vida nace de la incapacidad de asumirla plenamente,
y asumirla plenamente es aceptar que todo lo que fue, fue porque así lo hemos querido,
es decir, querer el eterno retorno.