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NIETZSCHE

MATERIALES PARA EL TEXTO DE NIETZSCHE


CONTEXTO
La época de Nietzsche (1844-1900) es el siglo de la revolución industrial, que se
caracterizó por un aumento considerable de trabajadores asalariados, necesarios para
realizar el trabajo mecanizado de las fábricas. A ello contribuyó la acumulación de riqueza
y la aplicación de la máquina de vapor. Su resultado fue el desarrollo del capitalismo
liberal y los movimientos obreros revolucionarios. El filósofo que giraría la filosofía hacia la
praxis para criticar el primero y servir de teórico fundamental a los segundos sería K.
Marx, que junto con Nietzsche y Freud protagonizan la denominada (según Ricoeur)
filosofía de la sospecha.
Nietzsche nació en una pequeña aldea alemana en la Sajonia prusiana. Estudió teología y
filología clásica. Fue catedrático de filología clásica en la Universidad de Basilea. Llevó
una vida solitaria y errante que finalizó dramáticamente en 1900 después de una penosa
enfermedad.
La pequeña burguesía continuó sus pretensiones de igualdad social y se sumó a las
demandas de derechos políticos y laborales de los trabajadores asalariados. En lo
político, se modifica el modelo de alianzas políticas entre los diversos países de Europa.
Prusia, con la unificación alemana, hace girar la política europea a su alrededor. Con el
fracaso de la revolución de 1848 aumenta la "reacción” con una vuelta a los regímenes
autocráticos, intentando frenar al liberalismo.
Alemania se convirtió en una poderosa nación, ya que Bismarck, primer ministro de
Prusia, había conseguido la unificación de sus Estados, primero en la Confederación
Alemana del Norte y, luego, incorporando los del sur. Promulgó una Constitución que
establecía un órgano de representación de los Estados soberanos, aunque el Parlamento
no tenía control sobre el gobierno prusiano. Era un gobierno entre el nacionalismo liberal y
el centralismo político.
Por otra parte, la industrialización del país, la educación y la formación de los funcionarios
contribuyeron a un extraordinario desarrollo económico y a formar un Estado fuerte, frente
al cual algunos pensadores, como Nietzsche, afirmaron el valor absoluto del individuo y
de la libertad.
En lo religioso, el Papa Pío IX que comenzó apoyando las reformas liberales, al estallar la
revolución, cambia de postura y pasa a condenar todas las ideas modernas: libertad de
culto y conciencia, libertad filosófica y científica: separación de Iglesia y Estado,
liberalismo, moral laica. Se da una desacralización de la sociedad y una crítica a la
religión.
El movimiento cultural que más en relación se encuentra con el pensamiento de Nietzsche
es el romanticismo, que nació a finales del siglo XVIII. Durante toda su vida Nietzsche
quizo desentrañar el romanticismo y su sentido de la música, pues no aceptaba que su
destino fuese sólo el de despertar los sentimientos desterrando a la razón. Bajo la
influencia de Wagner, Nietzsche escribió El nacimiento de la tragedia. Nietzsche coincidió
con Wagner en que el verdadero arte, armónico con la sociedad, era el arte griego, y que
el mundo cristiano era el culpable del estado miserable en que se encuentra el ser
humano, porque el cristianismo es hostil a la vida. Frente a este Wagner anticristiano,
Wagner cambió su posición (Parsifal) y su pensamiento fue rechazado por nuestro autor.
Su relación con Wagner fue la causante de que se atribuyeran a Nietzsche pensamientos
que nunca compartió, relacionados con la misión histórica del pueblo alemán y ciertos
mitos sociopolíticos que fueron utilizados más adelante por los teóricos del nazismo.
Todo el siglo XIX está teñido de romanticismo; tanto en la historia como en las artes se
puede apreciar el interés por lo antiguo y el mundo clásico, el amor por la naturaleza y el
análisis de la vida interior del hombre.
Ante todo esto, Nietzsche reacciona: contra el racionalismo e idealismo de Hegel, contra
la absolutización de la ciencia que hace del positivismo sociológico y biológico la única
forma de entender el mundo; contra el convencionalismo de la moral tradicional que no
deja manifestarse al hombre como es y le oprime. De aquí la exaltación de la vida como
forma de entender al hombre, su crítica a la cultura establecida como anuladora del
verdadero ser del hombre y la búsqueda de nuevos valores vitales. .
Al final del siglo hacen aparición otras corrientes con intereses muy distintos. El realismo y
el naturalismo atenderán la realidad social y la vida cotidiana. Otros movimientos, el
impresionismo, el expresionismo, el simbolismo viran hacia formas más libres o cierta
conciencia social.
En el marco filosófico, el filósofo del romanticismo fue Hegel para el que existe una única
realidad regida por las leyes del pensamiento. Además Hegel prima el conocimiento de lo
absoluto, algo descartado por la crítica kantiana como conocimiento posible. La izquierda
hegeliana tomó los elementos más revolucionarios del método hegeliano y Marx se sitúa
en dicha ala pero en discusión crítica con ella. Nietzsche se opondrá a todos ellos y en
particular no aceptará el redentorismo marxista. De la filosofía anterior valora la crítica
kantiana a la metafísica, pero no acepta al regreso teológico de Kant en su filosofía
práctica. Asimismo se mostró crítico con el positivismo de Comte y el mecanicismo de las
ciencias positivas. Encontró con Schopenhauer muchos puntos de conexión aunque se
distanciará de él. Nietzsche se enmarca en el vitalismo, que considera la vida como el
valor esencial y que detecta los elementos irracionales que nos mueven a razonar. Tanto
el vitalismo como el historicismo son corrientes que pretenden desvelar lo petrificado de la
razón clásica occidental de cuño platónico.
Es por lo tanto una época en la que confluyen corrientes muy variadas en todos los
campos sociales y de gran actividad científica en todas las ramas. Son destacables los
avances en física de la energía (Clausius), las ciencias biológicas (darwinismo, teoría
celular). Las teorías darwinistas tuvieron eco tanto en la producción filosófica de Marx
como en el vitalismo nietzscheano. En ciencia, se advierte también una producción que
prepara el camino a las rupturas de la segunda revolución científica (siglo XX) como el
electromagnetismo de Maxwell o las geometrías no euclídeas (Riemann).
Nietzsche escribió de sí mismo en Ecce Homo: “No soy un hombre, soy dinamita”. En
efecto es una dinamita filosófica que se dirige en nombre de la vida, contra una cultura
decadente que, a su juicio, dominaba en su contexto social y abarca toda la historia de la
filosofía que recorre dicha cultura occidental como historia de un error de origen socrático-
platónico extendido vulgarmente por el cristianismo (platonismo para el pueblo). Critica el
afán racional occidental que limita la vida y la interpretación de la realidad. Critica la moral
cristiana por ser una moral de esclavos contraria a la vida y una racionalidad que invierte
la realidad. Ya Schopenhauer había apuntado las limitaciones de un conocimiento racional
que nos hunde en el mundo y en el fondo depende de elementos irracionales. El arte es
una posibilidad de liberación en ese pesimismo aunque Nietzsche será crítico con el
pesimismo que destila.
Nietzsche filosofará “con el martillo” , desde un reconocimiento a los filósofos de la physis
(presocráticos), la inversión del platonismo y un regreso al instinto, a la exaltación de la
vida, y a la destrucción de todos los valores éticos, estéticos y epistemológicos
simbolizada en la “muerte de Dios” y a la transmutación de los valores reflejada en la
propuesta del “superhombre”.
Su filosofía está oculta detrás de un lenguaje lleno de imágenes, aforismos, sin
sistematismo ni una secuencia progresiva. Sus diferentes etapas tienen un núcleo común:
una recuperación de la vida como valor esencial y la inversión de los falsos valores que la
ahogan. Esto permite caracterizarle, dentro de su absoluta originalidad, como vitalista. Las
etapas de su filosofía a las que Nietzsche se refiere como pieles de serpiente o máscaras,
son las siguientes:
a) Filosofía de la noche: influencia de Schopenhauer y Wagner. Filosofía de cuño
romántico.
b) Filosofía de la mañana. Influencia de Voltaire y los ilustrados francesas. Se produce un
rechazo de tipo positivista de la religión y la metafísica aunque se distanciará críticamente
de dicha filosofía.
c) Filosofía del mediodía. Formula sus ideas principales, la transvaloración de los valores,
la muerte de Dios y el superhombre, la idea de voluntad de poder, el eterno retorno.
d) Filosofía el atardecer. Culmina la crítica a la cultura occidental, la filosofía, la religión y
la moral tradicionales.
De interés: http://www.sabuco.com/filosofia/hfilosofia/f_nietzsche.htm
Influencias-contexto filosófico (de la anterior)
En su juventud quedará seducido por Wagner y su música, donde aparece lo épico y los
mitos populares alemanes. Wagner será por un tiempo el prototipo del artista creador
comparable con los creadores griegos. Wagner representa para él la esperanza del
espíritu libre revelador del misterio de la vida. Con la obra Parsifal le decepciona porque
representa y colabora con la farsa cristiana y como consecuencia de ello, rompe con él.
Schopenhauer será su otra gran influencia en esta etapa. La vida es vivida como
una fuerza irracional, cósmica y material, como un destino que domina desde los seres
inanimados al hombre. El hombre está condenado al fracaso y sólo la creación artística
(sobre todo la música) podrá acercarlo a la voluntad libre, original y liberarlo del
pesimismo aniquilador.
Conoce las obras de Kant al que cita con respeto, pero se opone a él porque cree
que la razón debe estar al servicio de la vida y no funcionando en el vacío.
Stirner le influirá con la defensa a ultranza que hace del individualismo, como
consecuencia de una libertad sin límites ni cadenas de ningún tipo (morales, políticas,
religiosas).
Literariamente estará influido por Goethe y Heine. En Niza descubre la literatura
de Dostoievski al que lee en francés y del que quedará prendado por la profundidad
psicológica de sus personajes. Admira con gran entusiasmo también a Stendhal y a
Voltaire. Admira y está en el centro de la intelectualidad que canta a las grandes figuras
amorales del Renacimiento.
Además de la crítica general al platonismo bajo todas las formas que adoptase,las
corrientes filosóficas de su tiempo que más influyeron sobre su pensamiento fueron las
siguientes:
1. Positivismo.
August. Comte (1798-1857) es el fundador del Positivismo. El Positivismo rechaza lo
metafísico y lo que le interesa es lo verificable: lo positivo. La razón científica es el modelo
de verdad y no ya los dioses o los conceptos abstractos.
Los vitalistas en general, y Nietzsche en particular, rechazan el Positivismo por
razones no estrictamente gnoseológicas: "el conocimiento se revalida con opiniones vivas
y no con la posesión de un gabinete de fósiles en sus cabezas", la actividad humana -que
debe vivirse individualmente- es preferible al pasivo orden de la verdad científica.
2. Evolucionismo.
Charles Darwin (1809-1882) descubre el mecanismo evolutivo de las especies mediante
la selección natural, que opera a través de la lucha por la existencia y la supervivencia del
más apto. De este modo, son los más aptos los que más se reproducen; los menos aptos
perecen.
Sin embargo, Nietzsche, interpretando el concepto de "apto" como el más fuerte,
pone en cuestión el darwinismo, en su aplicación a la especie humana, al sostener que en
ella no se ha producido la supervivencia del más fuerte, sino del más débil. Reprocha a
Darwin que en la lucha por la existencia ha olvidado el espíritu, es decir, la astucia, la
inteligencia, que es el instinto de conservación de los débiles.
3. Socialismo utópico y socialismo científico.
Los socialistas utópicos del siglo XIX (Saint-Simon, Owen, Fourier y Proudhon – también
citado a menudo como anarquista, aunque de tinte utópico) se mantienen en el ámbito
teórico, proponiendo su nueva organización social sin explotación en el plano de la utopía.
Marx (1818-1883) dio un paso más al afirmar que el socialismo no sólo es deseable, sino
posible y necesario: ocurrirá como un producto necesario de las tensiones cada vez
mayores que se generan en el seno de la sociedad entre los burgueses y los proletarios.
Sin embargo, tampoco el socialismo se halla a salvo de sus andanadas. Por un
lado, Nietzsche no se dirige a la masa gregaria, sino al hombre creador e insatisfecho; se
ha dicho incluso que Nietzsche sería un ilustrado elitista, lo cual lo situaría frente al
socialismo, al que concebiría como un igualitarismo por lo bajo. Además, y esto es aún
más importante, denuncia a socialistas, anarquistas y liberales, a los que caracteriza
como prolongadores de una moral cristiana “del rebaño"; se proclaman igualitaristas, pero
al igual que los judeo-cristianos, tras sus concepciones del mundo y el hombre, alientan el
mismo resentimiento contra el hombre superior.
4. Utilitarismo.
Autores como Bentham (1748-1832) y John Stuart Mill (1806-1873) son los más
conocidos de esta doctrina político-moral según la cual lo bueno está en función de lo útil,
especialmente de lo útil en sentido social. De este modo, medimos la bondad moral de un
acto por las repercusiones que tenga sobre la felicidad del colectivo, quedando así
sometido a las exigencias del orden y buen funcionamiento social y perdiendo la
autonomía moral en favor de criterios utilitarios de carácter socio-político.
De estos "psicólogos ingleses", "espíritus mediocres", dice Nietzsche al comienzo de la
Genealogía, les falta espíritu histórico: "Como es ya viejo uso de filósofos, todos ellos
piensan de una manera esencialmente a-histórica", pues confunden el origen genuino y
primero de los valores morales con su utilidad supuesta, como si a los que acuñaron
inicialmente los valores les importara la utilidad.
5. Vitalismo.
A lo largo del siglo XIX, especialmente en su segunda mitad, y posteriormente en el XX,
aparece un grupo de filósofos a los que suele agruparse bajo el nombre de vitalistas y/o
existencialistas. La nómina es larga y no siempre se coincide en todos, pero pueden darse
sin excesivos recelos los nombres de Schopenhauer (1788-1860), Kierkegaard (1813-
1855) y Nietzsche (1844-1900).
En general, todos ellos entendieron "vida", no en un sentido puramente
mecanicista, sino más bien como vida humana, es decir, se trata de una cuestión de
valores humanos más que de procesos biológicos. Lo que los une es, sobre todo,
su oposición frontal a la filosofía de Hegel. Para éste, la historia es el desarrollo de la
Idea, que va desenvolviéndose y manifestándose en los acontecimientos sucesivos; el
hombre -el individuo- no es más que un instrumento de este transcurrir, un eslabón en esa
cadena. Se sitúan igualmente frente al Positivismo cientificista de Comte y frente al
materialismo de Marx. Este atacó al idealismo hegeliano, volviendo sus ojos hacia el
sujeto, pero interpretó la evolución histórica a partir de datos económicos y socio-políticos.
Sin embargo, los vitalistas no siguieron ni la línea hegeliana ni la de Marx.
TEXTO PROPUESTO
De cómo el «mundo verdadero» se convirtió en fábula
Historia de un error (en El crepúsculo de los ídolos)
1. El mundo verdadero, asequible al sabio, al piadoso, al virtuoso, -él vive en ese
mundo, es ese mundo.
(La forma más antigua de la Idea, relativamente inteligente, simple, convincente.
Transcripción de la tesis «yo, Platón, soy la verdad»).

2. El mundo verdadero, inasequible por ahora, pero prometido al sabio, al piadoso, al


virtuoso («al pecador que hace penitencia»).
(Progreso de la Idea: ésta se vuelve más sutil, más capciosa, más inaprensible, -se
convierte en una mujer, se hace cristiana...).

3. El mundo verdadero, inasequible, indemostrable, imprometible, pero ya en cuanto


pensado, un consuelo, una obligación, un imperativo.
(En el fondo, el viejo sol, pero visto a través de la niebla y el escepticismo; la Idea,
sublimizada, pálida, nórdica, königsburguense).

4. El mundo verdadero -¿inasequible? En todo caso, inalcanzado. Y en cuanto


inalcanzado, también desconocido. Por consiguiente, tampoco consolador, redentor,
obligante: ¿a qué podría obligarnos algo desconocido? ...
(Mañana gris. Primer bostezo de la razón. Canto del gallo del positivismo).

5. El «mundo verdadero» -una Idea que ya no sirve para nada, que ya ni siquiera obliga,
-una Idea que se ha vuelto inútil, superflua, por consiguiente una Idea refutada:
¡eliminémosla!
(Día claro; desayuno; retorno del bon sens y de la jovialidad; rubor avergonzado de
Platón; ruido endiablado de todos los espíritus libres)

6. Hemos eliminado el mundo verdadero: ¿qué mundo ha quedado?, ¿Acaso el


aparente?... ¡No!, ¡al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el
aparente!
(Mediodía; instante de la sombra más corta; final del error más largo; punto culminante
de la humanidad; INCIPIT ZARATHUSTRA).
Trad. Sánchez Pascual. Alianza Editorial
ANÁLISIS del TEXTO
Luis Martínez Conesa – Nietzsche – Análisis y explicación del texto
SFRM – www.sociedadfilosofia.org
Nietzsche nos cuenta la historia de los avatares de la idea cuya falsedad ha
desenmascarado y cuya génesis ha explicado en el capítulo anterior: la idea del "mundo
verdadero", a lo largo de la historia de la filosofía y de la cultura occidentales. Esta idea ha
terminado por ser reconocida como lo que era desde un principio: como una "fábula",
como una creación "artística" (aunque privada de vigor dionisíaco) al servicio de una
voluntad nihilista, la del filósofo, que para afirmarse tiene que negar la vida, el devenir, e
inventar otra vida mejor, un mundo del ser. Pero esta "fábula" no ha sido una fábula
cualquiera: ha constituido el armazón ideológico de la cultura occidental, cuya historia es,
por tanto, la historia del nihilismo. Ahora bien, según Nietzsche, esta fábula ha perdido ya
su credibilidad como consecuencia de un proceso por el que la misma voluntad nihilista
que animaba a la filosofía ha terminado por destruir la ilusión que ella misma había
creado, poniendo a la cultura occidental ante el dilema de hundirse en la nada o crear
nuevos valores. Veamos lo que dice Nietzsche.
1. El primer momento o etapa de esta historia es el momento inaugural de la filosofía
occidental. El acontecimiento es la invención del mundo-verdadero, es decir: el
desdoblamiento del mundo. El autor de esta invención: Platón, aunque en el capítulo
anterior Nietzsche había rastreado la prehistoria del error del ser en el pensamiento
presocrático. El mundo de las ideas platónicas se configura como un lugar accesible a
través de un proceso de formación moral e intelectual (paideia) de cierto tipo de individuo:
el filósofo, paradigma de sabio, piadoso y virtuoso. El mundo de las ideas, el mundo
"verdadero", es el objeto del conocimiento en el que consiste la virtud. A través de la
dialéctica, la mente del filósofo va apropiándose poco a poco de “porciones” cada vez
mayores del mundo de las ideas hasta alcanzar el fundamento último del ser y del valor:
la Idea del Bien. En ese momento, el mundo verdadero está contenido en la mente del
filósofo, que se convierte en el lugar de la verdad, en el lugar del desocultamiento del ser.
Por eso dice Nietzsche que él es ese mundo y que el platonismo es la transcripción de la
tesis "yo, Platón, soy la verdad".
2. Con el cristianismo, la fábula del mundo verdadero entra en una segunda etapa, lo cual
supone un cambio de la Idea (e incluso un progreso, dice Nietzsche). Este cambio es
doble: Por un lado, el mundo verdadero se declara inasequible en esta vida, si bien se le
hace objeto de una promesa cuyo cumplimiento se posterga a la otra vida. Al introducir un
abismo también temporal entre el mundo verdadero y el mundo aparente, la
desvalorización de esta vida es aún mayor que en la etapa anterior (quizá por eso dice
irónicamente que la Idea experimenta un progreso). Sólo en la otra vida, la mente del
sabio, del virtuoso, se unirá al fundamento del ser y del valor, se unirá a Dios. Por otro
lado, consecuentemente, cambia la forma en que la fábula dota de sentido y de valor a la
vida de quien cree en ella, a la vida del filó-sofo, del que aspira a la sabiduría. En Platón,
esto se hacía de un modo relativamente simple y convincente: el filósofo se decía a sí
mismo: "llega a ser lo que eres", es decir, "da cumplimiento, perfección, a tu naturaleza
como ser racional, conviértete en el lugar de la verdad". En cambio, en el cristianismo, se
dice: "reconoce la culpabilidad, la pecaminosidad de tu existencia y paga tu culpa, expía
tu pecado, destruyendo tu naturaleza, como condición para llegar a ser lo que no eres". El
cristianismo dota de sentido la existencia del hombre alimentando su esperanza, pero a
condición de sumir al hombre previamente en la desesperación acerca de su capacidad
para alcanzar la verdad.
La observación entre paréntesis acerca del progreso de la Idea es realmente enigmática,
sobre todo, cuando dice que la Idea "se convierte en una mujer". El encanto de la mujer,
tal como Nietzsche lo explica en un aforismo de La Gaya Ciencia, deriva de su
incomprensibilidad y ésta, a su vez, de su capacidad para mantener la distancia frente al
amante que la contempla sin poder estar nunca seguro de merecerla, de ser digno de ella.
Quizá esta sea la clave para comprender la metáfora, pues también la Idea en el
cristianismo (es decir, Dios) se define por su incomprensibilidad y su distancia, que
generan en el hombre la misma incertidumbre acerca de su dignidad para recibir la
Gracia.
3. La tercera etapa en esta historia la representa la filosofía kantiana. Aquí la capacidad
de la fábula del mundo verdadero para dotar de sentido a la existencia humana se ve
reducida, pierde vigor, puesto que se declara que el mundo verdadero no sólo es
inasequible, sino también imprometible. Frente a Platón, Kant niega la capacidad de la
razón para conocer el ser en sí de las cosas. En este sentido, es un escéptico. Pero, con
respecto al cristianismo, Kant lleva a cabo una curiosa operación: en sus manos, el Dios
de la teología cristiana deja de ser el objeto cuya existencia real y demostrable garantiza
la credibilidad de la promesa de salvación, para convertirse en un objeto meramente
pensado como postulado (indemostrable) de la razón práctica, en el contenido de una
mera creencia necesaria para evitar la contradicción trágica entre la búsqueda virtud y el
logro de la felicidad. Ninguna de las dos se realizará nunca plenamente, pero esto no sólo
no anula el carácter incondicionalmente obligatorio de la ley moral, sino que la idea, el
pensamiento, de la posible realización de la virtud y de su posible reconciliación con la
felicidad sirve de consuelo.
En el fondo, dice Nietzsche, es "el mismo sol", es decir, la misma manera de dotar de
sentido y de valor a la existencia humana a base de contraponer el mundo fenoménico en
el que se desarrolla esa existencia, no a un mundo del ser accesible ahora o después de
la muerte, sino a un mundo del "deber ser", a un ideal, que conserva los caracteres del
mundo verdadero, pero en un plano definitivamente inalcanzable. Por eso dice Nietzsche
que se trata de la Idea sublimizada, es decir, conservada mediante un rodeo, pero situada
no en el plano de lo real, sino en el plano de lo ideal.
A partir de aquí, comienza el proceso de eliminación de la idea del mundo verdadero, el
proceso de reconocimiento de la fábula como tal. Ahora bien, el término de ese proceso
es, para Nietzsche, el punto culminante de la humanidad, el punto en el que la
humanidad, no pudiendo seguir creyendo en la antigua fábula, se ve obligada a escuchar
el mensaje de Zaratustra, el personaje creado por Nietzsche para comunicar sus
pensamientos esenciales: la muerte de Dios, la voluntad de poder, el eterno retorno y el
superhombre, pensamientos que constituyen las bases para la creación de nuevas
"fábulas" capaces de dotar de sentido y de valor a la existencia. Veámoslo brevemente:
4. La cuarta etapa en la historia de cómo el mundo verdadero acabó convirtiéndose en
una fábula consiste en una transformación ideológica, por la cual el ideal inalcanzable de
la etapa anterior (kantiana, ilustrada) pierde su capacidad para dotar de sentido y de valor
a la existencia humana. Nietzsche vincula esta transformación a la corriente ideológica
dominante en el siglo XIX: al Positivismo, en el que ve el principio (sólo el principio) del
despertar de la razón de su sueño "idealista". El positivismo expresa la necesidad de
reducir el uso de la razón a la realización de metas alcanzables, asequibles de hecho: el
conocimiento científico-positivo y el control de los fenómenos naturales, por un lado, y el
aumento del bienestar y el confort de la vida, esto es, la "felicidad" para el mayor número,
por otro.
5&6. Las etapas quinta y sexta corresponden a la propia filosofía nietzscheana, que
Nietzsche no hacía más que extraer las consecuencias de la transformación ideológica
operada por el Positivismo, de acuerdo con el cual el valor de una idea o creencia deriva
de su utilidad. Ahora bien, si la idea del mundo verdadero ha perdido su capacidad de
dotar de sentido y de valor a la existencia, es que es una idea inútil, una creencia que ya
no tiene consecuencias útiles, y si es una idea inútil, es que es una idea falsa, refutada.
Pues bien, dice Nietzsche, ¡eliminémosla!
Pero ¿qué significa su eliminación? En principio, liberar al espíritu humano de un peso
que asfixiaba sus fuerzas creadoras: el peso de la responsabilidad de realizar un ideal
irrealizable, una responsabilidad que envenenaba la alegría de vivir, la jovialidad. Pero,
aunque era el resultado de una posición de valores (de una fábula) contrarios a la vida,
paradójicamente el ideal se había impuesto a lo largo de la historia y había llegado a ser
el único existente, la única fuente de sentido y de valor para la existencia humana. Por
tanto, la liberación el peso que implica su eliminación significa, a su vez, una
responsabilidad aun mayor: la que supone enfrentarse al interrogante acerca del sentido y
del valor de la existencia, sabiendo que:
1. el antiguo ideal ha perdido su vigor, es decir, que los valores superiores han
perdido su validez (Nihilismo, Muerte de Dios). Lo cual no significa sólo la decadencia de
los valores específicamente religiosos, sino la invalidez de toda posición de valores como
valores absolutos, es decir, la invalidez de toda posición de valores que no los reconozca
como creaciones humanas, como ficciones, invenciones o fábulas. No es que Dios haya
muerto y podamos poner en su lugar otra cosa: la Humanidad, el Progreso, la Justicia,
etc., sino que lo que ha desaparecido es ¡el lugar mismo! Esto es lo que significa la
muerte de Dios o la eliminación del mundo verdadero.
2. la referencia o el punto de partida para una nueva posición de valores no puede ser el
“mundo aparente”, pues la consistencia (el ser y el valor) de éste dependía del mundo “verdadero”.
Que “al eliminar el mundo verdadero hemos eliminado también el aparente” significa que no se
trata simplemente de invertir la relación fundamento/fundamentado, como si lo que antes era
fundamentado (el mundo aparente) pudiera hacer ahora las veces de fundamento, es decir, pudiera
considerarse como mundo “verdadero”. Esto es lo que ingenuamente creyó el Positivismo, la
ideología de la sociedad industrial. Para el positivismo, la ciencia es el conocimiento objetivo de los
hechos, que permite prever el curso de los fenómenos, de modo que, mediante la técnica, podamos
ponerlos al servicio de la satisfacción de nuestras necesidades y alcanzar una vida de bienestar y
comodidades. Pero Nietzsche piensa que este “ideal realizable” sigue siendo una ficción, una
fábula, puesto que el mundo “real” que la ciencia “conoce objetivamente” es, en el fondo, una
ilusión, y además una fábula que no es capaz de satisfacer más que a “animales de rebaño”, a cuyo
prototipo Nietzsche llama “el último hombre”. Nietzsche se dirige a quienes, insatisfechos con este
ideal, tienen todavía energías para asumir la tarea de una nueva creación de valores, de un nuevo
ideal, pero advirtiéndoles de que se trata de una creación y una autocreación “desde la nada”, a la
que ha quedado reducido el “mundo aparente” de la tradición metafísica.
posted by Paco Molina-Filosofía | 11:05 AM | 0 comments

TEXTO DE MARX II
ANÁLISIS DEL PROCESO DIALÉCTICO EN EL TEXTO de MARX Y ENGELS
En el Manifiesto comunista (1848) de Marx y Engels puede leerse que la historia de toda las
sociedades que han existido hasta ahora no es más que la historia de la lucha de clases. Esta lucha
acaba con la transformación revolucionaria de la sociedad. Opresores y oprimidos: ésta es la tensión
que constituye la esencia de la historia de la humanidad. La época de la burguesía moderna, no
eliminó en absoluto el antagonismo de las clases. Lo que ha hecho ha sido volverlo más simple: dos
grandes clases de carácter internacional, la burguesía (clase de los modernos capitalistas
propietarios de los medios de producción y patronos de los asalariados) y el proletariado (clase de
los asalariados modernos que no poseen medios propios de producción y se ven reducidos a vender
la fuerza de su trabajo para subsistir). La clase burguesa ha surgido en el seno de la sociedad feudal,
es la negación de esta última y la supera (concepción dialéctica de la historia): de los siervos de la
gleba aparecieron los primeros elementos para la burguesía. Posteriormente los descubrimientos
geográficos y los intercambios coloniales dan a la incipiente burguesía y a la industria un impulso
sin precedentes que imprime rapidez al desarrollo revolucionario larvado en la sociedad feudal en
descomposición; la industria feudal-corporativa era insuficiente y aparecieron los talleres
manufactureros. En este proceso la clase media industrial reemplazó a los maestros artesanos,
desapareció la división del trabajo entre corporaciones y se hizo en cada uno de los talleres,
crecieron los mercados. La industria manufacturera se vio también incapaz de satisfacer este
proceso. Estas insuficiencias junto con los descubrimientos científico-tecnológicos de las
aplicaciones del vapor a las máquinas posibilitaron el paso a la gran industria moderna y la clase
media industrial fue reemplazada por los millonarios de la industria, jefes de ejércitos industriales,
los modernos burgueses que dejan fuera de juego a las clases medievales: éste fue el papel
revolucionario de la burguesía.
El análisis, de acuerdo con la filosofía económica marxista, es el siguiente: cuando las relaciones
feudales de propiedad ya no se correspondían con las fuerzas productivas que se habían
desarrollado, se convirtieron en un lastre para ese mismo desarrollo y se quebraron para dar lugar a
las leyes del libre comercio, una nueva constitución social y el dominio de la burguesía.
Por la ley de la dialéctica, de la misma forma que la burguesía era la contradicción interna del
feudalismo, el proletariado es la contradicción interna del capitalismo. La propiedad privada se ve
obligada a mantenerse y junto a ella su término antitético: el proletariado. De la misma forma que el
feudalismo no pudo defenderse de su criatura (la burguesía), así no podrá hacerlo la burguesía ante
la suya (el proletariado). El capitalismo ha engendrado a los humanos que acabarán con él: los
proletarios. El avance de la gran industria va creando grandes asociaciones de obreros organizados
de forma concienciada acerca de su fuerza y misión (conciencia de clase) en un proceso conducente
primero a la dictadura del proletariado y luego hacia la sociedad comunista sin propiedad privada.
En su teoría de la historia (materialismo histórico), Marx considera que los cambios políticos,
jurídicos, culturales (superestructura) se explican en relación con las transformaciones del modo
que producción (estructura económica). La historia se contempla como una seria de fases
dominadas por un conflicto entre clases (lucha de clases). La concepción dialéctica de la historia
estaba presente en Hegel, pero para Hegel este desarrollo era un camino de encuentro entre razón y
sociedad, una historia de Espíritu. Marx cree que Hegel ha idealizado las fuerzas rectoras y ha
olvidado los intereses y los grupos. Lo que se suceden no son fases de desarrollo del espíritu
sino modos de producción sostenidos por agentes colectivos o clases sociales en permanente
antagonismo. La dialéctica de conceptos se convierte en una dialéctica real, una lucha de clases
sociales. Marx creyó asimismo descubrir la dinámica interna de este proceso: la relación entre
fuerzas productivas y relaciones de producción. En la producción de su vida social los seres
humanos entablan una seria de relaciones de producción (necesarias, independientes de su
voluntad, cuya expresión jurídica son las relaciones de propiedad) que corresponden a un
determinado grado de desarrollo de las fuerzas productivas materiales. El conjunto constituye
la estructura económica, la base real de las formas de conciencia. De esa base económica dependen
la política, las ideologías, el derecho, el arte (superestructura). Por otra parte es en las formas
ideológicas donde los hombres toman conciencia del conflicto. En determinado momento las
fuerzas productivas entran en contradicción con las relaciones de producción existentes: en
ese momento las relaciones de producción ya no son formas de desarrollo de las fuerzas
productivas, sino trabas. Se entra entonces en una revolución social que cambiará el modo de
producción y tendrá cambios consiguientes en la superestructura. Marx habló de varios modos
de producción: asiático, antiguo, feudal, y el burgués moderno. Las relaciones burguesas de
producción son la última forma antagónica del proceso de producción social, no en el sentido de un
antagonismo individual sino que nace de las condiciones sociales de existencia de los individuos.
La burguesía, que tuvo un papel revolucionario en la historia, no podrá hacer frente a su propia
creación. Las contradicciones del capitalismo darán paso a una revolución social cuya meta será la
sociedad comunista, sin propiedad privada, en la que se pida a cada uno según su capacidad y se le
dé según su necesidad. Lo importante, en esta concepción dialéctica, es que el motor de la
transformación, lo que acabará con el capitalismo, es algo engendrado por el capitalismo: el
proletariado.
posted by Paco Molina-Filosofía | 11:04 AM | 1 comments

TEXTO DE MARX
MATERIALES PARA MARX Y EL TEXTO PROPUESTO
Y COMPLEMENTOS PARA EL TEXTO DE KANT
CONTEXTO HISTÓRICO DE MARX
Es suficiente con el material aportado por el libro de texto. Quizá vendría bien insistir como contexto
filosófico que la filosofía marxista se establece en contacto y crítica de: el idealismo hegeliano, Feuerbach, el
socialismo francés (utópico) y la economía clásica inglesa y una síntesis de dicha relación.
TEXTO PROPUESTO PARA LAS P.A.U.
Manifiesto del Partido Comunista
Carlos Marx y Federico Engels
¡PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS!
(Publicado por primera vez el 25 de febrero de 1.848)

MANIFIESTO DEL PARTIDO COMUNISTA


Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja
Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el Zar,
Metternichy Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes.
¿Qué partido de oposición no ha sido motejado de comunista por sus adversarios en el
poder? ¿Qué partido de oposición, a su vez, no ha lanzado, tanto a los representantes de
la oposición más avanzados, como a sus enemigos reaccionarios, el epíteto zahiriente de
`comunista'?
De este hecho resulta una doble enseñanza:
Que el comunismo está ya reconocido como una fuerza por todas las potencias de
Europa.
Que ya es hora de que los comunistas expongan a la faz del mundo entero sus conceptos,
sus fines y sus tendencias; que opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un
manifiesto del propio partido.
Con este fin, comunistas de las más diversas nacionalidades se han reunido en Londres y
han redactado el siguiente Manifiesto, que será publicado en inglés, francés, alemán,
italiano, flamenco y danés.

Capítulo 1º.- Burgueses y proletarios


La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de las luchas de
clases.
Hombres libres y esclavos, patricios y plebeyos, señores y siervos, maestros y oficiales,
en una palabra: opresores y oprimidos se enfrentaron siempre, mantuvieron una lucha
constante, velada unas veces y otras franca y abierta; lucha que terminó siempre con la
transformación revolucionaria de toda la sociedad o el hundimiento de las clases en
pugna.
En las anteriores épocas históricas encontramos casi por todas partes una completa
diferenciación de la sociedad en diversos estamentos, una múltiple escala gradual de
condiciones sociales. En la antigua Roma hallamos patricios, caballeros, plebeyos y
esclavos; en la Edad Media, señores feudales, vasallos, maestros, oficiales y siervos, y,
además, en casi todas estas clases todavía encontramos gradaciones especiales.
La moderna sociedad burguesa, que ha salido de entre las ruinas de la sociedad feudal,
no ha abolido las contradicciones de clase. Únicamente ha sustituido las viejas clases, las
viejas condiciones de opresión, las viejas formas de lucha por otras nuevas.
Nuestra época, la época de la burguesía, se distingue, sin embargo, por haber
simplificado las contradicciones de clase. Toda la sociedad va dividiéndose, cada vez
más, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases, que se enfrentan
directamente: la burguesía y el proletariado.
De los siervos de la Edad Media surgieron los vecinos libres de las primeras ciudades; de
este estamento urbano salieron los primeros elementos de la burguesía.
El descubrimiento de América y la circunnavegación de África ofrecieron a la burguesía
en ascenso un nuevo campo de actividad. Los mercados de la India y de China, la
colonización de América, el intercambio con las colonias, la multiplicación de los medios
de cambio y de las mercancías en general imprimieron al comercio, a la navegación y a
la industria un impulso hasta entonces desconocido, y aceleraron con ello el desarrollo
del elemento revolucionario de la sociedad feudal en descomposición.
La antigua organización feudal o gremial de la industria ya no podía satisfacer la
demanda, que crecía con la apertura de nuevos mercados. Vino a ocupar su puesto la
manufactura. El estamento medio industrial suplantó a los maestros de los gremios; la
división del trabajo entre las diferentes corporaciones desapareció ante la división del
trabajo en el seno del mismo taller.
Pero los mercados crecían sin cesar; la demanda iba siempre en aumento. Ya no bastaba
tampoco la manufactura. El vapor y la maquinaria revolucionaron entonces la
producción industrial. La gran industria moderna sustituyó a la manufactura; el lugar
del estamento medio industrial vinieron a ocuparlo los industriales millonarios -jefes de
verdaderos ejércitos industriales-, los burgueses modernos.
La gran industria ha creado el mercado mundial, ya preparado por el descubrimiento de
América. El mercado mundial aceleró prodigiosamente el desarrollo del comercio, de la
navegación y de los medios de transporte por tierra. Este desarrollo influyó, a su vez, en
el auge de la industria, y a medida que se iban extendiendo la industria, el comercio, la
navegación y los ferrocarriles, desarrollábase la burguesía, multiplicando sus capitales y
relegando a segundo término a todas las clases legadas por la Edad Media.
La burguesía moderna, como vemos, es ya de por sí fruto de un largo proceso de
desarrollo, de una serie de revoluciones en el modo de producción y de cambio.
Cada etapa de la evolución recorrida por la burguesía ha ido acompañada del
correspondiente progreso político. Estamento bajo la dominación de los señores
feudales; asociación armada y autónoma en la comuna; en unos sitios, República urbana
independiente; en otros, tercer estado tributario de la monarquía; después, durante el
período de la manufactura, contrapeso de la nobleza en las monarquías estamentales,
absolutas y, en general, piedra angular de las grandes monarquías, la burguesía,
después del establecimiento de la gran industria y del mercado universal, conquistó
finalmente la hegemonía exclusiva del poder político en el Estado representativo
moderno. El gobierno del Estado moderno no es más que una junta que administra los
negocios comunes de toda la clase burguesa.
La burguesía ha desempeñado en la historia un papel altamente revolucionario.
Dondequiera que ha conquistado el poder, la burguesía ha destruido las relaciones
feudales, patriarcales, idílicas. Las abigarradas ligaduras feudales que ataban al
hombre a sus "superiores naturales" las ha desgarrado sin piedad para no dejar subsistir
otro vínculo entre los hombres que el frío interés, el cruel "pago al contado". Ha ahogado
el sagrado éxtasis del fervor religioso, el entusiasmo caballeresco y el sentimentalismo
del pequeño burgués en las aguas heladas del cálculo egoísta. Ha hecho de la dignidad
personal un simple valor de cambio. Ha sustituido las numerosas libertades escrituradas
y adquiridas por la única y desalmada libertad de comercio. En una palabra, en lugar de
la explotación velada por ilusiones religiosas y políticas, ha establecido una explotación
abierta, descarada, directa y brutal.
La burguesía ha despojado de su aureola a todas las profesiones que hasta entonces se
tenían por venerables y dignas de piadoso respeto. Al médico, al jurisconsulto, al
sacerdote, al poeta, al hombre de ciencia, los ha convertido en sus servidores
asalariados.
La burguesía ha desgarrado el velo de emotivo sentimentalismo que encubría las
relaciones familiares, y las ha reducido a simples relaciones de dinero.
La burguesía ha revelado que la brutal manifestación de fuerza en la Edad Media, tan
admirada por la reacción, tenía su complemento natural en la más relajada
holgazanería. Ha sido ella la primera en demostrar qué puede realizar la actividad
humana; ha creado maravillas muy distintas de las pirámides de Egipto, de los
acueductos romanos y de las catedrales góticas, y ha realizado campañas muy distintas
de las migraciones de los pueblos y de las Cruzadas.
La burguesía no puede existir sino a condición de revolucionar incesantemente los
instrumentos de producción, y con ello todas las relaciones sociales. La conservación del
antiguo modo de producción era, por el contrario, la primera condición de existencia de
todas las clases industriales precedentes. Una revolución continua en la producción, una
incesante conmoción de todas las condiciones sociales, una inquietud y un movimiento
constantes distinguen la época burguesa de todas las anteriores. Quedan rotas todas las
relaciones estancadas y enmohecidas -con su cortejo de creencias y de ideas veneradas
durante siglos-; hácense añejas las nuevas antes de llegar a osificarse. Todo lo
estamental y estancado de esfuma; todo lo sagrado es profanado, y los hombres, al fin,
se ven forzados a considerar serenamente sus condiciones de existencia y sus relaciones
recíprocas.
Espoleada por la necesidad de dar a sus productos una salida cada vez mayor, la
burguesía recorre el mundo entero. Necesita anidar en todas partes, establecerse en
todas partes, crear vínculos en todas partes.
Mediante la explotación del mercado mundial, la burguesía ha dado un carácter
cosmopolita a la producción y al consumo de todos los países. Con gran sentimiento de
los reaccionarios, ha quitado a la industria su base nacional. Las antiguas industrias
nacionales han sido destruidas y están destruyéndose continuamente. Son suplantadas
por nuevas industrias, cuya introducción se convierte en cuestión vital para todas las
naciones civilizadas, por industrias que ya no emplean materias primas indígenas, sino
materias primas venidas de las más lejanas regiones del mundo, y cuyos productos no
sólo se consumen en el propio país, sino en todas las partes del globo. En lugar de las
antiguas necesidades, satisfechas con productos nacionales, surgen necesidades nuevas,
que reclaman para su satisfacción productos de los países más apartados y de los climas
más diversos. En lugar del antiguo aislamiento y la autarquía de las regiones y naciones,
se establece un intercambio universal, una interdependencia universal de las naciones. Y
esto se refiere tanto a la producción material, como a la intelectual. La producción
intelectual de una nación se convierte en patrimonio común de todas. La estrechez y el
exclusivismo nacionales resultan de día en día más imposibles; de las numerosas
literaturas nacionales y locales se forma una literatura universal.
Merced al rápido perfeccionamiento de los instrumentos de producción y al constante
progreso de los medios de comunicación, la burguesía arrastra a la corriente de la
civilización a todas las naciones, hasta las más bárbaras. Los bajos precios de sus
mercancías constituyen la artillería pesada que derrumba todas las murallas chinas y
hace capitular a los bárbaros más fanáticamente hostiles a los extranjeros. Obliga a
todas las naciones, si no quieren sucumbir, a adoptar el modo burgués de producción, las
constriñe a introducir la llamada civilización, es decir, a hacerse burgueses. En una
palabra: se forja un mundo a su imagen y semejanza.
BURGUESES Y PROLETARIOS
(adaptado de www.geocities.com/jgcicco/files/manifest.doc)
Karl Marx y F. Engels escribieron el Manifiesto Comunista entre Noviembre de 1847 y Enero de 1848. Lo
hicieron por encargo de la ‘Liga de los Comunistas’ para ser distribuido entre sus simpatizantes, repartidos
por gran parte de Europa. El Manifiesto está dividido en cuatro capítulos. El primero realiza una análisis
sobre las dos clases contrastantes en esa época: la burguesía y el proletariado. Se basa en un estudio histórico
del nacimiento y desarrollo de ambas, estudio que luego sería plasmado en una teoría de Marx conocida
como materialismo histórico. El segundo capítulo, ‘Proletarios y Comunistas’, explica la relación del Partido
Comunista con los demás partidos obreros mostrando, sus similitudes y objetivos comunes, y también una
serie de medidas para lograr el fin principal del Manifiesto: la apropiación de los medios de producción en
poder de la burguesía para su justa utilización. La tercera parte se encarga de describir los distintos tipos de
socialismo y comunismo diseminados por toda Europa, analizando los autores y los orígenes del movimiento
en los distintos países. El último capítulo sirve para redondear ideas y para impulsar a toda la clase obrera de
Europa a formar parte de la revolución comunista, culminando con la frase “¡proletarios de todos los países
uníos!”.
Marx y Engels atraviesan a lo largo del manifiesto distintos niveles de abstracción, yendo de ideas abstractas
a lo concreto, para explicar como, a partir de la aparición de la clase burguesa, aparecen los proletariados
( para establecerse como clase dominante. Trataremos de explicar este razonamiento.
La premisa inicial del análisis es que la historia de todas las sociedades es la historia de la lucha de clases.
Con el pasar de los años se mantiene una lucha constante entre diferentes estamentos que siempre finaliza
con una transformación revolucionaria de toda la sociedad o con el hundimiento de las clases en conflicto.
Este precepto es fácilmente constatable con una simple mirada al pasado. Siempre encontraremos, en el
estudio de alguna sociedad, una clase dominante en continuo conflicto con un sector de la sociedad que es
dominado por ésta. En la sociedad moderna encontramos una división, afirmando esta característica, entre
burgueses y proletarios. Por burguesía se entiende la clase de los capitalistas modernos, que son
los propietarios de los medios de producción social y emplean trabajo asalariado. Por
proletarios se entiende la clase de los trabajadores asalariados modernos, que, privados de
medios de producción propios, se ven obligados a vender su fuerza de trabajo para poder
existir.” (Nota de F. Engels a la edición inglesa de 1888).
Partiendo de esta base, el segundo nivel del análisis consiste en distinguir el origen de ambas clases para
luego poder encontrar el porqué de la situación de lucha entre éstos. Luego del descubrimiento de América y
los viajes a África, y del establecimiento de colonias en estos lugares, se multiplicaron los medios de cambio y
el comercio; la navegación y la industria tuvieron una gran aceleración. Todos estos factores contribuyeron a
la descomposición de la sociedad feudal, y alimentaron a los incipientes procesos revolucionarios. La antigua
organización de las industrias en estas sociedades ya no podía satisfacer la demanda que este proceso había
generado. Esta organización gremial3 fue reemplazada por la manufactura. El estamento medio industrial
suplantó a los maestros de los gremios y la división del trabajo entre las distintas corporaciones fue
desplazada por la división del trabajo dentro de los talleres. Luego, con el avance producido por la
Revolución Industrial, la industria moderna sustituyó a la manufactura y el estamento medio industrial fue
desplazado por los industriales millonarios, los burgueses modernos.
El comercio mundial ayudó al desarrollo de la navegación y los medios de transporte terrestres. Esto
favoreció notablemente en el crecimiento de la industria que impulsó un desarrollo aun mayor de la
burguesía, multiplicándose sus capitales y desplazando a un segundo plano todas las clases que también
provenían de la edad media.
Pero a la vez que la burguesía se apropiaba del poder económico, también lo hacia con el poder político. “La
burguesía, después del establecimiento de la gran industria y del mercado universal, conquistó finalmente la
hegemonía exclusiva del poder político en el Estado representativo moderno. El gobierno del Estado
moderno no es más que una junta que administra los negocios comunes de toda la clase burguesa.”.
Esta nueva burguesía capitalista depende de los factores de producción disponibles. En su afán por
maximizar los beneficios, trata de reducir siempre los costos de los factores productivos.
A la par del crecimiento de la burguesía, surgió también el proletariado, es decir, la clase obrera moderna.
Según los autores, y considerando que el trabajo es un factor de producción, la burguesía toma al
proletariado como una mercadería. Esta nueva clase se ve cada vez más desfavorecida por los métodos de
producción burgueses. “El creciente empleo de las máquinas y la división del trabajo quitan al trabajo del
proletariado todo carácter propio [...]. Por lo tanto, lo que cuesta hoy día un obrero se reduce poco más o
menos a los medios de subsistencia indispensables para vivir y para perpetuar su linaje. Pero el precio de
todo trabajo, como el de toda mercancía, es igual a los gastos de producción.” Consecuentemente, a mayor
necesidad de mano de obra, más bajos son los salarios.
Al igual que la burguesía, el proletariado pasa por diferentes etapas en su desarrollo. Su lucha contra la
burguesía, según Marx, comienza con su surgimiento. “Este desarrollo se refiere a un proceso de ampliación
y homogeneización de la clase como tal.” En una primera instancia, la lucha es entablada por obreros
aislados, después por obreros de la misma fábrica, luego por los obreros del mismo oficio, y así hasta entablar
una lucha nacional. Pero estas paulatinas uniones tienen un fundamento muy fuerte. Como resultado de
la competencia entre los burgueses, se ven obligados a bajar sus costos. El resultante directo es la fluctuación
de los salarios. A raíz de esto, los obreros empiezan a formar grupos para defender sus intereses –los
salarios- y esta lucha se degenera en una sublevación. Lo importante, desde el punto de vista de los autores,
no es un triunfo inmediato en una lucha aislada, sino que estas luchas generen una unión cada vez más
grande y más extensa de los obreros. La lucha del proletariado es una lucha nacional primero, porque la clase
obrera de cada país debe luchar contra la burguesía local para luego poder conformar un movimiento
proletario internacional. Este concepto de nacionalidad-internacionalidad es vital para el triunfo del
proletariado. De esta forma, la organización de la clase obrera como un partido político es necesaria para este
fin. Sin embargo, no todos los partidos políticos tienen el mismo carácter revolucionario, debido a sus
diferentes orígenes y exigencias. Los comunistas también forman una organización de este tipo, pero “se
distinguen de los demás porque en las diferentes luchas nacionales destacan y hacen valer los intereses
comunes a todo el proletariado, independientemente de la nacionalidad [...] y porque, teóricamente, tienen
sobre le resto del proletariado la ventaja de su clara visión de las condiciones, de la marcha y de los
resultados generales del movimiento proletario.” Cabe aclarar que “el ‘Partido Comunista’ del que habla el
Manifiesto es un partido internacional cuyos embriones son la Liga de los Comunistas y los Fraternal
Democrats; esto es, de un lado, una organización compuesta sobre todo por alemanes, pero dispersa por toda
Europa y, del otro, una organización concentrada en Londres pero compuesta de representantes exiliados de
grupos obreros y comunistas de varios países del continente.” (Michael Löwy en La teoría de la revolución
en el joven Marx)
Siguiendo los lineamientos del análisis inicial, luego de la relación de dominación, se concluye el período con
el hundimiento de la clase dominante. En este período una porción de la clase en decadencia finalmente se
une al sector revolucionario. En el caso analizado, esta facción que se separa de la burguesía está compuesta
por los estamentos medios que, aunque con ideales conservadores, se une a la lucha porque sus intereses
personales se verán favorecidos si se unen con la clase revolucionaria. Otro sector que se une al sector
sublevado es el llamado por Marx como lumpenproletariado, que es producto de las capas más bajas de la
vieja sociedad, y lleva fácilmente hacia el movimiento revolucionario.
Una de las conclusiones que afirma el supuesto del triunfo del proletariado es que, según Marx, los burgueses
ya no son capaces de seguir desempeñando el papel de clase dominante. Las condiciones de vida del
proletariado son tan bajas que la burguesía se ve obligada a mantenerla para que sean igualmente
productivas; es decir, que dependen cada vez más de la clase obrera, porque el burgués depende del capital
que no existiría sin las fuerzas de trabajo. Esta relación de necesidad es la que da al proletariado “un arma
más para derrotar a la burguesía.”
Otro de los fundamentos de los autores para justificar la abolición de la propiedad privada se basa en que los
medios de producción tienen un carácter social y no deben pertenecer la burguesía. Siendo que “el capital es
un producto colectivo, no puede ser puesto en movimiento sino por la actividad conjunta de muchos
miembros de la sociedad y, en última instancia sólo por la actividad de todos los miembros de la sociedad.”
Por consiguiente, resulta razonable que el resultado obtenido por el producto de los factores de producción
no sean propiedad únicamente de un pequeño sector de la sociedad
El materialismo histórico
http://filosofia.idoneos.com/index.php/343144
Es un error afirmar que el materialismo de Marx se basa en la afirmación 'todo es materia'. En
efecto, Marx se abstiene de realizar afirmaciones metafísicas en ese sentido. Así, el materialismo que postula
tiene una significación práctica que lo opone simultáneamente al idealismo de Hegel pero también
al materialismo 'clásico'.
1. La prioridad del ser sobre el pensamiento: contra Hegel, Marx se ubica en una posición cercana
a Feuerbach quien criticaba a Hegel por haber convertido al hombre en puro espíritu en lugar de
considerarlo un ser real y concreto.
2. Materialismo dialéctico: Demócrito y los materialistas franceses del siglo XVIII, representan el
materialismo clásico que Marx criticará por considerarlo abstracto y mecanicista, reduciendo la materia a
leyes mecánicas (el mecanicismo estricto parecía superado por la ciencia del siglo XIX con la química, la
biología y la teoría de la evolución). También señalará que el materialismo clásico carece de un carácter
dialéctico e histórico. Pero el aspecto diferencial más importante es que considera a la realidad únicamente
como objeto de contemplación, en tanto el pensar es posterior al ser y las ideas son puro reflejo de la realidad
de modo tal que el hombre es un ser pasivo y contemplativo.
Así pues:
1. Contra el idealismo: afirma la independencia de la naturaleza exterior respecto al pensamiento.
2. Contra el materialismo mecanicista y Feuerbach: afirma que no es posible separar la Naturaleza respecto
del hombre. El hombre no es contemplativo sino activo, transforma la naturaleza y la naturaleza real es la
transformada por el hombre de manera que se introduce en el devenir histórico.
====
El materialismo histórico de Marx supone la negación de la autonomía de las ideas respecto de las
condiciones de la existencia humana y también el carácter dialéctico e histórico de esa base material. Engels
lo define de la siguiente manera:
La concepción de la historia universal que ve la causa final y la fuerza propulsora decisiva de los
acontecimiento históricos importantes en el desarrollo económico de la sociedad, en las transformaciones
del modo de producción y de cambio, en la consiguiente división de la sociedad en distintas clases, y en las
luchas de estas clases entre sí Engels, Del socialismo utópico al socialismo científico.
Engels, en efecto, considera que Marx es el creador de este materialismo y (junto a la teoría de la plusvalía)
conforma su mayor hallazgo científico.
1. La estructura económica constituye la base real de la sociedad.
2. Tal estructura está constituida por las bases de producción, que son las relaciones que se establecen entre
los hombres de acuerdo con su situación respecto a las fuerzas de producción. Jurídicamente se expresan a
través de las relaciones de propiedad. Dentro de un sistema capitalista, la burguesía es la propietaria de los
medios de producción, y el trabajador solo posee la fuerza de trabajo (relaciones que son diferentes en un
régimen de esclavitud o servidumbre)
3. Las fuerzas productivas están dados por el trabajo y los medios de producción. Las fuerzas productivas se
mueven dentro del marco formado por las relaciones de producción.
4. La estructura económica determina o condiciona una superestructura constituída por las formas de
conciencia o formas ideológicas que no son sino el conjunto de representaciones (ideas, mitos, símbolos) y
valores de la sociedad en un momento en particular. La ideología dominante en cada momento corresponde
a la ideología de la clase también dominante de manera tal que justifica la estructura económica de ese
momento.
5. El conflicto aparece en función del desarrollo normal de las fuerzas productivas, las cuales ya no
encuentran un contexto adecuado sino solo problemas en las relaciones de producción. De se modo aparece
la fase de revolución social que transformará la superestructura ideológica. Marx postula que el desarrollo
del sistema capitalista de producción conduce inevitablemente a la superación de la sociedad burguesa y de
la propiedad privada.
6. No es la razón lo que conduce la historia como puntualiza Hegel, sino que es conducida principalmente
(aunque no exclusivamente) por las fuerzas de producción, especialmente, el trabajo humano. En síntesis, el
hombre es el principal actor de la historia, historia que solo puede avanzar a través de las contradicciones y
luchas. Y en esa lucha, las formas de conciencia (la conciencia de clase) tienen un papel significativo (aunque
no excluyente ni prioritario)
IDEAS DEL KANT A RELACIONAR CON EL TEXTO PROPUESTO
¿QUÉ ES LA ILUSTRACIÓN?
Normalmente se tiende a minimizar el pensamiento político kantiano, que va de la mano de su filosofía de la
historia. En efecto la producción kantiana se vertebra sobre las dos grandes preguntas ¿qué puedo conocer?
(interés teórico), y ¿qué debo hacer? (interés práctico), que junto con la pregunta por la esperanza
constituyen el telón de fondo antropológico de todo el pensamiento kantiano: ¿qué es el hombre? El ser
humano es conocimiento, acción y esperanza. El conocimiento y la libertad serán ejes fundamentales
de su filosofía.
En toda su filosofía Kant erige la razón, ilustrada, con todas sus características, como el tribunal desde el que
emprender la tarea de fundamentación del saber y de la acción, una razón que reclama un acuerdo
universal sobre la misma y la filosofía crítica de Kant establece que el tribunal será la propia razón.
Kant fue audaz al preguntarse no por el origen de nuestro conocimiento sino por la fundamentación del
mismo. La posibilidad de un conocimiento sobre lo absoluto era más un punto de partida que de llegada en el
pensamiento anterior, y las posiciones enfrentadas de racionalistas y empiristas se centran en el origen del
conocimiento, si bien todos participan ya del giro gnoseológico o epistemológico que alumbra la Modernidad.
Nuestro autor es el gran protagonista de la perspectiva teórica al concebir en primer término al sujeto de
conocimiento, con su revolución “copernicana”: Kant se centra más en las condiciones que posibilitan ese
conocimiento que en el objeto del conocimiento. En efecto el sujeto impone sus condiciones (a priori). Este es
el enfoque trascendental, que tiene que ver más con el modo de conocer la realidad que con la realidad
misma. En términos kantianos la posibilidad de conocimiento científico viene marcada por los límites de la
experiencia: sólo podemos conocer los fenómenos y no las cosas en sí (noúmeno) en tanto que éstas
exceden el ámbito limitado, ya no hay un conocimiento de lo absoluto ni un Dios, como quería Descartes, que
garantizase el conocimiento. Las ideas metafísicas tendrán un uso regulativo, en cuanto estimulantes
y unificadoras del saber, pero no constitutivo del conocimiento. Además, la metafísica, ya no posible como
ciencia (en ella no son posibles los juicios sintéticos a priori que sí eran posibles en matemáticas y física),
pero es inevitable para los seres racionales y sí abrirá el camino para la razón práctica, cuyos postulados
(libertad, inmortalidad, Dios) nos explica Kant en su filosofía ética ya que lo que no tiene cabida en el uso
teórico de la razón sí lo tiene en el práctico. La antropología también tomará nota: el ser humano es un ser
escindido entre lo fenoménico y lo nouménico. En el mundo físico natural, el mundo sensible kantiano, está
sometido a la causalidad y al determinismo físicos, en el mundo moral (mundo inteligible)y de la historia es
un ser libre.
La imposibilidad de la metafísica como ciencia, y la ausencia de un Dios que garantizase el conocimiento
abren el camino ilustrado a la “razón”. No es una razón cualquiera: no vale la razón de las ideas innatas
cartesianas (racionalismo) y mucho menos una razón al servicio de la burda experiencia (empirismo), o la
teología (escolástica). Es una razón ilustrada, crítica, autónoma, analítica, que establece su
propio tribunal para fijarse a sí misma sus propios límites. La razón kantiana, como casi todo en la
Modernidad, es una razón escindida, es decir, por un lado crítica y pública, pero también una razón jurídica y
limitada.
Es importante resaltar algo del contexto histórico-cultural kantiano. En efecto la razón ilustrada es la
expresión teórica de una práctica burguesa en expansión. En el caso de Prusia (Alemania) dicha burguesía se
encontraba atrasada, denominador común para que los pensadores alemanes pensaran dicha práctica desde
la limitación de sus propios contextos sociales. No olvidemos que Kant habla de una época de Ilustración,
pero todavía no ilustrada.
En el texto Respuesta a la pregunta ¿qué es la Ilustración? , Kant establece la diferencia entre el uso
público y el uso privado de la razón. De acuerdo con el uso público es un derecho del ser
humano, en cuanto libre e ilustrado (docto) ejercer ampliamente la crítica. Esta crítica es
necesaria para la evolución social (no podemos olvidar la importancia de la idea de progreso para todos
los pensadores ilustrados). Es una crítica que denunciará oscuridades, prejuicios e instituciones que ya no
pueden cristalizar en el espíritu de la nueva época. Este uso público de la razón necesita transparencia y
necesidad el requisito de la publicidad: va construyendo la política del espacio público. De acuerdo con el
uso privado de la razón, el uso público, su actividad crítica, debe limitarse. El único camino es
la obediencia (pensad... pero obedeced). Ambos usos deben coexistir para que las sociedades
transcurran hacia lo mejor, de una forma – acorde con el espíritu del liberalismo – que legitima una
deliberación de lo público que no pone en jaque los intereses de lo privado. Es una razón ambigua (paradoja
de la Ilustración) en la que la crítica ejercida por la dinámica de la sociedad civil se topa con la lógica del
Estado, que es pensado jurídicamente, y que naturaliza los intereses de lo privado de forma que quedan
salvaguardados los intereses de la burguesía al disociarse la igualdad formal de lo social como reino de la
desigualdad. El gran esfuerzo kantiano se centra en potenciar una razón que quiere construir un espacio
deliberativo. La atención a las necesidades concretas de los seres humanos será alentada posteriormente por
el pensamiento de K. Marx.
La teoría política moderna ha venido impregnada con las tesis del contractualismo. En estas teorías se
supone que la comunidad política o incluso la sociedad es fruto de un acuerdo entre los seres humanos, a
partir de un postulado estado de naturaleza en el que existen, o no, según cada teórico, determinados
derechos naturales. Kant no es ajeno a estas posiciones y se sitúa en ellas en diálogo crítico con Hobbes y
Rousseau (dos posturas que tradicionalmente se toman como antagónicas). Por lo que se refiere al estado de
naturaleza, Kant considera que existen ciertos derechos privados y pone el acento el aspecto de guerra
potencial que éste reviste al no existir una autoridad competente. Los seres humanos formularían un
contrato que es un fin en sí mismo: una constitución. El estado de naturaleza no es contrario a la sociabilidad
sino al Estado civil. Como en el contrato de Rousseau este contrato contemplaría el respeto a los bienes
particulares y la posibilidad de autonomía. Kant pone reparos a que se produzca pacto alguno gobernantes-
gobernados. Kant diferencia el origen del Estado y su fundamentación: el origen es una cuestión histórica, en
cuya génesis se halla el ejercicio de la fuerza, mientras que la justificación es racional, eidética (con lo que no
hay justificaciones revolucionarias).
En la política kantiana es fundamental del Estado con el Estado de Derecho. La condición civil en un
Estado jurídico, de derecho, se basa en:
a) la libertad de cada miembro de la comunidad, en cuanto ser humano;
b) la igualdad entre los miembros, en cuanto súbditos;
c) la autonomía de cada miembro, en cuanto ciudadano.
Estas ideas se encuentran evidentemente en relación con el texto que hemos trabajado.
a) El postulado de la libertad es uno de los fundamentos de la ética formal kantiana y se establece además
como condición de moralidad. Asimismo es básico para la dinámica jurídico-política. En las constituciones
políticas esta libertad debe concretarse (pensamiento, religión...) Kant concretamente expresa que nadie
puede obligar a otro a ser feliz según el propio criterio. Ese camino debe ser buscado por cada ser humano.
La felicidad no es el ideal moral (como lo fuera en las éticas eudemonistas, que son materiales y a posteriori,
reguladas por imperativos hipotéticos), sino el deber. La felicidad es algo subjetivo, empírico, material, a
posteriori sobre lo que no es posible formular ni una ética (él no lo hace) no una formulación política, una
constitución: dicho atrevimiento sería despótico. La ética de Kant no es una ética de la felicidad sino
una ética de la justicia, una ética del deber.
b) Para evitar una serie de subordinaciones infinitas, el poder supremo debe estar libre de coacciones y no se
autoriza en ningún caso la rebelión. Como pensador de la burguesía, por otra parte, Kant sostiene que la
igualdad, en cuanto súbditos, convive sin problema con las desigualdades sociales y económicas en el seno de
la sociedad civil. Aquí se percibe el trasfondo liberal de su pensamiento. En este orden de cosas y, de nuevo
en referencia al contexto histórico, es importante ver cómo se acerca Kant a las tesis del
despotismo ilustrado cuando identifica la época de Ilustración con su propio monarca:
Federico II. Alemania (contextualmente Prusia), en comparación con Francia o Estados
Unidos parece impotente para realizar su propio proceso burgués en expansión (la
Revolución francesa tendrá lugar pocos años después de este artículo). La Alemania en la que
vive (Prusia) sigue teniendo unas estructuras sociales y formas de pensamiento que lindan
con lo medieval: de ahí que identifique la Ilustración con la salida de una minoría de edad que
entiende como incapacidad de la que uno mismo es responsable. El lema kantino Sapere
aude expresa tanto los aspectos teóricos como prácticos de la Ilustración: una confianza en
una razón que está dispuesta a fijarse sus propios límites, no sólo en el campo de la teoría del
conocimiento (gnoseológico) al renunciar al conocimiento metafísico, sino también en el
campo práctico, ético-político, de forma que se impida la irracionalidad política tanto en sus
versiones medieval como maquiavélica. Kant desautoriza la sociedad estamentaria dentro de la lógica
de la igualdad formal, compatible por otra parte con las desigualdades sociales que le son coetáneas dentro
de un sistema de teórica igualdad de oportunidades (liberal) que será denunciado ya en el XIX.
La autonomía es un pilar del pensamiento kantiano y una de las características de la razón
ilustrada. No olvidemos que la ética kantiana se autocalifica de autónoma, en contraposición a las éticas
heterónomas. Para empezar el ideal ilustrado es el pensamiento por uno mismo. La autonomía moral se
entiende como la capacidad para darse uno a sí mismo leyes que tengan valor universal (que sean
universalizables). No hay códigos de contenido en la ética kantiana ni imperativos hipotéticos, sólo un
imperativo categórico que tiene tres formulaciones: obrar siempre de acuerdo con una máxima que se
pueda querer como ley universal, tomar siempre a las personas como fines y nunca como medios (dignidad
de la persona) y obrar de acuerdo con un legislador universal en un reino de fines. Bajo la idea de voluntad
general unificada del pueblo, rousseauniano, habita la idea de obediencia a uno mismo. El ciudadano es un
colegislador en el momento que se gobierna a sí mismo pero en materia de política hay un sistema de
representación mediante un sufragio censitario cuyo criterio es la condición de propietario (en sentido
amplio, por lo que también es propietario el que tiene un arte, un oficio o una ciencia en el sentido de
profesional liberal):
La idea es que se excluyen algunos sujetos por naturaleza (niños, mujeres – recordemos el androcentrismo a
lo largo de nuestra historia) y otros por su situación, dado que al depender de otros por la venta de la fuerza
de su trabajo pierden su autarquía, necesaria para la condición de ciudadanía.
Completar con el libro de texto y los otros apuntes.
Contenido del texto y estructura (apuntes)
Introducción y CONTEXTO (completado con lo aquí citado, apuntes y libro).
El ideal de la Ilustración en Kant. (libro de texto)
La razón ilustrada (apuntes)
El problema del conocimiento. (libro de texto)
Determinismo y libertad. La ética. (libro de texto)

(3) Corporación de la Edad Media formada por maestros, oficiales y aprendices de una misma
profesión u oficio