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María Jesús López Esteban

“Y como buenos católicos, cumplían con el sexto mandamiento.”

Si tuviésemos la capacidad de hacer un viaje en la maquina de Herbert George


Wells con destino la Edad Moderna, nos encontraríamos en una sociedad totalmente
imbuida en los pensamientos propagados por la Iglesia, por lo que debemos suponer
que los hombres y las mujeres de estos momentos cumplirían con los preceptos de esta.
Si tomamos como base el argumento del sexto mandamiento “No cometerás actos
impuros” traducido al cristiano llano “no buscarás el consuelo fuera de tu casa”,
supongo que tendréis claro de que va el artículo… Pues sí, de cuan importante eran los
prostíbulos tanto para los clientes como para los propietarios.

Como bien es sabido por todos, la prostitución es el oficio más antiguo del
mundo, o ¿era la recaudación de impuestos? Bueno pensaremos que es la prostitución,
que es lo que nos interesa. La palabra tiene su posible origen en el verbo latino putare
que significa pensar. Al ser conquistados los griegos por los romanos, los hombres se
utilizaron como educadores, y las mujeres como prostitutas. Al ver los romanos que las
mujeres eran conocedoras de la ciencia y la política las calificaron como pensadoras, o
en latín putas, por otro lado hay otra teoría que dice que puede provenir del latín, de una
diosa menor de la agricultura llamada “Puta”. En los días de la poda, las sacerdotisas de
la diosa hacían una bacanal en honor a ella.
Haciendo un breve recorrido por la historia antes de llegar a la Edad Moderna,
encontramos documentos en Sumeria y Babilonia, donde las mujeres debían asistir al
templo y practicar sexo con un extranjero como señal de hospitalidad a cambio de un
precio simbólico. En Israel también existía la prostitución, pero parece que predominó
la prostitución masculina, siendo criticadas estas prácticas por algunos profetas como
Ezequiel. En Roma, sin embargo, la prostitución era habitual, encontrando diferentes
nombres según el estatus y la especialización que tuviese… En la ortodoxia católica
también encontramos numerosas referencias sobre este tema, sino que le pregunten a
María Magdalena. Durante la Edad Media la prostitución aumentó hasta los niveles en
los que los burdeles estaban regentados por los propios municipios y llegamos a la Edad
Moderna, en la que tras llevarse a cabo la Reforma y producirse gran cantidad de
epidemias de transmisión sexual, se decidió llevar un cierto control.

La prostitución en esta época tenía gran importancia para la sociedad, puesto que
era preferible tener a estas chicas para evitar que los hombres sedujesen a niñas,
cometiesen incesto o adulterio, o incluso llegar a practicar la homosexualidad, como si
estas prácticas no se hubiesen llevado a cabo, aunque seguro que fueron en menor
número.

La prostitución estaba extendida sobre todo en las zonas costeras o donde había
cierta actividad comercial. En la época Medieval se lleva el control de la prostitución,
siendo en época Moderna más acentuado. Se perseguirá la prostitución libre y se
impone una prostitución institucionalizada mucho más rentable.

Los burdeles serán lugares aislados y controlados, las meretrices serán


consideradas como mujeres públicas, ya que se dan a los hombres por dinero. Pero
dentro del pensamiento entramos en esa doble moral tan española. Por un lado,
aparecerán posturas de represión total de ese fenómeno, por otro, la aceptación y el

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“Y como buenos católicos, cumplían con el sexto mandamiento.”

control del mismo debido a los múltiples beneficios fiscales que suponía ese oficio.
Aunque, preocupaba mucho los posibles inconvenientes causados a los vecinos, ya que
éstos tendrían que soportar los escándalos públicos, la falta de moral…. Pero a grandes
males soluciones sencillas. Se llevará a cabo el control de las mancebías, tanto en el
plano moral, social como fiscal.

Si entramos en el punto de vista religioso observaremos que la Iglesia se opone


totalmente al comercio del cuerpo, pero por otro lado dota de base ideológica a las
prostitutas por medio de símbolos que santifican las percepciones de género y
sexualidad. Las mujeres que se convertían en prostitutas para alimentar a sus hijos y
resarcir las necesidades de los hombres podrían utilizar imágenes de madres dolorosas y
vírgenes para valorarse a sí mismas. La tolerancia de la prostitución fue impulsada para
mantener los matrimonio convenidos, podemos decir que los hombres se casaban más
tarde que las mujeres y se le daba gran importancia a la castidad femenina. Por todo esto
la sociedad necesitaba mujeres dispuestas a servir a los hombres y las meretrices
estaban dentro de la pirámide poblacional, con un permiso especial para ofrecer sus
servicios a jóvenes, solteros, comerciantes, viajeros…

En el caso del reino de Granada aún se complican mas las cosas, ya que los
Reyes Católicos habían concedido el privilegio de todas las mancebías a Alfonso Yánez
Fajardo, que para explotar el negocio optó por arrendar los prostíbulos a terceros.

Los grandes centros de prostitución fueron Sevilla y Madrid. La prostitución


estaba legalizada, ya que si se practicaba de modo clandestino suponía un grave riesgo
dentro del desorden social. Se creía que las mujeres públicas libres, al estar exentas de
inspecciones médicas obligatorias trasmitían enfermedades contagiosas espacialmente
la sífilis, además de ser las culpables de las peleas sangrientas en las calles y plazas. Por
otro lado se evitaban las restricciones legales que regulaban su vestimenta para
diferenciarlas de las dignas.

Sevilla, al ser puerto importante por el comercio con América, se convirtió en la


tierra de la abundancia. La población se duplicó y la mayoría de hombres tenía como
objetivo llegar a las Indias, esto supuso la llegada de chicas alegres para obtener dinero
y poder subsistir, pero claro nuestros amigos los jesuitas intentaron esconder estos datos
y según dicen las malas lenguas - como no las fuentes - las boticas que atendían a estas
chicas pertenecían en su mayoría a las capellanías, hospitales y comunidades religiosas
que gracias a los beneficios de los alquileres podían orar por la salvación de las almas
de estas jóvenes perdidas y de los sevillanos y visitantes de la ciudad.

Lo que nos llama la atención es que el jefe del burdel es llamado el “padre” y
como el pobre hombre, no obtenía sufrientes ingresos, tenía que compaginarlo con otro
trabajo, como podía ser el de verdugo de la ciudad, abogados….
Y por si fuera poco lo que les sucedía a estas pobres chicas, estaban obligadas a ir a
misa y a descansar los domingos, los días festivos y fiestas de guardar, pero no era por
la salvación de sus almas, sino que se pensaba en las pobres esposas, solas en casa, sin
la compañía de sus esposos… De este modo se controlaba un poco las actividades de los
hombres para que no tuviesen su casa abandonada y sus hijos se criasen en el mejor
ambiente familiar.

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Y como todo estaba controlado, las descarriadas que quisieran abandonar la


profesión tenían como premio la enclaustración en un convento en donde se sometían a
una estricta disciplina; su nuevo trabajo seria orar y trabajar como
penitencia por sus pecados. En cambio los padres jesuitas buscaron otra solución,
intentaron buscar casas para auxiliar a las jóvenes arrepentidas, con la ayuda de las
familias importantes, se le proporcionaba a cada joven una dote de 40 ducados para que
pudiese cambiar el burdel por un buen marido. Para esto, los padres jesuitas se
acercaban los domingos a los burdeles.

En el caso de Madrid, tras ser convertida en la capital por Felipe II la ciudad


comenzará a crecer, en ella viven funcionarios y atraerá a cantidad de comerciantes,
soldados, nobles, funcionarios de provincias…. Con este auge aparecerá al mismo
tiempo la presencia de prostitutas, rufianes y mendigos… Según dice en su obra
Marcellin Defourneaux “La vida cotidiana de la España del Siglo de Oro” dice que los
madrileños era gente festiva y alegre siempre preparados para cualquier tipo de
diversión, desde las típicas tabernas, posadas y casas de juego incluso en las zonas
cercanas a las iglesias, ya que era aquí donde se situaban los vendedores de vinos,
buñuelos, aguardientes…y era entonces cuando se producían los acercamientos entre los
galanes y las mancebas que salían de la iglesia, no nos tiene que extrañar que muchas de
estas chicas fueran de misa diaria.
Encontramos múltiples mancebías, pero la más destacada es la de las Soleras, ya que fue
visitada por lo mejorcito del Siglo del Oro, por lo cual podemos considerar que las
chicas de este antro eran de alto standing y con la máxima seguridad y discreción para
sus clientes.

Pero no todas las mujeres trabajaban en los prostíbulos legales. Algunas dotadas
de belleza significativa, vivían en la corte superando incluso la vida pública de las
damas. Pero otras muchas tenían que sobrevivir, en la picardía y en la marginalidad.
Andaban por el barrio de Lavapiés, por la calle Primavera… además existían busconas
y cantoneras que se ofrecían por unos reales o por algo de comida o con la esperanza de
que tuviese el cliente un descuido para robarles….

Creemos que este tema debía de ser un tema cotidiano, ya que se trata en gran
parte de la literatura española de la época, encontrándonos buenos ejemplos como
sucede en obras como en Fernando de Rojas “La Celestina” la publicada por un
andaluz en Venecia, Francisco Delicado con “La lozana andaluza”, novela muy
interesante ya que con gran humor nos describe como una andaluza vive en Roma
dedicada a la prostitución y al oficio de alcahueta, mostrándonos el ambiente que se
vivía en la Ciudad Santa. Otro ejemplo sería el de un clérigo castellano del que
desconocemos su nombre, quien escribió una especie de nomenclátor que recibe el
nombre de “Carajicomedia” en el que se citan gran numero de prostitutas y sus
características “Isabel, la coja, que reside en Salamanca, mujer bien hermosa, tiene
audiencia real noche y día, muestra a muchachos, to en un coño tan grande como un
charco”. Otro libro muy destacado es el célebre “Lazarillo de Tormes, y de sus fortunas
y adversidades”, en esta obra lo que se hace es ridiculizar la obsesión por el que dirán y
la limpieza de sangre, los valores de la vida militar y todas las demás manías hispanas
del momento y el momento cumbre es cuando Lázaro decide casarse con la criada y
amante del arcipreste, pero lo hace por motivos muy distintos al amor “…Viendo mi
buen vivir, teniendo noticia de mi persona el señor arcipreste procuró casarme con una

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“Y como buenos católicos, cumplían con el sexto mandamiento.”

criada suya. Y visto por mi que de tal persona no podía venir sino bien y favor, acordé
de lo hacer….” Mateo de Guzmán escribirá una novela “El Gusman de Alfarche” es la
historia de otro pícaro en la que nos cuenta que la sociedad no tiene posibilidad de
cambio, en la que el hombre esta encantado con el pecado y el engaño. Pero en general
el tema literario del Siglo de Oro es el de los maridos engañados, consentidos… este
siglo fue llamado por el gran cínico Quevedo como “El Siglo del Cuerno”.

Tras esto podemos decir que la prostitución es parte de la evolución de nuestra


vida, crece a la vez que nosotros y a pesar de que intentemos ocultarla, la prostitución
existió, existe y existirá y si está regulada y reglada mucho mejor ¿no?, más que nada
por las chicas y no por los clientes como se pensaba en la Edad Moderna.

PARA SABER MÁS:

-Ramos Vázquez, Isabel. “De meretricia turpidine : una visión jurídica de la


prostitución en la Edad moderna castellana”.
-Hsu, Carmen Y. “Courtesans in the literature of Spanish Golden Age”.
-http://www.personal.us.es/alporu/histsevilla/prostitucion_publica_justificacion.htm
-http://cvc.cervantes.es/obref/criticon/PDF/069/069_035.pdf