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El Juicio A La Gran Zorra

En esta obra, Apolo y Afrodita presentan la historia de Helena de Esparta, la mujer cuya belleza provocó la guerra de Troya. Helena, a través de un monólogo, reflexiona sobre su vida, su belleza y el juicio que enfrenta por sus acciones, mientras critica la percepción y el papel de los dioses en su destino. La narrativa explora temas de poder, deseo y la naturaleza de la memoria en la historia.

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El Juicio A La Gran Zorra

En esta obra, Apolo y Afrodita presentan la historia de Helena de Esparta, la mujer cuya belleza provocó la guerra de Troya. Helena, a través de un monólogo, reflexiona sobre su vida, su belleza y el juicio que enfrenta por sus acciones, mientras critica la percepción y el papel de los dioses en su destino. La narrativa explora temas de poder, deseo y la naturaleza de la memoria en la historia.

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1

Pre-escena: Proyección del monte Olimpo en la pantalla

[AUDIO 1]

Entran APOLO y AFRODITA de la mano y van hacia los extremos del escenario

(Cuando están en el escenario, música fuera)

Apolo: Buenas tardes, sean bienvenidos. Mi nombre es Apolo, dios del Sol, hijo de Zeus,
uno de los doce dioses olímpicos… y quien les va a acompañar a lo largo de esta tarde con
la maravillosa, la inigualable, la hermosa… diosa del amor y la belleza, ¡Afrodita!

[AUDIO 2]

Apolo: ¡Afrodita! No es nuestro momento, controlate…

Afrodita: Perdón, no me he podido resistir

Apolo: Bien, ¿por dónde iba? ¡Oh, sí! Nosotros somos Afrodita y Apolo… pero no somos los
únicos que han descendido del Olimpo esta tarde… desde luces y sonidos nos acompañan
la preciosa Atenea, Hera y mi hermana Demeter.. todo queda entre dioses… Pero como iba
diciendo… Esta historia trata sobre una mujer, la más hermosa de todas, cuya belleza dicen
que desencadenó una de las guerras más famosas…

Afrodita: Oh, por favor… relájate… parece que estás contando una tragedia griega…

[AUDIO ·3]

Afrodita: Ohh mi canción (se viene arriba, baila, se mueve entre el público)

Apolo: (se frustra) : ¡Basta! ¡Vosotras tres! ¡Parad la música! Hoy no es nuestro día, quien ha
venido a contar su historia es….

[AUDIO 4]

(Se va subiendo la pantalla, APAGAR PROYECTOR CON EL MANDO, y aparece Helena


con un microfono)

Apolo: Yo no sé para que intento decir nada

(Afrodita en su salsa haciendo palmas e interactuando con Helena)

Escena 1: Hábeas corpus

2
APOLO: (Después del trueno al ritmo de la marcha que suena)Helena de Esparta,
Helena de Troya, Helena la argiva, Helena la aquea, la mujer más hermosa del mundo, la
divina entre las mujeres, la hija de Zeus, la de níveos brazos, la de cabellos de oro… la
bella Helena.

Helena: Esa soy yo. (mira al público midiendo su reacción)

¿Qué? ¿Es alguno de vosotros inmune a los estragos del tiempo?

¿Ha venido alguna divinidad a verme? ¿Alguna divinidad a salvo del naufragio de la
belleza?

¿Papá, estás entre el público? Vozna, Zeus todopoderoso, para que pueda reconocerte. Si
alguien tiene un cisne sentado junto a él que no lo espante, es mi padre.

[Audio 5]
( HELENA mira al cielo riendo) No, no está aquí, está en casa.

Hace tiempo que los dioses se aburrieron de este mundo y se replegaron a sus mansiones
a ponerse ciegos de ambrosía. Mejor… Cuanto menos enreden en el mundo tanto mejor
para el mundo.

Aunque hoy la que viene a enredar soy yo. (bebe vino)

Si no adivináis entre los escombros del tiempo la belleza divina de Helena, tal vez lo
hagáis por los otros nombres por los que se me conoce: Helena la zorra… y no
precisamente por mi astucia (se ríe)

Helena la puta, la casquivana, la ramera, la meretriz, la desvergonzada… la poseída por los


furores de Afrodita… La calientapollas, que rima con Troya.

La ruina de Ilión y la casa de los Atreos. La culpable de desencadenar la guerra más famosa
de la historia… Se me podría considerar un arma de destrucción masiva.

Y claro, había que arrasar una ciudad entera y aniquilar a toda su población para
encontrarme.. Una noble y humanitaria afición que no se ha perdido con el transcurrir de los
siglos.

3
Esta noche voy a someterme voluntariamente a vuestro juicio a pesar de haber sido
condenada de antemano. Pero esta noche las palabras que den forma a los hechos serán
las mías. Palabras, palabras, palabras…. (se da cuenta de que su copa está vacía y vuelve
a servirse de alguna de las numerosas botellas que tiene a mano) La palabra, como dijo
un charlatán, es un poderoso soberano, que con un pequeñísimo y muy invisible cuerpo
realiza empresas absolutamente divinas. ¿Verdad? Puede eliminar el temor, suprimir la
tristeza, infundir alegría, aumentar la compasión, insuflar a los oyentes un
estremecimiento preñado de temor… Simples mortales…nunca entienden nada..

[LUCES FUERA]

Escena 2: Recurso de casación

Esta noche seré yo quien elija las palabras. Esta noche seré yo quien hable desde este
lugar al que he sido condenada. Este imperecedero en el que vuestra memoria me
convierte en inmortal. Ese espacio fecundo e imaginativo en el que también soy inmortal
por ser hija del todopoderoso Zeus.

Su única hija con una mortal. Condenada por él a la eterno deterioro para hacerme pagar
mi insolente acercamiento a la belleza divina. Una eternidad para expiar ¿mis culpas,
padre? (Mira al cielo) ¿Quién te impone a ti las penitencias para redimir tus errores, tus
arbitrariedades, tus injusticias y las terribles acciones que tu nombre ha inspirado? ¡Me
revuelvo contra ti, padre celestial y reclamo justicia!

¡Comienza el juicio a Helena! ¡El juicio a la gran zorra!

Ellos (señala al público), serán el jurado popular.


Y si tras escuchar mi historia me encuentran inocente, ¡reclamo el olvido! Yo solo quiero
desvanecerme en el aire. Dispararme como la bruma sobre el río con la subida del sol.

[AUDIO 6 ]
(se ríe a carcajadas)

4
¡Cómo te aterroriza a ti el olvido, ¿verdad? ¡La más vanidosa de las estrellas! Sabes que
nada puede hacerse, ni siquiera tú, ¡amontonador de nubes!, para salir del pozo del olvido
en el que los humanos echan aquello que no le interesa.

Yo les daré razones, si es que todavía no tienen suficientes, para que vuelvan la
espalda y nombre.
Y si ellos olvidan la palabra para llamar a dios, Dios dejará de existir. Pero sin
dramas, eh…

[AUDIO 7]

(Luces fuera)

Escena 3: Eximente

[Helena está en escena con una botella de vino ,seductora, mira al público se sirve
una buena copa de vino]

Esto (enseña su copa) me mantiene fuera del alcance del dolor. Mezclo con el vino una
pócima que me enseñó a fabricar mi amiga Polidamna, la egipcia. ¿Queréis conocerla?
¡Dicen que es hipnótica!

[AUDIO 8]

Como iba diciendo… Quien la bebe no derrama lágrimas durante un día completo.

Ya pueden pasar por el bronce delante de ti a tus hijos o a tus padres, que los mirarás
desangrarse como el que ve llover. ¡Es fabuloso!

Si volviera a ver a Ulises, cuya piedad era tan corta como sus piernas, o al tarado de
Neoptólemo, vástago de Aquiles, lanzando al pequeño hijo de Héctor y Andrómaca
desde la torre más alta de Troya, me quedaría como si tal cosa.

¡Chof! Los tiernos huesos de una criatura que apenas sabía caminar, aplastados
contra la dura tierra. (beben todas) Insensible.

Bebo a todas horas.


Esta es la verdadera ambrosía de los poderosos.
Adoro esta letárgica insensibilidad.

5
El signo de vuestro tiempo.
Aunque ya no es suficiente.

Quiero descansar.
Quiero el silencio.

Quiero dejar de ser (le dan un trago cada una a su copa y sonríe)

[AUDIO 9]

(Luces fuera)

Escena 4

[AUDIO 10]
Mi nacimiento es un misterio. Cuentan que Zeus se enamoró de Leda, reina de Esparta.
Para escapar de la obsesiva vigilancia de Hera . Su legítima esposa Zeus, el gran
transformista, mutó en cisne para poseerla. A resultas de la coyunda pajarera, la pobre
Leda puso dos huevos… (mira al cielo) ¡Los que a dios prepotente le faltaban para
enfrentarse a su señora!

[AUDIO 11]

Tranquilito, Cronida, porque esto no ha hecho nada más que empezar!

Del primer huevo nacieron mis hermanos Cástor y Pólux. Del segundo nací yo.
Sí, nací de un huevo… Azul para más señas.

¿Os parece increíble? Pues no es más inverosímil que dios todopoderoso descendiera
sobre una virgen en forma de paloma, tras ser anunciado por un querubín alado, y la
preñara sin mancillar su virginidad. Distinto el nombre pero el mismo dios, la misma
fijación por las mujeres de otros y la misma perversión aviar.

[AUDIO 12 ]

6
¡Protesta denegada!

Imaginaos la cara de Tindáreo, el poderoso rey de Esparta, cuando vio llegar al palacio a
la pobre Leda, su bella esposa, con un huevo debajo de cada brazo ¡¡Y los muslos
salpicados de plumas! ¡Cómo se rieron de él! Cuánto orgullo hubo de tragarse al
escuchar las voces de sus súbditos en cualquier acto público

¡Muestra a tus polluelos!

¡Ata en corto a tu oca que el cisne la vuelve loca!

Que dañina puede ser esa tendencia de la masa humana a comportarse como un solo
idiota. Espero que hoy haya tocado una masa menos compacta (seductora).

Cuando rompimos el cascarón y Tirándeo nos vio la cara a mis hermanos y a mí, su pesar
se alivió. Al parecer éramos los niños más bellos que cualquier humano hubiera
contemplado jamás. Yo en particular, bendecida con el don de la belleza de Afrodita.

(Silencio. Sonríe con tristeza. Vuelve a beber)

Si lo bello, como dijo Safo, es lo que uno ama, nunca fui bella porque nunca fui
amada.

Fui deseada, codiciada, gozada, raptada, forzada, violada… Sacudida por Eros como
viento que se abate sobre los robles de la sierra y así doblegada y sometida a sus
empeños.

Y me enamoré y seguí al hombre que creía que me amaba y era bello a mis ojos. Y si la
verdad es belleza y la belleza es verdad… todo fue mentira y fealdad…No… todo, no.
Hubo un tiempo en el que Paris… Paris… (el nombre estrangula su voz. bebe y suelta
una carcajada)

¡Pobres mortales, incapaces de recordar el pasado, fijar el presente o predecir el futuro!


Hay una inscripción en el Templo de Delfos que dice que “lo más exacto es lo más
bello” Pero, ¿qué es exacto en este mundo que se escapó en un eructo de la garganta del
bostezante Caos?

(Luces fuera)

7
Escena 5: Dolo

Me mantuvieron escondida de la masa para alimentar la leyenda. Tindáreo, mi padre


putativo, enseguida se dio cuenta de que en el futuro podría comerciar con mi belleza y
hacer un gran negocio con mi casamiento.

Apenas me dejaban abandonar el palacio. Y cuando lo hacían, siempre iba cubierta con
un velo, de manera que el pueblo de Esparta comenzó a pensar, que tal vez, hubiera
heredado de mi padre el pico de cisne, o un cuerpo cubierto de plumas, o un par de alas en
lugar de brazos.

¡Ahí va la polla de Zeus! Oía a mi paso.

Solo me destapaban ante los visitantes insignes. Así fue como empezó a tomar forma
la leyenda de mi belleza.

En una de esas recepciones, cuando apenas contaba nueve años, fui presentada
ante Teseo.
El gran héroe del Ática había acudido con su amigo Pirítoo llevado por la curiosidad
sobre mi hermosura. Ambos habían jurado en secreto desposarse con las hijas de Zeus y
acudieron a Esparta a examinar la mercancía.

Esa misma noche, Teseo me raptó. Cuenta la leyenda,- habría que revisar seriamente
quien escribe la historia-, que mis hermanos me rescataron rápidamente, sin que se diera la
oportunidad de que Teseo mancillara mi virginidad (bebe un trago largo y mira al público).
Casi un año tardaron en encontrarme. Un año en el que Teseo, que ya había cumplido los
cincuenta, me convirtió en su juguete sexual. El gran héroe del Ática, protagonista de
centenares de leyendas y poemas que cantaban su gloria, se folló a una niña de nueve
años. Con el morbo añadido de creer que con su verga llegaba hasta el monte Olimpo.

Cuando se aburrió de mí se marchó con Pirítoo a buscar a Perséfone al Hades.

Estos héroes siempre buscan emociones fuertes.

Mis hermanos me encontraron preñada de cinco meses. Tindáreo, que seguía dispuesto
sacar el mayor provecho al fruto de sus cuernos, pensó que lo mejor era hacer pasar a la
criatura que naciera como hija de mi hermana Clitemnestra.

Mi hermana Clitemnestra había sido desposada a la fuerza por Agamenón después de


que éste asesinara a su primer esposo y al hijo de ambos que mi hermana aún estaba
amamantando.

8
Luego fue ella quien pasó a la historia como la perra homicida de su marido mientras que
el capullo de Agamenón lo hizo como el conquistador de Troya. ¡Insisto! ¿Quién escribe la
historia?

Ifigenia fue el nombre que le dieron a la niña que parí. (un dolor punzante le impide
continuar, bebe un sorbo y sonríe con tristeza) No recuerdo su cara. Lo que sí recuerdo es
que tiempo después, Agamenón no tuvo el más mínimo reparo en sacrificarla a los dioses
cuando estos se lo exigieron a cambio de enviar vientos favorables a la expedición griega
que partía a la conquista de Troya.

Pausa para beber--- (mira las numerosas botellas vacías) No sé si tendré suficiente
pócima para llegar al final.

(luces fuera)

9
E6 Nuda propiedad

A los catorce años mi padre putativo pensó que estaba preparada para casarme y
comenzó la farsa de los pretendientes. Llegaron hombres de todas partes para conocer a
la mujer más bella del mundo.

Todos convencidos de ser mi mejor opción. Hasta Ulises probó suerte. ¡Qué hombre más
desagradable! ¿Cómo no iba a ser una odisea su vuelta a casa desde Troya? Con esas
piernas tan cortas dar un paso debería ser un milagro.

Pero astuto como un zorro. Siempre atento a cuanto pasaba a su alrededor para sacarle
partido. Suya fue la idea de hacer jurar a todos los pretendientes que respetarían mi
decisión ante cualquiera que se interpusiera a él.

A cambio obtuvo el apoyo de Tindáreo para casarse con mi prima Penélope. Penélope… la
quinta esencia de la fidelidad. La mujer que esperó veinte años al regreso de su marido…
Pues mira, os voy a contar un chisme que corre… la eternidad deja mucho tiempo libre. Se
cuenta que Penélope no esperó la vuelta de Ulises (todas niegan) sino que se pasó por la
piedra a los ciento veintinueve pretendientes que se le habían instalado en el palacio. Y de
ese mejunje seminal nació el dios Pan, esa divinidad que se folla cualquier cosa que
respire.

Pero Ulises siempre se salía con la suya y se las ingenió para no pasar a la historia como
el ciervo paticorto que era… ¿Veis quién escribe la historia?

Todos mis pretendientes aceptaron la cláusula que él inventó. A todos les convenía. Al
fin y al cabo se aseguraban de que si eran elegidos no tendrían que estar a la defensiva
con todos los demás. “que respetarían mi elección”

¿De verdad alguien en su sano juicio puede pensar que yo tomé esa decisión?

¿Una mujer en ese tiempo?

¿Heredera del trono de Esparta tras la desaparición de mis hermanos? 89. Todas:
¡No!
La decisión ya estaba tomada antes de que aquel circo comenzará. Agamenón, el
orgulloso caudillo de Micenas, se encargó de todo. Quería controlar Esparta
colocando en el trono a su hermano pequeño, Menelao. Y esa fue mi elección.
Tras la boda, Tndáreo abdicó a favor de mi esposo

10
De la noche a la mañana me vi casada con un perfecto desconocido que me
doblaba la edad y convertida en la reina de Esparta.

[AUDIO 13]

(Entran Apolo y Afrodita con unos vasos de chupito y una botella de alcohol,
cantan, beben y maldicen a Menelao)

Escena 7: Cuerpo del delito

Menelao…. si es que hasta el nombre es tonto. Si Agamenón era un toro, su hermano era
un cabestro. Si el rey de Micenas era charlatán, fanfarrón y estaba convencido de ser el
máximo exponente de la raza superior… El nuevo rey de Esparta era callado, reservado y
arrastraba un tremendo complejo de inferioridad.

Pero ambos eran peligrosos.

Los extremos siempre se juntan.

A mi flamante marido le duró poco la impresión de estar casado con la mujer más bella
del mundo. Después de mi experiencia con Teseo estaba convencida de que el sexo era
una cosa que a los hombres les volvía locos y que las mujeres debíamos padecer.
Menelao no vino a mejorar ese concepto. Incluso fue capaz de empeorarlo.

Yo era una preciosa niña de catorce años a la que un cabestro se le subía encima para
aclararle a punta de verga quién era su dueño. Me poseía con codicia. Haciendo que cada
uno de sus dolorosos embistes me marcara como suya. Intentando derribar el mundo que
nos separaba. Cuando el deseo cesaba, volvía a mirarme con el rencor de una urraca que
no ha podido robar un brillante.

Volví a parir una niña, Hermione… (se dispone a beber, pero no lo hace) Tenía 15 años, y
no, no… no fui una buena madre (mira al cielo). ¿Vas a condenarme por eso, padre? ¿Tú,
que no dudaste en inmolar a tus propios hijos si con ello se elevaba tu gloria? (el cielo
truena) Revuélvete dios todopoderoso, fulmíname con tu rayo si es verdad que tienes más
huevos que los que le hiciste poner a Leda.

No, ¿verdad? Sabes que ya no me asustan tus castigos eternos. Se acerca el fin y nada
podrá evitar que yo vuelva a ser polvo en el camino.

Pero polvo enamorado. (Vuelve a tronar y Helena se revela) ¡Nunca, ¿me oyes?!
¡Nunca serás amado como yo amé a Paris! (su voz se corta) Paris… (Helena se sienta y
bebe)

11
Nueve años pasé junto a Menelao. Él se apartó de mí poco a poco. Prefería la
compañía de las esclavas. Lo agradecí enormemente. Aunque de vez en cuando me
visitaba esperando tener ese varón que nunca llegó.

El que llegó fue mi príncipe troyano…

¡París!

(Helena sale de escena, entra Afrodita)

Afrodita: Parece que hice bien mi trabajo… unos amantes enredados en historia de amor,
pasión y derroche…

[AUDIO 14]

E8 Enajenación

(Helena entra por el pasillo y Afrodita la observa mientras ella narra su historia con París)

Yo había oído que los troyanos eran muy guapos. Altos, rubios. Vestidos con esos
mantos bordados en oro. Haciendo ostentación de la riqueza de Troya.
París era el hombre más guapo que jamás había visto. Cuando él me miraba mi cabeza
se inundaba de música. Las piernas no me sostenían, la cabeza me daba vueltas y
aunque mi cerebro ordenaba desesperadamente que dejara de mirarlo…
Mis ojos se pegaban a los suyos y lo seguía como si fuera su sombra. Me volví líquida.
Era un río tempestuoso empujado por la propia fuerza de sus aguas hacia el mar.
Paris era mi mar y yo no podía hacer otra cosa que correr hacia él para que me tragará.

¡Dioooos! ¡Afrodita! ¿Cómo no inventarte, gran zorra, para explicar esta avalancha de
emociones? Yo no había sido educada en el manejo de tus artes. Ni siquiera sabía que
existían.

Hasta que lo que dejó de existir fue todo lo demás. Ya no existía Menelao, ni Esparta,
ni mis padres, ni siquiera mi hija. Solo existía Paris… Paris, Paris…

Yo también me hubiera transformado en cisne, lluvia de oro, toro o paloma con tal de
estar a su lado. Pero no hizo falta porque yo era suya y él era mío. Y me poseyó, y yo le
poseí. Y cuando me dijo ven, le seguí. Que viaje. Terminó el encierro al que había sido
sometida tanto tiempo. Descubrí el placer de mirar, de averiguar, de preguntar, de
respirar, de amar…¿Cómo podía imaginar que con el mismo arma que Teseo y Menelao
me destruyeron, Paris me hiciera volver a la vida?

12
¡Era libre!

Pero la libertad como la felicidad no son más que sensaciones pasajeras destinadas a
estrellarse con la vida… o la muerte. (bebe) No, no me compadezcais. Yo decidí subirme a
ese barco. Eso sí lo decidí yo.

Agarré la felicidad al vuelo y sus alas me elevaron hasta la eternidad.

¡Cómo te gustaría que los poetas te cantarán así, padre! Todo lo volvería a repetir…
Una y otra vez… eternamente… por una sola sonrisa de Paris… (bebe)

[AUDIO 15]
(LUCES FUERA)

E9 Defensa

¿Quién iba a creerse que todo aquel despliegue militar de Esparta era realmente por mí?
¿El asedio a la ciudad? ¿La movilización de miles de hombres a quienes obligaron a
abandonar sus familias y responsabilidades? ¿De verdad era yo la razón para arrasar
todas las ciudades aliadas de Troya? : ¿Para que ardieran? ¿Para qué asesinarán a sus
habitantes que ni siquiera habían oído hablar de mí?

Yo solo tomé una decisión.

Posiblemente, la única que he tomado en mi vida. La decisión de amar a un hombre por


encima de todas las cosas.

Los hechos que siguieron fueron decisiones de hombres poderosos obsesionados con
la posteridad y la riqueza.

Sí, lo admito. Admito que abandoné a mi hija, a mis padres y a un marido que nunca
quise y que jamás me amó. ¡Ellos obligaron a sus pueblos a sacrificarse, no yo!
Buscaron razones donde solo había orgullo, y cuando pudieron pararlo no lo
hicieron. (bebe) ¡Qué alegría en las calles de Troya cuando estalló la guerra! Me
miraban como si fuera su diosa. Juraban entre lágrimas que no me dejarían
marchar…

13
¡Porque yo era Helena de Troya! La mujer más bella del mundo y era suya. ¿Suya…? Yo
pertenecía a Paris. Solo a él. Y me hubiera dado lo mismo estar en Troya que en el mismo
infierno con tal de estar a su lado.

Pero los sueños de gloria se desvanecen cuando aparecen la muerte y la destrucción…

[AUDIO 16]

El asedio se hizo irrespirable. Las bajas no cesaban en un bando y en otro.

Comenzaron a difundirse los primeros comentarios sobre la conveniencia de devolver


a los griegos a la puta de helena y sellar la paz. París se negaba rotundamente.
Aunque quisiera eso ya no era posible… los griegos no aceptarían la paz.

Tras la muerte del hermano pequeño de París a manos de Aquiles comencé a sentir como
se iba alejando de mí. No quería verme. La mujer que estaba causando la destrucción de
su familia. Todos me culpaban. A todos se les olvidó el orgullo que les hizo sentir Paris
cuando apareció llevando de la mano a la reina de Esparta y la convirtió en Helena de
Troya.

Ahora solo veían a un príncipe caprichoso cuyos deseos lascivos habían provocado una
guerra. París no estaba preparado para esa guerra. Para ninguna. Lo llamaron cobarde.
Su propio hermano Hector entró en nuestros aposentos para recordarle que un niño
tendría más valor en la batalla que él.

París, herido en su honor, retó a Menelao en singular combate. El que venciera se


quedaría con la bella Helena (se ríe). ¡Pobre amor mío! Corría por el campo de batalla
perseguido por Menelao y la furia de sus cuernos. ¿Qué iba a hacer frente a un hombre
educado para abrirse paso en el campo de batalla? ¡Huir! Y París huyó. Del campo de
batalla, de su familia y también de mí. (Bebe y siente el dolor)
: Y si él ya no me defendía, ¿qué sentido tenía mi causa? Supliqué. Supliqué a Paris
para que volviera a amarme. Supliqué a Héctor para que dejara de maldecir su
cobardía. Supliqué que me devolvieran a los griegos a fin de que esa guerra terminará.

Volver con Menelao era la muerte pero yo ya estaba muerta sin Paris. Supliqué tanto….
Pero las suplicas, como yo, son hijas tuyas… padre. Pero, ¿quién iba a hacer caso de
ellas cuando tú eres el primero que no las atiende?

14
Y llego el día que me trajeron a Paris mortalmente herido desde el campo de batalla.
Había vuelto a la lucha instigado por su vergüenza. No había amor en sus ojos
moribundos cuando me miró. Se aferraba a mis brazos con sus últimas fuerzas para que
Hades no se lo llevará. Cubrí con besos su último aliento que también era el mío.

[AUDIO 17]

(Entra Afrodita y levanta a Helena del suelo mientras canta la canción)

(Luces fuera)

E10 Acusación y últimas palabras

[APARECE HELENA EN ESCENA VESTIDA DE NEGRO]

[AUDIO 18]

Todos conocéis el final de está guerra. El famoso caballo preñado de muerte y


destrucción. Troya fue barrida en el décimo año del comienzo del [Link]ón y
Apolo decidieron arruinar el muro con la fuerza de los ríos que corren de los montes
Ideos al mar desviando el curso sobre la muralla durante 9 días. Y tú no paraste de llover
para que presto se sumergiese en el [Link] está forma decidís las cosas los poderosos.
Inventáis las guerras y sus razones sin preocuparos de que sean otros quienes paguen sus
consecuencias.

¿Qué no hice yo que no hubiera hecho una mujer enamorada? Amé a Paris, ese fue mi
error. ¿Qué tan grave es el error de amar y sentirse amado? No sé por qué os he contado
todo esto, seguís sin entenderlo.

Haced la guerra, mortales imbéciles. Seguid a vuestros caprichosos y vengativos dioses.


Destrozad campos y ciudades. Tal vez esa sea la única solución para que yo consiga el
olvido… vuestra extinción.

Me da igual vuestro juicio. Me da igual el tuyo, padre. Seguiré envejeciendo


eternamente. Tal vez así también te apiades de mí.

15
Y cantaré eternamente la dicha de haber amado a París.
Mi única culpa.
Mi gloria.
Mi eternidad.

Y no lo olvidéis, la eternidad está enamorada de los frutos del tiempo, gracias.

Pero… ¿pensabais que esto iba a terminar así? ¡Atenea, dale a la música!

[AUDIO 19]

(HELENA SALE DE ESCENA)

[FIN]

(LUCES)

[AUDIO 20]

(Saludos)

16

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