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Teorías Sociológicas Contemporáneas

El documento presenta un análisis de las teorías sociológicas contemporáneas, enfocándose en la transición de la modernidad a la postmodernidad y sus implicaciones en la sociedad actual. Se destacan las contribuciones de sociólogos como Pierre Bourdieu, Anthony Giddens, Zygmunt Baumann y Niklas Luhmann, quienes abordan temas como la globalización, el consumo y la identidad. Además, se discuten conceptos clave como 'capital', 'campo' y 'habitus', que ayudan a entender las dinámicas sociales en el contexto contemporáneo.

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Teorías Sociológicas Contemporáneas

El documento presenta un análisis de las teorías sociológicas contemporáneas, enfocándose en la transición de la modernidad a la postmodernidad y sus implicaciones en la sociedad actual. Se destacan las contribuciones de sociólogos como Pierre Bourdieu, Anthony Giddens, Zygmunt Baumann y Niklas Luhmann, quienes abordan temas como la globalización, el consumo y la identidad. Además, se discuten conceptos clave como 'capital', 'campo' y 'habitus', que ayudan a entender las dinámicas sociales en el contexto contemporáneo.

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Lic.

en Psicopedagogía

Sociología

Docente: Prof Saccone María Alejandra

Material de lectura N° 3 Segunda Parte

Las Teorías sociológicas de los contemporáneos


Juanito Laguna Going to the factory (Berni,1977)
Berni en Nueva York en 1977, en la que estaba interesado en retratar la realidad
cotidiana de aquella ciudad, con otro tipo de obras y algunos Juanitos, como Shoe
Shine Juanito Laguna o Juanito Goes to the Factory, donde el personaje está rodeado
de residuos de marcas americanas, como latas de cerveza Miller y Budweiser, Ginger
Ale Canada Dry y Tab.

Módulo III Segunda parte

Las visiones sociológicas del mundo contemporáneo


(Giletta, M, et al, 2013; Von Sprecher, R. et al, 2022; Recalde, H. E, 2014;
Paradera, D., et al, 2021; Beriain, J., 2008)

Hasta aquí hemos presentado las teorías sociológicas producto


de los autores clásicos o llamados “padres fundadores” y sus
ideas como base de los paradigmas sociológicos. Han sido sus
cimientos conceptuales y analíticos sobre los que se han
construido teorías de mayor capacidad explicativa para
comprender los cambios del Siglo XX, producto de la
globalización, y de la complejidad propia del Siglo XXI. Por ello,
como cierre de este Módulo, presentaremos en un panorama general y breve, los aportes más
importantes de las teorías contemporáneas más significativas y de los sociólogos más
representativos en un universo teórico muy diverso.

Hemos seleccionado para este Módulo algunos de los sociólogos que el mundo académico reconoce
como centrales para reflexionar sobre la complejidad; debido a que cada uno de ellos ha acuñado
alguna expresión o concepto con los que pretende sintetizar los rasgos esenciales de la sociedad
actual, así como también, sus aportes para pensar la educación. Ellos son: Pierre Bourdieu, Anthony
Giddens, Zygmunt Baumann y Niklas Luhmann.

El mundo contemporáneo y las explicaciones sociológicas


Desde hace más de tres décadas, el mundo vive grandes cambios que han sido nucleados bajo el
concepto de globalización, proceso multidimensional que abarcó la economía, la política, la
sociedad, la cultura, impactó sobre las sociedades y coincidió con las políticas neoliberales de los
años ´90.
Los cambios que irrumpieron y la aparición de temas novedosos (Recalde, 2014), han concitado la
atención de numerosos especialistas de las ciencias sociales quienes buscaron definir los rasgos del
mundo actual optando, muchos de ellos, por el término “postmodernidad”, etapa que identificaron
como diferenciada de la etapa anterior, “modernidad”, ambas directamente relacionadas al
nacimiento y consolidación del capitalismo.

2
¿Qué es la Modernidad?
La Modernidad es un período que los historiadores identifican a fines del Siglo XV en la expansión de
la Europa Occidental. Los ideales centrales de la Modernidad fueron el progreso, la racionalidad,
la libertad y el bienestar. Era una visión optimista de la vida humana y una expectativa de futuro.
La idea de progreso sintetizó esta perspectiva que se originó en el Siglo XVII, se profundizó en el
Siglo XVIII con el proyecto de la Ilustración
que postula la centralidad de la Razón y de la ciencia para organizar la sociedad y entender el mundo.
Se conservó hasta la 1ra Guerra Mundial (1914-1918). Alcanzó su auge en el Siglo XIX y se trató de
una etapa ascendente del capitalismo y el discurso hegemónico de la racionalidad. La
Modernidad fue cuestionada por filósofos y por Marx y Weber -como vimos en el Módulo II- pues
estos señalaron fisuras y contradicciones en una sociedad que era menos “racional” de lo que
pretendía.

Como dijimos, lo moderno consiste en el proceso de racionalización, a partir de la centralidad


de la razón con base científico-técnica. El proyecto de la Modernidad se fundó en verdades
universales que le daban un sentido a la historia: la autodeterminación del hombre, la superación de
las miserias materiales, los derechos humanos, la libertad, el perfeccionamiento constante de la
humanidad (el progreso). La idea de progreso está y continua en profunda discusión. Con el devenir
de la historia, ya no es tan simple explicar el mundo. La idea de que la historia iba a conducir a
un fin predeterminado y la creencia en el progreso, empezó a ponerse en duda. (Paradeda, D. et al,
2021)

¿La Postmodernidad?
A mediados del Siglo XX surgieron las primeras ideas y movimientos referidos a la
“Postmodernidad”. La principal crítica que formularon es la de no haber podido concretar sus metas,
es decir, para los críticos se había perdido la confianza en ideas como “progreso” y “revolución”, que
a través de distintos caminos alentaban un futuro mejor. De esa manera, han desaparecido algunas
de las ilusiones de la modernidad; la confianza en la razón humana y en las posibilidades
liberadoras de la ciencia y de la técnica; las utopías movilizadoras y la confianza en la política y los
líderes.

Las ilusiones colectivas del hombre fueron sustituidas por el culto a la individualidad, al
hedonismo, el cuidado del cuerpo, la desconfianza ante las grandes promesas, la apatía, el
desencanto y la compulsión al consumo.
Lo que identifica al pensamiento postmoderno es la afirmación de que la ambigüedad y la
indeterminación caracterizan al proceso histórico, por lo que se rebela contra cualquier ideología
que pretenda contener “la verdad absoluta” y sostiene que existen “múltiples verdades”
construidas por los distintos grupos sociales e, incluso, por cada individuo. Rechaza también que la
historia humana sea un proceso único con una dirección determinada.
La idea de posmodernidad no significa que estemos hablando de una nueva era. En un sentido
histórico es, en realidad, un conjunto de corrientes de pensamiento que encarnan una postura
crítica frente a la Modernidad (clima cultural del capitalismo llamado “transnacional o
3
globalizado”); que se corresponde con una crisis del modo de producción capitalista (crisis del Estado
de Bienestar; caída del muro de Berlín; derrumbe de los llamados “socialismos reales” y agotamiento
del proyecto reformador de la modernidad).
El discurso posmoderno denuncia el progreso como una ilusión y expresa su rechazo a la razón
planificadora de la sociedad (incertidumbre).
Los teóricos de la posmodernidad sostienen que es imposible pensar en valores comunes para
toda la humanidad.
La crítica posmoderna sirve para volver a pensar las formas de organización de la sociedad que
instauró la modernidad (las naciones, los Estados, las clases, los ciudadanos) con el riesgo, para
algunos autores, de derivar en pensamientos irracionalistas y conservadores. Los pensadores
posmodernos postulan una pérdida de sentido, la falta de referencias y certezas; en otros
términos, que la razón no llegó a ninguna meta en relación a la felicidad del hombre, que la historia
parece no dar cuenta de hacia dónde van las sociedades humanas (es “el fin de la historia”, proclaman
algunos); el futuro es oscuro y se acabaron las utopías de cambio.
Podemos hablar de una cultura posmoderna para caracterizar a la cultura actual en la que
predomina lo efímero, lo fugaz, lo obsoleto, una cultura sometida a la moda o al mercado, en la
que lo central es el consumo.

Actualmente, la sociedad se define en términos de comunicación (con sus grandes redes de


información); los medios ejercen una función estructurante de lo social. Vivimos, entonces, en una
cultura mediática sometida a los dictados de los medios masivos. (Paradeda, D. et al, 2021)

MODERNIDAD POSMODERNIDAD
Racionalista confianza en Escéptica
la razón
Hombre dominador de la realidad Hombre Sujeto débil (no tiene acceso a una
creador, activo y soberano de sí mismo verdad fuerte)
Historia con sentido (progreso) Sentido Ética universal (valores universales)
“post”-histórico; situado en lo presente, en Relativismo ético
lo fáctico (sin memoria del pasado ni
proyecto de futuro)
Cultura política igualitaria Individualismo
Trabajador-Ciudadano Consumidor
Estado-nación Bloques regionales (soberanía
restringida)
Sociedad “industrial” Sociedad post-industrial “de servicios”
Estado de Bienestar Estado ausente (neoliberalismo)
Cultura nacional Cultura “globalizada”
Fuente: Paradeda, D. Pintos Andrade, E. W. y Ríos, A. (2021). Sociología (3a. ed.). Buenos Aires, Editorial Maipue

4
Las teorías sociológicas de la postmodernidad

Como mencionábamos al comienzo, diversos autores se han dedicado a estudiar las características
del mundo actual, subrayando aquellos rasgos que lo diferenciaban del mundo moderno y al que
designaron con diversos nombres: ‘post modernidad’, ‘modernidad líquida’, ‘sobremodernidad’1
(Marc Augé), ‘segunda modernidad’ (U. Beck) o incorporaron nuevos conceptos de análisis como
modernidad reflexiva (Giddens, Beck), autopoiesis (Luhmann).

Mientras en los EE.UU. se producía el cuestionamiento del funcionalismo, en Francia la teoría


social se preparaba para recuperar el sitial de privilegio que no había logrado recuperar desde los
tiempos de Durkheim. Desde los años 50 los sociólogos franceses se resistían al extremo empirismo
de las técnicas de investigación estadounidenses y a las teorías funcionalistas. En los años 60, la
producción sociológica francesa se destacó a través de autores muy importantes como, por
ejemplo, Pierre Bourdie y Alain Touraine, entre otros, por supuesto.

Como la mayoría de los grandes sociólogos, Pierre Bourdieu (1930-2002) produjo una vasta
obra que atraviesa el enorme campo problemático de la cultura. Abordó en sus investigaciones
temas como la educación, la televisión y las bases sociales del gusto. Sus trabajos van desde temáticas
de arte, al impacto del desempleo en la vida de las personas, el sistema de enseñanza, la literatura,
las clases sociales, la sociología del deporte, la vida académica, etc.
Bourdieu parte de la pregunta: ¿quiénes somos?, y ensaya una posible respuesta articulando dos
planos de la realidad: el “económico” y el “simbólico”. En la distinción, analiza cómo en el espacio
social (una sociedad histórica determinada) sus miembros y grupos ocupan determinadas
posiciones y tienen un acceso desigual a los bienes disponibles. El “capital” que se posea puede
ser simbólico o material, por ejemplo, el capital económico: bienes; capital social: redes de
relaciones; capital cultural: conocimientos especializados, credenciales o diplomas de universidades
prestigiosas.
El “capital simbólico” hace alusión a una cierta “posición social” conquistada, y que está conformada
por un conjunto de elementos interrelacionados de los diferentes “campos culturales”. Este “capital
simbólico”, además, debe ser considerado económica y culturalmente relevante en términos
sociales.

Las distancias o diferencias sociales se expresan según Bourdieu en los signos de distinción: jugar al
golf, determinada vestimenta, frecuentar determinados ambientes sociales, recorrer museos, viajar,
obtener títulos escolares, etc. Según Bourdieu, en el ámbito escolar el éxito está condicionado, en
gran medida, por el grado en que los individuos han podido absorber la cultura dominante. Desde
ya, cuanto más rica e instruida sea una persona, tendrá mayores posibilidades de acceder a
mayor capital, del tipo que fuere.

1
Ver Recalde, H. E. Sociología (4a. ed.). ed. Buenos Aires: Ediciones del Aula Taller, 2014. Cap. VI. Disponible en:
https://elibro.net/es/ereader/ucuelibro/76254?

5
Las nociones de campo y habitus

En el capitalismo, el concepto de identidad va ligada a la noción de consumo. Bourdieu se propone


analizar la relación entre el consumo cultural y los modos de producción. Para ello, introduce dos
conceptos centrales en su teoría: campo y habitus. Para Bourdieu, el punto de partida es el concepto
de campo como instancia mediadora entre la “estructura” y la “superestructura”, entre lo
individual y lo social. De esta manera, Bourdieu pretende explicar cómo llegan las personas a
asimilar determinada concepción del mundo que se manifiesta en una particular forma de vivir,
de pensar, de percibir, de sentir y de divertirse, en determinados gustos y que tienen un significado
histórico y social. Por ejemplo, entendemos nuestros chistes porque existen modos establecidos de
mirar y nombrar lo que nos está pasando.

¿qué otros ejemplos podemos pensar?... teniendo en cuenta nuestra concepción del mundo
como argentinos?

Los campos de producción cultural (por ejemplo, el campo literario, el campo artístico, el campo
científico) constituyen sub espacios relativamente autónomos dentro del espacio social. Cada
campo tiene su propia dinámica, sus mecanismos de reproducción y consagración capaces de
orientar o coaccionar las prácticas o sus representaciones.
A su vez, existen relaciones entre los diferentes campos. Los campos son espacios de poder; son
sistemas de relaciones de fuerzas. Estas fuerzas en pugna lucharán por mantener o transformar el
estado de fuerzas existente. Dentro de cada campo se producen luchas permanentes entre los
agentes (sujetos individuales o colectivos) que buscan cambiarlo y los que, por el contrario, desean
conservarlo intacto entre quienes ocupan posiciones subordinadas y los privilegiados. Los
dominados de cualquier campo, por definición están en condiciones de ejercer fuerza, de resistir y
tratarán de hacerlo de acuerdo con las estrategias que consideren más adecuadas.

Los sectores sociales que poseen un cierto “capital simbólico” luchan por imponer su propio
sistema de interpretación del mundo social, su punto de vista, según la lógica de intereses
materiales y simbólicos. Este espacio social de los campos culturales está atravesado por la
diferenciación social, es decir, por distinciones entre posiciones a partir de los recursos o del “capital”
que se posea, entre quienes aspiren a una posición social de privilegio. El concepto de “habitus”
representa esta conquista de posiciones simbólicas, es decir, de los signos sociales de distinción.
Cada posición en el espacio social y en los diferentes campos supone un “habitus” específico, que
combina el grado de iniciativa personal y la adaptación social del fenómeno en cuestión. Por ejemplo,
escuchar cierto tipo de música, usar determinada indumentaria, tener ciertos gustos o gestos
conforman un determinado grado de “distinción” que supone poseer un “habitus”, o principio
generador de prácticas y visiones del mundo. Por lo tanto, la noción de “habitus” es el resultado
de condicionamientos sociales que se convirtieron en disposiciones o hábitos de los individuos.
Se trata de un principio unificador que manifiesta los rasgos de un “estilo de vida”. Bourdieu define
el concepto de “habitus” como un conjunto de “estructuras estructuradas”; son esquemas
clasificatorios que conforman una determinada visión, gustos diferentes, preferencias, y signos
6
distintivos variados. (Paradeda, D. et al, 2021)

…pensemos ejemplos de nuestra vida cotidiana….de nuestro habitus

La distribución de cada uno de éstos está dada, en primer lugar, por la familia y la clase social a la
cual se pertenece. Pero, a su vez, el capital inicial puede ser acrecentado mediante inversiones
(en tiempo o dinero). Los diferentes tipos de capital están evidentemente relacionados; a mayor
capital económico, mayores posibilidades de invertir en educación y cultura, etc. Sin embargo, esta
conversión no siempre es posible; los individuos tratarán de poner en juego su capital para mejorar
sus posiciones. Así definido, cada campo es un complejo sistema de relaciones de fuerzas, donde los
agentes de acuerdo con su donación de capital buscan reproducirlo o subvertirlo. Por eso, los campos
son históricos, se forman, cambian y se articulan entre sí de diversas formas. Hay una jerarquía no
sólo dentro de cada campo sino también entre ellos.

Bourdieu realiza un aporte muy importante al clásico dilema sociológico entre estructura y
sujeto. Para el autor no hay estructuras sociales inmodificables, pero sí distribución desigual de
capitales que determinan jerarquías a las que los agentes deberán desafiar para producir cambios.
No se necesita simplemente una voluntad de cambio. Los individuos han incorporado sin saberlo,
las estructuras mediante el habitus que son modos de ver, sentir y actuar que, aunque lo
parezcan, no son naturales sino sociales.

Nuestras acciones son, en apariencia, libres pero, a menudo, no son más que el habitus que
hemos incorporado. El habitus nos sugiere qué hacer y qué pensar. Estos habitus funcionan
como verdaderos esquemas mentales y corporales que han incorporado a nuestro interior las
estructuras sociales de dominación. Si bien estas estructuras son modificables, el habitus le da
perdurabilidad. Cambiarla es pelear no sólo contra una estructura externa sino también contra el
habitus.

El campo científico, como sistema de relaciones objetivas entre posiciones adquiridas (en las luchas
anteriores), es el lugar (es decir, el
espacio de juego) de una lucha
competitiva que tiene por desafío
específico el monopolio de la autoridad
científica, inseparablemente definida
como capacidad técnica y como poder
social, o, si se prefiere, el monopolio de la
competencia científica que es
socialmente reconocida a un agente
determinado, entendida en el sentido de
capacidad de hablar e intervenir
legítimamente (es decir, de manera
autorizada y con autoridad) en materia de ciencia” . (Bourdieu, 1997, p. 12)

7
Zygmunt Bauman (1925-2017), filósofo y ensayista polaco radicado en Gran Bretaña.
La ‘liquidez’ es una metáfora de nuestro tiempo. Para él, nuestra época presencia la ‘licuificación’ de
las relaciones interpersonales, el trabajo, el amor, las expresiones artísticas y hasta los miedos.

De la ‘modernidad sólida’ a la ‘modernidad líquida’

Para Bauman, vivimos una época de transición que se caracteriza por el pasaje de la ‘modernidad
sólida’ a la ‘modernidad líquida’. La fragilidad de los vínculos, las incertidumbres y los miedos son, a
su juicio, los rasgos característicos del mundo actual.
Lo que Bauman llama ‘modernidad sólida’ es el período histórico que otros autores denominan
simplemente ‘modernidad’. En nuestra época, la de ‘la modernidad líquida’, la situación es diferente:
se dan nuevas reglas del juego en el terreno económico y las
“La tarea de construir un nuevo
orden mejor para reemplazar al
relaciones laborales; lo mismo ocurre en la relación entre los
poderes globales (los organismos de crédito internacional y las
empresas multinacionales) y los Estados nacionales; entre los
propios Estados la relación es muy asimétrica, debido al desigual
poder económico y militar de unos y otros. Todo esto ha impactado
en la situación personal de millones de individuos y en sus
interacciones. (Recalde, 2014, p.176)
En la ‘modernidad líquida’ sostiene Bauman, la sociedad actual ha
viejo y defectuoso no forma parte
de ninguna agenda actual, al dejado de cuestionarse a sí misma y abandonado las grandes utopías
menos no de la agenda donde del siglo XIX que sostenían la posibilidad de construir un mundo mejor.
supuestamente se sitúa la acción La visión utópica ha sido reemplazada por una (o varias) distopías
política. La “disolución de los (utopía negativa). A diferencia de un siglo atrás, las expectativas
sólidos”, el rasgo permanente de
respecto al futuro son desesperanzadas.
la modernidad, ha adquirido por
lo tanto un nuevo significado, y
sobre todo ha sido redirigida En nuestro tiempo, describe Bauman, las relaciones interpersonales
hacia un nuevo blanco: uno de los se caracterizan por su fragilidad: la tendencia a ser cada vez más
efectos más importantes de ese fugaces, superficiales y con el menor grado de compromiso posible.
cambio de dirección ha sido la
En este campo influyen las TICs, las redes sociales, a través de las
disolución de las fuerzas que
podrían mantener el tema del cuales se entablan muchas de estas relaciones efímeras… (Recalde,
orden y del sistema dentro de la 2014, p. 177)
agenda política. Los sólidos que
han sido sometidos a la La convivencia en el medio urbano, donde hemos visto que se
disolución, y que se están
concentra la mayor parte de la población mundial, constituye otro de
derritiendo en este momento, el
momento de la modernidad los temas de Bauman, que comparte este interés con los otros
fluida, son los vínculos entre las sociólogos contemporáneos. La proximidad física y el aislamiento
elecciones individuales y los social de los habitantes urbanos; la polarización económica, que
proyectos y las acciones encierra a los distintos sectores sociales en espacios físicos
colectivos…” (Bauman, 2000,
segregados: los barrios ricos y los barrios pobres, verdaderos guetos
p.12)
ocupados por unos y otros; también el considerar a las grandes

8
ciudades como los ‘templos del consumo’, donde las relaciones entre las personas adquieren un
carácter meramente mercantil, constituyen temáticas analizadas. Sin embargo, las urbes de
comienzos del siglo XXI presentan algunas diferencias cuantitativas respecto a las de un siglo atrás:
no son únicamente un ámbito en el que estamos solos en medio de una multitud, en muchos casos
se han convertido en ‘metrópolis de miedo’. En ellas ha aumentado la disposición a protegerse del
‘otro’, percibido como un riesgo, ya que en el espacio público de las grandes capitales todos son
‘extraños’ entre sí: …Las ciudades han dejado de ser un refugio -como ocurrió desde su resurgimiento,
en los siglos finales del Medioevo, cuando sus murallas amparaban a sus habitantes-, para contener
en su interior una gran cantidad de peligros. Además, a las ciudades ha llegado gente procedente de
otros lugares, inmigrantes de diversos orígenes cuya presencia es necesaria para el desarrollo de
ciertas actividades económicas, aunque se los mira con extrema desconfianza.

Estos extraños despiertan, según describe Bauman, dos sentimientos contradictorios: mixofilia y
mixofobia, que se combinan en cada uno de nosotros en proporciones distintas. La primera es la
atracción que ejercen las diferencias, promoviendo la unión entre personas de nacionalidades,
culturas, grupos étnicos y raciales diversos; la otra es una actitud opuesta, cuyas expresiones más
violentas son la xenofobia y el racismo: ‘(…) Un fantasma sobrevuela el planeta: el fantasma de la
xenofobia. Las sospechas y animosidades tribales antiguas y modernas, escribe Bauman, se han
mezclado y combinado con la flamante sensación de inseguridad que se destila de la
incertidumbre y desprotección de nuestra moderna existencia líquida.’ Los países de Europa -
familiarizados desde el primer tercio del siglo XIX con la emigración, ya que millones de europeos
abandonaron sus países para radicarse en otros- enfrentan en las últimas décadas un fenómeno
novedoso para ellos: la llegada de inmigrantes procedentes de otros continentes (principalmente
africanos y latinoamericanos). Con ello se les ha planteado un problema, pendiente de solución: la
convivencia en la diversidad, a la que no pocos parecen oponerse. (Recalde, 2014, p.178)

…pensemos en los cambios que se vienen dando en los últimos años en Argentina a raíz de la
inmigración latinoamericana….¿qué características podemos reconocer?

El mundo del trabajo es otro de los temas de preocupación de Bauman reflejado en toda su
producción. En ‘la modernidad líquida´ las relaciones laborales sufrieron grandes cambios,
planteando una nueva situación a cada individuo: del trabajo asegurado se ha pasado a la
precarización del empleo, de fuerte impacto personal y comunitario. (Bauman, 2000, pp. 156-
201)

9
Anthony Giddens
El sociólogo inglés Anthony Giddens (1938) ha
intentado realizar una síntesis teórica entre el
estructural-funcionalismo norteamericano y la
sociología weberiana.

La teoría sociológica como hemos dicho, está cruzada por una tensión básica entre objetivistas
y subjetivistas. Los primeros consideran que los procesos sociales están determinados por
estructuras que rigen con independencia de la voluntad de los actores; los segundos, en cambio, ven
en sus proyectos y motivaciones el motor del cambio (o la permanencia). Anthony Giddens se
propuso desde un primer momento suprimir este dualismo. Su objetivo era poner fin a las
disputas entre los estructuralistas, que ponían el acento en la reproducción social a través de
estructuras que dominan a las acciones de los hombres, y las sociologías herederas de la escuela
weberiana, que ponían el acento en la comprensión de las elecciones voluntarias (subjetivas) de los
individuos. Por ello, se propuso conceptualizar la dualidad de la estructura. Para Giddens es
necesario comprender los procesos de estructuración, esto es, en qué condiciones las estructuras
sociales son reproducidas por los actores más allá de su voluntad, y en qué condiciones los
actores realizan actos que tienden a la transformación de estas estructuras. Giddens renovó una
vieja pregunta de la sociología ¿Los hombres hacen la historia o esta los hace a ellos sin que lo
sepan? ¿Cómo saber si los hombres saben que hacen su historia? Para ello propuso centrar los
estudios sociológicos en la conciencia práctica, en registros no discursivos de lo social, asociados con
prácticas de la rutina cotidiana que recrean constantemente las estructuras, sea reproduciéndolas,
sea transformándolas. Por ejemplo, ir a la escuela y sentarme en mi banco, que es el lugar social que
debo ocupar, y ejercer actos de rebeldía para probar en qué medida ese lugar es obligatorio,
estructural.
Giddens sostiene que estructura y agente no pueden pensarse aisladamente ya que están
intrínsecamente conectados, no existe una sin el otro. La estructura no es ajena al sujeto ya que sólo
existe concretamente en y mediante las acciones humanas. Por eso, los sujetos tienen una enorme
posibilidad de producir cambios en el mundo social. Tienen, para ello, la permanente capacidad
de reflexionar y de desear. Esta combinación los puede conducir a producir cambios estructurales.

Otro concepto central en el pensamiento de Giddens es la idea de "modernidad reflexiva"2 como


una característica distintiva de las sociedades contemporáneas. Él sostiene que la modernidad
contemporánea se caracteriza por una reflexividad intensificada, lo que implica que las personas son
cada vez más conscientes de su papel en la construcción y transformación de la sociedad,
conscientes de que son responsables de sus elecciones y acciones en un mundo que se ha vuelto

2 La "modernidad reflexiva" es un concepto desarrollado por el sociólogo alemán Ulrich Beck en su obra "La sociedad
del riesgo" (1992) y posteriormente ampliado en colaboración con Anthony Giddens y Scott Lash en el libro
"Modernización reflexiva" (1994).
10
incierto y desordenado. La tradición y las normas sociales tradicionales ya no ofrecen orientación
clara, y los individuos deben tomar decisiones en contextos de incertidumbre. Además, Giddens
sostiene que la modernidad también ha llevado a una "deslocalización del tiempo y el espacio".
Gracias a la globalización y las tecnologías de la información, las distancias físicas y temporales se
han reducido, y las interacciones sociales pueden ocurrir más allá de las fronteras tradicionales. Esto
ha llevado a una mayor interconexión y a la creación de identidades y comunidades transnacionales.

ULRICH BECK Y LA SOCIEDAD DE RIESGO

Ulrich Beck es un sociólogo alemán conocido


principalmente por su teoría de la "sociedad del riesgo"
(Risk Society), que desarrolló en su libro homónimo
publicado en 1986. Esta teoría ha tenido un gran
impacto en la sociología contemporánea y en los
estudios sobre medio ambiente, globalización y
desarrollo tecnológico.

La "sociedad del riesgo" se refiere a una etapa en la


evolución de las sociedades industriales avanzadas donde los riesgos son una característica central y
omnipresente de la vida social. Beck argumenta que, en la era moderna, los riesgos no solo se derivan
de desastres naturales o accidentes industriales, sino también de las actividades humanas
planificadas, como la producción industrial y tecnológica, la medicina, la agricultura intensiva, etc.

Ulrich Beck se refiere recurrentemente al concepto de sociedad de riesgo como característica


principal de la sociedad moderna. Define riesgo como el rasgo que "caracteriza un peculiar estado
intermedio entre la seguridad y la destrucción".

Beck resalta la importancia de la toma de conciencia del estado de riesgo por parte de la sociedad,
porque cree que es lo único que permite crear la "utopía" de la construcción de otra modernidad.

La sociedad de riesgo que Beck escudriña es una sociedad expuesta al peligro inminente. En ella se
ha perdido todo "cálculo de riesgos" y todo se torna ininteligible. Es una sociedad en la que el ser
humano se encuentra en un ambiente completamente contaminado que amenaza la seguridad de
su existencia. La contaminación del agua por la atracina, herbicida agrícola que también afecta la
reproducción de los peces, ilustra el peligro. Beck afirma textualmente que: "la sociedad del riesgo
es la época del industrialismo en la que los hombres han de enfrentarse al desafío que plantea la
capacidad de la industria para destruir todo tipo de vida sobre la tierra". Expresión que nos permite
pensar en el sentido fatalista que Beck advierte en una sociedad marcada por la "omnipotencia del
peligro que ha acabado por eliminar las zonas protegidas y las diferencias de la sociedad moderna".
Una sociedad en la que la irracionalidad de su proceso técnico ha dado lugar a un producto no

11
deseado; una sociedad marcada por la destrucción de la naturaleza realizada por las sociedades
industriales. Basta citar el "agujero de ozono", el efecto invernadero y sus consecuencias. Beck
advierte contra la construcción descontrolada de sociedades industriales como el mejor camino
posible para resolver problemas también en países de Tercer y Cuarto Mundo que, sin embargo,
repiten irracionalmente el mismo ejercicio destructor ejercitado por los países industrializados
afectando el orden de su propia cultura.

En su visión, la defensa de la ecología tiende a mercantilizarse y politizarse. Los países pobres se


convierten en basureros baratos de la chatarra industrial. Además, continúa el peligro porque no
existen políticas nacionales preventivas. La brecha de diferencia social se amplía entre países ricos y
pobres. Aumenta el riesgo y la situación de riesgo de manera general y constante, que "... afectan
más tarde o más temprano a quienes los producen o se benefician de ellos. Los riesgos muestran en
su difusión un efecto social de bumerang: tampoco los ricos y poderosos están seguros ante ellos"
(Beck, 1998: 43), situación que se evidencia en la producción de la "catástrofe", tipo Japón: con sus
bases nucleares desparramadas. Lamentablemente es el peligro el que acerca a la humanidad cada
vez más, no sólo para convivir, ser víctima o agresor del otro/a, sino para compartir las mismas formas
de construcción del "desastre" social. Ulrich Beck piensa que un Estado aislado no puede darse la
tarea de garantizar la seguridad ni la integridad de los ciudadanos, sino que es una tarea común.
Propone una suerte de confraternidad mundial. Afirma textualmente que:

Los errores de los demás pueden suponer para nosotros el mismo peligro que nuestros propios
errores. Si no estamos dispuestos a extirpar radicalmente cualquier posibilidad de error... no nos
queda sino una posibilidad: eliminar la energía nuclear de todo el mundo. Ello nos permitiría
acercarnos un poco más a esa utópica sociedad mundial

Beck incita desesperadamente a buscar solucionas para el peligro generado en los países
industrializados. Llama a un encuentro práctico de una política interior mundial en la que se prescinda
de fronteras y enemistades tradicionales. Encuentra que las sociedades industriales de clases
permanecen en su dinámica evolutiva, persiguiendo en sus diversas manifestaciones el ideal
igualitario (falsa y débil democracia); en cambio, en la sociedad del riesgo, la seguridad es el principio
normativo.

El miedo surge en la sociedad de riesgo.

El autor afirma que en las sociedades industriales la capacidad de supervivencia está determinada
por la capacidad de los seres humanos para enfrentarse a la miseria. En la sociedad del riesgo, en
cambio, se requieren otras cualidades para garantizar la sobrevivencia. La convivencia cotidiana con
el miedo y la inseguridad se convierte, "tanto biográfica como políticamente, en una clave de la
civilización". El ser humano duda de su propia percepción, desconfía de sus sentidos para sobrevivir
porque el peligro se encuentra fuera de todo aquello que puede percibir; ahí está el malestar social
generalizado y el miedo que elimina toda posibilidad de vida. Ninguno de los actos que realiza tiene,
en esta perspectiva, garantía alguna. Ni siquiera el acto de comer; mucho menos la forma en la que

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es tratado el cuerpo cuando enferma. Múltiples enfermedades iatrogénicas, consecuencia paradójica
de la medicina moderna, surgen como nueva amenaza en esta misma sociedad. El límite de la
cualidad de la vida de la humanidad se marca por la sociedad de riesgo.

Beck sugiere ejercitar una forma de vida distinta para enfrentar los nuevos problemas que plantea la
sociedad de riesgo, dejar los parámetros por los que se rige la sociedad moderna para enfrentar sus
propios problemas, refiriéndose a la idea de una sociedad de bienestar distributivo, porque
simplemente son problemas que se deben atender bajo otro marco de pensamiento y acción. Las
consecuencias producidas por una sociedad moderna no pueden ser enfrentadas con las mismas
reglas. Y eso en todo ámbito: político, jurídico, cultural, económico y científico.

Comprendemos el razonamiento beckniano como alternativo a esas formas. En base al sistema


normativo que impone la modernidad, nada que no obedezca a ese orden se puede hacer; de modo
que cualquier variante queda sin la posibilidad alguna de atención. El propio Beck afirma al respecto
que:

Las centrales nucleares, cegadas por su propia perfección, han eliminado el principio de protección
y previsión, no sólo en un sentido económico, sino... médico, psicológico, cultural y religioso. Esta
"sociedad de riesgo residual" es... una "sociedad no asegurada" en la que la cobertura y la protección,
paradójicamente, disminuyen al mismo ritmo en que aumenta el grado de peligrosidad13

Es una inmensa y compleja Torre de Babel de problemas sin solución, en la que los lenguajes chocan
y se desencuentran en desmedro del destino de la humanidad y a la que, paradójicamente, el
desarrollo de la ciencia contribuye sistemáticamente.

Los daños son incalculables. La desgracia es interminable. El problema es encubierto por la


indiferencia. Actitud que produce una atmósfera de normalidad en la que nadie es responsable de
los riesgos contemporáneos. Beck desea que se descubra el origen del mal. No admite que el "vacío
legislativo" y la ausencia de voluntad ejecutiva, al lado de otros factores, protejan a los irresponsables
que están dando fin con la vida en el planeta. Advierte también que ha surgido una suerte de
irresponsabilidad organizada que descansa en una confusión que aleja la posibilidad de prevenir la
seguridad del futuro.

El pensamiento de Beck alienta el surgimiento de una nueva e "inmensa subjetividad" contestataria,


tal como encarnan esos grupos marginales que en los ochenta se expresan reivindicativamente a
favor de la protección del medio ambiente, y que logran poner en agenda el problema hasta
convertirlo en prioritario, retando a toda Europa, que llama a la movilización social. El despertar de
una conciencia de la responsabilidad europea es consecuencia de ese gran movimiento social que
pretende extenderse cada día más por todos los ámbitos, incluyendo la región latinoamericana.

Estamos con Beck cuando sostiene que el proyecto tecnocrático no debe seguir en su camino hasta
el límite de la crisis ecológica. No se trata de evitar el progreso, pero hay que ser cautos y
responsables del devenir social, porque estamos, francamente, en una "edad media industrial" que
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hay que superar. Para ello, se requieren formas de organización diferentes de los binomios ciencia-
producción, ciencia-opinión, ciencia-política, técnica, derecho. También cuando reclama que es
necesario conocer las causas de los problemas que surgen, es necesario socializarlas, difundirlas,
atacarlas consciente y responsablemente, reasumiendo el destino del otro/a con un alto sentido ético
y humanitario. Es decir, es necesario despertar nuevas formas de percepción de la realidad para
controlar el destino humano. Sensibilizar y actuar de nuevo.

Las preocupaciones que Beck expresa para imaginar un nuevo orden mundial en consonancia con su
supervivencia, son pertinentes y legítimas. Son preocupaciones que también deberían globalizarse e
intercomunicarse para despertar un interés colectivo especial y de emergencia, tanto dentro y fuera
de Europa, local y globalmente. Involucrando a todos los seres humanos sin distinción alguna, ni por
rango ni lugar; ni social, económico, cultural o genérico, simplemente porque a todos/as atañe el
destino de la humanidad y a todos/as preocupa e interesa la seguridad del futuro. Por supuesto que
los gobernantes y todo el aparato estatal deben asumir la responsabilidad institucional de prevenir
y resguardar la seguridad de la sociedad, para no lamentar después.

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