Pandemia y mentira
Marco A. A. Rivera
“Ya no hay ventiladores, ya no hay bombas, ya no hay sedación, ni medicamentos: ayer los
dejamos sin nada, les bajaron la velocidad de las bombas de infusión para retardar el poco
medicamento que hay. ¡Es horrible! La verdad, sales frustrado, porque no alcanza el tiempo,
no se puede hacer mucho” confiesa desconsolada una enfermera que trabaja en el Hospital
del Issste en la ciudad de San Luis Potosí. Y la situación no mejora para los hospitales en
Matehuala: “...solo están aceptando a personas Covid con malestar ya casi morados de
asfixia, personas que lleven labios, dedos y uñas moradas. Solo a ellos atienden: los que
presentan insuficiencia respiratoria; a los otros, se les regresa”. Testimonios que no pueden
pasar por exagerados; una buena mayoría de los que usamos el servicio de salud público
mexicano sabemos que las carencias no aparecieron con la pandemia, sólo las pusieron en
evidencia. En días recientes en un diario potosino se lee: “El Hospital General de Zona del
Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE) en San
Luis fue declarado, desde 2019, obsoleto por el propio organismo, que admite que debe ser
urgentemente sustituido” En esa nota se describe, también, que existen carencias de
equipos, como calderas, aires acondicionados, plantas de luz, lavadoras y secadoras, "a los
cuales no se les realizan oportunamente los mantenimientos preventivos y correctivos, lo
cual impacta de manera negativa en la oportunidad y calidad de la atención”. Por eso al
hospital se le declaró rebasado.
La manifestación del personal médico del Hospital Central “Dr. Ignacio Morones
Prieto”, en SLP para pedir que se cubran pagos pendientes es una vergüenza para la
administración estatal y, sobre todo, federal. Declara el abandono a este importante sector.
La pandemia no detiene el burocratismo indolente. Con personal médico mal pagado
¿esperamos un servicio óptimo? Peor aún: ¿cómo exigirle a este personal un buen
desempeño cuando los insumos de buena calidad escasean? No se puede exigir, lo más
seguro es que este personal médico exponga su vida.
López-Gatell descalificó la aseveración de que México es el primer lugar de
mortalidad de personal médico por efectos del Covid. Esta declaración fue hecha por
Amnistía Internacional, aunque fue analizada por la revista británica The Lancent. No lo
admitió. Pero los hechos no pueden mentir.
Aquello está en consonancia con la política de reservarse el derecho de admisión
para atender a los pacientes, casi a toda costa. Otro dato más: sólo el 1.52% de los
pacientes contagiados con COVID-19 tienen seguro médico privado. Dicho en otras
palabras: enfermarse no es lo mismo para todos. Los municipios en México más pobres
tienen mayor letalidad. Y Forbes dijo en agosto pasado: “Covid-19 ya es la enfermedad
más cara para atender en hospitales privados”. Se cura quien tiene dinero, quien no…Por
eso es evidente que los datos públicos sobre el control de la pandemia tienen un sentido de
ocultar la verdadera realidad. La estadística presentada por López-Gatell tiene un uso
electoral: no dañar la imagen del presidente, un mentiroso contumaz. No es un juicio es el
balance de investigaciones sobre sus declaraciones.
A partir de declaraciones concernientes sobre la pandemia hechas en las
mañaneras, “Verificado” encontró: 25 declaraciones falsas y 31 engañosas referente a siete
temas relacionados con el COVID-19: los contagios, las muertes, los datos sobre
hospitalizaciones, la violencia contra las mujeres, la economía, las acciones para combatir
el virus y las instituciones.
En un periodo del 24 de febrero al 28 de agosto, AMLO aseguró en repetidas
ocasiones que la epidemia en México acabaría; afirmó que no había saturación en los
hospitales; aseguró que la economía era estable; negó la causa de las llamadas de
violencia contra las mujeres en medio del encierro por el COVID-19 y subestimó los índices
de letalidad en el país. Todo esto fue falso o impreciso.
Es su modo de gobernar. Y que se use la mentira para gobernar tiene un propósito
mundano: venderse para que voten por él. De ahí que la gente debe recordar que la
pandemia no fue un problema inevitable. Se agravó más porque el presidente piensa más
en los laureles que merece, que una política que alivie, verdaderamente, a los más
necesitados.