Relatos de "Solo Mío": Encuentros de Jongin y Kyungsoo
Relatos de "Solo Mío": Encuentros de Jongin y Kyungsoo
EXTRA DE LA
TRILOGIA
“SOLO MIO”
Estos relatos son narrados por Kim Jongin.
CAPITULO 1
Mi voz suena ronca. No estoy de humor así que decido sacar esta reunión fuera del
camino lo más rápido posible y luego iré a tomar un trago. Debí haber hecho que
Taemin lidiara con esto.
Miro hacia arriba y finjo una sonrisa cuando veo como Siwon se desplaza lentamente
hacia un costado. Entonces casi me ahogo.
¿Qué carajos?
Él es joven.
Dios.
Me pregunto cuántos años tiene, poco más de veinte, tal vez. ¿Demasiado joven para
mí? Me veo bien para mi edad. Sé muy bien que me veo bien para mi edad. ¿Pensará
que me veo bien? Por dios Jongin, cada maldita persona en el planeta piensa que te
ves bien, así que ¿por qué ahora sería diferente?
¡Joder! ahora me está bebiendo, evaluando cada parte de mí con esos enormes ojos
recorriendo todo mi cuerpo de arriba hacia abajo. Me está desnudando mentalmente.
¿Debería quitarme la camisa y confirmarle lo que está pensando?
Veo disimuladamente su mano. No hay anillo. Así que no está casado. No es que
importe tampoco.
Tres.
Dos.
Uno.
Cero, bebé.
Poco a poco me inclino hacia adelante, lo agarro por los hombros y me acerco a su
piel lechosa dándole un beso en la mejilla, peligrosamente cerca de esos labios
abultados. ¡Dios mío! huele tan bien como se ve. Siento que su cuerpo se tensa bajo
mi toque, y me río para mí mismo.
Y realmente que lo es. Aflojo mi agarre y bajo mi rostro a la altura del suyo así que
ahora estoy al nivel de sus ojos mirándolo fijamente.
— ¿Estás bien? — puedo sentir mis labios curvándose en una sonrisa mientras él
levanta esos impresionantes ojos color chocolate.
De repente parece salir de su trance y retrocede haciendo que mis manos caigan a
los costados.
Oh no.
Oh Jesús, necesito hacerlo gritar mientras me hundo una y otra vez en él. Quiero
hacerlo gemir, llorar, gimotear, necesito que se aferre a mí pidiéndome más y más...
Reprimo una sonrisa. Se ve tan aturdido e inquieto ahí parado con esos enormes
ojos. Pero no se mueve. ¡Joder! No está funcionando tal como lo planee.
Tuerzo el gesto.
No hay duda de mi osadía, y no puedo creer que estoy haciendo esto por mí mismo,
pero tengo que tenerlo. Joder, tengo que tenerlo. Pero ¿por qué está peleando
conmigo a cada paso? Demonios. Nunca he necesitado ir a estas putas longitudes
con nadie. ¿Pensará que estoy desesperado? Me río de mí mismo. Estoy
desesperado. No hay duda al evidente hecho que podría conseguir a quien quiera
ahora mismo, pero jodidamente no quiero a nadie más. Lo quiero a él.
Dios, ¿qué mierda es lo que me pasa? Nunca nadie me había hecho esto, pero aquí
estoy, medio desnudo, recurriendo patéticamente a arrinconar a mi presa.
Sus ojos de pronto se pasean lentamente por todo mi pecho, por lo que solo me
quedo de pie y dejo que me devore mientras mis ojos bajan y disfrutan cada
centímetro de esa pequeña figura que ha logrado reducirme en un patético y
desesperado lío. Él no me puede decir que no se ha imaginado esto. Por favor, no me
digas que no se ha imaginado esto. Estoy tratando de serenarme, pero mi
respiración es pesada, un claro indicativo que mi cuerpo está en marcha y no hay
ninguna mierda que pueda hacer al respecto para parar.
Él toma una respiración profunda con su pecho empujando ferozmente cada latido
sin despejar en ningún momento sus ojos de mí. Joder. No voy a ser capaz de estar
aquí mucho más tiempo. Estoy desesperado por acercarme, pero primero debo
dejarlo terminar su evaluación. Él tiene que saborear lo que está viendo.
— Relájate, Kyungsoo — digo en voz baja — Sabes que lo estás deseando — susurro
y empiezo a acercarme a él lentamente, sin querer lucir como si lo estuviera
cazando. Pero jodidamente lo estoy y no pienso dejarlo ir una vez que tenga mis
manos en ese cuerpo suyo.
Cuando estoy a solo unos pasos de él, lo veo tensar todo el cuerpo, pero él no se ve
perdido. En cambio, su mirada se desplaza hacia arriba a medida que me acerco
hasta que me cierno sobre él. Necesito actuar rápido porque él me mira como si
pudiera huir en cualquier momento, así que no lo toco. Solo acerco nuestros cuerpos
lo más cerca que puedo, pero me está costando cada puto gramo de esfuerzo que no
poseo para no ir y tomarlo.
Todo lo que quiero es romper esa camisa blanca y desnudarlo mientras lo devoro,
pero estoy asustado hasta la muerte porque él huya. No quiero que huya. Nunca
nadie ha huido de mí, así que ¿Por qué diablos lo hace él?
Observo cómo sus hombros se tensan y su respiración se torna agitada, pero estoy
jodidamente igual o peor que él. Mi corazón late con violencia en mi pecho y no
puedo controlarme una mierda.
De repente veo como él vacila decidido a voltearse hacia mí y mis manos vuelan
rápido para detenerlo con mis palmas presionando casi con desesperación sus
hombros. Oh Joder. El contacto se siente tan bien, pero mierda estoy temblando. Él
se estremece, y lentamente retiro una mano, rogando en silencio que se quede
exactamente donde está. Él lo hace. Y no puedo creer lo aliviado que estoy.
Espero unos segundos antes de colocar nuevamente mi mano sobre su hombro y sin
poder contenerme más empiezo a masajear lentamente sus músculos tensos. Él
balancea la cabeza con alivio y dejo caer mi frente en su cabeza con los ojos fijos en
la piel desnuda de su nuca. Me acerco peligrosamente a su oído y reprimo un
gruñido al olerlo. Pero me obligo a tranquilizarme. No voy a hacer nada para
asustarlo. Me río de mi propia audacia probablemente por primera vez en mi puta
vida. He acorralado a este pobre joven y me he presentado ante él medio desnudo.
No se puede hacer algo más audaz que eso. Joder Jongin. ¿Qué demonios te pasa con
él? No tengo ni una puta idea, pero estoy en la misión de averiguarlo y él me va a
dejar hacerlo.
Cuando gira su rostro hacia el mío y su aire caliente se extienden por mi cara, pierdo
la batalla para no suplicarle.
— No pares — susurro
Sonrío por dentro. Sé que no quiere hacerlo, pero esas palabras dichas en voz alta
borran rastro de duda. No estoy imaginando esto.
— Diablos eres tan sexy — gimo mientras lo agarro por las caderas y lo levanto un
poco del piso. Se siente tan bien entre en mis manos, como si hubiera sido creado
para estar en ellas.
Lo giro nuevamente, pero no me mira a los ojos. Está concentrado en mis labios. Sé
que quiere tenerlos sobre los suyos. Sonrío un poco. Pronto, bebé, pronto. Ya lo
tengo, por lo que voy a tomar todo mi maldito tiempo saboreando cada puto
momento.
Mis ojos viajan hasta sus pezones rosados, que casi podría decirse rozan la maldita
perfección. Y antes de entender qué está pasando, mi mano se eleva, como si
hubiera una fuerza magnética entre nosotros que me obliga a acercármele. Eso es lo
que él es. Es un imán y está atrayéndome haciéndome pensar en estupideces en las
cuales jamás había pensado. No puedo quitar los ojos de su cuerpo, siguiendo mi
mirada con devoción los movimientos de mis dedos en su pezón. Sé que está
mirándome y la idea de tener uno de esos pezones en mi boca me hace sonreír. Pero
necesito tocarlo un poco más primero. Quiero recorrer cada centímetro de su cuerpo
con mis manos, besarlo de la cabeza a los pies y sostenerlo. Pero no sé si podré
detenerme solo con esto.
Le tomo el otro pezón, y me quedo paralizado cuando mueve sus manos y las posa
sobre mi pecho.
Lo volteo.
— Tú y yo.
Lo convenzo de abrir la poca para besarlo como se merece y lo hago. Oh, Dios mío,
esto es el paraíso y cuando me pasa sus brazos por el cuello y me retiene más cerca
no puedo evitar empujar mis caderas contra la suyas, intentando calmar el incesante
palpitar de mi polla. De pronto él se restriega contra mí y gimo fuertemente llevando
mis manos a su trasero para frotarlo con furia contra mí. No sé qué me pasa, pero
necesito ver sus ojos de nuevo así que levanto mis manos hasta lograr que mis
palmas cubran sus mejillas. Lo beso fuertemente y luego lo empujo un poco, aunque
no quiero hacerlo, pero él me ha desarmado. Y necesito confirmar que es real, que
está parado justo aquí.
Por milésima vez siento que no puedo controlar la agitación en mi pecho. Soy un
desastre de hombre. Y todo es por él. ¿Quién diablos es y de dónde mierda salió? Mi
frente cae sobre la suya, mis ojos se cierran mientras intento pensar sobre todo esto.
Pero no puedo. No tengo ni la más mínima idea de lo que está sucediendo, pero
estoy seguro de algo: Jamás voy a ser capaz de dejarlo ir.
Mi mano baja por su espalda hasta llegar a su muslo y con un pequeño tirón suave lo
obligo a que levante las piernas y las envuelva alrededor de mi cintura. Lo quiero
envuelto enteramente a mí alrededor... para siempre. Me quedo mirando fijamente a
esos hermosos y enormes ojos mientras intento alejar la ridícula idea de que él me
pertenece.
— Hay algo entre nosotros — tengo que decírselo y aunque no era una pregunta,
necesito que lo confirme porque siento que estoy volviéndome loco — No estoy
imaginando esto — declaro. Pero de nuevo ruego por una respuesta suya... la
correcta.
Él se queda callado por unos instantes, pero luego toma aliento, y yo sostengo el
mío.
— Hay algo — susurra en voz baja mientras me mira. Y no puedo ocultar el inmenso
alivio que me recorre por completo. Las ganas que tengo de besarlo son demasiadas.
De un buen beso. Un suave, lento y significativo beso. Y lo hago. Le reclamo la boca
mientras clavo mis caderas a la suya, y arremolino mi lengua en su boca.
Pero entonces oigo algo. Oh carajo ¡Por favor no! No sé por qué, pero de repente lo
beso más agresivamente, mi pene involuntariamente empujando hacia él y
realmente no quiero hacerlo.
Lo oigo de nuevo. Maldito Taemin. De todos los malditos momentos ¿Tenía que elegir
este justamente? No me importa. No voy a dejar que nada interrumpa esto... nada.
Empujo más contra él y siento que sus dedos se clavan en mis en mis hombros.
Mierda, se siente realmente bien. Pero sé que lo estoy asustando, yendo demasiado
lejos, así que lo libero y lo sostengo por las caderas.
Miro sus ojos aterrados y sé que va a huir. Mierda, no puede hacerlo. No voy a
dejarlo irse.
— La puerta está cerrada con llave — le aseguro intentando lo mejor que puedo
retenerlo junto a mí, pero por la cara que tiene parece que es una batalla perdida.
Lo agarro de la barbilla y acerco su rostro hacia el mío así no tiene otra opción más
que mirarme a los ojos.
— Por favor — no puedo creer que le esté rogando. Pero cuando sacude su cabeza
fracaso en mi intento de no imponerme y hasta sacudirlo un poco con desesperación
— No te vayas — le ordeno cortante.
No lo sé...
CAPITULO 3
CUANDO JONGIN SE LE APARECE A KYUNGSOO
POV JONGIN ~ SOLO MIO ~ RESISTIENDO LA TENTACIÓN (5)
Me río.
No estoy siendo de ayuda en absoluto más bien estoy siendo astuto. No tenía
intención de devolverle sus llaves después de haberle metido mano en mi coche el
martes.
Pero tenía toda la intención de usarlo como excusa para volverlo a ver. Pero
Kyungsoo se rehúsa a coger mis llamadas. No tengo ni puta idea de lo que le iba a
decir si las cogía, pero ahora no tendré que preocuparme más por eso.
Bajo la mirada hacia mi mano y miro el móvil barato que compré y marco su número.
Fue lo único que se me ocurrió. Y esto me hace ver tan lamentable y desesperado.
No recuerdo haber llamado a nadie nunca en mi vida.
— ¿Estás solo?
Expulso rápidamente las palabras sin importar como me escuche o debería revelar
quién soy primero. No estoy pensando claramente.
De repente oigo movimientos y también una respiración agitada que me indica que
sabe exactamente de quién se trata, no se requiere presentación.
— ¡No!
Cada pizca de sentido común me dice que me marche, pero esa pequeña parte de
mi jodida mente, la parte que está dispuesto a reclamarlo, está pisoteando todo mi
ser.
Se cae la línea y retiro la estúpida mierda barata lejos de mi oído, mirándolo con
disgusto. Mi ego quiere creer que el pedazo de mierda no funciona, pero sé muy bien
que me ha colgado.
¡Contesta el teléfono!
Justo cuando hago clic para enviar gruño de pura frustración por mi brusquedad.
Estoy tratando de atrapar a este chico, no de asustarlo hasta la muerte. Lo llamo de
nuevo, pero sigue sin responder.
— ¡Contesta joder!
No lo hace, pero cuando estoy a punto de cruzar la calle hacia su casa y esté a punto
de derribar la puerta, la mierda del móvil cobra vida con la llegada de un mensaje de
texto, mi estómago jodidamente se retuerce y mi frente comienza a sudar. Abro su
mensaje.
No.
— ¡Maldita sea!
A la mierda con esto. No me iré hasta que me diga que también lo sintió. Comienzo a
dar zancadas a través de la calle, enviando otro mensaje, mi andar es determinado.
Estoy decidido. Estoy jodidamente decidido a hacer que diga las malditas palabras.
Son pocos los segundos que pasan después que mi móvil comienza a vibrar en mi
mano y lo miro, sonriendo para mí mismo mientras contesto.
Golpeo un poco más, impresionado conmigo mismo por al menos decir por favor,
pero sé que no hace ninguna jodida diferencia para este chico testarudo.
No está bien.
Lo único en lo que pienso es que quiero verlo otra vez, sentirlo, olerlo y asegurarme
que él es real.
Sí, usaré las malditas llaves. Sigo golpeando la puerta un rato más, pero me detengo,
enderezo la espalda al oír con atención unas pisadas suaves. Está bajando y está
enojado.
Suelto un respiro irregular tratando de mantener la cordura. Siento como que podría
perder mi puta cabeza.
Y eso me hace enojar más, tengo los dientes tan apretados que están a punto de
salírseme.
Sus ojos se abren en sorpresa, pero no salen palabras de aquellos carnosos labios y
sé que es porque no sabe qué decir. Y entonces la puerta comienza a cerrarse, su
rostro comienza a desaparecer de mi vista. Sin pensarlo estiro mi mano y lo empujo
suavemente y soy consciente de mi fuerza y de su pequeño cuerpo. Lo podría
romper en dos.
¡Joder!
— Tienes que irte. Luhan llegará enseguida — espeta con urgencia en su voz.
— Deja de mentirme.
Aparto su mano de su pelo donde sus dedos están retorciendo nerviosamente unos
mechones. Es una manía. Creo que lo descubrí muy bien, juguetea con su pelo cada
vez que miente y lo acaba de hacer después de terminar esa patética declaración,
empujándome a perder ese pequeño beneficio de la duda. Me desea.
— Basta de tonterías Kyungsoo.
Entro rápidamente en acción, lo tomo por la muñeca y lo giro para que me mire. No
puede ignorarme mientras lo estoy forzando a mirarme a los ojos y a tocarme.
— Ya lo sabes.
— ¡No! — grito incrédulo, pero no tengo derecho a sonar impresionado o molesto por
su pregunta.
Esa no es la línea que debería usar con él. Se merece mucho más. Alejo esos
pensamientos, no puedo ocultar la sonrisa recordando su cara estupefacta cuando se
lo pregunté y todavía sigo queriendo saber la maldita respuesta.
— Eres sin lugar a dudas el imbécil más arrogante que he conocido en la vida. No
estoy interesado en convertirme en una de tus conquistas sexuales.
Así que continúo insultándolo por preguntar eso. Tiene todas las razones para estar
disgustado conmigo, pero no puedo evitarlo.
¡Maldita sea!
Me detengo y lo fulmino con esa mirada que todos dicen amar tanto.
— Está bien — digo casualmente — Si me miras a los ojos y me dices que no quieres
volver a verme, me iré y no volveré a cruzarme en tu camino.
Son palabras que se me atoran en la garganta y que tienen cada parte de mi duro y
musculoso cuerpo rezando para que me dé la respuesta correcta. Pero ¿podría ser la
correcta o la verdaderamente equivocada? Ni siquiera lo sé. Soy un desastre.
— No puedes ¿verdad?
Está peleando con mi proximidad. Eso me hace sonreír, así que toco ligeramente con
mi dedo su hombro, causando que se retuerza, lo que me hace sonreír más. Empiezo
a desplazar mi dedo lo más despacio que jamás he hecho trazando una perfecta
línea sobre su definido y suave cuerpo hasta que gentilmente estoy presionando la
punta de mi dedo índice sobre la suave piel debajo de su oreja. Su respiración se
incrementa y su pulso se acelera.
Tomo suavemente su mano y la pongo sobre mi camisa, solo para que pueda
apreciar exactamente cómo también estoy respondiendo a nuestra cercanía. No es
solo él quien lo está sintiendo, y quiero jodidamente que lo sepa.
— Quiero decir, ¿Por qué intentas evitar lo inevitable? ¿Qué pretendes, Kyungsoo?
No hace nada para detenerme, me deja seguir mi camino mientras sigo trabajando
con mis labios aproximándome hacia su mandíbula, mi objetivo son esos hermosos
labios en forma de corazón. Casi estoy donde necesito estar y lo va a amar.
Casi ahí.
Mi ritmo se acelera con solo pensarlo hasta que el sonido de un puto móvil rompe de
repente el delicioso sonido de su respiración irregular y alimentado por el sexo.
Mis labios ya no están sobre los suyos, pero sus palmas están firmemente apoyadas
en mi pecho.
Me desplomo por dentro, saco mi estúpido móvil del bolsillo y veo la pantalla.
¿Taemin?
¿Qué carajos quiere ahora?
Titubea por un momento, pero después toma un respiro y temo por las palabras que
no quiero oír.
— ¿Lo que creo? Kyungsoo no te atrevas a insinuar que todo esto me lo estoy
imaginando. ¿Me he imaginado lo que acaba de pasar? ¿Y lo del otro día? ¿También
me lo imaginé? ¿Por quién me tomas?
Mis hombros se tensan. ¿Cuál es el problema con este hombre y su florido lenguaje?
— No te creo — lo atrapo jugueteando con sus dedos que van rápidamente hacia su
cabello. Está mintiendo, tiene que estar mintiendo.
— Pues deberías — afirma, el frío brillo en sus ojos color chocolate se intensifica.
Un dolor me atraviesa. ¿Acaso me equivoqué? Nunca nadie me ha rechazado y
mucho menos he tenido que acosarlos.
Casi me río mientras paso mi sudada mano por el desastre que es mi pelo, y
entonces la frustración opaca a mi incredulidad, y maldigo como un idiota mientras
saco mis rechazados pies fuera de su casa, meto mi mano hacia mi bolsillo y lanzo la
pieza de mierda que tengo por móvil con todas mis fuerzas, tratando de disipar un
poco mi ira. Se rompe en pedazos, y me quedo en medio de la calle, tratando de
establecer qué jodida mierda pasa conmigo.
¿Por qué estoy tan enojado? es porque él lo niega y se resiste a mí por tercera vez,
¿o porque realmente lo deseo?
Para quedármelo
Por siempre.
¿Yo?
Eso es todo.
Me rindo.
Cojo mi verdadero móvil y comienzo a caminar por la calle, llamo a Siwon para que
venga a recogerme.
CAPITULO 4
NOCHE INAUGURACIÓN DEL LUSSO (SEDUCCIÓN)
POV JONGIN ~ RINDIÉNDOSE POCO A POCO ~ SOLO MIO (6)
¿Pero qué carajos me está contando este hombre?
Sonrío para mis adentros cuando veo a su amigo rubio de Kyungsoo que se asoma
por detrás de él y abre los ojos de par en par al verme. Se acuerda de mí, y justo
cuando estoy a punto de librarme de ese pesado exasperante, él se gira y me mira
también. Sus ojos no solo se abren como platos, sino que están a punto de salírsele
de las órbitas. No tengo tiempo para deslumbrarlo con una sonrisa.
Se gira de prisa, claramente impactado por mi presencia. Eso no hace sino alimentar
mi determinación. Si de verdad le diera igual, no reaccionaría de esa manera.
Me dirijo hacia Kyung y leo los labios de su amigo. Le está diciendo que me estoy
acercando.
Llego junto ellos. Kyungsoo se resiste a voltearse. A su amigo parece hacerle mucha
gracia la situación, lo que significa que esta preciosidad ha estado hablándole de mí.
Mi seguridad en mí mismo, ya de por sí bastante elevada, se dispara.
Deja su copa vacía en la encimera y nos deja a solas. Se lo agradezco para mis
adentros.
Tras unos segundos de espera me doy cuenta que el muy cabezota no va a ceder, de
modo que lo rodeo hasta situarme delante de su exquisito rostro, La polla empieza a
palpitarme al instante.
— Uy, es verdad.
— Si me disculpas — dice, y hace ademán de marcharse.
— Esperaba que me enseñaras el edificio — espeto riendo para mis adentros ante mi
osadía. Me conozco este lugar al dedillo.
Esta vez no puedo contener la sonrisa, y siento una inmensa satisfacción al ver que
se revuelve incómodo. Seguro que le ha encantado mi bromita.
— ¡Y no toques mi música!
Se aparta.
— En absoluto — miente. Veo cómo se esfuerza por no llevarse la mano al pelo. Eso
lo delata — ¿No querías ver el apartamento?
Mi sonrisa se ensancha.
— Me encantaría.
— Salón.
Ya he visto el salón. Lo he visto todo un millón de veces, así que mantengo la vista
fija en el suave movimiento de sus caderas mientras me guía por mi nuevo hogar.
— La cocina ya la has visto — dice por encima del hombro, lo que me permite ver
momentáneamente sus exquisitos labios — Vistas — señala el paisaje de Seúl y
empieza a recorrer el espacio diáfano del salón en dirección al gimnasio.
— Gimnasio — anuncia.
Entra en la estancia y sale en cuanto mis pies cruzan el umbral. Me echo a reír y lo
sigo por la escalera hasta el piso de arriba. Me cuesta un mundo resistirme a la
tentación de cogerlo y arrastrarlo hasta un dormitorio. ¡Joder! quiero clavar los
dientes en ese redondo culo que se menea mientras asciende.
Tras abrir y cerrar todas las puertas de la planta superior y de escupir el nombre de
la estancia en sí, se dirige a la suite principal.
Mi dormitorio. Joder, ¿será consciente que acaba de meterse en la boca del lobo?
Lejos de aplacarse, mi feroz erección se intensifica.
— Eres un guía fantástico, Kyungsoo — digo mientras me planto delante de una obra
de arte bastante aburrida. Aunque esos botes de remos viejos y destartalados tienen
cierto encanto — ¿Te importaría explicarme de quién es esto?
— De Giuseppe Cavalli.
— Es muy buena. ¿Has escogido a este artista por alguna razón en particular?
Asiento con aire pensativo, impresionado y bastante intrigado, pero lo que más me
intriga es el hombre que tengo a mi lado, de modo que vuelvo a mirarlo mientras
prosigue.
— Estos botes de remos, por muy bonitos que sean, son solo botes. A él lo que le
interesaba era la luz que los rodeaba. Dota de interés a objetos inanimados, hace
que veas la fotografía con una perspectiva... Bueno, con una luz diferente, supongo.
Inclina la cabeza con aire pensativo, lo que hace resaltar su cuello largo y esbelto y
su piel nívea, tersa y perfecta.
¡Joder! en mi vida había visto a un hombre tan hermoso como él.
— Mentí. No puedo estar lejos de ti, así que vas a tener que verme una...y otra... y
otra vez — le digo de forma lenta para dejar clara mi intención. El ahoga un grito y
empieza a apartarse de mí. Esta vez no dejaré que se marche — Tu insistencia al
oponerte a esto solo alimenta mis ganas de demostrar que me deseas — le digo con
la mirada clavada en sus ojos — Se ha convertido en mi misión principal. Haré lo que
haga falta.
Y lo digo en serio.
— Para — ordena y lo hago, pero solo porque es evidente que está contrariado — Ni
siquiera me conoces — intenta convencerse desesperadamente que esto es una
locura. Y es verdad que lo es, a mí también me asusta, pero ya no hay vuelta atrás.
Agacha la cabeza.
— Ya me dijiste una vez que lo sentías, y aquí estás de nuevo. ¿Vas a mandarme
flores también mañana?
Dejo de acariciarle las mejillas y ahora soy yo el que agacha la cabeza. Soy un
auténtico imbécil, pero no estaría haciendo esto si no estuviera convencido que él
me desea. ¿Por qué es tan cabezota? No me deja elección. Debo recordárselo, debo
recordarle lo que sentimos. Levanto la cabeza y mis labios empiezan a descender
hacia los suyos. Tengo que ser muy delicado.
— ¿Has sentido esto alguna vez? — pregunto mientras lo aprieto contra mí y recorro
su mejilla con los labios en dirección a la oreja.
— Nunca.
Suspiro de alivio, atrapo el lóbulo de su oreja entre mis dientes y tiro ligeramente de
él.
Gimo e interrumpo a regañadientes para obtener una confirmación por parte de este
hermoso hombre.
— ¿Eso es un sí?
— Sí.
— Tómame.
Me niego a liberar sus labios cuando empieza a quitarme la chaqueta por los
hombros, de modo que retrocedo solo un poco para ayudarlo. Nada detendrá esto.
Una vez libre de la chaqueta del traje, lo empotro contra la pared con más fuerza de
la que pretendía, pero a él no parece importarle mi ímpetu y recibe mi frenesí
perfectamente.
Un pequeño grito escapa de sus labios. Me coge con fuerza del pelo, lo que me
provoca una sensación indescriptible. Agarro el botón su pantalón y lo desabrocho,
se lo deslizo hasta la mitad de sus suaves muslos y meneo la cadera contra él una
vez más. Le muerdo el labio inferior y me aparto, liberando mi aliento descontrolado
contra su rostro. Me aprieto de nuevo contra su cuerpo y me deleito en sus gemidos
de placer. Interrumpe el contacto visual y deja caer la cabeza hacia atrás. Su
garganta expuesta es una tentación demasiado difícil de resistir. Estoy perdido.
¡Joder!
— No voy a dejarte marchar ahora — digo con voz gutural, rogando para mis
adentros que no detenga esto.
— ¡No! — mi voz suena exigente, pero no puedo evitarlo. Mierda, ya sé que hay
gente pululando por aquí, y los detesto a todos por ello.
— Ya seguiremos después.
Lo miro con una sonrisa malévola. Recuerda mi osadía y me alegro de ver que sonríe
al hacerlo. Debería haberme llevado un buen guantazo por soltarle algo tan grosero
a un hombre tan exquisito.
— No tienes vergüenza.
Su sonrisa, seguida de una risa descarada, me pone la verga a punto de estallar... así
que se lo digo también.
— No. Me duele la polla desde el viernes pasado, y ahora que te tengo entre mis
brazos y que has entrado en razón no pienso moverme de aquí, y tú tampoco.
Cierro la bonita puerta de madera de mi bonito cuarto de baño nuevo de una patada,
lo coloco suavemente sobre el mármol que hay entre las dos pilas del lavabo y me
giro para cerrar el pestillo. Nada va a interrumpir esto.
Cuando me giro hacia él veo que me está mirando, y sus ojos soñadores color
chocolate arden de deseo. Joder, este hombre no puede ser real. Me llevo las manos
a la camisa y empiezo a desabrochármela lentamente mientras me acerco a él. Lo
hago sin prisa porque salta a la vista que está totalmente entregado. Está pasando.
Me dejo la camisa abierta y contengo el aliento mientras observo como recorre con
uno de sus dedos el centro de mi torso en dirección descendiente. Mis manos se
posan por impulso sobre su cintura y mi cuerpo se abre paso entre sus muslos.
— Ya no puedes huir.
— No deseo hacerlo.
— Bien — contesto y desciendo la mirada hacia sus labios mientras su dedo continúa
recorriendo mi torso, ascendiendo por mi pecho y por mi garganta hasta que
descansa ligeramente en mi labio inferior. Se lo muerdo y mi felicidad se multiplica
cuando me sonríe y hunde su mano en mi pelo.
— Gracias.
— Aunque es un poco restrictivo.
Tiro un trozo de tela juguetonamente y sonrió para mis adentros al notar que su
respiración se acelera.
— Lo es.
— ¿Te lo quitamos?
— Si quieres.
— Y es mucho mejor que cualquier prenda. Creo que será mejor que nos
deshagamos de esto.
Tiene que saber que ahora me tiene completamente a su merced. Lo levanto del
mueble, lo dejo en el suelo y le quito los pantalones y la camisa, dejando al
descubierto una imagen que he tenido grabada en la mente desde el martes. Lo
aparto a un lado con el pie y me deleito con su belleza unos instantes antes de
colocarlo de nuevo sobre el lavabo. La sensación de tenerlo ente mis brazos resulta
tan satisfactoria como su imagen. Quiero llevarlo en brazos a todas partes, tenerlo
siempre pegado a mí.
Y entonces, el pequeño seductor se inclina hacia atrás y se apoya sobre sus manos,
dejando sutilmente su pecho expuesto frente a mí. Lo miro a los ojos, levanto la
mano y le cubro toda la garganta con mi gran palma.
— Siento los fuertes latidos de tu corazón — parezco hechizado. Estoy hechizado. Me
cautiva por completo.
Poco a poco, deslizo la mano por su parte delantera y la dejo descansar suavemente
por su vientre plano. Lo miro a los ojos de nuevo, solo para comprobar que es real,
aunque siento su tacto perfectamente.
— Eres demasiado hermoso — afirmo con rotundidad — Creo que voy a quedarme
contigo.
Arquea la espalda. Sonrío y bajo la boca para lamerle el pezón. Le cubro el otro
pezón y se lo masajeó con suavidad mientras chupo la protuberancia con fuerza.
Está gimiendo. Su cuerpo se relaja y mi dolorosa erección traza deliciosos círculos
contra él.
— ¡Diablos! — grita.
Pego mis labios a los suyos y tomo su miembro. Ahogo un grito al notar como su
pene está duro y comienzo a masturbarlo rápidamente. Gime frenéticamente en mi
boca mientras empuja su cuerpo contra el mío. Siento su desesperación. Ya lo
conozco, un pensamiento absurdo, teniendo en cuenta el poco tiempo que he pasado
junto a él, pero en este momento es tan perfecto que sé que tengo que alargarlo,
debo hacer que dure para siempre.
— ¿Mejor?
Retiro la mano de su pene, sonrío al oírlo murmurar y le paso los dedos húmedos por
todo su labio inferior mientras nos miramos el uno al otro.
Y, cuando levanta las manos para acariciarme la cara, no puedo evitar girarme hacia
una de ellas y besárselo con afecto antes de fijar mi mirada en la suya de nuevo.
Su grito ahogado me desconcierta, hasta que me doy cuenta que alguien está
intentado entrar en el cuarto de baño. Le cubro la boca con la mano y sonrío ante su
sorpresa.
Kyungsoo abre los ojos todavía más, de modo que le suelto la boca, sustituyo la
mano por mis labios y lo exhorto a que se calle.
— No eres sucio. No digas tonterías o me veré obligado a darte unos azotes en ese
hermoso trasero que has pasado por todo mi baño.
Al instante soy consciente de mi error. Joder, ¿de verdad acabo de decir eso? Su
mirada confundida me lo confirma. No sé porque me preocupa. Ya sabe que soy
propietario de La Mansión, aunque crea que es un puto hotel. ¿Qué lo llevó a pensar
eso? Y ¿cómo mierda voy a decirle lo que es en realidad? No quiero manchar esto
con historias sórdidas.
— ¿Tu baño?
— Sí, es mi baño. Me gustaría que ese montón de extraños dejase de pasearse por
mi casa.
— ¿Vives aquí?
— Bueno, lo haré a partir de mañana. Oye, ¿toda esta mierda italiana vale de verdad
el precio tan caro que le han puesto a este apartamento?
No pretendía decir eso en absoluto. Me encanta toda la mierda italiana con la que ha
decorado todo esto.
Ahora solo estoy tomándole el pelo. Su irritación me pone aún más cachondo si cabe.
Enarca las cejas, pasmado, pero pronto frunce el ceño.
Sus manos ascienden hasta mis hombros y se aferran a ellos con vehemencia.
Se acabó. No puedo esperar más. Necesito llegar hasta el final con este hombre.
Nunca antes había deseado nada tanto en mi vida.
Lo levanto del mármol y arrastro su bóxer de un tirón por sus piernas. El momento
de ser delicado ha concluido. Lo dejo caer y vuelvo a colocarlo sobre el mueble. Le
agradezco mentalmente que haya tomado la iniciativa de comenzar a quitarme la
ropa. Su expresión de fascinación no me pasa desapercibida, como tampoco lo hace
la mueca que compone al verme la cicatriz. Lo último que quiero es que empiece a
hacerme preguntas al respecto, pero cuando me dispongo a desviar su atención de
la marca, él me quita la camisa y lo deja caer a un lado.
— Ya te compraré una nueva — dice como si tal cosa provocándome una sonrisa.
Me inclino hacia adelante, aterrizo sobre sus labios de nuevo y gruño al sentir como
sus manos me desabrochan los pantalones, aunque me aparto con una ceja
enarcada de extrañeza cuando me quita el cinturón rápidamente, lo que provoca que
emita un chasquido similar al de un látigo.
— ¿Vas a azotarme?
— Lo tendré en cuenta.
Me mira a los ojos fijamente mientras me desabrocha el pantalón. Cierro los ojos con
fuerza al sentir que su pequeña mano roza mi sólida erección. Santo cielo, me
sacudo de manera incontrolable, y rezo mirando al techo por mantener el control,
cosa que me resulta todavía más difícil cuando noto el inconfundible calor de su
lengua lamiéndome el centro del pecho.
— Kyungsoo, deberías saber que una vez que te posea, serás mío.
Me apresuro a quitarme la ropa que me queda puesta, tan hechizado por el cuerpo
desnudo que tengo delante como él. Creía que el pulso ya no se me podía acelerar
más... hasta que alarga la mano y empieza a acariciar la cabeza de mi miembro con
el pulgar.
— Mierda, Kyungsoo — lo agarro de las caderas. Pego de nuevo mis labios a los
suyos.
— ¿Estás listo? — murmuro preguntándome que voy a hacer si me dice que no, pero
su rápido asentimiento me pone en acción y, de un manotazo, lo aparto de mi
erección.
Esboza una mueca de dolor... Mierda, le he hecho daño, pero joder, la sensación es
maravillosa, nunca había sentido nada igual.
Me rodea la cintura con las piernas. Lo levanto un poco, lo apoyo contra la pared y
pego mi frente a la suya mientras le doy el tiempo que necesita para adaptarse.
Joder, sudo y jadeo como un perro mientras salgo de él suavemente, desesperado
por no provocarle rechazo. Entonces empujo hacia adelante, de manera controlada y
con sumo cuidado.
— ¿Crees que tienes espacio para más? — pregunto respirando trabajosamente al
tiempo que le ruego a Dios que me acepte. Alza su pecho y lo pega a mi tórax, un
mensaje silencioso, pero necesito que lo exprese con palabras — Kyungsoo, dime
que estás listo.
Entonces me retiro y lo penetro del todo embistiendo repetidas veces como un loco,
desesperado y sudando.
Sus gritos son como música para mis oídos. Lo estoy reclamando. Y él me lo permite.
Me deleito en sus repetidos alaridos de placer mientras siento como sus músculos se
aferran a mi miembro cuando tomo su boca de nuevo y nuestros cuerpos
empapados de sudor colisionan y resbalan. Es una sensación maravillosa.
— ¡Si! — me muerde.
Joder.
Y yo también.
— ¡Ahora!
Cojo una toalla de la estantería que hay junto al lavabo, la paso por debajo del grifo y
detesto la idea de refrescarme alejado de él.
Cuando me giro, veo que ha cerrado las piernas. Se siente incómodo. Frunciendo
ligeramente el ceño, se las abro de nuevo. No quiero que se sienta incómodo
conmigo, aunque sé que es algo ridículo, teniendo en cuenta mi reciente
comportamiento cuando estoy con él. Pero a pesar de todo sigue aquí.
— Mejor — murmuro. Coloco sus manos sobre mis hombros y le paso a
regañadientes la toalla por la piel para limpiarlo. Lo miro un momento. Sé que me
está observando — Quiero meterte en esa ducha y venerar cada centímetro de tu
cuerpo, pero con esto tendrá que bastar. Al menos por ahora — le doy un beso breve
y me apena tener que vestirlo — Venga, vamos a vestirte.
Me encanta que deje que lo vista yo, y me encanta que se le erice el vello y se
estremezca cuando no puedo resistirme a saborear su cuello una vez más. Más le
vale acostumbrarse a tener mis labios por todo su cuerpo, porque no pienso volver a
posarlos en ninguna otra parte, nunca más.
Buen chico.
Le dedico mi mejor sonrisa y él sacude la cabeza. No puedo creer que acabo de decir
eso tampoco.
— Estás perfecto.
Al sentir que se detiene, hago lo propio y me giro. Está nervioso. Su estado de dicha
ha desaparecido.
— Jongin, no puedes esperar que desfile por aquí agarrado de tu mano. No es justo.
Suéltame, por favor.
— A mí.
Con una mezcla y angustia, observo cómo Kyungsoo huye de mi para refugiarse en
brazos de una mujer con ropa chillona al pie de la escalera.
Bajo a toda velocidad, apenas incómodo por la ira que ha invadido mi cuerpo al ver
que esta mujer esté babeando sobre él, pero al acercarme, me relajo... un poco. Es
su colega. Joder, parece que no es de su tipo porque se me abalanza tan pronto me
tiene cerca. Pero sigo tenso, y ella sigue manoseando a mi Kyungsoo.
Mi Kyungsoo
LUHAN Y SEHUN
CAPITULO 5
EL PRIMER ENCUENTRO
LUHAN POV ~ ME ESTOY ENAMORANDO ~ SOLO MIO (14)
Veo al borrachín de mi amigo ser llevado fuera de la barra por Jongin y sonrío con
picardía.
— ¿Y cuál es?
Se acerca hacia delante y desliza su dedo por mi brazo haciéndome estremecer. Los
pensamientos de lo que Oh Sehun podría hacer con ese dedo hacen que mi
estómago se tuerza.
— ¿Enserio?
¡Maldito sea!
Y él lo sabe. Bastardo.
¡Oh mierda!
Puedo sentir que mi audacia es absorbida de mí. En toda mi vida ningún hombre me
ha reducido a un ser tan débil. Ningún hombre me ha hecho querer suplicar por él.
Hasta ahora. Me obligo a permanecer en la misma posición cuando veo que Sehun
cierra nuestras distancias poniendo sus labios a poca distancia para que los lama.
— Los dos sabemos que eres tú quien va a remediar mi pequeño asunto — siento
que su mano se aferra a la mía y la coloca en su entrepierna. Es dura. ¡Diablos! está
palpitando fuertemente en mi mano.
Mis ojos se ensanchan y él sonríe con esa sonrisa perversa mientras me maldigo por
no reaccionar ante su descaro y sentirme tan débil cuando estoy a su lado.
Realmente me siento tan molesto y por extraño que sea si no lo vuelvo a ver echaré
de menos esa sonrisa descarada. Quiero alargar este momento, ya que hacerme el
difícil no está funcionando y sé que tarde o temprano pasará.
Encuentro mi descaro perdido y me burlo en su cara, haciendo que sus cejas salten
por la sorprenda. Lo que me motiva para dejarle bien en claro mi posición.
¡Demonios!
— Nunca.
— Chico — me respira en la cara — Te comerás esas malditas palabras una vez que
haya terminado contigo — no me da la oportunidad de burlarme porque estrella su
boca en la mía y literalmente se come mis palabras él mismo. Le estoy pidiendo
silenciosamente a por más —¿En la tuya o en la mía?
— Mía
Localiza rápidamente mi boca y hunde su lengua con urgencia mientras sus manos
comienzan a recorrer todo mi cuerpo. Estamos gimiendo. Dejo caer mi bolso y le
agarro sus brazos clavándole mis uñas en la carne dura.
¡Oh Dios!
— Llaves — jadeo — Puerta.
Alza su mano a un lado de mi cabeza y agarra las llaves que están colgando en la
cerradura donde las he dejado abandonadas. Oigo el cambio mecánico y entramos
siendo una maraña de miembros agitados y lenguas entrelazadas.
¡No me jodas!
En serio sabe delicioso. Me ha fallado ser frío y la razón por la que estoy así es
jodidamente adorable pero no tengo intención de dar marcha atrás.
—- ¡Joder! sé que esto volverá a pasar, así que prepárate para que me ruegues.
— Ya te he dicho. Yo no ruego.
¿Por qué elijo molestarlo? es un misterio. Estoy más que listo para rogarle en este
momento, y eso que ni siquiera estamos desnudos. Entonces da un paso atrás, toma
el dobladillo de su camiseta y veo un brillo de lujuria en sus lindos ojos mientras se lo
quita. Me quitan el aliento mientras mis encantados ojos vagan lentamente por su
torso desnudo.
¡Maldito seas!
Sería tonto si intento fingir que no me afecta porque no estoy jodidamente ciego.
— ¡Oye! – me grita.
— Dos minutos — confirma — Si no sales en dos minutos voy a tirar esta puerta.
Dirijo mis ojos hacia la persistente presencia de su voz tranquila y sé que va muy en
serio. Se me está acabando el tiempo así que me armo de valor, me calmo y mojo mi
rostro caliente.
Clavo mis ojos hacia la puerta preso del pánico, deshaciendo por completo el valor
que he conseguido en los últimos sesenta segundos, lo cual no era mucho.
—Treinta segundos.
— ¡Está bien! — grito y mi rostro se pone rojo pero esta vez es de cólera e irritación
y no por la lujuria que me causa este hombre. Me acomodo bien mi ropa y llego a la
conclusión que quedarme más tiempo en este baño no solucionará nada.
Abro la puerta y veo que no está allí. Frunzo el ceño y saco mi cabeza por la puerta
mirando por el pasillo y veo que su espalda desnuda desaparece en una habitación.
— ¡Oye, sal de ahí! – le grito mientras corro detrás de él y lo escucho reír entre
dientes. Llego a la habitación de Kyungsoo y lo encuentro hurgando en el cajón
superior de su cómoda — ¡Sehun!
Me incita dándome una mirada traviesa por encima de su hombro como diciendo no
te decepcionaras. Salgo y veo la larga longitud del pedazo de tela que está
arrastrando por el piso detrás de él y justo cuando estoy a punto de agarrarlo, se
gira y me lanza la bufanda sobre la cabeza para que rodee mi cuello usando los dos
extremos como ventaja para tirar de mi hacia su cuerpo desnudo.
¡Dios mío!
Jadeo mientras las palmas de mis manos impactan contra su duro pecho desnudo
evitando que mi frente se estrelle contra la suya. El calor que emana de su pecho
arde deliciosamente en mis palmas, haciéndome estremecer y querer
arrancármelas.
Tira más fuerte de la bufanda, dejando que nos sea imposible mantener una
distancia prudente y estemos nariz con nariz. Sus ojos brillan intensamente y me
miran fijamente, sus labios jodidamente seductores me sonríen. Estoy jodido.
— Sí — miento. Mi valentía se fue por el agujero del lavadero, junto con mi descaro y
la confianza.
— Claro — susurra y retrocede sin dejarme más remedio que seguirlo — ¿Dormitorio,
cocina o sofá? No me molesta en absoluto el lugar donde te voy a follar, pero dejaré
que tengas esta última opción.
— ¿Última?
— Ten por seguro que seré lo mejor que has tenido — me roba un beso hambriento,
cegándome con la dura posesión de su exorbitante lengua — Y estarás pidiendo más.
— Chico provocador — me dice, se separa de mis labios y me doy cuenta que hemos
llegado a la puerta de mi dormitorio. No puedo dejar de mirarlo, este hombre me ha
desarmado. Me da una mirada desafiante — Veamos si podemos callar esa boca
testaruda.
Me quita la bufanda del cuello y la tela hace que me queme la piel. En un abrir y
cerrar de ojos me arranca la camisa y me baja los pantalones de mis blancas piernas
quedándome solo en bóxer. Ni siquiera lo detengo.
Este hombre me ha dejado sin aliento y desesperado, que son dos cosas que no me
han sucedido desde mi relación con Minseok, pero borro esos pensamientos de mi
mente porque nada bueno me traerá. Me resulta bastante fácil porque cuando los
ojos cautivadores de Sehun cae a mi blanquecino pecho desnudo, sonríe, lamiéndose
los labios y me sorprende pellizcando uno de mis pezones rosados entre sus dedos.
Se me está haciendo difícil respirar. Trago saliva cuando el placentero dolor se
dispara hacia mi entrepierna y golpea en mi ingle. Me mojo en el acto
—- Luhan, todo bastante tranquilo allí — se burla, y me da una mirada traviesa —
¿Nada que decir?
— Joder.
Me empuja suavemente sobre la cama y se arrastra por mi cuerpo. Toma mis manos
en una de las suyas y las sujeta por encima de mi cabeza. La bufanda hace su
aparición al instante y tenso los hombros.
— ¡Oh no!
— Oh, sí — gruñe.
Comienza a atar mis manos a una de las barras de mi cabecera con la bufanda. Miro
en dirección a mis manos y observo el trabajo experto, y me doy cuenta que estoy
en un gran problema.
Este hombre me está volviendo loco y hago todo lo posible para que me suelte.
Comienza a tirar de mi bóxer por mis muslos y doy patadas como loco gritándole que
me suelte.
— Algo me dice que te gusta tener el control — me dice con picardía, tirando al piso
mi ropa interior y poniéndose de rodillas — ¿Tomas la píldora?
— Vete a la mierda.
— ¿Estás limpio?
— Creo que acabamos de tener nuestra primera súplica — gira los dedos con
precisión, haciéndome gritar por misericordia —Y otra — gruñe, rozando su boca
contra la mía. Lo beso desesperadamente. Toda la pelea me ha dado mucho placer y
esto es solo el comienzo —Fóllame, Luhan — susurra — Estoy limpio.
¡Joder!
Con un rápido movimiento retira sus dedos y con cuidado me penetra moviendo sus
caderas y empuja hacia adelante con un rugido áspero. Pone ambas manos a cada
lado de mi cabeza y levanta su pecho bien definido y duro. Si pudiera encontrar mis
sentidos seguro estaría lamiéndole ese cuerpo apetecible, pero se retira rápido y
vuelve a entrar, jodidamente profundo. Deja caer la barbilla a su pecho y gime de
puro placer. Su cabello cae hacia delante y el deseo de querer tocarlo mientras me
penetra es abrumador, pero tengo las manos atadas.
— ¡Desátame! — grito mientras me penetra profundo moviendo sus estrechas
caderas.
— No-oh — jadea, dejándome mareado con su puta sonrisa — Mi juego, mis reglas, y
digo que permanecerás a mi merced
¡Pum!
Permanece mirándome fijamente, empujando sus caderas una y otra vez mientras
las gotas de sudor que brota de su frente por el esfuerzo caen por su lindo rostro.
— ¡Mierda, Sehun!
— ¡Sí!
— Cállate, Luhan.
Espeta, poniéndose de rodillas, definiendo cada apretado músculo de su torso y tira
la parte inferior de mi cuerpo y lo pone en su regazo. Agarra mi pene y comienza a
masturbarlo mientras me penetra otra vez en un rugido ensordecedor.
— Oh Dios.
Estoy a punto.
Está viniendo.
El propio rugido de Sehun, seguido por unas sacudidas salvajes de sus temblorosas
caderas, indica su propio clímax y se deja caer sobre mi cuerpo, bajando conmigo
para que todavía esté aferrado dentro de mí, haciendo círculos profundos y
deliciosamente apaciguando cada pequeño placer de nosotros. Estamos sucios,
agitados y sudados. Los dos estamos sin palabras.
Pasa una eternidad respirando pesadamente hasta que desliza su rostro hacia mi
mejilla, lamiendo a medida que avanza, buscándome la boca y besándome con
demasiada ternura, teniendo en cuenta en lo que acabamos de participar juntos.
Duro, rápido, jodidamente furioso.
— Hola, bebé — mis ojos luchan contra el brutal asalto de la luz del día y comienzan
a enfocarse, rápidamente amando las vistas de él mirando hacia mi pecho,
claramente le gusta lo que ve. No me disgusta tampoco lo que veo, está con un
entallado bóxer transparente. Empiezo a endurecerme.
Sonríe, haciendo que mi polla se sacuda aún más y mi corazón explote con amor.
— Hola — se oye perfecto también, y en un desesperado intento por poner mis
manos sobre él, muevo mis brazos.
¡Qué mierda!
Su tono rebosa seguridad y serenidad. Pero ser recibido por su hermosa boca
lanzando tan vulgar lenguaje, especialmente en el momento en que despierto,
instantáneamente calienta mi sangre.
—¡Esa boca! — doy golpes, tiro de mis muñecas mientras miro la cabecera, mis ojos
casi se salen de mi cabeza.
— No, y hay dos pares. Estoy seguro que te has dado cuenta. Bien, como estaba
diciendo, he inventado un nuevo tipo de polvo, y ¿adivina qué?
Estoy siendo sometido a mi propio juego, excepto que él tiene un motivo. Lo puedo
ver en el borde de sus determinados ojos color chocolate. ¿Qué está tramando? No lo
sé, pero tengo el presentimiento que no va a gustarme nada. Mierda ya no me gusta.
Sus delicadas palmas tocan mi pecho, y observo mientras acerca su exquisito rostro.
Estoy luchando por mantener mi respiración regular. ¡Joder, me estoy esforzando
solo por respirar!
Roza sus labios sobre los míos, y aunque esa pregunta me dice lo que necesito saber
y estoy sorprendido por eso, no puedo evitar distraerme de la claridad de mi
situación al sentir sus labios sobre los míos. Ese pequeño jodido descarado.
Entonces se retira y comienzo a enfadarme. Oh, esto se va a poner muy feo. Sé lo
terco que puede llegar a ser.
Con las manos sujetadas, trato de levantar mi cabeza para mantener sus labios en
los míos, sabiendo que, si pongo algo de atención a su boca, podría salir bien librado
de esta situación. Le doy una mirada asesina cuando él se niega.
— Treinta y tres.
Casi me ahogo con un gemido cuando se frota contra mí. Estoy en problemas, y más
cuando comienza a morderme y lamerme mi piel.
— Dime la verdad.
— ¿Por qué?
No tengo la mínima jodida idea de qué decir. Sé que me veo bien, sé que no se
puede controlar así mismo cuando está conmigo, y sé que lo vuelvo loco de lujuria.
— No.
— ¡Joder! — tiro mis manos y giro mis caderas en círculos un poco, pero sin ningún
propósito. Estoy jodido — ¡Quítame las esposas, Kyungsoo!
— ¡No!
Soy un bastardo hipócrita, pero en serio no me gusta nada hacia dónde está yendo
esto. ¡Joder, necesito tocarlo!
— No creo que estés en posición de decirme lo que tengo o no tengo que hacer —
está tan calmado que me congelo… y me preocupo más — ¿Vas a dejar de ser
imposible y me lo vas a decir?
— ¡No!
— Muy bien.
Se deja caer sobre mi pecho y sigue presionando mi dura erección, toma mis mejillas
en sus manos, estudiándome por unos momentos. Después baja sus labios. Podría
llorar, sobre todo cuando suelta ese gemido de placer que nunca falla en hacerme
sonreír internamente y mi polla se endurece al punto de querer explotar. Mi lengua
sale de mi boca para buscar la suya, pero él se va. Gruño. Debería saber mejor lo
que significa hacerme esto.
Mi ansiedad no disminuye cuando se quita de mis caderas y le da un lametón a mi
dolorido pene.
— ¡No, Kyungsoo, no! ¡Te juro por Dios que...! — hundo mi cabeza en la cama en
total desesperación, mi mente comienza frenéticamente a pensar en formas de
detener esto. Lo más fácil sería el de simplemente decirle, pero ¿qué tal si se detiene
y lo piensa por un momento? Tendré cincuenta cuando él tenga solo treinta y nueve.
¿Y qué pasa con los hijos? Pensará que soy muy viejo para ser papá. ¡Tonterías! —
¡No puedes hacerme esto! ¡Joder!
— ¡Caramba!
Realmente va a hacer esto. Maldita sea, ese es mi jodido trabajo. Esa cosa no puede
hacerle sentir lo mismo que yo. Mantengo mis ojos cerrados, no puedo mirar.
Yo tengo el poder, me digo a mí mismo, como un jodido idiota maníaco del control.
— De eso, nada.
Su dulce pregunta me hace reír un poco. Lo estoy haciendo enojar, ¡qué bien!
— ¿No soy tu dios cabezota?
Pero inmediatamente dejo de reír como un idiota cuando veo que comienza a
bajarse el bóxer por las piernas, revelando los suaves rizos en la cima de sus muslos.
Mi corazón se acelera aún más, mi cuerpo se baña en sudor mientras ella se pone de
rodillas.
Debería de cerrar mis ojos y no darle la satisfacción de dejarle ver que me está
volviendo loco, pero no puedo apartar mi ambiciosa mirada de la belleza delante de
mí, rezumando jodido poder.
— Kyungsoo, quítame las esposas para que pueda follarte hasta hacerte ver las
estrellas.
De repente siento sus labios sobre mi estómago, yendo hacia arriba sobre mi cuerpo
hasta que llega a mi boca. No puedo más. Nada podrá detenerme en responder a
esos labios, ni siquiera mi incesante furia a su atrevimiento. Lo beso, gimiendo
cuando me provoca deslizando su cuerpo sobre mi palpitante polla.
— Dímelo.
Niego con la cabeza, pero ahora más de desolación que por terquedad. No voy a
decir nada que me haga arriesgar a perderlo otra vez. Nada, no puedo pasar por eso
otra vez. No puedo estar ni un minuto sin él.
— Suelta eso — sueno mortal y me siento letal, no es que haya mucha diferencia. Mi
chico es valiente — ¡Kyungsoo que lo apagues! — las vibraciones llegan a mis oídos
mientras lo observo bajar esa cosa hacia ese lugar especial- mi lugar — ¡Por Dios! —
no puedo soportarlo.
¿Debería decirle? ¡Mierda! No puedo detenerlo si huye. Podrá decir que no importa, y
tal vez no lo hará por ahora, pero ¿qué tal en algunos años? ¿Qué tal si para ese
entonces decide que soy demasiado viejo? Nunca me voy a descuidar, nunca caeré
en el reino donde los hombres tienen tetas o el culo flácido, de ninguna jodida
manera. ¿Entonces cuál es el problema?
— Ay, Diossss…
— Mmm.
— ¡Tengo treinta y siete años! ¡Joder, hombre! ¡Tengo treinta y siete años!
Mierda ¿y si huye?
Observo como el vibrador cae sobre la cama, haciendo una nota mental en donde
aterriza así puedo destruir al impostor una vez que me libere.
— Quítame... las... putas... esposas — le lanzo una mirada asesina, sin disfrutar de la
preocupación que se le dibuja en la cara. No quiero que desconfíe de mí, pero, joder,
me siento estúpidamente peligroso.
La calidez de sus palmas encuentra mis muslos y veo como lentamente trepa por mi
cuerpo, poniendo sus labios sobre los míos y pasa sus manos en mi cabello, se siente
tan bien, pero no puedo desaparecer mi creciente ira. ¿Qué diablos me está
pasando?
Me odio a mí mismo por el simple hecho de asustarlo, pero estoy muy seguro que no
está tan asustado como yo ahora mismo. Estoy furioso con él por ser tan astuto, y
mucho más enojado conmigo mismo por dejarlo ganar este juego.
— Quítamelas.
No sé porque he dicho esas cosas; no me estoy haciendo ningún favor. Ahora no solo
soy viejo si no también loco.
Estoy sorprendido por su fachada, pero aún más sorprendido por mí continua
arrogancia. No estoy en posición de lanzar esas declaraciones por ahí y su rostro
horrorizado lo confirma.
— ¡ Kyungsoo, te lo advierto!
— Estás obsesionado con controlarlo todo —grita, y me retuerzo un poco más, solo
para tener algo que hacer más que decir mierda estúpida — Voy a darme una ducha.
La puerta del baño se cierra de golpe, y estoy solo a punto de estallar de ira e
incertidumbre. Puedo oír la ducha, un pequeño gemido se me escapa al pensar en él
frotando el jabón por todo su perfecto y bien formado cuerpo. Estoy siendo torturado
con cada sonido. Tengo problemas mentales. Malditamente grandes problemas
mentales. Él me ama, lo sé con certeza, pero hay tantas cosas que pueden hacerle
cambiar de idea, otra mierda más importante que mi jodida edad.
Después de estar acostado en la cama por una eternidad atado y mi mente va a mil,
por fin oigo la puerta abrirse y levanto la mirada para observarlo deambulando en el
cuarto con solo una toalla puesta.
Cuando ha terminado luce más hermoso que nunca, si eso es posible, comienza a
deambular y yo suspiro, aceptando su beso y temblando cuando siento su preciosa
palma sobre mi dolorosa erección. El contacto me convierte de nuevo en un loco.
Estoy goteando en instantes, y se va, mi ánimo se levanta cuando lo veo tomar algo
de la cómoda. ¿Será la llave?
La esperanza me invade, todo mi cuerpo se relaja cuando libera una mano, la sangre
se drena por completo, y me la ha dejado flácida y débil… y con mucho maldito
dolor. No seré capaz de hacer un coño porque mis jodidas manos no funcionan. Pone
la llave en la mesa cerca de la cama, observo el plateado objeto con el ceño
fruncido, y después miro a mi desafiante seductor, que nunca había sido más
merecedor de su apodo.
— ¿Porqué?
Me quedo callado por unos momentos, mi polla está por explotar, y entonces suelto
un rugido, que deja al jodido rey de la selva en vergüenza.
¡Mierda!
CAPITULO 7
LOS LATIGAZOS
POV JONGIN ~ ¿POR QUÉ? ~ MI OBSESIÓN (24)
No siento el dolor del látigo. Cuando el cuero impacta contra mi piel no me escuece
ni me aguijonea. El único dolor que siento está en mi corazón. Es la terrible angustia
ante el fracaso por no haber logrado proteger lo único que me importa en esta vida.
La bebida habría aliviado esta tortura, pero también habría causado más dolor… y
más fracaso.
Este sentimiento de culpa apenas me deja respirar. Soy incapaz de enfrentarme a
mis errores… Han sido tantos… y todos pueden provocar que mi hermoso chico se
aleje de mí.
Sé que Taemin está disfrutando esto. Vi la chispa de satisfacción en sus ojos cuando
se acercaba a mí y me ponía una botella de vodka delante de las narices. Olía el
olvido y la huida que me aportaría esa botella, pero también los remordimientos que
vendrían después.
Castigarme es mi única opción. Kyungsoo ya ha sufrido bastante conmigo. Y hay más
cosas que aún no sabe. Por eso me ha resultado tan fácil soltar la botella, quitarme
la camiseta y ponerme de rodillas. Me ofrece la oportunidad de rezar, también.
Incluso a pesar de mi estado de trance, sé que esto no será suficiente, pero no sé
qué otra cosa hacer. No sé qué hacer para mejorar las cosas, para volverme digno de
su amor milagrosamente.
Puede que ya no haya esperanzas para mí. Puede que siempre acabe jodiendo todo
lo bueno que entra en mi vida. Tal vez ésta sea mi penitencia, tal vez dios me esté
proporcionando una breve muestra de cómo podría ser mi vida, tal vez me esté
diciendo que voy a cagarla y que me quedaré más vacío y perdido de lo que ya
estaba.
O puede que algún día consiga que algo vaya bien.
Creo que oigo voces. ¿O estoy soñando?
Arqueo la espalda y echo la cabeza atrás al sentir el cuero contra mi piel de nuevo.
He perdido la capacidad de hablar o de emitir cualquier tipo de sonido. De modo que
¿qué es lo que oigo? Apenas tardo un segundo en darme cuenta. Es un grito sonoro.
Y parece aterrado
Es mi ángel.
Levanto la cabeza y veo a Kyungsoo forcejeando con Siwon. Está chillando,
pataleando y golpeándolo.
— ¿Kyungsoo?
Nada más articular a duras penas esa palabra mi corazón se inunda de felicidad. El
solo sonido de su nombre hace que me olvide de todo el dolor. Pero no ahora. Él se
detiene al oír mi leve gruñido y se vuelve hacia mí. La preocupación y el dolor que
refleja su rostro me destroza por dentro. Está aquí. ¿Cómo es posible?
Grita de nuevo y mis músculos muertos cobran vida. Necesito llegar hasta él
desesperadamente. Pero mi cuerpo no responde.
Me tiemblan las piernas y mi mente sigue parcialmente nublada. Me examina de
arriba abajo y, de inmediato, se dobla sobre sí mismo y cae al suelo a los pies de
Siwon.
— ¿Kyungsoo?
Por fin convenzo a mis piernas para que colaboren y me permitan ponerme de pie.
Joder, me siento más ebrio como si me hubiera bebido tres botellas de vodka. Espero
que esto no sea más que una pesadilla, pero cuando sacudo la cabeza y consigo
centrarme, mi corazón se tranquiliza un poco. Está sollozando, y sus ojos me miran
con la más absoluta angustia.
— ¡No, no, no! — empiezo a correr, pero algo me detiene. Tardo unos instantes
desesperados en ser consciente de lo que está pasando — ¡Suéltame! — empujo a
Taemin y corro hacia mi chico — Kyungsoo, bebé. ¿Qué estás haciendo aquí?
Me dejo caer al suelo junto a él, y le agarro la cara para buscar su mirada.
Cuando lo encuentro, lo que veo me destroza: más dolor. Un dolor que se intensifica
cuanto más me acerco y cuanto más lo miro.
Él rechaza mi abrazo y me obliga a soltarlo. El pánico se apodera de mí.
— ¡Kyungsoo, por favor! — aparta a Siwon de su camino y desaparece por la puerta.
Al verlo huir de nuevo de mí, las fuerzas parecen regresar a mi cuerpo y me pongo
de pie.
¡Mierda!
Siwon se vuelve en mi dirección con una expresión de preocupación, calculando cuál
va a ser mi próximo movimiento. Sabe que no hace falta que me pregunte. Su
enorme cuerpo se dirige hacia el pasillo seguido de mí.
No siento las piernas, pero sé que se están moviendo de prisa. Veo cómo su espalda
desaparece en el baño y corro tras él. Siwon me acompaña. El sonido que me recibe
me perfora el corazón. Está vomitando.
— ¡Kyungsoo! — debería convencerlo con delicadeza para que salga del retrete, pero
mis temores aumentan a cada segundo que pasa. Golpeo la puerta — ¡Kyungsoo,
abre la puerta! — oigo movimiento, pero no abre.
— ¡Por favor! — Apoyo la cabeza contra la puerta con las manos y el pecho pegados
a la madera. Como si así estuviese algo más cerca de él —- Kyungsoo, abre, por
favor.
Nada
— ¿Quién lo ha dejado entrar? — golpeo la puerta con furia sin pretenderlo — ¡Joder!
¡Quién mierda lo ha dejado entrar?
— Jongin, yo no lo dejé entrar. Jamás haría eso — Siwon me pone una mano en el
hombro que no tengo magullado y me lo frota trazando círculos. No necesito mirarlo
a la cara para saber que es sincero.
Los dos nos volvemos hacia la puerta al oír entrar a Luhan. La mirada en su bonito
rostro oscila entre ambos.
— ¿Qué está pasando? ¡Joder! Jongin, ¿qué le ha pasado a tu espalda?
— ¡Nada! — bramo.
Mierda, mierda.
No quiero que todo el mundo se entere de mi vida y de mis cagadas.
— A mí no me hables así. ¿Dónde está Kyungsoo? ¿Qué está pasando? ¿Kyungsoo?
Su hostilidad me coge por sorpresa, pero no estoy en posición de decirle nada.
Merezco mucho más que una reprimenda del mejor amigo de Kyung. Me acerco a él
frente a la puerta.
— Está ahí dentro y no quiere salir. ¿Kyungsoo? Luhan, por favor, hazlo salir.
Golpeo la puerta de nuevo en vano. Muy a mi pesar, sé que no saldrá mientras yo
esté aquí.
— Está bien, pero explícame qué hace ahí encerrado y por qué estás sangrando por
todas partes.
El amigo de Kyung me hace una pregunta tan directa que no puedo eludirla.
— Kyungsoo ha visto algo que no debería haber visto — contesto sin concretar, y
Luhan enarca una ceja confirmando que eso ya lo sabe — Está fuera de sí. Tengo
que verlo.
Mi pánico aumenta cada segundo que me impide llegar hasta él.
— ¡Ay de ti como le hayas hecho algo, Jongin! — grita — ¿Kungsoo?
— ¡No! ¡No es nada de eso!
Me llevo la mano al pelo y me doy un tirón. ¿Qué mierda voy a hacer?
— ¿Qué ha sido entonces? Está ahí dentro vomitando. ¿Kyungsoo? — Luhan empieza
a golpear la puerta suavemente — Kyungsoo, vamos. Abre la puerta.
— ¡Kyungsoo! — grito. Echaré la puerta abajo si hace falta.
— Jongin, vete de aquí.
— ¡No!
— No va a salir contigo aquí. Siwon, llévatelo de aquí.
— ¡Jongin! — Siwon empieza a tirarme del brazo, su rugido es más suave de lo
habitual, pero tiene un tinte de <no me jodas>.
Puedo ser bastante desagradable cuando quiero, pero he visto actuar a Siwon y,
aunque sé que hace un trabajo muy duro, no tengo la fuerza física necesaria para
superarlo. Me aplastaría con el pulgar.
— Vamos a ver si te espabilas un poco, pedazo de estúpido.
A regañadientes, dejo que Siwon me saque del baño con la esperanza que mi
ausencia lo anime a salir. Le lanzo a Luhan una mirada de súplica, lo que sea con tal
que entienda mi agitación. Sé que nunca lo entenderá, pero lo peor de todo es que
sé que Kyungsoo tampoco lo hará.
Siwon me arrastra de vuelta a mi despacho. Percibo las miradas de los socios. Los
hombres posiblemente se regocijen al verme en este lamentable estado a causa de
un hombre; probablemente piensen que por fin he obtenido mi merecido después de
todos estos años. Y tienen razón. Las mujeres seguramente se mueran por
reconfortarme, por distraerme de mis pensamientos. No funcionará.
Si pierdo a este hombre, sólo habrá una cosa que alivie mi dolor. Y estoy más que
preparado para hacerlo.
Siwon me suelta tras cerrar la puerta de mi despacho. Estoy de pie delante de su
enorme complexión, y acepto la reprimenda que me merezco.
— ¡Eres un pedazo de imbécil! — su rugido atronador me obliga a retroceder un paso
— ¡De todas las putas estupideces que has hecho, ésta se lleva la palma! — me
golpea en el hombro con el dedo, ligeramente, pero es suficiente para hacer que me
tambalee — Te dije que te alejaras de la puta bebida, pero no para que la
sustituyeses por un puto látigo! — levanto la vista y observo cómo se quita los
lentes, algo que solo hace cuando quiere que alguien vea lo cabreado que está. Y
está muy cabreado. Me señala con las lentes — Tú eres tu peor enemigo, Jongin.
— Lo sé — coincido en voz baja. No tengo excusa, lo que he hecho es inaceptable.
Pero voy a intentar defenderme de todos modos.
La cabeza de Sehun aparece por la puerta y nos interrumpe. Se disculpa por la
intromisión con una sonrisa nerviosa y desaparece de nuevo en silencio.
Siwon centra otra vez su atención en el despojo humano que tiene delante: yo.
— Te dije que te pusieras la camisa. ¡Te dije que volvieras con tu chico y que
arreglaras las cosas, no que te regodeases en tu puta autocompasión y que te
unieses a Taemin en su estúpida mierda sádica! ¡Compórtate como un hombre de
una maldita vez, pedazo de imbécil! — levanta los brazos con frustración — ¡Y ni se
te ocurra poner en duda mi seguridad!
— Entonces, ¿cómo mierda ha entrado? — grito.
Las palabras de Siwon acaban de recordarme ese pequeño misterio.
— No tengo ni puta idea, pero lo voy a averiguar, puedes estar seguro de ello.
Me dispongo a gritar un poco más, pero de repente, mi mente atormentada asimila
la breve visita de Sehun a mi despacho.
— ¡Joder! — exclamo, y salgo corriendo hacia el pasillo por un motivo.
Atravieso como rayo La Mansión y me detengo en la puerta del baño al verlo ahí de
pie, mirándome, como si esperara mi llegada. Nuestros ojos intercambian una
silenciosa comprensión mientras nos estudiamos el uno al otro. Luhan permanece
callado a un lado. Sin pensar que podría rechazarme, me acerco a él y lo cojo en
brazos. Salgo corriendo del servicio, me dirijo hacia mi despacho con Kyungsoo a
salvo en mi poder y siento un tremendo consuelo. No hay palabras para describirlo y,
en este momento, soy consciente que todo lo que diga a partir de ahora tiene que
tener peso. Yo haré que tenga peso.
Cierro la puerta del despacho con el pie y me siento en el sillón, abrazándolo con
fuerza, intentando no estremecerme al sentir el contacto del cuero contra la carne
viva de mi espalda. La insensibilidad está desapareciendo, sustituida por un dolor
punzante en sintonía con el lento ritmo de mis latidos. Mi rostro busca por instinto la
suave piel de su cuello, y encuentro algo de consuelo en la esencia de su cabello.
Sus lágrimas, por el contrario, no me reconfortan.
— Por favor, no llores. Me está matando.
— ¿Por qué? — su suave pregunta alcanza mis oídos y me coge por sorpresa.
Debería habérmela esperado, y requiere una respuesta inmediata.
—-Te prometí que no bebería — respondo débilmente.
Tal vez esté reuniendo el valor suficiente para proporcionarle las respuestas que
quiere y que necesita, para decirle la mierda de hombre que soy.
Rezo mentalmente a Dios para que me perdone.
— ¿Querías beber?
— Quería evitarlo.
— Mírame –dice con aspereza, pero no puedo mirarlo a la cara. No puedo aliviar el
dolor que le he causado — ¡Maldita sea, Jongin, mírame! — se está moviendo,
intentando obligarme a salir del lugar en el que me he escondido como un cobarde.
Mi silbido de dolor lo detiene — Tres — su voz tranquila hace que me ponga rígido.
Eso y la palabra me obligará a responder mucho más a prisa de lo que me gustaría.
Necesito ordenar mis pensamientos y escoger bien las frases que estoy a punto de
pronunciar. Está utilizando mi propia técnica de manipulación contra mí.
— Dos.
— ¿Qué pasa si llegas a cero? — ya sé cuál es la respuesta.
— Me largo.
Levanto la cabeza al instante. Su confirmación me duele mucho más de lo que
pensaba.
— Por favor, no lo hagas. No me dejes
Agacha la cabeza. Todo su resentimiento parece desaparecer con mis palabras. No
pretendía hacer que se sintiera culpable. Se sienta a horcajadas sobre mí y me
abraza con sumo cuidado.
— ¿Qué querías evitar?
— Herirte.
— No lo entiendo. Habría preferido que hubieras bebido.
— No, no lo habrías preferido — no puedo evitar esbozar una sonrisa irónica. No
tiene ni idea de lo que está diciendo.
Se sienta, decidido a mírame a los ojos. Esta vez no puedo negarme.
— Preferiría verte con media destilería de vodka en el cuerpo a presenciar lo que
acabo de ver.
Agacho la cabeza, avergonzado.
— Créeme Kyungsoo, no lo habrías preferido.
— Te digo que sí. ¿Cómo quieres que confíe en ti de este modo? Jongin, me siento
traicionado.
De repente, se levanta de mi regazo. Dejar de sentir sus suaves curvas contra mi
dura musculatura se me hace insoportable.
Intento que vuelva, pero su rechazo me parte el corazón.
— No voy a marcharme — su tono gélido hace que aparte las manos, desconcertado.
Comienza a pasearse por el despacho. Su típico gesto de golpetearse el diente
mientras cavila, que normalmente me encanta, no me tranquiliza en absoluto. Me
hundo más todavía cuando veo que se sienta en el sofá que está delante de mí,
dejando claro que no quiere que lo toque. Empiezo a formar palabras en mi mente,
palabras de explicación o que hagan que se sienta mejor, pero todavía no están
ordenadas. No sé por dónde empezar. No puedo hacer nada más que observar cómo
suspira y empieza a frotarse las sienes en círculos. Quiero hacerlo yo. Quiero hacer lo
que haga falta para hacer que se sienta mejor.
— ¿Hay algo que deba saber? — pregunta observando atentamente mi reacción a su
pregunta inesperada.
Intento que no note que me pondo tenso.
— ¿Cómo qué?
La mirada de disgusto en su rostro era de esperar.
— No lo sé, dímelo tú — levanta los brazos, exasperado — ¿Por qué mierda iba a
preferir esto a verte borracho?
Aprieto los dientes y me inclino hacia adelante para reducir así el espacio que nos
separa. Apoyo los codos sobre mis rodillas e imito su intento de aliviar el dolor de
cabeza masajeándome las sienes también.
— Para mí, la bebida y el sexo van de la mano — empiezo a pronunciar las palabras
que marcan el comienzo de la revelación de mis secretos.
— ¿Y eso qué quiere decir?
— Kyungsoo, heredé La Mansión con veintiún años. ¿Te imaginas lo que siente un
joven que de pronto se ve con este lugar y con un montón de mujeres y hombres
dispuestos a satisfacerlo?
Jamás me había avergonzado tanto de mi proceder egoísta.
— ¿Te refieres a las incursiones sexuales? — susurra con cautela. Está empezando a
comprender la situación.
— Sí, a las incursiones, pero todo eso ha quedado atrás — me inclino más hacia
adelante — Ahora en mi vida solo estás tú.
Necesito que lo sepa. Tal vez así asimile mejor el resto.
— ¿Bebías y follabas?
— Si, la bebida y el sexo van de la mano. Ven aquí, por favor.
No lo hace.
— Entonces, ¿no has bebido porque habrías querido follar?
— No me fio de mí mismo cuando bebo, Kyungsoo.
— Porque crees que saltarás sobre la persona que tengas más a mano.
Otra risa irónica escapa de mis labios.
— No lo creo. No te haría algo así.
Debería apuñalarme a mí mismo por mi poca vergüenza y ahorrarle tener que
soportar a este pedazo de estúpido por más tiempo.
Enarca las cejas.
— ¿No lo crees?
— Es un riesgo que no voy a correr, Kyungsoo — <otra vez>, añado para mis
adentros — Bebo demasiado. Pierdo la razón y las mujeres y hombres se abalanzan
sobre mí dispuestos a todo. Ya lo has visto.
— ¡No parecías en condiciones de hacer nada el viernes de la semana pasada! —
grita con incredulidad.
— Sí, ése no es mi nivel normal de embriaguez, Kyungsoo. Quería olvidar.
Joder. ¿Cómo mierda voy a hacer esto?
— ¿Así que normalmente mantienes un nivel de embriaguez estable y después te
follas a un montón de personas dispuestos a todo? ¿Nunca has bebido cuando te has
acostado conmigo?
No puedo hacer esto sin tener contacto, de modo que aparto la mesa que se
interpone entre nosotros y me arrodillo delante de él.
— No, Kyungsoo. Nunca me he hallado bajo los efectos del alcohol cuando he estado
contigo. No lo necesito. El alcohol me hacía bloquear cosas, me ayudaba a olvidar lo
vacía que era mi existencia. Todas esas personas me importaban una mierda. No
vivía Kyungsoo, no tenía nada, pero apareciste tú, y todo cambió. Me devolviste a la
vida, me hiciste ser feliz. No quiero volver a beber porque, si empiezo, puede que no
pare, y no quiero perderme ni un segundo contigo — soy un cabrón. Un cabrón
desesperado y sin remedio.
Sus ojos marrones se tornan vidriosos. ¿Cómo puede ir esto a peor?
— ¿Has echado un polvo soñoliento con alguien más?
Fracaso estrepitosamente en mi intento de ocultar mi exasperación ante su estúpida
pregunta y suspiro sonorosamente.
— No.
— ¿Y te has follado a alguien para que entre en razón? — dice con una mirada
furiosa.
— ¡No, Kyungsoo! Nunca me había importado nadie lo suficiente como para necesitar
o querer hacerlo entrar en razón respecto a nada — apoyo las manos en sus muslos
y se los aprieto para infundirle seguridad. No espero que funcione, pero estoy
dispuesto a intentar lo que sea — Solo tú.
Me aparta las manos y se pone de pie.
— Entonces el jueves, en tu despacho, ¿me estás diciendo que si te hubieras bebido
el vodka te habría encontrado tirándote a Taemin sobre la mesa en lugar de verte
acurrucado con él?
¿Qué? ¿A Taemin? ¿Se ha vuelto loco?
Me levanto, me acerco a él y agarro con fuerza su pequeño cuerpo.
— ¡No! ¡No seas idiota!
— No estoy siendo idiota Jongin. Bastante tengo ya con preocuparme por si bebes o
no. ¡No sé si podré soportar las complicaciones adicionales a que te emborraches y
te apetezca follarte a otros hombres y mujeres!
Está perdiendo el control, sus duras palabras me dejan helado, aunque no tengo
ningún derecho a protestar. Tampoco tengo ningún derecho a regañarlo por su
lenguaje… pero lo hago.
— ¿Quieres hacer el favor de cuidar tu puto lenguaje? No hace que me apetezca
follarme a otros hombres y mujeres. ¡Hace que me apetezca follar! No me importa
quien mierda sea, solo quiero follar. No tiene un significado.
— Entonces más me vale estar contigo cuando bebas, ¿no?
Joder. Sí, más le valdría. Pero ya es demasiado tarde.
— ¡No voy a volver a beber! ¡¿Es que no me escuchas?! — ahora yo también estoy
perdiendo el control. Mi plan de intentar que mis palabras tengan peso se está yendo
a la deriva — No necesito beber — me da miedo agarrarlo con demasiada fuerza, de
modo que lo suelto y empiezo a pasearme por el despacho para intentar calmarme.
No funciona. Nada funcionará. Apunto a su cara con un dedo — ¡Te necesito a ti! —
digo, pero ignora olímpicamente mi comentario.
— Me necesitas como sustituto del alcohol y del sexo — ¿de dónde carajos ha sacado
eso? Lo necesito para respirar, es así de simple — Me manipulas.
— ¡No te manipulo! — me defiendo, estupefacto, pero sé que lo hago.
El contacto constante, mis exigencias irracionales y dejarlo sin sentido a través de la
unión de nuestros cuerpos son mis maneras de mantenerlo a mi lado, aunque
también lo hago para mantenerlo a salvo.
— ¡Claro que lo haces! ¡Con el sexo! Para hacerme entrar en razón y para recordar.
Todo es manipulación. ¡Yo te necesito y tú lo utilizas contra mí!
— ¡No! — grito al tiempo que paso los brazos por el estante de las bebidas y tiro el
veneno que me ha llevado a esta horrible situación al suelo.
Cuando el sonoro estrépito de botellas y cristales rotos cesa, lo agarro con firmeza
de nuevo.
— Necesito que me necesites, Kyungsoo. Es así de simple. ¿Cuántas veces tengo que
decírtelo? Si tú me necesitas, yo cuido de mí mismo…, así de simple.
— ¿Y dejar que te azoten te parece que es cuidar de ti mismo? — chilla.
Empiezo a tirarme del pelo con violencia.
— ¡No lo sé, mierda!
Desesperación. Desesperación. Desolación. Miedo. Son cuatro razones, y aún no he
terminado de enumerarlas.
— Te necesito, pero no así.
Su derrotismo me preocupa aún más, de modo que lo cojo de las manos con
suavidad.
— Mírame — baja la mirada y me mira a los ojos — ¿Cómo te hago sentir? Yo sé
cómo me haces sentir tú. Sí, he estado con muchas personas, pero solo era sexo.
Sexo sin compromiso. No sentía nada. Kyungsoo, te necesito a ti.
— ¿Cómo puede ser que me necesites si yo consigo que te hagas esto a ti mismo? Te
has vuelto más autodestructivo ahora que antes de conocerme. Hago que necesites
beber, no que quieras hacerlo. Te he convertido en un loco irracional, y desde luego
yo tampoco estoy ya muy cuerdo, que digamos. ¿No ves lo que nos estamos
haciendo el uno al otro?
Sus palabras me destrozan. Aunque la primera parte de su declaración puede que
sea verdad, la última parte no lo es. Lo que estamos haciendo es amarnos
mutuamente. Todo cuanto hago es porque lo quiero.
— Kyungsoo.
— Y, para que lo sepas, detesto el hecho que la hayas metido en todas partes.
Inspiro profundamente y asiento en silencio, pero entonces ahoga un grito y ese
sonido cargado de terror hace que el temor corra por mis venas.
— Cuando desapareciste durante cuatro días… — se le atragantan las palabras y la
inquietud se apodera de su hermoso rostro.
Abro unos ojos como platos, como si necesitara que viera lo arrepentido que estoy.
Se me acabó el tiempo.
— No significaron nada en absoluto. Bebé te quiero. Te necesito.
— ¡No, no! — se cae de rodillas delante de mí y empieza a llorar, destrozado. Jamás
me había sentido tan culpable, tan indigno y tan desesperado — Estuviste follando
en La Mansión.
Me pongo de rodillas a su lado, lo agarro firme pero suavemente y lo sacudo un
poco, aunque no sé muy bien por qué lo hago.
— Kyungsoo, escúchame. No significaron nada. Me estaba enamorando de ti. Sabía
que te dolería. No quería hacerte daño.
— Dijiste que no podrías hacerme eso. Olvidaste añadir <otra vez>. Deberías haber
dicho que no podrías hacérmelo <otra vez>.
— No quería hacerte daño.
— ¿Y para remediarlo follaste borracho? — su razonable pregunta me deja sin
respuesta. Yo me pregunto lo mismo todos los días, al menos diez veces — ¿Cuántas
veces?
Me estremezco.
— Kyungsoo, no hagas esto, por favor. Me doy asco.
— ¡A mí también me das asco! ¿Cómo pudiste hacerlo?
— Kyungsoo, ¿no me estás escuchando?
— ¡Claro que sí, y no me gusta lo que oigo!
Se aleja de mí. Preso del pánico, lo agarro de la cintura y apoyo la cabeza en su
vientre. Las emociones se apoderan de mí. Empiezo a sollozar.
— Lo siento. Te quiero. Por favor, te lo suplico, no me dejes. Cásate conmigo.
— ¡¿Qué?! — exclama, pasmado, disgustado y demás cosas que no quiero que sienta
— No puedo casarme con alguien a quien no entiendo — esas palabras acaban
conmigo y hacen que me derrumbe en el suelo delante de suyo — Creía que
empezaba a comprenderte — añade con voz temblorosa — Pero has vuelto a
destruirme, Jongin.
— Kyungsoo, por favor. Estaba hecho polvo, perdí el control. Creí que así podría
olvidarte — me apresuro a contestar con mezcla de pánico y urgencia.
— ¿Emborrachándote y tirándote a los socios de La Mansión?
— No sabía qué hacer.
Soy patético, pero es la verdad.
La ansiedad y el temor a hacerle daño no han disminuido. Jamás lo harán. Ni
tampoco mi miedo a perderlo. Pero mi capacidad para escapar de un amor intenso y
puro sí ha mejorado. Mis excusas por haberlo abandonado durante aquellos cuatro
días nunca serán lo bastante buenas. Que un hombre como yo sienta miedo es
ridículo, pero es a eso a lo que me reduce este hombre. A un despojo. A un ser
miserable. No merezco el amor que me profesa. Sin embargo, soy demasiado egoísta
como para renunciar a él fácilmente.
— Podrías haber hablado conmigo — dice.
— Kyungsoo, solo huías una y otra vez de mí, si lo sabías habrías huido
definitivamente.
— Todas las veces que has estado disculpándote conmigo eran porque te remordía la
conciencia, y no por haberte emborrachado, ni por lo de La Mansión. Era porque me
engañaste. Dijiste que habías dejado tus correrías mucho antes de conocerme. Me
mentiste. Cada vez que creo que damos un paso hacia adelante, estalla una nueva
bomba. No puedo seguir con esto. No sé quién eres, Jongin.
— Kyungsoo, claro que lo sabes. La he jodido. La he jodido bien, pero nadie me
conoce mejor que tú. Nadie.
— Puede que Taemin sí. Parece que él te conoce muy bien — replica sin emoción
alguna, casi resentida — ¿Por qué?
Mi cuerpo cede y apoyo el trasero sobre mis talones.
— Te he decepcionado. Quería beber, pero te prometí que no lo haría, y sé lo que
puede pasar si lo hago.
— ¿Así que le pediste que te azotara?
— Sí.
— No lo entiendo.
No lo miro para que no vea la vergüenza que siento. No es necesario.
— Kyungsoo, sabes que he sido un vividor. He roto matrimonios, he tratado a las
mujeres y los hombres como si fueran objetos y he tomado lo que no me pertenecía.
He hecho daño a algunas personas, y siento que todo esto es mi penitencia. Contigo
encontré la gloria, y tengo constantemente la sensación de que alguien va a venir a
arrebatármela y no lo puedo permitir.
— TÚ eres el único que va a joder esto. Tú y sólo tú. Bebiendo, siendo tan
controlador y tirándote a cualquier cosa que se mueva. ¡TÚ!
— Podría haber detenido todo esto. No me creo que seas mío. Me aterra que alguien
te aparte de mi lado.
— ¿Y por eso le pediste a un hombre que detesto, a un hombre que quiere alejarte
de mí, que te azotara?
— Taemin no quiere alejarme de ti.
Frunzo el ceño, pero está claro que Kyungsaoo disiente, a juzgar por la estupefacción
que se refleja en su rostro. Y sé que seguramente tenga razón. Solía pasarlo por alto
antes que él entrara en mi vida, pero ya no.
— ¡Sí, Jongin, claro que quiere! Haciéndote esto me haces daño a mí. Me estás
castigando a mí, no a ti. Te amo, a pesar de toda la mierda que voy descubriendo de
ti, pero no puedo ver cómo te haces esto a ti mismo.
— No me dejes — mi voz adopta un tono exigente sin pretenderlo, y lo agarro de las
manos — Me moriré sin ti, Kyungsoo.
— ¡No digas eso! Es una estupidez.
¿Es que no lo ve? Tiro de él hasta que se arrodilla también.
— No es ninguna estupidez. No sabes por lo que pasé cuando desapareciste sin más.
Me hizo ver lo que sería mi vida sin ti — recordarlo hace que todas esas tormentosas
imágenes vuelvan a mi mente. Oscuridad. Vacío. Un dolor indescriptible — Kyungsoo,
era insoportable.
— Si te dejara, sería porque no puedo soportar que te hagas daño a ti mismo, no
puedo ver cómo te torturas.
— Jamás te harías una idea de cuánto te quiero — le agarro la cara, pero se aparta
de nuevo — Deja que te toque — el pánico vuelve a apoderarse de mí y las visiones
de mi pesadilla se tornan demasiado reales.
— ¡Me hago una idea, Jongin porque yo siento lo mismo! — su exclamación hace que
deje de luchar por volver a estrecharlo entre mis brazos. ¿Cómo es posible que
también lo sienta? — Aunque me has destrozado por completo, sigo amándote y,
diablos, me odio por ello. ¡Así que no te atrevas a decirme que no me hago una idea!
— Es imposible — Joder, ¡no tiene ni puta idea! La ira se apodera de mí. Lo agarro de
los brazos, tiro de él hacia mí y respiro profundamente — ¡Es imposible!
Esta vez no me rechaza. Cede y deja que lo sujete durante un breve espacio de
tiempo antes de apartase de mí de nuevo.
— Voy a buscar algo para limpiarte las heridas — no estoy preparado para dejarlo
marchar, pero saca fuerzas de alguna parte y consigue librarse de mí — Jongin,
tengo que limpiarte eso.
— No me dejes solo.
— Cuando dije que jamás te dejaría, lo decía en serio.
Sale de mi despacho y me deja postrado de rodillas, listo para volver a rezar. Esto
todavía no ha terminado y, a pesar de sus palabras, no estoy convencido que sienta
por mí lo mismo que yo siento por él.
¿Cómo es posible?
Y no puede hacer nada para demostrarlo…
CAPITULO 8
ESPERANDO PARA CASARSE
Echo un vistazo a mi Rolex y noto a regañadientes que solo han pasado cinco
minutos desde la última vez que vi la hora. ¿Por qué el tiempo pasa jodidamente
lento?
Diez horas, ese es el tiempo que ha pasado desde que la pesada madre de Kyungsoo
me ha echado de la habitación con la excusa de la estúpida tradición.
— ¡Diablos!
— ¿Nervioso?
Siwon sonríe, una sonrisa rara y vacilona que muestra toda su dentadura.
— ¿Qué te preocupa?
— ¡Nada!
Empieza a reírse, con una sonido profundo y estremecedor que parece retumbar
toda la casa, esas de la que te hace doler la tripa. Acaso es que soy una puta broma.
— Jongin, cálmate de una vez. ¿Cuántas horas has dormido? Estas hecho una
mierda.
— ¿Para nada?
— ¿Victoria?
Me recuesto en la silla y subo los pies sobre el escritorio, cierro los ojos e inhalo. Mi
maldito corazón está latiendo, amenazando con salirse de mi agitado pecho.
— Ella es su madre — Siwon se ríe — Por mucho que sé que te gustaría, no puedes
mantener a tu chico lejos de su madre.
Desearía poder hacer que todos desaparezcan, tomar a Kyungsoo y alejarlo de todo
lo que interfiera con nuestro mundo privado de felicidad y el contacto constante.
Podría hacerlo y El Paraíso me viene a la mente de inmediato, pero rápidamente lo
ignoro, por la posibilidad de lo que podría encontrarme allí.
— Nadie por lo que tengas que preocuparte, cabrón infeliz — me dice mientras se
dirige a la puerta.
— ¿Quieres escucharlo?
Mi sonrisa se amplia.
— Por supuesto.
Me pongo cómodo, y frunzo el ceño cuando saca una nota Post-It. Pone su enorme
puño cerrado en la boca y tose profundamente.
La sola mención de mi oscuro pasado hace que mi corazón se acelere más rápido y
haga que me ponga de pie, más agitado que nunca.
Siento el sol cálido en mi rostro, el aire fresco del campo, pero mi maldita mente
todavía está agitada, y ahora también está inundado de recuerdos dolorosos de mi
pasado. Jonghyun. Bebidas. Young Mi… una hermosa niña.
Derrapo hasta detenerme frente a un árbol y empuño mis manos de mal humor.
— ¡Mierda! — rujo, solo logrando evitar enterrar mi mano en el tronco del árbol. Sin
embargo, poso mi frente en la corteza y mis ojos tratan de contenerse de antiguas
lágrimas.
— Mierda.
— ¡Mi hombre! — pone su coche en marcha atrás y pone su pie en el acelerador para
ponerse a mi lado — ¿Vas a escaparte? — se ríe, hojeando entre yo y el espejo
retrovisor.
Estoy solo a la mitad de mi segunda vuelta, con el cuerpo empapado y las piernas
entumecidas, cuando me rindo y empiezo a correr hacia La Mansión.
Lo he intentado, lo he intentado con todas mis fuerzas, pero necesito verlo. No puedo
evitar el sonido de la voz chillona de Victoria que trata de convencer a Kyung que
espere un poco más de tiempo o reconsidere su decisión.
— ¡Lo siento! — le grito, volando por el rellano de la sala hasta que llego a la puerta
de la suite.
— ¡Diablos, Victoria! — me tapo los oídos mientras grita algunas palabras de pánico,
y luego me cierra la puerta en la cara.
— Kim Jongin, no te atrevas a llamarme «mamá» cuando soy solo nueve años mayor
que tú! — resopla, claramente recordándome que piensa que mi edad es un
problema. Hace que empuje contra la puerta con más fuerza — ¡Vete! Lo verás
dentro de media hora.
— ¡Kyungsoo! — le grito.
Si oye que estoy aquí, no va a ser capaz de resistirse a verme. Estoy seguro. A la
mierda con la tradición.
Sigo firme, pero con cuidado ya que supero su agarre de la puerta y me abro paso a
la suite, examino de inmediato el espacio para encontrar a mi ángel.
Los ojos de Kyungsoo encuentran los míos, y una comprensión silenciosa pasa entre
nosotros. Él sabe lo que necesito.
Sonrío por dentro, tratando de mantener el último respeto que tengo por
Victoria, que en este momento me está impidiendo avasallar a Kyung antes que su
madre nos deje a solas.
— ¡Es la tradición!
Comienza a gritar de nuevo mientras pasa por mi lado y sus ojos se dan cuenta de
la marca en mi pectoral.
Mis hombros se relajan cuando oigo cerrarse la puerta, pero estoy demasiado
ocupado perdiéndome en los ojos chocolate de Kyungsoo para comprobar si
realmente estamos solos. Su mirada recorre todo mi cuerpo sudoroso, casi como si
estuviera recordándose cada centímetro, músculo y curva, antes que su mirada se
encuentra con la mía de nuevo. Tengo recuerdos mucho mejores en mente.
— Ah, ¿no?
Asiente.
Oh mierda.
Aún no dice nada, solo lo confirma con esos sutiles gestos de su exquisita cabeza.
Lo intento con todas mis fuerzas, recordándome a mí mismo que nos vamos a casar
en solo media hora y que está hermoso y deslumbrante, y no es que necesite nada
de esa basura cosmética. Pero no puedo aguantar más y …
Tomo una respiración profunda, bajo la mirada y veo lo que tanto me gusta.
Puedo oír la lujuria pura y salvaje en su voz, y me sorprende cuando se dirige hacia
mí, acercándose a pesar de mi pecho sudoroso en la proximidad de suave pecho.
— Demasiado tiempo — lentamente lamo sus labios, amando su gemido y sus manos
vuelan hasta mi bíceps, pero odio el persistente sabor a alcohol — Has bebido.
— No puedes estar así delante mío y luego decir esas cosas, Kyungsoo.
Mis ojos pasan lentamente por su vientre plano, pero no se da cuenta esta vez. Sé
que él sabe lo que he hecho, qué he sido deshonesto y mentiroso… y todavía está
aquí. Eso tiene que significar algo, ¿verdad? Entonces ¿por qué mierda no habla de
eso? ¿Por qué no lo hago yo? Porque tengo miedo, es por eso. Apenas sé qué diablos
estoy haciendo de un momento a otro. Y todo por la desesperación. Soy un maldito
imbécil
Encuentro sus ojos y lloro por dentro por este hombre del que me he enamorado tan
profundamente, y, otra vez, me pregunto cómo él puede sentir algo tan profundo por
mí también. Estoy agradecido, pero aún sigo muy confuso por eso.
Me encojo de hombros.
Esa es una petición ridícula después de mi recorrido de la mañana por los jardines
de La Mansión.
Sus palabras y acciones me lastiman. Quiero que tenga fe en mí, que nunca dude
de mí, lo cual es un deseo absurdo, dadas mis acciones y mi comportamiento desde
que lo he conocido. Le estoy pidiendo demasiado, pero, no me impide preguntar.
Levanto rápidamente su cara a la mía de nuevo, desesperado por verlo, y
desesperado para que me vea. Para que vea lo mucho que lo amo. Es mi única
arma.
— Perdona.
—Kyungsoo, bebé, quiero que disfrutes de este día, no que te agobies por algo que
no va a pasar. Nunca. No se enterarán jamás, te lo prometo.
Puedo ver que mis palabras han tenido efecto porque se tranquiliza, luciendo un
poco culpable, lo que me hace sentir como una mierda total. Él no tiene nada de qué
sentirse culpable.
— Está bien — dice con confianza, intensificando mi amor por él aún más.
— Eso, también.
— Con ser «tu esposo» tengo más que suficiente — respira, y sigue con — Te quiero
muchísimo
— Me muero por casarme con él. Deberías marcharte para que no tenga que
hacerlo esperar.
Siento su sonrisa.
Finjo mi sorpresa.
— No, estoy cagado de miedo — lo llevo conmigo cuando caigo de espaldas — Pero
hoy me siento valiente. Bésame.
Pongo los ojos en blanco ante el chillido familiar, mientras que Kyungsoo bendice mis
oídos con sus risitas, todavía sofocando mi cara con sus labios. No lo detengo. Su
madre puede esperar.
Las uñas de Kyung se clavan en mis bíceps cuando su madre trata de alejarlo de mí.
Él no se da por vencido fácilmente, mi pequeño seductor desafiante. Sonrío como un
tonto.
— ¡Pues venga! Te casas dentro de media hora, te has hecho una maraña en el pelo
y te has pasado la tradición por el forro revolcándote por el suelo con tu futuro
marido. ¡Eunji, explícaselo tú!
Nuestra aterradora organizadora de bodas da un paso hacia adelante y me lanza una
mirada de desaprobación, mezclado con un poco de lujuria.
— Vamos, Kyungsoo.
— Está bien, está bien — Kyung finalmente cede, se levanta y me deja tumbado en
el suelo.
— Son como niños — luego sus ojos se endurecen, de verdad que me amínala un
poco
— ¡Fuera!
Cedo antes de destruir mi relación con mi futura suegra y sonrío cuando veo a
Kyungsoo lanzar una mirada de advertencia a nuestra organizadora de boda, que
está prácticamente babeando al ver todo mi cuerpo. Me encanta lo posesivo que
es mi futuro esposo.
— No te alteres.
No puedo evitar saborear su cuello dándole un beso y aprieto mis caderas hacia
adelante.
Me agarra, pero pienso que es mejor pisotearla aún más, sonrió cuando Kyungsoo
me hace una reverencia y saluda con la mano.
Me sacan a la fuerza por la puerta antes que se cierre de un portazo detrás de mí, y
deambulo por el rellano, sonriendo como si acabara de ganar la lotería y descubriera
la respuesta a la eterna juventud a la vez.
Rechazar, eso es lo que debería hacer, pero tampoco quiero enojarla, sobre todo
hoy. Me detengo durante unos segundos, apretando los dientes.
— ¿Krystal?
Ruedo los ojos, pero ella continúa antes que pueda continuar, lo cual es
probablemente algo bueno. Estoy perdiendo la paciencia.
— No tengo adónde ir, Jongin. Mi marido me ha echado. ¡No tengo nada! tú accediste
a ayudarme.
— ¡De ninguna manera! Joder, Krystal. Debes tener familia, ve con ellos.
— Estaba enojado — afilo las palabras despacio, tirando de una toalla del estante —
Estoy locamente enamorado de Kyungsoo, Krystal. Es el maldito día de mi boda.
— ¡Tienes razón! —gritó — Tengo sentimientos por ti. ¡Siento que quiero golpearte!
No dice nada, pero oigo un sonido de llanto. Ni siquiera me siento culpable. No siento
nada, salvo la necesidad de reunirme con mi amor.
Cuelgo.
No tengo tiempo para esto, y desde luego no voy a mantener a MI ÁNGEL esperando.
La solución perfecta.
Contacto constante.
CAPITULO 9
CINCO MESES DESPUÉS