0% encontró este documento útil (0 votos)
470 vistas96 páginas

Relatos de "Solo Mío": Encuentros de Jongin y Kyungsoo

El documento presenta relatos de la trilogía 'Solo Mío', narrados por Kim Jongin, quien se siente atraído por Kyungsoo, un joven que visita su oficina. Jongin experimenta una intensa conexión y deseo hacia Kyungsoo, lo que lo lleva a actuar de manera audaz y seductora. A medida que avanza la historia, la tensión entre ambos personajes se intensifica, revelando sus deseos y vulnerabilidades.

Cargado por

hopetoverse7
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
470 vistas96 páginas

Relatos de "Solo Mío": Encuentros de Jongin y Kyungsoo

El documento presenta relatos de la trilogía 'Solo Mío', narrados por Kim Jongin, quien se siente atraído por Kyungsoo, un joven que visita su oficina. Jongin experimenta una intensa conexión y deseo hacia Kyungsoo, lo que lo lleva a actuar de manera audaz y seductora. A medida que avanza la historia, la tensión entre ambos personajes se intensifica, revelando sus deseos y vulnerabilidades.

Cargado por

hopetoverse7
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

RELATOS

EXTRA DE LA
TRILOGIA
“SOLO MIO”
Estos relatos son narrados por Kim Jongin.
CAPITULO 1

CUANDO JONGIN CONOCE A KYUNGSOO

POV JONGIN ~ SOLO ~ MIO SOLO MIO (1)

Me levanto y de un tirón aflojo mi corbata con molestia. Mierda, necesito un trago.


Echo un vistazo a mi Rolex, de mala gana noto que recién es mediodía. Aún falta otra
hora y no puedo esperar otra hora.

De pronto escucho golpes en la puerta de mi oficina y los fuertes pasos de mi


mayordamo.

— Jongin. El joven Do, de Qri Union.

Joder. Lo había olvidado.

— Perfecto. Gracias Siwon.

Mi voz suena ronca. No estoy de humor así que decido sacar esta reunión fuera del
camino lo más rápido posible y luego iré a tomar un trago. Debí haber hecho que
Taemin lidiara con esto.

Miro hacia arriba y finjo una sonrisa cuando veo como Siwon se desplaza lentamente
hacia un costado. Entonces casi me ahogo.

¿Qué carajos?

Poco a poco me levanto de mi silla, plenamente consciente que su mirada está


ascendiendo conmigo. ¿Es él? ¿Es esta la persona que ha llenado mi nuevo
departamento de mierda italiana – mierda italiana que infla el lugar por otro millón
de wones?

Él es joven.

Empiezo a caminar alrededor de mi escritorio, observando que sus ojos están


firmemente puestos en mí. Oh sí, él está afectado, pero joder, yo también lo estoy.
Mis piernas se mueven, mis putas piernas se mueven, pero no puedo sentir ninguna
maldita cosa.

Debería haberme afeitado.


¿Me veo más viejo con barba de un día?

Dios.

Se está poniendo más hermoso cuanto más me acerco, su cabello oscuro y


desordenado, su piel lechosa y nívea, esos labios gruesos y esponjosos y su pequeña
figura perfecta están gritándome para que yo pueda correr mis manos por todas
partes. Mierda, quiero arrancarle la camisa haciendo volar esos botones y hundir los
dedos en ese pequeño cuerpo. Y sus ojos, mierda santa, esos malditos y enormes
ojos marrones están hipnotizándome.

Joder, Kim ¡concéntrate!

Me pregunto cuántos años tiene, poco más de veinte, tal vez. ¿Demasiado joven para
mí? Me veo bien para mi edad. Sé muy bien que me veo bien para mi edad. ¿Pensará
que me veo bien? Por dios Jongin, cada maldita persona en el planeta piensa que te
ves bien, así que ¿por qué ahora sería diferente?

¡Joder! ahora me está bebiendo, evaluando cada parte de mí con esos enormes ojos
recorriendo todo mi cuerpo de arriba hacia abajo. Me está desnudando mentalmente.
¿Debería quitarme la camisa y confirmarle lo que está pensando?

Siwon dijo joven Do ¿no?

Veo disimuladamente su mano. No hay anillo. Así que no está casado. No es que
importe tampoco.

Trato de pensar mi próximo movimiento.

¿Qué diablos debería hacer?

Yo sé lo que quiero hacer. Quiero postrarlo en mi escritorio y tomarme todo el tiempo


del mundo para desnudarlo y saborearlo, ver como esos ojos se nublan de placer y
escuchar cómo su respiración se agita mientras me hundo en él.

Céntrate Kim. Esta frente tuyo esperando que hagas algo.

Sonreírle. Debería sonreírle. No puedo sonreírle. Mi sonrisa de confianza me está


ignorando. Estoy siendo abandonado por todas mis armas de conquista justo cuando
quiero que trabajen más.

Finalmente convenzo a mi brazo que se levante y le ofrezco mi mano. Solo le daré


tres segundos para tomarla antes que haga mi siguiente movimiento.

Tres.

Dos.
Uno.

Cero, bebé.

Poco a poco me inclino hacia adelante, lo agarro por los hombros y me acerco a su
piel lechosa dándole un beso en la mejilla, peligrosamente cerca de esos labios
abultados. ¡Dios mío! huele tan bien como se ve. Siento que su cuerpo se tensa bajo
mi toque, y me río para mí mismo.

Ya lo tengo. Gracias al maldito Señor, ya lo tengo.

— Es un placer — le susurro al oído.

Y realmente que lo es. Aflojo mi agarre y bajo mi rostro a la altura del suyo así que
ahora estoy al nivel de sus ojos mirándolo fijamente.

— ¿Estás bien? — puedo sentir mis labios curvándose en una sonrisa mientras él
levanta esos impresionantes ojos color chocolate.

Él está tan, tan afectado.

De repente parece salir de su trance y retrocede haciendo que mis manos caigan a
los costados.

Mierda, necesito sujetarlo de nuevo.

— Hola — prácticamente tose — Kyungsoo, me llamo Kyungsoo — se presenta


tendiendo su mano hacia mí.

Oh no.

He comenzado a sudar y estoy temblando como una triste idiota. Realmente


necesito dejar de beber. Tomo su mano y la aprieto, pero la aparto rápidamente
sorprendido cuando soy atacado por un zumbido que me golpea desde mi brazo y se
clava en mi corazón. ¿Qué carajo fue eso? ¡Mierda! Tengo un corazón de mierda. Eso
es.

— Kyungsoo — repito su nombre probando cada sílaba en mis labios.

Oh Jesús, necesito hacerlo gritar mientras me hundo una y otra vez en él. Quiero
hacerlo gemir, llorar, gimotear, necesito que se aferre a mí pidiéndome más y más...

— Sí, Kyungsoo — me confirma mirándome fijamente y maldita sea creo que en


realidad quiero esto más de una vez.

Sonrío por dentro.

Oh sí. Eres tan mío ahora, Kyungsoo.


CAPITULO 2

CUANDO JONGIN ARRINCONA A KYUNGSOO

POV JONGIN ~ ATRACCION FATAL ~ SOLO MIO (4)

Mantengo mi boca firmemente cerrada y lo dejo beberme por completo.

¡Oh, él está afectado!

Reprimo una sonrisa. Se ve tan aturdido e inquieto ahí parado con esos enormes
ojos. Pero no se mueve. ¡Joder! No está funcionando tal como lo planee.

¿Por qué no se somete a mí como todos?

— ¿Qué es esto, una broma? — Él chilla de repente caso riendo.

Tuerzo el gesto.

No hay duda de mi osadía, y no puedo creer que estoy haciendo esto por mí mismo,
pero tengo que tenerlo. Joder, tengo que tenerlo. Pero ¿por qué está peleando
conmigo a cada paso? Demonios. Nunca he necesitado ir a estas putas longitudes
con nadie. ¿Pensará que estoy desesperado? Me río de mí mismo. Estoy
desesperado. No hay duda al evidente hecho que podría conseguir a quien quiera
ahora mismo, pero jodidamente no quiero a nadie más. Lo quiero a él.

Dios, ¿qué mierda es lo que me pasa? Nunca nadie me había hecho esto, pero aquí
estoy, medio desnudo, recurriendo patéticamente a arrinconar a mi presa.

Sus ojos de pronto se pasean lentamente por todo mi pecho, por lo que solo me
quedo de pie y dejo que me devore mientras mis ojos bajan y disfrutan cada
centímetro de esa pequeña figura que ha logrado reducirme en un patético y
desesperado lío. Él no me puede decir que no se ha imaginado esto. Por favor, no me
digas que no se ha imaginado esto. Estoy tratando de serenarme, pero mi
respiración es pesada, un claro indicativo que mi cuerpo está en marcha y no hay
ninguna mierda que pueda hacer al respecto para parar.

Él toma una respiración profunda con su pecho empujando ferozmente cada latido
sin despejar en ningún momento sus ojos de mí. Joder. No voy a ser capaz de estar
aquí mucho más tiempo. Estoy desesperado por acercarme, pero primero debo
dejarlo terminar su evaluación. Él tiene que saborear lo que está viendo.

De pronto se mueve de nuevo y su cuello se flexiona haciendo que la expansión de


lunares en su garganta me ruegue a gritos que ponga mi boca en él. Se muerde los
labios nervioso e inspirando profundamente agachando la cabeza.
Sonrío.

Él me quiere. Joder, él realmente me quiere.

— Relájate, Kyungsoo — digo en voz baja — Sabes que lo estás deseando — susurro
y empiezo a acercarme a él lentamente, sin querer lucir como si lo estuviera
cazando. Pero jodidamente lo estoy y no pienso dejarlo ir una vez que tenga mis
manos en ese cuerpo suyo.

Nuestros ojos están bloqueados. No estoy rompiendo esta conexión.

Cuando estoy a solo unos pasos de él, lo veo tensar todo el cuerpo, pero él no se ve
perdido. En cambio, su mirada se desplaza hacia arriba a medida que me acerco
hasta que me cierno sobre él. Necesito actuar rápido porque él me mira como si
pudiera huir en cualquier momento, así que no lo toco. Solo acerco nuestros cuerpos
lo más cerca que puedo, pero me está costando cada puto gramo de esfuerzo que no
poseo para no ir y tomarlo.

— Date la vuelta — le ordeno en voz baja.

Todo lo que quiero es romper esa camisa blanca y desnudarlo mientras lo devoro,
pero estoy asustado hasta la muerte porque él huya. No quiero que huya. Nunca
nadie ha huido de mí, así que ¿Por qué diablos lo hace él?

Dejo escapar un silencioso suspiro de alivio cuando él gira lentamente. Estoy


sorprendido. Nunca había sopesado el pensamiento que alguien me convertiría en un
idiota ansioso, pero este pequeño terco está haciendo algo serio conmigo y no estoy
seguro de si debo alegrarme o preocuparme por ello. Algo grande me está pasando y
estoy demasiado cautivado como para ignorarlo. Él me tiene completamente
fascinado.

Observo cómo sus hombros se tensan y su respiración se torna agitada, pero estoy
jodidamente igual o peor que él. Mi corazón late con violencia en mi pecho y no
puedo controlarme una mierda.

De repente veo como él vacila decidido a voltearse hacia mí y mis manos vuelan
rápido para detenerlo con mis palmas presionando casi con desesperación sus
hombros. Oh Joder. El contacto se siente tan bien, pero mierda estoy temblando. Él
se estremece, y lentamente retiro una mano, rogando en silencio que se quede
exactamente donde está. Él lo hace. Y no puedo creer lo aliviado que estoy.

Estás actuando tan patético Kim Jongin.

Espero unos segundos antes de colocar nuevamente mi mano sobre su hombro y sin
poder contenerme más empiezo a masajear lentamente sus músculos tensos. Él
balancea la cabeza con alivio y dejo caer mi frente en su cabeza con los ojos fijos en
la piel desnuda de su nuca. Me acerco peligrosamente a su oído y reprimo un
gruñido al olerlo. Pero me obligo a tranquilizarme. No voy a hacer nada para
asustarlo. Me río de mi propia audacia probablemente por primera vez en mi puta
vida. He acorralado a este pobre joven y me he presentado ante él medio desnudo.
No se puede hacer algo más audaz que eso. Joder Jongin. ¿Qué demonios te pasa con
él? No tengo ni una puta idea, pero estoy en la misión de averiguarlo y él me va a
dejar hacerlo.

Está demasiado tenso. Necesito tranquilizarlo. Llevo mi mano a su hombro y empiezo


lentamente a restregar la tensión, sonrió a mí mismo cuando veo su cabeza girar y
luego oigo un leve ronroneo procedente de esos labios, los labios que quiero devorar.
A él le gusta, así que aumento la presión y muevo mi boca a su oído. Necesito olerlo.

Cuando gira su rostro hacia el mío y su aire caliente se extienden por mi cara, pierdo
la batalla para no suplicarle.

— No pares — susurro

Él empieza a temblar bajo mi toque y su aliento se agita más.

— No quiero parar — responde.

Sonrío por dentro. Sé que no quiere hacerlo, pero esas palabras dichas en voz alta
borran rastro de duda. No estoy imaginando esto.

— Me alegra. Porque no creo que te lo permitiese — me empujo en su espalda y mi


boca cae directamente a su oído de nuevo — Voy a quitarte la ropa — lo veo asentir
y me inclino ligeramente hacia abajo mordisqueándole el lóbulo — Eres jodidamente
hermoso, Kyungsoo — gruño con mis labios sobre su oreja.

— Oh Dios — gime y se apoya en mí, empujando su espalda e mi ingle.

Mierda, estoy duro.

— ¿Notas eso? — gruño y empiezo a trozar círculos en su trasero sacándole un


gemido — Voy a poseerte — le informo. Y Señor. Estoy tan decidido a tenerlo. Estoy
sobrio y más excitado de lo que alguna vez he estado en mi vida. Esto tiene que
significar algo.

Muevo mi dedo lentamente hacia abajo haciendo presión en su piel y deleitándome


con satisfacción de cómo tiembla ante mi toque. Quiere más y va a obtenerlo. Pero
primero la ropa tiene que irse. Levanto su camisa con lentitud y una vez fuera lo tiro
a un lado, su piel pálida es adictiva y apoyo mi mano libre en su cadera para sentirlo,
pero él da un respingo. Mierda, lo estoy asustando. Afianzo mis manos casi con
desesperación en él, mi instinto mi instinto natural me insta a mantenerlo en su
lugar. No puede irse, no ahora. ¿Qué mierda voy a hacer si se va? Joder. Tengo que
apurar las cosas, tomarlo antes que se ponga a pensar al respecto, por lo que llevo
mis manos a la cremallera de su pantalón y le bajo el cierre suavemente deslizando
luego mis manos hacia sus muslos, flexiono los dedos lentamente antes de arrastrar
la tela lejos de su cuerpo dejándolo caer al piso. Oh, maldita sea, es perfecto. Él va a
terminar matándome. No puedo controlar la agitación que sale de mi boca y
tampoco la intención de hacerlo.

— Diablos eres tan sexy — gimo mientras lo agarro por las caderas y lo levanto un
poco del piso. Se siente tan bien entre en mis manos, como si hubiera sido creado
para estar en ellas.

Necesito verle su rostro de nuevo.

Lo giro nuevamente, pero no me mira a los ojos. Está concentrado en mis labios. Sé
que quiere tenerlos sobre los suyos. Sonrío un poco. Pronto, bebé, pronto. Ya lo
tengo, por lo que voy a tomar todo mi maldito tiempo saboreando cada puto
momento.

Mis ojos viajan hasta sus pezones rosados, que casi podría decirse rozan la maldita
perfección. Y antes de entender qué está pasando, mi mano se eleva, como si
hubiera una fuerza magnética entre nosotros que me obliga a acercármele. Eso es lo
que él es. Es un imán y está atrayéndome haciéndome pensar en estupideces en las
cuales jamás había pensado. No puedo quitar los ojos de su cuerpo, siguiendo mi
mirada con devoción los movimientos de mis dedos en su pezón. Sé que está
mirándome y la idea de tener uno de esos pezones en mi boca me hace sonreír. Pero
necesito tocarlo un poco más primero. Quiero recorrer cada centímetro de su cuerpo
con mis manos, besarlo de la cabeza a los pies y sostenerlo. Pero no sé si podré
detenerme solo con esto.

Le tomo el otro pezón, y me quedo paralizado cuando mueve sus manos y las posa
sobre mi pecho.

¡Mierda! ¡Maldita mierda!

Soy yo ahora el que se tambalea y la satisfacción que veo en su rostro me confirma


que se ha dado cuenta de mi reacción. Sabe que también estoy afectado por todo
esto, pero ¿sabrá que esto es algo totalmente inaudito? ¿Debería decírselo? No,
porque si se lo digo eso traerá más preguntas en el futuro y no necesito de una
interrogación. Él saldría corriendo en seguida y realmente no quiero que se vaya.
Necesito pensar en esto. ¿Qué demonios le puedo decir? No le puedo decir que este
lugar es un hotel por siempre... algún día descubrirá la verdad. Pero ¿qué demonios
le llevó a pensar que tengo un hotel a todo esto?

¿Por siempre? ¿De verdad acabo de pensar en un "por siempre"?

Mierda. Haz lo que mejor sabes hacer, Jongin. Desnudarlo.

Lo volteo.

— Quiero verte — me dice.

Por supuesto que quiere.


— Shhhh — lo callo mientras paso mi mano por sus brazos y tomo de nuevo sus
pezones en mis dedos. Joder, son tan suaves que no puedo evitar apretarlos de
manera ansiosa. Quiero acceso permanente a esto. Mi corazón no desacelera y no
quiero que lo haga. Se siente jodidamente bien. Él me hace sentir muy bien.

Me acerco y le hablo directamente al oído.

— Tú y yo.

Gruño presionando mi entrepierna en él y sin poder soportarlo más le giro la cabeza


y lo beso con fuerza. No puedo controlarme, pero ¿qué demonios fue todo eso? ¿Tú y
yo? Diablos hay algo realmente mal en mí, pero estoy más interesado en cómo me
siento junto a él que en preocuparme por las estupideces que digo.

Lo convenzo de abrir la poca para besarlo como se merece y lo hago. Oh, Dios mío,
esto es el paraíso y cuando me pasa sus brazos por el cuello y me retiene más cerca
no puedo evitar empujar mis caderas contra la suyas, intentando calmar el incesante
palpitar de mi polla. De pronto él se restriega contra mí y gimo fuertemente llevando
mis manos a su trasero para frotarlo con furia contra mí. No sé qué me pasa, pero
necesito ver sus ojos de nuevo así que levanto mis manos hasta lograr que mis
palmas cubran sus mejillas. Lo beso fuertemente y luego lo empujo un poco, aunque
no quiero hacerlo, pero él me ha desarmado. Y necesito confirmar que es real, que
está parado justo aquí.

Por milésima vez siento que no puedo controlar la agitación en mi pecho. Soy un
desastre de hombre. Y todo es por él. ¿Quién diablos es y de dónde mierda salió? Mi
frente cae sobre la suya, mis ojos se cierran mientras intento pensar sobre todo esto.
Pero no puedo. No tengo ni la más mínima idea de lo que está sucediendo, pero
estoy seguro de algo: Jamás voy a ser capaz de dejarlo ir.

— Voy a perderme en ti — es lo único que se me ocurre decir y sé que es la pura


verdad. Solo le pido a Dios que él me lo permita.

Mi mano baja por su espalda hasta llegar a su muslo y con un pequeño tirón suave lo
obligo a que levante las piernas y las envuelva alrededor de mi cintura. Lo quiero
envuelto enteramente a mí alrededor... para siempre. Me quedo mirando fijamente a
esos hermosos y enormes ojos mientras intento alejar la ridícula idea de que él me
pertenece.

Es mío. ¿Querrá él que yo sea suyo?

— Hay algo entre nosotros — tengo que decírselo y aunque no era una pregunta,
necesito que lo confirme porque siento que estoy volviéndome loco — No estoy
imaginando esto — declaro. Pero de nuevo ruego por una respuesta suya... la
correcta.
Él se queda callado por unos instantes, pero luego toma aliento, y yo sostengo el
mío.

— Hay algo — susurra en voz baja mientras me mira. Y no puedo ocultar el inmenso
alivio que me recorre por completo. Las ganas que tengo de besarlo son demasiadas.
De un buen beso. Un suave, lento y significativo beso. Y lo hago. Le reclamo la boca
mientras clavo mis caderas a la suya, y arremolino mi lengua en su boca.

Maldición, esto es el paraíso.

Pero entonces oigo algo. Oh carajo ¡Por favor no! No sé por qué, pero de repente lo
beso más agresivamente, mi pene involuntariamente empujando hacia él y
realmente no quiero hacerlo.

— Oh, Joder — no dejo que sus labios se liberen — No arruines esto.

Lo oigo de nuevo. Maldito Taemin. De todos los malditos momentos ¿Tenía que elegir
este justamente? No me importa. No voy a dejar que nada interrumpa esto... nada.

Empujo más contra él y siento que sus dedos se clavan en mis en mis hombros.
Mierda, se siente realmente bien. Pero sé que lo estoy asustando, yendo demasiado
lejos, así que lo libero y lo sostengo por las caderas.

Miro sus ojos aterrados y sé que va a huir. Mierda, no puede hacerlo. No voy a
dejarlo irse.

Alejo mi boca de la suya y su cabeza se inclina hacia el piso.

— La puerta está cerrada con llave — le aseguro intentando lo mejor que puedo
retenerlo junto a mí, pero por la cara que tiene parece que es una batalla perdida.

Lo agarro de la barbilla y acerco su rostro hacia el mío así no tiene otra opción más
que mirarme a los ojos.

— Por favor — no puedo creer que le esté rogando. Pero cuando sacude su cabeza
fracaso en mi intento de no imponerme y hasta sacudirlo un poco con desesperación
— No te vayas — le ordeno cortante.

— No puedo hacer esto — susurra y mis manos caen lejos de él.

Un gruñido de pura frustración sale de mi boca. Mierda, estoy jodidamente frustrado.

— ¿Jongin? — la insistente voz de Taemin hace que mi sangre empiece a hervir.

Miro con un aturdimiento de horror y completa jodida devastación mientras va


juntando su ropa antes de correr al baño. Ya se ha ido.
Mis ojos se arremolinan por el suelo, y puedo oír a Taemin llamándome a la
distancia, pero estoy en un estupor total. Entonces mis ojos aterrizan en su bóxer
que se le olvidó. Lo levanto y acerco a mi nariz, tomando una larga inhalación antes
de meterlo en el cajón superior de la cómoda. ¿Qué mierda estoy haciendo? ¿Me
estoy comportando como una especie de jodido acosador, agarrando su ropa
interior, oliéndola y ahora robándola?

Demonios Kyungsoo, ¿qué mierda has hecho conmigo?

No lo sé...

Pero no voy a renunciar a esto. Y punto.

CAPITULO 3
CUANDO JONGIN SE LE APARECE A KYUNGSOO
POV JONGIN ~ SOLO MIO ~ RESISTIENDO LA TENTACIÓN (5)

¿Cómo mierda conduce él esta cosa?


Murmuro para mí mismo, lo pongo en reversa y me estaciono en un espacio
cruzando la calle, mi rodilla golpea la orilla del volante y mi cabeza roza el techo.
Apago el motor y observo la calle, imaginándome que reacción obtendré esta vez. Le
estoy devolviendo su carro. Estoy siendo de ayuda.

Me río.

No estoy siendo de ayuda en absoluto más bien estoy siendo astuto. No tenía
intención de devolverle sus llaves después de haberle metido mano en mi coche el
martes.

Pero tenía toda la intención de usarlo como excusa para volverlo a ver. Pero
Kyungsoo se rehúsa a coger mis llamadas. No tengo ni puta idea de lo que le iba a
decir si las cogía, pero ahora no tendré que preocuparme más por eso.

Bajo la mirada hacia mi mano y miro el móvil barato que compré y marco su número.
Fue lo único que se me ocurrió. Y esto me hace ver tan lamentable y desesperado.
No recuerdo haber llamado a nadie nunca en mi vida.

Cuando comienza a timbrar salgo rápidamente de su patético coche pequeño. Esto


no puede considerarse seguro.

— Do Kyungsoo — su voz se desliza sobre mi piel como seda. Momentáneamente soy


incapaz de responder o de moverme — ¿Diga?

— ¿Estás solo?

Expulso rápidamente las palabras sin importar como me escuche o debería revelar
quién soy primero. No estoy pensando claramente.

De repente oigo movimientos y también una respiración agitada que me indica que
sabe exactamente de quién se trata, no se requiere presentación.

Recuerda mi voz de la misma manera que yo recuerdo cada perfecta parte de su


cuerpo y el gemido desesperado de su voz.

— ¡No!

Grita la palabra después de haberlo pensado mucho. Me está mintiendo y lo sé. No lo


puedo evitar y suspiro.

— ¿Por qué me mientes?

Se escucha más movimiento y mi mente inmediatamente comienza a evocar


imágenes de él asomándose por la ventana y viendo hacia afuera así que levanto mi
mirada y veo su sombra detrás de las persianas desde el punto donde me encuentro
patéticamente escondido en la calle como un maldito acosador.
¿Qué carajo está mal conmigo?

Cada pizca de sentido común me dice que me marche, pero esa pequeña parte de
mi jodida mente, la parte que está dispuesto a reclamarlo, está pisoteando todo mi
ser.

Se cae la línea y retiro la estúpida mierda barata lejos de mi oído, mirándolo con
disgusto. Mi ego quiere creer que el pedazo de mierda no funciona, pero sé muy bien
que me ha colgado.

Solo un poco preocupado por la creciente ira, lo llamo de nuevo y mi mente es


invadida con esas imágenes de él parado delante de mí totalmente desnudo con ese
cuerpo jodidamente hermoso.

No me responde, y estoy resistiendo de tirar el móvil al piso y decido mandarle un


mensaje de texto. Sé que lo leerá. Podrá no responder, pero lo leerá. Ni siquiera
pienso en lo que mis pulgares están escribiendo mientras ataco a esas malditas
teclas.

¡Contesta el teléfono!

Justo cuando hago clic para enviar gruño de pura frustración por mi brusquedad.
Estoy tratando de atrapar a este chico, no de asustarlo hasta la muerte. Lo llamo de
nuevo, pero sigue sin responder.

¡Maldita sea!, maldigo al espacio vacío que me rodea y vuelvo a marcar.

— ¡Contesta joder!

No lo hace, pero cuando estoy a punto de cruzar la calle hacia su casa y esté a punto
de derribar la puerta, la mierda del móvil cobra vida con la llegada de un mensaje de
texto, mi estómago jodidamente se retuerce y mi frente comienza a sudar. Abro su
mensaje.

No.

— ¡Maldita sea!
A la mierda con esto. No me iré hasta que me diga que también lo sintió. Comienzo a
dar zancadas a través de la calle, enviando otro mensaje, mi andar es determinado.
Estoy decidido. Estoy jodidamente decidido a hacer que diga las malditas palabras.

Está bien, entonces voy a entrar.

Son pocos los segundos que pasan después que mi móvil comienza a vibrar en mi
mano y lo miro, sonriendo para mí mismo mientras contesto.

— Demasiado tarde Kyungsoo.


Ronroneo mientras me acerco a la puerta terminando la llamada. No le estoy dando
ninguna oportunidad de darme excusas.

Empiezo a golpear la puerta como un maldito poseso, pero me gusta, me siento


consumido por la desesperación de hacerle admitir nuestra conexión. Estaba ahí, no
lo estaba imaginando, y él mismo dijo haberlo sentido.

No se puede retractar ahora, no voy a dejar que haga eso.

— Abre la puerta Kyungsoo — sigo golpeando la puerta sin importarme en perturbar


la paz o llamar la atención.

— Kyungsoo, no me iré sin hablar contigo, ¡por favor!

Golpeo un poco más, impresionado conmigo mismo por al menos decir por favor,
pero sé que no hace ninguna jodida diferencia para este chico testarudo.

¡Toc, toc, toc!

— Tengo tus llaves, Kyungsoo. Voy a entrar.

¿Qué diablos estoy diciendo? ¿Lo haré?

Detengo mi incesante aporreo a la puerta y pienso por un momento.

No está bien.

Lo único en lo que pienso es que quiero verlo otra vez, sentirlo, olerlo y asegurarme
que él es real.

Sí, usaré las malditas llaves. Sigo golpeando la puerta un rato más, pero me detengo,
enderezo la espalda al oír con atención unas pisadas suaves. Está bajando y está
enojado.

¡Qué bien! Yo también lo estoy.

Pongo mis manos sobre la puerta y espero.

La puerta se abre de golpe e inmediatamente tomo aire, observo cada fragmento de


su impresionante presencia. Su pelo está un poco desarreglado. Inclusive esos
pantalones anchos me tienen jodidamente temblando y él tampoco es inmune a mí,
aunque está tratando de serlo.

¿Por qué no solo se rinde? Esto está sucediendo. Punto.


Mis ojos recorren muy despacio sus piernas y me estoy sintiendo débil. La fuerza que
necesito para absorber su presencia es casi demasiada. Podría caer sobre mis
rodillas y me importaría una mierda lo que él piense sobre eso.

Suelto un respiro irregular tratando de mantener la cordura. Siento como que podría
perder mi puta cabeza.

— ¿Por qué no quisiste seguir?

— ¿Perdona? — me responde impacientemente, como si no supiera de lo que estoy


hablando.

Y eso me hace enojar más, tengo los dientes tan apretados que están a punto de
salírseme.

— ¿Por qué te fuiste?

— Porque era un error — no duda en darme esa respuesta con valentía.

— No era un error y lo sabes — me escucho como un león rugiendo hacia su presa,


pero me importa un pepino — El único error fue dejar que te marcharas.

Sus ojos se abren en sorpresa, pero no salen palabras de aquellos carnosos labios y
sé que es porque no sabe qué decir. Y entonces la puerta comienza a cerrarse, su
rostro comienza a desaparecer de mi vista. Sin pensarlo estiro mi mano y lo empujo
suavemente y soy consciente de mi fuerza y de su pequeño cuerpo. Lo podría
romper en dos.

— No harás eso — entro al recibidor y cierro la puerta antes que se dé cuenta de lo


que ha pasado — No dejaré que vuelvas a huir. Ya lo has hecho dos veces y no habrá
una tercera. Vas a tener que dar la cara — lo miro fijamente.

¡Joder!

Estoy fallando miserablemente en tratar de contener mi agitada respiración.


Comienza a retroceder así que comienzo a seguirlo sin dejar ninguna distancia entre
nuestros cuerpos.

— Tienes que irte. Luhan llegará enseguida — espeta con urgencia en su voz.

Me detengo. Mi cara se distorsiona por el enojo.

— Deja de mentirme.

Aparto su mano de su pelo donde sus dedos están retorciendo nerviosamente unos
mechones. Es una manía. Creo que lo descubrí muy bien, juguetea con su pelo cada
vez que miente y lo acaba de hacer después de terminar esa patética declaración,
empujándome a perder ese pequeño beneficio de la duda. Me desea.
— Basta de tonterías Kyungsoo.

Me lanza una mirada molesta y camina lejos de mí.

— ¿Para qué has venido? — me pregunta mientras sube las escaleras.

Entro rápidamente en acción, lo tomo por la muñeca y lo giro para que me mire. No
puede ignorarme mientras lo estoy forzando a mirarme a los ojos y a tocarme.

— Ya lo sabes.

— ¿Ah si? — dice enarcando su ceja.

No puede estar bromeando.

— Sí, lo sabes — le respondo, porque no sé qué más decir. No va a hacérmelo


deletrear, eso por seguro.

Mi agarre en su muñeca pierde fuerza en segundos mientras lo jala y camina hacia


atrás encontrándose con la pared que está a unos pocos pasos.

— ¿Porque quieres oír cuánto grito?

— ¡No! — grito incrédulo, pero no tengo derecho a sonar impresionado o molesto por
su pregunta.

Esa no es la línea que debería usar con él. Se merece mucho más. Alejo esos
pensamientos, no puedo ocultar la sonrisa recordando su cara estupefacta cuando se
lo pregunté y todavía sigo queriendo saber la maldita respuesta.

— Eres sin lugar a dudas el imbécil más arrogante que he conocido en la vida. No
estoy interesado en convertirme en una de tus conquistas sexuales.

— ¿Conquistas? — resoplo, alejándome de él y camino hacia el recibidor,


desesperado, tratando de pensar en algo que me redima — ¿En qué puto planeta
vives, hombre?

Así que continúo insultándolo por preguntar eso. Tiene todas las razones para estar
disgustado conmigo, pero no puedo evitarlo.

¡Maldita sea!

Provoca en mí ese comportamiento digno de un enfermo mental de alta seguridad.

— ¡Lárgate! — grita detrás de mí y me detengo antes de voltear y encontrarlo


furioso.
— ¡No — espeto, avanzando malhumorado hacia él!

— No me interesas una puta mierda! Vete de aquí.

Está tratando de ser indiferente, pero no hay necesidad de ese lenguaje.

— ¡Esa puta boca!

Retrocede, mirándome como si hubiera perdido la cabeza, tal vez lo he hecho.

— ¡Largo! — vuelve a gritar.

En mi desesperado y determinado estado tengo un momento de comprensión. No


estoy lo suficientemente cerca de él así que veamos cuán resistente es cuando estoy
en su espacio personal y joder sí que quiero estar junto a él.

Ese encuentro en la suite fue tormentoso, un perfecto momento arrancado


cruelmente de mí. Yo sé que tan bueno podría ser y se lo voy a confirmar.

Me detengo y lo fulmino con esa mirada que todos dicen amar tanto.

— Está bien — digo casualmente — Si me miras a los ojos y me dices que no quieres
volver a verme, me iré y no volveré a cruzarme en tu camino.

Son palabras que se me atoran en la garganta y que tienen cada parte de mi duro y
musculoso cuerpo rezando para que me dé la respuesta correcta. Pero ¿podría ser la
correcta o la verdaderamente equivocada? Ni siquiera lo sé. Soy un desastre.

Pareciera como si una eternidad hubiera pasado y él todavía no habla, no lo dice, no


lo puede decir, así que aprovecho la oportunidad para moverme, tres pasos y estoy
frente a él, la cercanía hace que mi polla me duela y que se endurezca, mi corazón
se estrella violentamente contra mi pecho, mi respiración se acelera a un ritmo
estúpido.

— Dilo — respiro cerca, obligándolo a inhalar mi aliento. Está tratando de escapar, el


deseo se siente por todo el jodido lugar, y sé que yo también lo estoy deseando.

— No puedes ¿verdad?

Está peleando con mi proximidad. Eso me hace sonreír, así que toco ligeramente con
mi dedo su hombro, causando que se retuerza, lo que me hace sonreír más. Empiezo
a desplazar mi dedo lo más despacio que jamás he hecho trazando una perfecta
línea sobre su definido y suave cuerpo hasta que gentilmente estoy presionando la
punta de mi dedo índice sobre la suave piel debajo de su oreja. Su respiración se
incrementa y su pulso se acelera.

— Pum, pum,pum,pum — murmuro — Lo noto, Kyungsoo.


Está más rígido que una tabla, tratando de escapar de mi cálido toque, pegándose
más a la pared. No tiene a donde ir.

— Vete, por favor — sus palabras son apenas audibles.

— Ponme las manos en mi corazón.

Tomo suavemente su mano y la pongo sobre mi camisa, solo para que pueda
apreciar exactamente cómo también estoy respondiendo a nuestra cercanía. No es
solo él quien lo está sintiendo, y quiero jodidamente que lo sepa.

— ¿Qué quieres demostrar? — me pregunta, pero conoce perfectamente la maldita


respuesta.

— Eres un hombre muy cabezota. Deja que te haga la misma pregunta.

— ¿Qué quieres decir? — se rehúsa a mirarme, confirmando lo que ya sé.

— Quiero decir, ¿Por qué intentas evitar lo inevitable? ¿Qué pretendes, Kyungsoo?

Lo obligo a mirarme a los ojos gentilmente tomando su cuello con mi palma,


acercando su rostro al mío con una ligera presión. Bajo mis labios hacia su oreja
provocándole un jadeo entrecortado.

— Eso es — murmuro, el alivio de escuchar ese pequeño sonido de sumisión me


anima, enviando mi boca hacia un tranquilo recorrido sobre su dulce piel. Huele
divino — Tú también lo sientes.

No hace nada para detenerme, me deja seguir mi camino mientras sigo trabajando
con mis labios aproximándome hacia su mandíbula, mi objetivo son esos hermosos
labios en forma de corazón. Casi estoy donde necesito estar y lo va a amar.

Casi ahí.

Solo unos cuantos besos más y mi lengua se encontrará con la suya.

Mi ritmo se acelera con solo pensarlo hasta que el sonido de un puto móvil rompe de
repente el delicioso sonido de su respiración irregular y alimentado por el sexo.

Mis labios ya no están sobre los suyos, pero sus palmas están firmemente apoyadas
en mi pecho.

— ¡Para, por favor!

Me desplomo por dentro, saco mi estúpido móvil del bolsillo y veo la pantalla.

¿Taemin?
¿Qué carajos quiere ahora?

¿Acaso tiene un radar sobre mí?

— ¡Mierda! — aprieto el botón de rechazar, enviándolo al buzón de voz, antes de


enfocarme en el único hombre en mi vida con el cual quiero hablar, estoy
impresionado por mis propios pensamientos, no solo quiero follarlo, quiero
sumergirme en su voz, escuchar lo que me tiene que decir... pero quiero follármelo
primero. No estoy seguro que mis habilidades para hablar vayan a mantener su
atención. Yo no charlo, yo follo, eso es todo, pero tal vez podría hacer más que eso
con este hombre — Todavía no lo has dicho.

Titubea por un momento, pero después toma un respiro y temo por las palabras que
no quiero oír.

— No me interesas — murmura. Sonando desesperado, pero no puedo saber si está


desesperado por apartarse de mí o desesperado porque le pruebe que está
equivocado — Tienes que parar de hacer esto. Sea lo que sea lo que crees que
sentiste o lo que crees que sentí yo, te equivocas.

Una carcajada sale de mi boca.

— ¿Lo que creo? Kyungsoo no te atrevas a insinuar que todo esto me lo estoy
imaginando. ¿Me he imaginado lo que acaba de pasar? ¿Y lo del otro día? ¿También
me lo imaginé? ¿Por quién me tomas?

— ¡¿Por quién mierda me tomas tú?!

Mis hombros se tensan. ¿Cuál es el problema con este hombre y su florido lenguaje?

— ¡Esa boca! — grito, pensando cuál es mi maldito problema. Nunca le he dado a


ninguno de los bribones que vigilan La Mansión este tipo de maldiciones, aunque
siempre he pensado que es repugnante e impropio de un joven. Sin embargo,
escuchar el rudo lenguaje salir de esos preciosos labios me está desquiciando. Algo
tan hermoso no tendría que estar maldiciendo, y especialmente no a mí.

— Te he dicho que te vayas — me repite, haciéndome volver en sí.

— Y yo te he dicho que me mires a los ojos y me asegures que no me deseas — lo


miro fijamente, buscando alguna señal de debilidad.

— No te deseo — me dice tranquilamente, sin evadir mi mirada. Me está mirando


completamente decidido. Sus palabras apuñalan a mi palpitante corazón.

— No te creo — lo atrapo jugueteando con sus dedos que van rápidamente hacia su
cabello. Está mintiendo, tiene que estar mintiendo.

— Pues deberías — afirma, el frío brillo en sus ojos color chocolate se intensifica.
Un dolor me atraviesa. ¿Acaso me equivoqué? Nunca nadie me ha rechazado y
mucho menos he tenido que acosarlos.

Estamos mirándonos el uno al otro, su mandíbula apretada decididamente, y yo


dudando de mí mismo, dudando de todos mis pensamientos, mis suposiciones, pero
lo peor de todo de mi habilidad de seducir a una persona. Generalmente solo
necesito de una mirada o del destello de una sonrisa.

¿Acaso me estoy poniendo viejo?

Casi me río mientras paso mi sudada mano por el desastre que es mi pelo, y
entonces la frustración opaca a mi incredulidad, y maldigo como un idiota mientras
saco mis rechazados pies fuera de su casa, meto mi mano hacia mi bolsillo y lanzo la
pieza de mierda que tengo por móvil con todas mis fuerzas, tratando de disipar un
poco mi ira. Se rompe en pedazos, y me quedo en medio de la calle, tratando de
establecer qué jodida mierda pasa conmigo.

¿Por qué estoy tan enojado? es porque él lo niega y se resiste a mí por tercera vez,
¿o porque realmente lo deseo?

Para quedármelo

Por siempre.

Si no estuviera sintiéndome tan vacío y engañado, podría reírme de mi.

¿Yo?

¿Kim jodido Jongin quiere quedarse con alguien?

La idea es completamente descabellada.

Lentamente me giro, mirando hacia la casa y busco en el bolsillo de mi pantalón sus


llaves. Las saco y juego con ellas en mis manos por algunos minutos. Sacudo mi
cabeza mientras cruzo la calle y las pongo dentro del buzón.

Eso es todo.

Me rindo.

No necesito recurrir a este tipo de medidas desesperadas.

Cojo mi verdadero móvil y comienzo a caminar por la calle, llamo a Siwon para que
venga a recogerme.
CAPITULO 4
NOCHE INAUGURACIÓN DEL LUSSO (SEDUCCIÓN)
POV JONGIN ~ RINDIÉNDOSE POCO A POCO ~ SOLO MIO (6)
¿Pero qué carajos me está contando este hombre?

No muestro el más mínimo interés, pero él sigue y sigue. He comprado el puto


apartamento, ya no tiene por qué seguir lamiéndome el culo. Ya tiene su comisión.

¡Joder, déjame en paz!

Asiento de vez en cuando al agente inmobiliario, aunque no escucho ni una palabra


de lo que está diciendo. Lo único que oigo es una vocecilla dulce poco convincente
que me dice que no está interesado.

Observo detenidamente su espalda cubierto en ese traje negro. No debería haberme


ido a casa ayer, no hasta que hubiese cedido y admitido que él también siente algo.
Sé que siente algo. Después de haberme pasado todo el día en mi despacho sin
hacer nada más que torturarme mentalmente, tengo un nuevo objetivo. Y ahora me
encuentro aquí, en mi nueva casa, rodeado de gente arrogante y tratando de
controlar el impulso de activar la alarma contraincendios para que todos se larguen y
poder quedarme a solas con él.

Sonrío para mis adentros cuando veo a su amigo rubio de Kyungsoo que se asoma
por detrás de él y abre los ojos de par en par al verme. Se acuerda de mí, y justo
cuando estoy a punto de librarme de ese pesado exasperante, él se gira y me mira
también. Sus ojos no solo se abren como platos, sino que están a punto de salírsele
de las órbitas. No tengo tiempo para deslumbrarlo con una sonrisa.

Se gira de prisa, claramente impactado por mi presencia. Eso no hace sino alimentar
mi determinación. Si de verdad le diera igual, no reaccionaría de esa manera.

Vuelvo a centrarme en el agente inmobiliario. Su boca se mueve, pero no escucho


nada de lo que dice.

— Está bien, gracias — digo, y le doy un golpecito en el brazo. Sé que es una


despedida totalmente inapropiada, pero tengo que irme.

Me dirijo hacia Kyung y leo los labios de su amigo. Le está diciendo que me estoy
acercando.

Sí jovencito. Voy a por ti.

Llego junto ellos. Kyungsoo se resiste a voltearse. A su amigo parece hacerle mucha
gracia la situación, lo que significa que esta preciosidad ha estado hablándole de mí.
Mi seguridad en mí mismo, ya de por sí bastante elevada, se dispara.

— Me alegro de volver a verte, Luhan — digo con voz pausada — ¿Kyungsoo?

Decide ignorarme, y su amigo nos observa a ambos con expresión divertida.

— Jongin — me saluda Luhan — Discúlpame. Tengo que ir al baño.

Deja su copa vacía en la encimera y nos deja a solas. Se lo agradezco para mis
adentros.

Tras unos segundos de espera me doy cuenta que el muy cabezota no va a ceder, de
modo que lo rodeo hasta situarme delante de su exquisito rostro, La polla empieza a
palpitarme al instante.

— Estás fantástico — murmuro recorriendo con la mirada cada milímetro cuadrado


de sus perfectos rasgos. He saboreado esos suaves labios. No sé qué será de mi si
no consigo volver a hacerlo.

— Dijiste que no volvería a verte — se ha puesto a la defensiva. Esto no pinta bien.

— No sabía que estarías aquí — yo también me he puesto a la defensiva, aunque sé


que no tengo ningún derecho.

— Me has mandado flores.

Me esfuerzo por contener una sonrisa.

— Uy, es verdad.
— Si me disculpas — dice, y hace ademán de marcharse.

Me entra el pánico, doy un paso y me interpongo en su camino.

— Esperaba que me enseñaras el edificio — espeto riendo para mis adentros ante mi
osadía. Me conozco este lugar al dedillo.

— Le avisaré a Sulli. Te lo mostrará encantada.

— Prefiero que lo hagas tú.

— La visita no incluye un revolcón — responde ásperamente, lo que hace que me


sangren los oídos. Lo tengo delante, con un aspecto propio de los ángeles del cielo, y
no se le ocurre otra cosa que emplear ese lenguaje tan vulgar.

— ¿Quieres hacer el favor de cuidar ese vocabulario?

Espero a que me mande a volar, pero no lo hace.

— Usted disculpe — masculla, indignado — Y haz el favor de volver a colocar el


asiento en su sitio cuando conduzcas mi coche.

Esta vez no puedo contener la sonrisa, y siento una inmensa satisfacción al ver que
se revuelve incómodo. Seguro que le ha encantado mi bromita.

— ¡Y no toques mi música!

— Perdona — susurro — ¿Te encuentras bien? Parece que estás temblando — no


puedo evitarlo. Alargo la mano desesperado por sentir la suavidad de su piel otra vez
— ¿Estás nervioso por algo?

Se aparta.

— En absoluto — miente. Veo cómo se esfuerza por no llevarse la mano al pelo. Eso
lo delata — ¿No querías ver el apartamento?

Mi sonrisa se ensancha.

— Me encantaría.

Enfurruñado, sale de la cocina y empieza a señalar con la mano con desdén.

— Salón.

Ya he visto el salón. Lo he visto todo un millón de veces, así que mantengo la vista
fija en el suave movimiento de sus caderas mientras me guía por mi nuevo hogar.
— La cocina ya la has visto — dice por encima del hombro, lo que me permite ver
momentáneamente sus exquisitos labios — Vistas — señala el paisaje de Seúl y
empieza a recorrer el espacio diáfano del salón en dirección al gimnasio.

La gente intenta detenerme mientras me apresuro para seguirle el ritmo, pero me


los quito de encima con un rápido apretón de manos o saludando cortésmente con la
cabeza.

— Gimnasio — anuncia.

Entra en la estancia y sale en cuanto mis pies cruzan el umbral. Me echo a reír y lo
sigo por la escalera hasta el piso de arriba. Me cuesta un mundo resistirme a la
tentación de cogerlo y arrastrarlo hasta un dormitorio. ¡Joder! quiero clavar los
dientes en ese redondo culo que se menea mientras asciende.

Tras abrir y cerrar todas las puertas de la planta superior y de escupir el nombre de
la estancia en sí, se dirige a la suite principal.

Mi dormitorio. Joder, ¿será consciente que acaba de meterse en la boca del lobo?
Lejos de aplacarse, mi feroz erección se intensifica.

— Eres un guía fantástico, Kyungsoo — digo mientras me planto delante de una obra
de arte bastante aburrida. Aunque esos botes de remos viejos y destartalados tienen
cierto encanto — ¿Te importaría explicarme de quién es esto?

— De Giuseppe Cavalli.

— Es muy buena. ¿Has escogido a este artista por alguna razón en particular?

Tarda en responder, y sé que es porque me está observando. Le gusta lo que ve, y le


gusta lo que sintió cuando estuvo en mis brazos. No permitiré que lo niegue así que
más le vale no intentar siquiera insultar mi inteligencia con otro rechazo.

— Se lo conoce como «el maestro de la luz» — ahora está junto a mi delante de la


obra. Le animo a continuar con la mirada — Consideraba que el tema carecía de
importancia. Daba igual lo que fotografiase. Para él, el tema era siempre la luz. Se
centraba en controlarla. ¿Ves? — levanta la mano y señala los reflejos en el agua.

Asiento con aire pensativo, impresionado y bastante intrigado, pero lo que más me
intriga es el hombre que tengo a mi lado, de modo que vuelvo a mirarlo mientras
prosigue.

— Estos botes de remos, por muy bonitos que sean, son solo botes. A él lo que le
interesaba era la luz que los rodeaba. Dota de interés a objetos inanimados, hace
que veas la fotografía con una perspectiva... Bueno, con una luz diferente, supongo.

Inclina la cabeza con aire pensativo, lo que hace resaltar su cuello largo y esbelto y
su piel nívea, tersa y perfecta.
¡Joder! en mi vida había visto a un hombre tan hermoso como él.

Dejo que concluya sus observaciones y me limito a observarlo alegremente, pero


entonces levanta la mirada y veo que se esfuerza mentalmente por no abalanzarse
sobre mí.

— Por favor, no lo hagas — susurra.

— ¿Qué no haga qué?

— Ya lo sabes. Dijiste que no volvería a verte.

— Mentí. No puedo estar lejos de ti, así que vas a tener que verme una...y otra... y
otra vez — le digo de forma lenta para dejar clara mi intención. El ahoga un grito y
empieza a apartarse de mí. Esta vez no dejaré que se marche — Tu insistencia al
oponerte a esto solo alimenta mis ganas de demostrar que me deseas — le digo con
la mirada clavada en sus ojos — Se ha convertido en mi misión principal. Haré lo que
haga falta.

Y lo digo en serio.

La cama detiene su retirada y entonces levanta la mano.

— Para — ordena y lo hago, pero solo porque es evidente que está contrariado — Ni
siquiera me conoces — intenta convencerse desesperadamente que esto es una
locura. Y es verdad que lo es, a mí también me asusta, pero ya no hay vuelta atrás.

— Sé que eres tremendamente hermoso — avanzo convencido que se sentirá mucho


mejor si lo abrazo — Sé lo que siento, y sé que tú también lo sientes — me detengo
justo cuando nuestros cuerpos se rozan. Noto los latidos de su corazón a través de
su camisa y de mi traje — Así que dime, Kyungsoo, ¿qué más tengo que saber?

Agacha la cabeza.

Se lo levanto al instante, y me siento como un auténtico imbécil al ver lágrimas en


sus ojos.

— Lo siento — deslizo la mano para cubrirle la mejilla y le seco suavemente las


lágrimas con el pulgar.

— Dijiste que me dejarías en paz — me lanza una mirada inquisitiva.

— Mentí, lo siento. Ya te lo he dicho. No puedo estar lejos de ti.

— Ya me dijiste una vez que lo sentías, y aquí estás de nuevo. ¿Vas a mandarme
flores también mañana?
Dejo de acariciarle las mejillas y ahora soy yo el que agacha la cabeza. Soy un
auténtico imbécil, pero no estaría haciendo esto si no estuviera convencido que él
me desea. ¿Por qué es tan cabezota? No me deja elección. Debo recordárselo, debo
recordarle lo que sentimos. Levanto la cabeza y mis labios empiezan a descender
hacia los suyos. Tengo que ser muy delicado.

No me detiene cuando nuestros labios se rozan ligeramente, es él el que toma el


mando. Me agarra de la chaqueta y siento su respiración laboriosa contra mi rostro.
Tiemblo como una puta hoja, de alivio y de varios días de deseo acumulado.

— ¿Has sentido esto alguna vez? — pregunto mientras lo aprieto contra mí y recorro
su mejilla con los labios en dirección a la oreja.

— Nunca.

Suspiro de alivio, atrapo el lóbulo de su oreja entre mis dientes y tiro ligeramente de
él.

— ¿Vas a dejar de resistirte ya? — susurro y mi lengua asciende y desciende por su


oreja hasta que alcanzo la suave piel que la une a su cuello. Su olor y su sabor me
embriagan.

— ¡Dios!... — jadea, y yo me trago sus palabras de sumisión hundiendo con


delicadeza mi lengua en su boca, agradecido al ver que lo acepta.

Gimo e interrumpo a regañadientes para obtener una confirmación por parte de este
hermoso hombre.

— ¿Eso es un sí?

— Sí.

Un millón de chispas se encienden en mi interior, y una esperanza que no alcanzo a


entender inunda todo mi ser. Asiento y procedo a mostrarle mi agradecimiento
regalándole besos suaves por toda la cara.

— Necesito tenerte entero, Kyungsoo. Dime que puedo tenerte entero.

Él vacila, pero solo por un instante.

— Tómame.

— Lo haré, te tomaré duro.

No pierdo el tiempo. Rodeo con mi brazo su minúscula cintura y levanto su delgada


figura del suelo. Lo llevo hasta la pared y lo apoyo contra él suavemente mientras
nuestros besos se vuelven cada vez más frenéticos, más desesperados ahora que
estamos los dos en la misma sintonía. Mis manos recorren todo su cuerpo. No puedo
evitarlo.

Me niego a liberar sus labios cuando empieza a quitarme la chaqueta por los
hombros, de modo que retrocedo solo un poco para ayudarlo. Nada detendrá esto.
Una vez libre de la chaqueta del traje, lo empotro contra la pared con más fuerza de
la que pretendía, pero a él no parece importarle mi ímpetu y recibe mi frenesí
perfectamente.

— Diablos, Kyungsoo — jadeo — Me vuelves loco.

Meneo la cadera para intentar aliviar el palpitar de mi polla.

Un pequeño grito escapa de sus labios. Me coge con fuerza del pelo, lo que me
provoca una sensación indescriptible. Agarro el botón su pantalón y lo desabrocho,
se lo deslizo hasta la mitad de sus suaves muslos y meneo la cadera contra él una
vez más. Le muerdo el labio inferior y me aparto, liberando mi aliento descontrolado
contra su rostro. Me aprieto de nuevo contra su cuerpo y me deleito en sus gemidos
de placer. Interrumpe el contacto visual y deja caer la cabeza hacia atrás. Su
garganta expuesta es una tentación demasiado difícil de resistir. Estoy perdido.

— Jongin... — apenas soy consciente que jadea mi nombre mientras mordisqueo su


piel — Jongin, viene alguien, tienes que parar — se retuerce un poco y me roza la
erección.

¡Joder!

— No voy a dejarte marchar ahora — digo con voz gutural, rogando para mis
adentros que no detenga esto.

— Tenemos que parar.

— ¡No! — mi voz suena exigente, pero no puedo evitarlo. Mierda, ya sé que hay
gente pululando por aquí, y los detesto a todos por ello.

— Ya seguiremos después.

— Eso te deja demasiado tiempo para cambiar de idea.

Continúo mordiéndole el cuello. No quiero soltarlo por miedo a no poder volver a


ponerle las manos encima. Pero me agarra del mentón y detiene mi feliz actividad.

— No lo haré — nuestras narices se tocan — No cambiaré de idea.

Lo dice de verdad, hay determinación en su mirada...pero no voy a correr ese riesgo.


Lo beso con fuerza y se lo digo.

— Lo siento, pero no voy a arriesgarme.


Lo levanto y lo llevo hasta el cuarto de baño.

— ¿Qué haces? También querrán ver esto.

— Cerraré con pestillo. Nada de gritar.

Lo miro con una sonrisa malévola. Recuerda mi osadía y me alegro de ver que sonríe
al hacerlo. Debería haberme llevado un buen guantazo por soltarle algo tan grosero
a un hombre tan exquisito.

— No tienes vergüenza.

Su sonrisa, seguida de una risa descarada, me pone la verga a punto de estallar... así
que se lo digo también.

— No. Me duele la polla desde el viernes pasado, y ahora que te tengo entre mis
brazos y que has entrado en razón no pienso moverme de aquí, y tú tampoco.

Cierro la bonita puerta de madera de mi bonito cuarto de baño nuevo de una patada,
lo coloco suavemente sobre el mármol que hay entre las dos pilas del lavabo y me
giro para cerrar el pestillo. Nada va a interrumpir esto.

Cuando me giro hacia él veo que me está mirando, y sus ojos soñadores color
chocolate arden de deseo. Joder, este hombre no puede ser real. Me llevo las manos
a la camisa y empiezo a desabrochármela lentamente mientras me acerco a él. Lo
hago sin prisa porque salta a la vista que está totalmente entregado. Está pasando.

Me dejo la camisa abierta y contengo el aliento mientras observo como recorre con
uno de sus dedos el centro de mi torso en dirección descendiente. Mis manos se
posan por impulso sobre su cintura y mi cuerpo se abre paso entre sus muslos.

Levanto la vista y, al ver que me observa detenidamente, mis labios se curvan


de...felicidad. Por primera vez en mi vida, me siento feliz.

— Ya no puedes huir.

— No deseo hacerlo.

— Bien — contesto y desciendo la mirada hacia sus labios mientras su dedo continúa
recorriendo mi torso, ascendiendo por mi pecho y por mi garganta hasta que
descansa ligeramente en mi labio inferior. Se lo muerdo y mi felicidad se multiplica
cuando me sonríe y hunde su mano en mi pelo.

— Me gusta tu ropa — digo, ojeando la tela de su camisa blanca que cubre su


hermoso pecho hasta que me centro en sus magníficos muslos.

— Gracias.
— Aunque es un poco restrictivo.

Tiro un trozo de tela juguetonamente y sonrió para mis adentros al notar que su
respiración se acelera.

— Lo es.

— ¿Te lo quitamos?

Inclino la cabeza con aire pensativo y me sonríe.

— Si quieres.

— ¿O te lo dejamos puesto? — me aparto y levanto los brazos (un gesto bastante


imprudente por mi parte). Al instante echo de menos el roce de su piel, así que
deslizo las manos por su espalda y hago mi camino hasta su pecho buscando los
botones de su camisa — Aunque, bien pensado, yo ya sé que se esconde bajo esta
bonita camisa.

Y es algo increíble, pienso mientras suspiro en su oído y empiezo a desabotonarle la


camisa lentamente. No sé porque lo estoy pensando. Debería decírselo, y lo hago.

— Y es mucho mejor que cualquier prenda. Creo que será mejor que nos
deshagamos de esto.

Tiene que saber que ahora me tiene completamente a su merced. Lo levanto del
mueble, lo dejo en el suelo y le quito los pantalones y la camisa, dejando al
descubierto una imagen que he tenido grabada en la mente desde el martes. Lo
aparto a un lado con el pie y me deleito con su belleza unos instantes antes de
colocarlo de nuevo sobre el lavabo. La sensación de tenerlo ente mis brazos resulta
tan satisfactoria como su imagen. Quiero llevarlo en brazos a todas partes, tenerlo
siempre pegado a mí.

— Me gusta mi ropa — protesta.

— Te compraré ropa nueva — le digo para que no se preocupe.

Sé que en realidad le importa un rábano su ropa. Recupero mi posición entre sus


piernas, lo agarro de su pequeño trasero y lo atraigo hacia mí, meneando la cadera
mientras nos estudiamos el uno al otro. Mi polla no aguantará mucho más, pero de
momento disfruto saboreándolo.

Y entonces, el pequeño seductor se inclina hacia atrás y se apoya sobre sus manos,
dejando sutilmente su pecho expuesto frente a mí. Lo miro a los ojos, levanto la
mano y le cubro toda la garganta con mi gran palma.
— Siento los fuertes latidos de tu corazón — parezco hechizado. Estoy hechizado. Me
cautiva por completo.

Poco a poco, deslizo la mano por su parte delantera y la dejo descansar suavemente
por su vientre plano. Lo miro a los ojos de nuevo, solo para comprobar que es real,
aunque siento su tacto perfectamente.

— Eres demasiado hermoso — afirmo con rotundidad — Creo que voy a quedarme
contigo.

Arquea la espalda. Sonrío y bajo la boca para lamerle el pezón. Le cubro el otro
pezón y se lo masajeó con suavidad mientras chupo la protuberancia con fuerza.
Está gimiendo. Su cuerpo se relaja y mi dolorosa erección traza deliciosos círculos
contra él.

Me cuesta mantener el control, pero primero quiero adorarlo, sacarle el máximo


provecho a este momento. Es impredecible, y me preocupan sus constantes
resistencias y sumisiones.

Está algo extasiado. Su respiración se ha vuelto agitada y entrecortada. Mi mano se


abre paso hacia su bóxer. Paso un dedo por el borde, resistiendo la tentación de
arrancárselo. Joder, su tacto es perfecto en todas partes.

— ¡Diablos! — grita.

Se incorpora de inmediato y me agarra de los hombros. No me detengo.

— Esa boca — le advierto.

Pego mis labios a los suyos y tomo su miembro. Ahogo un grito al notar como su
pene está duro y comienzo a masturbarlo rápidamente. Gime frenéticamente en mi
boca mientras empuja su cuerpo contra el mío. Siento su desesperación. Ya lo
conozco, un pensamiento absurdo, teniendo en cuenta el poco tiempo que he pasado
junto a él, pero en este momento es tan perfecto que sé que tengo que alargarlo,
debo hacer que dure para siempre.

— Córrete — le ordeno, moviendo mi mano de arriba a abajo y ejerciendo presión


con el pulgar sobre su palpitante glande.

Mi corazón bombea salvajemente mientras observo como se desintegra en una masa


de nervios espasmódicos. Cuando grita, me apresuro a aplacar su boca para
absorber todos sus gemidos cargados de placer mientras se sacude en mis brazos.
Mantiene los ojos cerrados mientras yo me dedico a relajarlo, besándolo en cada
rincón de su rostro hasta que por fin los abre y me mira con un pequeño suspiro.

Estoy en la puta gloria.


Me inclino hacia él y lo beso de nuevo. Su figura entera es como un imán para mí.
Nunca me sacio de él.

— ¿Mejor?

Retiro la mano de su pene, sonrío al oírlo murmurar y le paso los dedos húmedos por
todo su labio inferior mientras nos miramos el uno al otro.

Y, cuando levanta las manos para acariciarme la cara, no puedo evitar girarme hacia
una de ellas y besárselo con afecto antes de fijar mi mirada en la suya de nuevo.

Su grito ahogado me desconcierta, hasta que me doy cuenta que alguien está
intentado entrar en el cuarto de baño. Le cubro la boca con la mano y sonrío ante su
sorpresa.

— No oigo nada — dice alguien.

Kyungsoo abre los ojos todavía más, de modo que le suelto la boca, sustituyo la
mano por mis labios y lo exhorto a que se calle.

— Maldición, me siento sucio — se lamenta dejando caer la cabeza sobre mi hombro.

¿Sucio? Él es lo menos sucio que puedes echarte a la cara.

— No eres sucio. No digas tonterías o me veré obligado a darte unos azotes en ese
hermoso trasero que has pasado por todo mi baño.

Al instante soy consciente de mi error. Joder, ¿de verdad acabo de decir eso? Su
mirada confundida me lo confirma. No sé porque me preocupa. Ya sabe que soy
propietario de La Mansión, aunque crea que es un puto hotel. ¿Qué lo llevó a pensar
eso? Y ¿cómo mierda voy a decirle lo que es en realidad? No quiero manchar esto
con historias sórdidas.

— ¿Tu baño?

— Sí, es mi baño. Me gustaría que ese montón de extraños dejase de pasearse por
mi casa.

— ¿Vives aquí?

— Bueno, lo haré a partir de mañana. Oye, ¿toda esta mierda italiana vale de verdad
el precio tan caro que le han puesto a este apartamento?

No pretendía decir eso en absoluto. Me encanta toda la mierda italiana con la que ha
decorado todo esto.

— ¿Mierda italiana? — espeta. Me echo a reír ante su indignación — No deberías


haberte comprado el piso si no te gusta la mierda que contiene.
— Puedo deshacerme de la mierda.

Ahora solo estoy tomándole el pelo. Su irritación me pone aún más cachondo si cabe.
Enarca las cejas, pasmado, pero pronto frunce el ceño.

— Relájate. No me desharía de nada de lo que hay en este apartamento — lo beso


con fuerza — Y tú estás en él.

Vuelve a ser mío. Recibe mis ansiosos lametones con ganas.

Sus manos ascienden hasta mis hombros y se aferran a ellos con vehemencia.

Se acabó. No puedo esperar más. Necesito llegar hasta el final con este hombre.
Nunca antes había deseado nada tanto en mi vida.

Lo levanto del mármol y arrastro su bóxer de un tirón por sus piernas. El momento
de ser delicado ha concluido. Lo dejo caer y vuelvo a colocarlo sobre el mueble. Le
agradezco mentalmente que haya tomado la iniciativa de comenzar a quitarme la
ropa. Su expresión de fascinación no me pasa desapercibida, como tampoco lo hace
la mueca que compone al verme la cicatriz. Lo último que quiero es que empiece a
hacerme preguntas al respecto, pero cuando me dispongo a desviar su atención de
la marca, él me quita la camisa y lo deja caer a un lado.

— Ya te compraré una nueva — dice como si tal cosa provocándome una sonrisa.

Me inclino hacia adelante, aterrizo sobre sus labios de nuevo y gruño al sentir como
sus manos me desabrochan los pantalones, aunque me aparto con una ceja
enarcada de extrañeza cuando me quita el cinturón rápidamente, lo que provoca que
emita un chasquido similar al de un látigo.

Intento ocultar mi sorpresa.

— ¿Vas a azotarme?

— No — responde lentamente antes de dejar caer el cinturón al suelo. Su vacilación


me reconforta. Pero entonces me agarra de la cintura de los pantalones y tira de mi
hacia él

— Aunque, si quieres que lo haga...

Intento contener una sonrisa. Está jugando conmigo.

— Lo tendré en cuenta.

Me mira a los ojos fijamente mientras me desabrocha el pantalón. Cierro los ojos con
fuerza al sentir que su pequeña mano roza mi sólida erección. Santo cielo, me
sacudo de manera incontrolable, y rezo mirando al techo por mantener el control,
cosa que me resulta todavía más difícil cuando noto el inconfundible calor de su
lengua lamiéndome el centro del pecho.

— Kyungsoo, deberías saber que una vez que te posea, serás mío.

No sé a cuento de qué he dicho eso.

— Uhmmm... — murmura lamiéndome el pezón y deslizando mi bóxer por mis


muslos, liberando así por fin mi verga a punto de estallar.

Sonrío al ver que ahoga un grito.

Si bebé. Y pronto te reclamaré todo para mí... para siempre.

Me apresuro a quitarme la ropa que me queda puesta, tan hechizado por el cuerpo
desnudo que tengo delante como él. Creía que el pulso ya no se me podía acelerar
más... hasta que alarga la mano y empieza a acariciar la cabeza de mi miembro con
el pulgar.

— Mierda, Kyungsoo — lo agarro de las caderas. Pego de nuevo mis labios a los
suyos.

Mi cuerpo se estremece y mis caderas empujan hacia adelante cuando comienza a


acariciarme. La necesidad se vuelve apremiante y, al ver que deja escapar un
gemido, le muerdo el labio.

— ¡Diablos! No aguanto más, necesito hacerte mío y penetrarte hasta el fondo.

— ¿Estás listo? — murmuro preguntándome que voy a hacer si me dice que no, pero
su rápido asentimiento me pone en acción y, de un manotazo, lo aparto de mi
erección.

Lo agarro por debajo del culo, lo levantó y le clavó mi ansiosa polla.

Esboza una mueca de dolor... Mierda, le he hecho daño, pero joder, la sensación es
maravillosa, nunca había sentido nada igual.

— ¿Estás bien? — jadeo.

— Un segundo. Necesito un segundo.

Me rodea la cintura con las piernas. Lo levanto un poco, lo apoyo contra la pared y
pego mi frente a la suya mientras le doy el tiempo que necesita para adaptarse.
Joder, sudo y jadeo como un perro mientras salgo de él suavemente, desesperado
por no provocarle rechazo. Entonces empujo hacia adelante, de manera controlada y
con sumo cuidado.
— ¿Crees que tienes espacio para más? — pregunto respirando trabajosamente al
tiempo que le ruego a Dios que me acepte. Alza su pecho y lo pega a mi tórax, un
mensaje silencioso, pero necesito que lo exprese con palabras — Kyungsoo, dime
que estás listo.

— Estoy listo — susurra, y al momento, salgo y lo penetro con determinación. Y no


paro.

Gruño agradecido mientras repito mis embestidas una y otra vez.

— Ahora eres mío, Kyungsoo.

¿Otra vez? ¿Qué mierda me pasa?

Él no protesta, lo que me llena de satisfacción, algo que jamás había sentido.

— Todo mío — reafirmo pegando mi frente a la suya.

Entonces me retiro y lo penetro del todo embistiendo repetidas veces como un loco,
desesperado y sudando.

Sus gritos son como música para mis oídos. Lo estoy reclamando. Y él me lo permite.

Me deleito en sus repetidos alaridos de placer mientras siento como sus músculos se
aferran a mi miembro cuando tomo su boca de nuevo y nuestros cuerpos
empapados de sudor colisionan y resbalan. Es una sensación maravillosa.

— ¿Vas a correrte? — puedo sentirlo. Está palpitando y retorciéndose.

— ¡Si! — me muerde.

Joder.

— Espérame — ordeno con más aspereza de lo que pretendía mientras acelero mi


ritmo.

Él grita. Diablos, se está corriendo.

Y yo también.

— ¡Ahora!

Me clavo más hondo en su interior, manteniéndome dentro y jadeando en su cuello.


Me tiemblan las piernas.

— ¡Jodddderrrrr! — gruño derramándome en él mientras tras suaves círculos con la


cadera, alargando cada pizca de placer mientras Kyungsoo gime en mi hombro.
Repetiremos esto muy pronto. Joder, estoy mareado.

— Mírame — le ordeno suavemente. Necesito comprobar que es real, y cuando


levanta su cabeza pesada para mirarme, lo miro directamente a esos ojos
maravillosos y acepto que acaba de suceder algo muy especial, y no sé si alegrarme
o morirme de miedo. Sigo meneando las caderas y le doy un beso en la nariz —
Hermoso.

Lo estrecho contra la calidez de mi pecho y lo traslado de nuevo hasta el lavabo,


donde lo deposito con suavidad y luego salgo de él a regañadientes.

Agarro su cara entre las manos y lo beso en la boca.

— ¿Te he hecho daño?

Responde abrazándome con fuerza y entierro el rostro en su cuello mientras le


acaricio la espalda. Tengo la tremenda sensación que éste es mi sitio. Es como si,
después de años dando tumbos y de hacer las cosas sin pararme a pensar en lo que
piensen las personas a los que me he follado, por fin hubiese encontrado mi lugar.
Pero, ¿me aceptará?

Sin embargo, no he empezado muy bien... no me he puesto el puto condón. Me


incorporo y le acaricio el rostro ruborizado con los nudillos.

— No me he puesto condón — me siento como un auténtico idiota — Lo siento, me


he dejado llevar y ni siquiera lo he pensado. Estas limpio ¿verdad?

— Sí, pero siempre hay que protegerse de las ETS.

Sonrío sin sentirme insultado en absoluto. No tengo ningún derecho a estarlo.

— Kyung, yo siempre uso condón — le planto un beso en la frente — Menos contigo.

— ¿Por qué? — pregunta extrañado. No lo culpo. Yo también estoy desconcertado.

— Porque cuando estoy contigo pierdo la razón.

Empiezo a vestirme preguntándome la causa. Cuando estoy con él pierdo la razón y


no paro de pensar tonterías y de comportarme como un auténtico demente.

Cojo una toalla de la estantería que hay junto al lavabo, la paso por debajo del grifo y
detesto la idea de refrescarme alejado de él.

Cuando me giro, veo que ha cerrado las piernas. Se siente incómodo. Frunciendo
ligeramente el ceño, se las abro de nuevo. No quiero que se sienta incómodo
conmigo, aunque sé que es algo ridículo, teniendo en cuenta mi reciente
comportamiento cuando estoy con él. Pero a pesar de todo sigue aquí.
— Mejor — murmuro. Coloco sus manos sobre mis hombros y le paso a
regañadientes la toalla por la piel para limpiarlo. Lo miro un momento. Sé que me
está observando — Quiero meterte en esa ducha y venerar cada centímetro de tu
cuerpo, pero con esto tendrá que bastar. Al menos por ahora — le doy un beso breve
y me apena tener que vestirlo — Venga, vamos a vestirte.

Me encanta que deje que lo vista yo, y me encanta que se le erice el vello y se
estremezca cuando no puedo resistirme a saborear su cuello una vez más. Más le
vale acostumbrarse a tener mis labios por todo su cuerpo, porque no pienso volver a
posarlos en ninguna otra parte, nunca más.

Me pasa la camisa y aliso las arrugas lo mejor que puedo.

— No había ninguna necesidad de arrugarla, ¿sabes? — sonrío con malicia mientras


me visto y él me observa detenidamente.

— Con la chaqueta puesta no... — se interrumpe al percatarse de pronto que lo dejó


caer en el dormitorio, y sus ojos se abren como platos — ¡Oh!

— Sí. ¡Oh! — doy un latigazo en el aire con el cinturón. Un escalofrío recorre su


cuerpo y mi sonrisa se intensifica al ver que parece alarmado — Bueno, ¿listo para lo
que tenga que pasar?

Le ofrezco mi mano y la acepta sin vacilar.

Buen chico.

— Yo diría que has gritado bastante, ¿no?

Le dedico mi mejor sonrisa y él sacude la cabeza. No puedo creer que acabo de decir
eso tampoco.

Una expresión de horror inunda su rostro al verse reflejado en el espejo. No entiendo


por qué, está fantástico.

— Estás perfecto.

Quito el pestillo, tiro de él y recojo mi chaqueta del suelo al pasar. Al llegar a la


escalera siento su tensión a través de nuestras manos unidas y no me gusta ni un
pelo, y me gusta menos todavía comprobar que intenta soltarse. Mi instinto me dice
que no debo soltarlo... y no pienso hacerlo.

— Jongin, suéltame la mano.

— No — respondo irracional y tajantemente. No puedo evitarlo.

Al sentir que se detiene, hago lo propio y me giro. Está nervioso. Su estado de dicha
ha desaparecido.
— Jongin, no puedes esperar que desfile por aquí agarrado de tu mano. No es justo.
Suéltame, por favor.

Contemplo nuestras manos y las venas hinchadas de mis brazos demuestran la


firmeza con la que lo estoy agarrando. No le estoy haciendo daño, jamás lo haría,
pero lo retengo con fuerza y no tengo intenciones de soltarlo.

— No voy a soltarte — murmuro — Si lo hago, puede que olvides cómo te hace


sentir. Puede que cambies de parecer.

Sueno irracional, pero es la verdad.

— ¿Qué cambie de parecer respecto a qué? — parece confundido, lo que confirma


mis temores.

— A mí.

De repente, me da un tirón y se suelta, dejándome pasmado.

¿Cómo carajos ha hecho eso?

Inevitablemente, mi enfado se refleja en mi rostro. Sé que lo estoy mirando con


ferocidad y el hecho que eche a correr escaleras abajo no hace sino confirmarlo.

Con una mezcla y angustia, observo cómo Kyungsoo huye de mi para refugiarse en
brazos de una mujer con ropa chillona al pie de la escalera.

¿Quién mierda es?

Bajo a toda velocidad, apenas incómodo por la ira que ha invadido mi cuerpo al ver
que esta mujer esté babeando sobre él, pero al acercarme, me relajo... un poco. Es
su colega. Joder, parece que no es de su tipo porque se me abalanza tan pronto me
tiene cerca. Pero sigo tenso, y ella sigue manoseando a mi Kyungsoo.

Mi Kyungsoo

Joder, Kim, Estás perdido.

LUHAN Y SEHUN

CAPITULO 5

EL PRIMER ENCUENTRO
LUHAN POV ~ ME ESTOY ENAMORANDO ~ SOLO MIO (14)
Veo al borrachín de mi amigo ser llevado fuera de la barra por Jongin y sonrío con
picardía.

— ¿Por qué te estás sonriendo? — me preguntan

Mi sonrisa se ensancha y me giro para mirar al lindo y sexy compañero de Jongin, lo


encuentro mirándome por encima de su botella de cerveza. Su cabello rubio cenizo
es una masa de olas sobre su adorable cabeza y las mangas cortas de su camiseta
están tensas en sus lamibles bíceps. Mi lengua sale de mi boca involuntaria y pinta
un rastro húmedo a través de mi labio inferior mientras me imagino haciendo eso.
Lamiéndolo. Por todas las partes inimaginables.

— ¿No puede un chico… reír?

Sus labios se curvan alrededor de la boca de su botella, mostrándome esa puta


sonrisa. Odio esa sonrisa. Me desarma en un instante y crea un hormigueo divertido
entre mis muslos que me dice más de lo que estoy dispuesto a reconocer.

— No estabas riendo, Luhan. Estabas sonriendo. Hay una diferencia.

— ¿Y cuál es?

Le pregunto descaradamente inclinando el vaso a mis labios con indiferencia,


importándome una mierda si me responde o no. Jodidamente, si me importa.
Jodidamente quiero que continúe hablando en la madera llena de sexo.
Jodidamente… quiero que me hable con ese tono en la cama. Cualquier cama. O
contra una pared. Cualquier pared.

Él se acerca, apoyando su codo en la mesa de la barra, acercándose demasiado a mi


espacio personal. Pero la intriga mezclada con un poco de lujuria bloquea la
instrucción de alejarse. Él me está sosteniendo en su lugar con ojos centelleantes y
esa sonrisa descarada.

— Una risa sugiere felicidad — susurra en mi cara.

Se acerca hacia delante y desliza su dedo por mi brazo haciéndome estremecer. Los
pensamientos de lo que Oh Sehun podría hacer con ese dedo hacen que mi
estómago se tuerza.

— Es agradable verlo y relajante para el oído.

— ¿Enserio?

Mi voz sigue sonando engreída, pero mi cuerpo le está respondiendo y me estoy


poniendo nervioso. Nervioso de lo que Sehun podría reducirme si es que se da la
oportunidad.
— Exacto — confirma con confianza — Pero una sonrisa… — su dedo dibuja una línea
ardiente desde mi brazo a mi mano… ¡Joder! ya estoy ardiendo. Se me estremece
todo mi maldito cuerpo y mentalmente me regaño por mi debilidad — Una sonrisa
sugiere pensamientos pecaminosos y eso provoca una polla palpitante. De mi parte.

¡Maldito sea!

Suspiro haciéndole sonreír de nuevo. Su sonrisa es definitivamente malvada, lo que


hace que todo mi ser esté temblando, pero lo oculto con una pequeña sonrisa.

Y él lo sabe. Bastardo.

— Si eso te provoca, entonces te sugiero que vayas a casa y lo remedies.

Coloca su botella cuidadosamente sobre la mesa y gira un poco mientras estudia


algo. Entonces alza sus hermosos ojos que aterrizan sobre mí con un estallido
todopoderoso.

¡Oh mierda!

Puedo sentir que mi audacia es absorbida de mí. En toda mi vida ningún hombre me
ha reducido a un ser tan débil. Ningún hombre me ha hecho querer suplicar por él.
Hasta ahora. Me obligo a permanecer en la misma posición cuando veo que Sehun
cierra nuestras distancias poniendo sus labios a poca distancia para que los lama.

— Los dos sabemos que eres tú quien va a remediar mi pequeño asunto — siento
que su mano se aferra a la mía y la coloca en su entrepierna. Es dura. ¡Diablos! está
palpitando fuertemente en mi mano.

Mis ojos se ensanchan y él sonríe con esa sonrisa perversa mientras me maldigo por
no reaccionar ante su descaro y sentirme tan débil cuando estoy a su lado.

Realmente quiero remediar su pequeño problema, pero estoy terriblemente


confundido, así que no lo haré. Una manoseada debajo de las sábanas significará un
juego más para mí. Se acabó el tiempo y no cederé. Aún estoy en ventaja así que me
iré.

Realmente me siento tan molesto y por extraño que sea si no lo vuelvo a ver echaré
de menos esa sonrisa descarada. Quiero alargar este momento, ya que hacerme el
difícil no está funcionando y sé que tarde o temprano pasará.

— No puedo hacerlo — quito mi mano de su entrepierna y doy un paso atrás,


dándole mi pequeña sonrisa esperando que sea tan malvada como la suya y espero
que haga que su pene explote en sus vaqueros.

Mi insolencia es derrotada cuando él se niega a dejarme escarpar, moviéndose de


nuevo y acorralándome.
— Escúchame claro Rubito. Esta noche voy a follarte y vas a estar rogándome a por
más.

Encuentro mi descaro perdido y me burlo en su cara, haciendo que sus cejas salten
por la sorprenda. Lo que me motiva para dejarle bien en claro mi posición.

— Escucha idiota, no me llames Rubito. Y para que lo sepas, yo nunca ruego.

Esto es inaudito. Nunca he repetido y sobre todo porque mi valentía y la incesante


necesidad de tener el control hace que la mayoría de los hombres se asuste. Más
aún en la cama. Sé lo que quiero y si él no me lo da entonces no tendré reparos en
decírselo. No es muy bueno para el ego de un hombre, me doy cuenta de eso y este
cerdo engreído tiene un ego enorme. Sin embargo, sigue sonriéndome. Es
inquietante.

¡Demonios!

— Nunca.

Refuerzo mi promesa mirándolo desafiantemente a los ojos, pero no estoy seguro de


si estoy tratando de convencerme a mí mismo o al hombre jodidamente atractivo
delante de mí. En mi vida nunca he deseado tanto a un hombre y eso es una
confesión silenciosa para mí mismo que nunca lo compartiré, especialmente con él.

— Chico — me respira en la cara — Te comerás esas malditas palabras una vez que
haya terminado contigo — no me da la oportunidad de burlarme porque estrella su
boca en la mía y literalmente se come mis palabras él mismo. Le estoy pidiendo
silenciosamente a por más —¿En la tuya o en la mía?

— Mía

El viaje en taxi a casa es tortuoso. Sehun mantiene sus manos en su entrepierna y


las mías se retuercen sintiendo mi cuerpo agitarse. Al segundo, el taxi para fuera de
mi casa, Sehun le tira unos billetes al conductor y estoy siendo arrastrado por el
sendero del jardín, buscando a tientas en mi bolso las malditas llaves. Las encuentro
y lo meto a la cerradura tratando de girarla, pero no puedo porque Sehun me está
distrayendo chupando y mordiendo mi sensible cuello. Por lo visto es una tarea casi
imposible, así que me rindo y me giro. Mi deseo cruza la línea de la necesidad y en
los reinos de la desesperación. Mendicidad será el próximo si no tengo cuidado.

Localiza rápidamente mi boca y hunde su lengua con urgencia mientras sus manos
comienzan a recorrer todo mi cuerpo. Estamos gimiendo. Dejo caer mi bolso y le
agarro sus brazos clavándole mis uñas en la carne dura.

— Abre la maldita puerta antes que te folle en la calle — ruge, sujetándome la


cintura y moviendo sus caderas contra mí.

¡Oh Dios!
— Llaves — jadeo — Puerta.

Alza su mano a un lado de mi cabeza y agarra las llaves que están colgando en la
cerradura donde las he dejado abandonadas. Oigo el cambio mecánico y entramos
siendo una maraña de miembros agitados y lenguas entrelazadas.

¡No me jodas!

En serio sabe delicioso. Me ha fallado ser frío y la razón por la que estoy así es
jodidamente adorable pero no tengo intención de dar marcha atrás.

Rápidamente estoy empotrado en la pared y Sehun cierra fuertemente la puerta.


Siento su dureza rozar mi entrepierna haciendo que mi cuerpo y mente sientan todo
tipo de cosas pecaminosas. Me tiene completamente consumido.

Él rompe nuestro beso lo que me desconcierta y frunce levemente el ceño y me


susurra.

—- ¡Joder! sé que esto volverá a pasar, así que prepárate para que me ruegues.

— Ya te he dicho. Yo no ruego.

¿Por qué elijo molestarlo? es un misterio. Estoy más que listo para rogarle en este
momento, y eso que ni siquiera estamos desnudos. Entonces da un paso atrás, toma
el dobladillo de su camiseta y veo un brillo de lujuria en sus lindos ojos mientras se lo
quita. Me quitan el aliento mientras mis encantados ojos vagan lentamente por su
torso desnudo.

¡Maldito seas!

Sehun pone la perfección en vergüenza.

— ¿Te gusta lo que ves? — me sonríe con malicia.

Sería tonto si intento fingir que no me afecta porque no estoy jodidamente ciego.

— No está mal — me encojo de hombros con indiferencia. No lo puedo evitar y me


siento tan estúpido.

Se ríe de mí mientras se quita sus vaqueros, pateándoles a un lado y luego se quita


el bóxer mirándome al rostro.

¡Joder!… casi me ahogo.

— ¿Qué te parece ahora?

Me agarra una tos incómoda.


—Sí, podría funcionar.

Continúa riéndose de mi actitud mientras yo soy un manojo de nervios. En mis años


de soltería, nunca se me había presentado un hombre hecho a la perfección. Me
excita mucho y me asusta todo a la vez. Cada parte de este tipo grita placer.

— Quítate la ropa, Luhan — me ordena y ya no se está riendo. Su orden es


provocadora y dura.

Sé que estoy en condiciones de rechazarlo, pero lo que más me preocupa es que me


está gustando que tome el control de mí. Demonios, tengo que decirle que no y salir
bien de esta situación ya que está intentando quitarme la valentía que necesito para
poder enfrentarme a este hombre.

Me giro rápido y subo corriendo las escaleras.

— Voy al baño — le digo, y escucho sus pasos detrás de mí.

— ¡Oye! – me grita.

El ritmo de mi corazón se acelera y cierro la puerta del baño en estado de pánico,


solo logro ver una mirada de incredulidad en ese hermoso rostro y le pongo el
pestillo a la puerta. Apoyo mi espalda contra la puerta mientras mi cuerpo comienza
a agitarse por el esfuerzo y la inquietud. El sentimiento que me da es extraño, y no
me gusta.

— ¡Abre la maldita puerta, chico!

— Tardaré dos minutos — digo, estando aún agitado y nervioso. Me lo dice la


expresión que refleja mi rostro pálido en el espejo — Joder — murmuro, frotando
levemente mis mejillas, como si pudiera borrar la evidencia.

Es inútil. No es solo mi rostro lo que me delata. Mi cuerpo entero está temblando,


mis ojos están llenos de lujuria y mis pezones están dolorosamente sensibles.

—¡Joder, joder, joder!

— Dos minutos — confirma — Si no sales en dos minutos voy a tirar esta puerta.

Dirijo mis ojos hacia la persistente presencia de su voz tranquila y sé que va muy en
serio. Se me está acabando el tiempo así que me armo de valor, me calmo y mojo mi
rostro caliente.

— Un minuto — me informa con voz ronca.

Clavo mis ojos hacia la puerta preso del pánico, deshaciendo por completo el valor
que he conseguido en los últimos sesenta segundos, lo cual no era mucho.
—Treinta segundos.

— ¡Está bien! — grito y mi rostro se pone rojo pero esta vez es de cólera e irritación
y no por la lujuria que me causa este hombre. Me acomodo bien mi ropa y llego a la
conclusión que quedarme más tiempo en este baño no solucionará nada.

Abro la puerta y veo que no está allí. Frunzo el ceño y saco mi cabeza por la puerta
mirando por el pasillo y veo que su espalda desnuda desaparece en una habitación.

¡Oh no! Es el dormitorio de Kyungsoo.

— ¡Oye, sal de ahí! – le grito mientras corro detrás de él y lo escucho reír entre
dientes. Llego a la habitación de Kyungsoo y lo encuentro hurgando en el cajón
superior de su cómoda — ¡Sehun!

Se da la vuelta, sonriendo pícaramente mientras sostiene un par de bóxer entallados


y sexis.

— Me encanta — dice, haciendo girar el bóxer en la punta de su dedo.

Yo me quedo embelesado mirando su maldito cuerpo desnudo. Está duro y me está


apuntando. No tiene vergüenza.

Le frunzo el ceño y camino hacia él quitándole el pedazo de tela de su dedo.


— ¡Esto es de Kyungsoo, idiota! ¡Ésta es su habitación! — le señalo con mi dedo la
puerta y le grito — ¡Fuera!

Se echa a reír y se dirige a la puerta dándome la mejor vista de su culo


perfectamente apretado que se flexiona al caminar. Sigo enfurruñado, pero luego me
da curiosidad cuando su mano se extiende hacia un lado y pasa el umbral de la
puerta recogiendo algo del dormitorio de Kyungsoo. Es una bufanda.

Me incita dándome una mirada traviesa por encima de su hombro como diciendo no
te decepcionaras. Salgo y veo la larga longitud del pedazo de tela que está
arrastrando por el piso detrás de él y justo cuando estoy a punto de agarrarlo, se
gira y me lanza la bufanda sobre la cabeza para que rodee mi cuello usando los dos
extremos como ventaja para tirar de mi hacia su cuerpo desnudo.

¡Dios mío!

Jadeo mientras las palmas de mis manos impactan contra su duro pecho desnudo
evitando que mi frente se estrelle contra la suya. El calor que emana de su pecho
arde deliciosamente en mis palmas, haciéndome estremecer y querer
arrancármelas.
Tira más fuerte de la bufanda, dejando que nos sea imposible mantener una
distancia prudente y estemos nariz con nariz. Sus ojos brillan intensamente y me
miran fijamente, sus labios jodidamente seductores me sonríen. Estoy jodido.

— ¿Encontraste tu valentía en el baño? — pregunta con su voz llena de humor.

— Sí — miento. Mi valentía se fue por el agujero del lavadero, junto con mi descaro y
la confianza.

— Claro — susurra y retrocede sin dejarme más remedio que seguirlo — ¿Dormitorio,
cocina o sofá? No me molesta en absoluto el lugar donde te voy a follar, pero dejaré
que tengas esta última opción.

— ¿Última?

— Te estoy dando la oportunidad de elegir la ubicación. A partir de ahí, lo que


suceda es mi elección. Y te puedo garantizar al menos dos cosas.

— ¿Qué cosas? — pregunto enojado, siguiéndolo, preguntándome si quiero saberlo.

— Ten por seguro que seré lo mejor que has tenido — me roba un beso hambriento,
cegándome con la dura posesión de su exorbitante lengua — Y estarás pidiendo más.

No discuto esta vez. Estoy demasiado embelesado absorbiendo su gloriosa lengua.


Oh, mierda, besa de los mil demonios, lo que hace que mi mente comience a pensar
en qué otras cosas más es bueno este hombre. Apuesto a que la lista es
interminable.

— Lo que digas, Sehun — le digo con indiferencia.

— Chico provocador — me dice, se separa de mis labios y me doy cuenta que hemos
llegado a la puerta de mi dormitorio. No puedo dejar de mirarlo, este hombre me ha
desarmado. Me da una mirada desafiante — Veamos si podemos callar esa boca
testaruda.

Me quita la bufanda del cuello y la tela hace que me queme la piel. En un abrir y
cerrar de ojos me arranca la camisa y me baja los pantalones de mis blancas piernas
quedándome solo en bóxer. Ni siquiera lo detengo.

Este hombre me ha dejado sin aliento y desesperado, que son dos cosas que no me
han sucedido desde mi relación con Minseok, pero borro esos pensamientos de mi
mente porque nada bueno me traerá. Me resulta bastante fácil porque cuando los
ojos cautivadores de Sehun cae a mi blanquecino pecho desnudo, sonríe, lamiéndose
los labios y me sorprende pellizcando uno de mis pezones rosados entre sus dedos.
Se me está haciendo difícil respirar. Trago saliva cuando el placentero dolor se
dispara hacia mi entrepierna y golpea en mi ingle. Me mojo en el acto
—- Luhan, todo bastante tranquilo allí — se burla, y me da una mirada traviesa —
¿Nada que decir?

Estoy buscando mi valentía en lo más profundo de mi ser, pero la encuentro en la


punta de mi palpitante glande donde la muy maldita está disfrutando del placer y se
niega a ayudarme.

— Joder.

Es la única palabra que sale patéticamente como un susurro de mis labios. Ya me


tiene y él lo sabe porque la sonrisa maliciosa que aparece en su rostro me lo dice.

Me empuja suavemente sobre la cama y se arrastra por mi cuerpo. Toma mis manos
en una de las suyas y las sujeta por encima de mi cabeza. La bufanda hace su
aparición al instante y tenso los hombros.

— ¡Oh no!

Me entra la risa y me retuerzo debajo de él, siseando y jadeando cuando su


polla golpea en mi vientre mientras ágilmente maniobra mi cuerpo poniéndome a
horcajadas debajo de sus muslos.

— Oh, sí — gruñe.

Comienza a atar mis manos a una de las barras de mi cabecera con la bufanda. Miro
en dirección a mis manos y observo el trabajo experto, y me doy cuenta que estoy
en un gran problema.

— ¡Sehun! — grito, la furia mezclándose con el deseo incontrolable que despierta


todo mi ser — ¡Puedes irte a la mismísima mierda! — tiro de mis manos con fuerza,
pero no logro soltarme. Grito como un poseso y aprovecha mi debilidad para
cogerme de las mejillas y tira de mi cara a la suya.

— Tú y yo nos llevaremos mucho mejor si dejas de hacerte el difícil.

— ¡Vete a la mierda! — le espeto a este hombre que me tiene hecho un lío

Se ríe y me pellizca mis pezones sensibles.

— Chico, creo que alguien está rogando.

— ¡Ay! ¡Maldita sea!

Este hombre me está volviendo loco y hago todo lo posible para que me suelte.
Comienza a tirar de mi bóxer por mis muslos y doy patadas como loco gritándole que
me suelte.
— Algo me dice que te gusta tener el control — me dice con picardía, tirando al piso
mi ropa interior y poniéndose de rodillas — ¿Tomas la píldora?

— Vete a la mierda.

Se ríe y comienza a trazar su lengua desde mi cuello hasta llegar a mi pezón y


atacarlo.

— ¿Estás limpio?

Por dentro estoy que grito y llorando de puro placer y me retuerzo.

— ¡Vete a la mierda, Oh Sehun!

— Tomo eso como un sí.

Sus dedos encuentran mi orificio y empuja dentro de mí implacablemente.

— ¡Oh Dios! — estoy instantáneamente tenso a su alrededor y mi cabeza comienza a


sacudirse de lado a otro por la desesperación — ¡Por favor! — le pido.

El bastardo echa un vistazo descarado a mi cuerpo sudoroso, con la victoria


esparcida por todo su rostro irritantemente guapo.

— Creo que acabamos de tener nuestra primera súplica — gira los dedos con
precisión, haciéndome gritar por misericordia —Y otra — gruñe, rozando su boca
contra la mía. Lo beso desesperadamente. Toda la pelea me ha dado mucho placer y
esto es solo el comienzo —Fóllame, Luhan — susurra — Estoy limpio.

Asiento y mi preocupación por protegernos desaparece. Estoy limpio y también tomo


la píldora, pero para ser sincero nunca hay que ser descuidado, o solo confiar en
ellos. Sin embargo, ahora no puedo superar las sensaciones obscenamente
sorprendentes con las que me está torturando para tener que preocuparme por ello.
Deseo a este lindo sinvergüenza más de lo que he querido.

Me ha desarmado, me ha atado y ha tomado el control de todo. Si otro hubiera


hecho esto ya me hubiera largado, pero no con Sehun.

¡Joder!

Con un rápido movimiento retira sus dedos y con cuidado me penetra moviendo sus
caderas y empuja hacia adelante con un rugido áspero. Pone ambas manos a cada
lado de mi cabeza y levanta su pecho bien definido y duro. Si pudiera encontrar mis
sentidos seguro estaría lamiéndole ese cuerpo apetecible, pero se retira rápido y
vuelve a entrar, jodidamente profundo. Deja caer la barbilla a su pecho y gime de
puro placer. Su cabello cae hacia delante y el deseo de querer tocarlo mientras me
penetra es abrumador, pero tengo las manos atadas.
— ¡Desátame! — grito mientras me penetra profundo moviendo sus estrechas
caderas.

Mi exigencia lo hace levantar la cabeza, y se le ve la satisfacción de placer a través


del sudor y el esfuerzo en su rostro.

— No-oh — jadea, dejándome mareado con su puta sonrisa — Mi juego, mis reglas, y
digo que permanecerás a mi merced

¡Pum!

— Sehun, ¡por favor!

Cada terminación nerviosa me está zumbando, atormentándome. Deja de moverse,


manteniéndose quieto. Es doloroso. Estoy indefenso mientras me esfuerzo por no
rogarle, pero estoy incitándolo. Necesito que me folle en sumisión.

— Ruega, chico. Ruégame que te folle.

— Por favor — no lo dudo — ¡Por favor, fóllame!

Nunca pensé que esas palabras saldrían de mis labios. Jamás.

— Con mucho placer — su voz está lleno de satisfacción.

Comienza a mover sus deliciosas caderas penetrándome repetidamente y


despiadadamente. Grito, mis muslos quedan más abiertas, dando a su duro y
experto cuerpo el lugar que está reclamando. Ahora estoy dispuesto y acepto lo que
me hace. Estoy loco por el profundo placer que jamás haya experimentado.

Permanece mirándome fijamente, empujando sus caderas una y otra vez mientras
las gotas de sudor que brota de su frente por el esfuerzo caen por su lindo rostro.

— Te sientes jodidamente increíble, chico.

— ¡Mierda, Sehun!

— ¿Te vas a correr?

— ¡Sí!

— Joder — sale rápido y me sorprende porque mi orgasmo que se estaba


aproximando se siente frustrado por la repentina interrupción de la fricción.

— ¿Qué demonios estás haciendo? — le grito indignado levantando la cabeza.

— Cállate, Luhan.
Espeta, poniéndose de rodillas, definiendo cada apretado músculo de su torso y tira
la parte inferior de mi cuerpo y lo pone en su regazo. Agarra mi pene y comienza a
masturbarlo mientras me penetra otra vez en un rugido ensordecedor.

Mi libido regresa y se dispara, mi cabeza cae de nuevo a la cama.

— Oh Dios.

Está serio, decidido… y jodidamente asombroso. Su potencia y fuerza implacable me


paralizan. Nunca había experimentado algo similar, y soy plenamente consciente
que estoy en riesgo de convertirme totalmente adicto a él. A él. Si no estuviera
llegando furiosamente hacia un clímax que me divide el cuerpo, podría darle más
atención al tren de pensamiento, pero todo en lo que me puedo concentrar con
cualquier convicción es en la neblina inducida por el placer a la que me ha
empujado.

Estoy a punto.

Está viniendo.

Y luego siento una presión en la punta de mi glande que me arrojan a un abismo de


sensaciones indescriptibles, gritando su nombre hasta que mi garganta se siente
como papel de lija y no queda aliento en mis pulmones.

El propio rugido de Sehun, seguido por unas sacudidas salvajes de sus temblorosas
caderas, indica su propio clímax y se deja caer sobre mi cuerpo, bajando conmigo
para que todavía esté aferrado dentro de mí, haciendo círculos profundos y
deliciosamente apaciguando cada pequeño placer de nosotros. Estamos sucios,
agitados y sudados. Los dos estamos sin palabras.

Y estoy totalmente jodido.

Pasa una eternidad respirando pesadamente hasta que desliza su rostro hacia mi
mejilla, lamiendo a medida que avanza, buscándome la boca y besándome con
demasiada ternura, teniendo en cuenta en lo que acabamos de participar juntos.
Duro, rápido, jodidamente furioso.

— Lo haremos de nuevo muy pronto — susurra.

Acepto su dulce beso, sin molestarme en discutir, porque en el fondo, sé de todo


corazón que lo volveremos a hacer.
CAPITULO 6
CUANDO KYUNGSOO ESPOSA A JONGIN
POV JONGIN ~ RECORDATORIO DE LA VERDAD ~ MI OBSESIÓN (9)
Creo que estoy soñando. Tengo que estarlo. Este sentimiento de alegría y
pertenencia no puede tener otra explicación. Pero a medida que mi mente da vueltas
repaso cada segundo de mi sueño y la cálida serenidad que viaja a través de mi
relajado cuerpo me dice que todo es muy real- eso y que mi corazón late fuerte y
constante.

He dormido como un bebé, acurrucado cerca de mi ángel, inhalando su olor toda la


noche. Nada podrá superarlo nunca. La puedo sentirlo contra mí, y mis ojos
comienzan a abrirse, ansiosos por absorber con la vista todo de él que está junto a
mí, exactamente donde necesito que esté.

Pero algo no se siente bien.

Mis párpados se abren lentamente y lo veo justo en mi campo de visión.

Tan jodidamente perfecto.

— Hola, bebé — mis ojos luchan contra el brutal asalto de la luz del día y comienzan
a enfocarse, rápidamente amando las vistas de él mirando hacia mi pecho,
claramente le gusta lo que ve. No me disgusta tampoco lo que veo, está con un
entallado bóxer transparente. Empiezo a endurecerme.

Sonríe, haciendo que mi polla se sacuda aún más y mi corazón explote con amor.
— Hola — se oye perfecto también, y en un desesperado intento por poner mis
manos sobre él, muevo mis brazos.

Pero no se mueven a ninguna parte

¡Qué mierda!

Y escucho un estruendo sobre mi cabeza.

Y mis jodidas muñecas duelen.

Mis ojos están ahora completamente abiertos y al acecho, y mi adormilado rostro se


llena de confusión cuando miro por encima de mi cabeza. Sacudo mis brazos otra
vez como si el sonido confirmara lo que estoy mirando, y lo hace.

— Pero ¿qué coño...?

Rápidamente busco su mirada de nuevo, encontrando ese rostro deslumbrante


mezclado de… poder.

¿Qué demonios está pasando?

— Kyungsoo, ¿por qué demonios estoy esposado a la cama?

— Voy a introducir un nuevo polvo de recordatorio en nuestra relación, Jongin.

Su tono rebosa seguridad y serenidad. Pero ser recibido por su hermosa boca
lanzando tan vulgar lenguaje, especialmente en el momento en que despierto,
instantáneamente calienta mi sangre.

¿O es porque mi erección está presionando en medio de sus piernas? Podría ser


ambos.

—¡Esa boca! — doy golpes, tiro de mis muñecas mientras miro la cabecera, mis ojos
casi se salen de mi cabeza.

— Éstas no son mis esposas.

— No, y hay dos pares. Estoy seguro que te has dado cuenta. Bien, como estaba
diciendo, he inventado un nuevo tipo de polvo, y ¿adivina qué?

Suena muy engreído. Esto no me sienta nada bien.


— ¿Qué?

— Lo he inventado especialmente para ti — gira sus pequeñas caderas, haciéndome


tomar un profundo e incómodo jadeo— Te quiero — me dice suavemente.

— ¡Por Dios bendito!

Estoy siendo sometido a mi propio juego, excepto que él tiene un motivo. Lo puedo
ver en el borde de sus determinados ojos color chocolate. ¿Qué está tramando? No lo
sé, pero tengo el presentimiento que no va a gustarme nada. Mierda ya no me gusta.

Sus delicadas palmas tocan mi pecho, y observo mientras acerca su exquisito rostro.
Estoy luchando por mantener mi respiración regular. ¡Joder, me estoy esforzando
solo por respirar!

— ¿Cuántos años tienes?

Roza sus labios sobre los míos, y aunque esa pregunta me dice lo que necesito saber
y estoy sorprendido por eso, no puedo evitar distraerme de la claridad de mi
situación al sentir sus labios sobre los míos. Ese pequeño jodido descarado.
Entonces se retira y comienzo a enfadarme. Oh, esto se va a poner muy feo. Sé lo
terco que puede llegar a ser.

Con las manos sujetadas, trato de levantar mi cabeza para mantener sus labios en
los míos, sabiendo que, si pongo algo de atención a su boca, podría salir bien librado
de esta situación. Le doy una mirada asesina cuando él se niega.

— Treinta y tres.

Casi me ahogo con un gemido cuando se frota contra mí. Estoy en problemas, y más
cuando comienza a morderme y lamerme mi piel.

— Dime la verdad.

— ¡Joder, Kyungsoo! No voy a decirte cuántos años tengo.

Su esbelto cuerpo se levanta y me mira, ligeramente perplejo.

— ¿Por qué?

No tengo la mínima jodida idea de qué decir. Sé que me veo bien, sé que no se
puede controlar así mismo cuando está conmigo, y sé que lo vuelvo loco de lujuria.

¡Pero once años es una jodida década más uno!


Cuando yo tenía veintiuno, él tenía diez. Simplemente no está bien. Tengo casi
cuarenta, aunque nunca he planeado actuar o verme como alguien de esa edad.

— Quítame las esposas, quiero tocarte.

No me gusta el deleite que muestra hacia mi orden. Sabe que me tiene.

— No.

El pequeño seductor se frota fuertemente contra mí, poniéndome salvaje de


necesidad.

— ¡Joder! — tiro mis manos y giro mis caderas en círculos un poco, pero sin ningún
propósito. Estoy jodido — ¡Quítame las esposas, Kyungsoo!

— ¡No!

— ¡Por el amor de Dios! ¡No te atrevas a jugar conmigo!

Soy un bastardo hipócrita, pero en serio no me gusta nada hacia dónde está yendo
esto. ¡Joder, necesito tocarlo!

— No creo que estés en posición de decirme lo que tengo o no tengo que hacer —
está tan calmado que me congelo… y me preocupo más — ¿Vas a dejar de ser
imposible y me lo vas a decir?

Probablemente estoy siendo difícil, pero si me rindo lo usará en mi contra por el


resto de mi jodida vida. La primera cosa que voy a hacer cuando me libere, después
de follarlo hasta que recobre el sentido será comprar una cama en la que no pueda
atar cosas en ella.

— ¡No!

— Muy bien.

Se deja caer sobre mi pecho y sigue presionando mi dura erección, toma mis mejillas
en sus manos, estudiándome por unos momentos. Después baja sus labios. Podría
llorar, sobre todo cuando suelta ese gemido de placer que nunca falla en hacerme
sonreír internamente y mi polla se endurece al punto de querer explotar. Mi lengua
sale de mi boca para buscar la suya, pero él se va. Gruño. Debería saber mejor lo
que significa hacerme esto.
Mi ansiedad no disminuye cuando se quita de mis caderas y le da un lametón a mi
dolorido pene.

— ¡Aaaah, por el amor de Dios! — no puedo con esto — ¡Kyungsoo!

Cuando pienso que va a tener clemencia, desciende sobre mí y comienza a moverse,


pero entonces sostiene algo en su mano. Casi me atraganto con la lengua. Lo
reconozco de inmediato.

— ¡No, Kyungsoo, no! ¡Te juro por Dios que...! — hundo mi cabeza en la cama en
total desesperación, mi mente comienza frenéticamente a pensar en formas de
detener esto. Lo más fácil sería el de simplemente decirle, pero ¿qué tal si se detiene
y lo piensa por un momento? Tendré cincuenta cuando él tenga solo treinta y nueve.
¿Y qué pasa con los hijos? Pensará que soy muy viejo para ser papá. ¡Tonterías! —
¡No puedes hacerme esto! ¡Joder!

Escucho el ligero zumbido del vibrador, mi cabeza se balancea estúpidamente rápido


de lado al lado tratando de detenerlo.

— ¡Caramba!

Realmente va a hacer esto. Maldita sea, ese es mi jodido trabajo. Esa cosa no puede
hacerle sentir lo mismo que yo. Mantengo mis ojos cerrados, no puedo mirar.

Esta máquina sí que es potente.

— ¡Quítame las esposas, Kyungsoo!

La máquina se detiene, y yo expulso la tensión que puse sobre mi mandíbula


apretando los dientes. Todo me duele. Mis muñecas, mis músculos… mi maldita
polla. Lentamente abro los ojos, preguntándome si es mala idea. Y lo es. La mirada
en esos profundos ojos marrones que amo me dice que no se va a rendir.

— ¿Vas a decirme cuántos años tienes?

Yo tengo el poder, me digo a mí mismo, como un jodido idiota maníaco del control.

— De eso, nada.

— ¿Por qué te empeñas en ser un imbécil cabezota?

Su dulce pregunta me hace reír un poco. Lo estoy haciendo enojar, ¡qué bien!
— ¿No soy tu dios cabezota?

— Esta mañana te estás comportando como un verdadero imbécil.

Pero inmediatamente dejo de reír como un idiota cuando veo que comienza a
bajarse el bóxer por las piernas, revelando los suaves rizos en la cima de sus muslos.
Mi corazón se acelera aún más, mi cuerpo se baña en sudor mientras ella se pone de
rodillas.

— ¿No te apetece echarme una mano?

Debería de cerrar mis ojos y no darle la satisfacción de dejarle ver que me está
volviendo loco, pero no puedo apartar mi ambiciosa mirada de la belleza delante de
mí, rezumando jodido poder.

— Kyungsoo, quítame las esposas para que pueda follarte hasta hacerte ver las
estrellas.

Ignora mi orden, usando mi vulnerable condición para su ventaja, matándome aún


más mientras se toca a sí mismo jadeando ligeramente.

¡Oh, joder, mierda, mierda!

— Dime lo que quiero saber — murmura

— ¡No! — que se joda, ¡puede irse al carajo! — Quítame las esposas.

De repente siento sus labios sobre mi estómago, yendo hacia arriba sobre mi cuerpo
hasta que llega a mi boca. No puedo más. Nada podrá detenerme en responder a
esos labios, ni siquiera mi incesante furia a su atrevimiento. Lo beso, gimiendo
cuando me provoca deslizando su cuerpo sobre mi palpitante polla.

— Kyung, por favor...

— Dímelo.

Niego con la cabeza, pero ahora más de desolación que por terquedad. No voy a
decir nada que me haga arriesgar a perderlo otra vez. Nada, no puedo pasar por eso
otra vez. No puedo estar ni un minuto sin él.

— Bien, como quieras.

Me dice, reposicionando su cuerpo entre mis piernas y tomando la brillante máquina


que voy a destrozar en mil pedazos cuando me libere… después voy a follar a mi
estúpido ángel solo para recordarle que… bueno, para mostrarle que la edad no
importa.

— Suelta eso — sueno mortal y me siento letal, no es que haya mucha diferencia. Mi
chico es valiente — ¡Kyungsoo que lo apagues! — las vibraciones llegan a mis oídos
mientras lo observo bajar esa cosa hacia ese lugar especial- mi lugar — ¡Por Dios! —
no puedo soportarlo.

¿Debería decirle? ¡Mierda! No puedo detenerlo si huye. Podrá decir que no importa, y
tal vez no lo hará por ahora, pero ¿qué tal en algunos años? ¿Qué tal si para ese
entonces decide que soy demasiado viejo? Nunca me voy a descuidar, nunca caeré
en el reino donde los hombres tienen tetas o el culo flácido, de ninguna jodida
manera. ¿Entonces cuál es el problema?

— ¡Joder, Kyungsoo! ¡Joder, joder, joder!

El sonido de un jadeo interrumpe mis maldiciones, y lo siento sacudirse.

— Ay, Diossss…

Mis ojos se abren, estoy sudando, temblando y desesperado por él.

— Kyungsoo, todo tu placer proviene de mí.

— Hoy no — dice, cerrando sus hermosos ojos privándome de su extraordinario


brillo.

— ¡Kyungsoo! — grito, retorciéndome un poco más — ¡Joder! ¡Kyungsoo, te estás


pasando!

— Mmm.

No puedo soportarlo más. Está tortura es lo peor.

— ¡Tengo treinta y siete años! ¡Joder, hombre! ¡Tengo treinta y siete años!

El número sale volando de mi boca e inmediatamente estoy preocupado, y mucho


más furioso porque no mentí. ¿Por qué no le dije treinta y dos, o treinta? Me veo
bien. Podría pasar por alguien de esa edad.

Mierda ¿y si huye?

Observo como el vibrador cae sobre la cama, haciendo una nota mental en donde
aterriza así puedo destruir al impostor una vez que me libere.
— Quítame... las... putas... esposas — le lanzo una mirada asesina, sin disfrutar de la
preocupación que se le dibuja en la cara. No quiero que desconfíe de mí, pero, joder,
me siento estúpidamente peligroso.

La calidez de sus palmas encuentra mis muslos y veo como lentamente trepa por mi
cuerpo, poniendo sus labios sobre los míos y pasa sus manos en mi cabello, se siente
tan bien, pero no puedo desaparecer mi creciente ira. ¿Qué diablos me está
pasando?

— Te sigo queriendo — sus palabras calman mi agitación un poco, pero no lo


suficiente.

— Estupendo, ahora quítame las esposas.

— ¿Estás enfadado conmigo?

— ¡Estoy como un loco del enojo que tengo, Kyungsoo!

Se sienta en mi regazo, evaluándome, y entonces me da una forzada y descarada


sonrisa.

— ¿No podrías estar como un loco enamorado?

— Eso también. Quítame las esposas.

Se mueve y un alivio me invade, pero entonces siento que el cálido calor de su


entrada me roza. Me lleva al límite.

— Maldita sea, Kyungsoo. ¡Quítame las esposas!¡

¡Mierda! ¡Necesito calmarme!

— ¿Qué vas a hacer?

Me odio a mí mismo por el simple hecho de asustarlo, pero estoy muy seguro que no
está tan asustado como yo ahora mismo. Estoy furioso con él por ser tan astuto, y
mucho más enojado conmigo mismo por dejarlo ganar este juego.

— Quítamelas.

— No hasta que me digas lo que vas a hacer.


— Voy a follarte hasta que me supliques que pare y luego te haré correr veintidós
kilómetros — levanto un poco mi cabeza — ¡Y no vamos a parar para darte un
masaje ni para tomar café!

No sé porque he dicho esas cosas; no me estoy haciendo ningún favor. Ahora no solo
soy viejo si no también loco.

— No quiero salir a correr — dice calmadamente, pero no puede negar la ansiedad


en su tono — Y no puedes obligarme.

— Kyungsoo, necesitas que te recuerde quién manda en esta relación.

Estoy sorprendido por su fachada, pero aún más sorprendido por mí continua
arrogancia. No estoy en posición de lanzar esas declaraciones por ahí y su rostro
horrorizado lo confirma.

— Perdona, ¿quién dices que manda aquí?

Oh, mi descarado seductor.

— ¡ Kyungsoo, te lo advierto!

— No me puedo creer que te lo estés tomando tan a la tremenda. ¡En cambio, no


pusiste pegas cuando me esposaste a mí!

— ¡Porque yo tenía el control! — mis palabras me sorprenden.

— Estás obsesionado con controlarlo todo —grita, y me retuerzo un poco más, solo
para tener algo que hacer más que decir mierda estúpida — Voy a darme una ducha.

— ¡Solo contigo, Kyungsoo!

La puerta del baño se cierra de golpe, y estoy solo a punto de estallar de ira e
incertidumbre. Puedo oír la ducha, un pequeño gemido se me escapa al pensar en él
frotando el jabón por todo su perfecto y bien formado cuerpo. Estoy siendo torturado
con cada sonido. Tengo problemas mentales. Malditamente grandes problemas
mentales. Él me ama, lo sé con certeza, pero hay tantas cosas que pueden hacerle
cambiar de idea, otra mierda más importante que mi jodida edad.

Después de estar acostado en la cama por una eternidad atado y mi mente va a mil,
por fin oigo la puerta abrirse y levanto la mirada para observarlo deambulando en el
cuarto con solo una toalla puesta.

— Bebé, ven y quítame las esposas, por favor.


Soy un idiota si pienso que va a funcionar.

Me ignora, se prepara para secarse el pelo, dejándome mirar a mi hermoso chico


dando vueltas por el cuarto, preparándose para ir a trabajar. Me molesta que me
haya negado ayudarlo a abotonar su camisa, a abrocharle sus pantalones y ponerle
sus zapatos. No tengo a quien culpar más que a mí mismo.

Cuando ha terminado luce más hermoso que nunca, si eso es posible, comienza a
deambular y yo suspiro, aceptando su beso y temblando cuando siento su preciosa
palma sobre mi dolorosa erección. El contacto me convierte de nuevo en un loco.

— ¡Kyungsoo, te quiero como no te puedes llegar a imaginar, pero si no me quitas


las esposas te voy a estrangular!

Mis palabras no surten ningún efecto. Hasta sonríe y me besa la polla, y se lo


introduce a la boca muy profundo. ¡Oh Jesús!

— ¡Kyung, por favor!

Estoy goteando en instantes, y se va, mi ánimo se levanta cuando lo veo tomar algo
de la cómoda. ¿Será la llave?

La esperanza me invade, todo mi cuerpo se relaja cuando libera una mano, la sangre
se drena por completo, y me la ha dejado flácida y débil… y con mucho maldito
dolor. No seré capaz de hacer un coño porque mis jodidas manos no funcionan. Pone
la llave en la mesa cerca de la cama, observo el plateado objeto con el ceño
fruncido, y después miro a mi desafiante seductor, que nunca había sido más
merecedor de su apodo.

— Pero ¿qué haces?

— ¿Dónde está tu móvil?

¿Mi móvil? ¿Para que mierda lo quiere?

— ¿Porqué?

— Lo vas a necesitar. ¿Dónde está?

— En mi chaqueta. Kyungsoo, dame la llave.

No me va a dejar aquí ténganlo por seguro.


Estoy observando en absoluto silencio mientras encuentra mi móvil y lo pone un
poco fuera de mi alcance y sin más se marcha.

Me quedo callado por unos momentos, mi polla está por explotar, y entonces suelto
un rugido, que deja al jodido rey de la selva en vergüenza.

Huyó, tal como sabía que lo haría.

Puedo sentir mi puto corazón desacelerar lentamente.

¡Mierda!

CAPITULO 7
LOS LATIGAZOS
POV JONGIN ~ ¿POR QUÉ? ~ MI OBSESIÓN (24)
No siento el dolor del látigo. Cuando el cuero impacta contra mi piel no me escuece
ni me aguijonea. El único dolor que siento está en mi corazón. Es la terrible angustia
ante el fracaso por no haber logrado proteger lo único que me importa en esta vida.
La bebida habría aliviado esta tortura, pero también habría causado más dolor… y
más fracaso.
Este sentimiento de culpa apenas me deja respirar. Soy incapaz de enfrentarme a
mis errores… Han sido tantos… y todos pueden provocar que mi hermoso chico se
aleje de mí.
Sé que Taemin está disfrutando esto. Vi la chispa de satisfacción en sus ojos cuando
se acercaba a mí y me ponía una botella de vodka delante de las narices. Olía el
olvido y la huida que me aportaría esa botella, pero también los remordimientos que
vendrían después.
Castigarme es mi única opción. Kyungsoo ya ha sufrido bastante conmigo. Y hay más
cosas que aún no sabe. Por eso me ha resultado tan fácil soltar la botella, quitarme
la camiseta y ponerme de rodillas. Me ofrece la oportunidad de rezar, también.
Incluso a pesar de mi estado de trance, sé que esto no será suficiente, pero no sé
qué otra cosa hacer. No sé qué hacer para mejorar las cosas, para volverme digno de
su amor milagrosamente.
Puede que ya no haya esperanzas para mí. Puede que siempre acabe jodiendo todo
lo bueno que entra en mi vida. Tal vez ésta sea mi penitencia, tal vez dios me esté
proporcionando una breve muestra de cómo podría ser mi vida, tal vez me esté
diciendo que voy a cagarla y que me quedaré más vacío y perdido de lo que ya
estaba.
O puede que algún día consiga que algo vaya bien.
Creo que oigo voces. ¿O estoy soñando?
Arqueo la espalda y echo la cabeza atrás al sentir el cuero contra mi piel de nuevo.
He perdido la capacidad de hablar o de emitir cualquier tipo de sonido. De modo que
¿qué es lo que oigo? Apenas tardo un segundo en darme cuenta. Es un grito sonoro.
Y parece aterrado
Es mi ángel.
Levanto la cabeza y veo a Kyungsoo forcejeando con Siwon. Está chillando,
pataleando y golpeándolo.
— ¿Kyungsoo?
Nada más articular a duras penas esa palabra mi corazón se inunda de felicidad. El
solo sonido de su nombre hace que me olvide de todo el dolor. Pero no ahora. Él se
detiene al oír mi leve gruñido y se vuelve hacia mí. La preocupación y el dolor que
refleja su rostro me destroza por dentro. Está aquí. ¿Cómo es posible?
Grita de nuevo y mis músculos muertos cobran vida. Necesito llegar hasta él
desesperadamente. Pero mi cuerpo no responde.
Me tiemblan las piernas y mi mente sigue parcialmente nublada. Me examina de
arriba abajo y, de inmediato, se dobla sobre sí mismo y cae al suelo a los pies de
Siwon.
— ¿Kyungsoo?
Por fin convenzo a mis piernas para que colaboren y me permitan ponerme de pie.
Joder, me siento más ebrio como si me hubiera bebido tres botellas de vodka. Espero
que esto no sea más que una pesadilla, pero cuando sacudo la cabeza y consigo
centrarme, mi corazón se tranquiliza un poco. Está sollozando, y sus ojos me miran
con la más absoluta angustia.
— ¡No, no, no! — empiezo a correr, pero algo me detiene. Tardo unos instantes
desesperados en ser consciente de lo que está pasando — ¡Suéltame! — empujo a
Taemin y corro hacia mi chico — Kyungsoo, bebé. ¿Qué estás haciendo aquí?
Me dejo caer al suelo junto a él, y le agarro la cara para buscar su mirada.
Cuando lo encuentro, lo que veo me destroza: más dolor. Un dolor que se intensifica
cuanto más me acerco y cuanto más lo miro.
Él rechaza mi abrazo y me obliga a soltarlo. El pánico se apodera de mí.
— ¡Kyungsoo, por favor! — aparta a Siwon de su camino y desaparece por la puerta.
Al verlo huir de nuevo de mí, las fuerzas parecen regresar a mi cuerpo y me pongo
de pie.
¡Mierda!
Siwon se vuelve en mi dirección con una expresión de preocupación, calculando cuál
va a ser mi próximo movimiento. Sabe que no hace falta que me pregunte. Su
enorme cuerpo se dirige hacia el pasillo seguido de mí.
No siento las piernas, pero sé que se están moviendo de prisa. Veo cómo su espalda
desaparece en el baño y corro tras él. Siwon me acompaña. El sonido que me recibe
me perfora el corazón. Está vomitando.
— ¡Kyungsoo! — debería convencerlo con delicadeza para que salga del retrete, pero
mis temores aumentan a cada segundo que pasa. Golpeo la puerta — ¡Kyungsoo,
abre la puerta! — oigo movimiento, pero no abre.
— ¡Por favor! — Apoyo la cabeza contra la puerta con las manos y el pecho pegados
a la madera. Como si así estuviese algo más cerca de él —- Kyungsoo, abre, por
favor.
Nada
— ¿Quién lo ha dejado entrar? — golpeo la puerta con furia sin pretenderlo — ¡Joder!
¡Quién mierda lo ha dejado entrar?
— Jongin, yo no lo dejé entrar. Jamás haría eso — Siwon me pone una mano en el
hombro que no tengo magullado y me lo frota trazando círculos. No necesito mirarlo
a la cara para saber que es sincero.
Los dos nos volvemos hacia la puerta al oír entrar a Luhan. La mirada en su bonito
rostro oscila entre ambos.
— ¿Qué está pasando? ¡Joder! Jongin, ¿qué le ha pasado a tu espalda?
— ¡Nada! — bramo.
Mierda, mierda.
No quiero que todo el mundo se entere de mi vida y de mis cagadas.
— A mí no me hables así. ¿Dónde está Kyungsoo? ¿Qué está pasando? ¿Kyungsoo?
Su hostilidad me coge por sorpresa, pero no estoy en posición de decirle nada.
Merezco mucho más que una reprimenda del mejor amigo de Kyung. Me acerco a él
frente a la puerta.
— Está ahí dentro y no quiere salir. ¿Kyungsoo? Luhan, por favor, hazlo salir.
Golpeo la puerta de nuevo en vano. Muy a mi pesar, sé que no saldrá mientras yo
esté aquí.
— Está bien, pero explícame qué hace ahí encerrado y por qué estás sangrando por
todas partes.
El amigo de Kyung me hace una pregunta tan directa que no puedo eludirla.
— Kyungsoo ha visto algo que no debería haber visto — contesto sin concretar, y
Luhan enarca una ceja confirmando que eso ya lo sabe — Está fuera de sí. Tengo
que verlo.
Mi pánico aumenta cada segundo que me impide llegar hasta él.
— ¡Ay de ti como le hayas hecho algo, Jongin! — grita — ¿Kungsoo?
— ¡No! ¡No es nada de eso!
Me llevo la mano al pelo y me doy un tirón. ¿Qué mierda voy a hacer?
— ¿Qué ha sido entonces? Está ahí dentro vomitando. ¿Kyungsoo? — Luhan empieza
a golpear la puerta suavemente — Kyungsoo, vamos. Abre la puerta.
— ¡Kyungsoo! — grito. Echaré la puerta abajo si hace falta.
— Jongin, vete de aquí.
— ¡No!
— No va a salir contigo aquí. Siwon, llévatelo de aquí.
— ¡Jongin! — Siwon empieza a tirarme del brazo, su rugido es más suave de lo
habitual, pero tiene un tinte de <no me jodas>.
Puedo ser bastante desagradable cuando quiero, pero he visto actuar a Siwon y,
aunque sé que hace un trabajo muy duro, no tengo la fuerza física necesaria para
superarlo. Me aplastaría con el pulgar.
— Vamos a ver si te espabilas un poco, pedazo de estúpido.
A regañadientes, dejo que Siwon me saque del baño con la esperanza que mi
ausencia lo anime a salir. Le lanzo a Luhan una mirada de súplica, lo que sea con tal
que entienda mi agitación. Sé que nunca lo entenderá, pero lo peor de todo es que
sé que Kyungsoo tampoco lo hará.
Siwon me arrastra de vuelta a mi despacho. Percibo las miradas de los socios. Los
hombres posiblemente se regocijen al verme en este lamentable estado a causa de
un hombre; probablemente piensen que por fin he obtenido mi merecido después de
todos estos años. Y tienen razón. Las mujeres seguramente se mueran por
reconfortarme, por distraerme de mis pensamientos. No funcionará.
Si pierdo a este hombre, sólo habrá una cosa que alivie mi dolor. Y estoy más que
preparado para hacerlo.
Siwon me suelta tras cerrar la puerta de mi despacho. Estoy de pie delante de su
enorme complexión, y acepto la reprimenda que me merezco.
— ¡Eres un pedazo de imbécil! — su rugido atronador me obliga a retroceder un paso
— ¡De todas las putas estupideces que has hecho, ésta se lleva la palma! — me
golpea en el hombro con el dedo, ligeramente, pero es suficiente para hacer que me
tambalee — Te dije que te alejaras de la puta bebida, pero no para que la
sustituyeses por un puto látigo! — levanto la vista y observo cómo se quita los
lentes, algo que solo hace cuando quiere que alguien vea lo cabreado que está. Y
está muy cabreado. Me señala con las lentes — Tú eres tu peor enemigo, Jongin.
— Lo sé — coincido en voz baja. No tengo excusa, lo que he hecho es inaceptable.
Pero voy a intentar defenderme de todos modos.
La cabeza de Sehun aparece por la puerta y nos interrumpe. Se disculpa por la
intromisión con una sonrisa nerviosa y desaparece de nuevo en silencio.
Siwon centra otra vez su atención en el despojo humano que tiene delante: yo.
— Te dije que te pusieras la camisa. ¡Te dije que volvieras con tu chico y que
arreglaras las cosas, no que te regodeases en tu puta autocompasión y que te
unieses a Taemin en su estúpida mierda sádica! ¡Compórtate como un hombre de
una maldita vez, pedazo de imbécil! — levanta los brazos con frustración — ¡Y ni se
te ocurra poner en duda mi seguridad!
— Entonces, ¿cómo mierda ha entrado? — grito.
Las palabras de Siwon acaban de recordarme ese pequeño misterio.
— No tengo ni puta idea, pero lo voy a averiguar, puedes estar seguro de ello.
Me dispongo a gritar un poco más, pero de repente, mi mente atormentada asimila
la breve visita de Sehun a mi despacho.
— ¡Joder! — exclamo, y salgo corriendo hacia el pasillo por un motivo.
Atravieso como rayo La Mansión y me detengo en la puerta del baño al verlo ahí de
pie, mirándome, como si esperara mi llegada. Nuestros ojos intercambian una
silenciosa comprensión mientras nos estudiamos el uno al otro. Luhan permanece
callado a un lado. Sin pensar que podría rechazarme, me acerco a él y lo cojo en
brazos. Salgo corriendo del servicio, me dirijo hacia mi despacho con Kyungsoo a
salvo en mi poder y siento un tremendo consuelo. No hay palabras para describirlo y,
en este momento, soy consciente que todo lo que diga a partir de ahora tiene que
tener peso. Yo haré que tenga peso.
Cierro la puerta del despacho con el pie y me siento en el sillón, abrazándolo con
fuerza, intentando no estremecerme al sentir el contacto del cuero contra la carne
viva de mi espalda. La insensibilidad está desapareciendo, sustituida por un dolor
punzante en sintonía con el lento ritmo de mis latidos. Mi rostro busca por instinto la
suave piel de su cuello, y encuentro algo de consuelo en la esencia de su cabello.
Sus lágrimas, por el contrario, no me reconfortan.
— Por favor, no llores. Me está matando.
— ¿Por qué? — su suave pregunta alcanza mis oídos y me coge por sorpresa.
Debería habérmela esperado, y requiere una respuesta inmediata.
—-Te prometí que no bebería — respondo débilmente.
Tal vez esté reuniendo el valor suficiente para proporcionarle las respuestas que
quiere y que necesita, para decirle la mierda de hombre que soy.
Rezo mentalmente a Dios para que me perdone.
— ¿Querías beber?
— Quería evitarlo.
— Mírame –dice con aspereza, pero no puedo mirarlo a la cara. No puedo aliviar el
dolor que le he causado — ¡Maldita sea, Jongin, mírame! — se está moviendo,
intentando obligarme a salir del lugar en el que me he escondido como un cobarde.
Mi silbido de dolor lo detiene — Tres — su voz tranquila hace que me ponga rígido.
Eso y la palabra me obligará a responder mucho más a prisa de lo que me gustaría.
Necesito ordenar mis pensamientos y escoger bien las frases que estoy a punto de
pronunciar. Está utilizando mi propia técnica de manipulación contra mí.
— Dos.
— ¿Qué pasa si llegas a cero? — ya sé cuál es la respuesta.
— Me largo.
Levanto la cabeza al instante. Su confirmación me duele mucho más de lo que
pensaba.
— Por favor, no lo hagas. No me dejes
Agacha la cabeza. Todo su resentimiento parece desaparecer con mis palabras. No
pretendía hacer que se sintiera culpable. Se sienta a horcajadas sobre mí y me
abraza con sumo cuidado.
— ¿Qué querías evitar?
— Herirte.
— No lo entiendo. Habría preferido que hubieras bebido.
— No, no lo habrías preferido — no puedo evitar esbozar una sonrisa irónica. No
tiene ni idea de lo que está diciendo.
Se sienta, decidido a mírame a los ojos. Esta vez no puedo negarme.
— Preferiría verte con media destilería de vodka en el cuerpo a presenciar lo que
acabo de ver.
Agacho la cabeza, avergonzado.
— Créeme Kyungsoo, no lo habrías preferido.
— Te digo que sí. ¿Cómo quieres que confíe en ti de este modo? Jongin, me siento
traicionado.
De repente, se levanta de mi regazo. Dejar de sentir sus suaves curvas contra mi
dura musculatura se me hace insoportable.
Intento que vuelva, pero su rechazo me parte el corazón.
— No voy a marcharme — su tono gélido hace que aparte las manos, desconcertado.
Comienza a pasearse por el despacho. Su típico gesto de golpetearse el diente
mientras cavila, que normalmente me encanta, no me tranquiliza en absoluto. Me
hundo más todavía cuando veo que se sienta en el sofá que está delante de mí,
dejando claro que no quiere que lo toque. Empiezo a formar palabras en mi mente,
palabras de explicación o que hagan que se sienta mejor, pero todavía no están
ordenadas. No sé por dónde empezar. No puedo hacer nada más que observar cómo
suspira y empieza a frotarse las sienes en círculos. Quiero hacerlo yo. Quiero hacer lo
que haga falta para hacer que se sienta mejor.
— ¿Hay algo que deba saber? — pregunta observando atentamente mi reacción a su
pregunta inesperada.
Intento que no note que me pondo tenso.
— ¿Cómo qué?
La mirada de disgusto en su rostro era de esperar.
— No lo sé, dímelo tú — levanta los brazos, exasperado — ¿Por qué mierda iba a
preferir esto a verte borracho?
Aprieto los dientes y me inclino hacia adelante para reducir así el espacio que nos
separa. Apoyo los codos sobre mis rodillas e imito su intento de aliviar el dolor de
cabeza masajeándome las sienes también.
— Para mí, la bebida y el sexo van de la mano — empiezo a pronunciar las palabras
que marcan el comienzo de la revelación de mis secretos.
— ¿Y eso qué quiere decir?
— Kyungsoo, heredé La Mansión con veintiún años. ¿Te imaginas lo que siente un
joven que de pronto se ve con este lugar y con un montón de mujeres y hombres
dispuestos a satisfacerlo?
Jamás me había avergonzado tanto de mi proceder egoísta.
— ¿Te refieres a las incursiones sexuales? — susurra con cautela. Está empezando a
comprender la situación.
— Sí, a las incursiones, pero todo eso ha quedado atrás — me inclino más hacia
adelante — Ahora en mi vida solo estás tú.
Necesito que lo sepa. Tal vez así asimile mejor el resto.
— ¿Bebías y follabas?
— Si, la bebida y el sexo van de la mano. Ven aquí, por favor.
No lo hace.
— Entonces, ¿no has bebido porque habrías querido follar?
— No me fio de mí mismo cuando bebo, Kyungsoo.
— Porque crees que saltarás sobre la persona que tengas más a mano.
Otra risa irónica escapa de mis labios.
— No lo creo. No te haría algo así.
Debería apuñalarme a mí mismo por mi poca vergüenza y ahorrarle tener que
soportar a este pedazo de estúpido por más tiempo.
Enarca las cejas.
— ¿No lo crees?
— Es un riesgo que no voy a correr, Kyungsoo — <otra vez>, añado para mis
adentros — Bebo demasiado. Pierdo la razón y las mujeres y hombres se abalanzan
sobre mí dispuestos a todo. Ya lo has visto.
— ¡No parecías en condiciones de hacer nada el viernes de la semana pasada! —
grita con incredulidad.
— Sí, ése no es mi nivel normal de embriaguez, Kyungsoo. Quería olvidar.
Joder. ¿Cómo mierda voy a hacer esto?
— ¿Así que normalmente mantienes un nivel de embriaguez estable y después te
follas a un montón de personas dispuestos a todo? ¿Nunca has bebido cuando te has
acostado conmigo?
No puedo hacer esto sin tener contacto, de modo que aparto la mesa que se
interpone entre nosotros y me arrodillo delante de él.
— No, Kyungsoo. Nunca me he hallado bajo los efectos del alcohol cuando he estado
contigo. No lo necesito. El alcohol me hacía bloquear cosas, me ayudaba a olvidar lo
vacía que era mi existencia. Todas esas personas me importaban una mierda. No
vivía Kyungsoo, no tenía nada, pero apareciste tú, y todo cambió. Me devolviste a la
vida, me hiciste ser feliz. No quiero volver a beber porque, si empiezo, puede que no
pare, y no quiero perderme ni un segundo contigo — soy un cabrón. Un cabrón
desesperado y sin remedio.
Sus ojos marrones se tornan vidriosos. ¿Cómo puede ir esto a peor?
— ¿Has echado un polvo soñoliento con alguien más?
Fracaso estrepitosamente en mi intento de ocultar mi exasperación ante su estúpida
pregunta y suspiro sonorosamente.
— No.
— ¿Y te has follado a alguien para que entre en razón? — dice con una mirada
furiosa.
— ¡No, Kyungsoo! Nunca me había importado nadie lo suficiente como para necesitar
o querer hacerlo entrar en razón respecto a nada — apoyo las manos en sus muslos
y se los aprieto para infundirle seguridad. No espero que funcione, pero estoy
dispuesto a intentar lo que sea — Solo tú.
Me aparta las manos y se pone de pie.
— Entonces el jueves, en tu despacho, ¿me estás diciendo que si te hubieras bebido
el vodka te habría encontrado tirándote a Taemin sobre la mesa en lugar de verte
acurrucado con él?
¿Qué? ¿A Taemin? ¿Se ha vuelto loco?
Me levanto, me acerco a él y agarro con fuerza su pequeño cuerpo.
— ¡No! ¡No seas idiota!
— No estoy siendo idiota Jongin. Bastante tengo ya con preocuparme por si bebes o
no. ¡No sé si podré soportar las complicaciones adicionales a que te emborraches y
te apetezca follarte a otros hombres y mujeres!
Está perdiendo el control, sus duras palabras me dejan helado, aunque no tengo
ningún derecho a protestar. Tampoco tengo ningún derecho a regañarlo por su
lenguaje… pero lo hago.
— ¿Quieres hacer el favor de cuidar tu puto lenguaje? No hace que me apetezca
follarme a otros hombres y mujeres. ¡Hace que me apetezca follar! No me importa
quien mierda sea, solo quiero follar. No tiene un significado.
— Entonces más me vale estar contigo cuando bebas, ¿no?
Joder. Sí, más le valdría. Pero ya es demasiado tarde.
— ¡No voy a volver a beber! ¡¿Es que no me escuchas?! — ahora yo también estoy
perdiendo el control. Mi plan de intentar que mis palabras tengan peso se está yendo
a la deriva — No necesito beber — me da miedo agarrarlo con demasiada fuerza, de
modo que lo suelto y empiezo a pasearme por el despacho para intentar calmarme.
No funciona. Nada funcionará. Apunto a su cara con un dedo — ¡Te necesito a ti! —
digo, pero ignora olímpicamente mi comentario.
— Me necesitas como sustituto del alcohol y del sexo — ¿de dónde carajos ha sacado
eso? Lo necesito para respirar, es así de simple — Me manipulas.
— ¡No te manipulo! — me defiendo, estupefacto, pero sé que lo hago.
El contacto constante, mis exigencias irracionales y dejarlo sin sentido a través de la
unión de nuestros cuerpos son mis maneras de mantenerlo a mi lado, aunque
también lo hago para mantenerlo a salvo.
— ¡Claro que lo haces! ¡Con el sexo! Para hacerme entrar en razón y para recordar.
Todo es manipulación. ¡Yo te necesito y tú lo utilizas contra mí!
— ¡No! — grito al tiempo que paso los brazos por el estante de las bebidas y tiro el
veneno que me ha llevado a esta horrible situación al suelo.
Cuando el sonoro estrépito de botellas y cristales rotos cesa, lo agarro con firmeza
de nuevo.
— Necesito que me necesites, Kyungsoo. Es así de simple. ¿Cuántas veces tengo que
decírtelo? Si tú me necesitas, yo cuido de mí mismo…, así de simple.
— ¿Y dejar que te azoten te parece que es cuidar de ti mismo? — chilla.
Empiezo a tirarme del pelo con violencia.
— ¡No lo sé, mierda!
Desesperación. Desesperación. Desolación. Miedo. Son cuatro razones, y aún no he
terminado de enumerarlas.
— Te necesito, pero no así.
Su derrotismo me preocupa aún más, de modo que lo cojo de las manos con
suavidad.
— Mírame — baja la mirada y me mira a los ojos — ¿Cómo te hago sentir? Yo sé
cómo me haces sentir tú. Sí, he estado con muchas personas, pero solo era sexo.
Sexo sin compromiso. No sentía nada. Kyungsoo, te necesito a ti.
— ¿Cómo puede ser que me necesites si yo consigo que te hagas esto a ti mismo? Te
has vuelto más autodestructivo ahora que antes de conocerme. Hago que necesites
beber, no que quieras hacerlo. Te he convertido en un loco irracional, y desde luego
yo tampoco estoy ya muy cuerdo, que digamos. ¿No ves lo que nos estamos
haciendo el uno al otro?
Sus palabras me destrozan. Aunque la primera parte de su declaración puede que
sea verdad, la última parte no lo es. Lo que estamos haciendo es amarnos
mutuamente. Todo cuanto hago es porque lo quiero.
— Kyungsoo.
— Y, para que lo sepas, detesto el hecho que la hayas metido en todas partes.
Inspiro profundamente y asiento en silencio, pero entonces ahoga un grito y ese
sonido cargado de terror hace que el temor corra por mis venas.
— Cuando desapareciste durante cuatro días… — se le atragantan las palabras y la
inquietud se apodera de su hermoso rostro.
Abro unos ojos como platos, como si necesitara que viera lo arrepentido que estoy.
Se me acabó el tiempo.
— No significaron nada en absoluto. Bebé te quiero. Te necesito.
— ¡No, no! — se cae de rodillas delante de mí y empieza a llorar, destrozado. Jamás
me había sentido tan culpable, tan indigno y tan desesperado — Estuviste follando
en La Mansión.
Me pongo de rodillas a su lado, lo agarro firme pero suavemente y lo sacudo un
poco, aunque no sé muy bien por qué lo hago.
— Kyungsoo, escúchame. No significaron nada. Me estaba enamorando de ti. Sabía
que te dolería. No quería hacerte daño.
— Dijiste que no podrías hacerme eso. Olvidaste añadir <otra vez>. Deberías haber
dicho que no podrías hacérmelo <otra vez>.
— No quería hacerte daño.
— ¿Y para remediarlo follaste borracho? — su razonable pregunta me deja sin
respuesta. Yo me pregunto lo mismo todos los días, al menos diez veces — ¿Cuántas
veces?
Me estremezco.
— Kyungsoo, no hagas esto, por favor. Me doy asco.
— ¡A mí también me das asco! ¿Cómo pudiste hacerlo?
— Kyungsoo, ¿no me estás escuchando?
— ¡Claro que sí, y no me gusta lo que oigo!
Se aleja de mí. Preso del pánico, lo agarro de la cintura y apoyo la cabeza en su
vientre. Las emociones se apoderan de mí. Empiezo a sollozar.
— Lo siento. Te quiero. Por favor, te lo suplico, no me dejes. Cásate conmigo.
— ¡¿Qué?! — exclama, pasmado, disgustado y demás cosas que no quiero que sienta
— No puedo casarme con alguien a quien no entiendo — esas palabras acaban
conmigo y hacen que me derrumbe en el suelo delante de suyo — Creía que
empezaba a comprenderte — añade con voz temblorosa — Pero has vuelto a
destruirme, Jongin.
— Kyungsoo, por favor. Estaba hecho polvo, perdí el control. Creí que así podría
olvidarte — me apresuro a contestar con mezcla de pánico y urgencia.
— ¿Emborrachándote y tirándote a los socios de La Mansión?
— No sabía qué hacer.
Soy patético, pero es la verdad.
La ansiedad y el temor a hacerle daño no han disminuido. Jamás lo harán. Ni
tampoco mi miedo a perderlo. Pero mi capacidad para escapar de un amor intenso y
puro sí ha mejorado. Mis excusas por haberlo abandonado durante aquellos cuatro
días nunca serán lo bastante buenas. Que un hombre como yo sienta miedo es
ridículo, pero es a eso a lo que me reduce este hombre. A un despojo. A un ser
miserable. No merezco el amor que me profesa. Sin embargo, soy demasiado egoísta
como para renunciar a él fácilmente.
— Podrías haber hablado conmigo — dice.
— Kyungsoo, solo huías una y otra vez de mí, si lo sabías habrías huido
definitivamente.
— Todas las veces que has estado disculpándote conmigo eran porque te remordía la
conciencia, y no por haberte emborrachado, ni por lo de La Mansión. Era porque me
engañaste. Dijiste que habías dejado tus correrías mucho antes de conocerme. Me
mentiste. Cada vez que creo que damos un paso hacia adelante, estalla una nueva
bomba. No puedo seguir con esto. No sé quién eres, Jongin.
— Kyungsoo, claro que lo sabes. La he jodido. La he jodido bien, pero nadie me
conoce mejor que tú. Nadie.
— Puede que Taemin sí. Parece que él te conoce muy bien — replica sin emoción
alguna, casi resentida — ¿Por qué?
Mi cuerpo cede y apoyo el trasero sobre mis talones.
— Te he decepcionado. Quería beber, pero te prometí que no lo haría, y sé lo que
puede pasar si lo hago.
— ¿Así que le pediste que te azotara?
— Sí.
— No lo entiendo.
No lo miro para que no vea la vergüenza que siento. No es necesario.
— Kyungsoo, sabes que he sido un vividor. He roto matrimonios, he tratado a las
mujeres y los hombres como si fueran objetos y he tomado lo que no me pertenecía.
He hecho daño a algunas personas, y siento que todo esto es mi penitencia. Contigo
encontré la gloria, y tengo constantemente la sensación de que alguien va a venir a
arrebatármela y no lo puedo permitir.
— TÚ eres el único que va a joder esto. Tú y sólo tú. Bebiendo, siendo tan
controlador y tirándote a cualquier cosa que se mueva. ¡TÚ!
— Podría haber detenido todo esto. No me creo que seas mío. Me aterra que alguien
te aparte de mi lado.
— ¿Y por eso le pediste a un hombre que detesto, a un hombre que quiere alejarte
de mí, que te azotara?
— Taemin no quiere alejarme de ti.
Frunzo el ceño, pero está claro que Kyungsaoo disiente, a juzgar por la estupefacción
que se refleja en su rostro. Y sé que seguramente tenga razón. Solía pasarlo por alto
antes que él entrara en mi vida, pero ya no.
— ¡Sí, Jongin, claro que quiere! Haciéndote esto me haces daño a mí. Me estás
castigando a mí, no a ti. Te amo, a pesar de toda la mierda que voy descubriendo de
ti, pero no puedo ver cómo te haces esto a ti mismo.
— No me dejes — mi voz adopta un tono exigente sin pretenderlo, y lo agarro de las
manos — Me moriré sin ti, Kyungsoo.
— ¡No digas eso! Es una estupidez.
¿Es que no lo ve? Tiro de él hasta que se arrodilla también.
— No es ninguna estupidez. No sabes por lo que pasé cuando desapareciste sin más.
Me hizo ver lo que sería mi vida sin ti — recordarlo hace que todas esas tormentosas
imágenes vuelvan a mi mente. Oscuridad. Vacío. Un dolor indescriptible — Kyungsoo,
era insoportable.
— Si te dejara, sería porque no puedo soportar que te hagas daño a ti mismo, no
puedo ver cómo te torturas.
— Jamás te harías una idea de cuánto te quiero — le agarro la cara, pero se aparta
de nuevo — Deja que te toque — el pánico vuelve a apoderarse de mí y las visiones
de mi pesadilla se tornan demasiado reales.
— ¡Me hago una idea, Jongin porque yo siento lo mismo! — su exclamación hace que
deje de luchar por volver a estrecharlo entre mis brazos. ¿Cómo es posible que
también lo sienta? — Aunque me has destrozado por completo, sigo amándote y,
diablos, me odio por ello. ¡Así que no te atrevas a decirme que no me hago una idea!
— Es imposible — Joder, ¡no tiene ni puta idea! La ira se apodera de mí. Lo agarro de
los brazos, tiro de él hacia mí y respiro profundamente — ¡Es imposible!
Esta vez no me rechaza. Cede y deja que lo sujete durante un breve espacio de
tiempo antes de apartase de mí de nuevo.
— Voy a buscar algo para limpiarte las heridas — no estoy preparado para dejarlo
marchar, pero saca fuerzas de alguna parte y consigue librarse de mí — Jongin,
tengo que limpiarte eso.
— No me dejes solo.
— Cuando dije que jamás te dejaría, lo decía en serio.
Sale de mi despacho y me deja postrado de rodillas, listo para volver a rezar. Esto
todavía no ha terminado y, a pesar de sus palabras, no estoy convencido que sienta
por mí lo mismo que yo siento por él.
¿Cómo es posible?
Y no puede hacer nada para demostrarlo…

CAPITULO 8
ESPERANDO PARA CASARSE

POV JONGIN ~ MI SEÑOR DE LA MANSIÓN ~ POR SIEMPRE TUYO (1)


Estoy agitado. Kyungsoo está a solo unos metros de distancia, arriba, en nuestra
suite preparándose para casarse conmigo, pero no lo tengo al alcance de la mano y
está demasiado lejos para tocarlo. Contacto constante.

¡No me jodas, esto es una tortura!

Tiro la cabeza hacia atrás y miro el techo, tratando de encontrar algunos


pensamientos para calmarme. Pero no está funcionando, tengo serios problemas.

Echo un vistazo a mi Rolex y noto a regañadientes que solo han pasado cinco
minutos desde la última vez que vi la hora. ¿Por qué el tiempo pasa jodidamente
lento?

Me levanto de la silla y doy vueltas en mi oficina… por enésima vez.

— Maldita sea — tiro de mi pelo, como si tratara de darle un poco de razón a mi


mente estresada.

Diez horas, ese es el tiempo que ha pasado desde que la pesada madre de Kyungsoo
me ha echado de la habitación con la excusa de la estúpida tradición.

¿Qué pasa si le ha dicho a Kyung que no se case conmigo? ¿Qué pasa si le ha


advertido de mi edad o del poco tiempo que nos conocemos?

— ¡Diablos!

Acelero el paso y sigo dando vueltas en mi oficina. Voy a terminar jodidamente


mareado.
Un golpe en la puerta me detiene.

— ¿Qué? — grito, recostándome en la silla, mi culo golpea el asiento con fuerza, y


comienzo a golpearme la frente en el escritorio.

Una y otra y otra vez.

— Estúpido hijo de puta — Siwon se ríe y levanto mi cara.

Cierra la puerta y se acerca a mi escritorio, la diversión se nota en su rostro cuando


estudia mi torso cubierto con una camiseta.

— ¿Has estado corriendo?


— Tenía que hacerlo.

— ¿Nervioso?

— No estoy nervioso — me burlo, cogiendo un bolígrafo y haciéndolo girar entre mis


dedos de una manera muy nerviosa — Estoy impaciente.

Siwon sonríe, una sonrisa rara y vacilona que muestra toda su dentadura.

— ¿Qué te preocupa?

— ¡Nada!

Empieza a reírse, con una sonido profundo y estremecedor que parece retumbar
toda la casa, esas de la que te hace doler la tripa. Acaso es que soy una puta broma.

— Jongin, cálmate de una vez. ¿Cuántas horas has dormido? Estas hecho una
mierda.

— Lo noto — refunfuño, arrojando el bolígrafo sobre el escritorio y pasando mis


manos por encima de mi cara áspera — No he dormido.

— ¿Para nada?

Le muestro mi cara a Siwon y comienza a asentir pensativamente.

— Hubiera dormido bien, si no me hubieran echado lejos de mi chico.

— ¿Victoria?

— Sí, maldita Victoria — confirmo.

Me recuesto en la silla y subo los pies sobre el escritorio, cierro los ojos e inhalo. Mi
maldito corazón está latiendo, amenazando con salirse de mi agitado pecho.

— Maldito dolor en el culo.

— Ella es su madre — Siwon se ríe — Por mucho que sé que te gustaría, no puedes
mantener a tu chico lejos de su madre.

— Lo sé — concedo, deseando poder hacerlo.

Desearía poder hacer que todos desaparezcan, tomar a Kyungsoo y alejarlo de todo
lo que interfiera con nuestro mundo privado de felicidad y el contacto constante.
Podría hacerlo y El Paraíso me viene a la mente de inmediato, pero rápidamente lo
ignoro, por la posibilidad de lo que podría encontrarme allí.

— ¿Qué hora es?


— Las diez — dice Siwon cuando su móvil empieza a sonar desde su bolsillo interior.
Lo saca mientras se pone de pie, y responde con un gruñido — Voy para allá.

— ¿Quién es? — pregunto.

— Nadie por lo que tengas que preocuparte, cabrón infeliz — me dice mientras se
dirige a la puerta.

— Oye, Siwon — lo llamo, se gira y me mira con ojos inquisitivos — ¿Escribiste tu


discurso? — sonrío a medias al pensar en que será el centro de atención como mi
padrino de boda. Va a odiar cada momento. Pero no me da lo que quiero, ni una
muestra de nervios o cualquier cosa que me haga sentir mejor. El cabrón.

Asiente ligeramente y mete la mano en el bolsillo.

— ¿Quieres escucharlo?

Mi sonrisa se amplia.

— Por supuesto.

Me pongo cómodo, y frunzo el ceño cuando saca una nota Post-It. Pone su enorme
puño cerrado en la boca y tose profundamente.

— Kim Jongin es un auténtico dolor en el maldito culo. Felicidades, Kyungsoo. Que te


has conseguido a un imbécil de mierda irrazonable.

Me enfurruño mientras se mete cuidadosamente su discurso en el bolsillo.

— Vete a la mierda — gruño, cojo mi bolígrafo y se lo arrojo. Lo ha esquivado con un


pequeño movimiento de su mano grande con una sonrisa. Pero luego su rostro se
pone muy serio.

— Un poco diferente a la última vez, ¿no?

La sola mención de mi oscuro pasado hace que mi corazón se acelere más rápido y
haga que me ponga de pie, más agitado que nunca.

— ¿Quieres decir que no estoy siendo obligado a ir al altar? — pregunto mientras


camino hacia la puerta, decidiendo que hacer otra carrera es mi única opción,
con Victoria cuidando a mi chico. Paso junto a Siwon, que con cuidado se mueve para
dejarme pasar y corro por el pasillo, saliendo a la sala de verano, que
apenas veo que luce espectacular. Necesito tomar un poco de aire.

— Cálmate, cabrón — el tono de Siwon es de preocupación.


— Estoy bien — gruño y echo a correr antes de llegar a la entrada de La Mansión y
resisto el impulso de mirar por las escaleras mientras paso por ahí. Oigo el grito de
nuestra organizadora de bodas que me llama, pero sigo mi camino, mis piernas se
mueven como pistones al llegar al camino de grava.

Siento el sol cálido en mi rostro, el aire fresco del campo, pero mi maldita mente
todavía está agitada, y ahora también está inundado de recuerdos dolorosos de mi
pasado. Jonghyun. Bebidas. Young Mi… una hermosa niña.

Derrapo hasta detenerme frente a un árbol y empuño mis manos de mal humor.

— ¡Mierda! — rujo, solo logrando evitar enterrar mi mano en el tronco del árbol. Sin
embargo, poso mi frente en la corteza y mis ojos tratan de contenerse de antiguas
lágrimas.

Respira. Respira. Respira.

Lo necesito cerca, ahora más que nunca.

— Mierda.

Salgo corriendo, pasando muchos coches que se dirigen a La Mansión, algunos


empleados giran sus cuellos viendo como corro en la dirección opuesta, ni siquiera
los reconozco, pero los saludo con una mano o un movimiento de cabeza. Estoy
centrado firmemente hacia adelante, ahuyentando pensamientos no deseados y mis
piernas me llevan tan rápido que casi no puedo sentirlas. Zigzagueo de un lado a
otro del camino de entrada, tratando de acortar el trayecto que me llevará a la
puerta, aplastando la grava con fuerza bajo mis pies.

La bocina de un coche comienza un coro de bocinazos cortos y largos en la distancia,


y levanto la mirada para ver el Porsche de Sehun que se dirige hacia mí. No reduzco
la velocidad, pero él lo hace, hasta que se detiene frente a mí.

— ¡Mi hombre! — pone su coche en marcha atrás y pone su pie en el acelerador para
ponerse a mi lado — ¿Vas a escaparte? — se ríe, hojeando entre yo y el espejo
retrovisor.

— No seas tan estúpido — le digo, manteniendo mi velocidad.

— Ah, las molestosas opiniones tradicionales de la suegra — ha dado justo en el


clavo.
— Un maldito dolor en el culo — murmuro. Debería pisotear su culo remilgado.

Pensé que podía hacer esto, apaciguar a Kungsoo y su necesidad de tranquilizar a su


madre. Pero, maldita sea, siento que mi corazón está a punto de explotar o
detenerse.
Sehun se ríe de nuevo y para de golpe, levantando una nube de polvo antes de
volver a irse a La Mansión. Llego al final del camino y giro bruscamente a la derecha,
listo para completar tres vueltas al jardín, cualquier cosa para matar el tiempo. Casi
nunca sudo cuando corro, pero mi camiseta está empapada, así que me la quito, la
tiro al suelo sin cuidado y continúo con mi carrera, listo para morirme de
agotamiento. Tal vez duerma durante la hora final de esta dolorosa espera.

Estoy solo a la mitad de mi segunda vuelta, con el cuerpo empapado y las piernas
entumecidas, cuando me rindo y empiezo a correr hacia La Mansión.

Lo he intentado, lo he intentado con todas mis fuerzas, pero necesito verlo. No puedo
evitar el sonido de la voz chillona de Victoria que trata de convencer a Kyung que
espere un poco más de tiempo o reconsidere su decisión.

¡Y eso me está volviendo loco!

Comienzo a subir los escalones de la entrada, y casi hago derribo a Henry


mientras atravieso las puertas.

— ¡Omo! — se tambalea hacia atrás, gritando obscenidades tanto en coreano como


en chino mientras subo las escaleras de cuatro en cuatro.

— ¡Lo siento! — le grito, volando por el rellano de la sala hasta que llego a la puerta
de la suite.

Estoy a punto de coger la manija, pero considero rápidamente la respuesta que


recibiré de su madre si es que llego a irrumpir. Tengo que jugar bien mis cartas. Así
que toco lo más suavemente posible, pero no muy suave del todo.

— ¡Un momento! — dice Victoria. Me desanimo un poco con la confirmación de su


presencia.

La puerta se abre y sus ojos se sobresalen inmediatamente. Y comienza a gritar,


haciendo que me tambalee un poco hacia atrás, y mis oídos casi sangran.

— ¡Diablos, Victoria! — me tapo los oídos mientras grita algunas palabras de pánico,
y luego me cierra la puerta en la cara.

Mis brazos decaen y lo mismo ocurre con mi mandíbula.


— ¿Qué demonios? — tomo la manija y empujo con todo mi peso, sabiendo que
Victoria va a estar empujando del otro lado para obstaculizar mis intentos de poder
entrar. Va a intentar en vano.

— ¡Abre la puerta, Victoria!

— Jongin, tú y yo vamos a acabar mal si no haces lo que se te dice.

— Déjame entrar y no acabaremos mal, mamá.


Sonrío, imaginando su cara enojada por mencionarle eso. No puedo evitarlo. Ella
realmente es maravillosa, pero sería aún mejor si perdiera la incesante necesidad
de interferir e impedir que esté con su hijo.

— Kim Jongin, no te atrevas a llamarme «mamá» cuando soy solo nueve años mayor
que tú! — resopla, claramente recordándome que piensa que mi edad es un
problema. Hace que empuje contra la puerta con más fuerza — ¡Vete! Lo verás
dentro de media hora.

— ¡Kyungsoo! — le grito.

Si oye que estoy aquí, no va a ser capaz de resistirse a verme. Estoy seguro. A la
mierda con la tradición.

— ¡Jongin, no! — grita Victoria, su fuerza es bastante sorprendente ya que me


mantiene a raya — ¡Que no! ¡Que trae mala suerte! ¿Es que eres tan cabezota que
no tienes ningún respeto por la tradición?

—Déjame entrar, Victoria.

— ¡No! — replica, breve y fuerte. Si habría alguna duda de dónde proviene la


terquedad de mi niño hermoso, entonces ya no me sorprendería — ¡No va a...! ¡No,
Kim Jongin!

Sigo firme, pero con cuidado ya que supero su agarre de la puerta y me abro paso a
la suite, examino de inmediato el espacio para encontrar a mi ángel.

El mundo deja de girar por un momento mientras absorbo su belleza, como si lo


estuviera mirando por primera vez de nuevo.

— ¡Pero bueno! — espeta Victoria — ¡Kyungsoo, dile que se marche!

Los ojos de Kyungsoo encuentran los míos, y una comprensión silenciosa pasa entre
nosotros. Él sabe lo que necesito.

— No pasa nada, mamá. Danos cinco minutos.

Sonrío por dentro, tratando de mantener el último respeto que tengo por
Victoria, que en este momento me está impidiendo avasallar a Kyung antes que su
madre nos deje a solas.

Luhan se mueve hacia Victoria.

— Vamos, Victoria. Solo serán unos minutos.

— ¡Es la tradición!
Comienza a gritar de nuevo mientras pasa por mi lado y sus ojos se dan cuenta de
la marca en mi pectoral.

— ¿Y qué hay del moretón que lleva en el pecho?

Mis hombros se relajan cuando oigo cerrarse la puerta, pero estoy demasiado
ocupado perdiéndome en los ojos chocolate de Kyungsoo para comprobar si
realmente estamos solos. Su mirada recorre todo mi cuerpo sudoroso, casi como si
estuviera recordándose cada centímetro, músculo y curva, antes que su mirada se
encuentra con la mía de nuevo. Tengo recuerdos mucho mejores en mente.

— No quiero dejar de mirarte la cara — susurro, y mi polla comienza a temblar


incesantemente imaginando el bóxer que sé que veré si bajo la mirada. Joder, es
probable que la confirmación haga explotar mis pantalones cortos.

— Ah, ¿no?

— Veré tu cuerpo solo en bóxer, ¿verdad?

Asiente.

Oh mierda.

— Sería peligroso si dejo de mirarte a la cara

Aún no dice nada, solo lo confirma con esos sutiles gestos de su exquisita cabeza.

Lo intento con todas mis fuerzas, recordándome a mí mismo que nos vamos a casar
en solo media hora y que está hermoso y deslumbrante, y no es que necesite nada
de esa basura cosmética. Pero no puedo aguantar más y …

Me… cago… en … la… puta.

Tomo una respiración profunda, bajo la mirada y veo lo que tanto me gusta.

— Acabas de pasar por encima de mi madre.

Puedo oír la lujuria pura y salvaje en su voz, y me sorprende cuando se dirige hacia
mí, acercándose a pesar de mi pecho sudoroso en la proximidad de suave pecho.

— Se estaba interponiendo en mi camino — digo, viendo como sus ojos marrones se


fijan mis labios.

— Trae mala suerte ver al novio antes de la boda.

— Impídemelo — no puedo evitarlo, no cuando lo tengo tan cerca, jamás. Poso mi


boca sobre la de él, manteniendo mi cuerpo alejado de cualquier otro contacto. De lo
contrario, se acabaría el juego — Te he echado de menos.
— Solo han pasado doce horas.

— Demasiado tiempo — lentamente lamo sus labios, amando su gemido y sus manos
vuelan hasta mi bíceps, pero odio el persistente sabor a alcohol — Has bebido.

— Solo un sorbo — no miente, lo que me sorprende — No deberíamos hacer esto.

— No puedes estar así delante mío y luego decir esas cosas, Kyungsoo.

Aprieto mi boca contra la de él para un buen beso, sabiendo que no me lo va a


negar. Y no lo hace. Nuestras lenguas se encuentran y entran en un ritmo perfecto
de movimiento, retroceso y picoteos, cada uno obtiene su satisfacción con gemidos
continuos y quejidos.

— Jongin, vamos a llegar tarde a nuestra propia boda.

— No me digas que deje de besarte, Kyungsoo — le mordisqueo su labio inferior y


tiro suavemente — No me digas nunca que deje de besarte.

Caigo de rodillas, atrayendo a Kyung conmigo, y paso un rato agradable solo


sintiéndolo, preguntándome cómo demonios podría un idiota como yo ser bendecido
con un hombre tan maravilloso. Estoy increíblemente feliz, pero aterrado al
mismo tiempo. Todavía hay mucho que tiene que saber, y soy un tonto al pensar que
llevarlo al altar a gran velocidad evitará que huya.

Mis ojos pasan lentamente por su vientre plano, pero no se da cuenta esta vez. Sé
que él sabe lo que he hecho, qué he sido deshonesto y mentiroso… y todavía está
aquí. Eso tiene que significar algo, ¿verdad? Entonces ¿por qué mierda no habla de
eso? ¿Por qué no lo hago yo? Porque tengo miedo, es por eso. Apenas sé qué diablos
estoy haciendo de un momento a otro. Y todo por la desesperación. Soy un maldito
imbécil

Encuentro sus ojos y lloro por dentro por este hombre del que me he enamorado tan
profundamente, y, otra vez, me pregunto cómo él puede sentir algo tan profundo por
mí también. Estoy agradecido, pero aún sigo muy confuso por eso.

— ¿Estás listo? — le pregunto.

Su hermosa ceja se frunce por completo.

— ¿Me estás preguntando si todavía quiero casarme contigo?

— No. No tienes elección. Solo te pregunto si estás listo.

— ¿Y si te digo que no? — está jugando conmigo, su pequeña sonrisa me lo


confirma.
— No lo harás.

— Entonces ¿por qué preguntas?

Me encojo de hombros.

— Estás nervioso. No quiero que estés nervioso.

Esa es una petición ridícula después de mi recorrido de la mañana por los jardines
de La Mansión.

— Jongin, estoy nervioso por el lugar en el que voy a casarme

Mi satisfacción por tener contacto disminuye al recordar sus dudas.

— Kyungsoo, lo tengo todo controlado. Te dije que no te preocuparas y no deberías


preocuparte, y punto.

— No me puedo creer que me convencieras para hacer esto — suena derrotado,


dudoso, baja su cabeza y romper nuestro contacto visual.

Sus palabras y acciones me lastiman. Quiero que tenga fe en mí, que nunca dude
de mí, lo cual es un deseo absurdo, dadas mis acciones y mi comportamiento desde
que lo he conocido. Le estoy pidiendo demasiado, pero, no me impide preguntar.
Levanto rápidamente su cara a la mía de nuevo, desesperado por verlo, y
desesperado para que me vea. Para que vea lo mucho que lo amo. Es mi única
arma.

— Oye. No le des más vueltas — le ordeno en voz baja.

— Perdona.

—Kyungsoo, bebé, quiero que disfrutes de este día, no que te agobies por algo que
no va a pasar. Nunca. No se enterarán jamás, te lo prometo.

He cerrado la puerta del salón comunitario y me he asegurado que no haya


evidencia que sugiera lo que sucede por aquí. Su familia nunca lo sabrá.

Puedo ver que mis palabras han tenido efecto porque se tranquiliza, luciendo un
poco culpable, lo que me hace sentir como una mierda total. Él no tiene nada de qué
sentirse culpable.

— Está bien — dice con confianza, intensificando mi amor por él aún más.

No he hecho nada para merecer esa confianza.


Lo dejo en el suelo, me dirijo a la cómoda y cojo una toalla antes de volver a
ponerme de rodillas delante de él. Me limpio un poco el sudor de la cara y el pelo,
luego, me pongo la toalla sobre el pecho sudoroso.

— Ven aquí — mantengo los brazos abiertos y me encanta su falta de vacilación


cuando se pega a mi pecho y se sienta en mi regazo — ¿Mejor? — lo aprieto con
fuerza, mi cuerpo se relaja con el de él donde pertenece.

— Mucho mejor. Te quiero, mi Señor.

Me río, la felicidad fluye por mi cuerpo cansado, devolviéndolo a la vida


completamente.

— Creía que era tu dios.

— Eso, también.

— Y tú eres mi seductor. O podrías ser mi señor de La Mansión.

Me empuja y se aleja rápidamente de mí.

— ¡No voy a ser tú señor de La Mansión del Sexo!

Me río entre dientes y lo atraigo de nuevo a mi pecho, mis manos en un frenesí de


sensación y mi nariz inhala profundamente su dulce aroma.

— Lo que tú quieras, bebé.

— Con ser «tu esposo» tengo más que suficiente — respira, y sigue con — Te quiero
muchísimo

— Lo sé, Kyungsoo — mi culpa aumenta.

— Tengo que vestirme, que voy a casarme.

Estoy sonriendo de nuevo.

— ¿De verdad? ¿Quién es el cabrón afortunado?

Se remueve de nuevo mientras me mira de cerca.

— Es un hombre controlador, neurótico e imposible.

Su pequeña palma acaricia mi cara áspera.

— Es muy guapo — su voz grave me está provocando un placentero dolor en la


ingle de nuevo — Ese hombre me deja sin aliento solo con tocarme y me folla hasta
que pierdo el sentido.
Me resisto a regañarlo por maldecir, en realidad estoy ansioso a que continúe
diciendo lo que le gusta tanto de mí. Nada lo va a superar, excepto que me bese, lo
que hace, comenzando en mi barbilla antes de hacer su camino hacia mis labios.

— Me muero por casarme con él. Deberías marcharte para que no tenga que
hacerlo esperar.

— ¿Qué diría ese hombre si te pillara con otro?

Siento su sonrisa.

— Pues primero lo castraría y luego le preguntaría si prefiere que lo entierren o que


lo incineren, esas cosas.

Finjo mi sorpresa.

— Parece un loco posesivo. No me gustaría vérmelas con él.

— Mejor que no: te aplastaría — sus pequeños hombros se encogen, haciéndome


reír con deleite. Me conoce tan bien — ¿Eres feliz? — pregunta.

— No, estoy cagado de miedo — lo llevo conmigo cuando caigo de espaldas — Pero
hoy me siento valiente. Bésame.

Se me lanza, no me hace esperar, es un acierto. Él está sobre mí, demostrándome


cuán irresistible me encuentra. Decido ahora mismo qué iré a la iglesia mañana
para dar gracias a Dios por mandarme a este chico único y especial.

— ¡Kim Jongin! ¡Aparta tu cuerpo sudoroso de mi hijo!

Pongo los ojos en blanco ante el chillido familiar, mientras que Kyungsoo bendice mis
oídos con sus risitas, todavía sofocando mi cara con sus labios. No lo detengo. Su
madre puede esperar.

— ¡Kyungsoo! ¡Vas a oler a sobaco! ¡Levántate! Eunji, ayúdame.

Las uñas de Kyung se clavan en mis bíceps cuando su madre trata de alejarlo de mí.
Él no se da por vencido fácilmente, mi pequeño seductor desafiante. Sonrío como un
tonto.

— ¡Mamá, para! — grita, apartando las manos — ¡Ya me levanto!

— ¡Pues venga! Te casas dentro de media hora, te has hecho una maraña en el pelo
y te has pasado la tradición por el forro revolcándote por el suelo con tu futuro
marido. ¡Eunji, explícaselo tú!
Nuestra aterradora organizadora de bodas da un paso hacia adelante y me lanza una
mirada de desaprobación, mezclado con un poco de lujuria.

— Vamos, Kyungsoo.

— Está bien, está bien — Kyung finalmente cede, se levanta y me deja tumbado en
el suelo.

— Por Dios, mírate

Victoria empieza a empujar a mi chico mientras él me mira, sus ojos marrones


brillantes, y sus exuberantes labios en forma de corazón curvados de manera pícara.
Pongo un brazo bajo mi cabeza deseando tener una mejor vista.

— Son como niños — luego sus ojos se endurecen, de verdad que me amínala un
poco
— ¡Fuera!

— Está bien, está bien

Cedo antes de destruir mi relación con mi futura suegra y sonrío cuando veo a
Kyungsoo lanzar una mirada de advertencia a nuestra organizadora de boda, que
está prácticamente babeando al ver todo mi cuerpo. Me encanta lo posesivo que
es mi futuro esposo.

— Yo me encargo del novio desesperado — Eunji declara, llevándome hacia la puerta


— Vámonos, Jongin.

Algo me llama la atención. O, mejor dicho, algo.

— Espera — mi mano roza el vacío de la garganta de Kyung — ¿Dónde está tu


diamante?

— ¡Mierda! — su pánico es claro, su mano toca todo su pecho desnudo, donde


cuidadosamente el diamante descansaba una vez — ¡Mierda, mierda, mierda!
¡Mamá!’

Habría aceptado la primera maldición, ¿pero cuatro?

— ¡Kyungsoo! ¡Esa boca, por favor!

— No te alteres.

Victoria está de rodillas en un segundo, palpando alrededor de la alfombra mientras


mis ojos recorren por todo el lugar en busca del diamante.

— ¡Lo encontré! — Eunji lo recoge y lo balancea en el aire, luciendo complacida con


ella misma. Lo tomo con más fuerza de la que quiero, arrebatándolo de su agarre.
— Date la vuelta — le ordeno. Kyung se gira rápidamente y lo aseguro firmemente
alrededor de su cuello — Ya está.

No puedo evitar saborear su cuello dándole un beso y aprieto mis caderas hacia
adelante.

¡Mierda! No debería haber hecho eso. Soy un puto masoquista.

Victoria bloquea mi momento.

— Eso les enseñará a no revolcarse en el suelo. ¡Ahora, fuera!

Me agarra, pero pienso que es mejor pisotearla aún más, sonrió cuando Kyungsoo
me hace una reverencia y saluda con la mano.

Veinte minutos, tengo veinte minutos para ducharme, afeitarme, vestirme y


dirigirme a la sala de verano para esperar a mi niño hermoso.

Y joder, no puedo esperar.

Me sacan a la fuerza por la puerta antes que se cierre de un portazo detrás de mí, y
deambulo por el rellano, sonriendo como si acabara de ganar la lotería y descubriera
la respuesta a la eterna juventud a la vez.

Al entrar a mi suite designada, escucho el sonido de mi móvil. Todavía estoy


sonriendo mientras cojo mi móvil y miro la pantalla.

Mi sonrisa se desvanece inmediatamente.

Rechazar, eso es lo que debería hacer, pero tampoco quiero enojarla, sobre todo
hoy. Me detengo durante unos segundos, apretando los dientes.

— Por el amor de Dios — apuñalo el botón de conexión.

— ¿Krystal?

— No creí que me contestarías.

— Entonces ¿por qué llamas? — sueno cortante, y no me debe importar. Pero no


puedo arriesgarme a que su culo delirante aparezca y moleste a Kyungsoo. Tomo
una respiración profunda y me dirijo hacia el baño.

— No es demasiado tarde, ya lo sabes — se aferra a cualquier esperanza de nuevo.

No sé cuántas veces debo decir lo mismo con diferentes palabras.

— Krystal, hazte un favor y sigue adelante — me meto en la ducha.


— No puedo.

Ruedo los ojos, pero ella continúa antes que pueda continuar, lo cual es
probablemente algo bueno. Estoy perdiendo la paciencia.

— ¿Me puedo quedar en La Mansión?

— ¿Qué? — digo abruptamente.

— No tengo adónde ir, Jongin. Mi marido me ha echado. ¡No tengo nada! tú accediste
a ayudarme.

Casi me pongo a reír.

— ¡De ninguna manera! Joder, Krystal. Debes tener familia, ve con ellos.

— ¡Pero dijiste que me ayudarías! Esto es tu culpa — su tono acusador y sus


palabras me enojan.

— ¿Cómo diablos es mi culpa? Me hiciste una petición, y lo cumplí. Nunca acepté


nada más.

— Pero lo tomaste cuando te lo ofrecí todas esas veces.

— Estaba enojado — afilo las palabras despacio, tirando de una toalla del estante —
Estoy locamente enamorado de Kyungsoo, Krystal. Es el maldito día de mi boda.

— No voy a renunciar, Jongin. Sé que tienes sentimientos por mí.

— ¡Tienes razón! —gritó — Tengo sentimientos por ti. ¡Siento que quiero golpearte!

— No hay necesidad que digas eso.

— Escúchame — estoy empezando a temblar, mi estado anterior de satisfacción se


ha ido — Hay un hombre en una habitación al final del pasillo que tiene mi corazón.
Él es mi dueño, Krystal. No puedo pensar más allá de las imágenes de su rostro y el
sonido de su voz. Él consume hasta la última gota de mi espacio de pensamiento,
incluso cuando tengo tu voz en mi oído lloriqueando. No hay una persona en la
jodida tierra que alguna vez vaya a romper o influir en lo que siento por él, y mucho
menos tú — respiro hondo — Ya no te veo, Krystal. No veo a nadie, excepto a él y
estoy a veinte minutos de hacerlo oficial a los ojos de Dios. Lo único que nos va a
separar será la muerte, ¿me oyes?

No dice nada, pero oigo un sonido de llanto. Ni siquiera me siento culpable. No siento
nada, salvo la necesidad de reunirme con mi amor.

Cuelgo.
No tengo tiempo para esto, y desde luego no voy a mantener a MI ÁNGEL esperando.

Me ducho y me afeito en quince minutos exactos, luego me pongo el traje y me dirijo


hacia la puerta.

Pero pienso en algo.

La solución perfecta.

Hemos estado separados demasiado tiempo, y ya no será así. Ya no más. No estará


alejado de mi vista por el resto del día.

Contacto constante.

Cojo las esposas y salgo de la habitación para ir a buscar a MI ESPOSO.

CAPITULO 9
CINCO MESES DESPUÉS

La vida es maravillosa. Es absolutamente fantástica. Contacto constante. Y he


disfrutado de él durante seis meses seguidos. Si ésta es la idea que tiene Mi Ángel
del séptimo cielo de Jongin, se ha convertido en mi lugar favorito de este mundo
también.
Su barriga de embarazado es de una redondez perfecta, y he notado que ha
descendido claramente durante las últimas semanas.
También me he dado cuenta que un halo de tranquilidad lo rodea. Es algo digno de
ver. No puede haber nada mejor que ver su rostro resplandeciente mientras se
entretiene por el ático con mis hijos creciendo en su interior. Creo que tiene el
síndrome del nido.
He leído al respecto. Todo está impecable, pero repite una y otra vez la misma
rutina, incluso aunque Sunni ya se haya encargado de todo. También se le ha
acentuado el mal humor, así que he dejado de intentar intervenir en sus hábitos de
embarazo. El mejor hábito soy yo. Estoy al borde de la extenuación, aunque jamás se
me ocurriría decírselo o negarle algo. Creo que, si no fuera tan irresistible, me
sentiría un poco maltratado.
Apoyo los pies sobre mi mesa, descanso la cabeza en el respaldo de la silla y observo
la pared. Sonrío al oír que la aspiradora se enciende en el piso de arriba. La nueva
casa todavía está en obras, nuestra pequeña mansión, pero voy a quedarme en el
ático. Mire a donde mire, Kyungsoo está presente, ya sea en uno de esos fastidiosos
cojines decorativos, en un grupo de muebles… o con su cara inundando toda la
pared de mi despacho. Sólo para mis ojos. Eso nunca cambiará.
Una sonrisa de puro contento se dibuja en mi rostro, pero desaparece al instante
cuando oigo un estrépito en el piso de arriba.
¿Qué mierda ha sido eso?
Me levanto rápidamente con el corazón desbocado.
— ¿Kyungsoo?
Salgo corriendo del despacho, subo los escalones de cuatro en cuatro e irrumpo en el
dormitorio mirando hacia todas partes hasta que veo a mi chico. Está agarrándose el
vientre.
— ¡Joder, Kyungsoo!
Estoy junto a él en un nanosegundo y le paso las manos por toda la cara. Sus ojos
marrón chocolate me miran y reflejan auténtico miedo. A pesar de mis esfuerzos por
mantenerme tranquilo y sosegado, empiezo a temblar.
— ¡Joder! ¿Ha llegado la hora? — apenas puedo pronunciar las palabras. Mierda, me
he estado preparando para este momento, me he entrenado para conservar la
calma, pero siento que el corazón se me va a salir del pecho — ¡Diablos, Kyungsoo
contéstame! ¿Ha llegado la hora? ¿Ya vienen los bebés?
Se incorpora, se suelta la barriga y me sonríe maliciosamente.
— No — me coge las manos y me besa el anillo de casado — Pero me encanta hacer
esto.
Me dejo caer al suelo, aliviado.
— Maldita sea, Kyung ¡casi me da algo!
Ahoga un grito de nuevo y vuelve a agarrarse la barriga.
— ¡De eso nada! – me río.
Esta vez lo está llevando demasiado lejos. Pero entonces oigo un <pop>, seguido de
un líquido que chorrea — ¿Qué carajos ha sido eso?
Miro al suelo y veo sus piernas desnudas empapadas. El corazón se me sale por la
garganta. No puedo respirar.
— He roto fuente — susurra entre dientes, y entonces se inclina hacia adelante
lanzando un alarido que casi me perfora los tímpanos — ¡Mierda, Jongin!
No sé qué hacer. Ya no está de broma, de eso estoy seguro, y en lugar de coger la
bolsa para el hospital y de acompañarla tranquilamente hacia la puerta, lo reprendo.
— ¡Kyungsoo, cuida tu puto lenguaje!
— ¡Aaaahhh, mierda! — empieza a jadear con respiraciones cortas, tal y como
habíamos practicado — ¡Joder Kim, vas a tener que ponerte unos putos tapones!
¡Mierda!
— ¡Kyungsoo! — me siento como un inútil, aquí parado sin hacer nada más que
escuchar sus palabras malsonantes.
—Jongin — sigue con las respiraciones cortas — ¿Te acuerdas que hemos practicado
esto un millón de veces?
Sí, lo hemos hecho, pero en estos momentos no me acuerdo de nada. <El móvil> Lo
cojo en brazos y voy en busca de mi móvil, bajo los escalones a toda prisa en
dirección al despacho.
— ¡Jongin, déjame en la cama!
— No voy a dejarte solo bebé — entro en mi despacho y lo deposito en mi silla,
alcanzo mi móvil inmediatamente y llamo al grandullón — ¡Siwon! ¡Ha llegado la
hora! ¡Ha llegado la hora! — empiezo a pasearme de un lado a otro. Miro a Kyung
cada pocos segundos y veo el dolor reflejado en su rostro cubierto de sudar — ¡Es
demasiado pronto! ¡Joder, dijeron que podría adelantarse cuatro semanas, no seis!
— ¡Voy para allá! ¿Recuerdas lo que tienes que hacer? — me pregunta Siwon con voz
tranquila.
— ¡No! ¡No me acuerdo de una mierda!
— ¿Él está bien?
— ¡No lo sé! — chillo al tiempo que Kyungsoo lanza un grito ahogado.
— ¿Y tú? — pregunta con sorna. Lleva todo el embarazo burlándose de mí.
— Joder, Siwon, soy un inútil — admito, y me acerco a Kyung para acariciarle la
frente sudorosa mientras respira profundamente.
— Tienes que medir el tiempo entre contracciones, pedazo de imbécil.
— ¡Claro! — miro inmediatamente el reloj — Date prisa — cuelgo y giro la silla de
oficina para volverlo de cara a mí — Avísame cuando llegue la próxima, bebé — me
agacho entre sus piernas.
— ¡Ya! — me grita en la cara, y casi me caigo de culo al suelo — ¡Joder, joder, joder!
Me abstengo de mirarlo mal por miedo a que me pegue un puñetazo, y lo pongo de
pie como habíamos practicado. Coloco sus manos sobre mis hombros y observo mi
Rolex por encima de su cabeza. Sus uñas cortas se clavan en mi piel a través de la
camiseta mientras se agarra a mí, aúlla y gruñe. Incluso llega a morderme, y es la
primera vez en la historia de nuestra relación que eso no hace que se me ponga la
polla dura al instante.
*
No puedo hacer otra cosa más que dedicarle palabras de aliento, aguantar sus
arañazos y sus mordiscos y sostenerlo. Y durante todo ese tiempo, mi corazón
bombea frenéticamente con una mezcla de miedo y emoción. Pronto conoceré a mis
pequeños.
— ¡Veinticuatro putas horas! — grito dando media vuelta y volviendo a recorrer el
pasillo — ¡Esto no puede ser normal! — una pareja que pasa me mira mal, pero me
importa una mierda — ¿Qué mierda me miran? — les chillo, y los pobres empiezan a
caminar más de prisa para escapar del lunático que merodea por el pasillo del
hospital.
— ¡Cálmate, pedazo de mierda!
— ¡Estoy calmado! — me llevo las manos al pelo y empiezo a tirar de él — Pero es
que está tardando demasiado. Está agotado, Siwon. Demonios, ¿cuánto va a durar
esto?
— Ya has oído a la obstetra. Todo es perfectamente normal y él está bien — me
golpea la mandíbula con su enorme puño mientras ríe. No sé qué le hace tanta
gracia — Tienes que tranquilizarte y volver con tu chico.
— Joder, Siwon, no sé si puedo soportarlo más. Me está matando.
Me siento como un auténtico imbécil por decir algo así teniendo en cuenta todo el
dolor que está soportando Mi ángel, pero, mierda jamás me había sentido tan
impotente.
El grandullón me sacude y me dirige una mirada furiosa.
— Compórtate como un hombre, Jongin. Él te necesita.
Esas palabras me sacan de mi bloqueo. Él me necesita. Irrumpo de nuevo en la
habitación justo cuando la obstetra grita:
— ¡Empuja, cariño!
— ¡Jongin! — grita, y levanta la cabeza roja como un tomate — ¿Dónde carajos
estabas?
La obstetra ni siquiera se inmuta ante el lenguaje de Kyungsoo, pero me hace un
gesto con la cabeza para que mueva el culo.
— Señor Kim, en el pasillo no se le ha perdido nada.
Abro los ojos de par en par y me quedo helado en el sitio hasta que la mujer sacude
la cabeza exasperada, se acerca para recuperar mi cuerpo paralizado en el umbral
de la puerta, me guía hasta la cama y me coloca al lado de Kyung.
— Serénese por el amor de Dios — dice la obstetra tranquilamente, como si mi
esposo no estuviera muriéndose de dolor — Bien, Kyungsoo — apoya la mano en la
rodilla doblada de mi esposo para infundirle ánimos — Vamos a intentarlo un poco
más. Y si no, tendremos que plantearnos opciones, cariño.
— ¡No! — grita Kyung, y empieza a respirar de nuevo — ¡Quiero que mis hijos nazcan
de manera natural!
No tengo la fuerza mental suficiente como para poner los ojos en blanco. Mi chico
hermoso y cabezota ha insistido en que no quería ni medicación ni cicatrices.
La obstetra se echa a reír.
— Las cosas no siempre salen como una espera durante el parto, Kyungsoo. Sobre
todo, cuando se trata de un parto múltiple.
— ¡Ahí viene otra! — empieza a soltar rápidamente bocanadas de aire y extiendo la
mano hacia mí — ¡Jongin!
Le extiendo la mía, se aferra a ella y me acerco más, pues parece que es lo que
necesita. Hundo mi rostro en su cuello húmedo para cubrirlo por completo.
— Te quiero — suspiro como un idiota, sin saber qué más decir — ¿Qué mierda he
hecho para merecerte?
Gruñe en mi cuello y sacude la cabeza de un lado a otro.
— Haz que pare. Ya no puedo más.
Hunde los labios en mi piel y me agarra el pelo.
— Un último intento bebé — vuelvo el rostro hacia él para buscar sus labios y lo beso
suavemente. No saltan chispas de deseo, solo amor puro y verdadero — Lo haremos
juntos, ¿de acuerdo?
Asiente pegado a mí y vuelve a hundir la barbilla en mi cuello.
Entonces siento cómo todo su cuerpo se tensa; abre la boca contra mi garganta y
tira de mi pelo con tanta fuerza que bordea la violencia doméstica. Grita, clava los
dientes en mi piel, me tira del pelo con una mano y me aprieta el bíceps con la otra.
Bloqueo todo el dolor que me está infligiendo, aunque estoy seguro que esto no es
nada en comparación con lo que él está experimentando en estos momentos… y eso
significa que debe de estar pasando por una puta tortura. Aprieto los dientes. ¡Joder!
Tira de mí y deja de morderme para poder gritar un poco más antes de hincarme los
dientes de nuevo y clavarme las uñas. Estoy convencido que me está arrancando el
pelo a mechones.
— ¡Eso es, Kyungsoo! — exclama la obstetra antes de pedir ayuda a sus colegas —
¡Vaya! ¡Es una niña!
Esas palabras me golpean como un mazo. No siento nada en estos momentos, nada
en absoluto, pero sí que oigo. Un millón de sensaciones me inundan de repente.
Kyungsoo sigue gritando de forma intermitente, oigo los latidos de mi corazón… Y
hay algo más…, algo que me devuelve aún más a la vida. El llanto de un bebé.
Tengo una niñita. Soy padre de nuevo.
— Otro empujón, Kyungsoo. ¡Vamos! — la obstetra parece emocionada.
— No puedo — grita Kyungsoo en mi oreja — Por favor.
A pesar de mi estado de trance, consigo inyectar algo de fuerza a mis músculos y me
esfuerzo en reconfortara. Me acurruco contra su pelo y me aferro a su cuello con los
dientes. Lo muerdo suavemente antes de besarlo, lo beso y lo muerdo con dulzura
una, y otra, y otra vez. Soy incapaz de articular palabra. No puedo darle palabras de
aliento, de modo que centro toda mi atención en tocarlo, sentirlo, hablarle a través
del contacto. Es nuestro lenguaje silencioso, un lenguaje que ambos hablamos
perfectamente. Me da un apretón a modo de respuesta, y entonces deja escapar un
grito ensordecedor.
Es un grito de furia. Y sigue, sigue hasta que se deja caer debajo de mí y me suelta
para permitir que me relaje junto a él.
Se oye otro grito.
— ¡Es un niño!
Mi corazón estalla y me invade una increíble sensación de paz y serenidad.
Nos quedamos acurrucados en la cama. Kyung jadea y yo ya no puedo seguir
conteniendo las lágrimas. Empiezo a sollozar contra su cuello. Mi corazón agotado no
parece tener intenciones de calmarse, y sé que probablemente permanezca así
durante el resto de mi vida. Ni siquiera los he visto todavía. No los he oído, ni tocado,
ni les he dicho cuánto los quiero, pero mi corazón late más de prisa que nunca, algo
que creía imposible. Ahora tengo tres ángeles.
— ¿Señor Kim? — oigo una voz en la distancia y sé que debería incorporarme, pero
soy incapaz de moverme.
Cuando al cabo de unos instantes sigo paralizado, noto que Kyungsoo empieza a
revolverse debajo de mí.
— ¿Nos permite unos minutos? — pregunta.
— Por supuesto — responde la obstetra suavemente.
— ¿Están bien?
— Perfectamente, Kyungsoo. Los dejo un momento, pero no se demoren mucho.
Ahora eres madre.
— Gracias — contesta Kyung con voz tranquila mientras vuelve a abrazarme, suspira
contra mi cuello, me acaricia el pelo con suavidad y me besa de vez en cuando.
Pasamos mucho tiempo sin decir nada. No es necesario. Ahora es él el que
reconforta, y lo necesito. Necesito mantenerme aferrado a él. Es mi manera de
asegurarme que todo esto es real. Por fin se aparta, busca mis ojos vidriosos y, en
cuanto nuestras miradas se cruzan, la realidad se confirma.
Mi realidad.
No estoy soñando.
— Ve a conocer a tus hijos — dice acariciándome la áspera mejilla con la mano —
Tuve que esperar veintiséis años para encontrarte. No hagas que tenga que
esperarte más de lo necesario.
Me besa en los labios, se asoma por encima de mi hombro, y yo reúno el calor para
girarme lentamente e ir a presentarme a mis pequeños.
*
— Dejen que papá les cuente un cuento — susurro — Es una historia sobre un
pequeño seductor desafiante y una criatura divina. Por cierto, ese soy yo. El dios. El
seductor es el hermoso de su madre.
Miro a mis pequeños, que yacen sobre mi pecho desnudo, cada uno acurrucado en
un pectoral, durmiendo apaciblemente. Les doy un beso en la cabeza, cierro los ojos
e inspiro su esencia, como si así pudiera estar físicamente más cerca de ellos. Tae
Rin se estira y yo me quedo inmóvil mientras ella pega su carita contra mi piel, con
los ojos cerrados sus minúsculas manos cerradas en sendos puños junto a la boca. Y
entonces Taeoh gimotea en respuesta, reiniciando la misma serie de movimientos
hasta que los dos vuelven a apaciguarse. Mierda, creo que voy a llorar otra vez.
— ¿Estás bien?
Levanto la vista y veo a Kyung de pie en el umbral de la habitación de los niños,
cubriendo su menuda constitución solo con una de mis camisas.
— Chsss — meneo la cabeza suavemente exhortándola a acercarse a mí. Recorre la
moqueta en silencio, se agacha y esquiva a los bebés para darme un beso en el
cuello — Les estoy contando un cuento.
Apoya la cabeza contra mi bíceps, cubierto con las manos las minúsculas nalgas de
los dos pequeños.
— ¿Tiene un final feliz? — pregunta en voz baja.
— Sí — suspiro.
— ¿Puedo oírlo yo también?
Sonrío y hundo el rostro entre las cabezas de los bebés de nuevo para volver a
inhalar su increíble esencia.
— Había una vez un hombre muy guapo — empiezo a susurrar — Atractivo,
musculoso, fuerte y seguro de sí mismo… al que básicamente se le daba bien todo…
— Menos cocinar — me interrumpe Kyung, y baja la boca hasta mi bíceps para
clavarme los dientes sin hacerme daño.
— Menos cocinar — convengo, y mi sonrisa se amplía — Él estaba un poco perdido
cuando él lo encontró. Él es su ángel — se vuelve hacia mí, nuestras miradas se
cruzan y se acerca para besarme — El hombre quedó bastante prendado por el ángel
— digo contra su boca, y siento su sonrisa. Se acurruca de nuevo a mi lado
suspirando y yo vuelvo a olfatear las cabezas de mis hijos — Siempre que él estaba
cerca, a él lo invadía una sensación extraña, y no tenía ni idea de qué hacer al
respecto. Es como si se lo volviera un poco loco.
Kyungsoo murmura ligeramente y empieza a acariciarme el antebrazo.
— Era indescriptiblemente hermoso — susurro — Y eso que el hombre había visto
muchas personas muy guapas en su día — sonrío cuando me da un codazo, aunque
no dice nada — Pero aquel hombre era distinto. Él no creía que pudiera ser real, pero
cuando lo miraba a los ojos sucedía algo.
— ¿Qué sucedía? — pregunta en voz baja, acurrucándose más.
— Su corazón empezaba a latir de nuevo — sé que ya lo sabe, pero el tierno beso
que me da en el brazo confirma que le gusta oírlo — Por primera vez en toda una
vida, se sentía vivo — Taeoh se revuelve y restriega la nariz contra mi pecho
desnudo con un gemidito.
Kyungsoo desplaza la mano hasta su espalda y empieza a acariciársela en círculos.
Se tranquiliza al instante.
— Chsss — susurra.
Ver su instinto maternal en acción no hace más que acentuar mi sensación de dicha.
Observo cómo mis tres ángeles se acomodan de nuevo y suspiro profundamente.
— Él sabía que su ángel lo quería — digo con voz firme.
— ¿Por qué?
— Porque se lo decían sus ojos. Cada vez que los miraba, veía su salvación y lo
adicto que era a él.
— Su ángel sigue siendo adicta a él — asegura, y me hace sonreír.
— Lo sé. No podía resistirse a él, y ésa era la única esperanza que él albergaba. De
modo que se propuso convertir esa adicción en necesidad y, si lo lograba, esperaba
que esa necesidad acabara transformándose en… amor. Quería cuidar de él para
siempre, para él ya no había nada ni nadie más. Sólo su pequeño ángel Y el increíble
sentimiento que compartían. Cuando sonreía, el corazón del hombre se activaba.
Cuando hablaba, sus orejas resonaban de placer. Cuando lo tocaba, él dejaba de
respirar durante unos instantes, y después su corazón se aceleraba, un poco más su
ángel pasó a serlo todo para él.
— Esos sentimientos siguen siendo increíbles — murmura Kyung, adormilado.
— Sigo sintiéndome pleno de dicha, bebé, totalmente agradecido. Es un amor
absoluto, completo y trascendental.
Miro a mis hijos perfectos, suspiro, y un amor intenso y puro hace que se me llenen
los ojos de lágrimas.
— Y ahora podemos compartir ese amor con estas dos personitas y ser felices para
siempre.
PARA SIEMPRE.
PUNTO.

También podría gustarte