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TEMA 60 Oposiciones Historia y Geografía

El documento analiza el arte del Renacimiento italiano, sus orígenes, características y su influencia en otras culturas, destacando el cambio de una visión religiosa a una antropocéntrica. Se exploran las contribuciones de artistas como Brunelleschi, Donatello, y Miguel Ángel, así como las corrientes del Quattrocento y Cinquecento, que marcaron un hito en la historia del arte. Además, se menciona el impacto del Renacimiento en España y su legado en la arquitectura, escultura y pintura.

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TEMA 60 Oposiciones Historia y Geografía

El documento analiza el arte del Renacimiento italiano, sus orígenes, características y su influencia en otras culturas, destacando el cambio de una visión religiosa a una antropocéntrica. Se exploran las contribuciones de artistas como Brunelleschi, Donatello, y Miguel Ángel, así como las corrientes del Quattrocento y Cinquecento, que marcaron un hito en la historia del arte. Además, se menciona el impacto del Renacimiento en España y su legado en la arquitectura, escultura y pintura.

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TEMA 60

EL ARTE DEL RENACIMIENTO ITALIANO Y SU INFLUENCIA

ÍNDICE

1. Introducción
2. Concepto y orígenes del Renacimiento
3. Características del arte renacentistas
4. El Renacimiento italiano
4.1 El arte del Quattrocento
4.2 El arte del Cinquecento. El clasicismo.
4.3 El Manierismo
5. El Renacimiento en España
5.1 Arquitectura
5.2 Escultura
5.3 Pintura
7. Conclusión
8. Bibliografía
1. Introducción

El tema 60 de Geografía e Historia “El arte del Renacimiento italiano y su


influencia” tiene su referencia legislativa en el RD. 217/2022 y en el D. 39/2022 por el
que se establece la ordenación y enseñanzas mínimas de la ESO dentro del bloque de
saberes básicos de 1° y 2° de ESO de la materia Geografía e Historia
titulado Sociedades y territorios como Significado y función de las expresiones
artísticas y culturales en las distintas civilizaciones. Diversidad y riqueza cultural.
Respeto y conservación del patrimonio material e inmaterial.
También en el RD. 243/2022 y en el D. 40/2022 por el que se establece la ordenación y
enseñanzas mínimas del Bachillerato dentro del bloque de saberes básicos de la materia
Historia del Arte titulado Aproximación a la Historia del Arte, El arte y sus funciones a
lo largo de la historia, Dimensión individual y social del arte y Realidad, espacio y
territorio en el arte.

El Renacimiento es el fenómeno cultural que, al inicio de la Edad Moderna, retoma los


principios de la cultura de la Antigüedad clásica sin renunciar a la tradición cristiana,
sustituyendo la omnipresencia de lo religioso propia del mundo medieval por una
afirmación de los valores del hombre y del mundo. A la concepción estática del
universo medieval le va a suceder una visión dinámica, que en el transcurso de algo
menos de un siglo va a cambiar el panorama mundial. Influidos por el neoplatonismo,
algunos artistas como Miguel Ángel o Leonardo da Vinci establecieron cánones de
belleza que siguen siendo en la actualidad un referente popular de la belleza ideal.

2. Concepto y orígenes del Renacimiento


El término Renacimiento fue acuñado por Vasari y desde el principio se entendió como
un proceso que tomaba la Antigüedad como modelo y que trataba de recuperar estos
ideales compaginándolos con los valores cristianos. Vasari entendía este periodo como
un "renacimiento" de los valores estéticos, intelectuales y técnicos de la Antigüedad
clásica, tras lo que él consideraba una época oscura
El Humanismo fue el movimiento cultural que tomó al hombre como protagonista y el
causante de esa sustitución de la mentalidad medieval por la antropocéntrica. Sin
embargo, en contra del pensamiento más tradicional que supone al Renacimiento como
una ruptura total con el medievo, la realidad es que el Renacimiento tiene mucho de
continuación de la Edad Media. La plástica del arte gótico tiene su lógica continuidad
en el naturalismo renacentista, y más visible aún en la literatura.
Como consecuencia del papel protagonista del hombre, aparecerá una nueva valoración
del artista. Aunque seguía siendo un artesano, su posición social fue mejorando. Así es
como surge la figura del mecenas, que protegía casi paternalmente al artista,
financiándole y a veces cobijándole bajo su techo.
La belleza deja de ser un reflejo de la divinidad para convertirse en la expresión de un
orden intelectual basado en la medida y la proporción. La perspectiva se consolida como
el medio adecuado para representar este nuevo enfoque, mientras que el cuerpo humano
desnudo se convierte en el principal objeto de estudio de los artistas, reflejando el
antropocentrismo del humanismo. Arte y ciencia se unen en un esfuerzo por
comprender empíricamente el mundo que los rodea, buscando leyes racionales que les
permitan dominar la naturaleza. De este modo, las ciencias se transforman en
herramientas para conocer y representar plásticamente la realidad.

3. Características del arte renacentistas

Los rasgos que definen el arte del Renacimiento de manera general se podrían resumir
en tres: la preocupación por el mundo clásico, la adopción de una visión antropocéntrica
del mundo que se plasma en un arte a la medida del hombre y la reducción de las
formas al lenguaje matemático.
En cuanto a la arquitectura, en este periodo se tiende a la geometrización, es decir, el
arquitecto renacentista fundamentará sus realizaciones en la matemática. Para
conseguirlo toman los órdenes clásicos, organizan el espacio de acuerdo a las leyes de la
perspectiva, optan por el arco de medio punto y los ornamentos se encuentran siempre
armonizados en el conjunto y aplicados de forma simétrica.
Además, el edificio renacentista será el resultado de un cálculo de proporciones entre las
formas geométricas que constituyen las distintas partes del edificio. En línea con el arte
clásico, se establece una teoría de la proporcionalidad. Las partes de un edificio deben
guardar una relación recíproca. El edificio «ideal» es el de planta central, absolutamente
simétrico con respecto a un solo punto situado en el centro.
En el campo de la escultura se desarrollan nuevas maneras de ver las figuras en su
relación con el espacio que las envuelve, nuevas formas que se inspiran en el clasicismo
griego. El culto a la antigüedad grecolatina se traduce en la vuelta a los cánones
clásicos, al ideal de belleza humana, al sentido de la armonía y el equilibrio clásicos.
Hay una nueva concepción de la escultura que ahora se considera capaz de producir
placer estético: las formas bellas tendrán valor en sí mismas. En cuanto a los temas,
compartirán el puesto de honor tanto los religiosos como los profanos, estos últimos de
carácter mitológico. Pero el tema fundamental será el hombre y ahora cobrará especial
desarrollo el desnudo.
En cuanto a la pintura, sigue unas características muy similares a la escultura,
destacando la clara evolución a lo largo de los siglos XV y XVI.

4. El Renacimiento italiano
4.1 El arte del Quattrocento
Florencia en el siglo XV no solo será la gran capital artística, sino que se convertirá en
el “inmenso laboratorio” donde los artistas van a realizar multitud de investigaciones y
experiencias en arquitectura, pintura y escultura que les llevara a descubrir los
conceptos plásticos en los que se fundamenta el nuevo lenguaje artístico.

Se considera a Brunelleschi (1377-1446) el iniciador del Renacimiento. Fue el primero


en introducir en la práctica constructiva una mentalidad rigurosamente científica. En
Santa María del Fiore sentó las bases de una arquitectura articulada y sistematizada,
según el más puro racionalismo, donde la columna, el entablamento y el arquitrabe
clásicos presiden toda la articulación, de forma que se logra un lenguaje arquitectónico
funcional y claro. Para ello se ayuda de una escasa decoración, en la que destacan las
líneas estructurales del edificio en su color original, y encalando el resto del muro.
Tras la muerte de Brunelleschi, en Florencia quedan algunos arquitectos seguidores de
su estilo como Michelozzo, autor del Palacio Medici-Ricardi. Sin embargo, ningún otro
representó tan propiamente al hombre humanista como Alberti. Entre sus obras destaca
la fachada de Santa María Novella, en Florencia, un telón para una iglesia gótica
anterior, en la que Alberti define un nuevo tipo de fachada de iglesia con una fuerte
disciplina geométrica basada en la modulación del cuadrado, que perdurará con
variantes hasta la época barroca. En el Palacio Rucellai, Alberti incorpora en la fachada
la superposición de órdenes.

Si se trata de escultura, Ghiberti fue el primer escultor que basa su arte en la cultura del
Humanismo. Entre sus características sobresale el hecho de que no utiliza la perspectiva
lineal, aunque su tratamiento de la profundidad, del paisaje y los detalles es magistral.
Para representar el espacio utiliza el sistema que empleaban los flamencos, basado en
estudios ópticos. Las líneas de la composición no coinciden en un solo punto, sino en un
radio, algo habitual en el Quattrocento. Sin duda su obra fundamental son las puertas
del Baptisterio de Florencia. Las llamadas Puertas del Paraíso (primera mitad del
[Link]) están compuestas por diez paneles de marco cuadrado y realizadas en bronce
dorado. El paisaje y la perspectiva arquitectónica son las que dan fondo a las escenas.
Donatello (1386-1466) fue el escultor más representativo del siglo XV. plasma al
hombre con gran variedad de gestos, mostrando sus diferentes estados anímicos, en la
línea del retrato psicológico de tradición helenística y romana. Dos de sus obras más
afamadas tienen como protagonista a San Jorge, el primero de ellos lo realizó para uno
de los nichos exteriores de Orsanmichele y el otro sigue la técnica del relieve
schiacciato (un bajorrelieve con una variación mínima, a veces milímetros, respecto al
fondo) y presenta al santo luchando con el dragón en presencia de la princesa. Su otra
gran obra en bronce es el Gattamelata, monumento funerario de un condotiero. Destaca
por el clasicismo de sus formas y porque la estatua ecuestre no había recuperado su
carácter monumental desde el mundo clásico. Otra de sus mejores obras en bronce es el
David (hacia 1440) que se encuentra en el Museo del Bargello de Florencia y es la
primera figura completamente desnuda fundida en bronce desde la antigüedad clásica.
Además, presenta el momento de la historia en que ya ha ocurrido la acción, no antes
como el de Miguel Ángel o durante como el de Bernini. El cuerpo del joven dibuja la
famosa “curva praxiteliana” imitando las líneas compositivas de antiguos maestros
como Policleto o Praxíteles.

En la pintura del Quattrocento italiano podemos distinguir claramente dos corrientes. La


primera tiende a la evocación de un mundo dulce y de una pureza y perfección muy en
la línea del idealismo. Es la que inicia Fra Angélico y la que seguirán, entre otros,
Filippo Lippi y Perugino, y que culminará en el Cinquecento con Rafael.
La segunda está obsesionada por el penetrante análisis de la forma, con dibujo preciso y
características realistas. Es la línea que inaugura Massacio y en la que se moverán Piero
della Francesca o Mantenga, por ejemplo, y que culminará en el Cinquecento con
Miguel Ángel.
Masaccio es el primer revolucionario de la pintura de la época, introduce la perpectiva
y la monumentalidad en las figuras.
Lo sigue Piero della Francesca, cuya pintura está basada en reglas geométricas y
matemáticas; todo lo que existe debe ser reducido a lo esencial. Destaca El sueño de
Constantino, uno de los frescos de la iglesia de San Francisco en Arezzo, donde la
geometría adquiere un papel esencial en el ordenamiento de los personajes,
convirtiéndolos en verdaderas formas geométricas. La escena del Sueño de
Constantino nos ofrece el momento previo a la Batalla de Puente Milvio: durante la
noche anterior al emperador se le apareció un ángel con el signo de la cruz, indicándole
que bajo aquella imagen ganaría la batalla.
Dentro de esta corriente, está también Mantegna, el más completo de los pintores
cuatrocentistas. Une al tratamiento escultórico de sus figuras, un estudio muy peculiar
de la perspectiva (“el punto de vista bajo”) que posibilita la proyección de las figuras
sobre la bóveda o el cielo, al mismo tiempo que consigue también admirables escorzos,
como en su célebre Lamentación sobre Cristo muerto. Cristo está representado desde
los pies, con una visión directa al espectador, de manera casi perpendicular, rompiendo
con la perspectiva utilizada por los artistas hasta el momento. A esta organización de la
obra, Mantegna le suma un intenso contraste de luces y sombras, otorgando un enorme
sufrimiento en la obra. Destaca la anatomía del cuerpo de Cristo, completa en detalles y
un brutal realismo en la forma del tórax. Las manos y los pies aparecen representados
con los estigmas provocados por la pasión, haciendo ver un terrible dolor.
Dentro de la otra corriente de pintores encontramos a su principal representante: Fra
Angélico. Intentó que cada obra suya fuese espejo de la belleza ideal que subyace en los
hombres y en las cosas, de una belleza que provoca la trascendencia. El arte es para él
un medio de alcanzar la perfección de Dios. Sus obras son de temperamento dulce y
delicado, y no tienen gran fuerza expresiva. Hace ensayos de perspectiva totalmente
científicos, buscando la profundidad a través de líneas oblicuas, haciendo alarde de
estudios de geometría. Un ejemplo es su Anunciación (hacia 1426).

Por último, dentro de los pintores de fin de siglo, hay que nombrar al gran Sandro
Botticelli (1455-1510) quien, lejos de centrar su atención en los problemas técnicos de
la pintura, se ocupará de plasmar los sentimientos y desarrollar nuevos temas. Este
cultiva el desnudo y dota a sus personajes de suaves rostros delicados y melancólicos,
donde se plasma el idealizado amor platónico. Podemos destacar “La primavera”,
“Venus y Marte” y “El nacimiento de Venus”, las tres obras de la década de los 80 del
siglo XV.
4.2 El arte del Cinquecento. El clasicismo.
En los últimos años del s. XV y los primeros del XVI, los estados europeos, no
italianos, van a ver el Renacimiento italiano como modelo a seguir. El proceso de
difusión de este modelo no solo se reduce a formas, sino que se da un auténtico trasvase
de ideas. Literalmente lo italiano se pone de moda en este siglo. Este uso e
instrumentalización del arte se adecua perfectamente a los ideales y necesidades de la
realidad sociopolítica de la Europa del momento. Justifica estéticamente el
autoritarismo de los príncipes que han surgido en el Estado Moderno.
La actividad constructora de los Papas tiene su época cumbre en el s. XV, gracias en
especial al impulso de Julio II que es uno de los grandes mecenas del Cinquecento.
A este periodo se lo conoce como Clasicismo, es donde la arquitectura alcanza su
apogeo con la construcción de la basílica de San Pedro y donde aparecerán tres genios
universales: Leonardo da Vinci, Rafael y Miguel Ángel.

Uno de los primeros y más importantes arquitectos de este siglo es Bramante, con
quien se inicia el arte del Cinquecento. Será fundamental su interés por el espacio
unificado, para cuya consecución utilizará plantas centrales cubiertas con cúpulas y
limpiará el muro de elementos decorativos. Una de sus obras más logradas fue la
escalera del patio del Belvedere, en el Vaticano, con una rampa helicoidal en la que
robustas columnas soportan un pavimento de espina de pez sin gradas. Destaca también
el templete de San Pietro in Montorio, construido a petición de los Reyes Católicos.
Además de los anteriores, diseñó el proyecto original para la nueva Basílica de San
Pedro en el Vaticano, que sería continuado por otros arquitectos.
A finales de siglo destaca uno de los más grandes arquitectos de la época: Andrea
Palladio. Utiliza en sus construcciones el llamado “tramo rítmico” que contrasta recta-
curva y macizo-vano, generando fuertes contrastes de luz. Su obra maestra es la Villa
Rotonda (hacia 1566), una villa de planta centralizada que refleja la perfección de las
proporciones clásicas.
Por último, hay que señalar que, aunque es más conocido como escultor y pintor,
Michelangelo Buonarroti o Miguel Ángel (1475-1564) también fue un destacado
arquitecto del Cinquecento. Su intervención en la Basílica de San Pedro, modificando el
diseño de Bramante y completando su famosa cúpula, es una de sus obras maestras.
De esta etapa destaca en escultura, por encima de cualquier otro artista, la figura de
Miguel Ángel Buonarroti. Desde el punto de vista formal, su arte está dotado de una
gran corrección técnica y plástica con gran variedad de recursos, entre los que destacan
el acabado: muy pulido, como en la Piedad del Vaticano, o sin terminar de pulir, como
en la Piedad Rondanini.
En su faceta escultórica, Miguel Ángel destaca por la grandiosidad de sus figuras están
dotadas de mucha fuerza expresiva y tensión dramática. Con el colosal David, el
escultor logra realmente superar a toda la estatuaria antigua conocida, llegando a la cima
del clasicismo.
El Papa Julio II encargó a este la realización de su tumba, obra en la que pone gran
empeño pero que nunca finalizará, dejándonos algunas figuras tan impresionantes como
El Moisés (1515). En esta obra el artista utiliza de nuevo el recurso de la cabeza vuelta
hacia la izquierda, como había hecho con el David, concentrando una expresión de
tremenda ira, a lo que se dará el nombre de terribilitá. Este sentimiento y dominante
dramatismo se aparta poco a poco del concepto clásico y está más unido al periodo
helenístico, el más claro precedente de la “revolución manierista”.
En la etapa de vejez se produce la ruptura con el clasicismo renacentista y culmina su
interpretación manierista. Sus últimas obras son tres versiones del mismo tema, la
Piedad. Su arte se desliga de la concepción de armonía y belleza y se hace cada vez más
intelectual. De entre ellas destaca la anteriormente nombrada: Piedad Rondanini (1564),
con un naturalismo extremo que se expresa como puro símbolo, en el conjunto se
percibe el esfuerzo de la figura por abrirse paso a través de la materia. El genio y
terribilitá de Miguel Ángel se manifiestan en una estética de cánones deformados,
composiciones forzadas y desequilibrio.

La pintura del Cinquecento se caracterizará por la búsqueda de volúmenes en figuras a


base de sombreados y estudios de luz de transiciones suaves, con lo que se consigue dar
profundidad a la obra sin tanta línea. Encontramos ahora aportaciones revolucionarias
como el sfumato de Leonardo y las incursiones en el Manierismo de Miguel Ángel y el
propio Rafael.
Si en el siglo anterior la escuela fundamental fue la florentina, ahora pasará el testigo a
la Roma papal, aunque no debemos olvidar la influencia de la pintura veneciana, que
con otra excepcional generación de pintores añadirá su fuerza colorista al Clasicismo.
En primer lugar, destaca Leonardo da Vinci como prototipo de genio renacentista. En
su obra se ve la búsqueda de una transición más sutil entre la luz y la sombra y una
expresividad más equilibrada. Sus formas son menos plásticas, más pictóricas y más
sueltas, para lo cual utilizará el sfumato, que disuelve las formas plásticas en la luz, las
difumina. Sus figuras surgen de la sombra, por obra de la luz. Fruto de su
experimentación fue su nuevo sistema de perspectiva aérea, que tiene en cuenta la
bifocalidad de la visión humana y la existencia de aire entre los objetos y el observador.
La aportación de la nueva perspectiva aérea supondrá la utilización sistemática del
sfumato o la difuminación de los colores. Una de sus primeras y más importantes obras
es La Virgen de las rocas, de la que hay que destacar sobre todo la utilización que hace
Leonardo de la luz, que se refleja en los cuerpos moldeándolos. Leonardo no solía
dedicar demasiado tiempo a los retratos, y por eso llama la atención que dedicara tanto
tiempo y esfuerzo a completar el retrato de la Gioconda (1503). El paso de una
superficie a otra, como por ejemplo del cabello a la mejilla, no se delimita por una
fuerte y neta línea de contorno, como se trabajaba habitualmente, sino que sutilmente
ambas superficies se fusionan. Este efecto logra transmitir sensación de espacio, de
“aire” envolviendo a la figura y separándola, a su vez, del fondo.
Rafael Sanzio es considerado uno de los pilares del Cinquecento y uno de los genios
indiscutibles de la pintura de todos los tiempos por la perfección y gracia de sus
trabajos. Su pintura es colorista y amable, destacan sus célebres madonnas y las grandes
y ordenadas composiciones que decoran las estancias vaticanas. Destaca La escuela de
Atenas (1511), aquí quiso representar los orígenes del pensamiento occidental con los
filósofos clásicos cuyos rostros son intercambiados por los de artistas contemporáneos a
él. Así, por ejemplo, en el centro tenemos a Platón (pintado como Leonardo) y
Aristóteles, las dos principales ramas de la filosofía.
Por último, Miguel Ángel, artista que con su estilo está más cerca de la escultura que de
la pintura. Elimina el paisaje y concentra toda su energía en el modelado, pinta
volúmenes netos, muy bien delimitados y con violentos escorzos. Es el predecesor de
los pintores manieristas. La mejor muestra de ello es la Capilla Sixtina, de una gran
originalidad y también de una extraordinaria creación personal del artista. Fue un
encargo del Papa Julio II y la técnica utilizada fue el fresco, ya que debía pintar toda la
bóveda de la capilla. Las figuras son voluptuosas, muy coloridas con una visible
influencia de esculturas helenísticas como el Laocoonte.
4.3 El Manierismo
Con el nombre de manierismo (del italiano maniera) se designa a un estilo desarrollado
en la Europa del siglo XVI que artísticamente se encuentra a caballo entre el Clasicismo
renacentista y la fuerza expresiva del Barroco.
El manierismo se desarrolla en un contexto histórico marcado por crisis profundas,
como la Reforma protestante y el inicio de un periodo de violencia, del cual el Saco de
Roma de 1527 es un evento emblemático. Esto supuso un duro golpe para el
humanismo y cuestionó los ideales de equilibrio y racionalidad que habían dominado el
Renacimiento. En el ámbito artístico, el manierismo introdujo importantes
innovaciones: se abandonó el ideal de armonía y proporción renacentista, dando paso a
formas más inestables y expresivas. Las composiciones manieristas se caracterizan por
su complejidad, tanto en los temas tratados como en su ejecución formal. Lejos de la
simplicidad y claridad que definieron el clasicismo renacentista, el manierismo es
considerado un estilo intelectual y, en cierto modo, elitista, destinado a un público culto
y refinado. Tradicionalmente, se ha entendido el término "manierismo" como una
derivación de la palabra italiana "maniera", haciendo alusión a la idea de que los artistas
manieristas imitaban a los grandes maestros del Renacimiento "alla maniera" (a la
manera de), es decir, copiando sus estilos. Sin embargo, esta visión ha sido superada en
la historiografía actual. Hoy se reconoce el manierismo como una respuesta consciente a
la crisis del lenguaje clásico renacentista, más que una simple imitación.
En la segunda mitad del siglo XVI nos encontramos ya con el pleno Manierismo, que en
arquitectura se preocupa mucho por la escenografía y los efectos visuales. Esta nueva
concepción se manifestará sobre todo en la construcción de villas en las que proliferan
fuentes, escalinatas y jardines.
En pintura, si hay una escuela que destaca en el Manierismo es la veneciana, con
Tintoretto y El Veronés. El inconfundible lenguaje manierista de Tintoretto tiene
características como el alargamiento de sus figuras, delgadas y verticales, la ocupación
asimétrica del espacio, marginando al protagonista a favor del grupo, sus atrevidos
escorzos, el inacabado de ciertas formas contrastando con otras terminadas, y sus juegos
violentos de luz artificial, que marcan su idioma pictórico, de enorme originalidad. Un
ejemplo de su obra es Hallazgo del cuerpo de San Marcos. Un Manierismo distinto se
observa en El Veronés, que frecuentemente introduce como fondo arquitecturas
palladianas. En ellas tiene la oportunidad de concentrar, con la minuciosidad y el
detallismo del miniaturista, el lujo de la opulenta sociedad veneciana y el exotismo de
criados de etnias africanas y asiáticas. Una de sus obras más características es Venus y
Adonis.

5. El Renacimiento en España
El periodo cultural y artístico renacentista se desarrolló en España desde finales del
siglo XV hasta finales del siglo XVI. Si bien es cierto que el origen de este movimiento
está en Italia, existen múltiples diferencias en función de las peculiaridades nacionales.

5.1 Arquitectura
En la arquitectura del Renacimiento en España se distinguen tres periodos bien
diferenciados: plateresco, purismo y herreriano.
El plateresco se desarrolla en el primer tercio del siglo XVI. El término fue acuñado un
siglo más tarde para designar a un estilo que por su abundante decoración se comparaba
con la labor de los plateros y orfebres. Su principal característica es el protagonismo de
las fachadas, profusamente decoradas. Esto supone la continuación formal de la
tradición española del gótico tardío o estilo isabelino. Los arcos de medio punto
conviven con otros carpaneles o conopiales y las construcciones se llenan de
balaustradas, medallones y figuras heráldicas. Un importante ejemplo sería la fachada
de la Universidad de Salamanca de autor desconocido.
El purismo constituye la fase más clasicista del Renacimiento español. Sus orígenes
están estrechamente relacionados con el agotamiento de las formas decorativas
platerescas que hizo que los arquitectos, siguiendo las formas italianas, fijaran su
atención en normas académicas más precisas y rigurosas.
De este periodo va a destacar la labor de Alonso de Covarrubias, que evolucionará
hacia formas muy clásicas realizando en Toledo obras como el Hospital Tavera y la
Puerta de la Bisagra.
También hay que mencionar la figura de Gil de Hontañón, quien realizará la fachada
de la Universidad de Alcalá de Henares y el Palacio de Monterrey en Salamanca.
Por último, por su originalidad, otra importante construcción de la época es el Palacio
de Carlos V en la Alhambra de Granada, del arquitecto Pedro Machuca.
El estilo herreriano (o escurialense) está marcado en arquitectura por la construcción del
Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, mandado construir por Felipe II. Su
principal artista fue Juan de Herrera, quien da nombre a este estilo. Está basado en el
colosalismo y la monumentalidad, se trata de un estilo sobrio que aporta un sentido
estático y ordenado. Es de austeridad decorativa, tanto externa como interna, reducida a
unas pirámides coronadas por bolas.
Esta corriente supone la adopción de un arte propagandístico puesto al servicio de la
monarquía imperial española, simbolizada en la dinastía de los Habsburgo.

5.2 Escultura
La escultura española de la época presenta una serie de diferencias con el Renacimiento
italiano. En nuestro país encontramos un predominio de la temática religiosa frente a la
profana, hay un gusto por lo expresivo y realista frente a otras corrientes más idealistas
y se utilizará principalmente madera policromada.
El primer tercio del siglo XVI en España se caracterizó por la llegada de artistas
italianos que trajeron consigo la estética del Quattrocento florentino y quienes
gradualmente desplazaron la tradición gótica. Entre ellos destacan Torrigiano y
Fancelli, este último conocido por el sepulcro de los Reyes Católicos en Granada. El
gusto por las formas italianizantes se manifiesta en algunos autores como Bartolomé
Ordóñez, quien llevó a cabo el sepulcro de don Felipe y doña Juana, en la capilla Real
de Granada.
A lo largo del segundo tercio del siglo XVI se producen interesantes novedades,
llegando a su máximo esplendor la escultura barroca española, especialmente en Castilla
con Alonso Berruguete y Juan de Juni.
Alonso Berruguete (1490-1561) se formó en Italia y fue discípulo de Miguel Ángel.
Creó un estilo nervioso y enérgico en el que destacan las formas serpentinatas. Sus
esculturas se caracterizan por figuras alargadas, dramáticas y con gran movimiento, que
transmiten una profunda carga emocional. Una de sus obras más representativas es el
retablo mayor del monasterio de San Benito en Valladolid, donde su estilo manierista se
despliega en todo su esplendor.
Juan de Juni es de origen francés y, a diferencia de Berruguete, sus figuras son de
formas más amplias y orientadas a buscar la perfección. Sus figuras destacan por la
intensidad emocional y la teatralidad en la composición. Una de sus obras más
representativas es el Entierro de Cristo, un grupo escultórico que muestra una notable
habilidad para capturar el sufrimiento y la devoción religiosa.
A finales del siglo XVI, durante el reinado de Felipe II, surge una escultura oficialista y
académica que posee una fuerte carga propagandística. Sus máximos representantes son
los italianos León y Pompeo Leoni. Pompeo era el hijo de León, con el que colaboró al
servicio de la familia real española. De ellos destaca la escultura de Carlos V, quien
recuerda a la estatuaria romana de los emperadores.

5.3 Pintura
Al igual que en la escultura, la pintura española se caracteriza por el predominio
absoluto de los temas religiosos. Solo en las colecciones reales, por obra de artistas
italianos, aparecen algunos cuadros mitológicos.
En sus primeros pasos, la pintura española muestra su intención de asimilar modelos
italianos fundiéndolos con la tradición flamenca anterior. En esta etapa destacan Juan de
Flandes y Pedro Berruguete.
En el segundo tercio de siglo destaca la influencia de Italia y en especial la de Rafael
Sanzio. Aquí destaca Juan de Juanes, autor de obras tan célebres como La Última
Cena.
En los últimos años de siglo destaca la labor de pintores que trabajan en el Escorial y
algunos retratistas de corte, como Pantoja de la Cruz quien desarrolla un retrato frío,
distante y aristocrático.
La figura de esta época por excelencia será El Greco, Domenicos Theotocopoulos
(1541-1614), el más manierista de los pintores. Es de origen griego, pero es
especialmente célebre por su obra en España, donde desarrolló un estilo único que
fusionaba influencias bizantinas con renacentistas, dando lugar a un estilo muy
personal. Su obra se caracteriza por figuras alargadas, composiciones dinámicas y un
uso expresivo del color y la luz, lo que le permitió crear un estilo profundamente
espiritual. Cuando fija su residencia en Toledo, su pintura llega a su madurez, es allí
donde creará algunas de sus más célebres obras, los paisajes serán sustituidos por cielos
tormentosos y los colores serán cada vez más fríos. Entre sus obras más icónicas
destacan El entierro del Conde de Orgaz, La Trinidad y El caballero de la mano en el
pecho.

7. Conclusión
Antes del Renacimiento, lo que había contado en el arte era la corporación, el gremio
medieval, pero de entonces en adelante, la historia del arte se convierte en historia de
los individuos que se dedican a ella. Un concepto que todavía hoy es válido.
Por lo demás, en la actualidad todavía se utilizan muchísimos conceptos y términos
renacentistas. El significado que damos a la palabra arte, la aún existente subdivisión
del arte en artes mayores (arquitectura, escultura, pintura), artes menores y artes
aplicadas; la distinción entre el arquitecto, responsable de la forma de un edificio, y el
contructor, que garantiza la técnica; la enraizada convicción de que un cuadro o una
estatua deben reproducir algo y la aún más sólida de que exista una regla para distinguir
matemáticamente lo bello de lo feo: todo ello tiene sus orígenes en el Renacimiento.
Por tanto, estudiar las formas más características y significativas de este movimiento
representa no solo remontarse a las razones que han determinado tales formas, sino
también a las razones que han hecho de nuestra civilización lo que es.

8. Bibliografía

GOMBRICH, E. (1985): Norma y forma. Estudio sobre el arte del Renacimiento.


Alianza Editorial.
Análisis teórico sobre los contenidos estéticos y aportaciones del arte renacentista.

PANOFSKY, E. (1975): Renacimiento y renacimientos en el arte occidental. Alianza


Editorial.
Ensayo clásico y prácticamente atemporal sobre las analogías y diferencias del arte en
los distintos focos culturales de la época.

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