Fin del Colonialismo Europeo en Asia
Fin del Colonialismo Europeo en Asia
Al concluir la Segunda Guerra Mundial, casi la totalidad del continente africano, la mayoría
del continente asiático y varios enclaves en el resto del mundo estaban bajo el dominio de
las potencias coloniales europeas. Se destacaban los casos de los imperios de Gran
Bretaña y Francia que, en conjunto, representaban el 60% de la superficie y el 80% de la
población del mundo colonial. Sin embargo, dos décadas después había desaparecido, en lo
fundamental, el sistema colonial imperialista. En esos pocos años, más de cuarenta países
y alrededor de ochocientos millones de personas -una cuarta parte de los habitantes del
planeta- accedieron a la independencia.
En sentido general, puede afirmarse que la descomposición del mundo colonial británico
fue menos traumática o conflictiva en comparación con lo ocurrido en el caso del Imperio
francés y en los de varios imperios menores. Ello se explica, entre otros factores, por la
mayoritaria utilización de un régimen de administración indirecta, que preservaba
considerablemente las instituciones propias de las colonias y confería a sus habitantes
ciertos márgenes de libertad; por la política de favorecer la evolución del régimen colonial
mediante la concesión de estatutos de autonomía internos; por la notable (aunque selectiva)
expansión de la educación y las formas de vida inglesa, y por un mayor grado de realismo
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Desde luego, el hecho de que la desintegración del Imperio británico se produjera de forma
relativamente pacífica, no puede hacernos olvidar el oprobioso crimen que representó el
colonialismo. El régimen colonialista inglés, al igual que el de las demás potencias,
interrumpió la evolución natural de los pueblos dominados y los sometió a una despiadada
explotación. Con la sangre y los sufrimientos de millones de personas “inferiores” se
erigieron, en gran medida, muchas de las opulentas sociedades europeas. Estas sociedades,
por tanto, contrajeron una enorme deuda con aquellos pueblos que sojuzgaron, deuda que
aún no ha sido saldada.
Insertar foto pag. 433 de Nueva Historia Universal, Editorial Marín S.A., 1969.
Pie de foto: El recuerdo de Gandhi se ha perpetuado en Calcuta con este monumento
en el que el gran predicador de la no violencia aparece en actitud de eterno caminante,
con el sumario vestido que acostumbraba usar.
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La Segunda Guerra Mundial aceleró el proceso hacia una independencia por la que el
pueblo de la India venía luchando desde finales del siglo XIX. En aquellas circunstancias,
el Partido del Congreso y la Liga Musulmana condicionaron su colaboración con Inglaterra
a un acuerdo que por fin reconociera el principio de independencia. Los ingleses
rechazaron tal posibilidad y el Partido del Congreso desató una nueva campaña de
desobediencia cívica. La amenaza japonesa, en 1942, facilitó una nueva aproximación. El
Congreso mostró la intención de cooperar y Gran Bretaña prometió que la India se
convertiría en dominio al terminar la guerra. Pero las negociaciones al respecto no tuvieron
éxito, ya que Londres rechazó la demanda de un gobierno indio y, en respuesta, Gandhi
movilizó a la población y exigió el retiro de los ingleses. La reacción de las autoridades
coloniales no se hizo esperar, los principales dirigentes nacionalistas fueron encarcelados y
las manifestaciones violentamente reprimidas.
Inserta foto pag. 432 de Nueva Historia Universal, Editorial Marín S.A., 1969.
Pie de foto: Aunque discrepante de Gandhi en numerosas cuestiones, una firme
unidad vinculó siempre a Jawaharial Nehru y al padre de la independencia india.
Gandhi lo consideró siempre como su sucesor y, en efecto, sería el presidente del
primer gobierno indio independiente en 1947, cargo que conservó hasta su muerte en
1964.
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Durante los primeros meses de 1947, tras infructuosas negociaciones entre el Congreso y la
Liga con el último virrey de la India, Lord Mountbatten, se llegó a la conclusión de que era
imposible mantener la unidad. Se acordó entonces el siguiente plan de partición: Se
crearían los estados independientes de la India y Pakistán, que se sumarían a la
Commonwealth. Las provincias se incorporarían a cada estado en correspondencia con su
mayoría poblacional. En los casos de Bengala1 y Punjab, con población mixta, sus
asambleas debían pronunciarse sobre la división o la integración en uno de los dos estados
(optaron por la división, lo que generó el diferendo ulterior por Cachemira), y en el caso de
los principados se decidió que se integrarían en uno u otro estado. Luego de la aprobación
de dicho plan por el parlamento británico, la India y Pakistán accedieron a la
independencia, el 15 de agosto de 1947. Ello tuvo lugar en un clima de desconfianza
mutua, alimentado por las matanzas que se produjeron al efectuarse la división y por el
millonario éxodo de personas a que dio lugar. Los dos nuevos estados del subcontinente
no sólo mantendrían posteriormente un largo diferendo por algunas regiones fronterizas,
que en ocasiones llegó a la guerra abierta, sino que se colocaron frente a frente en el
escenario de la “guerra fría”, en el que la India se alineó generalmente con la URSS y
Pakistán actuó a remolque de los intereses occidentales.
1
Bengala se dividió en Bengala Occidental, que se integró a la India, y Bengala Oriental, que se sumo a
Pakistán, pero en 1971 se convirtió en estado independiente adoptando el nombre de Bangla Desh.
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de 1947, Gran Bretaña reconoció la independencia del país, que en enero de 1948 adoptó el
nombre de República de la Unión Birmana, decidiendo no integrarse a la Commonwealth.
En el propio año de 1948, Londres se vio forzado a conceder la independencia a Ceilán, que
había conseguido la autonomía interior desde 1946. La decisión se debió al temor de que
los conflictos desatados con motivo de las independencias de sus vecinos se transformaran
en un grave problema en aquel territorio, no homogéneo étnicamente. El nuevo país que
así emergía y que en 1972 adoptó el nombre de República de Sri Lanka, decidió
incorporarse a la Commonwealth.
Mucho más complejo fue el proceso hacia la independencia de los distintos territorios
llamados a integrar la futura Malasia. Allí convivía una amalgama de razas (chinos,
malayos, indios), culturas, religiones y de regímenes con distintos tipos de vinculación con
la metrópolis (desde los nueve sultanatos, que eran protectorados, a los establecimientos de
los Estrechos, que eran colonias). El elemento común era la educación británica de sus
elites, aunque la ocupación japonesa (1942-1945), erosionó notablemente el prestigio de los
europeos. Por otra parte, después de la guerra, Inglaterra dejó claro que no estaba
dispuesta a renunciar a sus posesiones malayas, pues de ellas extraía caucho, estaño y otros
recursos, mientras que Singapur constituía un enclave comercial y de comunicaciones
indispensable para el Imperio.
Malasia, que Singapur abandonó dos años después, adoptando el nombre de República de
Singapur. En Malasia los colonialistas lograron finalmente imponer a las fuerzas más
moderadas.
produjo con relativa rapidez, fundamentalmente entre 1960 Maestro de profesión, realizó estudios
superiores en Inglaterra y los Estados
y 1965. En ello influyeron la descolonización asiática, el Unidos. Fue uno de los principales
exponentes del nacionalismo africano
impulso que representó la reunión afro-asiática de en el Congreso Panafricano de
Manchester (1945). Firme creyente de
Bandung y muy particularmente el V Congreso la independencia africana y de la
unidad continental , lidero la lucha
Panafricano de Manchester (1945), que permitió tomar anticolonial en su país e influyó en la
de otros países, hasta su derrocamiento
conciencia común de la situación, elaborar conclusiones y en 1966. Desempeñó un papel
fundamental en la creación de la
principios de acción y contrastar actitudes a seguir para Organización para la Unidad Africana
(OUA), surgida en 1963.
lograr la independencia. Allí se reunió un nutrido grupo
de dirigentes nacionalistas africanos, entre los que se destacan K. Nkrumah, J. Kenyatta, A.
Awolovo, Wallace-Johnson, Peter Abrahams y Hasting Banda. La acción posterior de
estos dirigentes intensificó la lucha anticolonial en sus respectivos territorios, aunque
algunos de ellos adoptarían después actitudes moderadas e incluso prooccidentales. .
El desplome del colonialismo británico comenzó por el Africa Occidental (la de más viejo
contacto con Europa), por la futura Ghana, que obtuvo su independencia en 1957. Se
trataba de un territorio con una gran diversidad étnico-administrativa, resultado del artificial
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trazado de fronteras por parte de los colonialistas. El futuro país agruparía la colonia de
Costa de Oro, la región del antiguo Reino de los Ashanti, los Territorios del Norte y la parte
de Togo que estaba bajo tutela británica. Se reunía allí un complejo conglomerado de
etnias, culturas, religiones (animistas, cristianos, musulmanes) y de situaciones económicas.
En 1946, como primer paso hacia la unificación, se dotó a estos territorios de una
Constitución, que se proponía mantener un equilibrio entre los distintos grupos y poderes y
“africanizaba” parcialmente (en realidad minimamente) las instituciones de la colonia, o
sea, los consejos legislativos y ejecutivos.
En 1948, Kwame Nkrumah, que había regresado a la colonia el año anterior, se convirtió en
secretario general de la Convención Unida de Costa de Oro. Enseguida Nkrumah denunció
las limitaciones de la Constitución de 1946 y solicitó que se acelerara la evolución hacia el
autogobierno. La avanzada posición de Nkrumah (representante del sector más progresista
del nacionalismo africano) chocó con las posiciones moderadas predominantes en la
Convención, lo que lo llevo a fundar, en 1949, la Convención del Pueblo, verdadero partido
de masas que reunió a los nacionalistas más radicales y consecuentes. El nuevo partido se
reveló como un instrumento eficaz en la lucha por la independencia. Su batalla condujo al
establecimiento de una nueva Constitución, en 1950, que era aún limitada pero ampliaba la
presencia africana en el Legislativo. Nuevos combates de masas obligaron a introducir
enmiendas a dicha Constitución, lo que abrió el camino para el autogobierno. De acuerdo
con los resultados de las elecciones de 1951, ganadas mayoritariamente por el Partido de la
Convención del Pueblo, Nkrumah se convirtió en Primer Ministro en 1952, En el plano
externo, Nkrumah evitó la confrontación con Gran Bretaña, mientras en lo interno se
esforzó por superar los problemas derivados de las divisiones religiosas, étnicas, tribales y
culturales, que enfrentaban políticamente a su partido con los jefes ashanti y con los de los
Territorios del Norte. Con esta política inteligente llevó al país a la independencia, que fue
proclamada oficialmente el 6 de marzo de 1957.
Nigeria fue el segundo país del Africa Occidental inglesa en acceder a la independencia y
parecía el menos predestinado a formar un estado debido a su enorme extensión y a la gran
diversidad territorial, étnica, cultural y religiosa. Al norte estaban los grandes emiratos
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hausa-fulanis, al este los ibos y al oeste los yorubas, como grupos mayores. La región de
Lagos, uno de los centros comerciales más importantes y activos, constituía una unidad
aparte, con características propias. La unidad del territorio fue una herencia de la
administración colonial y del empeño nacionalista de las “clases medias”, surgidas en las
tres principales comunidades del país y representadas por Nnamdi Azikiwé y su Consejo
Nacional de Nigeria y los Camerunés (ibos), Abofemi Awolowo y su Grupo de Acción
(yorubas) y el Congreso de los Pueblos del Norte de Aminu Kano y de Abubakar Tafawa
Balewa. El primero de estos partidos, con una posición relativamente avanzada en los
primeros tiempos, fue el más importante por sus dimensiones e influencia en la población.
Los otros dos partidos asumieron una posición moderada e incluso en ocasiones
probritánica en el caso de la agrupación de Balewa.
En Sierra Leona, que alcanzó su independencia en 1961, el proceso fue similar al de Ghana,
pero con menor conflictividad interna a pesar de las diferencias entre las distintas regiones
de la colonia (la costa y el interior) y de que coexistían también allí distintas etnias, culturas
y religiones, cuyas contradicciones se exacerbaron considerablemente en el período que
condujo a la liberación. Igualmente pacífico fue el proceso que tuvo lugar en Gambia, que
obtuvo su independencia en 1965, tras un período de dos años de autogobierno.
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Las formulas aplicadas por el imperialismo británico para enfrentar la crisis de su sistema
colonial tomaban muy en cuenta las características de cada posesión, incluyendo la propia
evolución en ellas del anticolonialismo. De ahí que en el África Oriental las tácticas
empleadas fueran diferentes en los cuatro territorios que la integraban: Tanganica, Uganda,
Kenya y las islas de Zanzíbar. Aún así, el acceso a la independencia fue relativamente
rápido.
Sin embargo, las cosas comenzaron a modificarse poco después. En 1953, el destacado
líder nacionalista Julius Nyerere fue elegido presidente de la Asociación Africana de
Tanganica, que un año después se transformó en la Unión Nacional Africana de Tanganica
(TANU), abierta a los nacionalistas de todas las razas y con el objetivo básico de lograr el
autogobierno y después la independencia. En 1954, se produjeron sucesivos informes de
Nyerere al Consejo de Administración Fiduciaria de la ONU y éste exigió igual
representación en el Consejo Legislativo, lo que fue rechazado por las autoridades
coloniales, que también se negaron a reconocer a la TANU. Pero ante posteriores gestiones
de la ONU y la presión popular tuvieron que cambiar de actitud, lo que condujo a la
aceptación oficial de la TANU y a las elecciones de 1958 para el Consejo Legislativo, que
se celebraron bajo un sistema “tripartito”, es decir, las tres comunidades tenían igual
representación pese a la diferencia numérica y cada ciudadano debía votar por un europeo,
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El proceso que desembocó en la independencia de Uganda fue mucho más complejo, lo que
se debió al fraccionamiento político de los territorios agrupados bajo la Federación de
Uganda, que era la versión moderna del protectorado británico surgido en 1890 en torno al
importante Reino de Buganda y otros reinos menores de los alrededores. La Federación
estaba integrada por un conjunto de pequeños reinos (directamente vinculados a la Corona),
en los que se conservaban antiguas instituciones africanas, y por territorios no adscriptos a
ningún reino. En estos últimos fue donde aparecieron los primeros partidos nacionalistas,
como el Congreso del Pueblo de Uganda de Milton Obote y el Partido Democrático de B.
Kiwauka, que propugnaban el fin de la hegemonía del Reino de Buganda y sus aliados y la
unificación de todo el territorio. El principal problema allí consistió en como compaginar
los deseos de independencia y unidad de los movimientos nacionalistas con los privilegios
de los reyes, que sólo concebían la independencia aplicada a sus respectivos territorios.
Después de diversas gestiones, las elecciones de 1961 –para pulsar la opinión pública-,
demostraron que predominaba el deseo de independencia y unidad. Con posterioridad, sin
embargo, se adoptó una solución de compromiso, redactándose una Constitución de
carácter federal que reconocía cierto grado de autonomía, sobre todo a Buganda. Ello fue
el fruto de la alianza establecida por el Congreso del Pueblo de Uganda con el Partido Real
de Buganda. Así las cosas, al producirse la independencia, en 1962, Milton Obote se
convirtió en primer ministro y Mutesa II, rey de Buganda, en jefe de Estado, hasta su
deposición en 1966.
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Kenya fue el último territorio colonial del Africa Oriental británica en llegar a la
independencia. Ello se debió, fundamentalmente, a las presiones ejercidas por los
numerosos colonos europeos (calculados en unos 60,000), que ocupaban las zonas más
fértiles del país. Al final de la Segunda Guerra Mundial, surgió en la colonia la Unión
Africana de Kenya (KAU), liderada por Jomo Kenyatta, que denunció las difíciles
condiciones de vida de los africanos y encabezó sus protestas. En 1951, la KAU reclamó
una mayor representación africana en el Consejo Legislativo de la colonia y en las
instituciones locales. La demanda fue rechazada categóricamente y ello motivó que los
grupos nacionalistas más radicales (desprendidos de la KAU) organizaran el Ejército de
Kenya por la Tierra y la Libertad (llamado despectivamente pos los colonos como los Mau-
Mau), que mantuvo la lucha armada hasta 1956, con un saldo de más de 10 mil africanos
muertos. Aunque nunca se pudo demostrar que existiera una relación entre el movimiento
armado, los lideres tradicionales de la KAU y los kikuyos (una de las tribus mayoritarias),
las autoridades británicas decretaron el estado de emergencia, prohibieron los partidos
africanos y encarcelaron a los principales dirigentes de la KAU y a los notables kikuyos.
La lucha anticolonial tomó mayor envergadura hacia fines de los años 50. Para entonces ya
estaban formados y actuando los partidos nacionalistas propios en las tres posesiones. En
Rhodesia del Sur surgieron la Unión Popular Africana de Zimbabwe (ZAPU), encabezada
por Joshua Nkomo, y la Unión Nacional Africana de Zimbabwe (ZANU), que tenía entre
sus principales dirigentes a Robert Mugabe. En Rhodesia del Norte se fundó el Partido
Unido de la Independencia Nacional (UNIP), liderado por Kennet Kaunda, mientras que
Hasting Banda creó en Nyasalandia el Partido del Congreso de Malawi, único que no se
proponía romper totalmente con Inglaterra.
La repuesta blanca ante el auge del movimiento nacionalista fue contundente. En 1959,
aprovechando los disturbios antifederalistas del norte de Nyasalandia se decretó el estado
de emergencia en toda la federación, se prohibieron todos los partidos africanos y se
encarceló a miles de sus militantes. Pero la represión no hizo más que enardecer los
ánimos y fortalecer la posición de los africanos, acelerando el proceso hacia las
independencias separadas. En efecto, en 1961, el Partido del Congreso de Malawi obtuvo
la mayaría de los escaños en las primeras elecciones en que pudieron votar masivamente los
africanos y se constituyó un gobierno africano presidido por Hasting Banda, que abandonó
la Federación dos años después. En 1964, fue proclamada la independencia del país, que a
partir de entonces adoptó el nombre de Malawi.
Mientras tanto, en Rhodesia del Sur, con el consentimiento de Londres, se introdujo una
reforma constitucional que reforzó aún más el poder blanco. En ese contexto, se
prohibieron los partidos nacionalistas africanos, se acentuaron las medidas segregacionistas
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y se reprimió a los dirigentes africanos, que fueron casi aniquilados. En 1965, la minoría
blanca rhodesiana rompió con Inglaterra, que debido a las presiones internacionales se
proponía buscar una solución que incluyera a la población negra, y declaró unilateralmente
su independencia, saliendo de la Commonwealth. La mayoría negra tuvo que esperar hasta
1980 para acceder al poder, lo que se produjo en un contexto internacional y regional más
favorable y tras varios años de lucha armada y de una serie de maniobras internas del
colonato blanco para no perder sus privilegios. Robert Mugabe, dirigente del ZANU (que
luego se fundió con el ZAPU para formar el ZANUPU), se convirtió en el primer
presidente de la República de Zimbabwe, nombre adoptado por el país a partir de 1980.
Por último, el caso de Sudán, situado en la región nororiental del continente africano,
presentó determinadas particularidades. Desde 1899 existía allí un condominio anglo-
egipcio, aunque en la práctica mandaban los ingleses. Después de la Segunda Guerra
Mundial, Egipto pidió a los británicos que abandonaran Sudán y éstos respondieron
proponiendo ciertos cambios, entre ellos la creación de una Asamblea Legislativa
(formalizada en 1948), que en la práctica estaría controlada por las autoridades inglesas.
En 1951, los nacionalistas sudaneses pidieron la independencia, mientras que Egipto reiteró
a los ingleses su deseo de que abandonaran el condominio. A la postre, la situación se
decidió con la revolución nasserista de 1952, que destronó al rey Faruk. Un año más tarde,
las nuevas autoridades egipcias propiciaron un acuerdo con Inglaterra, mediante el cual se
reconocía el derecho a la autodeterminación de Sudán y se garantizaba la independencia
tras un período transicional de tres años, en el que existió un gobierno sudanés con mayoría
del Partido Unionista Nacional. En virtud de dicho acuerdo, las tropas extranjeras
abandonaron el país en 1955. Por fin, la independencia fue proclamada el 1 de enero de
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1956. Las diferencias económicas, culturales y religiosas entre el norte y el sur (norte
musulmán y sur cristiano), profundizadas por el colonialismo inglés, han sido la base de los
conflictos vividos posteriormente por el país.
Insertar mapa pag. 442 de Nueva Historia Universal, Editorial Marín S.A., 1969.
Pie de mapa: En el período comprendido entre las dos guerras mundiales llegaron a la
independencia algunos estados árabes, como Yemen, Egipto, Arabia Saudita e Irak.
Pero la gran descolonización se produjo al termino de la Segunda Guerra, cuando
surgieron como estados independientes Siria, Líbano, Jordania, Israel, Sudán, Kuwait
y Yemen del Sur, aparte de la conversión en repúblicas, de Turquía, Egipto, Irak y
Yemen. Esta fragmentación, el enclave hebreo en el mundo árabe, las eternas
rencillas entre los propios musulmanes y los poderosos intereses petrolíferos han
determinado la constante tensión de esta zona vital del mundo.
El derrumbe del colonialismo francés comenzó por el Próximo Oriente, en los mandatos de
Siria y Líbano, recibidos tras la desintegración del Imperio Otomano, al concluir la Primera
Guerra Mundial. Las poblaciones de esta zona habían aceptado de mal grado que el
dominio turco fuera sustituido por los mandatos británicos y franceses. Al mismo tiempo,
durante el período de entreguerras se fue extendiendo allí, cada vez en mayor medida, el
sentimiento de un nacionalismo árabe, que conduciría finalmente a la formación de la Liga
Árabe, en 1945.
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La Unión Francesa fracasó muy pronto en Indochina. En marzo del 45, el gobierno
provisional francés había aprobado un estatuto para Indochina, que se convertía en la
Federación de Indochina. Camboya y Laos aceptaron formar parte de la Federación y se
integraron después a la Unión Francesa. Pero en el caso de Vietnam, tanto el estatuto
como la Unión se oponían a dos reivindicaciones obtenidas con la proclamación de la
República Democrática, o sea, el reconocimiento de la independencia y unidad nacional. A
fines de 1946, después de un proceso negociador, en el que se impusieron los sectores
colonialistas más rabiosos, el gobierno francés optó por la “reconquista”, lo que obligó a
Ho Chi-Minh a proclamar la insurrección general. Se inició así una larga y sangrienta
guerra, a la que los propios franceses calificaron como “guerra sucia”. La lucha se
prolongó durantes siete años y siete meses y costó a Francia más victimas que la Segunda
Guerra Mundial.
Insertar foto Pag. 449 de Nueva Historia Universal, Editorial Marín S.A., 1969.
Pie de foto: Ho Chi Minh (de pie) líder de la lucha contra el colonialismo francés y el
imperialismo norteamericano.
árabe. Pero Francia respondió con la represión y con una anacrónica política asimilacionista
a los reclamos de independencia, como los formulados por el Manifiesto del Pueblo
Argelino (1943), Manifiesto del Partido Istiglal (1944) y Manifiesto del Pueblo Tunecino
(1945). Sin embargo, tras varios años de lucha, los pueblos de Túnez y Marruecos
obtuvieron su independencia, a principios de 1956.
en Argel fue desarticulada, mientras en el campo los soldados franceses (unos 500,000)
trataron de eliminar el apoyo al Ejército de Liberación Nacional procediendo a la
concentración forzada de más de dos millones de campesinos. También se trató de cortar el
suministro de armas a los rebeldes, procedentes de Túnez, para lo cual se llegó incluso a
bombardear, el 8 de febrero de 1958, la ciudad tunecina de Sakiet Sidi-Youssef,
ocasionando un elevado número de victimas.
Sin embargo, transcurridos unos pocos meses, De Gaulle se convenció de la firmeza del
sentimiento nacional argelino y descartó la posibilidad de una victoria militar, inclinándose
por una salida negociada, lo que finalmente (según referéndum del 8 de enero de 1961) fue
apoyado por el 75 % de la población de la metrópoli y el 69% de los franceses en Argelia.
Ello condujo a las negociaciones de Evian, que concluyeron con el reconocimiento de la
soberanía de Argelia. El 5 de julio de 1962, cuando se cumplían 132 años de dominación
francesa, se proclamó oficialmente la independencia y con ella el nacimiento de la
República de Argelia. Este acto estuvo precedido por el éxodo de unos 800,000 colonos
franceses. La impopular y sangrienta guerra de Argelia se prolongó por ocho años y le
costó a Francia unas 100,000 victimas, mientras los argelinos aportaron más de un millón.
Un grupo de ultracolonialistas se opuso a la independencia y creó la Organización del
Ejército Secreto (OAS), que ejecutó varias acciones violentas dentro y fuera de Argelia.
Entre estas acciones se cuentan los fallidos atentados al general De Gaulle, el último de los
cuales fue recreado en la famosa novela Chacal de Frederick Forsyth.
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La rápida descolonización del África subsahariana francesa, efectuada entre 1958 y 1960,
se llevó a cabo sin ninguna crisis grave y con la aprobación mayoritaria de la opinión
pública metropolitana, muy influida por los acontecimientos de Indochina y del norte
africano. Las colonias francesas de esta región, donde el nacionalismo no tenía aún la
fuerza que alcanzó en el norte del Continente, llegaron a la independencia de forma
pacífica. En este sentido, debe señalarse que la Constitución de 1946 y la Unión Francesa,
con todas las limitaciones ya apuntadas, crearon un marco jurídico que amplio los derechos
de los africanos y les permitió participar en las asambleas constituyentes y legislativas de la
república y en la administración de su territorio a través de sus elegidos, aunque el doble
colegio electoral –uno para europeos y otro para africanos- y el sistema censatario,
favorecían a los blancos.
En 1946, los elegidos africanos crearon sus propias organizaciones. La primera y más
importante de ellas fue el Partido Reunión Democrática Africana (RDA), nucleado en torno
a la figura de Houphouet-Boigny, líder del Bloque Democrático de Costa de Marfil. Esta
agrupación reunía a los distintos partidos locales del África subsahariana francesa, excepto
a los militantes vinculados a los metropolitanos Movimiento Republicano Popular (MRP) y
al Partido Socialista (Sección Francesa de la Internacional Obrera), que contaba con la
presencia de los senegaleses Lamine Gueye y Léopold Sedar Senghor. En su congreso
fundacional, celebrado en Bamako, en octubre de 1946, el RDA se propuso luchar por la
emancipación de todos los territorios del yugo colonial. Desde su nacimiento, el RDA
recibió el apoyo del Partido Comunista Francés, con el que se vinculó, fundamentalmente,
con fines electorales. Esta política de aproximación al PCF fue reafirmada en el segundo
congreso de la agrupación (Costa de Marfil-1949), pero a partir de 1950, en la medida que
se fortalecía la política anticomunista de la guerra fría, el RDA rompió dicha alianza y se
acercó a otras fuerzas políticas y a las autoridades francesas.
del RDA, al separarse su sección de Camerún, encabezada por Rubén Um Nyobe, quien no
aceptó la ruptura con los comunistas y optó por la vía insurreccional. El resto de las
secciones permanecieron en el partido, argumentando la necesidad de mantener la unidad,
pero hubo muchas expresiones de descontento. Después de un ligero declive, que siguió a
las persecuciones de que fue objeto y a su viraje político, el RDA resurgió con fuerza, a lo
que contribuyó la moderación de la actitud de las autoridades francesas debido a los
acontecimientos de Indochina y del África del Norte.
Mientras tanto, en 1948, Léopold Sedar Senghor había fundado el Bloque Democrático
Senegalés (posteriormente Unión Progresista Senegalesa), que pronto entró en contacto con
una organización de diputados africanos que recién había sido creada por un representante
de Dahomey. La nueva agrupación se
Cronología de la descolonización del
denominó Independientes de Ultramar (IOM) y imperio francés:
estaba llamada a convertirse en la segunda gran
Líbano 1943
fuerza política del África subsahariana Siria 1943
francesa. El triunfo alcanzado por los IOM en Camboya 1954
Laos 1954
las elecciones de 1951 para la Asamblea Vietnam 1954
Nacional Francesa consolidó a la nueva Marruecos 1956
Tunez 1956
agrupación y reafirmó el liderazgo político de Guinea 1958
Senghor. Las diferencias entre los IOM y la Alto Volta 1960
Camerún 1960
RDA se debieron a discrepancias ideológicas Congo-Brazzaville 1960
por la orientación comunista inicial del RDA y, Costa de Marfil 1960
Chad 1960
sobre todo, por el hecho de que Senghor Dahomey 1960
defendía una moderada concepción federalista. Gabón 1960
Madagascar 1960
En efecto, en el congreso de los IOM, Mali (Sudán) 1960
celebrado en Bobo-Dioulasso, en 1953, el líder Mauritania 1960
Níger 1960
senegalés defendió la tesis de una república RepúblicaCentroafricana 1960
federal africana, que formaría parte de una Senegal 1960
Togo 1960
república federal francesa. Argelia 1962
Comores 1975
Djibuti 1977
La evolución de los acontecimientos en el
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La Ley Cuadro o de Bases de 1956 fue un paso de avance, pero tardío e insuficiente para
satisfacer las aspiraciones de autogobierno de los africanos, que en su mayoría querían una
federación con Francia. En efecto, para 1957, alrededor del partido de Senghor se produjo
un reagrupamiento de fuerzas políticas, que condujo a la creación de la Convención
Africana, partidaria de la autonomía de cada territorio. También el RDA, pese a la
oposición de Sekou Touré y de otros (que querían primero la independencia y después la
federación), se inclinaba en esa dirección. Lo que diferenciaba la postura de unos y otros
era como se estructuraría la futura federación. Es decir, si se llevaría a cabo entre la
metrópoli y los doce territorios (tesis del RDA) o entre la metrópoli y las federaciones del
África Occidental francesa, el África Ecuatorial francesa y Madagascar, según aspiraban
los seguidores de Senghor.
Insertar foto pag. 453 de Nueva Historia Universal, Editorial Marín S.A., 1969.
Pie de foto: Ahmed Sukarno, presidente de Indonesia hasta 1966.
El Imperio belga en África estaba formado por la colonia del Congo y los mandatos de
Ruanda y Burundi. El dominio belga en el Congo, colonia con abundantes riquezas
minerales, se señalaba –aún después de la Segunda Guerra Mundial- por su carácter brutal
y profundamente reaccionario. Dicha dominación se asentaba en tres pilares: el estado, los
empresarios y los misioneros católicos. En el Congo se mantenían los trabajos forzados y
una férrea separación entre campo y ciudad (los movimientos eran restringidos y
sumamente controlados) y entre africanos y blancos en las ciudades. La participación
política de los africanos era inexistente y sólo una pequeña elite pudo, desde 1952,
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Insertar foto pag. 492 de Nueva Historia Universal, Editorial Marín S.A., 1969.
Pie de foto: de izquierda a derecha Lumumba, Kasavubu y el Rey belga Balduino.
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Las elecciones generales para constituir los órganos de la futura república, fueron
celebradas el 20 de mayo y resultó triunfador, con una mayoría relativa en el parlamento, el
MNC de Lumumba. Poco después, Lumumba asumió el cargo de primer ministro y
Kasavubu el de Presidente, proclamándose la independencia el 30 de junio de 1960. En los
años posteriores, el país se vio envuelto en sangrientos conflictos motivados por el
movimiento de secesión en Katanga, las divisiones internas, la injerencia de las fuerzas
belgas y la timorata actitud de Kasavubu, lo que desembocó en la destitución y posterior
asesinato de Lumumba, a pesar de la mediación de la ONU que éste había solicitado y que
tuvo un balance negativo. En 1964, con el golpe de estado del coronel Mobutu, que
instauró un régimen reaccionario y pro-occidental, desaparecieron de la escena política los
demás protagonistas de la independencia. A partir de 1971, el Congo adoptaría el nombre
de Zaire, sustituido por el de República Democrática del Congo en 1997.
El Imperio portugués en África, que comenzó a formarse en los siglos XV y XVI, estaba
integrado por las colonias de Angola, Mozambique, Guinea-Bissau, el archipiélago de Cabo
Verde y las islas de Santo Tomé y Príncipe. El régimen colonial portugués fue uno de los
más brutales y despiadados de la historia colonial europea y continuó siéndolo después de
la Segunda Guerra Mundial1, lo que era un reflejo de la férrea dictadura fascista que
1
La sustitución del término de “colonias” por el de “territorios de ultramar”, en 1951, no representó cambio
alguno en el régimen de dominación.
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padecían los habitantes de la metrópoli. Fue seguramente por ello que, no obstante las
presiones internacionales y las crecientes y reiteradas demandas de la ONU, la
descolonización portuguesa fue tardía y violenta, y estuvo estrechamente vinculada con el
derrocamiento de la dictadura salazarista, ocurrido en abril de 1974.
Hasta la década de los sesenta, en las colonias portuguesas Amilcar Cabral (1924-1973).
La situación anterior condujo a una sangrienta guerra, que tuvo una importante
participación foránea. El gobierno del MPLA, que contaba con el apoyo mayoritario de la
población y el reconocimiento internacional, recibió ayuda de la URSS y de Cuba, que
acudieron a un pedido oficial para poder enfrentar la intervención extranjera. El FNLA y la
UNITA recibieron una generosa financiación de los Estados Unidos y ayuda militar de
Sudáfrica, Rhodesia, Zaire, que no querían tener cono vecina a una Angola revolucionaria,
y de China, con pretensiones de ganar influencia en el continente contraponiéndose a las
posiciones soviéticas. En 1976, el MPLA, después de derrotar la invasión sudafricana con
la ayuda de las tropas internacionalistas cubanas, logró imponerse en casi todo el país,
aunque la lucha contra la UNITA y sus aliados externos (el FNLA abandonaría la contienda
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un poco más tarde) se mantendría durante muchos años. En el contexto de la batalla por la
reafirmación de la independencia angolana se intensificó la lucha anticolonial del pueblo
namibio y se profundizó la crisis del régimen rasista sudafricano, lo que conduciría
posteriormente a la independencia de Namibia (1990)1 y al derrumbe del apartheid (1994).
En el caso de las pequeñas islas africanas de Santo Tomé y Príncipe se formó, en 1961, el
Movimiento para la Independencia de Santo Tomé y Príncipe (MLSTP), con una posición
de izquierda, que en las difíciles circunstancias de un reducido espacio geográfico y de un
riguroso control portugués abogó por la independencia del territorio. Ésta llegó finalmente
el 12 de julio de 1975, proclamándose la constitución de un régimen republicano popular,
bajo la dirección del MLSTP.
Portugal poseía, además, los territorios asiáticos de Timor Oriental y de Macao. Los
portugueses se retiraron de Timor Oriental tras la Revolución de los Claveles, pero su
dominación fue sustituida por la de Indonesia, que desde su independencia ocupaba el
Oeste de la isla, otrora posesión de Holanda. Con esta arbitraria acción el régimen del
dictador indonesio Suharto incumplió acuerdos adoptados por Naciones Unidas y originó
una delicada situación en el seno del Movimiento de Países No Alineados, mientras el
pueblo de Timor Oriental debió luchar arduamente durante casi 30 años más para obtener
su independencia, que llegó tras el referendo de 1999. En cuanto al enclave de Macao, en
China, fue abandonado por Portugal a fines de los años noventa, luego de un proceso de
negociaciones con la República Popular China.
Los restos del otrora gran Imperio colonial español estaban constituidos por el Sahara
Occidental, el protectorado de Marruecos y de Ifni, en la costa atlántica marroquí, así como
por la colonia de Guinea Ecuatorial, que incluía el territorio continental de Rio Muni
(Mbini) y las islas de Fernando Poo (Bioko), Annobón (Pagalu), Corisco y Elobeyes.
1
la colonia alemana del Africa del Suroeste (Namibia) fue entregada como mandato por la Liga de las
Naciones a Sudáfrica en 1919, pero con el tiempo ésta extendió a ella su régimen segregacionista y se negó a
concederle la independencia. En 1966, la ONU retiró a Sudáfrica el referido mandato y declaró ilegal su
dominio en el territorio. Sin embargo, sólo tras la total derrota sudafricana en Angola concretada finalmente
en la batalla de Cuito Cuenavale –en lo que tuvo un papel decisivo la ayuda cubana- se crearon las
condiciones para la independencia de Namibia y para la propia desaparición del régimen del apartheid.
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Después de la independencia de Marruecos, entre 1956 y 1958, España cedió a aquel país
los territorios del protectorado y en 1969, luego de enfrentar la resistencia armada local y
de ensayar diversas maniobras dilatorias, tuvo que entregar la zona de Ifni. Más adelante,
nos referiremos al Sahara Occidental.
Tarde y muy mal se llevó a cabo también la retirada de España del Sahara Occidental,
donde estaba presente desde finales del siglo XIX. Durante mucho tiempo la colonia
careció de importancia para el gobierno español, pero en las postrimerías de la década del
cuarenta se descubrieron yacimientos de fosfatos y el territorio adquirió un valor que
justificó elevadas inversiones. La conversión del Sahara Occidental en provincia española,
en 1961, fue una burda maniobra para frenar las peticiones de la ONU a favor de un
referéndum. En 1966, la ONU reafirmó el derecho inalienable del pueblo del Sahara a la
autodeterminación. En 1968, se fundó el Frente de Liberación del Sahara (FLS) y, dos años
después, la ONU pidió nuevamente la celebración de una consulta popular. España
respondió con la represión y la desaparición de Mohamed Sid Ibrahim Bassiri, líder del
FLS.
Los territorios coloniales de Italia fueron abandonados por la metrópoli en virtud del
tratado de paz firmado en 1947. En el caso de esta potencia vencida en la guerra, el papel
de la ONU fue decisivo, pues sus colonias quedaron bajo la jurisdicción de la Organización.
En los tres territorios se procedió a una rápida descolonización, que tuvo como resultado la
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En cuanto a las pequeñas posesiones coloniales del Pacífico y a los territorios situados en
América Latina y el Caribe, en su mayoría bajo dominio de Inglaterra y Francia, han ido
alcanzando su independencia, fundamentalmente a partir de los años setenta, aunque
quedan aún algunos casos de colonialismo encubierto.
La desaparición del oprobioso régimen colonialista fue una gran victoria de los pueblos
colonizados y de toda la humanidad progresista. Sin embargo, para una parte considerable
de aquellos pueblos, particularmente los africanos, la conquista de la independencia política
no ha significado un mejoramiento de su situación económica y social. En la actualidad, a
la explotación económica de las antiguas metrópolis, que siguen teniendo una gran
influencia en sus “independizados” territorios y sin el costo político de antaño, se ha
sumado la de los Estados Unidos, configurándose en la práctica un nuevo tipo de
colonialismo tanto o más perverso que el anterior.
1
En 1993, tras más de treinta años de lucha armada, Eritrea logró separarse de Etiopía y convertirse en país
independiente.