EL MANDAMIENTO MÁS IMPORTANTE
Objetivo: Animar a cada creyente a crecer en su amor a Dios
Mat. 22.34-38: 34 Entonces los fariseos, oyendo que había hecho callar a los
saduceos, se juntaron a una. 35 Y uno de ellos, intérprete de la ley, preguntó
por tentarle, diciendo: 36 Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley? 37
Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma,
y con toda tu mente. 38 Este es el primero y grande mandamiento.
Introducción
I. Hoy día se usa la palabra amor de una forma muy ligera. Podemos decir que
amamos a nuestra familia, a nuestro gato, ir de compras, estar solos... Sin em -
bargo, en la Biblia el amor es algo primordial que nace en el corazón de Dios. El
versículo de 1 Juan 4:8 dice que Dios es amor. Esto quiere decir que el amor es
la esencia de Dios y viene de él. Tú no puedes decir que conoces a Dios y no
amar a tu prójimo, a tus familiares, a tus amigos, y a toda persona. Tú no pue -
des ser una persona déspota, arrogante, egoísta, intratable, que no saluda, que
no es amable, que no es comprensiva, y decir que conoces mejora a Dios que
los demás.
II. En el texto base de esta prédica, Jesús conversaba con unos fariseos. Ellos
eran los más religiosos de su época, su enfoque era una religión externa, una
religión de cumplir y cumplir para aparentar santidad, una religión de ritualismo
estricto. ¿Para qué buscaron a Jesús? intentaban tenderle una trampa con la
pregunta sobre el gran mandamiento de la ley. Al parecer, deseaban entablar
un debate con Jesús sobre la ley y su importancia.
III. Jesús no se dejó enredar por ellos, Él sabía que los fariseos le daban mucha
importancia al aspecto exterior de la religión, a la apariencia de la piedad. Jesús
fue directo al grano: les dijo que, lo que realmente le importa ante Dios es la
actitud del corazón, y de cómo esta ama al Creador. Si hacemos o decimos las
cosas para impresionar a los demás, para Dios esas cosas no tienen valor. Lo
que vale ante Dios es tener un corazón tan lleno de amor hacia él, que se viva el
día a día buscando agradarle y hacer su voluntad.
IV. Jesús les recordó lo que los judíos llamaban "el shemá", esta era la oración
más importante de la religión judía, que se hacía en el templo y en las sinago-
gas, por lo que es muy probable que ellos recitaran cada día este pasaje.
Deut. 6.4-5: 4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es. 5 Y amarás a
Jehová tu Dios de todo tu corazón, y de toda tu alma, y con todas tus fuerzas.
I. Amando a Dios con todo el corazón, el alma y la mente
I. Ahora bien, ¿qué demanda amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma
y con toda la mente? En realidad, no se trata tanto de una emoción que emerja
sin motivo, sino que se trata tanto de una emoción, como de una acción, y a la
vez, se trata de una decisión que se toma. Estos tres rasgos juntos, el senti-
miento, la acción, y la decisión es lo que logran que cumplamos ese gran man-
damiento, amar a Dios.
-Pág. 1-
Jn. 14.21: 21 El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me
ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifes-
taré a él.
II. Quien ama a Dios vive una vida de obediencia porque Dios es su tesoro más
grande, la persona más importante de su vida, aquel por el cual se vive. Como
todas las relaciones, el amor a Dios se debe cultivar. ¿Por qué? Porque el amor
crece según conocemos mejor a Dios y pasamos tiempo con él. Claro que quien
ama a Dios de esa forma tan real y profunda, anhela pasar mucho tiempo con
su Padre celestial.
III. Es un tipo de amor que se nota en aquel que lo siente, se nota en la forma de
hablar a los demás, en la forma de tratarnos unos a otros, en el trato con nues-
tros familiares, en el interés que mostramos por el hermano que no asiste, en la
preocupación que mostramos por los que se enferman o afrontan dificultades,
en la manera que apoyamos y trabajamos por la iglesia. El amor que uno tiene
hacia Dios es algo que se nota alrededor. Es un amor que nos lleva a estar vigi -
lantes en cuanto a nuestras elecciones en asuntos de vida. A la hora de hacer
elecciones, el amor a Dios no nos deja llevarnos por la emoción del momento o
por la presión de los demás (por ejemplo, para elegir pareja, un trabajo, etc.).
IV. Hoy quiero que reflexionemos sobre ciertas áreas de vida en la que nuestro
amor a Dios se puede ver reflejado:
1. La toma de decisiones:
I. Una persona que ama a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda
la mente, toma sus decisiones conforme a lo que agrada a Dios. Su motivación
no es complacer a los demás, sino obedecer a Dios de todo corazón y hacer las
cosas que le agradan a él. Las decisiones que toma reflejan quién es el Rey de
su corazón.
1 Cor. 7.39: La mujer casada está ligada por la ley mientras su marido vive;
pero si su marido muriere, libre es para casarse con quien quiera, con tal que
sea en el Señor.
2. El uso del tiempo:
Sal. 63.1: Dios, Dios mío eres tú; de madrugada te buscaré; mi alma tiene sed
de ti, mi carne te anhela, en tierra seca y árida donde no hay aguas,
I. Una persona que ama a Dios, pasa tiempo con Dios cada día. Lo hace en ala-
banza, lo hace en oración, lo hace leyendo su Palabra para fortalecer su fe. Tam-
bién administra su tiempo de forma sabia, pues sabe que el tiempo es un regalo
de Dios; puede usar su tiempo en cosas no necesariamente espirituales (trabajo,
quehaceres, diversión), pero quien ama a Dios saca un espacio de tiempo para
Él. ¡Tú no puedes decir que amas a Dios y se te va el día sin hacer siquiera una
oración!
3. El uso de los recursos:
1 Cor. 4.7: Porque ¿quién te distingue? ¿o qué tienes que no hayas recibido?
Y si lo recibiste, ¿por qué te glorías como si no lo hubieras recibido?
-Pág. 2-
I. Todo lo que tenemos es gracias a la provisión de Dios, es porque Dios nos lo
ha dado. El que ama a Dios invierte en los asuntos de Dios:
1. Buenas obras
2. Apoyo a la iglesia
3. Edificación personal
II. En cuanto al último punto, ¿cuánto invertimos en esto?, ¿así como te propo -
nes comprar el celular de moda te propones comprar una buena Biblia, o un dic -
cionario bíblico, o ayudas para tu crecimiento espiritual?, ¿qué tanto le inviertes
a esto?
III. También dispone de su hogar para estudios bíblicos, para hacer evangelismo,
para compartir con hermanos. Cuando ofrendamos lo hacemos con gusto, por-
que sabemos que es para la obra de Dios.
4. La elección de actividades de entretenimiento:
I. No es pecado el entretenimiento personal, ir a cine, oír música, u hacer otras
actividades sanas. El que ama a Dios sabe elegir bien las actividades de modo
que todo lo que haga glorifique a Dios, y no afecte nuestra relación con Él. El
que ama a Dios elige bien la música que escucha, pone atención a la letra, tam-
bién lo que va a ver en cine, en todo busca agradar a Dios:
1 Cor. 10.31: Si, pues, coméis o bebéis, o hacéis otra cosa, hacedlo todo para
la gloria de Dios.
Conclusión
I. Estos son solo unos pocos ejemplos de cómo el amar a Dios con el corazón, el
alma y la mente influye en nuestro carácter y conducta. ¿Por qué? Porque amar
a Dios de esa forma es decidir que él reine sobre cada una de nuestras eleccio-
nes. En lugar de buscar lo que deseamos nosotros mismos, nos enfocamos en lo
que agrada a Dios.
II. ¿Cómo estás tú en cuanto al más grande mandamiento? ¿Cuán profundo es tu
amor por Dios? ¿Qué áreas de tu vida has rendido a Dios? ¿En cuáles te estás
resistiendo? Decide hoy amar a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y
con toda tu mente. Permite que él sea el Rey de tu vida en su totalidad y verás
cómo tu vida se llenará de más paz al saber que vives cada día de la mano del
Señor.
-Pág. 3-