Prueba 02 Formato
Prueba 02 Formato
sombra de
la acequia
Todos los derechos reservados de acuerdo con el D. Leg. 882: Ley sobre el derecho de autor.
La Congregación de las Hnas. Misioneras Dominicas del Rosario, expresan su
gratitud y agradecimiento al Prof. César Panduro por su gentileza y servicio
en favor de la comunidad educativa.
PR E S E N TA C I Ó N
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EL TERNO DEL QUINCE. .............. ............................. 4
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EL TER NO D EL QUINCE
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Cuando Lucía nos entregó la invitación, ninguno de los dos iría.
advirtió que si no conseguíamos traje ni Faltando dos días para la ceremonia, don
nos acercáramos a la puerta porque no Lucho falleció de manera repentina. Todos
ingresaríamos a su quince. Al escucharla, en el pueblo nos quedamos perplejos
nos miramos con un gesto de derrota; el porque el día anterior estuvo muy feliz en la
alquiler de un terno no estaba dentro de plaza enseñando a los chicos cómo iniciar
nuestras posibilidades y la única forma una conversación con las muchachas
de ir con él, era pedirles el traje de hace cuando fuéramos a bailar, y decirles
veinte años a nuestros papás y que ellos piropos y bromas para que ellas bailaran
se perdieran la fiesta. con nosotros toda la noche.
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pronunciara su discurso. El pobre tan pista de baile. La música empezó a sonar
emocionado y con un léxico próximo al del y Lucía arrojó el bouquet hacia donde nos
mono, lloró cuando se refirió a su hija y lo encontrábamos; entre la aglomeración de
mucho que significaba para el caserío que ternos y corbatas, una mano saltó más
su primor cumpliera quince años. que las otras, y hubiese matado si no
agarraba el bouquet; cuando alzamos la
Luego el padrino, un poco ebrio, suavizó el mirada no lo podíamos creer, José Luis era
aburrimiento gritando que el equipo estaba el que tenía entre sus manos el bouquet,
pagado hasta las cinco de la mañana y que los asistentes aplaudieron y nosotros
el licor no faltaría durante toda la noche. nos quedamos indecisos entre aplaudir o
Las notas del Danubio azul se escucharon preguntarnos de dónde había conseguido
defectuosas porque la aguja del toca la ropa.
discos estaba gastada, y más parecía
un mambo en versión lenta que la clásica Lo cierto es que él era otro, y esa noche solo
melodía. le quedaba ser otro. Los ojos de Lucía que
siempre miraron con desdén al muchacho
La madre de la santa nos invitó a pasar al del costado de la acequia, lo observaron
medio del salón para que su hija tirara el con ternura esa noche. El Danubio azul
bouquet de espaldas y uno de los chicos siempre nos pareció una melodía aburrida,
lo agarrara. Avergonzados, nos dirigimos pero ahora queríamos que no terminara
al centro de la cancha de fulbito que esa porque se les veía tan bien que si yo hubiera
noche había sido acondicionada como sido cura cambiaba la fiesta de quince por
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podría impedir que uno fuera al cumpleaños vi que su rostro estaba en paz. Antes de
de la mujer que más amas. Yo le oí decir a desnudarlo le recé media hora pidiéndole
don Lucho que cuando una mujer te ama, a él y a Dios que me perdonaran, que si
lo único que la viste es el amor que tiene en yo hubiera sido él lo hubiera perdonado.
los ojos. Cuando oscurecía y me levantaba Comencé a desvestirle, el saco y la camisa
después de estar arrodillado orando por salieron fácilmente, los zapatos eran
mis muertos y por nuestro buen amigo, nuevos y no tenían medias, pero con el
me vino una idea loca. Don Lucho tenía pantalón tuve problemas porque lo habían
puesto un terno recién comprado por su ajustado tan fuerte que me hice una
hija que nunca venía a visitarlo y que solo herida con la hebilla de la correa. Cuando
se apareció para el entierro y ni siquiera logré romper la correa, abrí el botón y me
lloró. Lo estuve pensando y pensando, él lo sorprendió que los muertos no usaran
entendería, iría a la fiesta con su terno. calzoncillo; don Lucho parecía dormidito;
no lo dejé desnudo, le puse mi ropa que,
»Aprovechando el silencio y la oscuridad aunque fea y vieja, le quedaba muy bien.
que reinaban, me acerqué al nicho, encontré
una buena piedra con que derribar la lápida, En ningún momento paré de rezar, incluso
logré abrirla, y cuando vi el cajón, no tuve le saqué el horrible algodón que tenía en
miedo, los pernos no estaban en su sitio sus narices y le acomodé el poco cabello
y la tapa estaba solo sobrepuesta. Jalé que le quedó. El olor del formol estaba
el ataúd hasta la mitad del nicho, abracé impregnado en la ropa. Entonces, como
el cuerpo, lentamente lo llevé al suelo, y aquí no usamos perfumes, no tuve otra
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ESTADÍSTICA
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Mi padrastro me enseñó a temerle. La vida una canasta llena de frutas que siempre
me enseñó a amarla hasta el punto de nos traía. Me obligó a pedirle disculpas, me
querer ser su hijo y tener los labios como puse delante de ella, mudo. Yo quería llorar,
higos por reventar sobre el rostro azul, no por las reprensiones de mi madre, sino
no negro, porque mi tía y sus 14 hijos, no por el terror que sentía porque pensaba
fueron negros fueron azules como el cielo que en cualquier momento me iban a dar
que tiene sus nubes blancas como ellos un mordiscón. De manera tierna mi tía me
tenían sus dientes que a cada instante se puso en sus piernas redondas y gruesas,
mostraban para celebrar la broma fecunda no pude más, lloré, me tiré al piso, mi
y sin culpa. Yo me moría de miedo cada vez madre no entendía por qué hacía eso, me
que venía a casa, me escondía debajo de quiso dar un jalón, pero mi tía le dijo que
la cama, es más no comía, pensando que me dejara…me preguntó por qué le tenía
ella y los 4 negros (mis primos) con los que miedo, miré a sus ojos dulces, le respondí,
andaba me tragarían, porque eso me dijo porque iba a comerme, lejos de fruncir el
mi padrastro, que los negros comían niños. ceño o lanzar una mirada castigadora a mi
Mordía mis uñas por el miedo, estrujaba la madre, rio estruendosamente, le dio tanta
estampita de la virgen del tránsito para que risa que mi madre tuvo que traer agua para
se fueran rápido…un día sin aviso, como que tomara porque se había puesto roja.
siempre, vino a la casa y me encontró. Yo Me llevó otra vez sobre su falda de tela
abrí la puerta sin saber que era ella. Cerré vieja, sus dedos entre las chancletas eran
la puerta ni bien supe que era ella. Mi madre de barro. La chacra los había endurecido.
me regañó por dejarla afuera cargando cuarteado. Me dio un beso. Me preguntó
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ver mi cara de susto. Quise huir. Saltar la risas. Mi tía se preocupó. No quise comer
quincha y ahogarme en La Achirana. Eso otra vez…Mi tío, les dijo a todos que esta
era mejor que morir despedazado. Yo tenía noche me comerían. Todos se callaron.
8 años. Lo mejor que hice fue quedarme Estalló la risa, pepo se atragantó. Fefo,
viendo el pacae grande. Ahí supe la forma el menor me miró asombrado. ¡A su primo
del árbol cuyos frutos mi tía nos llevaba les han dicho que en esta casa se comen a
a casa para que lo comiéramos como si los niños!...Pedro, le increpó mi tía…Carajos
fueran algodones dulces. Era realmente mujer, estoy bromeando. Mi tío, que no
grande y gris. El cielo era azul. El agua era era cariñoso ni con sus hijos, me agarró
azul. Yo era morado. Me quisieron llevar a la cabeza. ¡Acá nadie come a nadie! Luego
la chacra. Les dije que no. Mi tía se quedó soltó una carcajada. Cenaron hablando
viéndome. Estuve viendo todo el rato el sobre cosas del campo. Yo veía el fuego de
pacae. La noche llegó. En ese entonces los los lamparines temblar haciendo eco de mis
Molinos no tenía luz eléctrica. La mesa larga piernas. La noche sería larga, oscura, con
de mi tía donde entraban sus 14 negros, muchas aves pasando por encima del techo
por razones que solo la genética puede de barro y carrizo. Si no me habían comido
explicar, no tuvo ninguna hija, ninguno murió en la cena, seguía pensando, lo harían en
en los primeros años de vida, ninguno llegó el desayuno. Mi tía vino a hacerme dormir.
a ser médico ni ingeniero, como me pedía Me habló de mi abuela, la “chola” que tuvo
mi tía que fuera, porque yo tenía la suerte al igual que ella 14 partos ininterrumpidos,
de ir al colegio. No pude ver sus caras. algunos murieron, algunos salieron blancos,
Los lamparines no eran muchos. Veía sus la mayoría como tú hijito, trigueños, con
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César Panduro Astorga 17
U N C A M IONCITO EN NAVID AD
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Mamá siempre se pareció a papá Noel, no pintaban el agua de amarillo. Esa tarde la
por su gordura que mucha carne tenía sino vi por fin sentarse a descansar, abrir una
por ese vestido rojo que su jefa obligaba revista, mirarse las uñas, no con vanidad.
ponérselo de lunes a domingo, porque Con tristeza. El vestido rojo tenía un tono
mamá cuando papá se fue dejando dulce. Era mi madre. Una inmensa bola de
deudas, un feo apellido, para no volver carne sostenida por dos piececitos rotos
más, tuvo como decía ella, en el fragor de por la fatiga de estar parada de sol a sol.
sus rabias, sacarse la mierda para que Se paró. Cerró la revista. Salió. Fue en
los tres pudiéramos ir al colegio a no ser vano esperarla dormidos. Era simplemente
bulto como ella decía mientras revisaba otra noche más en casa, en las demás
nuestros cuadernos y jalaba nuestras luces rojas y azules parpadeaban una
orejas. Mamá nunca tuvo tiempo para palabra dolorosa para nosotros: navidad.
ella ni para acariciarnos, pero una tarde Mamá como en años anteriores la pasaría
supe de su inmenso amor por nosotros. trabajando porque su jefa que por esos
Yo la odiaba. Quería que se muriera porque días se ponía piadosa le pagaba el doble por
nunca nos daba una caricia. El trabajo hacer cuádruple labor. Yo sabía qué hacer
la hacía trizas. Despertando a los gallos cada noche. Mi madre me envejeció a los 7
para que la ayudaran a hervir la avena años. Corrí las cortinas. Canté una canción
y comprar los 7 panes que teníamos a mi hermana, me abrazó y durmió. Grité
que comer exactamente a las 6 y 30 a.m. a mi hermano por abrir las cortinas y ver
hacerle un espacio en nuestro cuerpo a esa a los niños reventar cohetes. Me miró con
harina que entraba licuada con hierbas que dolor. No he podido olvidar esa mirada. Mi
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navidad. Tener a mi madre sin esa burla
roja sobre su cuerpo, que riera como papa
Noel, contenta de no ir a trabajar toda la
noche. Quería que mi mamá también pudiera
abrir su regalo como en las películas que
veíamos cuando mamá nos premiaba al
menos una vez al año con tener encendida
la televisión hasta la hora que quisiéramos.
Mi camioncito verde se destartaló junto a
mis chancletas. Nunca le conté a mamá
que vi su inmensa bondad caminar de
una cama a otra para dejar su sudor en
formas de regalo. Mañana es navidad y
soy sincero hasta ahora no la entiendo
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Su casa es muy linda, no como la mía. El lo que estoy contándole no?
jardín es inmenso. En él varias familias
de mi barrio viviríamos. La residencial es Mi abuela nos llevó a Los Molinos un tiempo,
bonita pero silenciosa. Solo se escucha porque el barrio estaba muy maleado. En
pájaros, que aquí son abundantes, porque realidad nos llevó a trabajar en la hacienda
hay muchos árboles. No quiero volver a de los Sabbatini. Íbamos por la tarde. En
contarle nada. La semana pasada me fui la mañana asistíamos al colegio.
muy triste.
Desde que llegamos, José Luis persiguió
¿Le divierte que le cuente mi vida? ¿Por qué y se enamoró de Lucía. Yo detestaba a
quiere que siga contando mi vida? No quiero esa chica no solo porque era espesa, era
café, mi madre dice que a uno lo vuelve loco. creída. Un día nos invitó a su quinceañero,
No se ría, mi madre es sabia. No en vano pero nos advirtió que si no teníamos terno
la gente de mi barrio va a pedirle consejos. ni nos acercáramos. No queríamos ir, pero
Si, admito que es chismosa. Pero qué le terminamos yendo porque queríamos
queda. Así se divierte. conocer chicas. Mi primo no iba a ir, porque
no tenía terno. Se apareció en la fiesta
No quiero ser malcriado, pero no quiero con un terno nuevecito. Nos sorprendió. Yo
contarle nada. ¿Qué si hay cosas alegres pensé que había robado para alquilar un
en mi familia? ¡Claro que no! Mentira. Hay traje. A la hora del bouquet se lanzó como
seres alegres: mi primo José Luis. Ya no vive si fuera un gran arquero y lo tomó entre
con nosotros. ¿No querrá hacer un libro con sus manos. Bailó con Lucía.
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Su apellido llamó la atención del capitán. Él mismo no sabe cómo ingresó a Economía
Muñoz, ¿de Ica? Si mí capitán. Un ojo en San Marcos. En Los Molinos, cuando
hinchado lo salvó. ¡Quién mierda ha tocado nos preguntaban cuánto era dos por tres
a este muchacho! ¡González, si lo vuelven a entrabamos a un problema existencial.
tocar tú pagas pato! Nadie le pegó. José
Luis quería agradecerle, pero hablar con el El primer ciclo José Luis repitió todos los
capitán era imposible. cursos. No dormía por las noches porque
tenía que cuidar casas o negocios. Llegaba
El capitán, pasando revista a su tropa, le a clase cansado. Lima era terrible. En el
preguntó: ¿De qué parte de Ica eres? De cuartel sabía por otros cómo llegar. En
Chavalina mi capitán. ¿De Los Molinos? medio de tanta locura y carros se asustó.
Claro, los Muñoz somos de allá. Yo soy No le entraba nada, por más que puso
Muñoz, mi capitán, pero de los pobres. El empeño en aprender al menos sumas y
capitán lanzó una carcajada. José Luis tuvo restas. Una compañera se compadeció.
suerte al conocerlo. Al terminar su servicio Él no se enamoró; ella sí. La enamoró su
no tuvo dónde ir. El capitán le dijo que se humildad y su humor. Fue ella quien le
fuera a trabajar con él en una empresa de consiguió que comiera gratis en el comedor.
seguridad. Fue ella la que hizo que mi primo, por
primera vez, supiera dividir sin problema.
—Yo no quiero que me pague mi capitán, Fue ella quien hizo todo el proyecto para
quiero que me haga estudiar. que el Banco Mundial les diera una beca
de estudios en esa universidad gringa que
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El cubano, no. —José Luis, ya se habrá casado; además,
debe estar gorda.
» Regresó destrozada. Quedé a cargo —Nunca la olvidé. Ni en el ejército. Ni allá, ni
de todo. Yo ya no pude regresar. Al inicio acá. Quiero ir a verla o saber qué fue de
no supe qué hacer. Paolita se encargaba ella.
desde comprar un alfiler hasta seleccionar
qué muchachos iban a salir disfrazados de Lo que le estoy contando, ocurrió. Su chofer
militares, porque para suerte de nosotros, nos invitó a subir al carro. Fuimos solo él
“Quinceañera”, la novela mexicana, era y yo. El camino a Los Molinos seguía seco
vista por todos los latinos y todos querían y polvoso. Mientras pasábamos los cerros
que sus hijas tuvieran una fiesta igualita a azules y los campos verdes aparecieron en
la de la novela. el rostro de mi primo lágrimas que bajaban
como el agua en diciembre.
» Aprendí a decir no. El cubano se fue. Vino
otro. Fui haciendo plata. Pero me sentía Todo seguía igual, incluso el hambre. Nadie
solo. Estuve a punto de regresar y dejarlo reconoció a José Luis. Nadie quiso creer que
todo. Primo, tú que eres al que más quiero, ese hombre elegante era él. Seguía linda.
dime qué ha sido de Lucía, me sorprendió. ¡Lucía!, grité. Ella dio la vuelta. Era otra. No
En medio de una borrachera, en la que la adolescente a quien miraba con desdén.
estamos celebrando la vuelta a la vida de Quizá la vida la había golpeado. Sonrió
un hermano, cómo se le ocurrió preguntar como un arcoíris.
eso.
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César Panduro Astorga 29
KOL L A
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La Panamericana es una serpiente negra y fracasos a su edad, con la mirada
que va curvando su cuerpo sobre la arena. expectante, buscando con el radar de sus
Miras los árboles, te preguntas cómo zapatillas blancas a una víctima.
pueden crecer sin que nadie los riegue, sin
que nadie los cuide. Tú no te mueves. Estos La calle Callao luce desolada. Algunos
árboles niegan al desierto que albergas en carros pasan echando humo. El vendedor
tu alma. Estas datileras caen sus frutos de periódico guardado en su bunker de
sin que haya boca quien los coma. madera vende noticias que pasado el
mediodía todos olvidarán.
El bus sigue avanzando, corriendo como
aquella vez que viste a Kolla correr, Pero ahora estamos cerca de una escena
esquivando guachimanes, los baches, la policial. kolla se mete el palito de fósforo
calle Castrovirreyna que se estrechaba. entre los dientes. No hay nadie a la vista
Lo viste tomar el pasaje Puno y llegar al para robar. Son las once de la mañana y
río. Lo viste cerrar los ojos, como cuando el sol empieza a crecer su sombra al otro
cabeceaba la pelota. Cerraba los ojos para lado de la vereda.
pensar que no robaba, sino que volvía a
jugar en aquel arenal junto a la acequia De pronto se le presenta la virgencita.
donde nadie podía alcanzarlo. Como un regalo de Sarita Colonia aparece
la víctima. Es la persona ideal para dejarse
La escena aparece clara como el agua robar sin que haya gritos ni resistencia.
nueva: Kolla, el cuerpo enjuto, lleno de acné La anciana ha salido del Banco de Crédito
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Como una ceremonia desliza su mano sobre sigue mirando en las paredes las caricias
el cierre del bolso. Está ansioso de saber del sol.
cuánta plata habrá ahí adentro. Abre los
dientes del cierre. Lo primero que encuentra
es una imagen del Señor de Luren y la
arroja al suelo. Hurga desesperadamente
entre los papeles el dinero que justificará
esa corrida por las calles de su ciudad,
pero no encuentra nada. Voltea el bolso y
lo agita para que caiga algo. Ofuscación.
Ni un solo céntimo. Su ambición le dice
que busque bien, que la vieja de repente
ha hecho un bolsillo especial a su cartera.
Saca la cuchilla que lleva ceñida a la cintura
y comienza a darle cuchillazos al bolso,
pero ninguna moneda anuncia su sonido.
Se seca el sudor que no pudo secarse
mientras corría. Mira la imagen del Señor
de Luren tirada en el suelo y le da rabia
haber corrido en vano, sin recibir ni una sola
moneda por su esfuerzo. Ahí, agotado,
recién empieza a pensar en la vieja que
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La abuela siempre lo acariciaba y le escogía que no se muriera mientras le calentaba las
las mejores uvas para que las comiera. manos. A pesar de la poca llama con que
En el corral jugaba a las espadas con los ardía el lamparín, pude calentarle los pies
carrizos que crecían junto a la quincha. con el humo que salía de la combustión
de la mecha. Poco a poco mi hermano fue
Cuando venía el agua por la acequia, restableciéndose y quedándose dormidito.
era rutina encontrarlo todas las tardes Toda la madrugada estuve palpando
bañando a los patos y secando en la arena con mi oído el reloj de sus latidos hasta
bolas de barro para arrojárnoslas a la cara que también me dormí. Al amanecer, él
por si lo espiábamos. ya estaba levantado antes que yo. Fui a
ver cómo estaba; lo encontré en la mesa,
Una vez, por bañarse hasta tarde en bebiendo el té y comiendo los panes que
la acequia, casi le da pulmonía. En la mamá nos repartía en el desayuno.
madrugada empezó a respirar como si Cada primero de noviembre los niños del
fuera un pez. Mamá no escuchaba el barrio íbamos al cementerio a trabajar.
sonido que salía de sus pulmones porque Desde muy temprano, los baldes y los
el cansancio del trabajo le dejaba el sueño trapos que usaríamos para limpiar las
muy pesado. Como él y yo dormíamos en la tumbas y los nichos debían estar listos.
misma cama, esa noche tuve que auxiliarlo. Kiko y Nene, como eran los más grandes,
Sus ojos rojos, su piel goteada por la fiebre llevarían las escaleras y los tarros de
y esa tos terrible me asustaron. Lo único pintura para restaurar los nombres en las
que hice fue abrigarlo con la colcha y pedirle lápidas o cambiar epitafios. Mi madre me
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A pesar del silencio y la tristeza, las mirarlos a los ojos con dulzura, queriendo
margaritas crecían en los maceteros que causar en ellos compasión, y pedirles el
estaban colocados al lado de la tumbas pago que siempre era a su voluntad. Las
de las familias más pudientes. monedas que me daban las guardaba en la
bolsa que mi hermana tejió en mi calzoncillo
La paz muchas veces no deja ganancias para que los más grandes no me robaran.
económicas, y el cementerio viejo no Mi hermano, por ser el más blanco y risueño
escapaba a esa ley. Así es que tuve que de todos, era el que se ganaba la simpatía
pasarme al nuevo. Me acercaba a mucha de las personas que iban a visitar a sus
gente y les decía: señora, agua, escalera. difuntos. Nunca supimos si el pregón con
Algunos respondían de manera negativa, el que hacía reír a la gente era suyo. Él, sin
otros accedían y no pocos ni respondían, ninguna vergüenza, gritaba a voz en cuello:
ni nos miraban siquiera.
¡Limpio nicho
Cuando una persona solicitaba nuestros saco al muerto
servicios era una inmensa alegría. Hallado el lo lavo, lo peino
nicho, teníamos que retirar las flores secas lo llevo al cineeee!
del olvido, botar el agua fangosa, cortar los
tallos, adornar las rosas, las lluvias o los La gente se reía y lo llamaba, o le hacían
clave les, cuidar que el nombre del difunto señas para que pusiera agua o subiera
no se escondiera entre los pétalos, esperar con la escalera a nichos más altos a retirar
a que terminara de rezar la señora o señor, el polvo y poner flores. Era tan sabido
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César Panduro Astorga 39
SOFÍA
A CAROLI N A PALOMI NO BENDEZ Ú
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La vejez me tomó de improviso. Una Los veía comerse unos a otros por notas,
mañana desperté con 60 años, tres hijos por novias. Para ellos yo era el malhumorado
y una mujer que nunca amé. En mi época que hacía añicos su falacia universitaria.
universitaria dejé Literatura y me pasé La ansiedad porque pasaran los minutos
a Economía. No sé si fue acertada esa irritaba mis días. Sin embargo, tenía una
decisión, pero los que se quedaron nunca isla: el cafetín de la facultad. Iba allí, por
fueron a restaurantes caros. A veces iba cuestiones que nunca supe, a leer poesía,
a las presentaciones de sus libros, no como si fuera un colegial o el muchacho
porque me gustaran sino por beneficencia. que descubre un verso que puede cambiar
Compraba varios ejemplares que después su vida. Lejos del bullicio y de la presión
regalaba o quemaba porque sentía envidia que producen una casa, mis ojos volvían
de su valentía al soportar una carrera que a ser niños y despertaba al poeta que
no les daba ni para el desayuno. Enseñar nunca me perdonó que lo escondiera en
en la universidad fue parte de la estrategia mi interior. Una mañana, por el apuro de
de hacerme un nombre y mejorar mis ir a dictar clase, dejé olvidado mi libro de
expedientes de trabajo, pero resultó que Alberto Caeiro. Me di cuenta, al regresar a
en economía, cuando envejeces, ya no mi escritorio, que había un vacío grande
sirves. Ser «profesor» terminó siendo mi en mi maleta. Me entristeció perderlo; los
oficio principal. Odiaba a casi todos mis que aman los libros saben lo terrible que
alumnos. es perder uno querido. La culpa por no
saber cuidarlo me persiguió toda esa
noche. Trataba de recordar dónde lo había
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Quise preguntarle si ella había anotado Era el cumpleaños de mi segundo hijo y
esa línea al costado del verso que más me tenía que fingir alegría. Ella estaba en mi
gustaba. Durante dos días miré obseso la saco, porque el libro de Caeiro aún contenía
hoja. ¿Por qué precisamente en ese verso? su olor, o era lo que yo creía.
¿Por qué ella? ¿Ella? En los días siguientes me
limité a saludarla y ella a servirme el café y Fui decidido a ser su amigo y hablar
a no cobrarme. Le dije que no permitiría eso. de poesía, pero en el auto, mientras un
Pero fue en vano. «A usted, como a mí, le bolero de los Panchos hacía soportable
gusta la poesía», me dijo. Me convencí de el paisaje de la ciudad, se desvanecieron
que ella había escrito sobre la hoja: Todos las ganas de invitarla a caminar. ¿Caminar?
tenemos un árbol. «¿Lees poesía?». Sofía ¿Quién camina en estos tiempos? No pude
no era una lectora voraz, pero lo poco que soportar ver a mis alumnos.
leía eran libros de poesía. A veces somos
cercanos sin conocer a las personas; Interrumpí las clases y les dije que se
alguien que lea poesía en estos tiempos fueran. Crucé el patio. La sombra del ceibo
es cercana a mí porque sé que es sensible ahora parecía un pájaro gordo. « ¿Sofía,
dentro de un mundo de insensibles. «La usted tiene tiempo para caminar?». Otra
leo y la escribo», me respondió. Yo, un viejo vez su sonrisa misteriosa ocultó todo. Me
profesor de economía, lo único que le dije dio la respuesta en un sobre de azúcar:
fue: «Es una enfermedad que empieza a «El sábado por la tarde. A las tres. Lleve
tu edad». Lejos de molestarla, sonrió. Pero un libro de poesía, yo llevaré mis poemas».
su sonrisa fue misteriosa. Regresé a casa. ¿Sábado a las tres? Si tenía que ir con mi
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60 años no quería dejar de contemplar la Yo estaba enamorado y me dolía. El
piel manzana de una joven que leía poesía. profesor malhumorado y hosco estaba
como un chiquillo cambiando colores de
El cielo caía a pedazos por sus cabellos. Le sus sacos y mintiéndole a su mujer. Pero
dije que regresemos. Ella asintió. Y no volvió nunca le dije nada. Quizá por eso Sofía
a hablar en el camino. crecía más hacia dentro.
Mi mujer no había regresado aún. Así es que Porque cuando decimos las cosas que
tuve tiempo para sentarme en mi estudio crecen en nuestro interior, se van; dejan
y sentir miedo. La casa se hizo más sola, de adentrarse más en nuestra carne,
a pesar de que mi hija junto a sus amigos en nuestro destino. Nunca le dije nada,
escuchaban música estridente en la sala. porque no podía. En nombre de la familia,
Mi mujer notó que comenzaba a estar más de mi honorabilidad de profesor, no podía
lejos de ella. Lo que llamó más su atención darme el lujo de intentar siquiera decirle
es que cambié el saco marrón por uno azul. qué pensaba en ella. Además, ¿qué me
«Cosas de viejo loco», le dijo a la empleada. garantizaba que ella sintiera lo mismo, si
Una y otra vez fuimos a la misma placita, a lo único que nos unía era el silencio? Claro,
leernos poesía y a estar en silencio. Nunca jamás dijo que me veía como un padre, cosa
pude leerle los poemas que escribía para que hacen las chicas para sacudirse del
ella cada vez que regresábamos. acecho de un viejo. Una tarde nos dejamos
¿Por qué nos aparece el amor cuando ya de ver. No quería un drama a esas alturas
no podemos saltar al vacío? de mi vida. Le dije que iba ser la última
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DESC A N SA EN PAZ LUCIANA
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Ayer me enteré de tu muerte. No voy siempre. Lucianita, hoy te vas de esta
a negar que se me hizo un nudo en la dimensión, no sé adónde, amiga, pero
garganta e inmediatamente pensé en mis estoy seguro de que a algún lugar mejor.
hijos, sobre qué pasaría si alguno de ellos Una vez leí un grafiti que decía: “¿En el cielo
muriera. Me hablaron tantas cosas lindas habrá libros?”. Seguro que sí. Estoy seguro
de ti, que eras una lectora voraz, y que que seguirás leyendo historias como la
además quería ser escritora, publicar libros, de aquella niña que tejía vestidos para las
dar conferencias. ¡Lo hubieras logrado, mariposas o la que construyó un planeta
estoy seguro! Pero las células son así, a las hormigas encima de una higuera. Sí,
se revolotean, y comienzan a extinguirse. es cierto que te hablo y no te conocí. Es
¡Qué bonito hubiera sido conocerte! Supe que soy lector, y cualquier persona que lea
de ti por tu tía… ¡Ah, no sabes cómo era es mi amiga, mi compinche, mi compañero
Lucianita! Hablaba como viejita, escribía de silencio y fantasía. Te pido de corazón
cuentos muy bonitos. Cuando íbamos al visitar a tu madre y padre en sueños. Sí, tu
Quinde, ella se quedaba en la librería Ibero partida ahora les perfora el corazón, pero
leyendo. No quería moverse, los libros ruego a Dios que el entendimiento y el alivio
eran su espacio, su lugar. Tal vez porque les venga pronto. Sé que es fácil escribirlo,
el dolor se aplaca con fantasía. También y que nadie, absolutamente nadie quiere
me contaron que Kristell, una amiga que te pasar por eso. Es muy duro Lucianita, por
regaló la librería (trabaja en ella) te regaló eso te pido, háblales en sueños, ríe con
un libro que atesoraste con tanto aprecio ellos, mi abuela lo hace conmigo por eso es
que te hacía recordar ese gesto amoroso que ya no me duele su lejanía. Me dicen que
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EL C H I C O M Á S FEO D EL MUND O
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Soy feo. He sido feo. Y seré feo. Esto lo digo que dolía cuando se ponía amarillo. Acné
con la convicción de quien aceptó la batalla cuánta vergüenza me causaste. Cuántos
perdida frente al espejo. Esto me liberó, me métodos usé para que salieras de mí, les
ayudó a muy temprana edad el desdén digo algunos: Vapor de agua caliente con
de las chicas y también la frustración que naranja, agua de arroz, acnomel marrón, y
conlleva no ser mirado con deseo. Cuando un tarado que me conminó a que me aplicara
el acné comenzó a explotar en toda mi cara Kolynos blanco que me causó quemaduras.
–no había un solo espacio de mi rostro sin Bueno, la cosa es que la secundaria ya
barros o espinillas- me alejó del mundo. Mi concluía y la fiesta en los colegios tenía en
adolescencia fue un grano, una pústula salmuera a los que aún no tenían pareja
que tardó en sanar. Sin embargo, a pesar de de promoción. Por ese entonces –hace
eso, creo que alguna vez en la adolescencia 24 años- comencé a ir a esos grupos de
fui mirado con ternura. Las fiestas de jóvenes que se reúnen en las parroquias. Sí,
promoción son escenarios para la vanidad yo un chico descreído, tristón, tímido muy
y el adiós. Todos los jóvenes quieren ir bien tímido, se reunía con jóvenes de distintos
vestidos y por supuesto, con la chica más lados y estratos sociales. A mí me llevó
guapa y el tipo más lindo. Es decir, todos mi profe de religión. Me decía que esos
quieren belleza. Oía a mis amigos hablar de pensamientos incrédulos se disiparían con
que iban con tal o cual chica a la fiesta, o nuevos amigos y no con los burlones que
que sus amigas les habían dicho para que me ponían chapas tan hirientes como: Cara
les hicieran “la taba” con un pata guapo. Ah, de gota al revés, cara de lija y la de que me
miro tan atrás, mi vida les decía era un grano rio ahora, cara de ripio. Bueno. Hice varios
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reía, olvidaba que era un adolescente feo
con un corazón inocente.
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Mi viejita-dulce, serena, nunca triste, a inquisitiva de mi madre se clavaba en mí.
veces sola- se acaba de vacunar contra la Sabía que yo era medio cobarde para el
neumonía. Por la cuarentena solo podemos dolor. Es que los ¡au! de los demás me
hablar por teléfono. Me dice que le ha dolido, tenían preso de angustia. Veía la silueta de
y que ha sentido mucho miedo al momento la capilla del socorro y mis rezos a la virgen
del pinchazo. Y me remonto al 08 de junio de iban en aumento. Cuando ya no pude
1987, cuando en una campaña del ministerio dejar mi sito a nadie más, entré en pánico,
de salud nos llevaron al Hospital Socorro a eché a llorar, mi madre seguía mirando
todos los niños del barrio a vacunarnos. afiladamente sin ternura hacia mi lugar, y no
Los que recuerden la fachada del antiguo pude más. Corrí, corrí, como Kollita el ladrón
hospital, pintarán su nostalgia con dos de mi barrio, corrí como un condenado tras
ficus en el frontis, la cruz de huarango su libertad. La enfermera empezó primero
afuera de la capilla, varios micros rojos, y a renegar, luego a medida que me alejaba
un terral que miraba la casa del maestro. las risas de todos –sobre todo la de ella- se
Ya dentro del nosocomio, había dos piletas hacían un coro. Yo corría, no quería sentir
y jardines con flores amarrillas. El olor a el aguijón en mi brazo. Atravesé como un
adobe salía a pasear por los pasadizos. viento feroz la pista, ingresé al barrio de la
Y ahí estábamos nosotros haciendo cola esperanza, me sentí a salvo, pero solo fue
para que nos hincaran. Yo me moría de una metáfora, un engaño visual, mi madre
miedo. A medida que avanzaba la fila, yo había ordenado que me capturaran vivo o
me retrotraía muy educadamente dándole muerto. Cuando vi esa manada de niños
mi sitio al compañero de atrás. La mirada rabiosos y burlones tras de mí, hui –desde
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César Panduro Astorga 59
U N A C H O C O L ATAD A EN NAVID AD
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Miro mi infancia, cada vez más lejana me gustó la navidad. Veía en la televisión
-ahora bonita-. Miro mis sandalias eternas a blanco y negro las propagandas de las
unidas a un clavo para seguir existiendo. grandes tiendas ofrecer regalos que mamá
Y miro la navidad, con ojos tristes y nunca me iba a comprar. Además, como es
agradecidos. Tristes por la pobreza en la cambio de estación, en Ica, en diciembre, el
que crecí, y agradecidos, porque a pesar cielo ennegrece, y eso hace triste las tardes.
de todo -golpes, maltratos, frustraciones-
fui feliz, jugando en la acequia, haciendo Bueno, entonces, fuimos en mancha a
bolas de barro en batallas imaginarias; esa chocolatada. Recuerdo el payaso,
dando vueltas con un palito al aro viejo el papa noel gordo y mal humorado, los
de una bicicleta; jugando en la pista hasta jóvenes de la iglesia, ordenando a los
que la voz de mi viejita, se hacía grito. Ya cientos de niños pobres que llegábamos
de robar mangos donde Venza y Colaco, a ese canchón detrás de la iglesia. Todo
he hablado hasta el hartazgo. He hablado iba bien, es más, hasta la música de los
de la ceremonia de pelar el mango, mezclar toribianitos despertaba una atmósfera de
sal y pimienta- mi hermano le echaba paz y melancolía. Cuando acabó el convite
vinagre- y comer alegremente su sabor del chocolate y el panetón más duro que
salado y niño. Pero, esta mañana viene el mi apellido, empezó el caos. Anunciaron
recuerdo de esa chocolatada que organizó por el parlante que “de menara ordenada,
una parroquia y a la que todos los niños hiciéramos cola para recibir los regalos”.
del barrio fuimos para comer panetón y ¿De manera ordenada”, lo que pasó luego
recibir juguetes. Voy a ser sincero. Nunca del llamado fue una manada de niños y
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al balón. Mi hermanito terminó destrozando
el muñeco que murió abandonado en la
acequia. Mi pelota - la más hermosa que
tuve- también murió de una espina que
se le clavó en su panza redonda. Murió
lentamente saliéndose todo el oxígeno de
su corazón. Su corazón curvo y morado
que hizo tan feliz la infancia de mi corazón.
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Un día el Señor de Luren se quitó los clavos experimentó al ver las calles sucias, llenas
que sujetaban sus brazos y su risa, y de melancolía. Miró el árbol, vio que su
comenzó a caminar por las calles de Ica. sombra era buena.
Vestido a la usanza bíblica, pasó por calles
polvorientas, hasta que cansado se puso Un niño que pasaba por ahí, le dio curiosidad,
a dormir bajo un árbol. Y ahí soñó que los ver al rabí bajo sombra, se acercó y le dijo:
hombres se amaban unos a otros, que -¿Señor qué hace usted en la tierra?-le dijo
no había ni miserias ni egoísmos, que su sonriendo el rapaz-
creación más amada –los seres humanos- -Hijo mío, vengo a ver las tierras que deben
entendía su misterio: Amar, amar la vida, vivir en alegría- con gesto amoroso habló el
cuidar los animales, cuidar los ríos, cuidar señor-
los niños, cuidar…el Señor siguió soñando -¡¿Alegría?! ¿Señor si eso es que la falta en
tantas cosas hermosas. Soñó que las la tierra?
armas de guerra se fundían para hacer
arados con qué labrar la tierra. Soñó que Y conversaron todo el rato, el señor atento
los malos dejaban el mal que hicieron un a lo que decía y el niño contento de hablar
día. Que el mendigo ya no pedía dinero si con Dios en pleno mediodía. Y el niño le
no trabajo. Soñó que el odio, rencor, envidia, hizo tantas preguntas: ¿Señor cómo es el
maldad, y otras palabras horrendas, ya no paraíso? ¿Señor los niños que se comen
existían en los diccionarios. El Señor, soñó más de dos panes no van al cielo? ¿Señor
tantas cosas lindas, que cuando despertó, si me robé la propina de mi hermana tengo
su alegría contrastaba con la tristeza que negada la entrada dónde usted vive? El
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Ya el mediodía asomaba su incendio. El sol
en lo alto ardía. El niño lleno de gracia y
alegría de pronto al ver irse al rabí, despertó
en su alma la melancolía. De pronto, notó
que del árbol donde el Señor dormía, caían al
césped flores moradas y lilas. Sorprendido
se dijo:
-¡Otro milagro del señor! Que yo sepa este
árbol nunca florecía. Ahora serán las flores
que a su altar llevaré, como carta de amor
en su sombra le pondré.
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César Panduro Astorga 69
¡Santiago! ¡Joaquín! No malogren el jardín, muy niño siempre hizo tambalear con
dijo su papá, mientras los dos niños preguntas a su padre. Pero esta vez, junto
sacaban gran cantidad de tierra. Papi, a su hermano, que era mucho más inquieto
estoy plantando mariposas. El hombre, y juguetón, habían hecho que su padre
no entendió la respuesta de su hijo, que dudara de lo que él sabía de jardinería. Es
con sonrisa tierna y cómplice junto a su más, Joaquín, habló en voz baja, que su
hermano, habían destrozado la parte del padre solo servía para leer. Esa pregunta,
jardín que su padre había destinado para hizo que creciera su intriga y decreciera su
construir una hamaca. ¿Pero cómo es eso furia porque ya no iba a tener su hamaca
de que están plantando mariposas, si solo para echarse a leer en la paz que da un
veo huecos? además que yo sepa, las jardín. Papi, lo que pasa, es que para que
mariposas no se siembran, se transforman. una mariposa aparezca, y sus alas se
mueven como dos ojos que se cierran y
Santiago y Joaquín, miraron a su padre, abren, debe primero existir una cuna donde
con la sensación de que los adultos no sus frágiles cuerpos reposen.
saben en realidad que los niños están más
cerca de las grandes verdades porque El papá seguía sin entender. Papi, no nos
juegan, y solo el que juega llega a cosas mires así, te digo que para que existan
muy serias. Papi, habló Santiago, papi, algunas cosas, otras deben existir, eso
dime, ¿en dónde se posa una mariposa? es lo que nos dices tú en los cuentos que
En las hojas. ¿y qué comen las mariposas?, nos lees antes de dormir. Papi, ¿a ver quién
hojas. Santiago, inteligente y sabido, desde estuvo primero la mariposa o la flor? El
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hombre no supo qué responderle. Bueno, que crezca despacio, alimentándose del
la flor. Por eso papi, las flores son las que sol y de la neblina, luego esperar que los
hacen aparecer las mariposas. Entonces días hagan su trabajo, y desde lo oscuro
para que una mariposa pueda abrir sus aparecerá una flor, perdón las mariposas
flores en el aire, otras flores tuvieron que que ustedes están sembrando…todo esto
estar antes que ellas. Es por eso que les decía su papá, mientras los dos niños
Joaquín y yo, estamos abriendo la tierra ya estaban pensando sembrar lluvia.
para sembrar rosas, no para cosecharlas,
sino para que su perfume atraiga a las Joaquín el menor pero el más travieso no
mariposas. Por eso papi, si sembramos quería seguir viendo a su papá renegar
plantas cosecharemos mariposas. El más por el agua que era escasa, en ese
padre de esos dos niños, aún no entendía jardín, donde él y su hermano una tarde
el razonamiento de sus hijos, que tenían de abril le enseñaron a su papá a sembrar
las uñas llenan de mugre, y la sonrisa en mariposas.
forma de arcoíris, cuando comenzaron a
ver a su padre, ayudarlos a cavar la tierra,
escondiendo su pena por la hamaca ida,
pero diciéndoles que esa no era la mejor
manera de hacer hoyos para sembrar,
sino mojar la tierra primero, luego dejar que
seque un poco, luego volver a echar agua,
arrojar con cariño la semilla, hablarle para
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Se conmemora un siglo de la muerte del Cabezudo ha demostrado la falsedad de
iqueño más importante de la historia: el esta injuria en un libro apasionante y bien
escritor Pedro Abraham Valdelomar Pinto. documentado. Sin embargo, la falacia de
Su partida temprana siempre será una Hidalgo es la que ha quedado en el imaginario
pregunta, un dolor e incluso una afrenta de los peruanos y es tarea de todos los que
a la inteligencia por parte del destino. conocemos la verdad difuminarla y borrar
Valdelomar fue un espíritu valiente, dulce tamaña patraña de nuestra literatura.
y polémico. Espíritu que aún en su muerte Con respecto a su muerte de alguien al que
siguió despertando odios y amores. Pero le gustó tanto la vida dejo dos cosas :
hay odios absurdos provocados por
seres de los que se presume superioridad 1:- Fernando de Szyszlo Valdelomar, hijo
frente al común de los mortales. Y este es, de la hermana de Valdelomar, cuenta que
el caso del poeta Alberto Hidalgo, que en en su hogar la presencia de su tío fue
la primera edición de su libelo De muertos consustancial a la atmósfera de su casa:
heridos y contusos, sin ninguna fuente sus libros, su abuela que todas las tardes
consultada, ni testimonio autorizado que ponía dos tazas con café, una para ella
avale su infundio dejó una mentira para y la otra para ese hijo brillante y ausente
la posteridad: que Abraham Valdelomar al que lo lloró hasta el último día de su
murió cayendo a un silo. Mentira mil veces vida. No es mentira. Don Fernando, en
mentira. Valdelomar murió producto de una una conferencia muy sentida nos contó,
caída por las escaleras en un hotel en la que su abuela todos los días lloró a su tío,
ciudad de Ayacucho. Don Víctor Pacheco y que pidió a sus hijos que la enterraran
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César Panduro Astorga 75
PA REDES D E PAL AB R AS
A JOSÉ VÁSQUEZ PEÑ A
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Por entonces yo vivía cerca de un estadio de clases, mientras el profesor de literatura
fútbol. Losdomingos iba con los amigos a nos aburría contándonos la vida de los
alentar al equipo del barrio. No me agradaba escritores, escribía en mi cuaderno verde
ver que de 11 personas dependiera el estado todo lo que se me venía a la mente.
de ánimo de mucha gente. Iba porque me Cuando terminé de escribir el libro, leí en
gustaba ver a la gente de mi barrio feliz; el periódico el aviso de una imprenta. La
las banderolas, cánticos, la alegría que tarde en que fui ahí resultó una de las
todos ellos no tienen de lunes a sábado experiencias más tristes de mi vida; el
mehacían sentir bien. Había terminado un dinero que me pedían para la edición era
libro de poemas. tanto que nunca lo hubiera reunido aunque
trabajara toda mi vida.
La lectura de los pocos libros que tenía en
casa me llevó a escribir las palabras que no Fui a la plaza a escuchar la bulla de
encontraba en ellos. Empecé con un poema los carros y a los pájaros en los ficus
dedicado a la chica de la esquina, que gritando de hambre, defecando en el aire;
luego rompí al verla con otro muchacho. A esa tarde, los muros de la ciudad sin
los cuadernos les arrancaba las carátulas, flores me parecieron tan horribles que quise
ponía mi nombre y el título delpoemario. pintarrajearlos con toda la ira que un pobre
Me hacía ilusiones pensando que mi foto puede albergar.
aparecería en el manual que el Ministerio
de Educación nos regalaba al iniciar el año El domingo llegó con sus cerbatanas, la
escolar. Nunca leí mis poemas a nadie. En llamada a las puertas de las casas para
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incluso los ómnibus que iban a la ciudad Así fue avanzando mi libro, poco a poco se
detenían lentamente su marcha ante la hizo parte del paisaje mental de la gente y
insistencia de los pasajeros que querían del estadio; creo que las paredes estaban
leer los poemas. más a gusto con mis poemas que con las
pintas que hacían los políticos cada vez
Cada domingo, el comentario de la gente que había elecciones.
era sobre quién había escrito los poemas;
algunos reían cuando se acordaban de Tuve miedo de escribir los versos que le
ellos. dediqué a mi madre porque estaba seguro
de que ella, al escuchar que hablaban sobre
Ese año, para sorpresa mía, el equipo de mi su hijo, me delataría. Al final lo hice; puse:
barrio salió campeón en la liga del distrito.
Tuvimos que ir a otros estadios a alentar Una vez una mujer
a los muchachos, y otros equipos tuvieron me pidió un poema:
que venir al nuestro. Mientras hacían cola yo le di un espejo.
para entrar, leían los poemas; algunos
reían; otros, más osados, decían que eran El equipo pasó a la etapa regional, donde
sandeces que se le habían ocurrido al venció a todo rival con el que le tocó jugar.
alcalde. Se enfrentaron a cuadros de Ayacucho y
Huancavelica. Las gentes de esos lugares,
El equipo seguía avanzando y la fama de al llegar para hacer barra, sufrían la misma
los escritos iba a la par con él. sensación que los demás visitantes al mirar
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Alianza y la U lo dejaran sin trabajo. En ese así es que no les quedaba más que ir a jugar
instante no me importaba nada, solo la al estadio de Ica. La población del distrito,
alegría que se celebra de verdad: la alegría en una sola voz, dijo no. La gente, que para
de todos. nada se une, esta vez lo hizo para hacerse
respetar. Fueron todos a la municipalidad
Cuando los chicos regresaron, les hicimos a reclamar. El alcalde, que era un demagogo,
una gran recepción, por supuesto que vio una excelente ocasión para asegurar su
en el barrio, no en Ica, porque ahí hasta reelección. Improvisando un mitin, prometió
el presidente regional los saludó como construir un nuevo estadio; el antiguo sería
héroes. Nosotros les dimos la bienvenida destruido para dar paso a uno moderno.
como siempre lo habíamos hecho: haciendo Todos gritaron de alegría, menos yo.
colecta; incluso don Julián, el dueño de
la orquesta de cumbia más querida de la Pensé en mis poemas, en mi libro abierto;
provincia, nos regaló 4 horas de música; entonces salí corriendo de la plaza, quise
todos bailamos hasta el amanecer. abrazar al alcalde, rogarle que no derribara
las paredes, inventar cualquier cosa con
Pero el equipo ya estaba en la profesional, tal de salvar mi libro, pero yo solo era un
y tenía que ajustarse a las reglas de la poeta.
Federación Peruana de Fútbol.
El proyecto se aprobó. El nuevo estadio
Tenía que cambiar de escenario porque el con todos los adelantos tecnológicos iba
estadio de Los Molinos era muy pequeño, a estar construido en solo tres meses.
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