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La última

sombra de
la acequia

César Panduro Astorga


IMAGEN PORTADA: Danae Arévalo

FONDO PORTADA: <a href=”https://www.freepik.es/fotos/fondo”>Foto de Fondo creado por denamorado - www.freepik.es</a>

ILUSTRACIONES: Danae Arévalo


La última sombra de la acequia
César Panduro Astorga

La Congregación de las Hnas. Misioneras Dominicas del Rosario,


expresan su gratitud y agradecimiento al Prof. César Panduro por su
Diseño y Diagramación
gentileza y servicio en favor de la comunidad educativa.
Carlos Arévalo C.

I.E.P SAN JOSÉ DE ICA


Calle los Jazmines # 564 Urb. San Isidro
www.sanjoseica.edu.pe

Primera Edición Digital


Junio 2020

Todos los derechos reservados de acuerdo con el D. Leg. 882: Ley sobre el derecho de autor.
La Congregación de las Hnas. Misioneras Dominicas del Rosario, expresan su
gratitud y agradecimiento al Prof. César Panduro por su gentileza y servicio
en favor de la comunidad educativa.

PR E S E N TA C I Ó N

02
EL TERNO DEL QUINCE. .............. ............................. 4

TÍA NO QUIERO QUE M E COM AN.. . . ............................. 12

UN CAM IONCITO EN NAVIDAD . . . .... ............................. 18

DESPUÉS DEL QUINCE.. .............. ............................. 22

KOLLA.. ................................... ............................. 30

CANITO . . . ................................. ............................. 34

SOFÍA.. ................................... ............................. 40


CONTENIDO
DESCANSA EN PAZ LUCIANA... .................................. 48

EL CHICO M ÁS FEO DEL M UNDO... ............................. 52

LA AGUJA DEL HOSPITAL SOCORRO... ........................ 56

UNA CHOCOLATADA EN NAVIDAD . . ...... ........................ 60

EL SEÑOR DE LUREN Y EL ÁRBOL DE TIPA... ............... 64

PAPI VAM OS A SEM BRAR M ARIPOSAS.... .................... 68

VALDELOM AR Y LA M ENTIRA DE ALBERTO HIDALGO...... 72

PAREDES DE PALABRAS . . .. .......... ............................. 76

03
EL TER NO D EL QUINCE

04
Cuando Lucía nos entregó la invitación, ninguno de los dos iría.

advirtió que si no conseguíamos traje ni Faltando dos días para la ceremonia, don
nos acercáramos a la puerta porque no Lucho falleció de manera repentina. Todos
ingresaríamos a su quince. Al escucharla, en el pueblo nos quedamos perplejos
nos miramos con un gesto de derrota; el porque el día anterior estuvo muy feliz en la
alquiler de un terno no estaba dentro de plaza enseñando a los chicos cómo iniciar
nuestras posibilidades y la única forma una conversación con las muchachas
de ir con él, era pedirles el traje de hace cuando fuéramos a bailar, y decirles
veinte años a nuestros papás y que ellos piropos y bromas para que ellas bailaran
se perdieran la fiesta. con nosotros toda la noche.

La disyuntiva de conseguir el dinero, Como don Lucho, el elegante de San José


que de por sí ya era difícil, o quitarles el de los Molinos había muerto, pensamos
terno a nuestros viejos, nos llevó a tener que la fiesta se detendría.
una conversación seria. Después de la
asamblea acordamos pedirles el traje Pero nos equivocamos, las invitaciones
a nuestros padres. Ellos tendrían que estaban hechas y los padres de la santa
entender. ya las habían repartido a sus familiares
en Ica y en Lima. A nuestro amigo lo
El más afectado por esta decisión fue enterramos entre llantos, preocupados
José Luis: su papá no tenía terno, así que de que no se nos hincharan mucho los

César Panduro Astorga 05


ojos, ya que las chicas no nos harían caso el empeine del derecho para que no se note
cuando las sacáramos a bailar. Después el agujero de tu zapato, cuidado con decir
del entierro nos fuimos a nuestras casas. que la corbata la hicimos con el mantel de
José Luis no vino con nosotros, se quedó la abuelita Natila.
contemplando el nicho, no quisimos
interrumpirlo porque sabíamos del afecto La hora de la verdad había llegado. Las
que le tenía al difunto, así que dejamos tarjetas en nuestros bolsillos eran las
que se desahogara porque ante nuestra llaves para conocer muchachas venidas de
presencia no había llorado por vergüenza a Ica y Lima, perfumadas con las fragancias
que lo tildáramos de sentimental. que venden en esos catálogos que leíamos
cuando la acequia se secaba y la basura
Cómo se pasa la vida, dice Jorge Manrique, se estancaba entre las piedras.
pero cómo se pasa la hora tan veloz
cuando quieres ir a una fiesta y el terno Los invitados llegaban en taxi muy bien
de tu viejo no te queda porque es tan vestidos. A las 11:45 de la noche comenzó
ancho que tendrías que usar una soga la celebración; qué aburrido y agobiante es
en lugar de correa para que te ajuste el para los jóvenes soportar todo eso.
pantalón. No sé cómo acomodamos los
ternos a nuestros cuerpos. Uno a otro nos El maestro de ceremonia empezó
mirábamos y decíamos, ajústate más el agradeciendo en nombre de la familia la
pantalón, la camisa te queda muy suelta, presencia de los invitados, luego llamó
no te olvides de poner tu suela izquierda en al padre de la quinceañera para que

06
pronunciara su discurso. El pobre tan pista de baile. La música empezó a sonar
emocionado y con un léxico próximo al del y Lucía arrojó el bouquet hacia donde nos
mono, lloró cuando se refirió a su hija y lo encontrábamos; entre la aglomeración de
mucho que significaba para el caserío que ternos y corbatas, una mano saltó más
su primor cumpliera quince años. que las otras, y hubiese matado si no
agarraba el bouquet; cuando alzamos la
Luego el padrino, un poco ebrio, suavizó el mirada no lo podíamos creer, José Luis era
aburrimiento gritando que el equipo estaba el que tenía entre sus manos el bouquet,
pagado hasta las cinco de la mañana y que los asistentes aplaudieron y nosotros
el licor no faltaría durante toda la noche. nos quedamos indecisos entre aplaudir o
Las notas del Danubio azul se escucharon preguntarnos de dónde había conseguido
defectuosas porque la aguja del toca la ropa.
discos estaba gastada, y más parecía
un mambo en versión lenta que la clásica Lo cierto es que él era otro, y esa noche solo
melodía. le quedaba ser otro. Los ojos de Lucía que
siempre miraron con desdén al muchacho
La madre de la santa nos invitó a pasar al del costado de la acequia, lo observaron
medio del salón para que su hija tirara el con ternura esa noche. El Danubio azul
bouquet de espaldas y uno de los chicos siempre nos pareció una melodía aburrida,
lo agarrara. Avergonzados, nos dirigimos pero ahora queríamos que no terminara
al centro de la cancha de fulbito que esa porque se les veía tan bien que si yo hubiera
noche había sido acondicionada como sido cura cambiaba la fiesta de quince por

César Panduro Astorga 07


la de matrimonio, pero solo éramos unos de Junior.
chiquillos.
El olor a flores se hacía cada vez más
Mientras a los demás nos acechaba el temor fuerte en él.
de ser rechazados por las chicas cuando les
pedíamos que nos concedieran una pieza, Ante la insistencia de nuestras preguntas
mi primo tenía a Lucía con quien bailaría de cómo tenía ese terno nos detuvo con
toda la noche. Pero la pregunta seguía en su voz calma y dulce. Cerca del puente que
el aire, cómo había conseguido el traje. Al cruzaba la acequia nos dijo: «Yo tenía que
acabar la fiesta estábamos muy felices venir a esta fiesta. Desde que Lucía cruzó la
porque conocimos chicas y quedamos plaza con su madre derrotando el polvo que
en vernos a la salida de sus colegios. Le estaba bajo sus pies, sabía que ella era el
pasamos la voz a José Luis para regresar, amor. Aunque maltrechos y viejos, ustedes
para que nos contara de qué forma tenían traje, irían a la fiesta a bailar y
había conseguido el traje. En el camino se conocer chicas, yo solo quería ir por mirarla
mantuvo callado ante nuestras preguntas, vestida de blanco y ver cómo le quedaría
solo atinaba a reírse cuando para ensalzar el peinado que le hicieron en la peluquería.
nuestra vanidad decíamos que a Liliana le »Cuando ustedes se vinieron del entierro
había gustado mi paso de salsa, que Katty me quedé contemplando el cementerio. Los
le dijo a Pepe para que bailara tomándole nombres en las cruces clavadas en la tierra
la cintura y que Elizabeth, la niña de Lima, me hicieron saber de la fugacidad de la
se había quedado embobada por los rizos vida. Me preguntaba cómo una simple tela

08
podría impedir que uno fuera al cumpleaños vi que su rostro estaba en paz. Antes de
de la mujer que más amas. Yo le oí decir a desnudarlo le recé media hora pidiéndole
don Lucho que cuando una mujer te ama, a él y a Dios que me perdonaran, que si
lo único que la viste es el amor que tiene en yo hubiera sido él lo hubiera perdonado.
los ojos. Cuando oscurecía y me levantaba Comencé a desvestirle, el saco y la camisa
después de estar arrodillado orando por salieron fácilmente, los zapatos eran
mis muertos y por nuestro buen amigo, nuevos y no tenían medias, pero con el
me vino una idea loca. Don Lucho tenía pantalón tuve problemas porque lo habían
puesto un terno recién comprado por su ajustado tan fuerte que me hice una
hija que nunca venía a visitarlo y que solo herida con la hebilla de la correa. Cuando
se apareció para el entierro y ni siquiera logré romper la correa, abrí el botón y me
lloró. Lo estuve pensando y pensando, él lo sorprendió que los muertos no usaran
entendería, iría a la fiesta con su terno. calzoncillo; don Lucho parecía dormidito;
no lo dejé desnudo, le puse mi ropa que,
»Aprovechando el silencio y la oscuridad aunque fea y vieja, le quedaba muy bien.
que reinaban, me acerqué al nicho, encontré
una buena piedra con que derribar la lápida, En ningún momento paré de rezar, incluso
logré abrirla, y cuando vi el cajón, no tuve le saqué el horrible algodón que tenía en
miedo, los pernos no estaban en su sitio sus narices y le acomodé el poco cabello
y la tapa estaba solo sobrepuesta. Jalé que le quedó. El olor del formol estaba
el ataúd hasta la mitad del nicho, abracé impregnado en la ropa. Entonces, como
el cuerpo, lentamente lo llevé al suelo, y aquí no usamos perfumes, no tuve otra

César Panduro Astorga 09


alternativa que llevarme una corona de Después de tantos años ahora lo entiendo;
flores, deshojarlas y refregarlas por toda yo no tuve el valor con el que se puede
la tela. enamorar a una mujer, nunca saqué a
bailar a la chica que realmente me gustaba
Camino a casa, solo pensaba en Lucía, ni la esperé en la salida de su colegio. José
pero también en ustedes. Yo tenía que ir Luis, en cambio, este sábado se casa con
a la fiesta, no me miren así, no se alejen, Lucía. No sabemos si usará el terno del
no doy miedo, entiéndanme, don Lucho quince.
hubiera hecho lo mismo».

Cuando mi primo acabó de contarnos lo que


hizo, ya Junior y Jorge se habían alejado
corriendo. Solo Pepe y yo nos quedamos
junto a él, perplejos y asustados en
silencio, preguntándonos cómo un chico
de quince años había logrado tal hazaña y
cómo el amor cobraba tan cara aventura
a las ilusiones de un adolescente. No sé
ni por susto o pena no dormimos; mudo,
mirando desde el puente la arena, se me
borró la sonrisa del rostro por la tristeza
que me dio mi primo y su locura.

10
ESTADÍSTICA

En Suiza, 60,000 personas mueren cada año por consumir


tabaco.

En Alemania, 35,000 personas mueren cada año por


ataque al corazón.

En África, millones de seres humanos


mueren de hambre.

En el Perú, miles de seres humanos


mueren en las pistas.

Y aquí en Huacachina, soy el único ser humano que se


muere de amor por ti.

César Panduro Astorga 11


T Í A N O Q U I E RO QUE ME COMAN

12
Mi padrastro me enseñó a temerle. La vida una canasta llena de frutas que siempre
me enseñó a amarla hasta el punto de nos traía. Me obligó a pedirle disculpas, me
querer ser su hijo y tener los labios como puse delante de ella, mudo. Yo quería llorar,
higos por reventar sobre el rostro azul, no por las reprensiones de mi madre, sino
no negro, porque mi tía y sus 14 hijos, no por el terror que sentía porque pensaba
fueron negros fueron azules como el cielo que en cualquier momento me iban a dar
que tiene sus nubes blancas como ellos un mordiscón. De manera tierna mi tía me
tenían sus dientes que a cada instante se puso en sus piernas redondas y gruesas,
mostraban para celebrar la broma fecunda no pude más, lloré, me tiré al piso, mi
y sin culpa. Yo me moría de miedo cada vez madre no entendía por qué hacía eso, me
que venía a casa, me escondía debajo de quiso dar un jalón, pero mi tía le dijo que
la cama, es más no comía, pensando que me dejara…me preguntó por qué le tenía
ella y los 4 negros (mis primos) con los que miedo, miré a sus ojos dulces, le respondí,
andaba me tragarían, porque eso me dijo porque iba a comerme, lejos de fruncir el
mi padrastro, que los negros comían niños. ceño o lanzar una mirada castigadora a mi
Mordía mis uñas por el miedo, estrujaba la madre, rio estruendosamente, le dio tanta
estampita de la virgen del tránsito para que risa que mi madre tuvo que traer agua para
se fueran rápido…un día sin aviso, como que tomara porque se había puesto roja.
siempre, vino a la casa y me encontró. Yo Me llevó otra vez sobre su falda de tela
abrí la puerta sin saber que era ella. Cerré vieja, sus dedos entre las chancletas eran
la puerta ni bien supe que era ella. Mi madre de barro. La chacra los había endurecido.
me regañó por dejarla afuera cargando cuarteado. Me dio un beso. Me preguntó

César Panduro Astorga 13


quién me enseñó que ella comía. No dudé Quizá ya en ese entonces mi cara era triste.
en decirle que mi padrastro. Vi su cara Mientras pelaba el conejo que especialmente
de cólera. Miró a mi madre. “ese malvado, mató para mí, hablaba sobre mamá, que
no basta con pegarle al chico, sino que le como era posible que ese hombre le pegara,
enseña tonterías”. Volvió a reír. Le pidió a mi que me enseñara a odiar a su sangre. No
madre llevarme a Los Molinos. Le rogué a le decía nada, la vi romper con sus manos
mi madre con la mirada que no me dejara ramas secas para meterlas al fogón. Mi tío
ir. Ahora sí me iba a comer. Mi padrastro se sorprendió de verme en la cocina. ¿Se
siempre peleaba con mi madre por mí. Para va a quedar? Claro. El miedo me subió por
congraciarse me dijo que la ayudara a llevar los pies. Mi tío era un negro corpulento, de
sus bolsas hasta su casa. Allá dormirás. manos gruesas y de olor penetrante. Fidel,
Sin restañar fui hacia mi cuarto, saqué un sabes que nuestro sobrino piensa que lo
short y un polo. Quise despedirme de mi vamos a comer. Mi tía río. Mi tío no. Eso
hermano, pedirle disculpas por las veces me asustó mucho más. Si mi tía había
que le pegué. Todo el camino lloré. Mi tía me matado y pelado con facilidad al conejo,
hacía caricias. Al llegar, 4 negros, recibieron mi tío lo haría ahora conmigo…bueno hay
a su primo con alegría. Ahorita me comen. que comerlo para la cena. Mi tío, me contó
Con más fuerza empuñaba la estampita después que le quiñó el ojo a mi tía, para
de la virgen del tránsito. No decía ni tus ni que respondiera nada, movió la cabeza.
mus. Me abracé a mi tía. Uno de sus hijos Mis primos llegaron. Yo no comí. Mi tío, dijo a
me hizo llorar. ¡No jodan al chico! gritó y todos que habría una cena especial. Quise
se puso a cocinar. Mi silencio la conmovió. suplicarles que no me comieran. Mi tío rio al

14
ver mi cara de susto. Quise huir. Saltar la risas. Mi tía se preocupó. No quise comer
quincha y ahogarme en La Achirana. Eso otra vez…Mi tío, les dijo a todos que esta
era mejor que morir despedazado. Yo tenía noche me comerían. Todos se callaron.
8 años. Lo mejor que hice fue quedarme Estalló la risa, pepo se atragantó. Fefo,
viendo el pacae grande. Ahí supe la forma el menor me miró asombrado. ¡A su primo
del árbol cuyos frutos mi tía nos llevaba les han dicho que en esta casa se comen a
a casa para que lo comiéramos como si los niños!...Pedro, le increpó mi tía…Carajos
fueran algodones dulces. Era realmente mujer, estoy bromeando. Mi tío, que no
grande y gris. El cielo era azul. El agua era era cariñoso ni con sus hijos, me agarró
azul. Yo era morado. Me quisieron llevar a la cabeza. ¡Acá nadie come a nadie! Luego
la chacra. Les dije que no. Mi tía se quedó soltó una carcajada. Cenaron hablando
viéndome. Estuve viendo todo el rato el sobre cosas del campo. Yo veía el fuego de
pacae. La noche llegó. En ese entonces los los lamparines temblar haciendo eco de mis
Molinos no tenía luz eléctrica. La mesa larga piernas. La noche sería larga, oscura, con
de mi tía donde entraban sus 14 negros, muchas aves pasando por encima del techo
por razones que solo la genética puede de barro y carrizo. Si no me habían comido
explicar, no tuvo ninguna hija, ninguno murió en la cena, seguía pensando, lo harían en
en los primeros años de vida, ninguno llegó el desayuno. Mi tía vino a hacerme dormir.
a ser médico ni ingeniero, como me pedía Me habló de mi abuela, la “chola” que tuvo
mi tía que fuera, porque yo tenía la suerte al igual que ella 14 partos ininterrumpidos,
de ir al colegio. No pude ver sus caras. algunos murieron, algunos salieron blancos,
Los lamparines no eran muchos. Veía sus la mayoría como tú hijito, trigueños, con

César Panduro Astorga 15


todo el sol acumulándose en la piel…mi verde” al unísono, fui al entierro de mi tío al
tía se fue, sus pasos se derrumbaron, que mi tía recordó siempre con la canción
la noche pasó como un pájaro, ni el cuco de Lucha Reyes que le dedicó cuando
que según mi padrastro, era negro, vino a llevaba comida a mi abuelo en la hacienda
mi cama. Soñé que era negro, un hijo más de los Malatesta, vi inundar su corazón de
de mi tía. Desperté, abriendo mi corazón pena y desbordarse como el río que esa
al día, mi tía curtía el desayuno con su vez se llevó todos sus animales, incluido el
sudor, la acompañé donde una amiga, majo, “perro de miera, parece tu marido, ah
orgullosamente me llevaba de la mano, perdón, yo soy tu marido” decía mi tío, vi
probablemente sabía que necesitaba cariño entristecer su cabello, como el mío, ahora
y me lo dio a raudales. Me quedé tres días que su recuerdo sale a saludarme, como
en su casa. Me acostumbré rápidamente lo hacía con gozo, matando sus mejores
a su cariño. Con pesar volví a la rutina de animales que en mi estómago la lloran.
ver mi madre pelear con mi padrastro. Con
ansias cada vez que la puerta daba ruidos,
salía a ver si era mi tía. Mis primos en cada
santo que íbamos a los molinos hacían que
yo dijera “que iban a comerme”. Todos reían
recordando al niño de 8 años que aprendió
con ellos que el alma tenía el color de mi
tía. Fui a todos los santos donde lloraba
porque sus 16 negros le cantaban “happy

16
César Panduro Astorga 17
U N C A M IONCITO EN NAVID AD

18
Mamá siempre se pareció a papá Noel, no pintaban el agua de amarillo. Esa tarde la
por su gordura que mucha carne tenía sino vi por fin sentarse a descansar, abrir una
por ese vestido rojo que su jefa obligaba revista, mirarse las uñas, no con vanidad.
ponérselo de lunes a domingo, porque Con tristeza. El vestido rojo tenía un tono
mamá cuando papá se fue dejando dulce. Era mi madre. Una inmensa bola de
deudas, un feo apellido, para no volver carne sostenida por dos piececitos rotos
más, tuvo como decía ella, en el fragor de por la fatiga de estar parada de sol a sol.
sus rabias, sacarse la mierda para que Se paró. Cerró la revista. Salió. Fue en
los tres pudiéramos ir al colegio a no ser vano esperarla dormidos. Era simplemente
bulto como ella decía mientras revisaba otra noche más en casa, en las demás
nuestros cuadernos y jalaba nuestras luces rojas y azules parpadeaban una
orejas. Mamá nunca tuvo tiempo para palabra dolorosa para nosotros: navidad.
ella ni para acariciarnos, pero una tarde Mamá como en años anteriores la pasaría
supe de su inmenso amor por nosotros. trabajando porque su jefa que por esos
Yo la odiaba. Quería que se muriera porque días se ponía piadosa le pagaba el doble por
nunca nos daba una caricia. El trabajo hacer cuádruple labor. Yo sabía qué hacer
la hacía trizas. Despertando a los gallos cada noche. Mi madre me envejeció a los 7
para que la ayudaran a hervir la avena años. Corrí las cortinas. Canté una canción
y comprar los 7 panes que teníamos a mi hermana, me abrazó y durmió. Grité
que comer exactamente a las 6 y 30 a.m. a mi hermano por abrir las cortinas y ver
hacerle un espacio en nuestro cuerpo a esa a los niños reventar cohetes. Me miró con
harina que entraba licuada con hierbas que dolor. No he podido olvidar esa mirada. Mi

César Panduro Astorga 19


voz se hizo triste para pedirle por favor que sus pantorrillas, era feliz. Vino hacia mí.
fuera a dormir. Me pidió que me echara con Dejó un camioncito verde de plástico. Al
él. Con esperanzas me dijo esa noche que otro día mi hermana peinaba a su muñeca.
nuestros hijos sí tendrían juguetes. Yo dejé Mi hermano en el corral daba balazos
que hablara porque por primera vez lo veía imaginarios a las palomas que surcaba el
feliz pensando a futuro. Sus párpados se cielo que esa mañana fue azul para ellos.
juntaron como sus manitos que saqué de Para mí fue verde porque mi camioncito
mi cuello. Sonaron las bombardas. Otra me sirvió para cargar mis sueños. Agradecí
navidad que pasaríamos los tres solos. siempre a mi madre regalarme sus gotas
De pronto la puerta se abrió. Yo me hice de sudor en forma de un camioncito que
el dormido. A mamá le disgustaba mucho se fue destartalando porque mi hermano
encontrarme viendo televisión. Demoró cargaba según él la tierra de nuestra casa.
en entrar. Traía unos regalitos envueltos Lo admito hasta ahora no entiendo la
para nosotros. Primero fue donde mi navidad. O al menos no entiendo por qué
hermana. Dejó al costado de su almohada se deben dar regalos. Yo solo quería imitar
una muñequita barata. Luego fue donde lo que la televisión nos enseñaba. Tomar
mi hermano. Le dejó al costado de sus chocolate caliente en pleno verano, mirar
piernas la metralleta que tanto soñaba. detrás de las ventanas nieve no la arena
Yo la veía asombrado, porque mientras que todos los días tenía que limpiar porque
caminaba su sonrisa era alegre, tierna, mi pobre de mí que mamá encontrase polvo en
madre haciendo un esfuerzo en sus dos el umbral de su casa. Tener renos en vez
piernas gordas, con varices que negreaban de ratones que celebraban con nosotros la

20
navidad. Tener a mi madre sin esa burla
roja sobre su cuerpo, que riera como papa
Noel, contenta de no ir a trabajar toda la
noche. Quería que mi mamá también pudiera
abrir su regalo como en las películas que
veíamos cuando mamá nos premiaba al
menos una vez al año con tener encendida
la televisión hasta la hora que quisiéramos.
Mi camioncito verde se destartaló junto a
mis chancletas. Nunca le conté a mamá
que vi su inmensa bondad caminar de
una cama a otra para dejar su sudor en
formas de regalo. Mañana es navidad y
soy sincero hasta ahora no la entiendo

César Panduro Astorga 21


DESP UÉS D EL QUINCE

22
Su casa es muy linda, no como la mía. El lo que estoy contándole no?
jardín es inmenso. En él varias familias
de mi barrio viviríamos. La residencial es Mi abuela nos llevó a Los Molinos un tiempo,
bonita pero silenciosa. Solo se escucha porque el barrio estaba muy maleado. En
pájaros, que aquí son abundantes, porque realidad nos llevó a trabajar en la hacienda
hay muchos árboles. No quiero volver a de los Sabbatini. Íbamos por la tarde. En
contarle nada. La semana pasada me fui la mañana asistíamos al colegio.
muy triste.
Desde que llegamos, José Luis persiguió
¿Le divierte que le cuente mi vida? ¿Por qué y se enamoró de Lucía. Yo detestaba a
quiere que siga contando mi vida? No quiero esa chica no solo porque era espesa, era
café, mi madre dice que a uno lo vuelve loco. creída. Un día nos invitó a su quinceañero,
No se ría, mi madre es sabia. No en vano pero nos advirtió que si no teníamos terno
la gente de mi barrio va a pedirle consejos. ni nos acercáramos. No queríamos ir, pero
Si, admito que es chismosa. Pero qué le terminamos yendo porque queríamos
queda. Así se divierte. conocer chicas. Mi primo no iba a ir, porque
no tenía terno. Se apareció en la fiesta
No quiero ser malcriado, pero no quiero con un terno nuevecito. Nos sorprendió. Yo
contarle nada. ¿Qué si hay cosas alegres pensé que había robado para alquilar un
en mi familia? ¡Claro que no! Mentira. Hay traje. A la hora del bouquet se lanzó como
seres alegres: mi primo José Luis. Ya no vive si fuera un gran arquero y lo tomó entre
con nosotros. ¿No querrá hacer un libro con sus manos. Bailó con Lucía.

César Panduro Astorga 23


Al regresar nos contó que ese terno azul porque no tenía con quién pelear.
pertenecía a un muerto. Que en el cementerio
siempre entierran a gente que usa ternos. Esa mañana, un carro negro lujoso se
Yo me asusté y luego reí. José Luis pensó estacionó delante de nuestra casa. Un auto
que ese terno cambiaría su vida porque así era muy extraño por nuestro barrio.
Lucía bailó con él. Dijo que la esperará a la Primero bajó un hombre gordo enternao. Mi
salida del colegio. madre, ni bien bajó la otra persona, salió
disparada gritando José Luis. ¿José Luis?
El lunes volvió a su realidad. El desdén de Era él. Pero ya otro. Mi madre lo abrazó,
Lucía se hizo más grande, ya que ni siquiera llenó de besos su cara. Era extraño. A cada
lo saludó. Mi primo la perseguía hasta con uno de nosotros nos abrazó. Yo era más
la mirada. cercano en su memoria: al abrazarme lloró.
Nos contó que no quería quedarse en Los
Un día él se fue. No sabíamos dónde Molinos ni tampoco ser una carga para mi
estaba. Mi madre, como siempre, recibiendo madre. En medio de los tragos confesó
a los hijos de sus hermanas que se iban que no aguantó el desplante de Lucía.
muriendo. Lo extrañó a mares. Varias veces También dijo que al llegar a Lima se metió
encontré a mamá viendo la foto donde al ejército, que le pegaron la primera noche.
estábamos niños y bellos en el parque de Aguantó no solo golpes sino las burlas que
la Unidad vecinal. Comenzamos a olvidarlo. suboficiales y cabos hacían a los perros,
Mi madre no. No voy a negarlo, pensaba es decir, a los nuevos.
en él, porque lo extrañaba. Sentía nostalgia

24
Su apellido llamó la atención del capitán. Él mismo no sabe cómo ingresó a Economía
Muñoz, ¿de Ica? Si mí capitán. Un ojo en San Marcos. En Los Molinos, cuando
hinchado lo salvó. ¡Quién mierda ha tocado nos preguntaban cuánto era dos por tres
a este muchacho! ¡González, si lo vuelven a entrabamos a un problema existencial.
tocar tú pagas pato! Nadie le pegó. José
Luis quería agradecerle, pero hablar con el El primer ciclo José Luis repitió todos los
capitán era imposible. cursos. No dormía por las noches porque
tenía que cuidar casas o negocios. Llegaba
El capitán, pasando revista a su tropa, le a clase cansado. Lima era terrible. En el
preguntó: ¿De qué parte de Ica eres? De cuartel sabía por otros cómo llegar. En
Chavalina mi capitán. ¿De Los Molinos? medio de tanta locura y carros se asustó.
Claro, los Muñoz somos de allá. Yo soy No le entraba nada, por más que puso
Muñoz, mi capitán, pero de los pobres. El empeño en aprender al menos sumas y
capitán lanzó una carcajada. José Luis tuvo restas. Una compañera se compadeció.
suerte al conocerlo. Al terminar su servicio Él no se enamoró; ella sí. La enamoró su
no tuvo dónde ir. El capitán le dijo que se humildad y su humor. Fue ella quien le
fuera a trabajar con él en una empresa de consiguió que comiera gratis en el comedor.
seguridad. Fue ella la que hizo que mi primo, por
primera vez, supiera dividir sin problema.
—Yo no quiero que me pague mi capitán, Fue ella quien hizo todo el proyecto para
quiero que me haga estudiar. que el Banco Mundial les diera una beca
de estudios en esa universidad gringa que

César Panduro Astorga 25


recibía a latinos talentosos. » Quizá por exotismo comenzaron a
contratarnos. Es que Paolita era muy
—Cuando llegué a los Estados Unidos me inteligente. Cocinaba muy bien, hablaba
sentí un extraterrestre. Los edificios eran inglés muy bonito. Contactó a otros
tan grandes que sus sombras oscurecían estudiantes y comenzamos a atender
calles enteras. Paolita se reía de mi toda clase de fiestas. Mi trabajo era muy
provincianismo. Ella sabía inglés. Hacía sencillo: recibir en la puerta a los invitados.
casi todo. Yo solo daba ideas. No se rían. A un cubano le dio mucha risa mi acento.
El proyecto fue genial a los ojos de los “Oye chico, de dónde eres tú. De Chavalina.
gringos. Nos quedábamos varias horas ¿Ese lugar existe? Sí, ahí vive mi abuela”.
en la biblioteca de la Ciudad universitaria. Rió. Volvió a reír no solo de mi acento, sino
Un par de veces fuimos a pasear por la de la forma de mi traje.
ciudad. Yo casi me muero en el invierno.
Nunca había visto el hielo caer como » Paolita pensó que se burlaba de mí. El
algodones sobre el césped. En uno de esos cubano era un cantante olvidado y sin
paseos vimos el festejo de un quinceañero. trabajo. Volvió a cantar, pero con nosotros.
Paolita rio hasta hacerme sentir vergüenza
cuando le conté cómo fui al quince de Lucía. » Ya no era solo comida lo que ofrecíamos.
Ella, muy inteligente, observó que muchos Varias veces hizo llorar a la gente (esa sí
detalles que le conté no eran tomados en fue idea mía) cantando las canciones
cuenta. más nostálgicas de cada país. Así fuimos
creciendo. Paolita se enamoró del cubano.

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El cubano, no. —José Luis, ya se habrá casado; además,
debe estar gorda.
» Regresó destrozada. Quedé a cargo —Nunca la olvidé. Ni en el ejército. Ni allá, ni
de todo. Yo ya no pude regresar. Al inicio acá. Quiero ir a verla o saber qué fue de
no supe qué hacer. Paolita se encargaba ella.
desde comprar un alfiler hasta seleccionar
qué muchachos iban a salir disfrazados de Lo que le estoy contando, ocurrió. Su chofer
militares, porque para suerte de nosotros, nos invitó a subir al carro. Fuimos solo él
“Quinceañera”, la novela mexicana, era y yo. El camino a Los Molinos seguía seco
vista por todos los latinos y todos querían y polvoso. Mientras pasábamos los cerros
que sus hijas tuvieran una fiesta igualita a azules y los campos verdes aparecieron en
la de la novela. el rostro de mi primo lágrimas que bajaban
como el agua en diciembre.
» Aprendí a decir no. El cubano se fue. Vino
otro. Fui haciendo plata. Pero me sentía Todo seguía igual, incluso el hambre. Nadie
solo. Estuve a punto de regresar y dejarlo reconoció a José Luis. Nadie quiso creer que
todo. Primo, tú que eres al que más quiero, ese hombre elegante era él. Seguía linda.
dime qué ha sido de Lucía, me sorprendió. ¡Lucía!, grité. Ella dio la vuelta. Era otra. No
En medio de una borrachera, en la que la adolescente a quien miraba con desdén.
estamos celebrando la vuelta a la vida de Quizá la vida la había golpeado. Sonrió
un hermano, cómo se le ocurrió preguntar como un arcoíris.
eso.

César Panduro Astorga 27


—¡Te acuerdas del chico que despreciaste! veces viene. En navidad llama. Manda dinero
—Primo, cállate —dijo José Luis con a mamá. Creo que es un hombre feliz.
nerviosismo. Luego continuó—: Hola Lucía,
qué suerte volver a verte.

Yo me retiré y los dejé hablar.

A escondidas fue a verla muchas veces. A


escondidas la enamoró.

Un día vino diciéndole a mi madre que lo


acompañara primero a comprar ropa,
y luego a pedir la mano de Lucía. Nos
reímos. En el camino mi primo estuvo muy
nervioso. Trajo desde Lima un anillo de oro
grueso que tenía un corazón. Lucía dijo que
sí. Que lo quería porque era bueno. Porque
además la historia que me contó tu primo
me enamoró, José Luis. Ir a mi quinceañero
con la ropa de un muerto solo lo hace un
hombre enamorado. José Luis me miró
asombrado. Se casaron y se fueron. A

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César Panduro Astorga 29
KOL L A

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La Panamericana es una serpiente negra y fracasos a su edad, con la mirada
que va curvando su cuerpo sobre la arena. expectante, buscando con el radar de sus
Miras los árboles, te preguntas cómo zapatillas blancas a una víctima.
pueden crecer sin que nadie los riegue, sin
que nadie los cuide. Tú no te mueves. Estos La calle Callao luce desolada. Algunos
árboles niegan al desierto que albergas en carros pasan echando humo. El vendedor
tu alma. Estas datileras caen sus frutos de periódico guardado en su bunker de
sin que haya boca quien los coma. madera vende noticias que pasado el
mediodía todos olvidarán.
El bus sigue avanzando, corriendo como
aquella vez que viste a Kolla correr, Pero ahora estamos cerca de una escena
esquivando guachimanes, los baches, la policial. kolla se mete el palito de fósforo
calle Castrovirreyna que se estrechaba. entre los dientes. No hay nadie a la vista
Lo viste tomar el pasaje Puno y llegar al para robar. Son las once de la mañana y
río. Lo viste cerrar los ojos, como cuando el sol empieza a crecer su sombra al otro
cabeceaba la pelota. Cerraba los ojos para lado de la vereda.
pensar que no robaba, sino que volvía a
jugar en aquel arenal junto a la acequia De pronto se le presenta la virgencita.
donde nadie podía alcanzarlo. Como un regalo de Sarita Colonia aparece
la víctima. Es la persona ideal para dejarse
La escena aparece clara como el agua robar sin que haya gritos ni resistencia.
nueva: Kolla, el cuerpo enjuto, lleno de acné La anciana ha salido del Banco de Crédito

César Panduro Astorga 31


y tiene colgada la cartera en su mano el muchacho tiene la cartera colgando de
izquierda. Camina a tres kilómetros por sus manos. Quiere gritar pero piensa para
año. No podrá correr. Solo sentirá el qué. Se recuesta a la pared que arde su
empujón. kolla mira ambos lados, va faz al sol.
hacia la esquina a percatarse que no haya
ningún guachimán cerca. La virgencita lo Al voltear la esquina kolla quiere detenerse
sigue iluminando. No hay nadie. El sol le pero no puede. Unos hombres que venían
dice que tiene que pensar qué calles tomar. detrás de la anciana empiezan a seguirlo.
La anciana saca un pañuelo, se seca el Él corre con el corazón a punto de salirse
sudor que el sol hace brotar de su piel. Con por el temor.
arrugas y soledad cruza lentamente, carga
los años que llueven nieve en su cabello, La gente empieza a gritar que lo agarren.
distraída de sí misma. Sus pies conocen Sigue corriendo. El milagro aparece. El
los baches de estas veredas. Los esquiva. pasaje que le lleva al río está ausente de
Llega a la esquina y sucede. Él se acerca pasos y mirones. Los hombres le pierden
y le arrancha la cartera. Ella se queda rastro. Él cruza de una orilla a otra,
muda, temblorosa. Gracias a Dios no cae atraviesa la avenida 7 y se siente seguro.
al suelo. Nerviosa aún se percata de que Sabe que no lo seguirán.
su cartera ya no está como un órgano más
atado a su mano. Luego de dos segundos Llega a su barrio. Se ha metido la cartera
logra percibir unas zapatillas blancas que debajo del polo. No quiere compartir el
empiezan a alejarse rápidamente. Lo mira: esfuerzo con nadie.

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Como una ceremonia desliza su mano sobre sigue mirando en las paredes las caricias
el cierre del bolso. Está ansioso de saber del sol.
cuánta plata habrá ahí adentro. Abre los
dientes del cierre. Lo primero que encuentra
es una imagen del Señor de Luren y la
arroja al suelo. Hurga desesperadamente
entre los papeles el dinero que justificará
esa corrida por las calles de su ciudad,
pero no encuentra nada. Voltea el bolso y
lo agita para que caiga algo. Ofuscación.
Ni un solo céntimo. Su ambición le dice
que busque bien, que la vieja de repente
ha hecho un bolsillo especial a su cartera.
Saca la cuchilla que lleva ceñida a la cintura
y comienza a darle cuchillazos al bolso,
pero ninguna moneda anuncia su sonido.
Se seca el sudor que no pudo secarse
mientras corría. Mira la imagen del Señor
de Luren tirada en el suelo y le da rabia
haber corrido en vano, sin recibir ni una sola
moneda por su esfuerzo. Ahí, agotado,
recién empieza a pensar en la vieja que

César Panduro Astorga 33


CANITO
A F RAN CI SCO MASSA PARDO

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La abuela siempre lo acariciaba y le escogía que no se muriera mientras le calentaba las
las mejores uvas para que las comiera. manos. A pesar de la poca llama con que
En el corral jugaba a las espadas con los ardía el lamparín, pude calentarle los pies
carrizos que crecían junto a la quincha. con el humo que salía de la combustión
de la mecha. Poco a poco mi hermano fue
Cuando venía el agua por la acequia, restableciéndose y quedándose dormidito.
era rutina encontrarlo todas las tardes Toda la madrugada estuve palpando
bañando a los patos y secando en la arena con mi oído el reloj de sus latidos hasta
bolas de barro para arrojárnoslas a la cara que también me dormí. Al amanecer, él
por si lo espiábamos. ya estaba levantado antes que yo. Fui a
ver cómo estaba; lo encontré en la mesa,
Una vez, por bañarse hasta tarde en bebiendo el té y comiendo los panes que
la acequia, casi le da pulmonía. En la mamá nos repartía en el desayuno.
madrugada empezó a respirar como si Cada primero de noviembre los niños del
fuera un pez. Mamá no escuchaba el barrio íbamos al cementerio a trabajar.
sonido que salía de sus pulmones porque Desde muy temprano, los baldes y los
el cansancio del trabajo le dejaba el sueño trapos que usaríamos para limpiar las
muy pesado. Como él y yo dormíamos en la tumbas y los nichos debían estar listos.
misma cama, esa noche tuve que auxiliarlo. Kiko y Nene, como eran los más grandes,
Sus ojos rojos, su piel goteada por la fiebre llevarían las escaleras y los tarros de
y esa tos terrible me asustaron. Lo único pintura para restaurar los nombres en las
que hice fue abrigarlo con la colcha y pedirle lápidas o cambiar epitafios. Mi madre me

César Panduro Astorga 35


regaló el galón amarillo del aceite. Le hice trapo el polvo del aire que había muerto
una abertura a la altura del asa por donde sobre las lápidas. Al hallar a su muerto se
se me haría más fácil llenar y llevar más persignaban y nos pedían que rezáramos
agua. Al llegar, otros niños ya estaban junto a ellos. Algunos lloraban, otros solo
antes que nosotros. oraban y miraban al cielo. Recuerdo que
Pepito, un borrachito que acostumbraba
Como el cementerio tenía un solo caño, la pasar todos los días por la vereda de mi
cola para verter el agua en los recipientes casa, dijo, ante la tumba de su madre: ¿por
era larga. Por eso, el más abusivo era el qué no me llevaste? Y mientras escuchaba
que salía primero a punta de amenazas y sus sollozos comprendí la soledad de
empujones. A mí me gustaba trabajar en ese anciano a quien molestábamos
el cementerio viejo porque los árboles que propinándole lapos en su calva. A Pepito
estaban en el pasadizo me daban sombra; no le cobré, lo acompañé hasta la puerta y
además, no iba mucha gente y la poca le di un abrazo de despedida; él ni siquiera
que venía era muy mayor. Estos llegaban notó que había introducido los dos soles
casi siempre solos, con el cabello cano, que me habían pagado por limpiar el
mojado y peinado para atrás, la espalda gras que estaba sobre una tumba en el
encorvada, queriendo regresar al pasado, bolsillo de su saco raído y gastado por el
y los ojos grises llenos de agua y recuerdo. tiempo. Al regresar, traje algunas flores que
Ellos nos mandaban a que encontráramos recolecté de las tumbas vecinas a la madre
el nicho de sus familiares; para eso se del anciano, y se las puse en su nicho.
tenía que trepar los muros, limpiar con el

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A pesar del silencio y la tristeza, las mirarlos a los ojos con dulzura, queriendo
margaritas crecían en los maceteros que causar en ellos compasión, y pedirles el
estaban colocados al lado de la tumbas pago que siempre era a su voluntad. Las
de las familias más pudientes. monedas que me daban las guardaba en la
bolsa que mi hermana tejió en mi calzoncillo
La paz muchas veces no deja ganancias para que los más grandes no me robaran.
económicas, y el cementerio viejo no Mi hermano, por ser el más blanco y risueño
escapaba a esa ley. Así es que tuve que de todos, era el que se ganaba la simpatía
pasarme al nuevo. Me acercaba a mucha de las personas que iban a visitar a sus
gente y les decía: señora, agua, escalera. difuntos. Nunca supimos si el pregón con
Algunos respondían de manera negativa, el que hacía reír a la gente era suyo. Él, sin
otros accedían y no pocos ni respondían, ninguna vergüenza, gritaba a voz en cuello:
ni nos miraban siquiera.
¡Limpio nicho
Cuando una persona solicitaba nuestros saco al muerto
servicios era una inmensa alegría. Hallado el lo lavo, lo peino
nicho, teníamos que retirar las flores secas lo llevo al cineeee!
del olvido, botar el agua fangosa, cortar los
tallos, adornar las rosas, las lluvias o los La gente se reía y lo llamaba, o le hacían
clave les, cuidar que el nombre del difunto señas para que pusiera agua o subiera
no se escondiera entre los pétalos, esperar con la escalera a nichos más altos a retirar
a que terminara de rezar la señora o señor, el polvo y poner flores. Era tan sabido

César Panduro Astorga 37


que al voltear los familiares sacaba la Cuando la luz de la tarde empezaba a
mitad de las flores, las ataba a un hilo y morirse en el mar, era hora de regresar. Para
las vendía a las floristas, que luego las llegar antes de que la luna creciera en los
ofrecían a menor costo que las normales cabellos de la noche, cortábamos camino
a los que solo podían conseguirlas a ese subiendo y cruzando la duna Saraja. Las
precio. Toda la mañana transcurría en la escaleras de eucalipto no pesaban mucho,
espera de un nuevo cliente; el sol crecía su así que era fácil cargarlas entre todos. En
furia al mediodía, y en la tarde la sombra fila india, por el lado que mira a la carretera,
ensanchaba su cuerpo en la arena. subíamos. La paraca le formaba crines a la
duna y los pies se nos hundían en la arena
En el arenal que estaba detrás del cementerio, que a esa hora se ponía fría. Al cruzar por
a veces los grandes improvisaban partidos la duna, la ciudad aparecía con sus torres
de fútbol. Cuando Kiko y Nene jugaban, y sus miedos. Descendíamos lentamente
teníamos que esperar a que terminara el con los zapatos y las sandalias en las
partido. Lo sorprendente fue que una vez, manos. Al llegar al suelo, sacudíamos el olor
para hacer los arcos, sacaron las cruces a muerto. Era costumbre, antes de llegar a
de los difuntos que estaban en la parte casa, comprar el pan y la mantequilla en
izquierda del cementerio viejo, donde nadie la panadería. Al tocar la puerta, a veces
iba a poner flores. Le dije a mi hermano que mamá nos recibía con alegría, y otras con
mirara con atención los arcos, me respondió los lentes negros, señal que me esperaría
que no pasaba nada, que a esos muertos una noche larga junto a ella.
ya nadie los lloraba.

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SOFÍA
A CAROLI N A PALOMI NO BENDEZ Ú

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La vejez me tomó de improviso. Una Los veía comerse unos a otros por notas,
mañana desperté con 60 años, tres hijos por novias. Para ellos yo era el malhumorado
y una mujer que nunca amé. En mi época que hacía añicos su falacia universitaria.
universitaria dejé Literatura y me pasé La ansiedad porque pasaran los minutos
a Economía. No sé si fue acertada esa irritaba mis días. Sin embargo, tenía una
decisión, pero los que se quedaron nunca isla: el cafetín de la facultad. Iba allí, por
fueron a restaurantes caros. A veces iba cuestiones que nunca supe, a leer poesía,
a las presentaciones de sus libros, no como si fuera un colegial o el muchacho
porque me gustaran sino por beneficencia. que descubre un verso que puede cambiar
Compraba varios ejemplares que después su vida. Lejos del bullicio y de la presión
regalaba o quemaba porque sentía envidia que producen una casa, mis ojos volvían
de su valentía al soportar una carrera que a ser niños y despertaba al poeta que
no les daba ni para el desayuno. Enseñar nunca me perdonó que lo escondiera en
en la universidad fue parte de la estrategia mi interior. Una mañana, por el apuro de
de hacerme un nombre y mejorar mis ir a dictar clase, dejé olvidado mi libro de
expedientes de trabajo, pero resultó que Alberto Caeiro. Me di cuenta, al regresar a
en economía, cuando envejeces, ya no mi escritorio, que había un vacío grande
sirves. Ser «profesor» terminó siendo mi en mi maleta. Me entristeció perderlo; los
oficio principal. Odiaba a casi todos mis que aman los libros saben lo terrible que
alumnos. es perder uno querido. La culpa por no
saber cuidarlo me persiguió toda esa
noche. Trataba de recordar dónde lo había

César Panduro Astorga 41


puesto y solo aparecían su lomo negro y el «Profesor, olvidó su libro», me dijo, y
detalle del árbol en su portada mirándome. mientras hablaba, por primera vez la vi.
Las esperanzas de encontrarlo se fueron
diluyendo, porque a pesar de que tenía mi Llevaba el cabello como manantial amarrado.
sello y dirección en la tercera hoja de su Sus manos finísimas y blancas hacían
cuerpo, un profesor como yo no debe juego con el libro negro. Al entregármelo, me
esperar favores de quienes odia. entusiasmó tanto que quise tomarlas, pero
eso la habría asustado. Quise pagarle,
En clase quería preguntarles por mi libro, pero qué tonto fui al hacer eso. Me dijo
pero sería señal de ingenuidad; además, que no, que siempre me veía y por eso lo
tenía la ligera sospecha de que se burlarían. guardó. ¿Qué siempre me veía? ¿Cómo era
Crucé el patio. En el camino me detuvo eso? Ingenuidades de viejo, me dije. Soy un
un ceibo cuya sombra semejaba una cliente más, cómo no va a reconocer a un
nube. Otra vez queriendo ser poeta, me hombre que viene todos los días a tomar
dije. Llegué al café. Y llegó Sofía. Era la café. Al irse, su presencia se hizo humo de
mesera que en mi deseo de no hablar con café. Abrí el libro. Las mismas letras con
nadie ni mirar a nadie, las veces que iba allí, mis anotaciones. Busqué los poemas que
amablemente me atendía, aunque nunca le quise leer. El poema con su cuerpo erecto
daba las gracias ni le dejaba propina. Los para que lo recorriera me dio una sorpresa.
economistas tenemos un horrible defecto:
el de no querer gastar nada, ni los sueños; Alguien había hecho una nota sobre él. Una
todo lo ahorramos, hasta los afectos. rayita que le daba otro aspecto al poema.

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Quise preguntarle si ella había anotado Era el cumpleaños de mi segundo hijo y
esa línea al costado del verso que más me tenía que fingir alegría. Ella estaba en mi
gustaba. Durante dos días miré obseso la saco, porque el libro de Caeiro aún contenía
hoja. ¿Por qué precisamente en ese verso? su olor, o era lo que yo creía.
¿Por qué ella? ¿Ella? En los días siguientes me
limité a saludarla y ella a servirme el café y Fui decidido a ser su amigo y hablar
a no cobrarme. Le dije que no permitiría eso. de poesía, pero en el auto, mientras un
Pero fue en vano. «A usted, como a mí, le bolero de los Panchos hacía soportable
gusta la poesía», me dijo. Me convencí de el paisaje de la ciudad, se desvanecieron
que ella había escrito sobre la hoja: Todos las ganas de invitarla a caminar. ¿Caminar?
tenemos un árbol. «¿Lees poesía?». Sofía ¿Quién camina en estos tiempos? No pude
no era una lectora voraz, pero lo poco que soportar ver a mis alumnos.
leía eran libros de poesía. A veces somos
cercanos sin conocer a las personas; Interrumpí las clases y les dije que se
alguien que lea poesía en estos tiempos fueran. Crucé el patio. La sombra del ceibo
es cercana a mí porque sé que es sensible ahora parecía un pájaro gordo. « ¿Sofía,
dentro de un mundo de insensibles. «La usted tiene tiempo para caminar?». Otra
leo y la escribo», me respondió. Yo, un viejo vez su sonrisa misteriosa ocultó todo. Me
profesor de economía, lo único que le dije dio la respuesta en un sobre de azúcar:
fue: «Es una enfermedad que empieza a «El sábado por la tarde. A las tres. Lleve
tu edad». Lejos de molestarla, sonrió. Pero un libro de poesía, yo llevaré mis poemas».
su sonrisa fue misteriosa. Regresé a casa. ¿Sábado a las tres? Si tenía que ir con mi

César Panduro Astorga 43


mujer a uno de esos almuerzos en que «¿Por qué escribiste sobre mi libro?»,
todos se odian y en los que se esperan pregunté. «¿Le molestó?», contestó Sofía.
errores para criticar la organización. Le dije Me trató de usted. Le dije que no, que
a mi esposa que fuera sola. Por supuesto simplemente quería saber el porqué. Su
que a regañadientes, pero creyó la reunión mirada cayó sobre la acera. Un picaflor
del círculo académico, porque en 35 años de se puso delante de nosotros. «Porque
casados nunca salí sin ella. Hacía mucho me enterneció que alguien diga que “ser
que no me miraba al espejo. Un hombre poeta es mi manera de estar solo”». Y
de 60 años siente nostalgia porque su piel como si hubiera intuido mi soledad, me
un día fue tersa y porque su cabello no miró a los ojos con pupilas bondadosas,
tuvo las nieves que ahora cuelgan como como un lago por desbordar, y agregó:
lágrimas de hielo. Me puse el saco marrón «porque estamos desamparados». Todo
que siempre uso. No fui en auto porque fue silencio. Le dije que mirara el cielo. Rio.
mi esposa se lo llevó. Me encontré con ella «¿Por qué te gusta la poesía?». «Porque
en un parque. «Esta ciudad no merece me desnuda», respondió. «Y además
que leamos poesía en sus calles», le dije. porque me da regalos como usted».
Fuimos a una placita, de esas que solo se «¿Yo un regalo?». «Porque es el único
encuentran en postales amarillentas. Nos profesor que no ha querido enamorarme
sentamos en una banca. La sombra de un y del que yo he aprendido mucho». Sus
frondoso árbol nos cobijó. palabras me ruborizaron; no quise seguir
preguntando. Ninguno de los dijo algo.
Ninguno de los dos quiso irse. Un viejo de

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60 años no quería dejar de contemplar la Yo estaba enamorado y me dolía. El
piel manzana de una joven que leía poesía. profesor malhumorado y hosco estaba
como un chiquillo cambiando colores de
El cielo caía a pedazos por sus cabellos. Le sus sacos y mintiéndole a su mujer. Pero
dije que regresemos. Ella asintió. Y no volvió nunca le dije nada. Quizá por eso Sofía
a hablar en el camino. crecía más hacia dentro.

Mi mujer no había regresado aún. Así es que Porque cuando decimos las cosas que
tuve tiempo para sentarme en mi estudio crecen en nuestro interior, se van; dejan
y sentir miedo. La casa se hizo más sola, de adentrarse más en nuestra carne,
a pesar de que mi hija junto a sus amigos en nuestro destino. Nunca le dije nada,
escuchaban música estridente en la sala. porque no podía. En nombre de la familia,
Mi mujer notó que comenzaba a estar más de mi honorabilidad de profesor, no podía
lejos de ella. Lo que llamó más su atención darme el lujo de intentar siquiera decirle
es que cambié el saco marrón por uno azul. qué pensaba en ella. Además, ¿qué me
«Cosas de viejo loco», le dijo a la empleada. garantizaba que ella sintiera lo mismo, si
Una y otra vez fuimos a la misma placita, a lo único que nos unía era el silencio? Claro,
leernos poesía y a estar en silencio. Nunca jamás dijo que me veía como un padre, cosa
pude leerle los poemas que escribía para que hacen las chicas para sacudirse del
ella cada vez que regresábamos. acecho de un viejo. Una tarde nos dejamos
¿Por qué nos aparece el amor cuando ya de ver. No quería un drama a esas alturas
no podemos saltar al vacío? de mi vida. Le dije que iba ser la última

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vez que nos veríamos. Ella, como siempre, aparecer. Yo estrujaba mis manos para no
no dijo nada. Quería tomarle las manos, abrazarla. Para llegar a casa con la triste
besarle los ojos, pero la tristeza no me dejó. alegría que otorga saber que un viejo de 60
«Sofía, yo pienso en usted todo el tiempo, años aún puede enamorarse.
creo que me duelen hasta los cabellos de
tanto pensarla. Es una locura. Disculpe
que la sorprenda con este discurso, pero
he mirado a mi corazón, y lo que he visto
se lo digo». Ella miró al cielo. «Yo también
siento lo mismo», me dijo. ¿Por qué no la
besé? Me sorprendió su respuesta. Nunca
estamos preparados para el amor.

Pero para mí fue suficiente escuchar que


en su interior, al menos, un destello mío
crecía. No supe cómo comportarme frente
al amor. Pero no quise comenzar un drama,
o no quise ser feliz. Ella volvió a ver el cielo, yo
busqué mi cara entre sus pupilas. Ambos
sabíamos que sería el último sábado bajo
ese árbol que nos enamoraba. Regresamos,
ella otra vez en silencio, mirando la ciudad

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DESC A N SA EN PAZ LUCIANA

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Ayer me enteré de tu muerte. No voy siempre. Lucianita, hoy te vas de esta
a negar que se me hizo un nudo en la dimensión, no sé adónde, amiga, pero
garganta e inmediatamente pensé en mis estoy seguro de que a algún lugar mejor.
hijos, sobre qué pasaría si alguno de ellos Una vez leí un grafiti que decía: “¿En el cielo
muriera. Me hablaron tantas cosas lindas habrá libros?”. Seguro que sí. Estoy seguro
de ti, que eras una lectora voraz, y que que seguirás leyendo historias como la
además quería ser escritora, publicar libros, de aquella niña que tejía vestidos para las
dar conferencias. ¡Lo hubieras logrado, mariposas o la que construyó un planeta
estoy seguro! Pero las células son así, a las hormigas encima de una higuera. Sí,
se revolotean, y comienzan a extinguirse. es cierto que te hablo y no te conocí. Es
¡Qué bonito hubiera sido conocerte! Supe que soy lector, y cualquier persona que lea
de ti por tu tía… ¡Ah, no sabes cómo era es mi amiga, mi compinche, mi compañero
Lucianita! Hablaba como viejita, escribía de silencio y fantasía. Te pido de corazón
cuentos muy bonitos. Cuando íbamos al visitar a tu madre y padre en sueños. Sí, tu
Quinde, ella se quedaba en la librería Ibero partida ahora les perfora el corazón, pero
leyendo. No quería moverse, los libros ruego a Dios que el entendimiento y el alivio
eran su espacio, su lugar. Tal vez porque les venga pronto. Sé que es fácil escribirlo,
el dolor se aplaca con fantasía. También y que nadie, absolutamente nadie quiere
me contaron que Kristell, una amiga que te pasar por eso. Es muy duro Lucianita, por
regaló la librería (trabaja en ella) te regaló eso te pido, háblales en sueños, ríe con
un libro que atesoraste con tanto aprecio ellos, mi abuela lo hace conmigo por eso es
que te hacía recordar ese gesto amoroso que ya no me duele su lejanía. Me dicen que

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has dejado herencias cuyos mandatos amor que te dieron. Que Dios bendiga tu
se tienen que cumplir: Cuidar a una niñita viaje y tu cambio de piel por alas.
huérfana y que siembren árboles donde
haya un espacio que quitarle a la furia del
sol. Por otro lado, me pareció muy gracioso
eso de hacer tu propia biblioteca donde
eras tú la Bibliotecaria y sabías qué libros
necesitaba cada lector. Duerme Lucianita,
duerme, que cuando despiertes en ese otro
lado podrás caminar y olvidarte de esa silla
de ruedas, y tu cabellito volverá a ondear
su negrura y belleza, y podrás escribir los
libros grandotes que dejaste en bocetos de
papeles que los guardan con la esperanza
de que se publiquen algún día. Bueno, adiós
Lucianita, de verdad que hubieras sido mi
compinche, eso de la edad es relativo para
la amistad, tú a tus once años parecía de
100, y yo con cuarenta a veces parezco
de 10 por tantas inmadureces que hago.
Que Dios te haga reír y que done paz a los
que se quedan recordándote con todo ese

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EL C H I C O M Á S FEO D EL MUND O

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Soy feo. He sido feo. Y seré feo. Esto lo digo que dolía cuando se ponía amarillo. Acné
con la convicción de quien aceptó la batalla cuánta vergüenza me causaste. Cuántos
perdida frente al espejo. Esto me liberó, me métodos usé para que salieras de mí, les
ayudó a muy temprana edad el desdén digo algunos: Vapor de agua caliente con
de las chicas y también la frustración que naranja, agua de arroz, acnomel marrón, y
conlleva no ser mirado con deseo. Cuando un tarado que me conminó a que me aplicara
el acné comenzó a explotar en toda mi cara Kolynos blanco que me causó quemaduras.
–no había un solo espacio de mi rostro sin Bueno, la cosa es que la secundaria ya
barros o espinillas- me alejó del mundo. Mi concluía y la fiesta en los colegios tenía en
adolescencia fue un grano, una pústula salmuera a los que aún no tenían pareja
que tardó en sanar. Sin embargo, a pesar de de promoción. Por ese entonces –hace
eso, creo que alguna vez en la adolescencia 24 años- comencé a ir a esos grupos de
fui mirado con ternura. Las fiestas de jóvenes que se reúnen en las parroquias. Sí,
promoción son escenarios para la vanidad yo un chico descreído, tristón, tímido muy
y el adiós. Todos los jóvenes quieren ir bien tímido, se reunía con jóvenes de distintos
vestidos y por supuesto, con la chica más lados y estratos sociales. A mí me llevó
guapa y el tipo más lindo. Es decir, todos mi profe de religión. Me decía que esos
quieren belleza. Oía a mis amigos hablar de pensamientos incrédulos se disiparían con
que iban con tal o cual chica a la fiesta, o nuevos amigos y no con los burlones que
que sus amigas les habían dicho para que me ponían chapas tan hirientes como: Cara
les hicieran “la taba” con un pata guapo. Ah, de gota al revés, cara de lija y la de que me
miro tan atrás, mi vida les decía era un grano rio ahora, cara de ripio. Bueno. Hice varios

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amigos. Iré al “grano”. Todos se morían por Comenzamos a caminar. Me hizo pasar a
Estelita, colegio religioso, blanca como la su casa. Un espejo azul dominaba la sala.
leche, manos de cisne, dulce, además de La luz era tenue, moría en su pelo negro.
inteligente. ¿Cómo me hice su amigo? No lo Le expliqué el porqué de mi decisión. Ella
sé. Tal vez, porque era callado, la oía, y no nunca entendió porque no fui a la fiesta
me moría de amor por ella. Tal vez porque con ella. Sé que fue con otro amigo, que se
escuchó mi silencio. Eso la hizo cercana. divirtieron mucho. Y que al final cuando él
Una vez me pidió acompañarla a su casa. trató de besarla le habló de mí. Según mi
¡Qué distinto era su barrio en comparación amigo me dijo que toda la noche le preguntó
al mío! Conversamos de todo. La hice reír. sobre porqué era tan raro. Yo no dije nada.
Hasta que me lo dijo: quiero que seas mi Me limité a ya no ir a los domingos a la
pareja de promoción. Yo me negué en una. En iglesia. Me hice más solo y hasta ermitaño.
el fondo tenía miedo de ir con niña tan linda. Los libros se abrieron para mí y no quise
Miedo de los comentarios balbuceando de saber de nadie más. La vida también hizo
cómo esa chica tan bonita puede tener de su trabajo, me golpeó como a pocos. Pero
pareja a chico tan feo. El domingo después el recuerdo de esa chica dulce y linda, me
de misa yo estuve esquivo. Hasta que no siguió tantos años. La bondad de mirarme
pude evadirme más. ¿Ya no quieres ser adentro, no a los granos ni a mi fealdad,
mi amigo? No, no cómo crees. Sino que me hicieron cerrar los ojos varias veces
esa idea tuya de que yo sea tu pareja para pensarla y agradecerle ese afecto
de promoción no me parece. Por favor que una tarde de diciembre me prodigó,
no me aturdas. Sus ojos se agrandaron. mientras yo cargaba los catecismos, y ella

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reía, olvidaba que era un adolescente feo
con un corazón inocente.

César Panduro Astorga 55


L A A GU J A DEL H OSP ITAL SOCOR RO

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Mi viejita-dulce, serena, nunca triste, a inquisitiva de mi madre se clavaba en mí.
veces sola- se acaba de vacunar contra la Sabía que yo era medio cobarde para el
neumonía. Por la cuarentena solo podemos dolor. Es que los ¡au! de los demás me
hablar por teléfono. Me dice que le ha dolido, tenían preso de angustia. Veía la silueta de
y que ha sentido mucho miedo al momento la capilla del socorro y mis rezos a la virgen
del pinchazo. Y me remonto al 08 de junio de iban en aumento. Cuando ya no pude
1987, cuando en una campaña del ministerio dejar mi sito a nadie más, entré en pánico,
de salud nos llevaron al Hospital Socorro a eché a llorar, mi madre seguía mirando
todos los niños del barrio a vacunarnos. afiladamente sin ternura hacia mi lugar, y no
Los que recuerden la fachada del antiguo pude más. Corrí, corrí, como Kollita el ladrón
hospital, pintarán su nostalgia con dos de mi barrio, corrí como un condenado tras
ficus en el frontis, la cruz de huarango su libertad. La enfermera empezó primero
afuera de la capilla, varios micros rojos, y a renegar, luego a medida que me alejaba
un terral que miraba la casa del maestro. las risas de todos –sobre todo la de ella- se
Ya dentro del nosocomio, había dos piletas hacían un coro. Yo corría, no quería sentir
y jardines con flores amarrillas. El olor a el aguijón en mi brazo. Atravesé como un
adobe salía a pasear por los pasadizos. viento feroz la pista, ingresé al barrio de la
Y ahí estábamos nosotros haciendo cola esperanza, me sentí a salvo, pero solo fue
para que nos hincaran. Yo me moría de una metáfora, un engaño visual, mi madre
miedo. A medida que avanzaba la fila, yo había ordenado que me capturaran vivo o
me retrotraía muy educadamente dándole muerto. Cuando vi esa manada de niños
mi sitio al compañero de atrás. La mirada rabiosos y burlones tras de mí, hui –desde

César Panduro Astorga 57


entonces lo hago-, pero, sus piernas eran
más largas y sus manos cernieron sobre
mí su risa y el mandato de mi madre.
Patalee. Las risas volvieron a encenderse
sobre los pasadizos. La enfermera me
miró con ternura. Tal vez eso me dio fe
para aguantar el dolor que se introdujo en
mi piel en cinco segundos. Cinco segundos
que me hicieron llorar con rabia, ira y
pensando una futura venganza de esos
niños que se reían de un compañero, que
tenía la boca salada por las lágrimas que
en silencio bajaron por mis mejillas. Ya
para qué contar los días que sucedieron.
Tarde o temprano iban a detenerse las
mofas sobre “el mudo maricón”. Para dar
paso a “pandurito te acuerdas…”, sí, claro
que me acuerdo, a veces para reír o llorar,
despierto a ese niño de ropas sucias, con
unas chancletas atadas a un clavo, sí lo
despierto para que corra y huya.

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César Panduro Astorga 59
U N A C H O C O L ATAD A EN NAVID AD

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Miro mi infancia, cada vez más lejana me gustó la navidad. Veía en la televisión
-ahora bonita-. Miro mis sandalias eternas a blanco y negro las propagandas de las
unidas a un clavo para seguir existiendo. grandes tiendas ofrecer regalos que mamá
Y miro la navidad, con ojos tristes y nunca me iba a comprar. Además, como es
agradecidos. Tristes por la pobreza en la cambio de estación, en Ica, en diciembre, el
que crecí, y agradecidos, porque a pesar cielo ennegrece, y eso hace triste las tardes.
de todo -golpes, maltratos, frustraciones-
fui feliz, jugando en la acequia, haciendo Bueno, entonces, fuimos en mancha a
bolas de barro en batallas imaginarias; esa chocolatada. Recuerdo el payaso,
dando vueltas con un palito al aro viejo el papa noel gordo y mal humorado, los
de una bicicleta; jugando en la pista hasta jóvenes de la iglesia, ordenando a los
que la voz de mi viejita, se hacía grito. Ya cientos de niños pobres que llegábamos
de robar mangos donde Venza y Colaco, a ese canchón detrás de la iglesia. Todo
he hablado hasta el hartazgo. He hablado iba bien, es más, hasta la música de los
de la ceremonia de pelar el mango, mezclar toribianitos despertaba una atmósfera de
sal y pimienta- mi hermano le echaba paz y melancolía. Cuando acabó el convite
vinagre- y comer alegremente su sabor del chocolate y el panetón más duro que
salado y niño. Pero, esta mañana viene el mi apellido, empezó el caos. Anunciaron
recuerdo de esa chocolatada que organizó por el parlante que “de menara ordenada,
una parroquia y a la que todos los niños hiciéramos cola para recibir los regalos”.
del barrio fuimos para comer panetón y ¿De manera ordenada”, lo que pasó luego
recibir juguetes. Voy a ser sincero. Nunca del llamado fue una manada de niños y

César Panduro Astorga 61


niñas corriendo para recibir los primeros daban calma a mi tristeza. Los otros niños
regalos. Yo también corrí, pero tropecé. Me del barrio eran felices pateando pelotas
hice daño en la rodilla. En ese momento de plástico, muñecas flacas y rubias,
de confraternidad y generosidad, ningún soplando cornetas de plástico, paseando
niño me dio la mano para ayudarme a camioncitos azules y rojos. Todos iban
levantarme. Como he sido muy llorón, una felices, hasta mi hermano no podía ocultar
lágrima se deslizó por mi mejilla, de verdad el jolgorio que le daba el muñeco de trapo
que me dolía un montón. Me vi lejano del del chavo del 8. Al llegar al barrio fui el
lugar donde repartían los juguetes. -En único que no siguió en la calle. Me metí a
mi torpeza infantil sentía angustia porque mi cama a llorar. Yo quería solo una pelota
se acabaran- Volví, era el último en esa para patearla. Meter goles a mi hermano.
cola que llegaba hasta el cielo. Veía esa Sí, una pelota y que todos me pidieran
fila de deseos interminable. Veía mi ilusión permiso para jugar, y si no me hacían caso,
de alcanzar algún juguete para enseñarle interrumpía el partido y me llevaba el balón.
el regalo a mamá, y que no me comprara No fue así. Cansado de llorar, salí otra vez.
ninguno. Cuando estuve cerca al paraíso, Los chicos seguían felices, jugando y riendo.
por el parlante chillón avisaron que ya no Cuando de pronto, vi que mi hermanito,
había juguetes. Culpé a mis pies chuecos me decía: cabezón no me gusta mi regalo.
por caer y no llegar a tiempo. La voz del Nunca supe de dónde había sacado una
catequista fue una bala a mis ansias de pelota morada -si a él le dieron un muñeco
tener un juguete. Las disculpas de los feo y triste-. Pero acepté la esfera de mi
adultos que nos pedían salir de la cola, no sueño. Todo ese día di patadas amorosas

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al balón. Mi hermanito terminó destrozando
el muñeco que murió abandonado en la
acequia. Mi pelota - la más hermosa que
tuve- también murió de una espina que
se le clavó en su panza redonda. Murió
lentamente saliéndose todo el oxígeno de
su corazón. Su corazón curvo y morado
que hizo tan feliz la infancia de mi corazón.

César Panduro Astorga 63


E L S E Ñ O R DE LU REN Y EL ÁRB OL D E L A TIPA

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Un día el Señor de Luren se quitó los clavos experimentó al ver las calles sucias, llenas
que sujetaban sus brazos y su risa, y de melancolía. Miró el árbol, vio que su
comenzó a caminar por las calles de Ica. sombra era buena.
Vestido a la usanza bíblica, pasó por calles
polvorientas, hasta que cansado se puso Un niño que pasaba por ahí, le dio curiosidad,
a dormir bajo un árbol. Y ahí soñó que los ver al rabí bajo sombra, se acercó y le dijo:
hombres se amaban unos a otros, que -¿Señor qué hace usted en la tierra?-le dijo
no había ni miserias ni egoísmos, que su sonriendo el rapaz-
creación más amada –los seres humanos- -Hijo mío, vengo a ver las tierras que deben
entendía su misterio: Amar, amar la vida, vivir en alegría- con gesto amoroso habló el
cuidar los animales, cuidar los ríos, cuidar señor-
los niños, cuidar…el Señor siguió soñando -¡¿Alegría?! ¿Señor si eso es que la falta en
tantas cosas hermosas. Soñó que las la tierra?
armas de guerra se fundían para hacer
arados con qué labrar la tierra. Soñó que Y conversaron todo el rato, el señor atento
los malos dejaban el mal que hicieron un a lo que decía y el niño contento de hablar
día. Que el mendigo ya no pedía dinero si con Dios en pleno mediodía. Y el niño le
no trabajo. Soñó que el odio, rencor, envidia, hizo tantas preguntas: ¿Señor cómo es el
maldad, y otras palabras horrendas, ya no paraíso? ¿Señor los niños que se comen
existían en los diccionarios. El Señor, soñó más de dos panes no van al cielo? ¿Señor
tantas cosas lindas, que cuando despertó, si me robé la propina de mi hermana tengo
su alegría contrastaba con la tristeza que negada la entrada dónde usted vive? El

César Panduro Astorga 65


señor es muy paciente, pero no tanto, el tiempo. Ya en su templo daban aviso a la
niño quería preguntarle tantas cosas, pero policía, que habían robado su presencia.
su espacio en la cruz, requería su presencia Todo el mundo en Ica enloquecía. Sin
en la iglesia. embargo, el Señor contento veía lo ojos
bondadosos del niño que le decía:
-Tengo que irme- dijo acariciando el cabello ¡¿Señor volveré a verlo?! ¡¿Señor volveré a
del niño- ha sido muy bonito hablar contigo. escuchar su voz como suave y fresco
Eres muy sabido y preguntón… viento!?
-¡Señor! ¡Señor! ¿Puedo decir que hablé con Y el Señor de Luren, le tomó de las manos,
usted? Mis amigos no me van a creer? … y con ternura dijo:
-Hijo, no solo tus amigos no te van a creer, -No lo sé hijo. No es necesario que venga
hoy los hombres ya no creen en nada. otra vez para que hables conmigo. Orando
-Pero señor yo creo en usted. Le prometo y sobre todo haciendo el bien a tus
que rezaré todos los días para que los enemigos…
hombres vuelvan a creer. Además, dice mi ¿Señor a mis enemigos? –Preguntó
mamá, que a los niños que rezan todos los extrañado el niño-
días entrarán al cielo… ¡Claro! Qué gracia tiene ser bueno con tus
-Hijo, reza, hazlo siempre con alegría. amigos –el Señor siguió hablando- ¡hay que
Pide porque en este mundo disminuya la hacer el bien si mirar a quién! Ahora hijo,
tristeza. Yo te haré caso, no lo dudes. tengo que irme.
El señor que ya irse quería, habló tantas
cosas bonitas que perdió la noción del

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Ya el mediodía asomaba su incendio. El sol
en lo alto ardía. El niño lleno de gracia y
alegría de pronto al ver irse al rabí, despertó
en su alma la melancolía. De pronto, notó
que del árbol donde el Señor dormía, caían al
césped flores moradas y lilas. Sorprendido
se dijo:
-¡Otro milagro del señor! Que yo sepa este
árbol nunca florecía. Ahora serán las flores
que a su altar llevaré, como carta de amor
en su sombra le pondré.

Cuando el Señor llegó a su templo, le


sorprendió la locura que había. Pasó entre
las cabezas, puso otra vez su cuerpo en
la cruz, y con mirada adolorida los clavos
volvieron a herir sus manos y pies. El señor
volvió a su gesto de melancolía, pero cada
vez que el niño le ponía las flores moradas
del árbol de la tipa, abría sus dientes
hermosos, llenos de alegría.

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PA PI VA M O S A SEM BR AR MAR IP OSAS

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César Panduro Astorga 69
¡Santiago! ¡Joaquín! No malogren el jardín, muy niño siempre hizo tambalear con
dijo su papá, mientras los dos niños preguntas a su padre. Pero esta vez, junto
sacaban gran cantidad de tierra. Papi, a su hermano, que era mucho más inquieto
estoy plantando mariposas. El hombre, y juguetón, habían hecho que su padre
no entendió la respuesta de su hijo, que dudara de lo que él sabía de jardinería. Es
con sonrisa tierna y cómplice junto a su más, Joaquín, habló en voz baja, que su
hermano, habían destrozado la parte del padre solo servía para leer. Esa pregunta,
jardín que su padre había destinado para hizo que creciera su intriga y decreciera su
construir una hamaca. ¿Pero cómo es eso furia porque ya no iba a tener su hamaca
de que están plantando mariposas, si solo para echarse a leer en la paz que da un
veo huecos? además que yo sepa, las jardín. Papi, lo que pasa, es que para que
mariposas no se siembran, se transforman. una mariposa aparezca, y sus alas se
mueven como dos ojos que se cierran y
Santiago y Joaquín, miraron a su padre, abren, debe primero existir una cuna donde
con la sensación de que los adultos no sus frágiles cuerpos reposen.
saben en realidad que los niños están más
cerca de las grandes verdades porque El papá seguía sin entender. Papi, no nos
juegan, y solo el que juega llega a cosas mires así, te digo que para que existan
muy serias. Papi, habló Santiago, papi, algunas cosas, otras deben existir, eso
dime, ¿en dónde se posa una mariposa? es lo que nos dices tú en los cuentos que
En las hojas. ¿y qué comen las mariposas?, nos lees antes de dormir. Papi, ¿a ver quién
hojas. Santiago, inteligente y sabido, desde estuvo primero la mariposa o la flor? El

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hombre no supo qué responderle. Bueno, que crezca despacio, alimentándose del
la flor. Por eso papi, las flores son las que sol y de la neblina, luego esperar que los
hacen aparecer las mariposas. Entonces días hagan su trabajo, y desde lo oscuro
para que una mariposa pueda abrir sus aparecerá una flor, perdón las mariposas
flores en el aire, otras flores tuvieron que que ustedes están sembrando…todo esto
estar antes que ellas. Es por eso que les decía su papá, mientras los dos niños
Joaquín y yo, estamos abriendo la tierra ya estaban pensando sembrar lluvia.
para sembrar rosas, no para cosecharlas,
sino para que su perfume atraiga a las Joaquín el menor pero el más travieso no
mariposas. Por eso papi, si sembramos quería seguir viendo a su papá renegar
plantas cosecharemos mariposas. El más por el agua que era escasa, en ese
padre de esos dos niños, aún no entendía jardín, donde él y su hermano una tarde
el razonamiento de sus hijos, que tenían de abril le enseñaron a su papá a sembrar
las uñas llenan de mugre, y la sonrisa en mariposas.
forma de arcoíris, cuando comenzaron a
ver a su padre, ayudarlos a cavar la tierra,
escondiendo su pena por la hamaca ida,
pero diciéndoles que esa no era la mejor
manera de hacer hoyos para sembrar,
sino mojar la tierra primero, luego dejar que
seque un poco, luego volver a echar agua,
arrojar con cariño la semilla, hablarle para

César Panduro Astorga 71


VA L D E LO MA R Y L A M EN T I RA DE ALB ERTO HID AL G O

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Se conmemora un siglo de la muerte del Cabezudo ha demostrado la falsedad de
iqueño más importante de la historia: el esta injuria en un libro apasionante y bien
escritor Pedro Abraham Valdelomar Pinto. documentado. Sin embargo, la falacia de
Su partida temprana siempre será una Hidalgo es la que ha quedado en el imaginario
pregunta, un dolor e incluso una afrenta de los peruanos y es tarea de todos los que
a la inteligencia por parte del destino. conocemos la verdad difuminarla y borrar
Valdelomar fue un espíritu valiente, dulce tamaña patraña de nuestra literatura.
y polémico. Espíritu que aún en su muerte Con respecto a su muerte de alguien al que
siguió despertando odios y amores. Pero le gustó tanto la vida dejo dos cosas :
hay odios absurdos provocados por
seres de los que se presume superioridad 1:- Fernando de Szyszlo Valdelomar, hijo
frente al común de los mortales. Y este es, de la hermana de Valdelomar, cuenta que
el caso del poeta Alberto Hidalgo, que en en su hogar la presencia de su tío fue
la primera edición de su libelo De muertos consustancial a la atmósfera de su casa:
heridos y contusos, sin ninguna fuente sus libros, su abuela que todas las tardes
consultada, ni testimonio autorizado que ponía dos tazas con café, una para ella
avale su infundio dejó una mentira para y la otra para ese hijo brillante y ausente
la posteridad: que Abraham Valdelomar al que lo lloró hasta el último día de su
murió cayendo a un silo. Mentira mil veces vida. No es mentira. Don Fernando, en
mentira. Valdelomar murió producto de una una conferencia muy sentida nos contó,
caída por las escaleras en un hotel en la que su abuela todos los días lloró a su tío,
ciudad de Ayacucho. Don Víctor Pacheco y que pidió a sus hijos que la enterraran

César Panduro Astorga 73


junto a él. Cuando alguien vaya a la tumba
del mayor esteta de la literatura peruana
note por favor que al lado está su madre.

2.- Valdelomar cae un primero de noviembre,


la agonía es muy dolorosa, clama por su
madre. Muere el tres de noviembre de 1919
a las 2:35 p.m. Hoy a esa hora junto a los
míos haré un minuto de silencio infinito
por ese autor al que todos de pequeños
aprendimos a querer. Sí, el del poema triste
que Neruda se aprendió de memoria; sí, el
mismo autor que nos hizo ir a un circo a ver
una niña que volaba por los cielos; ese autor
que mi mamá me dijo que leyera donde
moría un gallo con valentía; sí, el mismo
autor que fue de noche con varios amigos
a bailar a un cementerio. Sí, ese hombre
que nos dejó apenas a los 31 años, y que,
creo para salvar un poco esa desdicha de
que se fuera tan pronto, nos deja la alegría
que la vejez jamás le puso la mano.

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César Panduro Astorga 75
PA REDES D E PAL AB R AS
A JOSÉ VÁSQUEZ PEÑ A

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Por entonces yo vivía cerca de un estadio de clases, mientras el profesor de literatura
fútbol. Losdomingos iba con los amigos a nos aburría contándonos la vida de los
alentar al equipo del barrio. No me agradaba escritores, escribía en mi cuaderno verde
ver que de 11 personas dependiera el estado todo lo que se me venía a la mente.
de ánimo de mucha gente. Iba porque me Cuando terminé de escribir el libro, leí en
gustaba ver a la gente de mi barrio feliz; el periódico el aviso de una imprenta. La
las banderolas, cánticos, la alegría que tarde en que fui ahí resultó una de las
todos ellos no tienen de lunes a sábado experiencias más tristes de mi vida; el
mehacían sentir bien. Había terminado un dinero que me pedían para la edición era
libro de poemas. tanto que nunca lo hubiera reunido aunque
trabajara toda mi vida.
La lectura de los pocos libros que tenía en
casa me llevó a escribir las palabras que no Fui a la plaza a escuchar la bulla de
encontraba en ellos. Empecé con un poema los carros y a los pájaros en los ficus
dedicado a la chica de la esquina, que gritando de hambre, defecando en el aire;
luego rompí al verla con otro muchacho. A esa tarde, los muros de la ciudad sin
los cuadernos les arrancaba las carátulas, flores me parecieron tan horribles que quise
ponía mi nombre y el título delpoemario. pintarrajearlos con toda la ira que un pobre
Me hacía ilusiones pensando que mi foto puede albergar.
aparecería en el manual que el Ministerio
de Educación nos regalaba al iniciar el año El domingo llegó con sus cerbatanas, la
escolar. Nunca leí mis poemas a nadie. En llamada a las puertas de las casas para

César Panduro Astorga 77


salir e ir al estadio. La tristeza que tenía lunes. Hasta ahora recuerdo el miedo que
contrastaba con la algarabía de la gente. sentía por si se aparecería el vigilante o
Mientras caminaba por el arenal junto a los algún hampón. Las manos me sudaban,
demás, pensaba si mi poesía valía el dinero pero logré terminar rápidamente el primer
que la imprenta pedía. poema. La pared silenciosa guardaba en
su cuerpo las letras de mi cabeza:
Tendría que buscar la forma de publicar
mis versos. Yo quería aparecer en la foto Las nubes son las cartas
de los libros que leía en las clases de mi que envía la luna al sol
colegio. un cometa es un beso
volado del sol a la luna.
Cuando llegamos al estadio, observé que
sus paredes tenían propaganda política Después de la primera pinta, la gente
que nadie leía, pero que estaban ahí, a la ni siquiera miró de reojo la pared, pero a
espera de la próxima campaña para ser medida que iban apareciendo, cambiando
borradas. Entonces se me ocurrió una la fachada del estadio, pensaron que se
idea: pintar las paredes con poesía. trataba de una iniciativa de la municipalidad,
o que algún colegio de la zona, en una
Tendría que pintarlas de noche. Lo primero campaña a favor de la lectura, había
era conseguir pintura. Un amigo me regaló pintado las paredes.
la pintura sobrante de las refacciones
que había hecho en su casa. Empecé un La gente se paraba en el camino para leer,

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incluso los ómnibus que iban a la ciudad Así fue avanzando mi libro, poco a poco se
detenían lentamente su marcha ante la hizo parte del paisaje mental de la gente y
insistencia de los pasajeros que querían del estadio; creo que las paredes estaban
leer los poemas. más a gusto con mis poemas que con las
pintas que hacían los políticos cada vez
Cada domingo, el comentario de la gente que había elecciones.
era sobre quién había escrito los poemas;
algunos reían cuando se acordaban de Tuve miedo de escribir los versos que le
ellos. dediqué a mi madre porque estaba seguro
de que ella, al escuchar que hablaban sobre
Ese año, para sorpresa mía, el equipo de mi su hijo, me delataría. Al final lo hice; puse:
barrio salió campeón en la liga del distrito.
Tuvimos que ir a otros estadios a alentar Una vez una mujer
a los muchachos, y otros equipos tuvieron me pidió un poema:
que venir al nuestro. Mientras hacían cola yo le di un espejo.
para entrar, leían los poemas; algunos
reían; otros, más osados, decían que eran El equipo pasó a la etapa regional, donde
sandeces que se le habían ocurrido al venció a todo rival con el que le tocó jugar.
alcalde. Se enfrentaron a cuadros de Ayacucho y
Huancavelica. Las gentes de esos lugares,
El equipo seguía avanzando y la fama de al llegar para hacer barra, sufrían la misma
los escritos iba a la par con él. sensación que los demás visitantes al mirar

César Panduro Astorga 79


los poemas. Qué bueno que el alcalde haga Pallares Verdes había superado en calidad
esto, pero ¿cómo se llamará el poeta que de visitante al César Vallejo de Trujillo, y
los ha escrito?, ¿o será tradición popular? que debido a este triunfo el departamento
El equipo pasó a la etapa nacional. El de Ica tenía otra vez fútbol profesional.
alcalde del distrito, e incluso el de Ica, iban Salimos a las calles a festejar el triunfo.
al estadio. En toda la ciudad se hablaba
del equipo de mi barrio y de sus jugadores. Yo era poeta, no sabía alegrarme de esos
Una ilusión se había posesionado del triunfos, pero me sentía feliz por las
distrito... caras felices de mis amigos, por la señora
Josefa que vendió muchas cervezas
Todo el mundo felicitaba al alcalde por esa noche, porque en un barrio pobre
darle al estadio un marco cultural, por se pudiese celebrar con esa intensidad,
educar al pueblo. Al terminar los relatos de olvidar que a veces se tenía que sacrificar
los partidos, los periodistas no solo se refe un día de paga para comprar la entrada
rían al triunfo de nuestro equipo, sino que al estadio los domingos. Eso me alegraba,
decían: desde el estadio de Los Molinos, el no me importaba que después vinieran
único estadio cultural del Perú, transmitió jugadores de Lima a quitarle el puesto a
para ustedes radio Saraja. José el defensa, que luego de jugar tenía
que ir a amasar el pan en la panadería del
Y llegamos a ganar la Copa Perú. Ese año presidente del club, o que a la estrella del
la gente de mi barrio se volvió loca cuando equipo, Gabo, que hacía goles hasta con
escuchamos por radio que el Atlético las orejas, los jugadores que botaban del

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Alianza y la U lo dejaran sin trabajo. En ese así es que no les quedaba más que ir a jugar
instante no me importaba nada, solo la al estadio de Ica. La población del distrito,
alegría que se celebra de verdad: la alegría en una sola voz, dijo no. La gente, que para
de todos. nada se une, esta vez lo hizo para hacerse
respetar. Fueron todos a la municipalidad
Cuando los chicos regresaron, les hicimos a reclamar. El alcalde, que era un demagogo,
una gran recepción, por supuesto que vio una excelente ocasión para asegurar su
en el barrio, no en Ica, porque ahí hasta reelección. Improvisando un mitin, prometió
el presidente regional los saludó como construir un nuevo estadio; el antiguo sería
héroes. Nosotros les dimos la bienvenida destruido para dar paso a uno moderno.
como siempre lo habíamos hecho: haciendo Todos gritaron de alegría, menos yo.
colecta; incluso don Julián, el dueño de
la orquesta de cumbia más querida de la Pensé en mis poemas, en mi libro abierto;
provincia, nos regaló 4 horas de música; entonces salí corriendo de la plaza, quise
todos bailamos hasta el amanecer. abrazar al alcalde, rogarle que no derribara
las paredes, inventar cualquier cosa con
Pero el equipo ya estaba en la profesional, tal de salvar mi libro, pero yo solo era un
y tenía que ajustarse a las reglas de la poeta.
Federación Peruana de Fútbol.
El proyecto se aprobó. El nuevo estadio
Tenía que cambiar de escenario porque el con todos los adelantos tecnológicos iba
estadio de Los Molinos era muy pequeño, a estar construido en solo tres meses.

César Panduro Astorga 81


Nadie se acordaba de los poemas en las poemas de ese poeta loco que llaman Dios.
paredes, ya nadie se preguntaba quién los
había escrito, ese misterio desapareció, Como nadie abogó por mí, me mandaron
como Gabo el goleador, José el defensa, aquí, a este hospicio; a veces tengo que
entonces..., entonces no quería que mis hacerme el loco de verdad; nadie viene a
poemas fueran derribados por esas visitarme. Como ya no tengo cuadernos, y las
máquinas. En un arrebato de justicia, una paredes del estadio fueron derrumbadas,
noche con una vara de fierro en las manos, el viento es una buena pizarra. No sé nada
destrocé todas las máquinas. Eran tan de mis poemas, solo sé que los leyeron
duras que acabé con muchas ampollas en muchos, que la pared de ladrillos fue el
las manos. El odio me cegó. mejor papel que pude encontrar para ellos.

No pude ver a los vigilantes que vinieron a


prenderme. Me capturaron y me llevaron
a la comisaría; los policías me agarraron
a golpes. Como a pesar de los golpes no
respondía a sus preguntas, optaron por
declararme loco.

Esa noche la pasé en la carceleta junto a


un ladrón y un mendigo; la ventana daba
al cielo, y en las estrellas podía leer los

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