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Intervención de Terceros en Proceso Civil

CONCEPTOS DE DERECHO PROCESAL CIVIL I PARTE 3. LEGITIMACIÓN, SUCESIÓN, SUSTITUCIÓN, PROCESOS CAUTELARES

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CONCEPTOS DE DERECHO PROCESAL CIVIL I PARTE 3. LEGITIMACIÓN, SUCESIÓN, SUSTITUCIÓN, PROCESOS CAUTELARES

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DERECHO PROCESAL CIVIL I

LA INTERVENCIÓN EN EL PROCESO DE DECLARACIÓN

La intervención de terceros en el proceso de declaración o de conocimiento, ha


venido estudiándose por la doctrina como un fenómeno que responde a un
fundamento único, aunque luego se ha procedido a distinguir varias figuras, pero
últimamente se ha destacado que esta consideración única no era admisible. Es
cierto que la intervención supone siempre la injerencia de alguien que, hasta
entonces era tercero, en un proceso ya en marcha entre otras personas para
convertirse en parte en él, pero a partir de esta noción general y previa hay que
empezar a efectuar distinciones.

La compresión de la llamada intervención voluntaria en el proceso civil para,


primero, por decir que esta intervención supone la intervención de un tercero de
participar en un proceso de conocimiento o declaración, aunque puede hacerlo
con muy diversos contenidos. Lo común a todas las intervenciones en que el
tercero ha de tener un interés propio y cierto (art. 548 del CPCYM), pero el
contenido de la intervención dependerá de la naturaleza de ese interés.

a) La intervención principal
Se denomina intervención principal, a la injerencia de un tercero en un proceso
pendiente entre otras personas pretendiendo, total o parcialmente, la cosa o el
derecho litigioso (Fairén Guillén). Estamos, por tanto, ante los terceros que son
titulares de una relación jurídica material que es incompatible con la deducida en
el proceso por las partes, y su interés radica precisamente en la incompatibilidad.

En la denominación tradicional, que aún emplea el CPCYM, estos eran lo terceros


excluyentes y el ejemplo más claro es el del proceso en el que las partes
originarias discuten acerca de la propiedad de una cosa y el tercero interviene
alegando que él es el verdadero propietario de la misma; también el del proceso
en el que las partes debaten sobre el cobro de una suma de dinero y en el que el
tercero interviene afirmando que él es el titular del crédito correspondiente.

Aquí resulta básico señalar que la intervención principal, no debe confundirse


con las tercerías a interponer en el proceso de ejecución; en las tercerías
verdaderas no se realiza una intervención en el proceso entre otras personas,
sino que el tercero se limita a pedir que un bien que dice que es suyo salga del
embargo (tercería de dominio) o que su crédito es preferente al del ejecutante
(tercería de preferencia). Debe recordarse simplemente que en el proceso de
ejecución las partes en el mismo, el ejecutante y el ejecutado, no están

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debatiendo sobre la propiedad de un bien, sino que se ha efectuado un embargo
sobre un bien, y el que afirma la propiedad es el tercerista.

Como el art. 551 del CPCYM dice que las tercerías pueden interponerse en
cualquier proceso, hay que admitir que cabe la intervención principal en el
proceso civil de declaración. Naturalmente en esta situación se parte de una
confusión conceptual, pues no se trata de verdaderas tercerías sino de
intervención principal, pero, conforme aparece regulado en el Código, hay que
admitir que:

1) Los terceros que afirmen un derecho de dominio o de preferencia


pueden intervenir en el proceso de declaración.
2) Esa intervención se hará por escrito o verbalmente, según la
naturaleza del proceso, ante el mismo juez que conoce del asunto principal,
y en los términos prevenidos para entablar una demanda (art. 547).
3) La intervención tiene que producirse antes de la vista del proceso o
antes de que quede pendiente de sentencia, salvo las facultades del juez
para mejor fallar (art. 550).
4) Admitida la intervención por el juez, se concederá al tercero un plazo
de diez días para la prueba, plazo que será común para todas las partes.
5) La llamada tercería se resolverá juntamente con el asunto principal
en la sentencia (art.551).

La confusión entre los terceros opositores del proceso de declaración y los


terceristas del proceso de ejecución, aparece evidente en el CPCYM, aunque una
interpretación razonable puede llegar a darle algún sentido a la regulación.

b) La intervención litisconsorcial
Existen terceros que pueden afirmar su cotitularidad de la relación jurídica
material deducida en el proceso por las partes iniciales. Cuando un tercero
hubiera podido figurar desde el comienzo en el proceso como parte, y si no
sucedió así fue porque su presencia no era imprescindible, estamos ante la
posición habilitante del tercero para intervenir litisconsorcialmente. Su
legitimación se basará en la afirmación de la cotitularidad. El tercero al intervenir
tratará de defender derechos propios, no ajenos, pero no ejercerá una pretensión
distinta a la ya ejercitada por el demandante, esto es, no introducirá un nuevo
objeto procesal.

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El ejemplo más claro de intervención litisconsorcial, es la que puede realizar el
acreedor solidario que no demandó y el deudor solidario que no fue inicialmente
demandado, y este ejemplo pone de manifiesto que en el CPCYM la figura de esta
intervención queda oscura o, por lo menos, ambigua, pues es obvio que el
tercero, aunque pueda limitarse a colaborar con la parte inicial (con el actor o con
el demandado), ha de tener la posibilidad procesal de asumir la condición de
parte con la plenitud de los poderes procesales inherentes a esa condición.

Lo que el CPCYM sí resuelve es lo relativo a la forma y efectos de la intervención:

1) Modo de realizar la intervención:


Se solicitará al juez, por escrito u oralmente, según la naturaleza del proceso (art.
547), justificando el interés que legitima la intervención (la cotitularidad de la
relación jurídica material); el juez resolverá de plano sobre la admisión o el
rechazo del tercero, si tuviera elementos suficientes para hacerlo con la prueba
que se acompañe (art.548).

2) Incidencia de la intervención sobre los actos ya realizados:


Pueden enunciarse en tres principios: i) La intervención no puede suspender el
curso del procedimiento, ii) La intervención no puede retardar el curso de las
actuaciones, y iii) El interviniente debe aceptar el proceso en el estado formal en
que se encuentre, sin poder pretender retroceder en él.

Pero el tercero interviniente litisconsorcialmente ha de asumir la condición de


parte plenamente, lo que supone que ha poder alegar y probar lo que estime
conveniente y sea conducente según el objeto del proceso.

c) La intervención adhesiva simple


La pluralidad de partes, puede producirse también con base en una legitimación,
que no consiste en afirmar la cotitularidad de la relación jurídica material
deducida en el proceso por las partes iniciales, sino en afirmar la titularidad de
otra relación jurídica material que es dependiente de la primera, de modo que la
decisión que en el proceso se adopte será hecho constitutivo, modificado o
extintivo de la segunda relación, que presupone la eficacia refleja de la cosa
juzgada.

La teoría de la eficacia refleja, de los actos jurídicos que tiene su origen en Ihering
y se aplicó al proceso por Wach. Se debe de hablar de eficacia refleja de la
sentencia, únicamente en aquellos casos en que ésta no vincula al tercero como
norma jurídica de su relación jurídica material, sino que le interesa sólo por
aquellas consecuencias que la sentencia tiene para una de las partes y que se

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manifiesta a cargo del tercero como acto jurídico constitutivo, extintivo o
modificativo.

Esa eficacia refleja, se basa en las interferencias entre la relación jurídica material
deducida en el proceso por las partes iniciales y la relación jurídica de la que
afirma ser titular el tercero con una de las partes. Esas interferencias consisten
en un vínculo de dependencia que se resuelve en la prejudicialidad, de modo que
la sentencia que se dicte en el proceso puede determinar el nacimiento, la
modificación o la extinción de la relación jurídica del tercero con una de las
partes.

Por intervención adhesiva simple, hay que entender como la injerencia de un


tercero en un proceso pendiente entre otras personas, con el fin de evitar el
perjuicio jurídico que pudiera ocasionarle, como consecuencia de los efectos
reflejos de la cosa juzgada, la derrota procesal de una de las partes.

El tercero al intervenir persigue, pues, evitar que se le causen perjuicios. En


algunos casos su actuación puede limitarse a coadyuvar a la victoria de una de
las partes, apoyándola con alegaciones y medios de prueba, pero en otros tendrá
que suplir la inactividad de la parte originaria, e incluso es posible que tenga que
alegar en contra de ella cuando se trate de un proceso fraudulento o simulado. Al
intervenir el tercero lo hace para defenderse así mismo, aunque formalmente
pudiera parecer que se trata de sostener las razones de una de las partes.

La mejor manera de demostrar lo que decimos, es poner un ejemplo. La relación


jurídica de subarrendamiento, de modo que, si la primera se extingue, la segunda
no puede subsistir. Si, como dice el art. 1892 del Código Civil, cesado el
arrendamiento caducan los subarrendamientos, aunque su plazo no hubiere
vencido, en el proceso entablado por el arrendador contra el arrendatario, relativo
a la misma existencia o extinción del contrato, tiene un interés evidente en
intervenir el subarrendatario; ese interés le llevará a defender la posición del
arrendatario, siempre que éste realice una verdadera defensa jurídica de su
posición, pero en los casos en que se haya producido una confabulación entre
las partes originarias del proceso- arrendador y arrendatario- para perjudicar al
subarrendatario, si éste no puede adoptar una verdadera posición procesal de
parte, la misma intervención carece de sentido útil (puede verse así el art. 238 del
CPCYM).

El CPCYM adopta la vieja terminología del tercero opositor coadyuvante (en los
arts. 56 y 549), y llega incluso a decir que el tercero coadyuvante se reputa una
misma parte con aquel a quien ayuda, pero este es algo que la práctica de los
países en los que la figura tiene uso en la realidad no ha podido consentir.

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Sobre lo que la doctrina en el Derecho comparado sigue discutiendo, es sobre la
condición del tercero después de la intervención. Si inicialmente se hablaba de
cuasi-parte, de parte accesoria o subordinada (y de ahí la terminología de
coadyuvante), hoy es ya mayoritaria la opinión, de que tiene que tener la
condición de parte con todos poderes procesales inherentes a la misma, aunque
evidentemente no puede tener las facultades relativas a la disposición ni del
objeto del proceso (no podrá ni allanarse) ni del proceso mismo (no podrá
desistir). Por lo mismo no podrá ser condenado, pero tampoco podrá hacerse
pronunciamiento alguno directamente a su favor.

En todo caso, esta intervención tampoco supone el ejercicio de una nueva


pretensión. Si el interviniente que ya interpuso el originario demandante. Si se
coloca en la situación de demandado podrá formular resistencia. Debe destacarse
que la intervención no supone acumulación, sino proceso único con pluralidad de
partes.

Lo que antes hemos dicho sobre la forma y los efectos de la intervención


litisconsorcial casi puede repetirse aquí:

1) Modo de realizar la intervención:


Se solicitará al juez, por escrito u oralmente, según la naturaleza del proceso (art.
547), justificando el interés que legitima la intervención (el perjuicio que puede
derivarse para su relación jurídica material de la sentencia, que llegue al dictarse
en el proceso); el juez resolverá de plano sobre la admisión o el rechazo del
tercero, si tuviera elementos suficientes para hacerlo con la prueba que se
acompañe
(art.548).

2) Incidencia de la intervención sobre los actos ya realizados: Pueden


enunciarse en tres principios: i) La intervención no puede suspender el
curso del procedimiento, ii) La intervención no puede retardar el curso de
las actuaciones, y iii) El interviniente debe aceptar el proceso en el estado
formal en que se encuentre, sin poder pretender que se retrotraigan las
actuaciones en él.
3) Poderes procesales del interviniente:
El interviniente adhesivo simple, ha de asumir la condición de parte en el proceso,
con los poderes propios de esa condición, pero no puede realizar los actos que
supongan disposiciones de la relación jurídica material deducida en el proceso
(renuncia, allanamiento, transacción) porque él no es titular de la misma, ni puede
tampoco poner fin al proceso (desistimiento), porque él no lo ha comenzado.

Los supuestos de intervención provocada

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En los casos vistos hasta aquí la intervención depende de una decisión que debe
tomar el tercero sin incitación o llamamiento alguno, y por lo mismo se suelen
denominar la intervención voluntaria. Existen otros, que se denominan de
intervención provocada, coactiva, forzada u obligada en los que la iniciativa para
la intervención proviene de una de las partes que está en el proceso o del propio
juez.

a) La intervención por orden del juez


En la legislación guatemalteca no aparece regulada este tipo de intervención
coactiva, y no le está de modo consciente, pues el Proyecto de Código contenía
un artículo 107 del Código Italiano, en el que decía que el juez, cuando estime
oportuno que el proceso se realice también contra el tercero, respecto del cual la
cosa es común, ordenará su intervención. La norma del Proyecto fue suprimida
por la comisión revisadora.

La no admisión de la intervención iussu iudicis o por orden del juez, se


corresponde plenamente con los principios que forman nuestro proceso civil. Si
éste se basa en el principio dispositivo, la consecuencia obligada que es el juez
no puede determinar contra quien se dirige la pretensión, al ser ello una facultad
exclusiva de la parte.

En el medio forense se ha tratado de admitir la intervención por orden del juez por
medio de una especie de integración de la litis, a través del litisconsorcio y con
base en el art. 53, párrafo 2º, del CPCYM, que obliga al juez a emplazar al
litisconsorte necesario que ha sido demandado. En este sentido la Corte Suprema
en la sentencia de 29 de octubre de 1982 sostuvo: “Se da litisconsorcio
necesario, en el caso del tercero que demanda la nulidad de un contrato de
compraventa, pero acciona contra una sola de ellas; por lo que el juez debe de
oficio integrar el contradictorio llamado al proceso a la otra parte contratante”.

Las diferencias entre la intervención por orden del juez y el supuesto de la


integración del contradictorio en caso de litisconsorcio necesario son claras y no
permiten la confusión de los dos supuestos. Cuando se trata del litisconsorcio
necesario el juez debe emplazar a quien debió ser demandado por el actor y no lo
fue, pues el proceso sólo puede realizarse si todos los legitimados pasivamente
se encuentran en el proceso; sin son varios los titulares de la relación jurídica
material todos deben estar en el proceso, y el juez al emplazar a los litisconsortes
preteridos lo único que se hace es integrar el contradictorio, es decir, hace que se
respeten sus derechos procesales, pues nadie puede ser privado de sus
derechos sin haber sido citado, oído y vencido en proceso legal seguido ante jue
competente (Art. 12 de la Constitución y el art. 16 de la LOJ).

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Por el contrario, en la intervención por orden del juez, de lo que se trata es de que
el juez aplica criterios de oportunidad para estimar que una persona debe ser
llamada al proceso, en cuanto éste se puede tener algún elemento común con una
relación jurídica de la que puede ser titular el tercero; pero éste no es titular de la
relación jurídica de la que puede ser titular el tercero; y el tercero no es titular de
la relación jurídica que se ha deducido en el proceso en marcha.

En que trata de dos cosas diferentes se evidencia teniendo en cuenta que el


Derecho italiano, por un lado y en el art. 102 de su Códice, se regula el
litisconsorcio necesario, norma que ha sido copiada en el art. 53 del CPCYM
literalmente, y que en el art. 107 del Códice se regula la intervención por orden del
juez, norma que no existe en el CPCYM. Es decir, en el Derecho guatemalteco se
admitió la integración del contradictorio por el juez en el caso del litisconsorcio
necesario, pero no se admitió la intervención por orden del juez. La consecuencia
obvia es que el medio forense no sabe entender que esa intervención puede
llegar a establecerse por medio del litisconsorcio necesario, aunque es sabido
que se ha producido una confusión, proveniente de mezclar dos instituciones
diferentes.

b) La intervención a instancia de parte


Con relación a la intervención provocada a instancia de parte, vamos a realizar
simplemente el esquema de sus supuestos, dada la poca realidad practica de los
mismos, así:

1º.) Llamada por causa común

Según el art. 57 del CPCYM al demandar o al contestar la demanda, cada una de


las partes puede llamar al proceso a un tercero, respecto del cual considere
común la causa o de quien pretenda una garantía. Esta disposición es una copia
también literal del art. 106 del Códice italiano, por lo que para su comprensión
podemos estar a la doctrina formada en torno a este Códice, lo que vamos a
hacer aludiendo a los problemas suscitados:

1) Qué se entiende por “causa común”


Lo que está claro es que no se refiere al litisconsorcio necesario, pues éste tiene
norma propia, como hemos visto, pero ya no está tan claro si esa causa común es
causa anexa, es decir, que entre la relación jurídica que se debate en el proceso
iniciado y las relación jurídica de que es titular el tercero exista algún elemento
identificador que sea común. A partir de aquí, se sabe, la doctrina italiana no ha
resuelto todavía si la conexión lo ha de ser por la causa de pedir o por lo que se
pide.

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2) Qué posición adoptará el interviniente
La mayoría de la doctrina se inclina por creer que el llamado se convertirá en
parte demandada, y que la cosa juzgada se formará también contra él, pero su
opinión contraria era nada menos que Chiovenda y Calamandrei.

3) Quién puede provocar la intervención forzosa


En la norma italiana no se dice en que momento del proceso se puede hacer la
llamada al tercero, mientras que el art. 57 del CPCYM dice que la llamada sólo se
puede hacer: i) por el actor, en la demanda, y ii) Por el demandado, en la
contestación de la demanda. Así las cosas, tiene sentido que el demandado llame
a un tercero a quien considere que le es común, y que no fue demandado, pero no
tiene explicación que el actor en la demanda, por un lado, demande a una persona
y, por otro, llame a un tercero, y no tiene sentido porque en realidad de lo que se
tratará es de que demandará a más de una persona.

Al final de todo este camino de interpretación resulta que la doctrina


guatemalteca que se ha ocupado del tema, no puede poner ni un solo ejemplo de
la llamada al tercero al que la causa es común, lo que evidencia, una vez más que
el copiar artículos de códigos extranjeros no tiene utilidad, sino que, al contrario,
causa complejidades de interpretación y de aplicación.

2º.) Llamada en garantía

Mediante esta llamada o llamamiento, una parte (normalmente el demandado)


provoca la intervención en el proceso de una persona hasta entonces tercero, que
debe garantizar al llamante de los resultados del mismo, La llamada puede ser
formal o simple.

En la llamada formal el tercero está obligado a garantizar al llamante en virtud de


una transmisión onerosa de derechos efectuado con anterioridad; según el art.
1543 del Código Civil el enajenante está sujeto al saneamiento por evicción en
todo contrato oneroso en que se transmite la propiedad, la posesión, el uso, goce
o disfrute de una cosa (puede verse también el art. 1109 y el saneamiento por
evicción entre coherederos).

En la llamada simple la obligación de garantizar procede de un vínculo de


coobligación que da lugar, entre los obligados, a pretensiones de regreso total o
parcial, después de satisfacer al acreedor común, como ocurre en los arts. 1358
(obligaciones solidarias), 2114, 2115 (fiador) y 2116 (cofiadores) del Código Civil.

En cualquier caso, debe tenerse en cuenta que, en realidad, concurren aquí dos
figuras, y que puede producirse:

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a) Una simple denuncia del litigio, en la que el demandado se limita a
poner en conocimiento del tercero la existencia del proceso, para que éste,
si lo considera conveniente, intervenga en el proceso de modo adhesivo, es
decir, ayudándolo contra el adversario. Lo fundamental en esta denuncia es
que el tercero llamado no puede ser condenado en la sentencia, con lo que
el efecto de la llamada se limita a que el tercero no podrá después
desconocer la cosa juzgada que se forme. Esto es lo que ocurre, por
ejemplo, en los derechos alemán y español.
b) Una verdadera llamada en garantía, en la que llega a proponerse una
verdadera pretensión contra el tercero garante, y consecuencias de ello
que es el tercero llamado puede convertirse en parte principal, incluso con
exclusión inicial del demandado, y llegar a ser condenado en la sentencia.
Esto sucede en los derechos italiano y guatemalteco.
En caso más claro es el del art. 1550 del Código Civil en el saneamiento por
evicción: promovido juicio contra el adquirente en los casos en que se haya
lugar al saneamiento, debe el demandado hacer citar al enajenante en la forma
establecida en el CPCYM para el emplazamiento de terceros, esto es, con
remisión a los art. 553 y 554 del CPCYM. De este conjunto normativo resulta
que:

1) El adquirente demandado al contestar la demanda llamará al proceso


al enajenante (art. 57 del CPCYM), lo que supone que se aplicará el art. 553,
con la audiencia del emplazado por veinticuatro horas y la posibilidad o no
de controversia que se resolverá, en su caso, como incidente.
2) Si el enajenante se apersona en el proceso pueden surgir dos
posibilidades:
a) Que quiera tomar la defensa (art. 1551 del Código Civil) o asumir la
responsabilidad del proceso (art. 553, párrafo 2º. Del CPCYM), en cuyo caso
se convierte en parte principal, siendo entonces posible que el proceso se
siga sólo contra él, aunque el adquirente podrá intervenir como parte para
la conservación de sus derechos, y b) Que se limite a apersonarse, caso en
el que será considerado coadyuvante de la parte demandada, que es la
adquirente de la cosa de cuyo saneamiento se trata.
3) Aunque el enajenante tercero llamado no conteste en el plazo de una
audiencia, podrá intervenir después en el proceso en cualquier estado en
que se encuentre, siempre antes de sentencia ejecutoriada, aceptando el
proceso en la situación en que esté y sin poder pretender ni que se
interrumpa ni que retroceda (art. 554, párrafo 1º., del CPCYM).
4) El tercero emplazado puede, a su vez, pedir que se emplace a otros
coobligados, si los hubiere, siempre que lo haga dentro del plazo de una

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audiencia, caso en el que se procederá a emplazar a estos coobligados (art.
554, párrafo 2º. del CPCYM) (un supuesto de esto puede verse en el art.
1111 del Código Civil, en la evicción entre coherederos).
5) Hecho el emplazamiento legal, el tercero queda vinculado a la
decisión final del mundo, pudiendo ejecutarse en su contra la sentencia
que se dicte (art. 58 del CPCYM).
De esta regulación, que hemos resumido dada la poca trascendencia práctica del
tema, resulta claramente que en el Derecho guatemalteco se ha regulado una
verdadera llamada en garantía, pues el tercero llamado queda vinculado por la
sentencia que se dicte. 3º.) Nominatio auctoris

Se trata aquí de que alguien que detenta una cosa como poseedor inmediato, es
demandado por el que afirma ser su dueño, ejercitando una actio in rem o in rem
scripta; el poseedor inmediato afirma poseer en nombre de otro, que es el
poseedor mediato. Lo aconsejable en esta situación es que el demandado ponga
en conocimiento del verdadero poseedor la perturbación que sufre en la
posesión, para que éste lo defienda y se defienda. Esta llamada se conoce
también en la doctrina como “llamada al poseedor mediato”.

Cabe aquí poner el ejemplo del art. 734 del Código Civil. Si los derechos del
propietario son perturbados por un tercero, el usufructuario está obligado a
ponerlo en conocimiento de aquél (y lo mismo ocurre en el art. 1911, para es
arrendatario). Esta perturbación puede ser un proceso y la puesta en
conocimiento una nominatio auctoris (designación del verdadero titular). El
propietario, si interviene, se convertirá en parte de un proceso único.

4º.) Llamada al tercero pretendiente

Puede ocurrir que una persona reconozca su condición de obligado en una


relación jurídico material, pero desconozca quien es el titular del derecho
subjetivo, y partiendo de esta situación pueden presentarse dos posibilidades
procesales:

1) Que ese sujeto pasivo haya sido demandado ya en dos o más


procesos por otras tantas personas que afirman su titularidad del derecho
subjetivo; la solución aquí radica en que el demandado en varios procesos
pida la acumulación de los mismos, y luego utilizando el art. 1409, 4º, del
Código Civil consigue el importe de la deuda, con lo que estaríamos ante
un litigio entre pretendientes.
2) Que ese sujeto pasivo haya sido demandado ya en un proceso por
uno solo de los pretendientes, y entonces puede llamar al procedimiento a

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los otros pretendientes, los cuales si intervienen darán lugar a una
intervención principal.

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