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Cue Tla Juchi Tlan

Sitio arqueologico con presencia Olmeca

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Cuetlajuchitlan Jorge Arturo Talavera Gonzdlez,* Juan Martin Rojas Chdvez** construccién de la autopista Cuernavaca-Aca- Le permitié el descubrimiento de un importante sitio arqueoligico que da nuevas luces para com- render la arqueologia del Formativo en el noreste de Guerrero: Cuetlajuchitlan. Aunque sabemos poco acerca de su origen, durante las exploraciones se obtuvieron evi- dencias de su dasarrollo y abandono. Sus antiguos mora- dores no pudieron detener su caida; ahora, gracias a las ‘écnicas modemas, pudo construirse, 50 m por dabajo del asentamiento, un tinel tnico en al mundo donde se con- jugan el pasado y el presente, para rescatarlo del olvido. Este trabajo es un avance; estamos por terminar el ang lisis de los materiales dado que se han presentaco diver- sos trabejos (Talavera, 1991; Manzanilla y Talavera, 1993) donde se muestra cémo se ha tratado de ubicar este sitio dentro de la dinémica de las culturas formativas del Alti- plano, en este escrito trataremos de dar una explicacion de o6mo se formé esta cultura, su hegemonia regional, ccontactos con otras culturas del mismo horizonte, ademas de una posible explicacién de su caida, presentando la ‘ordenacién e interpretacién de la informacién obtenida de los recorridos de superficie, excavacién y andlisis de los ‘materiales arqueoldgicos recuperados con base en la teorla antropolégica denominada materialismo cultural, propuesta por Harris (1982), El paisaje En al km 181 de la autopista Cuemavace-Acapuloo, cer- cca del poblado de Paso Morelos, en el Municipio de Huit- 2uo0, Guerrero (fig. 1) 5 desarrollé entre 600 a.C. y 300 * Direccién de Antropologla Fisica, NAM. * Escuela Nacionel de Antropologla @ Historia de nuestra erat la Cultura de los Cilindros, bautizada asf porque ahi se fabricaron clentos de cilindros de roca vols cénice de color rosa. Cuetajuchitian se ubica sobre una foma de roca caliza, con un paisaje de selva baja caduci- {olia, caracterizada por érboles de poca altura como el te- ppehaja, al huizache, el huaje y el querenda entre otros dominada por un cima odlido subhimedo. La toponimia de este lugar viene del néhuat! y de acuer- do con los linguistas, tiene tres posibles significados: ol primero de ellos serfa el de cuatla-cuero; xochitior y locativo de lugar tan, “lugar de flores de cuero", otro seria el de “lugar de flores rojas” y finalmente el de “lugar de flores marchitas” (Alfrado Ramirez, comunicacién person- a); esta iltima acepcién resume posticamente los acon- tecimientos sucedidos en esta zona durante el Formative superior. Estrategia de investigacién ‘Segin Harris, la estratagia de investigacién materialista cultural divide para estudiar las sociedades en tres gran- des componentes: infrasstructura, estructura y superas- ‘ructura. La infraestructura se divide a su vez en dos ru- bros: en primer término, las culturas deben hacer frente a Jos problemas de produccién, por lo cual se puede definir ‘un mode de produccién; en segundo lugar, deben hacer frente al problema de la reproduccién, evitando incremen~ tos y decrementos que pusdan destruir los etactivos de~ mogréficos, por lo que existe un modo de reproduccién, La estructura presupone la presencia de un conjunto de relaciones conductuales seguras y ordenadas antre 1 Fechamiontos por C14, muestras nim. 1260, 1266, 1267, 1268 Laboratorio de Fachamianto de la SSA del nad, a7 11-121993, ‘to aueligce SSamea Figura 1. Localizacién del sito, sus grupos constitutivos y con otras sociedades. Es aqui donde radica el foco de organizacién de los procesos eco- ‘némicos que distribuyen el trabajo y sus productos ma- teriales entre individuos y grupos; se puede hablar de ‘economia doméstica y economia polltca Finalmente, dada la importancia de los actos lingOist- cos y la preponderancia de los procesos simbslicos para la psique, se puede inferir el comportamianto, cuyos re- sultados son productos y servicios recreativos, deportives ¥ attisticos, denominados superestructura (Harris, 1982: 67-68). Al clasificar desde este punto de vista una socie~ dad, las tres catagories se relacionan de una forma cau- sal probebilistica. Es as{ que ordenamos la evidencia obtenida en astos| grandes rubros y sus divisiones. Para poder conactar es- ‘os supuestos tacricos con la evidencia emplrica, retoma~ ‘mos con modificaciones los indicadores propuestes por Clark y Blake (1989 y 1994). ARQUEOLOGIA ‘TALAVERA GONZALEZ /ROJAS CHAVEZ, Infraestructura. Consideraciones paleoambientales Xelhuentzi propone un modelo cimético para ol Cuater- nario en México en una revisién que hace de los estudios ppolinicos realizados en varias partes de la Repiblica, No- ta que existe un corto periodo de sequedad, entre 2000 y 1000 a.C., seguido de un periodo humedo de 1000 a.C. hasta la actualidad, cuando se observa una tendencia a condiciones secas (Xelhuantzi, 1989: 25). Por otra parte, Brown, segtin los registros de polen obte- nidos de noleos marinos, establece un periodo de aridez de 2000 a 1800 a.C., seguido por un periodo de humedad de 700 a 100 a.C. permaneciendo asf hasta la actualidad; ‘6 interpreta como un periodo de relativa aridez. El regis- {ro arqueolégico de polen presenta un desorden en la ve~ getacisn asociado a la actividad agricola dal Preclasico (Brown, 1987: 5). Gonzalez recupers dos nuicleos de los sedimentos de a Laguna de Tetitlén, en fa costa de Guerrero, para andli- sis polfnico, pudiendo establecer que para 2000 a 1500 .C. comienza un periodo donde la precipitacién disminu- ye; esta etapa es célida-seca (Gonzélez, 1960: 144). ‘Segiin vernos, de lo que se desprende de los estucios, hay, en general, un periodo de sequedad. ‘A nival focal en 6! &rea de Cuetlajuchitian existen evi- dencias de lo que fue un pequefio lago estacional, donde actualmente en tiempos de lluvias atin se satura de agua €l suslo, ademés de contener gran cantidad de materia or {génica; no sabemos si fue ulilizado como fuente de aba tecimianto de agua para irrigacién; slo contamos con los datos obtenidos de muestras de tierra colectada dentro de los drenajas, que indican vegetacién de quenopodié- c2as (Carlos Alvarez, comunicacién personal), que indica tuna fuerte alteracién de Ja vegetacién por précticas de agriculture intensiva, ‘Como hemos visto, al final del Formativo, en otras éreas ‘como Acapulco y la Cuenca de México, se registra un ppaulatino petiodo de sequedad climdtica, lo que junto con |a intensificacién agricola en la regién, que seguramente ‘modificé considerablemente la cubierta vegetal, causé tuna baja notable en la productividad de las cosechas. Tecnologia Uno de los materiales racuperados en el proceso de ex- ploracién es la cerdmica. Sabemos que la mayor parte es de manufactura local, as{ como su arcilla, por haberse ‘encontrado moldes y alisadores para su elaboracién (ig. CUBTLAJUCHITLAN ARQUEOLOGIA Figura 2. Herramientas para manutacturar cerémica. 2), Por su funcién genérica, éste se dividié en dos gran- des grupos: utiitaria y suntuaria. Dentro del primero, se tienen tres vajillas, conformadas por grandes ollas para ol almacenamiento de granos y liquidos, ollas medianas, cazuelas, platos y cucharones, que servian para la pre- aracién y contencién de alimentos. Un dato importante es la presencia de comales para este periodo, ya que aparecen hasta el Ciésico en otras regiones. En lo que se refiere a las cerémicas suntuarias, se cuen- ta con cuatro vaiilas, que pueden ser subdivididas en dos sos, uno de ellos para contener ofrendas funerarias, Calvario pulido (fig. 3), siendo sus formas las de escudi- llas de base anular, cajetes arrifonados, ollas y vesijas miniatura. La otra se empleaba para reparti y consumir alimentos en fiestas redistributivas, siendo ésta el tipo ‘Cuotia naranja, que es una cerémica con un buen acaba- do, decoracién pintada a base de triéngulos y una banda de color rojo en el borde, de forma y tamafio estandariza~ dos, principalmente escudillas de silueta compuesta y platos con tres grandes soportes huecos (fig. 4). En menor proporcién, se encuentran cerémicas foré- rneas, cuya presencia en Custlajuchitlan nos indica un in- tercambio con diversas éreas; entre éstas se cuenta con la denominada Bianco granular, que es de amplia dis- tribucién en los limites de Morelos y Guerrero, asf como algunos tiastos da cerémica gris de la region Oaxaca- Puebla, entre otras. Otros materiales de importancia cultural son los Iticos. En cuanto a la Itica tallada, predomina la técnica de né- dulo astilado, que consiste en desprender simples lascas de un ndicleo sin preparacién previa, aprovechéndose las materias primas locales como el silex; ésta era la Unica forma de produccién de lascas y léminas para la manu- factura de herramientas; las navajas prisméticas y las Figura 3. Cerdmica tipo Calvario pulido. Figura 4. Formas del tipo Cuetla naranja, 111241993 111241993, ARQUEOLOGIA TALAVERA GONZALEZ /ROJAS CHAVEZ, Figura 5. Secuencia de produccién de cuentas de roca Figura 6. Herramientas para actividades de canteria y alba- verde. fileria. Figura 7. Herramientas de carpinterfa. Figura 8. Herramientas para trabajar la piel (CUETLAJUCHITLAN ARQUEOLOGIA 111241993 Figura 9. Escutturas portétles tivo Mezcala, macronavajas de obsidian llegaban al sitio terminadas, ya que no se encontré evidencia de su elaboracién. La mayor'a de las herramientas de obsidiana se utilizaron en talleres especializados, y en menor proporcién se en- cuentran en las éreas aledafias, cuyo fn principal era pro~ ducir puntas de proyectl y herramientas de corte y raido. El grupo mayoritario es la gris de Otumba y quizés de Zi- napécuaro, Michoacdn; la verde de Sierra de las Navajas 0 encuentra en poca proporcién. De la Itica pulida, destaca el hallazgo de un taller de manutactura de cuentas de serpentina, donde esté pre~ sente todo el proceso de manufactura, desde pequefios trozos de materia prima hasta cuentas pulidas y algunas bruftides (fig. 5). ‘Asimismo, dentro de un espacio delimitado por un patio, junto a dos tinas, se encontraron ciindros, bioques termina- dos y no terminados, gran cantidad de polvo de color rosa, ‘rozos amorfos, fragmentos sin trabejar y herramientas da forma circular y cinceles de serpentina que se emplearon fn la manufactura de estos bloques y clindros (fig. 6). Figura 10. Herramientas empleadas on /a agricutura y la caza Un tercer grupo esté conformado por hachas, gubias, cinceles y cufias, que en su mayoria se encuentran com- pletas, formando conjuntos en “lugares de ocultamiento” rotas en el complejo 9 (fig. 7), donde ademas se local zaton raspadores y alisadores para piel, as{ como vasiias salineras (fig. 8), por lo que suponemos que aqui se ma~ ufacturaban muebles, vigas y postes. Esta idea se basa ademds en la representacién de muebles en arcilla para otras areas de Mesoamérica. Se recupers un conjunto de esculturas portatiles, que representan un estilo nuevo dentro del corpus escultérico mesoamericano; para defini, nos basamos ademés en otras representaciones pidsticas, tales como figurillas, vasijas efigie y soportes antropomorfos. También, en ma- nor proporcién, existen algunas que se pueden relacionar con el estilo Mezcala (fig. 9). Existe otro conjunto de elementos Iiticos en cuya ma- rnufactura se soleccionaron rocas cuya naturaleza presenta formas predeterminades, donde la superticie de trabajo se formé por el uso constante: dentro de elas se encuentran 51 11-12°1993 Percutores, yunques, brufidores, pulidores para ceréimica y pledra, alisadores y aplicadores para estuco, Pautas de subsistencia La produccién de alimentos se besaba en la agriculture intensiva de temporal, empleando azadas da sorpentina, que se han encontrado asociadas dentro de casas en las Zonas aladafias; este sistema de trabajo agricola requiere de una gran cantidad de fuerza de trabajo, por lo que la poblacién camipesina tiende a crecer. Los cultivos eran principaimente matz, frjol y chile, segn nos indican fos restos de estas plantas recuperados sobre los pisos de lunidades habitacionales, asf como evidencias de queno- podidceas y amarantécees dentro de los canales de de- agi, lo que indica un periods intenso de actividad agri- cola, recolecténdose ademés tomate silvestre (Carlos Avarez, comunicacién persona). La caza se encontraba considerablemente mermada pa- ra este periodo, ya qua probablemante sélo se consumia carne en as fiestas recistributivas, principalmente de ve- nado, iebre y en menor proporcién jabalt, asf como aves Pequerias; suponamos lo anterior por los escasos restos tecuperados que se encontraron en basureros, rellenos y ocasionalmente en las habitaciones de la élte (fg. 10). También se consumia la care de animales domestica- dos como el perro y el guajolote. La pesca no era propia de esta cultura, y los escasos restos de peces y conchas comestibles vienen de la de- presi6n central dal Balsas y, al igual que la carne, s6lo se consumian ocasionalmente. Modo de reproduccién De los 18 entierros humanos recuperados en Custiaju- chitlan, la mayorfa fueron ofrendados a las estructuras, dos de ellos contenides en el interior de cajates y entre intersecciones de muros. Destaca dentro de este grupo ol ‘entierro 6, conformado por partes de huesos largos y fragmentos de crdneo de dos individuos adultos, uno del '3@x0 femenino, otro masculino, y uno infantil; acompafian- do estos restos, sa localizé un collar de dientes humanos, un collar de caracoles y brazaletes del mismo material, un pectoral de concha, nueve aros y tres punzones de hueso de venado, asf como nueve navajas prisméticas de obs'- diana gris. Todo esto se encontré como ofrenda al recinto ‘ceremonial; 10s artetactos en cuestién pudieron jugar un papel importante en los cullos al agua y a la renovacién ARQUEOLOGIA ‘TALAVERA GONZALEZ /ROJAS CHAVEZ, Figura 11. Entierro maitiple. del ciclo agricola; posiblements, las navalas y punzones sirvieron para el autosacrificio, elementos terrestres; los ‘objetos de concha tienen una clara alusién al elemento ‘agua; el collar de dientes humanos pudo haber sido un elemento de legitimacién del poder del jefe sobre sus se- ‘uidores; en cuanto a los rastos ésaos, presumimos que 80 trata de antepasados de la éiia, los cuales estén mas cerca de los dioses para interceder en las peticiones de los mortales. Por su ubicacién, esta ofrenda quizds fue un intento de recuperar el poder, ya que corresponde al pe- ‘iodo final del asentamiento, cuando se abandoné y se cubrié con relleno la zona olvico-ceremonial (Talavera, Salas, Gonzalez y Rojas, en prensa). Otros entierros corresponden a secundarios y final- mente a primarios; do ellos dastacan los que presentan ofrondas que hacen clara alusién a la actividad que desempefiaron en vida; tal 8s el caso de los entierros 9 y 17 del compiejo 8, que se dedicaba a fa manufactura de objetos de madera ya la construccién Cabs destacar que en un entierro miltiple, compuesto Por los esqusletos flexionados de un adulto femenino, que ‘entre los dientes tenfa.una cuenta de piedra verde, y un infante, cuya ofrenda era un perro y un par de vasijas, tenemos uno de los primeros ejemplos de un ritual que se desarroll6 posteriormente en el Posclésico, segin las fuentes histéricas, donde el perro ayudaba a cruzar al mas alld a los muertos, asf como el colocar un chalchihuitl dentro de la boca (fig. 11). Para un rea de excavacién de tales dimensiones, la (CUETLAJUCHITLAN Figura 12. E aitimo gran hombre de Cuetlajuchitian. Vasija efigie Calvario pulido. ccantidad de entierros que no son olrenda (8), y que se ub can debajo de pisos de unidades habitacionales, indica que, para el momento de mayor auge, el emplazamiento ss6lo era habitado por unos cuantos miembros de la élite, ‘as{ como por artesanos especializados en la manufactura de mercancias, que entraban en las expediciones de in- tercambio. Si los comparamos con los explorados en las zonas aledafias al sitio, ubicadas a dos kilémetros al norte, fa exploracién de unidades habitacionales da bajo rango Permitié recuperar, en dos cuartos cuyas dimensiones no rebasan los 4 por 4 m, cuatro entierros, uno de ellos se~ cundario, conteniendo més de un individuo; tal concen- tracién indica que el grueso de la poblaciGn estaba haci- nada en pequefias chozas en las partes altas de las lomas, pot lo que inferimos que las zonas bajas se em- pleaban como campos de cultivo, debido a que ahi se ‘concentra la humedad durante la temporada do lluvias; en ellas no se encuentran vestigios arqueolégicos de ‘ocupacién, ARQUEOLOGIA Dado el estado de las investigaciones, atin no pode- mos dar estimaciones en cuanto al niimero de habitantes. En el andlisis de los restos ése0s humanos enoontra- mos indices de estrés, que indican un periodo prolongado de desnutrcién y una dita basada principalmente en car- bohidratos, presenténdose conjuntamente en la mayorfa do los individuos hipoplasia del esmalte, caries, ademés de marcas de detencién del crecimiento. Siguiendo la interpretacién de Cohen (1987: 271-271), suponemos ‘que existe una agticultura de temporal en donde las co- sechas dependen de las lluvias y e] ciclo de barbecho, ue a la larga, debido a la disminucién de la precipitacién, causa pérdidas de las cosechas; por tanto, se dan perio- dos de hambruna ciclica, cayando los niveles de vida de la pobiaci6n. Las précticas mortuorias son otro indicador de la relati- 'va igualdad del sistema poltico; al comparar las formas de ‘enterramiento y las ofrendas entre Cuetiajuchitlan y las reas rurales, vernos que en ambas se construyen pe- quefias y rudimentarias tumbas fabricadas con caliza re- ccortada; la cerémica funeraria es similar (Calvario pulido), ademas de contener cuentas de serpentina, Economia politica ‘Segiin los datos obtenidos, podemos suponer que esta so- ciedad estaba organizada bajo el sistema politico conocido ‘como jefatura de redistribucién simétrica, donde un gran hombre organiza la produccién, la distribucién y el inter- ‘cambio de alimentos y mercancias (Haris, 1982) (fig. 12). Patrén de asentamiento Los recorridos, de superficie y las excavaciones nos per- rmitieron conocer la organizacién espacial de los asenta- mientos de la Cultura de los Clindros; ésta se centra en toro a sitios con arquitectura cfvico-religiosa, con case- ‘fos dependientes que se ubican sobre cerros, ya que las Partes bajas son aprovechadas para la agricultura de ‘temporal. Los asentamientos principales tienen una traza ‘compleja, con base en el sistema arquitact6nico ceja-blo- que-cilindros, asf como en patios hundidos delimitados ppor cuartos; en la mayorla de estos cuadretes se ubican tallores de actividades especializadas, por lo que se pien- ‘sa quo la élite controlaba la produccién y distribucion de ‘mercancias a nivel local y a largas distancias; no existe gran diferencia en los materiales de construccién entre las Areas rurales y de las jefaturas, s6lo la hay en tamaho y, Figura 13. Zona arqueolégica de Custlajuchitian. fen ocasiones, en materiales constructivos, dado que ak ‘gunas son de calizas recortadas, pero también incluyen cilindros y bloques de cantera rosa; ademas de cubrir sus pisos con estuco, poseen complejos sistemas de drenaje y nivelacién del terreno. En el caso de Cuettajuchitian, ol érea de construccio- ines y dispersién de materialas abarca 35 hectéreas apro- ximadamenta; actualmente se encuentran exploradas dos de ollas, dejando al descubierto un asentamiento con avi- dencias de traza urbana sobre la cima de un cerro, desde ‘donde se dominan dos valles; para adaptarse a esta si- tuacién topografica, los pobladores desarrallaron una ar- ‘quitectura Unica en su género, cuya construccién esté con- formada por muros a base de bloques y cilindros de cantera rosa, siendo esto sul generis para una época tan temprana ‘Su hegemonia regional se extendié a 300 km a la re- onda, desde el rio Amacuzac en Morelos hasta af Bal- abarcando sitios importantes como Chimalacatlan, la Mesa de los Huaxocotes, Zaouantia, Tuliman y Teteltipe, entre otros, encontréndose en ellos ARQUEOLOGIA ‘TALAVERA GONZALEZ /ROJAS CHAVEZ, Un sistema arquitecténico a base de bloques, cilindros de ceantera rosa y una caja, ademas de cerémica similar, por ‘ello hemos bautizado a este grupo humano prehispénico, para diferenciarto de otros de la misma época y de perio- dos posteriores, que también manutacturan cilindros pero con otra materia prima, como Cultura de los Cilindros. De dos ejes transversales orientados a los rumbos car- dinales, se desprenden pasillos paralelos a manera de calles, que delimitan nuave complejos arquitacténicos (fig. 13), compuestos por conjuntos habitacionales carra- dos, tallates, éreas civico-religiosas de planta rectangular ¥y patios hundidos con escalinatas o banquatas en sus cuatro lados; ademas se presentan pasillos enilajados de pizarra, asf como el acabado de pisos con estuco 0 con polvo compactado de cantara rosa, y un complicado sis- tema de desagies y drenajes. Un elemento importante en este sistema arquitecténico s la existencia de una “ooja”, que sirve para repartr el pe~ 80 de los muros, ya que éstos carecian de cimentacién, cumpliendo una tarea mecénico-funcional, ademas de decorativa (lig 14). CUETLAJUCHITLAN _ARQUEOLOGIA 111291993, Figura 15. Recinto ceremonial. 11-1281993 ARQUEOLOGIA ‘TALAVERA GONZALEZ / ROJAS CHAVEZ. Figura 16. Herramienta y placas de serpentina Es importante sefialar que los complejos arquitecténi- 60s son similares a los barrios teotihuacanos, ya que son cuatro estructuras, donde se levantan cuartos con un patio hundido, en el que se realizan varias actividades es- Pecializades, entre ellas el trabajo de piedra verde, la car- pinteria, la albafilerfa, ete.; es decir, ol sitio asté organi- zado de acuerdo a sectores econdmicos, areas de produccién y habitacién. 1) Complejo 1. Recinto ceremonial: 6s de forma rectan- Qular en planta, de 28 por 18 m, construido con grandes bloques de cantera, en cuyo interior se localizaron dos grandes finas monoliticas, talladas en un solo bloque de cantera, cuya particularidad més importante estriba en que ambas presentan en su extremo oeste un asiento, ademés de encontrarse en ol dacorado exterior el disefio de la c8ja, propia del sistema constructivo del lugar. Se encuentran orientadas al este y muy probablement eran utilzadas en algiin culto al agua. En ambos extromos del recinto se encuentra un complejo sistema de desagie. El recinto es cerrado y alslado por gruesos muros, siendo el ‘acceso por dos pasillos exteriores que presentan un re~ ‘cubrimiento de lajas de pizarra a manera de piso; por ello pensamos que las ceremonias que se efactuaban en este lugar eran tan importantes que estaban reservadas a los miembros de la éite (fig. 18). 2) Complejo 2. Taller de cantera: adyacente al racinto ‘ceremonial en su extremo sureste se localiz6 un espacio s- milar de dimensiones més pequefias, con otras dos tinas, ‘que presenta un Area de actividad relacionada con la tala y el careado de los paralelepipedos y cilindros de toba Usados en las construcciones, Hacia la parte norte del pa- tio hundido se ubican dos pequefios cuartos separados Por un pasill; se encontraron lajas y bloques de toba apila- dos sin terminar, fragmentos de cinceles de serpentina y rocas abrasivas, lo que nos ha permitido interpretar a es- te complejo como un taller. Al exiremo oeste, accediendo Por una escalinata, se llega a una plataforma con cuartos, donde se recuperaron algunos fragmentos de cerémica doméstica, lo que permite suponer que los artesanos vie vlan y trabajaban en ef mismo espacio arquitecténico. 3) Complejos 3, 4 y 5. En las laderas norte y sur del ce- 170 vivian comunidades aldeanas de bajo rango durante el periodo final de Cuetlajuchilan; se cistibuyeron adosando ‘uartos a las plataformas, todos ellos construidos con cali- zas recortadas, tragmentos da pizarras y reutilizaron la ‘cantera de color rosa; por el material encontrado, caramica doméstica @ instrumentos de molienda, asf como de corte y raldo, suponemos que para este periodo sélo se reali- aban actividades de preparacién de alimentos y vivienda 4) Patio 2. Se localiza al norte del recinto ceremonial ‘consta de un patio hundido con un pequefo templete de piadra careada, en cuyo centro se encuentra un bloque de cantera a manera de altar; el cuarto se halla rodeado ppor cinco cuartos, electudndose probablemente on este lugar reuniones civicas de la élite. '5) Complejo 7. Taller de lapidaria; hacia la parte central del sitio y del eje de trazo de la carretera, se detect un taller de elementos Iticos pulidos, parcialmente destruido por las obras de la carretera, encontréndose en él un es- condite compuesto por un centenar de rocas de piodra verde; al analizarlas, se pudo reconstruir el proceso de produccisn de cuentas de piedra verde y placas del mis- mo material (fig. 16); el taller se encontraba conformado or un patio central rodeado de las habitaciones de los artesanos, siendo en este patio donde se llevaba a cabo la produccién de estas mercancfas. 6) Complejo 8. Habitaciones de la élite: el complejo co ubica al caste del recinto ceremonial, y consta de una se- rie de habitaciones con pisos estucados a diferentes nive- los; on una do las habitaciones se localizaron cuatro co- lumnas de cantera, para sostener la tachumbre de las ediicaciones, siendo ésta una de las primeras evidencias CUETLAJUCHITLAN ARQUEOLOGIA 11-1281993, Figura 17. Habitaciones de la élite. de columnas en la arqueologia del estado de Guerrero, En otro de los cuartos se encontré una ofrenda de 50 va~ sijas; algunas de ellas son del tipo efigie y podrian repre- sentar a personajes de la élite (fig. 17). Figura 18. Complejo 9. Taller de carpinteria 7) Complejo 9. Taller de carpinteria: hacia el oeste, ‘unos 200 m fuera de la zona explorada, se localiza un ‘complejo habitacional que se ha relacionado oon la ela~ boracién de objetos de madera y el curtido de picles. Es tna de las edificaciones mejor conservadas y consta de tna estructura principal, en la que se insinda un basa~ mento piramidal con un patio central, donde se llevan a ‘cabo las actividades artesanales. Al extremo norte del pa- tio se localiza una plataforma con una serie de cuartos en sus extremos, dos cisternas y un canal de captacién de agua (fig. 18). Dentro del sistema arquitecténico, se encuentran pre- sentes tres etapas o momentos constructivos, que abar- can un periodo aproximado de 500 anos. La primera etapa es a base de rocas calizas recorta- das; a conforman plataformas de nivelacion, as{ como al- ‘gunos cimientos, una cista y un entierto. Podemos suponer Que para esta época, Preclasico medio, que fechamos gracias a la presancia de dos figurilas del tipo D2, dada la escasa presencia de vestigios arqueolégicos dentro de la superticie excavada, el sitio era una pequena aldea 11.121993 _ ARQUEOLOGIA ‘TALAVERA GONZALEZ. / ROJAS CHAVEZ, SIMBOLOGIA [ET )custabetton (BE) ecto [BS Jenonento (ERD) cone Raed (9) emo [BH noscote 1 [EB anoere Figura 19. Distnbucién de sitios de! periode Formativo en el érea de Paso Morelos. dependiente de un asentamiento més grande: El Frijlar, ubicado tres kilémetros al noroeste (tig. 19) E! Frijolar es un asentamiento clvico-religioso, construi- do en su totalidad con roca caliza recortada, cuya exten- sién aproximada es de 300 m de esta a oaste por 200 m de norte a sur, ubicado sobre la cima de una loma eleva- da conocida como Los Frijolares, en donde se detectaron dos grandes terrazas de nivelacién (fig. 20) En la parte plana del terreno, se distinguieron tras mon- tfculos y un posible juego de pelota, en toro a una plaza de aproximadamente 60 por 50 m, asf como siete tumbas de arco falso dispersas en los alrededores, ‘A través de pozos de saqueo, fue posible observar que {as estructuras son de tierra recubierta con lajas y piedras de roca caliza; los bloques son de forma irregular, sin ca~ rear, pegados con lodo y rejoneados con tisstos y peque- ‘has placas de pizarra (materiales propios de la ragién). Con relacién a las siete tumbas de arco tal 4stas se encontraron complelamente saqueadas y par- cialmente destruidas (con excepcién de la Tumba 2); dos ‘més al parecer estén intactas, ‘Sus dimensiones en promedio (obtenidas con base en las tumbas saqueadas) son de 9 m de largo por 2 m de ancho y 1.30 m de altura; las paredes no presentan 0 no conservan revoque 0 aplanado; el piso en cambio tiene restos de estuco. La forma de su techumbre es la llama~ da de arco falso; en su base mide 2 a 2.50 m y en la ps te alta de 0.75 a 1 m; los materiales de construccién son lajas de roca caliza superpuestas en forma salediza unas de otras, hasta formar un pequefio espacio donde una laja, a manera de coronamiento, remata el techo. ‘Los materiales colactados en superficie, en los pozos de saqueo y en las excavaciones de sondeo practicadas ‘en este sitio, nos permitieron fecharlo entre el Praclésico CUETLAJUCHITLAN ARQUEOLOGIA 111291993, a a Trea! nba? Figura 20. Croquis del sitio B-13 El Frjolar. medio por la presencia de los tipos Tetipan blanco, Na- ranja pulido y Guamichil negro pulido (Henderson, 1979: 191-196, 226-228 y 234-235) (lig. 21), fechados por hi- ratacién de obsidiana en el sitio de Atopula entre 1400- 1140 a. C. (op. cit: 209 y tabla 3). Existen algunos restos dispersos del Formativo superior (por los tipos Blanco granular, Cuetla naranja). La segunda etapa constructiva se caracteriza por un Intenso period constructive, con un empleo masivo de Cantera tallada, que nos refleja el auge de Cuettajuchitian alrededor de 100 a.C. En este momento existe a nivel regional una jerarqula de asentamientos, en donde Custiajuchitlan se extiende en las lomas mas altas y am- Tetipan Blanco plias; as{ los cuadrantes artesanales se reparten en un érea de aproximadamente 5 hactdreas (El Teciatia); el resto de los asentamientos son caserios de planta rectan- ‘gular con cuartos de pequefias dimensiones, con muros ‘construidos de calizas recortadas, pizarras y en algunos casos cllindros; se aprovacha la topogratia dal terreno, uilizando grandes mutos y contratuertes, asi como desa- ‘les (Rescate 1, Ranchito, Los Naranjos) y en algunos ‘casos se construyen pequefias tumbas (var fig. 19) El teroer y dltimo momento constructive se encuentra presente a través de una serie de ampliaciones y modif- caciones, donde se reutllzaron materiales de los periodos anteriores; se da una combinacién de calizas y cantera adosadas a las estructuras principales, marcando este he- cho la decadencia y el abandono paulatino de Cuettaju- chitlan para el afio 300 de nuestra era = — ee) é Guamdchil N li Distribucién y consumo de mercancias pape eng Bee ST em Vemos que las mercancias producidas en Cuetlajuchitlan a nivel local, y algunas obtenidas por el intercambio a larga ‘Figura 21. Cerdmica def Prectasico medio. Sitio EI Frijlar. 11121993, ARQUEOLOGIA ‘TALAVERA GONZALEZ / ROJAS CHAVEZ, distancia, se distribuyen uniformemente, encontréndose ee [os sitios rurales presencia de navajas prismaticas, ci- lindros y bloques de cantera rosa, cuentas de serpentina, herramientas reutiizadas como yunques, cardmica fun ‘aia y cerémica suntuaria, Estos productos, suponemos, eran repartides en fiestas redistributivas periédicas de manera igualitaria o simé- trica, lo cual aumentaba el poder politico del lider de fatura de Cuetajuchitian (para una discusién sobra este proceso politico y sus indicadores arqueol gién de Mazatan, Chiapas, vid. Clark y Blak 1994), quien tenfa el control de los rituales propiciatorios de luvia, elemento vital para la agricultura; en estos ritos ‘empleaba algunas mercancias que sélo se encuentran en reas de culto en Cuetlajuchitian (fig. 22); con ello mante~ nila contantos @ sus seguidores, quienes producian ali- mentos y proporcionaban fuerza de trabajo para las t reas de construccién, ‘Ain no poseamos datos que nos permitan saber con certeza con quién intercambiaban sus productos, pero se tione informacién sobre qué productos legen de otras re- siones, como es el caso de la depresién central del Balsas, ‘quizas Michoacén y la Cuenca de México (Paradis, 1980). Epflogo: la extincién de una cultura CCuetlajuchitian fue una cultura que tuvo un desarrollo lo- cal en una parte del terrtorio del noreste de Guerrero, in- tegrada a la dinémica de las culturas del Altiplano mesoa- mericano, a través del intercambio de mercancias e larga distancia, por lo que tenia contacto con zonas tan dis- tantes como la Cuenca de México, el valle de Morelos, la depresién del rfo Balsas, la costa del Pacifico y tal vez Mix choacén, ‘Sabemos que el asentamiento comienza en el Forma- tivo medio y que era una aldea dependiente de El Friolar, sitio més complejo y jerarquizado; es a partir de la caida de este sitio que consideramos que toma el contro} de la esfera de la produccién y el intercambio; para entender ‘oémo sucedié esto, es necesario hacer algunas conside~ raciones sobre la evidencia arqueolégica que se tiene para el Formativo medio en el noreste del estado de ‘Guerrero, para entender la dinmica sociopoliica anterior 2 Cuellajuctitian, y que nos permitiré entender su surgi- miento como una jefatura regional durante el Formative tardio. La evidencia més temprana del Formative medio encon- trada es al sifio de Cacahuamilpa, aldea cuyos materiales ‘erqueolégioos, entierros y patrén de asentamientos per- mien fiiria con Ia cultura Tlatico (Gonzalez. 1978). ‘Ademas de la presencia de botellones, algunos con pigmento rojo en su interior, se localizaron espejos de he- matita. Estos son productos que se movian por algunos sitios del altplano durante el Formativo medio y se han ‘asociado con la presencia olmeca, debido a que se han ‘encontrado en ofrendas y esculturas portatilas en La Van- ta, Tabasco y San Lorenzo-Tenochtilan, Veracruz; de esto ‘quedé constancia en sitios como Tlatilco, Estado de Mé~ xico (Lorenzo, 1965: 48; Garcia Moll, et al, 1991) y Chal- catzingo, Morelos (Grove, 1986: 289). En Gacahuamilpa, algunos entierros tenfan como oftenda fragmentos de espejos de hematita (Lagunas 1976: 44 cuadro 3); recien- temente se localiz6 un pendiente de hematita en el cuello de un entiotro primario en Chilpancingo, Guerrero (Reyna ¥y Martinez Donjuan: 1989: 18). Asi mismo, se han repor- tado espejos de hematita en colecciones particulares en el estado de Guerrero; de ahi proviene un ejemplar tiico ue se ha interpretado como la herramienta para manu- facturarlo, ya que su superficie es convexa y encaja par- fectamente con otros ejempiares cOncavos (Carlson, 1981: 122-128). Estos artefactos se fabricaban para intercambio intrare- gional en sitios como San José Mogote, donde se han encontrado en contextos funerarics y en formaciones tron- ‘co-oénicas (Winter, 1984: 190). Su uso se limitaba @ personajes de la élite, ya que se pueden cbservar esculturas olmecas que portan en el pe- cho dicho elemento (Monumento 23 de La Venta, Tabas- ‘60; Monumento 1 Tenochtitlan, Veracruz; Monumento 2 de Los [dolos, Veracruz). Se ha podido apreciar la existencia de una ruta de in- tercambio que pasaba por Tlatlco, via centro de Morelos ‘al norte de Guerrero (Rio Balsas y Chilpancingo) (Litvak, 1988); se ha propuesto quo uno de los propésitos de esta ruta era obtener cinabrio, que abunda en la ragién de Huit- Zuco y Huahuaxtla (Cyphers, 1992: 154). Sabemos que para la preparacién de pigmento rojo era necesario em- lear morteros pequefios; en San Francisco Ozomatlan, fn el rio Balsas, se encontraron marteros con dos supert- cies de molienda similares a los que reporta en su catélogo Diaz (1990: 145). Ejemplares similares se han encontra- do en Tlatico; este material nos dio la clave para atribuite funcién a estas piezas, ya que su superficie presentaba pigmenta rojo, por lo que suponemos que este tipo de ar- tefactos se empleaba en la molienda de minerales de hie- Fro (hematita) (Rodriguez, en preparacién; Manzanilla y Talavera, 1993). ‘A Tiatico legaba el mineral de hierro, en vasos del tipo conocido como Blanco fugitivo, en grandes trozos amor- fos, que posteriormente eran triturados hasta producir un tino talco rojo; éste era depositado en pequenas vasijas dol tipo Café pulido de palillos, que presenta decoracio- CUETLAJUCHITLAN ARQUEOLOGIA 111241993 Figura 22. Objetes empleados por la élite en rites de propiciacién agricola nes incisas con motivos aviformes, en forma de ollas, ca- jetes hemisféricos y vasijas miniatura (Ochoa y Rojas, en preparacién). De esta forma, Tiatiico intercambiaba con otros grupos, entre ellos jos olmecas, pequefias raciones de pigmento rojo, utilizado intensivamente en varios ritua- las durante el Formativo mecio. 2Cémo explicar la I6gica dal intercambio olmeca? Si revisamos los productos “locales” de la costa del Golfo, ‘que se reducen a unos cuantos (cacao, concha, plumas), ¥ los comparamos con el volumen de objetos importados €en sitios como San Lorenzo-Tenochtitlan, Veracruz y La Venta, Tabasco, vemos que las élites olmecas desarro- llaron una importante red de intercambio pan-mesoameri- cana para obtener la gran mayoria de sus artefactos. Pensamos, retomando el modelo propuesto por Charl- ton (1984:20),que los olmecas movian una serie de mer- cancias (espejos de hematita, pigmento rojo, joyas en pledra verde, metates, y drogas), ademds de las suyas, desde su lugar de origen a los diferentes lugares donde se consum{an por las élites locales. Este intercambio per- mitia obtener productos que no podian tener con sus recursos iniciales (Ochoa y Rojas, op. cit). En el caso es- Pecffico del noreste de Guerrero, esto explicarfa la pre- sencia de estilos olmeces en los objetos de piedra: pro- ponemos que los olmecas venfan a Guerrero para que los hébiles artesanos de la piedra verde, controlados por éltes locales, manutacturaran joyas en piedra verde para sus rituales radistributivos en la costa del Golfo. Al caer la hegemonfa olmeca, cambiaron las redes de intercambio en el Altiplano; esto, junto con los problemas locales sur- Gidos de la intensiticacién agricola y la competencia polit- ca, ccasioné un cambio cultural; desafortunadamente, pa- ra el Formative superior es muy escasa la evidencia para poder reconstruir las redes de intercambio, pero al pare- ‘cer al noreste de Guerrero siguié exportando productos de piedra verde a otras dreas. Un dato interesante que se observé en Cuetiajuchitian ‘85 que las reas civico-ceremonieles y las habitaciones de ia éite fueron rellenadas, a diferencia de las reas artesa- nales y rurales, que también fueron abandonadas. {Qué sucedié aqu!? Con base en los planteamientos tedricos que guiaron nuestra investigacién, proponemos que las ccausas de la extincin de esta cultura fueron: ‘A intensificarse la produccién de agricultura y mercan- 6 ALe12#1993 ARQUEOLOGIA ‘TALAVERA GONZALEZ / ROJAS CHAVEZ fas, paulatinamente crecié la demanda de fuerza de tra~ ‘bajo; esto permitié que aumentara considerablemente la poblacién; ésta comenzé a requerit una mayor cantidad da alimentos y otros bienes, que un jefe redistibuidor, 6 ‘itimo gran hombre, coordinaba y proporcionaba, por lo que crecié el asentamiento; éste basé su riqueze en la ‘manutactura de preciadas cuentas y placas de serpenti- na, que intercambiaba a largas distancias por productos necesarios para legitimar su poder. La intensificacién en tigrras de temporal poco a poco provocd la caida en pro- ductividad de las cosachas, ademés de la intensa defor- estacion, producto de la gran actividad constructiva, ‘evento que maditicé el clima, que de por sf paulatina- mente va secéndose a nivel regicnal para este periodo, por lo que las luvias se atrasaron més, causando pérdi- das en las cosechas (actualmentayesto es comin en la regi6n, que no ha modificado mucho sus précticas agrico- las). De esta forma, cayeron los niveles de vida de la po- blacién, que comenzé lentamente a mostrar signos de desnutricin. Seguramente, la élite hizo intentos desesperados por contener el descontanto general, patrocinando rtos y les- tas mas frecuentes, para pedir a los dioses el preciado li- quido, pero fracasaron. EI sitio fue abandonado y la po- blacién se dispers6; la élite, para evitar saqueo y vandalismo, con sus escasos seguidores emprendié la magna tarea de proteger sus areas de cult, tapiéndolas. Brown, B. 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