Biografía de santo Tomás de Aquino
El padre Buela, al hablar de Tomas de Aquino, dice que fue uno de los santos más grandes de todos los
tiempos, no solo por su ciencia eminente, que ciertamente la tuvo, sino también por la santidad de vida,
manifestada en su amor a Jesucristo a la eucaristía y a la Virgen. Y el amor y el servicio a los papas. Su caridad
fraterna que llegó a ser proverbial entre quienes lo conocieron.
El mismo padre Buela nos relata su vida:
Santo Tomás de Aquino, nació en el castillo de Roccasecca alrededor del año 1225. Fue el sexto hijo de una
familia de 12 hijos. Era de estirpe noble, su padre Landulfo de Aquino era miembro de la corte del emperador
Federico II.
Cuando tenía 6 años fue enviado a estudiar al monasterio benedictino de Montecassino, en calidad de oblato,
para comenzar sus estudios, el abad de ese monasterio era su tío. Ya se ve allí que Tomas tenía un ingenio
agudo, porque fue admitido en ese centro prestigioso centro religioso y cultural para comenzar la Scola con
tan solo 6 años. Vivió allí durante 8 años hasta la edad de los 14.
A los 14 años fue a la universidad de Nápoles (1239-1244) donde continuó sus estudios, allí supera a todos
sus compañeros en memoria e inteligencia, conoce a los padres dominicos fundados 30 años antes por santo
Domingo de Guzmán. Allí decidió abrazar el ideal dominicano en defensa y propagación de la verdad y de la
vida austera y pobre. 5 años después es admitido en la orden y recibe el habito de santo Domingo Mayor y
recibe el habito de la orden.
Santo Tomás se enfrentó a la oposición de sus familiares, quienes pensaban que debía convertirse en un
influenciable abad en Montecassino. No querían que fuera un fraile mendicante. Los frailes dominicos,
temiendo que su familia se lo llevara, envían a Tomás Roma para protegerlo con la idea de que continuase
camino a París. La madre de Tomás, Teodora, recurrió a los hermanos del santo, soldados del emperador
Federico, quienes capturaron al novicio cerca del pueblo de Aqua Pendente y lo retuvieron en los castillos de
la familia de Monte san Giovanni Campano durante un año. Mientras sus padres y hermanos intentaban en
vano hacerlo desistir de su vocación pero ni siquiera lograron que se quitara el habito dominico, es más, una
de sus hermanas, Marotta, decide entrar en el monasterio de santa María de Capua, del cual ella será la
abadesa.
Durante ese año de prisión santo Tomas se aprendió de memoria la Biblia. Sus hermanos al ver que no
lograban quitarle la idea de ser dominico, introdujeron en la habitación de Tomás una prostituta para
inducirlo al pecado. Al verla, el Santo tomó un tizón ardiente con el cual la echó fuera de su habitación. Luego
de haber expulsado a la joven, con el mismo tizón ardiente grabó en la pared el signo de la cruz, pidiendo a
Dios la gracia de la perpetua virginidad. Mientras rezaba se durmió y aparecieron dos ángeles, quienes
rodeando su cintura por ambos lados le dijeron: Te ceñimos ahora de parte de Dios con el cíngulo de la
castidad que suplicaste, el cual no podrá ser disuelto en adelante por ninguna acometida; y lo que no puede
ser obtenido por mérito de la humana virtud, se te concede a ti por merced de la divina munifi cencia 1. Fue
este un hecho permitido por la Divina Providencia para que Tomás pudiese conseguir de esta lucha un triunfo
más glorioso.
Su familia, no contenta con esto, lo transfiere al castillo de Roccasecca, donde lo retuvieron un año más. Allí,
además de la Biblia, se dedicó al estudio de las Sentencias de Pedro Lombardo, que era el tratado teológico
más importante de aquella época.
1 DA TOCCO, G., op. cit., p. 113.
1
En 1245 su familia lo libera y completa sus estudios en Colonia (Alemania) con el más sabio padre dominico de
ese tiempo: san Alberto Magno, el último gran sabio que hubo en la humanidad, puesto que sabía todas las
ciencias. Al principio los compañeros no imaginaban la inteligencia que tenía Tomás, porque lo veían robusto
y siempre silencioso, por eso en las discusiones le pusieron el apodo de Buey mudo. Pero un día uno de sus
compañeros leyó sus apuntes e impresionado se los presentó al sabio profesor san Alberto quien al leerlos
dijo: ustedes lo llaman buey mudo pero este buey llenará un día con sus mugidos el mundo entero.
Sus compañeros de ese tiempo dejaron este comentario: la ciencia de Tomás es muy grande pero su piedad
es más grande todavía. Pasa horas y horas rezando y en la Misa, después de la elevación, parece que
estuviera en el Paraíso y hasta se le llena el rostro de resplandores, de vez en cuando, mientras celebra la
Eucaristía.
A los 27 años, en 1252, ya es profesor de la famosa universidad de París. Sus clases de Teología y Filosofía
eran las más concurridas de la Universidad. El mismo rey santo, San Luis rey, lo estimaba tanto que lo
consultaba en todos los asuntos de importancia. Era tan grande su prestigio y ascendiente entre sus
compañeros de universidad, que cuando se trababa una enorme discusión sobre la Eucaristía y no lograban
ponerse de acuerdo, los dos bandos aceptaban que Tomás sea el árbitro de la contienda y diga la última
palabra y lo que él dice es aceptado por todos.
Años después, en 1265 el papa lo llama a Roma, estudia y enseña, además de ser teólogo de la corte papal y
colaborar con diversas papas. Con ocasión del Milagro de Bolsena en 1264, el papa Urbano IV instituyó la
fiesta del Corpus Christi y encargó a Tomás que escribiera el texto del oficio comprendiendo los signos propios
de esta fiesta. Compuso, como verdadero poeta de la Eucaristía, el Tantum Ergo, el Adorote Devote, el Lauda
Sion y varios otros hermosos cantos a la Eucaristía.
Se cuenta que el santo Padre había encomendado a santo Tomas y a San Buenaventura que escribieran el
oficio pero al conocer los signos que había compuesto santo Tomas y viendo su sublimidad, san Buenaventura
rompió lo que él había escrito. A él se deben dos bellísimas oraciones que los sacerdotes solían rezar antes y
después de la Misa y que actualmente están en el apéndice del Misal Romano
Ocho años después, en 1268 es enviado de nuevo a París como profesor y estará allí hasta 1272. Fue una
época de intensa actividad docente y de escritor. En 1272 regresa a Nápoles, encargado por los superiores de
todo el estudio de la teología de su orden y vivirá allí hasta su muerte ocurrida en la abadía de Fossanova,
cerca de Nápoles, el 7 de marzo de 1274 cuando era en camino a Francia camino al concilio de Lyon
convocado por el papa Gregorio X.
Unos meses antes había dejado de escribir: el 6 de diciembre de 1273. Ese día durante la Misa experimentó
un éxtasis de mayor duración que la acostumbrada, cuando fray Reginaldo de Priverno, su fiel secretario, lo
exhortó a seguir escribiendo él respondió: ya no puedo escribir más, después de lo que he visto, lo que he
escrito y enseñado me parece paja; dejando así inconclusa la Suma Teológica.
Los restos mortales del santo permanecieron en Fossanova cerca de 100 años. En dos ocasiones las reliquias
del Angélico fueron trasladadas a Fondi, a la residencia del conde Onorato.
El maestro general de los dominicos, Elia Raymond (1367-80), se encargó de recuperar las reliquias del santo.
Luego de conservarlas en el convento dominico de Fondi durante un breve periodo de tiempo, las trasladaron
vía Viterbo y Orvieto hasta Francia, y descansan finalmente en Toulouse, donde llegaron el 28 de enero de
1369.
En 1585 se encontró en la abadía de Fossanova una reliquia de la cabeza de santo Tomás. Actualmente es
venerada