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Ensayo Identidad Personal 2

Este documento describe los modelos de identidad personal y cómo se desarrolla a lo largo de la vida, en particular durante la adolescencia. La adolescencia es una etapa crucial para la formación de la identidad según Erikson, aunque antes y después también hay cambios. La crisis es parte del proceso de desarrollo de la identidad en los adolescentes.

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Ensayo Identidad Personal 2

Este documento describe los modelos de identidad personal y cómo se desarrolla a lo largo de la vida, en particular durante la adolescencia. La adolescencia es una etapa crucial para la formación de la identidad según Erikson, aunque antes y después también hay cambios. La crisis es parte del proceso de desarrollo de la identidad en los adolescentes.

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UNIDAD EDUCATIVA “MANUELA CAÑIZARES”

Nombre: Emily Duque Curso: 10mo “B” Fecha: 23 de abril del 2024
Ensayo
IDENTIDAD PERSONAL
¿ En qué momento empezamos a conocer nuestra identidad? Un perfil idóneo para
resumir el perfil o patrón de comportamiento de una persona es el de identidad; y una
forma de concebir lo que psicológica o comportamentalmente sucede en la adolescencia
es mostrando el desarrollo de tal identidad en esa etapa. Los modelos evolutivos
generales de estadios de la identidad destacan en particular cómo se configura y cambia
a lo largo de la vida la imagen o concepto de uno mismo y suelen contener
descripciones del desarrollo biográfico de ese autoconcepto. En él, L’Ecuyer (1985)
señala seis etapas, caracterizadas mediante descriptores muy generales y formales, que
aluden a jalones del desarrollo real del autoconcepto: emergencia, aserción, expansión,
diferenciación, madurez y longevidad.

Hay otros modelos de desarrollo. El más conocido y popular se debe a Erikson (1968/
1980), quien por otra parte hizo los prim eros análisis y descripciones de la identidad
personal a lo largo del ciclo vital y, en particular, en el momento de la adolescencia.
Ésta, para Erikson, constituye el estadio clave y también crítico de formación de la
identidad. Es verdad que tanto antes como después de la adolescencia hay etapas
evolutivas diferenciadoras, cada una a su modo, de la identidad personal. Pero, aunque
no empieza ni culmina en la adolescencia, es en ella donde el proceso, según Erikson,
alcanza ese punto de sazón que permite vivir en sociedad como mujer o varón
psicosocialmente “sano” o “maduro”.

Componentes y estadios de la identidad


Identidad es, en Erikson, diferenciación personal inconfundible; es definición o, mejor,
autodefinición de la persona ante otras personas, ante la sociedad, la realidad y los
valores; y es, en fin, autenticidad, correspondencia de lo efectivamente desarrollado con
lo germinalmente presagiado en el plan epigenético constitutivo del individuo. Cuatro
elementos o niveles distingue Erikson en la identidad: a) sentimiento consciente de la
identidad individual; b) el esfuerzo inconsciente por la continuidad del carácter
personal; c) la síntesis del yo y sus correspondientes actos; d) la interior solidaridad con
la identidad e ideales del grupo. Aunque la identidad personal engloba todos esos com
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ponentes, seguram ente el elemento nuclear es la imagen psicológica que el individuo


tiene de sí mismo: la autoconciencia de la propia identidad, la cual es de naturaleza
psicosocial e incluye elem entos cognitivos. El individuo se juzga a sí mismo a la luz de
cómo advierte que le juzgan los demás, en comparación con otras personas y en el
marco de los modelos culturales y baremos valorativos dominantes. Ese juicio, en su
mayor parte, permanece implícito, y no forzosamente es de naturaleza consciente y, en
todo caso, da lugar a una conciencia o al menos un sentimiento de identidad
característico en el adolescente, conintensa coloración afectiva, nunca neutral, sino de
signo positivo o negativo, en la tristeza o bien la exaltación.

La adolescencia es el momento evolutivo de la búsqueda y la consecución si va bien


todo de la identidad del individuo. Es propiamente su integración, su organización en
una unidad personal capaz de funcionar en sociedad. Tal integración no es fácil, igual
que no lo es la adaptación a su nuevo rol; y entiende Erikson, por eso, que el
adolescente necesita tomarse tiempo: necesita lo que él llama una “moratoria”, un
aplazamiento para poder llegar a integrar los elementos de identificación y de identidad
atribuidos por otros y adquiridos por él mismo en fases anteriores de su desarrollo y
experiencia, en cierto punto los adultos necesitan tomarce un tiempo para pensaber y
terminar de descubrirse, ya que, siempre se esta en aprendizaje. El hecho, de naturaleza
sociocultural, del aplazamiento de la entrada en el rol de adulto, trae consigo la
consecuencia, esa otra de naturaleza conductual y psicológica, de un retraso en la
maduración constante en la que se esta, y también puede contribuir a determinar
desajustes, inadaptaciones y conductas asociales.

Crisis de identidad
Todas las etapas de la vida pueden conocer crisis de identidad. Las crisis, a su vez, se
entienden en el marco más general de circunstancias de estrés. Situaciones estresantes
son las que llaman al afrontamiento, a algún género de acción bajo circunstancias en las
cuales el sujeto carece de medios suficientes habilidades, hábitos, recursos para
atenderlas. Las crisis de la vida constituyen una variedad vital y existencial del estrés
durante un tiem po relativamente largo. Corresponden a acontecimientos, sea de ciclo
vital o estrictamente biográficos, por que su naturaleza misma generan una situación
permanente, irreversible o apenas reversible; que cambian drásticamente el entorno de
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una persona y, con ello, su existencia de la vida; que constituyen o pueden constituir
rupturas en el crecimiento biosocial o bien en el ajuste a condiciones nuevas. Es el caso,
desde luego, de la pubertad, en cuanto estresor vital de cierta duración, que suele
conllevar una crisis de ese género.

La crisis de identidad en jóvenes, adolescentes y adultos es como otras crisis


evolutivamente necesaria, pero no siempre o necesariamente dramática. El problema y
el conflicto intergeneracional (jóvenes frente a adultos) forma parte integrante del
proceso de génesis de identidad en cada nueva generación de adolescentes. Pero la crisis
adolescente suele estar hoy en día ahondada y transida por la crisis de identidad en la
sociedad, en la cultura: por la fragmentación en los valores y por el velozritmo del
cambio social.
Para cada estadio, para cada logro en un determinado periodo evolutivo, señala Erikson
el correspondiente malogro o fracaso. El malogro, extrañamiento o alienación de la
identidad en la adolescencia, se hace presente en la “confusión” o, menos grave, en la
“difusión” de la identidad.

El estado de confusión consistiría en una paralización regresiva producida cuando el


adolescente se halla expuesto a un conjunto de demandas y exigencias que no se siente
capaz de atender a la vez: de intimidad sexual y física, de elección profesional, de
hacerse un lugar en la sociedad, de autodefinición personal y social. En el caso más
extremo, el adolescente puede llegar a elegir una “identidad negativa”, basada en todas
aquellas identificaciones que en previos estadios críticos del desarrollo se le presentaron
com o más peligrosas e indeseables y, sin em bargo, posibles. Por su parte, la difusión
de la identidad pertenece a la psicopatología de la vida cotidiana del adolescente común.
Se manifiesta en una merma de la laboriosidad, de la capacidad de trabajo y
concentración, a veces en forma de dedicación exclusiva a una sola actividad, com o un
deporte, la lectura o la música, y en el sentimiento de una gran urgencia unida a cierta
pérdida de la noción del tiempo como dimensión de la vida.

MODELOS DE IDENTIDAD PERSONAL


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Esta compleja identidad de las personas no se puede desvelar y escla-recer con


los métodos tradicionales que hasta ahora han venido usando lasciencias positivas para
explicar la estructura y el funcionamiento de la rea-lidad. La identidad personal no es un
objeto que se pueda delimitar, fijar yaislar para poder analizar o realizar experimentos.
El enfoque naturalista notiene en cuenta el mundo vital y la relaciones de
comunicación que en élestablecen los seres humanos y que de ninguna manera se
pueden reduciral mero cálculo y la formalización. Es el ámbito sociocultural en el que
losseres humanos, tanto a nivel individual como colectivo, ejercen, invocan oreclaman
su propia identidad.

Este campo remite a un conjunto de procesos vitales donde tan esencial es la


persona como el contexto en el queésta se desenvuelve. Es en este todo complejo
donde inicia y concluye sutrabajo de campo el antropólogo. En este escenario observa y
participa conlas personas que lo conforman y en el que cada una de ellas
representamúltiples papeles. No es de extrañar, por tanto, que sean muchos
losantropólogos que afirman que actuamos como agentes múltiples, que repre-sentamos
muchos papeles. Y en este supuesto se han basado para enten-der la identidad
individual como la combinación de cada una de las diver-sas identidades sociales que de
forma simultánea o alternativa puede asumiruna persona (Olmo 1994: 81; González
García 2001: 59).Un detenido análisis de los datos que aporta el trabajo de campo obli-
garía a concluir que entre esas dimensiones de la identidad no existe
niseparación ni jerarquía, sino que son como caras de una misma [Link]
identidad social se refiere a un sentimiento de similitud con otros; laidentidad
personal se refiere a un sentimiento de diferencia en relación conesos mismos otros
(Deschamps y Devos 1996: 42).

El antropólogo debe abordar esta dimensión de la identidad porque sustenta modos de


ser y actuarque son determinantes en el discurrir de la vida diaria de cualquier persona.
En efecto, la concepción que se tiene de uno mismo y el modo cómose vive un papel
importante en la vida de la gente en la medida en que esfuente de sentido y experiencia
para sus vidas: el amor, la amistad, la responsabilidad laboral, los derechos y
obligaciones, la forma en la que nosvemos unos a otros, el reconocimiento, la
sanción, etc. Las creencias quelos seres humanos tienen acerca de ellos mismos
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constituyen una fuerzapoderosa en su vida individual y colectiva. La manera


cómo nos percibi-mos a nosotros mismos constituye una especie de faro que,
tanto a nivelconsciente como inconsciente, orienta e influye en nuestras
preferencias y decisiones.

Todos los científicos sociales que abordan el tema de la identidad coinciden en la


necesidad de construir, para poderlo usar en sus investigaciones, un modelo
teórico en el que se consiga una síntesis de la dimensiónindividual y social de
la identidad, una visión unitaria de las que con fre-cuencia se han designado como
la dimensión intrapersonal y la extrapersonal,una conjunción de las estructuras
endógenas y exógenas, una integraciónteórica del paradigma normativo e
interpretativo. Pues bien, si rastreamos la historia del pensamiento podemos constatar
que este objetivo se ha pretendido alcanzar con tresmodelos diferentes:a)Ontológico. En
el campo de la filosofía clásica, desde un enfoque estrictamente ontológico: una
sustancia coincidente y cerrada en sí misma. Eneste hecho se fundamenta el
sentimiento unificado que todos tenemos deser un solo ente y diferente de los demás.
La pregunta quién soy yo se responde y explica con la categoría de persona. Con
palabras de Boecio: “sus-tancia individual de naturaleza racional” y que un filósofo
español, muchossiglos después, condensó en la siguiente expresión: “Realidad
formalmente suya” (Zubiri 1986: 110). Es el rasgo que hace que un ser humano sea
unser uno y único y que posea, por tanto, una identidad propia y especí[Link]ún
este enfoque teórico todo ser humano posee una estructura ontológicaestable que
constituye la base que canaliza las posibles transformaciones quea lo largo del
tiempo soportan los seres humanos de cualquier época o lugar.b)Psicosocial.

Dos líneas de pensamiento confluyen en la configura-ción de este modelo


teórico. De una parte la que surge de las aceradas crí-ticas de Locke a la visión
sustancial del ser humano. La recoge, y es clave,el rechazo de W. James a
cualquier visión sustancial de la conciencia, ladesarrolla G. H. Mead con su
concepto del self (I y me), y culmina con lasaportaciones de Erickson sobre el
concepto de identidad: sentimiento sub-jetivo de permanencia personal y de
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continuidad temporal garantizado porla memoria y fundado en el reconocimiento


que los demás hacen de nues-tra unidad y persistencia personal.
De otra parte, la línea que proviene deMarx, quien condensa su teoría en el siguiente
axioma: es su ser social loque determina la conciencia de cada hombre. La
sociedad fabrica la conciencia del individuo y en consecuencia la identidad de
las personas. Sondos líneas paralelas que están comenzando a converger. Los
representantesde las ciencias empíricas afirman: somos nuestro cerebro. Y los
represen-tantes de las ciencias humanas y sociales responden: es esa una
condiciónnecesaria pero no suficiente, pues se requiere la impronta social para
suconfiguración. Pero prescindiendo de los enfrentamientos y
rechazosdisciplinares, todos empiezan a coincidir ya en esta tesis: el substrato de
laconciencia o memoria humana es, por esencia, social.c)Ecosistémico. Más
recientemente ha surgido un modelo de identidadque hunde sus raíces en la ideas de
G. H. Mead sobre organismo, entornoy emergencia, y que culmina en el
presente en las denominadas cienciasde la complejidad. En ellas se ve al sujeto
como un sistema unitario que seautoorganiza dentro de un medio complejo y que
tiene como resultado supropia individualización.

Todas las relaciones de producción están coordinadas en un sistema que


mantiene íntegra su identidad y autonomía a pesar de las perturbaciones a las
que constantemente está sometido. En estaorientación holística es clave la noción
de “sistema complejo adaptativo” que posee la capacidad de modular las
constricciones internas y externas quesoporta a lo largo del tiempo. La identidad
de la persona se fundamenta enel concepto de sistema dinámico entendido como un
proceso de coemergencia de interioridad y exterioridad en el que se desarrollan
niveles máscomplejos e integrados de autoidentidad.

La persona se concibe como la unidad de conciencia que persiste a lolargo del tiempo.
Es algo que se siente como un sí-mismo estable en la me-dida en que se recuerda que lo
experimentado ayer, lo experimento hoy ypuedo anticipar que también lo
experimentaré mañana. Para unificar estaserie temporal de experiencias vitales
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que conforman la vida cotidiana decualquier sujeto se necesita la conciencia del yo


que sirve de base a la iden-tidad persistente de uno mismo. Esta entidad remite a un
sistema dinámicoy complejo sobre el que se conforma la identidad personal y
cuyo núcleoes la conciencia. La conciencia es aquella facultad que permite focalizar
nues-tra atención sobre nosotros mismos y nuestros propios pensamientos y sen-
timientos (Álvarez Munárriz 2005: 13). Tiene una base cerebral, pero su es-tructura y
funcionamiento está configurada por la experiencia del medioglobal en el que se
ejerce. Conforma un espacio caracterizado por forma-ciones de bucles donde, por un
lado, la conciencia corporeizada de la per-sona construye el mundo en su interacción
con él y, por otro, esa mismamente consciente es construida en la interacción
con el medio ambientenatural, personal, social y cultural. Constituye el núcleo del ser
psicobiofísicoque somos y en última instancia, genera una identidad personal,
ciertamen-te compleja y relacional, pero robusta, consistente y creativa.

CONCLUCIÓN
La adolescencia es una etapa de cambios, de desarrollar tus ideas, de tener cambios de
humor, buscar la libertad, crear un grupo de amigos y decidir en qué tipo de adulto te
quieres convertir. La formación de la identidad es un proceso continuo que se desarrolla
a lo largo de la vida, pero es especialmente significativo durante la adolescencia.
Erikson destaca este período como crucial para la formación de la identidad personal.
Se compone de múltiples elementos, incluyendo el sentimiento consciente de uno
mismo, el esfuerzo inconsciente por mantener la continuidad del carácter personal, la
síntesis del yo y sus actos, y la solidaridad interna con los ideales del grupo.

Durante la adolescencia, se pueden experimentar crisis de identidad, que son parte


natural del proceso de desarrollo. Estas crisis pueden ser influenciadas por factores
sociales, culturales y personales, y pueden manifestarse de diferentes maneras, como
confusión o difusión de la identidad que no es un concepto estático, sino que está en
constante cambio y adaptación en respuesta a las experiencias y el entorno social.
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Existen diferentes enfoques teóricos para comprender la identidad, desde modelos


ontológicos que enfatizan la individualidad hasta enfoque psicosociales y ecosistémicos
que destacan la influencia del entorno social y el proceso de autoorganización.
En resumen, la identidad es un constructo complejo que refleja la interacción dinámica
entre la individualidad y el contexto social, y su comprensión requiere una perspectiva
integradora que considere tanto los aspectos intrapersonales como los sociales y
contextuales.

CITAS

Aguiar, F., A. de Francisco y J. A. Noguera 2009. “Por un giro analítico en sociología”


Revista Internacional de Sociología 67 (2).

Aguiar, F. y otros autores 2010. “Personal identity: A theoretical and experimental


analysis” Journal of Economic Methodology 17 (3).

BIBLIOGRAFÍA

[Link]

[Link]

[Link]
adolescentes/

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