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Efecto del EDTA en P. gingivalis y periodontitis

Este documento describe el uso de moduladores bioquímicos como el EDTA en la superficie radicular después de terapia periodontal para tratar la enfermedad periodontal causada por Porphyromona gingivalis. El documento también discute el efecto del EDTA en P. gingivalis y la susceptibilidad antibacteriana debido al EDTA en la enfermedad periodontal.
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Efecto del EDTA en P. gingivalis y periodontitis

Este documento describe el uso de moduladores bioquímicos como el EDTA en la superficie radicular después de terapia periodontal para tratar la enfermedad periodontal causada por Porphyromona gingivalis. El documento también discute el efecto del EDTA en P. gingivalis y la susceptibilidad antibacteriana debido al EDTA en la enfermedad periodontal.
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Título: Moduladores bioquímicos utilizados en la superficie radicular después de terapia periodontal

Efecto del EDTA en la enfermedad periodontal asociada a P. gingivalis en la superficie radicular


después de terapia periodontal

Sustancias ácidas utilizadas para tratar la enfermedad periodontal causada por Porphyromona
gingivalis en la superficie radicular

Ocurrencia de Porphyromona gingivalis y la susceptibilidad antibacteriana debido al EDTA en la


enfermedad periodontal

EFECTO DE EDTA Especie [Link] + enfermedad periodontal + superficie redicular


+

utilizados en la superficie radicular después de terapia periodontal

Marco teórico:

La enfermedad periodontal (EP) es un proceso infeccioso e inflamatorio de las estructuras de soporte del
diente, resultado de la interacción entre la infección por bacterias patógenas y la respuesta inmune del
huésped (2). La EP se ha relacionado con algunas enfermedades sistémicas como la diabetes mellitus o artritis
reumatoide, entre otras. En 1923 se describe por primera vez un término especifico referido a la Ep, y a que
Pierre Fauchard comenzó denominando “escorbuto de encías” (García & Cuadrado, 1998). Le sucedieron
diferentes definiciones, como, la de Orban, quien se refiere a un cuadro destructivo no inflamatorio que llamo
“periodontosis”. En la década de los años veinte del siglo pasado surgieron distintas clasificaciones basadas
en diversos aspectos de la enfermedad, tales como las de Gottlieb o la de Box y McCall, que hablaban de EP
simple de etiología local y de EP compleja de etiología sistémica (Armitage, 1999). En 1960, un estudio
desarrollado por Löe, supuso un gran avance en el conocimiento de los orígenes de la enfermedad. Pues
atribuyó al biofilm un papel destacado en la patogénesis de la enfermedad y de muchos procesos crónicos.
Surgiendo el concepto como enfermedad inflamatoria.

El conocimiento de la flora microbiana presente en las distintas patologías periodontales, ha permitido


identificar a los microorganismos como agentes etiológicos que de manera general se asocian a la incidencia y
prevalencia de la gingivitis y periodontitis. No obstante, existen diversos factores como los hábitos de higiene,
así como los factores modificadores, la respuesta inmune y el genotipo, que hacen necesario ampliar dicho
conocimiento con relación a la mayor o menor incidencia de determinadas especies bacterianas
periodontopatógenas o bien sobre las células y las moléculas asociadas a la respuesta inmune; para cada
patología periodontal.

Porphyromona gingivalis

Es una bacteria asacarolítica, emplea compuestos nitrogenados como fuente energética, es una bacteria
asociada con patologías como gingivitis, pulpitis, abscesos periodontales y periapicales, se considera una
bacteria periodontopatógena. Su participación más importante con la destrucción y progresión de algunos
tipos de periodontitis. Se aísla del surco gingival, especialmente en lesiones periodontales avanzadas, así
como de la lengua, amígdalas y saliva (Tanaka, 2002).

Estudios realizados con P. gingivalis, respecto a la inducción de mediadores y la secreción de citoquinas por
fibroblastos gingivales humanos (FGH) concluyen los siguiente, las células viables o muertas son capaces de
inducir varias citoquinas proinflamatorias como la IL-1 y el factor de necrosis tumoral, que intervienen en la
reparación y la destrucción del tejido; los FGH responden a estimulación de los LPS, por lo que las colonias
se diferencian en la inducción de citoquinas como es la IL-1 y la expresión de la actividad de la proteasa,
como la tripsina que aumenta los niveles extracelulares de la IL-6 e IL-8. Dado lo anterior se encuentra el
papel importante que juega P. gingivalis en el desarrollo de la patogénesis periodontal (Davis, 2003, Sanz et
al., 2004).
Enfermedades periodontales

Gingivitis

La gingivitis es una entidad patológica de tipo infeccioso que se caracteriza por la existencia de colonización
bacteriana del aparato de inserción, la cual desencadena cambios de tipo inflamatorio (Pihlstrom et al., 2005).
Esta colonización es a través de una biopelícula que está constituida por glicoproteínas salivales. Las bacterias
gran negativas de la saliva expresan adhesinas que se unen selectivamente a la película y median la
colonización y crecimiento de la placa supragingival; en pocos días se observa la colonización de especies
gran-negativas que se unen a las bacterias gran-positivas mediante receptores específicos, conformando así
una biopelícula firme sobre la superficie del diente a nivel del margen gingival, lo cual provoca una respuesta
inflamatoria aguda en la encía (Liébana et al., 2004).

Periodontitis

La enfermedad periodontal destructiva, también llamada periodontitis, se define como el proceso inflamatorio
que se presenta en el tejido alrededor del diente en respuesta a la acumulación especifica en el mismo. Esta
situación ocurre cuando se permite que la microbiota crezca y, si no se interrumpe su desarrollo, la película
alcanza el nicho subgingival y de ese modo, varias bacterias específicas y sus productos, así como algunos de
sus componentes celulares tales como lipopolisacáridos (LPS), actúan como antígenos, desencadenando
procesos inflamatorios e inmunológicos a los que se suman las enzimas liberadas por activación de distintos
mecanismos tisulares, dando como resultado la destrucción del tejido gingival y del hueso (Figueredo et al.,
1999, Engebretson et al., 1999).

Esta respuesta inflamatoria que inicia en el tejido gingival y que posteriormente se extiende a la inserción
epitelial, a las fibras gingivales, al ligamento periodontal y al hueso alveolar; provoca una pérdida progresiva
de estos tejidos de soporte con una profundización del surco entre el diente y la superficie epitelial, para
formar así lo que se conoce como bolsa periodontal, la cual, si no es atendida, hace que la exfoliación de
diente sea inevitable. (Loesche et al., 2001, Armitage, 2004).

Etiología y patogenia de la enfermedad periodontal

Actualmente se considera que la flora bacteriana del surco gingival y sus productos metabólicos producen una
reacción inflamatoria e inmunológica, con la finalidad de neutralizar la acción irritante y reparar los daños
producidos por la agresión bacteriana (Rosling et al., 1976, Lindhe et al., 1975). Pero esta respuesta del
huésped puede ser perjudicial, acarreando mecanismos de hipersensibilidad con el resultado de un daño
mayor. A su vez, estas bacterias se pueden diseminar, así como sus toxinas (Schenkein et al., 2020),
estimulando procesos aterogénicos en las paredes arteriales, lo que se interpreta como un proceso defensivo
del tejido conectivo de la pared arterial ante la agresión (Almeida et al., 2018).

Cuando la carga bacteriana de la placa subgingival, que funciona estructuralmente como un biofilm, aumenta,
cuantitativa o cualitativamente, por el sobrecrecimiento de especies patógenas específicas, se va producir un
desequilibrio entre dicha carga bacteriana, los mecanismos de defensa locales y sistémicos del huésped. La
consecuencia es la reducción de la respuesta inmunitaria, ya sea como consecuencia de la edad (Löe et al.,
1978), la herencia genética (Kinane et al., 2005, Hart & Kornman, 2000) o de origen ambiental como, por
ejemplo, el tabaquimo(Al-Ghamdi et al 2007, Haffajee et al., 2001).De esta manera, se forma la bolsa
periodontal, expresión clínica de la migración apical del epitelio de unión, destrucción de la unión conjuntiva
y reabsorción del hueso alveolar básicamente mediante mecanismos inmunopatogénicos (Rosling et al.,
1976).

Según Offenbancher (1996), los leucocitos polimorfonucleares (PMN) constituyen la primera línea de defensa
del huésped, de forma que la evolución quedará solo en una gingivitis. Si esta primera línea de defensa
fracasa, se activa una segunda línea en la que participan linfocitos y monocitos, que van a liberar citoquinas
proinflamatorias, con la consiguiente destrucción tisular y formación de bolsas, que continuará hasta que el
equilibrio entre la carga bacteriana y los mecanismos de defensa se restablezcan.

Respuesta inmune

Ebersole et al., 1985 demostraron que los pacientes con EP presentan anticuerpos séricos frente a bacterias
periodontales, evidenciando así que la respuesta inmune del huésped puede estar estrechamente asociada con
la enfermedad. Por lo tanto, la distinta intensidad de la respuesta inmune frente a los patógenos periodontales
determina la aparición del cuadro clínico, independientemente de la composición cuantitativa o cualitativa de
la placa (Carlsson, 1983). A su vez, esta respuesta está condicionada por factores tanto genéticos como
ambientales.

La primera barrera frente a la penetración bacteriana es la respuesta inmune especifica. De esta manera, los
PMN son capaces de delimitar la lesión en forma de una gingivitis (Mombelli et al., 2002). Los LPS de las
paredes bacterianas son reconocidos por los receptores de reconocimiento de patrones del sistema inmune
innato, denominados Toll-like (TLR), promoviendo la síntesis de citoquinas proinflamatorias por parte de los
PMN y los macrófagos (Tsukasaki, 2021), con la consiguiente destrucción de los tejidos periodontales,
estableciendo así la cronicidad característica de la EP (Mombelli et al., 2002).

En esta situación de cronicidad, es determinante la actividad del sistema inmune adaptativo, situación que
requiere el procesado del antígeno por parte de los macrófagos y su presentación a los linfocitos T
colaboradores (Th) Th0 naive (Medara et al., 2021), que liberan citoquinas inflamatorias, interleuquinas (IL)
IL-4, IL-17 e interferón gamma (INFγ) amplificando a su vez la respuesta inflamatoria con la activación de
los linfocitos T citotóxicos y células plasmáticas.

Por otra parte, la interacción de las células mediadoras del proceso inflamatorio y de las citoquinas
proinflamatorias con el tejido conectivo del periodonto da lugar a la producción de prostaglandina E2 (PGE2),
del factor nuclear kappa beta ligando (RANKL), metaloproteinasas (MMP) MMP-1 y MMP-3, entre otras,
estimulando la diferenciación en osteoclastos, destruyendo el tejido óseo y conectivo con la consiguiente
destrucción de las estructuras periodontales (Tsukasaki, 2021). A nivel sistémico, las citoquinas inflamatorias
generadas van a promover la síntesis hepática de reactantes de fase aguda, como la proteína C reactiva (PCR)
y el fibrinógeno, dando lugar a un estado inflamatorio crónico sistémico inespecífico, también conocido como
“inflamación sistémica de bajo grado” (Vitkov et al., 2021).

Inmunidad innata

La inmunidad innata o natural consiste en un conjunto de mecanismos que nos defienden de los
microorganismos y es considerada como la primera línea de defensa del hospedador. En ella participan las
barreras físicas que les impiden el acceso al cuerpo del individuo: piel, moco, secreciones y fluidos
corporales; y, si consiguen acceder, se activan otros mecanismos defensivos destinados a eliminarlos. En
dichos mecanismos participan las células fagocíticas y los eosinófilos de los tejidos y la sangre, las células
“asesinas naturales” (células NK), y varias moléculas solubles como las citoquinas o interleuquinas (IL), los
interferones (IFN) y el factor de necrosis tumoral, (Medzhitov et al., 2000) entre otros.

Tradicionalmente las respuestas inmunes han sido divididas como inmunidad innata y adquirida. Las
principales diferencias entre ambas respuestas son los mecanismos y tipos de receptores usados para el
reconocimiento antigénico. En la inmunidad específica, los receptores reconocen a los microorganismos
infecciosos e identifican antígenos propios y del medio. Esto es dañino para el hospedador, ya que la
activación del sistema inmune por tales antígenos puede conducir a enfermedades autoinmunes y alergias. En
cambio, en la inmunidad natural, los receptores reconocen estructuras altamente conservadas presentes en un
gran grupo de microorganismos. Estas estructuras son designadas patrones moleculares asociados a patógenos
(PAMPs) y los receptores involucrados en identificarlas son llamados receptores para reconocimiento del
patrón. (Medzhitov & Janeway, 2000, Hernández & Alvarado, 2001).

Inmunidad adquirida

La respuesta inmune que contribuye a la patogénesis de la enfermedad periodontal es compleja y variable.


Muchas de estas respuestas son locales, aunque en algunos pacientes hay alteraciones en respuestas inmunes
sistémicas. En estas enfermedades se asocia un desequilibrio en la regulación de la respuesta inmune. Hay
Cambios en la relación de linfocitos periféricos y locales CD4+/CD8+, depresión de la respuesta proliferativa
de linfocitos de sangre periférica y un aumento en la frecuencia de linfocitos T de memoria en los tejidos
afectados (Mathur & Michalowics., 1997).

El papel de la respuesta inmune en la citopatogenia de la enfermedad periodontal ha sido tema de estudio de


varios investigadores. En 1987 Brecx y col. informaron la presencia de células inflamatorias en la encía sana,
principalmente linfocitos T, con pocos linfocitos B y células plasmáticas. Asimismo, se ha publicado que la
acumulación de placa provoca el aumento del infiltrado de linfocitos, principalmente células plasmáticas, que
persisten aún meses después de haberse controlado la enfermedad. Además, se ha asociado la presencia de
linfocitos B con niveles aumentados de IgG en las lesiones periodontales activas sugiriendo una mayor
participación de la respuesta inmune humoral. (Okada et al., 1988, Alves et al., 2006)

Factores genéticos

Van der Velden et al., (1993) pusieron de manifestó la relación de la EP entre individuos pertenecientes a una
misma familia, y posteriormente, Michalowicz et al., (1999) afirmaron que la enfermedad crónica tiene el
50% de probabilidad de ser heredada, excluyendo sesgos medioambientales como el tabaquismo. De esta
manera, el tipo de herencia para un carácter ya sea homocigótico o heterocigótico, junto a la interacción con
los distintos factores de riesgo del medio ambiente, que actúan como modificadores, serán determinantes para
que se desarrolle o no la enfermedad.

Factores de crecimiento

Los factores de crecimiento, como el PDGF, TGF-β y VEGF, son proteínas que desempeñan un papel
fundamental en la regulación de la proliferación, diferenciación y migración celular. Estudios han demostrado
que la aplicación local de estos factores de crecimiento en la superficie radicular puede estimular la
regeneración de los tejidos periodontales y mejorar la adhesión y migración celular en el sitio de la lesión
periodontal (Graziani et al., 2021).

El PDGF es uno de los principales factores de crecimiento involucrados en la regeneración de tejidos


periodontales. Estudios han demostrado que el PDGF estimula la proliferación y diferenciación de células del
ligamento periodontal y del hueso alveolar, lo que favorece la regeneración de los tejidos periodontales
dañados (Niu et al., 2019). Además, se ha observado una reducción en la profundidad de bolsas periodontales
y una mejora en la pérdida de inserción clínica después del tratamiento con PDGF en pacientes con
enfermedad periodontal (Lynch et al., 2020).

El TGF-β es otro factor de crecimiento crucial en la regeneración de los tejidos periodontales. Se ha


demostrado que el TGF-β estimula la síntesis de matriz extracelular, la diferenciación de fibroblastos y la
formación de hueso nuevo en el sitio de la lesión periodontal (Kaur et al., 2021). Además, se ha observado
una reducción en la inflamación y una mejora en la cicatrización de los tejidos periodontales después del
tratamiento con TGF-β en modelos animales y estudios clínicos (Li et al., 2020).

El VEGF es un factor de crecimiento clave en la angiogénesis y la formación de nuevos vasos sanguíneos en


el tejido periodontal. Estudios han demostrado que el VEGF promueve la vascularización de los tejidos
periodontales dañados y facilita la llegada de células reparadoras al sitio de la lesión periodontal (He et al.,
2018). Además, se ha observado una mejora en la cicatrización de los tejidos periodontales y una reducción en
la pérdida ósea al administrar VEGF en modelos animales de enfermedad periodontal (He et al., 2019).

Matriz extracelular

La matriz extracelular es un componente esencial del tejido periodontal y su restauración es crucial para la
regeneración tisular. Se ha investigado el uso de biomateriales que imitan la composición y estructura de la
matriz extracelular, como el colágeno y la matriz ósea desmineralizada, para promover la adhesión celular y la
regeneración del tejido periodontal después de la terapia periodontal (Kuchler et al., 2020).

La matriz extracelular en los tejidos periodontales está compuesta principalmente por colágeno,
glucosaminoglicanos, proteoglicanos y proteínas de adhesión celular. Estos componentes proporcionan
soporte estructural, regulan la adhesión celular y la comunicación intercelular, y participan en la regulación de
la actividad celular y la respuesta inflamatoria (Bosshardt, 2008).

En la enfermedad periodontal, se produce una remodelación patológica de la matriz extracelular, caracterizada


por la degradación del colágeno y la acumulación de matriz extracelular desorganizada. Esta alteración en la
composición y la estructura de la matriz extracelular contribuye a la perdida de inserción del diente y la
destrucción del tejido periodontal (Löe et al., 1993).

La matriz extracelular actúa como un sustrato para la adhesión y migración de células inflamatorias, como los
leucocitos y los macrófagos, que desempeñan un papel crucial en la respuesta inflamatoria en la enfermedad
periodontal. Además, los componentes de la matriz extracelular, como los glucosaminoglicanos y las
proteínas de adhesión celular, pueden regular la activación y la función de las células inflamatorias en el sitio
de la lesión periodontal (Page et al., 2007).

La restauración de la matriz extracelular es crucial para la regeneración de los tejidos periodontales dañados.
Estudios han demostrado que la aplicación de biomateriales que imitan la composición y la estructura de la
matriz extracelular puede promover la adhesión celular, la proliferación y la diferenciación celular en el sitio
de la lesión periodontal, lo que facilita la regeneración de los tejidos periodontales y la restauración de la
función periodontal (Nyman et al., 1982)

Agentes inflamatorios

Es la forma de manifestarse de muchas enfermedades. Se trata de una respuesta inespecífica frente a las
agresiones del medio, y está generada por los agentes inflamatorios. Esta respuesta ocurre sólo en tejidos
conectivos vascularizados y surge con el fin defensivo de aislar y destruir al agente dañino, así como reparar
el tejido u órgano dañado. La inflamación juega tres papeles esenciales en combatir la infección. El primero
es proporcionar moléculas efectoras y células al sitio de infección, así como aumentar la muerte de los
microorganismos invasores por la línea frontal de macrófagos. La segunda es proporcionar una barrera física
en la forma de microcoagulación vascular para prevenir la diseminación de la infección en el sistema
sanguíneo y la tercera es promover la reparación del tejido dañado.

Dado que la inflamación es un componente central en la patogénesis de la enfermedad periodontal, se ha


investigado el uso de agentes antiinflamatorios para reducir la respuesta inflamatoria y promover la
cicatrización de los tejidos periodontales. Estos agentes incluyen corticosteroides, inhibidores de la COX y
antagonistas de los receptores de IL-1, que han mostrado efectos beneficiosos en la reducción de la
inflamación y la mejora de los resultados del tratamiento periodontal (Souto et al., 2019).

Agentes antimicrobianos

Además de la inflamación, la carga bacteriana en el sitio de la lesión periodontal puede interferir con la
regeneración del tejido periodontal. Por lo tanto, se ha investigado el uso de agentes antimicrobianos, como la
clorhexidina y los antibióticos, para reducir la carga bacteriana y promover la cicatrización de los tejidos
periodontales después de la terapia periodontal (Teughels et al., 2020).
La administración de metronidazol con doxiciclina, liberadas de forma local, dieron por resultado una
reducción en la necesidad de cirugía y en la extracción en un 80%, sin embargo, las espiroquetas y los
organismos BANA positivos, después de una administración de metronidazol, redujeron inicialmente sus
niveles de manera significativa, no obstante, posteriormente regresaron a niveles detectables, indicando que
las especies monitoreadas no fueron eliminadas. (Loesche et al., 1996, Soder et al., 1999). El éxito del
metronidazol y la doxiciclina parece ser debido a su acción específica antibacteriana contra anaerobios
periodontopatógenos, pero en la administración de la doxiciclina hay evidencia de resistencia transitoria entre
los estreptococos, no así entre los anaerobios estudiados al administrar el metronidazol (Loesche, 1999).

Tratamiento periodontal

El tratamiento de la EP puede ser divido en cuatro fases: sistémico, higiénico, correctivo y de mantenimiento
o de terapia periodontal de soporte, y se ha comprado que el tratamiento fracasa cuando no se lleva a cabo una
adecuada terapia periodontal de soporte (Pihlstrom, 2001).

Raspado y aislado radicular

Es una técnica meticulosa cuyos beneficios clínicos dan por resultado la correcta eliminación del biofilm y
cálculo subgingival, para crear una superficie biológicamente apta para la curación de los tejidos
periodontales.

Sustancias acidas usadas en las enfermedades periodontales

Ácido cítrico

El ácido cítrico es un agente ácido orgánico que se encuentra naturalmente en frutas cítricas. En odontología,
se utiliza en forma de solución o gel para eliminar los depósitos de minerales de la superficie radicular,
especialmente cálculos dentales, y para facilitar la limpieza de los tejidos periodontales durante la terapia
periodontal no quirúrgica, estudios han demostrado su efectividad en la reducción de la formación de cálculos
dentales y en la mejora de la salud periodontal (Ciancio et al., 1995).

Ácido etilendiaminotetraacético (EDTA)

El EDTA es un agente quelante que se utiliza ampliamente en odontología para eliminar los depósitos
minerales de la superficie radicular y facilitar la descontaminación de los tejidos periodontales. Se aplica
tópicamente en forma de gel o solución para suavizar y desorganizar los cálculos dentales, lo que facilita su
remoción durante la terapia periodontal, demostrando su eficacia en la reducción de la cantidad de cálculos
dentales y en la mejora de la salud periodontal (Cobb et al., 2007).

Ácido fosfórico

El ácido fosfórico es un ácido inorgánico fuerte que se utiliza en la odontología para grabar la superficie del
esmalte dental y preparar las superficies dentales para la adhesión de materiales restaurativos. En el
tratamiento de enfermedades periodontales, se puede utilizar para desorganizar y eliminar los depósitos
minerales de la superficie radicular, especialmente en áreas de difícil acceso (Maynard, 1978).

Respuesta al tratamiento

Se ha notificado que el raspado elimina aproximadamente el 90% de las bacterias presentes en una zona.
Estos procedimientos no quirúrgicos mejoran los signos clínicos y los síntomas de las zonas afectadas, en
particular el sangrado al sondeo, presencia de supuración, disminución de profundidad de bolsa y ganancia de
inserción. (Doungudomdacha et al., 2001).

El raspado y aislado radicular es uno de los procedimientos más comúnmente utilizados para el tratamiento de
la EP. Numerosos estudios han informado de resultados benéficos de este tratamiento en parámetros clínicos y
microbianos. La mayoría de estos beneficios aparecen dentro de los tres primeros meses con un promedio de
niveles de inserción y profundidad de bolsa que queda igual en la última parte. Así, los datos disponibles
suponen dos estados del proceso en el cual la mayoría de los beneficios clínicos y microbiológicos ocurren en
un corto tiempo, seguido por un periodo de estabilidad ayudado por procedimientos de raspado en fase de
mantenimiento y técnica personal de cepillado. (Lindhe & Liljenberg, 1984, Radvar et al., 1996, Haffajee et
al., 1997).

Justificación:

Los mediadores inflamatorios de la respuesta del huésped, son utilizados como biomarcadores para
diagnóstico y monitoreo del tratamiento de la enfermedad periodontal (EP) (Gupta, 2013). Sin embargo, es
difícil aplicar un único marcador, pues una gran variedad de bacterias se relaciona con la EP y al mismo
tiempo la respuesta de los tejidos del huésped varía en correspondencia con sus hábitos, condiciones
sistémicas y características genéticas, las cuales determinan la posible respuesta del tratamiento (Fraser et al.,
2003, Gayathri et al., 2011). Por consiguiente, el enfoque preventivo terapéutico de las EPs y otras
enfermedades bucales incluye el control de la placa para reducir la agregación de microorganismo. Esto se
logra mediante una higiene bucal sostenida y frecuente empleado herramientas mecánicas y químicas para
reducir la carga microbiana. El organismo produce citoquinas en respuesta a la invasión bacteriana como
interleuquinas 2, 6 y 1β (IL2, IL6, 1β) e interferón-γ (INF-γ) y proteína C reactiva (CRP). En pacientes con
pérdida de inserción y profundidad de bolsa se detectó, elevación de la IL10, IL12p40, factor estimulante de
granulocitos-macrófagos (GMCSF), ácido siálico y proteínas inflamatorias macrofágicas (MIP1α) (Ide et al.,
2003). En la fase aguda de la respuesta inmune se produce la liberación de IL-1β, factor de necrosis tumoral-α
(TNF-α) e IL6, induciendo la liberación hepática de proteína en el plasma como CRP, encargada de la
opsonización de bacterias (D'aiuto et al 2004, Rizwan & Shobha, 2009). La elastasa es una proteinasa sérica
cuya función es la degradación, tanto de componentes microbianos, como la matriz extracelular (elastina,
fibrinógeno y colágeno). Se almacena en los gránulos azurófilos de los polimorfonucleares (PMN), aunque
una pequeña parte es producida por macrófagos, en forma de MMP-12. Se encuentra elevada en sitios activos
con EP, no en gingivitis y disminuye posteriormente con el tratamiento (Loos & Tjoa, 2005, Castrillón et al.,
2011). Las caloprotectina o MRP8/14 es producida por los macrófagos, células epiteliales, PMN y monocitos
activados. Se ha usado como analito, se encuentra en el líquido crevicular de sitios con EP. Después del
tratamiento los niveles bajan, permitiendo el monitoreo de la terapia periodontal (Andersen et al., 2010).

Respecto a las terapias el fluoruro se ha utilizado debido a su efecto anticaries, propiedades antimicrobianas y
potencial desensibilizante (Marinho et al., 2003, Konradsson et al., 2020). Madlmina et al., (2012) observaron
una disminución en el índice de placa, el índice gingival y el sangrado cuando se realizaron pruebas en
pacientes usando fluoruro de amina y fluoruro estannoso (Am/SnF2) pasta de dientes en combinación o no
con un enjuague bucal con Am/SnF2. Bajo estas condiciones, la placa dental se vuelve menos acidogénica, lo
que respalda la propiedad antibacteriana de los agentes fluorados (Madlmina et al., 2012, Koopman et al.,
2015). Por otro lado, diferentes autores coinciden en que el tratamiento periodontal puede reducir la carga
bacteriana y por tanto el nivel de LPS, atenuado su potencial efecto inflamatorio a corto plazo. El enfoque
terapéutico, consistente en la eliminación profesional de la placa junto con el refuerzo de los cuidados
domiciliarios, combinado con un tratamiento antibiótico a base de 500 mg de amoxicilina y 250 mg de
metronidazol, tres veces al día durante siete días, modulando parcialmente la capacidad de respuesta de los
LPS (Shaddox et al., 2013).

Se considera que los marcadores inmunológicos, como las interleuquinas y las proteínas inflamatorias, pueden
ser útiles para el diagnóstico y la monitorización de la enfermedad periodontal, ya que reflejan la respuesta
inmunológica del huésped ante la presencia de bacterias periodontopatógenas. Sin embargo, a pesar de su
potencial utilidad, aún persisten incertidumbres en cuanto a los factores esenciales que determinan la etiología
y la respuesta del hospedador en la enfermedad periodontal. Existe una necesidad urgente de profundizar en
este conocimiento, especialmente al considerar la compleja interacción entre la flora microbiana oral y la
respuesta inmunológica del huésped en la progresión de la enfermedad periodontal.
En este contexto, se plantea la hipótesis de que la aplicación de moduladores bioquímicos en la superficie
radicular después de la terapia periodontal puede desempeñar un papel crucial en la regeneración del tejido
periodontal y la reducción de la inflamación. Se espera que esta intervención resulte en una mejora
significativa en la salud periodontal de los pacientes, al promover la cicatrización de los tejidos dañados y
reducir la actividad inflamatoria asociada con la enfermedad periodontal. Esta hipótesis se fundamenta en la
idea de que los moduladores bioquímicos pueden influir en los procesos de reparación y regeneración tisular,
facilitando así la recuperación del tejido periodontal afectado y contribuyendo a la estabilización de la salud
periodontal a largo plazo.

Planteamiento del problema:

La enfermedad periodontal (EP) o periodontitis, de forma genérica, es aquella entidad patológica de origen
infeccioso inflamatorio que afecta a los tejidos de soporte del diente, encía, ligamento periodontal, cemento y
hueso alveolar (Dye, 2012), lo que eventualmente concluye con la pérdida de los dientes involucrados (Ren et
al., 2009). Se estima, de acuerdo a la OMS que las enfermedades periodontales graves afectan alrededor del
19% de la población adulta mundial, lo que representa más de mil millones de casos en todo el mundo. Los
principales factores de riesgo de le enfermedad periodontal son los malos hábitos de higiene bucal, el
tabaquismo y el alcoholismo.

Estudios recientes han demostrado que la enfermedad periodontal está asociada a una ecología microbiana
que liberan endotoxinas que provocan la respuesta inflamatoria. La endotoxina es un lipopolisacárido (LPS)
que comprende la membrana externa de las bacterias gramnegativas, la capa externa de la pared celular está
compuesta por una bicapa de fosfolípidos asimétrica que contiene LPS, y la capa interna de la membrana
incluye glicerofosfolípidos, la presencia de LPS aumenta la resistencia de las bacterias a los componentes
antimicrobianos y al estrés ambiental (Silipo & Molinaro, 2010). Los LPS actúan a través de la proteína de
unión a LPS y los receptores tipo Toll 2 y 4 (Snyderman, 1972), que actúan como receptores de
reconocimiento de patrones de la superficie celular. La interacción entre los LPS y las células huésped
produce una regulación positiva de la transcripción de numerosos genes, lo que lleva a una producción
elevada de una serie de mediadores de citoquinas, quimioquinas y lípidos que contribuyen a las respuestas
inflamatorias agudas y crónicas (Jacob et al., 2012). Donde se ha demostrado que las citoquinas
proinflamatorias como es la interleuquina-1 (IL-1) se presenta en dos formas la IL-1a e IL-1b, de las cuales la
IL-1b se ha estudiado particularmente como determinante de la destrucción del tejido periodontal debido a sus
propiedades proinflamatorias y de resorción ósea (Taubmann & Kawai 2001).

Para contrarrestar las bacterias asociadas con la EP, es importante eliminar efectivamente la placa dental
mediante la higiene oral adecuada y la remoción mecánica de biofilm dental y cálculos dentales, el cepillado
dental regular, el uso de hilodental ayudan a eliminar los depósitos bacterianos en las superficies dentales y en
los espacios interdentales, reduciendo así la carga bacteriana y previniendo la progresión de la enfermedad
periodontal (Van der Weijden & Slot, 2011). El uso de clorhexidina, y la aplicación tópica de agentes
antimicrobianos, como los antisépticos y los antibióticos, pueden ayudar a contrarrestar las bacterias
patógenas asociadas a la EP. Estos agentes tienen la capacidad de inhibir el crecimiento bacteriano, reducir la
formación de placa dental y disminuir la inflamación gingival (Serrano et al., 2015).
En casos de EP avanzada o resistente al tratamiento convencional, la terapia periodontal combinada con el uso
de antibióticos sistémicos puede ser beneficiosa para contrarrestar las bacterias periodontopatógenas y reducir
la inflamación periodontal. Los antibióticos sistémicos, como la amoxicilina y el metronidazol, han
demostrado ser eficaces en la reducción de la carga bacteriana y en la mejora de los parámetros clínicos
periodontales (Herrera et al., 2002).

Porphyromonas gingivalis ha sido identificada como una bacteria clave en la patogénesis de la enfermedad
periodontal. Es una bacteria anaerobia gramnegativa que se encuentra comúnmente en la microbiota oral de
pacientes con enfermedad periodontal y se ha asociado con la progresión de la inflamación y la destrucción
del tejido periodontal (Hajishengallis, 2009).

El EDTA actúa como un agente quelante que se une a los iones metálicos, como el calcio, que están presentes
en los depósitos minerales de la superficie radicular y en el biofilm dental. Al eliminar estos iones metálicos,
el EDTA ayuda a debilitar y eliminar los depósitos calcificados de la superficie radicular, facilitando así la
limpieza y la descontaminación de los tejidos periodontales (Cobb et al., 2007). Estudios han demostrado la
eficiencia del EDTA en la descontaminación radicular y la eliminación de depósitos minerales de la superficie
radicular en pacientes con EP, demostrando la reducción significativa en la profundidad de las bolsas
periodontales y una mejora en la pérdida de inserción clínica, lo que sugiere su eficacia en la eliminación de
los factores patogénicos asociados a la enfermedad periodontal (Eick et al., 2006). Asimismo, la combinación
del EDTA con otros agentes antimicrobianos, como la clorhexidina o los antibióticos, ha demostrado mejorar
aún más la eficacia de la terapia periodontal en la reducción de la carga bacteriana y la inflamación
periodontal (Shrestha et al., 2016).

Un estudio realizado por Arzmi et al., (2019) evaluó la eficacia de diferentes enjuagues bucales comerciales y
componentes antiadherentes, incluido el EDTA, en la inhibición de la adhesión de bacterias orales incluida P.
gingivalis. Los resultados mostraron una disminución significativa en la adhesión bacteriana en presencia de
EDTA, lo que sugiere su potencial como agente terapéutico para reducir la colonización bacteriana en la
cavidad oral. Por otra parte, en un estudio in vitro realizado por Haps et al., (2019), se evaluó el efecto de
enjuagues bucales que contenían cetylpyridinium chloride, un compuesto antiplaca, en la reducción del
biofilm dental y la inflamación gingival. Se observó que el ácido cítrico presente en estos enjuagues bucales
contribuyó significativamente a la inhibición de la adhesión bacteriana y la formación de biofilm, lo que
sugiere su potencial como agente antiadherente en el tratamiento de la enfermedad periodontal. Finalmente,
Sehgal et al., (2014) investigaron el efecto del ácido fosfórico en la liberación de calcio y fosfato de
materiales a base de hidroxiapatita y su impacto en el pH salival, los resultados mostraron una reducción
significativa en la colonización bacteriana en presencia de ácido fosfórico, lo que sugiere un efecto
antiadherente potencial contra bacterias periodontales.

Por otro lado, se ha observado la reinfección después de la terapia periodontal debido a varios factores,
incluyendo la presencia persistente de bacterias periodontopatógenas en la cavidad oral, donde a pesar de una
terapia de una terapia periodontal inicial, algunas bacterias pueden persistir en los tejidos periodontales o en
los bolsillos periodontales, lo que aumenta el riesgo de reinfección. Estas bacterias pueden permanecer
viables en nichos intraorales y reactivarse en respuesta a cambios en el entorno oral o a factores de riesgo
adicionales (Socransky et al., 1998)

la ineficiencia de la terapia, donde la terapia inicial puede no ser completamente efectiva para eliminar todas
las bacterias periodontopatógenas presentes en los tejidos periodontales, especialmente en áreas de difícil
acceso o en bolsillos periodontales profundos. La persistencia de bacterias viables después del tratamiento
puede conducir a una recurrencia de la infección y la reinfección de los tejidos periodontales (Löe et al.,
1965) y la recolonización de patógenos periodontales en los tejidos tratados, donde después de la terapia
periodontal, los tejidos tratados pueden ser colonizados nuevamente por patógenos periodontales a medida
que se restablece el equilibrio microbiano en la cavidad oral. Factores como la mala higiene oral, el
tabaquismo y la falta de mantenimiento periodontal regular puede facilitar la recolonización de bacterias
patógenas en los tejidos respectivamente tratados (Feres et al., 2016).

A pesar de la creciente compresión de la relación entre P. gingivalis y la enfermedad periodontal, aún


persisten interrogantes y desafíos significativos en la investigación de esta asociación. Por lo tanto, es
fundamental abordar la siguiente pregunta de investigación ¿Cuál es la relación entre Porphyromonas
gingivalis y la enfermedad periodontal, y cuáles son los mecanismos subyacentes involucrados en esta
asociación? A través de esta pregunta de investigación, se pretende identificar posibles blancos terapéuticos y
estrategias de intervención para el tratamiento y la prevención de la enfermedad periodontal.

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