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Voces y Exilios en Casa de las Américas

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casadelasaméricas

# 313 octubre-diciembre/2023 • Año LXIII • Órgano de la Casa de las Américas

Fundada en 1960 por Haydee Santamaría


HECHOS/IDEAS
y dirigida a partir de 1965, durante más
de doscientos cincuenta números, 003 Luisa Campuzano • Al llegar: primeros pasos de La Peregrina
por Roberto Fernández Retamar
018 Mauricio Acuña • Jorge Amado y su viaje-exilio por América Latina

Director: VOCES DE BRASIL


Jorge Fornet
030 Fue temprano el interés de la Casa por Brasil y su cultura...
Subdirector: 031 Stefania Chiarelli • Literatura brasileña contemporánea:
Aurelio Alonso recorriendo rutas de lectura
Consejo de Redacción: 044 Luiz Ruffato • Comer sushi en Beirut
Luisa Campuzano 054 Adriana Lisboa • Blue sunday; Animales delicados; En este
Jaime Gómez Triana mismo mundo; Madre
Nancy Morejón
Zuleica Romay 057 Nara Vidal • Cipó mil hombres
Caridad Tamayo Fernández 060 Mário Araújo • La hora extrema
Roberto Zurbano 066 Ricardo Lísias • La generación que despreció a sus viejos
Editora: 074 Paula Fábrio • Balance
Sheyla Valladares Quevedo 080 Eliane Marques • La fosa de las Marianas
083 Gustavo Castanheira • Máquina Rubro-Negra
Diseño y emplane:
Ricardo Rafael Villares 192 Paulo Dutra • Me(mi)ento; Allstar
196 Cidinha da Silva • Luna llena
Realización computarizada: 199 Allan da Rosa • El nacedero de la lengua
Roxana Monduy
102 Frei Betto • Los asesinos

Redacción: GRANADA, A CUARENTA AÑOS DE LA INVASIÓN


Casa de las Américas, 3ra. y G,
El Vedado, La Habana 10400, Cuba. 108 Se cumplieron, este 25 de octubre, cuarenta años...
Correo electrónico: 110 Dionne Brand • Octubre en Granada
revista@casa.cult.cu 118 Nancy Morejón • El ruiseñor y la muerte; Granadina; Elegía a
Sitio web: Maurice Bishop
www.revistacasa.casadelasamericas.org
Suscripción:
MEDIO SIGLO SIN (CON) CAMILA
suscripciones@casa.cult.cu 124 Zaida Capote Cruz • Camila Henríquez Ureña: la dominicana
más cubana
Cuatro números por año. 138 Caridad Tamayo Fernández • Camila Henríquez Ureña, forma-
Cada trabajo expresa la opinión de su autor. dora de espíritus
La opinión de la Casa de las Américas 159 Camila Henríquez Ureña • Sobre la Colección Literatura Lati-
se expresa en los editoriales y en notas
que así lo indiquen. noamericana
En los casos de colaboraciones que no haya
HOMENAJE
solicitado, la revista no se compromete
a devolver los originales ni a mantener 164 Roberto Fernández Retamar • Diez preguntas (comentadas)
correspondencia.
para Edmundo Desnoes
Inscrita como impreso periódico
en la Dirección Nacional de Correos, 162 RECIENTES Y PRÓXIMAS DE LA CASA
Telégrafos y Prensa.
Permiso No. 81222/153. 168 COLABORADORES / TEMAS

© Casa de las Américas, 2023 170 ÍNDICE DE CASA DE LAS AMÉRICAS 2023
ISSN 008-7157

Contraportada:
José Altimo:
Os herois da Terra.
Margarida Maria Alves,
Portada: líder campesina, 1989.
Waldomiro de Leeus: Litografía/cartulina,
S/t, 1966. Gouache/papel, 450 x 330 mm,
73 x 55 cm ed. 3/20
Este número está ilustrado con piezas de artistas de Brasil, pertenecientes
a la colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría.
HECHOS/IDEAS

LUISA CAMPUZANO

Al llegar: primeros pasos


de La Peregrina

E
l primer texto conocido de Avellaneda, su soneto «Al
partir», escrito en el barco que la llevó en la primavera
de 1836 a Europa, así como las Memorias que escribiera
a fines del 38 para su prima Heloysa, y la Autobiografía que
destinara siete meses después a Ignacio de Cepeda, muestran
–aun pasando por alto convenciones literarias, lecturas de la au-
tora y estrategias a las que me referiré más adelante– la cicatriz
de su separación de la Isla, cuya violencia resuena en un verso
del primero de estos textos: «para arrancarme del nativo suelo»
(Avellaneda, 1869, I, 1). Debe tenerse en cuenta que «arrancar
[...] de raíz», «separar a alguien del lugar o medio donde se ha
criado» son, según el Drae, dos acepciones de «desarraigar».
También debo explicar que no por gusto elijo el término
«cicatriz», sino porque esta locución y su empleo metafórico
se ubican en un campo semántico trillado hace más de dos
décadas por distintos estudiosos de los desplazamientos huma-
nos, como Gloria Anzaldúa: «la frontera es siempre una herida
abierta» (Anzaldúa, 1987, 3); Stuart Hall: «la emigración es

Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 3-17 3


un gesto definitivo» (Hall, 1987, 44); Edward su Autobiografía, parafrasea muy libremente en
Said: «el exilio es una muerte simbólica» (Said, los «Apuntes biográficos de la señora Condesa
1984, 160). Campo semántico orientado por las de Merlin», de 1844: «¡Venturoso [...] venturoso
concepciones de Freud sobre el duelo y la melan- aquel que no conoce otro sol que el de su patria!»
colía, consideradas por él como reacciones «ante (Avellaneda, 1974, 65).3 A partir de esta evoca-
la pérdida de un ser querido o de una abstracción ción de Heredia, Avellaneda desarrolla un texto
[...], como la patria». El duelo, sigo con Freud, sobre Mercedes Santa Cruz –con quien también
puede ser superado con el tiempo. Pero cuando se identifica– que comienza con esta dramática
no se supera el dolor de la pérdida, cuando no se constatación: «Nada [...] es tan amargo como la
elabora el duelo, los sentimientos de pena y de expatriación» (Avellaneda, 1974, 65), y que en
tristeza se vuelven contra quien los experimenta, su desarrollo se constituye en larga digresión en
colocándolo en un estado melancólico que ero- torno al desarraigo, y, sobre todo, al espacio de
siona todas sus relaciones con el mundo exterior, acogida, a la sociedad donde deberá insertarse, a
y puede llevarlo a la concentración narcisista en cómo se ven y son tratados los extranjeros lejos
su autoconocimiento (Freud, 1976, XIV, 241). de su país. Este es, pues, mi tema. Un tema muy
Retengo esta última frase: concentración nar- trabajado en estos tiempos de grandes desplaza-
cisista en su autoconocimiento, porque no cabe mientos humanos, de constitución de comunida-
duda de que algo de esto hay, obviamente, en las des posmigratorias en los sitios de acogida, de
prematuras Memorias y en la Autobiografía de rechazo, de xenofobia, de conflictos culturales
una muchacha de veinticinco, veintiséis años. de todo tipo. Es desde esta perspectiva que me
Y propongo, de entrada, que es esta conflictiva propongo leer los textos escritos por Avellaneda
situación de expatriada,1 la que parece marcar en relación con su llegada a España.
a quien será una mujer siempre nostálgica de En su Autobiografía la joven relata a Cepeda
algo, siempre ansiosa, insatisfecha; alguien que su padre, «en los últimos meses de su vida»,
que no se siente aceptada del todo, que siempre deseoso de dejar sus huesos a su tierra natal y te-
quiere más, que por largo tiempo no logra ela- miendo, al mismo tiempo, que en Cuba estallase
borar su duelo. Una escritora que se identifica una rebelión como la de «la isla vecina» –por su-
con compatriotas que se encuentran en peores puesto, Haití–, había proyectado regresar a Sevi-
o parecidas circunstancias: con Heredia, «el lla; plan frustrado por la muerte, que ella se había
cisne peregrino», 2 cuyos versos empleados propuesto continuar (Avellaneda, 2003, 146). Por
como epígrafe de sus Memorias y repetidos en ello, cuando quince años más tarde el padrastro
decide instalarse con toda la familia en España,
1 Utilizo el término con el sentido que tendrá más ade- la joven acoge la idea con beneplácito: «Este
lante, el que le da Mary MacCarthy al aplicarlo a poetas proyecto me sacó de mi desaliento; deseaba otro
ingleses o escritores norteamericanos que se instalan cielo, otra tierra, otra existencia» (Avellaneda,
voluntariamente en Europa (apud Kaplan, 106).
2003, 158). Lo deseaba no solo, como escribe,
2 Así lo llamará poco después en su elegía «A la muerte
del célebre poeta cubano Don José María de Heredia»
(Avellaneda, 1869, 65-67). 3 He actualizado la ortografía de los textos de Avellaneda.

4
por aquel sueño insatisfecho de su padre, sino 2
también por los conflictos amorosos y familiares
de su primera juventud, tema desarrollado tan Antes de proseguir diremos que estas Memorias
ampliamente en la Autobiografía, que ocupa y la Autobiografía, conocidas a partir de su publi-
casi un tercio de todo el texto. Mas este deseo de cación en las primeras décadas del siglo xx –en
vivir en España, no significaría olvido de su país 1907 la Autobiografía y en 1914 las Memorias–,
o desdén por él, lo que le aclara a Cepeda tal vez muestran algunos rasgos comunes.
demasiado enfáticamente: «¡Perdone usted!; mis Ambas fueron escritas en el lapso de unos po-
lágrimas manchan este papel; no puedo recordar cos meses: las Memorias, entre el 7 de noviembre
sin emoción aquella noche memorable en que vi y el 8 de diciembre de 1838; la Autobiografía,
por última vez la tierra de Cuba» (Avellaneda, del 23 al 27 de julio de 1839; a lo que se debe
2003, 160); pasaje, por lo demás, muy colocado añadir que una pequeña parte de lo narrado en
en la tradición de la tristissima noctis imago de las primeras se incorpora a la segunda. Por otra
Ovidio (Trist. 1, 3, 1-2), el gran paradigma de la parte, se trata en ambos casos de textos priva-
literatura del exilio. dos, escritos para destinatarios explícitos: la
En las Memorias, subtituladas Desde mi sa- prima Heloysa de Arteaga y Loynaz y el amado
lida de Cuba hasta mi llegada a Sevilla, o sean Ignacio de Cepeda. De modo que, por momentos,
apuntaciones de mis viajes, la descripción del las Memorias exhiben un estatuto cercano al
ámbito marítimo alterna con rememoraciones de las cartas, percibimos en ellas la presencia de
o meditaciones en las que el triste destino de la la destinataria: «Si has leído a Montesquieu –le
narradora, su destierro, es puesto de relieve. El escribe a Heloysa–, si eres, como yo, entusiasta
epígrafe de Heredia con que comienza: «Feliz, de su genio, tu alma adivinará las emociones
Elpino, el que jamás conoce / otro cielo ni sol que que experimentó la mía cuando estuve en Las
el de su patria» (Avellaneda, 1914, 1) –tomado de Bredas» (Avellaneda, 1914, 9). Y, además en
su poema «A Elpino»–, y los versos de una can- las Memorias existen referencias explícitas a la
ción oída cada noche a los tripulantes del velero correspondencia sostenida previamente con su
francés en que viaja –que identifico con parte de prima. Por ejemplo, la autora alude, sin mencio-
la letra de «Ma Normandie», citada de memo- nar su nombre, a su desdichado noviazgo con el
ria y mal (Avellaneda, 1914, 3)–, condicionan gallego Ricafort: «aquel sueño fugaz de ventu-
y orientan una lectura nostálgica del texto, del ra», y le recuerda a su destinataria lo que ya esta
mismo modo que sendos pasajes de Byron: «El conoce: «Tú sabes de qué hablo» (Avellaneda,
corsario» (Avellaneda, 1914, 2-3), y otra vez 1914, 9). La Autobiografía tiene un carácter in-
de Heredia: «Niágara» (Avellaneda, 1914, 4), discutiblemente epistolar, muy estudiado a partir
también aludidos o citados de memoria, ilustran, del momento en que comenzó a reconocerse el
respectivamente, las bonanzas y peligros de la valor per se de este texto, su mérito autónomo,
navegación, legitiman desde su autoridad litera- y no ancilar, no puesto al servicio de una mejor
ria la conducta entusiasta o temerosa de la autora, lectura de la obra «verdaderamente literaria»
y la «guían» hacia una aventura desconocida. de Avellaneda. La Autobiografía, o sea, este

5
«cuadernillo» (Avellaneda, 2003, 145, 169), que 3
ocupa el segundo lugar cronológico en la edición
del epistolario, a continuación de la primera car- Por mucho tiempo la tradición filológica no
ta, del 13 de julio, muestra clamorosamente los otorgó a cartas, memorias, autobiografía, un es-
espacios que nos permiten identificar una carta tatuto literario propio, sino que las valoró como
como tal y no como otro tipo de discurso, porque fuentes o complementos para el acercamiento
no solo ostenta la fecha o el momento en que se a distintos estratos del estudio de textos de sus
retoma su escritura,4 sino que tiene un destina- autores, o de hechos relacionados con sus vi-
tario al que la autora saluda y al que se dirige das, y aun del período histórico y el entorno en
de modo enfático; dedica secciones completas a que se produjeron o desarrollaron. Uno de los
reconvenciones, recapitulaciones y consideracio- abordajes más frecuentes, y todavía muy prac-
nes generales ubicadas y referidas al hoy de sus ticado, es el que consiste en tomar estos textos
relaciones con Cepeda, y cuenta con despedida como fuentes documentales para reconstruir
y posdata, ambas rubricadas con su firma. Pero aspectos de la vida de sus redactores; otro, el
el carácter epistolar de la Autobiografía no solo que los emplea como elemento auxiliar para el
se evidencia en elementos formales como los que estudio de su producción literaria. Y sabemos
acabo de indicar, sino sobre todo se pone de ma- que esto es lo que ha ocurrido durante casi un
nifiesto en una estrategia persuasiva marcada por siglo con Avellaneda.
la asunción de múltiples recursos retóricos, y en el La crítica contemporánea, es obvio decirlo,
carácter de conversación a distancia que muestra ha reconocido otra dimensión en estas produc-
a cada paso y que es característico de una carta. ciones textuales, y ha desarrollado un abundante
Carta que en este caso, como ambos correspon- aparato epistemológico cuyas más sólidas bases
sales viven en la misma ciudad y frecuentemente se sitúan en la constatación de que las llamadas
se encuentran –o no, ¡y qué molesta se pone Tula «escrituras del yo» son construcciones litera-
cuando no! (Avellaneda, 2003,165)–, se constitu- rias que como tales no constituyen una fuente
ye en ampliación de un diálogo que por ser escrito de verdad objetiva, no son the real thing, sino
le permite hacer mayor y mejor uso de la palabra que, por lo contrario, implican a sus autores
a quien se está formando como escritora, y se ha tanto en un proceso de objetivación, en un
encargado desde el principio del texto de probar verse puestos en papel, como en un construirse
sus saberes y capacidades literarias: no olvidemos para otros y para sí mismos, en un reconocerse
que la primera carta de este epistolario incluye un fuera de sí, en poder leerse como textualización
poema, al que su autora le añade una explicación. forzosamente selectiva y manipulada de sus
Así pues, Memorias y Autobiografía se adscri- sentimientos y experiencias, textualización
ben tanto al pacto autobiográfico, como al pacto inscrita en convenciones y colocada en una
epistolar y obedecen a ambos. tradición formal.
Pero cartas privadas, memorias, autobiogra-
4 Ello también permite a algunos autores relacionar la
Autobiografía con un diario, dotando a su estatuto ge- fía, también sirven de auxiliar a la investigación
nérico de mayor ambigüedad e hibridismo. histórica. Y es precisamente en este sentido en el

6
que más se aviene la vieja tradición filológica, 4
amante de las llamadas «fuentes», con los nue-
vos desarrollos del saber, ya que un estudio de La literatura de viajes del ochocientos exhibe
esta producción textual desde esa perspectiva, una serie de características generales que no
contribuye en gran medida a la historia de la podemos obviar al acercarnos a las Memorias de
vida cotidiana, de las mentalidades, a la his- Avellaneda. Por una parte, y en sentido general,
toria social, a la historia de las mujeres, a la hay que tener en cuenta que nadie viaja a lo ig-
antropología cultural, etcétera. noto, que el viajero se dirige siempre a un país
Y esta es la lectura que me propongo hacer de conocido, imaginado, construido previamente
estos textos. Porque lo que me interesa de ellos, por lecturas y conversaciones; es decir, que todo
de las Memorias y de la Autobiografía, es preci- lo que Tula le escribe a su prima va a tener un
samente subrayar lo que nos dicen del espacio de doble referente: el de la realidad vivida y el de
recepción de la cubana emigrada, expatriada… los libros leídos o las ideas transmitidas por otros
Marcar cómo ella lo describe y analiza en estos acerca de la experiencia del viaje y de los sitios
textos privados, tomando muy en cuenta quiénes recorridos. De igual modo, ha de recordarse que
son los destinatarios: una prima cubana residente «el yo que viaja –como se ha dicho– transporta
en el Camagüey, y un enamorado español, sevi- consigo todas las posiciones que ha ocupado
llano; y cuáles son los propósitos de cada texto, [...] está simultáneamente en [distintas] partes,
para los que selecciona estrategias narrativas y recapitulando a cada instante una totalidad de
material temático –lo que llamaban los retóricos saberes» (Tamborenea, 1992, 309), los cuales se
res– acordes con los fines que persigue y con el inscriben en el texto como huellas, y en ocasio-
molde literario que ha elegido para cada relato. nes como esta, como huellas contrastadas de
Ello nos lleva de la mano a las diferencias sus andanzas y sus vivencias anteriores. Y el
que distinguen a ambos textos. Las Memorias viajero también transporta consigo las ideas de
se ubican en el campo de la literatura de viajes, su tiempo, una cosmovisión que determina su
como lo establece su propio subtítulo. Son una acercamiento y evaluación de «lo otro», de «los
narración comentada, para una destinataria cer- otros». En fin, que un libro de viajes, y de un modo
cana y curiosa, de los espacios recorridos, de las explícito esto son sus Memorias, debe leerse como
vivencias positivas y negativas experimentadas a un denso palimpsesto en que se superponen
lo largo de un periplo bien determinado topográ- múltiples voces y experiencias.
fica y cronológicamente; de modo que se cons- Por otra parte, no podemos desconocer que
truyen igualmente como un sitio donde compartir la literatura de viajes europea y norteamericana
recuerdos comunes, recuerdos de familia. La contaba en el siglo xix con una retórica y una
Autobiografía está colocada explícitamente en sintaxis narrativa muy elaboradas. De acuerdo
el paradigma de lo confesional, pero tiene como con ellas, y mirando siempre las expectativas y
finalidad evidente dar una versión de sí misma, las experiencias de lectura de sus destinatarios
la que consideraría más atractiva para el reacio también europeos y norteamericanos, estos rela-
o poco entusiasta galán a quien va dirigida. tos de viaje debían subrayar lo nuevo, lo inédito,

7
el elemento de la aventura, de lo pintoresco; en modelo europeo (Campuzano, 2008, 28), el cual
fin, las novedades, los portentos y la extrañeza se combina, dado el carácter forzoso de su viaje
de unas tierras desconocidas, exóticas; y no po- –es un proscrito–, con el modelo ovidiano de la
cas veces, para lograr satisfacer a este público literatura del destierro (Guillén, 1998, 30). Para
mayormente lector de novelas, el autor debía empezar, la narración del viaje, la descripción
amoldarse a las exigencias del género narrativo. de su proceloso ámbito marítimo; después, la
En consecuencia, los relatos solían dividirse tristeza e inconvenientes de una terra ignota,
en dos partes. La primera, en la que se descri- de un medio hostil y, sobre todo, la exasperante
bía el viaje como desplazamiento, tenía a su incapacidad de comunicación verbal:
vez dos subdivisiones: su ámbito marítimo,
preñado de tormentas o bendecido por mares y ¿Qué decir de la navegación? [...] en la
celajes benévolos y, por ende, propicio para las mayor furia de la borrasca me pasaba horas
meditaciones; y su espacio terrestre, merecedor enteras sentado en la popa mirando el mar
de que el autor se detuviera en la pintura de los enfurecido [...] Los vientos contrarios [...]
primitivos medios de transporte, los inconve- nos han hecho detener en este fondeadero
nientes de los precarios hoteles y posadas, el mal [...] Bajé a tierra, y vi con horror lo que es
estado de los caminos y los peligros que podían invierno. Un río estaba ya helado. [...] Ni una
causar bandidos y animales siempre prestos al hierba pudo consolar la vista de esta aridez
ataque. La segunda parte se ocupaba de registrar espantosa. No se ven ni un hombre, ni un ani-
la novísima realidad observada por el viajero: mal, ni un insecto. Los dos únicos edificios
naturaleza, historia, población –etnias, capas y en que los ojos pueden descansar, el faro y la
clases sociales–, comidas, costumbres domésti- posada [...] tienen aspecto de sepulcros [...]
cas, diversiones, cultura, educación, religión... Fui al faro, que está al cuidado de un soldado
(Campuzano, 1997-1998, 67-74). [...] me dijo algunas palabras afectuosas e
Aunque Avellaneda no se dirige a lo exótico, incomprensibles. [...] no entiendo una sílaba
sino a lo que supone domesticado, o, como di- [Heredia, 1988, II, 100-102].
ríamos hoy, desarrollado; y viaja porque quiere
zambullirse en la civilización, desplazarse del Por otra parte, salvo honrosas excepciones, en
margen colonial al centro metropolitano, la retó- la recolección y estudio de la literatura producida
rica y la sintaxis narrativa de su texto conservan, por viajeros hispanoamericanos, se ha otorgado
en buena medida, rasgos de las de los europeos escasa importancia a los textos escritos por mujeres,
y norteamericanos que en un principio habrían sin reconocer que han tenido muchas cultivadoras
sido indirectamente sus modelos o, mejor, los notables en más de un sentido. No obstante, desde
modelos de su modelo, de aquel que en muchos hace unas tres décadas, estas memorias, estos
sentidos fue su paradigma: José María Heredia. diarios, estas cartas de mujeres que viajan han
Detengámonos brevemente a ver cómo en promovido numerosos abordajes, estimulados
una de sus «Cartas de los Estados-Unidos», por la riqueza y variedad de la información que
Heredia exhibe la más estricta fidelidad al aportan al conocimiento de la vida cotidiana del

8
país visitado, de la situación de las mujeres que en- de su larga estancia en Galicia, en La Coruña, y de
cuentran en sus caminos, así como de ellas mismas su partida de esta ciudad y su paso, de camino,
y de otras mujeres de sus países de origen. Estos por Santiago de Compostela, Pontevedra y Vigo.
textos proporcionan, igualmente y por múltiples El tercero, fechado el 29 de noviembre relata el
razones, documentación y testimonios del mayor viaje hasta Lisboa y luego el arribo a Cádiz y
interés a la crítica y a los estudios de género. Sevilla, con las descripciones y consideraciones
de rigor. El cuarto cuadernillo, del 8 de diciem-
bre, trata exclusivamente de la descripción de
5
la catedral de Sevilla, y en él anuncia que habrá
Publicadas en 1914 por Domingo Figarola Cane- otro «consagrado a las ruinas de Itálica», así
da y reeditadas posteriormente por su viuda, las como a Constantina, «cuna de [su] familia» y a
Memorias de Gertrudis Gómez de Avellaneda, «grandiosos edificios» de Sevilla (Avellaneda,
sus «apuntaciones de [...] viajes», fueron escri- 1914, 35). Pero en sus páginas también expresa
tas en Sevilla treinta y un meses después de su la posibilidad de no proseguir, lo que de hecho
partida por el puerto de Santiago de Cuba, para parece haber ocurrido.
que su prima Heloysa Arteaga y Loynaz cono- Es innegable la impronta del modelo europeo
ciera tanto los detalles de las travesías, como de en su relato de viaje. El esquema se cumple fiel-
las ciudades donde había residido o que había mente: se dedica una parte a la narración del viaje
visitado. Y para ello la autora le dice –dato in- como desplazamiento, por mar y por tierra. En
teresante– que ha tomado notas en su «libro de su descripción del ámbito marítimo, de factura
Memorias, las que iba haciendo respecto a todo romántica y tono nostálgico, se mezclan escenas
aquello que veía y que juzgaba digno de serte de paz y hermosos paisajes nocturnos con de-
comunicado» (Avellaneda, 1914, 6); es decir, que sarrollos procelosos y tormentas que constituyen
tenía un diario de viaje o un cuaderno de anota- el telón de fondo sobre el que se proyectan los
ciones. Pero le advierte: «No esperes [mucho,] tristes pensamientos de la autora. Pero la llegada
conténtate con una ligera reseña» (Avellaneda, a tierra cambia por completo la tonalidad y el
1914, 6); y sin dudas está desde el principio ritmo del relato. En los dieciocho días que pasa
consciente del carácter incompleto, no pulido en Burdeos, registra y fija en su memoria una
de estas páginas: «Acepta estos borradores tales nueva realidad y un exaltado estado de ánimo
cuales son, como una memoria de tu fiel amiga» que más de dos años después le describe a su
(Avellaneda, 1914, 2). prima con la misma fascinación e ingenuidad con
Las Memorias se organizan en cuatro cua- que debe de haber contemplado el curso del río que
dernillos que ocupan poco más de cuarenta pá- conduce al puerto fluvial y a la ciudad.
ginas, y que se distribuyen del siguiente modo: Veamos una primera comparación, figura que
el primero, iniciado el 7 de noviembre, narra la se multiplica en su relato:
travesía desde Santiago de Cuba hasta la llegada
a Francia, e incluye la descripción de Burdeos. El Yo había visto en [Santiago de] Cuba sus sober-
segundo, fechado el 12 del propio mes, se ocupa bios montes, sus campos vírgenes coronados

9
de palmas y caobas ¡había extendido la vista noche tres o cuatro mil personas van a respirar
por sus inmensas sabanas y detenídole en sus la frescura de la brisa en la estación ardiente del
ricos plantíos!… Sin embargo, me encanta- verano» (Avellaneda, 1914, 8).
ron las campiñas deliciosas que adornan las Y también la deslumbra la vida nocturna de
márgenes soberbias del Garona [Avellaneda, la ciudad; su teatro, los cafés:
1914, 5].
[...] Gustóme infinito el teatro principal, que es
Atravesando las calles de Bordeaux, miraba justamente celebrado como uno de los más
con sorpresa y placer a todas partes. ¡Qué bellos edificios de Francia. La sala de espec-
vida! ¡Qué gentío! ¡Qué movimiento! La táculos es muy linda, tiene cinco órdenes de
elevación y hermosura de las casas, todas de palcos y un lujo extraordinario en los adornos
piedra, me admiraban tanto más cuando era y en el escenario [Avellaneda, 1914, 7].
esta la primera ciudad de Europa que veía [...]
[Avellaneda, 1914, 6]. Al retirarse del paseo, es costumbre tomar
sorbetes en alguno de los magníficos cafés
Se interesa por todo lo que se ofrece a su mi- [...], y no he encontrado aún otros tan ricos
rada, en especial las gentes que descubre en las como los que he tomado allí [Avellaneda,
calles y en la plaza: 1914, 8].

Cada charlatán o buscavida acude a situarse Por otra parte, es de relevante importancia su
[en su puesto]. A un lado se ve un titiritero, interés por visitar el cercano castillo donde había
al otro se levanta un teatrillo ambulante. No nacido Montesquieu: ya citamos lo que dice de
lejos se encuentra una con su cosmorama [y a él a su prima. Y aunque lo que sigue al parecer
su anunciador] gritando a toda fuerza de sus tuerce el rumbo de estas páginas, quisiera recor-
pulmones: «Aquí se ven por tres sueldos las dar que Montesquieu será un personaje decisivo,
principales ciudades de Europa». Otra voz no por la magnitud de su presencia sino por la
se oye anunciar dos pulgas que tiran de un trascendencia de su participación, en la última
coche, y bailan un vals; y por cualquier parte novela de Avellaneda, escrita y publicada en La
se levantan bonitas tiendecillas de lienzo, en Habana, en 1861: El artista barquero, donde
las que las vendedoras ofrecen frutas, dulces, finalmente Tula descubre cómo abordar crítica-
perfumes… [Avellaneda, 1914, 8]. mente, en sus distintas variantes, la nostalgia,
proyectando su propia curación en Josefina, la
La atraen, como sucederá siempre, las nove- joven protagonista, una habanera llevada por su
dades de la tecnología, la modernización: «el padre francés a Marsella. Es ella quien narra, ple-
celebrado puente del Garona, obra grande y atre- namente consciente de que pertenece a un ayer
vida, como el genio del hombre que la concibió» cancelado, la historia cubana de la familia. Y en
(Avellaneda, 1914, 7), el «alumbrado público su nueva vida no solo exhibe las huellas de haber
de gas que ilumina [los paseos] donde cada sido cubana, sino que parece seguir siéndolo a
su modo, un modo hecho de detalles: canta aires riesgoso de la navegación, que ocupa cuatro pá-
populares cubanos, conserva un acento peculiar, ginas en las Memorias, aún merece tres párrafos
cuando quiere obtener algo del padre le habla en la Autobiografía –donde, por cierto, vuelve a
en español, tiene un perro habanero, una jaca citar a Heredia y a Byron–, espacio mucho mayor
camagüeyana, pájaros tropicales...5 que el que concede en ella a todo lo relativo a
Las Memorias y en cierta medida la Autobio- Burdeos: un solo párrafo, en que repite algo de lo
grafía, subrayan la significación, reconocida por escrito en las Memorias: «Los días que pasé en
ella misma, de su breve estancia en Burdeos, Burdeos me parecen ahora un lisonjero sueño»
como marca, como referente, como signo que (Avellaneda, 2003, 160); mientras que en lo que
tendrá siempre presente –pensemos en su larga escribe para Heloysa lo que relata de la ciudad
estancia, años después, en una casa de religio- del Garona ocupa cinco páginas.
sas de esta ciudad, tras la muerte de su primer Pero mucho más interesante es cómo se repor-
esposo–: ta en ambos textos lo acontecido en el ámbito
gallego, porque este es su verdadero espacio de
Cuando recuerdo [...] los días agradables que recepción, no el sitio por donde transita, sino
pasé en Bordeaux, paréceme que ha sido un el lugar donde ha de vivir casi dos años. En las
lisonjero sueño. Es hechicero el trato francés: Memorias, Galicia, y en especial La Coruña, se
mi pasión por ellos ha sido justificada y no trata en diez páginas cargadas de descripciones,
salí de Bordeaux sin mil pesares de dejarlo, narraciones y quejas; y en ellas apenas se hace
mil esperanzas de volver a verlo y mil gra- alusión a su mal terminado noviazgo con Rica-
tos recuerdos que aún conserva mi corazón fort, cuyo nombre no se menciona, y al destino
[Avellaneda, 1914, 6]. que él puede haber corrido en la primera guerra
carlista. Sin embargo, en la Autobiografía, solo
Y resulta reveladora su temprana evaluación dedica tres páginas y cuarto a La Coruña, en las
de Burdeos «como la línea que divide mis dos cuales casi solo se ocupa, nombrándolo varias
existencias: un intermedio entre los sueños veces, de Ricafort y su relación. Y solo en un
dichosos de mi primera edad y las realidades párrafo se refiere a cómo era tratada por el novio
agitadoras de estos dos últimos años de mi vida» y la familia del padrastro dada su otredad, su
(Avellaneda, 1914, 6). condición de extraña, de extranjera.
Si comparamos el espacio que dedica en las El segundo cuadernillo de las Memorias, cen-
Memorias a la descripción de la travesía y a la trado, como decíamos, en Galicia, nos ofrece una
narración de su llegada a Burdeos y de sus paseos severa y al parecer bastante objetiva valoración
por la ciudad, con el espacio que dedica a los de un entorno nada grato a la autora, pero que al
mismos temas en la Autobiografía, vemos cómo, ser contemplado desde la distancia de lo que ya
pese a la reducción severa que se produce en el no es experiencia cotidiana, sino transcurso que
segundo texto, el ámbito romántico, poético, se rescata del pasado, no deja de conmoverla,
sobre todo en lo que toca a la condición femenina
5 Cf. Campuzano, 2004, 46-57. y a la miseria de esta periferia, de este verdadero

11
finis terrae adonde ha venido a parar para chocar [...] ver por la calle una tropa de mendigos
con una realidad inesperada tanto dentro como cubiertos de trapos asquerosos sitiar al fo-
fuera de la casa. rastero, importunar y hacer mil bajezas para
Recién llegada del esplendor luminoso de obtener una moneda de cobre. La misma
Burdeos, de la circulación de las gentes por las mendicidad en nuestra Cuba no es tan repug-
calles, de lo que ha visto o visitado: los distintos nante con mucho como la de Galicia, y yo no
espectáculos y diversiones populares, los prodi- había visto todavía este exceso de miseria y
gios de la modernización, los impresionantes es- de degradación humana. Padecía mi corazón
pacios de la alta cultura, ya contemporáneos, ya cada vez que salía a la calle, cada vez que
históricos y cargados de prestigio, la estremece la me ponía al balcón, y viniendo de Burdeos,
carencia de signos sobresalientes de vida urbana donde no se ve un mendigante, no podía dejar
en Galicia: o no existen, o son de pobre factura de hacer reflexiones muy dolorosas sobre
o calidad, y esto la impresiona no tanto cuando nuestra metrópoli [Avellaneda, 1914, 13].
compara La Coruña y otras ciudades gallegas
con Burdeos, como cuando recuerda a Puerto La sorprende «la poca sociabilidad que hay
Príncipe o a Santiago de Cuba. Su percepción de por lo general en el carácter gallego; los chis-
esta diferencia a través del silencio de las noches mes, murmuraciones, rivalidades y etiquetas»
citadinas en las que no se oye en las calles el so- que hacen imposible el trato. Y a «la pobreza,
nido de ningún coche, es una excelente muestra el desaseo y el abandono» de las capas más des-
de su sensibilidad para captar la diferencia aun favorecidas, se une «una ignorancia tan crasa,
en lo aparentemente menos impresionante: que no sabré expresar cuánto me sorprendió»
(Avellaneda, 1914, 14).
[N]o habiendo estado yo hasta entonces en A todo ello agrega la impresión que le causa
población ninguna en que no hubiese carrua- en Santiago de Compostela la primitiva religio-
jes, me parecía especialmente por las noches sidad de los fieles, la conservación de multitud
notar en La Coruña un aire de tristeza y lan- de reliquias y su culto, de los que se burla, por
guidez, echando de menos aquel estrepitoso su simpleza e idolatría:
y alegre ruido de los carruajes, a que mi oído
estaba acostumbrado [Avellaneda, 1914, 14]. Dícese que en una capilla [de la catedral]
está el cuerpo del apóstol Santiago, y en la
Por otra parte, con esta doble perspectiva misma se encierran otras muchas reliquias de
comparativa que le imponen la condición cubana santos, sobre lo que el fanatismo y la supers-
de su destinataria y el recuerdo de la ciudad por tición han echado un velo de ridículo que
donde ha pasado antes, describe la miseria que destruye en gran parte el efecto religioso
asoma su rostro a cada paso: que debiera producir. No se da fácil entra-
da a los forasteros que van a visitar esta
A todo americano debe chocarle de una ma- Capilla, pero se les regala un largo papel
nera muy desagradable la pobreza de Galicia impreso que contiene la lista de todas las

12
santas preciosidades y reliquias que dicen y poco aptas para el gobierno doméstico; y yo
haber en ella, y no pude menos que reírme creo que es innegable que bien por el efec-
leyendo esta enumeración en la que una gota to del clima, bien por la educación, somos
de la leche virginal de María Santísima está en realidad las cubanas por lo menos, más
en primer lugar [Avellaneda, 1914, 16]. indolentes que las gallegas, y que rara mu-
jer en nuestro país se sometería con gusto
Lo que parece impresionarla más son las obli- a ahumarse por la mañana en la cocina, y
gaciones, el trabajo doméstico de las mujeres, a pasar la noche con la calceta en la mano
tema que asume desde una perspectiva crítica [Avellaneda, 1914, 14-15].
en que también está explicitada su comparación
con las cubanas, una perspectiva que pretende Y no puedo dejar de añadir a estas, otras pa-
ser objetiva, pero para cuya apreciación la labras suyas mucho más justas y acordes con la
futura autora de Sab –novela abolicionista que realidad: «En la clase del pueblo he admirado
posiblemente ya había comenzado a escribir– en las mujeres de Galicia un vigor y fortaleza
no toma en cuenta el lado más importante, y sin que resiste a los trabajos más duros, y al parecer
embargo oculto, oscuro, del asunto; es decir, el más impropios del sexo» (Avellaneda, 1914, 15).
hecho de que en Cuba las mujeres de su clase Pasemos, pues, a la Autobiografía de Tula,
y hasta muchas de capas menos favorecidas, donde ella es por definición el gran tema, la ma-
no hacen, no tienen que hacer esos trabajos, teria del texto, Autobiografía en la que desarrolla
porque son otras mujeres, las esclavas, las que con los más enfáticos registros de la persuasión,
los realizan. Cito extensamente lo que escribe, la agonía de su enfrentamiento personal con la
porque será precisamente el tema de los roles Galicia profunda representada por quienes han
femeninos, de las responsabilidades domésticas estado más cerca de ella: el padrastro, que aun-
de la mujer, de su educación, el único que reto- que «se había manejado bien con nosotros hasta
mará con relación a la vida cotidiana en Galicia entonces: entonces se desenmascaró. Estaba en
en su Autobiografía, narración en la que ocupa su país y con su familia, nosotros lo habíamos
el lugar de la víctima, y no el de esta severa y abandonado todo. Su alma mezquina abusó
a la vez sorprendida observadora que ahora de estas ventajas» (Avellaneda, 2003, 161). Y,
escucharemos hablar: representada sobre todo, en aquella falta de so-
ciabilidad y en la ignorancia de las que hablara
Las damas (excepto algunas pocas de la alta en las Memorias, por las parientas del padrastro
aristocracia [...]) acostumbran planchar sus y por el novio. Las primeras ni la comprenden ni
vestidos ellas mismas, calcetan, guisan si se la aceptan: «Decían que yo era atea, y la prueba
ofrece, y se emplean en casa en otras mil que daban era que leía las obras de Rousseau
faenas que una señora en mi país miraría y que me habían visto comer con manteca un
como degradantes, y que ni soñando jamás viernes» (Avellaneda, 2003, 163).
podré hacer. Por eso las americanas pasa- Pero nos damos cuenta de inmediato de que
mos en Galicia por perezosas, holgazanas la joven lectora del Emilio comprende solo en

13
parte –pues como ya advertimos, nunca ve el Ricafort, el novio gallego con quien tal vez
carácter determinante de la esclavitud en las hubiera llegado a casarse, era «inferior en ta-
Antillas, no está entrenada para ello, sino todo lo lento» a ella, dice,
contrario– por qué las parientas de su padrastro
piensan así, y aventura una causa plausible de y parecía humillado de la superioridad que
su incapacidad para entenderla: me atribuía; sus ideas y sus inclinaciones
contrariaban siempre las mías. No gustaba
La educación que se les da en Cuba a las de mi afición al estudio y era para él un
señoritas difiere tanto de la que se les da delito que hiciese versos. Mis ideas sobre
en Galicia, que una mujer, aun de la clase muchas cosas le daban pena e inquietud.
media, creería degradarse en mi país ejer- Temblaba de la opinión6 y decíame muchas
citándose en cosas que en Galicia miran las veces: «–¿Qué lograrás cuando consigas
más encopetadas como una obligación de su crédito literario y reputación de ingenio?
sexo. Las parientas de mi padrastro decían, Atraerte la envidia y excitar calumnias y
por tanto, que yo no era buena para nada, murmuraciones» [Avellaneda, 2003, 161].
porque no sabía planchar, ni cocinar, ni cal-
cetar, porque no lavaba los cristales, ni hacía Tendríamos mucho más que hacer y decir.
la cama, ni barría mi cuarto. Según ellas yo Habría que revisar, por ejemplo, los censos, la
necesitaba veinte criadas y me daba el tono historia de la vida privada, de la familia, de las
de una princesa. Ridiculizaban también mi mujeres en la Galicia de la primera mitad del
afición al estudio y me llamaban la Doctora siglo xix; habría que estudiar, casi, o sin casi,
[Avellaneda, 1914, 28]. comenzar a estudiar las mentalidades, los textos
familiares de las cubanas dueñas de esclavos;
Mas, cuidado: si tomamos en cuenta que desde habría que hurgar más, o simplemente hurgar en la
tiempos de la restitución de Fernando VII epítetos condición femenina en los espacios coloniales…
como russonianos, volterianos, ateos, masones, Hasta que eso no se haga, y no es labor de una
liberales, en fin, afrancesados, fueron empleados sola persona, ni siquiera de una docena de ellas,
contra los defensores de una nueva España, de no estará verdaderamente concluido este acerca-
una España constitucional, y que estas acusa- miento al choque de la joven Tula con su espacio
ciones bastaban para conducirlos al destierro, de recepción, tan idealizado por ella desde Cuba.
no dejan de ser peligrosos, en los momentos Pero algo tenemos que decir para terminar.
más enconados de la primera guerra carlista, Por una parte, que la descripción que ofrece
los términos –literales o fraguados por ella– en Avellaneda de su situación en el lugar de aco-
que la joven Tula transcribe el desprecio de la gida, en Galicia, no solo da cuenta, en sentido
familia de Escalada por la joven que nunca había
tolerado a su padrastro, y que ahora también 6 Recordemos lo que decía en las Memorias de los
padecía por la infelicidad y los pesares de su «chismes, murmuraciones, rivalidades y etiquetas»
madre (Avellaneda, 2003, 161). de los gallegos.

14
general, de lo pautado en torno a la dinámica de nombre con que se imagina y con el que quiere
la exclusión/inclusión femenina en relación con ser conocida: «La Peregrina».
el espacio público, sino muy particularmente de Con este nombre, aplicado «a quien anda por
las paradojas, contradicciones y ambigüedades tierras extranjeras», «a las aves de paso», «a ani-
de la condición de las mujeres de clase media y males, plantas, costumbres, etc., que proceden de
alta del mundo colonial, en comparación con las un país extraño» (Moliner, 1986, 2, 703), firma
mujeres de iguales capas sociales de la periferia Avellaneda los poemas que empieza a publicar
metropolitana. en 1838 en la prensa andaluza, después de ganar
Por otra parte, que tanto las Memorias como su independencia económica y de mudarse a
la Autobiografía, muestran el desvanecimiento de Sevilla con su hermano Manuel.
su viejo sueño de viajar a España, asociado a la Allí aprenderá también otras cosas, comenzará
influyente memoria de su padre, desvanecimiento a alejarse de ciertas costumbres cubanas, y des-
que va experimentando a lo largo de los casi dos cubrirá sus torpezas. Por eso le escribe a Heloysa
años en que reside en Galicia. Memorias y Auto- esta confesión que no quiero dejar de citar:
biografía revelan con mayor o menor intensidad,
las dificultades con que tiene que enfrentarse, las no estando habituada, como tú sabes, a
adversidades y los prejuicios contra los que de- andar a pie, me cansaba al momento, no
bería luchar en esa sociedad gallega premoderna tardaba en rendirme totalmente en medio de
en la que el espacio y los roles impuestos a las la más lucida tarde de paseo, teniendo [...]
mujeres estaban muy netamente trazados. que sentarme, o volver a casa, maldiciendo
Resulta, en fin, evidente que su encuentro de todo corazón la malvada costumbre de
con Galicia no pudo ser más definitorio para pasear a pie. ¿Te confesaré que en el día [de
ella, porque sin dudas fue allí, comparando el hoy, el hoy de Sevilla] pienso de un modo
humilde, pacato y hasta miserable tren de vida de opuesto?… habituada ya a estos paseos que
sus ciudades con el de las ricas villas de la Isla, gustan cien veces más que los nuestros que
constatando la condición de la mujer gallega, su me parecen verdaderamente harto sosos y
encasillamiento en las tareas domésticas, su bea- cansados. En efecto, ir sin hablar con los
tería y su ausencia total de libertad; recibiendo, a demás paseantes, cada pareja metida en su
causa de sus intereses y ambiciones literarias, y carruaje, siempre en la misma posición, y sin
de su independencia de pensamiento, las más in- otro interés u objeto que lucirse, es cosa bien
esperadas censuras de un enamorado asustadizo fastidiosa [Avellaneda, 1914, 13].
y de las beatas parientas de su padrastro, teniendo
que trasladarse a Andalucía para poder sentirse Sin embargo, la nostalgia no irá amainando
libre, donde comienza a descubrir y a construir, hasta mucho después. En los primeros tiempos
en su diferencia, en su extrañeza, su condición es pura emotividad:
de mujer «otra», de cubana y de escritora, y
donde empieza a diseñar su autoimagen, a pensar ¡Que no estuviera yo ahora sentada en la
el móvil estatuto, la identidad de fronteras, el puerta de tu casa, amada prima, en una de

15
aquellas noches hermoseadas con la luna las esperanzas divididos por un abismo: tal es
apacible de nuestra cara patria; a tu lado, la suerte del desterrado [Avellaneda, 1974, 65].
en una pequeña y escogida reunión de ami-
gos, rodeadas de tus amables hermanas, y
mirando a nuestras dos madres gozar con Bibliografía
entusiasmo maternal de nuestros juegos o
conversaciones, y refiriéndose, con aquella Anzaldúa, Gloria. (1987). Borderlands/La fron-
confianza de una amistad de cuarenta años tera, San Francisco, Aunt Lute Books.
sus pequeños negocios domésticos!... [...] Campuzano, Luisa. (1997-1998 [1996]). «Viaje-
Yo salí llena de ilusiones a ver mundo… ya ros hispanoamericanos del siglo xix– Vías
he visto bastante, pues he perdido todas mis de acceso», Terceira Margem. Revista da
ilusiones [Avellaneda, 1914, 10]. Pós-Graduação em Letras da UFRJ, año IV/V,
núm. 5-6, pp. 67-74.
La nostalgia se tamizará con el análisis, se ________. (2004). «Ruinas y paisajes de la
convertirá en reflexión, dolorosa, cruda, realis- memoria», en Luisa Campuzano Sentí: Las
ta, vivida, revivida, cotidiana, Y se traducirá en muchachas de La Habana no tienen temor
resignada aceptación del espacio entre-lugares, de Dios. Escritoras cubanas (siglos xviii al
del in-between del emigrante, del expatriado, que xxi), La Habana, Ediciones Unión, pp. 46-57.
es también un espacio sin pasado, sin conexiones ________. (2008). «Tristes tropicales: exilio y
temporales, como lo expresa muy sobria, muy mitos clásicos en poetas cubanas de la diás-
severamente en las páginas que escribe para la pora», La Gaceta de Cuba, núm. 6, nov.-dic.,
Revista de Madrid en 1844, ocho años después pp. 27-32.
de su llegada, en sus «Apuntes biográficos de Freud, Sigmund. (1976 [1915]). «Duelo y me-
la señora condesa de Merlin», que servirán de lancolía», en Obras completas, Buenos Aires,
prólogo al Viaje a La Habana, de Mercedes Amorrortu, t. XIV, pp. 235-255.
Santa Cruz: Gómez de Avellaneda, Gertrudis. (1869 [1841]).
Obras literarias. Poesías líricas, t. I, Madrid,
¿Qué pedirá el extranjero a aquella nueva Imprenta y Estereotipia de M. Rivadeneyra.
sociedad, a la que llega sin ser llamado, y ________. (1914). Memorias inéditas de la
en la que nada encuentra que le recuerde Avellaneda, edición de Domingo Figarola
una felicidad pasada, ni le presagie un placer Caneda, La Habana, Imprenta de la Biblioteca
futuro? ¿Cómo vivirá el corazón en aquella Nacional.
atmósfera sin amor? ________. (1974 [1844]). «Apuntes biográficos
de la señora Condesa de Merlin», en María de
Existencia sin comienzo, espectáculo sin las Mercedes Santa Cruz y Montalvo, Conde-
interés, detrás de sí unos días que nada tienen sa de Merlin: Viaje a La Habana, edición de
que ver con lo presente, delante otros que no Salvador Bueno, La Habana, Instituto Cubano
encuentran apoyo en lo pasado, los recuerdos y del Libro, pp. 61-74.

16
________. (1989 [1907]). «Autobiografía», en junio de 1826, edición facsimilar, México,
Poesías y epistolario de amor y de amistad, UNAM, t. 2, pp. 100-102.
edición, introducción y notas de E. Catena, Kaplan, Caren. (1996). Questions of Travel.
Madrid, Castalia, pp. 137-179. Postmodern Discourses of Displacement,
Guillén, Claudio. (1998). «El sol de los desterra- Durham y Londres, Duke University Press.
dos: literatura y exilio», en Múltiples moradas, Moliner, María. (1986). Diccionario de uso del
Barcelona, Tusquets, pp. 29-97. español, Madrid, Gredos.
Hall, Stuart. (1987). «Minimal Selves», en The Said, Edward W. (1984). «Reflections on Exile»,
Real Me. Post-Modernism and the Question Granta, núm. 13, pp. 157-172.
of Identity, edición de Luisa Appignanesi, Tamborenea, Mónica. (1992). «La constitución
Londres, ICA Documents 6, pp. 44-46. de la subjetividad en los relatos de viaje de
Heredia, José María. (1988 [1826]). «Cartas de los ‘80», Dispositio, vol. XVII, núm. 42-43,
los Estados Unidos», El Iris, núm. 26, 14 de pp. 307-321. c

José Francisco Borges: Torneio de repentistas, s/f.


Xilografía/papel, 490 x 430 mm, s /n.
Casa Editora: Fundaçao Casa das Crianças de Olinda
17
MAURICIO ACUÑA

Jorge Amado y su viaje-exilio


por América Latina*

Voy a contarte en secreto


quién soy yo,
así, en voz alta,
me dirás quién eres...
Pablo Neruda: «Oda al hombre sencillo»

E
n 1937, el escritor brasileño Jorge Amado viajó por primera
vez de manera extensiva por la América Latina; aunque más
que una tournée fue un viaje-exilio, un viaje de duración y
movimiento limitados motivado por la convulsionada situación
política a la que se enfrentaba Brasil. A los veinticinco años,
Amado se dedicaba a una actividad literaria promisora y a una
labor política intensa. Entre 1929 y 1937 había publicado cinco
novelas, entre ellas Cacao (1933) y Jubiabá (1935), para narrar
la violencia de las luchas por el territorio, así como las formas
de resistencia afrobrasileñas frente a las jerarquías raciales y
sociales en la ciudad de Salvador. Sus obras gozaban de una
crítica favorable y, junto a escritores como José Lins do Rego,
José Américo de Almeida, Graciliano Ramos y Raquel de Quei-
roz, Amado era considerado uno de los exponentes del llamado
Romance de 30, una de las maneras de referirse a los moder-
nismos en el Brasil. En el caso de Amado, su experiencia con
* Agradezco a Ingrid Brioso Rieumont,
Gustavo Rossi y Rodrigo Jorge por la Academia dos Rebeldes y las revistas Arco & Flexa y Samba
los comentarios, sugerencias y por el en Salvador, durante la década de 1920, marcaría su trayectoria
generoso diálogo. futura como escritor irreverente y socialmente comprometido.

18 Revista Casa de las Américas # 313 -octubre-diciembre/2023 pp. 18-28


Hijo de un terrateniente semejante a los sus actividades aquel mismo año con la idea de
retratados en Cacao, Amado seguirá un cami- ofrecer una crítica más diversa sobre la produc-
no distinto al de su padre, convirtiéndose en ción artística nacional. La inspiración para el
miembro activo del Partido Comunista Brasi- nombre de la publicación partía de la novela de
leño en la década de 1930, y luego militó en el Machado de Assis, la cual invocaba la sentencia
movimiento internacional con base en Moscú. «la confusión era total» («a confusão era geral»).
Vivió con fervor la Revolución de 1930, que Además de Amado, Dom Casmurro pudo contar
terminó con la Primera República y que llevaría con la colaboración de escritores como Manuel
a Getúlio Vargas a la cúspide del poder. Dicho Bandeira, Murilo Mendes, Graciliano Ramos,
movimiento generó una convivencia más íntima Carlos Drummond de Andrade, Gilberto Freyre
entre las ideologías políticas y religiosas y la y Sérgio Buarque de Holanda, entre otros.
literatura (Candido, 1984, 31). Cuando decidió Durante los meses que duró el periplo por los
realizar su viaje por América Latina, Amado ya cinco países, Amado publicó al menos cincuenta
era perseguido político con otros compañeros y seis artículos para discutir varios aspectos de
pues al levantamiento comunista de 1935 le la vida cultural, social y política latinoamericana,
siguió, dos años después, el golpe de Estado de como leemos en la excelente compilación y
Vargas, quien impuso una dictadura que duró presentación elaborada por Raúl Antelo. Aquí
hasta 1945. me detengo en tres temas relevantes para com-
Las tensiones políticas mundiales entre el prender algunas continuidades y tensiones de la
comunismo y el ascenso del fascismo en Euro- perspectiva modernista de Amado: la profundi-
pa provocaron en Brasil una radicalización en zación de una temática de compromiso social a
los círculos intelectuales, y tanto los partidos partir de observaciones sobre las ciudades y el
representantes de los comunistas como de los progreso; los intelectuales y una supuesta unidad
integralistas –una variación brasileña del fascis- de la América Latina; y, finalmente, las clases
mo– fueron ilegalizados por el nuevo régimen. sociales y la lealtad a los grupos subalternos y
En el caso de Amado, una prisión de dos meses populares.
en 1936, además de la prohibición y quema de sus Mi argumento es que el viaje-exilio de Amado
libros en una plaza pública, demostraron que el exi- por el sur de Brasil y luego por Argentina, Uru-
lio temporal era una alternativa más que razonable. guay, Chile, Perú y México manifiesta el interés
Amado empezó a ejercer como periodista y de construir un modernismo brasileño alternativo
crítico literario en 1933, inicialmente en publi- al movimiento de la Semana de Arte Moderno
caciones como Boletim Ariel y, después, en el de São Paulo de 1922. De manera muy general,
periódico A Manhã. Durante su viaje-exilio en podemos decir que aquel modernismo alternativo,
1937, inició sus colaboraciones con la revista al que llamaré nordestino, es distinto del moder-
cultural Dom Casmurro, donde dejaría registra- nismo del sudeste industrial, marcado por una
dos testimonios, impresiones y memorias de sus masiva inmigración europea y una estética de
andares por Brasil, Argentina, Uruguay, Perú, destrucción constructiva (Schwartz, 2002) en la
Chile y México. La revista había comenzado literatura, la pintura y la música. De esa manera,

19
el modernismo nordestino (Bahía y Pernambuco) Doña Bárbara, y la publicación de Bahía de
enfatizaba particularidades regionales históricas, Todos los Santos: guía de los misterios y calles
lingüísticas y culturales, además de un elevado de Salvador.
compromiso social y político. Hoy se acepta
que los modernismos brasileños fueron parte
Salida, voz y lealtad en los caminos
del «mosaico de paradojas» de las vanguardias
de nuestra América
latinoamericanas (Bosi, 2002, 20) y que también
fueron más heterogéneos y complejos que la Las reflexiones de Albert Hirschman sobre las
narrativa centrada en los jóvenes de la Semana nociones de «salida, voz y lealtad» –pensadas
de Arte Moderno.1 En ese sentido, Amado parte como modelo explicativo para comprender las
de la experiencia de su viaje para criticar los relaciones entre los ciudadanos y el Estado– son
efectos del progreso en las ciudades, para de- favorables para comprender el viaje-exilio de
fender la heterogeneidad cultural en la América Amado. De esta manera, «salida» debe ser pen-
Latina y afirmar su lealtad a los grupos sociales sada como exilio, «voz» como ejercicio público
subalternos. de la palabra y de la crítica, y «lealtad» como
El modernismo que defiende Amado a nivel los afectos y adhesión en relación con grupos
estético busca distinguirse del movimiento de sociales o colectividades como nación. Los tres
1922, pero comparte analogías con los viajes términos no deben estar pensados de manera
de Mário de Andrade por el norte y nordeste aislada, sino articulados, ya que la alteración de
entre 1927 y 1929, registrados parcialmente en uno afecta a los demás. En nuestro caso, la «sa-
artículos publicados en el Diário Nacional y lida» forzosa del escritor responde directamente
compilados, posteriormente, en su obra O tu- a las presiones políticas sufridas por su lealtad
rista aprendiz. Desde el marco del modernismo hacia un proyecto radical de cambio social en
nordestino en Brasil y de inspiraciones en el el Brasil, que le impide desplegar su voz en los
realismo socialista que utilizaría para escribir libros, en la prensa o en organizaciones colec-
la novela Capitanes de la arena –poblada por tivas. Sus artículos en Dom Casmurro, por lo
niños abandonados de Salvador de Bahía– Amado tanto, se convierten en una salida codificada
experimenta con el testimonio, la memoria y de un viaje por América como «turista» o como
el diario, como ya señalé, en sus artículos para suspensión temporal de una identificación na-
Dom Casmurro (Antelo, 2001). Algunos de los cional. Son codificaciones que implican cambios
resultados indirectos del viaje de Amado también en el equilibrio de las lealtades y que dependen
se hicieron evidentes con el apoyo a la traducci- de una cierta imagen del pueblo y de una utopía
ón al portugués del libro de Rómulo Gallegos, comunista en ascenso.
Profundizando su utopía durante el viaje-
exilio, Amado concibe que las lealtades uni-
1 La reciente obra Modernismos 1922-2022, organizada
por Gênese de Andrade, compone un excelente pa-
versales defendidas por el comunismo hacia
norama con veintinueve miradas sobre el tema y sus el proletariado deben extenderse igualmente
resonancias contemporáneas. a otros subalternos. Así, a propósito de Chile,

20
donde la gente «anda sin abrigo en la nieve»2 simbolismo que resultaba en la creación de una
(Amado, 2001, 141), exige tener la capacidad literatura cargada de lirismo y de imaginación
de conversión de una lealtad brasileña hacia entre los novelistas del dramático nordeste. Por
otros nacionales («seamos chilenos»). Es frente otro lado, las ciudades «trabajadoras» y «pro-
a las contradicciones que la lealtad internacional gresistas» del sur de Brasil, de Argentina y de
demanda sobre la identificación nacional, que el Uruguay destilaban un choque de «desencanto».
escritor por su lado llama a renunciar al cosmo- En el Brasil, por ejemplo, la distinción entre
politismo anestesiado del turista. Finalmente, el «nordeste» y el «sur» del país tiene un lugar
la «voz» como clamor, testimonio y materia privilegiado para trazar oposiciones entre un
narrada en sus artículos, nos permite notar las «lirismo bárbaro» (en el caso de los nordestinos)
modulaciones de su salida forzosa del Brasil y una «civilización desencantada» (en el caso de
y de la pujanza de su escritura en un momento los sureños). En el artículo titulado «Pelotas»,
formativo de su visión de América. Es una pers- centrado en la cuidad de Rio Grande do Sul,
pectiva atenta a las nuevas formas asumidas por Amado se sorprende de que en el tren «todos
las ciudades y por el progreso, por los intelec- van en silencio, leyendo el periódico... El sureño
tuales y las perspectivas de unidad continental es amable y tiene aires de prosperidad, sin em-
y, mayormente, por un esfuerzo de encontrar la bargo, no es comunicativo, ni tampoco tiene
potencia de lo popular en caminos plagados por ese grano de locura que es una de las grandes
elites dependientes, mediocres y colonizadas. fuerzas del nordeste. Parece que a los sureños
les falta imaginación» (2001, 27). A medida
que avanzamos en el recorrido y llegamos a
Desencantos del progreso latinoamericano
la capital de Rio Grande do Sul, Amado nota
… conocer una vida no es bastante que la fisonomía del gaucho de Porto Alegre
ni conocer todas las vidas es necesario … es «reconfortante. No trae ese tipo de drama
«Oda al hombre sencillo» angustioso que se encuentra en el Norte y Nor-
Pablo Neruda
deste» (2001, 33). La fuerza de la locura entre
los tipos sociales nordestinos y del norte estaría
Amado observó que Brasil, Argentina y Uruguay
directamente asociada a una dimensión de la vida
estaban pasando por cambios urbanos radicales,
como drama de supervivencia, algo inexistente
los cuales lo hacían pensar en los efectos de las
en las ciudades de la «gente bien educada» del
transformaciones y también en las relaciones de
sur y de sus zonas rurales, con campesinos mejor
influencia y de dependencia. Era una moderniza-
alimentados.
ción heterogénea y generadora de desigualdades
La ecuación literaria asocia la situación de
cuyas soluciones no se anticipaban. Algunos
miseria económica y social a un mayor desarrollo
pocos efectos podrían ser positivos, como el
del lirismo y de la imaginación, a diferencia del
sur que tiene «otro ritmo de progreso y de vida.
2 Todas las traducciones de las citas de Jorge Amado son Mucho más activo. El nordeste es más tranquilo,
mías. más sufriente, por lo tanto, más lírico y lleno de

21
poesía» (2001, 40). Amado sugiere entonces que nes de Amado sobre las ciudades y el progreso
los estilos de la literatura brasileña podrían ser que representan. Los personajes líricos y margi-
comprendidos a partir de la distinción entre re- nales de Salvador se convertirían cada vez más
giones, dado que el sur produciría más cuentistas en el centro de su creación, desde los caserones
y cronistas, al tiempo que el nordeste engendraría de Sudor hasta las pandillas de niños abando-
más novelistas. nados en Capitanes de la arena, pasando por
Las oposiciones entre el sur y el nordeste se pescadores, practicantes de capoeira y santeros.
despliegan también en las formas de las viviendas La ciudad como problema, en cambio, es clave
descritas en los artículos de Dom Casmurro. para el escritor durante toda la década de 1930,
Amado es un crítico mordaz de las elites de Río como ha notado Gustavo Rossi (2004). Esto se ve
de Janeiro, quienes, empeñados en vivir cerca de evidenciado en su desencanto con el progreso de
la playa, terminan por construir apartamentos las ciudades y la conformación de arquitecturas,
pequeños e incómodos a los cuales definen como estilos de vida y personalidades entre regiones,
modernos. Para él, lo más negativo es la imitación un tema que Amado persigue tanto en sus novelas
arquitectónica, gesto que conduce a una pérdida como en la narrativa de su viaje por el continente.
de personalidad en ciudades del nordeste como
Aracaju, ocupadas en reconstruirse como una Las calles misteriosas de América Latina
«miniatura de Río» (2001, 42). En términos
… y así todo lo pruebo
de influencia, el escritor nota que Porto Alegre
buscándote en todo,
también está sujeta a la proximidad de grandes ando, nado, navego
centros urbanos, siguiendo un ritmo más cercano hasta encontrarte ...
al de Buenos Aires. Esa fuerza de la ciudad en «Oda al hombre sencillo»
los márgenes del Río de la Plata es lo que haría Pablo Neruda
del gaucho el «más europeo de los brasileños»,
aunque lo sea en función de Argentina. Un último En «una carta a mi amiga sobre Lima», Amado
ejemplo es el que subraya la importancia de las escenifica un diálogo epistolar ficticio en base
grandes ciudades en la dinámica de las menores, al pedido que una interlocutora querida le hace
como es el caso de Colonia, en Uruguay, que sería sobre la capital del Perú: «Hablaré como me lo
más «un lugar de paso», que vive de la presencia pides, pero te diré que me resulta difícil escribir
de Buenos Aires al otro lado del río. La depen- sobre una ciudad que tanto amo» (2001, 147).
dencia sería tan intensa que la ciudad viviría «un El diálogo con una mujer imaginada será la
poco de su progreso y de su vida» a través de las forma que luego adoptaría en Bahía de Todos
embarcaciones que hacen el incesante cruce entre los Santos, de 1945: «Muchacha, te mostraré lo
ambas orillas (2001, 72). Sin rasgos caracterís- pintoresco, pero también te mostraré el dolor.
ticos, estos lugares definen un progreso depen- Ven y seré tu cicerone» (2012, 16). Junto con
diente, melancólico y exclusivamente económico. Salvador y Estancia, en Brasil, y Guadalajara, en
Desencanto, melancolía, despersonalización y México, Lima compone la lista de ciudades favo-
dependencia son algunas claves de las impresio- ritas del escritor bahiano, ampliamente descrita

22
en sus artículos. Al contraponerlas con las valo- modifiquen este antiguo templo, que lancen so-
raciones sobre las ciudades más modernas que bre su sólida belleza antigua, arreglos modernos
discutimos antes, observamos otra indagación a los que no se adapta» (2001, 47). Al avanzar
pulsante en la ronda de las Américas: ¿Cómo en su viaje, el escritor se detiene para alabar a
pueden las ciudades modernizarse sin perder el Guadalajara, otra de sus ciudades preferidas en
alma? La modulación entre «salida» y «voz» «México todo pintoresco». El misterio vuelve
aquí responde a las tensiones entre progreso y a entonar la palabra de Amado, para acentuar
transformación radical en las ciudades ameri- cómo «los indios conocen los secretos de las
canas, pero haciendo un esfuerzo por registrar hermosas vasijas, de las pinturas en barro y los
el «alma de las cosas que cambia lentamente». guardan en los suburbios lejanos» (2001, 161).
Así, en la carta a su amiga imaginada afirma en En esta observación la ciudad es puesta en rela-
tono negativo cómo la «vida ha cambiado y una ción con los suburbios, es decir, con un afuera
nueva Lima hace añicos el entramado colonial de que detenta el monopolio de los secretos. Es
la Lima del pasado». Sin embargo, son transfor- también la parte del territorio invisible para
maciones que no modifican adjetivos fundamen- visitantes como Amado, quien resalta a los in-
tales que la ciudad le despierta, como «fabuloso, dígenas como personajes aptos para atravesar
legendario, colosal...» (2001, 147). «Delirio», «he- territorios y, de cierta manera, guardar secretas
chizo», «ruptura de unidades», «mezcla de todos tradiciones.
los colores» son otras expresiones que utiliza para Por fin, tenemos sobre Buenos Aires la paradó-
describir la ciudad, con sus balcones coloniales y jica «descripción imposible de una ciudad». En
la presencia masiva de japoneses (2001, 147). Es esta narrativa, Amado reconoce que la primera
decir, Lima seguiría siendo capaz de recomponer vez que pasó por la capital esta «tenía una fisono-
los rasgos peculiares de su armazón histórica y mía que yo podía describir» (Amado, 2001, 79).
cultural, a pesar de las mutaciones que Amado Sin embargo, es una familiaridad perdida, pues
observa en todas las ciudades visitadas, afanosas las transformaciones la hicieron indefinible, con
por romper el marco colonial. calles que dejaron de ser estrechas, aunque todavía
«Pero las cosas cambian rápidamente y el no son anchas, y afirma que de «esta colosal re-
alma de las cosas cambia lentamente» escribe modelación de Buenos Aires surgirá otra ciudad»
Amado en el diálogo epistolar imaginario publi- (2001, 79). El asombro por el cambio de «la ciu-
cado en Dom Casmurro. Es como una afirmación dad más europea de América» genera elogios por
en el marco de sus ciudades preferidas. Esa el «ritmo de su progreso» y por su «gran pueblo».
perspectiva incluye desde urbes olvidadas por Lo paradójico para el escritor es que al mismo
la velocidad del progreso, como Estancia, has- tiempo que reconoce modificaciones radicales,
ta aquellas cuya alma cambia lentamente. En está convencido de que en sus «calles llenas de
«Elogio a Estancia», ciudad desde la cual sale electricidad hay misterio». El vocabulario del
desterrado para su viaje-exilio, Amado le pide progreso que evoca la energía que prolifera en la
a su amiga imaginaria que la antigua iglesia de ciudad porteña contiene aún «la vida misteriosa,
la ciudad debe ser preservada: «No dejes que sensual y dolorosa» (2001, 81), persistente como

23
algo «amargo y enfermizo» en el tango, en los La experiencia personal sobresale cuando
cafés y en los cabarés. reconoce que «se sentía totalmente dislocado
De esta forma, es evidente cómo la perspecti- con un grupo de intelectuales latinoamericanos
va de Amado de Brasil y de otros territorios de porque siempre hablan de problemas, de cosas,
nuestra América está atenta al «alma de las co- de soluciones, de literatura, de arte, de todo,
sas que cambia lentamente» y, particularmente, en bloque: haciendo referencia a toda América
a las manos de quienes las trabajan. Esta es la Latina» (2001, 76). Acostumbrado a pensar en
frecuencia profunda en la que las ciudades se her- Brasil sin ninguna relación con el continente,
manan, particularmente por obra de sus grupos Amado escribe: «cuando quitaba los ojos de mi
subalternos. Son formas urbanas medidas por las país era para pensar en Europa y hasta en Asia
artes negras de Bahía, las que tallaron la iglesia antes que en la América española» (2001, 76).
colonial de Estancia, los románticos balcones Tal indiferencia hacia el resto del continente
antiguos de Lima o, finalmente, las manos de los no era exclusiva de Amado o de los escritores
indígenas operario-pintores de Guadalajara con brasileños. Como recuerda Ángel Rama sobre la
sus jarros y vasos escondidos en los suburbios, insuficiencia de puentes culturales entre México
sin perder aun lo que se mueve lento y enfermizo y Argentina, en los que percibe grupos intelectua-
en las calles eléctricas de Buenos Aires. les altamente desarrollados y caracterizados por
un funcionamiento endógamo, u orientados hacia
Europa y los Estados Unidos (Rama, 1978, 238).
La ciudad letrada y la heterogeneidad
No es casualidad, por lo tanto, que Amado
continental
afirme que los brasileños piensan mucho más
… cuando somos iguales escribo, en los Estados Unidos que en la América Latina
escribo con tu vida y con la mía, (2001, 76). Otro ejemplo es la ausencia de libros
con tu amor y los míos,
con todos tus doloresy entonces
franceses no traducidos en las librerías de la ma-
ya somos diferentes … yor parte de los países, con excepción de Brasil y
«Oda al hombre sencillo» Chile, denotando el carácter subordinado y poco
Pablo Neruda desarrollado de la industria editorial de estos
últimos. Es una situación con efectos simbólicos
Si, a partir de las manos que trabajan y crean, muy evidentes para Amado, por ejemplo, cuando
Amado percibe familiaridades en su ronda critica los excesos nacionalistas del movimiento
americana, hay también razones para subrayar modernista sudestino. Para el escritor es notable
distancias. Por ejemplo, sobre la capital argen- el desinterés del movimiento brasileño inaugura-
tina escribe un mordaz artículo que perfila las do en 1922 por otros mundos latinoamericanos.
lejanías: «Buenos Aires, capital de la América Empezando por la célebre Semana de Arte Mo-
española». Es un texto en el cual la imaginación derno de São Paulo, y pasando por los escritos
del autor dibuja los centros culturales de la Amé- y creaciones artísticas, todo lo que se veía «era
rica Latina, al tiempo que hace consideraciones Brasil y Brasil solo: brasilidad, antropofagia,
sobre una pretendida unidad continental. verde-amarillismo, pau-brasil, Macunaíma,

24
etc.» (2001, 77). Según el escritor, la única voz perspectivas transculturales y políticas sobre los
disonante fue la de Ronald de Carvalho, quien términos usados. Es la manera que el escritor
con Toda a América «pensó en introducir este encuentra para intervenir en lo que Rama llamó
pensamiento continental en el movimiento lite- «latiguillo retórico de los intelectuales», poco
rario que se llamó modernista» (2001, 77).3 atentos a una multiplicidad de «culturas tan va-
Como vemos, Amado demuestra interés en los riadas como las europeas» (Rama, 1978, 237).
posibles puentes de Brasil con otros países de
nuestra América, al mismo tiempo que critica el
Lealtad latinoamericana en movimiento
aislamiento de los modernistas de 1922. Por otro
lado, él también insiste en las particularidades ... ven,
brasileñas frente al continente. Siguiendo los ven conmigo,
ven
lineamientos trazados por Gilberto Freyre en la con todos
impactante obra Casa-grande y senzala (1933), los que a ti se parecen,
el escritor refrenda argumentos basados en las los más sencillos ...
singularidades lingüísticas, biológicas, culinarias «Oda al hombre sencillo»
y culturales que habrían definido una formación Pablo Neruda
específica en Brasil. Sin embargo, cuando cruza
la frontera, Amado alerta sobre los límites de un Luego de discutir cómo la «salida» y «voz»
pensamiento continental sobre la América Lati- componen temas para Amado durante su viaje-
na. En ese sentido, enfatiza la heterogeneidad en exilio, me encamino hacia un cierre al considerar
vez de una supuesta unidad continental, como lo cómo se mueve el ancla de sus lealtades durante
nota en definiciones de la época, contraponiendo los meses de ese tránsito. Subrayo en este marco
así distintas denominaciones que abarcan la región la importancia de su proyecto estético compro-
para comparar sentidos. Esto incluye las referen- metido con los grupos populares, subalternos y
cias a la «América española» con sus resonancias racializados, los campesinos, los santeros, los
coloniales, a «América Latina» que ganaba más pescadores, los niños que viven en las calles,
fuerza, pero también a «Indoamérica», que mar- así como los afrobrasileños y amerindios. Entre
caba «con la característica india la conexión entre el destierro del nordeste hasta llegar a México,
los países de América Latina» (2001, 76). las lealtades del escritor se orientan hacia otros
Aunque defienda la particularidad brasileña grupos de las clases bajas con quienes tiene
a través del mestizaje, la crítica de Amado a la algún contacto, aunque limitado por el descono-
unidad continental hace hincapié en la diversi- cimiento de los territorios, por las restricciones
dad y heterogeneidad, destacando las variadas lingüísticas y por la condición de turista en trenes
y barcos.
En la apertura del primer artículo, por ejem-
3 Estudios como el de Artundo (2001), siguiendo las
huellas de la investigación de Raúl Antelo sobre Mário plo, descubrimos que Capitanes de la arena, el
de Andrade (1986), han buscado comprender mejor las libro que finalizó durante su viaje-exilio, empezó
relaciones de este con Argentina. por una «deambulación lírica» de seis meses por

25
pueblos de la región de Bahía y Sergipe: «Los ni- la belleza, incapaz de percibir la lucha contra
ños abandonados, que en las ciudades de Salvador la muerte de los que viven en ese lugar. Como
y Aracaju viven del robo y el asalto, al igual que miembro del grupo de turistas y, sin negar su
los hombres, me conmovieron y me estimularon condición homóloga, Amado reacciona y de-
como material para una novela» (Amado, 2001,15). manda una identificación transnacional con las
Conmover es una palabra clave para definir las poblaciones más empobrecidas. Algo semejante
lealtades de Amado en sus caminos por América, ocurre cuando después viaja por Perú, en el texto
y sus artículos sobre las personas que encuentra irónicamente titulado «detalle que no me parece
en los trenes o caminando por la cordillera lo pintoresco». Aquí las palabras de Amado reac-
demuestran en distintos momentos. cionan contra la insensibilidad del turista hacia
Es el caso del tren que cruza Sergipe hacia los indígenas en el Perú, que mostrarían miradas
Bahía, donde se percibe una dilatación del de «suma indiferencia hacia la vida» (2001, 151),
tiempo cronológico por los sucesivos retrasos, mientras que a «los estadounidenses y yugosla-
convirtiéndose así en la posibilidad de acer- vos les parece muy pintoresco las mujeres indias
carse a la «humanidad lírica y misteriosa del que llevan a sus hijos a la espalda» (2001, 151).
Nordeste», con sus personajes y conflictos. Una Es así como en los escritos de Amado el
anciana negra que toma el tren en dirección malestar con la situación turística se manifiesta
equivocada, un señor que llora profusamente y en una arremetida contra las posturas de los
deja de hacerlo para rascarse, una persona que pasajeros de las clases altas, y a través de una
dice ser su familiar y una historia sobre rebeldes lealtad a los pueblos concebidos a partir de las
campesinos son motivos de interés para el escri- clases populares y trabajadores. Es un mapa
tor que suplen la demora de la máquina: «¿qué afectivo elaborado por descripciones y compa-
importan estos retrasos si todos los pasajeros raciones de las humanidades americanas en que
entablan relaciones apenas parte el tren, y luego cada microcosmos sugiere potencias populares
confraternizan?» (2001, 16). Es una intimidad y revolucionarias, a semejanza de lo que nota
que encontrará meses después en México, de Rossi en sus novelas del período (2004, 54). En
Manzanillo a Guadalajara, con igual presencia algunos casos son perceptibles por medio de
de gente «amistosa y acogedora». un lirismo restringido y por la imaginación, al
En su paso por Chile, leemos su incomodidad tiempo que, en otros son invisibles para los ojos
hacia los turistas que viajaban –como él– por las del turista, de quien exige improbables renuncias
tierras del sur, con sus montañas cargadas de nie- a su condición nacional y de clase.
ve hermosa, pero muchas veces enemiga del ser
humano: «No nos perdamos en exclamaciones
Último tramo: (des)aprendiz de turista
ante la belleza, ¡oh! turistas. Por un momento
no seamos turistas, seamos chilenos. Y amemos Desembarcamos con Amado del viaje-exilio
la tragedia de esta belleza de la tierra de Chile» por América Latina enlazando algunos pun-
(2001, 141). Es un extracto crítico de la condición tos del trayecto con consideraciones sobre la
del turista cuya mirada queda amortiguada por conformación de los modernismos plurales en

26
Brasil. En sus escritos en Dom Casmurro y en pues, cuando Amado le pide dar «información
publicaciones posteriores como Bahía de Todos sobre Chile, cosas sobre comercio exterior... me
los Santos podemos notar las tensiones entre un da, como respuesta, información sobre la vida
modernismo que parte del sudeste y otro cons- nocturna de Nueva York» (Antelo, 2001, 125).
truido a partir del nordeste. Desde la perspectiva En lo tocante a la búsqueda del alma miste-
de Amado, el movimiento inaugurado por la riosa de las cosas que cambian lentamente en
Semana de Arte Moderno de 1922, liderado por las ciudades, es importante considerar el viaje-
Mário de Andrade, agotó sus fuerzas al final de exilio como un experimento para la escritura de
la década siguiente con los cambios políticos Bahía de Todos los Santos: guía de los misterios
representados por la Revolución de 1930. Es y calles de Salvador, publicado en 1945. Es una
bajo tal marco de transformación política y so- obra concebida como guía para turistas, pero
cial, con profundos impactos culturales, que los que evoca formas alternativas de escenificar y
escritos de Amado buscan profundizar en una narrar la ciudad y sus habitantes para quienes la
literatura crítica de las elites y de las clases altas, visitan: «Si amas a la humanidad y quieres ver
de inconformidad con el progreso destructivo del a Bahía con ojos de amor y de comprensión,
alma de las ciudades y de su compromiso con las entonces seré tu guía, nos reiremos juntos y
clases populares. En estos tres niveles, la con- juntos nos rebelaremos» (Amado, 2012, 17).
tradictoria figura del turista articula diferencias Además de asumir la forma popular de un
entre los modernismos por sus aperturas hacia diálogo imaginado con un visitante, Amado
América Latina. concibe los capítulos como pequeños cuentos
El «sociologismo directo» (Antelo, 2001) de en los cuales la arquitectura y la historia de
Amado escarba en las oposiciones entre las cla- Salvador se mantiene viva entre sus habitantes,
ses sociales cuando, por ejemplo, ironiza el com- con las bellezas y las tragedias cotidianas de
portamiento imitativo de patrones extranjeros una desigualdad secular.
por parte de las clases altas y medias en Río de Finalmente, pienso que no se puede ignorar
Janeiro. Es tajante al declarar que viven en apar- la experiencia del viaje anterior de Mário de
tamentos minúsculos que llaman modernos, pero Andrade por el norte y nordeste de Brasil y la
existen solamente para mimetizar a los artistas y misión de sus investigaciones folclóricas para
personajes de cine estadunidenses como Greta la construcción de un modernismo alternativo al
Garbo y Tarzán. De paso por Chile, en la costa de 1922. Es cierto que Mário de Andrade buscó
del Pacífico, su atención recae sobre los turistas diálogos intelectuales más allá de la frontera
del barco «Rakuyo Maru», un grupo ecléctico de brasileña, como ha demostrado Raúl Antelo.
bolivianos, chilenos, peruanos, norteamericanos, Por lo tanto, sin dejar de reconocer los logros e
españoles, yugoslavos y mexicanos. Conocemos innovaciones del grupo sudestino para Amado,
entonces al cónsul chileno, que resalta por su podemos subrayar la distancia entre él y el autor
orgullo de hablar bien el inglés, por su cercanía de O turista aprendiz. Andrade buscaba obse-
con los norteamericanos que viajaban en el barco sivamente descubrir el Brasil en su literatura y
y por una actitud completamente ajena a su país, por medio de viajes a territorios desconocidos,

27
organizando expediciones y registros que evo- Andrade, Mário de. (2015). O turista aprendiz,
caban algo de los viajes surrealistas por África, Brasília, DF, IPHAN.
como si fuera un turista en su propio país. Sin Antelo, Raúl (1986). Na ilha de Maratapá: Má-
embargo, para Amado, con su acento en el rio de Andrade lê os hispanoamericanos, São
realismo social, se trataba de acercarse menos Paulo, Editora Hucitec.
como un turista y más como un conterráneo, ________. (2001). «Textos à ronda», en Jorge
un igual. No se trataba de definir una gramática Amado: A Ronda das Américas, Salvador,
nacional a partir de los coloquialismos de todas Fundação Casa de Jorge Amado.
las regiones del país, sino de representar en los Artundo, Patricia. (2004). Mário de Andrade e
temas y los personajes la «contribución millo- a Argentina: um país e sua produção cultural
naria de todos los errores gramaticales», como como espaço de reflexão, São Paulo, EDUSP/
proponía Oswald de Andrade. En ese sentido, Fapesp.
podemos concluir que el modernismo nordes- Bosi, Alfredo. (2002). «La parábola de las van-
tino de Amado, aunque muy enmarcado en su guardias latinoamericanas», en Jorge Schwartz:
territorio bahiano y sus historias, pudo recorrer Las vanguardias latinoamericanas. Textos
con ojos plurales y oídos conmovidos las calles, programáticos y críticos, México, Fondo de
trenes y barcos de América Latina de manera que Cultura Económica.
pocos modernistas brasileños fueron capaces o Candido, Antonio. (1984). «A Revolução de
tuvieron disposición de hacer. En esos tiempos 1930 e a cultura», Novos Estudos Cebrap, São
oscuros de persecución política, el viaje-exilio Paulo, v. 2, núm. 4, abril, pp. 27-36.
de Amado fue un ejercicio importante para afir- Hirschman, A. (1970). Exit, voice, and loyalty:
mar lineamientos alternativos de las vanguardias Responses to decline in firms, organizations and
y de sus puentes sobre la insistente ranura del states, Cambridge, Harvard University Press.
Tratado de Tordesillas. Rama, Ángel. (1978). «La riesgosa navega-
ción del escritor exiliado», Nueva Sociedad,
marzo-abril, pp. 5-15.
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apontamentos para um livro de memórias que pinas, IFCH-UNICAMP.
jamais escreverei, São Paulo, Companhia das Schwartz, Jorge. (2002). Las vanguardias lati-
Letras. noamericanas. Textos programáticos y críticos,
México, Fondo de Cultura Económica. c

28
Antonio Henrique Amaral: Um + um = dois?, 1976. Xilografía/cartulina, 300 x 420 mm, s/n
VOCES DE BRASIL

F
ue temprano el interés de la Casa por Brasil y su cultura. Solemos
repetir que la colección de clásicos Literatura Latinoamericana
se inició en 1963 con Memorias póstumas de Blas Cubas, casi de
inmediato se enriqueció con Vidas secas y –en gesto audaz que implicaba
una sacudida del canon– con La favela, de Carolina María de Jesús. Un
año después de aquel debut editorial, nuestra institución convocó a los
escritores brasileños a concursar en el Premio Literario. Una decisión y
otra son muestras del interés por hacer estallar las barreras que dividen
a ese país de sus vecinos hispanoparlantes.
Al dedicar por primera vez un número de la revista Casa de las Amé-
ricas a Brasil (el 159, de 1986), las palabras preliminares recordaban el
interés varias veces postergado de realizarlo. «Precisamente la magnitud
de la realidad brasileña», recordaban los editores, «fue uno de los obs-
táculos que encontramos una y otra vez». Sabían que ni esa entrega ni
ninguna otra «pueden pretender abarcar en su inmensa riqueza el mundo
brasileño. Nos conformamos con dar una idea aproximada de ese mundo,
el cual, por otra parte, ya se ha asomado a nuestras páginas, y volverá
a hacerlo». En esta ocasión hemos vuelto, de manera menos ambiciosa,
sobre ese reto. Nuestro propósito ha sido ofrecer una mínima muestra de
algunos de los más valiosos narradores y poetas de hoy, precedidos por
un panorama de la actual realidad literaria del país. Aunque varios de
los nombres que aparecen aquí han sido publicados en Cuba, la mayor
parte son desconocidos entre nosotros. Y si bien hemos elegido invitar
a personas relativamente jóvenes, cuyas carreras aún deben dar mucho
de sí, quisimos cerrar este dosier con un cuento de Frei Betto –el autor
más conocido, sin duda, entre el público cubano– que asimila lo mejor
de la tradición literaria y los temas más candentes del país.
Casa de las Américas agradece al escritor Mário Araújo, actual en-
cargado de asuntos culturales de la embajada de Brasil en La Habana,
así como a Ingrid Brioso Rieumont y Mauricio Acuña, haber colaborado
de manera decisiva en la realización de este dosier aportando nombres,
contactos y mediaciones; y a los autores y autoras que se incluyen, la
generosidad de cedernos sus textos para esta entrega.

30 Revista Casa de las Américas # 313 -octubre-diciembre/2023 pp. 30-31


STEFANIA CHIARELLI

Literatura brasileña
contemporánea: recorriendo
rutas de lectura

C
omienzo con una breve nota biográfica. Hace diez años
concluí, junto con Giovanna Dealtry y Paloma Vidal, la
edición del volumen O futuro pelo retrovisor: Inquietudes
da literatura brasileira contemporânea. En ese momento, con
casi una década de experiencia en el área, discutíamos los ca-
minos de la prosa de ficción brasileña de inicios del siglo xxi.
Los ensayos reunidos, escritos por investigadores e investiga-
doras de diferentes instituciones, resaltaron el agotamiento de
ciertos legados de la modernidad y señalaron nuevas formas
de apropiarse del pasado, centrándose en autores cuya obra ya
era reconocida, como Sérgio Sant´Anna, Rubens Figueiredo
y Milton Hatoum, y en creadores que se consolidaban como
nuevas voces, como Michel Laub, Adriana Lunardi y Carola
Saavedra, entre otros. Pensando en el lugar mismo de la crítica
literaria, la colección destacó algunos aspectos de la producción
ficcional e identificó posibilidades de representación en torno
al gesto de relectura.
Pasó una década. Con ella, el escenario de la literatura bra-
sileña contemporánea cambió significativamente. Ha surgido
un futuro provisional que trae una serie de modificaciones y

Revista Casa de las Américas # 313 -octubre-diciembre/2023 pp. 31-43 31


lleva a la evidente conclusión de que trabajar con femenina en la producción ficcional brasileña.
textos recientes o producidos en los últimos años No podemos olvidar que el canon literario es
requiere el gesto de recalcular rutas de lectura blanco y masculino. Ante esto, apropiarse de la
y de aproximación. El mapa es inestable; los voz femenina significaría buscar hablar sin las
caminos se bifurcan. Leer lo contemporáneo mediaciones tradicionales que configuran el dis-
requiere aliento y flexibilidad, repensando cons- curso y producir una obra que se aleje del canon,
tantemente los propios pasos. Reviso mi libro y como sostiene la crítica Beatriz Resende (apud
salta a la vista la necesidad de actualizar, una vez Lisboa, 2008, 141). Hoy es importante pensar
más, la perspectiva. en la producción de estos nuevos modelos, en
Vamos allá. los que las mujeres toman el control del lengua-
En cuanto a la circulación, asistimos a la pau- je –como defiende la teórica Hélène Cixous–,
latina pérdida de espacios dedicados a la crítica robándolo para reinventarlo a partir de su propia
y la reflexión sobre literatura en los medios im- escritura, escapando así del lugar de silencio que
presos, obligados a reinventarse ante la llegada les estaba reservado (Cixous, 2022, 66).
de las nuevas tecnologías y la expansión de la Con la importante publicación de títulos es-
información a otras plataformas y soportes. Las critos por mujeres se abrió una enorme ventana
viejas prácticas murieron, nacieron otras. La a temas y cuestiones vinculadas a lo femenino,
literatura se trasladó a distintos lugares (redes con ramificaciones hacia cuestiones de género,
sociales, sitios web, blogs) y llegó a distintos clase y raza. De esta manera, surgieron de esas
públicos, adaptándose a las nuevas contingen- páginas figuraciones más complejas de la mater-
cias. Por otro lado, ferias y festivales literarios nidad, el envejecimiento, el erotismo, el duelo,
proliferaron de norte a sur del país, revelando el racismo, transfiguradas desde la perspectiva
otras perspectivas de las producciones locales de mujeres indígenas, mujeres negras, mujeres
y cambiando las formas de percibir lo que se trans. Todo esto ha matizado nuestra perspectiva
conoce como literatura brasileña: en verdad son hacia la percepción de representaciones menos
muchas y variadas. estereotipadas de lo femenino, en el rechazo de
Mirando hoy algunas de las obras más signi- un supuesto universal. Hay muchas maneras de
ficativas publicadas en los últimos diez años en representar lo femenino, ya sea desde la pers-
Brasil, tenemos una fotografía –parcial, como pectiva de autoras cuya obra se consolidó hace
cada recorte– en colores más vibrantes que los muchos años, como Conceição Evaristo y Patrí-
vistos en el pasado reciente. cia Melo, o en la aparición de nuevos nombres,
como Eliana Alves Cruz y Micheliny Verunschk.
En ese lenguaje que expresa una visión
Las luchas y la casa
particular de la sociedad, cabe destacar la pre-
Un primer paso sería delinear líneas de fuerza sencia de novelas en que aparece una matriz
dentro de ese conjunto de vasta heterogeneidad genealógica femenina, cuya escritura escenifica
temática. Sin duda, el gran punto de inflexión rupturas generacionales al investigar formas de
de la década fue la consolidación de la autoría integrar el espacio de intimidad. Depositaria

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de la memoria, la figura de la madre, en este cordelista cearense narra un universo de mujeres
contexto, concentra la información que corre que se mueven entre ventanas cerradas y dolores
por las venas familiares. En ellas, la sangre es tragados. Doña Marlene es una abuela estricta
a menudo literal y manchará muchas trayec- que intensifica su dureza hacia su nieta tras la
torias en las que ciclos de violencia afectan a muerte de la hija Fabiana.
generaciones sucesivas. La trama se desarrolla en un lugar marcado
Es el caso de Uma exposição (2021), de la por una intensa religiosidad popular, presente
escritora catarinense Ieda Magri (1975), mar- en romerías y arraigadas creencias en torno a
cada por la evocación de la matriz familiar y la la figura del Padre Cícero. En este contexto, la
conexión con los ciclos de una realidad cam- abuela encarga una estatua a un santero, exigien-
pesina del sur de Brasil. En ella, una mujer de do que sea idéntica a su hija muerta, a la que
cuarenta años regresa al hogar de su infancia asocia con la santidad y la pureza. La pequeña
para participar en una gran celebración que casa se convierte entonces en el escenario de una
tendrá lugar en torno a la muerte de un buey. representación macabra, con la sala de oración
Escribe, se expone, en un intento de componer como escenario, un espacio para la locura de la
este retrato roto del hogar de su infancia, un matriarca, que cree honrar a la muerta inspirada
lugar de intensidades y contradicciones. Como en mensajes recibidos en un sueño.
su padre, un hombre que siente compasión por Deshecho en llanto, el cuerpo de la niña su-
el buey, pero es quien lo mata con certeras pu- fre, mientras la abuela se dedica a disciplinarla,
ñaladas, trayendo la muerte en sus manos. O la prohibiéndole cualquier forma de vanidad y
figura materna, en la relación en la que el amor llegando a la violencia física: «Y la abuela sabía
y el dolor conviven en una esgrima infinita –la cuándo parar. Me dejaba el tiempo justo para
madre es la que se preocupa, ayuda a respirar, recuperarme y poder enderezarme y fingir en
pero no ofrece apoyo: «¡El asma la obligó a los días siguientes, cuando mis piernas estarían
amarme, el asma la castigó por no amarme cubiertas por el uniforme» (Arraes, 2022, 44).
para siempre!» (Magri, 2021, 34). Se narra un Arraes forma parte de una generación de
mundo rudo, de venas, tripas y vísceras. La autores en cuya prosa están presentes temas so-
narración desprende ese olor a sangre viva, ciales, combinados con una geografía específica
tanto de los innumerables animales sacrifica- del noreste de Brasil. Se trata de textos que nos
dos como del líquido espeso que corre por las hablan de contrastes y tensiones entre el campo y
arterias familiares, hermanando y envenenando la ciudad; por un lado, el interior está permeado
al grupo. de referencias marcadas por la religiosidad del
También en Corpo desfeito (2022), de Jarid sertón y por matrices culturales en constantes
Arraes (1991), ambientada en la región de Cariri, cruces, entre oraciones y saberes tradicionales.
Ceará, Amanda, de doce años, vive un drama Por el otro, las garras de la modernización, en
cotidiano. Tras la muerte de su madre, vive bajo las que las antenas parabólicas captan todo un
el cuidado de su abuela, en una situación cada universo que invade las chozas pobres y anun-
vez mayor de abusos y amenazas. La poeta y cian un futuro poco alentador.

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Es posible identificar esta tendencia en la prosa cierta clase media brasileña, un lugar de sole-
de Dilúvio das almas (2022), en la que el monje dad, ausencias y amores mínimos:
benedictino Tito Leite (1972) narra la trayectoria
del migrante Leonardo. Perdido en las esquinas él se acordaba de cuando jugaba con las ma-
de São Paulo, el personaje vive en carne propia nos de su padre, el dedo recorriendo aquellos
el dolor de la invisibilidad y la exclusión en la surcos que la azada había labrado en ellas, su
capital paulista, ya que forma parte del grupo de padre que degollaba las gallinas, que mataba
personas no deseadas que están ahí para producir los cerdos, que cortaba la carne, su padre
la riqueza de los demás: «Eran pocos los que pres- que batía la masa cuando la madre quería
taban atención o incluso notaban que yo estaba hornear el pan, el padre el menos hambrien-
presente. Después de todo, yo solo era un bahiano. to, el que se sostenía con casi nada, el canto
Aquí llaman bahianos a todos los nordestinos. de los petirrojos en la ventana y los hijos
Una vez escribieron en la pared de un edificio alrededor con todas sus dudas, y el padre
Pongamos a los bahianos en el pau de arara. No esperando que las desenrollaran, listo para
era de un camión de lo que estaban hablando» responder la situación ya analizada, el padre
(Leite, 2022, 14). era parte del acto, no solo de la oración, el
El choque directo con una realidad brutal padre asomaba sus pies a la oración, aunque
impulsa su deseo de regresar a la tierra natal, estuviera descalzo, nada avanza, hijo, sin su
lo que resulta ser una integración al revés. El propia providencia, y él quería más detalles
narrador y protagonista encuentra en la labor de [Carrascoza, 2021, 50].
quienes detentan el poder la imagen desgarradora
del sertón contemporáneo, en el que la ciudad En consonancia con una escritura con fuerte
interior no es idílica, sino que está marcada por inclinación a revisar la intimidad, constatada
antiguas prácticas de dominación y coronelismo. en la proliferación de biografías, diarios, cartas,
«Yo era un cuerpo, y la vida, una herida abierta» informes y recuerdos, otra línea de fuerza se ve
(Ídem, 23). en la narrativa del duelo. En un escenario de pos-
En otro tipo de acercamiento a la intimidad pandemia y de enfrentamientos bélicos en todo el
doméstica, encontramos la obra del escritor planeta, la literatura brasileña buscó respuestas al
paulista João Anzanello Carrascoza (1962), dolor personal y a las pérdidas colectivas. Estos
cuyo proyecto literario pasa por la visita al textos de tono marcadamente confesional han
núcleo familiar, como en los volúmenes de encontrado fuerte resonancia, como lo demues-
cuentos Aquela água toda (2018), en el que tran Lili, novela de um luto (2021), de la paulista
infancia y memoria se entrelazan con un raro Noemi Jaffe (1961), en torno a la pérdida de su
refinamiento estético, y Tramas de meninos madre, sobreviviente del genocidio judío; y As
(2021), donde el espacio de la casa escenifica pequenas chances (2023), de la también paulista
sentimientos contradictorios: madres, padres, Natalia Timerman (1981), que revisita la muerte
hijos y toda una familia extendida dominan de su padre, así como el ensayo autobiográfico
estas historias ambientadas en el universo de Todo o tempo que existe (2022), de la carioca

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Adriana Lisboa (1970). En común tienen el Brasilia y São Paulo. Notas, cartas y reportajes
intenso entrelazamiento entre vida y obra, en variados forman un diseño que entrelaza arte,
narrativas que se alejan del ámbito de la expe- política e ideología, en el que el memorialismo
riencia, transfigurando en lenguaje las formas de hatoumiano revela los sueños y decepciones
decir la ausencia. En palabras de Lisboa: del protagonista Martim, quien anota: «Quizás
el olvido sea realmente una de las formas de la
Lo que digo y lo que no digo sobre mis memoria» (Hatoum, 2019, 310).
padres. Lo que olvido y lo que no olvido de La dura lucha de los años de plomo es también
mis padres. Lo que nunca supe de ellos. Lo la materia prima de la bella O corpo interminável
que mi hijo nunca sabrá de mí. Lo que sabe, (2019), de Claudia Lage (1979), una inmersión
pero que algún día inevitablemente acabará profunda en los traumas de nuestra historia colec-
olvidando. Este texto siendo asimilado por tiva. Construida a partir de un lenguaje que indaga
el gran parloteo del mundo, un texto más, en los límites de la piel, la narrativa otorga prota-
solo uno más, y en algún momento extin- gonismo a los cuerpos femeninos y las múltiples
guiéndose por completo. Olvidado, anulado. formas de inserción en los movimientos de resis-
Abandonado. No creo que sea mala idea, tencia: «Al final de toda esta mierda, no quiero ser
todo lo contrario. Existe libertad en el olvido la persona que contempla, quiero ser la persona
[Lisboa, 2021, 100]. que lucha contra lo que viene a destruirnos, que
quiebra, revienta» (Lage, 2029, 78), sostiene
Respecto a la escritura que busca recuperar Melina, una de las narradoras y protagonista de
traumas colectivos, en estrecha conexión con la novela de la escritora carioca.
la dimensión ética de la memoria, también hay El pasado como posibilidad de reinvención
novelas que apuestan por reelaborar las cicatrices configura otra vertiente en la literatura nacional,
de las dictaduras, asumiendo la tarea de narrar sobre todo la de carácter metanarrativo, en que
el horror de los gobiernos autoritarios, como se la creación es resultado de lecturas y reescritu-
puede leer en la contundente Mar azul (2012), ras. Se trata de textos que remiten a otras obras
novela de la argentina Paloma Vidal (1975), en o ficcionalizan personajes reales, atravesando
una prosa que se mueve entre los paisajes de tiempos y espacios, como en Pagu no metrô
Brasil y Argentina y la represión política, por (2021), de Adriana Armony (1969), donde la
medio de una narradora anciana cuyo presente autora carioca escribe un relato autoficcional
trae ecos de una juventud atravesada por la bru- para comprender el año en el que la escritora
talidad del régimen militar. modernista Patrícia Galvão, la Pagu, vivió en
Estos recuerdos también emergen en la prosa Francia en la década del treinta. Una literatura
fluida del amazónico Milton Hatoum (1952), en la sobre la literatura es también la propuesta de
trilogía O lugar mais sombrio, que comenzó con Homem de papel (2022), del escritor de Río
la novela de formación A noite da espera (2017), Grande del Norte João Almino (1950), en la
a la que siguió Pontos de fuga (2019), novelas que el personaje machadiano Conselheiro Aires,
ambientadas en una geografía que incluye París, diplomático retirado, salta de las páginas del

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autor de Memorial de Aires (1908) y llega al perspectiva de diferentes sujetos de la Historia:
siglo xxi para viajar por las calles de Brasilia y el indígena, la naturaleza, el niño y el científico
Río de Janeiro, estableciendo un juego entre la se expresan, permitiendo leer hechos reales
última narrativa de Machado de Assis, y temas desde múltiples puntos de vista para pensar los
y situaciones de un Brasil contemporáneo. ecos de la violencia histórica contra los pueblos
originarios de Brasil.1
En la obra, la escritora pernambucana ficcio-
Otros diálogos
naliza la historia real de ocho niños indígenas
Además de una producción literaria marcada secuestrados en la Amazonía en el siglo xix y
por la estrecha relación entre creación y cita, la llevados a Alemania por dos naturalistas extran-
literatura brasileña actual pasa por la necesa- jeros: Karl Friedrich von Martius, botánico que,
ria incorporación del pensamiento indígena, junto al zoólogo Johann Baptist von Spix, llegó
buscando dialogar con otras formas de inter- al país en 1817. Tras regresar a Europa, Martius
pretación del mundo, como puede verse en la publicó el relato de sus viajes.
receptividad del pensamiento del activista y Una de las niñas, Iñe-e, del pueblo Miranha,
escritor indígena Ailton Krenak (1953). Ante la tiene doce años. Cuando era pequeña, se alejaba
constatación de que vivimos un momento crítico durante horas de la compañía de las mujeres de la
en relación con el planeta y la naturaleza, del tribu y cierta vez fue encontrada en la orilla del río,
constante declive que vive la humanidad, Krenak junto a un gran jaguar que se había sentado a su
imagina formas de posponer la finitud, apoyando lado «como esperando, como mirando, dejando a
la importancia de enriquecer nuestra subjetividad la niña intacta y segura hasta la llegada de su pue-
a través de la capacidad de inventar, de la fuerza blo, y solo entonces se fue» (Verunshk, 2021, 18).
de «ser siempre capaz de contar una historia. Si Ella, encantada por el animal, es ahora una niña-
podemos hacer esto, estaremos posponiendo el jaguar. Tiempo después, el padre, aculturado, en-
fin» (Krenak, 2020, 27). trega como regalo su hija a los viajeros europeos
Para prorrogar los sucesivos plazos sería porque cree que su proximidad con el felino era
urgente crear otros mundos posibles, incluyen- señal de una maldición. Iñe-e es destruida por el
do la creación de narrativas con el objetivo de proyecto de muerte de los científicos alemanes
cuestionar las relaciones entre lo humano y lo y su exterminio culmina con la muerte física en
no humano, deconstruyendo jerarquías y supri- Alemania.
miendo la noción del ser humano como medida
1 Vale la pena señalar que la propia tradición literaria brasi-
de todas las cosas. leña, en su vertiente indigenista, está formada por autores
Ante el impacto de esta perspectiva antropo- no indígenas que cuentan historias sobre indígenas, como
céntrica, son utilizadas perspectivas insólitas José de Alencar, autor del clásico Iracema (1865). En la
para narrar, como la del río Isar en O som do literatura contemporánea, Dois irmãos (2000), de Milton
Hatoum; Nove noites (2002), de Bernardo Carvalho;
rugido da onça (2021). La novela de Micheliny
Habitante irreal (2011), de Paulo Scott, y Mulheres
Verunschk (1972) encara no solo el relato en empilhadas (2019), de Patrícia Melo, son algunas de las
primera persona de un río-mujer, sino también la obras que recrean ese complejo enfrentamiento.

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Respecto al acto final de represalia presente brasileña, los cuerpos negros narran la memoria
en la novela,2 vale pensar que algo se mueve en del silencio, la esclavitud y la muerte, y sus reso-
la prosa brasileña actual, en el gesto de rechazo nancias en la periferia de una Brasilia contemporá-
a la conciliación pacífica: una insurgencia en nea. Los antepasados de la protagonista-narradora
forma de mordida que se clava en el agresor. parten de Angola, inaugurando un linaje femenino
Verunschk da centralidad a un personaje histó- marcado por el racismo. Hija de una empleada
ricamente masacrado, que en la fuerza de este doméstica, la joven vive en la ciudad construida
devenir animal narra su voluntad de luchar, «in- por manos de otro migrante, su padre, procedente
cansable, entrenado en la prontitud, sin olvidar de Ceará. La vida en la capital del país, inaugurada
nunca» (Íbid., 153). en 1960 como una gran apuesta de futuro y de
El ajuste de cuentas lleva a la vigilancia, progreso, indica que el proyecto moderno sigue
como sugiere la postura del jaguar, para que el sustentado en la violencia histórica.
pasado no regrese como violencia persistente. La ciudad monumento expulsa de su núcleo
Vale la pena pensar en estos polos de vigilancia de poder a quienes la construyeron con su propio
y ferocidad, visibles en una venganza que sale sudor, como la familia de la protagonista, situada
de la boca, con dientes afilados que se alzan ante en la periferia urbana. La Universidad de Brasilia
nosotros. En ocasiones, la reacción no solo se es la materialización de esta exclusión, un lugar
da a nivel individual, sino a nivel colectivo, en donde a Lígia se le recuerda insistentemente su no
el que nuevos sujetos políticos se articulan para pertenencia: aquel es un espacio reservado para
construir formas de vida más justas. los blancos. No solo las palabras, sino el acto de
La reivindicación de otra historia también estupro que tuvo lugar en el campus le devolvió la
aparece en el gesto final de la novela Por cima hostilidad y la barbarie de la violación. «Tu cuerpo
do mar (2018), de Deborah Dornellas (1959), en no es de vidrio, pero se rompe. Lo no deseado per-
la que, después de sufrir innumerables formas manece dentro, en cada fragmento. No hay baño
de opresión, la protagonista, Lígia Vitalina da que lo saque, no hay cirugía que lo extirpe, no hay
Conceição Brasil, avanza engendrando una nue- barco que lo destierre» (Dornellas, 2018, 106).
va forma de abordar su herencia y recuerdos. Ya En la obra se destaca el deseo de relacionar el
no la subordinación impuesta a los antepasados pasado de opresión con un presente segregado:
esclavizados, sino una forma de protección en «Alguien como ella, o las otras mujeres de su
la reacción: «Mi nombre es Lígia, y mi nombre grupo, o mis mayores, o yo misma, hace tiempo
es escudo» (Dornellas, 2018, 223). que salimos de aquí navegando, pero permanece
En esta novela, ganadora del Premio Casa de en el mismo lugar. Su barco es el mío» (Íbid., 17).
las Américas de 2019 en la categoría de literatura Entre navíos que hablan de antiguos exiliados y
navíos que traen consigo la idea de lucha y agencia
2 El final de la narración nos sitúa ante una escena violenta colectiva, la novela tematiza los lugares ocupados
de ataque, en la que la perseguida se convierte en perse-
por las mujeres negras en la sociedad brasileña.
guidora, así como un viaje por el espacio, momento en
el que el personaje se traslada a Alemania y extermina Lo mismo se puede ver en otras voces talen-
a su verdugo. tosas de esta generación, como la del escritor

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bahiano Itamar Vieira Junior (1979), autor que Torto arado es narrado por las hermanas y
también elige protagonistas que se rebelan contra también por una entidad religiosa, Santa Rita
el sometimiento impuesto en un Brasil históri- Pescadeira, responsable de la tercera y última
camente desigual. Se trata de la aclamada Torto parte de la narración. En este tramo, cabalga so-
arado (2019),3 en el que las hermanas y narradoras bre los cuerpos de Belonísia y Bibiana y asesina
Bibiana y Belonísia, hijas de trabajadores rurales al dueño de la finca, vengando no solo la muerte
descendientes de esclavos en una comunidad en de Severo (exterminado en la disputa de tierras)
la Chapada da Diamantina, enfrentan la opresión sino también una época de servidumbre y mal-
histórica en torno a la lucha por la tierra en la ha- trato, tanto en el pasado como en el presente.
cienda Água Negra, el lugar donde se desarrolla
la narración. Belonisia era la furia que había atravesado
La novela se basa en el trágico episodio en el el tiempo. Fue hija de personas fuertes que
que las dos hermanas se cortan mientras jugaban cruzaron un océano, que fueron separadas
con el cuchillo de su abuela. A una de ellas le de su tierra, que dejaron atrás sueños y
amputarán la lengua y deberá ser representada, forjaron una vida nueva e iluminada en el
al menos en parte, por la otra: destierro. Personas que pasaron por todo,
soportando la crueldad que les fue impuesta
Fue así que me convertí en parte de Beloní- [Íbid., 261].
sia, de la misma forma que ella pasó a ser par-
te de mí. Fue así que crecimos, aprendimos a Como en las dos narraciones mencionadas
cultivar, observamos las oraciones de nues- anteriormente, esta novela también presenta
tros padres, cuidamos de nuestros hermanos una ruptura con un paradigma realista, a través
menores. Fue así que vimos pasar los años de la presencia de elementos sobrenaturales y
y nos sentimos casi siamesas al compartir acontecimientos vinculados a las tradiciones
el mismo órgano para producir los sonidos afrobrasileñas, como la entidad del jarê, variante
que manifestaban lo que necesitábamos ser religiosa que sincretiza las creencias de culturas
[Vieira Junior, 2019, 23-24]. negras, indígenas y portuguesas.
En las tres novelas mencionadas, el océano
Atlántico aparece como un espacio atravesado
3 Ganadora en 2018 del concurso promovido por el grupo por sujetos que son esclavizados u obligados a
editorial LeYa, dedicado a novelas inéditas de la llamada
migrar sin haber elegido ese destino, un lugar de
literatura lusófona, y de los premios Jabuti y Oceanos, en
Brasil, Torto arado se publicó originalmente en Portugal, muerte cuyo viaje los separa dramáticamente de
en 2019. Traducida a veinticuatro idiomas, circula en va- sus antepasados. En el caso de Por cima do mar
rios países, una hazaña notable en términos de presencia y Torto arado, se trata de un Atlántico negro,
de la literatura brasileña contemporánea en el exterior. como lo formula el crítico Paul Gilroy, llamando
Merece mención el enorme éxito editorial de la obra:
la atención sobre ese movimiento basado en la
la novela vendió alrededor de un millón de ejemplares
en Brasil estableciendo un juego entre la narrativa de exploración y el beneficio inconmensurable que
Machado y los temas y la situación del verdugo. genera la esclavitud.

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Como afirma Conceição Evaristo (1946), «es brasileña, tensando los vínculos de esa visita a
el barco negrero, signo común de ruptura para los la intimidad de sujetos que oprimen a quienes
pueblos de la diáspora africana, el que marca el cuidan e higienizan espacios y cuerpos. El uso
inicio de la dramática historia de los pueblos afro- de agua con lejía en el proceso de lavado de ropa
descendientes en América» (Evaristo, 2012, 160). consistía en utilizar esa solución blanqueadora,
La escritora, poeta y crítica mineira da protago- tal como explica la narradora:
nismo en sus escritos a mujeres históricamente
silenciadas, formulando el concepto de escrevi- Antiguamente lavar la ropa era un largo
vência, que surgió de una práctica literaria cuya proceso artesanal. Primero se frotaba y gol-
autoría es negra, femenina y pobre, y cuyo sujeto peaba bien; luego había que poner un rato en
de acción asume su ejercicio «no solo como un la solución de agua de lejía, enjuagar más y
ejercicio aislado, sino atravesado por grupos, por poner al sol para curar. Cuando las telas se
una colectividad» (Evaristo, 2020, 38). secaban, entraba en acción la pesada plancha,
El viaje transatlántico de los antepasados es que se deslizaba sobre el tejido con unas
también el tema central de Um defeito de cor gotas de agua perfumada. Pliegue a pliegue.
(2006), de Ana Maria Gonçalves, obra que se erige Cuello por cuello. Listo. Todo limpio. Todo
como paradigma de muchas narrativas escritas por perfumado. Todo blanco [Cruz, 2018, 15].
personas negras en los últimos años en Brasil, como
Água de barrela (2016), de la escritora carioca Todo blanco. La expresión escapa a cualquier
Eliana Alves Cruz (1966). En la novela, elementos neutralidad. El privilegio del color siempre ha
biográficos e históricos se entrelazan para recorrer sido un elemento determinante en la literatura
ocho generaciones cuyos vínculos fueron rotos por brasileña, que durante mucho tiempo excluyó de
la esclavitud, entre África y Brasil. sus filas a autoras y autores negros e indígenas,
La trama comienza con el centenario de como se puede comprobar en nuestra tradición
Damiana, nacida en 1888. Luego de un breve literaria.
pasaje que relata el cumpleaños del personaje, la La cuestión todavía implica una discusión
voz narrativa sitúa al lector en relación con una delicada. Una de ellas se refiere al espacio asig-
familia en tierras brasileñas, cuyo punto de partida nado a estas voces que, colocadas al margen de
aún está marcado en suelo africano, a partir de dos la sociedad, finalmente encuentran formas de
personajes desplazados a la fuerza. El personaje expresión y circulación, trayendo consigo otras
Nunu, que padece esquizofrenia, cuenta las pautas necesarias, como raza, identidad, género
historias vividas por sus antepasados, figuras de y orientación sexual. Este logro se nota en el
gran relevancia en la trama. propio mercado editorial, que ha ido modificando
La narrativa tiene como imagen central el sus catálogos y abriéndose paulatinamente para
acto de lavar, blanquear y planchar la ropa de las incorporar autores y autoras que siempre han
patronas blancas por parte de mujeres negras de tenido dificultades para ver circular sus escritos,
varias generaciones, un trabajo doméstico que se tanto las grandes editoriales, con un perfil más
perpetúa de diferentes maneras en la sociedad comercial, como las pequeñas.

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Sin embargo, el tema todavía genera cierto inspiración autobiográfica, similar a uno de sus
malestar en el ámbito literario, en el que se pone modelos literarios, la novela Cidade de Deus
en duda la legitimidad de estas voces, como en (1997), del carioca Paulo Lins (1958),5 caracteri-
el conocido caso de Carolina María de Jesús zada por una estética documental y memorialista,
(1914-1977), escritora negra y autora de Quarto así como por el diálogo con la narrativa urbana
de despejo [La favela] (1960), un texto autobio- y brutalista presente en la obra del mineiro Ru-
gráfico en el que narra pasajes de su dura vida en bem Fonseca (1932-2022), matriz de toda una
la favela Canindé como recolectora de basura, generación de escritores y escritoras.
actividad que realiza con el objetivo de alimentar Al pensar en la presencia de la brutalidad, es
a sus tres hijos. ¿Podría Carolina figurar en el pertinente considerar lo dicho por Jorge Augusto
canon nacional, consagrada entre nombres como (1982), autor de O mapa de casa (2023). El poeta
Clarice Lispector, Guimarães Rosa y Machado y profesor recuerda que Salvador, la capital de
de Assis? ¿Su escritura tendría el mismo valor? Bahía en la que vive, es la ciudad más negra del
El tiempo respondió que sí. mundo fuera de África, y también el lugar donde
En este territorio de disputas narrativas, hay más negros son asesinados en Brasil. Frente a esa
quienes expresan malestar ante una literatura que evidencia, se pregunta cómo elaborar estética-
estaría ligada a un cierto didactismo, sin el debido mente este hecho, considerando la importancia
compromiso con el gesto estético de la escritura, de pensar el territorio como lugar propositivo
relacionando el éxito de libros como Tordo arado para el diálogo. Y concluye: «Encontrar el tér-
con la capacidad de pacificar la «mala conciencia mino medio entre forma estética y discurso es el
blanca». Podemos encontrar esta posición en la desafío de la literatura contemporánea».6
declaración de Bernardo Carvalho, en la que Muchos de nuestros escritores enfrentan esta
el escritor carioca se opone directamente a los dificultad y equilibran sus textos entre el com-
libros que empoderan, y expresa reservas sobre promiso ético de narrar y la preocupación por la
el concepto de lugar del habla, tema frecuente en elaboración del lenguaje, como se puede ver en
sus manifestaciones públicas.4 la obra del poeta, ensayista y profesor mineiro
Lo cierto es que hoy sería imposible vislum- Edimilson Pereira de Almeida (1963). Su bella
brar un panorama de la prosa contemporánea sin
la presencia de autores como Geovani Martins 5 El texto «Crônica marginal», de la crítica Heloísa Buar-
(1981), que publicó el volumen de cuentos O sol que de Hollanda, llamaba la atención, a principios de la
década de 2000, sobre el impacto de la nueva literatura
na cabeça (2018) y la novela Via Ápia (2022).
marginal de aquel momento, pensando en el texto de
En sus textos, el escritor carioca también retrata Paulo Lins y el trabajo del escritor y líder cultural pau-
la realidad desde un punto de vista periférico, en lista Ferréz (1975) como una nueva forma de hacer y
tramas cuyos personajes marginados recorren la experimentar la política.
ciudad. Una literatura de ciudad con una fuerte 6 La declaración forma parte de su participación en la
edición del Festival Literario Internacional de Paraty
2023, el día 24 de noviembre, y está disponible en
4 El artículo aparece en el diario O Globo del 5 de no- https://www.youtube.com/watch?v=MdbFc1ncHxU.
viembre de 2023. Consultado el 3 de diciembre de 2023.

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novela O ausente (2020) sigue la historia de de «liberar la literatura brasileña a las aguas
Inocêncio, hombre predestinado a la misión de amazónicas y atlánticas africanas y a todas las
curar personas en medio de un entorno rural. corrientes diaspóricas»:
Debe tomar una decisión y repasa su vida en el
espacio de unas horas, entre la noche y la mañana Los barcos multiétnicos no anclaron en
siguiente. Dueño de una prosa poética que se Porto Seguro. Pero ahora viajan libremente
mueve entre lo sagrado y lo profano, Inocêncio por las aguas democráticas y ciudadanas de
narra su choque con esa lengua que tiene la ca- la década que se abrió en enero de 2022.
pacidad de traer alivio, y también dolor: Sus tripulaciones amazónicas, atlánticas y
mediterráneas solo recibían permiso para
En la piel que me enorgullecía, el tiempo viajar como ciudadanos de pleno derecho si
dibujó una geografía de sufrimiento y cura- estaban bajo el mando de dedicados etnó-
ción: cada rasguño es un nicho, una pequeña grafos (nacionales y extranjeros), o bajo la
casa, una mansión, una curva en el camino, bandera menor y complementaria del acervo
un arroyo, una tumba, una campana, una sire- folclórico o de literatura oral brasileña.
na –mis amores desarmados– mis armas. No
reconozco a nadie en esta geografía, porque Las palabras del crítico pueden servir como
hay que olvidar el bien que se hace. Ya el mal conclusión al estudio de cierta literatura brasileña
es una biblioteca oscura, que se debe evitar del presente, en la que «nuevas experiencias
[Pereira, 2020, 107]. artísticas, más integrales y más esperanzadoras»
viajan con mayor libertad. La selección pre-
sentada en esta ruta ciertamente incluye los
Nuevos actores, nuevas demandas
barcos multiétnicos mencionados por Santiago:
Galardonado con el Camões 2022, el premio entre estos barcos se encuentran Pagus, Lígias
literario más importante en lengua portuguesa, Vitalinas, Iñe-es, Bibianas, Belonísias, Nunus,
el crítico Silviano Santiago (1936) pronunció un Melinas, Martins, Leonardos, Inocêncios, hom-
discurso7 en la ceremonia de entrega en el que bres y mujeres de papel, carne, hueso, luto y
destacó la presencia de «conmociones sísmicas» combate.
que perdurarán en la literatura actual. El escri- Los pasajes enumerados son obras unidas
tor y ensayista mineiro se refirió a los nuevos por el esfuerzo de comunicar algo: hablar de
y bienvenidos protagonistas de este panorama forma inapropiada, hablar con acento, hablar
literario y afirmó que había llegado el momento en voz alta, expresar dolor, silenciar, articular
la lengua del otro, deletrear la lengua de la
7 El discurso completo, pronunciado en la Biblioteca Na- familia. Hablar con el otro, contra el otro, por
cional de Río de Janeiro, el 14 de noviembre de 2023, el otro. Decir yo. Decir nosotros. El tiempo
disponible en: https://blogbvps.com/2023/11/15/bvps-
dirá el destino de estas narraciones, un futuro
reportagem-silviano-santiago-dedica-premio-camoes-a
-mario-de-andrade-meu-mestre/#. Consultado el 16 de incierto, pero engendrado por los lectores que,
noviembre de 2023. en el cuerpo a cuerpo con la palabra, actualizan

41
los sentidos de esos textos. Este conjunto con- Rosado Nunes (Eds): Escrevivência: la es-
forma un escenario más abierto a otras voces critura de nosotros. Reflexiones sobre la obra
y saberes, configurando una lengua brasileña de Conceição Evaristo, Río de Janeiro, Mina
plural y descentrada, en la que esos sujetos nos Comunicação e Arte.
cuentan diferentes historias. Gilroy, Pablo. (2001). El Atlántico Negro: mo-
dernidad y doble conciencia, traducción de
Traducido del portugués por J.F. Cid Knipel Moreira, São Paulo, Editora 34.
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________. (2020). «La escrevivência y sus ________. (2022). Vía Apia, São Paulo, Com-
subtextos», en Constância Duarte e Isabella panhia das Letras.

42
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Timerman, Natalia. (2023). Las pequeñas posi- Vieira Junior, Itamar. (2019). Arado torcido, São
bilidades, São Paulo, Companhia das Letras. Paulo, Sin embargo. c

João Cámara: Juegos de guerra, s/f. Litografía/cartulina, 440 x 520 mm, ed. 4/25

43
LUIZ RUFFATO

Comer sushi en Beirut

C uando entré al sushi lounge bar, en el décimo piso del Golden


Tulip Hotel de Ville, en Beirut, nada más había un cliente.
Pasaba poco de las siete de la noche y la recepcionista, que
sumaba a sus funciones la de mesera, una joven y sonriente
oriental, quizá tailandesa, conduciéndome entre una docena
de mesas, floreritos de origami plantados en manteles blancos
tendidos en diagonal sobre manteles rojos, me instaló junto al
amplio ventanal, cerca de otro tipo. No hubo manera de evi-
tar, por la incomodidad de la situación, que nos saludáramos
cordialmente. Me senté e intenté disfrutar la belleza de aquella
ciudad que tanto me recordaba a Río de Janeiro, una pequeña
franja de tierra claveteada de edificios en una bahía esplendorosa,
rodeada de una cortina de montañas, salvo que allí las faldas
de los cerros no estaban cubiertas de favelas. Esa semana, al
caminar por la zona cristiana, me había quedado claro por qué
todos los pueblos han codiciado Beirut en todos los tiempos.
Aunque era un cliché, no podía dejar de compararla con una
mujer hermosa, elegante, inteligente, encantadora, discreta,
sensual y delicadamente exótica.
La tailandesa, o vietnamita, quizá, vino, me entregó el menú
con reverencia y se dirigió a la otra mesa. El hombre le preguntó
algunas cosas en francés, que ella obviamente no comprendió,
porque, siempre risueña, respondió en un inglés enmarañado.
Me apiadé ante el apuro de la vietnamita, o birmana, quizá, que
intentaba explicar, en una lengua que no era suya, diferencias
entre los diversos platillos de una culinaria completamente
ajena a ella. Tras un breve momento, en el que se esforzó por
entablar un diálogo, el tipo se rindió y, con el dedo, señaló al
azar un platillo del menú como si se librara de un suplicio. La
joven fue a la caja y le pasó la comanda a una señora chaparrita
44 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 44-53
y empertigada, que inmediatamente se metió en la cocina por la puerta de vaivén, gritando algo
en su lengua nativa. El tipo miraba ahora ensimismado las luces que titilaban en los contrafuertes
del Monte Líbano. Grande, gordo, delgadísimo pelo castaño claro, cachetes rojos, enfundado
en un traje negro raído, corbata azul con figuras geométricas amarillas, camisa blanca, parecía
un campesino que volviera de una boda, con los zapatos apretándole los pies, sin saber cómo
portarse dentro de una indumentaria que lo asfixiaba.
La mesera, camboyana quizá, se acercó, le indiqué que quería un misoshiru de entrada, una
variedad de sushi como plato principal y, de beber, agua; ella lo apuntó, tomó el menú, inclinó
el torso. Volvió enseguida, depositó en la mesa de enfrente una botella de vino, la descorchó
con trabajo y vertió un poco en la copa. El hombre tomó la copa con la mano derecha, la hizo
bailar en el aire con insospechada gracia, observó el líquido rubí, aspiró su aroma y, por fin,
sorbió un trago. Con los ojos cerrados chasqueó la lengua y, abriéndolos, autorizó a la joven
que le sirviera. Luego se inclinó hacia mí, alzó la copa y dijo, simpático, ¡Santé! Meneando la
cabeza, correspondí, ¡Santé! Envalentonado, me preguntó en un francés perfecto si me gustaría
acompañarlo, Chatêau Ksara Réserve du Couvent 2005, explicó. Debo haber hecho algún mo-
vimiento que le dio a entender que aceptaba la oferta, aunque no había sido esa mi intención,
porque se levantó y, dándose un cabezazo con la lámpara rectangular de papel china rojo, se
acercó a mí. Solo entonces me di cuenta de que era mucho más alto y pesado de lo que parecía,
más o menos un metro noventa de estatura, unos ciento veinte kilos.
Puso el vino y la copa sobre el mantel, le hizo una seña a la mesera y, jalando una silla, se
presentó, Marcelo Barresi. Yo, todavía espantado ante ese exceso de confianza, lo saludé y dije
mi nombre. ¿Italiano?, preguntó con entusiasmo, ¡Parliamo in italiano allora! Le expliqué en
francés que, aunque era oriundi, no hablaba la lengua de mis abuelos. Soy brasileño, concluí.
Una inmensa sonrisa infantil iluminó su rostro lunar, canturreó con voz de barítono, Copaca-
bana, princesiña del maaaaar, y habría seguido si no hubiera ido a interrumpirlo la joven que,
confundida, no atinaba a comprender cómo es que, si habíamos llegado en momentos distintos
y nos habíamos sentado en lugares distintos, ahora compartíamos una misma mesa. El tipo
intentó explicárselo, bienhumorado, pero se rindió luego de emitir algunas frases, que ella no
captó. Gesticulando le pidió otra copa, y la mesera, china quizá, nos dejó, furiosa. Marcelo
se volvió hacia mí, los ojos semicerrados, e irrumpió en una carcajada larga, estruendosa,
avasalladora, que sacudía su enorme cuerpo gelatinoso, ¡jajajajajaja! La joven regresó con la
copa, Marcelo la llenó, alzó la suya en un brindis, Por Brasil, dijo animado. Por Brasil, repetí.
Le tengo mucho cariño a Brasil, Brasil me salvó la vida, afirmó, en español, completando,
¿Podemos charlar en español, por supuesto? Asentí, y él añadió, Incluso hablaba portugués,
pero me olvidé, ¡jajajajajaja!
Entonces me preguntó qué hacía en Beirut. Le expliqué que estaba allí por motivos profe-
sionales y él se puso a hablar de generalidades. ¿Sabías que, por motivos de equilibrio político,
desde 1932 no se hicieron censos demográficos en este país? No, no lo sabía. ¿Sabías que, por

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esas mismas razones, acá no se estudia la historia de Líbano? No, no lo sabía. ¿Sabías que, en 2006,
mientras los aviones de caza israelíes bombardeaban la ciudad, había jóvenes apáticos en la
playa tomando sol? No, no lo sabía. ¿Sabías que lo que sostiene la economía son los bancos y
el juego? Sí, sí lo sabía. ¿Sabías que el vino aquí es excelente, pero casi no se exporta, porque
se produce poco? Sí, sí lo sabía.
La mesera, laosiana, quizá, empujó el tazón de misoshiru hacia mí y algo que no logramos
descifrar hacia Marcelo, que, divertido, me explicó que había ordenado aquello sin querer, había
señalado una línea de la carta para preguntar qué era aquello, ella lo había interpretado como
una orden, él había decidido no discutir, ¡jajajajajaja! ¿Y vos qué elegiste de plato principal?,
indagó. Sushi, respondí. Y él, al borde de una apoplejía, ¡jajajajajaja!, dijo, casi sofocado, ¡Yo
también! Después, más tranquilo, observó, Comer sushi en Beirut... ¿No parece el título de
una película? Yo sonreí, estaba de acuerdo, Sí, de una película de espías...
Manipulando los palillos con destreza, Marcelo consumió la entrada, empapada en salsa de
soya, mientras intentaba descifrar el relleno, ¡Mariscos! Creo que son mariscos, observaba,
para afirmar enseguida, No, no, creo que son moluscos... ¡Moluscos, seguro! O pescado, sí,
pedacitos de pescado... ¡Jajajajajaja! Satisfecho, se limpió la boca con la servilleta y declaró,
enfático, ¡Brasil! ¡Precioso país! ¡Precioso país! Sintiéndome obligado a mantener viva la
conversación, le pregunté, ¿Y tú, de dónde eres? ¿Yo?, dijo él, ¡yo no tengo patria! ¡Jajajaja-
jaja! Tras sorber un trago de la copa, prosiguió, serio, con el cuerpo enorme replegado en un
caparazón de pesar, Soy argentino, o lo fui... algún día... Y de nuevo irrumpió en una carcajada,
¡Somos enemigos, hombre! ¡Jajajajajaja! Le pregunté qué hacía en Líbano y él me explicó
que era profesor de Sociología en Francia, en el Instituto de Ciencias Políticas de Toulouse,
Como tenemos un convenio con la Universidad Saint Joseph, vine a enseñar un curso sobre
la compleja relación del individuo con la esfera pública... Me voy dentro de un mes... Y me
preguntó cuánto tiempo seguiría yo por allí. Me voy mañana, contesté. ¿Te volvés a Brasil? Y
entonces, en el subibaja de su humor, la euforia cedió lugar a una tristeza difusa. Qué suerte la
tuya, exclamó, la mirada vaga, las manazas extendidas sobre la superficie de la mesa, Yo, en
cambio, no tengo ningún lugar al que volver...
El silencio cayó como una densa niebla. En el Monte Líbano, las luces eran estrellas de brillo
pálido. Pensé, Yo tampoco tengo hogar, familia, nadie me va a llorar sobre el suelo en que me
entierren, pero mis divagaciones fueron guillotinadas por Marcelo, que me preguntó si me moles-
taría que fumara. Me encogí de hombros, él tomó un cenicero de la mesa de al lado, se sacó del
bolsillo una cajetilla azul clara de Gauloises Caporal y un encendedor Zippo, prendió el cigarro
dándole el golpe con ansiedad, y preguntó qué me parecía el vino. A mí me gusta, respondí, y
él dijo: ¡Pidamos otra botella!, mientras le hacía señas a la joven, malaya, quizá. Dos parejas
entraron en el restaurante y fueron conducidas hacia una mesa que estaba al fondo. Marcelo
me preguntó, distraído, si había visitado la catedral de Harissa, Biblos, el Museo Nacional...
Le dije que sí y le pregunté, por mi parte, en qué circunstancias había conocido Brasil, cómo

46
había ido a parar a Toulouse, por qué había dejado Argentina, buscaba un tema de conversa-
ción, y supuse que querría discurrir al respecto. Él, echando lejos el humo, aplastó la colilla en
el cenicero y dijo, ¿De verdad querés saber? No pude descifrar, en el momento, si la pregunta
traducía sorpresa o incomodidad.
La mesera, quizá tailandesa, sí, abrió la botella con trabajo, envolvió el corcho en una ser-
villeta, nos lo mostró, sirvió deprisa el líquido en las copas. Volvió poco después con dos por-
ciones de sushi, la pequeña para mí, la enorme para Marcelo, cuyos ojos arrojaron destellos de
gula. Alzó la copa, Por los encuentros fortuitos, porque en ellos reside la verdadera amistad,
dijo sentencioso. Y se soltó a hablar, puntuando su relato con tragos de vino, con chupadas de
cigarro y con su risa escandalosa.
«La historia empezó con mi abuelo, Salvatore Barresi, un calabrés alto, moreno y barbón,
que migró solo a Brasil en 1913. Tenía unos 18 años y era anarquista, ¡jajajajajaja! En São
Paulo, cuenta la leyenda, participó en la primera huelga general, creo que en 1917, pero perse-
guido, bajó a la Argentina. En Buenos Aires se metió en la Federación Obrera, llegó a ser diri-
gente, secretario general, algo así. Como gráfico, ayudó a fundar periódicos de corta duración
y nombres curiosos, El Soldado, Alborada, El Burro, ¡jajajajajaja!, y escribió artículos exaltados
en otros, como La Protesta. En plena militancia política, se casó con Elena Vaccaro, una sici-
liana con la que tuvo cuatro hijos, uno tras otro, a los que la pobre criaba solita como lavandera.
Era rara, esa abuela, bajita, pelo negro recogido en un rodete, ojos negros de una tristeza renco-
rosa, honda, aprehensiva... En septiembre de 1930, el general Uriburu dio un golpe de Estado
y mi abuelo desapareció, probablemente asesinado por la Liga Patriótica. La vida cotidiana de
la familia, ya de por sí difícil, se volvió insoportable. Mi abuela no podía contar con nadie: su
padre era un obrero anarquista, siempre desempleado por involucrarse en huelgas, sindicatos,
manifestaciones; sus hermanos estaban enredados en sus propias miserias. Entonces, a través
de los contactos que tenía con las familias para las que trabajaba, mandó a mi padre, Vicente,
de once años, y a mi tío, Francisco, de diez, a ayudar a mantener la casa: mi tío lavaba vasos y
platos en El Caballito Elegante, en Palermo, mi padre servía de guía, por la Calle Florida, a un
abogado viejo y ciego, un Pereyra Girado, que tenía una biblioteca de más de diez mil libros y
un bastón con empuñadura de oro. Mi abuela les hizo jurar que nunca se dejarían descarriar por
la política. Cada vez que alguno tocaba el tema, aunque fuera por casualidad, ella se caía al
suelo, en una convulsiva crisis de nervios que, no se sabe si genuina o inventada, surtía efecto,
¡jajajajajaja! Los hijos hicieron caso omiso de las discusiones que indisponían a la sociedad
argentina, la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, las revoluciones internas ci-
viles y militares, el peronismo. Marcos murió cuando todavía era adolescente, de tuberculosis;
Margarita se casó con un productor de manzanas de Neuquén y rompió relaciones con la fami-
lia; Fancisco contrajo matrimonio con la hija del propietario del restaurante, heredó el negocio;
mi padre se casó con Ana Sierra, una descendiente lejana de charrúas, y abrió una pequeña
papelería en Chacarita, El Sueño Azul, que después de una ampliación, se convirtió en una

47
referencia para la clase media porteña desde los años sesenta hasta mediados de los setenta.
O sea, nací y crecí en un mundo acogedor desde el punto de vista material. Jamás me faltó
nada. Comíamos bien, todos los domingos almorzábamos en El Caballito Elegante, veraneába-
mos mi madre, mi abuela y yo en Necochea, donde teníamos una casa, vivíamos en un lugar
bastante cómodo en Villa Ortúzar. Yo, hijo único, tenía mi propio cuarto, mi abuela, el suyo y,
además del de mis padres, había otro, siempre vacío. Mi papá salía siempre a pie, a las siete
de la mañana, y se quedaba hasta tarde en su negocio, sin volver a una hora fija, porque no
confiaba en ningún empleado, ni siquiera para abrir y cerrar las puertas, creía que le iban a robar.
Mi madre escatimaba palabras, no le hablaba a nadie, porque creía que, por ser mestiza, aunque
no cargaba con ningún rasgo indígena, todos la despreciaban. Yo no lograba hacer amistades.
Gordo, tímido y torpe, evitaba los juegos con mis compañeros, fútbol, carreras, cualquier cosa
que exigiera movimiento y sudor, ¡jajajajajaja!, y me mantenía al margen. Además, no iba a la
iglesia, único legado de nuestra ascendencia anarquista, éramos anticlericales, para desesperación
de mi madre, devota entusiasta de la Virgen de Luján y del Gauchito Gil. Mi padre leía La Ra-
zón, y en el living había una pequeña estantería tapizada con los enormes volúmenes de la
Enciclopedia Británica y los insospechados compendios de la Biblioteca Espasa Calpe, más
como una ostentación para las visitas, que nunca llegaron, porque mi abuela les inculcó a sus
hijos un auténtico pavor por el saber libresco. Así que, desde chico, para adiestrar la soledad,
me tiraba boca abajo en el parque y me devoraba los títulos uno tras otro, contra los deseos de
mi abuela, que preveía mi perdición, ¡jajajajajaja!, pero con la complicidad sordomuda de mi
padre, que quería que fuera abogado como el licenciado Pereyra Girado, un hombre distinguido,
se llenaba la boca, un aristócrata que hablaba con fluidez seis idiomas y leía diez, cuya cultura
era más amplia y profunda que la de cualquier otro en Buenos Aires y, para él, pronunciar Buenos
Aires significaba poner fin a todas las dudas. Así me desarrollé, atrincherado entre mi abuela,
autoritaria, mezquina y avara; mi madre, silenciosa, resentida y vengativa; y mi padre, arrogan-
te, injusto y ajeno –cada cual, a su manera, devolvía al mundo lo que le había sido impuesto
como castigo–. Yo no existía en este universo de amarguras, indignaciones y tristezas inacaba-
bles. Pero, aunque mi abuela rezongaba porque me mimaban demasiado y mi madre me igno-
raba, mi padre, furtivamente, insuflaba en mí el deseo de convertirme en un hombre distinguido,
que él concluía no ser, solo que yo, en lugar de verme en el licenciado Pereyra Girado, me
inspiraba en mi abuelo, que flotaba soberano colgado en la pared del centro, imponente y avizor.
Así, sin quererlo, mi padre ató lazos que no existían entre las generaciones, y pasé mi infancia
esculpiendo el rostro duro y sepia de Salvatore Barresi sobre Robinson Crusoe, Gulliver, el
conde de Montecristo, D’Artagnan, Don Quijote, Jim Hawkins, Allan Quatermain, sobre todos
mis héroes que, con disimulo, habitaban el silencio de aquel territorio frío, estéril, amargo. De
protagonista de peripecias amargas, anclé a mi abuelo en aventuras reales, buscando información
en los archivos de la Biblioteca José Ingenieros. Entusiasmado ante los alcances de su valor y
contagiado por sus artículos incendiarios, cambié a Defoe, Swift, Dumas, Cervantes, Stevenson

48
y Rider Haggard por Proudhon, Malatesta, Kropotkin, Bakunin, Emilio López Arango, Diego
Abad de Santillán, ¡jajajajajaja! Claro que nadie en mi casa sabía de esa... actividad subversiva...
¡jajajajajaja! Salía temprano a la escuela, inventaba que después iba a reunirme con amigos, me
zambullía en los libros, no me preguntaban nada, yo nada decía... En esa época tenía dieciséis,
diecisiete años, y el mundo se caía a pedazos... La guerra de Vietnam, el asesinato de Luther
King, la revuelta de los estudiantes en Francia, la masacre de Tlatelolco, la primavera de Praga,
el golpe militar «científico» en Argentina, el hombre en la Luna... Para no agravar el conflicto
doméstico, en 1970 encaucé mis pasos perdidos hacia la Facultad de Derecho de la Universidad
de Buenos Aires. Pero lo único que quería, en realidad, era dedicarme a la militancia política. El
combustible de mayo del ‘68 alimentaba mis ideas, me afilié a la Federación Libertaria. Semi-
clandestino, consumía mis días vendiendo de mano en mano el periódico Acción Libertaria y los
libros de la editorial Reconstruir, y discutiendo sobre la inminencia de los cambios... Los mili-
tares se sucedían en el poder, en patéticos autogolpes que acentuaban el caos... Sospechando de
mis actividades, mi familia, tal vez porque nunca se había formado expectativas sobre mí, me
relegaba al desprecio. Cuando mucho, mi padre me advertía, sacudiéndome, ¡No nos traigas
problemas! ¡No perjudiques los negocios! ¡No cuentes con nosotros! ¡Jajajajajaja! Me alejaba
de Villa Ortúzar a la mañana y, muchas veces, al regresar, ya bien entrada la noche, me encon-
traba a mi madre en la sala, callada, en el sofá, acurrucada en sí misma, y a mi abuela, distante,
el chal caído sobre la espalda, el cuerpo encogido en la mecedora, el cerebro poco a poco des-
entendiéndose, ambas estáticas frente al televisor. Luchaba por una revolución social, pero, más
que eso, quería encontrarle un propósito a la existencia, no quería reflejarme en esos tres tristes
tigres solitarios, finales... Allá afuera, los compañeros me consideraban, yo hacía una diferencia,
no era un ser que avanzaba hacia la muerte, sino un adolescente que se aferraba con furia a la
vida... De pronto, los cimientos de la vida cedieron... Mi abuela empeoró, ya nada de lo que
decía tenía sentido, se orinaba y se cagaba, se negaba a alimentarse y a tomar medicamentos,
peleaba, insultaba, lloraba, dormía de día y pasaba la noche despierta, y mi padre y mi tío deci-
dieron internarla en un geriátrico. Ella nunca los perdonó... Mientras le quedaba un poco de
lucidez, los insultaba, acusándolos de bastardi, magnacci, cuinnuti, canaglie, assassini... ¡Jaja-
jajajaja! La vieja, aunque senil, los sobrevivió a todos... Tal vez por sentirse culpable, mi padre
empezó a enojarse con cada gesto, con cada palabra de mi madre, y se hicieron la vida tan im-
posible que decidieron dormir en cuartos separados, sin volver a dirigirse la palabra. El silencio
que emanaba de las paredes poco a poco inundó los cuartos, se desbordó por las puertas y
ventanas, fluyó por la vereda de enfrente. Yo me ahogaba en aquella amargura, me hundía en
aquel disgusto. Entonces, a fines de 1972, como ya era capaz de mantenerme dando clases par-
ticulares de castellano e italiano, me fui de la casa, me mudé a Avellaneda, abandoné la Facultad
de Derecho. Estudiaba francés, coordinaba un grupo de estudios sobre anarquismo social, tenía
un escarabajo azul, ¡jajajajajaja!, y cuando llegó 1973 empecé la carrera de Sociología. Pasé
un montón de tiempo sin pisar mi casa. La campaña política tenía el país ardiendo. En ningún

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lado se hablaba de otra cosa que no fuera la contienda entre El Tío y Balbín. En la fecha de la
toma de posesión de Cámpora, el 25 de mayo, me aparecí de sopetón, de noche, en Villa Ortú-
zar, estacioné el auto, abrí la puerta, porque todavía tenía llave, entré. De pronto, la oscuridad
susurró mi nombre. Me asusté, intenté adivinar a mi padre tirado en el sillón, Solo vengo a
buscar un documento, expliqué. Él dijo con una voz pálida, irreconocible, ¿Sabías que tu madre
se murió? Se me aflojaron las piernas. En esa época, la muerte era para mí un concepto teoló-
gico, una cuestión filosófica, no un hecho real. Por muchos encontronazos que tuviéramos, saber
que mi madre existía me confortaba, me alentaba la idea de que, a pesar de mi enorme soledad,
proporcional a mi tamaño, ¡jajajajajaja!, los recuerdos de nuestros paseos mudos los domingos
a la tarde, después de la comida familiar en El Caballito Elegante, cuando yo, potrillo suelto,
masticaba tranquilo el pasto tierno del parque, bajo su mirada atenta y quizá incluso orgullosa,
o por lo menos así me la imaginaba yo, cebaban mis sueños inalcanzables de alegría. Mi vista
palpó la sala hasta encontrar el sillón, donde se desplomó mi cuerpo. ¿Se murió?, pregunté,
atónito. Se mató, dijo él, con rabia. Me levanté de un salto y, con el estómago revuelto de asco,
corrí hasta el baño y vomité, vomité, vomité. Después, mirándome la cara en el espejo, llo-
ré convulsivamente, no por mi madre, que había desperdiciado su vida con un hombre árido,
ni por mi padre, sombra trémula en la pared, sino por mí, condenado sin remisión a la infelicidad
perpetua. Allí permanecí, suspendido el espacio, inmóvil el tiempo, hasta que mi mano, toman-
do la iniciativa, apagó la luz, y las piernas me arrastraron indecisas de nuevo al living. Tuve el
impulso de acercarme a mi padre, envolverlo en un abrazo, compartir nuestro dolor, pero a
medio camino me dijo, La enterramos hace tres días... Tu primo anduvo buscándote por todas
partes, pero nadie sabía dónde estabas... Tengo un hijo que más parece un delincuente, vive
escondiéndose... Deberías darle más valor a... No escuché lo demás. Poco después, la noche
porteña invadía mis pulmones... Me arrepiento de no haber insistido en acercarme a él de nuevo,
fracasamos, cultivamos orgullos estúpidos, pero yo era intransigente conmigo mismo y con los
que me rodeaban. Adoptaba modelos de comportamiento ético que, aunque todavía me sirven
de guía, en esa época no me servían más que como instrumentos infalibles para sopesar el ca-
rácter ajeno. Hoy tiendo a ser más generoso, no juzgo a nadie, que cada quién haga lo que
mejor le parezca, porque luego, de una u otra manera, todos le rendimos cuentas a nuestra con-
ciencia... Con mi madre muerta, mi abuela en el asilo y yo viviendo fuera, mi padre vio cómo
se marchitaban sus días, aislado en casa, corroído por remordimientos y rencores. Antes siempre
impecable, se abandonó, ropa arrugada, barba sin afeitar; él, que apreciaba los platos abundan-
tes y los buenos vinos, comía poco y mal; austero en la administración del negocio, la dejó li-
brada a su suerte. Entre la Masacre de Ezeiza y la muerte de Perón, en poco más de un año, El
Sueño Azul se desplomó hasta la insolvencia. El 15 de febrero de 1976, recuerdo bien la fecha
porque cumplo años el 16, soy de acuario, ¡jajajajajaja!, tal vez presintiendo lo que sucedería,
con el cielo de Argentina cada vez más plomizo, me decidí por fin a visitarlo. En Villa Ortúzar
supe que estaba internado desde hacía más de una semana en el Hospital Italiano, adonde lo

50
llevó mi tío, que lo había encontrado inconsciente en el piso de la cocina. Cuando llegué a la
recepción, me informaron que había fallecido hacía algunas horas, asaltado por una tristeza
generalizada... Un mes después, los militares derrocaron a Isabelita... Esa madrugada me des-
perté asustado, con ruido en la calle, e intenté hilvanar los retazos de conversación que se insi-
nuaban por las rendijas de la ventana. Sospechando que pasaba algo muy malo, encendí la radio
y el noticiero relataba el desarrollo del golpe, siempre ensayado, pero que nos parecía impro-
bable. Me cambié la ropa, salí apurado y caminé sin rumbo durante horas, encontrándome con
una Buenos Aires atónita. Es gracioso, siempre me había imaginado cómo me comportaría en
ese caso, y me veía abrazando la resistencia, se trataba de un deber cívico indiscutible, eso creía.
Pero, al caer la noche, exhausto y amedrentado, me di cuenta de que todo el tiempo había evi-
tado mantener contacto con mis compañeros y conocidos, y me dio vergüenza mi cobardía...
Me descubrí curioseando en las inmediaciones de Villa Ortúzar y, luego de asegurarme de que
no había nadie a la vista, entré rápido en la casa... A tientas, con los ojos exploré cada rincón de
aquellos cuartos, los mismos muebles, objetos, alfombras y cuadros ocupaban los mismos lu-
gares desde siempre, como si se hubieran extinguido mucho antes de la desaparición de sus
habitantes. Sentí que me embreñaba en un territorio de fantasmas, yo mismo un espectro exe-
crable. Aturdido, entré en mi cuarto, el portarretratos en la cabecera de la cama exhibiéndome
a los siete, ocho años, sonriente en la playa en Necochea, el escritorio, la pequeña estantería
llena de volúmenes polvorientos, el ropero, el póster de la Federación Anarquista Ibérica, mo-
tivo de tantas discordias... Me tiré aturdido al colchón, intenté dormir, sin éxito. Me parecía oír
roncar a mis padres al lado, la respiración congestionada de mi abuela enfrente... Dentro de poco
llegaría doña Carmen, caminando despacio en el pasillo por el reuma de la rodilla, apretujada
entre la pared y el Dodge Coronado azul metálico que mi padre usaba los fines de semana,
abriría la puerta trasera y encendería la luz de la cocina, inaugurando el día. Enseguida, mi
padre se levantaría, ya enfundado en su traje negro, una de sus austeras corbatas anudada al
cuello, se sentaría a la mesa y dedicaría cuarenta minutos a leer los titulares, los editoriales, las
noticias de La Razón, tomando sorbitos de café negro. Después saldría con cuidado por la sala,
y sus resueltos pasos en la vereda se disiparían por la calle todavía desierta. De nuevo, el silen-
cio entrecortado por los ruidos indistintos de la mañana. Entonces doña Carmen entraría en el
cuarto llamándome a la escuela. Yo escucharía su marcado acento tucumano y me despertaría
maravillado, porque, para mí, que vivía afligido por la inminencia de la guerra nuclear y evita-
ba, con angustia, cerrar los ojos a la noche temiendo que aquella fuera la última de mi vida,
despertar una nueva mañana era algo que lindaba con el milagro. Pero ya nada existía. Todos
estaban muertos. Mi padre y mi madre enterrados en La Chacarita; mi abuela, en un geriátrico
en Núñez; doña Carmen, sin duda paralítica, en un cuartucho de alguna casa humilde en Merlo...
Yo, museo ambulante de los fracasos familiares, llevaba expuestas en el cuerpo las cicatrices
de aquellas historias irreparables... En el fondo, me daba cuenta, frustrado, yo no era distinto de
mi padre, de mi madre, de mi abuela, solo quizá más arrogante... ¿Hacia dónde conducían mis

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huellas? No conocía la respuesta... Tenía veinticuatro años, había terminado la carrera de So-
ciología, me contentaba con el dinero que recibía por las clases de castellano e italiano, asistía
a interminables reuniones con personas que pensaban más o menos como yo, y despreciaba a
todas aquellas que no comulgaban con esos mismos ideales... Solitario, deambulaba de un lado
a otro, infatigable, transportando en mi escarabajo azul panfletos, folletos, libros, periódicos,
revistas, militantes. Me inquietaba con la ilusión de desplazarme, aunque solo daba vueltas al-
rededor de mí mismo: un perro persiguiéndose la cola... Un enorme perro obeso, ¡jajajajajaja!
Así, asustado, seguí oculto hasta la madrugada del lunes, como si estuviera hundido en las aguas
de un río sin fuentes ni desembocadura. Llevé los embutidos y las dos botellas de vino que
encontré en la despensa al cuarto más lejano de la calle, el que mi padre había ocupado después
de separarse de mi madre. Como no podía encender la radio o el televisor, apoyaba la oreja en
la pared del living para auscultar las conversaciones de la vereda, sin éxito. Intenté leer, pero,
desconcentrado, apenas si pasaba del primer párrafo. El teléfono sonó cuatro veces el jueves,
seis el viernes, dos el sábado, ninguna el domingo. El timbre sonó el sábado a la mañana. A
veces paraba un auto en la vereda y yo empezaba a transpirar, los músculos fuera de control,
imaginando que era la policía... Tenía un cuchillo enorme siempre a mano, por si necesitaba
defenderme, ¡jajajajajaja! El domingo a la noche, exhausto y famélico, llené una bolsa con ropa
de mi padre, que evidentemente no me entraba, reuní varios billetes que encontré dispersos por
los cajones y, sin ningún plan, a la mañana siguiente me escabullí discreto por las calles ajetrea-
das de la ciudad, rumbo a la terminal de ómnibus. Había grupos de militares apostados en cada
esquina, Buenos Aires parecía un enfermo agonizante que se revolvía atado a una cama de
hospital. No recuerdo cuánto tardó el camino, pero hasta hoy, cuando me acuerdo de esa cami-
nata, siento que me corre un sudor abundante, la boca se me seca de ansiedad. A duras penas
llegué a la terminal y, sin darme cuenta, me detuve frente a la ventanilla de la empresa Pluma,
que viajaba a Brasil. Mis oídos, colmados de bossa nova, habían fijado mi destino, ¡jajajajajaja!
El ómnibus recién salía el martes y, asustado, me instalé en un hotel barato por ahí cerca. Aso-
mado a la ventana, observaba el movimiento: ¿dónde estarían mis compañeros? ¿habrían caído
presos? ¿resistían? ¿huyeron? Angustiado, sabía que jamás tendría el valor de volver a la Ar-
gentina, un país al que amaba, pero al que no sentía que pertenecía... Ese es mi problema, de
hecho, no estoy a gusto en ningún lugar, la incomodidad parece ser la condición de mi existen-
cia... Tal vez se debe al espacio que ocupo en el mundo ¡jajajajajaja! Al fin, cuando las luces de
los postes se encendieron, la gente volvió apurada a sus casas, fustigada por el toque de queda,
las calles quedaron vacías, el silencio se precipitó sobre la noche. No dormí. Daba vueltas en la
cama estrecha, incómodo, el olor de naftalina que exhalaban las sábanas, un hilito de agua que
corría en algún lugar, alguien que tosía, una radio encendida, risas ahogadas... Amaneció, las
luces de los postes se apagaron, la ciudad poco a poco despertaba, febril. Me levanté, me lavé
la cara, me cepillé los dientes, pagué la noche, salí despacio, crucé la avenida y, simulando
paciencia, esperé a que llegara el ómnibus que me llevaría a Río de Janeiro, Copacabana,

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Ipanema, el Cristo Redentor, el mar, las playas, los cerros, las mujeres, ¡jajajajajaja! Pero fue
un viaje triste... Mientras el tiempo corría hacia adelante, devorando el paisaje, prados, vacas,
ciudades, sembradíos, mi historia fluía hacia atrás, exhibiéndome fragmentos de una vida
equivocada, inútil, falsa, vacía... Durante todo el camino di vueltas, inquieto, en el asiento
estrecho, estorbándole a la señora delgada, con cara de indígena, que estaba sentada al lado
mío. Catorce horas más tarde, bajé con los demás pasajeros en el puesto fronterizo de Paso de
los Libres. El policía miró mis documentos, me preguntó despreocupado alguna cosa de la que
ni me acuerdo, de lo tenso que estaba, y, empujándome autoritario me dijo que siguiera mi
camino. Yo creo que mis cachetes rechonchos inspiran confianza, ¡jajajajajaja! Al cruzar el
puente, las aguas mansas del río Uruguay me serenaron y dormí a lo largo de los casi dos mil
kilómetros que todavía quedaban... De ahí en adelante, la historia pierde interés. Viví seis
meses en la indigencia, casi, en una pensión en la calle Senhor dos Passos, muy cerca del cruce
con la calle Buenos Aires, ¡jajajajajaja! Perdí unos diez kilos mientras esperaba a que mi tío
me mandara la plata de la venta de mi escarabajo, ¡lo sigo extrañando!, y de los muebles de la
casa de Villa Ortúzar. ¡Tiempos difíciles! Yo seguía viviendo semiclandestino, temiendo que
en cualquier momento me detuvieran y me deportaran a la Argentina, conversaba poco y salía
menos, pero de todas formas conocí a un grupo de poetas del under que vendían libros arte-
sanales de mano en mano a la noche, en los bares de la ciudad, una gente muy divertida,
¡jajajajajaja! En esa época aprendí a hablar portugués, amplié mis conocimientos de música
popular, empecé a apreciar la cachaça y la caipirinha, la feijoada y la dobradinha, y a admi-
rar las palabras bunda, sacanagem y bagunça, ¡jajajajajaja!».
La mesera tailandesa se acercó con la cuenta y anunció fatigada que cerrarían pronto. El
restaurante se había hinchado y deshinchado... Marcelo había atascado dos ceniceros de restos
de cigarros y se había bebido él solo la segunda botella de vino, porque yo lo había engatusado
todo ese tiempo, manteniendo mi copa a la mitad. Parecía ligeramente borracho, la cara roja, la
vista empañada. A finales de agosto tomé un avión a París, me dijo, acercándose la hoja a los
ojos miopes, Y el resto ya lo conocés. Dividió el total 48 en dos, dijo cuánto le tocaba a cada
quien, se levantó, golpeándose la cabeza con la lámpara roja, y caminó tambaleante hacia la
caja. Mientras esperábamos el elevador, prosiguió, Volví una sola vez a Buenos Aires... Fui a
resolver cuestiones burocráticas que tenían que ver con la herencia, poco después de la elec-
ción de Alfonsín... El país estaba destruido... irreconocible... Varios compañeros asesinados en
las cárceles, muchos desaparecidos, algunos enloquecieron, otros acabaron aniquilados por la
tortura... Marcelo salió en el séptimo piso y, al despedirse, me abrazó con emoción. Entré en mi
cuarto, abrí de par en par la ventana, ávido de aire fresco, y solo entonces me di cuenta de que,
en la esquina de la calle, había un edificio en ruinas que todavía tenía marcas de los bombardeos
de la última guerra… c

Traducido del portugués por Paula Abramo.

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ADRIANA LISBOA

Blue sunday

N o me acuerdo si fue on a blue Sunday,


como cantaba Jim Morrison en nuestros oídos.
Ni sé cuántos atajos tomamos después –
el héroe de Truffaut es hoy un tipo serio,
y nosotros, que lo conocemos
desde la época de nuestros quatre cent coups,
de nuestras tardes sin ninguna urgencia
de bruces sobre Río, entre los turistas,
envejecimos también. Sé que no suenan
las alarmas por nosotros: no somos ni siquiera
una vaga amenaza. Pero en ese hueco mal sellado
que quedó, sigo mendicante,
y cargo ojeras bajo los ojos,
mientras aguardo los tiempos más suaves
anunciados en la canción.

Animales delicados
C laro que no tienen la menor importancia
las tardes nubladas. El comentario sirve
para quitar de la palabra la cerradura
de protección. Tanto que después
hablamos de Hermann Hesse,
universos paralelos, Edward Bernays.
Hablamos de los tipos que quieren saber si
sus muchachas tuvieron orgasmos múltiples
y cuántos exactamente,
54 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 53-55
pues esa es la medida de su idoneidad (la de ellos).
Hablamos del cuadro que pintaste
inspirado en el filme. Mencionamos
esta nuestra fe torcida, exonerado el dogma.
En una revelación al revés,
quedamos de acuerdo que seremos tenaces antes
de la extinción como el leopardo-de-zanzíbar
y el lobo-de-Tasmania. Por cierto:
cómo se equivocan los transeúntes
creyendo, por el tono de nuestra voz,
que somos animales delicados.

En este mismo mundo


L a vida íntima
de una niña de diez años
en Somalia (Somalia es cualquier lugar
en este mundo, en este mismo mundo):
el clítoris y los labios vaginales son amputados
la niña es de inmediato cosida, dejándose
apenas una pequeña abertura para la orina y la menstruación
la niña es inmovilizada hasta que la piel se pegue
entre sus piernas
y el día en que esté lista para el sexo,
su marido
o una mujer respetada por la comunidad,
la abrirá de nuevo, la cortará
como se corta una fruta, como se corta
la pestaña de un sobre que trae un documento importante,
como el avión corta la nube,
como la nube corta el cielo.

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Madre
S in ti es como si la casa
se insubordinase –
nadie arregló la toalla del lavamanos
ni las almohadas del sofá,
y aquellos frascos
están diseminados sobre la cómoda,
haciendo de personajes tímidos,
en una fiesta donde no conocen a nadie.
Cuando antes tú
tomaste mi mano
en tus manos maltratadas
y me hiciste la pregunta a la cual respondí
que sí
(¿me iré a poner bien?)
inaugurábamos otro tiempo,
lo sé:
un tiempo en el que tal vez no importen
la toalla del lavamanos
ni las almohadas del sofá.
¿Pero qué otra disciplina conocemos?
¿Qué otra fórmula
para lo que nos desvistió de las fórmulas?
Entonces voy allá y arreglo
la toalla del lavamanos
y las almohadas del sofá,
por nada, por azar, por amor. c

Traducido del portugués por Rodolfo Mata


y Marco Antonio Campos.

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NARA VIDAL

Cipó mil hombres

¡C omo soñé con este niño!


No voy a mentir: él es la razón de mi vida. Han pasado
más de veinte años y todavía veo en él esa mirada vivaz que
tenía cuando nació.
Ese niño fue un milagro. Cuántos antes de él lo intentaron
y nada. Todos los años era un torrente a la hora del baño. Una
burbuja de sangre con una pequeña masa gris en su interior
resbalaba de dentro de mí y moría. Yo vivía más muerta que
nada. Moría el niño en mí y después yo moría un poco más, y
así fue durante años.
No sé cuál era el problema conmigo. Desde los trece años rezo
a Dios y abro las piernas a los hombres, pero nunca lo lograba.
A cada hombre que llegó en la madrugada lo mandaba a pasar.
Nunca salí de esta casa junto al río. A veces alguien decía que
está en medio de la nada. Pero no. Este es el centro porque yo
vivo aquí. La nada está lejos, donde hay demasiada luz, dema-
siada gente, demasiada suciedad. Aquí está el jardín más bonito
del mundo, con muchos canteros rectangulares de flores vivas,
bien atendidas, fuertes. Son flores robustas que incluso parecen
árboles. Los colores tienen brillo, tienen vigor. Lo que no falta
en la orilla es cipó mil hombres.1 Hay una gasolinera a cinco
kilómetros de nuestra casa. No hay bar, no hay baño, no hay un
encargado. Hay dos bombas de combustible. Diésel y gasolina.
De vez en cuando va algún tipo con el camión para llenar el tan-
que y como viene, se va. Las únicas personas que vivimos aquí
en el centro del mundo somos yo y mi hijo, la razón de mi vida.
Toma cuatro horas llegar a la ciudad más cercana. Yo aún era
una niña cuando llegué aquí. Mi madre decía que a este rincón
1 Cipó mil-homens es el nombre de una enredadera de uso medicinal.
(N. del T.)
Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 57-59
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del mundo no llegaba ningún hombre y ella lo que realmente quería era sosiego. Escapó de su
tío abuelo, pero no escapó del pequeño bebé que él le había hecho. Le daba asco todo lo que
fuera masculino e incluso rezó cuando nací mujer. Yo tenía trece años cuando mi madre murió.
Ella tenía unos veinticinco, más o menos. La vena del corazón se le rompió de la noche a la
mañana. Me desperté con un suspiro largo seguido de un gemido ronco y eso fue todo. Junté
los pies de la madre, los até con cipó mil hombres y la cargué hasta el jardín. Me llevó casi un
mes cavar un hoyo lo suficientemente profundo como para ocultar el pelo de la madre, aquellas
hebras como huevos alargados, color de mazorca de maíz. Después de colocarla dentro, dibujé
un rectángulo a su alrededor que se convirtió en un cantero. Lo fertilicé y sembré flores. Nunca
he visto un follaje más hermoso.
Pero vivía demasiado sola sin mi madre. La soledad me hizo querer conseguir un niño.
Cuando pasaba un camión por allá y veía la vela encendida en la casa, los desconocidos pa-
raban. Pedían tomar agua, pedían ir al baño y algunos hombres pedían descansar, pedían una
cama para pasar la noche.
Empezaron a llegar con más frecuencia y me dejaban dinero, comida. Hubo uno que me trajo
perfume y lápiz labial. Me bañé en esa colonia y me pinté la boca solo para esperar al hombre
que vino tras él. Los camioneros llegaban con ansiedad entre sus piernas. No querían saber mi
nombre, ni con quién vivía, ni si tenía alguna enfermedad. Cuando decían algo, solo querían
saber qué diablos hacía una muchacha de mi edad en el fin del mundo, en medio de la nada.
Empecé a pedir algunas cosas por encargo y ellos me traían los pedidos. Ya tenía unos catorce
años cuando vino un viejo pidiendo refugio y me trajo una caja de bombones. Me enamoré de
él, que pasó la noche en la cama contándome la historia de su ciudad y su familia. No quiso
jugar, el viejo cansado quería dormir. Hubo ocasiones en que varios hombres llegaron juntos.
Algunos no esperaban su turno y nos juntamos todos en la cama. Me quedaba embarazada una
y otra vez.
Pero tal como entraba, salía. A la hora del baño salía aquella bolita gris de sangre. Me daba
mucha tristeza porque yo deseaba un niño para mí. Fue un milagro cuando, ya con la barriga
puntiaguda, sentí un dolor de esos de abrir el cielo en tempestad. Me agaché en el suelo de la
cocina y nació mi hijo. Hoy tiene quince años. Yo debo tener unos treinta años. Nunca me mo-
lesté mucho con las visitas aquí en casa. Valtinho terminó acostumbrándose a aquel entra y sale.
Había un hombre que pasaba junto a mí e iba directo a jugar con el niño. Lo que ellos traían de
regalo no era normal. Una vez, incluso, me gané un vestido de fiesta con encaje brillante. Un
dorado que resplandecía más que el sol en el río.
Hubo una época extraña. Las visitas dejaron de llegar. En vez de extrañar los regalos, yo
y Valtinho empezamos a acostumbrarnos y a disfrutar quedarnos solos. Me preguntaba si el
mundo se había acabado y solo se había salvado este rincón. Ya ni siquiera volví a ver el ca-
mión que abastecía la gasolinera. Fueron unos meses así, yo y Valtinho en el campo, una radio
tocando nuestras canciones, la cama con sábanas limpias, paz. Valtinho ya tenía trece años.

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Entonces, de la nada, los camiones empezaron a parar de nuevo. Pero en ese momento yo y mi
niño estábamos tan cansados que lo que queríamos era estar solos.
Yo, desde la puerta, mandaba a los hombres que se fueran, pero ¿quién me oía? Me empuja-
ban para quitarme del camino y cuando miraba ya estaban en la cama, sin ropa y esperándome
para que jugara con ellos. Con Valtinho pasaba lo mismo. Aquello nos estaba dando dolores
de cabeza...
Los hombres parecían sordos. Puesto que no nos escuchaban, Valtinho y yo seguíamos en lo
nuestro. Unas gallinas y unos cerdos que, cuando hacía falta, matábamos para comer. Valtinho
prefiría el cipó mil hombres al machete. Enroscaba aquel hilo grueso alrededor del pescuezo del
animal y listo. Me parecía bien porque había menos sangre que limpiar. Y los hombres siguie-
ron llegando, incluso cuando les cerrábamos la puerta en la cara, ellos la pateaban y entraban.
Se acostaban en la cama y me ordenaban jugar con ellos. Valtinho mataba tan bien a aquellos
cerdos que ni siquiera se oían los gritos. Cuando sabíamos que iba a pasar un camión, apa-
gábamos todas las velas de la casa para quedar a oscuras. Era una forma de escondernos de
aquel montón de hombres. Pero no servía de nada. Valtinho y yo nos quedábamos callados y
no demorábamos en sentir que volvía el fuerte olor de ellos.
El cipó mil hombres crece mucho aquí cerca del río.
Tiene un olor fuerte y sirvió para amarrar los pies de mi madre muerta, sirve para matar
cerdos, el cipó mil hombres. Valtinho tiene mucha fuerza en sus brazos. Arranca un hilo grueso
y envuelve alrededor del cuello de los cerdos el cipó mil hombres.
Poco a poco el montón de hombres fue dejando de llegar. Ahora, solo de vez en cuando un
desprevenido toca la puerta. Lo que más nos gusta hacer, a mí y a Valtinho, es cuidar nuestro
jardín, donde mi madre está enterrada. A su alrededor dibujamos varios rectángulos más y
ahora está lleno de canteros bien preparados. Ya no aparece ningún hombre y lo que no faltan
son flores bonitas. c

Traducido del portugués por J. F.

Lou: A representaçao de bandeira, s/f. Xilografía/papel, 300 x 410 mm, s/n


Casa Editora: Fundaçao Casa das Crianças de Olinda
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MÁRIO ARAÚJO

La hora extrema

E l niño está sentado en el sofá de la sala viendo la televisión,


pero sabe que dentro de algunos instantes ya no estará más
ahí. A las nueve y media, puntualmente, aunque esto para él sea
una idea nebulosa, la madre viene y lo barre rumbo al dormitorio.
Un beso en la cara, que duermas bien mi niño, y la oscuridad.
Se queda inmóvil bajo la cobija escuchando los sonidos que
escapan de la tele cruzando las fronteras de la sala. Cuando el
aparato por fin guarda silencio, pega el oído en las tinieblas.
En el cuarto de al lado, el bebé absorbe toda la atención; en
el jardín, la lentitud inaudible de las babosas; en la calle, nin-
gún carro. Y así, vigilando sin ver las cosas palpables, el niño
termina por dormirse. Cuando despierte, el día ya estará en su
apogeo, y esto es todo lo que conoce de los humores de la luz,
del claroscuro del mundo.
El espectáculo más impresionante a que tiene acceso es el cre-
púsculo, que sale a su encuentro diariamente en el descampado
al lado de la casa. Es algo lento y triste, como una especie de
naufragio multicolor, y hace recordar la imagen de un anima-
lito comiéndose a otro. Las reflexiones sobre la naturaleza del
crepúsculo son siempre interrumpidas por el llamado inapelable
de la madre y por los aromas de la cena.
Pero el sueño del niño, el mayor de todos, el más hondo
deseo de su corazón es un día conocer la medianoche. Por ella
siente una admiración velada, por ser la más famosa de todas
las horas nocturnas y por ofrecerse sólo de vez en cuando a los
ojos humanos –a los suyos, por ejemplo, jamás–. Imagina que
es negrísima, el centro espeso y oscuro del cuerpo nocturno
cuyo color se difumina hacia las extremidades. Se imagina que
es una vereda fina entre dos abismos o el momento en que todas
las criaturas suspenden la respiración para luego, enseguida,

60 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 60-65


continuar como si nada hubiera ocurrido. Sueña tanto con la medianoche, y no es imposible
que hasta haya pasado rozando la ventana allá afuera, sin que la percibiera, mientras él la sueña.
Ahora, nuevamente en la cama, sábana olorosa, buena cobija. El bebé llora un poquito a
través de la pared delgada, pero la madre y el padre están atentos. Está también una prima de
la madre que pasa una temporada con la familia mientras encuentra empleo. Migajas de so-
nidos de la tele llegan hasta la cama, en forma de diálogos incomprensibles entreverados con
la música. De repente, la vejiga llena, el pie en el piso. Abre la puerta despacito, sin encender
la luz, y se desintegra en el corredor para reintegrarse tan sólo diez metros más adelante, ya
dentro del baño.
Al volver, aliviado, se arriesga desviándose del recorrido y espía un poco la sala: desierta, la
tele sostiene ella sola el único diálogo de la casa. El padre, la madre y la prima deben de estarse
preparando para dormir. Oye cerrarse la puerta del baño. Curiosidad, ganas de asaltar la cocina
y robarse las horas del reloj que está sobre el trastero, pero prefiere evitar la maniobra arriesgada
y salta al corredor. Abre y cierra la puerta en un segundo, sin despertar al cuarto que continuó
durmiendo sin él, dejando atrás las habitaciones con la luz encendida, palpitantes. Esconde
los deseos bajo la sábana y allí permanece resignado hasta que llega el sueño, que viene sin
demora porque, a pesar de toda la inquietud, el niño no está habituado a las infinitas esperas
de la noche, sus horas sueltas y sin referencia, a la manera de un animalillo invertebrado. Tal
vez, al vagar perdido en esas horas blandas, comience a sentir la falta del día, con su esqueleto
preciso, su arquitectura bien definida, y surja entonces una saudade de sí mismo.
Durante la noche, los deseos escondidos bajo la sábana se transforman en un plan, la primera
trama tejida con los hilos, hasta entonces sueltos, de su espíritu. Así, al romper el ayuno ante
el tazón de plástico servido por la madre, el niño ya no es tan inocente.
A medida que avanza el día, descansa secretamente entre uno y otro latido del corazón sobre-
saltado, guardando energías. Dormita dos segundos mientras la madre le enjabona la espalda;
su ronquido es disimulado por el sonido de los cubiertos; aprovecha los intervalos comerciales
para ir adelantando los sueños que no tendrá tiempo de soñar más tarde.
A las nueve y media, la madre presiona el interruptor, y las sombras que había en el cuarto
corren a esconderse debajo de los muebles. La madre alisa la sábana y la cobija sobre su pecho
y se va. La prima carraspea en la sala. ¿Por qué será que el volumen de la tele sube a la hora
de los comerciales? Su propia tos, seca, hace que su vejiga se sacuda y la necesidad de hacer
pipí lo lleva de nuevo al corredor.
Todas las luces de la casa, encendidas; la sensación de que la vida transcurre a sus espaldas.
A medianoche tendría que haber una gran celebración, con las personas abrazándose y hablan-
do alto, y los relojes digitales parpadeando al marcar un insólito 0:00. De regreso del baño,
aliviado, enfila hacia la cocina, donde una tetera hierve sola, y se roba el viejo despertador de
manecillas ruidosas, que pisan cada segundo como si usaran tacones altos. Regresa al cuarto
sin desordenar la oscuridad y acerca el despertador a la ventana para que la luz que llega desde

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las farolas y de una luna a la mitad lo ayude a acompañar el trabajo de las manecillas. Son las
diez veintiocho.
En un ojo, el avance de la manecilla grande, en el otro, la sorpresa del jardín revestido de
sombras, como nunca antes lo había visto. Los rosales casi irreconocibles, confundidos con el
muro. Este, a su vez, mezclado con las paredes de las casas vecinas. Las casas, transfiguradas
por la luz de las farolas. Y todo disuelto en el aire negro. Todos los contornos aprendidos de
memoria a lo largo de una vida –¡nueve años!– se perdieron.
El viento sacude todas las cosas, pero las sombras oscuras no caen, parecen pegadas a los
objetos. El niño está boquiabierto, obligado a pasar el ojo de una rama a la otra hasta reaprender
cada color y cada forma. De repente, se pega un susto similar a los pellizcones que da la madre:
con la manga del pijama roza el reloj ¡y éste comienza a caer desde el umbral de la ventana!
Pero el ruido del encuentro con el suelo coincide con la tos del niño. Una tos fea, como de perro
detrás de una puerta cerrada. La madre lo auxilia ya en la cama con el jarabe de guaco, mano
en la cabeza, alisa una vez más la cobija a la altura del pecho y se va. Aquella tos atraviesa la
madrugada, salpica todas las horas.
Eran las diez cuarenta y seis la última vez que vio el reloj que ahora reposa hecho trizas, junto
con él, debajo de las cobijas. Al sentir que el peligro de la madre ya está lejos, lo lleva hasta la
luz de la ventana para evaluarlo. La manecilla grande está inerte, mientras que la pequeña aún
se debate, intentando inútilmente proseguir la escalada ya iniciada. El segundero pulsa, recorre
el espacio de un minuto para enseguida regresar al punto de partida; está atorado.
No se sabe cuánto tiempo pasó desde la caída, pero el niño toma prestado el material esco-
lar que descansaba dentro de la mochila, por ser vacaciones, y en un cuaderno garabatea una
cuidadosa multiplicación. Talento para la aritmética. Luchando contra los segundos que pasan
ahora en absoluto silencio, y, bajo la pequeña luz de la ventana, concluye que tendrá que contar
¡casi hasta cinco mil!
De nuevo bajo las cobijas con el viejo despertador. Ojos cerrados, 331, 332, 495, 517... Orgu-
lloso: ¡soy más rápido que los segundos! Al poco rato, no obstante, la marcha veloz del tiempo
que él mismo inventa comienza a tropezar, se pierde en el camino oscuro. En las tinieblas la
realidad se extravía. Imagina su cuerpo más allá de las paredes del cuarto. Imagina dentro del
cuarto las plantas del jardín. ¿Qué distancia había entre la cama y el armario? ¿Y si un ratón
inmundo estuviera a punto de rozarlo en plena mejilla? Se voltea de lado, acomodando los
brazos estirados y unidos entre las rodillas, como quien busca el abrigo de sí mismo. Comodi-
dad en la almohada gorda, aroma de suavizante de telas en la cobija, el ronquido familiar de su
padre. Y así va desarrollándose el mismo proceso de casi todas las noches, cuando los brazos
se alejan del pecho y los dedos sin fuerza dejan escapar el hilo del avemaría. Un poco de miedo
al infierno. Sin embargo, qué deliciosa oscuridad, qué apacibles tinieblas y qué acariciador
resulta el ronquido del motor de un carro en la calle, allá abajo.

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Despierta con la luz alta de la mañana, la cocina hace horas que está en pie, murmullo de la olla
de presión, barullo de agua en el lavatrastes. Con los ojos heridos, contempla a través de las
cortinas el jardín conocido, con los rosales bañados de sol y la ropa extendida en el asoleadero.
Dentro de la mochila escolar –marchita, a la espera de los libros que aún serán comprados para
el nuevo año lectivo– esconde el reloj destruido, pero, ¿cómo explicar su ausencia en la cocina?
La madre ya debe de haberla percibido, pues todas las tareas de la mañana son autorizadas por
el marcado de las manecillas.
Para su sorpresa, sin embargo, la madre nada dice durante el desayuno, aunque sea evidente
el espacio vacío sobre el trastero. El radio encendido provee la medición del tiempo necesaria
para la organización de las tareas domésticas. La duda del niño, entonces, recae en restituir o
no el reloj a su lugar de origen. Considera la cuestión durante algunos minutos, en silencio,
mientras observa cómo la mezcla de leche y hojuelas de cereal desaparece del fondo del tazón
de plástico. Decide al fin no decidirse por nada, levantándose de la silla en un ímpetu y preci-
pitándose en busca del patio, con un ruido de motor de automóvil en los labios.
El niño aprovecha el día para prepararse: quince minutos de sueño sobre la mesa de fútbol
de botón durante una pausa del partido;1 un minuto más acostado en el pasto después de sufrir
la falta que le cometiera el adversario invisible en el juego de fútbol simulado; un par de horas
de meditación en el sótano de la casa, entre polvo y revistas viejas, donde encuentra refugio
también de las eventuales investigaciones que la madre quiera hacer.
Por la noche, al final de la segunda novela, percibiendo que se aproxima el momento de dejar
la sala y confiando en que la madre está entretenida con el bebé, se dirige al padre y le pregunta
la hora. Quiere ser consciente del camino por recorrer. Nueve veinticinco, dice el padre con
voz alta y clara. La madre, en silencio, ¿será su cómplice? En ese preciso momento el bebé se
queda en paz y la madre lo lleva al cuarto, arrullarlo en la cuna al lado de la cama de la pareja,
donde dormirá cuanto le plazca, hasta que sienta hambre, sed, miedo o la incomodidad del
pañal mojado. Despertará cuando le plazca, reflexiona el niño sobre el hermanito, y esto puede
significar incluso a la medianoche, piensa él, sintiéndose relegado a un limbo exiguo, aplastado
entre el mundo libre de los bebés y el universo permisivo de los adultos.
El ruido en el piso de madera anuncia que la madre está en camino y él le pregunta de nuevo
al padre: son las nueve treinta y tres.
Se cepilló los dientes en cuenta regresiva, buenas noches a la prima, el beso de la madre ya
en el cuarto, la cobija, pero el conteo no se interrumpe. Se queda solo en lo oscuro, procurando
un equilibrio entre números y las palabras santas del rezo. Cumplida la obligación religiosa, la
cuenta ya va por el 867, se acerca a la ventana, la línea del umbral queda a la altura de la nariz,

1 Se trata de una modalidad de fútbol de mesa creada en 1930 en Brasil, en la que los jugadores son representados
con botones o fichas, con los datos e insignias de jugadores reales, que son movidos con la ayuda de una paleta.
(N. de la T.)

63
dejando a la boca sumergida. Entonces, estira el cuerpo, haciendo un esfuerzo por entregar
todos los sentidos y allí permanece, entre números cada vez más grandes, estratosféricos, y la
visión deslumbrante de las formas del jardín, modificadas por la noche.
El día se balancea todo el tiempo, el sol parpadea sin parar, entra y sale de escena, inquieto,
voluble, y los colores se transforman cada instante. Sin embargo, nada se compara con la noche,
con sus tonos inmóviles, o casi inmóviles, que sólo se alteran muy sutilmente, siendo justo esa
variación de textura, en contrapunto con el pasar de los minutos, lo que el niño busca, con las
manos puestas sobre el umbral de la ventana y sobre ellas, el mentón.
Olfatea el aire atentamente buscando indicios de la medianoche que se avecina. ¿Será más
negra, más blanca, más fría? Los redobles que anunciarán su llegada, ¿serán un gran estruendo
o una pausa solemne? ¿O una sirena escuchada a lo lejos? Los animales y plantas del jardín
¿harán una amplia manifestación, una marcha por el asoleadero ahora desactivado y sin dueño,
o sólo la observarán en silencio respetuoso? Existe también la posibilidad de un desfile de fan-
tasmas, como dicen que acostumbra a suceder a medianoche, y en medio de ese pensamiento
un escalofrío le besa la nuca. Fantasmas, embrujos, almas en pena, ¿de qué color serán? Unos
dicen que de un blanco denso como la leche; otros, que son transparentes y, en ese caso, debe-
rán adquirir el color de fondo, es decir, negro. ¿O son como los gases y el humo, de un color
desvaído, y que tiende a hacerse cada vez más fino a medida que se dispersan por el aire? Es
bueno estar preparado para que, en caso de que surjan almas, tal vez acompañe al cortejo el
alma del perrito, sepultado en un rincón del jardín, al pie del muro.
Hay tantas tareas con qué lidiar: el conteo, ahora desde una altura nunca antes osada; el
escalofrío de miedo que se aferró a su nuca y allí se quedó; el martirio del cuerpo estirado;
el hálito empañando el vidrio, pero, por encima de todo, el sueño que se insinúa por entre las
rendijas de la concentración. De este modo, en el vértigo del número 3976, contra todos los
pronósticos, se queda dormido.
Se despierta sobresaltado. Soñó que la mañana entraba por la ventana y que él nada podía
hacer para atajarla, y luego empezaron los murmullos venidos de las cosas que sucedían en la
cocina, el agua, las ollas, el carraspeo de la madre, pero entonces se da cuenta de que la noche
persiste. La cuestión es saber qué noche es ésta que desfila inmóvil frente a él. Una noche sin
reloj es como andar a ciegas.
De nada sirve ahora retomar el conteo. Está claro, por ahora, que el paisaje del otro lado del
vidrio no presenta ningún cambio visible. Ramas y hojas arrulladas por el viento, puntos de
luz amarilla en los postes, el ojo blanco semicerrado de la luna. No hay por qué creer que la
medianoche haya pasado mientras dormitaba, pues no podría tolerar aquella posición incómoda
durante tanto tiempo. Por lo tanto, se encuentra posiblemente en los alrededores de la media-
noche, atento a la textura del cielo y a la composición del aire, que luego, luego comenzarán
a transformarse hasta quedar irreconocibles.
El tiempo pasa.

64
El tiempo pasa, y sin embargo nada sucede. El día tiene su producción propia de humores
y estados de espíritu, mientras que la noche es un monolito.
El niño sale del cuarto, con cuidado para que la madera del piso no rezongue bajo sus
pisadas, palpando los muebles, controlando el cosquilleo en la garganta. Un pie delante del
otro, entra en la cocina y encuentra el radio, que enciende dejándolo en un volumen bajito.
El radio es de un modelo antiguo, de los que no muestran las horas, sino que sólo las revelan
con palabras, en los intervalos entre una y otra melodía. Por el momento no hay una canción
sonando, sino un parloteo sin fin, un largo diálogo cuyo contenido no se logra discernir a ese
volumen, y así tiene que esperar. Lo que se oye parece un juego de preguntas y respuestas.
Después vienen las noticias de la noche.
Cuando finalmente el radio da la hora son las once cuarenta y ocho. Inicia inmediatamente
un nuevo conteo, como en las peleas de box y en los partidos de básquetbol. Esta vez, la pulsa-
ción de los números en la cabeza viene acompañada por los latidos del corazón afligido. Enfila
hacia el cuarto despacio, obligado a tener cuidado, el ritmo de los pasos en desarmonía con el
resto de sí. Alcanza la ventana y contempla la noche que sigue en blanco, haciéndolo dudar
de lo que acaba de decir el radio y de lo que diría cualquier reloj. Entonces, hincado en una
silla, se dispone a abrir la ventana, impaciente, pero lentamente debido a su fuerza pequeña,
haciendo que el vidrio se deslice con suavidad por la moldura hasta topar, mientras la noche
comienza a encender el cuarto, con su viento fresco, sus aromas y sus luces de luciérnagas.
Falta un minuto. Siente un escalofrío, que se explica ciertamente por su afecto innato por la
naturaleza, por contener él mismo ramas, rocío, hojas y piedras. Ahora comienza a contar
más lentamente, embriagado de los aromas del jardín, y sesenta morosos segundos después,
comprende que la medianoche es la hora secreta en que babosas y jasmines se reúnen para
exhalar. Los colores sombríos explotan, en una vibración imperceptible a las criaturas diur-
nas. El silencio de afuera se sobrepone al silencio de adentro, siendo aquél un silencio más
fresco, perturbado por ruidos siempre imprevisibles, mientras que el silencio de adentro está
estancado, oprimido entre los rugidos del padre y los suspiros del bebé –solamente la madre
aprendió el arte de la sublimación aun estando inconsciente–. Invadido por el silencio, por el
olor y la negrura de la noche, el cuarto del niño ya no le pertenece a la casa, fue anexado por
el mundo. La medianoche es, en verdad, la hora de la noche extrema.
Pero la medianoche sólo dura un segundo, o un minuto, y no hay que esperar a que se desenrolle
la madeja de la madrugada. Entonces, con el rostro acariciado por el viento cordial del enigma
descifrado, baja el vidrio de la ventana y devuelve el cuerpo a la inmovilidad, bajo las cobijas
calientitas. En lo más íntimo sabe que la noche es también una estatua, inalterada de las ocho
a las cinco. Duerme tranquilo. c

Traducido del portugués por María Cristina Hernández Escobar.

65
RICARDO LÍSIAS

La generación que despreció a sus viejos

Canto uno

C onsigo demarcar el
año 2020, sin embargo
no arriesgo la fecha
de hoy. Puede ser un
mes o bien después.
Fue todo muy rápido,
solo demoró un detalle:
el pánico que tal vez nos
despertase fue sustituido
por un grito aquí, un
repudio allí y nada
concreto. Comienzo la
narrativa de nuestro en-
tierro con el presidente
sádico. Todos con miedo.

Luego vivimos la primera


crisis: el presidente dice
que todo era una gripe.
Por lo demás, si usted es
atlético (como él es,
dijo el sádico) no
tendrá problemas. Vivo,
le pasó la culpa a los
gobernadores, que fue-
ron a la lucha. A esa
altura, 3 o 4 mil muertos.
Allí después de un mes no
66 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 66-73
había más camas en la uti
pública. ¡Uso al convenio,
tengo dinero! Pero era
necesario no correr el
riesgo de los riesgos no tener
dónde tratarse. Comenzaron
las invasiones, recuerdo bien.
Quien ataca un hospital
para salvar a la propia madre,
queda enfermo también. El
sádico mandó la policía,
que en el inicio reacciona. Que
el soldado acaricie al rico es
normal, el empleado
se agarra la gripe del patrón
amado, que sólo repetía:
es necesario salvar la
economía. (El presidente de
Argentina avisó que
éramos un problema.)
Hasta en la Corte Suprema
el sádico hizo protestas con
empresarios. Un ministro,
que era rico, atravesó la
frontera, otro fue
cancelado en el estado de
Mato Grosso. Una parte
del ganado giró el rostro poco a
poco hacia el mito. Era
necesario recuperar la popula-
ridad. Alguien envió un
meme por whatsapp: ¿sabe cuál
es la solución? Los viejos están
ocupando todas las camas,
hechos hormigas en la tierra. Si es la
guerra, ellos van primero,
y no los jóvenes. Al cruzarse
con un viejo ustedes pueden

67
abrir una vacante de uti.
Hacer así: darle una patada.
El Congreso hizo un repudio,
el sádico dice que no tenía
nada que ver y el Supremo, muy
ameno, abrió una investigación.

¿Será un grito
o algún tipo
de gemido?
Arriesgo más:
la Damares va a
terminar, temprano
o tarde, con miedo.
Me temo
que su edad
la delata. Ella,
claro, ni se ima-
gina. Si alguien
le avisa, no lo
cree: la mi-
nistra es amiga de la
familia, repite
riendo. Entonces
queda escrito: ella
va a terminar con
un pito en el culo.

La secretaria de cultura no
teme mostrar lo que siente:
frente a la cnn, con el culo
para arriba, tiene un orgasmo
(del periodista se oye el
ahogo) mientras ríe alto
y dice que en la dictadura murieron
algunos pero, vea: siempre mueren.
La concha se va abriendo y ella
se sienta en el pito del jefe. Hasta

68
pide: ¿puedo ser suave? «En este
gobierno todo el tiempo la
gente piensa en el entierro y
ahí goza. ¡Viva la fosa!», berrea
la novia de la patria amada.

Qué disgusto: tenía en la tal familia


un montón de macho con mancha hasta
en el hueso. Ellos se hacían la puñeta con el
pito escondido. Y estaban las niñas.
¿Jesucristo, qué era eso? Las puertas
se cerraban y ellas miraban los ataúdes.
Mucho más: ¡vivan las fosas! El sádico
avisa: comienza la orgía. ¿Cuántas
muertes hoy? Cuatrocientos cincuenta
y siete. Chupá mi pija con calentura
que la mierda te gusta. Chupá, esclava,
hasta el esperma. ¡Es la guerra, es la guerra! Al
final todos hacían el gesto del arma.
Era orgía y tos, pan duro y entierro.
Moría gente en el país entero y ellos
gozaban. Todo el mundo sabía eso
y quedaba mudo. La gente tenía miedo.

Mirá si no es una cosa loca:


el culo del presidente hace lo mismo
que la boca. Esclarezco: en verdad,
él habla y sale mierda. Cuando caga
la gente no sabe, y no es el caso
investigar. Si fuese más bosta, es la
hora de admitir: nuestro querido mito
tiene un doble culo. Uno tiene labios
y el otro, es joda, solo hemorroides.
Por eso el país cayó en el abismo: en
lugar de cerebro, otro intestino.
Dejo un aviso: para curar esa
diarrea la clave es una: «esposas».

69
Francisco es viejo, pero no
brasileño. El mundo entero
espera la misa. Él reza,
por ahora solitario y
escondido. Es argentino.
Un técnico organiza la trans-
misión. Otro cuida de la luz.
Son apenas tres y un padre
auxiliar. Ya cayó la tarde y
el cielo está claro. Francisco
llora: sabe lo que el mundo
vive. Siquiera sueña que el
Brasil, su vecino, se va a aca-
bar. Por eso, no hace un
pedido especial. Por nada
más. Francisco no es un
avaro, rezaría hasta por la familia
del presidente ordinario.
Las palomas habían vuelto
a cubrir el piso azul de la plaza.
Francisco las adoraba, incluso
al tipo más arisco: el que
corría el maíz que el Papa
guardaba para los días de
paseo. Francisco vino
despacio hacia la nave de la iglesia
improvisada. Es la modernidad:
el live sagrado necesita comenzar.
Francisco es católico. Incluso
así tiene odio, entonces pide al
Cristo que le disculpe el pecado.
«No pude ser más fuerte, Señor,
soy Papa, pero antes hombre». La
rabia desaparece así que la plaza le
aparece, inmensa, vacía en el medio
de la lluvia. ¡Oiga! La fe ocupa todos
los espacios. Su cuerpo viejo, los
pájaros que se abrigan debajo por abajo

70
de la columna, la plaza, cada piso
resbaladizo, el guardia, los fieles
que corren al frente de la tv.
Y las travestis que adoran a ese
hombre: según el Papa lindo,
somos hijas de Dios. Francisco
para un instante. La misión le
parece pesada: el tiempo de
confinamiento es duro. Aquí la fe se
desparrama, (¡ese tipo!), y va de la plaza
al mundo. Todo. El Papa está cansado,
pero sabe que llegó el momento.
Helada, la plaza San Pedro recibe
a ese tipo: el Papa siente miedo y el
mundo, mucho respeto. Oremos.
Francisco nunca tuvo tanta
dificultad con una oración.
El riesgo no está en olvidar el
Ave María o, cerrando un ojo,
agradecer a Dios. Sus problemas
eran el pasado: al frente de
Cristo, acordarse de los generales,
de la favela, de aquella que fue su
mayor vergüenza. Todo lo que
podía era respirar profundo y
tocar el crucifijo. «Acaricio la
madera, Señor, dame
el perdón, sé mi guía y
lleva a los hombres la calma, la
paciencia y la fe». Cayó la noche
en la Plaza San Pedro. «Que el
hombre venza el miedo, Señor»,
y no está todavía más oscuro
porque la brasa arde,
«nos haga fuertes y más amigos»,
y, sin nadie, la lucha de la luna
es entera, «que el hombre
merezca Tu mano, amén».

71
Otra vez, Francisco disminuye
el paso (él es rengo). Ahora
frente al ostensorio: si
lloro, piensa, creo que transmito
otro mensaje: el Cristo perdona
pero yo soy débil. El Papa es
rengo a causa de la pelvis y del
ciático. Cuando siente dolor, ora.
En los últimos tiempos, sin embargo
el problema continúa, lo ignora:
está en medio de la misión de la vida.
Él reza y camina hacia la puerta
de nuevo a la abadía. El mundo
entero lo mira: ahora no llora.
La lluvia cae más fuerte aún
en la plaza ya oscura, clara por
causa de la luna. La imagen es linda.
Dios avisa: quédate en casa.
Francisco camina despacio (él
rengo, pues) y se siente solo.
Habiendo ido a la puerta, ahora vuelve
y observa aquella inmensidad. Es la
iglesia, toda su vida y más...
Él suspira, ahora todo parece
aún más grande. Solo de audiencias,
es tanta la gente y a quienes va a ver
después. Él no finge: se siente
débil. Usted que asiste rece
también por el santo hombre.
Francisco levanta el cuello:
¿puedo comenzar? Le pregunta al
Cristo y solo él lo oye: perdona
todos los pecados. El Papa
entonces cumple y concede el
Perdón Plenario a todos los
enfermos, a los parientes y a los
agentes de la salud. Cuídense
y tengan el paraíso. Es lindo. El

72
mundo lo oye mudo: están
todos perdonados. Todo está
detenido, no solo en la plaza:
el mundo se arrodilla y recibe
la gracia divina. Para quien
está en casa, el Papa avisa:
abra la Biblia, lea en voz alta,
quien pueda en el balcón. Nosotros
vamos a vencer a la enfermedad, Francisco
recuerda y concede la Indulgencia
Plenaria. Él está triste, pero
resiste un poco más: que cada
familia rece del modo que quiera.
Francisco camina hacia afuera
de la Basílica y bendice,
el mundo entero perdonado,
irguiendo el ostensorio. Imploro
por todos los hombres, los niños
los jóvenes, sin distinción, a las
mujeres, a las trans también. Amén. c

Antonio Olavo: S/t, s/f. Plata/gelatina, 30 x 40 cm

73
PAULA FÁBRIO

Balance*

U n día menos. Otro día menos. Un día menos. Otro día me-
nos. Todo lo que se vivió. El tiempo que nos resta. Nadie
hace esa cuenta a los quince años. ¿Estaremos abandonándonos
a la locura en un momento de contabilidad?
Quizás haya sido en el invierno que los tres hermanos
Oliveira se hicieron mendigos, pero el primer desvarío pudo
haber sucedido en otra estación. De noche, por cierto. En la
noche frágil de nuestros pensamientos las posibilidades se
alargan.
Amor, locura y muerte no se explican, pero el camino hasta
ellas tiene su dosis de encanto y repugnancia. Y esta historia
comienza en el medio de ese camino. Más precisamente en el
vagón de segunda clase de un antiguo tren de la línea sorocabana.
Un joven todavía sin barba ni bigote se estremece al oír el
nombre de la próxima estación. Sin medios para comprender
sus instintos, el muchacho solo logra recordar que hace horas
que no mete nada en el estómago.
Y ese tren, ¿adónde era que lo llevaba?
Para el destino, usamos apenas el tacto. La punta de los de-
dos. Y ese joven no lo sabe, como ahora yo lo sé, a los cuarenta
años. Saber lo suficiente. Para temer. La cuenta es simple. El
viaje de la vida a bordo de un tren. De alta velocidad. El tren
de sorocabana es apenas un vagón de ese tren mayor. Su viaje
ni comenzó, por eso todavía no aprendió la ecuación que nunca
se resuelve. Todavía no necesita recuperar las horas y correr a
* Fragmento de la novela Desnor- leer todos los libros de la biblioteca, tampoco tener coraje de
teio, merecedora del Premio São abdicar, sentarse a la orilla de las rocas y respirar, tomar un
Paulo de Literatura 2013 en la
categoría Mejor Libro del Año
puñado de arena en las manos y quedarse con un único grano
para autor debutante mayor de girando entre los dedos hasta que forme parte de su cuerpo. Y
cuarenta años. entonces sí, soltarlo, sin obligaciones, con gentileza.

74 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 74-79


Pero la señora de cabellera blanca, que revuelve distraída una olla para el almuerzo,
conoce el hilo del destino que ata a las personas. También conoce el tiempo. La mirada
distante, la cabeza trémula son pruebas de eso. Pero hay satisfacción en todo lo que hace.
A fin de cuentas, hoy es domingo y toda la familia vendrá a almorzar. Y esta puede ser la
última vez, entonces hay que esmerarse en los condimentos, quitarle la acidez a la salsa,
la acidez a las bocas.
Con las manos lentas, la mujer dispone el pan sobre el plato antiguo y ese movimiento par-
simonioso es una invitación para desviar la atención y recordar al niño todavía sin barba del
tren cuando ya era joven y usaba bigote fino al estilo clark gable. Consideró que la hermana
había hecho un buen casamiento. Cabellera frondosa, ojos amarillos, y el rostro cuadrado.
Sí, maria luísa había conseguido un señor casamiento. Lástima que pasó todo aquello. No
quiere ni pensar.
La salsa se desbordó de la olla y apagó el fuego. El olor a gas trajo a la señora de vuelta a
sus setenta y ocho años.
Olvidó de tomarse el remedio para la memoria. ¿Lo habrá olvidado realmente? ¿O lo tomó
y no lo recuerda? No lo recuerda.
A los cuarenta, la memoria es la del sentimiento. Los recuerdos ya no tienen la misma nitidez.
Y los pasos esconden la vacilación en una cadencia eficiente, sin chance de equivocación. El
tiempo se está agotando. Sin embargo, la señora de setenta y ocho ya se desvistió de esa urgencia.
¿En qué momento desiste el cuentarrevoluciones? ¿Será al final del recorrido, cuando que-
remos caminar hacia atrás y ya no correr en dirección a la muerte?
El joven de quince años, la señora de setenta y ocho, la mujer de cuarenta. Cada cual tiene
su reloj. Su versión de la historia. Cada cual tocó el rostro de los hermanos Oliveira con la
ternura y el miedo que le fueron posibles.

Los tres hermanos Oliveira. Ángulo recto, dos dimensiones


Bené. Flaco como el Quijote. Siempre decía navidad es nueces, flores, Strauss, champaña.
Nos reíamos de él. Una risa que quedó trabada en nuestras caras. Llamaron a la policía. El
joven es idiota, está siguiendo mujeres. Caso archivado. Personaje en posición de descanso
en medio del palco.
Las luces recaen en el rincón del tablado. Un cuarto extraño con un hombre doblado en la
cama. El cuarto es extraño porque está en la casa, pero dentro de la casa del vecino. El hombre
es Dôrfo. Personaje enclaustrado en su mundo. Todavía no sabe cuándo vendrán sus líneas.
Sin embargo, abandonará este cuarto. Clavará los pies en una crisálida soledad.
Miguel entra en escena. Tiene el rostro iluminado. Su imagen abre la puerta de la choza.
En las manos, el desprecio acumulado en las bolsas. La camiseta blanca con agujeros sobre la
panza. Los pies descalzos tan diferentes de los pies bien calzados del cuñado clark gable. Fue
75
por esa época que me ofreció un pollo que olía a menta; y pensar que en aquella ocasión ya
había ido al entierro de la hija.
Tres retratos. Mezclados al vacío del polvo, a la pintura pálida que todavía cubre los ladri-
llos, a la paja gastada de la silla donde nadie reposa el cansancio. La choza es su lugar en el
mundo. ¿Quién lo niega?

La mujer de cuarenta o la sobrina, hija de la dientuda. Saldo parcial I


Vivo en un edificio de viejitos. Los pasos arrastrados en el pasillo me reconfortan por la
mañana. O incluso algún rumor de bastones, un andador. Es señal de que nadie murió todavía
y de que todavía no llegó mi hora de envejecer. Y todo el tiempo me pregunto: ¿es hoy? ¿Y
qué será envejecer?
Los viejitos. Vidas imaginarias. Que construyo y desconstruyo en el entreabrir de las puertas,
entre saludos furtivos en el ascensor, por las sombras atrás de la cortina, el olor a pan dulce en
medio de la tarde. Aguzo los oídos. La compañía del televisor enmarcado en el centro de la sala.
En las fechas conmemorativas, viejitos envueltos para regalo o noviecitos encima de la torta.
Los autos buscan y devuelven sus viejitos. Cargan la civilidad de la buena acción, cumplen
deberes, pero las miradas se apartan, y todo lo que se ocultó se vuelve agudo, culpa de un lado,
decepción del otro.
Los viejitos. Algunos envejecen en pares, otros solos, muchos envejecen hacia afuera, con
el mundo, en la conversación con el portero, en los asientos de la recepción, discutiendo la
pintura del edificio o la próxima operación. Algunos reservan para sí, solo para sí, lo triste de
la vida. Porque las horas felices se lucen mejor por afuera.
Camino con los viejitos. A veces, mi caminar se mueve en otra dirección, me descompaso.
Pero no importa, a pesar de todos los desvíos, más tarde o más temprano terminamos si-
guiendo sus pasos. Se camina hacia la enfermedad, hacia la muerte, y así se deja de ser. De
ser abogado, arquitecto, profesor. El primer empleo de la vejez es como auxiliar. Auxiliamos
todo y a todos, a la familia entera. Pequeños retoques en casa, pequeñas compras, filas, y un
servicio de niñera, pero cuidado, sin que se abuse.
Los viejitos. El otro día don lázaro falleció. Me preguntaba en el ascensor: do you speak
english? Of course. Reíamos. Se cayó y murió. Lo supe solo un tiempo después. Pero don lázaro
era joven todavía, entonces no comencé mi contabilidad de envejecer. Solo valdrá cuando un
viejito de verdad muera.
Sufrí una operación. Y de repente me hice viejita también. Fue cuando conocí a don
lázaro. Do you speak english? Nuestras conversaciones hasta llegar a la planta baja. Mi
vuelta a la manzana. Vuelta de convaleciente. Y nadie mejor para entender a un convale-
ciente que un anciano. Pero don lázaro no cuenta. Al final, no era tan anciano.

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Pienso que todavía faltan veinte años para que las cosas comiencen a suceder. ¿Cuánto vigor
todavía me sobra? ¿Cuánto tiempo me resta? ¿O toda esta contabilidad es un negocio sin senti-
do? Honestamente, debería tomar helados, meter los pies en el agua y balancearlos, buscar unas
rocas donde tender mis esperanzas. Pienso. ¿Qué gesto avaro estoy ahorrando en este segundo?
Los viejitos me hacen ponderar. Los sueños que no completé, ¿los habré realizado sin darme
cuenta? Doña rosa me hace pensar. Don inácio también. Envejecen en la posmodernidad. Enve-
jecen neoliberalmente. Remedios, cirugías plásticas, danzas, contenido, arte, escuela. Paquetes
listos para no sufrir. O para sufrir en grupo. Paquetes para viejitos vencedores. Porque si se los
aplica, será un viejito vencedor. Bienestar enlatado con acceso ilimitado en su tablet. Jóvenes,
adultos, niños. Todos victoriosos. Competitivos. Salvados. Perdonados. Pero ¿qué sucede con
quien llega del segundo lugar hacia atrás? ¿Y yo? ¿Envejeceré en la posposmodernidad? Temo
que para ese momento se haya inventado una máquina que congele a las personas todavía en
vida para que no mueran mientras están descubriendo el secreto de la inmortalidad.
Los viejitos. Ya vieron tantas muertes que no pueden con ninguna más. Ni siquiera con la
suya. Digo, con la suya propia.
Pensándolo bien, vivo en un cubículo. Un poco más ancho que el de Rodolfo. Un tanto más
caro. Mucho más caro. Y en el mismo edificio, otros cubículos. Con viejitos dentro. Cada cual
sobre su pisito. Y por afuera, circundando nuestra existencia, el edificio, y por afuera, la ciudad,
el laberinto. Me golpeo la cabeza en el cubículo. Si salgo, estoy cosida. Dentro de la sociedad.
Doña rosa me hace meditar. Don inácio también. Para los más viejos, el laberinto es su propio
cuerpo. Su mente. Dôrfo era su propio laberinto. ¿Quién escapa?

La hermana dientuda
Era así de chiquita y me metía corriendo en casa cuando el tío francisco hablaba con las voces
en el patio. Dijeron que mató a un hombre. Dijeron que el hombre muerto aparecía de vez en
cuando para reclamarle la vida.
Tío francisco se quedó con la mujer del hombre y con todo su dinero. Tío francisco. Cuerpo
de rama. Ojo verde que te atraviesa.
Mi hijo. Ojo verde sin miedo. Alto y escuálido. Amenaza de la herencia.
Mi niña es más tranquila. Los ojos inmóviles. Es una Oliveira. Pero no va a dar problemas.
Tengo una intuición.
El mayor se salvó de la locura cuando se casó con una joven de buen juicio. Dicen que la
gente se cura con el casamiento.
¿Qué sucedió con mis hermanos? No me importa. La culpa es de mi padre: mantenía el vicio
del vago y mandaba a las hijas a trabajar. Miguel tenía voz, cantaba en la radio, un dulce, un
poeta. Se arruinó todo. Dôrfo, Dôrfo era un animalito. Y Bené, pobre, anduvo con tanta mujer
de la vida; eso es sífilis de tercer grado.
77
La cuestión que realmente me interesa es: ¿por qué quedé así, paralítica, de piernas atadas?
A veces creo que fue Dôrfo, con su pensamiento fuerte, o brujería de la amante de fábio. Hay
momentos en que pienso que bastó la tristeza de saber que él tenía otra. Cuando una pareja
pobre se separa, cada uno se vuelve todavía más pobre. Pero él no me dejó, no. Se quedó
conmigo, incluso cuando necesité la silla de ruedas. Un corazón. Y bonito. Un clark gable.
Y yo, cuando movía las caderas y me tiraba el pelo hacia atrás, así, ah, yo era gilda, yo era
una artista de cine. Lástima que mis dientes estaban todos para afuera. Eso me ponía triste.
Pero yo me reformé: me cambié los dientes, la nariz, me estiré la piel. Desfilaba por la calle.
Ropa, tacones, maquillaje. Pero si se quedó no fue por nada de eso.
Él no me dejó porque, en el fondo, bien en el fondo, sabía que era el único culpable de que
yo no pudiera caminar. Toda esa tristeza –dios mío, la amante que se reía de mí en las cartas que
venían por correo y que yo abría en el medio de la tarde–, ay, toda esa tristeza me ató las piernas.
Cuando fábio tuvo un estremecimiento en el tren, era una premonición. Una esposa enferma.
Un hospital en la sala de estar. Esa es nuestra historia de amor. Pero hay otras. Más bellas y
más tristes.

Amor – episodio. Fotografía sepia


Las parejas en la plaza paseaban tomadas del brazo. Sonrisas, poses, fotografías. Y también
estaba el jardín. Y el rojo, el amarillo y hasta el azul raro de las flores raras. Y el verde os-
curo de las hojas, la intensidad de las horas. La tarde parecía perfecta, como en un álbum
de casamiento.
Lástima que los colores no alcancen a percibirse en esta fotografía sepia. Pero podemos
observar que el rostro de la señorita registra el exacto instante en que sus sueños de felicidad
conyugal comienzan a disiparse. En brazos de la pareja, un bebé que todavía no sabe de nada,
no sabe al menos que en pocas horas su padre –que en el momento de la foto exhibe una sonri-
sa sincera en la cara rechoncha– estará recostado sumergido en el alcohol y ya habrá iniciado
el ritual que marcará toda aquella fase de esperar el día anochecer cantando con la voz cada
vez más pastosa de cachaza. El bebé tampoco sabe que, justo después de esa foto, su madre
planearía una fuga a minas, solo las dos, para acomodarse en una casa de familia.
La dulce mirada de Miguel a mariana en esa fotografía volvería a reencontrarla treinta y
cinco años después. ¿Y quién osaría imaginar? La alegría sería tan breve como el instante que
registró a la joven pareja con los pies en el césped nuevo y el monumento a la independencia
en el fondo, en una puesta de sol que insiste en reducir la distancia impuesta por el sepia.
Sin embargo, otros incidentes preceden a este episodio.
¿Una vez más lanzaremos un anzuelo al mar del pasado? El océano tranquilo parece revol-
verse ante la zambullida en busca del tesoro. De repente danzamos en sus olas. Pero el mar
bravío puede estancarse en cualquier momento.
78
Bien o mal, son cuarenta años. Eso no es poca monta. Viví cuarenta años para conservar
todavía la fotografía sepia en el álbum de la familia. Para relacionarme con el tiempo. Para
ver a mariana entrar y salir nuevamente de la vida de Miguel. Tan brutal como la primera
vez. Bien o mal, son cuarenta años. Y cuando se tiene esa edad, existe el privilegio de bus-
car cualquier memoria, no solo la propia o la de la familia, sino aquella que debería ser de
muchos, sino de todos. c

Traducido del portugués por Julia Tomasini.

Antonio Henrique Amaral: O Idolatrados, 1967.


Xilografía/cartulina, 430 x 300 mm, s/n
79
ELIANE MARQUES

La fosa de las Marianas*


1
«las de pelo ni tan manso»
cuando el día reclama a la noche por su nombre
tienen garras
y poco rehúsan la amalgama epidermante

en la laguna honda
se sientan profundas en la hondura
del agua que se derrama

2
Sobre las narinas
gotas gordas
cual almendra que la mano oculta
tal vez el hipo de las cáscaras
por el pozo y sus vendajes de sombra

entonces las hacedoras de lluvia


salmuera cuyas hojas pútridas

con sus mantillas


andrómedas

hacedoras de lluvia

3
* Cuaderno al que pertenecen la luna en cirandas
los poemas selecionados, cuyo
título original es O poço das desacepta a sus diecisiete veces tres
marianas, Escola de Poesia nombres
Amefricana, Brasil, 2021. aun así

80 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 80-82


ellas que no rascan la roña
de los talones
van
con las cestas anidadas en los sobacos
y la docena de caracoles que comen
como si fuesen huevos

manchas milenarias de caparazones sin mar

mandaron ladrillar las paredes


con piedritas de brillantes
(sí el pozo es de ellas)

el pozo era de ellas como todo hubo


el sun sun
los ojos de anansi
la única que sabe

4
el dibato abafato de cortina batida
uniforme de gala no como la manjúa
en la ribera de las tibias el bramido que craquela
con el talón el misipo
a los diques ofertorio de hijas
como afeite
para que el lodo de sus frentes
lamente
la lengua del desagüe que acaba escupiéndolas

5
Doscientas listas a ser degolladas
Los galochas clavadas en la fábula de los cuchillos
directamente contra la cara

así poseen la arena para los bucios


¿Ves?
Aquí el primogénito de cuello-elástico y caracoles en la boca

81
insiste en arreglarse el pelo bajo la luz del búfalo en las
sabanas
y tiene mis pestañas a la sombra

Cuando la cera de las orejas hasta en la remota represa


Omi osun o sokoto, lo llamaré
Afolabe

Pero aquí el primogénito de goma en la garganta


en el tercer escalón del barranco (de arriba a abajo)
la degüella más todavía

Afilado el filo de los anillos como los pies de ganso


¿Ves?
El degollador-pendiente de la voz de mando más franca
es jubileo, pero no tiresias
se supo que un barbero así kristallnacht tachac tachac tachac
e tolera que pequeño (no menos de metro y medio)
sin embargo las tijeras siempre afiladas

Un aullido a las ataduras algodonadas y los botones de las botas


el secreto hará posible el filo

Y las seis del reloj


nada más que seis en listo
todavía bajo el reluciente de las escamas
y algo que alguien susurró
ianso c

Traducido del portugués por Eliane Marques y Marcela Villavella.

82
GUSTAVO CASTANHEIRA*

Máquina Rubro-Negra

D esde lo alto del edificio, Ismália miraba hacia el pasado,


contemplando su propia vida. ¿Qué la habría llevado hasta
allí? Como un rollo de película que es tragado por el proyector,
escenas de la infancia saltaban de la memoria y se proyectaban
en sus retinas. «Es todo tan real». La vista de la habitación se
iluminaba de repente por un relámpago al que siguió la diver-
tida espera del rugido de los truenos, mientras ella contaba los
segundos para tratar de adivinar qué tan cerca o lejos podría
haber caído el rayo. Sentía un miedo terrible al pensar que la
lluvia podría convertirse en tormenta y, una vez más, arrebatarle
todo a quienes ya no tenían nada. Una mancha roja marcó su
rodilla después de que ella y sus hermanos menores se pasaron
la noche arrodillados en el piso enrojecido. A medida que el
agua caía afuera, las lágrimas goteaban en el suelo, a pesar de
todos sus esfuerzos por evitar que los niños se dieran cuenta.
El pequeño altar, montado sobre cuatro taburetes viejos unidos,
era democrático. En la esquina izquierda, San Jorge mantenía su
lucha eterna contra el dragón. A la derecha, Ogún, con espada
y escudo, de frente a la entrada de la casa. En el centro, uno de
esos santos con la figura de Jesús, bastante sucio y arrugado,
y una imagen de Obbatalá, la mejor conservada de todas. A su
alrededor, pequeñas estatuas de entidades, caboclos y negros-
viejos, esparcidas sin distinción, como si fueran los ángeles de la
guarda y los protectores de las cuatro figuras de mayor destaque.
* El autor obtuvo con el libro Má-
En ese lugar, todo el mundo necesitaría de un guardaespaldas
quina Rubro-Negra una mención
en el Premio Literario Casa de al menos una vez en la vida. El pequeño frutero, en realidad
las Américas 2023 en la catego- una vieja ollita que funcionaba a veces como cesta de ofrendas,
ría Literatura brasileña. estaba vacío. Como de costumbre.

Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 83-91 83


Cuando saltó del tren, Alphonsus vio delante el futuro. No quería, no podía y ni siquiera con-
seguía ver otra cosa. El regalo lo recibiría en unas pocas horas. No solo él, sino todos los que
lo rodeaban. La escena hacía recordar la estampida de una manada, quien viniera de frente solo
tenía dos alternativas: correr o unirse al grupo. Los espartanos entonaban sus cantos de guerra
tan fuerte, que desde lo alto del morro hasta el asfalto no había nadie que no los oyera. El sonido
de los aplausos se sumó al ruido de la marcha. De fondo se escuchó una fuerte explosión. Las
calles fueron tomadas. Poco a poco fue sucediendo lo que ya estaba previsto: la avenida principal
se tiñó de rojo. Desde los balcones de los edificios, desde las ventanas de los condominios, la
gente seguía el espectáculo. Los que sonreían era porque estaban orgullosos. Los que perma-
necían inertes sentían envidia. En el otro extremo de la isla se abría un segundo flanco. Desde
el borde de la playa, la muchedumbre penetraba en las laderas sin pena ni piedad. El ruido del
mar era silenciado por los cantos. Coches, motos y bicicletas eran engullidos por la horda. De
los autobuses que se detenían en las calles paralelas, innumerables mujeres, hombres y niños
se bajaron y corrieron desesperadamente hacia la multitud para unirse a ella, como los ríos que
buscan el mar para desaguar. Desde lo alto de las colinas, la vista era impresionante. Dos ríos
rojos bañaban las avenidas de la ciudad, yendo uno hacia el otro, buscándose. El encuentro es,
más que un evento social, un fenómeno de la naturaleza. Cara a cara, las infanterías se miran,
se estudian, se respetan. Finalmente, se abrazan. Una al lado de la otra comienzan a caminar. El
objetivo, gigantesco, imponente, un coloso de hormigón, parece aún más grande de cerca. Los
muros, como era de esperar, fallan, se ahuecan, gotean, dejan pasar cualquier cosa y a cualquiera.
Las rampas rápidamente son tomadas. El acceso es gratuito. La caballería llega tarde y, desde
afuera, solo observa. Imponente por fuera, impotente por dentro. Este increíble evento se puede
ver desde lejos. Hay innumerables cuerpos diminutos, piezas que parecen iguales, corriendo
hacia el mismo objetivo, compitiendo entre sí para ver quién será el primero en penetrar esa
membrana dura y gruesa. En el interior se esconde el premio para el ganador. Después de una
terrible efusión de sudor y lágrimas, cumplen la misión. Invaden los túneles y ocupan las gradas.
El primer gesto al pisar el suelo sagrado no podía ser otro. João, Pedro, Paulo, Thiago, José, y
también Alphonsus, todos hacen la señal de la cruz en sus pechos y rostros, besándose finalmente
las manos. Miran al cielo y le dan gracias. René, líder de los uniformados, mira hacia atrás y ve a
su amigo Pedro grabando el momento con la cámara de su celular. Pronto la foto se difunde con
un pie de foto simple pero contundente: «El Maracaná ha sido tomado. Saludos Rubro-Negros».
—¿Cuándo se perdió todo eso? A pesar de los duros recuerdos, la vida era hermosa. Valía la
pena vivirla. Recordar la infancia traía alegría. La madre, entonces, era una fuente de orgullo
y gratitud. Desde el día en que su padre abandonó a la familia, la matriarca cuidó sola de to-
dos sus hermanos. De hecho, Ismália apenas se acordaba de él, era muy joven cuando aquello
ocurrió. Solo quedaban unas pocas reminiscencias vagas e imprecisas, su padre no era más
que una figura sin rostro, sin cuerpo, sin nombre. Si lo viera por la calle nunca lo reconocería:
«tal vez me lo he cruzado por ahí, le compré algo, le vendí algo, le pedí información, lo besé».

84
Ismália casi no se percataba del paso de los años. Enseguida después de que la infancia
acabó, se vio arrojada al mundo de los adultos. Trabajaba temprano, por las tardes y las
noches. Cuando salía el sol, se despertaba y bajaba por los callejones. Cuando se ponía el
sol, subía el morro de la favela y comenzaba su tercera jornada, en casa. Era eso, o ver a sus
hermanos menores morirse de hambre. Su madre hacía exactamente lo mismo. Las vecinas
de la calle de arriba también. Las señoras de la cuadra de abajo también. Las mujeres de toda
la comunidad también.
Ismália, desde arriba, contemplaba el parque bajo sus pies. Se daba cuenta de los matices de
la ciudad en la que había nacido, vivido, trabajado durante tantos años, pero solo ahora com-
prendía claramente la geografía de muerte que estructuraba esa sociedad. En la esquina derecha
del horizonte, miraba su favela, con las casitas colgadas en las laderas del morro, todas iguales
y pequeñas: no podía ubicar su propia chabola. En el extremo izquierdo, para sorpresa suya,
identificó su local de trabajo, un condominio con casas tan grandes que era posible distinguir
los tipos de mármol utilizados en los bordes de las piscinas. En el medio, separando los dos
mundos, solo había una amplia avenida que ella cruzaba todos los días a pie, rezando para no
ser atropellada. Un trayecto que antes tomaba una hora de caminata, ahora podía cubrirlo con
sus ojos en menos de un segundo. Tuvo que llegar a ese lugar para comprender la angustia que
la había perseguido durante tanto tiempo.
La vista le recordaba sus días de trabajo. Al final de la jornada laboral, Ismália se quedaba
unos minutos para poder ver, desde el balcón de la habitación de su pequeño patrón, la proce-
sión de las cinco. Ella escuchaba el repique de las campanas de una iglesia lejana y observaba
a las sirvientas, las niñeras, los choferes, los albañiles y las amantes que salían de las casas y,
casi en fila india, caminaban por las aceras, cruzaban las calles, llegaban a la entrada de ser-
vicio y cruzaban las puertas del condominio. La mayoría se apiñaba en la parada del autobús,
esperando en medio de la calle porque no había acera: el ayuntamiento culpaba al condominio,
el condominio culpaba al ayuntamiento. Otros andaban en bicicleta, a lo lejos se distinguía el
desfile de los «caballos de hierro». Unos pocos caminaban, con la cabeza inclinada y el estómago
vacío. La madre de Ismália estaba entre ellos, mirando hacia atrás mientras caminaba para ver
si su hija también venía. Frente a la parada, al otro lado de la calle, había un restaurante. En
grandes letras negras sobre fondo rojo, estaba escrito: Senzala Gourmet. Ismália sintió algo
en lo más profundo de su pecho. Fue una humillación. Pero no dijo nada. Se quedó callada y
siguió acumulando silencios a lo largo de los años. Ahora, allá arriba, empieza a sentir algo de
nuevo en el pecho: rebelión. Observadora y observados tenían algo en común: la piel oscura...
... de tanto estar expuestos al sol, lo que los llevó a esconderse bajo la bandera, abierta sobre
miles de cabezas. Otros usaban gafas de sol, gorras o gorros. Tras el pitido inicial el sol se
retiraba, mala suerte para él, porque se perdería el espectáculo. Desde los primeros toques de
bola, la superioridad sobre los contrarios se hizo evidente. Gersón, como siempre, no corría,
se deslizaba, no pateó la pelota, la acarició, no falló un pase, no golpeó a un oponente. Daba

85
grandes zancadas, pero no corría, hacía que la pelota volara. Se decía que jugaba «con el traje
puesto», y nadie dudaba que de quererlo, podría hacerlo con naturalidad. Era la clase y la ele-
gancia en persona. El jugador hizo girar al equipo como un director que dirige una orquesta.
Compactando, defendiendo, recomponiendo, infiltrándose en las líneas contrarias, siempre en
transición, el carrusel rubro-negro asfixiaba al otro equipo, pero con una belleza que desafiaba
cualquier cuadro de Portinari. El equipo se asemejaba a las olas del mar, avanzaba violenta-
mente y, casi al unísono, bloqueaba los ataques del contrario. El ritmo, la armonía y la melodía
del equipo sorprendían a los contrarios. Definitivamente, estaban en otro nivel. De repente, los
fanáticos vieron al número ocho conducir la pelota de la defensa al ataque, escapándose de la
mitad del equipo contrario y entregando magistralmente la pelota a los pies de Bruno Henrique.
Este, que dribleaba «hasta su sombra», recibió un pase largo, cortó la defensa del área pequeña
y le metió un gol al portero en la esquina izquierda, quien apenas entendía lo que acababa de
pasar. Quince minutos. Eso fue todo lo que necesitó el Flamengo para anotar en la pizarra de
primero. Setenta mil personas nunca olvidarían...
... ese día. Los autobuses no circularon. Los trenes pararon a las cuatro de la tarde. Nadie
cruzaba la avenida que conecta la zona norte con el centro. Los militares patrullaban las calles del
centro de la ciudad y las inmediaciones de los condominios cerrados. Una disputa entre facciones
rivales llevó a la ciudad al borde de una guerra civil. Les prendieron fuego a los carros. Casi
todos los servicios públicos fueron suspendidos. Ismália, mirando desde lo alto las escaleras
de su comunidad, recordó aquello que no conseguía olvidar. Ella y todos los demás empleados
del condominio no tenían el día libre, aquel día triste. ¿Quién cuidaría de los niños? ¿Quién
limpiaría las piscinas? ¿Quién pondría papel higiénico en el baño y cambiaría las toallas?
En una ciudad totalmente desierta, vio, como de costumbre, la procesión de las cinco de la
tarde. Uno tras otro. Esta vez, casi todos regresaban a pie. Ismália iba sola, esquivando los
cadáveres de los automóviles quemados. Ni un alma viva en la calle. Solo ella. Al doblar
la última esquina, antes de la entrada a la comunidad, se encontró con un carro de policía
parqueado bajo un árbol. Ismália cruzó al otro lado de la calle y apuró el paso. Al entrar en
un pequeño callejón, chocó de frente con el cuerpo de un policía. El hombre era tan fuerte
que la tiró al suelo. Anticipándose a lo que le esperaba, trató de levantarse y correr. Inútil.
Detrás de ella venía otro hombre uniformado. Dejó escapar un grito. Pero nadie la escuchó.
La policía protege a la gente. Pero, ¿quién protege a la gente de la policía? Su boca, que
estaba tapada, no pudo dejar escapar otro grito. Cerró los ojos para no ver nada... Al final
de la noche, entró rápidamente por la puerta de su casa. Llorando y con sus chancletas en
la mano. Intentaron robarle sus cosas, pero los residentes de abajo acudieron en su ayuda.
Eso fue lo que le dijo a su madre. En el baño, el agua de la ducha cayó sobre su cuerpo. El
suelo se tiñó de rojo. Ese sentimiento, que a veces implosionaba en su pecho, reapareció.
Humillada, guardó silencio. Abrió otro espacio dentro de sí misma y guardó otro silencio
más. Ese fue uno de los grandes. Era ensordecedor...

86
... el ruido que hacía la multitud. Arrascaeta anotaba goles. Gérson robó la pelota en el centro
del campo, iniciando la jugada, le pasó a Éverton Ribeiro en el borde del área, el 7 encontró
libre a Felipe Luís por la izquierda, el lateral cruzó la pelota milimétricamente en la cabeza
del uruguayo. El camino de la pelota parecía un arcoíris, y al final de este estaba el 10 de oro.
En medio de la celebración, la multitud se divertía. Cantaba, hablaba, bebía, respiraba, perdía
el foco y se distraía por un segundo. Alphonsus vio a un padre con su hijita en los brazos. Los
dos, uniformados, cantaban el himno. El hombre llevaba la camiseta con el nombre de Adriano
en la espalda. Y realmente parecía un emperador, con su princesita en brazos. Alphonsus pen-
só en su hija, a la que ya ni conocía. Hacía años que él había salido de su casa para comprar
cigarros... nunca más regresó. Pensó en su esposa, a quien había conocido en el condominio
donde trabajaban. Ella era niñera. Él, chofer. También pensó en los cuatro hijos que también
dejó atrás. «Se podría armar un equipo de futsal con ellos», pensó. Y sonrió. Pero su antigua
vida lo estaba matando. Si no hubiera hecho eso, habría sido peor. Se dijo a sí mismo, mientras
ponía boca abajo su vaso de cerveza. El silbato del árbitro lo trajo de vuelta al partido. Se acabó
el primer tiempo. Él mira fijamente para la parte superior de las gradas. En el fondo parecía
que algo estaba pasando, algunos fanáticos corrían hacia allá, otros miraban con curiosidad,
y lo que pasaba era...
... —Hay una chica queriendo saltar, capitán. Así es, la maleante se quiere suicidar, dijo por
el radio el cabo Adalgiso, miembro de la Inteligencia de la Policía Militar. Los carros de policía
pintaron la cuadra de rojo, con sus sirenas sonando alto y claro. Llamaron a los bomberos que
se presentaron en masa. Trajeron un camión escalera y trataron de llegar a la parte superior del
edificio. Pero no sirvió de nada, la escalera estaba rota, el camión pasaba bien. «En perfectas
condiciones», dijo el alcalde a los periodistas que se habían reunido como hormigas encima
de un cake. Psicólogos, profesores universitarios, entrenadores, negociadores, concejales de
la ciudad, un pastor y hasta un surfista se presentaron para tratar de solucionar el problema y
evitar que la joven saltara, dejando la vida y pasando a la historia.
El profesor Dartanhã, acompañado por su equipo, era un experto en ese tipo de situaciones.
Una vez había persuadido para que desistiera a un niño que se había subido a una palmera y
amenazaba con saltar. «Psicosis paranoide hebefrenia», gritó, dando el diagnóstico. Pero nadie
lo escuchó. ¿De qué servía conocer la enfermedad y el tratamiento si el paciente no estaba
vivo en el minuto siguiente? El gobernador contrató al circo principal de la ciudad. En menos
de veinte minutos había una gigantesca cama elástica instalada frente al edificio. Cuando vio
que el colorido personal del circo terminaba de armar la estructura, el pastor gritó en voz alta:
«¡Felicidades, payasos!». Los concejales, pensando que la exclamación estaba dirigida a ellos,
se enojaron y tomaron preso al clérigo. En ese momento, se desató un lío en el asfalto. Hubo
un disparo. El profesor Dartanhã miró el poste y gritó: «La luz...»
«... se fue. Estamos a oscuras», le dijo el árbitro asistente al suplente, que era ciego. Habían
cortado la luz en el estadio. Los focos estaban apagados. «¿Cómo iban a continuar el partido?»,

87
preguntó el presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol al alcalde por teléfono. Al ins-
tante, y voluntariamente, los fanáticos comenzaron a encender las linternas de sus teléfonos
celulares. El estadio parecía un enjambre de luciérnagas. Había setenta mil faroles en las gra-
das y cientos dentro del campo. Era un momento en el que la naturaleza no buscaba definirse
a sí misma. Todavía no era de noche, pero ya no era de día. El cielo pintó un claroscuro que
permitió, con mucho esfuerzo y buena voluntad, el regreso. Después de mucha discusión y
deliberación, las respuestas fueron las siguientes. El coronel de la Policía Militar, el alcalde,
el jefe de bomberos, el gobernador, el pastor, el presidente de la República y los presidentes
de los clubes se opusieron a la reanudación del partido. Los líderes de los fanáticos estaban a
favor. En menos de dos minutos, el juego empezó de nuevo.
Desde lo alto, Ismália veía una luna en el cielo y otra en el mar. Había llegado la noche.
Docenas de recuerdos venían a su mente. Sus amigos, su primer novio, el cumpleaños de su
abuela, el entierro de su hermano menor, el juicio de su hermano mayor, las palizas que su
madre recibía del novio, el primer perro que había tenido, el día que recibió su permiso
de trabajo, su primera vez en el trabajo. Pero había una memoria que ella no tenía. Por
más que buscaba y escarbaba en los recuerdos por el fondo del baúl, no pudo encontrar
el rostro que buscaba: el de su padre. Lo que no podía hacer era «olvidar el tratar de recor-
dar», como solía decir. En el fondo, ella se sentía doblemente humillada. Primero, por haber
sido abandonada. Segundo, por querer ir detrás del que la dejó. Por guardar una gota de amor
por alguien que solo merecía desprecio. El amor, cuando trata de ser odio, es humillante. La
rebelión es humillante. El desprecio es humillante. El silencio es humillante. De humillación
en humillación, la vida pierde su sentido. «¿Vivir? ¿Para qué? ¿Para quién?» Se preguntó. Y
llevó a cabo un verdadero interrogatorio, minando poco a poco sus propias fuerzas. «¡Vivir es
sufrir!» Mientras pensaba, se llevó la mano a la cara e imaginó que si su piel fuera más clara,
tal vez la vida sería menos dura. Las cosas serían diferentes. Probablemente ella no estaría
allí. Se acordó de algunos amigos, de su hermano, de sus vecinos. Todos muertos. «Qué duro
es vivir cargando un cementerio en la cabeza».
Abajo, todo sucedía como un día cualquiera en Río de Janeiro. Desde lo alto del morro, una
caravana descendía hasta el asfalto. La luna llena iluminaba las calles, añadiendo un toque de
belleza a la escena. La luz del faro arañaba las calles del morro, invadía la avenida, traía luz,
pero también traía balas. El estallido comenzó enseguida. Lo que siguió fue un tiroteo masivo.
Una banda de milicianos estaba llevando a cabo una invasión de la región, que hasta entonces
había estado dominada por traficantes. El Comando Vermelho reaccionó con armamento pesa-
do. En medio del combate entre los dos grupos, estaban todos los implicados en la operación
de rescate a Ismália, que desde allí arriba parecía ajena a todo lo que ocurría más abajo. Las
ráfagas de balas pintaban el cielo con sus rayas rojas. Hombres encapuchados y vestidos de
negro rodeaban ambos lados del parque. El profesor Dartanhã se desmayó y fue recogido por
su equipo. El pastor, agachado, rezaba con el rosario en la mano. Los concejales se apresuraron

88
a abrazar a los milicianos, sus amigos de toda la vida, escapando así del conflicto. La policía se
dividió en dos grupos: la mitad se unió a los milicianos y la otra a los traficantes. Lo hicieron
de acuerdo con la historia de cooperación que cada batallón tenía con una de las bandas. Los
demás se atrincheraron en el templete del parque.
En el campo de fútbol, las bengalas tiñeron el cielo de rojo. En el campo de batalla, las balas
enrojecieron el asfalto. En ambos lugares, la oscuridad de la noche ocultaba los cuerpos, hacía
que todos los rostros fueran iguales y componía un telón de fondo perfecto para la explosión
de pasión, furia y violencia. A medida que los cuerpos se amontonaban en el suelo, la deses-
peración se apoderaba de todos. No había perspectivas de tregua. El tiroteo iba en aumento.
Los gritos se multiplicaron. Las granadas destrozaron todo a su alrededor. Parte de la calle fue
tragada por los agujeros de las bombas. Pistolas automáticas, rifles, fusiles de asalto. Taurus,
Rossi, Tanfoglio, Smith y Wesson, 9 mm. AK-47, AR-15, M-16. Silenciadores, cargadores,
cartuchos. El desfile estaba completo.
En la parte trasera del parque, los disparos eran sofocados por una artillería que mataba
primero por el volumen de su ruido, y solo después por el peso de su plomo. Todos miraron
con temor, no había columna vertebral que no se congelara. Durante unos segundos la con-
moción paró. Asombrados, todos vieron cómo los tanques del ejército se abrían paso entre los
escombros, los jeeps se acercaban atrás, empujando las tropas para un lado del parque. ¿Tiros?
Ninguno. El ruido aterrador que se escuchaba era, en realidad, el sonido de los tambores de
la escuela de samba Salgueiro. Bailarinas, músicos y abanderados portaban la bandera roja,
pintando de rojo las calles del barrio. El desfile era parte del carnaval fuera de temporada, que
comienza en marzo y termina en enero. Las alas invadieron, ocuparon y controlaron la plaza.
El presidente de la asociación plantó la bandera de la escuela en lo alto del templete. Entre
percusión y canto, se reanudaron los tiros. Fue un genocidio.
Desde arriba, Ismália se puso a cantar. Parecía una equilibrista bailando en una cuerda, agi-
tando los pies en el borde del edificio. Desde abajo, un vagabundo borracho y loco apareció en
medio del parque, esquivando balas, parecía que estaba santiguado. El desgraciado alzó la cara,
señaló con el dedo en el aire y mostró a todos lo que solo él parecía ver. La gente, encantada
por esta figura, siguió con los ojos la dirección indicada por su dedo. Vieron a la niña, que solo
parecía no caerse porque estaba atada a un mechón de cabello. El presidente hizo un gesto y los
tambores se callaron. Ordenó el general y las tropas se callaron. El jefe gritó y los traficantes
se agacharon. El líder de la milicia gritó y los policías pararon...
... En el estadio el ruido no podía ser mayor. Los fanáticos animaban al equipo. Gabigol ya
había marcado dos goles. Pero no era suficiente. El apetito de la masa rubro-negra era insa-
ciable. Lo mínimo que querían era ver una masacre. Pisotear, ejecutar, enterrar al adversario.
Humillar. Atacando y defendiendo, Ismália lanzaba su cuerpo hacia delante y hacia atrás, era
un péndulo de muerte. Cuando vacilaba, provocaba jadeos y escalofríos en la multitud de abajo.
De repente, para consternación de todos, Diego deja que la pelota se deslice hacia la portería.

89
Pero rápidamente la agarra de nuevo, tranquilizando a la audiencia. Tenía los brazos levantados
hacia el cielo. «¿Ella saltaría de cabeza?», se preguntaba la gente. Pateó la pelota con fuerza
en dirección a Rafinha, quien la frenó de un solo golpe, haciendo que se deslizara lentamente
por su pecho, dejándola caer al suelo, bajo sus tacos. De ahí lanzó la pelota a Felipe Luís. El
lateral derecho la dominó con la punta de su taco. El equipo contrario tendría que anotar rápi-
do. Dominada por algo más grande que ella misma, Ismália se entregó definitivamente a ese
misterioso impulso. Ahora ella corría de un lado a otro del edificio, siempre en el borde. De
derecha a izquierda, de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, de izquierda a derecha.
Abajo, el público estaba mareado. Ella fue corriendo de la lateral a los pies de Pablo Marí,
quien graciosamente se la pasó a Rodrigo Caio. De forma inesperada, comenzó a bailar. Una
mezcla de samba, batuque, frevo y vira. El cemento del borde comenzó a desmoronarse, al
parecer no había sido hecho para soportar tanto peso. Era pesada, pero el carrusel rubro-negro
transforma todo en ligereza. En la zaga, Wilian Arão cogió el balón. La figura de una camiseta
con el número 8 se ve libre, deslizándose entre jugadores perdidos y atontados. Gérson recibe
en el medio campo, cruza el centro del campo y lleva la máquina al ataque. En éxtasis, la niña
comienza a saltar en la frontera entre la vida y la muerte, agita los brazos con furia, parece creer
que tiene alas de buitre. Finalmente ella vuela, cruzando el medio campo por el aire hacia la
lateral izquierda, encontrando a Éverton Ribeiro, que trama la defensa rival, trazando con su
propio cuerpo una línea desde la izquierda hasta el centro de la entrada al área de penalti. Los
anotadores lo siguen. Bruno Henrique rompe la defensa, corriendo hacia la esquina izquierda del
área pequeña, atrapando a los defensores con el pie izquierdo. Allí, recibe la pelota y prepara el
movimiento. Recula lo máximo posible. Toma impulso. Corre desesperado, como si necesitara
deshacerse de todo lo que tiene detrás. No mira atrás, ni por un segundo. Raya el aire y aterriza
en el borde derecho. Arrascaeta la explota con el pecho, bloquea a un oponente, la deja caer en el
césped, espera un ligero rebote y cruza al medio. Gabigol la sigue con la mirada. Cuando ella
llega al punto más alto del arco, él comienza el movimiento. Da un paso adelante con la pierna
izquierda. Fuerza una zancada larga con el pie derecho. Alza la pierna derecha, con todas sus
fuerzas, hacia arriba. Impulsa su cuerpo hacia adelante con la pierna izquierda. Lanza todo
el peso de su cuerpo hacia atrás. Salta y siente la insoportable ligereza del vacío. Levanta la
pierna izquierda y ataca el balón con ímpetu y precisión. Gira el cuerpo verticalmente, abre los
brazos y las piernas. Amortigua la caída con los brazos, gira el cuello y observa cómo la pelota
entra caprichosamente en la portería. Gira el cuello hacia el cielo y cierra los ojos. El cuerpo
cayó exactamente en la cama elástica. Que se rompió fácilmente. El sonido de un golpe seco
resonó por todo el parque y las calles cercanas. El silencio instaurado, la acústica del lugar y la
cantidad de materia succionaron de un cuerpo heroico un grito resonante. «¡Nooooo!», gritaron
todos desde las gradas. Los fanáticos del equipo contrario ya se habían resignado a la masacre.
Pero no aceptaban el refinamiento de la crueldad. Era humillante.

90
Alphonsus, Pedro, Thiago, João, José y toda la masa fanática le daban gracias a Jesús. Sin
él, la victoria no se hubiera producido.
Era un río de asfalto y de gente. El suelo estaba cubierto de un rojo amargo que, como re-
des de lagos, brotaban de los cuerpos negros y huían de ellos, inundando el parque público.
La sangre se mezclaba con los cadáveres. La noche oscura, la piel negra, el mar rojo. Ismália
descansaba por fin. En el fondo de la portería, el balón acariciaba delicadamente la red.
La máquina Rubro-Negra producía otra víctima.

Traducción del portugués de Ingrid Brioso Rieumont. c

Sérvulo Esmeraldo: S/t, s/f. Serigrafía/cartulina, 500 x 700 mm, ed. P/A

91
PAULO DUTRA

Me(mi)ento*

¿R ecuerdas cuando estabas en la mierda y tu madre decía


qué te pasó hijo?
¿Recuerdas?
Yo no

¿Recuerdas cuando llegabas a casa con un ojo morado y tu pa-


dre te preguntaba quién te lo había hecho? ¡Dime! ¿Quién fue?
¿Recuerdas?
Yo no.

¿Recuerdas cuando la tenías dura y aquella mujer propuso vá-


monos y tu padre dijo toma la llave hijo?
¿Recuerdas?
Yo no.

¿Recuerdas cuando aprobaste el examen de ingreso y tu padre


dijo oh niño?
¿Recuerdas?
Yo no.

¿Recuerdas cuando te ibas del país y tu papá y tu mamá te di-


jeron que te fueras?
¿Recuerdas?
Yo no.

¿Recuerdas cuando dijiste que sí y te dijeron buena suerte en-


tonces, aquí tienes algo para ti?
* Incluido en el libro Abliterações, ¿Recuerdas?
Malê, Brasil, 2019. Yo no.

92 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 92-95


¿Recuerdas la primera vez que volviste y estaban allí con un montón de globos de gas que
pagaron caros?
¿Recuerdas?
Yo no.

¿Recuerdas la última vez que volviste y echaste de menos los globos?


¿Recuerdas?
Yo no.

¿Recuerdas cuando te metiste en problemas, siendo adulto, y aun así te sermonearon?


¿Recuerdas?
Yo no.

¿Recuerdas aquel viernes que les enviaste un mensaje de whatsapp y los vistos quedaron en azul?
¿Recuerdas?
¿Recuerdas?

Yo no

93
Allstar

C onversaba, conversábamos. Hace ya diez minutos o media


hora que la plática terminó. La charla estaba muy buena,
fluía bien. Las afinidades afinadas, los gustos y las posiciones
políticas en una rara sintonía. Se conocieron en la ferretería.
Ella detrás del mostrador. Él necesitaba la cinta de teflón para,
como una vez cada año, cuando iba a la casa de la hermana, colocar
una nueva ducha en lugar de la vieja que se quemó, como todas
las anteriores lo habían hecho metódicamente, después de un
miserable año de uso. Las instalaciones eléctricas viejas y tan
llenas de remiendos que no hay resistencia que pueda resistir.
—¿Vas a necesitar la cinta aislante esta vez? Pregunta la chica
mirando de reojo el lugar del objeto. —Sí. Usaré aquel conector
de cerámica que tienes ahí. —No hagas eso, muchacho. Es más
fácil usar guantes de compresión porque son mejores y más
baratos. Ese «muchacho», dicho así con aquella sonrisa en su
rostro, trajo de vuelta la cruel realidad de las canas en su barba.
La chica trajo la cinta de teflón, los guantes y la cinta aislante;
él agradeció y notó el cartel, que ahora cuelgan en las paredes
de los lugares donde las muchachas atienden al público, el cual
advierte que asediarlas está castigado por la ley. Recordó de
pronto que, antiguamente, hubo muchachas bonitas a las que
acosó sin misericordia, y huyó de la ferretería avergonzado,
pensando que él se las comía con los ojos. Tomó un baño caliente
toda la semana con una sonrisa en la cara y con el «muchacho»
atormentando sus pensamientos, sin querer aceptar el hecho de
que tal vez ella les decía eso a todos. Él tenía razón en eso sin
saberlo. Ella, inofensiva y automáticamente, llamaba así a todos
los clientes, incluso esporádicos; era una manía que se le pegó
de su padre pastor, creo yo. No resistió y resolvió inventar otro
arreglo solo para tener una excusa y ver la sonrisa de la chica

94
otra vez, para poder conversar un poquito más. Ella no entendió al principio el pedido de dos
metros de cable rígido 2,5 para solucionar de una vez por todas el problema de la resistencia que
insistía en quemar la ducha nueva, pero enseguida se dio cuenta de que era un pretexto de él para
regresar al sitio del material de construcción. Ella le explicó que para la ducha ese material no
sirve, que el cable rígido es una cosa de un pasado lejano y le vendió un cable flexible correcto
y una extensión correcta a pesar de haber sido mal calculada, después de preguntar si tenía una
caja de interruptor separada para la ducha, si el baño quedaba lejos de la caja, y de recibir res-
puestas fragmentadas, titubeantes e inciertas; y sin que él la viese, ella dejó un papelito con su
teléfono en la funda junto al cable enrollado de la manera adecuada para que no se rompieran los
pequeños alambres de cobre dentro del revestimiento del material ignífugo. Nuestro cambiador
de duchas de fin de semana trató de alargar el momento, pero recordó el cartel publicado y que
había más clientes en la ferretería esperando ser atendidos por la joven, por eso agradeció con
cara de bestia y siguió su rumbo pisando fuerte. Por suerte o capricho del destino el papelito
no fue a dar a la basura en el fondo de la bolsa. Nuestro cambiador de duchas de temporada no
encontró el papel durante una semana, después de otra semana que estuvo en la funda plástica
sin que la notara: (55) 95555555 no llames, chatea;). Solo podía ser un sueño o una broma. Unas
trecientas veces amenazó con mandar el mensaje y desistió, hasta que, por sí o por no, lo envió.
Otra semana de medias vueltas y medias palabras hasta que resolvió hacer la pregunta que no
quería callar, al final no estaba en el ambiente de trabajo, no tenía miedo al cartelito, entonces...

Allí está nuestro cambiador de duchas de fin de semana... hace diez minutos o media hora
la conversación terminó. La plática estaba tan buena, fluyendo bien, las afinidades, gustos y
posiciones políticas en rara sintonía. Después que ella regresó del baño, encontró a nuestro
cambiador de duchas de fin de semana un poco diferente, un poco distante, distraído, desin-
teresado en la conversación que estaba muy buena, de todas maneras continuó la charla, que
aún duró algunas rondas de cerveza, y la plática iba y venía sobre algunos asuntos interesantes
para los dos, inclusive planes para el futuro después de que ella terminara su maestría de allí
a seis meses. Ir a un lugar donde no existiera la plaga de esa cerveza artesanal fue algo que
acordaron, un trato hecho y pactado por el chat, que parecía escrito en las estrellas y al final
de cuentas acabó sin ser una sorpresa para ninguno de los dos. Los gustos golpean desde el
principio. Fue la primera vez que la vio fuera de la ferretería sin estar rodeada de materiales
de construcción, sin estar separados por el mostrador, porque, a pesar de no estar atrasado, la
chica ya estaba sentada tomando su segundo vaso de cerveza con dos dedos de espuma cuando
él llegó. Él la dejó en casa, caballero, de Uber, y le dio las buenas noches como un padre que
se despide de su hija que se fue a estudiar fuera. Regresó a su casa, tomó una ducha caliente
y desapareció de sí. c

Traducido del portugués por Paul Peñhaherrera Cevallos.

95
CIDINHA DA SILVA

Luna llena*

L a casa sencilla, sin embargo, grande, se hacía aún más grande


sin los hijos. El mayor se había casado joven, las gemelas
se fueron a la ciudad vecina para estudiar en la recién abierta
universidad pública; solamente venían a casa los sábados.
El marido en el bar, el aguardiente y el dominó, ahora todas
las noches de la semana. Había dos novedades, la primera, pasar
por la casa, bañarse antes de irse al bar; la segunda, no buscarla
más para la folladita semanal.
Ella se perfumaba, se ponía la camisa de dormir negra, le daba
todas las señales de que deseaba a su hombre, pero él llegaba,
la saludaba, le preguntaba si las niñas habían mandado noticias,
prendía la tele, cenaba y se dormía. A veces en el propio sofá.
Los sábados iban juntos a la feria a vender hortalizas. Aquel
sábado su marido no fue. Tras veinticuatro años de casados era
la primera vez que eso pasaba. Él, a veces, llegaba al amanecer,
pero siempre se presentaba para el trabajo en la feria.
Morir no se murió, pensaba ella. Las malas noticias llegan
rápido. Encontró una solución para el trabajo. Le pidió a una
vecina que condujera la camioneta y fue a vender las cosas.
Trabajó en silencio, vendió todo, preguntándose dónde estaría su
marido. Al final era un hombre bueno, quería mucho a sus hijos,
era trabajador, y no le pegaba, no gritaba. No era cariñoso, pero
cumplía con sus obligaciones. Apenas en el sexo era que él ya no
pitaba más y ella sentía la falta, al menos, de aquella única vez.
Al volver a casa, conversando con la vecina, le dijo que le pare-
cía rara la manera cómo la miraban algunas personas, en especial
dos amigos de su marido. ¿Qué sabían? Le preguntó, esperando
* Narración perteneciente al libro
la complicidad de la vecina. Recibió información sobre una casa
Um Exu em Nova York, Pallas alejada, media legua hacia arriba de la cabecera del río, muy
Editora, Brasil, 2018. adentro del bosque, que el marido venía frecuentando. Quizás se

96 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 96-98


había vuelto peligroso volver de madrugada y se quedaba allá. Algunos terneros aparecieron
muertos, algún animal los atacaba. Le preguntó si ella iría por su marido. No, no lo haría.
El cerebro de la mujer se revolvía de odio y de dudas. Al contrario de lo que había afirmado,
decidió salir a buscar al padre de sus hijos. Quizás ya lo había planeado. No iba a esperar que
volviera y la dejara tirada después de tantos años. Cerró la puerta de la entrada de la casa, dejó
la ventana semiabierta como quien está en casa y no quiere ser incomodada. Tomó el machete
y salió por detrás.
Hizo el camino más discreto que pudo, no encontró a nadie a quien tuviera que saludar. Ape-
nas la luna fue testigo de cómo se remordía de rabia. Llegó hasta la casa que le había indicado
la vecina, encontró todo cerrado y las botas del marido afuera.
Rodeó la casa hasta encontrar una rendija que le permitiera ver dentro, y lo que vio fue
chocante. Una mujer acostada en la cama, muy tranquila y el hombre, su marido, en el fogón.
Preparaba un café y algo para comer. Cuscús de maíz, plátano y boniato. Veinticuatro años de
casados y él le había preparado cuscús a los niños una única vez, cuando ella estuvo enferma
y su hermana se había demorado en llegar. A ella misma nunca le hizo ni siquiera un guarapo.
Estaba él allí, en la casa de otra mujer, preparándole café para llevárselo a la cama. No
reaccionaba, solo recapitulaba el abandono afectivo de tantos años.
El marido le llevó café a la amante y empezó a decirle cosas al oído. Serían promiscuidades
porque la desgraciada se reía sin fin. Le daba la comida en la boca. Era difícil creer lo que veía.
Era una lucha tan grande para que le diera comida a los niños, mientras ella hacía otras cosas.
Entonces, al parecer, él le pidió alguna cosa y la muchacha le dijo que no se lo iba a dar. Solo
después de la ducha. Él le dijo que no, que ella no saldría de la cama. La bañaría allí mismo.
Tomó el agua del fogón y la puso en una vasija, debía estar tibia. Él mojaba la toalla y se la
pasaba por el cuerpo y le murmuraba cosas. Empezó por la raíz de sus cabellos, siguió por las
orejas, el rostro, el cuello, los brazos, las tetas. Ahí él se detenía y le daba besitos y la hacía reír.
Mojaba la toalla y se la pasaba por la barriga, muslos, piernas y pies. Entonces le decía más
cositas al oído y ella se reía mucho. Mojó la toalla y se la fue pasando por sus partes íntimas.
¿Qué hombre desconocido era aquel? En ese momento lloró y miró hacia otro lado. Pero
aquello aún no había terminado; cuando miró de nuevo vio a su marido acostado bocarriba y
la mujer sentada en su cara.
En ese instante quiso morir. Cuánto deseó saber el gusto de aquello, pero su marido le decía
que eran cosas de puta, que ella era madre de familia. Eso le decía cuando era joven y aún tenían
mucho sexo. Con el paso del tiempo las ganas murieron en el cuerpo, sin embargo, quedó la
memoria del deseo, y su hombre estaba allí, realizando su fantasía con otra.
Aquel podía ser un buen momento para acabar con ambos, lo pillaría desprevenido, acosta-
do, empapado, y la mujer de espaldas. Empezaría por meterle a él el machete por debajo de la
cintura, enseguida le cortaría la cabeza a ella, volvería a él, que estaría desesperado de dolor,
sin reaccionar, y así terminaría lo empezado.

97
Ella pensaba matarlo, pero no tenía fuerzas. Solo odio. Decidió irse detrás del platanal, ca-
mino a la carretera, y se quedó allí, decidiendo qué hacer. Escuchó cuando el marido se puso
las botas, se despidió de la muchacha con besitos y le dijo que iba a casa a decirle a su mujer
que se marchaba.
Iba a buscar los cacharros y volvería para vivir con su amante por siempre y para siempre.
Pero llegó ella a casa antes que su marido. Entró por la puerta trasera, limpió el machete
y lo colgó en la pared, al lado del hacha y de otras herramientas. Se bañó, abrió la ventana y
se puso a mirar la luna, como si lo esperara. El marido no volvió a casa nunca más, pero esa
noche ella durmió bien.
Por la mañana llegaron algunos conocidos cargando el cuerpo del hombre. Ella lo recibió sin
sorpresa y sin lágrimas. Sin embargo, cumplió su papel de mujer. Telefoneó a su hijo mayor
que fue hasta la ciudad vecina a buscar a las jóvenes.
Los dos amigos que prepararon el cuerpo notaron rasguños profundos en el pecho y en la
espalda, mordeduras en el cuello, una en la yugular. El hombre estaba marchito, seco de sangre.
Debe haber sido atacado por una jaguar, la misma que había estado matando a los terneros. Al
menos murió feliz, se rieron con malicia.
La viuda realizó la desagradable tarea de recibir los saludos por la muerte de un hombre que
ya había dejado de significarle cualquier cosa. Abrazó a sus hijas que lloraban y las consoló.
Cuando el nieto de cuatro años llegó con su nuera, lo celebró, lo cargó en sus brazos, mientras
buscaba galletas en la cocina. Y fue el nieto el que vio por primera vez la pelusa de la ropa del
abuelo en los dientes de la abuela. c

Traducido del portugués por Lili Herrera.

José Francisco Borges: A ceca do sertao, s/f. Xilografía/papel, 265 x 440 mm, s/n
98
ALLAN DA ROSA

El nacedero de la lengua*

N acido extranjero. No sabía hablar la lengua de la gente del


lugar. Pasó primaveras y aprendió rudimentos, garantizán-
dose así alimento y camino. Hasta bailar en cada conversación.
Sumergirse y ser naciente. Maestro. Traductor perseguido en
callejones y salones.
En un crepúsculo, el joven notó que llegaba un antiguo, que
hablaba con todos y no era comprendido en absoluto. Un anciano
siempre comiendo frutas, pero con olor a sopa.
Aquel señor era señora y era señor y era mucho más, era una
paloma picoteando basuritas y era viento colorido, su estornu-
do de arcoíris filtrándose por su pequeña nariz. Él era burbuja
de agua hirviendo y era tranquilo con llovizna. Aquel señor
era señora y era postre y era frijol. Y aquella señora hablaba
una lengua que el joven aún no traducía. Joven que intentó el
silencio pleno, que intentó leer los labios, que intentó hablar,
hablar, hablar juntos y cotorrear al mismo tiempo que ella,
en un debate amoroso de agujas tomando el hueco de aquella
ruidosa conversación. Que intentó desaparecer para sentir el
anhelo y con ello percibir algo que fuera obvio, un elemento
principal que de tan cerca tal vez no podría ver, un detalle de
su esencia. Y que intentó aprender ese lenguaje mirando los
pies de quien hablaba, observando lo respirado por el pecho, el
parpadeo de las pestañas, admirando la garganta y su flauteo.
Pero el joven que estaba allí no entendía historia ni mensaje,
ni capítulo ni chisme.
Después de mucho, la iluminación: ¿cómo no se había dado
* Narración perteneciente al libro
Reza de mãe e outros contos, cuenta de esto antes? La realeza de aquella lengua y también su
Editora Nós, 2016. indigencia estaban en el timbre y el tono. Allí la comunicación
Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 99-101 99
vivía perfecta, el ruido y la textura eran la vena de la expresión. La lengua universal, la que
trenzaba todas las prosas y alineaba horizontes, la que organizaba chozas y gandayas y carretas
y cocinas con cualquiera, con una persona de cualquier país, con un ser de cualquier planeta,
con el movimiento de cualquier estrella... aquel lenguaje universal era la música.
Necesitaba escuchar la música en el habla de esa señora. Su compás. La armonía entre la
memoria y lo que ella hacía con las manos y lo que se resbalaba por la boca. La orquesta entre
los pies que pisaban su gloriosa rutina y las mentiras que martillaban cariñosas en el cielo de
la boca. Las notas y los acordes corriendo entre los dientes y el mal aliento del hambre. Sus
agudos conversando con exvecinos desaparecidos mientras estrujaba y colgaba las ropas en
la tendedera. Sus graves celebrando un gol. El do-re-mi que derramaba mientras se comía
el día. Hablaba siempre con la boca llena.
Con aquella señora el último encuentro del joven fue un logro supremo. Fue una cosecha
de pétalos sueltos... plantó un trozo y vio nacer mi vasija. Y fue de mano en mano que su
viejo iris habló: mi lengua es la lengua del agua, niña.
La saliva es madre de la palabra, ha parido la lágrima y es aprendiz del sudor.
Después de aquella mañana, cuando la señora simuló morir para morir sin tristeza y esfumar
los pensamientos; después de aquella mañana que ya era noche, pero tenía la claridad de un
día temprano; después de aquella mañana en que la oreja se dio cuenta de que era reina que
sabía postrarse y pedir bendiciones, el joven que nació extranjero entendió la Lengua. Sin
enganche de significado, con calidez de sentido. Y entonces tal vez habría podido enseñar.
Oyó lo que decía la lluvia, su silencio, su grito y sonrió con el repentismo y los versos
jongueiros1 de la tormenta. Oyó el tartamudeo corriendo por las alcantarillas. La urgencia y el
placer en derramar el pipi. El fluido, dentro del pecho, con los sorbos bajando y llevando las
buenas noticias a través de las costillas, en un pequeño sonido íntimo, pequeña cascada hacia
dentro. ¿Y olor a llanto? Lo que quedaba de partitura en sus mejillas, en la labia... Notó el
alfabeto dentro del vaso con agua, cada letra nadando allí, algunas en flotador, otras encueras
en piruetas y otras espejos de espejos. Leyó el abecé en los charcos sucios. Brilló en la palabra
naciendo lentamente en las gotas de rocío, en las puntas de las hojas. Leyó cada sílaba gemida y
respirada hondo: allí el banzo2 de las playas fluviales, allí los pies mojados hasta las pantorrillas
en la paz de los palenques, allí el amorío poseso de las orillas del mar madrugador.

1 Jongo es una manifestación cultural brasileña de origen africano que incluye danza y música. Ha influido en la
formación de la samba y en la cultura popular brasileña. (N. del T.)
2 Banzo es una palabra del quimbundo y del quicongo que expresa el sentimiento de nostalgia profunda en
relación a la tierra de origen. En Brasil, define el proceso sicológico provocado por la esclavización de los
africanos transportados desde su tierra. Produce un estado inicial de fuerte excitación, seguido de impulsos de
destrucción y luego de profunda nostalgia, que indujo a muchos africanos esclavizados a la apatía, el hambre
y, en ocasiones, a la locura o la muerte. (N. del T.)

100
El joven se zambulló. Se lo bebió de un trago. Lo escupió deliciosamente.
Le dieron un porrazo por vagancia. Dirección sospechosa. Ellos habían aspirado mucha coca
impura. El joven del agua fue asesinado por armas de fuego.
En el coche de patrulla, Camboya hasta que desecharon su cuerpo, su lengua se secó y se
puso dura. Se quedó como un trozo de cemento.
La poesía de su jerga nacida muerta.
Hay quienes dicen que hoy insulta, echa maldiciones, en un moho de estuco.

Traducido del portugués por Mauricio Acuña. c

Arthur Luis Piza: S/t, 1970. Calcografía/cartulina, 730 x 1060 mm, ed. P/A

101
FREI BETTO

Los asesinos

A l entrar al bar, Mauro lo vio en la mesa del fondo. Se dio


cuenta de que era el único que no llevaba mascarilla protec-
tora contra la pandemia. Recordó la contraseña de identificación
(«chaqueta de cuero negra») y la recomendación («no te rías
de su nombre»).
El pistolero fumaba atento al celular; sobre la mesa, vaso y
botella de cerveza. Tenía ojos claros, brillantes y cabello negro
rizado. La camisa, medio abierta a la altura del cuello, dejaba
ver la cadena de oro y el crucifijo dorado sobre el pecho peludo.
Mauro se sintió inseguro. Nunca se había acercado a un tipo
como él. Se quitó el sombrero de vaquero de ala ancha y se rascó
la calva. ¿O sería miedo? ¿Cómo un asesino famoso y temido
soportaba que lo llamaran con un nombre de mujer?
Se acercó reverente, con el sombrero pegado al pecho en la
mano derecha. Tenía la amplia frente quemada por el sol y, en sus
ojos, la expresión asustada era la de quien pisa terreno minado.
Buenos días, mi nombre es Mauro, vengo por recomendación de
Altino, dijo balbuceando. El hombre levantó la cabeza, colocó
su celular sobre la mesa y miró al extraño cuya voz era amorti-
guada por la tela verde de la mascarilla que cubría la mitad de
su rostro. Claro, criatura. Amigo de Altino es amigo mío. Tome
asiento. Y si no le importa, déjeme ver su cara. Mauro bajó la
máscara hasta su cuello. Su barba rala dejaba ver las primeras
canas. Los labios finos contrastaban con la nariz aguileña. Me
gusta conocer a quienes hacen negocios conmigo. ¿Quieres un
trago de cerveza?
Mauro le dio las gracias y le hizo una señal al camarero mien-
tras halaba su silla. Pidió un refresco. Notó que su compañero
de mesa tenía dedos largos y delgados y que sus uñas parecían
sucias de grasa. ¿No usas mascarilla? No soy de esos. ¿Cómo
voy a disfrutar de mi cigarro con la boca y la nariz tapadas?
102 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 102-107
Estoy de acuerdo con mandamás, allá en Brasilia, esto no es más que una gripecita. Y solo
ataca a los viejos. ¿Voy a llevar bozal por ahí? Lo siento por la forma en que hablo. Respeto a
quien lo usa, como usted. Cada uno sabe de sí mismo. Y yo estoy fuera de eso. Gozo de muy
buena salud. Ni siquiera me resfrío. Pero dígame, ¿viene de parte de Altino? ¿Cómo está él?
Sí, de Altino, allá en la hacienda Libertad, en la frontera con Amazonas. Le manda un abrazo.
Comprobado, compañero, soy todo oídos. Puede adelantarme el asunto.
A pesar del calor sofocante, Mauro sentía temblores por todo el cuerpo. Mezcla de fragilidad
y vergüenza. ¡Como engañan las apariencias! ¿Quién hubiera pensado que este hombre, con esa
mirada cándida y la barba bien afeitada, era un asesino profesional? ¿De dónde saca el coraje
para vivir de la muerte ajena? ¿No teme que lo arresten o lo maten?
La familia de Mauro había abandonado las tierras de Río Grande del Sur para establecerse
en la Amazonía en un momento en que la dictadura militar prometía dividir la región a quien
se atreviera a «transformar la selva en una zona de progreso». De ser un voraz acaparador de
tierras, su padre se convirtió en un poderoso terrateniente. Creó una empresa maderera para
exportar troncos de árboles talados y abrió pastos para criar ganado. Dejó a sus hijos una docena
de haciendas en tierras antes ocupadas por ilegales y aldeas indígenas.
¿Es un servicio cercano o distante?, preguntó el pistolero bajando el tono. A mitad de ca-
mino, respondió, ni muy lejos, ni muy cerca, señor Fá... Fá... Mauro tartamudeó por miedo a
decir el nombre. El breve silencio fue roto por la voz de barítono del sicario: ¡Fátima! Y no
me avergüenzo de tener nombre de mujer. Y antes de que se muera de curiosidad le diré el
origen de mi nombre, dijo mientras se llevaba el vaso de cerveza a la boca. Un friso de espuma
blanca se grabó durante un segundo en su labio superior, absorbido enseguida por el rápido
movimiento de su lengua, ágil como la de una serpiente. Mi madre quería una niña. Aferrada
a su fe, devota de Nuestra Señora de Fátima, prometió bautizarla con el nombre de la santa.
Pero Dios no la escuchó. Y como puede ver con la luz de sus propios ojos, soy macho. Mi
madre pensó que era mejor no traicionar a la santa. Una promesa es una promesa. Y si Dios
quiso otra cosa, así sería, pero el nombre del hijo sería Fátima. ¿Y quién soy yo para romper
la promesa de mi difunta madre? Nunca nunca. Incluso porque la santa ha sido mi protectora.
Conserva mi cuerpo cerrado y me protege del mal de ojo.
Fátima era hijo de un soldado trasladado del sureste al norte del país en el momento de
la intensa represión del ejército contra la guerrilla en lo profundo de la selva, en torno al río
Araguaia. Desde niño había oído a su padre alardear, entre risas, de la desesperación de los
prisioneros durante las sesiones de tortura y de cómo algunos se sometían a humillaciones,
hasta el punto de comerse sus propias heces, con la esperanza de salvar sus vidas y evitar la
cuchilla. Apenas había cumplido diez años y ya había aprendido a disparar con el pistolón que
le habían regalado por Navidad.
Dicho esto, señor, vayamos al grano. ¿No va a tomar su refresco o tomará un sorbo de mi
cerveza? Mauro aclaró sus pensamientos, lejos de sus oídos, agarró la botella de guaraná y
bebió la mitad del cuello. Abrió la boca jadeando, contento de saciar su sed, y explicó: Gracias,
103
pero prefiero evitar el alcohol. Tengo que conducir más de doscientos kilómetros después de
nuestro acuerdo. Y, con la pandemia, han redoblado la vigilancia en las carreteras.
Entonces dejemos los preámbulos y vayamos al final, respondió el asesino. Mauro se inclinó
sobre la mesa y dijo en tono confidencial: se trata de un asentamiento de los Sin Tierra cuya
propiedad está al lado de la mía. ¡Gente harapienta, invasores de granjas, comunistas disfra-
zados de pobres y tercos como el diablo! El terreno que ocupan es un desperdicio, no hay una
sola planta de soja, solo maíz, frijol y hortalizas. Hice una oferta y dijeron que no. Dupliqué,
se negaron. Me impacienté: ¿dónde está el título de propiedad? Por un momento vacilaron pero
enseguida apelaron al derecho de usurpación. Necesito ese terreno, vendo carne a mataderos que
exportan a Europa, tengo planes de ampliar el rebaño y por ahí corre un arroyo lleno de agua. Si
no quieren ceder por las buenas, no tengo otra salida que recurrir a sus servicios, señor Fátima.
El pistolero encendió un cigarro y otra vez llenó el vaso de cerveza. Tomó un sorbo, se secó
los labios con el dorso de la mano derecha y dio una profunda calada: Bueno, criatura, eso lo
podemos solucionar fácilmente, dijo, exhalando el humo por las fosas nasales. ¿Cuántos son?
Dos docenas de familias. ¿Y a cuántos debo despachar? Los tres líderes son suficientes. Si los
eliminamos, estoy seguro de que no queda ni una familia allí. Como no es gente de altura, lo
hago baratico para usted. ¡Cinco mil por cabeza! ¿Trato hecho? Es bastante, reaccionó Mauro.
¿Sería posible pagar en dos cuotas? Sin problemas. La mitad antes del servicio y el resto cuando
las órdenes sean entregadas en manos de Dios.
Como no me gusta correr riesgos, ¿puedo hacer una pregunta más? Siéntase cómodo, señor
Mauro, aquí usted es el jefe y yo el empleado. Fátima notó que el hacendado empalidecía.
Volvió a soltar una fuerte bocanada de humo por las fosas nasales y apoyó ambos codos en la
mesa: ¡Suelte lo que quiere, amigo! ¿Qué pasa si lo arrestan y lo obligan a entregar a quien lo
mandó? El pistolero se inclinó sobre la mesa para susurrar con más confianza: Eso está fuera
de discusión. Llevo años brindando ese servicio aquí en la Amazonía. Si suelto la lengua, casi
toda esa gente de la agroindustria y la minería se irán al infierno. Pero tienen a la policía y a
la justicia en sus manos. Esos agentes del orden fingen que no saben de mí y yo finjo que no
tengo nada que ver con los muertos que se encuentran por ahí con la boca llena de hormigas.
Ya tengo más de cien muertos a mis espaldas y todavía con el historial limpio. No me equi-
voco. Solo trabajo para gente de posición como usted. ¡Y ay del policía que se mete con un
gran hacendado de esta región! ¡No piense que mi protección viene solo de la santa que me da
nombre! Dicho esto, páseme las coordenadas.
Mauro sacó de su cartera la foto ampliada del equipo de fútbol de los Sin Tierra. Con el
bolígrafo, trazó un círculo alrededor de la cara de cada uno de los tres objetivos. En la parte
de atrás, anotó la ubicación. ¿A qué lugares suele ir esa gente, señor Mauro? Bueno, ellos no
son de circular mucho. Pero siempre van a la feria de Juruti, los sábados, y entre semana a la
tienda del portugués Mané y a la tienda de semillas y abonos.
Señor Fátima, ¿cuánto tiempo cree que tomará hacer el trabajo? Si me entrega el anticipo
esta semana, creo que liquido la factura en dos o tres meses. Realizar pedidos al por menor es
104
más fácil. Pero este tuyo es al por mayor. Necesito más tiempo. Y como usted sabe, debido a
la propagación de este virus, la circulación anda medio restringida. Hay muchos controles de
carretera para impedir que los vehículos con chapa de un municipio entren a otro. Pero tengo
mis maneras. Nunca he decepcionado a un cliente.
Yo también soy católico como usted, Fátima. Le veo la cruz en el pecho. Y pido disculpas por
meter la cuchareta donde no me han llamado. Una vez hecho el trabajo, ¿no le queda ni una pizca
de culpa? De ninguna manera. Ni una pizca. Solo me arrepiento cuando sale la noticia de que la
víctima tenía hijos aún por criar. Lo siento por un niño huérfano. Pero Dios y yo tenemos nuestra
manera de hacer las cosas. Voy a la iglesia de Nuestra Señora de Fátima, ¿la conoce? Sí, está en
Mamuru, suelo asistir a la fiesta de San Juan y donar una vaca a la subasta parroquial. Esa misma.
Tienen una bonita imagen de Nuestra Señora de Fátima. Cada vez que me encuentro en esa iglesia,
me arrodillo ante la santa madrina, digo mis oraciones y luego hago fila para el confesionario.
Mauro se echó el resto del guaraná a la boca y cuando colocó la botella sobre la mesa reso-
pló como si un sorbo de cachaza le hubiera quemado el pecho. ¡No me digas! ¿Te confiesas
con el cura? Me confieso ante Dios, pero tiene que pasar por los oídos del cura, de lo contrario
no logro la absolución. Pero de estas encomiendas no hablas, ¿verdad? Sí, lo hablo, confirmó
Fátima, haciendo que se abrieran mucho los ojos de Mauro. Quitar la vida a otros no siempre
es un delito. A veces es por accidente. En mi caso, es un ajuste de cuentas. Si hay un delito, la
culpa es de quien lo encarga. Entienda bien, no lo estoy acusando de ser un criminal. Sé que
solo está en busca de justicia y a favor del progreso. Pero así como mi forifai no infringe la
ley, escupiendo balas, pues no tiene voluntad propia, a mí tampoco me pueden acusar de ser
un criminal porque hago lo que me mandan. No soy yo quien decide. Como ahora en nuestro
trato. No tengo nada en contra de sus vecinos. Soy apenas la herramienta que usted utiliza para
hacer el trabajo. Pero sé que matar es pecado. Lo aprendí de mi difunta madre, quien me enseñó
los diez mandamientos. Por eso me confieso. ¿Le cuenta al cura lo que hace?, preguntó Mauro
mirándolo asombrado. Lo cuento todo. Incluso pide detalles. ¿Y respondes? Por supuesto,
estoy allí para rogar por la misericordia de Dios, y si él sabe todo sobre nuestras vidas, ¿por
qué debería ocultar mis pecados? ¿Y no tienes miedo de que el cura te denuncie? De ningún
modo. Confío en el secreto de la confesión. Si el cura me denuncia es él quien sale mal en
la foto. ¿Cómo va a probar la acusación? Tendrá que ajustar cuentas con Dios. Así, recibo la
absolución, cancelo mi deuda con Dios y voy en paz, listo para una nueva empresa.

El sábado, Fátima se puso su mascarilla para situarse en medio de la multitud que caminaba por
el mercado abierto de Juruti, frecuentado por los Sin Tierra. No para protegerse del virus, que
ya se había extendido por la región provocando ciento diecisiete muertes, sino para dificultar
su eventual identificación. Incómodo, atisbaba desde atrás de la tela negra mientras caminaba
por los pasillos de las tiendas de campaña en busca de su próxima víctima, cuya fotografía
había guardado en el bolsillo interior de su chaqueta negra. La multitud se agolpaba, atenta
a los puestos de frutas y verduras. Casi nadie llevaba mascarilla protectora. Al acercarse al
105
puesto de pasteles y guarapo, vio un rostro parecido. Sacó la foto y comprobó. Era uno de los
tres. Conversaba con otro hombre mientras merendaba. El pistolero se mantuvo a distancia,
siempre pendiente de su objetivo.
El campesino se fue unos minutos más tarde, cargado de bolsas, al lado de la feria; acomodó todo
en la parte trasera de un viejo camión, en cuyas puertas se leía: Asentamiento Paulo Freire - MST.
Fátima se subió a su motocicleta, se cubrió con su casco negro y salió tras él. Sabía de antemano
la ruta que tomaría y había preparado una celada el día anterior. Una vez en el camino de tierra, el
pistolero lo adelantó. Y más allá, en una zona desierta de la carretera, justo después de una curva
cerrada, armó la trampa: colocó un tronco seco sobre la calzada y fingió que intentaba quitarlo.
En menos de cinco minutos el camión completó la curva, el conductor vio el obstáculo y redujo la
velocidad del vehículo. Sacó la cabeza por la ventana y dijo: Calma, compañero, voy a ayudarlo. Se
bajó y caminó al encuentro del motociclista. Debía tener las raíces podridas, comentó el campesino.
El pistolero asintió, sacudiendo su casco. Cuando le dio la espalda para agarrar el tronco, Fátima
sacó el arma y disparó dos tiros. Uno en la cabeza y el otro en dirección al corazón. El hombre
cayó silenciosamente sobre el tronco. Enseguida el asesino subió a la motocicleta y se dio a la fuga.

Una semana después de ir a la feria, Fátima amaneció con los ojos hinchados y el cuerpo flá-
cido. Cuando encendió la radio a pilas, escuchó en las noticias que el número de muertos en la
región por infección con el nuevo coronavirus había llegado a ciento noventa y dos. A pesar del
calor amazónico sentía un poco de frío. Agarró la toalla de baño tendida al final de la hamaca
y se cubrió. Durmió durante un rato.
Una hora después, al levantarse de la hamaca, estaba seguro de que tenía gripe. Una tos seca
le sacudió el pecho y le arañó la garganta. Buscó una aspirina en el armario del baño y preparó
té de menta y jengibre con la esperanza de sentirse mejor para, al final de la tarde, poder ir a
Mamuru a confesarse a la hora del Ángelus. Pero, después del almuerzo, la debilidad se había
apoderado de todo su cuerpo y la tos continuaba insistente, dándole un sabor amargo al cigarro.
Se acostó en la hamaca ansioso por dormir su siesta.
A la mañana siguiente se despertó con fiebre. Sentía dolor en la espalda. Tomó un café fuerte
y, con ayuda de té de raíz de regaliz, se tragó dos aspirinas. Oyó por la radio que en la región
habían muerto veintitrés personas más en las últimas veinticuatro horas, víctimas del Covid-19.
Se subió a la moto y fue en busca del doctor Ernesto, médico del puesto de salud.
¿Entonces no lo sabe?, le preguntó la enfermera de la estación mientras le tomaba la tempe-
ratura. Él ya no trabaja aquí. ¿Qué pasó Ana? ¿Dónde está el doctor Ernesto? Fue expulsado
de Brasil, señor Fátima. Él y todos sus colegas cubanos que trabajaban en el interior. Allá en
Brasilia el Gobierno decidió que ya no los quería aquí. Ni siquiera tuvo tiempo de empacar
sus cosas. Y ahora Ana, ¿quién atenderá a la gente del municipio? El alcalde intenta encontrar
un sustituto. Pero ¿quién va a querer trabajar por esos rumbos para cuidar de los agricultores
y los jornaleros? Los ricos se montan en un avioncito y van a tratarse allá en Belém. ¡Pobres
de quienes sean pobres!
106
Ana confirmó que tenía fiebre. Creo que lo agarró el bicho, señor Fátima. ¿Qué bicho? Pues
ese virus que anda tumbando gentes por todas partes. ¿Has usado mascarilla? A veces. Es muy
incómoda. No me deja disfrutar mi cigarro. Tiene que protegerse, señor Fátima. El virus ya
ha matado a más de doscientas personas en la región. Lo voy a enviar a la escuela municipal.
Va a quedar en observación. ¿En la escuela? Sí, como las clases están suspendidas y aquí en
el puesto las únicas dos camas siguen ocupadas, la escuela se ha convertido en una clínica
de campaña. Todos los sospechosos de infección se mandan para allá. Ya hay más de setenta
personas internadas allí, parece que todas contagiadas con el virus.
Realmente debe ser gripe, Ana. Aún no tengo ni cincuenta años y siempre he gozado de
buena salud. Estoy fuera del rango de riesgo. El bicho es arisco, amigo, no distingue edad ni
sexo. Incluso los hacendados han contraído la enfermedad.
Dos días después de llegar al ambulatorio, el pistolero, aquejado de falta de aire, fue trasladado
en ambulancia a la única ciudad de la región cuyo hospital tenía dos respiradores. Al llegar supo
que ambos estaban ocupados, así como las doce camas existentes, y que el número de víctimas
mortales del virus en la región ya era de doscientas cuarenta y tres. Fue auxiliado con un balón de
oxígeno. Tumbado en la camilla, con la ropa empapada de sudor y mirando al techo del pasillo,
Fátima tuvo miedo. Miedo de morir allí y que su cuerpo fuera arrojado anónimamente a una fosa
común, como había visto en la televisión, sin merecer siquiera una oración y una vela. Sin poder
hablar, exclamaba mentalmente: ¡Dios mío, no me dejes morir! ¡Oh, Nuestra Señora de Fátima,
sálvame de esto! No me lleves ahora, querida madrina. Prometo por lo más sagrado cambiar de
vida. Nunca volveré a lastimar a nadie. Dejo esta vida de encomendero. Busco un trabajo honesto.
Voy a ser repartidor de pizzas. ¡Lo juro por Dios! Tiro el arma al río e incluso abandono la zona.
Pongo rumbo al sur en busca de un trabajo decente. Pero no dejes que quien tú sabes me lleve
ahora, querida madrina. Aférrate a Dios para que él extienda mi fecha de vencimiento.
El día que recibió el alta, después de dos semanas de ingreso, se enteró de que el número de
muertes en la región por el nuevo coronavirus había alcanzado la marca de quinientas ocho.
Dos enfermeros llevaron a Fátima en silla de ruedas hasta la puerta principal. Salió del hospital
rodeado por los aplausos del personal.

En casa guardó cuidado durante cinco días. Al sexto, sintiéndose mucho mejor, cargó el arma,
tomó la foto de dentro de su chaqueta de cuero, fijó en su mente la imagen de los otros dos
líderes Sin Tierra, se acomodó el casco en la cabeza, subió a la motocicleta y salió para no
dejar de cumplir el trato.
El número de muertos en la región, víctimas del Covid-19, había llegado aquella mañana a
seiscientos sesenta y seis. c

Traducido del portugués por J. F.

107
Gontran Guanaes Netto: Los niños de Brasil, 1976. Creyón/cartulina, 58 x 75 cm
GRANADA, A CUARENTA AÑOS DE LA INVASIÓN

S
e cumplieron, este 25 de octubre, cuarenta años de la invasión
estadunidense que puso fin a la revolución liderada por Maurice
Bishop, al frente del Movimiento de la Nueva Joya en la pequeña
isla de Granada. El inesperado proceso revolucionario se había iniciado
el 13 de marzo de 1979 con el derrocamiento del corrupto y represi-
vo gobierno de Eric Gairy, y abrió una época de transformaciones
profundas en la sociedad granadina, con no poca repercusión en el
espacio del Caribe. El impacto de aquel acontecimiento despertó la
admiración en el mundo entero.
Lamentablemente, el 19 de octubre de 1983 Bishop fue asesinado por
una facción de su propio Partido. El Gobierno de los Estados Unidos,
encabezado entonces por el rapaz presidente Ronald Reagan, aprove-
chó los tristes sucesos y echó mano a pretextos espurios para lanzar
sobre el territorio granadino una invasión que contó con el respaldo
de otros países caribeños.
La escritora Dionne Brand, nacida en Trinidad y Tobago, y residente
en Canadá cuando Bishop asumió como primer ministro, decidió irse a
vivir a Granada para colaborar con las transformaciones impulsadas
por el Gobierno revolucionario. Allí le tocó ser testigo de los trágicos
sucesos de octubre de 1983, sobre los que escribió el capítulo que aquí
reproducimos (titulado en la versión original, simplemente, Octubre)
y que forma parte de su libro A Map to the Door of No Return (2001).
Lo ofrecemos como avance de la edición en español que –con el título
de Mapa a la puerta de no retorno– será publicado por la editorial
chilena Banda Propia. Agradecemos a dicha editorial y a la traductora
Lucía Stecher habernos cedido los derechos para que este fragmento
llegara a nuestros lectores.

Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 109-110 109


Hemos querido completar el recuerdo de este que pronunció. Una amplia selección de ellos fue
aniversario con una selección de poemas de recogida tres años más tarde, en dos volúmenes
Nancy Morejón que forman parte de su Cua- (uno en español y otro en inglés), por la editorial
derno de Granada. Remitimos a nuestros lecto- de la Casa de las Américas.
res, asimismo, al discurso que Maurice Bishop Refiriéndose a otro lugar y circunstancias,
pronunció al inaugurar la Conferencia Caribeña Antonio Machado escribió el poema «El cri-
de Trabajadores Intelectuales en noviembre de men fue en Granada». Pese a las distancias,
1982, que Casa de las Américas reprodujo en su la barbarie que acabó con la vida de Federico
número 137, de marzo-abril de 1983, cuando el García Lorca en su Granada natal, no es muy
líder granadino aún estaba al frente del proyecto diferente de la que provocó el atropello sufrido
político y social que se desarrollaba en su país. por la pequeña isla caribeña, que recordamos
Ese discurso fue uno de los muchos y brillantes en las páginas que siguen. c

Sérvulo Esmeraldo: S/t, s/f. Serigrafía/cartulina, 500 x 705 mm, ed. 48/50

110
DIONNE BRAND

Octubre en Granada

M
arlene y yo estamos sentadas en un café en Danforth.
Ha estado enferma en el último tiempo. No la veía
desde hacía mucho. Temí que no se recuperara de su
enfermedad, no soporto la idea de perderla. Por eso no la he
visto. Sé que es una forma extraña de amar. Es la forma en la
que amo a mi familia. Si no los veo, si no conozco los detalles
particulares de sus vidas, no los extrañaré cuando se vayan,
postergaré su partida, no podrán irse sin que yo lo sepa. Si no
sé algo entonces no ha ocurrido.
El verano pasado decidí que tenía que verla, porque junto
con ese tipo de razonamientos me vienen repentinos ataques de
pánico respecto de su lógica, dudas repentinas por los posibles
errores de cálculo, las pérdidas pequeñas, progresivas, los minu-
tos en que todavía puedo verla con mis ojos, las conversaciones
que estoy evitando. Estoy temerosa últimamente, lo que en rea-
lidad no significa nada. He vivido en Burnt River con mi perra
los últimos tres años. Una fácilmente puede volverse paranoica
en la nieve silenciosa y la oscuridad sin luz, las grandes noches
y los cortos días grises. Parece como si aquí siempre fuera in-
vierno. Extraño los veranos, cuando el sol me persigue por el
porche y busco a los blue jays y los zorros y trato de clasificar

Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 111-118 111


las aparentemente infinitas variantes de pino. hacerle una pregunta. Por fin he podido pensar
Sé que el alerce crece cerca del agua y que los esta pregunta y ya no me da vergüenza formular-
osos nos visitarán si hay sequía. En el verano la. Hace mucho que no la veo. Está enferma, su
presto mucha atención a la carretera, al pozo, hombro izquierdo está ligeramente paralizado.
al movimiento del río, a los autos que parecen Estamos tomando capuchinos y le pregunto:
bajar la velocidad frente a mi puerta. Pero Burnt «Marlene, tú, nosotras, ¿nos volvimos locas
River, en el pasado o en el presente, no basta después? ¿Te costó seguir viviendo?».
para explicar mi miedo actual. Mi miedo tiene
un origen específico.
2
Empezó en otra casa en un acantilado que
daba a la carretera. Marlene vivía en esa casa. Es el 19 de octubre de 1999 y esto es lo que re-
En la parte de atrás había una oficina en la que cuerdo. Yo estaba en Granada, hubo un golpe el
trabajábamos ella y yo. Desde la parte de atrás se 19 de octubre. Estado de emergencia. Cuatro días
podía ver el Carenage, el puerto de St. George, después los americanos invadieron la isla. El día
y el mar Caribe. En esa casa, un martes en la del golpe estuve durmiendo hasta tarde. Había
mañana, Marlene, yo y tres personas más es- estado enferma. Normalmente llegaba al trabajo
cuchamos bombarderos en el cielo. Eran como a las nueve de la mañana. Caminaba por Harris
las cinco de la mañana. Nos despertó el ruido. Street hasta la oficina. Harris Street estaba tres
Prendimos la radio y escuchamos que los ameri- o cuatro niveles encima de la colina que rodea-
canos habían invadido la isla, Granada. La radio ba el puerto. En el camino veía a los escolares.
pasaba canciones patrióticas que llamaban a la Lucían peinados y resplandecientes. Caminaban
gente a reportarse en varios lugares, San Patrick, lentamente hacia el colegio. Veía mujeres de clase
Sauteers… Luego abruptamente se perdió la se- media cortando flores y podando cercas de bugan-
ñal. Me bañe rápido, de algún modo pensaba que vilia. Notaba también a las personas que iban al
si me bañaba y me ponía mis jeans y zapatillas trabajo. A veces me resbalaba por el camino de
podría estar lista para la invasión. Las demás grava y veía las casas de St. George que formaban
personas de la casa se despertaron e hicieron lo hileras empinadas en torno al puerto.
mismo. Al amanecer, desde el balcón, vimos bar- El 19 de octubre de ese año dormí hasta tarde.
cos de guerra en el océano. Estuvimos atrapados Vivía en una casa que tenía un árbol del pan en
en esa casa durante varios días. Pensé que íbamos el patio delantero. La casa era azul. Estaba sobre
a morir. Caminábamos, tomábamos ron, hablába- una de las colinas típicas. Las colinas eran inevi-
mos de la caída de la revolución, temblábamos y tables en St. George. Toda la ciudad se inclina
nos agachábamos en un pasillo cuando caían las desde el puerto. En todas partes las pendientes
bombas, esperábamos escuchando el estallido de son empinadas y asesinas. En época de lluvias,
los bombardeos. Sentía cómo iba adelgazando de se formaban aluviones de tierra marrón que se
puro nerviosismo. desplazaban desde la parte delantera de la casa
Marlene y yo estamos sentadas ahora en un café hasta la trasera. Los frutos del árbol del pan caían,
en Danforth. Han pasado quince años. Tengo que golpeando las gradas de hormigón. Una vez vi

112
una mangosta en el patio trasero. Mi casa estaba Y hasta ahora los relatos terminan así en los libros
hecha de concreto pintado de azul. Al lado, en de historia. Sin embargo, sean cuales fueran los
una casa de madera endeble, vivía una mujer análisis de los libros de texto, o las representa-
joven con un bebé y un niño pequeño. La parte ciones negativas del extranjero, o los análisis de
de abajo de la puerta principal estaba podrida. La los expertos que a posteriori dijeron que sabían
ventana que daba a mi casa tenía cortinas blancas lo que se avecinaba, esa mañana todo eso era
deshilachadas que se movían desordenadamente irrelevante. Esa mañana se sintió cercana como
con el viento. Ese día no escuché llorar al bebé. una familia, divina como un origen.
Normalmente oía llorar al bebé en la mañana. Creo que era viernes. Como dije, desperté
Pero estaba con la cabeza afiebrada y adolorida enferma. Me cegaba un dolor de cabeza como
así que no lo escuché llorar. En vez de eso, me cuando el sol atraviesa los ojos. Y el sonido de
desperté por el ruido de una multitud. Esa misma una gran multitud en la mañana. El bebé no. La
cabeza ardiente me había llevado hasta esa isla. madre del bebé ya lo había llevado a unirse a la
Había llegado buscando una idea, cómo ser hu- muchedumbre, que estaba más arriba, en otra
mana, cómo vivir sin el dolor de la historia. Me colina. Alguien corrió hasta mi puerta y dijo:
parecía que una revolución lo haría posible. Pero «¡Liberaron a Maurice!». Era una amiga. Dijo
esa mañana no desperté por el ruido habitual del que se estaba yendo, que volvería al campo por-
bebé sino porque escuché a la multitud. que en la ciudad habría problemas. Se despidió
Tres días antes habían dejado en arresto domi- como si nunca más me fuera a ver. Se fue. Nunca
ciliario al primer ministro, porque supuestamente más nos volvimos a ver. Me vestí ansiosamente.
había violado el centralismo democrático. En Sentía la fiebre en mi cabeza como si hubiera
un momento de ingenuidad, de fascinación de inhalado agua. Rápida, junté algunas cosas para
manual, yo había apoyado esa decisión. Sin duda dejar la casa. Ahora había una calma extraña, más
quienes lo encarcelaron tuvieron el mismo mo- extraña que la habitual calma de media mañana.
mento de ingenuidad, pero felizmente yo no estaba Esta calma era vacía, como si solo yo quedara en la
a cargo de todo un país, pero eran personas como calle. Corrí por Harris Street tratando de encontrar
yo, que nunca habían tenido poder, que solo habían alguien con quien hablar. Algunas personas seguían
tenido sueños, y que al verse frente a un poder real en casa, pero se dieron vuelta a mi paso. No querían
no lo pudieron sostener, gente que, aunque habla- hablar con nadie, menos con alguien que llevaba
ba del poder imperialista de Estados Unidos, de pocos meses viviendo con ellos. El mar a mi iz-
algún modo no creía en ese poder. O quizás eran quierda tenía su mismo color azul, el suave viento
personas tan consumidas por la naturaleza íntima que subía del océano se movía como siempre, el
de sus desacuerdos que no podían imaginar que sol vivo y punzante, sentía la cabeza como si
a nadie más le importaran sus problemas, ni que me ahogara en aire. No había nadie en la oficina
hubiera fuerzas externas a punto de acabar con su cuando llegué. Esperé hasta que llegaron Alice y
proyecto. Esa parte del relato es historia. Ocurrió la nueva empleada que habíamos contratado, una
el golpe, la invasión americana. Ese fue el fin de la mujer joven de Cariacou. Alice entró rápidamente
vía socialista en Granada y en el Caribe anglófono. diciendo que venía en taxi y que volvería a su

113
casa porque iba a haber problemas. Parecía saber que debían matar a los que lo arrestaron. Estaba
que todo se estaba desmoronando. Me entregó desnudo y ronco de tanto gritar. Por un instante
una nota para Marlene, algo sobre su cheque y a nuestros ojos se encontraron. Lo reconocí, era
dónde debía enviarlo. Limpió su escritorio, guardó uno de los cuadros del Partido. Pensé que se
sus cosas en una cartera grande. Le pregunté si veía nervioso. Por mi mente pasó la idea de que
no iría a la ciudad a ver qué estaba pasando. Me era un provocador extranjero, que no estaba de
dijo: «No querida, me voy a casa». La mujer de ninguno de los lados de acá, quizás era un agente
Caricou parecía querer salir corriendo. Recién americano. Me uní a la muchedumbre y me dirigí
había empezado a trabajar ese mes. Alice le dijo al fuerte con la mujer de Cariacou. Sentí cómo la
que se fuera a casa. Las cosas se reflejaban por su ronca voz del hombre se apagaba. La atmósfera
cara. Acababa de encontrar un buen trabajo, ¿con estaba llena de posibilidades.
esto se terminaba? En Cariacou no pasaban cosas No puedo decir cómo me sentí ese día, solo
así, debía correr, regresar a casa. Tenía que ir a que todo, cada minuto, era una sorpresa. No
la ciudad a tomar el transporte hacia donde vivía estaba segura de nada, aunque todo el tiempo
ahora en Goauve. Le dije que iría con ella, que iría me sentí esperanzada. Del mismo modo en que
a la ciudad a ver qué ocurría. Cerramos con llave los niños que no saben nada tienen esperanza,
y Alice se fue, alejándose de donde habría proble- sin poder anticipar lo que traerá el instante si-
mas. La mujer de Cariacou y yo bajamos por la guiente. Y le entregué todos mis pensamientos,
pendiente del puerto hacia la plaza del mercado. todos mis movimientos, a esa esperanza. Así que
Marlene no estaba en la oficina, tampoco en subí caminando al fuerte. Estaba dentro y fuera
su casa al otro lado del edificio. Pensé que iba a de lo que pasaba y así observaba al provocador
estar en la ciudad y que la podía encontrar ahí. en el balcón al mismo tiempo que iba con mis
La mujer de Cariacou y yo fuimos a la plaza del esperanzas hacia el fuerte, como los demás. No
mercado. Su plan era ir al puesto de taxis del cen- me movía con determinación, o con un propó-
tro de la plaza para llegar a Gouave pero parecía sito o capacidad de anticipación. Tenía menos
imposible. Las calles que desembocaban ahí y la determinación que la muchedumbre.
plaza misma estaban atestadas de gente. Habían El terreno de la colina del fuerte era más pe-
liberado a Maurice del arresto domiciliario y queño que media cancha de fútbol. Había, por
lo habían llevado a la plaza y luego al fuerte. lo que recuerdo, dos o tres edificios, un cuartel
Todavía me dolía la cabeza, pero el sol parecía del ejército, un edificio principal y alguna otra
haber exprimido la fiebre o quizás había subido construcción. No puedo decirlo con seguridad.
tanto que ya no podía captar que estaba enferma. Esa mañana estaba aturdida con la fiebre y las
Estaba asombrada, todo estaba fuera de control, masas de gente y tanto miedo y expectativas en
había miles y miles de personas dando vueltas, el aire. Los edificios se veían borrosos. Pero vi a
la muchedumbre se dirigía al fuerte por la cuesta todas las personas que iban a morir más tarde ese
empinada. Vi a un hombre en el balcón de una día. Los recuerdo. Jackie estaba de amarillo, tenía
tienda que movía una bandera y gritaba al borde un cigarrillo en la mano, estaba exaltada, movía el
del agotamiento que habían liberado a Maurice y cigarrillo por todos lados y hablaba firmemente;

114
Vincent estaba cerca de ella, creo que su chaleco Dos autos subieron la colina, pararon y algunos
era azul, golpeaba el aire con las manos mientras hombres se bajaron. Abrieron la maleta y sacaron
hablaba, Maurice estaba dentro de la puerta os- cuatro o cinco AK-47s. Mi amiga, la mujer de
cura. Cuando llegamos a la cima de la colina del Cariacou, me tiró del brazo y dijo: «Vámonos».
fuerte, la mujer de Cariacou y yo encontramos un Tenía la cara descolocada. Yo seguía riendo. Para
puesto junto al acantilado. El acantilado caía con calmarla le dije: «No, no, no te preocupes, ya pasó,
rocas puntiagudas hacia una carretera. Estábamos no va a pasar nada, solo son armas». Ella volvió
ahí esperando que Maurice hablara. La multitud a tirarme del brazo, insistiendo: «No, ¡vámonos
celebraba. Recuerdo haber sonreído, haberme ahora!». No sé qué me hizo escucharla. No la
reído con la mujer de Cariacou. conocía hacía tanto tiempo. Solo quería hacerla
Es posible reír en momentos que terminan feliz, acompañarla. Finalmente le dije, está bien,
siendo terroríficos y trágicos. No sabes que va todavía riendo como si le estuviera dando gusto
a ser así, vives el presente, cada segundo, por a una niña. Atravesamos la multitud, yo de mala
eso había risas en la multitud. Algo bueno había gana, ella empujando rápidamente. Volví a tratar
pasado: habían liberado a Maurice y la tensión de de apaciguarla, diciéndole que estaba todo bien,
los últimos tres días había terminado en celebra- que nada más iba a pasar. «¿Por qué tendría que
ción. Bromeábamos y reíamos, pensábamos que pasar algo?», le pregunté. Ella dijo, «no lo sabes».
todo se había arreglado y que pronto podríamos No sabía, pero pensaba que sí. Yo creía que sabía
bajar la colina, tomar un ron con coca cola y más que ella. La verdad es que ese día yo no tenía
volver a dormir. No sabes que alguien vestida idea de nada. Mi cabeza estaba afiebrada, aunque
de amarillo y con un cigarrillo, y alguien quizás en ese momento ya había olvidado la fiebre, pero
vestido de azul que es bueno para reír, y alguien incluso sin fiebre no sabía lo mismo que ella, lo
más que está parado en una puerta a menos de que estaba tratando de decirme. Ella podía leer
dos metros de ti, van a ser asesinados en menos las señales de sus compatriotas mejor que yo.
de una hora. Las tres personas a las que estás Ella sabía dónde vivía. Yo vivía como lo hacen
mirando están a tres zancadas de ti, puedes lla- los poetas, en un sueño, en un sueño maravilloso
marlas. Van a ser asesinadas en una hora más, que está siempre despertando a las cosas duras
sus cuerpos serán arrastrados detrás del fuerte y de la vida y que luego vuelve a sumergirse para
desaparecerán. Quizás serán lanzados al océano salvarse. Y para colmo, ese día tenía fiebre. Pero
o enterrados en un cuartel, la camisa amarilla como poeta me fui con ella, para consolarla. Ba-
y la camisa azul quedarán bañadas en sangre. jamos la colina y volví a decirle: «No puede pasar
La sombra de Maurice en la puerta llamará a nada más. Sería suicida que pase algo. No, no, ya
Jackie que está en amarillo para que vaya con pasó». Ella dijo: «Espera y verás». La plaza del
él mientras es arrastrado. Un soldado la llamará mercado seguía llena pero cada vez más gente iba
puta, otro pondrá la culata de su fusil en la cara hacia el fuerte. Ella seguía sin encontrar transporte
de Maurice. No puedes saber nada de esto parada a Gouave. Decidió ir donde un amigo. Nos sepa-
en el terreno de grava de la colina, mientras miras ramos cerca de la estación de bomberos. Le dije
al edificio donde todavía están vivos. que nos veríamos en el trabajo al día siguiente si

115
las cosas se calmaban. Fue la última vez que la vi. Nos quedamos paradas en el balcón, mirando
Nunca le agradecí por haberme salvado la vida. hacia el fuerte y los cuerpos desplomados en el
Pensé regresar al fuerte cuando dejé a la mujer acantilado. Creo que le pedí disculpas por el vaso
de Cariacou. Como si hubiera debido volver ahora roto a nuestros pies. Más disparos y luego un res-
que la había visto irse, pero entonces pensé que plandor se elevó en el cielo. Una luz blanca casi
debía ir al trabajo a buscar a Marlene y contarle imperceptible si no fuera por el humo que vino
lo que había visto, así que partí para allá. Tenía después y el fuerte sonido, voop, que hizo. Era la
llaves de la oficina y de la casa de Marlene. Subí la señal de que alguien estaba arrastrando a Mauri-
empinada colina desde la estación de bomberos y ce, Jackie y Vincent a la muerte en ese momento.
seguí por el camino hasta la casa. Fui a la cocina, ¿Qué pasa si estás presente en un momento así?
me serví un vaso de agua fría del refrigerador y Tu cuerpo también debe morir, supongo. Incluso
caminé hacia el balcón que tenía vista al fuerte. Vi si no lo sabes. ¿No estamos todos implicados
la multitud en el lugar en el que había estado para- unos con otros? Yo era ese cuerpo tirado en el
da cinco minutos antes. Me llevé el vaso de agua a acantilado. Me dejé a mí misma en el acantilado
los labios. Vi tres vehículos blindados acelerando y me quedé para siempre derramando un vaso
hacia el fuerte. Eran pesados, veloces y decididos. de agua en el balcón con Marlene.
Tenían motores ruidosos. Vi como desaparecían El toque de queda empezó. Podíamos salir a
de la vista por un momento frente al camino del buscar comida hasta las seis de la tarde. Luego
fuerte y luego reaparecer en la colina. Escuché el teníamos que quedarnos adentro. Las calles
ruido de disparos, staccato pero gutural. En el lu- estaban tranquilas. Ni siquiera pasaban los pe-
gar donde yo había estado parada la gente empezó rros. La radio nos advertía que no violáramos
a correr en todas las direcciones. Vi gente saltar el toque de queda. Cuando salíamos había filas
por el acantilado y rodar por su ladera. No había en el supermercado y más silencio. Parecía
a dónde correr. La gente tiraba sus cuerpos por el como si todo el mundo estuviera solo, como si
acantilado tratando de escapar. No pude sostener nadie conociera a la persona con la que vivía o
el vaso, el agua se derramó como piedras pesadas. a sus vecinos. Compramos ron y azúcar y arroz
Sentía como si no estuviera en mi cuerpo. Veía a y leche y arvejas partidas. Hacíamos todo con
la gente como bultos de ropa derramándose sobre mucha prisa, como si el día amenazara con pa-
el acantilado, tropezando. Parecía que algunos sar más rápido de lo habitual. Como si la noche
trataban de caminar en el aire. El aire salió de mi nos cayera encima. Y en la noche, esperar que
cuerpo, mil puñaladas brillantes atravesaban mi llegara el día resultaba interminable. El bebé de
piel. Justo entonces entró Marlene, sin aire. Había al lado estaba tranquilo, como si supiera que era
estado en la plaza del mercado. Los autos blinda- importante quedarse quieto.
dos habían pasado por su lado en la carretera. Traté La idea de que yo debía haber muerto en el
de hablarle del acantilado, de la gente tirándose, de acantilado me cubría como un manto. En mis
que yo había estado ahí, pero solo recuerdo haber sueños estoy tirada en el acantilado, cortada,
señalado con el dedo y la sensación de algo que miembros desordenados, rocas atravesadas, pie-
pasaba zumbando suavemente cerca de mi oreja. dras en mi boca. En mis sueños me he quedado

116
cinco minutos más en el fuerte. He convencido Eso es todo. Pero no, me había golpeado en el
a la mujer de Cariacou de que espere conmigo. pecho y se me había salido todo el aire. Todo lo
Nos han asesinado. Cuando despertaba de esos que podía hacer para aferrarme a mi mente era
sueños no estaba segura de cuál era el sueño y seguir el paso ordenado de los minutos y la idea
cuál el día real. de que el sol sale y es de día, se esconde y viene
Era un lugar pequeño. Todo el mundo se cono- la noche. Pero por supuesto nada es lo mismo.
cía. Así que todos conocían a alguien que había Subes a un auto que te lleva a una base estadou-
sido asesinado. La gente escuchaba la radio con nidense en la isla. Te miras las manos y los pies
un dolor personal, pensando en vengarse, con y no los reconoces y esperas a ver qué más te
una piedra o una herida en el corazón. Los inten- van a hacer. Te ves a ti misma en otra base con
tos de la radio por sonar distante y con autoridad otra noche que se aproxima, a la espera de que
solo lograban irritar. Los mismos anuncios se te lleve un avión. Pero tú no estás.
convertían en lloriqueos infantiles para justificar La fiebre que tuve la primera mañana de la
los asesinatos. Una vez vi una pelea entre dos crisis pareció durar por años. Como cuando
hermanos, hombres adultos capaces de matarse tienes fiebre, no siempre sabes dónde estás. Y
entre sí. La pelea era tan física, tan carnal, tan luego nuevamente, sabes precisa y terriblemen-
reductiva, como si hubieran renunciado a pen- te dónde estás. La fiebre te vuelve agudamente
sar, arrancándose las pieles. Aquellos días me sensible, a la luz, la sombra, lo insustancial, la
recordaron eso. Finalmente era algo personal. quimera. Sientes todo. Cosas que pasan a miles
El toque de queda duró tres días y después de kilómetros, cosas que aún van a suceder en
hubo barcos de guerra en el mar. Nadie de afuera la distancia. Los ruidos te hacen doler los oídos.
puede decirte cuán estúpida es la guerra, cuán Marlene y yo estamos sentadas en un café en
insensible o cruel. Siempre lo es mucho más Danforth. Han pasado quince años. Regresó y
para ti. Lo sabes muy bien porque no tienes es- fue arrestada por los americanos. Luego ha ido
peranzas. Tu cuerpo se rompe con cada sonido a África a trabajar. Todo lo que sé lo aprendí
de disparos. Te arrodillas ante cada bombardeo de esta mujer. Necesito hacerle una pregunta.
de los F-15. Cuando termina estás quebrada, Es difícil preguntarle. Quizás la decepcione mi
sientes los dientes como piedras molidas, eres falta de fe. Pero finalmente se me ha ocurrido la
un esqueleto, un cable eléctrico atraviesa tu pregunta y ya no tengo vergüenza de plantearla.
espalda y no lo puedes controlar. Eso es solo No la he visto en mucho tiempo. Está enferma, su
lo corporal. Has venido aquí con un propósito. hombro izquierdo está ligeramente inmovilizado.
Pequeño, por cierto; ingenuo, por cierto. Sigue Estamos tomando capuchinos y le pregunto:
siendo difícil hablar de este proyecto sin que lo «Marlene, tú, nosotras, ¿nos volvimos locas
miren con desdén, como algo imposible e in- después? ¿Te costó seguir viviendo?».
fantil. Quería ser libre. Quería sentir como si la «Sí», me dice.
historia no fuera un destino. Quería un poco de
alivio del encierro de la Puerta de no Retorno. Traducción del inglés de Lucía Stecher. c

117
NANCY MOREJÓN

El ruiseñor y la muerte

S i voy a morir peleando


esa muerte no me apena,
no me apena morir dando
sangre que vive en mis venas.

Granada, cómo te hieren


los marines que te arrancan
la lengua y la cabellera
para devorar tu alma.

Granada, tu fosa es mía


como es mía la sementera
sobre el arrecife pardo
donde anidaron las hienas.

Quiero morir frente al mar,


con mi fusil encarnado
y un ruiseñor instalando
su canto nunca acabado.

118 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 119-123


Granadina

S oy granadina.
Sembré nueces moscadas
bajo el amparo fijo
del flamboyán silvestre
y volví a echar las redes
en el azul de los veranos.
Hierbas, rocas y conchas
acunaron el corazón de mis aldeas
y el cielo fue testigo
de cómo hambreaban por el puerto
todos mis hijos.

Soy granadina.
Vi los humos, de pronto,
vivos ahora entre los muertos,
entre la furia y el relámpago.
He descubierto el esencial mañana
mientras cavo la tumba de un marine
que osó cavar la mía tras el acecho impune
a una muchacha de Saint-George.
Soy granadina
Y aquí yaces, tenido,
Esperando el responso de las serpientes.

119
Elegía a Maurice Bishop
«Nadie la podrá matar»
Nicolás Guillén

E l cuervo grazna
enloquecido
revoloteando
allá en lo alto.
Dos torvos nubarrones
van descendiendo
hasta la roca fría.
Silban el viento y la lechuza
sobre una isla.
Hay una voz de muerte
renacida. Y el mar,
el mar antiguo de las sales,
del arpón y las ninfas,
bate sus olas seculares
y se deshace en las palmeras.
Hay una voz de muerte impía.

Toco la frente de este muerto


y nadie me responde.
¿En qué ola se ha disuelto su sangre?
¿En qué galeón hundido,
en cuál golpe del viento?
Toco a todas las puertas de Saint-George
y nadie sabe responderme.
¿En qué nube del trópico
late el recuerdo de este hombre?

Saint-George flota en silencio


como si conociera el crimen de antemano.

120
Toqué los ojos de los pescadores.
Nadie supo decirme.
Toqué a la puerta de una iglesia
Acribillada y vacía.
Toqué los labios de una siempreviva
y adiviné el misterio.
El muerto no está muerto.
El muerto ruge en la sabana.
El muerto alienta en las salinas,
va en andas entre el pueblo
que lo planta sobre el arca de las colinas
y lo arma de un lenguaje afiebrado.
Saint-George gime en silencio
como un niño.

Toqué la punta de las bayonetas


y nadie sospechaba.
Toqué la sangre fúlgida de los caídos
Cuando nadie me viera.
Con mi pequeña daga,
abrí el lomo de los anfibios verdes
y la traición reinaba.
Toqué el rostro siniestro de los guardias
y ninguno veía.
Toqué el corazón del muerto
dormido entre las hierbas
como un baobab recién talado.
Su boca indicaba el camino
hacia la manigua inmensa
donde el pasado jamás fue libre o bueno
o verdaderamente pasado.

Ocho cabezas furtivas,


ocho cabezas de amianto,
van escoltando su marcha entre las ramas.
Ocho pechos de viejos cimarrones en una larga travesía.
El Olonés bogando y blasfemando entre la niebla
y el espectro de Dessalines aullando:

121
–¡Maurice! ¡Maurice!
El hacha del verdugo brilla en tus ojos como nunca.

Ni los marines, ni el Pentágono,


ni los banqueros de Manhattan,
ni los despachos de la prensa,
ni los rockets del dólar,
ni los gobernadores de palo,
ni los mensajes diplomáticos,
ni las argucias de la cia
impiden que este muerto
acuda con afán a sus deberes y a su cita.
Los constructores lo acompañan.

El muerto no está muerto


sino que habla junto al limo y junto al arrecife
a las islas del Sur.
Ay, Mar Caribe, he visto
sangre de negro bullendo en las calderas,
sangre emanando de sus pulmones negros
y las prisiones abarrotándose de lágrimas
y los cerros en pie sus puños levantando.
Otra vez sangre y sangre derramada.
Un alcatraz pasa volando.
¡Qué llanto y qué soledad,
qué soledad y qué llanto! c

122
Leonardo Carvalho: S/t, 1990. Litografía/cartulina, 503 x 320 mm, ed. 3/10
MEDIO SIGLO SIN (CON) CAMILA

M
edio siglo ha transcurrido desde la desaparición
física de Camila Henríquez Ureña, motivo que ha
dado lugar a varios homenajes en su natal República
Dominicana, en Cuba y en otros países de la América Latina.
Casa de las Américas quiere volver sobre el pensamiento y la
labor de esta gran intelectual, y sus relaciones con Cuba y con
la propia Casa, de la cual es un magnífico ejemplo el último
texto de este conjunto, dedicado a una colección que cumple,
precisamente, sesenta años.

ZAIDA CAPOTE CRUZ

Camila Henríquez Ureña:


la dominicana más cubana*
I

D
icen que caminaba despaciosa y elegantemente; tanto, que
a sus alumnos de la Escuela de Letras de la Universidad de
La Habana les parecía una estatua en movimiento. «Serena
y regia» la evoca Mirta Yáñez; con «un aire inconfundible de
majestad» la recuerda Ricardo Repilado.
Dicen que era amable, exigente, disciplinada, firme y solida-
ria. Que sabía varios idiomas –inglés, francés, italiano, noruego,
* Intervención en el Seminario de Her-
alemán y ruso–; que había estudiado canto y que llegó incluso
menéutica «La horizontalidad del
sentido», Santo Domingo, Instituto a cantar en un par de conciertos en La Habana.
Bonó, 5 de septiembre de 2023. Agra- Y dicen que fue muy buena bailadora también, una afición que
dezco el título a Pablo Mella. ya su madre, Salomé Ureña, advertía en 1896, cuando la niña

124 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 125-138


asistió a su primer baile,1 y que luego cultivaría Atractiva, desde luego, porque Camila
aprendiendo bailes de salón y enseñando a sus Henríquez Ureña hace de su presencia un
estudiantes del curso de verano en la Escuela regalo. Es alta, erguida, viste impecable-
Hispana del Middlebury College, en Vermont. mente y armoniosamente. No desentona
Contaba Rosario Novoa: «¿Puedes creer que Ca- en la asamblea ni en el frívolo salón. Sus
mila bailaba requetebién? Me llamó la atención modales acompasados proyectan un clima
que con aquella estampa, sin perder nada de su grato que desearíamos frecuentar. No obs-
elegancia ni de su empaque, tan señorial, se movía tante, emana un aura hermética –¿reserva
en el baile como una auténtica caribeña, disfrutaba o timidez?– que dificulta su acceso. Camila
la música y era una bailadora excelente».2 Ejem- Henríquez Ureña es una persona «que no se
plo para su propio modo de enfrentar la vida fue da» al primer cambio de frases que sigue a la
para ella el desempeño vital de su madre: «En presentación. [...] Tiene vibración, inquietud,
cuanto dijo o hizo», declaró Camila, «no hubo deseo de desbrozar senderos ignotos. Segura
jamás señal de violencia o discordancia. No de sí, vence la reserva cuando se yergue en
resonó jamás una nota estridente, no hubo mez- el sitial de pedagoga o de conferencista.
quindades» (Obras y apuntes IV: Diarios y temas Entonces «se da» a la primera presentación.
diversos, 180).3 A su inspiración se debe quizás [...] una voluntad que no se abate, ni decae,
ese carácter suyo, amable y firme a un tiempo: ante las asechanzas del exterior. ¿Cuándo le
su madre (o el recuerdo de su madre) fue para oí decir: «a mí nunca me vencerá la vida, solo
ella «medio vital», «un ambiente» de formación, me abatirá la muerte», mientras sus modales
una «atmósfera vivificadora». Camila tuvo a su acompasados le suavizaban el reto audaz? No
vez «un carácter perfecto, sin debilidad; pero sé. Pero eso me dio su medida.4
sin violencias», que enorgullecía a su hermano
Pedro; aunque su «mucha seguridad de carácter» A quienes llegamos después solo nos queda
le hiciera alguna vez temer la irrevocabilidad de leerla e imaginarla a partir de recuerdos ajenos
las decisiones de su hermana menor. más o menos desperdigados. Quedan, apresados
Esa calidad suya, casi altiva, también fue en libros, archivos y revistas, testimonios de la
registrada por Berta Arocena, quien la describía admiración que despertó: los de Vicentina Antuña,
así en 1939: Mirta Aguirre, Rosario Novoa, sus compañeras
de lucha y cátedra; los de sus estudiantes: Mirta
Yáñez, Nuria Nuiry, Diony Durán, Luisa Campu-
1 Familia Henríquez Ureña: Epistolario, Secretaría de
Estado de Educación, Bellas Artes y Cultos, Santo zano, Nancy Morejón, Teté Blanco, Luis Rogelio
Domingo, 1994, p. 264. Nogueras, Mercedes Santos Moray; el trabajo
2 Mirta Yáñez: Camila y Camila, La Habana, Ediciones dedicado de clasificación y ordenamiento que
La Memoria, 2003, p. 100.
3 Salvo indicación en contrario, las citas provienen de
Camila Henríquez Ureña: Obras y apuntes, Santo Do- 4 Berta Arocena: «Camila Henríquez Ureña», El Mundo,
mingo, BanReservas, 2004. Se indican entre paréntesis La Habana, 5 de julio de 1939 (recorte conservado en
el tomo y la página. el Fondo Familia Henríquez Ureña).

125
realizó otra alumna suya, Marcia Castillo Vega, en cuya concepción tuvo un papel protagónico,
cuando, tras la muerte de Camila, llegaron al Ins- Camila le aclara a Daniel Cossío Villegas: «Mi
tituto de Literatura y Lingüística sus documentos nacionalidad es cubana».5
y los de su familia por gestión de Mirta Aguirre, A nosotros, en Cuba, nos toca agradecer que,
quien por entonces dirigía esta institución, cuyo como consecuencia de los avatares de la historia
director fundador, José Antonio Portuondo, tam- política dominicana, la decisión del padre, Fran-
bién evocó a Camila durante las celebraciones cisco Henríquez y Carvajal, haya sido mudarse
por el centenario de su nacimiento, en la Feria a Santiago de Cuba cuando Camila era apenas
del Libro de Santo Domingo, en 1994. La ilustre una niña. Y a ella, la decisión de mantener su
familia dominicana nos legó un amplio acervo vínculo profundo con Cuba hasta el día de su
documental, y a partir de él podemos entender muerte, efeméride luctuosa cuyo cincuentenario
mejor la naturaleza de sus relaciones familiares, conmemoramos este 12 de septiembre.
en lo íntimo, y también con el ámbito político e
intelectual de Nuestra América.
II
Camila había nacido en Santo Domingo
en 1894 y cuando tempranamente se fue con Siempre me conmueve esa vocación cubana
su familia a vivir a Cuba, estaba sellando un –llamémosle así– de Camila, aunque nunca haya
destino. Cuba sería mucho más que su patria dejado de ser dominicana. Añado algunos gestos
adoptiva. En Cuba se graduó de magisterio; fue más para honrarla en esta intervención. En su
participante activa y propagandista de la lucha viaje a América del Sur, en 1941, comenta: «Me
por los derechos de las mujeres y por una socie- siento atada a un hilo de Ariadna interminable.
dad mejor; fundó revistas, instituciones, publicó Se irá desenvolviendo hasta Buenos Aires y se
libros, sufrió cárcel; a Cuba volvió tras el triunfo volverá a enrollar hasta La Habana. No puedo
de la Revolución de 1959, para enseñar en la Uni- sentirme desatada» (IV: Diarios y temas diver-
versidad de La Habana, su universidad, hasta el sos, 29). Luego concluirá la narración del periplo
final de su vida, que ocurrió, como todos sabemos, suramericano con un guiño circular: «Vamos
inesperadamente, en Santo Domingo en 1973. entrando en La Habana. [...] El hilo de Ariadna
En 1929 Camila se hizo legalmente ciuda- ha vuelto a enrollarse; pero no del todo: un cabo
dana cubana: luego refrendaría esa condición se ha quedado prendido allá en el Sur lejano y ha
más allá del árido ámbito legal. Muchos años de mantener así suspensa mi alma, con lazo leve,
después, cuando debe llenar un cuestionario impalpable e indestructible, nunca más» (IV: 42).
sobre sí misma, de esos que en Cuba llamamos
cuéntametuvida, responde sin sobresaltos a las 5 Agradezco esta referencia a Lucía Stecher y María Yaksic,
preguntas sobre su ciudadanía: «Cubana». A la autoras de «Camila Henríquez Ureña y la fundación de
siguiente pregunta, «¿Otra?»: «Sí», responde, la Biblioteca Americana del Fondo de Cultura Econó-
mica», expuesto en el congreso «Escrituras de mujeres:
«dominicana, por nacimiento». Y en una carta a
genealogías y archivos (1850-1950)», celebrado en la
propósito de la colección Biblioteca Americana, Pontificia Universidad Católica del Perú en noviembre
del Fondo de Cultura Económica de México, de 2023.

126
La vocación cubana marca su perfil de viajera amable, que ganaba enseguida el afecto de sus
con mucha más hondura de la que cualquiera po- compañeritas de juegos. Huérfana de madre y
dría suponer. Los datos biográficos, la movilidad lejos de su patria natal, Camila seguiría desarro-
vital de Camila, apuntan a un cosmopolitismo llando tales virtudes. Pronto empieza a despuntar
amplio, sin barreras. Ella, sin embargo, cada vez su deslumbrante inteligencia; y aparte de apren-
que puede, habla desde el lugar de cubanía que der idiomas y a bailar, lee mucho; y hasta adopta
ya había elegido. Así relata una de sus conversa- quién sabe cuáles hábitos cubanos, plebeyos,
ciones a bordo del barco durante su viaje al sur: cuya adquisición tanto y tan a menudo preocu-
paba a su hermano mayor. Pedro desconfía de la
El pasaje es numeroso. Mi compañera de soltura de la joven Camila, busca sorprenderla
camarote es una belga de Amberes, con un cuando dice que va a la Universidad, pero in-
colorido digno de Rubens y menos carnes. variablemente encuentra que es cierto, que la
Viene de Bolivia, viajando por Chile y Perú joven dedica casi todo su tiempo al aprendizaje.
y va a Colombia a casarse con un ingeniero A ella, en cambio, el desparpajo cubano parece
sueco. Me ha dado vértigo oírla. Estuve a gustarle, y a pesar de sus buenas maneras, bien
punto de decirle que pensaba ir a visitar el aprendidas, no lo rechaza. Muchos años más
Tíbet en el próximo viaje, para «epatarla» yo tarde, cuando sea una anciana venerable, será
también. Pero bastó que le dijera que era cu- de los pocos profesores de la Escuela de Letras
bana. Eso para ella era tan raro e interesante que se sume gustosamente a las carcajadas de
como el Tíbet [IV: 41-42]. sus estudiantes tras los vejámenes o en las largas
fiestas nocturnas, siempre con gozo juvenil.
Lo mismo ocurre cuando viaja a Canarias, más A propósito, cuenta Mirta Yáñez en su impres-
de una década después, en 1953. Comparando cindible Camila y Camila:
aquellas Islas con la que hacía mucho había
adoptado como propia, escribe: En la Escuela de Letras de entonces, los estu-
diantes habían pergeñado la tradición de los
Todo es diferente: hasta las matas de plátano, «vejámenes». Consistía en una celebración
de hojas duras, recias y oscuras, no se pare- jocosa paralela al homenaje que pudiera
cen a las nuestras. // Las mujeres sí se pa- recibir algún profesor. Mientras el tributo
recen a las cubanas, son hermosas, con ojos del homenaje era obligatoriamente formal
admirables bajo la sombra de sus mantillas, y solemne, el vejamen consistía en expo-
o el misterio de los mantos negros con que se ner fotos poco presentables del susodicho,
envuelven al estilo morisco. Tienen un cutis hacer una representación teatral alusiva a
envidiable, «rosado como un cielo» dice mi su persona, cantar y contar temas no muy
paradójico hermano Eduardo [IV: 44]. académicos, parodiar sus clases o relatar
anécdotas preferentemente burlescas, acom-
Ya su madre había advertido, y relatado al pañado todo de un refrigerio, naturalmente.
padre ausente, lo despierta que era la niña, y tan Recuerdo un vejamen muy sonado que se le

127
hizo de despedida al Dr. José Antonio Por- para saber más sobre quién fue Camila Henrí-
tuondo cuando se marchaba por un tiempo quez Ureña, contamos con los diarios en cuyas
como Embajador en la Santa Sede: algunos páginas plasmó sus impresiones (o evitó hacerlo,
profesores se disfrazaron de obispos y algu- lo cual también es un dato).
nas jóvenes profesoras de monjitas, aunque Recuerdo la primera vez que leí sus diarios
de aspecto no muy ortodoxo. En aquellos de viaje, que brevemente prologué para una edi-
vejámenes, las dispares Camila y Mirta ción muy modesta de aquella Feria del Libro de
[Aguirre] reían como dos malditas.6 Santo Domingo en el año de su centenario. Me
sorprendió, y todavía me sorprende, la disparidad
Tenemos mucho que agradecer a quienes de registros. Hay tonos, estados de ánimo, avidez
trabajaron para que la memoria de Camila se intelectual desiguales. Hay, por tanto, diarios
mantuviera viva, porque a partir de sus recuer- distintos. He ahí un trabajo pendiente, el de un
dos y homenajes podemos imaginar cómo sería análisis a fondo de sus diarios y su vínculo con
frecuentarla, e intentar completar el retrato que las circunstancias personales de Camila. En algu-
emerge de sus conferencias e intervenciones pú- nos hay una especie de desasimiento emocional
blicas, de su notoria participación institucional, inesperado. Porque si bien Camila era, según la
no solo en la enseñanza universitaria (que en este describen sus contemporáneos, una mujer muy
caso debe escribirse en un amplio plural y hasta reservada, era muy capaz de conmoverse, de
añadir sus conferencias radiales), sino también bromear, como testimonian otros textos suyos.
como miembro de asociaciones civiles (la Insti- En unos, como el de Suramérica (el único que
tución Hispanocubana de Cultura, el Lyceum de no apareció en aquel librito de 1994),7 Camila
La Habana), comités editoriales (los del Fondo da fe de una cercanía intensa con el ámbito
de Cultura Económica y la Casa de las Américas) intelectual, con el paisaje, y relata gustosa las
y otros espacios de sociabilidad y construcción conversaciones, las atenciones que le dedicaran
de pensamiento en los cuales llegó a destacar. sus colegas australes. En Buenos Aires, en 1941,
Camila colaboraba. Ese impulso de la labor se encuentra con las integrantes de la Federación
común, del trabajo compartido, podría ser el de Mujeres Universitarias, que le dejan esta
signo de su vida. Nunca renunció a participar. impresión: «Se ve que son serias, trabajadoras,
Siempre dejó una huella, marcó un espacio, de- al par que inteligentes en un sentido general.
fendió una idea. Hasta el fin de su vida mantuvo Pero aún se sienten unos seres raros, señalados,
esa fe en la entrega al trabajo y la vida común, a por el hecho de ser universitarias. No llegan a
la socialización del conocimiento, a dedicarse, tomarlo con naturalidad, porque el ambiente no
como buena pedagoga, a la educación de los lo permite» (IV: Diarios y temas diversos, 37).
demás.
Disfrutó viajar, como escribió en aquel cuén-
7 Se publicó por primera vez como «Diario inédito de
tametuvida, «tenía costumbre» de hacerlo. Y,
Camila Henríquez Ureña», con una «Nota» de Diony
Durán, en la revista Letras Cubanas, La Habana, núm. 7,
6 Mirta Yáñez: Ob., cit., p. 124. 1988, pp. 238-255.

128
María Rosa Oliver, Amado Alonso, Victoria tre los suyos. Viajaba entonces con su cuñada
Ocampo, Daniel Cossío Villegas, Norah Borges Guarina y su sobrinito Leonardo. Me llamó la
y Guillermo de Torre, Arnaldo Orfila, Marta Bru- atención, y me la sigue llamando, el detallismo
net, Roger Callois, Ezequiel Martínez Estrada y con que describe itinerarios o consigna obras
Ramón Gómez de la Serna aparecen, entre otros notables (remarqués, escribe ella). Puede que,
muchos, mencionados en su bitácora íntima. como dice Mirta Yáñez, Camila estuviera ano-
Sobre estos últimos, dos anécdotas chuscas: tando las obras que vio para usarlas después en
sus clases, como referencia. Comprendo que
[...] Gómez de la Serna y la mujer, de quien haya podido parecer excesiva mi apreciación de
está celoso como un ogro. No sé de dónde entonces, cuando afirmaba que las listas de obras
resulta que este tipo (que es franquista) se daban «al texto una rigidez de guía turística». No
dejó decir en Argentina que yo era comunista obstante, sigue asombrándome algo como esto:
(«roja») y que la entrada de españoles en
Cuba estaba bajo mi control. ¡Qué absurdo! Por la tarde, visita a la Galería Borghese.
[IV: 38]. El decorado del edificio es incomparable.
Muchas obras notables. Paulina Borghese,
También vi la obra de Martínez Estrada, «Lo (estatua de Venus yacente) por Canova;
que no vemos morir». Ezequiel Martínez varias estatuas, de Bernini: Apolo y Dafne,
Estrada, a quien conocí en lo de Ma. Rosa David y la honda, Eneas y Anquises; muchas
Oliver, es una de las mentalidades más altas obras de la antigua estatuaria romana y repro-
de América, autor de dos libros notables, ducciones griegas antiguas. Cuadros: Amor
Radiografía de la pampa y La cabeza de sagrado y amor profano, por el Ticiano;
Goliath, que en vano quise conseguir para el Rafael, El entierro de Cristo.8
Lyceum, por estar agotados. Pero el drama
en cuestión es lo peor que jamás he visto. Por contraste, frente a sus recuerdos de la
Resulta comedia, porque es risible. Ante mi Semana Santa en Sevilla, o su descripción del
asombro, Pedro me ha asegurado que los de alborotado regocijo que le produjo la vista desde
Azorín son peores [IV: 39]. el mar de la ciudad de Las Palmas, en Canarias,
estas páginas italianas parecen haber sido escri-
Al mismo tiempo, Camila es capaz de evaluar tas por otra persona. Está claro, sin embargo,
exigentemente obras de arte, como en el repaso que Camila todavía no era la experimentada
que hace de las mostradas en el Salón de Otoño, viajera que haría luego esos recorridos; que este
entre las cuales destaca las de Antonio Berni; o quizás fuera su primer ejercicio de plasmar en
en el juicio que le merece la estatua de Sarmiento un cuaderno las peripecias de un viaje; que la
por Rodin: «Es expresiva; pero no satisface mi
8 Zaida Capote Cruz: Camila Henríquez Ureña. Diarios
ideal» (IV: 39). Por eso apunté entonces y sigo
de viaje, Instituto de Literatura y Lingüística, Academia
pensando ahora que el diario correspondiente a de Ciencias / Comisión Organizadora Permanente, La
su viaje a Italia, en 1922, es una anomalía en- Habana / Santo Domingo, 1994, pp. 49-50.

129
abundancia de obras magníficas la pudo dejar «Nunca abandonan las golondrinas por otras
atónita y sin ánimo de explayarse en elucu- playas mi hogar feliz».
braciones estéticas. Pero las páginas hablan (o Aquí, en la vieja ciudad, estuve yo con ella.
callan) por sí mismas. Tenía yo solo dos años de edad, y a ella le
La emoción de Canarias tampoco será la quedaban pocos meses de vida. Le ofrendo
misma que despliegue durante su estancia en mi recuerdo más antiguo [IV: 54-55].
Sevilla para escudriñar viejos papeles en el
Archivo de Indias. Hay una excursión desde Pero retomando el hilo de sus escritos de viaje,
Sevilla a Moguer, Palos, La Rábida y Huelva prefiero, entre todos, los dedicados a la Semana
en la cual no falta la evocación de su amigo Santa en Sevilla, porque transmiten un regocijo
Juan Ramón Jiménez: «Moguer es tranquilo, casi infantil –en aquella primavera de 1952 Ca-
melancólico, recóndito. Evoco a su gran poeta, mila cumplió 58 años– y rezuman entusiasmo y
y a Platero eterno, en su cielo» (IV: Diarios y alegría. En esas páginas ella hace a un lado a la
temas diversos, 48). A propósito de Juan Ramón profesional del arte y la literatura y se dedica a
y de su esposa, Zenobia Camprubí, a quienes la sentir, a seguir las rutas urbanas y las sorpresas
unió íntima amistad, es preciosa la anécdota que cotidianas del hábito popular que estalla en el fes-
cuenta cuando toca puerto en San Juan, Puerto tejo. Son sus mejores páginas, creo, entre todos los
Rico, y aprovecha las pocas horas de que dispone periplos descritos. Aquí Camila es pura emoción,
para visitarlos. Toma un taxi y corre a su casa, no fineza de la apreciación, como si se condensaran
los encuentra y sigue a Río Piedras. En la Uni- sus aprendizajes previos, como si hubiera perdido
versidad se junta por fin con sus amigos; luego un poco de la cordura profesoral, como si fuera
les remitirá postales desde España. No puede bueno dejarse sorprender, dejarse arrastrar por la
obviar esta impresión: «vi flamear por primera multitud tras los piropos a la Virgen. Aun así, no
vez la bella bandera de Puerto Rico, precursora, pierde la perspectiva y repara que en medio del
confío yo, de su próxima futura independencia» jolgorio, de la fiesta, de las luces, hay quienes
(IV: 56). andan a oscuras. En esas páginas jubilosas que
Aquel premioso desembarco en San Juan, recuerdan en algo sus impresiones canarias, que-
persiguiendo sus afectos, contrasta rotundamente da el apunte casi plástico de quienes, ocultos a la
con una experiencia muy diferente, a su paso por vista de los demás, sostienen sobre sus hombros
Puerto Plata. Ella lo cuenta así: la gloria de religiosidad popular que son los pasos
de las imágenes:
La inmigración vino. El Comisionado, ama-
blemente, me dio permiso para bajar. No lo El que dijo primero «quién no ha visto Sevi-
utilizaré. lla no ha visto maravilla» era verídico; pero
En el muelle, un gran letrero dice: «Fe en además, era indudablemente sevillano. Los
Trujillo y adelante»… sevillanos viven convencidos del prodigio
Aquí en la bahía, revolotean las golondrinas de su ciudad, y las alegrías y dolores de la
que cantó la poetisa: ciudad son sentidas y expresadas por todos

130
los ciudadanos: son de carácter colectivo. suave y bonita». Y ni un cirio se apaga, ni
Cuando llega la primavera, las emociones un clavel se desprende de su tallo en todo el
de todos los sevillanos alcanzan el grado de trayecto. Ser costalero (como ser capataz) es
arrebato místico: la población entera, presa cosa que se tiene a honra y se aprende con
de entusiasmo delirante, se prepara para esmero [IV: 69].
«las fiestas». El fervor de la Semana Santa,
el regocijo de la Feria, parecen ser entonces De Sevilla y sus fiestas nos cuenta todo, o
la única preocupación de los sevillanos, su casi. Las diferencias entre las imágenes más
razón de vivir. Los dos acontecimientos que famosas, las de mayores cualidades estéticas; el
tan vigorosamente contrastan en ambiente arte de las saetas y las lisonjas a las imágenes pa-
y color, expresan dos modos de sentir muy seantes; la guerra simbólica entre «macarenos»
diferentes, pero que están reunidos en el y «trianeros»… En fin, he intentado, citándola
alma andaluza, aunque al extranjero le re- profusamente, emular aquel entusiasmo suyo.
sulte difícil comprender que los penitentes
de ayer sean los gozantes de mañana. El
III
visitante se maravilla de que en una semana
la ciudad entera arda como un solo cirio y Dentro de su ciertamente profuso legado (basta
tres semanas después la ciudad entera repi- comprobar la cantidad de tomos de sus Obras y
quetee como una sola castañuela [IV: 64]. apuntes), he querido centrarme en los textos de
A diferencia de otros lugares, los «pasos» de Camila que he frecuentado con mayor asiduidad,
Sevilla son cargados en hombros por unos los dedicados a las mujeres y que propugnan el
individuos a quienes nadie ve: los costaleros. feminismo. En eso también seguiría el ejemplo
Van debajo del paso; encorvados, y los faldo- de su madre, de cuya obra llegó a decir: «hoy
nes de terciopelo de la canastilla los ocultan puede considerarse feminista, aunque ella jamás
totalmente. Respiran por agujeros del labrado usara esa expresión» (II: La mujer, 181).
barroco, llamados respiraderos. Ellos no ven Tanto en sus investigaciones literarias como
a dónde ni por dónde van, y son guiados por en su actividad pública, el de la mujer fue tema
un director, severamente vestido de negro: preponderante. Ella, que sabía tanto y tan bien
el capataz. Los costaleros son unos artistas de literatura latinoamericana, europea o de los
en su profesión: imprimen ritmos diversos a Estados Unidos, que ayudó a forjar colecciones
la marcha, según sea adecuado, «tropiezan» a prestigiosas editoriales, que enseñó durante
con el Cristo de los Cardos, «bailan» con el toda su vida, dedicó muchas páginas a penetrar
Cristo de los gitanos, «mecen» suavemente a el legado de otras mujeres, a establecer vínculos
la Virgen y después de cada pausa –frecuentes, entre ellas, a divulgar su labor y a pensar sobre
pues los «pasos» son excesivamente pesados– su condición social y los medios para mejorarla.
saben levantar en alto el paso y dejarlo caer Se han conservado sus notas sobre «La mujer
de nuevo, sin sacudidas, sobre sus hombros, en las letras hispanoamericanas» o el bellísimo
cuando el capataz ordena: «Una levantaíta «La carta como forma de expresión literaria

131
femenina»; testimonios del impulso crítico que la varios trabajos: «Mujeres en la Colonia» y «La
llevó a juzgar autoras célebres como Sor Juana, mujer en las letras hispanoamericanas», entre
George Sand, Gertrudis Gómez de Avellaneda, otros, que recuerdan otro clásico del ensayismo
Luisa Pérez de Zambrana o Mme. de Stäel y a feminista cubano: Influencia de la mujer en
leer La sangre, de Elena Quiroga, Aves sin nido, Hispanoamérica, de Mirta Aguirre.9 Camila
de Clorinda Matto de Turner, la poesía de Delmi- recupera la presencia de las mujeres desde los
ra Agustini y de Silvina Ocampo, o La amortaja- tiempos fundacionales, va construyendo una
da de María Luisa Bombal; pruebas del impulso historia a la que asirnos como cosa propia, y va
militante que la llevó a aceptar el compromiso revelando las iniquidades del sistema patriarcal y
de hablar en público cada vez que hizo falta, lo las restricciones al talento femenino que llevaron
mismo para donar libros a una cárcel de mujeres a la infelicidad o la muerte a tantas y tantas.
que para alentar el pacifismo feminista frente Uno de sus más bellos textos críticos, prove-
a la debacle provocada por «esta civilización niente de sus cursos de verano en el Lyceum y
occidental dominadora, codiciosa y soberbia» ya mencionado, es el referido a «La carta como
(II: 100). No dudó tampoco en homenajear a sus forma de expresión literaria femenina» (1950).
iguales –Gabriela Mistral, Mirta Aguirre, Laura Allí recorre la afición epistolar de las mujeres
Mestre– ni en escribir sobre una película hoy sin desdeñar sus causas sociales, de ahí que diga:
icónica en cuanto a la representación de la mujer «Por educación y probablemente por tempera-
en el cine latinoamericano: Lucía, de Humberto mento, la mujer gusta de la intimidad espiritual»
Solás, estrenada en 1968. Vista en conjunto, la (II: 136). En aquella serie de conferencias Camila
actividad intelectual de Camila Henríquez Ureña estudió con simpatía la pasión divina de Santa
provoca vértigo. Teresa de Ávila; el amor mundano en Mariana
Ella no fue solo una pensadora, fue una Alcoforado, la monja portuguesa que instaló sin
pensadora militante, activa, participante. Y ese proponérselo un género así llamado, las portu-
es el legado que nos dejó. Además de la labor guesas, y que produjo, al decir de Camila, «pu-
cultural, se ocupó de la situación social y las ros sollozos convertidos en arte puro» (II: 152).
consecuencias de la disparidad entre hombres y También abordó entonces las polémicas a las que
mujeres, una preocupación que alcanzó incluso se vio arrastrada Sor Juana por la incomprensión
los espacios de la vida íntima, como atestigua del medio, y cómo ella, que era brillante, llegó a
su breve ensayo «La mujer intelectual y el pro- pedirle a Dios «que apague la luz de mi entendi-
blema sexual», un abordaje de la dificultad de miento, dejando solo lo que baste para guardar
la intelectual para realizarse en tanto «clase», su Ley, pues lo demás sobra (según algunos)
como reconoció sinceramente, por «el hecho en una mujer: y aún hay quien diga que daña»
incontestable» de «que seguimos, en general, (II: 157). El pecado de Sor Juana fue su amor al
insatisfechas, a veces compensadas, pero rara conocimiento, que Camila no duda en calificar de
vez realizadas» (II: 96).
Al rescate de una genealogía femenina, labor 9 Influencia de la mujer en Hispanoamérica. Ensayo, La
crucial de la crítica literaria feminista, dedicó Habana, Imprenta P. Fernández, 1947.

132
fáustico. Alaba también la flexibilidad y gracia No son, por otra parte, poetisas feministas, su
de las cartas-crónicas de Madame de Sevigné, conquista es espiritual, no política» (II: 127).
a quien mueve el amor maternal. Su conclusión Y se permite soñar con que llegará el momento
final es un perentorio llamado a cuestionar la en que la diferencia entre poetas y poetisas irá
sujeción de la mujer: desvaneciéndose. En lo que ese momento llega,
tendremos que convenir que la contribución de
En general, las mujeres han escrito relati- Camila a la divulgación e intelección de la cul-
vamente pocas obras maestras hasta ahora. tura femenina fue descomunal.
Nos parece significativo que en la literatura Su reflexión sobre «La mujer y la cultura»
epistolar hayan logrado producirlas sin pro- demuestra la profundidad de su pensamiento
ponérselo. Creemos ver en esto una indica- y las rutas contestatarias que concibió frente
ción de que lo que suele faltar a la expresión al indeseado y cuidadoso desarrollo en ella del
del genio femenino es la franqueza y la espíritu de sumisión, [pues la mujer] era un ser
confianza para manifestarse sin inhibiciones, cuya existencia se concebía solo en función
con espontaneidad y vigor natural. Por eso correlativa cuyo término era el varón o era el
ha logrado realizar su creación artística en hijo. [...] ella no podía desarrollar su propia
las cartas, donde se ha autorizado libremente, personalidad. [...] no podía ser ella misma, una
como sin darse cuenta [...] [II: 169]. individualidad humana. [...] Se la esclavizaba
en nombre de su función biológica. [Una] útil
No se ahorra la visión crítica cuando de juzgar bestia doméstica. [...]. Valga el recuerdo de Sor
se trata, pero sabe reconocer los méritos de las Juana Inés: al menos llevar a la celda sus libros,
escritoras. En su conferencia de 1942 «La mujer su ciencia y su poesía, por un tiempo, antes de
en las letras hispanoamericanas» comienza por que aun allí, la organización social la persiguiera
honrar la labor de Leonor de Ovando, la pri- hasta arrancarle la vida (II: 110-111).
mera poetisa americana, que escribe en Santo Camila demuestra su agudeza al referirse a la
Domingo «versos faltos de soltura, pero con «posición económica desahogada» de la mayor
cierta delicadeza de imágenes y de sentimiento, parte de quienes pudieron hacer alguna contri-
muy femenina» (II: 119); reconoce en la poesía bución cultural en el pasado (II: 111), al tiempo
de Sor Juana los versos «que abren el camino a que insiste en que la libertad económica, moral
la expresión del amor humano en nuestras poe- e intelectual de las mujeres traerá su indepen-
sía femenina» (II: 120), y a Salomé Ureña su dencia. Por eso es preciso cultivarse, ampliar el
contribución a «la formación de la conciencia alcance, democratizar la educación y la cultura,
nacional» (II: 124). Y aunque no tiene empacho para que el progreso femenino alcance su «sen-
en reconocer a propósito de Ibarbourou: «Juana tido horizontal» (II: 112) y se extienda a todas
es monótona. Todas estas poetisas lo son» (II: 129), las mujeres, sin excepción. En ese camino, hasta
sí afirma que «han producido gran poesía. Se conseguir «la paridad con el hombre ante la ley
libertaron de la timidez, del pudor que en lite- y ante la vida», dice ella, es posible que alguna
ratura era un obstáculo para la expresión lírica. «capacidad superior» se diluya en el esfuerzo

133
colectivo pero puesto que las mujeres «somos tación» en el caso de las prostitutas (II: 75). A
[...] una especie de proletariado» será preciso propósito, enfrenta la esterilidad socialmente
trabajar juntas, ser solidarias, conscientes de inducida de las solteronas, las monjas o las
nuestra «responsabilidad colectiva» hacia el prostitutas a los remilgos frente al control de la
futuro (II: 113-115). natalidad y declara el matrimonio como «abso-
Esta conferencia, leída en el Lyceum como luta anulación de la personalidad de la mujer»
parte de las actividades preparatorias del Tercer (II: 76): «El matrimonio solía ser una especula-
Congreso Nacional Femenino,10 nos da testi- ción o una explotación. Los ricos, los hombres
monio de la labor de agitación de Camila, que de mundo, se casaban con una dote, con una
nunca se negó a acompañar los empeños de las posición social. Los pobres, con una sirvienta»
fuerzas progresistas, las cuales terminarían en- (II: 77). A propósito, aborda el trabajo doméstico
cargándole el discurso inaugural del congreso, como trabajo, literalmente. A su juicio, la mujer
en que propuso sin ambages que la libertad de ha sido «uno de los seres que más han trabajado
la mujer contribuiría al «equilibrio interno y en el mundo» (II: 79) y «en las clases pobres,
externo» (II: 64) de la humanidad. su vida es una labor doble agotadora» (II: 82),
Entre sus tantas contribuciones, quizá la más anticipando así el concepto de «doble jornada»
notable sea «Feminismo», una conferencia que acuñado por Isabel Larguía y John Dumoulin en
pronunciara, tras la celebración de aquel congreso, «Hacia una ciencia de la liberación de la mujer»
en la Institución Hispanocubana de Cultura. Allí también publicado en Cuba, pero en 1971, en la
denunciaría, con ejemplos de la historia humana, revista Casa de las Américas.11
cuál era «la condición social que le ha sido im- Leer a Camila nos depara la frecuente sorpresa
puesta» a la mujer, el vínculo del surgimiento de de que ya en los años 30 y 40 del pasado siglo
la familia con la propiedad privada y la herencia hablaba de los mismos temas que discutimos hoy.
(en la línea de Engels), la sumisión femenina Con mucha inteligencia y prestancia estilística.
como consecuencia de la fuerza impuesta y no
11 A propósito, véase Mabel Bellucci y Emmanuel Theu-
de algún rasgo natural, la imposición legal de la
mer: Desde la Cuba revolucionaria. Feminismo y mar-
monogamia y la «poligamia extralegal» practica- xismo en la obra de Isabel Larguía y John Dumoulin,
da sin consecuencias por los hombres, la prisión Prólogo de Gina Vargas. Buenos Aires, CLACSO
doméstica, entre otros males provenientes de una (Colección Grupos de Trabajo), 2018. El vínculo con
desigualdad que ella no duda en llamar «explo- el contexto es fundamental. Como en los años en que
Larguía y Dumoulin desarrollaron su trabajo, la inter-
pelación progresista era intensa en el tiempo en que
10 Tanto en los papeles de Camila como en la prensa de Camila explicaba a sus contemporáneos la necesidad
la época a este se le llamó Primer Congreso Nacional del feminismo: al referirse al reconocimiento de varios
Femenino; porque fue el primero en convocar un países, en la posguerra, al derecho al voto femenino
frente amplio con vistas a promover los derechos de (ya en Cuba era legal para esa fecha), menciona «las
las mujeres antes de la celebración de la Asamblea Repúblicas Socialistas del Soviet, que no solo han
Constituyente. Solemos referirnos a él como Tercer dado ese derecho a la mujer, sino la han equiparado
Congreso, porque previamente se habían celebrado al hombre en derechos y deberes más que ningún otro
otros, en 1923 y 1925. pueblo en la historia del mundo» (II: 82).

134
Con gran acopio de información histórica. Con y la propiedad privada, tal como plantease
la sagacidad necesaria para convencer y atraer Friedrich Engels ya en 1884. Este análisis
a su auditorio. Incluso llega a cuestionar, como de Camila Henríquez Ureña puede encontrar
hará mucho tiempo después Elisabeth Badinter, una vigencia y desarrollo sumamente actual,
el impulso maternal en la mujer, para luego dar en trabajos como los de Silvia Federici en
el mazazo definitivo: «no es verdad que la ma- Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acu-
ternidad haya sido nunca respetada y protegida mulación primitiva (2010), Revolución en
por sí misma: lo ha sido bajo el contrato matri- punto cero. Trabajo doméstico, reproducción
monial, no es verdad que el niño haya sido nunca y luchas feministas (2013) y El patriarcado
protegido: lo ha sido, por razones económicas, el del salario (2018) o en el trabajo de Amaia
hijo legítimo. Jamás ha tenido la mujer derecho Pérez Orozco en Subversión feminista de
a ser madre libre y conscientemente» (II: 78). la economía. Aportes para un debate del
La emprende asimismo contra el amor al uso, conflicto capital-vida (2014), cuestión que
que describe como «concepto servil», y contra el releva nuevamente la necesidad del femi-
matrimonio obligatorio, causas de la infelicidad nismo contemporáneo de revisitar su obra.12
y el fracaso de tantas mujeres por una moral
sexual errónea, que ubicaba su «razón de vivir Camila Henríquez Ureña es una mujer de su
[...] fuera de su ser» (II: 83), una adelantada tiempo, y lo trasciende, entre otras cosas, porque
formulación del ser-para-los-otros de Franca siempre estuvo atenta a su actualidad, que pudo
Basaglia (1985). Espera también que la mujer interpretar y analizar. Para ello contaba con una
encuentre en sí y en la movilización colectiva formación intelectual exigente y honda y tenía
el ímpetu para renunciar a lo que llama «sus la sagacidad suficiente para equiparar rasgos del
virtudes al revés: la astucia, la hipocresía, la presente con otros momentos de la historia de la
ligereza, la explotación de la sensualidad del humanidad que tan bien conocía.
varón» (II: 84). Y que desista de obedecer, de Cuando decide regresar definitivamente a
seguir ignorando su dignidad humana. «Aunque Cuba –dejando atrás la seguridad financiera y
lo lamenten los que lo temen, hemos de seguir el confort que podría brindarle su condición de
adelante» (84), dice combativa. profesora retirada en los Estados Unidos– para
En una inteligente lectura de «Feminismo», acompañar a la naciente Revolución cubana en
Déborah Grandón Valenzuela afirma que las sus años de fundación y entrega, con idéntica
ideas de Camila resuenan en nuestras contem- disciplina a la demostrada en su juventud y
poráneas cuando: la misma dedicación ejemplar, Camila estaba
reconociéndose en aquella nueva sociedad que
reconoce en la institución matrimonial y nacía.
la familia un dispositivo de secuestro de
12 Déborah Grandón Valenzuela: «Contra las bases econó-
la fuerza de trabajo de las mujeres –como
micas y morales de la explotación. Análisis del ensayo
reproductoras de la fuerza de trabajo de Feminismo (1939), de Camila Henríquez Ureña»,
otros–, en pos de la constitución del Estado Atenea, núm. 525, 2022, p. 38.

135
Volvió a la Universidad de La Habana, su Habana, cuya comisión sobre la Formación
universidad, a enseñar y trabajar con ahínco. integral del hombre dedicó una subcomisión
Pero no se mantuvo encerrada en el claustro uni- específica a la liberación de la mujer; allí volvió
versitario, cumplió labores de extensión cultural a escucharse la voz de Camila Henríquez Ureña.
e inserción social en compañía de sus alumnos. Allí encontró ella otro espacio de realización,
Contribuyó a la labor de otras instituciones influ- y de recuperación de sí misma, un modo de
yentes en el ámbito cultural revolucionario, como conectarse con sus batallas de antaño, en medio
la ya mencionada Casa de las Américas. Participó de la efervescencia revolucionaria.
en amplios espacios de socialización, como era Las garantías adquiridas por las mujeres
ya habitual en ella, para ofrecer su sabiduría y su en Cuba quería Camila que se extendieran a
lucidez. otros países. Por eso la emprende contra los
Una de aquellas ocasiones fue el Congreso rezagos –así los llama– de la vieja mentalidad
Cultural de La Habana, realizado en 1968, al y defiende la transformación de las leyes; la
que asistieron notables intelectuales de todo necesidad de la educación sexual en la niñez
el mundo. Camila estuvo, por supuesto, entre y la adolescencia para evitar jóvenes desorien-
quienes participaron de los seminarios prepa- tados o descarriados, dice, muy a tono con el
ratorios. Nos queda su testimonio en una en- lenguaje de la época y la proyección de un ideal
trevista que le realizara en diciembre de 1967 «hombre nuevo».
la revista Mujeres. Su propuesta es confrontar las opiniones cu-
Este es un dato importante, porque quienes banas sobre el tema con «representantes de la
nos dedicamos a estudiarla hoy a menudo intelectualidad de otros países», y alaba la abo-
imaginamos a una profesora universitaria ya lición de los derechos de autor en Cuba y el uso
entrada en años, muy comprometida con la de los medios de comunicación para promover
labor docente, hablando de Shakespeare, la ideas revolucionarias. Defiende la necesidad del
Odisea o la poesía de los Siglos de Oro, y casi aborto «bajo atención médica» y lo contrapone a
nunca pensamos en que, además de profesora, o los programas de esterilización llevados a cabo
precisamente por serlo, por entonces estaba ella por el imperialismo norteamericano en otros paí-
contribuyendo a reinstalar en la discusión pú- ses de América Latina, al tiempo que afirma que
blica aquellos temas que la habían movilizado
siempre. ¿Dónde mejor que en la Cuba revolu- el gobierno revolucionario le proporciona
cionaria para seguir comprometiéndose con las a la mujer toda la atención necesaria en las
ideas de la liberación de la mujer; dónde mejor licencias de maternidad, luego se encarga
que en aquel espacio de entusiasmo colectivo y también de proteger la salud del niño y la
grandes transformaciones para instalar otra vez madre y más tarde el pleno desarrollo del
sus propuestas de cambio social? joven, es decir, que la mujer cubana no tiene
Aquella breve reseña de la revista Mujeres necesidad de limitar el número de hijos que
contribuye a perfilar mejor la amplitud de miras tenga por necesidades meramente sociales ni
y de convocatoria del Congreso Cultural de La económicas, y el gobierno revolucionario lo

136
que hace es poner la decisión sobre la regu- Camila también. Una feminista convencida,
lación de la natalidad en manos de la familia del lado de la Revolución cubana, no podría
y principalmente de la mujer.13 proponer otra cosa. Y es ahí cuando el valor
de esta entrevista crece. Estamos habituadas a
A quienes habitualmente escuchamos hablar de reivindicar la importancia del mayo francés, del
Camila como la profesora universitaria que renun- impulso revolucionario del 68, del manifiesto
ció a su vida en los Estados Unidos para venir a de las 343 mujeres que declararon en 1971
hacer revolución desde las aulas de la Universidad haber abortado, para impulsar en Francia la
de La Habana, esta entrevista casi nos parece un legalización,14 del triunfo legal de Roe vs. Wade
descubrimiento; porque la conecta con aquella en los Estados Unidos en 1973. Tales hitos son
Camila que mucho tiempo atrás defendía los de- usualmente muy publicitados; y a menudo se
rechos de la mujer con el ímpetu de sus cuarenta pierde de vista que en Cuba esas conquistas ya
años. Ahora es una respetada profesora, la Doctora eran realidad. Las mujeres en Revolución, y
Camila Henríquez Ureña, Profesora Emérita de Camila con ellas, habían ganado esos derechos.
la Universidad de La Habana desde 1970, una He aquí otra razón para celebrar el legado de
mujer que pasa de los setenta, y, sin embargo, Camila Henríquez Ureña. Fue una adelantada,
sigue trabajando, luchando, convenciendo, por quién lo duda. Y logró vivir de acuerdo con sus
el bienestar de «la mitad femenina del mundo» y más caros principios. No todas lo han conse-
por una felicidad común para hombres y mujeres, guido. Ella pudo. c
por una sociedad donde la diferencia sexual no
justifique la sumisión femenina.
Es inevitable pensar que el contexto histórico 14 Entre otras, firmaron la declaración, que se conoció
como «Manifiesto de las 343» o «Manifiesto de las
de la entrevista es decisivo. La trayectoria de 343 putas», Simone de Beauvoir, Christine Delphy,
Catherine Deneuve, Marguerite Duras, Gisèle Halimi,
13 A. S.: «El hecho», Mujeres, La Habana, diciembre, Violette Leduc, Jeanne Moureau, Françoise Sagan,
1967, p. 6. Agnès Varda y Monique Wittig.

Anna Leticia Quadros: S/t, 1961. Aguafuerte/cartulina, 195 x 600 mm, ed. 6/8

137
CARIDAD TAMAYO FERNÁNDEZ

Camila Henríquez Ureña,


formadora de espíritus*
Camila nos hundió en el valor del conocimiento,
en las aguas del Artibonite y en las de la imago.
Ya nunca más salimos a flote sino que respiramos
en sus cuevas marinas una sal de medusa incomparable.
Nancy Morejón1

C
* Agradezco a Luisa Campuzano y a amila Henríquez Ureña estaba destinada a Cuba como
Zaida Capote Cruz la invitación a pro- Cuba a ella; de igual manera el magisterio fue consustan-
fundizar en la vida y la obra de Camila
cial a su personalidad austera, ávida de conocimientos,
Henríquez Ureña y el apoyo que me
brindaron para la redacción de este y a él se entregó en variadas formas. Ambos, cual caracteres
trabajo. Sendas versiones de él fue- genéticos recibidos de sus padres: Cuba estuvo muy ligada a
ron leídas en el Noveno Seminario la vida de su familia paterna desde mucho antes de que Camila
de Hermenéutica «La horizontalidad llegara a ella.2 La marcada vocación pedagógica fue una dote
del sentido», organizado en Santo Do-
recibida de su madre, la excepcional Salomé Ureña, fomentada
mingo, los días 5 y 6 de septiembre de
2023, por el Instituto Superior Pedro más tarde por su padre, Francisco Henríquez y Carvajal, así
Francisco Bonó con la colaboración como por sus hermanos Pedro y Max, también maestros. Y fue
del Instituto Superior de Formación
Docente Salomé Ureña (isfodosu), la
Universidad Alberto Hurtado (Chile), 1 Nancy Morejón: «Escrito, al final del siglo, para una semblanza de Camila
la Universidad de Georgia (Estados Henríquez Ureña», en «Tertuliando», Anales del Caribe, La Habana, Cen-
Unidos) y el Instituto de Literatura y tro de Estudios del Caribe, Casa de las Américas, 2005-2006, pp. 200-208.
Lingüística (Cuba), más la Casa de las 2 «Amigo y hermano», inicia Martí su carta del 25 de marzo de 1895 como
Américas, como institución invitada; agradecimiento y despedida de Federico Henríquez y Carvajal –tío de
y en la «Evocación de Camila Henrí- Camila y figura tutelar–, antes de partir de Montecristi, y luego pregunta:
quez Ureña (en el cincuentenario de su «¿Vd. no es cubano, y hay quien lo sea mejor que Vd.?», dejando mues-
muerte)», ocurrida en el Instituto de tra de la profundidad de los vínculos cubano-dominicanos en la familia
Literatura y Lingüística, La Habana, Henríquez. José Martí: Obras completas, vol. 4, La Habana, Centro de
el 12 de septiembre de 2023. Estudios Martianos, 2002, pp. 110 y 111.

138 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 139-148


ese sostenido interés por educar y guiar a los otros uno de esos poco comentados supuestos que se
en busca del crecimiento humano a través de la enrumban estas páginas.
literatura el que condujo a Camila a investigar, En un detallado recorrido que supera la in-
escribir y crear nuevas fuentes de lectura, a pesar tención biográfica: Camila y Camila,4 escrito
de que ella misma no se concibiera nunca como con pasión y excelencia por la narradora cubana
investigadora, crítica o editora. Mirta Yáñez, se recogen detalles de la sociedad
La profesora mexicana Freja Cervantes Be- femenina Lyceum, fundada en 1928, de la cual su
cerril, en «Camila Henríquez Ureña, directora admirada maestra fue una de las directivas (entre
de la Biblioteca Americana del fce»,3 comenta 1937-1938), así como una de las directoras de la
lo poco conocido de la trayectoria editorial de la revista homónima que, con frecuencia trimestral,
maestra dominicano-cubana, que tuvo anteceden- publicaba, entre otros materiales de tipo cultural,
tes importantes en La Habana en la década del benéfico y social, las conferencias impartidas en
treinta. Y afirma: «de no haber sido por Camila su sede –en la esquina de las calles Calzada y 8
probablemente Daniel Cosío Villegas no hubiese del Vedado habanero– por relevantes artistas e
podido materializar la colección a solo dos años intelectuales de la época, cubanos o foráneos, de
de retirarse de la editorial en el verano de 1948», visita en la Isla. Camila se ocupó de la coedición
para concluir su ponencia diciendo: «Es posible (junto a la periodista, escritora y feminista Ul-
que la pasión por los libros que evidencia en sus darica Mañas) de la revista Lyceum durante sus
tareas docentes y de investigación literaria haya cuatro primeros números (1936-1937), en los
arribado en otras empresas editoriales aún por que fijaron su estructura y dejaron pautadas las
indagar, tanto en el período como académica en líneas generales de la publicación en las «Direc-
los Estados Unidos como en su regreso a Cuba al trices» que incluyeron en cada uno de ellos. De
triunfo de la Revolución». su labor editorial puede deducirse que no solo se
Efectivamente, queda mucho por indagar proponían dar a conocer la intensa actividad del
sobre otros empeños editoriales de Camila Lyceum, sino también poner a disposición de los
Henríquez, como los que derivaron en libros interesados un programa de actividades culturales
para la enseñanza de la lengua o la literatura en de calidad indiscutible y promover la lectura. De
el sistema educacional cubano, muestra de lo esto último se encargaba particularmente Camila
cual es el volumen Teatro y narrativa medieval, en la sección «Revista de Libros», donde reseñaba
que realizó conjuntamente con Dolores Nieves los títulos que adquiría la biblioteca, puesta al
para los Cuadernos H de la Facultad de Huma- servicio de la comunidad.
nidades, de la Universidad de La Habana y fue En paralelo a ese intenso quehacer, Camila
publicado por el Instituto Cubano del Libro y la colaboraba con la Institución Hispanocubana de
Editorial Pueblo y Educación en 1974. Es hacia Cultura, fundada por Fernando Ortiz en 1926,
3 Ponencia leída para Rastros lectores. II Seminario 4 Libro que obtuvo el Premio Memoria del Centro Cultural
Internacional de la Edición y el Libro, disponible en Pablo de la Torriente Brau, en 1999, y fue publicado en
https://www.youtube.com/watch?v=w16hHxd086w, su Colección Coloquios y Testimonios por Ediciones
consultada el 21 de julio de 2023. La Memoria, La Habana, 2003.

139
que generaba también una rica vida cultural. Adicionalmente, en una de las entregas de
Ha sido muy comentado el hecho de que Juan la revista Carteles de 1955, Salvador Bueno
Ramón Jiménez, en su visita a Cuba a inicios de celebraba el nacimiento de la primera empresa
la década del treinta, acompañado por su esposa editorial que intentaría resolver «el pavoroso
Zenobia Camprubí, fue presa del entusiasmo problema del libro cubano», con una entrevista
suscitado por la joven poesía cubana, al punto a su creadora –la dramaturga, narradora e inves-
de lograr que se organizara un festival poético tigadora Concepción Alzola–, quien revela los
que culminó con la publicación de una antología. pormenores del suceso: la Editorial Libro Cubano,
En esa empresa Camila Henríquez Ureña y José creada a finales de 1954, en un esfuerzo aunado de
María Chacón y Calvo colaboraron con él en la lectores y escritores, donde los primeros «patroci-
selección que, bajo el título de La poesía cubana nan la edición del libro que después han de leer»;
en 1936 y con el auspicio de la Institución His- una idea que no era nueva, afirma su gestora,
panocubana de Cultura, apareció editada en 1937 pero que se proponía superar los obstáculos que
con prólogo y apéndice del propio Juan Ramón enfrentaron las anteriores, entre ellos, los de la
y un comentario final de Chacón y Calvo. De los distribución. Y para «apartar toda idea de favo-
sesenta y tres poetas antologados, veintitrés son ritismo […] disponemos de un Consejo Superior
mujeres; lo que ha hecho suponer que la fuerza de Edición formado por los doctores Raimundo
de opinión de Camila tuvo un peso decisivo. Lazo y Elías Entralgo y la doctora Camila Hen-
ríquez Ureña. Estos tres profesores de muy bien
A partir de esos años [afirman Sergio Guerra acreditado prestigio hacen la selección de las
Vilaboy y Zaida Capote Cruz], y hasta su obras que serán publicadas».6 Este dato poco
muerte, el ideario feminista de Camila Hen- conocido de su biografía nos revela que una vez
ríquez Ureña cobrará nitidez y se organizará más estuvo Camila vinculada a un importante
en textos de distintos objetivos, ya sea el de proyecto de difusión de la literatura cubana; para
inaugurar un congreso de mujeres o iluminar ese entonces ejercía como profesora en Vassar
la vida de una autora en una conferencia College, sin embargo, se mantenía atenta a todo
universitaria, pero no cederá nunca en su lo que ocurría en Cuba, colaborando siempre
empuje y coherencia. Revisando esos textos, que le era posible, y lo que es más relevante, su
organizados más o menos cronológicamente,
no es posible hablar de una evolución del
6 «El libro cubano ya tiene su editorial», Carteles, 13 de
pensamiento feminista en Camila Henríquez
noviembre de 1955, pp. 9 y 118. Los primeros libros
Ureña. Su conocimiento del tema de la mu- publicados fueron: Indagación del choteo (3ra. ed. revi-
jer, su estudio dedicado, su capacidad para sada, 1955), de Jorge Mañach; una selección de Cuentos
relacionar el pasado y el presente, parecen ya populares infantiles (1955) y los Diarios, de José Martí,
acendrados en sus trabajos más tempranos.5 con un ensayo preliminar de Fina García Marruz (1956).
Al parecer, la Editorial no tuvo larga vida (quizás las
5 «La mujer en la obra de Camila Henríquez Ureña», pró- publicaciones no rebasaron el año 1956) y son pocas las
logo a Camila Henríquez Ureña: Obras y apuntes. Tomo referencias que existen sobre su trabajo, pero sin dudas
II. La mujer, Santo Domingo, Banreservas, 2004, p. XII. fue una iniciativa notable.

140
criterio era solicitado y respetado en alto grado Latinoamericana, de la Casa de las Américas; la
por los intelectuales en la Isla. Biblioteca Ayacucho, concebida por Ángel Rama
Muchos y sustanciosos textos, no exentos de en 1974, y la Colección Archivos, impulsada y
críticas entre los elogios, se han escrito sobre la dirigida por Amos Segala con el auspicio de la
colección Biblioteca Americana (1947), del Fondo Unesco, que se hizo realidad en 1988 con la pu-
de Cultura Económica (fce), pero de ninguna blicación de los primeros volúmenes. Esta última
manera puede evitarse regresar a ella para advertir adicionó al patrimonio literario latinoamericano
su papel vertebrador en la difusión de la literatura las magníficas disecciones filológicas que se ha-
latinoamericana. «[U]na biblioteca básica de las cen de cada texto.10 Es oportuno mencionar que
obras imprescindibles de nuestra América: una el investigador uruguayo Pablo Rocca acredita
gran síntesis de nuestra producción escrita» –la un antecedente valioso en lo que llama la funda-
cataloga Liliana Weinberg–,7 que estuvo confiada ción o consolidación de «la idea de la literatura
en un inicio a Pedro Henríquez Ureña, quien jus- latinoamericana» por tres series editoriales donde
tamente sugirió a Camila para darle continuidad, se incluyen la Biblioteca Americana y la Biblio-
pues ella había trabajado como editora para el fce teca Ayacucho, pero la primera es el conjunto de
entre noviembre de 1946 y agosto de 1947. Cosío «las bibliotecas de Rufino Blanco Fombona», o
Villegas había contado mucho antes con Camila. sea, su colección de Clásicos Americanos (Casa
En carta del 25 de agosto de 1941 le recuerda dos Editorial Hispanoamericana) y la Biblioteca de
volúmenes para la colección Tierra Firme, aproba- Grandes Autores Americanos (Editorial Gre-
da ese año por la junta de gobierno del fce, sobre nier) creadas mientras residía en París, junto
los cuales habían conversado en sus encuentros a la Editorial América, en Madrid, fundada en
en La Habana y Buenos Aires: «Poetizas de la 1915, dentro de la cual se contaba la colección
América española» y «Mujeres de América»; sin
embargo, esos proyectos no lograron concretarse 10 «Cuánto hay en Archivos de continuidad con el pasado
en libros, a pesar de los esfuerzos de ambos. 8 y cuánto de originalidad: tal parece ser una de las preo-
cupaciones recurrentes en los argumentos de Segala»,
Iniciadora «de una tradición editorial conti-
razona el investigador argentino José Luis de Diego
nental», al decir de la investigadora argentina cuando se dedica a estudiar la Colección Archivos, y
Valeria Añón,9 a la iniciativa de la Biblioteca adiciona: «En diversas oportunidades […] procura ca-
Americana se adscribieron la Colección Literatura racterizar su proyecto a partir de la referencia a célebres
antecedentes, y esos antecedentes reconocen los dos
7 Liliana Weinberg: «Biblioteca Americana», Enciclopedia espacios geoculturales que la Colección articula: por
de la literatura en México, Fundación para las Letras un lado, la larga tradición de colecciones prestigiosas
Mexicanas, disponible en http://www.elem.mx/coleccion/ en los países centrales; por otro, las bibliotecas de obras
datos/3655. Ver, además, Biblioteca Americana. Una y autores latinoamericanos, producidas desde nuestro
poética de la cultura y una política de la lectura, México, continente»), y dentro de estas últimas menciona la
Fondo de Cultura Económica (Centzontle), 2014. Colección Biblioteca Americana, la Biblioteca Aya-
8 Ver Freja I. Cervantes, ob. cit. en nota 2. cucho y la Colección Valoración Múltiple, esta última
9 «La Biblioteca Americana: entre México y Buenos Aires, de la Casa de las Américas. Apud José Luis de Diego:
un proyecto de religación continental», Orbis Tertius, La «Sobre la Colección Archivos», Orbis Tertius, Puebla,
Plata, vol. XXVII, núm. 35, e235, mayo-octubre, 2022. vol. XXVII, núm. 35, e237, mayo-octubre, 2022.

141
Biblioteca Ayacucho (entre las nueve que tenía), póstumas de Bras Cubas, con prólogo de Lúcia
que sirvió de nombre al proyecto editorial creado Miguel Pereira, se hizo en traducción de Anto-
por Rama en Venezuela sesenta años después.11 nio Alatorre, quien junto con Arreola ofició de
A diferencia de sus predecesoras que tenían asistente de la dirección.12
trillado el camino de las definiciones en torno
a lo latinoamericano, lo hispanoamericano o lo Sirva esta extensa digresión para hacer notar
americano, para dejar claro hacia dónde dirigir el papel descollante de Camila en el campo de la
la mirada de la colección, la Biblioteca Ameri- edición en las décadas que precedieron su regreso
cana tuvo que sortear esos debates que surgieron último a Cuba y, especialmente, en lo relativo a la
mucho antes. Pedro Henríquez Ureña había Biblioteca Americana. En buena medida, y como
propuesto trabajar sobre la «América hispana», lo demuestran los libros que estuvieron a su cargo,
a propósito de lo cual comenta Rocca: publicados entre 1947 y 1949, Camila mantuvo
las pautas trazadas por su hermano Pedro cuan-
El sintagma «América hispánica» había sido do envió los primeros listados de obras a Cosío
el utilizado por Henríquez Ureña en su ciclo Villegas (reafirmada por el cintillo que apareció
de conferencias, al que prefirió antes que el publicado en cada ejemplar: «Biblioteca Ameri-
de «América Latina» o el menos exitoso de cana. Proyectada por Pedro Henríquez Ureña y
«Indoamérica». Como sea, y casi como un publicada en memoria suya»), pero su profundo
manifiesto de una nueva idea de América, conocimiento de la literatura regional (entre otras
el primer título de la colección fue el Popol muchas) y su agudo sentido del ordenamiento
Vuh, en edición a cargo de Adrián Recinos. de los contenidos le permitieron hacer aportes y
Camila Henríquez Ureña dobló la apuesta de modificaciones que fueron esenciales. En su
su hermano y propuso a Cosío, el 28 de marzo papelería puede encontrarse un documento donde
de 1946, reproducir los textos en portugués en se lee: «Biblioteca Americana. Normas para la
esa misma lengua, «tanto porque su traducción modernización de la puntuación y ortografía de los
significaría una labor en muchos casos imposi- textos de la Época Colonial», en cuya redacción
ble de realizar, como porque debemos intentar colaboraron «los maestros Tomás Navarro Tomás
obligar a los latinoamericanos a leerlo» (Apud y Alfonso Reyes»,13 lo cual adiciona otra eviden-
Cervantes Becerril, 2021, p. 311). La osada cia de la seriedad con que la única mujer que hasta
idea no se cumplió. Camila había pensado
editar casi todas las novelas de Machado de
12 Íbid, pp. 66-67. En la cita Rocca referencia a: Freja
Assis y ni siquiera llegó a publicar un solo tí- Cervantes Becerril: «Camila Henríquez Ureña, direc-
tulo brasileño; cuando en 1951 salió Memórias tora editorial de la Biblioteca Americana», en Liliana
Weinberg (org.): Redes intelectuales y redes textuales.
11 Pablo Rocca: «Colecciones americanas (Libros y Formas y prácticas de la sociabilidad letrada, México,
comunidades de lectura, 1915-1983)», Amoxcalli. UNAM/CIALC, 2021.
Revista de Teoría y Crítica de la Literatura His- 13 Camila Henríquez Ureña: «Biblioteca Americana. Fo-
panoamericana, Puebla, año 6, núm. 10, agosto- lleto de Presentación, 1947», en En sentido horizontal.
diciembre, 2022, pp. 57-61. Feminismo y otros escritos, selección y notas Lucía

142
hoy ha dirigido esta colección enfrentó la tarea de otra etapa y se entregó con la pasión de un alma
crear una de las bibliotecas más ambiciosas de joven. La Resolución Ministerial del 7 de octu-
la literatura del Continente, para ese momento, bre de 1960, que la autorizaba a prestar servicios
siguiendo rigurosos criterios de edición.14 A ello se en la Sección de Currículos del Ministerio de
sumó el cuidado en la selección de los estudiosos a Educación, evidencia cuán pronto Camila se in-
cargo de cada obra, así como de los prologuistas corpora al naciente sistema de enseñanza en Cuba
y traductores, quienes debían ser especialistas para aportar su experiencia.17 Puede imaginarse su
capaces de hacer «traducciones nuevas de las entusiasmo en medio de los preparativos para la
obras que no hayan sido escritas en español, o Campaña de Alfabetización que se haría realidad
cuyo original español no se conserve».15 en 1961 y que Fidel Castro había anunciado ante
Con el absoluto convencimiento de que «el la Asamblea General de la onu en septiembre de
lector principalmente no debe leer «cualquier 1960 como una tarea a cumplir en solo un año.
cosa»; debe leer lo bueno y lo excelente»16 regresa Me aventuro a pensar que fue en medio de ese
Camila Henríquez Ureña una vez más a Cuba, con estrépito que Camila conoció a Haydee Santa-
sesenta y seis años de edad y los últimos diecio- maría, quien también trabajó intensamente en
cho dedicada a la academia estadunidense. Había la Campaña de Alfabetización y en la creación
renunciado, como se sabe, a los privilegios que de los Círculos Infantiles, en la construcción de
ganó como profesora titular del Departamento de las Escuelas Secundarias Básicas en el Campo,
Estudios Hispánicos de Vassar College, incluido además de colaborar en otras tareas sociales y
el pago por su retiro. Llega a una Cuba totalmente en favor de la liberación y el crecimiento de las
efervescente, en la plenitud del cambio sociopolí- mujeres, por lo que no es de extrañar que de allí
tico que trajo la triunfante Revolución, a la cual se surgiera su relación con Camila.
enfrentó pronto el vecino Gobierno de los Estados
Unidos, que no demoró en romper relaciones con 17 En enero de 1962 sería designada Técnica en el De-
el cubano. Para una maestra como ella se abrían partamento de Planes de Educación Media General del
Ministerio de Educación. Entre su papelería también
las puertas a nuevos retos donde anheló hacerlo
aparecen los informes y recomendaciones para la ense-
siempre; tenía abonado el camino para iniciar ñanza de la lengua española y la literatura en los niveles
secundario y preuniversitario hechos por la Sección de
Stecher Guzmán, prólogo Alejandra Costamagna, Español y Literatura, presidida por Camila Henríquez,
Chile, Banda Propia, 2023, pp. 223-224. en el Primer Seminario de Unidad del Sistema Nacional
14 «No es nuestra intención hacer ediciones eruditas, pero de Educación, celebrado entre marzo y abril de 1965.
sí nos proponemos evitar la superficialidad y la negli- Ver en el fondo documental de la familia Henríquez
gencia, y alcanzar el justo medio: un tipo de edición Ureña, del Instituto de Literatura y Lingüística de
que, siendo fiel y cuidadosa, sea bastante sencilla para Cuba, los documentos: Hen-C no. 633, Hen-C no. 634
lograr la mayor difusión posible», había declarado en y Hen-C no. 628. Apud Marcia Castillo Vega: Catálogo
el folleto de presentación, ibíd., p. 223. de los documentos manuscritos de Camila Henríquez
15 Ibíd., p. 224. Ureña, Santo Domingo, Academia de Ciencias de Cuba,
16 Camila Henríquez Ureña: Apreciación literaria (2da. Instituto de Literatura y Lingüística / Secretaría de Es-
Parte), La Habana, Ministerio de Educación, Instituto tado de Educación, Bellas Artes y Cultos, República
de Superación Educacional, 1964, p. 81. Dominicana, 1994, pp. 89 y 91.

143
No existe registro documental ordenado de Comité de Colaboración de la revista institucio-
cómo y quiénes fundaron las distintas colecciones nal; Alejo Carpentier, que había ayudado a lanzar
de la Editorial Casa de las Américas. Fue, como la primera convocatoria del concurso literario y
casi todo en aquel tiempo –y como prefería hacerlo fue jurado en su primer año; y Camila Henríquez
la directora de la institución–, un trabajo colectivo. Ureña, la experimentada maestra, iniciadora de
Sin embargo, se conserva un abundante epistolario la Biblioteca Americana en México. La nueva
en el Archivo de la Casa y el registro de la memoria oportunidad para re-construir un canon no fue
de quienes protagonizaron el trabajo de aquellos desaprovechada. Marcia Leiseca, quien trabajó
años junto a muchos de los intelectuales que ase- junto a Haydee desde esos primeros años como
soraron o colaboraron en una u otra empresa, de secretaria ejecutiva (y llegó a ser vicepresidenta
donde podemos obtener datos valiosos. primera de la Casa) lo recuerda de esta manera: 19
Lo cierto es que en 1960 se inician las labores
de publicación de la Casa –de las cuales se en- Los que confeccionaron la primera relación de
cargó Ada Santamaría en ese momento– con los títulos y autores, y en el tiempo fueron asesores
libros ganadores del primer Concurso Literario principales de la Colección fueron Galich y
Hispanoamericano, convocado por la institución Ezequiel, con el tiempo se fueron escuchando
en 1959 y con la aspiración de permitir «a los sugerencias diversas provenientes de los jura-
escritores americanos la publicación de sus obras dos, fundamentalmente y de gran peso fueron
fácil y seguramente», según comentó Haydee en las de Ángel Rama. Se hicieron puntualmente
una carta del 2 de marzo de 1960 enviada al dra- consultas, entre ellas, a Camila y a Alejo.
maturgo argentino Andrés Lizarraga,18 tras haber
obtenido el premio de teatro en esa primera edi- Es significativo, entonces, que el primer tí-
ción. Pronto la editorial comienza a hacer realidad tulo en aparecer fuese Memorias póstumas de
sus propósitos y en 1963 se abre la Colección Bras Cubas, de Machado de Assis, en traducción
Literatura Latinoamericana, pensada para publi- de Antonio Alatorre, con notas del traductor y
car obras y autores clásicos del Continente, para de Pero de Botelho, la misma que en 1951 había
cuya conformación inicial se contó con el aseso- publicado el fce en su Biblioteca Americana –y
ramiento de reconocidos intelectuales: Ezequiel que, como se recordará, Camila había intentado
Martínez Estrada, también premiado en 1960, incluir, junto a otras obras del propio Machado
año en que viaja a Cuba y se vincula al trabajo de Assis, en su idioma original–;20 de modo
de la Casa; Manuel Galich, quien en 1962 había
llegado exiliado a la isla para trabajar en la insti- 19 En correo electrónico enviado a Caridad Tamayo Fer-
tución como asesor (más tarde fue subdirector); nández el 31 de julio de 2023.
Ángel Rama, que viajó a la Casa invitado como 20 Para ese entonces la Casa mantenía excelentes rela-
conferencista en 1961 y luego formó parte del ciones con el director general del fce, Arnaldo Orfila
Reynal, quien autorizaría la edición cubana de este y
otros libros a partir de las existentes en la Biblioteca
18 Carta conservada en el Archivo de la Casa de las Amé- Americana, como consta en su carta respuesta, del 30 de
ricas (en lo adelante Archivo Casa). noviembre de 1962, conservada en el Archivo Casa, a

144
que, tanto ella como el resto de los asesores consulta puntual en lo relativo a la de la Casa,
convendrían en que fuera la ópera prima de esta dando muestras de su conocimiento a fondo de
colección, para marcar su carácter latinoameri- las motivaciones y elementos que determinaron la
canista sin importar las barreras idiomáticas. Es elección de uno u otro título. No puede evitarse
la propia Camila quien años más tarde, en los la idea de que, de soslayo, Camila está justifi-
meses finales de 1967, desde la revista Casa de cando los criterios de selección de su hermano
las Américas y haciendo un repaso del camino Pedro cuando apunta que el criterio histórico
recorrido por la editorial de la institución hasta «le impone una limitación: no publicar más que
ese momento, evalúa con objetivo ojo crítico lo obras de autores que, por haber muerto, entran
que significó la puesta en marcha de esta colec- en el pasado histórico», y su alcance tiene un
ción después de creada la Biblioteca Americana, punto vulnerable al no incluir «la literatura del
que para ese entonces había cumplido dieciséis siglo xx, la más problemática, sin duda, porque
años de existencia. Su vínculo iniciático con esta sus valores, sujetos a activa controversia, pueden
última queda refrendado por la similitud de las afectarse profundamente cuando lleguen a ser
palabras con que describe los objetivos de la considerados con más lejana perspectiva; pero
nueva empresa: «A esta colección corresponde el también, en muchos aspectos, la que mayor interés
cumplimiento de una función: ayudar a combatir despierta, por su actualidad». Ese texto constituía
el mal antiguo y grave que es el desconocimiento un decisivo aval para la naciente colección ante el
de los valores literarios de la América Latina, mal gran público lector cubano y latinoamericano –es-
que aqueja no sólo a los países de otros conti- pecialmente entre los jóvenes estudiantes– al que
nentes, sino a los propios países americanos».21 no era ajeno su nombre y seguía, con merecido
Poco después inicia un balance comparativo respeto, su criterio.
entre las colecciones que es muy iluminador y La implicación de Camila Henríquez con la
pone en evidencia su cercana filiación con ambas, actividad literaria de la Casa de las Américas
más profunda, creo yo, que la de una simple no fue de larga data pero sí muy significativa.
En 1964 vive otro momento descollante cuando
la solicitud que le enviara Francisco Baeza, responsable es invitada a integrar el jurado de novela del joven
de publicaciones de la institución en aquellos años. Concurso Literario Latinoamericano (como se
21 «Sobre la Colección Literatura Latinoamericana», La denominó ese año, por la entrada de obras brasi-
Habana, Casa de las Américas, núm. 45, 1967, pp. leñas, a instancias de Manuel Galich) junto a los
159-162. Ver el texto completo en las páginas 148-151
escritores Italo Calvino, Fernando Benítez, Ángel
de esta entrega. En la presentación de la colección
mexicana su directora había escrito: «El Fondo de Rama y Lisandro Otero; reunión que aportaría
Cultura Económica quiere combatir con la publicación mucho a las futuras publicaciones de la Casa y a
de esta Biblioteca un mal antiguo y grave: el descono- otras iniciativas.
cimiento de los valores de la América hispánica, mal Un documento manuscrito atesorado en el
del que adolecen no solo los países extranjeros, sino
archivo del Centro de Investigaciones Literarias
los propios países que la constituyen». Apud Camila
Henríquez Ureña: «Biblioteca Americana. Folleto de había hecho suponer que Camila fue la primera
Presentación, 1947», ob. cit. p. 217. intelectual en decir las palabras inaugurales del

145
Premio, en lugar de Haydee Santamaría, como era del Atlántico, lo que en la otra orilla, la europea,
usual. Quizás fue una intención, pero la prensa de es ahora el Premio Nobel».
la época ha desalentado esa idea al corroborar, con Las contribuciones a la Casa de Camila
los reportes de lo acontecido el 27 de enero de Henríquez Ureña no terminaron allí; la letra im-
1964 en el salón de la Presidencia de la Casa, que presa deja huella de sus fructíferos vínculos con
fue nuevamente Haydee quien recibió al Jurado; la institución en los años posteriores por medio
sus palabras junto a las de Ángel Rama, quien de la revista Casa de las Américas,22 y sus aportes
agradeció la acogida en nombre de los invitados editoriales podían haber sido mayores, pero los
extranjeros, aparecen citadas en varias de las imponderables frustraron esa posibilidad. Roberto
publicaciones. Sin embargo, fragmentos de las Fernández Retamar lo recuerda con pesar:
«Palabras de Camila Henríquez Ureña» guarda-
das en el Archivo Casa, junto a otras de Nicolás La convencí para que escribiera un comple-
Guillén, aparecen citados o parafraseados en un mento en que pusiera al día el libro de su
artículo periodístico de Enrique González Manet hermano Pedro Las corrientes literarias
en El Mundo del Domingo, el 26 de diciembre de de la América Hispánica, para editarlo, así
1965, titulado «El Premio Literario más impor- actualizado, por la Casa de las Américas. El
tante del continente». De las palabras de Camila libro, un clásico, se publicó inicialmente, en
puede extraerse con suspicacia, por un lado, su inglés, en 1945, por lo que un aggiornamen-
simpatía y grado de intimidad con la institución to suyo, hecho nada menos que por Camila,
que privilegiaba la literatura continental, y por hubiera sido de gran trascendencia. Pero
el otro, su alta valoración del Premio. Un detalle cuando ella se disponía a hacerlo, apareció
delata cuán enterada estaba de lo que ocurría al una edición cubana del libro con la que no
interior de la Casa: en un primer momento se re- contábamos, en su versión habitual, y Camila,
fiere al certamen por su nombre de ese momento lógicamente, se abstuvo de realizar su labor.
Concurso [Literario Latinoamericano] y hacia Es difícil calibrar lo que se perdió.23
el final del texto lo menciona directamente y en
22 Cfr. los números 33, de 1965; 51-52, de 1968-1969 y
mayúsculas por el nombre con que es conocido 82, de 1974.
en la actualidad y que tomaría a partir de 1965, 23 Roberto Fernández Retamar: «Camila», en Camila
el cual ya se «cocinaba» internamente: Premio Henríquez Ureña: Obras y apuntes. Tomo III. Testimo-
Literario Casa de las Américas o, simplemente, nios, Santo Domingo, Banreservas, 2004, pp. 46-47. El
Archivo Casa conserva una carta enviada por Haydee
Premio Casa de las Américas. Por último, cierra
Santamaría a Camila, del 14 de julio de 1971, donde le
sus palabras lanzando un atrevido desiderátum: agradece su aceptación de escribir el epílogo al libro de
«Creo que con justicia se puede esperar, como su hermano Pedro, tal como habían previsto, y agrega:
lo expresó Haydee Santamaría ante el Jurado «Al reeditar esta obra, puesta al día por usted, vamos
convocado para el Concurso hace algunos años, a poner en manos de nuestros estudiantes y estudiosos
un texto de inapreciable valor. Por eso quiero agrade-
que el Premio Casa de las Américas, ampliando
cerle especialmente la tarea que está realizando en este
más y más su alcance, llegue a ser, en esta orilla sentido, y que solo una verdadera maestra como usted
puede acometer».

146
Esa, quizá, hubiese sido la última contribución de alma que es necesaria para vivir unos
de Camila a un centro cultural que le era afín y instantes en lo sublime; desconoce una de
donde pudo mostrar, cual «espejo de la cultura las más bellas y entrañables experiencias de
de la América Latina y el Caribe en muchos sen- la vida humana.
tidos» que fue,24 su singular sapiencia. Pero en Estos seres espirituales con los que así
realidad sus últimas colaboraciones se hicieron puede el lector compenetrarse en un libro,
públicas tras su partida definitiva. La primera constituyen lo que los chinos, con su infinito
de ellas fue el prólogo para una selección de saber milenario llaman los «amores litera-
obras de Hostos que bajo su orientación publicó rios». Porque nos dan una experiencia en la
la Casa de las Américas en 1976, el cual había que se entra como en un gran amor o en el
entregado antes de partir hacia Santo Domingo. éxtasis de la transfiguración.26
Más adelante, en 1975, declarado Año Interna-
cional de la Mujer, la magistra Vicentina Antuña Camila Henríquez Ureña vivió en permanen-
hace una sugerencia, según confirmó Retamar, y la te éxtasis y supo insuflar esa magia a quienes
revista Casa aprovecha la ocasión para republicar recibieron su magisterio o los resultados de su
«una conferencia pronunciada en La Habana labor editorial, pasiones que coexistían armó-
hace treinta y cinco años, la cual merece mayor nicamente en ella, alimentándose entre sí, en
difusión que la que hasta ahora ha tenido»,25 de fructífera comunión. Ello me hace recordar un
modo que Camila encabeza nuevamente la sec- comentario del editor y crítico Ambrosio Fornet
ción principal de la revista con su adelantado (quien también formó parte del Jurado del Pre-
ensayo «Feminismos», en fechas en que todavía mio Casa en 1964), acerca de las destrezas que
–y a pesar de los cambios experimentados por debía tener un editor; debía saber lo mismo que
las mujeres con el triunfo de la Revolución– la un profesor de literatura –dijo–, y adicionar una
utilización de ese término o las discusiones alre- buena dosis de ««imaginación editorial», que es
dedor del tema en Cuba causaba erizamientos de la capacidad que tiene un editor para satisfacer
diverso tipo. Sin proponérselo, la revista cerraba las necesidades insatisfechas del lector real y
la impronta de Camila en sus páginas con el mis- para suscitar y luego mantener el interés en los
mo ensayo que le había abierto las puertas del lectores potenciales».27 Cualidades todas poseí-
pensamiento feminista. Un final que implicaba das y desarrolladas con amplio talento y a pro-
un nuevo comienzo. fundidad por la intelectual dominicano-cubana
a lo largo de su vida. c
El que no tiene en un libro un amigo seguro
y constante que le inspire esa embriaguez 26 Camila Henríquez Ureña: Apreciación literaria, ob.
cit. en nota 9, p. 89-90.
24 Ibíd, p. 46. 27 «Salvar al lector, no al libro», entrevista realizada por
25 «1975, Año Internacional de la Mujer...», nota editorial, Gerardo Soler Cedré, en Ambrosio Fornet: A título
revista Casa de las Américas, núm. 88, enero-febrero, personal. Entrevistas, La Habana, Editorial Letras
1975, p. 4. Cubanas, 2011, p. 89.

147
CAMILA HENRÍQUEZ UREÑA

Sobre la Colección Literatura


Latinoamericana

L
a Casa de las Américas viene desarrollando, a partir del
triunfo de la Revolución Cubana, una activa y amplia labor
editorial. Su Colección Premio, que presenta sucesivamente
las obras galardonadas en el ya renombrado concurso anual,
dentro de los géneros del cuento, la novela, la poesía, el teatro
y el ensayo; sus Cuadernos Casa, de apreciación de figuras del
campo literario y el de las artes plásticas; su colección Nuestros
Países, en que, a manera de una serie de biografías de los países
latinoamericanos, se estudia su vida natural, política, social y
económica, reúnen ya un crecido número de títulos. Y quizás
la más ambiciosa de sus colecciones, por su carácter histórico-
literario de proyección continental, es la que se intitula Colec-
ción Literatura Latinoamericana, iniciada en 1963.
A esta colección corresponde el cumplimiento de una función:
ayudar a combatir el mal antiguo y grave que es el descono-
cimiento de los valores literarios de la América Latina, mal
que aqueja no solo a los países de otros continentes, sino a los
propios países americanos. Cuba, bajo el impulso innovador y
fecundo de su Revolución, se propone contribuir en todas las
formas a su alcance, a hacer desaparecer el desconocimiento, el
aislamiento en que ha vivido, desde los inicios de su existencia

148 Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 149-152


como naciones, cada país de la América Latina más problemática, sin duda, porque sus valores,
respecto de los demás. Este desconocimiento, sujetos a activa controversia, pueden afectarse
esta alienación, a un tiempo mismo se ha basado profundamente cuando lleguen a ser considera-
en el desdén de lo autóctono y lo ha hecho crecer dos con más lejana perspectiva; pero también, en
y ahondarse; de largo tiempo atrás constituye uno muchos aspectos, la que mayor interés despierta,
de nuestros mayores errores, una de nuestras más por su actualidad. Las ediciones de la Biblioteca
profundas deficiencias. Americana, sin proponerse específicamente ser
En el último cuarto de siglo, los latinoame- eruditas están preparadas minuciosamente, con
ricanos hemos venido adquiriendo lentamente prólogos y notas redactados, en cada caso, por
conciencia de la grave falla que significan nues- un especialista, con la erudición indispensable
tra ignorancia mutua y nuestra dispersión, y así para enfocar el asunto desde el punto de vista
hemos empezado a comprender que uno de los histórico-crítico, atendiendo a situar la obra y
medios eficaces de repararla es publicar y hacer el autor en el desenvolvimiento de la literatura
circular ampliamente libros latinoamericanos hispanoamericana considerada como una unidad.
que, siendo propagadores elocuentes de nuestra El propósito ha sido presentar ediciones basadas
cultura, sean promotores de nuestra hermandad. en un criterio unificado y que puedan servir para
Hace veinte años, en México, el Fondo de ilustrar al público en general; pero también para
Cultura Económica, bajo la orientación de Pedro proporcionar a los estudiantes el conocimiento
Henríquez Ureña, empezó a desarrollar un directo de los autores en textos fidedignos.
plan de publicaciones con este carácter, bajo el La Colección Literatura Latinoamericana de la
nombre, tomado de Andrés Bello, de Biblioteca Casa de las Américas tiene propósitos generales
Americana. Pedro Henríquez Ureña trazó las afines a los de la Biblioteca Americana, pero
líneas generales del plan y formó las primeras en varios aspectos difiere de ella. En cuanto a
listas de autores y libros. Esa labor fue interrum- su proyección continental, se propone abarcar,
pida por su muerte; pero la Biblioteca Americana además de la producción literaria de los países de
ha seguido publicándose con fidelidad, aunque lengua española y portuguesa, la de la hermana
con cierta lentitud. La Biblioteca Americana república de Haití, en lengua francesa, lo que ex-
en su proyección en el continente, se propone plica la adopción del término «latinoamericana»
abarcar la suma de la producción literaria de la para designar la colección.
América hispánica, esto es, de lengua española La Colección Literatura Latinoamericana no
y portuguesa; no incluye la de la América de excluye de sus publicaciones las obras de auto-
lengua francesa. Sigue, por otra parte, un crite- res contemporáneos, muchos de ellos en plena
rio histórico que le impone una limitación: no producción actualmente; más bien pone énfasis
publicar más que obras de autores que, por haber en estas publicaciones como puede verse por el
muerto, entran en el pasado histórico. Su radio siguiente dato: de las veintisiete obras publica-
se extiende hasta abarcar la literatura indígena das de 1963 a 1967 (agosto), seis pertenecen
prehispánica; pero, en cambio, no alcanza a al siglo xix, mientras que veintiuno son obras
una gran parte de la literatura del siglo xx, la creadas y dadas a la luz en el siglo xx, algunas

149
tan recientes como los Cuentos de Julio Cortázar, material histórico del período de la guerra de inde-
y la novela Sobre héroes y tumbas de Ernesto Sá- pendencia contra España, en primer término a los
bato. Entre las obras publicadas la que más lejos Documentos del Libertador, que ayudan a nuestro
se remonta en el tiempo son los Documentos del público a sopesar la sustancia de su pensamiento,
Libertador Simón Bolívar. hoy vivo y palpitante con nueva actualidad.
Esto significa un nuevo enfoque. La Casa de Pero el hecho de que en estos primeros años
las Américas no pretende excluir del plan de esta las publicaciones de la colección se hayan de
colección las obras producidas en la América ese modo parcializado hacia lo actual, dándole
colonial, ni tampoco las escasas pero valiosas un carácter manifiestamente contemporáneo, no
producciones que se conservan de la América significa que se haya de mantener a ese respecto
indígena prehispánica. Su proyecto amplio es una actitud exclusivista. Entre las obras ya prepa-
publicar obras de todos los períodos, así como radas para próxima publicación se cuenta una de
de todos los países latinoamericanos. Pero la fuente indígena: los Anales de los Cakchiqueles,
comisión de publicaciones, con sentido de la documento de alto valor histórico sobre el origen
realidad apremiante, le ha tomado el pulso al y las emigraciones de las tribus que en la región
público lector y se ha dejado influir por su opi- de Guatemala desarrollaron la asombrosa cultura
nión. Ese público lector es principalmente, hoy de la América Central antes de la venida de los
por hoy, el de Cuba. A nadie podrá sorprender españoles.
que a un pueblo, que por las circunstancias en También es inminente la publicación del no-
que coloca al país el bloqueo imperialista, se ve table libro de Jean Price-Mars, Así habló el tío,
privado de posibilidades de acceso a un gran primera obra haitiana que se imprimirá en esta
número de obras impresas en el extranjero, se colección, enriqueciendo en ella la sección de
piense primeramente en ponerlo en contacto con literatura latinoamericana traducida a la lengua
la producción más reciente de nuestra literatura española, hasta ahora constituida solamente
americana, o que se reimpriman para su disfrute por obras brasileñas. Otra característica que se
ciertas obras que señalan hitos en nuestra historia observa en esta colección es el predominio de la
literaria de la presente centuria (el teatro de Flo- literatura narrativa de ficción: entre los veinti-
rencio Sánchez, los cuentos de Horacio Quiroga, siete volúmenes hasta ahora presentados, se han
La vorágine de Rivera, la poesía de Vallejo y la publicado trece novelas y cuatro antologías de
de Neruda), que las nuevas generaciones están cuentos (incluyendo entre estos las Tradiciones
ansiosas de conocer y que son de gran interés peruanas de Palma). Esto acaso dependa menos
para los estudiantes (lo que en la Cuba de hoy, de la preferencia del público por este género de
quiere decir para casi todo el mundo). Este obras que del hecho de ser este el que ha pre-
apremio de nuestro público lector es la causa de dominado en la producción literaria latinoa-
que se haya dado a las obras contemporáneas mericana durante los últimos sesenta años. La
prioridad en la publicación. De igual modo, es la novela y el cuento fueron tardíos en su aparición
dirección del espíritu de nuestro tiempo la causa en nuestra América, pero luego su crecimiento
de que, del siglo xix, se haya dado prioridad a expansivo ha seguido un ritmo acelerado. Si en

150
el romanticismo y aun en el modernismo, a pesar Pérez; Al filo del agua, y otras más recientes en
de sus cuentistas, lo abrumador era el número de las obras de Cortázar y Sábato. En poesía tam-
poetas, lo supera más tarde el de los narradores. bién, cuando se hayan publicado las antologías
Como criterio para elegir por sus méritos las de Rubén Darío y de Gabriela Mistral, que se
obras que se publican, se ha tenido en cuenta encuentran en prensa, se hallarán representados
ora su excelencia literaria, ora su significación en la colección varios momentos estelares de la
social o histórica. En varios casos se han podido creación poética en nuestra América, partiendo
reunir a cabalidad ambas condiciones como, por del modernismo.
no citar más que un ejemplo, en El águila y la En cuanto al tipo de edición que se ha adopta-
serpiente, de Martín Luis Guzmán. En algún do para esta colección, no tiene carácter erudito.
caso se ha elegido una obra carente de valor Son verdaderas ediciones populares. Si bien los
propiamente literario, pero con un fuerte carácter prólogos son redactados por personas bien ver-
de testimonio vital directo, como La favela de sadas en Ia materia, se reducen a breves páginas
Carolina María de Jesús. En ciertos casos se ha que den al lector una noticia general sobre el au-
considerado predominantemente la calidad lite- tor y una valoración sintética de la obra. Ni notas,
raria, como por ejemplo, en los cuentos de Julio ni vocabulario, ni explicación alguna amplían
Cortázar y los del grande Horacio Quiroga. Pero para el lector las posibilidades de comprender y
no creemos que en ningún caso se haya publicado juzgar. Acaso esto sea, en parte, contradictorio
una obra desprovista de valor social. del propósito de poner la colección en manos
Sin proponérselo los editores de manera de los estudiantes; pero en estos momentos,
precisa, creemos, se han publicado hasta ahora emprender la tarea de hacer ediciones anotadas
obras representativas de las principales corrien- retrasaría demasiado la publicación de libros que
tes literarias en nuestra América a partir de me- deben llenar una necesidad urgente.
diados del siglo xix: romanticismo (Tradiciones La Colección Literatura Latinoamericana
peruanas), realismo (Pago chico), naturalismo seguirá enriqueciendo su sección de obras de la
(La Charca), modernismo (Cuentos de Quiro- América Latina actual. Próximas a publicarse
ga), en ciertos aspectos novela «de la tierra» están una antología de la obra de Roberto Arlt,
(La Vorágine), indigenista (Huasipungo), hasta el enigmático novelador de una Buenos Aires de
llegar a la nueva sensibilidad de lo indígena en pesadilla, pero espantosamente real, y el libro
Los ríos profundos, de Arguedas. Varias tenden- de cuentos Montevideanos, de Mario Benedetti,
cias modernas en estilo y estructura se reflejan la primera personalidad de la nueva literatura
en obras como El socio, La vida inútil de Pito uruguaya. c

151
Marcelo: S/t, s/f. Xilografía/papel, 600 x 400 mm
Casa Editora: Fundaçao Casa das Crianças de Olinda
HOMENAJE

ROBERTO FERNÁNDEZ RETAMAR

Diez preguntas (comentadas)


para Edmundo Desnoes*

A
unque te han hecho varias entrevistas y muchas preguntas,
y en consecuencia sabemos ya no pocas de las respuestas,
aun a riesgo de repetir no queremos dejar de tenerte pre-
sente en esta que es, después de todo, tu revista, a cuyo comité
de colaboración perteneciste hasta que dejó de existir en 1971.
Confío en que estés de acuerdo.
Después de veintidós años sin volver a Cuba, cuando el 13
de enero, en la presentación de los jurados del Premio Literario
Casa de las Américas correspondiente a este año, tu nombre
fue mencionado, recibiste del numeroso público asistente el
más dilatado aplauso de todos. ¿Qué pensaste en ese momento?

¿La verdad? Me sorprendió. De haber anticipado el estruen-


do de la pequeña ovación hubiera reaccionado de una manera
* La muerte de Desnoes el pasado 7 de menos convencional, no hubiera simplemente bajado la cabeza.
diciembre es motivo para recordar Tal vez me hubiera llevado las manos a la cara.
esta entrevista de hace dos décadas, En realidad, si hubiera sabido... hubiera recibido los aplausos
que Casa de las Américas publicara sin turbarme, sin ofuscación, plenamente atento al reconocimien-
en su número 232. Sirva además como
tributo al valioso escritor y ensayista,
to por la fuga y el regreso del –eso fue lo que sentí– hijo pródigo.
en nombre de esta Casa a la que fue Lo que realmente me llenó, colmó y desbordó fue ver, sentir,
tan cercano. y después recordar, que desde la dirección política y cultural

Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 154-161 153


sentada en primera fila, pasando por los amigos Debo decir que lo primero para mí es el
regados entre los asistentes, hasta las manos tamaño de nuestros sueños y el volumen de
jóvenes con caras desconocidas, todos coinci- nuestros deseos. Si nos cierran esas avenidas,
dieron en verme con buenos ojos, en recibirme entonces creo que debemos conformarnos con
con afecto, en simplemente reconocerme. los gestos elegantes y las situaciones cómodas.
Lo que pasó nunca antes me había pasado y es- El gesto elegante, en mi caso, fue la defección
toy seguro de que nunca más me volverá a ocurrir. en Venecia, a cuya bienal había sido invitado en
1979, y la situación cómoda fue aceptar después
En los años 70 nuestra vida cultural vivió la invitación a ocupar la prestigiosa Montgomery
un momento de estrechamiento que Ambrosio Chair en Dartmouth College. Somos a veces
Fornet, desde las páginas de esta misma revista, idealistas y otras oportunistas, profundos y su-
llamó luego «Quinquenio gris». Al margen de perficiales, generosos y mezquinos.
la discusión bizantina sobre si fue más o menos Mi existencia en los Estados Unidos ha sido,
un quinquenio o más o menos gris, fue sin duda durante más de veinte años, una suerte de lim-
un mal momento. A raíz de él, decidiste dejar bo donde las cosas se han impuesto sobre las
Cuba y trasladarte a los Estados Unidos. Allí, palabras. Mis sentidos han disfrutado de innu-
sin embargo, nunca hiciste, todo lo contrario, merables pequeños placeres, pero mis palabras,
declaraciones hostiles a la Revolución. Hábla- pedradas o caricias, han caído en el vacío. Y las
nos de las razones de tu partida y, si lo deseas, palabras son, para mí, lo primero.
de tus primeros momentos fuera del país. Desde el primer momento decidí que todo
Nunca he dudado de los principios de justicia dogmatismo, sea de izquierda o de derecha, es
social de la Revolución, pero nunca he querido pura ceguera y alienación. Y el fanatismo dog-
otra cosa que obedecer a los impulsos de mi mático del exilio cubano era y es ridículo, vulgar
conciencia cada vez que me siento a escribir. y mezquino. Yo no podía traicionar la parte más
Creo tener, aunque sea arrogante, tanto derecho limpia de mi vida. Publiqué Los dispositivos en
a equivocarme como el niño curioso o el viejo la flor para definir mi posición ambigua, ni con
saturado de prejuicios. Dios ni con el Diablo. La derecha me rechazó y
Ni la escasez ni la muerte me hubieran persua- la izquierda me ignoró.
dido a salir, abandonar la isla, si no se hubiera Entonces decidí retirarme del mundanal ruido,
decidido imponer normas estériles y asumir la vivir por un tiempo aislado en las montañas,
orientación de la cultura. Creo en el inalienable congelar mi pasado, congelar tanto a amigos
derecho del escritor a existir como conciencia de como a enemigos, y explorar el vasto país que
la sociedad. Esto es, el derecho a expresar tanto me había acogido.
la confusión, las dudas, la ambigüedad de ser
mortales como los grandes sueños y la frecuente En 1961, en Lunes de Revolución, publicaste
mezquindad de hombres y mujeres –incluso el uno de los primeros ensayos (quizá el primero)
derecho a abjurar de la naturaleza misma que nos sobre «Martí en Fidel», que recogiste luego, en-
pone sobre la tierra para pudrimos. riquecido, en tu libro Punto de vista (La Habana,

154
Instituto del Libro, Colección Cocuyo, 1967). Se- Fidel como rasgo semiótico. No conozco ese
gún me comunicó Ambrosio, la primera obra que texto y me gustaría oírte comentarlo.
te propusiste publicar, ya en los Estados Unidos Roberto, te veo rondándome, aproximándote
fue una presentación al lector de aquel país de al centro de mis preocupaciones. La semiología
textos de Fidel, pero no encontraste editor para no es más que una extensión de la palabra, del
ella. ¿Qué puedes decirnos sobre esto? signo, de nuestra necesidad tanto de expresarnos
Sí, escribí más de doscientas páginas tratan- como de comunicarnos; somos, ante todo, ani-
do de descifrar la fascinación que Fidel Castro males simbólicos.
ejerció sobre nuestra generación. Llegué a la Mi ensayo sobre la barba de Fidel parte de la
conclusión de que su verdadero triunfo no había entrevista que le hizo Barbara Walters en 1977,
sido militar, sino lingüístico. Que su ego era un donde le preguntó si algún día se afeitaría. Fidel
ego lingüístico. Fue un árabe, Abdelaziz Bou- habló del origen de las barbas en la Sierra Maestra,
teflika, el que mejor lo definió hacia finales de de la importación de navajitas de afeitar Gillete,
la década del 60: Fidel Castro es «un hombre y le preguntó a la señora Walters si los Estados
que habla del porvenir no como se habla del Unidos levantarían el bloqueo a cambio de verlo
porvenir o quizás del presente, sino que habla sin barba rebelde... En realidad es parte de mi
del porvenir como de algo que ha realizado en exploración de la unidad, la integridad de la ima-
el presente». A diferencia del Che, que vivió en gen de Fidel. De la descendencia Don Quijote,
la pureza de los principios, Fidel es un genio Bolívar, Fidel...
más complejo, es, lo que llevo años repitiendo,
un oportunista con principios. Recuerdo que esa Sin duda el más espectacular de los libros
fue la definición que le ofrecí a Régis Debray, publicados por ti en los Estados Unidos fue
y años después descubrí que la repitió en en- la antología Los dispositivos en la flor. Cuba:
sayos y entrevistas. ¿Es mezquino de mi parte literatura desde la revolución (Hanover, N.H.
acusarlo de plagio? Estados Unidos, Ediciones del Norte, 1981).
Aquí en Angloamérica no me lo publicaron. Orteguianamente, el libro está precedido por
Me dijeron que no era en realidad un libro un texto tuyo llamado «No es un prólogo para
sistemático sino un largo ensayo, an extended cubanos» y concluye con un «Epílogo para
essay. ¿No es esa nuestra forma ideal de vivir y intelectuales», con el subtítulo «Recuerdos y
al mismo tiempo pensar: el ensayo, la sonda...? observaciones: la cultura en Cuba 1959-1980».
Se trató de un libro tan útil y precursor como
En aquel mismo libro cubano aparece un me- precoz. Algo similar no hubiera sido publicable
morable ensayo tuyo (que había visto la luz antes en la Cuba de entonces. Reuniste allí textos
en la revista Casa de las Américas): «La imagen convencionalmente literarios (de autores favo-
fotográfica del subdesarrollo». Volviste en otras rables y hostiles a la Revolución) junto a otros
ocasiones sobre el tema. Y tenemos entendido políticos y letras de canciones. Hace años están
que en un libro colectivo editado en los Estados apareciendo antologías que incluyen autores de
Unidos publicaste un ensayo sobre la barba de adentro y de afuera del país. Pero, según lo que

155
Recibimiento del jurado del Premio Literario 2003.

sabemos, ninguna posee aún la amplitud de la Naciones Unidas que era un libro importante y
tuya, pues no reúnen además materiales políticos necesario, y que algún día se debía publicar algo
y letras de canciones. Es sabido que aquel libro semejante en Cuba. Cosas así explican, en parte,
te provocó problemas con autores hostiles a la mi regreso a Cuba hace unas semanas.
Revolución. ¿Volverías a contarlos?
He hablado de Los dispositivos en la flor Empezaste a publicar, en 1951, en la revista
en varias ocasiones. Hace unos párrafos hablé Orígenes. ¿Qué significó eso para ti, como les
de cómo me colocó en tierra de nadie. Intenté significó a otros integrantes de tu generación,
con la antología abarcar mucho y apretar un Fayad Jamís, Pablo Armando Fernández, Pedro
poco. Además, es parte de mi necesidad de de Oraá o yo mismo?
preservar el universo de las palabras: no solo En una isla políticamente corrompida hasta
los escritores cubanos de adentro y de afuera, la médula, saturada de oportunismo, Lezama y
sino incluir desde el discurso político hasta la Orígenes me abrieron otro camino, una pura
canción popular. Lo que sabemos entre todos, pasión por la literatura. Por otra parte, mi her-
eso es lo que nadie sabe. O algo así escribió mano mayor, empleado por una empresa nortea-
Antonio Machado. mericana, me atormentaba insistiendo en que la
Guillermito (Cabrera Infante) dijo que publi- propaganda comercial era la única función útil
car en un mismo libro un texto suyo a solo unas para las palabras.
páginas de La historia me absolverá era como Lezama fue la primera persona, la única persona
publicar un texto de Thomas Mann a solo unas de carne y hueso que me habló entonces de Mallar-
páginas del Mein Kampf. Y tú, Roberto, me mé y Joyce como si fueran deidades y, de paso, me
dijiste cuando nos vimos por esos días en las invitó a su casa para hablar de literatura.

156
Integrantes del jurado de novela. De izquierda a derecha: Carlos Cortés, Mayra Montero, Edmundo Desnoes, Michi
Strausfeld y Eduardo Sguiglia.

Además, me enseñó, sin quererlo, a dudar de el gordo probablemente se sentiría peor. Que
toda devoción incondicional. Una vez que mis rechazar es menos doloroso que ser rechazado.
poemas aparecieron en la revista, descubrí que Yo escribí un cuento mediocre, pero fiel a los
me había publicado por mi natura y no por mi hechos, uno de mis primeros cuentos, pero de
cultura... Un fin de semana me invitó a la finca una lamentable pobreza expresiva. Él me honró
de Baquero y desde el minuto en que Gastón incluyéndome como un insignificante actor de
alzó una tajada de jamón y el efebo a su lado Paradiso; Lezama creó, a partir de la experien-
abrió la boca yo bajé la vista y decidí lanzarme cia, una escena íntima y grotesca, un disparate
loma abajo, atravesar corriendo el potrero que de imaginación visual y verbal.
me separaba de la carretera y la guagua que me Algunos afirman que yo lo provoqué para
devolvería a La Habana. vanagloriarme de haber seducido y rechazado
Lezama me pidió que no me fuera así, que al poeta. Es lo peor que han pensado y dicho.
esperara, que no lo humillara frente a nuestro Yo no cambio la experiencia, por mucho que
anfitrión. Mientras esperaba que todos se retiraran me haya encabronado entonces, por lo que me
para darme a la fuga, me dijo que había consultado reveló sobre la relación entre la vida y el arte.
con Portocarrero, que René le recomendó que se El arte lo expresa todo pero nada tiene que ver
lanzara. No estaba en condiciones de reírme ni con la vida. Entonces rechacé a Lezama por ha-
de apiadarme. Por la madrugada abandoné la ber utilizado su poder literario, su revista, para
tibieza sofocante de la casa y salí corriendo hacia ganarme; por haberme humillado y ofendido.
la carretera, perseguido por un par de perros. Hoy creo que lo ofendí y humillé aún más en su
En ese momento me sentí miserable, mani- soledad erótica. Y es una señal de su magistral in-
pulado, estercolado. No me detuve a pensar que genuidad haber aceptado la instigación de René.

157
La ingenuidad es lo que permitió a Lezama
trascender y superar a Góngora, que jamás se
atrevió a deshacerse de referente. Lezama se
desliza, «como la impulsión de sonrisa, a risa, a
carcajada, de un señor feudal después de la cena
guarnida», ingrávido, por un cordón de seda...
Yo lo acompaño solo hasta cierto punto;
siempre veré, sentiré la literatura como una in-
tuición... Busco la transparencia.
Hoy, si me atrevo a mirarme al espejo, y con-
templar el saqueo del tiempo, reconozco que
tal vez los griegos tenían la razón: la belleza
física y la juventud son superiores al talento y la
madurez. «Beauty is truth, truth beauty», como
exageró Keats, «that is all ye know on earth, and Desnoes lee el acta del jurado de novela durante la
all ye need to know». clausura del Premio.

A pesar de que ya habías publicado otros el guion de Memorias... ya es imposible. Viva


libros, sin duda el que te dio a conocer amplia- moneda que no volveré a ver rodar y brillar.
mente fue la novela Memorias del subdesarrollo Pertenecíamos a la misma generación, con
(La Habana, Ediciones Unión, 1965), sobre todo un origen de clase semejante, con la profunda
por la película homónima dirigida por Tomás necesidad de armonizar nuestra visión crítica,
Gutiérrez Alea, aparecida dos años después social y sicológica, con la realidad del objeto
y considerada con justicia la mejor película estético. Ni una sola vez surgió entre nosotros
cubana de todos los tiempos. El guion de esa la menor discrepancia. En aquel momento me
película la hicieron conjuntamente Titón y tú. pareció lo más natural del mundo... Hoy entiendo
¿Podrías mencionar abreviadamente cómo fue que Memorias... es un milagro.
esa colaboración tan fructífera? Tanto monta la novela como la película. Creo
Si la comunión es la relación amorosa sin que en lugar de protestar, como tanto narrador
contradicción ni conflictos, la compenetración ante la versión cinematográfica de su obra, debo
es la colaboración artística sin contradicción reconocer que la novela hizo posible la película
ni conflictos. En toda la historia del cine no y la película dio universalidad a la novela. Son
existe –que yo conozca– una colaboración más una y la misma cosa. Nos alimentamos uno del
armoniosa entre un narrador visual y un narrador otro sin devorarnos.
literario que la que existió desde el guion hasta Hay en el milagro una división del trabajo, la
la exhibición de Memorias del subdesarrollo novela es una suerte de monólogo interior, subje-
entre Titón y yo. Aunque hablamos varias veces tivo, y la película es un discurso exterior, objetivo.
de una nueva colaboración, de trabajar juntos en Las palabras se hacen imágenes y las imágenes

158
son transparentes: revelan el conflicto entre una salir victorioso de una confrontación verbal era
realidad subdesarrollada y una ambición cultural más importante que salir de una tienda con una
universal. La sociedad se hace carne a través del cosa nueva entre las manos. La lengua, para mí,
individuo, que es lo único que conocemos desde es la realidad. Para los nacidos en inglés es un
adentro, que podemos ver solo desde afuera. Y instrumento. Por eso, entre otras cosas, aquí en
nada, pero nada de color local, de exotismo de- el Norte la gente tiene más cosas, muchas más
corativo. No es la imaginación desquiciada para cosas que nosotros en el Sur, y nosotros tenemos
compensar por una realidad empobrecida. El muchas más tiernas y crueles palabras... ¡Qué
discurso de Memorias... no explota lo pintoresco culpa tengo yo de haber nacido así!
ni lo grotesco del tercer mundo: lo trasciende. Nacer en español explora desde la influencia
Mi única duda palpitó por unos días cuando de lo judío y lo árabe en nuestra lengua –la
Titón sugirió la secuencia documental de Playa raíz religiosa del libro–, pasando por la locura
Girón, el ensayo mechando al discurso narra- de Don Quijote y sus orígenes en la lectura
tivo. No acordamos incluir la secuencia por de los libros de caballerías (leídos «con tanta
razones políticas –aunque nos ayudó, en ese afición y gusto que olvidó casi de todo punto
momento, a protegernos contra los asaltos del el ejercicio de la caza y aun la administración
sectarismo cultural–. Hoy, más que entonces, de su hacienda»), entroncando con la pasión
estoy convencido de que lo documental existe verbal de Bolívar y la grafomanía de Martí; y
al mismo nivel que fluye lo existencial. La concluyo con la paradoja del éxtasis místico de
realidad subjetiva se inserta en la visualización San Juan de la Cruz y su arraigo en la palabra
documental de nuestra historia. La historia es transparente.
subjetiva y el individuo es objetivo. La costura
es casi invisible. También has hablado, en metáfora que sin
Volví a ver Memorias... en la Casa durante los duda te agrada, de raíces y ramas, para aludir
días del Premio y no tengo la menor duda, des- a tu generación. ¿Volverías sobre la cuestión?
pués de casi cuarenta años, de que sobrevive; no Todo es parte de la misma necesidad de agarrar
solo eso, la película mejora con el tiempo como al toro por los cuernos. De creerme que he
la voz de Gardel. Lo digo con el orgullo de un agarrado al toro por los cuernos cuando encuen-
padre mediocre ante la belleza y la inteligencia tro una metáfora, un giro verbal feliz. La unidad
del único hijo genial. entre los cubanos de la Isla y los del exilio me
llevó, en La Habana, después de veintidós años
Has hablado en tus recientes días cubanos de ausencia, a verte a ti, Roberto, junto con
de la importancia que concedes a «nacer en Ambrosio y Juanito y Marcia, como raíces en la
español», e incluso anuncias un libro sobre el oscuridad nutritiva de la tierra, en el abrazo y al
tema. Háblanos de eso, ¿quieres? mismo tiempo la asfixia («nada se parece más al
El otro, la mirada del otro nos impone o abrazo que la lucha cuerpo a cuerpo», escribió
confirma nuestra identidad. Descubrí en An- Unamuno) del arraigo. Incluso la tierra se hace
gloamérica que al hablar me iba la vida, que a veces fango, nos ensucia, nos fecunda y nos

159
garantiza el futuro. Yo, en un momento de angus- voz debida a ese monstruo que es Dostoievski,
tia y sofocación, me convertí en rama. Me fui, esta no crece del «subsuelo», nace del aire del
perdí y encontré entre las ramas. La existencia exilio. La rama crece, padece la garra del buitre,
en las ramas es precaria pero hay cierto deleite se deleita con los pájaros y la nieve, pero habla
en flotar, hay angustia y placer bajo la lluvia y largo y tendido sobre las raíces, sobre el suelo
la nieve. Yo he perdido muchas generaciones de que dejó atrás. Basta del tour de force, de la
hojas, en un incendio estéril, de cobre y sangre y retórica de una metáfora.
pus. Ahora me siento parte del árbol, de un árbol Lo último que quiero decir es que tanto en
ambiguo, medio palma, medio ceiba. Memorias del subdesarrollo, como en Memo-
Hay una definición estremecedora de Mishi- rias del desarrollo, lo fundamental, lo único
ma sobre la lengua: «Desde muy temprano com- original es la voz del narrador. Creo que nuestra
prendí que la vida consistía en dos elementos literatura, la literatura en lengua española, es
en contradicción. Uno eran las palabras que de una enorme fuerza imaginativa, de una gran
podían cambiar el mundo. El otro elemento era riqueza expresiva, creadora de dos de los grandes
el mundo en sí, que nada tenía que ver con las mitos de la literatura universal, Don Quijote y
palabras. Para las personas en general el cuerpo Don Juan, pero pobre en introspección, en duda
precede al lenguaje; en mi caso, las palabras existencial, en autodestrucción y regeneración.
eran lo primero». Intento, y estoy seguro de fracasar en mi intento,
dar espacio a la introspección y legitimidad a la
Tu próxima, anunciada novela, formará un incertidumbre. Los jóvenes, durante mi reciente
díptico con Memorias del subdesarrollo, y se lla- regreso a la semilla, me confirmaron que la voz
mará Memorias del desarrollo. Cuando en 1965 te del narrador de Memorias... les permite un espa-
pregunté por las razones del primer título, me res- cio para la expresión y la exploración... Creo que
pondiste que en alguna forma aludía a Memorias el mundo de lo real maravilloso, a pesar de su
del subsuelo, de Dostoievski. ¿Mantendrías ese riqueza barroca y su confusión entre lo grotesco
criterio? Y en ese caso, aparte de la continuidad y lo auténtico, es un mundo cerrado. Regido por
evidente entre los títulos, ¿a qué podría aludir el demiurgos extraordinarios como Carpentier y
segundo? García Márquez, pero, para mí, un deslumbra-
Me has dado pie para volver a utilizar la miento de mucha bulla y pocas nueces. c
metáfora del árbol. Si la primera novela se dio
importancia pretendiendo que mi voz era una Nueva York y 2003

160
Paulo Cheida Sans: O cortejo, 1986. Grabado en linóleo/cartulina, 320 x 422 mm, ed. 5/60
RECIENTES Y PRÓXIMAS DE LA CASA

RECIENTES El 7 de diciembre la Casa acogió a la profesora de la


Escuela Pardee de Estudios Globales y del Departamento
de Sociología de la Universidad de Boston, Susan Eckstein,
Panel Con Heras en Casa quien impartió una conferencia sobre las políticas migrato-
El 3 de octubre, en la sala Manuel Galich de la Casa de rias, la Revolución Cubana, su impacto y la migración de
las Américas, el presidente de la institución Abel Prieto, cubanos hacia los Estados Unidos, asuntos abordados en su
junto a los narradores Dazra Novak, Francisco López reciente libro Cuban Privilege: The Making of Immigrant
Sacha y Yunier Riquenes recordaron al escritor y editor Inequality in America.
cubano Eduardo Heras León, quien además de ser un
notable cuentista formó parte del equipo de trabajo de la
Casa por varias décadas como director de su editorial, y Miradas desde Abya Yala
fue un respetado formador de jóvenes autores, con quienes El miércoles 11 de octubre, víspera del Día de la Re-
compartió su amor por la literatura desde el Centro de For- sistencia Indígena, la Casa de las Américas ratificó su
mación Literaria Onelio Jorge Cardoso. El homenaje fue compromiso con los pueblos indígenas de Abya Yala con
propicio para presentar el primer título de cuentos dentro la proyección en la sala Manuel Galich del documental El
de la colección Cuadernos de Caliban, que incluye dos de país sin indios (2019), de los realizadores Nicolás Soto y
los más conocidos entre los escritos por Heras: «La noche Leonardo Rodríguez. El audiovisual aborda los actuales
del capitán» y «La última cena». procesos de reafirmación de la identidad charrúa, histórica-
mente negada en Uruguay, tomando como punto de partida
la masacre de Salsipuedes acontecida en 1831, hecho con
Conferencias el que se inicia el genocidio de este pueblo originario.
La profusa representación en la gráfica cubana de la
imagen del Che Guevara fue el tema de la conferencia
impartida por el director de Diseño de nuestra institu- Libros y revistas
ción, Pepe Menéndez, el 9 de octubre en la sala Galich. El centenario del natalicio del escritor italiano Italo
Tras un amplio recorrido por cien carteles que muestran Calvino y el recuerdo de su visita a Cuba para participar
al hombre convertido en símbolo, hizo referencia a una como jurado del Premio Literario Casa de las Américas
icónica ilustración realizada en 1972 por Olivio Martínez en 1964 motivaron la presentación, el 12 de octubre,
para la revista Cuba Internacional, que fue presentada del libro Calvino, Cuba y América Latina, compilado y
esta vez convertida en un cartel serigráfico, del cual se prologado por Mayerín Bello (Cuba) y Laura Di Nicola
donaron copias a tres instituciones cubanas: la Biblioteca (Italia). Fernando Luis Rojas, director del Fondo Editorial
Nacional José Martí, el Centro Che Guevara y la Casa de Casa de las Américas, hizo la presentación de los panelis-
las Américas. tas María Cristina Secci (Italia), Jorge Fornet y Mayerín

162 RevistaCasa
Revista Casade
delas
lasAméricas
Américas##312
313 - -octubre-diciembre/2023 pp.171-181
julio-septiembre/2023 pp. 162-167
Bello, quienes reseñaron el libro y se aproximaron a las Memorial Martin Luther King, de Cuba, participaron en
relaciones entre Calvino y Cuba gracias a su temprano el conversatorio «La revista América Libre a 30 años de
vínculo con la Casa. La edición, publicada por el Fondo su creación», el 28 de noviembre. La publicación, que
Editorial Casa de las Américas, contó con la colaboración cumplió tres décadas en 2022, se convirtió en un espacio
del Laboratorio Calvino del Departamento de Letras y de articulación y expresión de los proyectos de izquierda
Cultura Moderna de la Universidad de la Sapienza, y de en la América Latina y el Caribe.
arci, cuyas autoridades promovieron gran parte de las
actividades del centenario en Cuba. La presentación del número 60 del Boletín Música, dedi-
cado a los estudios de la música popular, se realizó el 20
Como parte de la Jornada por la Cultura Cubana, la Casa de diciembre. En sus páginas los lectores pueden encontrar
de las Américas puso en circulación el 18 de octubre, en la convocatoria al Premio de Musicología Casa de las
formato digital, el número 312 de nuestra publicación. La Américas 2024 y artículos de autores como Julio Mendívil,
nueva entrega, correspondiente al trimestre julio-septiembre María Luisa de la Garza Chávez y Berenice Corti, quienes
de 2023, dedica sus páginas a la conmemoración de dos se acercan a temas como las políticas de discriminación en
cincuentenarios chilenos: el del golpe militar al gobierno la recepción del pop andino, los trabajos discursivos de los
de la Unidad Popular de Salvador Allende y el de la muerte corridos mexicanos y el complejo artístico «ritmos de can-
del poeta Pablo Neruda. Asimismo, incluye textos sobre domblé/danzas afro» en Buenos Aires, respectivamente.
José Martí, Rubén Darío, Julio Cortázar, Enrique Lihn
y Gustavo Pereira, al tiempo que rinde homenaje a Italo
Calvino en su centenario y al recientemente desaparecido Música en la Casa
Umberto Peña, quien diseñó la publicación por varias La banda mexicana La mula de sietes, que combina el
décadas. rock y la décima espinela, presentó su concierto «Pase
de abordar» en la sala Che Guevara de la Casa el 13 de
El 8 de noviembre la Casa rememoró los noventa años octubre. Los temas interpretados, correspondientes a su
de la publicación de «Amor de niño», primer cuento del más reciente producción, rinden homenaje al migrante
escritor peruano José María Arguedas, con la presentación latinoamericano a través de distintas voces representativas
del volumen Cubapaq/A Cuba a cargo de Gonzalo Guillén, del canto popular en la América Latina como Violeta Parra,
embajador de la República del Perú en Cuba; la profesora Chabuca Granda, Antonio Carlos Jobim, Juan Gabriel, Roy
y escritora cubana Susana Haug y Jaime Gómez Triana, Brown, Fito Páez, Rubén Blades, entre otros.
vicepresidente de la Casa de las Américas y director del El último día del mes de octubre la Casa de las Américas
Programa de Estudios sobre Culturas Originarias de acogió el Festival Internacional de Música Contemporá-
América. nea de La Habana, que organiza la Unión de Escritores
y Artistas de Cuba (Uneac) desde hace 35 ediciones.
Los economistas Luciano Vasapollo (Italia) y Ramón Una veintena de artistas presentaron sus piezas en dos
Labañino, Héroe de la República de Cuba, junto a Abel conciertos realizados en las salas Manuel Galich y Che
Prieto, presentaron el 13 de noviembre en la sala Manuel Guevara. El primer espacio estuvo dedicado a la música
Galich, el número cero de la revista Nuestra América. electroacústica contemporánea latinoamericana, y contó
Revista Decolonial de Análisis Sociopolítico y Cultural con el apoyo del Laboratorio Nacional de Música Elec-
del Sur Global, órgano del capítulo italiano de la Red de troacústica (lnme). Como invitado honorífico recibimos
Artistas e Intelectuales en Defensa de la Humanidad. La a Eduardo Kusnir, compositor, pianista y director musical
revista da visibilidad a los procesos sociales, económicos argentino, quien mereció el Premio de Composición Casa
y políticos de carácter antimperialista que tienen lugar en de las Américas en 1965 y estuvo por varios años ligado al
el Sur Global. panorama musical cubano como director de orquesta. Dos
piezas suyas fueron presentadas como parte del Festival:
Francisco Farina, de la Editorial El Colectivo (Argen- Federico y El gato. Otras obras interpretadas en la sala
tina), junto con Esther Pérez y Joel Suárez, del Centro Galich fueron La impedancia de las palabras, del cubano
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Iván F. Real; El perseguidor, del músico argentino David Carpentier, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Gabriel
Anaya Villalba; AEQUALIS, con el trabajo conjunto de García Márquez y Julio Cortázar.
Mario Arteaga, Alberto Erice y Andy Mendoza y Texturas,
compuesta por Jorge Denis Molina, con Ernesto Oliva al El Fondo Editorial Casa de las Américas acompañó el
piano. En la sala Che Guevara confluyeron el guitarrista 16 de noviembre a la Universidad de La Habana en las
Luis Manuel Molina, el quinteto de cámara Ventus Habana, celebraciones por el Día Mundial de la Filosofía. Junto
dirigido por Alina Blanco; la percusionista Janet Rodrí- a estudiantes y profesores, los trabajadores del Fondo
guez y el Coro Polifónico de La Habana, formación que valoraron la importancia de los vínculos entre las dos
homenajeó al compositor y director coral Electo Silva con instituciones y conversaron sobre la historia y las prácticas
una magnífica reapropiación de los versos de José Martí y de la Casa de las Américas. Durante 2023 un grupo de
Mario Benedetti en formato lírico. También fue recordado estudiantes de dicha carrera se vincularon en sus prácticas
el compositor Tulio Peramo con la interpretación de su preprofesionales con la Casa.
obra Heráldica, por el quinteto de metales Habana Brass.

Teatreando
Panel Granada, 40 años después «Del amor y otros extravíos» fue el espectáculo unipersonal
A 40 años de la invasión norteamericana a Granada, tuvo que el narrador oral peruano Nerit Olaya Guerrero regaló a
lugar el 26 de octubre en la Casa un encuentro en el que los presentes en la sala Manuel Galich, el 9 de noviembre.
participaron Antonio Romero y Gabriela Ramos, como La presentación escénica conjugó historias de amor, ero-
moderadores, junto a los investigadores Jorge Luna y Jorge tismo y suspenso, únicas, aleccionadoras y fascinantes, a
Hernández, de la Cátedra de Estudios del Caribe Norman partir de narraciones de Isabel Allende, Jorge Luis Borges,
Girvan, y la poeta cubana Nancy Morejón, quienes recor- Ángeles Mastretta y Mario Benedetti.
daron los propósitos sociales de la revolución liderada por
Maurice Bishop, sus relaciones con Latinoamérica, Cuba y La Casa de las Américas y el Consejo Nacional de Artes
el resto del territorio caribeño, al tiempo que ahondaron en Escénicas coordinaron la presentación en La Habana del
las estrategias políticas estadunidenses contra del proceso unipersonal Memorias de agua, de la actriz peruana Car-
social granadino, que alcanzaron su punto álgido con la in- lina Derks Bustamante, bajo la dirección de Ana Correa.
vasión de la isla caribeña en 1983. Fue proyectado también La acción escénica testimonial sobre la identidad en las
el documental Granada, despegue de un sueño (1983), del fronteras del teatro, el rito, la memoria, la identidad, la mi-
realizador cubano Rigoberto López. La presentadora del gración y la danza, tuvo lugar los días 9 y 10 de diciembre
audiovisual, la profesora e investigadora Maydi Estrada, en la Sala Tito Junco, del Centro Cultural Bertolt Brecht.
rindió homenaje al cineasta y a las vivencias del pueblo
granadino retratadas en su obra.
Artes visuales
La inauguración de la muestra A golpe de libros. Arte
Encuentro con estudiantes chileno entre páginas, en el segundo piso de la Casa de
Estudiantes del Instituto Preuniversitario Tomás David las Américas, formó parte de la Jornada Chile: Testimonio
Royo Valdés, del municipio capitalino Plaza de la Revo- y Memoria 1973-2023, organizada por la Casa entre los
lución acudieron el primero de noviembre a la Casa de las meses de septiembre y diciembre para conmemorar el
Américas donde Caridad Tamayo Fernández, especialista aniversario cincuenta del golpe militar al gobierno del
del Centro de Investigaciones Literarias, les ofreció una presidente Salvador Allende. La exposición, con obras
charla sobre los antecedentes y el desarrollo del boom procedentes de la colección Arte de Nuestra América
latinoamericano, la repercusión que tuvo este movimiento Haydee Santamaría, reconoce el libro como fuente de inte-
literario y editorial en Latinoamérica, Europa, y en Cuba rés e inspiración para distintos creadores visuales chilenos,
por medio de las publicaciones de la Casa, así como quienes lo han utilizado como soporte para expresar sus
los vínculos con la institución de escritores como Alejo nociones estético-artísticas. La curaduría estuvo a cargo

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de la historiadora del arte Melanie Julién Pérez como parte lonización del universo infantil se realizó entre el 14 y
del ejercicio de culminación de sus estudios universitarios. el 17 de noviembre en la Casa de las Américas, con la
participación de profesores y maestros, comunicadores,
El cuerpo, los territorios, la(s) lucha(s): 1973-2023 fue escritores, editores, dibujantes, historietistas, narradores
el título de la exposición inaugurada el 24 de noviembre orales, artistas visuales, músicos y realizadores audiovi-
en la Galería Latinoamericana de la Casa de las Américas, suales, quienes socializaron y reflexionaron sobre prácticas
que también formó parte de la Jornada Chile: Testimonio educativas descolonizadoras concebidas para las niñas,
y Memoria 1973-2023. La muestra devino homenaje y niños y adolescentes, como el público más importante,
relectura de la impronta del Encuentro de Plástica La- en diferentes territorios de Afroamérica. Los participantes
tinoamericana convocado por la Casa en los años 70, y pudieron apreciar la exposición Casa de cuentos para
que en su edición de 1973 (la de mayor envergadura y niñas y niños en la Biblioteca José Antonio Echevarría,
participación de artistas y obras enviadas) coincidió con que ofrece un recorrido por los libros dedicados a las
la ausencia de artistas chilenos debido al golpe de Estado infancias premiados por la Casa de las Américas y otros
a Salvador Allende y al gobierno de la Unidad Popular. que forman parte de su fondo bibliográfico, así como del
Los artistas puestos a dialogar participaron en algunas de espectáculo de narración oral «Fábulas cubanas», de la
las dos primeras ediciones del evento (1972 y 1973) y sus Compañía Palabras al Viento, que se inspira en el libro
obras pertenecen a la colección Arte de Nuestra Améri- Akeké y la jutía, de Miguel Barnet.
ca Haydee Santamaría. Entre los seleccionados figuran
Teresa Morán, Mario Orozco Rivera (México), Silvano
Lora (República Dominicana-Panamá), Raúl Rodríguez Talleres con las infancias
Porcel (Panamá), Guillermo Núñez, José Balmes, Roser El Taller Crear para Aprender: «Moviendo la inclusión» se
Bru, Gracia Barrios (Chile), Nirma Zárate, Diego Arango realizó el 24 de noviembre en la Biblioteca José Antonio
(Colombia), René Portocarrero, Fayad Jamís (Cuba), Ré- Echeverría, de la Casa de las Américas. La convocatoria,
gulo Pérez (Venezuela) y Tilsa Tsuchiya (Perú), entre otros. organizada para estudiantes de los centros de enseñanza
general de la comunidad, así como para niños y jóvenes
El 21 de diciembre, aniversario 103 del natalicio de la con necesidades educativas especiales y sus familias, fue
Prima Ballerina Assoluta, Alicia Alonso, y Día Iberoame- dedicada a recordar el vínculo entre José Martí y Fidel
ricano de la Danza, quedó inaugurada la exposición biblio- Castro, en el séptimo aniversario de la partida del líder
gráfica y documental Alicia Alonso en Nuestra América, revolucionario. En el encuentro, que promueve la lectura
en la biblioteca José Antonio Echeverría de la Casa de las y las prácticas amigables con el medio ambiente como el
Américas. Organizada en colaboración con el Museo de la reciclaje, participaron también especialistas de la Cátedra
Danza, la muestra acogió documentos, fotografías, carteles Internacional Infanciar.
y programas que demuestran el paso de la bailarina por el
territorio latinoamericano y su influencia en el desarrollo El taller infantil «Cabello Mágico», dirigido a las infancias
del ballet en la región, como recalcó el historiador del de cinco a doce años, estuvo a cargo de la pedagoga cuba-
Ballet Nacional de Cuba, Miguel Cabrera. Por su parte, na Yadira Vargas Horta en la sala Manuel Galich el 8 de
Jaime Gómez Triana, vicepresidente de la Casa, recordó la diciembre. El espacio, derivado del II Taller Internacional
intrínseca amistad que unió a Haydee Santamaría y a Ali- del Programa de Estudios sobre Afroamérica, se organizó
cia, y el vínculo estrecho de esta última con la institución con el propósito de que los niños afrodescendientes co-
a la cual perteneció en calidad de familia desde sus inicios. nocieran sobre su cabello para poder defender la magia e
historia que hay en él.
II Taller Internacional del Programa de Estudios El patio de la Galería Haydee Santamaría se llenó de
sobre Afroamérica alegría el 12 de diciembre con la realización del taller
El II Taller Internacional del Programa de Estudios sobre infantil «El patio de mi Casa», convocado por el II Taller
Afroamérica: Juegos de libertad. Prácticas de desco- Internacional del Programa de Estudios sobre Afroamé-
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rica. El encuentro incluyó diversas actividades para los los poemas grabados por Pablo Neruda en 1960 durante
infantes de la comunidad como los espacios de narración su visita a la Casa. Al final Patricia Esquenazi recorrió las
oral, canta-juegos y manualidades, coordinados por María exhibiciones Chile en carteles: memoria y resistencia, A
Mercedes Hernández Guerra, Ladys Taquechel Cárdenas golpe de libros: Arte chileno entre páginas y El cuerpo,
y Reinier Goicochea Taquechel, así como la exposición los territorios, las luchas (1973-2023).
de pinturas del artista Alexis Gelabert.

Visitas
Cine latinoamericano En el trimestre de octubre a diciembre, directivos de la
La Casa de las Américas formó parte del conjunto de ins- Casa de las Américas recibieron a diplomáticos, acadé-
tituciones que en el 44 Festival Internacional del Nuevo micos, dirigentes culturales, artistas de las artes visuales
Cine Latinoamericano de La Habana entregó premios y del teatro, bailarines, entre otras figuras relevantes. El
colaterales a las cintas cinematográficas en concurso. El presidente de la Casa, Abel Prieto, junto con otros direc-
jurado de la Casa conformado este año por los especialis- tivos de la institución se reunió el 9 de octubre con una
tas Vivian Martínez Tabares (directora del departamento delegación de educadores estadunidenses encabezada
de Teatro), Carmen Souto Anido (musicóloga) y Jorge por la Dra. Darla Deardorff, directora ejecutiva de la
Fornet (director del Centro de Investigaciones Litera- Asociación de Administradores de Educación Interna-
rias) reconoció como mejor largometraje de ficción a cional (aiea), presidenta fundadora del Consejo Mundial
Extraño camino (2023), del brasileño Guto Parente. En sobre Competencia Intercultural y Global, investigadora
la entrega de los premios, realizada el 15 de diciembre de la Universidad de Duke y presidenta de la Cátedra de
en el Hotel Nacional, se reconoció que esta cinta mere- Competencias Interculturales de la Unesco, con sede en la
cía el reconocimiento «por abordar la complejidad de Universidad de Stellenbosch, Sudáfrica; así como con los
los quiebres de las relaciones humanas marcadas por profesores Christian Meyer, vicepresidente ejecutivo de
la distancia, y el proceso personal de sanación de un Enseñanza Superior de Education First; Kendall Brostuen,
artista, a través de un discurso experimental, hermoso vicepresidente de Asuntos Académicos de Education First,
y de alto simbolismo capaz de construir una memoria a y Duane Deardorff, profesor de Física en la Universidad
partir de la ausencia». de Carolina del Norte, Chapel Hill. El 13 de diciembre,
sostuvo un encuentro con Sergio Arria, viceministro de
Cultura de Venezuela y coordinador internacional de la
La Casa junto a Chile Red en Defensa de la Humanidad.
El 12 de diciembre, en el Salón de la Presidencia de la
institución, la embajadora de Chile en Cuba, Patricia Es- El 9 de octubre, el vicepresidente de la institución, Jai-
quenazi, entregó a la Casa de las Américas la Medalla de me Gómez Triana, acompañado por la especialista de
Reconocimiento a la Solidaridad Internacional. En el acto, Música, Layda Ferrando, tuvo un encuentro con James
que formó parte de las actividades de conmemoración por Spinazzola, profesor de Cornell University, de los Estados
los 50 años del golpe de Estado en Chile, la diplomática Unidos. Fernando Luis Rojas, director del Fondo Editorial;
recordó que «la Casa fue un nuevo hogar para quienes Yolanda Alomá, directora de Relaciones Internacionales,
querían compartir su obra con Cuba y para quienes de- y Belsis Rodríguez, especialista de Comunicación, reci-
bían salvar sus creaciones de la brutalidad militar». Al bieron el 17 de octubre a Julia Lara, dirigente del sector
agradecer el gesto, Abel Prieto, presidente de la Casa de de la cultura del Movimiento Sin Tierra. El primero de
las Américas, destacó la tremenda importancia que tiene noviembre, Vivian Martínez Tabares, directora de Teatro,
la memoria para nuestros países en momentos en los que recibió al Dr. Elberth Enrique García, decano de la Uni-
por muchas vías somos convocados a olvidar la historia versidad Nacional de Piura; el narrador oral Nerit Olaya
que hemos vivido, e hizo entrega a la embajadora del y Kike Quiñones, decano de la Facultad de Arte Teatral
catálogo con las obras de Roberto Matta que atesora la de la Universidad de las Artes de Cuba. Silvia Llanes,
colección Arte de Nuestra América Haydee Santamaría y directora de Artes Plásticas, se reunió el 6 de noviembre

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con la artista colombiana Margarita Ariza Aguilar, quien PRÓXIMAS
realizó donaciones a la colección Arte de Nuestra América
Haydee Santamaría de la Casa. El 16 de noviembre tuvo
lugar el encuentro de Fernando Luis Rojas con profesores Premio de Musicología Casa de las Américas
y estudiantes brasileños que participaron en el Seminario Del 11 al 15 de marzo en la Casa de las Américas se
Internacional «Las izquierdas en las Américas. Análisis desarrollarán las actividades de la decimoctava edición
históricos y realidad actual». Jaime Gómez Triana y otros del Premio de Musicología, que para este año convocó al
directivos de la Casa recibieron el 27 de noviembre a los envío de libros sobre historiografía musical, interpretación
bailarines Patrick Willie y Rihannon Murphy, como parte y explicación crítica de la creación musical, música tra-
del programa coordinado con el Ministerio de Cultura y dicional y folclórica, teoría y práctica de la enseñanza de
la Embajada de Estados Unidos para celebrar el Mes de la música, marcos teóricos globales de la musicología, y
Historia Indioamericana en La Habana. El 29 de noviembre otros problemas relacionados con la estética, la sociología
se realizó un encuentro de trabajo entre Gabriela Ramos, y la antropología de la música, que contribuyan a una
María Julia Turró y Agustín Ortiz, especialistas de la Casa, comprensión más integral de la música y la cultura de la
con Leidis Bernal, designada para la embajada de Cuba América Latina y del Caribe.
en Trinidad y Tobago. Suilán Rodríguez, vicepresidenta
económica, Fernando Luis Rojas y la abogada Denia Ver-
decia se reunieron el 4 de diciembre con el coordinador de Premio Literario Casa de las Américas
la editorial argentina El Colectivo, Francisco Farina, para La Casa de las Américas celebrará entre el 22 y el 26 de
firmar un convenio de colaboración. El 15 de diciembre abril la edición 64 de su Premio Literario, que en esta oca-
Jorge Fornet recibió a Juan Rodríguez Cabrera, presiden- sión premiará las obras inéditas más sobresalientes en los
te del Instituto Cubano del Libro y al escritor Reinaldo géneros y categorías de novela, ensayo de tema artístico-
Montero. Jaime Gómez Triana y Fornet sostuvieron un literario, teatro y literatura para niños y jóvenes. Como
encuentro el 21 de diciembre con José Ramón Cabañas es habitual durante la semana de actividades se realizarán
Rodríguez, director del Centro de Investigación de Política las presentaciones de los libros galardonados en 2023, así
Internacional y Ruvislei González, investigador del propio como encuentros con los escritores integrantes del jurado,
centro, junto a Shin Jeong Hwan (director), Jin Seo Park paneles, lecturas, entre otras iniciativas relacionadas con
y Ha Sang Sob (investigadores), del Institute of Latin la literatura latinoamericana y caribeña.
American Studies (ilas) of the South Korean Hankuk
University of Foreign Studies (hufs). Cierre de la información: 31 de diciembre c

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COLABORADORES / TEMAS

El académico brasileño Mauricio Acuña (1979) traba- semifinalista del Prêmio Oceanos, del que reproducimos
ja en el proyecto de libro «Poéticas y performances de un poema.
imaginaciones afroatlánticas: el primer festival mundial
La escritora Paula Fábrio (Brasil, 1970) ganó el Prêmio Ca-
de artes negras».
rolina Maria de Jesus con la obra Casa de Família que será
Del escritor y diplomático brasileño Mário Araújo se publicada en 2024 por la editorial Companhia das Letras.
publicó en 2023 el volumen de crónicas Anónimo nómada.
De la poeta y narradora Adriana Lisboa (Brasil, 1970) la
Entre los más recientes títulos del teólogo y escritor Frei Casa de las Américas publicó la novela Rakushisha en 2018.
Betto (Brasil, 1944) figuran Jesus Militante (2022) y Os
El escritor, docente e investigador Ricardo Lísias (Brasil,
anjos de Juliana (2023), este último dedicado al público
1975) ha publicado las novelas Divórcio (2013), El libro
infantojuvenil.
de los mandarines (2015) y A vista particular (2016), así
La poeta, narradora y ensayista canadiense Dionne como la compilación Concentração e outros contos (2015).
Brand (Trinidad y Tobago, 1953) tiene entre sus últimas
La poeta, traductora y psicoanalista brasileña Eliane Mar-
publicaciones el cuaderno de poesía Nomenclature
ques (1970) ganó el Prêmio Minuano 2022 con el volumen
(2022), y la traducción, por la editorial chilena Banda
bilingüe portugués-español O poço das marianas (2021).
Propia, del libro originalmente titulado A Map to the
Door of Not Return: Notes to Belonging. La obra poética de Nancy Morejón (Cuba, 1944) está
integrada por más de veinte títulos entre los que se en-
Luisa Campuzano (La Habana, 1943) publicó en 2019
cuentra Madrigal para un príncipe negro publicado por
por la editorial Letras Cubanas Dos finales para El siglo
la Casa de las Américas en 2020.
de las luces y otras indagaciones críticas.
El libro Zumbi assombra quem? (2017) del escritor Allan
La investigadora y ensayista Zaida Capote Cruz (Cuba,
da Rosa (Brasil, 1976) resultó finalista del Premio Jabuti
1967), ganadora del Premio Alejo Carpentier de Ensayo
(2018) en la categoría Infantil y Juvenil.
por Tribulaciones de España en América (2021), ha pu-
blicado recientemente Estado crítico (2023). Luiz Ruffato (Brasil, 1961) mereció el Premio Casa de las
Américas 2013 con su novela Domingos sin Dios y en 2016
Por el volumen de cuentos Máquina Rubro-Negra (2023)
recibió el Premio Internacional Hermann Hesse, en Alemania.
el escritor y profesor brasileño Gustavo Castanheira
recibió una mención en el Premio Literario Casa de las La escritora y editora Cidinha da Silva (Brasil, 1967) re-
Américas 2023. En este número publicamos la narración cibió por su libro de cuentos Um Exu em Nova York (2018)
que da título al libro. el Prêmio da Biblioteca Nacional (2019).
La profesora de Literatura Brasileña en la Universidade La investigadora y editora literaria Caridad Tamayo
Federal Fluminense Stefania Chiarelli ha publicado His- Fernández (La Habana, 1970) publicó un artículo sobre
torias de agua: el imaginario marítimo en las narrativas el escritor paraguayo Lincoln Silva en el número 310-311
brasileñas, portuguesas y africanas (2023). de nuestra revista.
Paulo Dutra (1976) es escritor, profesor y crítico literario Nara Vidal (Brasil, 1974) escritora, traductora y docente
brasileño. En 2019 dio a conocer el cuaderno Abliterações, publicó en 2023 Caníbal y otros cuentos. c
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Arthur Luis Piza: S/t, 1970. Calcografía/cartulina, 550 x 820 mm, ed. P/A
ÍNDICE DE CASA DE LAS AMÉRICAS 2023

Al pie de la letra [«Brasil: un día de terror golpista», «Nos CampoH, José: Memoria en historias dibujadas / 310-311
une y convoca la indispensable integración», «Haydee tras-
Campos, Rogério de: Brasil, una historia en cuadritos
pasando límites», «“Los que mueren por la vida no pueden
/ 310-311
llamarse muertos”», «Premios», «Con el Chino Heras, cuyo
magisterio y alegría seguirán acompañándonos», «Pablo Campuzano, Luisa: Al llegar: primeros pasos de La
González Casanova, un referente intelectual», «Adioses», Peregrina / 313
«Amnesia conveniente», «Una historia de Soriano», «Una Capote Cruz, Zaida: Camila Henríquez Ureña: la domi-
historia de Cuba para estadunidenses», «La generala y la nicana más cubana / 313
Doctrina Monroe»] / 310-311
Carreño, Rubí: Traer al corazón / 312
Al pie de la letra [«Zona libre», «Del lado de don Quijo-
te», «Predecibles y patéticos», «Solidaridad con Nancy Carrizo, César: Socializar la historieta / 310-311
Morejón», «Cuba solo pertenece a Cuba», «Franz Hinke- Castanheira, Gustavo: Máquina Rubro-Negra / 313
lammert, in memoriam», «Adioses», «Botero, ilustrador de
Chiarelli, Stefania: Literatura brasileña contemporánea:
García Márquez», «Inmerecida distinción para Hildebran-
recorriendo rutas de lectura / 313
do», «Víctor Jara y la canción como arma de lucha», “Milei
contra el «enemigo interno”», «Antenas al mundo»] / 312 Codina, Norberto: Gustavo Pereira en los laberintos
poéticos de la condición humana / 312
Acuña, Mauricio: Jorge Amado y su viaje-exilio por
América Latina / 313 Coelho, Oliverio: El rastro; Ancestral; Una herida en
el corazón / 312
Antileo, Enrique y Claudio Alvarado Lincopi: La dic-
tadura y la Fütra Waria (La Gran Ciudad): pequeños trazos Costa, Marithelma: Margarita Drago y su vida en dos
sobre resistencia y organización mapuche en Santiago / 312 batallas [Sobre Fragmentos de la memoria. Mi vida en dos
batallas, de Margarita Drago] / 310-311
Araújo, Mário: La hora extrema / 313

Bellan, Rafael: Che y Oesterheld contra «Ellos» / Dill, Hans-Otto: Humboldt entre las ciencias naturales
310-311 y las ciencias humanísticas / 310-311
Betto, Frei: Los asesinos / 313 Dutra, Paulo: Me(mi)ento; Allstar / 313
Brand, Dionne: Octubre en Granada / 313
El pueblo unido jamás será vencido / 312
Brioso Rieumont, Ingrid: La casa de Ali / 312
Escobar Fuentes, Susana y Federico Aguilar Tamayo:
Burgos Jara, Carlos: Darío y Martí: tensiones entre el Un mutante pisa fuerte: la narrativa gráfica latinoamerica-
poeta y el héroe al interior de Los raros / 312 na. Visiones y encuentros / 310-311

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Fábrio, Paula: Balance / 313 Medio siglo ha transcurrido desde la desaparición… / 313
Fernández, Laura Cristina: Dibujando en la oscuridad: Menéndez, Pepe: La marca de Peña / 312
la historieta argentina y las crisis del nuevo siglo / 310-311 Millares, Selena: Del hombre infinito al hombre incon-
Fernández Retamar, Roberto: Diez preguntas (comen- cluso: la escala elemental / 312
tadas) para Edmundo Desnoes / 313 Molina, Linnet: La matrioska; Por ti me atrevo a desvivir
la patria; Telegramas / 312
Fornet, Jorge: En el centenario de Italo Calvino: Cua-
derno de un retorno al país natal / 312 Morejón, Nancy: El ruiseñor y la muerte; Granadina;
Elegía a Maurice Bishop / 313
Fue temprano el interés de la Casa por Brasil… / 313
Fuentes, Jorge: Iluminaciones; Pobrecito poeta; Pasión No es la primera vez ... / 310-311
de amor / 312
Olivera, Alejandro Román: Cuestión de ángulo; Adiós
G onzález Sánchez, Ronel: Un hombre y sus circuns- melancolía / 312
tancias. Entrevista a Delfín Prats / 310-311 Oses, Darío: Luz y oscuridad en la poesía de Pablo Neruda
/ 312
H echavarría Pouymiró, Nahela: El arte y su(s)
contexto(s). Procesos, colaboración y espacios en la Amé- Padrón, Juan: Mi vida en Cuba / 310-311
rica Latina y el Caribe / 310-311
Padrón de la Paz, Teresita: Un recorrido por la poesía
Henríquez Ureña, Camila: Sobre la Colección Literatura contemporánea [Sobre Volteando el siglo. 25 poetas pe-
Latinoamericana / 313 ruanos, sel. y pról. Giancarla Di Laura Morales] / 310-311
Hernández Nieto, Laura Nallely: La historieta popular __________. (Re)descubriendo a Dalton [Sobre Para llegar
como registro del folclor urbano / 310-311 a Roque Dalton: pequeños infiernos y otros paraísos (es-
tudio político-poético), de James Iffland] / 312
Johansson M., María Teresa: Islas, estadios, desiertos, Pereira, Gustavo: Palabras inaugurales / 310-311
barcos y casas: Cartografía testimonial de la prisión po-
lítica en Chile / 312 Peruzzo, Nicolás: Pancho el Pitbull CINCO / 310-311

Laya, Luis: El aroma de las bombas inflables / 312 Recientes y próximas de la Casa [Recientes»: «Del Pre-
mio Literario Casa de las Américas», «Premio de Com-
Lima Gomes, Iván: Visualidades de la literatura: un ensayo posición», «Libros y revistas», «Centenario de Haydee
sobre imagen, texto e historietas en dos novelas latinoa- Santamaría», «De teatro», «Artes visuales», «La Casa en
mericanas de la década del setenta / 312 la Feria», «Rubén Darío a otro aniversario de su muerte»,
Lisboa, Adriana: Blue Sunday; Animales delicados; En «Mujeres en la Casa», «Segundo Coloquio Internacional
este mismo mundo; Madre / 313 “Patria”», «Lecturas cruzadas del Caribe francófono»,
«II Taller Internacional Latinxs en los Estados Unidos»,
Lísias, Ricardo: La generación que despreció a sus «Crear para aprender», «Visitas»] / 310-311
viejos / 313
Recientes y próximas de la Casa [Recientes»: «Coloquio
Llamamiento de la Casa de las Américas a los escritores Internacional La diversidad cultural en el Caribe», «Jor-
y artistas latinoamericanos / 312 nada Casa x África», «Seminario virtual Kari Polanyi
Levitt: Celebrating A True Caribbean Women», «Música
Mansur, Nara: El cielo soñado de Basilia Papastamatíu en la Casa», «Artes Visuales», «Curso Internacional de
[Sobre El sueño de lo celeste, de Basilia Papastamatíu] / 312 Verano», «Teatreando», «Conversatorio La Mujer en la
Marques, Eliane: La fosa de las Marianas / 313 Amazonía peruana», «VII Coloquio Internacional del

Revista Casa de las Américas # 313 - octubre-diciembre/2023 pp. 170-172 171


Papiro a la Biblioteca Virtual», «Jornada Chile: Testimo- Rovira, José Carlos: Neruda y la resignificación de la
nio y Memoria 1973-2023», «Premio Iberoamericano de palabra España / 312
Cuento Julio Cortázar», «Libros y Revistas», «Visitas»,
Ruffato, Luiz: Comer sushi en Beirut / 313
«Próximas»: «Taller Internacional del Programa de Estu-
dios sobre Afroamérica», «Coloquio Internacional Treinta Ruiz Montes, Laura: Antes que llegue la luz (El diario
años de estudios de la mujer, feminismos y movimientos huracanado de Mayra Santos Febres) [Sobre Antes que
de mujeres en la América Latina y el Caribe»] / 312 llegue la luz, de Mayra Santos Febres] / 312
Recientes y próximas de la Casa [Recientes»: «Panel con
Heras en Casa», «Conferencias», « Miradas desde Abya
Sánchez Kutika, Santiago y Kundo Krunch: Auto-
ficciones / 310-311
Yala », «Libros y revistas», «Música en la Casa», «Panel
Granada, 40 años después», «Encuentro con estudiantes», Sanchiz, Ramiro: Vanguardia y mercado: sobre pautas
«Teatreando», «Artes visuales», « II Taller Internacional del emergentes en la creación de historieta en Uruguay / 310-311
Programa de Estudios sobre Afroamérica», « Talleres con las Se cumplieron, este 25 de octubre, cuarenta años... / 313
infancias», «Cine latinoamericano», «La Casa junto a Chile»,
«Visitas», «Próximas»: «Premio de Musicología Casa de las Silva, Cidinha da: Luna llena / 313
Américas», «Premio Literario Casa de las Américas»] / 313
T amayo Fernández, Caridad: Lincoln Silva no es un
Rescatamos en esta sección tres textos publicados... / 312 nombre del pasado [Sobre Obras completas, de Lincoln
Rojas, Gonzalo: Carta a Pablo Neruda sin principio ni Silva, comp. y est. prel. de Mariano Damián Montero] /
fin desde La Habana, y urgentísima /312 310-311
__________. Camila Henríquez Ureña, formadora de
Rojo, Grínor: En el bicentenario de Francisco Bilbao
espíritus / 313
/ 310-311
Rosa, Allan da: El nacedero de la lengua / 313 Vidal, Nara: Cipó mil hombres / 313c

Sérvulo Esmeraldo: S/t, s/f. Serigrafía/cartulina, 500 x 700 mm, ed. P/A
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