Educación de Adultos y Aprendizaje Vital
Educación de Adultos y Aprendizaje Vital
INTRODUCCIÓN
A finales del siglo pasado la educación de adultos adquirió una gran
relevancia al mismo tiempo que las sociedades y los mercados entendieron el valor
que tenía la información y el conocimiento. La importancia que se ha otorgado a la
educación de adultos para lograr el crecimiento económico y el desarrollo social en
los países occidentales ha sido fruto de tomar en consideración dos factores
diferenciales: el desempleo y el capital humano.
2
Así pues, con el objeto de ofrecer mayores oportunidades en países y
contextos diferentes, la oferta educativa destinada a los adultos se ha potenciado
para mejorar el acceso laboral y la participación ciudadana en aras de una formación
permanente llevada a cabo a lo largo de la vida.
Durante los últimos años del siglo pasado, la educación de adultos se ligó al
fenómeno de sociedad de la información y al de la globalización. Por aquel entonces
se asistió a una revolución que modificó de un modo generalizado y global la
estructura de económico-social de todas las sociedades, con mayor incidencia en
las sociedades avanzadas (Alonso, 1995).
3
llamada “Sociedad de la Información” a la “Sociedad del Conocimiento” que requiere
una mayor interconexión entre el sistema educativo y otros sistemas,
particularmente el productivo. La “Sociedad del Conocimiento” materializa la
necesidad constante de adaptación del ser humano, por medio del aprendizaje, al
mundo que le rodea y, por ello, se han de establecer nuevos mecanismos
educativos.
4
educación de personas adultas 3) el aprendizaje de los adultos y sus rasgos
específicos; y 4) funciones y competencias del educador de personas adultas.
5
educación como producto y proceso personal que apareció en el Informe Delors
(1996).
- El segundo, aprender a hacer. Esto es, conferir a las personas no sólo del
aprendizaje de las capacidades referidas a una determinada cualificación
profesional sino, también, de competencias que permitan a los adultos trabajar
en diferentes situaciones de manera individual o en equipo.
- El tercero, aprender a vivir juntos, a vivir con los demás. Este principio se basa
en la comprensión mutua y en el concepto de paz. Con este espíritu, los adultos
han de anclar su existencia en el respeto a la integridad y la dignidad de los
otros dentro de un mundo diverso y sostenible.
6
Figura 1. Aprendizajes básicos en los que se basa la educación a lo largo de la vida.
Desde el último cuarto del siglo pasado, la atención prioritaria al fenómeno del
analfabetismo marcó el camino a seguir. Las sociedades democráticas consolidadas
comprendieron la importancia de la competencia lecto- escritora en la educación de
adultos. El analfabetismo pasó de ser una carencia de competencia y se convertirtió
en uno de los problemas sociales más serios que debía ser afrontado y erradicado
por el mundo contemporáneo desde el campo de la educación.
7
de la interacción permanente de sus acciones y su reflexión.
- los procesos educativos, que siguen a lo largo de la vida los niños, los
jóvenes y los adultos, cualquiera que sea su forma, deben considerarse como un
todo”.
8
educación”.
Esta consideración no resulta del todo novedosa pues las personas siempre
han aprendido a lo largo de la vida en diferentes situaciones y contextos y el valor
del conocimiento aprendido no siempre ha coincidido con los planteamientos,
objetivos y actuaciones marcadas desde la política y/o el mundo académico, así
como con la práctica realidad de los mercados. No obstante, lo novedoso es que,
por primera vez, la sociedad hace plausible la necesidad de transformar la
educación para hacer frente a las continuas exigencias de los cambios sociales
apostando por la educación formal y no formal. Asimismo, este hecho constituye un
inicio plausible del reconocimiento de los aprendizajes no escolares.
9
mantenerse activos y formados en estos tiempos.
Sin lugar a duda, la principal competencia que han de desarrollar los adultos
en estos momentos es la de aprender a aprender. La obligación permanente de
estar aprendiendo en un entorno cambiante no permite a las personas dar un
aprendizaje por concluido. De ahí que sea absolutamente necesario comprender las
claves del aprendizaje y otorgarles un papel fundamental dentro de la educación de
personas adultas.
Esta definición reúne todo aquello que caracteriza al aprendizaje como una
habilidad propia de todo ser humano, dado que se refiere al aprendizaje en términos
de cambio permanente que surge de la experiencia entendida como práctica. A su
vez para este autor, un buen aprendizaje también ha de sustentarse en el principio
de transferencia. Este principio tiene en cuenta la validez de los aprendizajes
adquiridos para poder transferirlos a nuevas situaciones. Para ello, se requiere dirigir
la atención al “saber cómo” y a la enseñanza de estrategias de aprendizaje. Así
pues, el buen aprendizaje debe estar dirigido y orientado por un referente de
enseñanza. De tal manera que, la enseñanza y el aprendizaje son términos que
frecuentemente aparecen unidos en la literatura científica cuando se tratan los
procesos a través de los cuáles las personas aprenden. Estos procesos son
planteados desde enfoques cognitivos que anteponen la reorganización de las
estructuras cognitivas internas de las personas a sus comportamientos observables.
Procesos de aprendizaje
1- Sensibilización
La sociedad tiene como una de sus finalidades dotar a los adultos de una
serie de competencias en determinadas áreas de aprendizaje, pero para que ese
proceso se ponga en marcha las personas deben estar motivadas hacía el
aprendizaje. Para lograrlo, se debe sensibilizarlos tratando de motivarles para
alcanzar los logros marcados (Beltrán, 1995). En este sentido, se ha de lograr un
contexto mental adecuado dentro del adulto de manera que tenga conciencia clara
de lo que pretende conseguir (estado de meta), conozca su estado inicial o de
partida y se sienta predispuesto para transformar ese estado de partida en estado
de meta. Así pues, la conducta motivada juega un papel fundamental en este
proceso para iniciar y mantener el deseo de aprender.
11
buscar alternativas y motivos de cambio. Sin embargo, este procedimiento que
entiende la conducta motivada como un funcionamiento fisiológico ha ido dejando
paso a otras aproximaciones donde el proceso homeostático como explicación de la
conducta ha sido ampliamente superado. El concepto de motivación ha
evolucionado hasta lograr un consenso por parte de la comunidad científica. En la
actualidad, se entiende por motivación: el conjunto de procesos implicados en la
activación, dirección y persistencia de la conducta (Beltrán, 1993).
12
1. La curiosidad. Se trata de fomentar el apetito de saber, ver y conocer. La
curiosidad depende del conflicto conceptual que surge del modo en que las
personas se hacen preguntas y se presentan los contenidos.
2. Desarrollar la confianza en la competencia personal. Para ello, se requiere
maximizar los éxitos y minimizar los fracasos. En este sentido, se sugiere la
utilización de la estrategia de refuerzo según la cual los educadores pueden
utilizar la alabanza como reforzador puesto que conduce al sentimiento de
satisfacción y relajación.
3. Desafío intelectual. Ajustar la dificultad de las tareas a las competencias de los
adultos. En este sentido, se deben plantear tareas cuyo logro sea ligeramente
superior a las habilidades iniciales del adulto para que el problema constituya un
reto motivante y capaz de ser conseguido.
4. Habilidades. Se deben encontrar nuevas cosas que permitan comprometer las
habilidades cuando los desafíos son superados.
5. Fantasía. A partir de ambientes de aprendizaje conviene fomentar situaciones
en las que los adultos puedan experimentar situaciones de ficción con
aplicaciones para la vida real.
2- Atención
Según Beltrán (1993, p.102 y ss.), los procesos atencionales implican cierta
selectividad y pueden clasificarse de la siguiente manera:
13
2. Atención global: capacidad para concentrar la atención hacia una totalidad de
estímulos permitiendo abarcar una perspectiva general.
3. Atención sostenida: se trata de una atención permanente. Esta atención puede
ser de carácter intermitente o sostenida.
Dar a conocer los determinantes de la atención ayuda a las personas y
fomenta la utilización adecuada de una serie de técnicas que contribuyen a controlar
y dirigir la atención como por ejemplo: la exploración de textos, el subrayado, la
toma de notas, etc.
3- Adquisición
14
4- Personalización y control
15
seleccionado. Otra forma utilizada, es la de los grupos de discusión, en ellos el
educador propone un debate y los aprendices discuten bajo su guía y orientación.
En relación con las anteriores, también está la discusión evolutiva (Maier, 1952)
cercana a la estrategia de solución de problemas. En esta propuesta, el educador
divide un problema en partes de manera que todos los aprendices pueden trabajar al
mismo tiempo en el mismo problema sobre la base de sugerir hipótesis o estrategias
de solución, conseguir datos relevantes o elegir alternativas de solución para luego
aplicarlas.
5- Recuperación
6- Transfer
16
- El Aprendizaje por ejemplos. Esta metodología se basa en la teoría de la
resolución de problemas analógicos y mantiene la siguiente estructura (Mayer,
2004): 1) presentación de un problema; 2) se ofrecen posibles soluciones y el
porqué de esas soluciones; 3) los alumnos tratan de encontrar el principio que
rige al problema y toman decisiones al respecto de forma individual y/o
compartida.
- El estudio de casos. Se trata de un método interactivo que pretende ser un
nexo entre la teoría y la práctica, situando a los aprendices delante de
representaciones cercanas a la realidad.
- Metodología de aprendizaje basado en problemas (ABP). Se presenta un
problema de índole ficticia o real que logre implicar a los adultos en la resolución
del mismo, es decir tareas auténticas, en términos de Brown, Ashd, Rutherford,
Nakagawa, Gordon y Campione (1993). Después, se identifican las necesidades
de aprendizaje, se busca la información necesaria y finalmente se regresa al
problema.
7- Evaluación
17
decir, una evaluación centrada en el alumno que se asienta sobre la adquisición de
contenidos y procesos. En relación con estos últimos, se deberán evaluar los
conocimientos sobre cómo se aprende y el control que ejercen sobre estos
mecanismos.
18
diferentes rasgos del aprendizaje que definen al ser adulto.
Aprendizaje y adultez
19
- La tercera es saber que se sabe. En esta fase aumenta el nivel de
complejidad dado que la persona conoce pero no necesariamente domina un
aprendizaje.
Teorías de aprendizaje
Esta teoría atiende a los procesos psicológicos básicos para dar una
explicación al modo en que las personas aprenden. Estos procesos configuran la
base del comportamiento humano en las dimensiones conductual y cognitiva. La
sensación es el proceso psicológico por excelencia. Este proceso permite la
detección e identificación de los estímulos del medio. La sensación contempla la
cadena estímulo-respuesta que depende, a su vez, de los sentidos y del grado de
intensidad, ritmo y frecuencia con el que aparezcan los estímulos.
20
Esencialmente, dicha ley postula que “los efectos positivos aumentan la probabilidad
de aparición de una conducta”. En consecuencia, premiar una determinada conducta
a un sujeto conlleva aumentar la probabilidad de que esa persona la vuelva a repetir.
Más adelante Skinner (1985) explicó que los actos pasados de un individuo
producen variaciones en los actos futuros mediante un proceso cíclico: estímulo-
respuesta- consecuencia-respuesta futura.
Las personas se diferencian las unas de las otras, sobre la base de este
planteamiento, no todos los refuerzos y castigos tienen el mismo efecto en los
adultos que aprenden. Por ello, determinados refuerzos y castigos resultan más
impactantes. Así mismo, se debe esperar al momento adecuado para la correcta
aplicación del refuerzo y el castigo. Ambos tienen más repercusión si se producen
nada más aparecer el comportamiento a reforzar o castigar. En el caso de la
educación de adultos, el refuerzo debe ser el principal instrumento a utilizar para
iniciar, consolidar y modificar aprendizajes, dado que aumenta la probabilidad de
que se repita un comportamiento.
21
Aprendizaje por observación. Fuente: elaboración propia.
Aprendizaje significativo
22
aprendizaje nuevo en otro contexto.
Aprender haciendo
Aprendizaje cooperativo
23
socioculturales. Estos aprendizajes surgen fruto de la interacción que ocurre entre
iguales en la denominada Zona de Desarrollo Próximo (ZDP). La ZDP es un espacio
de pruebas en el que los avances cognitivos significativos ocurren gracias al
andamiaje y a los procesos colaborativos y cooperativos. Los aprendizajes surgen
como consecuencia de la utilización del lenguaje que se constituye como el principal
vehículo del conocimiento en construcción social (Vygostky, 1979).
En el caso de los adultos, el aprendizaje debe ser una actividad en
colaboración en la que el lenguaje opere de un modo constante. Para ello, se han de
plantear propuestas de enseñanza que supongan un reto mediante proyectos, reales
o ficticios, que impliquen a varios adultos en un mismo grupo. Estas propuestas
habrán de ser dinámicas y han de permitir a los adultos aprender entre sí, compartir
experiencias y aprendizajes para tratar de resolver un problema común.
24
A su vez, el aprendizaje cooperativo promueve el aprendizaje de
competencias transversales que son altamente valoradas en el mercado laboral. De
tal modo, facilita el desarrollo de habilidades interpersonales e intelectuales de alto
nivel, genera responsabilidad, flexibilidad, autoestima y motivación por aprender, y
suscita el aprendizaje profundo frente al superficial (Johnson y Johnson, 1989).
25
aprendizaje en partes diferentes. Cada sujeto realiza lectura de su parte y se
reúne con otros, de grupos diferentes al suyo, que también tienen que leer
esa parte. Juntos discuten sobre la temática que se les haya asignado en
grupos de “expertos”. Posteriormente, los expertos regresan a los grupos
originarios para explicar a sus compañeros de grupo original aquella parte
que les había tocado.
--‐ Aprender juntos: consiste en organizar equipos y cada uno de ellos ha de
realizar un proyecto. Cada equipo tiene miembros asignados con diversos
talentos. Se potencia que cada sujeto aprenda de las cualidades de sus
compañeros.
Con relación a este tema, resulta necesario conocer que los adultos, a
menudo, no cuentan con entornos favorables para dar el primer paso y otros
sucesivos hasta lograr una adherencia hacia un contenido o una actividad. Las
circunstancias personales actúan de mediadoras entre las motivaciones de los
adultos y el reto de aprender. Incluso cuando los adultos aceptan el desafío de
seguir aprendiendo resulta complicado que mantengan su ímpetu en el tiempo. Por
sus situaciones personales y por las barreras que a menudo pone la sociedad al
considerar que la edad es un factor limitante para poder seguir aprendiendo.
26
aprender y que vaya más allá de una moda pasajera o de un requisito profesional.
Otro rasgo específico es que las personas adultas aprenden a cualquier edad.
De tal manera adquieren y desarrollan competencias aunque puede que pierdan
otras. Esta capacidad está asociada a la inteligencia humana. Una de las teorías
que más influencia ha tenido en el pensamiento actual sobre el aprendizaje y el
desarrollo de la inteligencia es la teoría de las Inteligencias múltiples de Gardner
(1993). Esta teoría contribuyó a cambiar los puntos de vista tradicionales sobre la
inteligencia humana excesivamente focalizados en el cociente intelectual. La
propuesta de Gardner, supera la concepción de la inteligencia como una estructura
singular, estable e inmodificable desde el nacimiento. Así pues, adopta una posición
pluralista que comprende la capacidad cognitiva de las personas como un conjunto
de inteligencias definidas que pueden cambiar y desarrollarse en virtud de la
experiencia que los sujetos ha tenido durante su vida. En consecuencia, la
inteligencia es resultado de la interacción entre los distintos factores biológicos y
ambientales y, por tanto, es educable. De ahí la importancia de esta teoría en la
educación y el aprendizaje de las personas adultas.
27
de decidir qué aprender. Así mismo, la metodología de enseñanza tendrá que
ajustarse al adulto, no al revés, para evitar pérdidas de tiempo, desengaños y
propuestas desajustadas que toman como referencia el modelo escolar.
28
muestra conforme con las teorías del aprendizaje aunque reconoce particularidades
propias del aprendizaje de los adultos. Su intención era promover un tratamiento
específico a los adultos dentro de un marco escolar pero esta intervención se redujo
a pequeños cambios insatisfactorios en el modo de enseñar de los educadores.
En tercer lugar, el paradigma social que considera la función del educador
como mediador colaborativo en el aprendizaje de los adultos. Este paradigma surgió
como una alternativa diferenciada de los dos anteriores al propugnar que el modelo
de aprendizaje no tenía que hacer referencia prioritaria a la escuela sino a las
necesidades sociales. El modelo social nace en los años noventa con la Conferencia
de la Educación para todos en Jomtien en la que se anunció que la “visión ampliada
de la educación” considera tanto la sociedad de todos, como la sociedad de la
información y sus demandas.
29
Competencias de los educadores de adultos
1
Consultar http://europa.eu/legislation_summaries/education_training_youth/lifelong_learning/c11090_en.htm
30
ante una nueva situación de aprendizaje. Con frecuencia, la presión de cumplir con
los contenidos planificados relega al olvido esta condición, sin embargo es primordial
que se tengan en cuenta las vivencias previas para poder lograr aprendizajes
perdurables y significativos.
31
parte del currículum de la educación de adultos.
Para que los adultos desarrollen sus capacidades es fundamental que los
educadores muestren un alto compromiso personal y profesional. Además de estas
cualidades, se ha de destacar la autenticidad, naturalidad, equilibrio, etc. Todos
ellos, aspectos relevantes y a tener en cuenta por cualquier enseñante. No obstante,
existen tres rasgos sobre los que conviene detenerse. El primero es la confianza.
Los educadores de adultos deben aparecer como verdaderos modelos profesionales
capaces de hacer que los aprendices superen las expectativas negativas que
pueden generarse en la sociedad y dentro de un grupo de clase. Para ello, han de
reforzar la experiencia de aprendizaje y estar atentos a los estados de ánimo de los
adultos.
32
habilidades de comunicación. Se trata de la capacidad de despertar pasión por
aprender. Cuando los educadores enseñan con entusiasmo generan un efecto
contagio por aprender. Para ello, son requisitos indispensables la vocación y la firme
creencia por la labor que se desempeña.
En la actualidad la sociedad se apoya en la escuela como institución formal que hace posible el
proceso educativo. La escuela es un medio educativo puesto por y en la sociedad a disposición El
maestro efectúa su mediación pedagógica en una ósmosis de vida y de trabajo con alumnos
33
(García, 2001).
De aquí la relevancia del papel que debe cumplir el docente, el cual requiere de capacitación,
actualización permanente, un dominio de los procesos de enseñanza y aprendizaje para guiar de
manera efectiva, promover la reflexión y mejorar la práctica educativa en cualquier entorno que se
le presente, sea en aula regular, aula especial o escenarios no convencionales.
Feuerstein (citado por Ferreiro 2006) puntualiza que el docente debe cumplir requisitos al mediar
entre el alumno y los procesos de enseñanza y aprendizaje, los cuales son: (a) la reciprocidad; (b)
la intencionalidad; (c) el significado; y (d) el sentimiento de capacidad o autoestima.
Igualmente, considera que la mediación pedagógica “es la exigencia clave de los procesos
educativos como el estilo metodológico que posibilitará el desarrollo de las capacidades
distintivas del ser humano: pensar sentir, crear, innovar, descubrir, y transformar su entorno
34
(p.69). “La mediación es expresión de humanismo y respeto por la persona” (ídem). En este
sentido, se resalta la importancia del docente como mediador, debido a que es él quien orienta al
estudiante en la conformación del andamiaje, definido por Bruner (1981) como el puente que se
establece entre el estudiante y él; es decir, el docente deberá ser facilitador- mediador y el
alumno constructo de su aprendizaje, producto de las interacciones entre el aula y los ambientes
extraescolares.
De lo anterior se resalta, que los aprendizajes son el resultado de las diversas interacciones de
los individuos con su entorno. Son todas estas experiencias las que se transforman en
conocimiento y que Piaget (1981) lo explica a partir de dos procesos fundamentales: (a) una
asimilación que alude a la incorporación de los elementos del ambiente, es decir, es la
actuación sobre éste con el fin de construir un modelo del mismo y; b) acomodación que consiste
en modificar las estructuras mentales para aceptar e incorporar la nueva experiencia que se
transforman en un cambio permanentemente de conducta o del potencial de la persona como
resultado de las mismas.
Se puede inferir entonces, que es por vía de la metacognición, que el estudiante interactúa con
su ambiente y construye sus conocimientos. Es un ente activo que ensambla, extiende, restaura e
interpreta, para apropiarse del conocimiento desde los recursos de su experiencia y la
información que recibe. Así mismo es por vía de la enseñanza; con el acompañamiento del
docente, que aprende a organizar la información y desarrollar estructuras cognitivas adecuadas.
Piaget (1981); Coll (1989); Klinger y Vadillo (2001) expresan que varios factores anteceden y
explican acerca de la construcción del proceso de adquisición del aprendizaje y que este ocurre
cuando la experiencia provoca un cambio en el conocimiento o en el comportamiento del ser
humano.
En este mismo orden de ideas, Vygotsky (1979) es considerado el precursor del constructivismo
social, con énfasis histórico – social. A partir de él, se han desarrollado diversas concepciones
sociales sobre el aprendizaje. Lo fundamental de esta teoría, se centra en considerar al
individuo como el resultado del proceso histórico y social, donde el lenguaje desempeña un papel
esencial. Además, puntualiza que el conocimiento es un proceso de interacción entre el sujeto y
el medio, pero el medio entendido social y culturalmente.
Díaz y Hernández (1999); Coll (2000); Ontoria, Gómez y Molina (2000) y Monereo (2001)
coinciden en afirmar en sus investigaciones que la Zona de Desarrollo Próximo representa la
35
posibilidad que tiene el individuo de aprender en el ambiente social en la interacción con los
demás. El conocimiento previo y la experiencia de los demás pares es lo que posibilita el
aprendizaje; por consiguiente, mientras más rica y frecuente sea la interacción con los demás, el
conocimiento será más rico y amplio.
La Zona de Desarrollo Próximo Distal, según Ríos (1997); Carretero (1998) y Coll (2000) se
logrará gracias a la mediación, entendiéndose por ésta el proceso en el cual participan un
mediador (el docente) quién conduce los procesos de enseñanza y aprendizaje y a la vez
establece una relación de ayuda con el aprendiz (estudiante), para apoyarlo a organizar,
desarrollar los procesos de pensamiento y facilitar su aplicación de estructuras superiores; es
decir, el recorrido que se determina desde lo próximo a lo distal, es el recorrido del aprendizaje. El
desarrollo distal es una meta a alcanzar.
La definición de la Zona de Desarrollo está representada por dos dimensiones: rol del docente
como mediador y el aprendiz activo. Vygotsky (1979) reconoce que el niño piensa para recordar y
el adolescente recuerda para pensar; por tanto pensar y recordar son procesos del pensamiento
involucrados en el aprendizaje.
Inicialmente las personas (maestros, padres o compañeros) que interactúan con el estudiante son
las que, en cierto sentido, son responsables de que la persona aprenda. En esta etapa, se dice
que el ser humano está en su zona de desarrollo próximo. Gradualmente, el individuo asumirá la
responsabilidad de construir su conocimiento y guiar su propio comportamiento.
Vygotsky (1981) define la zona de desarrollo próximo, como la distancia entre el nivel real de
desarrollo, determinado por la capacidad de resolver independientemente un problema, y el nivel
de desarrollo potencial, determinado por la resolución de un problema bajo la guía de un adulto o
en colaboración con otro compañero más capaz.
36
responsabilidad de él, la promoción del aprendizaje corresponde en gran medida al docente de
aula. El alumno aprende en la medida que el docente promueva el aprendizaje significativo a
partir de espacios de reflexión y el uso de estrategias que permitan la construcción del
conocimiento.
En resumen
Enriquecer el proceso educativo, exige una actitud positiva de parte de todos los entes
involucrados en el hecho educativo. Además el protagonista es el educando, si bien el aprender
es responsabilidad de él, la promoción del aprendizaje corresponde en gran medida al docente de
aula por ser éstos promotores de aprendizajes significativos, a partir de espacios de reflexión y el
uso de estrategias que le permiten al educando la construcción de conocimiento.
37
llegar a acuerdos entre las partes. De aquí la importancia del maestro como mediador de los
procesos de enseñanza y aprendizaje que sea un puente entre los alumnos o grupo para poder
facilitar una solución negociada mediante razonamiento, persuasión y sugerencias de alternativas
en pro de resultados favorables que satisfagan a todas las partes y forjen relaciones positivas
dentro del grupo.
Al respecto, Díaz y Hernández (1999) la función central del docente consiste en orientar y guiar la
actividad mental constructiva de sus estudiantes y son ellos quienes deben recibir la ayuda
pedagógica que le sea requerida.
Como punto final, el fortalecer el desempeño profesional del docente de aula en su rol de
mediador en los procesos de enseñanza y aprendizaje es de gran importancia porque le permite
facilitar y promover el potencial del joven y el adulto, el cual debe ser estimulado para lograr un
desarrollo exitoso en dichos procesos.
Analizar e incorporar los tipos de conocimientos, así como una perspectiva cognitiva y
procesual para conducir los procesos de enseñanza y aprendizaje cuando desarrolla su
clase.
Definir de manera explícita en sus planificaciones el uso de estrategias de
aprendizaje que promuevan el uso del lenguaje como recurso que facilite los
procesos de mediación social y cultural.
Hacer uso de la mediación en los procesos de enseñanza y aprendizaje, para ello
38
sería factible la actualización a través de cursos y talleres.
Rosas, Lesvia O Ríos, P. (1997). La Mediación del Aprendizaje. Cuadernos Educación UCAB,
1, 34- 37.Ríos, P. (2006). Psicología. La Aventura de Conocernos. Caracas: Textos. (1984).
“Notas teóricas sobre el aprendizaje de los adultos”, en Revista latinoamericana de Estudios
Educativos. vol. XIV, nos. 1-2.
Schmelkes, Sylvia (1994). La educación de adultos: estado del arte. Hacia una
estrategia alfabetiza- dora para México. ftéxico, CEE, A.C.
Kidd, J.R. (1979). Como aprenden los adultos. Argentina, El Ateneo Edito- rial.
39
Introducción
El presente bloque tiene por finalidad acercar algunas cuestiones relacionadas con el proceso
Alfabetización Inicial de jóvenes y adultos para acompañar necesarias reflexiones al respecto y
orientar la toma de decisiones didácticas.
Se trata sin duda del abordaje de una problemática de significativa complejidad lo que hace
imposible agotar todos los aspectos que la componen en un único material. Sin embargo, importa
aislar algunas de sus variables de mayor relevancia para posibilitar el análisis
De lo que se trata es de rescatar las aristas que asignan a este proceso una especificidad
reconocible en términos de procesos pedagógicos vinculados a la enseñanza y al aprendizaje que
hagan factible el ingreso a la escritura y a los paradigmas de la cultura escrita a sujetos que no lo
hubieran logrado en los tiempos socialmente previstos, con los mayores niveles de calidad y
pertinencia posible en orden a atender las legítimas necesidades de estos destinatarios.
40
aprendían a leer y a escribir llevaban adelante un trabajo sistemático hacia el logro de una
traducción en símbolos gráficos de lo que antes se centraba en el manejo de la oralidad.
El aprendizaje de la escritura requería entonces que, una vez percibido un sonido, éste fuera
aislado como unidad fónica para luego graficarse de una forma determinada. En el caso de la
lectura, la simple identificación de un grafema era asociada a un sonido identificable que,
unido en sílabas y luego en palabras, permitía la consecuente integración de frases a la que un
siginificado le era asignado. El mayor esfuerzo residía en asegurar la mayor calidad en la
discriminación de símbolos visuales en la hoja impresa o en la pizarra para su inmediata
traducción verbal.
Se inicia hacia finales de la década del sesenta una corriente, enriquecida desde la
psicolingüística, en la que comienzan a ser visualizadas otras cuestiones asociadas a la lectura
y a la escritura y que se concentran fundamentalmente en los procesos cognitivos que, operados
en cada individuo, hacen posible un determinado desarrollo de competencias lingüísticas para la
apropiación del lenguaje escrito.
Como puede verse el giro respecto de la perspectiva sustentada desde conductismo que
prevaleció en la primera mitad del siglo XX resultaría en efecto contundente. De la actividad
centrada en el campo de la percepción, que se traducía en un cambio observable considerado
significativo en determinada conducta, la perspectiva cambia hacia situar el mayor énfasis en el
rol activo e intencional del sujeto usuario del lenguaje como así también en el análisis de
procesos cognitivos internos que hacen posible la adquisición y comprensión del lenguaje.
Las concepciones vinculadas con la adquisición del lenguaje escrito se descentran entonces de
las prácticas de enseñanza para anclar fuertemente en el análisis y la experimentación respecto
de los procesos de aprendizaje. Lo sustantivo comienza a estar puesto en los modos y alcances
de apropiación de la escritura según las características del sujeto que aprende más que en la
implementación de uno u otro método de enseñanza, sobre todo si en ellos no son tenidos en
cuenta los procesos internos mediante los cuales cada sujeto construye itinerarios de aprendizaje
y de apropiación de la letra escrita.
41
A comienzos de los años 70, los sociolingüistas se involucran fuertemente en el ámbito de la
problemática específica de la alfabetización. Fundamentalmente con los estudios y teorizaciones
realizados en torno de las variantes dialectales y su vinculación con los procesos de lectura. Lo
que estas investigaciones arrojan como resultado al respecto es, en principio, una nueva
valoración de la implicancia de las formas dialectales (de orden culturar, etnográfico, etc.)
implicadas en un proceso de alfabetización y que deben ser tenidos en cuenta a la hora de
enseñar a leer y a escribir lo cual a su vez representa un giro muy significativo y una nueva
aproximación a esta problemática.
Desde esta línea, al concebir al lector o escritor como sujeto social, la mirada respecto de los
procesos de alfabetización también se modifica en virtud de que comienzan a ser estos procesos
visualizados precisamente como el resultado de una construcción social, esto es, como prácticas
sociales orientadas hacia la apropiación del lenguaje escrito. Visto de este modo, el aprendizaje
de la lectura y de la escritura transpone las fronteras de un itinerario de construcción individual
dentro del campo de lo puramente perceptivo en términos de la transcripción gráfica del lenguaje
oral para pasar al ámbito de aprendizaje y desarrollo de las prácticas de comunicación de un
grupo social determinado.
Considerado así, el lenguaje no es visualizado como elemento neutro sino como un bien con el
que cuenta el sujeto socialmente instalado, participando de procesos de comunicación en el
marco de variables históricas concretas y a su vez dinámicas, que marcan una manera de
acceder a la escritura como así también una forma de ser globalmente entendido el acceso a los
códigos escritos y, del mismo modo, una manera de ser entendida la finalidad que esto reporta.
42
Todos estos movimientos al interior de los marcos conceptuales respecto de la alfabetización
como proceso o bien respecto de las prácticas de enseñanza que se implementaban, permitieron
hacer visible la diferencia entre considerar a la escritura como “una representación del lenguaje o
como un código de transcripción gráfica de unidades sonoras”. (Ferreiro, 1997).
Desde esta línea prestar atención al análisis de esta tensión presente en las diferentes
propuestas metodológicas para el trabajo en la alfabetización implica diferenciar que “si la
escritura se concibe como un código de transcripción, su aprendizaje se concibe como la
adquisición de una técnica; si la escritura se concibe como un sistema de representación, su
aprendizaje se convierte en la apropiación de un nuevo objeto de conocimiento, o sea, en un
aprendizaje conceptual”. (Ferreiro, 1997)
Alfabetizar entonces implica un proceso complejo que se compone de diferentes etapas en dichas
prácticas sociales y en las que se van dando distintos niveles para esa apropiación de códigos
según vaya variando la finalidad y los niveles de interacción del sujeto social con la palabra
escrita.
Siendo así, dentro de la consideración de esta problemática no puede ser dejada de lado la visión
que se tenga respecto de qué es lo que se entiende por cultura escrita y su interacción con ella
dentro de los parámetros y paradigmas del mundo de principios del tercer milenio. Esto es, no
puede eludirse la vinculación de todo proceso alfabetizador -en lo que hace a la aplicabilidad de
los conocimientos en el contexto mediato o inmediato- y la circulación social de una profusa
diversidad de lenguajes en vigencia.
De la mano con lo anterior surge la cuestión de ser considerados no sólo a los textos escritos
registrados en libros u otro tipo de soporte impreso de la palabra escrita, sino todos aquellos
textos que circulan dentro de las bandas de soporte informático. Esto también obliga a la
escuela a repensar prácticas y estrategias didácticas si es que asume la responsabilidad que le
cabe de fortalecer el acceso y la apropiación de los códigos escritos no para la construcción de un
itinerario escolar, sino para el enriquecimiento en la interacción de los sujetos con su medio.
43
cada vez más exigentes demandas de aplicabilidad del conocimiento adquirido, deja fuera de
márgenes de inclusión a quienes no fueron tuvieron acceso a dichos aprendizajes.
Sin embargo, a la hora de abordar proyectos educativos al respecto, los resultados no siempre
son los esperados al momento de su diseño. Se trata sin dudas de una problemática a menudo
no atendida desde su complejidad por lo que debe asignarse importancia a desagregar en ella
cuestiones que hagan posible modos de intervención cada vez más eficaces y que mejor atiendan
las necesidades de quienes se inician en el aprendizaje de la escritura en edad adulta.
Todo proyecto educativo se diseña e implementa a partir de una interacción que se supone
positiva entre quienes lo promueven y quienes son destinatarios de las acciones En el caso de
una propuesta de alfabetización, los docentes alfabetizadores son quienes deben promover las
acciones pedagógicas necesarias para que personas de diferente procedencia y características,
logren el nivel de desempeño esperado en el manejo de códigos escritos.
Tomadas las decisiones pedagógicas, se dirige la acción hacia lo que se supone permite acercar
lo mejor posible la oferta educativa a las características de demanda de la población destinataria.
44
Sin embargo, se hace necesario problematizar algunas cuestiones relacionadas con lo que
significa promover una propuesta educativa o social.
En principio convendría establecer una diferencia entre lo que se entiende por "proyecto" respecto
de lo que se entiende por "experiencia". El primero de los términos nos ubica en lo referente a lo
que algunos llaman "idea carpeta", es decir, que se trata de una formulación que tiene su razón
de ser en una serie de supuestos y principios que dan soporte al diseño de una cantidad variable
de acciones y estrategias metodológicas de implantación e implementación.
Planteada esta cuestión, conviene ya detenerse en el análisis de algunos aspectos que como
Martinic señala "subyacen en la lógica de la formulación" inicial de una propuesta en este caso de
enseñanza. Puede darse que ya en el proceso de implementación esta propuesta de enseñanza
no arroje necesariamente los resultados que se esperan, aun cuando se siguieron paso a paso
las etapas fijadas dentro de la secuencia de acciones programada. No explícitas, hay cuestiones
que, implícitamente presentes en el desarrollo de las acciones pedagógicas, puede que operen
negativamente dentro de la lógica de la propuesta entorpeciendo su ejecución y obstaculizando el
camino hacia el logro de resultados.
Sin embargo, desde una mirada de recuperación de es posible aislar algunos aspectos tendientes
a conceptualizar cada vez con mayor justeza la pertinencia de propuestas alfabetizadoras para
sujetos adultos que no lograron la apropiación de la lectura y la escritura en tiempo y forma.
Una de las representaciones sociales que más fuertemente ha operado en los diferentes
emprendimientos de alfabetización para jóvenes y adultos tiene que ver con que este tipo de
propuestas sale al cruce de la tensión entre "primitivismo" y "civilización". "Así, por un lado,
grupos sociales que no utilizaban la escritura como forma de comunicación entre sus integrantes
eran tenidos como 'primitivos', en contraposición con los 'civilizados', los cuales se servían de ésta
como símbolo de evolución". (Descardeci, 2000)
45
Situar la diferencia entre ser alfabetizado o analfabeto con conceptos tales como "sujeto primitivo"
y "sujeto civilizado" ubica al alfabetizador en un lugar desde el cual convoca al participante de la
propuesta a salir del mundo de oscuridad para marchar hacia el de la luz del conocimiento,
visión que, sin duda, se origina en parámetros socio-culturales predeterminados.
Convendría en cambio verlo desde la óptica de "cultura iletrada" y "cultura letrada" lo cual abre el
espacio para la visualización de dos tradiciones culturales sostenidas ambas sobre diferentes
paradigmas de desarrollo y desde los que se construyen diferentes expectativas de interacción
social. Reconocer la diferencia pero desde esta perspectiva, en principio, permitiría colocar los
términos del análisis fuera de una relación asimétrica en el manejo de “poder” entre quienes
alfabetizan y quienes son alfabetizados, siempre dentro del ámbito de una suerte de construcción
simbólica.
"Limage (1990), Olson (1994), Graff (1979) y una serie de otros estudiosos que teorizaron sobre
el concepto de alfabetización apuntan a la creación de 'mitos' con relación al papel de la escritura
en la vida del individuo y de las sociedades modernas como un todo. Casi siempre terminan por
marginalizar a aquellos que no dominan el código escrito como forma de representación de
mensajes". (Descardeci, 2000)
Es posible aislar construcciones simbólicas, mitos que operan fuertemente como soporte de
propuestas de alfabetización para poblaciones jóvenes y adultas.Se identificarían:
La hipervaloración del saber escolarizado reconoce raíces muy profundas que impregnan
decisiones acerca del lugar del saber en otras situaciones fuera del ámbito de la escuela, al punto
que, por ejemplo, de darse el caso de entrevistas para selección de personal para un determinado
trabajo al que son convocadas personas con bajo nivel de escolaridad o casi recién alfabetizadas,
y los instrumentos utilizados siguen criterios decididamente escolares en su diseño y en la
selección de contenidos que en ellos se presentan. Si se evalúa desempeño en el uso de la
lengua, es frecuente que se apele a textos con modalidades similares a los que aparecen en
manuales de estudio, tratándose además de manuales de estudio diseñados y pensados para
niños.
46
En este caso, no se tiene en cuenta la calidad del uso que la persona hace del lenguaje y su
capacidad de contextualización y adecuación de prácticas discursivas que podrían dar cuenta
no solamente de su desempeño lingüístico sino del alcance, variedad y nivel de saberes ya
adquiridos.
Asociar persona no alfabeta a sujeto de aprendizaje comparable a un "niño" es quizás una de las
representaciones subyacentes de mayor peso. "Debe considerarse que los adultos que retornan a
la escuela, o que llegan a ella por primera vez, vienen de una experiencia de vida diferente de
aquellas de los niños, con objetivos completamente distintos. El uso que ellos hacen del lenguaje
en sus vidas también difiere del de los niños". (Descardeci, 2000)
Es una de las cuestiones más fuertemente consolidadas en las ofertas de Educación Básica para
jóvenes y adultos acentuándose mucho más cuando se trata de propuestas de alfabetización. En
principio podría asignarse como causa de esta representación simbólica la consolidación de un
supuesto que permitiría homologar sujetos de aprendizaje a partir de una homologación de
necesidades educativas lo cual establece una analogía directa entre sujeto analfabeto y niño que
no sabe leer ni escribir. Obviamente, el supuesto que podría convalidar esa homologación a partir
de que ambos niños o adultos requieren de la enseñanza de la letra escrita, se sustenta en una
desajustada y confusa definición de lo que implica el universo de un niño y el de una persona
adulta.
La hipervalorización del saber escolarizado en términos de saber letrado hace que aquella
persona, joven o adulta que no cumplimentó itinerarios educativos de nivel básico, no solamente
queda marginado de una variada gama de posibilidades en el orden social y laboral, sino que ni
siquiera se le asigna el derecho de ser reconocido como sujeto adulto en un sentido completo.
47
También opera como fuerte afirmación en el desarrollo de marcos conceptuales para la
alfabetización de adultos el supuesto de que la modalidad escrita constituye una forma de
representación puesta en alta consideración lo que consecuentemente y por tácita aceptación
resta niveles de importancia y de validez a otras que resultan imprescindibles para en cualquier
proceso de comunicación y de construcción de conocimiento tales como la oralidad, la
gestualidad, lo icónico u otro tipo de representación simbólica.
La explicitación de estas cuestiones aun cuando sean presentadas a partir de sus aspectos más
generales, pretende en principio poner en cuestionamiento el supuesto de la aparente
"neutralidad" de la concepción del lenguaje en quienes propician propuestas de alfabetización de
jóvenes y adultos a partir de la cual sus parámetros culturales puestos en juego en propuestas de
enseñanza pareciera que obedecen a una supuesta "ley natural". Es por lo tanto necesaria la
creación de un espacio genuino de interacción comunicativa para que docente y alumno cada uno
desde su rol y lugar específico, construyan - entre adultos- condiciones contextuales que
propicien aprendizajes de calidad, con la significatividad social necesaria y con adecuación a los
intereses y necesidades de cada uno de los que demanden acciones de alfabetización.-
Tal como se ha señalado el lenguaje representa una herramienta sustantiva para la expresión
humana y es el que hace posible al sujeto interactuar en los más diversos procesos de
comunicación. Puede afirmarse que es la palabra la que permite la construcción simbólica de la
48
realidad al nombrarla y al hacerlo, otorgarle un sentido comunicable. Sin la mediatización que
impone el lenguaje, esta realidad se haría accesible desde su pura inmediatez no haciéndose
posible imprimir sobre cualquiera de sus aspectos una mirada hacia el pasado o hacia su
proyección a futuro.
Fue en un principio a través de la palabra hablada de la que se valía el sujeto para nombrar, dar
sentido a ese entorno y comunicarse con los otros. La escritura surgió más tarde como otra
modalidad de soporte de procesos cognitivos y de comunicación.
Ha pasado ya un tiempo desde que Olson y otros autores al finalizar los años setenta y a partir de
sus investigaciones invitan a dejar atrás los marcos conceptuales que veían a la escritura como
un efecto de transcripción del lenguaje oral. Se ha avanzado en ese sentido hacia la
consideración de la oralidad y la escritura, no vistas una como consecuencia de la otra, sino como
dos formas propias para el desarrollo de prácticas de comunicación.
“La expresión oral es capaz de existir, y casi siempre ha existido, sin ninguna escritura en
absoluto, empero nunca ha habido escritura sin oralidad”. (Ong, 1982) Estas son dos formas de
utilización del lenguaje a través de las cuales el sujeto logra una “refundación” dinámica y
constante del mundo a través de su representación en realidades comunicables.
“Ambas, la oralidad y la cultura escrita han sido enfrentadas y contrapuestas una con la otra, pero
se puede ver que siguen entrelazadas en nuestra sociedad. Desde luego es un error
considerarlas mutuamente excluyentes. Entre ellas hay una relación de tensión recíproca, que en
gran medida tiene a la vez una dimensión histórica, por cuanto las sociedades con cultura escrita
han surgido de tradición oral y una dimensión contemporánea por cuanto buscamos una
comprensión más profunda de lo que podría significar para nosotros una cultura escrita en tanto
superpuesta a una oralidad en la que nacimos y que aún gobierna gran parte de las interacciones
normales de la vida cotidianda”. (Havelock, 1987)
Sabido es que todavía hoy perviven culturas que pueden ser consideradas primariamente orales
por no tener a la escritura incorporada en sus prácticas discursivas de comunicación. Sin
embargo, puede observarse en ellas –tal como ocurre en las culturas letradas- una cabal
representación del entorno, historización y registro del acontecer, interpretación de fenómenos y
procesos, es decir, un desempeño lingüístico en sus más variadas formas y formatos que hacen
posible la utilización del lenguaje para las exigencias que impone la construcción de
conocimientos. Esa construcción de conocimientos se soporta sin duda en procesos cognitivos
diferentes a los que se dan en el marco de culturas letradas.
49
“Los seres humanos de las culturas orales primarias, aquellas que no conocen la escritura en
ninguna forma, aprenden mucho, poseen y practican gran sabiduría, pero no ‘estudian’. Aprenden
por medio del entrenamiento –acompañando a cazadores experimentados, por ejemplo- por
discipulado, que es una especie de aprendizaje, escuchando, por repetición de lo que oyen,
mediante el dominio de los proverbios y de las maneras de combinarlos y reunirlos por
asimilación de otros elementos formularios, por participación en una especie de memoria
corporativa, y no mediante el estudio en sentido estricto”. (Ong, 1982)
Walter Ong, importante referente conceptual en lo que hace a la reflexión respecto de la relación
“oralidad y escritura”, presenta así algunas de las formas en que más frecuentemente se aprende
dentro de contextos en los que sólo circula la comunicación a través de códigos orales. El
aprendizaje se da desde la propia experiencia y la que se comparte con otros y desde otros. La
experiencia se acopia, se elabora e interpreta y se trasmite desde la palabra hablada. Se
aprende escuchando y lo que se escucha se repite indefinidamente y de esta manera se
conforma un acervo común, un repertorio compartido de interrogantes y respuestas que se
consolidan en una “mirada” para la comprensión del mundo y la existencia humana.
La palabra en ese contexto no constituye una unidad aislable como objeto de análisis y reflexión
conceptual. “En cambio, (las palabras) son una herramienta para denotar un significado social.
(Tannen, 1980) No puede ser disociada el habla dentro de la constitución de la conciencia. Todas
las culturas reconocen en la palabra hablada su sustento original y el primer soporte para
cualquier especulación o abstracción conceptual ulterior, para cualquier práctica de comunicación.
Como ya ha quedado dicho, perviven en la actualidad culturas que aún más allá del avance
evidenciado de las culturas letradas y sus paradigmas, continúan desarrollándose en el marco de
la oralidad. Sin embargo, “Hoy en día la cultura oral primaria casi no existe en sentido estricto
puesto que toda cultura conoce la escritura y tiene alguna experiencia de sus efectos. No
obstante en grados variables muchas culturas y subculturas, aún en un ambiente altamente
tecnológico, conservan gran parte del molde mental de la oralidad primaria”. (Ong, 1982)
Cuando se plantea la palabra dentro de ese “molde” se hace referencia a una cuestión -
ciertamente compleja en lo que concierne a la discriminación de sus componentes - que obliga
necesariamente a reparar en cómo se construyeron representaciones simbólicas exclusivamente
concebidas desde el manejo del lenguaje oral. Esto lleva a su vez a la consideración necesaria de
lo que implican los procesos de construcción de conocimiento en el ámbito de culturas letradas y
de las que no lo son.
En principio, cabría una primera distinción entre lo que se considera universo letrado y el universo
primariamente oral en lo que hace a la relación entre lenguaje y conocimiento. Para el caso de las
culturas orales, el sujeto no es asumido como productor de discurso nuevo, sino que su palabra
está comprometida en la reelaboración permanente de la palabra original y primigenia. Su
producción lingüística se entreteje con el entorno natural en relación a tópicos, ritmos y
cadencias. Nada obra como mediatizador en ese vínculo entre palabra hablada y entorno vital. La
palabra no se disocia, no está escindida de esta esencialidad natural, se manifiesta en
construcciones simbólicas en una línea directa de sentido y de gran condensación, desestimando
los caminos de la lógica analítica para desentrañar y explicitar significados.
50
Esta relación de empatía entre el hombre y el medio se despliega y se concentra en la palabra,
conformando una unidad indisociable que no espera sino “nombrar”, “decir” más que reflexionar
teóricamente. Se puede observar entonces que las culturas orales mantienen en esa línea una
fuerte vinculación entre la palabra hablada y fórmulas rituales de distinto orden. Así se ubican
profecías, proverbios, refranes, leyendas, parábolas y otras formas similares en las que la palabra
cotidiana se liga de manera indisoluble a cuestiones del orden de lo existencial y metafísico en el
marco de una gran concentración semántica y una notoria economía expresiva. Sirva para ello de
ejemplo cualquiera de las coplas populares donde no hay desarrollo teorético alguno según
parámetros de la lógica analítica, pero que son portadora de una fuerte significación latente en
cada uno de los pocos versos que las componen.
En este marco, el hablante no inventa y no siente como necesario hacerlo. Participa de un sentido
compartido cuya expresión se logra dentro de la palabra proferida de la cual nadie se adjudica
autoría y dentro de la que el hablante se considera a sí mismo como una vía a través de la cual
estos significados encuentran cauce.
Dentro de esta línea de análisis de cuestiones diferenciales entra culturas letradas y las que no lo
son, importa reparar en la consideración de lo que es legitimado como verdadero, es decir, lo que
tiene relación con la tensión entre palabra y verdad en términos de palabra y legitimidad de lo por
ella representado.
Como apunta Déborah Tannen, la verdad en las culturas primariamente orales reside en el
sentido común que permanentemente referencia a la experiencia, la verdad se hace explícita en
la palabra portadora de lo que la tradición fue sedimentando y consolidando como tal. En cambio,
en las culturas que han incorporado la escritura, lo verdadero se encuentra en la coherencia de la
lógica de una argumentación.
El énfasis en las estrategias lingüísticas asociadas con la tradición oral está puesto en lo que
sucede entre quien habla y quien escucha, entre comunicador y audiencia, o sea, en las
51
relaciones entre personas. Por esto es que aparece fuertemente privilegiado y puesto en relieve
el conocimiento compartido como fuente de legitimación de la palabra. También en las culturas
letradas se sostiene la legitimación de lo dicho en el marco del conocimiento compartido, pero
esto se da desde lo dialógico e intertextual en el ámbito de un universo bibliográfico que avala,
que legitima, que autoriza.
Podría verse en este caso en la escritura también un rasgo distintivo respecto de la oralidad ya
que ilumina la impronta de lo que se reconoce como autoría personal. En la cultura escrita la
noción de autor y de propia escritura cobra sustantiva importancia y tiene previsto todo un aparato
de contralor y resguardo de lo que se considera propiedad intelectual.
Lo dicho permitiría mostrar que las afirmaciones, las respuestas, en un caso se apoyan en la
experiencia de cada sujeto o de cada comunidad y se rastrean en su relato, mientras que en la
cultura de la escritura se rastrean en los textos escritos. Es la letra escrita la que se privilegia
como fuente de conocimiento y de afirmación de criterios imperantes y legitimados. En cambio, en
el ámbito de la tradición oral “Si todos lo dicen, debe ser cierto (Tannen, 1980). Este marco
situacional genera pensamiento, y este pensamiento se dirigirá hacia el entorno no desde un
análisis reflexivo que aísla componentes y categorías sino desde fórmulas, patrones y
paradigmas desde los cuales se da una captación inmediata de raíz simbólica. La tradición oral
convalida, avala, despliega el sentido común, la escritura en cambio lo rehuye y busca caminos
alternativos como un necesario itinerario de construcción.
Importa incorporar dentro de esta primera aproximación al análisis de las variables que funcionan
como marcas diferenciales entre cultura letrada y no letrada lo que Walter Ong considerara como
Psicodinámicas de la oralidad: “Las personas letradas sólo con gran dificultad pueden imaginarse
cómo es una cultura oral primaria, o sea una cultura sin conocimiento alguno de la escritura o aún
sin la posibilidad de llegar a ella. Tratemos de concebir una cultura en la cual nadie haya nunca
tratado de indagar algo en letra impresa. En una cultura oral primaria, la expresión consultar un
escrito, es una frase sin sentido: no tendría ningún resultado concebible” . (Ong, 1982)
Se trata de otra mirada respecto de lo que implica aprender y comprender el entorno vital y en
esa dirección se hace posible una muy diferente manera de representarlo simbólicamente. La
palabra está presente pero desde otra perspectiva de lo que ésta misma representa en esto de
ser vehículo de expresión y de comunicación. “Sin la escritura, las palabras como tales no tienen
una presencia visual, aunque los aspectos que representan sean visuales. Las palabras son
sonidos. Tal vez se las ‘llame’ a la memoria, se las ‘evoque’. Pero no hay dónde buscar para
‘verlas’. No tienen foco ni huella (una metáfora visual que muestra la dependencia de la escritura),
ni siquiera una trayectoria. Las palabras son acontecimientos, hechos”. (Ong, 1982)
El referente de la palabra en puramente fáctico: “las palabras son acontecimientos, hechos”. Nada
es mediador entre la palabra y lo que ella nombra, en cambio en la cultura de la escritura, la
palabra además de designar, nombrar, representar simbólicamente lo nombrado, se registra en
una huella visible desarrollada en un tiempo (secuencia de letras) y un espacio (grafía de cada
uno de los sonidos).
52
En esta relación de tan directa asociación de la palabra con su referente real sin mediatización
alguna –tal como ocurre en las culturas primariamente orales o cercanas a esa categoría – existe
una reconocible asignación de poder a dicha palabra. Si, como planteaba Ong las palabras en
este marco son puro hecho (acción), éstas pasa a ser un elemento que además de nombrar la
realidad, de aludirla y organizarla, operan sobre ella y la modifican. La palabra actúa, interviene
sobre objetos y personas. Nuevamente una cuestión a ser analizada en comparación entre la
lógica desde donde se soportan culturas letradas y las que no lo son.
“La gente oral no tiene sentido de un nombre como una etiqueta, pues no tiene noción de un
nombre como algo que pueda visualizarse. Las representaciones escritas o impresas de las
palabras pueden ser rótulos, la misma condición no puede aplicarse a las palabras habladas,
reales”. (Ong, 1982)
El sujeto toma estas palabras, las enriquece a través de miradas y aproximaciones que van
realimentando constantemente aquel caudal semántico de origen. De este modo se logra la
perdurabilidad del sentido a través del tiempo, todos en cooperación con un bien común
participando en colaboración para su permanente vigencia.
Otra de la característica apuntada por Ong en lo que al pensamiento primariamente oral refiere
tiene que ver con que los enunciados narrativos tienen una fuerte preponderancia a la
yuxtaposición o acumulación de frases antes que la inclusión de subordinadas. En este sentido,
un ejemplo que varios autores toman es el del Libro de Génesis: “Al principio Dios creó el cielo y
la tierra. Y la tierra era informe y vacía y las tinieblas cubrían la superficie del abismo, y el espíritu
de Dios se cernís sobre las aguas. Y Dios dijo: Hágase la luz. Y se hizo la luz. Y Dios vio que la
luz era buena y separó la luz de las tinieblas. Y llamó a la luz día y a las tinieblas noche”...Las
palabras fuertemente ligadas a la acción, en un alto grado de condensación narrativa, cada
oración como bloque de significación contundente sólo articuladas por el conector “y”.
53
de los propósitos fijados en la comunicación con la audiencia y de los modos que puedan resultar
más eficaces para captar su atención. (Puede verse para ello payadas, cuentos humorísticos,
relatos de experiencias, leyendas y cualquier otra forma de la narrativa popular. Por su modo de
circulación desde códigos orales el avance de la información desarrollada en los textos se logra
sobre la base de la construcción de “focos de atención” que hacen posible la progresión textual,
para lo cual su tratamiento llega inclusive a ser copioso y hasta redundante.
En cambio, la escritura no permite la redundancia ya que esto convertiría a la lectura en una tarea
harto fatigosa. Diferente es con la palabra hablada, no se puede “volver atrás” sobre el texto. De
este modo, esta copiosidad sostiene el enunciado con eficacia hacia la captación de la audiencia
y colabora con el sostenimiento del tema y de los procesos discursivos. Además de lo apuntado
por Ong como Psicodinámicas de la Oralidad –de las que se han tomado las más representativas
– cabría una pequeña reflexión respecto de la implicancia del silencio en las prácticas discursivas
de las culturas no letradas.
Esto último es muy importante a la hora de encarar propuestas metodológicas para las prácticas
de enseñanza en un proceso de alfabetización de adultos, sobre todo en lo que hace a la etapa
correspondiente a la Alfabetización Inicial. En líneas generales, los docentes señalan las
“dificultades” que se observan en quienes están empezando a trabajar con la escritura en edad
adulta en lo que hace al logro procesos de comunicación a partir del manejo de la oralidad.
Tal como ha quedado dicho en párrafos anteriores, la alfabetización debe ser concebida no como
el aprendizaje sistemático del código alfabético sino más bien como prácticas sociales para la
interacción con la escritura. Visto así, no puede tampoco ser concebida la oralidad por fuera del
marco de las prácticas de interacción comunicativa de un grupo social determinado y será desde
esta afirmación que deberán seleccionarse las estrategias didácticas correspondientes.
54
A las cuestiones anteriormente planteadas importaría agregar que las culturas con soporte
primariamente oral, generalmente imprimen a sus enunciados y prácticas comunicativas
diferentes ritmos a los que pueden reconocerse en las producciones orales en el ámbito de
culturas letradas. De esta manera también se ubica a la palabra audible en una dimensión
diferente respecto de pausas y silencios ya que también se determina un modo de comunicación
para el sujeto con el sí mismo y con los otros.
Teniendo en cuenta las características del entorno vital de las culturas orales con escasa o
ninguna frecuentación de la escritura, importa lo que señala Havelock: “El ser humano natural no
es escritor ni lector, sino hablante y oyente. Esto debe ser tan cierto hoy en día como lo era hace
siete mil años. Desde la perspectiva del proceso evolutivo, la escritura, en cualquier etapa de su
desarrollo, es un fenómeno advenedizo, un ejercicio artificial, una obra de la cultura y no de la
Naturaleza, impuesta al hombre natural”. ((Havelock, 1988)
Esto hace referencia a una cuestión ciertamente compleja y que requiere una descomposición
cuidadosa a la hora de intentar hacer explícitos factores intervinientes en este pasaje
indisolublemente ligado a todo proceso de alfabetización de un sujeto adulto con estas
características de pertenencia cultural.
Hoy ya no se discute que en las culturas letradas el acceso a lo escrito se da mucho antes de que
se inicie la escolaridad. “El sentido de producir significados desde los libros y relacionar sus
contenidos con el conocimiento del mundo real no es sino una forma de obtener ese
conocimiento y esto es a menudo interpretado como ‘natural’ más que como ‘aprendido’”. (S.B.
Heath, 1982)
En medios letrados las personas se ven interactuando con la letra escrita desde los primeros
años de vida. Padres, abuelos o cualquier otro adulto cercano a la realidad cotidiana del niño
utiliza libros de cuentos, libros de figuras y objetos, folletos publicitarios, revistas u otro tipo de
publicaciones que son utilizadas para el entretenimiento en ratos de juego, antes de ir a dormir o
mientras se alivia el tiempo de convalescencia de alguna enfermedad.
55
Todas estas propuestas las encara el adulto en la mayoría de los casos con la sola finalidad de
compartir un momento de esparcimiento en la que el niño fija su atención en objetos que como los
juguetes o la televisión atrapan su atención y lo entretienen. De este modo y desde muy temprana
edad pueden ponerse en contacto con personajes, historias, objetos, fenómenos, contextos,
situaciones que tienen en el libro, en la revista, en el cartel o la frase su correlato de significación.
El niño va incorporando, sin proponérselo, la certeza de que en la letra escrita hay información
guardada, representada y significativa y advierte que existen mecanismos para obtenerla que
infiere tienen que ver con procesos de lectura y de decodificación.
Aun cuando el ser pequeño no le permita acceder por sí mismo a esos procesos sabe que llegará
el momento en que pueda acceder a dichos sentidos sin ayuda y por sus propios medios. No
sólo lo sabe, sino que espera dicho momento con progresiva ansiedad. Muchos autores coinciden
en ver a esta etapa previa a la escolarización como los primeros pasos de la alfabetización que
posteriormente se encara de manera sistemática.
La letra escrita aun cuando no puede ser leída, es valorada desde el principio como registro de
conocimiento, de respuestas, de explicaciones. En esta valoración, desde esta representación de
lo escrito como medio para hay una aproximación hacia formas de conocer, de saber, de
aprender. La escritura s concebida como algo mucho más amplio que un continuo de grafismos o
de pequeños dibujos sin sentido no importa cuánto de esto pueda o no ser efectivamente
decodificado por el niño. Si bien es el adulto quien lo hace por él, el niño sabe que tendrá acceso
a códigos escritos del mismo modo en que pudo acceder a la deambulación independiente al
caminar, a la posibilidad de comer solo o a la posibilidad de hablar.
Este acompañamiento el adulto lo hace desde la oralidad. Sin embargo desde el inicio se va
incorporando 'lo hablado' y 'lo escrito' como en íntima vinculación El más claro ejemplo se
representa en el libro de cuentos: el adulto los "narra", pero el niño percibe que se lo está
leyendo, que el soporte para lo narrado además de la voz y de las figuras está en el texto escrito.
No admite cambios de palabras en una historia ya conocida, porque tiene la certeza de que la
letra escrita dice algo y eso no hay por qué cambiarlo.
De este modo los niños pertenecientes a grupos letrados se ponen también en contacto con
cadencias, entonaciones, con secuencias que dan una clara imagen auditiva de articulación de
palabras en unidades con sentido que más tarde conocerá como oraciones que también ya pudo
comprobar que forman parte de una unidad mayor que constituye el texto.
Sin dudas, alfabetización en una muy importante medida implica la puesta en marcha de
procesos para el acceso a la cultura escrita. Aquel que se inicia en la alfabetización proviniendo
de un medio letrado se inserta en un universo diferente pero no de límites insospechados Hay
muchas estructuras de soporte ya incorporadas en donde progresivamente irán anclando sus
aprendizajes.
56
Leer y escribir no implicará sino continuar aprendiendo lo que ya sus mayores con diferentes
niveles de instrucción, diferentes perspectivas, modalidades y prácticas sociales le venían
enseñando, mostrando, exponiendo. El aprendizaje de la letra escrita constituye otro paso en su
crecimiento como persona. Son muchos los marcos de referencia con los que cuenta para poder
asimilar ese movimiento y adueñarse de estas nuevas dimensiones para la representación
simbólica de la realidad y para la apropiación de nuevas herramientas de comunicación,
En cambio, cuando quien inicia un proceso de alfabetización proviene de una cultura no letrada,
aprender a leer y a escribir representa el inicio de un proceso de interculturalidad en la que desde
una identidad cultural determinada se busca acceder a otra cuyos códigos además de constituir
en muchos casos modos diferentes para la representación de lo real, no sólo son hablados sino
que se los escribe. Aprender a leer y a escribir implica no solamente graficar o decodificar, sino
que se trata de interactuar con nuevas formas en la utilización de la palabra.
Ingresar a la cultura escrita conlleva un progresivo avance hacia el manejo de lo que algunos
autores llaman "grandes masas de palabras". Indudablemente esto constituye a su vez la
exigencia de interacción con una gama muy diversa de producciones, cada una de ellas
perteneciente a una tipología discursiva determinada.
Importa que los que tienen a su cargo la tarea de alfabetizar, sobre todo en el caso de personas
adultas y tomando en cuenta cuestiones que han venido desarrollándose, seleccionen las
estrategias necesarias para que la interacción con la letra escrita se organice a partir de una
cuidada progresión de la dificultad no sólo en términos de tópicos, temas o contenidos
desarrollados sino en relación con la necesaria gradación de dificultad en la organización textual.
La apropiación de la escritura, no implica el manejo del código alfabético, sino más bien la
posibilidad de transitar por una diversidad textual lo más amplia que sea posible, ya sea leyendo o
escribiendo, y siempre contando con las propuestas didácticas necesarias que permitan al sujeto
que aprende transformar toda letra escrita en información individual y socialmente significativa.
Dado que las sociedades contemporáneas en su gran mayoría asignan a la escuela la tarea de
alfabetizar suele centrarse en esta institución la casi razón de ser del aprendizaje de la letra
escrita. De este modo y tal como lo apunta Emilia Ferreiro llega un punto en que cabe la pregunta
“¿estás alfabetizando para pasar de primero a segundo o alfabetizas para vivir en el mundo
contemporáneo?” (Ferreiro, 1998).
57
Planteada la pregunta, se imponen las decisiones, en este caso, que conducen a la selección
unas u otras estrategias metodológicas, este y no otro contenido, siguiendo una u otra finalidad.
La decisión no es menor y mucho menos sencilla. O la escritura se ubica en el marco de aquello
para lo que fue creada en términos de un modo de representación simbólica para la comunicación
y la interacción social o se transforma en un tópico escolar de envergadura sobre los que
instituciones educativas fijan su horizonte de decisiones didácticas. De la mirada estratégica que
sobre la escritura se fije, dependen las prácticas que se seleccionen para su enseñanza.
58
cuál puede ser el grado de interacción posible entre este sujeto y la letra escrita y por lo tanto,
cómo podrá apropiarse ese sujeto de dicho objeto de conocimiento.
Será importante entonces que cada propuesta metodológica sea analizada desde qué y cómo es
concebida la finalidad para el aprendizaje de la escritura. Nadie pone en duda la necesidad de
fijar acuerdos respecto de cuestiones metodológicas porque esto supondría una necedad también
importante respecto de cómo encarar un proceso alfabetizador. Pero en lo que sí es necesario
insistir y recalcar es que cuando una propuesta metodológica no cuenta con el necesario soporte
en términos de finalidad – aprendizaje del código alfabético para la transcripción escrita de la
oralidad o aprendizaje de un nuevo objeto de conocimiento- convierte toda iniciativa en la
aplicación de “recetas” vacías de un contenido realmente significativo para quien aprende y
también para quien enseña.
Detrás de cada práctica de enseñanza subyace sin duda alguna una forma de concebir al sujeto
que aprende: o lector y escritor que se define como tal por asociar figuras a sonidos o un sujeto
progresivamente “atravesado” por la lectura y la escritura – en papel impreso o en soporte
informático- a partir de lo cual modifica constantemente su concepción de sí mismo y del contexto
en el que se desarrolla. Quien diseña o selecciona propuestas metodológicas debe al menos
hacer un alto para definir en qué sujeto de aprendizaje está pensado de modo tal de elegir en
consecuencia hacia dónde dirigir sus acciones de enseñanza.
“... desde nuestro punto de vista, los cambios necesarios para enfrentar sobre bases nuevas la
alfabetización inicial no se resuelven con un nuevo método de enseñanza, ni con nuevos tests de
madurez o de pre-detección, ni con nuevos materiales didácticos [...] Es preciso cambiar los
puntos por donde hacemos pasar el eje central de nuestras dicusiones. Tenemos una imagen
empobrecida de la lengua escrita: es preciso reintroducir en la consideración de la alfabetización
la escritura como sistema de representación de lenguaje. Tenemos una imagen empobrecida del
niño que aprende: lo reducimos a un par de ojos, un par de oídos, una mano que toma un
instrumento para marcar y un aparato fonatorio que emite sonidos. Detrás de eso hay un sujeto
cognoscente, alguien que piensa, que construye interpretaciones, que actúa sobre lo real para
hacerlo suyo"” (E. Ferreiro, 1997). Es necesario que quien alfabetiza, quienes tengan a su cargo
las definiciones curriculares o las políticas educativas respecto de la enseñanza de la lectura y la
escritura a sujetos adultos lo tenga en cuenta
59
Varios. Ensayos sobre la educación de adultos en América Latina. (México, Centro de
Estudios Educativos, 1982)
Cortés, M., Bollini, R. Leer para escribir. (Buenos Aires, El Hacedor, 1997) Jordán, J. A.
Propuestas de educación intercultural (Barcelona, CEAC,1996)
Varios. La educación de adultos en América Latina ante el próximo siglo. (UNESCO, 1994)
Cook- Gumperz J. La construcción social de la alfabetización (Barcelona, Paidós, 1988)
Ferreiro, E. Alfabetización. Teoría y práctica (Madrid, Siglo XXI, 1998)
Ferreiro, E. Cultura escrita y educación. Conversaciones con Emilia Ferreiro (México, FCE,
1999)
60
Introducción
En nuestro país, uno de los mayores obstáculos en la alfabetización de adultos refiere a las
dificultades para mantener un encuentro sostenido y exitoso entre la escuela y los alumnos, de
tal modo que puedan desarticularse los tradicionales problemas ligados al desgranamiento, la
deserción y, en definitiva, al fracaso escolar. Las hipótesis explicativas respecto de este problema
se modifican históricamente y, aunque en décadas anteriores se ponderan de modo especial las
fallas del individuo y un escaso capital cultural de las familias, hoy resulta imposible mantener
discursos que dejen de lado a la escuela como parte constitutiva del fracaso educativo. De este
modo, la pregunta efectuada sobre la calidad de los procesos de alfabetización que la institución
educativa está potenciando, o por el contrario negando, se constituye en una vía de análisis.
En este sentido, el bloque aquí presentado radica en la caracterización y análisis de los planteos
que acerca de la alfabetización ofrecen las teorías constructivista y crítica; en el caso de la
primera, se recurre a la teoría psicolingüística de Emilia Ferreiro y, en el de la segunda, a los
desarrollos de Paulo Freire.
Es desde aquí que se estarían atribuyendo a la EDJA una serie de características entre las que
se destacan una educación subvalorada, desprotección por parte de políticas y reformas
61
educativas, escasos desarrollos teóricos y metodológicos, deficiencias en la oferta, problemas
vinculados a la gestión pedagógico-curricular y a la formación docente, en estrecha relación con
dificultades para desarrollar un sistema con entidad propia (Llomovate, 1998; Paredes y Pochulu,
2005).
Otro problema, reiteradamente señalado tanto por especialistas de nuestro país como de
Latinoamérica, refiere a la escasa capacidad de convocatoria de la EDJA (Sirvent y Llosa, 1998).
Como resultado de ello, se advierte que los jóvenes y adultos que no asistieron ni asisten a la
escuela se encuentran con altas posibilidades de quedar marginados socialmente, política y
económicamente. Se trata de un conjunto de la población que pasa por la escuela primaria, no
todos en forma completa, o de algunos pocos que, habiendo sorteado la barrera del pasaje al
secundario, abandonan en primero o segundo año.
Aunque la escuela se configure como un espacio para la educación sistemática requerida por las
sociedades organizadas, existen también otros contextos generadores de prácticas de lectura y
escritura como el hogar, la comunidad, los centros de salud, la iglesia, el trabajo, la calle misma,
cuya relevancia no ha sido considerada. Lo que generalmente se enseña en la escuela es,
además, muy poco representativo de la gama social de los usos habituales de la lectura y la
escritura.
El supuesto siempre ha sido que la alfabetización debe iniciarse en determinado momento del
desarrollo de un niño que el sistema educativo se encargó de normativizar para la edad de 6-7
años. Pero la edad “normal” para aprender a leer y a escribir constituye una convención social
basada en falsos supuestos que afirman que la sociedad asegura a todos los niños acceso a la
escuela y garantiza con ella el derecho a aprender.
62
Aun cuando las estimaciones señaladas respecto de la cantidad de años requeridos para el logro
de la alfabetización consideren necesario entre 7 y 12 o más años de escolaridad (Infante, 2000;
Sirvent y Llosa, 1998), tradicionalmente se asocia a la alfabetización con un período de tiempo
breve. En la educación de jóvenes y adultos, se trata de un tiempo acotado que suele traducirse
en campañas o programas que pueden durar desde unos meses hasta unos tres o cuatro años,
algunos con equivalencia respecto del ciclo primario regular del país. Las inversiones suelen ser
bajas, con personal voluntario y no especializado, a veces con acciones no suficientemente
sistemáticas, con pocas horas de dedicación efectiva y con dificultades para ubicarse dentro de
planes de largo alcance.
Los autores contribuyen a interpretar el analfabetismo como una situación que surge de las
injusticias sociales y que trasciende a los sujetos considerados individualmente. Ferreiro afirma
que los problemas de analfabetismo se vinculan a una visión mecanicista de la alfabetización
basada en una concepción errónea de la lengua escrita. En el campo de la alfabetización, la
preocupación ha sido siempre la de identificar los mejores métodos, ignorando una mirada
científica sobre el objeto de estudio, la lengua escrita, y dejando de lado las capacidades
lingüísticas y cognitivas del sujeto. El centro de su teoría se basa en develar cómo dicho sujeto
63
aprende. Por su parte, Freire se opone a una concepción llamada ingenua del analfabetismo que
establece su origen en las incapacidades de los individuos, ante los cuales la tarea de alfabetizar
se sintetiza en depositar en los sujetos —considerados como objetos— sílabas y palabras que
redundan en una repetición mecánica. Desde una visión crítica, la presencia de este fenómeno
asume matices lingüísticos, pedagógicos y también políticos, puesto que aprender a decir la
palabra implica pronunciar el mundo y, junto a ello, transformarlo.
Para referirse a los conceptos de lectura y escritura, las perspectivas analizadas se basan en
enfoques disímiles —psicolingüístico por un lado y filosófico-político por el otro—, pero convergen
en destacar la construcción de significados por parte de los sujetos por sobre una decodificación
vacía de sentido y desligada de los contextos de vida. La participación en la cultura letrada y la
denominación de la realidad mediante la lectura y la escritura promueven una visión crítica del
mundo. Para ello, los aportes ofrecidos desde la consideración simultánea de ambas perspectivas
contribuyen a desmitificar falsas concepciones sobre el lenguaje y se orientan a habilitar a los
sujetos para denominar el mundo e incidir en él. Además, tanto Ferreiro como Freire se
pronuncian sobre las políticas lingüísticas que priorizan una lengua o dialecto en detrimento de
64
otra y abogan por una síntesis cultural que recupere la lengua materna en los procesos de
alfabetización, al tiempo que posibilite una apertura hacia las formas de habla y/o lenguas
estandarizadas (Ferreiro y Teberosky, 1995; Ferreiro, 2001; Freire y Macedo, 1989).
En primer lugar, el alumno pasivo, espectador, consolida la frecuente asimilación de la figura del
alumno adulto a la categoría de alumno-niño. Se refuerza la idea de dependencia, incapacidad y
escasa autonomía cognitiva. Estos aspectos dan cuenta y justifican abordajes remediales en los
que es necesario compensar lo que no se adquirió en la etapa de la niñez.
En segundo lugar, si el propósito de los docentes es transmitir, mostrar, narrar, es fácil advertir lo
ajeno que pueden resultar los contenidos enseñados a los contextos de vida de los educandos. El
hombre espectador pretendido desde perspectivas tradicionales debe tener la virtud de soportar
pacientemente la distancia entre su experiencia existencial y el contenido que se le ofrece para su
aprendizaje, esto, luego de una jornada de trabajo o bien de un día sin trabajo (Freire, 1998b).
Para Freire los contenidos alejados de la vida de las personas aumentan fácilmente los temores.
En esta misma línea, Ferreiro (1993) señala la gran inhibición que jóvenes y adultos mal
alfabetizados manifiestan respecto de la lengua escrita. Tanto por temor a cometer errores
ortográficos como por miedo a no poder expresar por escrito lo que piensan o dicen, se genera
una actitud evasiva que termina en un grado de inhibición importante. Esta actitud se vincula con
la idea de lengua escrita transmitida, en términos de un objeto inmodificable, con un status
aparentemente inalcanzable para algunos, sobre todo en las versiones más académicas de la
enseñanza de la lectura criticadas por Freire.
65
En coherencia con lo señalado, ambas perspectivas refieren a las debilidades que exponen los
textos que circulan habitualmente en los procesos de alfabetización, más precisamente, en los
manuales utilizados en las campañas de alfabetización destinadas a adultos (Ferreiro, 1993;
Freire, 1990). Si bien Freire efectúa su análisis colocando el acento en una perspectiva en primer
lugar ideológica, mientras que Ferreiro basa sus reflexiones priorizando el punto de vista
lingüístico, ambos coinciden en expresar que el contenido de los manuales: 1) no considera las
experiencias lingüísticas de los sujetos: según Freire, las palabras u oraciones identificadas son
resultado de una selección arbitraria que se aleja del mundo de los educandos, en tanto que, de
acuerdo con Ferreiro, no contemplan las variantes dialectales y de registro y, en este sentido, hay
una ruptura con el lenguaje de los educandos; 2) plantea frases, preguntas y respuestas
absurdas: ambos autores identifican oraciones estereotipadas, casi siempre sin sentido, que los
adultos se ven obligados a aprender y a memorizar y que suelen hallarse en un contexto
lingüístico infantilizado o paternalista; 3) se aleja notoriamente de los objetivos que persigue la
alfabetización: para Ferreiro, no contribuyen al acercamiento por parte del individuo a la cultura
escrita, dado que la versión de lenguaje que se presenta asume una versión caricaturesca
distante del lenguaje definido como objeto social cuyo sentido se liga a situaciones de la vida que
requieren leer y escribir; para Freire, las cartillas ofrecen una ideología acomodaticia que opera
como medio de domesticación de los grupos hegemónicos y, por tanto, se constituyen en un
obstáculo para una educación problematizadora que conduzca a una conciencia crítica propicia
para la emancipación.
66
1) Respecto de la unidad lingüística de análisis priorizada: desde el constructivismo, es
contundente la revalorización de un abordaje de la escritura y la lectura en textos completos de
circulación social, por cuanto expone a los sujetos a diferentes tipos de escritos en soportes
variados; única posibilidad para que la cultura escrita entre a la escuela y el alumno se encuentre
con una versión real de la escritura, definida funcionalmente de acuerdo con los usos sociales
propios de un momento y tiempo particular. Se evita la reconstrucción de palabras a partir de
letras o sílabas, puesto que estas siempre circulan en textos completos. No se descarta el trabajo
con la palabra siempre que pueda atribuirse un sentido a su uso (Ferreiro, 1992, 1993).
Palabra y dibujo se perciben al comienzo de forma simultánea, hasta tanto la primera se separa
del segundo para abordarse independientemente. Finalmente, si bien se prioriza el mecanismo de
construcción vocabular centrado en la palabra y la sílaba, no se descarta, como se verá, que
también desde el inicio de la alfabetización los educandos produzcan textos.
2) Respecto del trabajo realizado con los textos, las palabras y las sílabas: en
coherencia con lo ya dicho, la didáctica constructivista acentúa la importancia del trabajo con
textos completos y sugiere una serie de propuestas de las cuales se mencionan aquí algunas: 1)
relectura de textos en situaciones que impliquen asumir diversas posiciones enunciativas, 2)
reescritura de textos leídos por el docente o el educando mismo (dicho texto se considera como
modelo textual permitiendo, a quien reescribe, tener a disposición la temática y estructura textual
del escrito), 3) revisión del texto, realizado por el docente, los pares, o el mismo autor, con el
objeto de mejorar el escrito teniendo en cuenta diversos aspectos del texto y procedimientos para
llevar a cabo la revisión (Ferreiro, 1999; Teberosky, 1992).
El método freireano, por su parte, prevé diversos momentos en el abordaje de la palabra. Luego
del debate de una situación que se objetiva como problema en la que la palabra está inserta, se
comienza a trabajar con la palabra y las sílabas de la siguiente manera (Freire, 1998b):
67
iguales pero terminan de forma diferente; 4) los ejercicios orales de lectura les permiten ir creando
nuevas palabras considerando la combinación de diversas sílabas; 5) la escritura, que es
siempre posterior a los ejercicios orales, implica que los educandos formen todas las
combinaciones que puedan con los fonemas conocidos; los educandos descubren de este modo
sus propias palabras al tiempo que amplían su vocabulario con otras nuevas. Si los vocablos que
logran formar no constituyen términos, reciben el nombre de “palabras muertas”, pero cuando las
combinaciones dan lugar a vocablos con significado adquieren la denominación de “palabras de
pensamiento”.
Freire propone la escritura de palabras y sílabas como una tarea que está al inicio del aprendizaje
del lenguaje escrito, sin postergar, como se anticipara, la producción de textos efectuada por
parte de actores cercanos a la comunidad o por los propios educandos. Sugiere así la producción
de antologías de textos en la que los alumnos son los protagonistas. Esta producción debe
comenzar desde los inicios de la alfabetización para que, en el período de post-alfabetización, los
educandos se animen a formar una pequeña biblioteca popular constituida por sus propios textos.
68
contexto de los hechos sobre los cuales se tematiza. También Freire remite a la revisión de textos
como procedimiento que permita una relectura orientada a introducir cambios por parte de su
autor, si bien no ofrece detalles para ello (Freire, 1998b).
5) Respecto de los textos que se sugieren leer: desde la perspectiva constructivista, aun
cuando las actividades de producción y de interpretación de lo escrito son inseparables y se
promueven activamente, se insiste en que las lecturas se realicen en textos reales de circulación
social. Simplificar la lectura a las producciones del educando o preparar materiales de lectura ad
hoc, semejantes a las escrituras infantiles, con fines de hacer más sencillos los textos, traicionaría
el postulado básico por el cual lo que permite el aprendizaje de la lengua escrita es el abordaje de
textos en toda su complejidad.
La propuesta freireana prioriza la lectura de textos producidos por los mismos educandos, aunque
también aquellos elaborados por docentes y especialistas; todos ellos escriben tematizando las
situaciones existenciales de los alumnos. Además considera la posibilidad que, a partir de una
problemática determinada, los alumnos elaboren diferentes tipos de textos según los
requerimientos del tema abordado (por ejemplo, la producción de folletos y entrevistas). No
obstante, también refiere a la relevancia de la lectura de diversos textos, en tanto que la
dimensión científica de los mismos resulta central para la concienciación de los educandos.
7) Respecto del trabajo colectivo entre pares: si bien el aprendizaje es individual, desde la
perspectiva constructivista se considera que la posibilidad de los niños de llegar a ser letrados
depende en buena parte del grupo social en el que establece sus vínculos. La socialización de los
saberes y la construcción conjunta de conocimientos favorece el desarrollo cognitivo de los
sujetos debido a que los obliga a tener en cuenta las acciones y posiciones de los compañeros, a
69
coordinarlas con las propias y a reorganizarlas grupal e individualmente en pos de un camino
superador del conflicto.
Ahora bien, los conflictos sociocognitivos y los efectos que de ellos se derivan dependen en gran
medida de las posibilidades cognitivas de los sujetos involucrados en la interacción; se genera
progreso cuando los integrantes del grupo son capaces de brindar argumentos en defensa de sus
posiciones y en tanto la presencia de otros puntos de vista produce una modalidad interactiva
orientada a la búsqueda de acuerdos. Una interacción eficaz depende, además, de la naturaleza
de la situación planteada y de que los sujetos asuman un compromiso activo y colaborativo
(Lerner, 1997).
El diálogo requiere dos condiciones: que los implicados estén de acuerdo en comunicarse y que
las expresiones se utilicen en un “cuadro significativo común”. Freire identifica, además, dos tipos
de comunicaciones: una centrada en los significados y otra, en las convicciones. Esta última
sugiere un nivel que va más allá de la comprensión de los significados, supone la adherencia o no
a las ideas presentadas por otros. Para que las convicciones no se conviertan en imposición o
invasión, la instancia dialógica debe permitir que todos intervengan en la definición de los
significados. Convencer no refiere desde la perspectiva freireana a imponer, sino a defender lo
que se cree mediante justificaciones que podrán ser ideológicas o científicas (Vogliotti, 2001).
70
freireana, en la superación de las relaciones de dependencia (Vogliotti, 2001); 2) brindan ayuda
pedagógica: para ambas perspectivas, el diálogo, la escucha y las intervenciones oportunas a
modo de preguntas, señalamientos y explicitaciones constituyen las modalidades por las que los
docentes regulan la participación para que las discusiones se orienten hacia un conocimiento
cada vez más objetivo y crítico; 3) contribuyen en la definición de los conocimientos considerados
social y científicamente válidos: se observa una similitud en el intento por considerar los saberes
de los educandos, que se visualiza mediante un trabajo de sistematización, en orden a lograr una
visión menos fragmentada de la realidad, más científica y rigurosa (Ferreiro, 1993; Freire, 2006;
Lerner, 1997).
Al concluir este trabajo de comparación, cabe también señalar que existen ciertos aspectos
considerados exclusivamente por una de las perspectivas pero no por la otra, motivo por el cual
no son comparables. Desde la didáctica constructivista de la lengua escrita, se particulariza en
ciertas intervenciones circunscriptas a la enseñanza de la escritura y la lectura, como por ejemplo
aquellas que refieren a las orientaciones destinadas al abordaje de las condiciones de producción
de la escritura y la lectura y a la promoción de los procesos cognitivos involucrados en la escritura
de un texto (planificación, textualización y revisión textual). En la propuesta freireana, el rol del
docente trasciende claramente el ámbito de la enseñanza y el aprendizaje del lenguaje escrito.
Freire piensa en un maestro progresista cuyas virtudes y conocimientos se asientan en una
práctica testimonial y ética que tiene que dar cuenta de una coherencia entre sus opciones
político-pedagógicas y sus acciones.
Consideraciones finales
Del análisis comparativo es posible señalar que ambas perspectivas formulan críticas similares
hacia la educación tradicional, poniendo en tela de juicio concepciones sobre los alumnos, los
docentes, el objeto de conocimiento y las instituciones educativas. Generan al mismo tiempo un
conjunto de renovadas conceptualizaciones que señalan una dirección pedagógica e ideológica
compartida. Por otro lado, se reconocen en ellas manifiestas diferencias en el plano de las
intervenciones didácticas, fundamentalmente aquellas destinadas al tratamiento de los textos, aun
cuando ambas perspectivas aboguen igualmente por la inclusión de una variedad de textos para
leer y escribir.
Un dominio genuino por parte de los educadores de las teorías consideradas permitirá deliberar
sobre ellas y alcanzar un posicionamiento argumentado, teórico y metodológico.
La magnitud del concepto de alfabetización considerado en este trabajo permite ubicar los
procesos educativos trascendiendo las paredes de la escuela. Las políticas culturales y sociales
están involucradas a la hora de brindar las condiciones de posibilidad de las comunidades en la
participación de prácticas culturales y de recreación que contribuyan a la alfabetización a lo largo
de la vida. Es necesario, por otra parte, que en el interior de la escuela las prácticas sociales y
pedagógicas se configuren basándose en estilos democráticos que se articulen con prácticas
sociales más justas. Las formas de vincularse, las experiencias vividas en el contexto escolar
inciden en la constitución de las subjetividades de los educandos, disponiendo a los grupos hacia
prácticas más o menos autónomas o sumisas.
71
Referencias Bibliográficas BLOQUE 3
72
La sociedad de la información y la comunicación
Comenzada la segunda década del siglo XXI nos encontramos inmersos en la sociedad
de la información y la comunicación, sociedad de la que nos informa Castells (2002) en su
trilogía: “La Era de la Información”, en la cual reflexiona sobre la sociedad actual y
concluye que la posesión de la información es el más alto poder al que puede acceder
una persona. La sociedad se encuentra configurada en red, interconectada con el resto
del mundo, en lo que denominamos globalización. Esta interconexión nos permite conocer
qué ocurre en otras partes del planeta y saberlo en tiempo real, en el mismo instante en el
que se produce. La sociedad de la información se conforma en un nuevo escenario donde
nos encontramos con nuevos entornos de trabajo, se requiere otro perfil de trabajador y el
aprendizaje se articula de una manera diferente. En junio de 2002 la Comisión Europea
dictó una resolución donde exponía que el aprendizaje permanente debía comenzar en la
etapa de preescolar y continuar más allá de la edad de jubilación. La educación
permanente ha sido una de las revoluciones más importantes en el ámbito de la
pedagogía. Es un movimiento que pretende llevar la educación a todos los estamentos de
la sociedad, a todos los niveles y a todas las edades. Así, no solo se persigue la
educación del niño y del joven, sino también del adulto y el anciano, de la mujer y del
preso, como personas que también tienen derecho a recibir una educación y a darla. Es
uno de los conceptos más importantes que nos ha traído esta nueva sociedad.
73
Globalización de las actividades económicas.
Incremento del consumo y producción masiva de los bienes de consumo.
Sustitución de los sistemas de producción mecánicos, por otros de
carácter electrónico y automático.
Modificación de las relaciones de producción, tanto social como desde
una posición técnica.
Selección continúa de áreas de desarrollo preferente en la
investigación, ligadas al impacto tecnológico.
Flexibilización del trabajo e inestabilidad laboral.
Aparición de nuevos sectores laborales, como el dedicado a la
información y de nuevas modalidades laborales como el teletrabajo.
Girar en torno a los medios de comunicación y más concretamente
alrededor de las nuevas tecnologías de la información y
comunicación, como híbrido resultante de la informática y la
telemática. Y como consecuencia de la misma la potenciación de la
creación de una infraestructura tecnológica.
Globalización de los medios de comunicación de masas tradicionales,
e interconexión de las tecnologías tanto tradicionales como
novedosas, de manera que permitan romper las barreras espacio-
temporales y el alcance de grandes distancias.
Transformación de la política y de los partidos políticos,
estableciéndose nuevos mecanismos para la lucha por el poder.
Tendencia a la americanización de la sociedad.
Establecimiento de principios de calidad y la búsqueda de una
rentabilidad inmediata tanto en los productos como en los resultados,
alcanzando las propuestas a todos los niveles: cultural, económico,
político y social.
Planetarización y simultaneidad de los cambios.
Velocidad del cambio.
Y apoyo en una concepción ideológica neoliberal de la sociedad y de
las relaciones que deben de establecerse entre los que en ella se
desenvuelven.
74
Los cambios que se han producido lo han hecho en pocos años y ha
cambiado totalmente la visión que teníamos del mundo. Y, lo más importante y
a tener en cuenta es, que los cambios no solamente se han producido en el
ámbito de la información y la comunicación o de la población como ya hemos
visto, sino que se han producido en la sociedad, en la economía, en la cultura,
en la educación, etc. Hemos explicado la idea inicial de Castells (2002) donde
habla de la importancia de la información en este nuevo siglo. Con respecto a la
posesión de información, Fontcuberta (1992, citado por Cabero, 2002a) plantea
que:
75
- Se da una progresiva aceleración de los mismos. Los cambios no son
lentos sino rápidos y graduales, por lo tanto siempre tenemos que ir
adaptándonos a los mismos. Cuando pensamos que nos hemos
acostumbrado a un acontecimiento, ocurre otro que nos exige estar
en alerta para poder asumirlo.
- Se reconoce la extraordinaria complejidad y extensión de los
cambios, que pueden llegar a incidir en la supervivencia de la
humanidad y en la presencia de vida en el planeta. (Se comenta por
el hecho de que la Humanidad cuenta con medios suficientes para
autodestruirse y poder llegar a una III Guerra Mundial) (p.13).
Castells (1986) ya era capaz de adelantar que las TIC iban a cambiar el
mundo que conocimos y a convertirlo en otro mucho más informacional donde
predominara el conocimiento y la información. Pero, ¿cómo podríamos definir
las TIC? Ortoll (2007) las define como "un conjunto de tecnologías basadas en
la microelectrónica, la informática y las redes de comunicaciones utilizadas para
procesar y transmitir información en formato digital. Las TIC engloban desde
programas de ordenadores, hasta los dispositivos de telefonía móvil o Internet”
(p.15). Por su parte, Castells (2003) define las TIC como un conjunto
76
convergente de tecnologías de la microelectrónica, la informática, las
telecomunicaciones y la optoelectrónica. No podemos olvidar que las
tecnologías de la información se encuentran en permanente cambio y sufren
muchas transformaciones. Cabero (2002a) señala que la velocidad de las
transformaciones tecnológicas trae consigo una falta de reflexión crítica sobre
las posibilidades, límites e impactos de esas tecnologías. El hecho de que las
transformaciones ocurran con demasiada frecuencia y a mucha velocidad
implica que no somos capaces de adaptarnos a ellas y reflexionar sobre lo que
nos aportan. De ahí que la alfabetización digital, como veremos a continuación,
sea un requisito primordial para toda la población. Podemos afirmar que las TIC
son el gran motor de esta nueva revolución que está provocando la aparición de
una nueva sociedad marcada por, (González, 2004):
Sabemos que con esta nueva sociedad las personas poseeremos más
información y nuevos modos de tratar dicha información. La sociedad de la
información deberá ir evolucionando hacia la sociedad de la formación
(González, 2004). Con las TIC debemos tener en cuenta que cambian a un
ritmo vertiginoso y debemos ser capaces de captar la información que nos llega
y conocer cómo funcionan las diferentes tecnologías para poder hacer un buen
uso de ellas, lo que es vital en educación, ya que la cuestión no es incluir las
TIC “porque sí” sino sabiendo el uso que se les puede dar para trabajar con los
alumnos.
77
manipulación de la información es hipertextual, por lo que no hay un único modo
de acceder a ella. Permiten la publicación y difusión de ideas y trabajos ya que
en la Red nos encontramos blog, fotografías, escritos, videos, etc. Donde las
personas se sienten libres de publicar su trabajo para que otros puedan verlo y
disfrutarlo. Por último y no menos importante, las TIC facilitan la comunicación
interpersonal tanto en tiempo real como diferido, configurando redes sociales, a
través de servicios como el correo electrónico, videoconferencias, foros, etc.
Donde los ciudadanos pueden opinar de diversos temas en el momento que
quieran y puedan.
Figura 1.1: Características de las TIC como herramientas de cultura (Area, 2012)
78
leer y a escribir a una persona. A lo largo del s. XIX y XX, según Area (2001),
hemos definido como persona alfabetizada a aquella que dominaba los códigos
de acceso a la cultura escrita o impresa (saber leer) y que a la vez poseía las
habilidades para expresarse a través del lenguaje textual (saber escribir). Así se
era más culto cuantos más libros se leyera, aquel que conociera el nombre de
más literatos o el que era capaz de escribir una carta sin ninguna falta de
ortografía. Actualmente ya no basta solo con saber hacer lo anterior, se tiene
que ser capaz también de, como señala Area (2012):
79
organizativas hipertextuales. Comunicarse y participar en redes
sociales a través de tecnologías. Elaborar y difundir productos
propios a través de tecnologías digitales.
2) La alfabetización informacional sería saber plantear estrategias y
procesos para la resolución de problemas relacionados con la
información. Saber buscar información en bases de datos o archivos
de cualquier naturaleza (impresa, audiovisual, o digital) saber analizar
e interpretar información presentada a través de cualquier formato y/o
tecnología. Saber producir información y difundirla a través de
cualquier formato y/o tecnología (p.4).
80
Pero no solo hablamos de alfabetización digital, sino de nuevas
alfabetizaciones en general, donde se incluiría esta última, como las que nos
define Area et al. (2008) en la figura
1.2. Además de la tecnológica podemos hablar de: alfabetización audiovisual donde
se fomenta en el alumnado la capacidad para analizar y producir textos
audiovisuales y que tenga la capacidad de ser crítico con toda la información
que hay a su alrededor. Hablamos también de alfabetización informacional que
procede de ambientes bibliotecarios. Sería la capacidad de buscar la
información precisa, localizarla, seleccionarla, analizarla y volverla a construir.
Contamos también con la multialfabetización que vendría a ser la unión de todas
las alfabetizaciones, siendo capaces de entender todos los lenguajes que
subyacen a nuestro alrededor. Y por último hablamos de alfabetización
tecnológica o digital, donde se desarrolla en las personas las habilidades
necesarias para que puedan hacer uso de la informática en todas sus variantes:
uso de ordenadores, teléfonos inteligentes, navegar por Internet, etc.
81
Por lo tanto, la alfabetización que es más necesaria fomentar en los
adultos es la tecnológica o digital, sin olvidar el resto de alfabetizaciones, igual
de importantes que ésta, ya que nos encontramos inmersos en una sociedad
que exige estar al corriente de todo lo que ocurre, tecnológicamente hablando.
El Informe Horizon 2010 (citado por Marín, Vázquez, Llorente & Cabero, 2012)
señala que la alfabetización digital es un reto de este siglo XXI. Pero, podemos
hablar de dos visiones acerca de la alfabetización digital, según Area (2012).
Una de ellas sería como una demanda del mercado y de la economía global
mientras que la otra se vería más como una necesidad de la ciudadanía
democrática. Ambas las podemos observar en la figura 1.3. Así, la primera
alfabetización estaría más dirigida a trabajadores, de los que se busca consumo
y que sean competitivos en su trabajo para fomentar el crecimiento económico,
mientras que la segunda se dirige más a los ciudadanos del siglo XXI, del que
se busca no que consuman productos tecnológicos sino que los utilicen de
manera inteligente, social y ética. Así no solo se busca su formación
instrumental sino también el desarrollo de sus aspectos cognitivos, emocionales,
etc. Y por último concibe la alfabetización digital como un derecho individual
necesario para progresar democráticamente y evitar nuevas desigualdades
sociales que se pudieran producir. La segunda piensa más en el ser humano
como un ciudadano y la primera le da una visión totalmente al servicio de los
mercados, como trabajadores.
82
Cuando las personas no tienen acceso o recursos para acceder a las TIC
hablamos de brecha digital. Martínez & Serrano (2003) afirman que la brecha
digital es una separación que existe entre las personas (comunidades, estados,
países…) que utilizan las TIC como una parte rutinaria de su vida diaria y
aquellas que no tienen acceso a las mismas y que aunque las tengan no saben
cómo utilizarlas. Cabero (2004) también señala que la brecha digital se está
convirtiendo en un elemento de separación, de exclusión, de personas,
colectivos y países. El riesgo es que pasemos de una exclusión tecnológica a
una exclusión social, personal y educativa. Es decir, que pasemos de una
brecha digital a una brecha social, por lo que la tecnología no estaría
propiciando la inclusión social de las personas, sino su exclusión del sistema. Y
no debemos asumir dicho riesgo.
83
en cuanto a uso de las TIC se refiere, y más si tenemos en cuenta que los más
jóvenes son considerados nativos digitales porque han nacido bajo la tecnología
84
ciudadanos más cultos, responsables y críticos ya que el
conocimiento (en este caso sobre el potencial y los mecanismos de
seducción y concienciación de los mass media y las nuevas
tecnologías de la comunicación) es una condición necesaria para el
ejercicio consciente de la libertad individual y para el desarrollo pleno
de la democracia (p.2).
85
Función formativa: utilizados correctamente, los medios proporcionan
conocimientos y así formación.
86
Por las condiciones especiales que presenta la enseñanza virtual, la cual
puede realizarse de manera sincrónica o asincrónica, es la más adaptable a la
situación del adulto, ya que la mayoría de los adultos, cuando se forman, no lo
hacen a tiempo completo sino que lo compaginan con su trabajo u otros
quehaceres. Por lo tanto, será necesario dedicarle una especial atención ya que
puede que hace tiempo que no estudie o simplemente tenga que prescindir de
su tiempo libre para poder formarse. La teleformación, también denominada
Web Based Training o Formación basada en Internet, relaciona las tecnologías
desarrolladas para la web con la tarea de la formación. Por lo tanto, estaríamos
hablando de la formación que realizan las personas a través de la Red. La
teleformación es una acción planificada, decidida e intencional de aplicar la
tecnología a la tarea de la educación de las personas. Utilizar Internet como
medio para que las personas se formen. En la actualidad nos encontramos con
otras expresiones como e-learning y aprendizaje digital. La Fundación para el
Desarrollo de la Función Social de las Comunicaciones (Fundesco, citado por
Castaño et al. 2008) nos aclara que la teleformación:
87
infraestructuras tecnológicas. Para empezar necesitamos contar con
todas las infraestructuras necesarias para ello.
5. la teleformación.
Poco a poco se han ido introduciendo las TIC en las aulas y en las
escuelas de adultos, siendo su incorporación muy importante, con todos los
instrumentos que posee, porque debemos tener en cuenta que los adultos
necesitan una institución que les permita autorregularse solos, no solo en
relación al espacio sino también a los momentos de la formación. En palabras
de Díaz (2006):
Por lo tanto, observamos como las TIC permiten que el adulto pueda
formarse, pero que siga cumpliendo con sus compromisos y obligaciones tanto
88
profesionales como personales. Las TIC han provocado muchos cambios en
educación, pero conviene resaltar la aparición de la Web 2.0. Existen muchos
estudios sobre este tema, pero O´Reilly (2005, citado por Area & Pessoa, 2012)
fue el primero en anunciar algunas de sus características más destacables: “la
Web 2.0 es más una plataforma de servicios que de software; es una
arquitectura de participación, escalabilidad del coste-beneficio, transformaciones
y remezclas de datos y de sus fuentes; software no atado a un único dispositivo,
y aprovechamiento de la inteligencia colectiva” (p.14). La cantidad de
información que existe en la Red es incontable e innumerable. En la figura 1.4
podemos observar las diversas definiciones que Área & Pessoa (2012) dan a la
Web 2.0.
Para Área & Pessoa (2012), la Web 2.0 puede ser vista como una gran
biblioteca universal, donde la información se encuentra almacenada. A su vez
está configurada por diversas piezas fragmentadas que completan un puzle. Es
un mercado global de venta de productos y servicios. Es un escenario donde la
comunicación multimedia y audiovisual prima sobre el resto de comunicaciones.
En la web 2.0 contamos con entornos virtuales interactivos y con redes sociales
que promueven la participación de las personas. Pero para poder hacer un buen
uso de ella necesitamos ser alfabetos digitales, tal y como hemos comentado
anteriormente. Área & Pessoa (2012), exponen en la tabla 1.2 las dimensiones o
89
ámbitos alfabetizadores ante las nuevas formas culturales de la Web 2.0. Estas
dimensiones se encuentran directamente relacionadas con las definiciones
observadas en la figura 1.4. Básicamente, lo que quieren transmitir Área &
Pessoa (2012) es la necesidad de ser conscientes de que la Web 2.0 requiere
ser capaz de interpretar la información de la Red, saber dónde buscar y como
procesarla, ser un ciudadano responsable y ser consumidores críticos. Ser
ciudadanos participativos en las diversas comunidades virtuales o redes
sociales que proliferan por la Red, pero participando de una manera segura y
responsable. Por lo tanto, ser conscientes de que tratamos con máquinas y
necesitamos ser nosotros quienes las controlen y no viceversa.
90
Tabla 1.2: Dimensiones o ámbitos alfabetizadores de la Web 2.0 (Área & Pessoa, 2012)
91
Aprender a usar Esta dimensión de la alfabetización supone disponer de
la Web 2.0 como las habilidades para interaccionar en entornos virtuales
un territorio de tridimensionales de realidad inmersiva, simulada o
experiencias aumentada. Requiere adquirir habilidades de
virtuales interacción no solo con la máquina, sino también con
interactivas la información y con
otros humanos en tiempo real y/o diferido para tomar
decisiones inteligentes.
92
Tras analizar las diferentes dimensiones o ámbitos que encontramos en
la Web 2.0 podemos hacernos una idea de las ventajas que las TIC podrían
tener en educación. Díaz (2006) responde a la pregunta de ¿qué ventajas nos
aportan las TIC? Lo hace a través de los siguientes puntos:
93
más importante de las redes sociales no es lo que son en sí mismas, sino lo que
pasa en ellas, ya que como comentan Castañeda & Gutiérrez (2010) “el objetivo
principal de una herramienta de red social es conectar sucesivamente a los
usuarios que forman parte de esa red” (p.27). Los jóvenes son principalmente
los consumidores de las redes sociales, Aunque su uso sea mayor en
adolescentes y jóvenes, no es uso exclusivo de ellos. Cada vez más adultos se
interesan por las redes sociales y se “abren” perfiles para contactar con otros.
Pero, ¿cómo podemos utilizar las redes sociales en educación, con los
adultos? Tenemos tres formas de mirar a las redes sociales, según Castañeda
& Gutiérrez (2010):
94
Entre las conclusiones más importantes del estudio destacamos que aquellos
adultos que usan Internet habitualmente poseen una red de familiares y amigos
mayor que los que no lo usan, ya que se encuentran más cercanos a ellos por
medio de dichas redes. Y aunque los autores se muestran cautos ya que no
existe mucha literatura aún sobre el tema, consideran que los datos obtenidos
son muy significativos y nos pueden ayudar a seguir trabajando en este ámbito.
Pero, ¿qué otras posibilidades didácticas nos ofrecen las TIC? Internet
nos ofrece múltiples posibilidades y a continuación mostraremos varias de ellas,
resumidas por Palomo, Ruiz & Sánchez (2008):
95
ofimáticas como el correo electrónico, google docs, donde podemos
almacenar documentos zoho, que nos permite planificar reuniones
virtuales y otras muchas más.
Compartir recursos multimedia: entre los recursos multimedia
encontramos Flickr, que es un gestor de fotografías online. Picasa,
que nos permite encontrar, editar y compartir todas las fotos del
equipo al instante y Youtube, donde podemos compartir videos.
96
de la formación ocupacional. Las tecnologías de la información y la
comunicación nos abren un camino hacia la democratización del acceso a la
educación, posibilitando el aprendizaje permanente. La competencia digital,
según Ortega Navas & Ortega Sánchez (2009), “es la que conlleva un uso
seguro y crítico de las tecnologías de la sociedad de la información (TSI) y por
tanto, el dominio de las TIC” (p.122). Dicha competencia ha sido analizada
anteriormente y se ha visto la necesidad de que todo ciudadano obtenga esta
competencia digital para ser ciudadanos responsables. Huelves (2009) hace
mención a algunos elementos que deben tenerse en cuenta sobre cómo:
Por lo tanto, es esencial mostrar empatía hacia todos los discentes pero
en especial hacia las personas adultas y mayores ya que se encuentran ante un
terreno desconocido y necesitan toda la comprensión que seamos capaces de
darles para que puedan tener un proceso de enseñanza-aprendizaje lo más
óptimo posible. La utilización de las TIC en el aprendizaje permanente no hace
de la enseñanza una práctica despersonalizada ni mecanizada, sino todo lo
contrario, ya que como afirman Ortega Navas & Ortega Sánchez (2009):
Jabonero, Nieves & Ruano (1997, citado por Martí, 2006) proponen que la
utilización de las TIC aplicadas a la educación cumplan con unos criterios
básicos como:
97
tecnologías de forma abierta, lo que posibilitará la adecuación de
la oferta a las necesidades de las personas adultas.
o Disponer de un sistema de tutoría y orientación que sea útil al
alumno, evitando posibles situaciones de frustración, abandono o
soledad.
o Los medios didácticos a utilizar deben de facilitar el aprendizaje
adecuándose a las características de cada persona adulta.
o Los recursos personales y materiales deben de ser suficientes y
adecuados. La preparación del personal debe responder a un
perfil profesional que engloba además de la preparación
tecnológica, la psicopedagógica y didáctica (p.45).
Existe una serie de cuestiones que tenemos que abordar sobre el acceso
de los adultos a las TIC. La primera de ellas son las cuestiones culturales, ya
que si queremos que las TIC lleguen a todos las personas y en especial a los
adultos, se debe tener en cuenta su lengua materna, el acceso que puede llegar
a tener cada uno, el lugar de procedencia, la importancia de que las
98
organizaciones internacionales y las propias de cada país aúnen esfuerzos para
favorecer el acceso a las TIC a toda la población, etc. Sin tener en cuenta las
características de las personas es imposible lograr un verdadero acceso a las
TIC. Otra cuestión importante a destacar es la educación a distancia, cómo ya
comentábamos, ya que en los últimos años se ha incrementado el número de
adultos que accede a la formación por medio de entornos virtuales. Estas
personas "acuden" a clases virtualmente, pero muchas de ellas no tienen un
verdadero acceso a la Red, ya que no tienen la competencia digital adquirida,
por lo tanto es necesario primero alfabetizar digitalmente a aquellas personas
que lo necesiten. En este sentido, Area (2002, citado por Ortega Navas &
Ortega Sánchez, 2009), orienta sobre la importancia de la alfabetización
tecnológica de los adultos como factor de democratización, de formación de
ciudadanos libres y críticos ante los nuevos medios de información.
Pero, ¿qué otras cosas positivas ofrecen las TIC a los adultos? Por una
parte, los adultos, al estar conectados a la Red, están menos aislados de lo que
podían estar antiguamente, ya que con solo conectarse a la Red encuentran a
otras personas con las que poder establecer relación, tanto de su misma edad,
como con otras personas de edad diferente a la suya. Pueden aprender cosas
que antes no pudieron hacer, lo que puede incrementar su autoestima y su
propia seguridad. Ejercitan su mente al estar conectados y “navegando” por la
Red y de esta manera se incrementa su participación en la sociedad.
99
características de los estudiantes, a sus demandas cognitivas y
estilos de aprendizaje (p.6).
100
capacidades, así como con los objetivos de formación, para proporcionar al
profesorado una verdadera formación en TIC y en la sociedad de la información
y el conocimiento. Joyanes et al. (2004) afirman que los objetivos de la
formación del profesorado en TIC deben ser los siguientes:
101
que se den diversas inferencias. Entre los diferentes factores del pensamiento
docente tenemos las creencias, que a su vez conforman actitudes, las cuales
dan lugar a las representaciones mentales que generan finalmente en
expectativas (Cano & Gómez, 2011). Así, podríamos decir que para analizar el
pensamiento docente debemos comenzar por las creencias que poseen, ya que
son la base fundamental. Las creencias son necesarias ya que nos ayudan a
comprender el mundo que nos rodea. Según Nespor (1987, citado por Ramírez,
Cañedo & Clemente, 2012):
102
1) Las actitudes positivas hacia estos recursos aumentan la
probabilidad de que se haga uso de los mismos.
2) Estas actitudes positivas están muy ligadas a la percepción que el
profesor tiene de su propia competencia digital.
3) La competencia digital, por sí misma, no explica el uso de las TIC
en los contextos prácticos. Esta competencia ha de vincularse
además a la creencia en la mejora de la enseñanza a través de las
TIC. Es decir, la competencia digital aumenta la posibilidad de utilizar
las TIC para usos profesionales, siempre que sea coherente con las
creencias pedagógicas que sostienen los profesores (p.149).
Por lo tanto, es ideal que el profesor mantenga una idea abierta hacia las
TIC, porque mientras más actitud positiva tenga ante la tecnología, mejor uso
hará de ella Entonces, ¿por qué es necesario que el profesor se forme? Cabero
(2004) señala que:
Dos son los aspectos que hacen más necesaria esta formación: uno,
la diversidad de funciones que empiezan a desempeñar estas TIC y
dos, su impacto en variables críticas de los procesos de enseñanza-
aprendizaje, entre ellas sobre los diferentes roles que el profesor
desempeñará en los mismos. Por lo que respecta al primero, es de
señalar que por lo general dos son las funciones que las TIC
básicamente han desempeñado en los procesos de formación: servir
como instrumentos transmisores de información y como fuente de
motivación extrínseca para los estudiantes (p.15).
103
Fase pre-activa: consistiría en la planificación de las clases, la
creación de materiales didácticos... Sería el "antes" y tendría que
realizarse en casa.
104
Según Cabero (2005) “uno de los errores más significativos que se ha
cometido en la formación del profesorado, es que se ha tenido una visión
demasiado técnica e instrumental en su formación" (p.9). Se ha enseñado
demasiado sobre los aspectos técnicos de las tecnologías olvidándose enseñar
la verdadera aplicación de las mismas. Si queremos que los profesores sean
competentes para incorporar las TIC a situaciones educativas, y no meramente
estéticas y administrativas, debemos formarlos en un amplio abanico de
capacidades y competencias, que supere con creces el mero dominio técnico e
instrumental sobre las mismas. Sin que ello signifique que el profesor no debe
ser competente en su manejo, debe serlo, pero a ciertos niveles, por lo general
la competencia de usuario será suficiente (Cabero, 2005). Joyanes et al. (2004)
también inciden en este aspecto al señalar que:
105
puede emanar dimensiones para su formación” (p.18), en concreto, Cebrián de
la Cerna (2003, citado por Cabero, 2004) señala los siguientes conocimientos
que deben poseer los profesores:
Cómo utilizar e incluir las TIC al planificar una lección, y cómo elegir y
organizar los recursos de las TIC de forma adecuada.
106
El reto de llegar a los alumnos adultos
107
Así, el profesorado de adultos tendrá que tener en cuenta todas las
características del adulto para poder favorecer su propio proceso de enseñanza-
aprendizaje, atendiendo a sus propias necesidades. Y a parte de las
características propias del alumno adulto tendrá que tener en cuenta sus
motivaciones, porque ¿cuáles son los motivos que tiene una persona adulta
para formarse? Formariz (2009) señala que:
Los motivos por los que las personas adultas deciden iniciar un
proceso de formación son muy variados: necesidades laborales o
económicas, intereses personales o culturales, presiones sociales
manifiestas o inducidas, posturas familiares que animan a tomar la
decisión o, simplemente, el deseo de saber (p.7).
108
sociedad actual que nombra Formariz (2009), donde la educación de adultos es
una oportunidad para actualizar la formación base a lo largo de la vida, que se
obtienen competencias básicas claves para vivir en sociedad. La organización
de los aprendizajes se lleva a cabo en función de los roles sociales de las
personas adultas y cuentan con un profesorado cualificado. El adulto no tiene
dificultades de aprendizaje sino que aprende a través de procesos cognitivos
determinados que nos permiten seguir aprendiendo. Por último el autor destaca
el hecho de que el objetivo de la formación básica es la mejora de las
competencias individuales en el marco de la sociedad. Así la educación de
adultos tal y como la concebimos hoy día es una educación centrada en la
persona adulta, adaptada a sus necesidades, donde se le otorgan competencias
básicas e individuales que les ayuden en el desempeño social, laboral e
individual.
109
Tenemos que ser conscientes que las nuevas tecnologías requieren
un nuevo tipo de alumno, preparado para el auto aprendizaje, lo cual
abre un desafío a nuestro sistema educativo, preocupado por la
adquisición y memorización de información, y la reproducción de la
misma en función de patrones previamente establecidos. Ello plantea
un cambio en los roles tradicionalmente desempeñados por las
personas que intervienen en el acto didáctico, que llevan al profesor a
alcanzar dimensiones más importantes, como la del diseño de
situaciones instruccionales para el alumno, y tutor del proceso
didáctico. Lo que estamos comentando nos lleva a plantear que las
NT aportan un nuevo reto al sistema educativo, y es el pasar de un
modelo unidireccional de formación, donde por lo general los saberes
recaen en el profesor o en su sustituto el libro de texto, a modelos
más abiertos y flexibles, donde la información situada en grandes
bases de datos, tiende a ser compartida entre diversos alumnos (p.8).
Los docentes deben logar introducir a sus alumnos en este nuevo tipo de
aprendizaje y formarse para conseguir la verdadera introducción de las TIC,
acompañadas de este nuevo tipo de enseñanza-aprendizaje. No podemos
seguir con los modelos tradicionales de enseñanza, debemos cambiar como la
educación lo ha hecho y adaptarnos a los nuevos modelos de E-A. Para que el
profesor y el alumno utilicen e integren las TIC, según Cabero (2004), deben
darse como mínimo cuatro grandes condiciones: "que tengan facilidad de
acceso a las mismas, que tengan una diversidad de contenidos digitalizados de
calidad puestos a disposición para su fácil incorporación, que estén capacitados
para su utilización e incorporación, y que las estructuras organizativas de los
centros favorezcan su utilización" (p.16). Como vemos, la incorporación de las
TIC en los centros educativos depende de varios factores, de la formación de
los profesores, de los alumnos, del centro educativo en cuestión, de la
financiación, etc. Cabero (2004) nos señala que es muy importante tener acceso
a dichas tecnologías, luego que tengamos los contenidos en dichas tecnologías
para poder utilizarlos, que tanto los alumnos como los profesores tengan la
suficiente formación para poder acceder a ellos y que el centro tenga los
recursos e infraestructuras necesarios para poder utilizarlas. Con todo esto
conseguiremos que tanto los profesores como los alumnos integren las TIC.
Cabero (2008, citado por Rodríguez Hernández, 2011) igualmente afirma que, el
estudiante y el futuro profesional de hoy deben desarrollar para asegurar el éxito
en los nuevos escenarios de formación de la educación en la nube y de trabajo
son:
110
• Adaptarse a un ambiente que se modifica rápidamente.
• Trabajar en equipo de forma colaborativa.
• Aplicar la creatividad a la resolución de problemas.
• Saber cooperar y colaborar dentro de ambientes de trabajo en equipo.
• Aprender nuevos conocimientos y asimilar nuevas ideas rápidamente.
• Creación y aplicación del conocimiento a situaciones nuevas y desconocidas.
• Tomar nuevas iniciativas y ser independiente.
• Identificar problemas y desarrollar soluciones.
• Reunir y organizar hechos.
• Trabajar con fuentes en distintos tipos de códigos, y con diferentes
fuentes de conocimientos
• Comunicarse con diferentes tipos de herramientas de comunicación.
• Capacidad de control y dirección de los propios procesos formativos.
• Realizar comparaciones sistemáticas.
• Identificar y desarrollar soluciones alternativas.
• Resolver problemas de forma independiente (p.4).
111
pero también necesitamos que los profesores avancen y se formen y vayan a la par que
sus alumnos y la sociedad. No todos los sistemas de enseñanza siguen válidos hoy en
día, tenemos que ser capaces de aprovechar lo que la sociedad nos está dando y ponerlo
a nuestro favor, consiguiendo mejorar la educación y lograr así reducir las desigualdades
que estamos sufriendo en nuestra sociedad en materia educativa y conseguir que todos
los adultos adquieran una formación de calidad que luego puedan revertir en la sociedad.
No decimos que las TIC mejoren la calidad educativa, ya que por sí solas no son válidas,
sino que con ellas y cambiando nuestra metodología podemos mejorar dicha educación.
Por lo tanto, la escuela del futuro, de nuestro presente, debe asumir unas
ideas claves como nos comentan Cabero & Llorente (2010):
Y ante todo, no olvidar que los alumnos objeto de aprendizaje son adultos con unas
características y necesidades concretas, por lo que el profesor no puede tratar cómo lo
haría con alumnos de enseñanza primaria o secundaria, debe tratarlo como al adulto que
es y formarlo para esta sociedad de la información enseñándole a utilizar las TIC para que
la inclusión digital sea un hecho.
Conclusiones
112
aquellos que no saben y utilizarla a menudo aquellos que ya han aprendido y
según la UNESCO, vemos como aún queda mucho por hacer en este sentido.
Muchos adultos aún no se encuentran cómodos con las TIC o simplemente no
saben cómo utilizarlas, de ahí que se encuentren con profesores lo
suficientemente formados y motivados en el uso de las TIC. Otro gran reto al
que se enfrenta la educación es al cambio de rol que tienen que enfrentar tanto
profesores como alumnos. Ya hemos visto que los adultos tendrán que hacerse
más con el uso de las tecnologías, pero los profesores deberán formarse en su
uso para poder educar a sus alumnos. El profesor, en este siglo, pasará de ser
el protagonista de la educación, aquel que poseía el conocimiento, para ceder
este rol al alumnado quien se convertirá en el protagonista de su proceso de
enseñanza-aprendizaje. Esto no quiere decir que el profesor no tenga ningún
papel, todo lo contrario, deberá convertirse en guía para sus alumnos, será la
persona qué los conduzca hacia su propio aprendizaje, un papel difícil pero que
seguro colmará las expectativas de los profesores. Para ello será necesario que
empiecen a utilizar las TIC, ya que se van implantando de manera progresiva en
todos los ámbitos de nuestra vida y cuando nos demos cuenta serán
tecnologías invisibles, como bien explicaban Aguaded y Tirado (2008). Pero
aunque el profesor deberá estar formado en TIC también deberá tener en
cuenta que los protagonistas a los que dará clase son adultos y como tal sus
características son diferentes a la de los niños y jóvenes, por lo que tendrá que
tener la suficiente capacidad de llegar a estos alumnos y no caer en
estereotipos propios de escuelas de primaria y secundaria.
http://www.revistacomunicar.com/index.php?contenido=revista&nume
113
ro=actual
114
RAFICO_ALFABETIZ ACION_TECNOLOGICA_N10_02.pdf
115