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Pinche Amor: Diálogo y Conflicto

La obra muestra una interacción tensa entre Rafael y René, donde Rafael se comporta de manera agresiva e insultante hacia René. René mantiene la calma y la compostura ante los ataques verbales de Rafael.

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Antonio Ortiz
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Pinche Amor: Diálogo y Conflicto

La obra muestra una interacción tensa entre Rafael y René, donde Rafael se comporta de manera agresiva e insultante hacia René. René mantiene la calma y la compostura ante los ataques verbales de Rafael.

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1

PINCHE AMOR
ALETSE TOLEDO ALMADA
2

Antes de abrirse el telón se escucha la canción Woman de John Lennon. La casa refleja un
ambiente típicamente clase mediero en perfecto orden y limpieza.

Una vez abierto el telón se escuchan voces, gritos Rafael tararea la canción de Lennon y la
intercala con groserías y pasos de baile, esto último sucede cuando Rafael y René entran
en la escena.

René viene vestida con mucha elegancia y nunca pierde la compostura. Rafael viste de
manera correcta, viene completamente ebrio.

RAFAEL.- Puta madre, que pedo tan rico agarré. Ese pinche Polo es muy esplendido con
el alcohol. Oye ¿no será que quiere coger contigo y por eso me quiere complacer?

RENÉ.- ¡Ay!, no digas eso, el Polo es tu mejor amigo.

RAFAEL.- Pos sí, pero ya anda muy pedo: “en tiempos de guerra cualquier hoyo es
trinchera”.

RENÉ.- ¡ay RAFAEL!

RAFAEL.- ¿Qué tiene? A mí de repente se me antoja su vieja y no hay bronca.

RENÉ.- ¿tú crees? ¿Sabes qué pienso?

RAFAEL. – No, no lo sabía, pero qué bueno que me lo dices, porque he vivido toda la vida
creyendo que me casé con una retrasada mental.

RENÉ.- (esboza una leve sonrisa) No dije ¿sabes que pienso? Dije ¿sabes qué pienso?

RAFAEL.- ¡Ah! De todos modos no me importa lo que tú pienses, así que ahórrate el
esfuerzo de decírmelo.

RENÉ.- Está bien (se hace un silencio, ninguno de los dos parece saber qué hacer.)
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RAFAEL.- He llegado a la conclusión de que ese pinche John Lennon era un mandilón,
esa pinche cancioncita con la que el Polo estuvo chingando toda la noche me choca por
cursi y mamona.

RENÉ.- Sí pues, y tan fea la Yoco.

RAFAEL.- Ya salió la pinche víbora, como si tú estuvieras tan buena, pinche vieja ¿no te
digo? Todas las mujeres son iguales. Luego luego buscando la forma de decir que las otras
son feas o que tienen las patas chuecas, y no se ven lo jodidas que están. (Rafael espera
respuesta de René, pero está no responde, ni con alguna actitud.)

RENÉ.- (vuelve a sonreír) ¿Quieres tomar algo?

RAFAEL.- Pues sí. (Pausa con tensión) Un Vodka Tonic por favor.

RENÉ.- Ya no hay.

RAFAEL.- Bueno, entonces Whisky.

RENÉ.- Es que… (Temerosa.) Se me olvido comprarlo. De hecho, no hay nada de licor en


la casa.

RAFAEL.- (Muy agresivo) Y entonces, si no hay de licor en la casa para qué me preguntas
(la arremeda burlón) “¿Quieres tomar algo?”. Mejor dime que si quiero un café o un té y
ya.

RENÉ.- Bueno, es que no pensé que…

RAFAEL.- Eso ya lo sé, ya sé que no pensaste, porque si hubieras pensado ya no estarías


aquí, jodiendome con tu presencia, y estarías haciendo el café.

René sale sin perder la calma ni por un segundo, su actitud es absolutamente serena. Va
hasta la cocina y, mientras prepara el café, escucha lo que dice Rafael sin perder la
compostura ni un instante.

RAFAEL.- ¿sabes qué? Lo que tú deberías hacer es buscarte un amante o varios, pero que
te dejen dinero, porque a mí lo que me interesa es que tengas lana, en serio. Mira (Aquí
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Rafael habla en el tono de quien está planeando un negocio.) Puede ser un tipo ya pasado
en años que necesite una mujer que se sepa comportar como puta y que parezca señora, así
como tú. (Pausa larga) ¿Me oíste?

Mientras dice esto René prepara el café aparentando No inmutarse. Sale de la cocina con
un delantal, ha puesto entre la taza y el plato una servilleta de papel y trae otra tela en la
mano. Rafael la mira con burla y coraje.

RAFAEL.- Ahí vienes con toda tu limpieza y tu orden.

RENÉ.- ¿En qué te afecta que quiera tener la casa limpia y en orden? De hecho, yo pensé
que lo preferías así.

RAFAEL.- Pues ya ves que sí me afecta. No solo me afecta, me jode. Y por supuesto que
no lo prefiero así. Me gustaría llegar a la casa un día y que no te hubieras sacudido. Esta
casa parece aparador de mueblería. Me gustaría que un día no te hubieras bañando.

RENÉ.- Las cosas que se te ocurren. Mi mama decía que una mujer compuesta quita al
hombre de la otra puerta.

RAFAEL.- pues ahora si le falló a tu pinche madre porque con todo y tu limpieza y tu
orden no te caben los cuernos por la puerta. (Pausa en espera de reacción) Y mira lo que
hago con tu espíritu de limpieza… (Toma el café y lo vacía por toda la sala, manchando el
sillón y otros muebles.) Que sabroso está.

RENÉ.- (lo mira sin decir nada, toma el trapo que lleva en la mano y comienza a limpiar
el mueble pero Rafael se deja caer y brinca sobre el sillón impidiéndole la acción.)
¿Quieres unos sándwiches?

RAFAEL.- Bueno, ya aprendiste la lección. Está bien, dame unos sándwiches. (Esta
palabra la dice arremedando a René y haciendo gestos afeminados)

René vuelve a la cocina con la taza vacía, la pone en su lugar y pone a su disposición todo
lo necesario para preparar sándwiches. Toma un cuchillo y corta un jitomate con sumo
cuidado. Cuando termina se limpia las manos cuidadosamente y toma el pan.
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RAFAEL. - (Grita) ¡RENÉ!

RENÉ pierde por un momento el control de sí y deja caer el pan al piso. Cuando lo recoge,
al levantarse, se golpea la cabeza contra el mueble que está arriba de ella, se incorpora,
respira hondo y vuelve a su actitud serena.

RAFAEL.- ¡Pinche vieja, te estoy hablando!

RENÉ.- No te oí, ¿Qué pasa?

RAFAEL.- ¿Cómo que qué pasa? Sorda. Y el café que me ofreciste nomas fue para ver si
se me antojaba, ¿o qué pedo?

RENÉ.- (lo mira como quien está acostumbrada a este tipo de cosas) Lo que pasa es que
te lo quería dar junto con los sándwiches, pero si quieres te lo traigo antes.

RAFAEL. -¿Qué cosa?

RENÉ.- El café

RAFAEL.- ¿y quién te dijo que quiero café? Pendeja

RENÉ.- Tú. (Pausa en espera de una reacción). Me lo acabas de pedir.

RAFAEL.- ¿yo? ¿Cuándo te pedí café?

RENÉ.- Ahorita

RAFAEL.- No, no, no, yo solo te dije que me ofreciste un café y no me lo diste

RENÉ.- Perdón, ¿Qué te doy?

RAFAEL.- ¿Otra vez? (Pausa) ¿Qué hay?

RENÉ.- Agua, leche, té, café y jugo

RAFAEL.- okey, jugo de uva.

RENÉ.- no hay

RAFAEL.- ¡Ah! ¡Que la chingada!


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RENÉ.- Tienes razón, el jugo es de manzana.

RAFAEL.- Bueno, quiero un Vodka Tonic

RENÉ.- (lo mira sorprendida y ríe por la supuesta broma) ¿con los sándwiches?

RAFAEL.- Ya sé que no hay Vodka, no te pongas nerviosa

RENÉ.- No

RAFAEL.- Dame agua con limón y sin azúcar

RENÉ.- Esta bien

René se retira nuevamente. Mientras prepara con sumo cuidado la limonada y termina los
sándwiches, Rafael sigue hablando y hablando.

RAFAEL.- Sabes qué, pinche vieja, no me cabe la menor duda de que eres estúpida.

RENÉ.- Pues sí, pero te juro que no lo hago por molestarte

RAFAEL.- ¿no te digo? ¡Que pendeja eres! (risa excesiva)

RENÉ.- ¿Por qué?

RAFAEL.- ¡Ay! No sé, será por tu cara ¿no? (risa ahogada)

RENÉ.- solo que por eso sea

Entra René con los sándwiches y todo su orden.

RENÉ.- ¿te sirvo?

RAFAEL.- para nada, para nada me sirves tú

RENÉ.- no, que si te sirvo de cenar

RAFAEL.- ¡ni madres! Tú no me sirves ni para bocadillo

RENÉ.- ¡Ay! Que tonta soy, lo que pasa es que no se me explicar, lo que quiero decirte…

RAFAEL.- agarra tus pinches sándwiches y métetelos por el hocico, gorda asquerosa.
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RENÉ.- tienes razón, ya me voy a poner a dieta

RAFAEL.- (burlón) lo que tu deberías hacer es comer Salvo

RENÉ.- ¿Salvo?

RAFAEL: Sí porque Salvo arrasa con la grasa. (Ríe.) ¡Ríete! (pausa.)¡Ríete! Fue un chiste
y además muy ingenioso.

RENÉ: (Ríe.) Sí muy ingenioso.

RAFAEL: Dime una cosa pinche vieja, ¿no te has hartado de mí? Así, directo, dímelo, no
me voy a enojar, te doy mi palabra de honor que no me voy a enojar.

RENÉ: No, cuando me harte yo te aviso.

RAFAEL: Pero me avisas, ¿eh?

RENÉ: Te lo prometo.

René se sienta junto a Rafael, él se queda callado y serio.

RENÉ: ¿Te pasa salgo? ¿Hice algo que te molestara? ¿Dije algo malo?

RAFAEL: ¡No!, ¡no!, ¡no! ¿Por qué siempre tienes que creer que si estoy serio, triste o
enojado es por ti? ¿De verdad crees que eres tan importante en mi vida como para estar
pensando en ti todo el tiempo?

RENÉ: No, lo que pasa es que…

RAFAEL: ¡Ya cállate! Deja ese tono dulcecito que me emputa.

René completamente serena, se levanta para recoger los platos, Rafael se lo impide.

RAFAEL: ¡Deja eso ahí!

RENÉ: Está bien.

RAFAEL: ¡Con una chingada! Que dejes de hablar así. A ver habla como hombre.

De aquí en adelante René obedece a todas las ordenes que le de Rafael.


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RENÉ: (Hablando como hombre) Está bien

RAFAEL: Más.

RENÉ: Está bien.

RAFAEL: Ahora párate como hombre.

RENÉ: Está bien.

RAFAEL: A ver siéntate como hombre

RENÉ: Está bien.

RAFAEL: Ahora camina como hombre… más fuerte, como hombre, pendeja. Ahora
ráscate los huevos.

Rafael ríe a carcajadas y ella lo sigue. Él aprovecha para darle una nalgada que la hace
pandearse, pero no emite ninguna queja, solo se soba riéndose.

RAFAEL: Cómo eres argüendera, además ni te pegué ahí, te pegué aquí. (Le da una
nalgada del otro lado. René repite su acción anterior) ¿A poco duele? (Se pega varias
veces en la pierna) No, ni duele, ¿a ti te dolió?

RENÉ: Sí un poco.

RAFAEL: ¿Un poco? ¡Ah! Bueno (levanta la mano una vez más y René no se mueve. La
toma de la mano y le da un jalón brusco hasta que cae sobre é, la besa violentamente, ella
responde a la caricia. Rafael corta cuando la ve más excitada.) ¿Ya ves? Te digo que eres
una puta, como todas las mujeres, sólo piensas en eso. Luego luego te calientas.

René ríe y le pone la mano sobre un brazo.

RAFAEL: No me toques hija de tu pinche madre. (René no responde nada y comienza a


arreglarse la ropa con cuidado) ¿Te enojaste?

RENÉ: No, ¿Por qué?

RAFAEL: Pos ¿por qué ha de ser? Porque te calenté y luego te mandé a chingar tu madre.
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RENÉ: ¡Ah! No, yo entiendo perfectamente cuando no tienes ganas de estar conmigo por
supuesto que no me enojo.

RAFAEL: ¡Pues enójate!

RENÉ: Bueno, si quieres me enojo.

RAFAEL: No seas mamona, no quieras verme la cara de pendejo.

RENÉ: Si yo nunca…

RAFAEL: ¿Nunca? Si te encanta sacarme el tapón.

RENÉ: Yo hago todo lo posible para que no te enojes

RAFAEL: Mientes, mientes, te la pasas poniéndome tu carita de “¡Hombre no te enojes!”


¡Hombre! Cómo chingados no me voy a enojar si lo que tú quieres es hacerme reventar.

RENÉ: Yo lo único que quiero es que estés contento.

RAFAEL: ¿Quietes que esté contento? Muérete, arpía-

RENÉ: Bueno.

RAFAEL: No, mejor lárgate con otro güey que sea tan tibio como tú, ahí te das tus vueltas
de vez en cuando y me dejas lana, ¿no?

RENÉ: No me parece que sea muy buena idea.

RAFAEL: Me vale lo que pienses. Pero tienes razón, porque para sacarle dinero a un tipo
se necesitan dos cosas que tú no tienes, ¿Sabes cuáles son?

RENÉ: No

RAFAEL: Claro que no, porque no te conviene saberlo, pero yo te lo voy a decir ¿Quieres
oírlo?

RENÉ: Si me lo quieres decir te escucho.


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RAFAEL: Claro que te lo quiero decir. Te falta… (Pausa)Belleza e inteligencia, sobre


todo lo primero pareces cucaracha.

RENÉ: Entonces pensemos en un negocio de cucarachas.

RAFAEL: (Interrumpiendo la toma con fuerza de la cara. René ni siquiera gesticula)


Ándale, búrlate de mí que para eso estoy aquí…pendeja (La avienta) Pero tienes razón, ya
pensé en otro negocio que me va a dejar más dinero y voy a poder controlar la lana, te voy
a llevar al circo. (Ríe a carcajadas) “Vengan a ver al fenómeno del siglo, la gran cu-ca-ra-
cha, la única en el mundo que hace sándwiches de jamón con perfectas rebanadas de
jitomate y es limpia hasta el culo”. (Muy violentamente la toma por detrás la hinca en el
piso, le levanta la falda y le acaricia las piernas y las nalgas, le besa el cuello y la nuca, le
acaricia los senos, le jala el cabello, en un instante se detiene.) O no, mejor le quitamos lo
de limpia hasta el culo, no debemos de faltarle el respeto al público.

RENÉ: (Cuando ha logrado reponerse de la excitación) Sí, me parece bien

RAFAEL: ¡Sí! (Grita) Ya estoy hasta la madre de que me digas que sí a todo, ¿Qué
chingados quieres? ¿Ser una santa una mártir? ¿Sanes qué? Si crees que tu paciencia y tu
entupida ternura te van a llevar al cielo ya te chingaste, te vas a ir al puto infierno porque
me jodes, me chingas con tu paciencia, desde que te conozco nunca te he visto enojada o
triste, parece que en vez de correrte sangre por las venas te corre agua purificada. Pero a mí
me torturas con tu comprensión y eso es pecado y te vas a ir al infierno. (Esto último lo
dice como para asustar a René, quien no hace otra cosa que escuchar. Rafael rompe a
llorar, René no habla, después de un momento. Rafael pasa del llanto a las carcajadas) No
pinche vieja… (Pausa) Ya me canse de decirte pinche vieja, se oye mal ¿no?

RENÉ: ¿Te parece?

RAFAEL: Claro que me parece desde hoy te voy a decir ruca gacha, para que no se oiga
tan feo.

RENÉ: Que bueno.

RAFAEL: ¿Sabes qué ruca gacha?


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RENÉ: ¿Qué? (Bosteza.)

RAFAEL: No, si te quieres ir a dormir no hay problema, vete que yo me quedo aquí como
pendejo.

RENÉ: No, si no tengo sueño.

RAFAEL: ¿Y esa cara?

RENÉ: Es que no tengo otra más barata.

RAFAEL: ¡Ay! Qué graciosa (Pausa) ¿Quieres que te cuente algo?

RENÉ: ¡Claro! (muy interesada)

RAFAEL: Y por qué tanto interés, si ni siquiera sabes lo que te voy a contar. No, si tu nada
más me das por mi lado.

RENÉ: No, claro que no

RAFAEL: Sí

RENÉ: De verdad, no.

RAFAEL: Cómo chingados no, al menos ten el valor de aceptar que estás hasta la madre
de mí y sólo me das por mi lado, acéptalo (La toma de los hombros y la sacude muy
violentamente) acéptalo con una chingada.

RENÉ: Está bien lo acepto.

RAFAEL: Lo ves, ahí está, porque no piensas con tu propia cabeza, ¿Sabes por qué?
Porque la tienes vacía. (René ríe y niega con la cabeza como quien es un poco cómplice de
una fechoría) No te creas, es una broma. Ríete. (Grita, René obedece)La verdad es que me
gustaría tener tu cerebro. ¿Sabes por qué?

RENÉ: No ¿Por qué?

RAFAEL: Para darle uso, porque tú lo tienes todavía sin estrenar.

RENÉ: Tú sí que eres ocurrente. ¡Qué bárbaro! Esa si está buena…


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RAFAEL: Y tú estás más. (Vuelve a tomarla y ella accede, pero enseguida la suelta.) ¡Ja!
Y tú que dijiste, ¡ya! Pues no, tengo mucha hueva de cogerte. Sabes con quien si me
gustaría… Con la Eva, tú deberías decirle que te haga la valona.

RENÉ: Eva nunca aceptaría acostarse contigo.

RAFAEL: ¡Ah! Bueno pues si ella quiere lo hacemos parados.

RENÉ: Quiero decir que nunca tendría relaciones sexuales contigo.

RAFAEL: ¡Ah Dio! Y, ¿Por qué? Si nunca he sido feo y mucho menos cacarizo.

RENÉ: Nadie dice lo contrario, pero Eva es mi amiga.

RAFAEL: Ya lo sé por eso, ¿Sabes algo? (pausa) Cuando estoy contigo me empiezo a
imaginar que estoy con ella y así la paso a toda madre.

RENÉ: Mira, eso es muy bonito, eres realmente considerado, siempre buscando la manera
de que nuestras relaciones sean mejores y sobre todo distintas.

Rafael ríe a carcajadas durante un largo rato, como si le hubieran contado algo muy
gracioso.

RAFAEL: Pinche vieja… ¡Ay, perdón! (Pausa) Siempre tan complaciente, me cae que te
tengo hasta la madre, ¿Verdad?

RENÉ: No, ya te dije que no.

RAFAEL: Ah bueno, porque si ya te cansaste de mí puedo agarrar mis cosas y largarme a


la chingada y te dejo en paz.

RENÉ: Si tú te quieres ir no digas que es porque yo ya estoy harta, esa no es la razón,


nunca serás lo suficientemente malo como para que yo decida correrte.

RAFAEL: Qué viva eres, ¿No? Pero no eres más lista que yo. Te voy a estar chingando
hasta que revientes como sapo. Un día has de explotar y cuando vea tus tripas embarradas
en la pared me voy a carcajear de ti. (René no responde nada. Al ver que Rafael se va
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tranquilizando se dispone a levantar los platos pero él nuevamente se l impide.) ¿Por qué te
llevas mi cena, cabrona?

RENÉ: Pensé que no querías.

RAFAEL: No quería, pero ahora sí quiero.

RENÉ: Esos ya están remojados, puedo hacerte otros.

RAFAEL: (Muy agresivo) No, quiero esos, y si se te olvidó ponerles aguacate mejor, esos
quiero, así remojados. ¿Verdad que sí se te olvidó ponerles aguacate?

RENÉ: No, pero si quieres se lo quito.

RAFAEL: No, déjalos, a ver si muero de un coraje, es más, tráeme unos huevos estrellados
con mucha manteca. (La levanta del sillón con fuerza, la sacude, le da dos bofetadas, y la
deja caer de nuevo. René no hace nada, sólo se le queda viendo sin gesticular.)

RENÉ: ¿Ya no quieres los sándwiches?

RAFAEL: (Furioso) Lo único que quiero es que dejes de ser tan arrastrada. Y mira cómo
me trago tus pinches sándwiches. (Empieza a comer de manera sucia y desordenada, le
muestra la comida que tiene en la boca, la pasta y emite un fuerte eructo.) Se oye gacho
pero descansa el borracho.

RENÉ: Se oye mal pero… (Rafael la mira con la esperanza de haberla hecho enojar.
Incluso parece estar contento) No hay problema, son escapes del organismo.

RAFAEL: ¡Ah! ¿No hay problema? ¿Entonces me puedo echar un pedo? (Se sienta
callado en el sillón al lado de René. Comienza a quedarse dormido)

RENÉ: ¿Te quieres ir a dormir?

RAFAEL: Lo que quiero es que me dejes en paz.

RENÉ: ¿Pero qué te hago? Tú eres el que se la pasa peleando.


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RAFAEL: Sí, y mientras yo peleo tú te haces pendeja y el que se va a chingar a su madre


soy yo.

RENÉ: Yo no me hago…

RAFAEL: Por supuesto que no te haces, eres pendeja.

RENÉ: ¿Por qué no tratas de descansar?

RAFAEL: Sí, quiero descansar… (Pausa. René se acerca para auxiliarlo.) Pero de ti, para
que te comas sola como los alacranes.

RENÉ: (Haciéndose la simpática) ¿Me estás diciendo venenosa?

RAFAEL: No, cómo crees, si tú eres un dulce.

RENÉ: (A partir de este momento René dice sus textos con una actitud sumisa hasta el
extremo) Lo que pasa es que no se qué hacer para que no te enojes tanto.

RAFAEL: Claro, y como no sabes entonces haces todo lo posible para ser absolutamente
insoportable.

RENÉ: Pero bueno, es que yo ya no sé qué hacer ni qué decir para que no te enojes.

RAFAEL: ¿De verdad? ¿Quieres que no me enoje? Te tengo la fórmula mágica.

RENÉ: Dímelo por favor.

RAFAEL: Desaparécete de mi vida.

RENÉ: Pero es que yo te quiero mucho.

RAFAEL: No quiero que me quieras, quiero que me odies.

RENÉ: No puedo odiarte, eres el hombre más importante de mi vida.

RAFAEL: Y tú eres la única mujer a la que hubiera preferido no conocer jamás.

RENÉ: Tengo la impresión de que estás enojado.


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RAFAEL: (De aquí en adelante Rafael dice todo con gritos desgarradores y ahogados.)
¿T e estás burlando de mí?

RENÉ: Claro que no, pero es que ahora estás más agresivo que de costumbre.

RAFAEL: Estoy que me lleva la chingada y tú me dices que te da la impresión de que


estoy enojado. Y no quieres que crea que te estás burlando de mí. (Se ahoga con su saliva,
René se acerca para auxiliarlo.) Ya te dije que no me toques, cerda asquerosa. (Grita,
vuelve a ahogarse, vomita. René trae un trapo para ayudarlo.) ¿Por qué no te mueres?

RENÉ: Te prometo que te dejo en paz pero cálmate, yo estoy dispuesta a hacer lo que tú
quieras, pero tranquilízate.

RAFAEL: (Casi sin aliento.) No puedo tranquilizarme, ni quiero. Mírame, disfrútame, le


estás volviendo loco, tu dulzura me consume, tu carota me trastorna, quisiera meterte una
bola de putazos para ver si así me siento mejor.

RENÉ: Si tú crees que eso puede aliviarte yo estoy dispuesta, hazlo para que te sientas
mejor.

RAFAEL: (Furioso. Completamente enloquecido.) Esto es el colmo. Si te dijera que


quiero meterte la jeta al excusado me dirías: “Como tú quieras” ¿Sabes qué, señora
limpieza, sumisión, comprensión, señora basura? ¡Te odio! (Se le echa encima, le da el
primer golpe pero de tan ebrio y alterado se resbala con su vómito, cae con la cabeza
contra el piso. René se acerca para revisar su estado, cuando advierte que está muerto se
incorpora y sin ningún gesto en la cara, como permaneció todo el tiempo, empieza a
limpiar la casa con mucha calma y mucha precisión. Se escucha la canción Woman, de
Jhon Lennon.

TELÓN

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