Escamas y Una Cola
Escamas y Una Cola
Rating: Mature
Archive Warning: Creator Chose Not To Use Archive Warnings
Category: M/M
Fandom: One Direction (Band)
Relationships: Harry Styles/Louis Tomlinson, Harry Styles & Louis Tomlinson
Characters: Harry Styles, Louis Tomlinson, Original Characters
Additional Tags: Larry Stylinson Is Real, Louis Tomlinson Loves Harry Styles, bunny
louis tomlinson, Shifters, dragon harry styles, Adaptation, Mpreg, mpreg
louis tomlinson, Prince Harry Styles, Mating
Language: Español
Series: Part 2 of Midnight mating
Stats: Published: 2023-02-28 Words: 41,214 Chapters: 12/12
Escamas y una cola -adaptacion-
by Hariboo_28
Summary
¿Puede convencer a Harry de que vale la pena todos los problemas que ocasiona, o el
príncipe dragón se lavará las manos de todo el fiasco del conejo?
La obra original en inglés es de Joyee Flynn. Traducción y adaptación sin multas de lucro.
Notes
Amores, aquí están algunas aclaraciones con respecto al contenido de la historia, si algo no
les gusta, les incomoda o algo es un detonante para ustedes pueden retirarse, recuerden que su
salud mental es muy importante.
* Violencia
* Falta de comunicación (demasiada)
* Abuso y maltrato
* Manipulación
* Smut
Una vez hecho las aclaraciones, espero que disfruten la lectura < 3
I
—Bienvenidos. Soy el Anciano Burke. —El Anciano se detuvo, como si esperara algo. —
Quiero agradecerles a todos ustedes, por estar aquí esta noche. Esta es una ocasión
memorable para nosotros. Han pasado veinticinco años desde que terminó la Gran Guerra
entre todos los paranormales, llevándose con ella una gran parte de nuestra población.
Harry Styles miró a su alrededor, cuando la habitación quedó bajo un silencio mortal. Era
extraño, considerando cuanta gente había parada en el salón. La esquina de su labio se crispó.
Odiaba las multitudes.
—Me gustaría que todos hagan un brindis conmigo, en memoria de aquellos que perdimos.
— El Anciano alzó su copa de champaña y esperó a que toda la multitud sostuviera las suyas.
—Jamás los olvidemos.
Alzó su copa y bebió todo el contenido. No es como si se fuera a emborrachar por una sola
copa de champaña. Haría falta más que una botella para emborracharlo.
—Como he dicho, esta es una ocasión memorable para todos nosotros. En los veinticinco
años, desde que terminó la Gran Guerra, la United Paranormal Alliance of Cooperation ha
estado observando y esperando. No esperaremos más.
—La pelea entre especies debe parar —, dijo otro Anciano que usaba una larga túnica blanca,
mientras daba un paso al frente. —Los humanos saben de nosotros, y han aprendido a
aceptarnos entre los suyos. Sin embargo, su tolerancia sólo durará un tiempo. La lucha
constante entre las comunidades paranormales, ha llegado bajo su escrutinio. Ya no tenemos
el lujo de observarlos resolver sus propios desacuerdos.
—El Anciano Lukas está en lo correcto —, dijo el Anciano Burke, mientras hacía un gesto
hacia el otro Anciano. —Ya no seremos indulgentes, esperando a que terminen sus
mezquinas disputas. Como tal, hemos tomado medidas para asegurarnos de que tomen su
lugar entre nuestra sociedad.
—Todos han hecho el brindis conmigo. Como tal, ahora están atados a los convenios que
pusimos ante ustedes.
—Cada uno de ustedes tiene veinticuatro horas para encontrar y reclamar a su pareja —, dijo
el Anciano Lukas. —Si fallan a la hora de reclamar una, dentro de veinticuatro horas, y
traerla a ella o él frente a este Concilio para ser reconocido, no tendrán una. Se volverán
salvajes dentro de una semana.
Su mandíbula cayó abierta. No podía creer lo que estaba escuchando. Vino a la Gran Reunión
porque se lo habían ordenado. Si hubiese sabido de los planes del Concilio, se habría
quedado en casa.
—A causa de que continúan peleando entre especies, no pueden reclamar a una pareja de la
misma raza —, dijo el Anciano Burke. —Deberán reclamar una pareja fuera de su propia
especie.
—Si fallan a la hora de traernos una pareja ante este Concilio al filo de la medianoche de
mañana, serán perseguidos y ejecutados como un paria.
—Para asegurarnos de que encontrarán una pareja, se ha añadido algo especial a lo que han
bebido cada uno de ustedes. Eso asegurará que la necesidad de aparearse fuera de su especie
supere su necesidad de pelear. Es un aditivo particular que induce el calor de apareamiento,
en cada uno de ustedes. No serán capaces de negar la necesidad de aparearse.
—Y sólo en caso de que crean que puedan tratar de romper el hechizo, — dijo el Anciano
Burke, — hemos añadido una pequeña clausula especial. Cualquiera que intente negar los
convenios de su hechizo, será maldecido inmediatamente acorde a su propia raza. Los
vampiros ya no serán capaces de beber sangre. Los cambiaformas ya no serán capaces de
cambiar. Los usuarios de magia ya no serán capaces de hacer magia, y así sucesivamente.
Estoy seguro de que entienden mi punto.
Los dos Ancianos fueron a pararse con sus compañeros y se voltearon para enfrentar a la
multitud. —Ahora, niños, buena suerte. Esperamos verlos en veinticuatro horas. Que su
cacería sea exitosa.
—Esto es inaceptable.
—Me largo de aquí —, dijo, mientras se encaminaba hacia las puertas. No iba a quedarse
aquí, esperando a que algún idiota saltara hacia su culo. Ya podía ver a varias personas
mirándolo, incluso si estaban manteniendo su distancia.
Sabía que intimidaba a la mayoría de las personas. Era el más grande de su raza, ya sea en
forma humana o la otra. Asumió que ese era el por qué tantos se le quedaban simplemente
mirándolo, en vez de perseguirlo.
Apretó los puños, mientras se acercaba a la multitud. El primer imbécil que le saltara encima,
lo iba a noquear. Se negaba a aparearse en contra de su voluntad. Si no podía escoger a su
pareja, entonces no tendría una. Eludió el cuerpo que pasó volando sobre él. Negó con la
cabeza y siguió caminando hacia las puertas dobles. El caos en la habitación se estaba
volviendo peor. Las personas ya ni siquiera estaban simplemente peleando. Se estaban
mordiendo y arañando, reclamándose unos a otros.
Se detuvo, cuando un hombre en forma de hombre lobo saltó frente a él. Arqueó una ceja y lo
miró hacia abajo. —Ni siquiera lo pienses —, le advirtió, cuando el lobo lo miró de arriba a
abajo, como si fuera un lomo de carne de primera. —Voy a despedazarte.
Se paró enderezándose más, sabiendo que sus dos metros diez de altura intimidarían al
hombre, como al resto de las personas. —No, no puedes.
El hombre se lanzó con los dientes descubiertos y las manos convertidas en garras. Rodó sus
ojos y le dio un puñetazo justo en la mandíbula. El hombre lobo cayó al piso, como una roca.
Apartó al hombre de su mente, en el momento en que dio un paso sobre él.
Inhaló profundamente para calmarse y se volteó para ver al hombre rubio, parado a un lado
de él. Desafortunadamente, lo conocía, y un poco demasiado bien. En el pasado, solían jugar
juntos. El hombre era un buen pasivo, pero no era material para ser pareja de alguien. Para su
agrado, le gustaba demasiado jugar con cualquiera.
—Derek.
—¿Qué dices, si tú y yo nos quedamos juntos, guapo? —Canturreó este, mientras avanzaba
furtivamente hacia él. Sus manos le comenzaron recorrer su amplio pecho. —Ya nos hemos
divertido juntos. Podemos hacerlo de nuevo.
Había sido divertido jugar con Derek, pero no era material para algo a largo plazo. Era un
poco demasiado independiente, para su gusto. Prefería que sus hombres fueran sumisos.
Derek sólo era un juego.
—Eso no va a pasar, Derek. —Aparto de las manos de este, de su pecho y las alejó. Los ojos
de Derek se oscurecieron, y la esquina de sus labios bajó. La rabia llenó sus facciones.
—Derek, no te debo nada. Estuviste dispuesto a dejarme hacerte esas cosas. No fuiste
forzado. Ahora, vete —, le advirtió Harry. —No quiero lastimarte.
—Pero puedes. —Los ojos de Derek se iluminaron. Presionó su cuerpo contra el suyo. —
Reclámame y podrás hacer lo que quieras conmigo.
—Eso no va a pasar, Derek.
—Puedo ser una buena pareja para ti, Harry. Ya sé lo qué te gusta.
—¡No, Derek!
Lo empujó de nuevo y se volteó para irse de la habitación. Se tambaleo, cuando un gran peso
cayó sobre su espalda. Lo alcanzo, lo tomó y lo mandó a volar, casi sintió los afilados dientes
cerrándose en su cuello.
Aceleró sus pasos, tratando de salir del salón, antes de que tuviera que lidiar con otro idiota
que pensaba que sería buen material para ser su pareja. Si pudiera volver a su habitación,
podría recoger su equipaje y largarse del castillo, antes de que alguien más lo detuviera.
Justo cuando llegaba a las dos gigantescas puertas, que indicaban la salida del salón de baile,
otro cuerpo golpeó el suyo por detrás. Gruñó y se giró para volver a confrontar a Derek.
Quedó impactado, ya que en vez de ver a este, vio a un hombrecillo colapsar en el piso a sus
pies.
—¿Estás bien? —Le preguntó. Extendió su mano para ayudar al hombre, frunciendo el ceño
cuando este se encogió, alejándose de él. Unos brillantes ojos azul intenso, casi violeta
parpadearon en su dirección llenos de miedo. Trató de suavizar sus facciones, agachándose
en frente del hombre, para que su tremendo tamaño no lo aterrara más. —Hey, está bien. No
voy a lastimarte.
Alzó los ojos, justo a tiempo para ver un cuerpo precipitándose hacia él. Se puso de pie
rápidamente y se preparó para el impacto, sabiendo que no podría detenerlo. E iba a ser
doloroso. El hombre corriendo hacia él, estaba en forma humana, pero era enorme,
probablemente era algún tipo de hombre lobo o puma. No tuvo tiempo para adivinar, antes de
que el hombre se estrellara contra él.
Gruñó, sus músculos gritaron por el esfuerzo que usó para sujetarlo. Él era un hombre
grande, más fuerte que la mayoría, pero aun así requirió de toda su fuerza para evitar que el
hombre enfurecido lo mordiera.
—¡Quítate de encima! —Le gritó, mientras se apartaba de él. Siseó cuando las garras del
hombre se enterraban en su carne, destrozando su camisa de seda blanca. Amaba esa camisa.
—¿Cuál es tu maldito problema?
—¡Él!
Bajó la mirada, hacia donde le estaba señalando, sólo recordó al hombre asustado ante sus
pies, cuando sintió unos brazos envolviendo una de sus piernas. El hombre estaba claramente
aterrado. El pequeño cuerpo que estaba presionando contra sus piernas, se estremecía tanto
que podía sentirlo hasta sus muslos.
Suspiró y volvió a mirar al cambiaformas. — Mira, es obvio que él no quiere ser tuyo, así
que, ¿por qué no lo dejas en paz y te vas a encontrar a alguien más?
—Lo vi primero.
—¿Y? —No tenía idea, de qué tenía que ver eso, con forzar a alguien.
El cuerpo envuelto alrededor de su pierna, tembló. Un gemido de angustia llegó a sus oídos.
Sabía que necesitaba hacer algo, antes de que el cambiaformas lo atacara de nuevo. Se
agachó y agarró al hombrecito, alejándolo de su pierna, a pesar de como temblaba el hombre.
Levantó al hombre, luego gruñó cuando el pequeño trató de trepar sobre él. Casi rió, la rareza
de la situación lo golpeó. Estaba siendo amenazado por un cambiaformas, mientras un
hombrecillo con apariencia de duende, trataba de usarlo como un árbol.
—¿O qué? —Puede que se haya divertido con la situación, pero no aguantaría las amenazas
de nadie. Envolvió un brazo alrededor del hombre, que colgaba de él desesperadamente,
levantándolo en sus brazos. Miró al cambiaformas. —Voy a quedármelo.
—Es mío.
El cambiaformas gruñó y se lanzó. Oyó gritar al hombre en sus brazos. Se dio la vuelta,
dándole la espalda a la amenaza inminente, protegiendo al hombre con su cuerpo. El dolor
destrozó el control que tenía sobre sí, mientras las garras del cambiaformas se hundían en su
espalda. Rugió. Sostuvo al hombrecito contra su pecho y extendió las garras de su otra mano,
girándose y acertándole al cambiaformas. La sangre salpicó por todos lados, mientras sus
garras se arrastraban por el pecho del otro.
Oyó un sonoro gruñido y sintió las garras del cambiaformas hundiéndose en su costado. El
hombre en sus brazos gritó, y supo que también lo había golpeado. El aire estaba cargado con
el olor de la sangre —pero también había algo más.
Eso cosquilleó sus sentidos, intrigándolo. Antes de que pudiera rastrear el dulce aroma o
averiguar de dónde venía, el cambiaformas volvió a saltar sobre él. Toda la fuerza de este
enloquecido, lo golpeó como un tren. El hombre en sus brazos gritó, cuando cayó sobre él.
Alguien lo golpeó por detrás. Se tropezó hacia adelante, trastabillando con el hombrecito que
había estado sosteniendo. Se giró, para asegurarse de que estuviera a salvo, justo a
tiempo para ver al cambiaformas zambullirse directo al pequeño. Actuando por puro
instinto, reunió fuego en su garganta y lo dejó ir. Un humo negro llenó el aire, oscureciendo
la visión que tenía del hombrecito por un breve momento. Con su mano, atravesó el humo y
agarró el primer pedazo de piel que sintió.
Tiró con fuerza, exhalando un suspiro de alivio cuando el pequeño se deslizó a través del piso
hacia él. Estaba ligeramente chamuscado, pero por lo demás, parecía bien. Agarró al hombre
en sus brazos y corrió hacia la puerta.
La atravesó justo cuando algo volvió a golpearlo. El hombrecito salió volando de entre sus
brazos. Cayó al suelo, aterrizando con fuerza sobre sus manos y rodillas. Sus dientes se
cerraron sobre su labio inferior, extrayendo sangre. Gruñó y enroscó sus manos en puños.
Se puso de pie y se volteó para mirar al cambiaformas agazapado junto a las puertas. Escupió
la sangre de su boca al piso, luego se secó la sangre restante de sus labios y la miró por un
momento, luego miró al cambiaformas.
Rodó sus ojos. Sólo quería ir a casa, sin alborotos ni peleas. No quería pelear hasta salir del
maldito castillo. Al parecer no iba a conseguir lo que quería, sin hacerlo.
Por supuesto, si quitaba de la imagen la razón de la pelea… se volteó a ver al pequeño que
había sostenido hace unos minutos atrás, acurrucado contra la pared, abrazando sus rodillas
contra su pecho. Gruñó profundamente, hizo un gesto con su mano otra vez.
—¡Ven aquí!
Esos ojos profundos se ampliaron con temor. El hombrecito se puso de pie y atravesó la
distancia entre ellos, hasta pararse directamente en frente de él. Su cuerpo pequeño y delgado
se estremeció. Casi gruñó, ante la forma en que sus ojos descendieron sumisamente hacia el
suelo.
—¿Quieres aparearte con este hombre? — Preguntó suavemente, esperando que su voz suave
calmara al hombre.
Era el fuego del apareamiento. Siempre y cuando no intercambiara sangre con el hombrecito,
los efectos desaparecerían en un par de horas. Por ahora, marcaría como suyo al hombre
aterrado, advirtiéndole a todos los otros, que se alejaran de él o sufrirían su ira.
El hombre tembló y gritó, agarrando la parte posterior de su cuello. Sabía que estaba
sintiendo la marca que sentían todas las parejas cuando eran reclamadas.
Satisfecho de que el hombre hubiese sido salvado del otro cambiaformas, agarró su brazo y lo
tiró a su lado. Se dio la vuelta para darle una mirada aburrida al cambiaformas. —Ahora ya
no es un problema. Ha sido reclamado y ya no está disponible.
—Sí, sí. —Gesticuló con su mano libre, ahuyentándolo. —Piérdete, perrito. Ya tuvimos
suficiente de ti.
Supo que había adivinado la raza del cambiaformas, cuando el hombre gruñó y
repentinamente le brotó pelo y colmillos y dos orejas puntiagudas. Había ciertas cosas que se
reconocían instantáneamente en algunas razas… como las orejas y una cola. El pelaje
también era genial. Él por su parte, tenía escamas.
Rodó sus ojos. Como si nunca hubiese oído eso antes. Normalmente no iniciaba peleas, sólo
porque odiaba el drama que involucraba. Pero definitivamente terminaría una, dada la
oportunidad. No retrocedería ante un desafío.
—Muy bien. —Torció su cabeza a la izquierda y la derecha, haciendo crujir unas cuantas
vertebras, entonces empujó al pequeño detrás de él. Flexionó sus garras y dejó que sus
dientes se extendieran, una pequeña ola de humo salió de sus fosas nasales. Hizo un gesto
con su mano, para que el cambiaformas se le acercara. —Entonces vamos a hacerlo.
El cambiaformas se tensó y se agachó, como si estuviera listo para salta. Se preparó para la
batalla que se avecinaba, luego su mandíbula cayó en estado de shock, cuando alguien se
precipitó contra el otro, haciendo que se estrellara contra el suelo.
Antes de que el cambiaformas pudiera ponerse de pie, fue jalado y un vampiro hundió sus
dientes en lo profundo de la garganta del cambiaformas. Un largo y frustrado gemido llenó el
aire, cuando fue reclamado por otro. Casi se sintió mal por el tipo — casi.
El cambiaformas fue puesto de pie y arrastrado, antes de que pudiera protestar. Se burló y se
dio la vuelta, para dirigirse de regreso a sus habitaciones, sólo recordó al pequeño
duendecillo cuando trepó sobre él de nuevo.
—¡Oh, no, no lo harás! —Dijo, mientras agarraba al conejito por la nuca y lo levantaba. Miró
al conejo, una lenta sonrisa comenzó a cruzar sus labios, cuando le vino una idea a la mente.
—Sí, creo que tú funcionarás bien.
El conejo comenzó a luchar. Siseó cuando la pequeña cosa peluda levantó sus patas traseras y
arañó su brazo, dejando profundas marcas ensangrentadas. —Ya basta —, gruñó, sacudiendo
al conejo. —No voy a lastimarte.
El conejito lo miró, aplanando sus largas orejas contra los costados de su cabeza.
—Ahora, compórtate como un buen conejito y nos llevaremos bien —, dijo, mientras metía
al conejo debajo de su brazo y caminaba de regreso al salón principal de reunión,
dirigiéndose al estrado de los Ancianos. La lucha parecía detenerse, entre más me adentraba
en la habitación, la gente se separaba para darles un amplio margen.
—No estás siendo un buen conejito —, le dijo, mientras el conejo continuaba luchando. Lo
golpeó ligeramente en la parte trasera. Casi se rió, cuando el conejo dejó de luchar, pero
aplanó aún más las orejas en su cabeza. Al menos oía bien.
Podía sentir como el corazón del conejo comenzaba a martillar, mientras lo sostenía para la
inspección del Anciano. Sus patas traseras se levantaron acercándose a su pecho, y metió su
cola, como si estuviera tratando de verse tan pequeño como le fuera posible. No le era difícil.
Su mano, era casi tan grande como todo el cuerpo del conejito.
—Sí, bueno, —dijo el Anciano, —puedo ver tu marca sobre él. ¿Él te ha marcado?
—Anciano. —Se rió entre dientes, como si estuviera gratamente sorprendido. —Los
dragones no son marcados.
Realmente estaba empezando a replantearse toda esta cosa del conejo. Teniendo en cuenta las
circunstancias, reclamar a la bola de pelos había parecido ser lo correcto. Ahora no estaba tan
seguro. La maldita cosa estaba tan flácida como un trapo. Esperaba no haber matado al
conejito o haberle dado un ataque al corazón.
—Muy bien, Harry, por favor arrodíllate y… — El Anciano hizo una mueca, luego ondeó su
mano hacia el piso. —Sólo pon al conejo ahí abajo.
Se apresuró en asir mejor al pequeñín. Una vez que su mano tuvo un firme agarre, sujetó al
conejito con fuerza, contra su pecho. Podía sentir el corazón del conejo retumbando contra
sus dedos. La cosita estaba aterrada.
—Estás bien —, le susurró. Colocó el cuerpo del conejo entre su brazo y su cuerpo y sostuvo
su mano debajo de él, sus dedos se envolvieron alrededor del cuello del conejito. El conejo se
sobresaltó, cuando le comenzó a acariciar su pelaje, su corazón latió incluso más rápido. —
Cálmate, pequeño. Nadie va a lastimarte.
Poco a poco, podía sentir que el ritmo del corazón del conejo comenzaba a ralentizarse. Le
tomó unos cuantos minutos antes de que el cuerpo del conejo se relajara. Satisfecho porque el
conejito no iba a correr de nuevo, miró al Anciano.
—Sí, bueno…
El Anciano Burke lucía un poco incómodo. A él no le importaba. Quería que esto terminara
para que pudiera ir a casa. Tenía cosas que hacer. No tenía tiempo para este pequeño juego
que quería jugar el Consejo de Ancianos.
Así que el conejo se había quedado atónito cuando oyó las palabras de los Ancianos, no es
que nadie pudiera saberlo con tan sólo verlo. No sería adecuado que el tipo de cambiaformas
más grande y malo se viera sorprendido, pero así era exactamente como se sentía.
—Como Anciano del Clan Dracónico, —dijo el Anciano Burke—, acepto tu apareamiento,
Harry Styles.
No sabía exactamente qué ocurría cuando se aceptaba un apareamiento y era registrado por
los Ancianos, pero no esperaba el intenso dolor que sintió de repente, atravesando su cabeza
desde la base de su cuello. Gritó y cayó hacia adelante, usando su mano desocupada para
abrazarse a sí mismo.
El conejo contra su pecho también gritó. Era un sonido horrible y uno que esperaba nunca
oírlo de nuevo —como uñas arrastrándose por una pizarra de tiza. Cuando el dolor comenzó
a mermar, comprobó rápidamente que el conejito siguiera vivo. Estaba respirando con
dificultad, pero no se veía demasiado herido.
Exhaló un suspiro de alivio. No quería que el pequeñín muriera. Un apareamiento era una
cosa muy seria. Una pareja muerta era incluso peor. Alzó los ojos, para ver a un Anciano que
lucía muy lúgubre. —¿Eso es todo? ¿Ya está?
—Tu apareamiento ha sido registrado, Harry, pero necesitas saber que hay una cláusula —,
dijo el Anciano, mientras alcanzaba un sobre de una mesa cercana, luego se lo entregó.
Apenas pudo contenerse en rodar los ojos, mientras tomaba el sobre, luego lo metió en el
bolsillo de su camisa. —Por supuesto que la hay.
—Este sobre sólo debe ser abierto una vez que tu apareamiento ha sido consumado, ni un
momento antes. —El Aciano lo señaló a él, con un dedo.
—Y recuerda, Harry, debes proteger a tu pareja a toda costa. Los hilos de sus vidas están
entrelazados ahora. Si él muere, tú mueres, y viceversa.
Bajó los ojos, hacia el conejo en sus manos, mientras lo llenaba una sensación
Louis rebotó, cuando aterrizó en la cama de Harry cuando lo arrojó a ella. En el momento en
el que dejó de hacerlo, volvió a su forma humana y comenzó a mirar a su alrededor, en busca
de algo con lo que pudiera cubrirse. Necesitaba recuperar su ropa.
Cuando no pudo avistar nada inmediatamente, se levantó y caminó hacia la cómoda más
cercana y empezó a hurgar a través de ella. Lanzó camisa tras camisa por sobre su cabeza.
Los pares de calcetines aterrizaban en el piso por docenas. Luego pasó a los bóxer de seda.
Levantó un par —negro con corazones rojos.
¿Quién usa esta mierda? Los lanzó a la pila que estaba creando en el suelo. Necesitaba un
buen par de jeans, una simple camisa de algodón, y un par de zapatillas. ¿Quién usaba toda
esta mierda pomposa? ¿Y cómo podían soportarlas? Tenía que ser increíblemente incomoda.
Rodó sus ojos y se volteó para encarar al dragón. Ondeó su mano señalando su cuerpo
desnudo. — Creo que es bastante obvio, incluso para ti.
—Aparentemente no —dijo Harry, mientras cruzaba sus brazos sobre su pecho y le arqueaba
una negra ceja. —Si fuera obvio, no habría preguntado.
—Necesito algo que ponerme. Mi ropa se quedó en el gran salón y maldita sea, no voy a
andar desfilando mi culo desnudo, para que todos puedan verlo.
Sus cejas se alzaron por la sorpresa, cuando Harry gruñó y sus facciones se ensombrecieron
repentinamente. Uh-oh, estaba en problemas. Harry se veía molesto. La nube de humo negro
que de repente salió como una espiral de sus fosas nasales, no ayudaron.
—No vas a ir desfilando por ahí, con tu culo desnudo para que todos los vean —, le espetó
Harry. —¿Quedó perfectamente claro? Soy el único que va a llegar a verte desnudo.
—Joder, no lo sé.
Soltó una carcajada. De repente, estaba increíblemente sorprendido con la situación. Era un
jodido conejo, y ahora estaba apareado con un dragón, y un dragón posesivo, además. La
situación simplemente era demasiado divertida.
—No, no lo es.
—Que sí.
Harry frotó su mano por su rostro y se dio la vuelta. Sintió lástima por el hombre. Harry no
había deseado este apareamiento más que él. Probablemente, no era justo que le pareciera
divertido, incluso si la situación era hilarante.
Le arqueó una ceja y sonrió. —Todavía no, pero podría darte un buen incentivo.
La boca de Harry se abrió de golpe, al mismo tiempo que sus ojos plateados se ampliaban
hasta alcanzar un tamaño imposible. Sonrió con satisfacción. Solía enloquecer a la gente. Lo
había estado haciendo toda su vida, incluso en su propia colonia. Sólo esperaba que eso no
hiciera que Harry lo odiara como el resto de su especie.
Suspiró profundamente y cruzó sus brazos sobre su pecho. —Creo que comprendo la
situación perfectamente. Trataste de usarme para escaparte de la pequeña maldición de
apareamiento del Anciano, y eso volvió a morderte el culo. Ahora estás atrapado conmigo.
Harry parpadeó por un momento, luego se rió entre dientes, mientras se sentaba a la orilla de
la cama. Apoyó su rostro en sus manos por un momento, luego alzó los ojos, entrelazando
sus manos y dejándolas colgar entre sus rodillas.
—Sí, supongo que eso lo resume bastante bien. No estaba seguro de cómo se sentía, en
cuanto a la tristeza que podía oír en la voz de Harry. Seguramente no podría ser tan malo
estar apareado con un conejo… ¿cierto?
—Uh, no realmente —, le respondió Louis. — Quiero decir, sé que eres un dragón porque lo
dijiste y fuiste a registrar nuestro apareamiento con el Anciano Burke. Sé que él es el
Anciano del Clan Dracónico, tu clan. También sé que tu nombre es Harry. — Se encogió de
hombros. —Pero eso es todo lo que sé.
Harry dejó caer su cabeza para mirar el suelo. Sus hombros se desplomaron. Lucía tan
abatido. —Mi nombre es Harry Styles. Soy el príncipe real del Clan Styles, la orden más alta
de los dragones.
—Está bien. —Frunció el ceño. Eso sonaba bastante pomposo, pero ¿qué sabía él sobre lo
pomposo? Vivía en un apartamento pequeño, porque eso era todo lo que podía pagar con su
escaso salario. —¿Y eso significa qué?
Harry se puso de pie de un salto. —Eso significa que soy el puto de príncipe de mi especie,
maldita sea.
Louis dio un paso atrás, preguntándose si necesitaba ser cauteloso con este gran hombre. Se
suponía que estaban apareados. Hasta donde Louis sabía, eso significaba que no podían
lastimarse el uno al otro. Pero tal vez eso sólo se aplicaba a un apareamiento de conejos.
—¿Felicidades?
Harry lo miró por un momento, luego volvió a dejarse caer en el colchón, cubriendo sus ojos
con su brazo. Sus hombros se sacudieron mientras se reía, pero no creyó que el hombre
estuviera riéndose por la diversión.
Observó a Harry, preguntándose qué podía hacer para hacer que el hombre se sintiera mejor.
Si tuviera su monedero, podría darle una de sus chucherías, pero su monedero y el resto de
sus cosas, se quedaron en el gran salón de baile. Ni siquiera tenía goma de mascar, para poder
compartirle.
Sus labios se torcieron, mientras trataba de pensar en algo. Cuando una repentina brisa de
viento sopló en la habitación, haciendo que temblara y recordándole que estaba ahí parado
desnudo, una repentina idea llenó su mente.
Antes de que pudiera disuadirse para hacer algo diferente, uso sus habilidades de conejo para
saltar a la cama y sentarse a horcajadas del cuerpo de Harry. Los conejos podían saltar
realmente alto, ya sea en su forma humana o la forma animal.
El brazo de Harry se alejó de su rostro, y alzó su mirada hacia él, como si no pudiera creer lo
que estaba viendo. Sonrió y sacudió sus caderas.
—Sin embargo, sigo siendo un conejo. Dicho esto, y considerando que ahora estamos
apareados, deberías saber que los conejos somos clichés. Como dice el dicho, follamos como
conejos. Las zanahorias son un afrodisíaco, y si me fastidias, dejaré bolitas en tus zapatos.
Chilló cuando fue agarrado repentinamente y le dieron la vuelta. Harry lo presionó contra el
colchón y se movió para arrodillarse entre sus muslos. Se posó encima de su parte superior,
con los brazos apoyados a ambos lados de su cabeza.
—Soy un dragón, pequeño conejito, y no soy cliché, sin importar cómo lo veas. Soy grande y
malo y cruel. Puedo partirte en dos sin sudar ni una gota. Fastídiame y chamuscaré cada
pedazo de pelaje de tu cuerpo.
—Soy un conejo. —Sonrió con satisfacción y meneó sus cejas. —Somos muy flexibles.
Una de las cejas de Harry se alzó. —¿De cuánta flexibilidad estamos hablando aquí?
Levantó sus piernas, luego agarró sus tobillos, los levantó hasta su cabeza sin esfuerzo y los
plantó en el colchón junto a sus oídos. Eso hizo que su culo se alzara en el aire, de una
manera vergonzosa, pero la repentina exhalación que provino de Harry valió la pena.
—¡Joder!
Volvió a bajar sus piernas a la cama, manteniendo las rodillas dobladas y presionándolas
cerca de los costados de Harry. Le gustaba la sensación de ese gran hombre entre sus piernas.
—Te apuesto a que puedo lamer tus bolas, mientras me estás follando.
Y él había estado esperando toda su vida para ser jodido por su pareja. no planeaba seguir
esperando mucho más tiempo, ahora que había encontrado al hombre. Sólo tenía que
presionar un poco más a Harry.
—Soy increíblemente flexible, Harry. También soy resistente. Dudo que haya algo puedas
hacerme, que no pueda llegar a aguantar.
— Lou-Louis. —Los ojos de Harry estaban casi negros cuando los abrió y se quedó
mirándolo fijamente. Lucía hambriento, y de la forma que decía quiero comerte. —No sabes
lo que estás diciendo, conejito, no realmente.
—Pruébame.
Harry gruñó. Esa fue la única advertencia que recibió, antes de que le diera la vuelta hasta
quedar sobre sus manos y rodillas. Las mejillas de su culo fueron separadas y una larga y una
larga lengua bífida, lo acarició a lo largo de su apretado agujero.
Gritó, el sonido llenó la habitación debido a su intensidad. Sentía cómo gritaba, mientras
Harry lamía su culo una y otra vez. Nunca había sentido algo como eso, en toda su vida.
Demonios, ni siquiera se lo había imaginado, y tenía una gran imaginación.
Cuando la lengua bífida de Harry empezó a empujar con más fuerza contra su culo, realmente
gritó. Las lamidas se detuvieron repentinamente y unas grandes manos revolotearon sobre él,
el rostro preocupado de Harry, lo miraba hacia abajo.
—De nuevo.
—¿Por favor?
Gruñó otra vez, cuando la lengua bífida volvió a lamer su culo. Estar apareado con un
dragón, definitivamente era algo bueno. Si Harry podía convertirlo en una pila de gelatina
sólo con su lengua, no podía esperar a poder descubrir qué podía hacer con su polla.
Casi protestó, cuando Harry dejó de lamer su culo, hasta que sintió dos gruesos dedos
hundiéndose en su culo. Considerando que era la primera persona real, no un objeto de
plástico, que tenía en su culo, definitivamente era superior a un dildo. Había algo diferente en
ello, más erótico.
No podía contener sus sonoros gemidos. Simplemente abrió su boca, y estos se escaparon,
haciéndose más ruidosos cada vez que los dedos de Harry se hundían en su culo. Sí, él era
ruidoso. ¿Y qué? A Harry parecía gustarle. Entre más ruidoso y alto fuera su grito, más
fuerza usaba Harry. Estaba en el cielo.
Sabía la importancia de este momento. Una vez que Harry se adentrara en él, estarían
verdaderamente apareados según las tradiciones de su gente. Este era el paso final, y entonces
estarían apareados para siempre.
No sabía qué implicaba estar apareado con un dragón. Siempre había esperado encontrar a
otro conejo. Los conejos se apareaban con conejos. Era un tipo de tradición. Otros conejos
comprendían el alto impulso sexual, la hiperactividad, la necesidad de anidar.
Gruñó, cuando Harry comenzó a estrellarse una y otra vez. Sólo las manos del hombre
agarrando sus caderas evitaron que saliera disparado hasta el otro lado de la cama, debido a la
fuerza. Harry era muy fuerte, y de alguna extraña manera, lo encontraba tremendamente
excitante.
Tal vez ese fue el por qué se encontró tan atraído al dragón. Los conejos eran criaturas
tímidas por naturaleza, incluso él en la mayoría de los casos. Estaba increíblemente excitado
por el poder que fluía a través de Harry. El hombre ni siquiera tenía que intentarlo. Para él
salía de forma natural.
¡Duh! Soy virgen, pensó, pero no puso sus pensamientos en palabras. Eso habría requerido
dejar de gemir, y eso no era posible.
Cuando Harry agarró un puñado de su cabello, pensó que se vendría justo ahí y en ese
momento. Era un conejo. Sentía una enorme fascinación por cabello —tirar, cepillar,
acariciar, lo que sea. Todo era muy excitante.
Una de las manos de este acarició su piel. Se estremeció ante el sedoso contacto. Si Harry
seguía moviéndose así, podría hacer cualquier maldita cosa que quisiera. No le importaba.
Asintió tanto como podía, considerando que los dedos de Harry seguían envueltos en su pelo.
No tenía idea de qué estaba pasando con este, pero si conseguirle un tatuaje hacía lo hacía
feliz, estaba abordo. El placer que recorría su cuerpo, en ese momento, no era como nada que
haya sentido antes.
Estaba tan listo para venirse, que estaba temblando. Cuando la mano de Harry lo rodeó y se
envolvió alrededor de su polla, eso fue todo lo que necesitó para lanzarlo sobre el borde.
Gritó con fuerza y ese vino en toda la mano de Harry y en la cama.
Oleadas de éxtasis oscilaron sobre él. Sus rodillas se sacudieron y amenazaron con ceder. Su
pecho se sentía apretado, contraído, como si no pudiera conseguir suficiente aire. Podía sentir
cómo se contraía el apretado círculo de músculos en su culo, exprimiendo hasta el último
pedacito de placer, de la polla que lo embestía.
Harry se tensó repentinamente. Su rugido sacudió la cama. Empezó a sonreír, cuando sintió
una repentina sensación de ardor que comenzaba en su nuca y luego se arrastraba por su
columna, terminando en la grieta de su culo en donde estaba conectado con Harry.
Inhaló con fuerza. La sensación no era desagradable, pero no era algo que hubiese sentido
antes exactamente. Era como ser tocado por una flama, pero sin quemarse.
Cuando lava liquida llenó su culo, repentinamente, gritó mientras otro orgasmo lo atravesaba,
uno más intenso que el primero. La sensación de ardor y la lava que lo llenaba parecieron
reunirse, abrumándolo. Colapsó en la cama, sus brazos y rodillas fueron incapaces de
sostenerlo.
Un gran peso lo siguió, luego rodó a su lado. Suspiró profundamente, cuando los brazos de
Harry se envolvieron a su alrededor, tirándolo hacia la curva del gran cuerpo detrás de él. Así
era como se suponía que tenía que ser un apareamiento. Simplemente lo sabía.
La risa de Harry atrajo su atención. Miró al hombre por sobre su hombro. —¿Qué?
Los dedos de Harry recorrieron su columna. — Supongo que no tenemos que ir a ver a mi
tatuador, después de todo.
—No es necesario. Por alguna razón, mi nombre apareció en tu piel, justo donde está tu
columna. — La sonrisa de Harry estaba llena de satisfacción.
—¿En serio?
Se giró más, tratando de darle una buena mirada a su espalda. No podía ver ninguna cosa en
su piel. Frunció el ceño, entonces se alejó de Harry para llegar a la orilla de la cama.
—Quiero verlo.
—¿Ver qué?
Se bajó de la cama y caminó hasta la primera puerta que encontró. La cerró rápidamente y se
apoyó contra ella. Ondeó una mano hacia la puerta.
Frunció el ceño. Descubrió dos cosas en ese instante. Uno, que a Harry le parecía divertido
que sus amigos lo escucharan. Dos, Harry todavía no lo había llamado de ninguna otra forma,
además de conejito.
—Tengo un nombre, sabes. Es Louis —dijo. —¿Alguna vez vas a llamarme de alguna
forma diferente, aparte de conejito?
Le tomó tres brincos, y quedó sobre Harry. Antes de que pudiera atacar de verdad, fue
volteado y azotado contra el colchón. El gran cuerpo de Harry, lo acorraló contra la cama.
—Y ahora sabes por qué te llamo conejito.
Frunció el ceño, cuando Harry tocó la punta de su nariz. Seguía enojado porque lo había
llamado duendecillo. No quería estar feliz —incluso si la sonrisa de Harry iluminaba la
habitación.
—Te gusta saltar por todos lados, como un conejito. Rodó sus ojos. —Duh, soy un conejito.
El conejito resopló. —Bien, siempre y cuando sea sexy, supongo que también puedo ser
lindo.
De repente notó cuán maravilloso se sentía el cuerpo duro presionado sobre él. Su corazón
dio un vuelco, cuando se dio cuenta del fuego que empezaba a arder en los ojos de Harry. En
una escala del uno al diez, Harry definitivamente estaba en el veinte. La mirada en sus ojos
podría derretir el acero.
Abrió sus piernas y usó sus rodillas para agarrar el cuerpo de Harry. Supo el instante en el
que este sintió su dura polla. Los oscuros ojos verde del hombre se ensombrecieron,
tornándose casi negros.
—Mientras estoy siendo generoso… — Arrastrando lentamente las palabras, mientras una
lenta y sensual sonrisa empezaba a cruzar los labios de Harry.
Inhaló rápidamente, cuando Harry enganchó sus brazos debajo de sus piernas y las tiró contra
su pecho. Estuvo eternamente agradecido, de que acabaran de tener sexo, cuando la cabeza de
la polla de Harry comenzó a empujar en su interior. El hombre no era exactamente pequeño
—por ningún lado.
Harry sonrió y empujó profundamente dentro suyo, robando el aire de sus pulmones,
mientras el placer lo inundaba.
—Mientras estás siendo generoso, conejito, ¿por qué no descubrimos que tan flexible eres
realmente?
III
Harry se dio cuenta, de que había un peso muerto sobre su pecho, aún cuando estaba
despierto. Normalmente no tenía algo encima de él, así que lo notó de inmediato. Abriendo
sus ojos, sonrió cuando vio la cabeza blanca de Louis acurrucada en su pecho. Al parecer el
pequeño conejito había encontrado un lugar para dormir.
Podía sentir su erección matutina presionándose entre los muslos de Louis, pero sabía que el
hombre estaría demasiado adolorido como para poder aliviar el dolor que lentamente se
estaba acumulando en sus bolas. Había tomado a Louis dos veces la noche anterior, y el
hombre era virgen.
Usó su mano para acariciar el sedoso cabello blanco de Louis. Él era un hombre poseído, y
ese no era el colmo. Se había apareado a un jodido conejo, y al parecer eso no le molestaba.
Eso en sí mismo, lo confundía más que cualquier otra cosa.
Era un dragón, y además un príncipe. Se suponía que tenía que aparearse a otro dragón y
continuar con la línea de sangre de los dragones. Siempre lo supo. Incluso lo esperaba. No
esperaba tener a un conejito como pareja.
Sonrió cuando Louis murmuró dormido y se presionó contra su mano. Estaba empezando a
creer que su pequeño conejito estaba hambriento de afecto. Louis parecía ansiar cada caricia
que le entregaba. Tendría que preguntarle al respecto en algún momento.
Resignado a no poder conseguir un pedacito de cola —se rió entre dientes ante ese
pensamiento— rodó a Louis cuidadosamente hacia el colchón y metió las mantas alrededor
de su pareja. Este se retorció por un momento, luego se acomodó y volvió a dormir.
Lo miró, luego rodó sus ojos, cuando se dio cuenta de que lo estaba mirando fijamente. Louis
era tan malditamente lindo… err… sexy. Quitaba el aliento. Podría mirarlo por horas y nunca
se aburriría de hacerlo.
Había algo en tener una pareja tan pequeña y delicada que llamaba a sus instintos más
básicos. No creía que se hubiese sentido de esa forma si se hubiera apareado con otro dragón,
incluso un dragón más pequeño. Sin embargo, Louis era otra historia.
Se sentía protector, posesivo, e intrigado, todo de una sola vez. Mataría a cualquiera que se
metiera con Louis. Eso era un hecho. Pero algo también le decía que mataría a cualquiera que
hiciera un movimiento hacia su conejito. El mero pensamiento de que alguien más pusiera
sus manos en Louis, era suficiente como para hacer que el humo comenzara a salir en forma
de remolino de su nariz.
¡No estaba bien!
Ser el príncipe de su clan, no era un trabajo tan glamoroso como todos pensaban. Tenía
responsabilidades que no podía ignorar, para ambos, su clan y toda la raza de cambiaformas.
Quedarse en el castillo del Consejo, sólo significaba que todo se estaba apilando en casa,
esperándolo.
¡Yippi!
Se dirigió a su baño. Tal vez una larga ducha de agua caliente, aliviaría la necesidad de volver
directo a la cama con Louis y pasarse el día aprendiendo sobre cada gloriosa pulgada del
cuerpo del hombre. Caminó directo a la ducha y la encendió. Una vez que el agua estuvo lo
suficientemente caliente, entró. Una cosa sobre ser un dragón era que, entre más caliente
estaba la ducha, más les gustaba. Se paró debajo del chorro de agua y se mojó su cabello.
Sólo tardo unos instantes en lavarlo y enjuagarlo. Su problema vino, cuando comenzó a frotar
su cuerpo. En el momento en que sus manos empezaron a moverse sobre el, no podía dejar de
pensar en cómo es que Louis había hecho exactamente lo mismo la noche anterior. A pesar de
su falta de experiencia, Louis parecía saber donde tocarlo, para excitarlo hasta conducirlo a
un punto álgido. Sabía justo dónde morder y pellizcar, y cuán fuerte. Sabía dónde lamer,
dónde acariciar, y justo dónde tocar para que Harry no supiera su propio nombre. Sólo pensar
en la noche previa hizo que Harry alcanzara su polla. Si no podía follar a su conejito,
ciertamente podría pensar en él. Sus dedos se envolvieron alrededor de su polla dura y
empezó a acariciar. Se movió lentamente al principio, luego incrementó la velocidad,
mientras las imágenes de Louis en la agonía de la pasión llenaban su cabeza. Louis parecía no
tener inhibiciones. Estaba dispuesto a tratar de hacer cualquier cosa.
Ciertamente su boca no tenía filtro. Entre más se excitaba, más sonoros eran sus gritos. Sabía
que iba a volverse adicto rápidamente a los gritos de placer de su conejito. En algún punto,
sabía que necesitaba examinar por qué se sentía tan poderoso cuando Louis perdía la cabeza.
Justo ahora, sin embargo, la presión construyéndose en sus bolas, estaba acaparando toda su
atención. Echó la cabeza hacia atrás, contra la pared de la ducha y abrió sus piernas. Acarició
su adolorida polla con una mano y movió la otra para exprimir sus bolas.
Se tensó repentinamente y empujó sus caderas hacia adelante, apretando su mano, mientras
conducía su polla en su firme agarre. Un bajo gruñido, fue arrancado de sus labios, mientras
se venía, disparando cuerdas de semen por toda la pared de la ducha. Se acarició a sí mismo,
unas cuantas veces más, mientras se hundía contra la pared de la ducha. Eso había sido
realmente intenso. No sabía si fueron las imágenes de Louis chupándolo las que lo hicieron
mejor o qué, pero fue el orgasmo más poderos que podía recordar haber tenido con su propia
mano. Negó con la cabeza y terminó de lavarse. Una vez que estuvo listo, cerró el agua y
salió, alcanzando una toalla para secarse. Se secó el cuerpo rápidamente, luego su cabello.
Colgó la toalla en la puerta de la ducha, para luego darse la vuelta hacia la encimera del baño
y el espejo que colgaba sobre ella. Necesitaba cepillar sus dientes y afeitarse antes de
comenzar a pensar en su día y lo que necesitaba hacer para poder irse a casa.
Se dio un vistazo en el espejo y dejó salir un sonido, que esperaba nunca volver a tener que
oír. Era puro terror. Sus ojos se agrandaron, mientras se inclinaba acercándose al espejo y se
miraba. Seguramente tenía que ser producto de su imaginación. No había ninguna forma de
que su hermoso pelo negro, de repente, tuviera rayas blancas. ¡Simplemente no era posible!
Su mano temblaba, mientras la levantaba para tocar un mechón blanco. Maldición, era real.
Una raya de puro cabello blanco de alrededor de una pulgada de ancho, crecía a un lado de su
cabeza, cerca de su sien. El contraste entre su propio cabello negro y el nuevo cabello blanco,
era perceptible a simple vista.
Presionó sus labios y se fue hecho una fiera al dormitorio. Sabía que su pequeño conejito
tenía algo que ver con esto. Vio a Louis durmiendo, estirado en el colchón con total
abandono, y su furia comenzó a disminuir.
Louis realmente era excepcionalmente lindo, y sí, incluso sexy. Estaba extendido sobre su
espalda, una pierna estirada, una pierna doblada en la rodilla. Sus brazos estaban abiertos
hasta donde podían, a ambos lados. La sábana se deslizó y ahora incluso amenazaba
con exponer su erección matutina.
Gruñó. Estaba real y verdaderamente jodido, si sólo la mera vista de la piel desnuda de su
conejito, podía erradicar la rabia ardiente como el infierno en el espacio de unos cuantos
segundos. Si Louis se enteraba de la influencia que tenía, sabía que nunca oiría el final de
ello. Lo que necesitaba hacer, era asegurarse de que Louis nunca lo descubriera.
Soltó un profundo suspiro, luego caminó hacia su armario. Necesitaba algo de tiempo lejos
de Louis, para así poder considerar sus opciones.
Encerrar al hombre parecía ser una idea malditamente buena, justo ahora.
Pero conociéndolo, incluso tan sólo después de cierto numero de horas, sabía que el hombre
sólo escaparía o diría palabras dulces para salir de cualquier jaula en la que lo encerrara. No
podía esperar para ver cómo es que la gente lidiaría con Louis, allá en casa. No tenía dudas
de que el pequeño conejito, tendría el lugar en la palma de su mano, en tan solo una semana.
Se vistió, poniéndose un par de pantalones negros y una camisa de vestir blanca. Decidió que
por ahora, renunciaría a la chaqueta del traje y la corbata. Siempre podía usarlas después.
Justo ahora, tenía que averiguar qué podía hacer exactamente con el mechón de cabello
blanco en su cabeza, para minimizar la atención que de seguro se ganaría.
Mientras entraba en el baño, lo golpeó una idea. Se miró en el espejo por un buen rato y
luego comenzó a reír. Puede que en realidad fuera capaz de quitar esto. Tan cuidadosamente
como podía, separó el cabello blanco del negro y empezó a trenzarlo. Ató una pequeña banda
elástica alrededor de la parte inferior y dejó que la trenza cayera sobre su cuerpo.
Definitivamente, su pelo no era tan largo como el de Louis, el cual casi le llegaba a su
cintura, pero le alcanzaba justo un poco más abajo de sus hombros. La pequeña trenza de
cabello blanco, en realidad realzaba sus facciones, atrayendo su atención a su mandíbula
cuadrada y sus firmes pómulos.
No estaba mal.
Satisfecho por no lucir como un completo fenómeno, regresó al dormitorio. Volvió a poner la
sábana sobre Louis, entonces salió de allí, cerrando la puerta suavemente detrás de él.
Rodó los ojos, mientras miraba a Galan al otro lado de la habitación, su segundo al mando. El
hombre estaba sentado en la pequeña mesa junto a la ventana, una taza de café en una mano,
un libro en la otra.
—Por los ruidos que oí tan temprano, ciertamente parece que fueron buenos para uno de
nosotros.
Los ojos de Galan se entrecerraron. —¿Para qué diablos necesito una pareja?
Pensó en el increíble sexo que había tenido la noche anterior y en el sexy conejito dormido en
su cama, luego sacudió su cabeza. Si Galan no lo sabía, no iba a decírselo.
—No esperes demasiado, mi amigo. Los Ancianos declararon que sólo teníamos veinticuatro
horas o nos volveríamos salvajes. —Tocó su reloj en la muñeca. —El tiempo está corriendo.
Rodó de nuevo los ojos y decidió dejar a Galan con sus propios asuntos. El hombre todavía
tenía hasta media noche, para encontrar a su pareja. Sólo eran las nueve de la mañana. —Mi
pareja está durmiendo. —Galan resopló.
—Me sorprende que siga respirando. —Galan se rió. —Con todos los ruidos que hicieron
ustedes dos, la noche anterior, pensé que seguramente ya debería estar muerto.
—También es muy flexible. Puede doblarse de formas que ni siquiera imaginarías. —Sonrió
con satisfacción. Eso debería captar la atención de Galan.
Supo que tenía razón, cuando la sonrisa de Galan se desvaneció para ser reemplazada con una
que era, parte intriga y parte envidia. —¿Qué tan flexible?
—Maldición.
Galan tragó tan fuerte que lo pudo escuchar, desde el otro lado de la habitación. Se rió entre
dientes y cruzó la habitación, para servirse una taza de café.
—Quiero que le asignes un guardia a mi pareja. tiene que tener uno todo el tiempo. —
Frunció el ceño, por un momento. —Será mejor que pongas dos. Louis tiene “problemas”
escrito por toda la cara.
—No estoy seguro de qué abordar primero, — dijo Galan, —el hecho de que tu pareja se
llama Louis o el hecho de que tal vez necesite dos guardias. ¿Realmente es así de
problemático?
—No. —Negó con la cabeza. —No, creo que va a ser un problema para mí.
—No exactamente. De hecho, no creo que siquiera piense al respecto. Louis es… —Frunció
el ceño, mientras trataba de descubrir la mejor forma de describir a su pequeño conejito.
Se volteó para ver a su adormilada pareja, parada en el marco de la puerta del dormitorio.
Sólo tenía una sábana envuelta alrededor de su cuerpo desnudo y estaba ahí parado, frotando
su cara con su mano. Se veía increíblemente sexy, con su cabello desordenado, su rostro
brillaba con el sueño.
Frunció el ceño, cuando notó la raya negra en el cabello, a un lado del rostro de Louis. Estaba
en el mismo lugar, que la raya blanca en su cabeza. De alguna forma, tenía la profunda
impresión de que Louis tenía que ver con ambas rayas.
Louis parpadeó por un momento, entonces frunció el ceño. —¿Ya estamos de nuevo? Mi
nombre es Louis, no conejito.
Hizo una mueca, cuando un gruñido gutural sonó desde el otro lado de la habitación. Podía
ver cómo se avecinaba el desastre, antes de que incluso sucediera. Se volteó y atrapó a Louis
por la cintura y evitó que atacara a Galan.
Galan lucía impresionado, cuando Louis gruñó y arremetió contra él a pesar de que sus
brazos, estaban envueltos alrededor de la cintura del hombre.
Puede que Louis haya sido un conejito, pero era un conejito malditamente fuerte. Era todo lo
que podía hacer para sostener a su luchadora pareja.
Louis dejó de luchar, casi tan rápido como había empezado y se volteó para mirarlo. —
¿Ahora usas mi nombre?
Se rió entre dientes y tiró de Louis más fuerte contra él. —Me gusta conejito.
—¿Hazzy? —Espetó.
Louis sonrió. —Sí, eso hace que Hazz parezca bastante masculino, ¿cierto?
Gruñó y entrecerró sus ojos, mientras miraba a su segundo al mando. Una nube de humo
escapó de sus fosas nasales. —Mi conejito puede ponerme apodos. Tú no.
Galan tragó de nuevo, mientras su rostro palidecía. —Lo siento, Harry, no volverá a pasar.
Se alejó y le frunció el ceño a su conejito, cuando el hombre trató de mirar su nariz. —¿Qué
estás haciendo?
—Trato de ver de dónde viene el humo. —La cabeza de Louis se balanceaba y movía,
mientras trataba de conseguir un mejor vistazo, de sus fosas nasales.
—¡Louis!
—Uh-oh, estás usando mi nombre de nuevo. — Louis se echó hacia atrás, para mirarlo a la
cara.—
—Sólo estaba siendo curioso. —El labio de Louis sobresalió. —Jesús, ¿Qué pasa con ustedes
y todas sus reglas? No hagas esto. No hagas eso. Va a llegar al punto, en donde un chico va a
tener que pedir permiso para aguantar esta mierda.
—¡Louis!
Gruñó, cuando las carcajadas de Galan llenaban la habitación. Nunca iba a escuchar el final
de esto. Su pequeña pareja era totalmente incorregible, y Galan no estaba haciendo nada para
ayudar a aliviar la situación, con toda su diversión.
—Galan, mi conejito perdió su ropa cuando se transformó anoche. Deberían estar en algún
lugar cerca de la entrada, al gran salón de baile. ¿Puedes ir a recogerlas, por favor?
—Uh, esta bien. —Galan frunció el ceño. — ¿Algún tipo de comida en especifico? ¿Qué
comen los conejitos?
—¿Pasto?
Louis gruñó y brincó. Rodó los ojos y tensó sus brazos alrededor de la cintura de este. Podía
ver cómo iba a ser su futuro. Iba a gastarse todo el tiempo evitando que esos dos pelearan.
Esperó hasta que la puerta se cerrara detrás de Galan y luego volteó a Louis entre sus brazos,
para que estuvieran cara a cara. —Conejito, realmente necesitas dejar de tratar de atacar a
Galan. Es mi mano derecha. No va a ir a ninguna parte.
Tenía que admitir, que estaba intrigado por la forma en que sobresalía ese exuberante labio
inferior en la boca de Louis. Era increíblemente caliente y le hacía pensar en su deseo de esta
mañana—tener su polla en el interior de la boca de Louis.
Gruñó y trató de gobernar su libido. Había otras cosas en las que necesitaba concentrarse, no
en la exquisita boca de Louis. Estaba haciendo un muy buen trabajo controlando sus
necesidades más básicas, hasta que Louis inhaló bruscamente.
—Puedo olerte —, susurró Louis, mientras dejaba caer su agarre en la sábana que tenía
envuelta a su alrededor.
Olfateó el aire, pero no olió nada. Frunció el ceño, cuando un suave rubor rosado llenó el
rostro de Louis. —¿Conejito?
Louis echó su cabeza hacia atrás, arqueando su cuello y cerrando sus ojos. Sus manos
agarraron la camisa de vestir, como si se fuera a desplomar en el piso si es que no lo hiciera.
Comenzó a preocuparse cuando Louis gimió, su cuerpo entero estaba temblando.
¿Los cambiaformas conejo tenían algún tipo de condición la cual desconocía? ¿Louis estaba
teniendo algún tipo de ataque? Los temblores del cuerpo de este, decían que era una
posibilidad muy real.
Los ojos de Louis se abrieron de golpe y entonces él fue quien inhaló con brusquedad. Los
ojos color violeta del hombre, se habían oscurecido, tornándose de un purpura oscuro. Lo que
era más espeluznante era, que la parte blanca de los ojos de Louis habían desaparecido casi
por completo, sin dejar nada más que orbes purpuras.—¡Lo necesito! —Le gruñó.
Cayó contra la mesa, cuando Louis lo atacó. Había una pizca de violencia en sus
movimientos, pero no creía que el hombre intentara lastimarlo. Louis simplemente estaba
tratando de arrancarle la ropa.
—¡Louis! —Le gritó, mientras agarraba las muñecas del conejo y las sostenía lejos de su
cuerpo. No tenía idea de qué se había apoderado tan repentinamente de Louis. Tampoco sabía
cómo se sentía por este lado salvaje además de… ¿excitado?
—¡Lo necesito! —Louis gruñó de nuevo. En vez de atacarlo, empezó a frotarse contra él.
Parpadeó por un momento, luego empujó su pierna entre los muslos de Louis. El hombre
gimió instantáneamente y comenzó a montarlo, moviéndose hacia arriba y abajo en la pierna
encajada entre las suyas. Podía sentir una raya húmeda empapando la pierna de su pantalón,
en donde la polla dura se estaba frotando contra su muslo.
Sus cejas se alzaron hasta la línea de su cabello, cuando Louis se arqueó contra él para
después gritar antes de colapsar en sus brazos. El punto húmedo en la pierna de su pantalón
se amplió, y supo que su conejito acababa de venirse.
No podía recordar la última vez que había llegado a ver algo tan erótico en su vida—si es que
había sucedido. Estaba tan excitado en este momento, que probablemente también podría
venirse sólo por tener una pierna entre sus muslos.
—Louis.
—¿Huh? —Este levantó su cabeza de su pecho y lo miró con sus ojos aturdidos.
Le agarró un puñado del cabello y lo empujó hacia abajo hasta que el hombre captó la idea y
se dejó caer de rodillas. Hizo un trabajo rápido, deshaciéndose de sus pantalones y sacando su
dura y adolorida polla.
Louis murmuró algo inentendible, cuando volvió a chupar y lamer. Él estaba bien,
disfrutando cada roce de la lengua de Louis y cada succión de su boca, hasta que los dedos de
Louis se envolvieron alrededor de sus bolas. Que jugaran con sus bolas, ya sea que las
lamieran o las apretaran, era un placer personal. Para él, se sentía mejor que el que jugaran
con sus pezones o que mordisquearan sus lóbulos. Le encantaba.
Cuando Louis exprimió su saco, rugió y lleno la boca del pequeño conejito con su liberación.
Lo abordaron oleadas de un increíble placer, haciendo que sus rodillas se estremecieran y
amenazaran con ceder. Apoyó su espalda contra la superficie de la mesa, para evitar colapsar
en el suelo, mientras Louis lo lamía, limpiándolo para luego meterlo cuidadosamente en sus
pantalones, cerrando el cierre después de esto.
Aflojó su agarre en el cabello de Louis y permitió que el hombre se pusiera de pie. Este se
inclinó contra él, apoyándole su cabeza contra su pecho. Envolvió sus brazos alrededor de su
conejito y apoyó su barbilla en la parte superior de la cabeza de Louis.
—Entonces, conejito, ¿Qué fue todo eso? — Preguntó, después de unos minutos de silencio.
— Pasaste de cero a caliente como el infierno, como en cinco segundos. No es que me esté
quejando, por si acaso. Fue realmente caliente. Sólo me pregunto de dónde salió todo eso.
—Podía olerte —, le dijo, mientras se echaba hacia atrás para poder mirarlo.
—Tomé una ducha esta mañana. —Sabía que no olía tan mal.
—Estabas excitado.
Las esquinas de su boca, comenzaron a curvarse, luego, una pequeña risa se escapó de sus
labios. En cuestión de segundos, la diversión de la situación lo golpeó con fuerza, y su
pequeña risa se convirtió en una completa carcajada.
Louis sonrió y se balanceó de atrás hacia adelante. —Me gustó chupar tu polla.
Una repentina rabie ciega se apoderó de él. Gruñó desde lo profundo de su garganta y levantó
a Louis por sus brazos hasta que sus rostros estaban
separados por meras pulgadas. —No tengo deseos de oír sobre los hombres en tu pasado. Yo
soy tu presente y tu futuro. No habrá otros hombres.
—No dije nada —, protestó Louis. —Tú fuiste el único que metió a otros hombres.
Estaba confundido, y no le gustaba sentirse así. Bajó a Louis al piso, luego pasó sus manos
por su cabello en un gesto de irritación. —¿No han habido otros hombres?
—Entonces cómo hiciste… —Cerró su boca de golpe. Realmente no tenía idea de cómo
preguntarle cómo era que le había dado una mamada con tanta maestría, sin que sonara como
que lo creyera una verdadera puta.
—No importa.
realmente me gustaría saber qué…
La puerta se abrió. Louis chilló y cambió, todo en un parpadeo. Su boca quedó abierta,
cuando observo a un conejo de un blanco puro corriendo por el piso de madera y entrando en
el dormitorio.
Cuando alzó los ojosa, Galan estaba ahí parado, también mirándolo fijamente.
Sonrió con satisfacción, cruzando sus brazos sobre su pecho. —Sí, mi pareja realmente es un
conejito.
IV
Louis corrió debajo de la cama y se escondió, su corazón palpitaba a millones de latidos por
minuto. Corrió y presionó su cuerpo contra la pared, debajo de la cabecera de la cama. No
sabía quién había entrado por la puerta, pero no quería que nadie lo viera desnudo a
excepción de Harry.
Los mitos eran ciertos. Los cambiaformas conejo eran muy calientes. Les gustaba tener sexo
tan a menudo como fuera posible. Sin embargo, sólo les gustaba tener sexo con sus parejas.
Una vez reclamados, jamás habría alguien más.
Con respecto a eso, los conejos eran más leales que cualquier otra especie de cambiaformas.
Ni siquiera tenían sexo antes de que fueran reclamados por sus parejas. No sólo era
considerado mal visto. Era una tradición.
Dudaba que Harry comprendiera el compromiso que hizo cuando se aparearon. Él nunca
desearía estar con otra ser viviente, siempre y cuando permaneciera con vida. Ahora todo su
interés sexual estaba fijado firmemente en su pareja.
No podía hacer más que preguntarse, si Harry sentiría lo mismo. El hombre parecía bastante
posesivo, pero ¿Qué sabía él de los cambiaformas dragón? ¿Tal vez a Harry no le importaba
que estuviesen apareados, pero no le gustaba compartir juguetes?
Entre más se acurrucaba contra la pared, más deprimido se sentía. No se suponía que se
apareara con un dragón. Se suponía que se aparearía con otro conejo. Así es cómo
funcionaban las cosas.
Los Ancianos realmente los habían jodido a todos, cuando decidieron jugar a este pequeño
juego. No podía hacer nada más que esperar a que el karma regresara y les mordiera el
trasero a los Ancianos. Se lo merecían.
—¿Conejito?
Titubeó por alrededor de un segundo, luego se arrastró por el piso hasta llegar a la seguridad
que proporcionaban los brazos de Harry. Este se agachó y lo recogió, acunándolo entre sus
brazos y acercándolo a su pecho. Sus ojos casi rodaron hasta la parte posterior de su cabeza,
cuando Harry comenzó a acariciarlo. Los conejos eran criaturas muy táctiles. Anhelaban el
contacto.
—Hey, conejito, ¿Qué te tiene tan molesto? —Le preguntó Harry, mientras lo cargaba hasta
la cama y se sentaba. Se extendió en la cama y colocó junto a él. —Galan no va a lastimarte,
conejito, te lo prometo.
Volvió a su forma humana y estiró su cuerpo junto al de Harry, presionándose contra él. Le
gustaba la cercanía que sentía, cuando estaba presionado contra el enorme cuerpo de Harry, la
seguridad que le daba.
—No tengo miedo de Galan —, le dijo, mientras cogía los botones de la camisa de Harry. —
Aunque tal vez él quiera reconsiderar tener miedo de mí. Puede que sea sólo un conejo, pero
todavía puedo hacerle un severo daño.
—Conejito, Galan ha visto a otros hombres desnudos con anterioridad. Además, eres
magnifico. No tienes nada de qué avergonzarte.
—No estaba avergonzado —, gruñó y se alejó de Harry. —Estaba siendo leal, pero supongo
que los dragones no saben nada sobre eso.
Estaba actuando por pura irritación, y lo sabía. Es sólo que al parecer no podía detenerlo.
Harry, como su pareja, debería haber estado tan preocupado como él, pero el hombre ni
siquiera parecía desconcertado.
—¿Perdón?
Sus ojos se entrecerraron, cuando detectó la violencia apenas controlada en la voz de Harry.
Tal vez había cruzado la línea sólo un poquito con el comentario del dragón, pero estaba
molesto.
—¡Ya me oíste! —Le espetó. —Deberías haber estado tan preocupado de que alguien me
viera desnudo como yo, pero aparentemente eso no te importa. ¿Tal vez sólo debería desfilar
desnudo por todo el castillo?
Sus brazos y piernas se agitaron frenéticamente, cuando fue lanzado por el aire. Aterrizó en la
cama, rebotó varias veces, antes de quedar sobre su espalda. Se apoyó sobre sus codos y sus
cejas descendieron, en un profundo ceño.
—Ahora, ¿querrías explicar esa declaración o necesito azotar tu culo con tu colita de
algodón?
Sus cejas se alzaron, cuando su polla se movió ante las palabras de Harry. Aparentemente le
gustaba la idea de que le azotaran el culo. Ahora, eso no era una sorpresa. Harry también
debió pensar lo mismo, porque de repente comenzó a reírse entre dientes.
—Um… —Bajó sus ojos hasta su endurecida polla. —Puede que tenga unas cuantas ideas.
Harry se rió y sacudió su cabeza. —No esta vez, conejito. Quiero saber qué quisiste decir con
lo que dijiste. Y esta vez, si no me lo dices, no voy a azotarte.
Gruñó y se dejó caer contra el colchón. Le iba a costar un tiempo acostumbrarse a esta cosa
del apareamiento. Harry parecía pensar que tenía derecho a conocer cada uno de sus
pensamientos. Más o menos le recordaba al líder de su colonia — sólo que Harry era mucho
más sexy.
—Estoy de acuerdo, pero ¿eso tiene que ver con la forma en la que te estás comportando?
—¿Yo? —Escupió, mientras se sentaba. —¿Qué hay de ti? Ni siquiera parpadeaste cuando
Galan me vio. Es como si no tuvieras ningún problema con que me viera desnudo.
Harry suspiró profundamente y fue a sentarse al borde de la cama. Estaba frunciendo el ceño,
y él no creía que eso fuera algo bueno. Pero, demonios,
¿Qué diablos sabía él? También pensaba que su pareja no querría que nadie más lo viera
desnudo.
—Louis, está mal que desfiles desnudo enfrente de otros, pero somos cambiaformas, —por
fin dijo Harry, —alguien estaría obligado a verte en algún punto.
—No, esto está mal. —¿Por qué es que Harry no lo entendía? —Nunca nos transformamos
en frente de los otros. Sólo nuestra pareja puede vernos desnudos. Es una cuestión de honor
para los cambiaformas conejo.
Harry sonrió repentinamente, su ceño fruncido desapareció. Gesticuló con su mano para que
se le acercara más. Ni siquiera tuvo que pensarlo. Amaba estar en los brazos de Harry. Cruzó
el colchón y trepó al regazo de Harry.
—De acuerdo, escúchame, Louis. Te concederé el punto, sobre que estoy acostumbrado a ver
a otros cambiaformas. Es un poco difícil no hacerlo cuando eres tan grande como nosotros
cuando cambiamos. Sin embargo, digo que preferiría que nadie te viera desnudo. —Harry lo
tocó con su dedo en la punta de la nariz. —Y aprecio el hecho de que sea una cuestión de
honor para ti, que nadie te vea desnudo. Pero, en el futuro, también apreciaría sievitaras
despreciar a los dragones, ya que también soy uno.
—Lo lamento —, murmuró, mientras bajaba su mirada hacia sus dedos, retorciéndolos con
nerviosismo. Harry tenía razón. No debería haber desquitado su furia y confusión en todos
los dragones. Su problema era con Harry. —Es que parecía no importarte en lo absoluto y eso
me hizo enojar.
—Conejito, hemos estado menos de veinticuatro horas juntos. Nos tomará algún tiempo
acostumbrarnos el uno al otro. Sólo porque no tuve tiempo para reaccionar cuando Galan
entró en nuestra habitación, eso no significa que no hubiera lanzado una rabieta de
proporciones épicas si hubieses estado desnudo.
Comenzó a sonreír, ante las palabras de Harry. ¿Una rabieta de proporciones épicas? Le
gustaba como sonaba eso. —¿En serio?
—En serio. —Harry le ahuecó la barbilla e inclinó su cabeza. —Eres mi pareja, y nadie
debería verte denudo excepto yo, si es que es posible. Apreciaría si continúas manteniendo
este glorioso cuerpo, solo para mis ojos.
—Puedo hacer eso. —Sonrió. Podía hacer lo que le había pedido su pareja y mantener su
honor.
¿Acaso podía existir una mejor promesa? — Lamento lo que dije. No sé nada sobre dragones
a parte del hecho de que son enormes y exhalan fuego.
—¿No te gusta?
—No lo esperaba, eso es todo. —El ceño fruncido de Harry se convirtió en una sonrisa. —
Fue un poco sorprendente, cuando me desperté esta mañana y fui al baño para descubrir una
raya de pelo blanco en mi cabeza.
—Me gusta lo que hiciste con ella. —Frotó la trenza entre sus dedos, hasta que llegó al final.
Miró a Harry cuidadosamente, inseguro de la reacción del hombre ante sus palabras. —Esto
luciría realmente genial con algunas perlas en ella.
Las cejas de Harry se alzaron, sólo un poco. —En realidad, esa no es una mala idea.
—¿Bolso?
Rodó los ojos, cuando Harry puso una mirada afligida en su rostro. —Sí, bolso. Es el
pequeño bolso en forma de conejito color verde neón, atado en el cinturón de mis pantalones.
Guardo todo allí adentro.
—Bueno, Galan trajo tu ropa. —Harry lo levantó y lo sentó en la cama, antes de ponerse de
pie. —Iré a traerlas realmente rápido.
Apenas podía contener su ansiedad, cuando Harry salió del dormitorio. Amaba su pequeño
bolso. Por supuesto, era extraño que un hombre adulto llevara uno, y había recibido un
montón de tomaduras de pelo sólo por eso, pero su madre se lo había dado, y amaba ese
pequeño bolso verde.
Harry regresó a la habitación, segundos después, tenía una gran pila de cosas en sus manos.
Las colocó en la cama junto a él. Había otro ceño fruncido en su rostro. Estaba empezando a
preguntarse, si esa era una mirada permanente en su rostro.
Se rió, cuando alcanzó su bolso de conejo color verde neón. —Sí, a menos de seas de la
realeza de los conejos, te quedas en el dormitorio cando vienes al castillo del Consejo. Sólo
los conejos más importantes tienen sus propias habitaciones. El resto de nosotros,
compartimos una gran habitación.
—Bueno, ya no más. Enviaré a Galan a buscar tus cosas. De ahora en adelante, te quedarás
conmigo.
Sonrió radiante.
De repente, se dio cuenta de que su cabeza estaba inclinada y Harry no podía ver su sonrisa.
Lo miró rápidamente y sonrió aún más. —Soy tu pareja. Tengo que quedarme contigo ahora.
Además, no creo que encajes en las camas del dormitorio, a menos que te doble como un
pretzel.
Se carcajeó y luego comenzó a excavar en su bolso. Sacó tres sabores diferentes de bálsamo
labial, porque nunca puedes tener demasiados. También sacó un iPod, clips, dos tapas
metálicas de botella, un paquete de goma de mascar con sabor a sandía, un prendedor para el
pelo, dos rocas pulidas de color blanco, una botella de esmalte color verde neón, tres
pequeñas cuentas de vidrio, y una cuchara de plata.
—Bien. —Dejó caer la trenza en su lugar y la palmeó gentilmente. —Esto debería funcionar
bastante bien. Cuando llegue a casa, encontraré más perlas para ti. Tengo algunas que son
realmente bonitas, que le quedarían genial a tu cabello. — Inclinó un poco su cabeza para
mirar a Harry. —¿Hay algún color que te guste en particular?
—Estoy seguro de que sin importar lo que encuentres será perfecto, conejito. —Harry se
estiró y le tiró del cabello. —¿Qué hay de ti? ¿Vas a ponerte perlas en el pelo?
—Oh, no. —Negó con la cabeza rápidamente. — Te doy estas perlas. Puedo encontrar más
para mi pelo, cuando llegue a casa.
—¿Sí? —Comenzó a sonreír de nuevo. Le gustaba cómo sonaba eso, compartir una casa con
Harry. —¿Cómo es, nuestra casa?
—Oh, no, conejito, hay varias personas viviendo ahí, la mayoría son de mi circulo interno y
aquellos que trabajan en mi propiedad, pero hay otros dragones que van y vienen todo el
tiempo. Estoy en la línea, para ser el próximo líder de mi clan dragón. Tengo un montón de
deberes.
—Oh, sospecho que serás capaz de ayudarme con una gran cantidad de cosas.
Resplandeció de nuevo, cuando Harry sonrió. Le hacía sentir cálido por dentro. Era una
sensación extraña, estar tan contento de que Harry estuviera feliz. No podía evitar
preguntarse, si todo era parte del asunto del apareamiento. En realidad, no sabía mucho sobre
el apareamiento. Como el único conejo blanco puro en su colonia, era como si mirara desde
afuera. La mayor parte de su colonia lo evitaba. Era considerado una anormalidad.
No le había molestado, cuando su madre estaba viva. Ella lo adoraba. Pero ahora que se había
ido, extrañaba tener una familia en quien apoyarse cuando los otros se burlaban de él o lo
evitaban. Sólo esperaba que no experimentar demasiado de lo mismo, cuando llegara a la
casa de Harry.
Por supuesto, ser un conejo en un castillo lleno de dragones definitivamente iba a ser toda
una experiencia. Frunció el ceño, ante ese pensamiento. Harry, ¿hay otros conejos en tu
hogar?
—No. —Harry se rió. —Los conejos están definitivamente fuera del menú.
—¿De verdad comes conejos? —Estaba impactado y un poquitito asustado, sin mencionar
disgustado. —Ew
—Conejito, soy un carnívoro. Como carne a montones, pero puedo decir honestamente que
no puedo recordar haber comido conejo. Prefiero algo un poco más grande, como un tipo de
vaca.
—Soy vegetariano.
Harry volvió a reírse, entre dientes. —Entonces me aseguraré de que tengas un montón de
frutas y vegetales.
—Y goma de mascar.
Desenvolvió una y lo metió en su boca, masticándolo rápidamente. Una vez que la goma de
mascar había sido masticada lo suficiente y estaba lo bastante suave empezó a inflar la
burbuja. Ésta creció y creció y creció y explotó.
—Ahí vas de nuevo, con la cosa de lindo. — Cruzó sus brazos sobre su pecho y lo miró. —
Quiero ser sexy, no lindo.
—Eres muy sexy, Louis, nunca lo dudes. No creo que jamás haya conocido a alguien que
pudiera excitarme tan rápido como tú.
Sabía que Harry, decía la verdad. Podía verlo en el oscurecimiento de sus ojos color verde y
en la presión de la polla dura del hombre contra su muslo. Su respiración, casi se detuvo,
cuando lo inundó la excitación.
Sintió que su cara se sonrojaba, mientras apartaba los ojos de la intensa mirada de Harry. No
estaba seguro de si quería admitir cuánto lo afectaba el hombre. Parecía como si eso le diera a
Harry mucho poder sobre él, y eso no podía ser bueno.
—¿Y? —Resopló, mientras volvía a mirar a Harry. —Tal vez seas mi pareja, pero no eres mi
amo y señor. No tengo que responderte si no quiero.
Dejó de atarse los cordones de sus zapatos verde neón y miró a Harry. El hombre parecía
estar al borde de la rabia. Sus brazos estaban cruzados sobre su pecho, pero podía ver que sus
manos estaban apretadas en puños. El ceño fruncido en su rostro, atrajo las cejas del hombre
en una profunda mueca.
Su corazón cayó y la boca de su estómago comenzó a rodar. No quería que Harry estuviera
enojado con él, pero quería mantener las cosas en privado. Si le daba demasiado a Harry,
¿entonces qué quedaría para él?
Exhaló una profunda respiración. —Porque si te doy todo, entonces no me quedará nada para
mí.
—Excepto yo.
—Y eso duraría sólo el tiempo suficiente, hasta que alguien hiciera una broma por el hecho
de que te apareaste a un maldito conejito.
—Eres mi pareja —, dijo Harry. —Para mí, eso es todo lo que necesito saber. Me perteneces
tanto como te pertenezco yo a ti. Tal vez nuestra relación haya empezado de una forma un
poco extraña…
Resopló sonoramente. Harry lo ignoró y siguió hablando. —…pero eso no significa que no
estemos apareados. Cuando te di mi marca y acepté la tuya, di mi pleno compromiso para que
estuviéramos juntos. No me importa si las otras personas están en desacuerdo con nuestro
apareamiento. No es su maldito asunto.
Bajo los ojos, hacia sus manos, cogiendo una uña con la otra. —Me molesta que me afectes
tanto —, susurró. —Es como si ya no tuviera voluntad propia. Me siento feliz cuando tú estás
feliz, triste cuando tú estás triste. Te huelo y me excito tanto, que es lo único en lo que puedo
pensar.
Cuando Harry se acuclilló frente a él, aun así, tuvo que echar su cabeza hacia atrás para ver al
hombre a la cara. Era realmente alto.
—Escúchame, amor —, dijo Harry, mientras le ahuecaba el rostro entre sus manos. —Las
cosas que estás sintiendo, la montaña rusa que estás montando. Estoy en ella también. Es
parte del ritual de apareamiento, que atraviesa cada pareja.
—¿Nunca termina?
—Pero se vuelve más fácil con el tiempo. Cualquier relación, ya sea de cambiaformas o no,
requiere tiempo para asentarse. Necesitamos aprender sobre el otro y llegar a conocernos. La
conexión entre nosotros crece con cada minuto que pasa. —Harry se rió tristemente. —
Imagino que con el tiempo sabrás lo que siento, en cuanto lo sienta.
—¿Ese es el por qué me excito cuando tú te excitas? —Respiró con pesadez, nerviosamente.
— Me siento como una verdadera puta. Tú respiras diferente, y en todo lo que puedo pensar
es en estar desnudo contigo. Ni siquiera me importa que alguien nos vea. Simplemente te
deseo.
La risa de Harry estaba entremezclada con un ligero temblor. —No puedo decir que esté
particularmente molesto por eso, conejito. Me gusta cuando estás excitado y caliente.
—Sólo lo necesario. Si me pongo caliente en cuanto te veo, deberías estar caliente hasta
cuando respiro.
Tragó con fuerza, mientras el calor de la excitación comenzaba a llenarlo de nuevo. —¿Cómo
está tu vista ahora mismo?
V
Harry sacudió un mechón de pelo de su frente, luego se rió cuando observó a Louis haciendo
lo mismo en el espejo del baño. —Te ves maravilloso, amor.
—Me veo como un bobo. —Louis tiró del corbatín en su garganta. Se dio la vuelta y
enderezó el corbatín de Louis. —Te ves perfecto.
—Saldrá bien, amor. —Sonrió. Le divertía muchísimo la pequeña rabieta que estaba haciendo
Louis. —Iremos a cenar, conversaremos un poco, luego volveremos a casa y tendremos sexo
como conejos.
Extendió su brazo. Louis sonrió y envolvió su brazo con fuerza. Juntos, salieron del baño y
luego de sus habitaciones. Louis parecía mucho más calmado caminando a su lado, hasta que
la gente comenzó a mirarlos.
—Tienes un ego gigante. —La suave carcajada de Louis llenó el pasillo, causando que más
gente los mirara.
Sabía que parte del encanto de Louis, era la alegría que parecía venir a él tan naturalmente.
Hacía que todos los de su alrededor se sintieran felices, incluyéndolo. Los últimos días que
había pasado apareado al pequeño conejito, le había abierto los ojos, ante cuan tenso se había
vuelto. Estaba seguro de que Louis lo curaría de eso, en cuestión de semanas. Nunca antes le
había intrigado tanto alguien. Sabía que parte de eso, provenía del vínculo de apareamiento,
pero no del todo. Ni siquiera creía que las órdenes del Concejo tenían mucho que ver al
respecto. Era Louis.
Se había olvidado del sobre que el Anciano Burke les había dado, después de su
apareamiento, hasta que los encontró ayer en sus pantalones. A medida que lo leía, había
comenzado a enojarse por su completa desfachatez.
“Todas las parejas deberán reclamarse físicamente unas a otras, al menos una vez cada
veinticuatro horas, hasta la próxima conferencia de año bisiesto. Fallar en esto también
causará una pérdida de su habilidad para transformarse permanentemente. Si es que se
vuelven salvajes serán sacrificados, por la seguridad de todos. Ahora que su apareamiento ha
sido registrado, esta es la única pareja que se les otorgará.”
Entonces Louis salió del baño desnudo y toda su rabia se fue en un parpadeo de este. Si el
Concejo ordenaba que tenía que aparearse con este conejito, al menos una vez cada
veinticuatro horas, ¿Quién era él para oponerse?
—Estoy seguro de que sí. —Le gustaba la idea de bailar con Louis, meciéndolo en la pista de
baile entre sus brazos. —¿Tal vez podríamos dar una vuelta en la pista, después de la cena?
—¡Sí!
Se rió cuando Louis agarró su mano y empezó a girar en círculos debajo de su brazo. Giró y
giró hasta que se detuvo repentinamente. Sus ojos lucían un poco vidriosos. —Whoa —,
susurró Louis, mientras usaba una mano para estabilizarse. —Me mareé.
Negó con la cabeza y tiró de Louis entre sus brazos. —Vamos, corazón, vamos a comer.
—Harry.
Se detuvo. Su estómago se apretó, mientras se volteaba para ver a Derek parado en la entrada
que él y Louis acababan de pasar. No le gustaba la mirada en el rostro del hombre. Contenía
una pizca de malicia.
—Hola, Derek.
—Es Louis, mi pareja. —Arqueó una ceja hacia Derek. —¿Dónde está la tuya?
Realmente quería que Derek se fuera, antes de que el hombre se volviera malvado, tal como
sabía que podría actuar. Esa era una de las principales razones por las cuales nunca había
buscado tener una relación con el hombre. Podría ser una verdadera molestia, si no conseguía
lo que quería.
—Y tal vez un poco más —, continuó Derek, mientras sus ojos se volvían vidriosos.
—No, gracias, Derek. —Apretó su agarre en Louis, cuando el hombre comenzó a moverse.
— Ahora estoy apareado, y eso significa que sólo estaré con mi pareja.
—¿Él? —Se burló Derek, mientras sus ojos se posaban sobre Louis. — No lo necesitas,
Harry. Puedo darte mucho más de lo que él puede. Sabes que puedo.
—Eso no importa, Derek. Estoy apareado con Louis, y ese es el fin del asunto.
—¿Él sabe sobre mí? —Derek asintió hacia Louis. —¿Sabe lo que hicimos juntos, lo que
significamos el uno para el otro?
—Nunca te hice ninguna promesa o siquiera di un indicio de que habría algo más entre
nosotros, aparte de unas cuantas noches de sexo. —Apretó una mano, haciendo un puño. La
otra estaba envuelta alrededor de su pareja, evitando que saliera corriendo. Louis parecía
bastante molesto. —Lo que sea que haya pasado entre nosotros, antes de que siquiera
conociera a mi pareja no puede ser usado en mi contra. Confío en que Louis me crea cuando
digo que nunca pasará de nuevo.
—Ten cuidado, Derek, estás traspasando una línea, que no quieres cruzar —, gruñó. —Louis
está fuera de los límites.
—Ah, ¿sí?
Sintió una pequeña porción de algo parecido al miedo, deslizándose por su espalda ante la
mirada fría y calculadora que Derek le dio a Louis. Acercó a su pequeño conejito como si
pudiera protegerlo de los ojos resplandecientes de odio del otro.
Observó a Derek por otro minuto, después retrocedió, finalmente se dio la vuelta y volvió a
pasillo. Cuando miró sobre su hombre, Derek seguía observándolos.
—¿Quién era ese?
Casi gruñó. Realmente no quería tener esta conversación con su pareja, pero suponía,
considerando la confrontación que acababan de enfrentar, que Louis se merecía algún tipo de
explicación.
—He vivido por mucho tiempo, Louis. He tenido sexo con un montón de gente, ambos,
hombres y mujeres. Pero en el minuto en el que nos apareamos, todo eso se acabó. No tendré
sexo con nadie más que tú, por el resto de mi vida. Lo prometo.
—Él dijo que hicieron cosas juntos… ¿cosas como las que has hecho conmigo? —¡Joder!
—Yo…
—Louis, seamos honestos. Puede que seas increíblemente flexible y te gusten las cosas un
poco rudas en ocasiones, pero en realidad no te gusta el dolor, ¿cierto?
—No, confía en mí. —Lo sabía en lo profundo de su alma. —Derek es una puta del dolor. Le
gusta que le den latigazos hasta que tenga verdugones en su espalda. Le gusta ser sumiso, ser
follado por un montón de hombres al mismo tiempo. Diablos, lamería mis botas si se lo pido.
Tú no eres así. Louis se estremeció.
—Sí, le gusta.
—Yo y un montón de otros hombres. —Inhaló profundamente y trató de averiguar cuán debía
decirle a su pareja. —En ocasiones era divertido jugar con Derek, pero nunca jugamos solos.
Siempre estábamos en grupo. ¿Por qué me escogió sólo a mí? Nunca lo sabré.
Louis se rió de repente, lo cual confundió totalmente. —Sé por qué te escogió exactamente a
No me importa qué pasó entre ustedes en el pasado. Ahora me perteneces, y si se atreve a
poner un dedo sobre ti, descubrirá cuan feroz exactamente puede llegar a ser un conejito.
—Lo sé.
Estaba sorprendido. En realidad, lo que decía Louis tenía sentido cuando pensaba al respecto.
Derek estaba apareado. Eso debería haber sido el fin del asunto, pero aparentemente, Derek
tenía otras ideas.
Seguía un poco perturbado por la forma en la que Derek había mirado a Louis. Era pura
maldad. Sabía que, si Derek se encontraba a solas con Louis, el hombre haría algo drástico,
algo que lastimaría a su pequeño conejito. En cuanto llegaran a casa tendría que hablar con
Galan sobre conseguirle un guardia a su pareja.
—Vamos, amor, vamos a comer, luego bailaremos un poco. —Movió las cejas. —Después
podemos volver a nuestra habitación y follar como conejitos.
Una de las cejas de Louis se alzó. —Qué gracioso. Se rió entre dientes. —Eso pensé.
Harry disfrutó la cena mucho más de lo que habría pensado. Normalmente odiaba las cenas
del Consejo, a las cuales tenía que asistir, como el representante de su clan. La charla
constante de Louis y su deliciosa naturaleza, casi habían hecho que todo pareciera mucho
más divertido.
—¿Qué hay en esta ensalada? —Preguntó Louis, antes de poner otro tenedor repleto en su
boca. Pareció olvidar dónde estaba su boca y comenzó a perseguir el tenedor con sus labios
hasta que lo atrapó.
Frunció el ceño. —No estoy muy seguro, pero supongo que podemos descubrirlo.
—Es mar-maravilloso.
Sus cejas se alzaron. ¿Louis estaba arrastrando las palabras? Rápidamente miró el vaso de
vino de Louis, pero estaba vacío. Una mirada aún más rápida a su alrededor, demostró que el
extraño comportamiento de Louis no había sido notado por nadie más… todavía.
—Nooo. —Louis soltó una risita y cubrió su boca. —Yo n-no be-be— odio el alcohol.
—¡Louis!
—Oh, está enojado conmigo. —Louis le apoyó su cabeza contra su hombro. —. Vas a… a…
Louis frunció el ceño por un momento, luego una gran sonrisa se extendió por su rostro. —
¿Vas a nalguearme?
Gruñó, cuando varias cabezas se voltearon en su dirección. Louis no había sido muy
silencioso con esa última declaración. Todos los que estaban cerca los había escuchado. Así
que quería meterse en un agujero.
Por favor, donde está ese agujero cuando lo necesito, se preguntaba, mientras se giraba para
mirar al Anciano Burke, quien estaba sentado a unos cuantos pies más allá. Tratando de sonar
confiado, respondió. —No, Anciano Burke, no le pasa nada malo a mi pareja.
Hizo una mueca. Podía oír la desaprobación en la voz del Anciano Burke.
—Creo que sólo fue algo que no acordé con él —, dijo, mientras trataba de capturar la mano
vagabunda de Louis. No fue fácil. Se sentía como si Louis tuviera miles de manos, todas
apuntando hacia su ingle.
—¿Manzanas?
El Anciano sonrió. —Los cambiaformas conejo son bastante susceptibles a las manzanas,
Harry, especialmente a las manzanas Granny Smith. Les afectan tal como te afectaría una
botella entera de whiskey irlandés. Comprueba su ensalada.
Sentía curiosidad y un poco de temor. Louis había pasado de tratar de meterse en sus
pantalones a tratar de meterse debajo de la mesa. Envolvió un brazo alrededor de la cintura de
su pareja y lo sujetó a su silla, luego agarró el tenedor de Louis y comenzó a rebuscar en su
ensalada.
—Tengo calor.
Acababa de avistar un pedazo de manzana cortada, cuando se volteó para ver a Louis
tratando de quitarse la camisa. Ya había desabrochado unos cuantos botones y estaba tirando
de su corbatín frenéticamente.
Sabía que esto no iba a terminar bien. Se puso de pie, tirando de Louis con él. Inclinándose,
puso su hombro en la cintura de Louis y levantó al hombre sobre su hombro.
—Gracias por la maravillosa cena, Anciano, pero creo que será mejor si llevo a mi pareja de
regreso a nuestras habitaciones.
—Sí, puedo ver eso. —El Anciano tenía una ligera sonrisa en su rostro. — Trata de no
enojarte mucho, Harry. Puede que él no supiera que había manzanas en la ensalada.
Abrió la boca para responder, pero todo lo que salió fue un gritito cuando dos manos se
posaron con fuerza en su culo. Louis se estaba riendo histéricamente. Rodó los ojos y
simplemente salió de la gran habitación. Llegó al pasillo tan rápido como pudieron, antes de
que las manos de Louis se deslizaran dentro de sus pantalones y agarraran su trasero desnudo.
Suspiró. Se sentía terrible. Los ojos de Louis se habían redondeado y llenado de lágrimas.
Estiró una mano para quitar un mechón de cabello blanco del rostro de Louis, pero el hombre
se apartó de él. Se detuvo, su mano quedó colgando en el aire entre ellos.
—N-n-no.
Puede que Louis lo hubiese negado, pero podía verlo por todo su pálido rostro. —Louis,
nunca te golpearía, jamás.
Frunció el ceño. Algo le estaba pasando a Louis, y eran más que sólo las manzanas. El
hombre, quien estaba lleno de alegría hace tan sólo unos instantes, haciendo movimientos
para tratar de meterse en los pantalones de Harry, de repente estaba aterrado.
—Nada.
Louis presionó sus labios juntos y se negó a responder. Sabía que no iba a sonsacarle nada,
cuando estaba en esta condición. A veces, Louis era demasiado testarudo para su propio bien.
—Cariño, no estás en condiciones de bailar ahora mismo. Estás borracho como una cuba.
—Oh.
Envolvió un brazo alrededor de los hombros de Louis y comenzó a conducirlo hacia sus
habitaciones. Necesitaba descubrir qué estaba pasando exactamente con su pareja, pero
primero necesitaba meterlo en la cama.
—Oh —, susurró Louis. Se detuvo repentinamente y presionó su rostro contra las ventanas
que daban al pequeño balcón exterior. Miró más allá de su pareja hacia el pequeño balcón de
piedra. Podía imaginar qué vio su pareja.
El balcón era pequeño, cercado por árboles. Había una pequeña fuente en la mitad del patio,
iluminado por luces que colgaban de las tres paredes que rodeaban el balcón. Lucía como un
país de las maravillas.
—Vamos, amor, vamos a bailar —, dijo, mientras abría las puertas y permitía que Louis
saliera al balcón.
Caminó hasta el borde de la fuente y atrajo a Louis hacia sus brazos. La cabeza del hombre
apenas le llegaba a la mitad de su pecho. Se rió entre dientes y envolvió sus brazos alrededor
de los muslos de Louis, levantándolo en el aire hasta quedar cara a cara. Louis se rió y se
sujetó rápidamente, con sus brazos envolviéndose alrededor de su cuello.
—Envuelve tus piernas alrededor de mi cintura, amor. Una vez que lo hubo hecho, lo acercó.
—¿Listo?
Louis tenía una enorme sonrisa en su rostro, mientras asentía. Comenzó a bailar alrededor del
balcón, mientras tarareaba. Con toda honestidad, sólo se estaba moviendo en círculos, pero a
Louis parecía gustarle, y eso era todo lo que le importaba.
Dejó escapar, un suspiro de alivio, cuando Louis se acurrucó sobre él, enterrándole el rostro
en su cuello. Inclinó su cabeza ligeramente, para apoyarse contra la de Louis y simplemente
danzó, tarareando un poco desafinado. Esto se sentía correcto. Esta era la forma en la que se
suponía que fueran las parejas.
VII
Harry miró al asiento junto a él. Louis prácticamente estaba saltando, mientras observaba por
la ventana. Estaban a menos de una milla de su castillo, incluso si ya estaban en sus tierras.
Louis parecía mitad ansioso y mitad emocionado. No podía esperar para ver cuál mitad
ganaría. Louis estaba probando tener un carácter bastante interesante. Estaba comenzando a
preguntarse si el Consejo de Ancianos realmente sabía lo que estaban haciendo, cuando
decidieron efectuar su jueguecito.
Se sentía intrigado por Louis, minuto a minuto. Estaba bastante seguro de que había tenido
más sexo en los ocho días desde que se habían apareado, que dentro de todo el último año.
Louis estaba caliente constantemente y no tenía inhibiciones cuando se trataba de sexo.
Estaba dispuesto a intentarlo todo.
Durante los últimos días, había azotado a Louis hasta que el hombre se vino sin siquiera ser
tocado, lo había atado a la cama y lo había follado hasta dejarlo inconsciente, y había
descubierto cuán flexible era su conejito en realidad. En una semana, esperaba que ambos
continuaran con el mismo empuje.
Louis inhaló repentinamente y se giró en su asiento. Sus ojos notaron la mirada, la cual
reconoció rápidamente como su mirada de excitación. El color violeta se tornó purpura
oscuro, y la parte blanca de sus ojos empezó a desvanecerse. Era caliente y una forma
instantánea de saber que Louis estaba excitado.
Siempre estaría agradecido, por tener una limusina con una división polarizada entre el
asiento delantero y el asiento trasero. Louis se escabulló por el asiento y luego se deslizó en
el piso, justo cuando comenzó a subir la división.
Puede que Louis hubiese sido un virgen sin experiencia cuando se aparearon, pero cuando se
trataba de sexo, el hombre era mejor que cualquiera que haya conocido. Se estaba
convirtiendo rápidamente en el mejor compañero sexual de su vida. Estaba feliz de haber
mantenido a su pequeño conejito. Nadie chupaba una polla como Louis.
En cuestión de minutos, Louis lo tenía retorciéndose en su asiento, sus dedos se hundían
profundamente en el cabello blanco del hombre. El placer que recorría su cuerpo, era
suficiente como para hacer que gimiera sonoramente. No le importaba si Galan o su nueva
pareja —un puma— lo escuchaban.
Cuando Louis rodó sus bolas suavemente, sabía que todo había terminado para él. Rugió su
orgasmo. Su corazón martilleaba en su pecho, mientras llenaba la boca de Louis con el
ardiente signo de su liberación.
Dejó caer su cabeza en el respaldo del asiento y esperó a que su corazón latiera con
normalidad, una vez más. Su cuerpo se estremecía, mientras Louis continuaba lamiendo su
sensible polla, limpiando hasta el último pedacito de semen de su piel.
—Ven aquí. Amor. —Le extendió sus manos a Louis. Sabía que el hombre estaba necesitado.
Siempre lo estaba después de darle una mamada. Bueno, a decir verdad, Louis estaba
bastante caliente la mayoría del tiempo.
Este trepó a su regazo, ansiosamente. Lo levantó y le dio la vuelta, hasta que quedó de frente
hacia el auto, la espalda estaba apoyada contra su pecho. Le desabrochó los jeans de Louis y
sacó su dura polla.
Estaba preocupado por el temor de Louis a que alguien aparte de él, lo viera desnudo. No es
que tuviera muchas ganas de que otros vieran a su pareja desnuda, porque no era así. Pero se
trataba más del deseo de que Louis se sintiera más cómodo alrededor de otros que si
lo estaban.
Los dragones se transformabas siempre que podían. En algún momento dado, alguien podía
volver a transformarse y aparecería una persona desnuda, ahí parada. Tenía que hacer que
Louis se acostumbrara a eso, porque no quería que el hombre se asustara.
—Haría cualquier cosa por ti, Harry —, jadeó Louis. —Confío en ti.
Cerró los ojos, mientras absorbía las palabras de Louis. Casi se rindió con su plan. Quería
que Louis confiara tanto como deseaba su corazón. Si le salía el tiro por la culata, nunca
podría perdonarse. Volvió a abrir sus ojos y miró a su pequeño conejito. Lo inundó algo
tierno y creó un bulto en su garganta, el cual le hizo casi imposible tragar. Tal vez era una
locura tratar de hacer que Louis se acostumbrara a estar desnudo, alrededor de la gente.
Tal vez sólo debería tomar lo que tenía en sus brazos y estar agradecido.
Continuó acariciando la polla de Louis, hasta que el hombre se arqueó en el aire y gritó. Se
encontraba embelesado por la imagen, que presentaba Louis mientras alcanzaba su clímax.
Su rostro estaba ruborizado. Sus labios separados, mientras gemía. Sus oscuros ojos purpura
estaban vidriosos, mientras regresaban lentamente a su natural color violeta.
—Tan sexy —, gruñó. Se rió entre dientes, cuando el rubor de Louis se profundizó. —Lo
eres, conejito, muy sexy, de hecho. Me gusta verte cuando llegas al orgasmo. Me gusta saber
que soy yo el que te da tanto placer.
Louis lo observó por un momento, luego asintió antes de alcanzar un K leenex para
limpiarse.
Louis se deshizo rápidamente de la evidencia del jugueteó en el asiento trasero, luego volvió
a ponerse los pantalones, cerrándolos. Saltó al otro lado del asiento y comenzó a mirar por la
ventana, casi como si no acabaran de estar juntos.
Se sintió un poco excluido. Se estiró y agarró el cabello de Louis y tiró de él hasta que el
hombre volvió a mirarlo.
Se entusiasmó, cuando Louis volvió a saltar hasta el otro lado del asiento con tanto
entusiasmo, como cuando fue a la ventana. Cogió a Louis y lo sentó en su regazo,
envolviendo sus brazos a su alrededor.
—Creo que te gustará nuestro castillo, conejito. Hay un montón de lugares para que los
pequeños conejitos corran y jueguen.
Se rió entre dientes, ante la emoción en el rostro de Louis. Presionó el botón y bajó la ventana
divisora entre el conductor y el asiento trasero. Galan estaba conduciendo, su nueva pareja
estaba sentada junto a él. Cada pocos minutos, Galan miraría por el retrovisor. Tenía una gran
sonrisa en su cara. Sólo le arqueó una ceja a Galan, y el hombre volvió a mirar al frente
rápidamente.
—¿Podemos parar por un minuto? —Preguntó Louis. —No me siento muy bien.
—Por supuesto. —Frunció el ceño, mientras miraba a Galan. —Detente.
Galan asintió y el auto se detuvo velozmente, a un lado de la carretera. Salió de auto y abrió
la puerta trasera, con la misma rapidez. Sacó a Louis del asiento trasero y le ayudó a pararse
junto al auto, sujetándolo para que no se deslizara en la nieve que cubría el piso.
—¿Cómo te sientes ahora, conejito? —Había hecho de todo para poder asegurarse de que
Louis no comiera más manzanas, así que no podía estar ebrio o tener resaca. La última vez ya
había sido bastante mala.
No le gustó la palidez en el rostro de Louis. Lucía cetrino. Tenía una mano presionada contra
su estómago. La otra se cernía cerca de su boca. Temía lo que eso significaba.
Cuando de repente, Louis se cubrió la boca y miró a su alrededor frenéticamente, Supo que
su preocupación estaba fundamentada. Agarró a Louis y lo levantó sobre los arbustos a un
lado de la carretera.
Louis cayó de rodillas sobre la nieve, de inmediato y comenzó a vomitar en los arbustos. Los
sonidos que hizo fueron horrendos. No comprendía cómo es que un hombre tan pequeño,
podía hacer tanto ruido.
—Galan, tráeme algo para secar su boca y una botella de agua del pequeño frigorífico, en la
parte trasera.
—Sí, Harry —, respondió Galan, antes de apresurarse hacia el auto. Regresó en tan sólo un
momento, una toallita húmeda en una mano y una botella de agua en la otra. Se las entregó.
—¿Terminaste, conejito?
Su conejito asintió y se inclinó contra él. Su rostro carecía de sangre por completo, y sus
manos temblaban, mientras revoloteaban contra su pecho. Comenzó a secar su rostro
gentilmente, luego le ofreció un poco de agua para que se enjuagara la boca.
Una pequeña risita se escapó de sus labios, antes de que pudiera contenerla.
—Lo lamento, conejito, eso no va a pasar. — Louis lo miró. —¿Comiste algo que te sentó
mal?
¿Algunas manzanas o algo más de lo que necesite saber? —Frunció el ceño, cuando su
conejito aparto los ojos. —¿Conejito?
—Debe ser por toda la emoción —, dijo Louis, con rapidez. —No tomé desayuno antes de
irnos. Estaba demasiado ansioso por ponernos en marcha, como para comer algo.
—Bueno entonces, probablemente eso hizo que te enfermaras. —Se puso de pie y levantó a
Louis en sus brazos. Lo cargó hasta el auto, luego se metió suavemente, Louis seguía en sus
brazos. Se acurrucó en ellos, frotándole el rostro bajo su barbilla. Sonrió cuando Louis dejó
escapar un pequeño suspiro. — ¿Así está mejor, conejito?
—Muy bien, descansa justo aquí. Te dejaré saber, cuándo lleguemos a casa.
Louis estaba dormido, antes de que pudieran entrar al gran patio en frente del castillo.
Decidió dejarlo dormir. Cuando el auto se detuvo y Galan abrió la puerta, salió con Louis
acurrucado en sus brazos.
—Eso creo. No desayunó, y supongo que toda la emoción lo golpeó. ¿Tú y tu pareja podrían
traer nuestras bolsas? Voy a llevar a Louis arriba. Creo que lo mejor para él ahora mismo es
dormir.
Galan asintió y regresó al auto. Acomodo a Louis para tener un mejor agarre sobre él, luego
lo cargó subiendo por los grandes escalones que conducían al castillo.
Le entristecía que Louis se estuviera perdiendo su llegada. Estaba seguro que su primer
vistazo al imponente castillo, en el que viviría ahora habría sido divertido. Pero, la salud de
Louis venía antes que su diversión.
—Príncipe Harry.
—Hola, Carlos. Confío en que las cosas han estado en calma, desde que me fui. —Sabía que
ese había sido el caso o si no Carlos lo habría llamado.
El hombre no era otra cosa más que eficiente. Había estado trabajando para la familia Styles
desde antes que antes de que naciera. A veces parecía como si el hombre siempre hubiese
estado ahí.
—Me gustaría que llevaran una bandeja de comida a mis habitaciones, Carlos, nada de carne
o manzanas. Algo que sea para un vegetariano.
Por primera vez desde que podía recordar, Carlos lucía confundido.
—Este es Louis, mi pareja. No come carne. Tampoco ha comido el día de hoy, ya que estaba
demasiado emocionado por venir aquí. Necesita comer. Ya es bastante flaco, sin perderse
ninguna de sus comidas.
—¿Su pareja, señor? —Preguntó Carlos. —¿Y es un vegetariano?
—No, señor, por supuesto que no. —Carlos enderezó su corbata y alisó el exterior de la
chaqueta de su traje. —Sólo tendré que informarle al cocinero, que el conejo ya no está en el
menú.
—Sí, hazlo. —Apenas suprimió la sonrisa, que amenazaba con escapar. — Louis estaría muy
molesto, si nos comemos a uno de sus parientes. Y por favor, informale al personal que habrá
un conejito en el edificio. Cualquiera que intente lastimarlo, de alguna forma, tendrá que
lidiar conmigo.
Contuvo la sonrisa, hasta que Carlos salió de prisa de la habitación. Sabía que Louis iba a ser
una sorpresa para su clan, pero se imaginó que, con la orden del Concejo, todos estarían
ocupados encontrando a sus propias parejas, como para preocuparse por la suya.
Subió de prisa, las enormes escaleras que llevaban a sus habitaciones en el segundo piso.
Abrió su puerta de un empujón y atravesó la gran zona similar una sala de estar, hasta llegar
al dormitorio principal.
Ser el príncipe de su clan, le costeaba esta área. No sólo hacía que el dormitorio principal
fuera del tamaño de la mayoría de las casas de la gente, sino que tenía una zona para sentarse,
un comedor privado, y una gran bañera como la de un spa.
Mientras colocaba a Louis en la cama, una idea comenzó a surgir en su mente. Le quitó los
zapatos, luego lo cubrió con una manta desde los pies de la cama. Una vez que su conejito
quedó bien arropado, se escabulló de la habitación silenciosamente, cerrando la puerta hasta
que sólo tenía una rendija abierta. Quería ser capaz de escucharlo cuando se despertara.
Cuando entró en el salón principal, fue directamente al escritorio en una pequeña alcoba lejos
de la sala de estar y cogió el teléfono. Golpeteó sus dedos ligeramente en la superficie de la
mesa, mientras esperaba a que le respondieran.
—Ah, Carlos —, dijo cuando el hombre contestó, al otro lado de la línea. — Por favor, has
que Harlan venga a mis habitaciones.
—Oh, ¿y quién tiene las habitaciones contiguas a la mía, esas con las que comparto mi
balcón?
—Esas habitaciones están vacantes por el momento, señor. Usualmente son reservadas para
los dignatarios visitantes.
—Bien, quiero que las dejen vacías. Asígnale otra habitación a los visitantes.
Colgó el teléfono y alcanzó una libreta de papel. Se sentó y comenzó a dibujar y a hacer
notas. Tenía planeado algo especial para su pequeño conejito, algo que sentía que le gustaría
a cualquier conejito. Sólo tenía que averiguar cómo hacerlo, sin que Louis lo descubriera.
—Adelante —, gritó, cuando oyó que tocaban la puerta. Alzó los ojos, cuando ésta se abrió,
luego volvió a hacer sus anotaciones cuando vio que entraban Harlan y Galan.
Ambos hombres avanzaron y se detuvieron en frente de su escritorio.
—Galan, me gustaría que me encontraras a un jardinero de interiores, alguien que sepa sobre
botánica, y un arquitecto. No me importa cuánto cueste. Los quiero aquí, tan pronto como sea
posible.
Sonrió apartaba los ojos, de sus notas. —Quiero convertir la habitación contigua, en un
parque cubierto para Louis, un lugar para que pueda estar en su forma de conejo. El invierno
todavía está golpeándonos bastante fuerte. Necesita un lugar adentro, en donde correr y jugar.
Asintió. —Me imaginé que podríamos poner unos grandes ventanales para que entre la luz
del sol, después añadir césped y arbustos y esas cosas. Pero quiero barras sobre los vidrios,
por seguridad. Espero que podamos lograr algo que lo mantenga a salvo, pero que no lo haga
sentir como si estuviera en una jaula.
—En realidad, puede que conozca a alguien que pueda ayudar con eso —, dijo Harlan. —
Peter, trabaja en la armería, hace vitrales como hobby. Puede que sea capaz de hacer algo
para ti.
También estaba calvo, tenía numerosas cicatrices en su cuerpo debido a trabajar alrededor del
metal caliente, y le gruñía a casi todos. Hacía falta gracia y un toque delicado, para hacer
vitrales. Peter no encajaba en esa imagen. — Uh, sí, si piensas que podría ayudar, eso sería
genial.
—Olvide preguntarte Harlan, ¿encontraste a tu pareja? Este sonrió. —Sí, un lindo zorro rojo
llamado Jeremy.
—Bueno, felicitaciones, mi amigo. Deberías traerlo para que Louis pueda conocerlo. Creo
que se va a sentir un poco incómodo, al ser un cambiaformas tan pequeño, en el mundo de los
dragones. Podía usar a un amigo que comprenda cómo se siente.
Asintió. Le preocupaba mucho que Louis pudiera sentirse incomodo en un castillo lleno de
dragones. Tener a alguien más alrededor el cual pudiera comprender su temor le haría bien,
sin embargo, Harry quería conocer a este zorro antes de dejarle estar cerca de su pareja. —
Jeremy no come conejo, ¿cierto?
Harlan parpadeó. —Uh, no lo creo, pero sólo por si acaso, le diré que los conejos están fuera
del menú.
—Están fuera del menú para todos nosotros. Ya le dije a Carlos que le informara al cocinero.
Ya no se servirá más conejo en este castillo. —Se estremeció. —¿Puedes imaginar cuán
horrorizado estaría Louis, si sirviéramos conejo para la cena?
—Cierto. —Se rió entre dientes. —Con esta nueva orden del Concejo, necesitamos registrar a
quienes y qué tenemos en el castillo. No queremos que nadie sienta que necesita temer por su
vida.—Haré que Carlos haga una lista —, dijo Galan—. Si alguien sabe qué está pasando
aquí, es Carlos.
—Buena idea.
Y lo era. No sabía qué haría sin Carlos. El hombre prácticamente hacía funcionar al castillo
entero, lo cual lo dejaba libre, para liderar al clan de dragones que supervisaba. Carlos era un
salvavidas, y uno muy competente.
—De acuerdo, si no hay nada más que necesite saber, me gustaría que asignaran a dos
guardias para mantener a Louis a salvo. —Asintió hacia Galan. — Escoge a dos de nuestros
hombres de confianza, preferentemente unos que no estén distraídos con sus nuevas parejas.
Necesitan andar de puntitas, alrededor de Louis.
—¿Hay algo que necesitemos saber, sobre tu pareja, Harry? —Preguntó Harlan.
Garlan comenzó a reírse. —Él no es como ningún conejo que hayas conocido antes.
Harlan lucía tan confundido, que no pudo contener su risa. —Louis es una fuerza que hay que
tener en cuenta. No toma muy bien las ordenes, y tiende a hacer las cosas a su manera. No
quiero pisotear su espíritu, pero debe ser protegido.
—Por supuesto que debe, —concordó Harlan, — pero ¿de cuanta fuerza estamos hablando?
Lo miró, entrecerrando sus ojos hacia su segundo al mando. Cruzó sus brazos sobre su pecho
y le arqueó una ceja al hombre. —Dime que ser capaz de lamer mis bolas, mientras lo follo,
no es único.
Los ojos de Harlan se redondearon. —¿Puede lamer tus bolas, mientras lo follas?
Louis abrió sus ojos, parpadeando rápidamente, mientras miraba a su alrededor. Ya no estaba
en la limosina, y realmente no tenía idea de donde se encontraba, pero definitivamente era un
lugar agradable. Estaba acostado en una gran cama de cuatro postes, con un toldo de un
pálido color blanco sobre su cabeza.
La habitación tenía paredes blancas, con unas vigas de madera oscura cruzando el techo
arqueado. Se sentó y miró a su alrededor un poco más, sorprendido por el gran tamaño de la
habitación. Se veía más grande que todo el apartamento que tenía allá, en su hogar.
La cama en la que estaba sentado, estaba situada contra la pared. Directamente al otro lado de
la cama, había una zona para sentarse con un loveseat puesto directamente en frente a una
gran chimenea de piedra. A ambos lados de esta, había dos puertas dobles de vidrio que
conducían hacía afuera.
Coloridos tapices colgaban de las paredes, junto con espadas y puñales y escudos con
dragones en ellos. Se sentía como si estuviese en un castillo medieval, excepto por las
conveniencias modernas que podía ver—la gran televisión que colgaba sobre la chimenea, los
teléfonos, y el escritorio en la esquina, con una laptop sobre él.
Era genial. Si se añadían unas cuantas baratijas aquí y allá, el lugar realmente podría tener
estilo. Se echó hacia atrás sobre el enorme edredón blanco de plumas bajo el cual había
estado acurrucado y se escabulló de la gigantesca cama. Se rió cuando tuvo que deslizarse las
últimas pulgadas para bajar de la cama. Estaba lejos del duro piso de madera.
Buscó a su alrededor, hasta que vislumbró sus zapatos. Se los puso rápidamente y ató los
cordones color verde neón. No podía esperar a que llegaran sus cosas y pudiera ponerse otro
color.
Se dirigió hacia la gigantesca puerta y la abrió, sólo un poco, para poder echar un vistazo.
Daba a una habitación incluso más grande, esta estaba decorada como una sala de estar. Salió
y cerró la puerta detrás de él.
Podía oír voces viniendo del otro lado de la habitación, alguna especie de pequeña alcoba,
pero no podía ver a nadie. Sin embargo, podía oír el rico timbre de la voz de Harry, mientras
éste hablaba y se dirigió en esa dirección.
—Un poco confundido —, le respondió. —Pensé que me ibas a despertar cuando llegáramos
a casa.
—Oh.
—Ya conociste a Galan —, dijo Harry, mientras hacia un gesto hacia los otros hombres en la
habitación. —Este es Harlan. El comandante de mis guerreros.
—Por supuesto que sí. —Harry se rió entre dientes. —Este es un castillo, después de todo.
¿Qué sería si no tuviera guerreros?
Harry se rió. —Cierto, pero no tendría el mismo estilo, si no tuviera guerreros que lo
llenaran. La mayoría son cambiaformas dragón, que no están apareados. Se requiere que cada
dragón sirva en mi ejército por un periodo de dos años. Después de eso, se les permite
quedarse a mi servicio o trasladarse a otras ocupaciones.
—¿Se requiere que sirvan? —Frunció el ceño. — Harry, yo no tengo que servir, ¿cierto? No
sería un muy buen soldado.
—No, amor, no se requiere que tú sirvas. Además del hecho de que eres un conejito y no un
dragón, estás apareado. Sólo los dragones que no lo están, se les permite hacer el servicio. No
se permite que se apareé ningún dragón, hasta que terminen el servicio. Una vez que lo
están, ya no pueden continuar.
Harry se rió entre dientes y lo abrazó. —Porque después de que nos apareamos, proteger a
nuestras parejas se vuelve nuestra prioridad número uno. Eso significa que un guerrero no
puede servirme con toda su dedicación, si tienen una pareja. Sus lealtades están divididas.
—¿Tú serviste?
—Louis, —dijo Galan, luciendo completamente engreído, —estás mirando al único dragón
de noble nacimiento, que se ha unido al servicio. En el pasado, la nobleza era inmune al
servicio. Harry, sin embargo, sintió que era su deber servir junto con todos sus guerreros.
—Su padre tuvo un ataque —, añadió Harlan. — Pero Harry se ganó más respeto de sus
guerreros, que cualquier otro príncipe que haya existido. Él no esperaba algún tratamiento
especial, y no consiguió ninguno. Trabajó tan duro como cualquier otro, en entrenamiento.
Estaba impresionado, y un poco orgulloso, estaba apareado con un hombre que no aceptaba
su posición como algo conveniente. Estaba comenzando a comprender rápidamente, que
Harry tenía un sentido del honor tan fuerte como el suyo.
—Un guerrero seguramente respetará más al hombre a cargo, si ha experimentado las mismas
cosas que él. Hay una mejor comprensión de lo que se espera y de lo que atravesaron.
—Sí, —reflexionó Harry, mirándolo de forma extraña, —eso fue exactamente lo que pensé.
Se encogió de hombros. —Tiene sentido.
—Estoy feliz de que pienses eso. Sólo estoy sorprendido de que lo entendieras. No creí que
los conejos tuvieran ejércitos o nobleza.
—En realidad no tenemos, no como ustedes, pero no se necesita ser un genio para
comprender, que los hombres estarían más dispuestos a seguir a alguien que ha
experimentado lo mismo. Sí tuvieran a alguien que los gobernara desde una alta posición,
pero que jamás haya hecho el más mínimo trabajo, los hombres no los respetarían.
Harlan comenzó a aplaudir, lo cual hizo que saltara. Se volteó para mirar al hombre, inseguro
de lo que estaba pasando exactamente.
—Dijiste que era único —, dijo Harlan, después de que dejó de aplaudir. — No me di cuenta,
que también quisiste decir que era inteligente. Será una buena pareja para ti, Harry.
—No podría estar más de acuerdo —, dijo Harry, mientras lo acurrucaba más cerca de él.
No entendía muy bien lo que estaba pasando, pero siempre y cuando estuviera envuelto en
los brazos de Harry, no le importaba mucho.
—Por supuesto, conejito. —Harry palmeó un pedazo de papel en la mesa, mientras miraba a
Galan. —Por favor, ve que se encarguen de esto, Galan. Y Harlan, necesitaré a esos dos
guerreros, tan pronto como sea posible.
Una vez que ambos hombres asintieron, Harry le envolvió sus brazos alrededor de los
hombros y lo condujo fuera de la alcoba. Ondeó su mano alrededor de la gran habitación.
—Bueno entonces, déjame sacarte al balcón. La vista es una de esas que tienes que ver para
creer.
Sentía curiosidad, especialmente cuando Harry agarró una gran capa y la envolvió alrededor
de sus hombros. Casi sonrió con satisfacción, cuando le puso la capucha en la cabeza y ató la
capa, para cerrarla.
—Voy a encargar una capa especialmente para ti, una delineada con piel de armiño. Se te
verá hermosa.
Frunció el ceño. —Um, ¿puede ser una de piel falsa? Tengo unos cuantos amigos que son
armiños y usar una capa hecha con su pelaje, simplemente estaría mal. Sería como hacer un
sombrero con piel de conejo.
Harry se rió. —Creo que podemos arreglarlo, pero aun así, pienso que el pelaje blanco se te
verá increíble. Luciría maravillosa con tu cabello.
Se sintió mejor, sabiendo que Harry comprendía su aversión a tener piel real en su capa.
Simplemente no entendía por qué necesitaba una, hasta que Harry lo condujo al balcón y lo
golpeó la primera ráfaga de aire frío.
—Todavía es invierno aquí —, jadeó, cuando vio el paisaje cubierto de nieve debajo del
balcón. Había nieve blanca hasta donde llegaba su vista, manchando los árboles y algunas
casas por aquí y por allá. Lucía como un país de las maravillas, en invierno.
—Estamos bastante arriba, en las montañas, conejito. Deberíamos tener nieve por otro par de
meses. Una vez que se derrita, tendremos lluvia por un corto tiempo, luego saldrá el sol y
llegará el verano. El invierno no regresara, por varios meses.
—Vi esa gran chimenea en el dormitorio. No creí que los meses de invierno fueran un
problema.
—También hay una en la sala de estar y el baño. Estaremos bastante calientes. Modernicé el
castillo hace años. ¿Por qué sufrir, cuando podemos tener las conveniencias modernas?
—Sí, vi esa gran pantalla de televisión y la laptop. —Quedó atónito, cuando el rostro de
Harry se ruborizó. No creyó que el gran dragón fuera capaz de estar avergonzado.
Aparentemente, se había equivocado.
—No, claro que no. —El labio inferior de Harry sobresalió, pero se veía feliz, no ofendido.
—Claro que sí. —Se reía, mientras se giraba para volver a mirar el paisaje. Sintió el enorme
cuerpo de Harry, cubriéndolo por detrás. —Esto es impresionante, Harry. ¿Todo esto es tuyo?
—Sí, en serio.
No sabía qué decir. Harry lo estaba compartiendo todo con él. Él no tenía mucho,
definitivamente no tenía nada como lo que tenía Harry, pero estaba dispuesto a compartir lo
que tenía.
Abrió su pequeño bolso de conejito y sacó su pequeña colección de objetos hasta que
encontró su goma de mascar. Le entregó una a Harry. —
—Oh. —Frunció el ceño, mientras volvía a mirar dentro de su pequeño bolso. Su goma de
mascar era la posesión más preciada que tenía en su bolso. ¿Qué más podría compartir con
Harry? Tenía dos rocas blancas. En realidad, no necesitaba ambas. — ¿Quieres una roca?
—Quédatela.
Parpadeó varias veces, mientras miraba en su bolso. Las lágrimas estaban comenzando a
acumularse en las esquinas. No creía que Harry estuviera interesado en sus tapas de botella o
su esmalte para uñas. Harry había estado impactado cuando se las había pintado. No había
dicho nada, pero él lo sabía.
—Conejito, estoy bien —, dijo Harry. —Puedes quedarte con tus cosas.
Comenzó a sentirse estúpido, algo que usualmente sentía sólo cuando estaba en casa rodeado
por los otros conejos de su colonia. Siempre se quedaba en allí, ya sea en su forma humana o
transformado en un conejo. Nunca sintió que realmente pertenecía ahí. Estaba empezando a
sentirse de esa manera de nuevo.
Harry no quería nada de lo que tenía. Probablemente, sentía que era una estúpida basura igual
que todos los demás. Entendía que las cosas que coleccionaba eran extrañas, pero nunca sabía
qué podía captar su interés o cómo sería capaz de usarlas en sus artesanías.
Le gustaba hacer cosas con sus manos, normalmente joyería como brazaletes y aretes y
horquillas decoradas. Algunas veces, incluso hacía pequeños bolsos decorados. Es sólo que
no creía que alguien como Harry, estaría interesado en alguna de esas cosas.
Volvió a meter todo dentro de su bolso, incluso su goma de mascar, y la cerró. No estaba de
humor para la goma de mascar ahora mismo normalmente lo hacía sentir feliz y activo y en
este momento, estaba tan lejos de sentirse de esa manera, como podía imaginar.
—Bueno, no podemos dejar que pase eso —, dijo Harry, mientras les daba la vuelta hacia las
grandes puertas dobles de vidrio. —Le pedí a Carlos que nos trajera algo para comer. ¿Tienes
hambre?
—¿Quién es Carlos?
—Le he traído una variedad de artículos, joven señor. Tenemos ensalada de pasta penne con
tomates secos, una selección de verduras cortadas, un pan dulce casero especial de Jenna.
Para el postre, Jenna hizo un muy rico cheesecake con mousse de chocolate. —Carlos volvió
a colocar las tapas y enganchó sus manos detrás de su espalda, mientras lo miraba. —Si hay
algo que desee, por favor, no dude en llamarme.
—¿Quién es Jenna?
—Por favor, llámame Louis. —Gesticuló hacia Harry. —A él le gusta llamarme conejito,
pero…
A pesar del nudo en la boca de su estómago, podía sentir cierta calidez hacia Carlos. El
hombre parecía un estirado, pero de todas formas era agradable. No podía esperar para
conocer a su esposa. Sólo esperaba que fuera igual de agradable.
Sonrió. Comenzó a abrir su boca para responderle a Carlos, cuando Harry habló desde atrás
de él.
—Comida real primero, Carlos. Louis vomitó cuando veníamos de camino. Necesita algo
ligero en su estómago, antes de sumergirse en el postre.
Frunció el ceño. —Dilo por ti —, dijo, mientras se volteaba para mirar a Harry. —Creo que
un cheesecake es exactamente lo que necesito.
—Harry, yo…
—¿Por favor?
Rodó sus ojos. No había forma de que pudiera negarle algo, cuando el hombre decía por
favor. Se giró para quedar frente a Carlos, sorprendido cuando vio un destello de diversión en
el rostro del hombre. No habría pensado que el austero hombre, mostrara emoción alguna.
Se encaminó hacia la mesa y se sentó, mientras Carlos le servía un plato. Miró al plato de
comida que Carlos puso frente a él. No había manera de que pudiera comer tanto.
—Príncipe Harry. —Se rió entre dientes. —Sí, nunca me acostumbraré a eso.
—La Casa Styles tiene una larga e ilustre historia, joven señor —, dijo Carlos. —Estaría feliz
de explicárselo cuando usted tenga tiempo.
Harry se rió entre dientes, mientras se sentaba al otro lado de la pequeña mesa en frente de él.
Gesticuló hacia el plato con comida apilada. — Come, conejito. Quiero ver que dejes limpio
la mitad de ese plato, antes de que abandones esta mesa.
—Harry, ni siquiera sé si puedo comerme un cuarto de esto. Los conejos no comen tanto.
—Lo intentaré, —dijo, mientras cogía su tenedor y lo enterraba, —pero no prometo nada.
—Una vez que hayas comido y acabado, te mostraré el resto del castillo.
Asintió, mientras tenía la boca llena de comida. Una vez que hubo masticado y tragado la
deliciosa comida, miró a Carlos.
—Esto está realmente bueno. Por favor, dale las gracias a tu esposa de mi parte.
Regresó su atención a su comida y al hombre sentado frente a él. —¿Qué vas a comer?
—Desayuné esta mañana, antes de que nos fuéramos del castillo del Consejo. Tampoco
vomité de caminó acá. Estoy bien.
Colocó su tenedor en la mesa, de repente ya no tenía hambre. ¿Por qué el que Harry usara su
nombre con ese particular tono de sorpresa, hacía que se sintiera como mierda en un caluroso
día de verano? No era justo.
—Perdón.
Al parecer decía eso muy a menudo, últimamente. Tal vez nunca iba a encajar aquí. Eso
tendría sentido. No encajaba en ningún lugar. De repente su estómago comenzó a rodar. Se
cubrió la boca con su mano y miró ampliamente a su alrededor.
—Por allá —, señaló Harry, mientras se ponía de pie de un salto y corría rodeando la mesa.
Corrió hacia la puerta que le había señalado. Llegó al baño justo a tiempo para caer de
rodillas y vomitar en e inodoro. Vomitó hasta que no quedaba nada en su estómago.
Un paño frío pasó sobre su frente. Gruñó y dejó caer su cabeza entre sus brazos. Se sentía
absolutamente horrible. No quería volver a comer otra cosa, jamás en su vida.
—Realmente estoy comenzado a preocuparme por ti, Louis —, dijo Harry tranquilamente
desde detrás de él. —Esta es la segunda vez en el día que te he visto vomitar. Creo que tal vez
necesitas ver a un doctor.
—No. —Negó con la cabeza, hasta que su estómago amenazó con rebelarse de nuevo. —Sólo
necesito descansar.
No quería ver a un doctor. Sospechaba que sabía exactamente lo que estaba mal con él.
Simplemente no lo había esperado, considerando que estaba apareado con un dragón. Y
definitivamente no estaba listo para decirle a Harry por qué estaba enfermo.
Por la forma en la que iban las cosas, no estaba seguro de que fuera a quedarse el tiempo
suficiente como para explicarlo. Harry parecía estar irritado con él cada vez que él se daba la
vuelta. No pasaría mucho tiempo, antes de que el hombre se hartara y lo echara.
Quería ser bueno, de verdad que sí. Es sólo que al parecer, no importa cuanto lo intentara, no
podía encajar con otras personas. No era muy bueno conformándose, pero tal si lo intentaba
con muchas ganas, podría lograrlo. No podía pensar en nada que no estuviera dispuesto a
hacer, para ser capaz de quedarse con Harry, incluso renunciar a su goma de mascar.
—Preguntó, mientras volteaba su cabeza para mirar a Harry. —Estoy realmente cansado.
Había un montón de cosas que necesitaba, pero no las pediría. Ya estaba siendo un
inconveniente lo bastante grande para Harry. No necesitaba que la gente lo notara mucho.
Le dio una débil sonrisa a Harry. —Sólo quiero tomar una pequeña siesta.
VIII
Harry se paseó ida y vuelta entre su escritorio y la ventana. Estaba perdiendo la cabeza. Louis
estaba enfermo, y lo sabía. Demonios, todos lo sabían. Sólo pretendían que no estaba pasando
nada. Incluso el doctor.
Esa visita, por si sola, hizo que quisiera gruñir y triturar algo con sus puños. Louis se negó a
ser examinado por el doctor con él en la habitación. Había protestado, pero el maldito doctor
había apoyado a su pareja.
Cuando el doctor salió, le había anunciado que Louis estaba saludable y en buen estado, sabía
que ese no era el caso de su pequeña pareja. Louis continuó vomitando incluso después de
que el doctor se fue, y eso había sido hace días.
Nadie le decía qué estaba mal con su pareja. Apenas tocaba la comida que traía. Louis se
levantaba por una hora de vez en cuando, pero nunca el tiempo suficiente como para que
pudiera cuestionarlo de verdad.
—¿Harry?
Se dio la vuelta, frunciendo el ceño, cuando se dio cuenta de que no había oído entrar a nadie.
— Galan.
—Puedes traer los artículos personales para acá. Todo lo demás, puede ser colocado en el
depósito, hasta que Louis decida qué quiere hacer con eso.
Los labios de Galan parecieron retorcerse, por un momento, mientras el hombre fruncía el
ceño. — Sólo hay cuatro cajas, Harry. No hay nada que poner en el depósito.
—¿Cuatro cajas?
Galan asintió. —Yo también estaba un poco sorprendido. Supongo que todos los muebles
venían con el apartamento. Sus pertenencias personales, cabían todas en cuatro cajas de
cartón, y apenas. No había mucho qué empacar.
—Tal vez mantiene algunas de sus cosas en algún otro lugar o algo así. — Tenía que haber
una explicación, del por qué Louis no tenía más cosas para empacar en su viejo apartamento.
—Harry, hay una caja de ropa, una caja de libros, y dos cajas de esto y aquello. —Galan se
rió un poco. —Y cuando digo esto y aquello, quiero decir esto y aquello. Colecciona algunas
cosas de lo más raras.
—Bueno, entonces sólo tráelas aquí. Louis querrá sus cosas cerca de él, cuando despierte.
—¿Sigue durmiendo?
—Sí, y no sé por qué. El doctor sigue diciéndome que está bien, pero yo sé que no. Nadie
vomita y duerme tanto, a menos que estén enfermos. Si alguien no me lo dice pronto, quizás
llame al Consejo y pida su ayuda.
—¿Cómo? —Espetó, mientras agitaba sus manos en el aire. —Siempre está durmiendo. Se
despierta el tiempo suficiente para comer un poco, lo cual nunca es mucho, y tontear por ahí,
y luego vuelve a dormir de inmediato.
Las cejas de Galan se alzaron, hasta la línea de su cabello. —¿Se despierta para tontear por
ahí?
—¿Y tú lo dejas?
—Parece ser la única cosa que evita que vomite. Si me niego a salir a dar una vuelta con él,
se molesta y luego corre al baño y vomita. Parece que es más fácil salir a dar una vuelta con
él, después de que come algo y luego lo dejo ir a dormir, en vez de discutir con él al respecto.
No quería pasar una hora con su pareja perdiendo el tiempo y no tener a nadie con quien
compartir su vida después de eso. Quería que su relación con Louis fuera más que sexo, sin
importar cuan bueno fuera éste.
—No lo sé. —Plantó sus manos en sus caderas y echó su cabeza hacia atrás, para mirar el
techo. — Tal vez estoy haciendo algo mal, y Louis está durmiendo para evitarme.
Quiero decir, en serio, ¿Qué sé yo de conejos? Podría estar…
Miró para encontrarse a su segundo al mando, observando hacía al otro lado de la habitación.
Siguió su mirada, para ver a un conejito blanco saltando fuera del dormitorio. El conejito
saltó por la habitación y se fue directo a la puerta principal. Louis se detuvo y miró por sobre
su hombro, como si estuviera esperando.
Curioso, avanzó y abrió la puerta. Louis salió saltando por la puerta y comenzó a recorrer el
pasillo. Lo siguió, a unos cuantos pasos detrás del conejito. Podía oír a Galan detrás de él.
Louis saltó por el pasillo, deteniéndose cada pocos pies, para olfatear algo, luego continuaba
saltando. Cuando llegó a la cima de la gran escalera, se debatió cogerlo y bajarlo en brazos.
Parecía un largo camino de bajada para el salto de un conejito.
Antes de que pudiera decidir algo, Louis saltó al peldaño debajo de él, luego al siguiente y al
siguiente, hasta que llegó al final del camino. Él y Galan lo siguieron bien de cerca. Varias
personas se detuvieron para mirar. Sólo se encogió de hombros y siguió al conejito.
Louis se detuvo ante la puerta, que conducía a la cocina y lo miró. Sonriéndole a su conejito,
la alcanzó y empujó para abrir la puerta, sujetándola hasta que Louis saltara en su interior y
luego lo siguió.
Louis fue directo al refrigerador. Caminó hacia él y abrió la puerta. Louis se paró en sus patas
traseras, apoyando las delanteras en el borde del refrigerador, y empezó a olfatear, su pequeña
nariz rosada prácticamente vibraba. Parecía particularmente interesado en el compartimiento
de los vegetales.
Se agachó y abrió el compartimiento. Las patas traseras de Louis se movían como locas,
mientras trataba de pasar sobre el borde para entrar en el cajón. Se rió entre dientes y levantó
a Louis, hasta que pudo subir.
Louis no parecía tener una aversión particular hacia alguna cosa en el cajón. Masticaba
lechuga, zanahorias, pimientos y apio. Cuando llegó a un gran aguacate, lo miró.
El conejito se comió hasta la última rodaja, luego le lamió la mano, para limpiarla. Una vez
que todo estuvo terminado, Louis salió del compartimiento y saltó a su regazo. Su boca se
abrió, cuando de repente, se encontró con un hombre desnudo en su regazo.
Quería decirle algo a Louis, mientras lo sacaba de la cocina, pero tenía miedo de arruinar la
tregua silenciosa que parecía haber entre ellos. Además, no sabía que le diría si es que
pronunciaba algo. Cargó a Louis por la gran escalera y por el pasillo, hasta su habitación.
Cuando llegó al baño, colocó a Louis en la encimera y se volteó para poner agua en la bañera.
Incluso añadió un baño de burbujas.
—Harry.
Suspiró profundamente, luego se volteó para mirar a su pareja. —¿Por qué no te metes en la
bañera? Podemos hablar, mientras te enjabonas.
Louis apretó sus labios y se metió en la bañera. Esperó hasta que la bañera se llenó, después
cerró el agua. Le entregó un trapo a Louis y una barra de jabón.
—Sé que las manzanas te emborrachan. Lo aprendí en el castillo del Consejo. ¿Qué hizo que
te enfermaras esta vez? ¿Hay alguna otra fruta de la que necesite ser consciente?
—Ya mencionaste eso antes. ¿Alguna otra cosa de la que necesite ser consciente?
—Soy un conejito.
Louis miró las burbujas en la bañera, por un momento, entonces alzó sus ojos hacia él. —Los
conejos son únicos, en el mundo de los cambiaformas. Supongo que todas las especies tienen
una u otra cosa que pueden hacer, y los conejos no son diferentes.
Su corazón comenzó a latir frenéticamente, cuando los ojos de Louis se llenaron de lágrimas.
¿Louis tenía algún tipo de enfermedad? ¿Se estaba muriendo? ¿Qué era lo que estaba mal con
su pareja?
—Estoy embarazado.
Louis sintió que las lágrimas se deslizaban por su rostro, cuando Harry se puso de pie y salió
del baño, sin decir ni una palabra. Tiró de sus rodillas contra su pecho y envolvió sus brazos a
su alrededor. Cerró sus ojos y dejó caer su cabeza en sus rodillas.
Estar apareado era estúpido. Su vida en casa era bastante solitaria y miserable, pero al menos
no sentía cómo le arrancaban el corazón de su pecho, como ahora. Quería acurrucarse en un
agujero en algún lado y esconderse. Ya no quería estar apareado. Se requería demasiado y no
recibía casi nada. Seguro, el sexo era increíble, y amaba estar con Harry, pero este profundo
dolor que tenía en su corazón no valía la pena. Dolía demasiado.
No creía pedir demasiado, no en realidad. Realmente trataba de no causar gran alboroto, aun
cuando sabía que tendía a hacer precisamente eso. Intentaba ser bueno. Había intentado con
todas sus fuerzas, no dejar goma de mascar por todos lados. Sólo quería ser aceptado y
querido.
Ahora eso nunca pasaría. Harry lo odiaba. El hombre ni siquiera podía hablarle. Se recostó en
la bañera y frotó el pequeño bulto que crecía en su abdomen, ahora era pequeño, pero
crecería durante las siguientes semanas.
Realmente no tenía idea de qué iba a dar a luz, considerando que se había apareado con un
dragón. Sólo el tiempo lo diría. Y sin importar cuanto le preocupara eso, no podía sentir nada
más que emoción, porque iba a tener un bebé.
Sólo deseaba que Harry sintiera lo mismo. Se escapó un pequeño sollozo de sus labios,
mientras pensaba en la probabilidad de que Harry jamás quisiera a un niño que habían creado
juntos. Con lo enojado que se veía, era una posibilidad muy real. Harry había estado bastante
impactado cuando se apareó con un conejito. Seguramente esto haría que perdiera los
cabales.
Cuando el agua comenzó a enfriarse, salió y se secó. Vació la bañera y limpió el baño, luego
fue a buscar su ropa. Estaba sorprendido, cuando encontró un conjunto de ropa doblado
pulcramente a los pies de la cama, pero se imaginó que alguien los había dejado ahí para él.
Una vez que estuvo vestido, su bolso bien atado en su cinturón, salió del dormitorio.
—Este es Omar. Harry nos ha asignado para que seamos tus guardias.
—Estás apareado con un príncipe dragón, Louis, y vives en un castillo lleno de dragones.
—Buen punto. —Miró alrededor de la sala de estar. —Está… uh… ¿Harry está por aquí? —
Por la forma en la que Harlan miró a Omar, con indecisión, supo que Harry se había ido. Ni
siquiera tuvieron que decir nada.
No podía pensar en nada que decir, para romper el pesado silencio. Harlan y Omar parecían
realmente nerviosos también. Ni siquiera lo miraban a la cara.
Se giró para dirigirse hacia la habitación y a una relativa privacidad, cuando oyó a Harlan
aclarando su voz. Cerró sus ojos, preparándose para lo que tenía que decir, pero temía que ya
lo supiera.
Sabía que llegaría a este punto. Lo sabía desde el principio. Es sólo que empezaba a creer que
él y Harry, en realidad, podían tener algo especial juntos. Había empezado a creer en ese
sueño.
Fue estúpido, y sólo podía culparse a él mismo. Debería haber recordado que era como
regresar a la colonia de conejos. Siendo el único conejo blanco, las cosas habían sido bastante
difíciles. Le hacía recordarse día a día que allá afuera había alguien para él, sólo para él,
alguien que lo amaría y querría a pesar de todo lo demás.
Pero no era cierto. No había nadie para él. Todo había sido un sueño, y uno estúpido, además.
¿Quién querría a un conejo blanco, que se emborrachaba con manzanas y masticaba goma de
mascar? —¿Louis?
—Sólo déjenme ir a buscar mis cosas. —Las moví, mientras te estabas bañando.
Sentía que cada palabra que salía de la boca de Harlan, era una bofetada en su cara. Harry
estaba tan ansioso de deshacerse de él, que ni siquiera le permitiría empacar sus propias
cosas. Suponía que eso lo decía todo.
Apretó sus labios y caminó hacia la puerta. Harlan y Omar lo siguieron justo detrás de él.
Cuando Harlan abrió la puerta para él, le echó una mirada más a la habitación, el lugar en
donde había sido feliz por un tiempo, luego se dio la vuelta y salió.
Al parecer, no había razón para quedarse. Aquí no había nada para él y obviamente no era
querido. Dejó que sus manos descendieran para cubrir su abdomen, mientras se daba cuenta
que ni siquiera su bebé era querido.
—Lo siento, Louis —, dijo Harlan. Asintió con tristeza. —No es tu culpa.
No pudo evitar que las lágrimas en sus ojos descendieran por su rostro, mientras se daba la
vuelta para mirar a la pequeña habitación a la que había sido escoltado, la prisión en la que lo
había puesto Harry.
Harry tomó el ultimo sorbo de la botella de escoces, luego la estrelló contra la chimenea. Era
como la tercera que había tomado, y todavía no podía olvidar las palabras que le había
susurrado Louis.
—¡No! —Gruñó. Cuando Galan trató de quitarle la botella de las manos, lo atacó con sus
garras. — Déjame en paz, maldita sea.
—¡Louis! ¡Louis! —Gritó. —No quiero oír su nombre de nuevo. Me mintió y me engañó. No
se merece que pronuncien su nombre en esta casa. De hecho, haré un decreto real. Su nombre
nunca será pronunciado en esta casa de nuevo.
—¡Por supuesto que sí! —Azotó la botella en la mesa, con tal fuerza, que la botella se
destrozó. —Se suponía que fuera mi pareja. Me engañó. Me dijo que era virgen. Me mintió.
Debería haberlo sabido mejor. Ningún hombre puede dar una mamada como esa y seguir
siendo virgen. Probablemente se acostó con cada conejo de su colonia. ¿Quién sabe quién es
el padre de su hijo?
El dolor en su mano, a causa de la botella de vidrio roto, no era nada comparado con el dolor
en su corazón. Había estado listo para dárselo a Louis, y el hombre se lo había escupido en la
cara. No le sorprendía que Louis hubiese dormido tanto. Quería evitar decirle la verdad.
—No estoy equivocado. —Miró a Galan, quien parecía estar del lado de Louis—. Hemos
estado apareados por dos semanas, y ya sabe que está embarazado. No importa cuántas veces
hayamos follado, no puede ser mío.
—Harry…
—Probablemente lo sabía antes de que nos apareáramos. Apuesto que todo nuestro
apareamiento era un montaje. Probablemente lo planeó todo. —Se rió con aspereza. —
Engánchate a un príncipe y vive una vida de lujos.
—Maldición, Harry, estás siendo ridículo. Louis te adora. Seguramente no planeó el pequeño
decreto de los Ancianos. Es una víctima igual que tú.
—Oh, cierto. —Ondeó su mano hacia Galan. — Probablemente tenía un amante en algún
lado. Apuesto a que el decreto de los Ancianos lo puso contra la pared. Sólo se enganchó al
tipo más cercano, uno que casualmente era un príncipe.
—Dios, eres tan egocéntrico —se burló Galan. — Espero que tuviera un amante. Al menos,
entonces tendía a alguien que lo quisiera por ser él mismo, y no porque se quedó atascado
con alguien.
Su boca se abrió de golpe, mientras su viejo amigo, en quien más confiaba, lo traicionaba. —
No quisiste decir eso.
—Por supuesto que sí. No has hecho nada más que señorear tu título de noble sobre la cabeza
de Louis desde el principio, mostrándole cuán afortunado era de estar apareado con un
príncipe dragón. Debería agradecerle su fortuna a las estrellas.
Galan golpeó su mano en la mesa y se inclinó hacia adelante. —Espero que nunca te perdone
por esto. No te lo mereces. Él es dulce y tierno, y te ama, y tú lo tratas como un fenómeno.
Desdeñas su ropa, su elección de zapatos, incluso su esmalte de uñas. Le haces sentir como si
hubiese algo malo con él, lo cual es exactamente lo que le han hecho toda su vida entera.
¿Por qué deberías ser diferente, sólo porque eres su pareja?
Gruñó y se lanzó sobre Galan cruzando el escritorio. No podía recordar estar tan enojado en
su vida. Quería herir a Galan, dañarlo tanto como él lo estaba dañando.
Este estaba esperándolo, cuando cruzó el escritorio, y ni siquiera estaba tan borracho como él.
Al menos, eso fue lo que se dijo a sí mismo, cuando terminó en el suelo unos cuantos
segundos después.
—Ni un poco.
Se le abalanzó de nuevo, y una vez más, Galan estaba preparado. Esta vez, aterrizó a un lado
de su escritorio. Jadeaba con dificultad, mientras el dolor recorría su cuerpo. Sabía que podía
golpear a Galan.
Él era más grande y más fuerte. Simplemente no parecía ser capaz de golpearlo en este
momento.
—Harry…
—Sólo vete, Galan —, dijo, mientras cubría sus ojos con su brazo.
Realmente quería que lo dejarán solo, así podría remendar su corazón roto en privado. No
quería que los otros supieran, cuánto le había traicionado Louis y cuánto le había dolido.
Sentía como si su corazón estuviera expuesto, para que todos los demás lo vieran.
—Realmente necesitas pensar sobre esto, Harry. De verdad creo que Louis no te traicionó.
Tal vez no lo sabía hasta ahora. Definitivamente te lo había dicho si lo hubiese sabido. Es tu
pareja. Él te necesita tanto como tú lo necesitas a él.
No se movió, hasta que oyó la puerta cerrándose detrás de Galan. Se sentó lentamente,
cuando lo hizo, notó el corte ensangrentado en su mano. Debía haberse cortado en algún
momento durante la pelea o con la botella de whiskey rota. Era profundo. Iba a necesitar
puntos de sutura.
Miró a su alrededor, hasta que avistó el teléfono en el piso. Se agachó y lo recogió. Después
de colgarlo, por un momento, volvió a levantar el auricular de nuevo y esperó a que Carlos
entrara en la línea.
—¿Sí, señor?
Se había enojado tanto, por lo que estaba diciendo. Parecía estar del lado de Louis, no del de
él. No parecía comprender cuán traicionado se sentía, cuanto se rompía su corazón.
No era justo. Nunca había pedido tener a un conejo como pareja. Nunca había pedido
aparearse en lo absoluto. Todo esto era culpa de los Ancianos. Si ellos no hubiesen hecho su
pequeño decreto, nunca estaría en este desastre.
Y la peor parte, la parte que realmente le molestaba y le hacía sentir más dolor, era pensar
que tal vez Louis nunca había querido decir las cosas que dijo e hizo, que todo podía ser una
mentira. Había quedado tan sorprendido con Louis. Era hombre impresionante. Había
captado su interés desde el principio. Saber que lo había tomado por un tonto, era una píldora
difícil de tragar.
Saber que el niño que esperaba, no era suyo hacía que quisiese vomitar. No podía pensar en
nada más increíble que ser capaz de crear un niño con Louis. Ni siquiera sabía que eso fuera
una posibilidad.
Había una parte de él, que estaba emocionado por la idea, le intrigaba. Un conejito que
luciera igual que su pareja sería un sueño hecho realidad. Incluso un dragón sería felizmente
aceptado. Y sin importar cuánto esperaba ser capaz de criar al niño de alguien más, no sabía
si podía dejar pasar el hecho de Louis le había mentido. Si no había honestidad entre
parejas, ¿entonces cuál era el punto de estar apareado?
Se suponía que las parejas fueran un equipo. Debería haber sido capaz de confiar en Louis
más que en cualquier otra persona, incluso Galan. No sabía si podía recuperar eso, o incluso
si ambos podrían hacerlo. Tal vez nunca lo habían tenido en primer lugar.
Alzó los ojos, sorprendido de ver a Derek parado en su puerta. —Derek, ¿Qué estás haciendo
aquí?
Suspiró. Realmente no quería lidiar con esto, por el momento. Tenía muchas otras cosas,
cosas más importantes en las que pensar. No necesitaba luchar contra los avances de un
antiguo juguete sexual.
Este cruzó la habitación y se paró entre sus piernas. Le pasó un solo dedo, por su pecho
desnudo. —Sólo pensé venir y consolarte.
—¿Consolarme a mí? —Frunció el ceño. Había algo que no estaba bien, en esa declaración.
—¿Por qué necesitas consolarme?
—Un pajarito me dijo que tu pareja no estaba disponible para velar por tus…—Derek miró
hacia la ingle de Harry—… tus necesidades más básicas.
Supo instantáneamente, que Derek sabía que Louis había estado enfermo. Simplemente no
entendía cómo lo sabía Derek. No había sido un secreto, exactamente, pero tampoco había
sido difundido.
Le agarró las manos de Derek y las alejó. En un momento, Derek retrocedió. Tenía que
concedérselo al hombre, era persistente. Es sólo que no estaba interesado. Tenía una pareja a
quien amaba.
Incluso cuando pensaba las palabras, la realidad de ellas pareció golpearlo, e inhaló con
brusquedad. Galan tenía razón. Estaba siendo un idiota. Louis era su pareja, y eso quería
decir para bien o para mal. No significaba que tenía que expulsar a su pareja por el barranco,
ante la primera señal de problemas.
Louis había sido honesto en sus sentimientos por él. No entendía cómo era posible que Louis
estuviera embarazado, pero sabía que su pareja se lo había dicho en el minuto en el que se
enteró. Louis no había mentido. No lo había traicionado.
Él, por otro lado, había traicionado a su pareja. Había tratado tan mal a Louis, que dudaba
que el hombre lo perdonara. No lo culparía en lo más mínimo, pero tenía que intentarlo.
—Derek, no tengo tiempo para esto—le dijo, mientras volvía para empujarlo. Necesitaba ir
con Louis y rogar por su perdón.
—Derek, tienes una pareja. Yo tengo una pareja. Supéralo. No iba a suceder—Negó con la
cabeza, mientras saltaba del escritorio y se dirigía a la puerta.
Se dio la vuelta, ante el enfurecido grito de Derek, justo a tiempo para ver un destello de
plata. Al siguiente instante, una agonía atroz explotó en su hombro. Sus rodillas cedieron,
bajo el intenso dolor.
—Eres mío—gruñó Derek. —Siempre has sido mío. No dejaré que algún fenómeno peludo
nos separe ahora.
Derek dio un paso al frente y sacó el cuchillo de un solo tirón, de su hombro. Gritó por el
intenso dolor, mientras el cuchillo era sacado. Jadeó con dificultad, hasta que vio que Derek
alzaba el cuchillo en el aire. Levantó sus manos rápidamente, para detenerlo cuando el
cuchillo comenzó a descender de nuevo.
—¡Derek, detente!
Los ojos de este, se veían salvajes, una pizca de locura los hacía verse aún más brillante. No
creía que Derek fuera a detenerse, hasta que uno de ellos estuviera muerto. No planeaba ser
él. Tenía mucho por lo cual vivir.
Una vez que lo estuvo, saltó varios pasos hacia atrás y abrió su boca, golpeando a Derek con
una gran bola de fuego. Deseaba que su pequeño estudio fuera más grande y así poder
transformarse. Así simplemente se lo comería. Por supuesto, puede que le causara
indigestión, pero el hombre se habría marchado.
Sus cejas se alzaron, hasta la línea de su cabello cuando el humo se despejó, y Derek seguía
ahí parado, ligeramente chamuscado, pero no mucho peor. Él era un cambiaformas puma.
Debería haber ardido en llamas.
—No creíste que te desharías de mí tan fácilmente, ¿o sí? —Derek sonrió con satisfacción.
—Serás mío.
—No lo creo —, dijo, mientras retrocedía alejándose de Derek lentamente. Si pudiera salir de
su estudio, entrando en el gran vestíbulo de dos pisos, podría transformarse, y entonces Derek
no sería capaz de pelear contra él.
Este gritó y levantó el puñal en su mano. Corrió. No era estúpido. Sabía que pelear con Derek
en su forma humana, sería su perdición. No iba a quedarse aquí y dejar que el hombre
continuara apuñalándolo.
Algo pesado se estrelló en él, justo cuando alcanzaba la puerta. Salió volando, estrellándose
contra la gran entrada de mármol y deslizándose a medio camino. Para cuando se dio la
vuelta, Derek casi lo había alcanzado.
Se transformó al instante. Sintió como se volvía más grande, más fuerte. Cuando abrió sus
ojos y bajo la mirada, Derek era sólo un punto, un pequeño e irritante punto. Su rugido, llenó
la cavernosa habitación. Oyó las puertas abrirse y a la gente comenzando a entrar, incluso
mientras llenaba su bolsa de fuego con humo y se preparaba para incinerar a Derek.
—¡Harry, no!
Volteó su cabeza para ver a Galan parado en la cima de las escaleras. Louis estaba parado
junto a él, su boca colgaba abierta por el shock. Se inclinó hacia su pareja y dejó salir un
pequeño retumbar.
Para su sorpresa, Louis de un paso al frente y le extendió una mano hacia él. Bajó su cabeza
hasta que Louis podía alcanzar su hocico. Un placer de intensas proporciones fluyó a través
de él, cuando Louis acarició su mano sobre su hocico.
—Te vez impresionante, —murmuró Louis, — mucho más grande de lo que esperaba.
Volvió a retumbar.
—¡No! —Gritó alguien debajo de él. —Quédate lejos de él. ¡Es mío!
Se alejó de Louis y se volteó para mirar a Derek. Abrió su boca de nuevo, intentando
chamuscar a Derek ahí mismo, donde estaba parado.
—¡Harry, no! —Volvió a gritar Galan. —No puedes matarlo. Está vinculado con su pareja.
También lo matarás.
Rugió. Quería matar a Derek. Era la mejor opción. Derek nunca se detendría.
Está enfermo, y necesita ayuda, pero no es culpa de su pareja. Si matas a Derek, matarás a su
pareja. Quien quiera que sea, no se merece eso.
Estaba dividido, su necesidad de proteger a Louis era tan poderosa que casi lo consumía.
Se volteó para mirar a Derek, intentando hacer que el hombre se fuera. No lo mataría,
simplemente porque Louis le había pedido que no lo hiciera. Esperaba que Derek
comprendiera que el fenómeno peludo, acababa de salvarle la vida. Cuando bajó la mirada,
Derek no estaba en ningún lugar a la vista. El pánico se instaló en él instantáneamente. Galan
gritó, luego Louis estaba gritando. Se volteó justo a tiempo para ver a Derek cambiando a su
forma de puma y saltar sobre Louis.
Cada pensamiento de no matar a Derek, abandonó su cabeza, cuando los afilados dientes de
Derek se lanzaban sobre Louis. Rugió muy fuerte, las ventanas se estremecieron. Ignoró la
horrorizada mirada de Louis y agarró a Derek, atrapándolo por sus patas traseras.
Lo levantó en el aire. Tenía toda la intención de comerse al hombre. Derek había amenazado
a su pareja. Eso no podía permitirse. A pesar de las súplicas de Louis, Derek necesitaba
morir.
Hizo rodar a Derek, listo para abrir su boca y comerse al puma, cuando las puertas delanteras
se abrieron de golpe, repentinamente y una ráfaga de aire frío lo golpeó, congelándolo ahí
mismo.No puedes matarlo, Styles ― dijo un hombre en una oscura capa, mientras se
apresuraba. ― Él me
Exhaló una nube de un furioso humo negro. No conocía a este hombre. Sus palabras no
significaban nada, frente a la protección de Louis.Derek es mi Si lo matas, me matarása mí.
Resopló. Cuando Derek comenzó a luchar, sacudió su cabeza rápidamente, hasta que el puma
se detuvo. No estaba de humor para escuchar a otras personas. Tenía que salvar a su pareja de
Derek.Por favor― El extraño levantó una Por favor no lo Derek necesita ayuda. No morir.
Su cabeza giró hacia la puerta abierta. Había otros tres hombres ahí parados. Los reconoció
instantáneamente, como Ancianos. Uno era el Anciano Burke, el anciano del Clan Dracónico.
Los otros dos también eran Ancianos, pero Harry no los conocía.
Harry, dejar ir a Derek ― dijo el Anciano Era incapaz de resistirse a la orden de un Anciano.
Eso era lo que los hacía Ancianos. Abrió su mandíbula y dejó que las patas traseras de Derek
cayeran de su boca. El puma se precipito al suelo, acompañado de un sordo golpe.
El Anciano Burke arqueó una ceja, mientras los otros dos Ancianos y el desconocido
corrieron a comprobar a Derek. ― Eso no es exactamente lo que quise decir, Harry.
Inhaló profundamente y se sentó sobre su culo. Cuando alzó sus ojos, el Anciano Burke
estaba parado sobre él, entre él y Derek.
Trató de matarme― dijo lentamente, mientras observaba a los otros atendiendo a ― Trató de
matar a Louis. Lo sé, Harry ― dijo el Anciano Myron vino a nosotros, cuando
descubrió sus Sabía que era necesario detener a Derek, pero no quería que saliera lastimado.
Estoy seguro de que puedes entender eso, Harry. Son pareja, a pesar de lo que ha hecho
Derek. Sólo quiero que se vaya a un lugar, en donde nunca más pueda volver a lastimar a
Estaba cansado. El dolor en su hombro y sus manos se estaba incrementando. A pesar de su
transformación, sostenía serias lesiones y una gran pérdida de sangre. Sabía que necesitaba
conseguir atención médica pronto, pero todo lo que en realidad quería hacer era acurrucarse y
dormir con su pareja.
― Miró hacia la parte superior dela gran escalera, pero no podía ver a su pareja. Luchó para
ponerse de pie. ― ¿Dónde está Louis? Cálmate, Harry ― , dijo el Anciano Burke, mientras
le ponía una mano en el hombro, el que no estaba herido, y presionó. ― Galan regresó a tu
pareja a su habitación. Ha puesto guardias afuera de la puerta de Está a salvo.
Alivio no podía comenzar a describir lo que sentía. Sus hombros se desplomaron, mientras
suspiraba profundamente y se acomodaba en el piso. Su cabeza estaba empezando a dar
vueltas. Apenas podía voltearse, cuando el Anciano Burke se agachó a su lado.
Necesitamos conseguirte un doctor ― , dijo el Anciano Pensó que era una muy buena idea.
Aun así, no quería bajar su guardia hasta que supiera definitivamente que Derek ya no era
una amenaza.Ondeó su mano hacia la dirección general de Derek.
¿Qué va a pasar con él? Derek y su pareja serán trasladados hacia una ubicación segura, hasta
que pase algún tiempo mientras su vínculo se establece, y Derek se deshaga de tu influencia.
Temo que, inconscientemente, creaste una conexión con Derek durante su tiempo juntos, uno
que interfiere con el vínculo que hay entre él y su. Pero yo nunca… El Anciano Burke ondeó
una mano hacia él.
No era algo de lo que estuvieras consiente, Harry, sino algo único de los cambiaformas puma
sumisos. Derek fue susceptible a ti, y en su estado actual, realmente cree que él es la mejor
opción para ser tu pareja, incluso si siente una conexión con su propia. Eso suena realmente
¿Puedes imaginar cómo se siente su pareja? Preguntó el anciano, pero no creía que fuera una
verdadera Era más una declaración. Myron siente el vínculo de apareamiento,
aun así, tiene que reconocer el vínculo que Derek tiene contigo o potencialmente perdería a
su pareja para siempre.
No quiero un vínculo con Derek ― , Nunca lo quise. Sólo tonteamos por ahí un par de
Demonios, ni siquiera estuvimos solos. Siempre había otros. ¿Por qué no se vinculó con uno
de ellos? ¿Quién sabe? Basta decir que Derek desarrolló una conexión Esa conexión necesita
ser corregida y la que tiene con su pareja, debe ser fortalecida. Una vez que esto esté hecho,
Derek ya no querrá estar contigo, sólo con su pareja.
Él está bien, Louis, sólo tiene unos cuantos cortes y rasguños. Necesita unos cuantos días en
cama para descansar y recuperarse, pero el doctor dijo que está bien.
Louis frunció el ceño y se apartó de la ventana para mirar al otro lado de la habitación, hacia
el segundo al mando de Harry. Había pasado una semana desde que Derek atacó a Harry, y él
todavía no había visto al hombre.
¿Puedo verlo?
Deseaba desesperadamente ver a Harry, para asegurarse de que su pareja realmente estaba
bien. Había visto la sangre, las heridas. Sabía que sus lesiones, eran más graves que unos
cuantos cortes y rasguños. Le estaba matando por dentro que no le permitieran estar al lado
de su pareja.
No, por supuesto que no ― , susurró, mientrasvolvía a girarse para mirar por la En realidad,
no estaba viendo nada, ni la nieve cubriendo las montañas o los campos de color blanco puro
que yacían ante él. No veía nada más que los ojos llenos de odio de Harry. Dudaba que
pudiera olvidarlos alguna vez.
Cubrió su boca para contener la risa histérica. Harry no iba a ir a verlo. Harry ni siquiera
podía mirarlo. Ahora sería peor. Ya no podía esconder su condición.
Ya había pasado el tiempo suficiente, como para poder descubrir el sexo del bebé si es que
realmente quisiera saberlo. En otra semana, sólo empezaría a ganar peso, mientras el bebé
crecía del tamaño adecuado para nacer. Estaría tan grande como una casa. Y seguramente eso
lo haría muy atractivo a los ojos de Harry. ¡No!
Deseaba poder cambiar a su forma de conejo, pero el doctor le había advertido contra ello. A
estas alturas del embarazo, podría lastimar al bebé. Sin importar cuanto deseara no estar
esperando, no haría nada para lastimar a su hijo. Era todo lo que le quedaba de Harry.
Creo que voy a tomar una siesta ― , dijo, mientras bajaba su mano y se volteaba para mirar a
Podía sentir los ojos del hombre observando cada uno de sus movimientos, y era enervante.
Sentía como si Galan pudiera leer cada una de sus emociones.
El hombre era bastante amable, pero había una pizca de lástima en sus ojos, siempre que lo
miraba. Galan era el único hombre que sabía todo lo que pasaba entre él y Harry. Le gustaba
el tipo, pero no podía contener el resentimiento.
¿Necesitas algo?
Esa era su constante respuesta, en estos días. Lo que necesitaba, no podía tenerlo. Lo que le
ofrecían, no lo quería. Sentía como si viviera en una burbuja llena de algodón. Nada entraba,
y nada salía. La mayoría del tiempo, ni siquiera sabía qué hora era.
Tal vez después de que descanses un poco, podamos salir a caminar afuera, a conseguir algo
de aire
Sabía que Galan estaba tratando de ayudar, de darle algún tipo de esperanza. Trató de darle
una pequeña sonrisa, para dejarle que el hombre supiera que apreciaba el gesto. Sabía que
había fallado, cuando Galan frunció el ceño.
Sí, por Harry realmente quisiera verlo, habría venido antes. Pero no lo hizo, y él lo sabía. Si
Harry estaba tan saludable y fuerte como decía Galan, entonces no había nada que lo
mantuviera alejado.
Se sintió repentinamente cansado. Casi lo hizo reír. No había hecho nada más que mirar por
su ventana por horas, aun así sentía como si hubiera corrido una maratón. Sabía que una parte
era por estar embarazado, pero otra parte era por la completa destrucción de su corazón y su
alma. Y ningún montón de sueño, podría arreglar eso.
Caminó y se subió a la cama. Tiró de los cobertores alrededor de su cuello y cerró sus ojos.
Un momento después, la puerta se cerró silenciosamente, y supo que Galan se había ido. Sólo
entonces, dejó que sus lágrimas cayeran. No fueron muchas, sólo unas pocas. Ya había
derramado la mayoría.
Bajó su mano para acariciar su estómago distendido, una lágrima más cayó cuando sintió un
pequeño movimiento bajo su mano, como una mariposa. No era justo que no tuviera alguien
con quien compartir esto. Harry debería haber estado aquí para compartir su alegría, y debido
a que no era el caso, la suya se desvaneció rápidamente.
No quería atravesar todo esto solo. No quería criar a su hijo solo. Todo lo que podía ver
frente a él, eran años y años de momentos especiales y nadie especial con quien compartirlos.
No era justo para él, ni para su hijo.
Su hijo se merecía un padre, alguien que pudiera reír con él, besar sus heridas, y protegerlo
de las maldades del mundo. Se merecía a alguien que lo amara. No merecía ser traído al
mundo en el que él vivía.
No podía ponerle fin a las cosas, como sabía que debería. El amor y la protección hacia su
hijo, era más fuerte que cualquier necesidad de abandonar el dolor que traía el rechazo de
Harry.
Se quedó quieto, cuando oyó que la puerta del dormitorio abrirse y luego se cerró
quedamente. Podía oír a alguien respirando, mientras caminaba lentamente para pararse junto
a la cama. No era Galan. En la última semana, se había acostumbrado a las pisadas de este.
Estas no eran suyas.
Mientras la cama se hundía y el cuerpo de un hombre se extendía junto a él, el dulce aroma
de Harry lo envolvió, y casi lloró. Sólo morder sus labios, contuvo el desesperado sonido tras
ellos.
Sé que estás despierto, Louis― dijo Harry suavemente, mientras su brazo se envolvía a su ―
Puedo oír los latidos de tu corazón.
Apretó sus ojos cerrados, con tanta fuerza como podía, como si ese gesto pudiera mantener
las lágrimas en la bahía. ― ¿Qué quieres? ― Susurró. No podía pensar en una sola razón
para que Harry estuviera aquí, a menos que fuera para enterrar aún más el cuchillo en su
corazón.
Te extrañé,
Metió una mano en su boca, cuando un sollozo atravesó sus labios. Harry estaba enterrando
el cuchillo más profundamente. Estaba ondeando frente a él, algo que jamás podría tener.
Ssshhh, amor, no llores― El rostro de Harryse frotó en la parte trasera de su cabeza, sus
manos acariciaron ida y vuelta sus ― Ahora estoy aquí, y no voy a ir a ningún lado.
Eso captó la atención su atención. Se secó las lágrimas de sus ojos y luego miró sobre su
hombro.
¿Por qué?
Si ser el padre de este niño es lo que necesito hacer, entonces lo haré. No puedo prometer que
nunca olvidaré las circunstancias de su creación, pero seré un buen padre. Él nunca recibirá
nada más que amor y aceptación de mi parte.
No sabía cómo responder a eso. La alegría que había comenzado a sentir, ahora que Harry
estaba de regreso muriendo lentamente, y ahora era rabia. Harry pensaba que estaba siendo
tan generoso, ofreciéndose a ser el padre de un hijo que habían creado juntos.
Tienes que irte ― susurró entre lágrimas. ―Mi hijo no necesita un padre. Me tiene a mí.
¡Louis!
No le importó que Harry usara su habitual tono castigador, cuando pronunció su nombre.
Usualmente era la única vez que Harry lo usaba.
}Sé lo que estás tratando de hacer ― le espetó, mientras se ponía de pie de un salto. Se volteó
para mirar a Harry. Cuando la boca de este se abrió de golpe, asumió que era a causa de su
demostración de Estaba equivocado.
Estás... Rodó sus ojos, incluso mientras envolvía sus brazos de forma protectora alrededor de
su estómago. ― No me digas. Eso es lo que pasa cuando quedas embarazado.
Pero… ― Harry se puso de pie y gesticuló hacía su estómago. ― ¿Cómo te pusiste tan
grande? ¿Hay algo mal con el bebé?
Quieres decir, además del hecho de que su padre no lo quiere, no. ¡Padre! ― Harry arrastró
su mano a travésde su ― ¿Cómo es posible que sea su padre? Hemos estado juntos menos de
tres semanas.
Sintió que la sangre huía de su rostro, cuando de repente se dio cuenta de por qué Harry se
estaba comportando de esta manera, por qué el hombre estuvo tan enojado cuando descubrió
que estaba embarazado. Cada sueño, cada esperanza que tenía de llegar a estar con Harry, se
destrozó en un parpadeo.
Cubrió su boca, mientras la verdad lo golpeaba en la cara. ― Crees que te mentí sobre ser
virgen susurró. ― Crees que este es el hijo de alguien más.
Hijo de puta― Se apoderó de él una rabia, como nunca antes había ― ¡Vete! Sal de aquí y
nunca vuelvas.
¡Louis!
¡No me llames Louis, hijo de puta! ― Le gritó. Alcanzó la mesita de noche y agarró el jarro
de agua de vidrio y se lo arrojó a Harry, con todas sus
¡Louis! ― Gritó este, mientras se quitabadel camino, esquivando el jarró por poco. El cual se
estrelló contra la pared y se hizo pedazos, el agua se esparció por toda la pared y el suelo. ―
¿Qué diablos te pasa?
¡Vete! ― Le gritó, pisando con fuerza. Empezó a agarrar cualquier cosa que llegara a sus
manos, para luego lanzárselas a Harry. Algunas golpearon a su objetivo, algunas fallaron.
Sólo siguió lanzando cosas, hasta que Harry lo agarró repentinamente por los brazos y lo
sacudió.
¡Ya basta!
Harry lucía tan confundido, tan horrorizado por su comportamiento, que no pudo contener la
risa, pero fue una risa fría. No contenía nada más que desprecio por el hombre al que una vez
pensó que amaba.
Louis, no entiendo…
Observó la sangre drenándose del rostro de Harry, mientras la verdad lo golpeaba. Sus ojos se
agrandaron y se formó una expresión de dolor. La mano de Harry se alzó y fue a tocarlo. Dio
un paso atrás, hasta que Harry bajó su mano.
¿Y crees que eso lo arregla todo? ― Se le escapó un ― Pensé que las cosas serían
diferentes aquí, que sería aceptado, que tendría a alguien que me amaría tanto como yo…
pero vivir aquí es incluso peor que en la colonia. Ellos me ignoraban, la mayoría del tiempo,
pero al menos nunca me dieron esperanza.
Le dio la espalda a Harry y caminó hacia la ventana, para volver a mirar hacia afuera. Al
parecer observaba mucho por la ventana.
Cuando Galan lo cargó hasta las habitaciones de Harry unos cuantos minutos después,
comenzó a luchar. No se suponía que estuviera aquí. Había sido expulsado de esas grandes
habitaciones.
Bueno, ahora lo es― Galan lo colocó enla ― Necesitas un lugar seguro en donde tener al
bebé, y este es el más seguro en todo el castillo.
Pero…
Galan se acuclilló frente a él. Sonreía, mientras se estiraba para quitar un mechón de cabello
negro de su cara, colocándoselo detrás de la oreja.
Él pensó que le mentí. ― Esa información,se retorcía y revolvía en su interior, hasta que su
cabeza se nubló con el dolor. De repente sintió frío. Sus dientes castañearon, y su cuerpo
comenzó a temblar.
— Estoy cansado.
— Entonces vamos. ― Galan lo ayudó a acostarse en la cama, luego puso las mantas sobre
él. ― Sólo necesitas dormir. Me aseguraré de que te traigas tus cosas cuando despiertes.
— Necesito mantas.
— ¿Tienes frío?
— No― Negó con la cabeza. ― Voy a comenzara anidar muy pronto. Necesito mantas y
almohadas.
Agarró el borde de la manta y tiró de ella hasta su mejilla. ― No quiero ver a Harry.
— De verdad lo siento, Louis. Tal vez, sólo deberías hablar con él.
— Louis…
— Estoy cansado. Voy a dormir ahora. ― Cerró sus ojos y oró para que eso fuera verdad, que
el sueño lo llevaría lejos. Quería dormir por tanto tiempo como pudiera, para que así no
tuviera que enfrentar la vida sin el hombre que amaba.
Después de las flores vinieron las cajas de joyas― un collar de diamantes, un brazalete de
rubí, incluso un gran anillo con una gran esmeralda en el medio. Observó cada uno de ellos,
luego cerró las cajas sin siquiera tocarlos. Las puso afuera de su habitación.
Al tercer día, llegaron chocolates, cajas y cajas de ellos. Había cajas plateadas, cajas doradas,
cajas con chocolates en forma de conejo. Era como el nirvana de chocolate. Las dejó afuera
de su puerta.
Al cuarto día, llegó una hermosa capa de piel blanco que hacía juego con unas botas hasta la
rodilla y guantes. No pudo evitar acariciar con sus dedos, el suave pelaje blanco. Una rápida
mirada a la etiqueta, le aseguró que eran de piel falsa. Su corazón dolió un poco, cuando
colocó cuidadosamente los regalos afuera de su puerta.
Al quinto día, Galan llegó con una gran caja blanca en sus manos. Él sólo negó con la cabeza,
mientras la colocaba en la cama. ― Sabes que vas a tener que hablar con él, en algún
momento.
— No, no lo haré.
— No creo que esté tratando de hacer eso,pequeño. Creo que está tratando de demostrarte
cuando lo lamenta.
— Preguntó Galan, justo antes de salir de la habitación. Suspiró. Estaba cansado e irritable, y
lo sabía. Y no podía culpar de todo a las hormonas del embarazo. Seguía enojado con Harry,
y ni un montón de regalos iba a cambiar eso.
Los regalos que Harry le estaba enviando eran muy románticos. Sabía que la mayoría
hubiesen estado encantados, pero ellos no eran él. Estos no hablaban de su personalidad o
que el que mandaba los obsequios había pensado en ellos. Eran regalos que cualquiera daría.
Sabiendo que el último regalo que habían entregado, era mucho más de lo mismo, cogió la
caja para llevarla afuera de su puerta. Ni siquiera quería mirar. El repentino traqueteo dentro
de la caja sin embargo, captó su atención y la curiosidad hizo que abriera.
Sus ojos se ampliaron, cuando comenzó a sacar caja tras cada de perlas de la caja más grande.
Venían en cada forma y tamaño. Las siguientes eran cajas de dijes y herramientas para hacer
joyas.
Para cuando hubo terminado, la cama estaba cubierta de todo lo que necesitaba para hacer
cientos de brazaletes con dijes y collares, tal vez incluso pendientes. Se quedó allí sentado y
miró, estupefacto.
Por primera vez en días agarró la primera caja con cuentas. Harry había encontrado su única
debilidad, la única que garantizaba llegar a él cuando nada más podía hacerlo. Sólo tenía que
preguntarse si su regalo alcanzaría a Harry.
XI
Harry se sentó detrás de su escritorio, el nuevo que había comprado después del ataque de
Derek, y tomó otro sorbo de su whiskey. Deseaba poder beber hasta emborracharse, pero
quería estar alerta, en caso de que pasara algo con el bebé.
E l b eb é― ahora había algo que le daba otra razón para tomar otro trago. Iba a ser padre.
Cuando se apareó con Louis, ni siquiera tenía idea que esa podía llegar a ser una posibilidad.
Ahora que lo era, seguía en estado de shock.
Dejó su bebida en el escritorio y luego acunó su cabeza entre sus manos. Ni siquiera lo había
disfrutado, cuando Louis compartió las noticias con él. Despojó a su pareja de eso y dejó una
herida abierta y ensangrentada en su lugar. La había jodido tanto, que Louis nunca iba a
perdonarlo. Le costaba tragar debido al rechazo. Nunca iba a perdonarse a sí mismo. ¿Cómo
es posible que siquiera comenzara a pensar que Louis lo traicionaría? Eso no iba con su
personalidad.
Simplemente había saltado a esa conclusión, cuando fue confrontado por el anuncio de Louis.
¿Qué decía sobre él, que en lo primero que haya pasado por su cabeza, fuera la traición?
¿Qué decía del mundo en el que vivía? Llevaba días, tratando de hallar una forma en la que
Louis estuviera de acuerdo con verlo. Había enviado regalos, todos habían sido devueltos.
Había rondado fuera de la puerta de Louis. Incluso había llegado a dormir en el sofá del
pasillo, en caso de que este necesitara algo en medio de la noche. Era patético, y lo sabía,
pero no podía pensar en ninguna otra mejor forma, para llegar a Louis, además de forzar su
entrada y exigiéndole que hablara con él. Harry se rió entre dientes y apoyó su cabeza en el
respaldo de su silla. ¿Tal vez esa era la única forma de proceder?
— Adelante ― dijo, cuando alguien golpeóla puerta del estudio. Sabía que no era la única
persona a la que realmente quería ver.}
Galan entró, con una mano detrás de su espalda. — Tengo algo para ti.
Frunció el ceño y se sentó más derecho, ante la perversa curvatura en los labios de Galan.
Movió sus labios nerviosamente. ― ¿Qué?
Galan le entregó una pequeña bolsa, hecha con retazos de cuero trenzado. Tenía más colores
que los que pensaba que había en el arcoíris. Lo tomó, confundido, y notó inmediatamente
que estaba pesado. Había algo adentro. Su curiosidad echó raíces. Desató la bolsa y se asomó
para ver su interior. La luz de la habitación hizo brillar algo plateado. Metió la mano y sacó el
artículo, sorprendido de encontrar un brazalete en su mano.
— Es un brazalete con dijes ― dijo Galan.
Coloridas cuentas decoraban el brazalete. Las reconoció, como las cuentas que había que
había escogido cuidadosamente en la tienda. También había escogido los dijes que le había
dado a Louis, pero no el que colgaba del brazalete. Lo sostuvo en la luz, para conseguir un
mejor vistazo. Cuando lo hizo, una risita se escapó de su boca. Era el primer sonido de
alegría que había proferido en días. El dije que colgaba del brazalete, era pequeño y blanco y
tenía la forma de un conejito.
— ¿Va a verme? ― Alzo sus ojos hacia Galan, esperanzado. Sinó que su deseo caía en
picada, cuando Galan negó con la cabeza.
— No, todavía no. ― Galan sonrió. ― Perono falta mucho. ― Galan comenzó a regresar
hacia la puerta, deteniéndose, cuando le dio una mirada por sobre su hombro. ― Va a venir,
pero necesita tiempo, y tú necesitas dárselo. No estoy seguro de sí tendría perdón en mi
corazón, para perdonar a mi pareja si me hiciera lo que tú le hiciste, pero tampoco soy Louis.
Asintió. Le daría a Louis el tiempo que fuera necesario, si eso significaba que se le permitiría
volver a tener a su pareja en su vida. Sólo esperaba que se apresurara. Estar lejos de él, estaba
haciendo que perdiera la cabeza. Ni siquiera podía usar la orden que habían dado los
Ancianos, de que tenían que consumar su apareamiento una vez cada veinticuatro horas o
perderían su habilidad de transformarse permanentemente.
De acuerdo con el doctor, eso había quedado anulado cuando Louis quedó embarazado.
Empezaría de nuevo, cuando el bebé hubiese nacido, pero hasta entonces, tenía que esperar la
misericordia de Louis. Iba a ser una espera larga y tortuosa.
Harry arqueó una ceja, cuando Galan entró en su oficina al día siguiente, con sus manos en
sus costados. No tenía una pequeña bolsa en su mano. Lo sabía. Lo miró. Sus hombros se
desplomaron con decepción, y se inclinó en su silla.
— ¿Qué puedo hacer por ti, el día de hoy, Galan? Este sonrió y extendió sus puños cerrados.
Abrió la mano, sorprendido, cuando Galan dejó caer un pequeño dije en su palma. Lo puso a
la luz. Era un dragón negro. Se rió entre dientes y extendió su muñeca en donde usaba el
brazalete.
Galan agarró el dije atándolo cuidadosamente, en el brazalete. Una vez que lo hubo hecho, se
volvió a parar e hizo una reverencia. ― Debería verlo pronto, mi príncipe.
— ¿Ya me dejará verlo?
— Pronto ― gruñó, su boca se apretó con inconformidad. ― Sera mejor que el “pronto”
llegue rápido.
Pronto se aplazó por días. Galan continuó trayéndole un nuevo dije cada día, atándolos al
brazalete. Una pequeña caja de plata, con símbolos célticos gravados en ella le siguió el día
después de que llegó el dije del dragón negro. La brillante manzana, que recibió el tercer día,
hizo que se riera hasta que sus costados quedaron adoloridos. Ese día comenzó los planes
para plantar árboles de manzanas Granny Smith en la primavera.
El dije de la zanahoria dorada, llegó el cuarto día. Recordó a Louis diciéndole que eran un
afrodisíaco para los conejos. Las implicaciones detrás del dije, hicieron que se retorciera de
necesidad.
El dije del copo de nieve, en el quinto día, hizo que sonriera. La nieve seguía cubriendo el
suelo afuera. Ese día, ordenó que trajeran más leña y luego pidió otra capa de piel, esta vez de
color negro.
Las botitas de plata de bebé, que le entregó Galan al sexto día, hizo que apretara sus manos
en puños y presionara sus labios hasta que pudiera pedirle, sin llorar, a Galan que se la atara.
Después de que este se fue, comenzó a comprar cosas para una habitación para su hijo.
La perla blanca, envuelta en filigrana de plata, que llegó al sexto día lo dejó confundido, pero
sabía que tenía algún significado para Louis, así que no hizo preguntas. Ordenó un puñado de
pequeñas cuentas, para que fueran entre cada dije.
Cuando llegó un pequeño dije de plata, con la forma de un corazón roto el octavo día, se
derrumbó y lloró. Esa noche, mandó a Galan a vigilar al pequeño y bebió hasta
emborracharse. Cuando se levantó a la mañana siguiente, su boca se sentía como si estuviera
llena de algodón, y su cabeza estaba palpitando. Le dolía cada respiración. Se sentó debajo
del chorro de agua caliente de la ducha hasta que el agua se enfrió, luego se arrastró hasta su
dormitorio temporal y se vistió. Al menos, esperaba que fuera temporal.
Estaba sentado en la orilla de su cama, atando sus zapatos cuando oyó un golpe en la puerta.
— Adelante ― dijo.
Esperaba a Galan, así que quedó sorprendido cuando se pararon frente a él, un par de
pequeñas botas cubiertas de piel. Su aliento quedo atascado en su garganta, cuando alzó
lentamente sus ojos. Su mente apenas percibió la capa de piel blanca. Todo lo que vio, fue a
su pareja.
— Louis.
Este extendió una mano cerrada. Se detuvo un momento y luego alzó su mano en el aire, con
la palma hacia arriba. Louis dejó caer algo pequeño en ella. No quería apartar sus ojos de su
pareja, pero el pequeño objeto era lo bastante importante como para que Louis se lo entregara
personalmente, así que sabía que tenía que hacerlo.
Bajo los ojos hacia su palma. Las lágrimas ardieron en sus ojos, cuando vio el pequeño dije
de oro en la palma de su mano. Eran dos corazones entrelazados, dos corazones
completamente formados, no corazones rotos. Aclaró su garganta torpemente y trató de
encontrar su voz.
Observó a Louis con hambre en sus ojos, mientras el hombre quitaba el dije de su mano y
después lo ato con pericia en su brazalete. Cuando hubo terminado, Louis se movió para
sentarse a la orilla de la cama junto a él. La falta de habla por parte de su pareja, comenzó a
hacerlo sentir incómodo. El hombre no había dicho ni una palabra desde que entró en la
habitación.
En vez de responder, Louis agarró su capa y sacó una encuadernado y se lo entregó. Frunció
el ceño y lo abrió, entonces sus cejas se alzaron hasta la línea de su pelo.
Estaba sorprendido, por la pequeña sonrisa en los labios de Louis cuando alzó sus ojos. ―
¿Qué es esto?
Tragó con fuerza. Se estiró y levantó sus manos, con la palma hacia arriba. Esperó, anhelante.
Louis pareció dudar por un momento, luego posó su mano más pequeña en la suya,
entrelazando sus dedos.
Cerró sus ojos y sólo respiró por un momento, regodeándose en la sensación de la piel de su
pareja contra la suya. Nunca había sentido algo tan valioso en su vida. Simplemente tenía que
averiguar cómo decirle a Louis cuánto lo quería. Ni siquiera le importaba si sonaba como un
tonto.
Abrió sus ojos y se levantó de la cama, volteándose hasta que pudo arrodillarse a los pies de
Louis. Agachó su cabeza y acercó la mano de Louis a sus labios. Ni siquiera la besó,
simplemente la sostuvo contra su boca. Un sollozo se escapó de sus labios, cuando sintió que
la otra mano de Louis acariciaba su cabello.
— Lo siento tanto, Louis. Fui un completo imbécil y… y… ― , sintió claramente las
lágrimas en sus ojos cuando alzó su cabeza. ― Si me perdonas, te juro que nunca lo
lamentarás. Me pasaré el resto de mi vida compensándotelo.
La voz de Louis fue tan suave, que se la habría perdido si no hubiese escuchado con tanta
atención. Su pecho se apretó. Tenía que hacer que Louis comprendiera que creía en él, que
confiaba en él. Que simplemente había sido un idiota.
— Louis, amor, confío en ti. Lo juro― Su cabeza cayó, cuando su vergü enza lo
abrumó. ― En el momento cuando me dijiste que esperabas a nuestro hijo, debería haber
sido alegre para ambos. En su lugar, lo convertí en una pesadilla. Nunca podré deshacer eso.
Lo sé. Pero yo… yo…
Enterró su rostro en el regazo de Louis, mientras la desesperanza de su situación lo golpeaba
con fuerza. Sin importar lo que dijera, sin importar lo que hiciera, si Louis no lo perdonaba,
sabía que su vida se habría terminado. No podía vivir sin su conejito. No quería vivir así.
— Lo siento tanto, conejito― susurró desesperadamente. Su corazón golpeteó dolorosamente
en su pecho, mientras el peso de sus pecados comenzaba a arrastrarlo. ― Te amo tanto, y sé
que no me lo merezco, pero por favor perdóname. Juró que nunca dudaré de ti de nuevo.
— Te perdono.
Las palabras fueron susurradas suavemente, pero las oyó alto y claro. Un estrangulado
sollozo rompió a través de sus apretados labios. Se convirtió en otro sollozo, luego en otro,
hasta que se encontraba llorando en el regazo de Louis. A través de todo esto, sintió los dedos
de Louis recorriendo su cabello, calmándolo.
Cuando finalmente se calmó y recuperó su control, sollozo, luego levantó su cabeza para
mirar a Louis. Las lágrimas estaban reunidas en las pestañas de este. Inhaló suavemente y
alzó su mano para secarlas.
— Cariño, estoy embarazado. Lloro todo el santo día. ― Louis se rió entre dientes, luego le
ahuecó su mano a un lado de su cara. ― También vomito todo el santo día, anhelo algunas
combinaciones de comida realmente interesantes, y hago pipí tres millones de veces al día.
Por alguna razón, ni siquiera había pensado en el bebé hasta ese punto. Había estado
demasiado ocupado con Louis, tal vez. Pero repentinamente, el hecho de que su muy
embarazada pareja estaba sentada frente a él, le llegó directamente a la cabeza.
Se echó hacia atrás y miró al gran vientre distendido de Louis. Comenzó a moverse para
tocarlo, pero luego dudo, mirando al hombre a la cara. ― ¿Podría?
Louis asintió. ― Es tu bebé.
— Lo sé― Sus manos temblaban mientrasse esraba para tocarlo. Su estómago estaba firme
debajo de sus manos, redondeado. ― Todo anda bien con el bebé.
Se dio cuenta rápidamente, de cómo habían sonado sus palabras. ― No, por favor, yo…
nosotros nunca hemos hablado al respecto, y no lo sé. Sólo estoy tratando de averiguar
cuanto tiempo tenemos, hasta que este pequeñín llegue aquí. Eso es todo. Lo juro.
Louis asintió. ― Me imagino que como dos semanas o algo así, un día más un día menos.
— Eso no es mucho tiempo entonces, ¿o no? ―Se puso de pie y ofreció su mano. ― Tengo
algo que quiero mostrarte.
Louis lucía intrigado, cuando tomó la mano. Lo puso de pie gentilmente y lo condujo fuera
de la habitación. Harlan y Omar los siguieron un paso atrás, mientras caminaban por el
segundo piso.
Se detuvo en la puerta contigua a la que conducía a sus habitaciones. Se volteó hacia Louis,
temiendo que el hombre pudiera estar enojado, por lo que había hecho. Sólo quería
demostrarle a su pareja que aceptaba a su hijo, y esta era la única forma en la que podía
pensar.
— Si quieres cambiar algo, sólo dilo, ¿está bien? Louis frunció el ceño, obviamente
confundido.
Abrió la puerta y condujo a su pareja dentro de la
habitación, que había creado para su bebé. Louis se apartó y se adentró en la habitación.
Quedó boquiabierto, mientras lo miraba todo.
Se paró junto a la entrada y junto sus manos, mientras esperaba el veredicto de su pareja.
¿Louis lo odiaría? ¿Lo amaría? ¿Se sentiría celoso porque no había ayudado? ¿Había hecho
las cosas bien, al
Sonrió, mientras miraba al otro lado de la habitación a la antigua cuna de madera. Era dos
veces del tamaño de una cuna regular. ― Esa era mía. Mi padre me la hizo cuando mi madre
estaba embarazada de mí.
— Eso explica por qué es tan grande.
— Los bebés dragones necesitan un montón de espacio para dormir.
— Has estado ocupado.
Miró alrededor del cuarto y trató de verlo a través de los ojos de Louis. Las paredes estaban
pintadas de un color azul claro. Unas coloridas figuras de animales, arboles, y nubes pintadas
en un mural, de un lado de la habitación al otro.
La antigua cuna de madera, tenía una mesa para cambiar los pañales que le hacía juego que
estaba completamente equipada. Un móvil de dragones volando, de varios colores, colgaba
sobre ella. Había estantes llenos de libros, un armario lleno de ropa, y cajas de juguetes
completamente repletas.
A su bebé no le faltaría nada.
— ¿Te gusta?
— Parece que has pensado en todo.
Su corazón se hundió. ― Quería que supieras, que hablaba en serio. Sé que estás llevando a
mi hijo, un hijo al que quiero mucho. Quería que supieras que te creo, que sé que me estabas
diciendo la verdad.
Sintió la intensa mirada de Louis. Tragó con fuerza. Levantó su mano rápidamente. ―
Antes de que digas algo, hay una cosa más que tengo que mostrarte. Comencé esto el día que
te traje a casa.
Caminó hacia la puerta, en el extremo más alejado de la habitación, lejos de la entrada. Se
detuvo y esperó a Louis se le uniera. ― Cierra tus ojos, conejito.
Louis frunció el ceño, pero hizo lo que le había pedido. Esperó un momento, antes de abrir la
puerta. Escoltó a Louis cuidadosamente hasta el medio de la habitación y luego le hizo
detenerse.
— Está bien, conejito, abre tus ojos.
Louis abrió sus ojos e inhaló casi instantáneamente.
— Harry.
— Hay una puerta que conduce a nuestras habitaciones, también está la que lleva a la
habitación del bebé,― le dijo. Señaló al otro lado de
la gran habitación. ― Y esas puertas dobles conducen a nuestro balcón. En verano, puedes
abrirlas y dejar que entre brisa fresca.
— ¿Cómo… cómo hiciste esto?
— Hizo falta un poco de planeación y un montón de trabajadores. El arquitecto tuvo que re-
adaptar el piso, para que pudiera contener el suelo que necesitaba el jardinero para plantar
césped y árboles. Las flores fueron mucho más fáciles, ya no necesitaron mucho suelo.
Comenzó a emocionarse, ante la mirada de asombro en el rostro de Louis. Empezó a caminar,
queriendo mostrárselo todo.
— Y aquí, mira― señaló. ― Se las arreglaronpara poner un sistema de irrigación para que
todo esté regado. El jardinero vendrá dos veces a la semana, para deshierbar y esas cosas,
pero dijo que con el tragaluz allá arriba, todo debería crecer bastante bien. De esta forma, tú y
el bebé tendrán un lugar para correr y jugar en un entorno natural.
Regresó para pararse junto a Louis, ansioso por ver su reacción.
— Es seguro estar aquí, Louis, para ti y para el bebé. No hay plantas venenosas. No hay
forma de
que nadie entre. Puedes transformarte y venir aquí siempre que quieras.
— ¿Hiciste esto para nosotros? ― Susurró Louis.
— ¿Para los dos?
— Bueno, yo… ― Se lamió los labios secos.
— Eres un conejito. Nuestro bebé va a ser un conejito. Ambos necesitan un lugar seguro en
donde correr y jugar y simplemente ser ustedes mismos. Necesitas un lugar en donde puedas
estar en donde no sientas tanto el frío del invierno o sientas demasiado calor en verano, y
pensé que te gustaría esto.
Miró a su alrededor y de repente sintió que había cometido un gran error. Louis no estaba
diciendo nada. Ni siquiera estaba mirando la habitación. Sólo estaba ahí, mirándolo con una
curiosa expresión en su rostro, la cual no pudo descifrar.
— ¿Louis?
— Me amas ― , susurró Louis.
Una lágrima recorrió la mejilla de este.
— No, no, no llores, conejito. ― Se sintióde nuevo como un idiota. Sabía que esta era una
idea estúpida. ¿Acaso alguien había escuchado sobre un parque para conejitos en el interior?
― No se supone que llores. Si no te gusta…
— Lo amo. ― Louis sonrió resplandecientemente.
— Y te amo. Sus ojos quedaron estáticos. Lo llenó una alegría pura. ― ¿Sí?
Louis sonrió y comenzó a alejarse, moviéndole un dedo. Sus ojos color violeta, comenzaron a
oscurecerse. ― Tal vez no sea tan flexible como antes, pero podemos estrenar este lugar.
¿Cómo te sientes sobre tener sexo en las enormes puertas que dan hacía afuera?
Tragó con fuerza. Sentía como su corazón saltaba justo en su garganta.
— Estoy muy a favor de eso.
Final
Chapter Notes
See the end of the chapter for notes
Si lograba poner sus manos en Harry, iba a matarlo. Louis pasó hecho una furia por la puerta
de sus habitaciones tan rápido como le permitía su gran circunferencia y salió volando. Los
dos guardias parados afuera de su puerta, saltaron y se voltearon para mirarlo.
— ¿Dónde está ese dragón escupe-fuego bueno para nada con el que me apareé?
— Yo… er… ― , tartamudeó uno de los guardias.
— Creo que está en su estudio ― , respondióel otro, rápidamente.
Hizo su camino, pasando a los guardias y se fue pisoteando por el pasillo hasta subir por la
gran escalera. Podía oír a los guardias susurrándose el uno al otro, mientras lo seguían. Los
ignoró.
— Harry Styles, ― gritó, con toda la fuerza desus pulmones― , trae aquí tu negro y
escamoso culo de dragón, en este mismo minuto.
La puerta del estudio se abrió de golpe. Harry y Galan salieron corriendo. ― ¿Pasa algo
malo? ―Le
un conejito.
— ¿Acaso tu libro no decía, que podía haber más de un bebé conejito?― Preguntó Harry,
mientras se ponía de pie. Ayudándolo a levantarse y luego comenzando a conducirlo por el
pasillo, de regreso a sus habitaciones.
— Sí, pero…
— Entonces, tal vez, necesitaremos otra cuna,
¿hmmm? Nunca discutimos eso. Tal vez tengamos gemelos o trillizos.
— ¡Trillizos!
— Es una posibilidad, amor, ya lo sabes.
— Harry le palmeó la mano.
— ¿Recuerdas lo que dijo el Anciano de tu colonia? Podrías tener cinco crías en una camada.
— ¿Cinco? ― Sintió que sus piernasse tambaleaban. ― ¿Qué haríamos con cinco niños?
— Construirles una habitación más grande.
— Harry se rió entre dientes.
— Tengo miedo, Hazz ― admitió, por primera vez. ― ¿Qué sé yo de criar a un bebé?
— Sabemos, amor, nosotros vamos a criar a este bebé, no sólo tú. Y lo averiguaremos. No
harás esto solo.
— No, pero… ¡aahhh! ― Gritó, mientrasun profundo y repentino dolor se envolvía alrededor
de su abdomen. Nunca en su vida había sentido una agonía tan intensa. Sus rodillas cedieron,
y agarró a su pareja. Harry lo atrapó antes de que pudiera golpear el suelo y lo levantó en sus
brazos.
— ¿Louis?
— Creo… creo que el bebé viene en camino.
— Mierda, mierda, mierda― comenzó a jurar Harry, mientras se apresuraba por el pasillo.
— Galan, ve por el doctor. Louis entró en labor.
Los próximos minutos, fueron una bruma de actividad, mientras era metido en el dormitorio
rápidamente, desvestido, y colocado en el nido de mantas y almohadas que había construido
en la esquina de la habitación.
Lo observó todo, como si lo estuviera mirando a través de una niebla, lo único en lo que se
podía concentrar era en el dolor que desgarraba su abdomen. Tal repentinamente como había
comenzado, el borrón de actividad se detuvo. Sintió
una mano acariciando su desnudo estómago y se volteó para ver a Harry sobre él. Le dio una
débil sonrisa a su pareja.
— Hey.
— Hey, conejito.
— Supongo que ya es hora.
Harry sonrió. ― Supongo que ya es hora.
— ¿El doctor está en camino?
Exhaló un suspiro de alivio, cuando Harry asintió. Estaba muerto de miedo de que algo fuera
a salir mal. Quería a este bebé más que a cualquier otra cosa, excepto tal vez, por Harry. No
podía vivir sin su pareja, y no sólo porque la UPAC lo dijo.
La United Paranormal Alliance of Cooperation, o el Consejo de Ancianos como los llamaba
la mayoría, había jugado su jueguecito y en lo que concernía a él y a Harry, habían ganado.
Los dos eran cambiaformas de diferentes especies, que deseaban pasar el resto de sus vidas
juntos porque se amaban, no porque tenían que hacerlo.
— ¿Necesitas algo, amor?
Comenzó a sacudir su cabeza, cuando lo atravesó otra corriente de dolor. Lo sentía hasta la
punta de sus pies. Gritó hasta que su voz se rompió. Cuando el dolor comenzó a menguar,
notó que Harry estaba agarrando su mano. Dándole una mirada, se sorprendió de ver la
expresión de dolor en el rostro de su pareja.
— ¿Harry?
— Eso fue realmente intenso.
Parpadeó. El rostro de Harry estaba realmente pálido. ― ¿Sentiste eso?
— No como tú, pero… ― , hizo una mueca. ―De verdad odio verte sufriendo, conejito. Me
siento responsable.
Una carcajada de risa, se le escapó de los labios.
— Eres responsable, papi.
— ¿Papi? ― Harry comenzó a sonreír. Éstase volvió más y más grande hasta que todo su
rostro se iluminó. ― Me gusta eso… papi.
— ¿Cómo creíste que iban a llamarte? ¿Mamá?
El rostro de Harry se ruborizó. ― Supongo que en realidad nunca pensé en ello.
— Bueno… ― Hizo una mueca, cuando comenzó otra ola de dolor. ― Puede que quieras
empezar a pensar en eso, porque este bebé viene en camino.
— ¡No, no! ― Dijo Harry duramente, sus ojosse volvieron salvajes. ― No hasta que llegue
el doctor.
Negó con la cabeza. Sentía la incontrolable urgencia de pujar. ― No hay opción ― , jadeó.
— ¡Louis, no! ― La voz de Harry estaba llenade pánico, mientras bajaba los ojos, hacia la
parte inferior del cuerpo de Louis. ― Cruza tus piernas o algo.
— ¡Harry! ― Le gritó, hasta que el dolor obligóa que su voz gritara más fuerte. Para cuando
hubo acabado, Harry estaba arrodillado entre sus piernas, perlas de sudor goteaban por su
frente.
Este le pasó sus manos a través de su cabello, luego lo miró. ― De acuerdo, podemos hacer
esto. Leí todo lo que los Ancianos pudieron encontrar sobre conejos. Puede que no entienda
todo lo del útero temporal y el canal de parto, pero tengo mucha confianza en que podemos
hacer esto.
Se habría sentido mucho más seguro con las palabras de Harry, si las manos del hombre no
hubiesen estado temblando. ― Tengo miedo.
— No hay nada que temer. La gente tiene bebés todos los días. Vamos a hacerlo bien. ―
Los labios de Harry temblaron, mientras se convertían en una débil sonrisa. ― ¿Y no crees
que el doctor va a estar sorprendido, cuando llegue y ya no lo necesitemos?
Admiraba el toque de humor de Harry. Es sólo que sentía demasiado dolor como para
responderle. Comenzaba en su abdomen y envolvía todo el caminó hasta la mitad de su
espalda. Sentía como si hubiera garras tratando de desgarrarlo desde adentro.
— Está bien amor, puja.
Pujó. No tenía otra opción. Pujó y gruñó, tensándose, mientras pujaba para que el bebé
saliera. Oyó la exclamación de Harry, pero estaba jadeando demasiado como para poder
mirar. Simplemente cerró los ojos y dejó que su cabeza cayera, contra el montón de
almohadas.
— Mira lo que hiciste, conejito.
Abrió sus ojos y miró. Harry tenía un pequeño bulto envuelto en una manta azul, acunada en
sus manos. Se lo colocó en el pecho. Su boca se abrió con asombro.
— Un conejito negro ― susurró. ― Es un conejito negro.
— Lo es― Harry sonrió, como el orgulloso nuevo papi que era. ― Parte de mí y parte de ti.
Comenzó a estirarse para tocar al conejito bebé, cuando lo atravesó más dolor. Jadeó. ―
Harry, no creo que hayamos terminado.
Harry fue rápido, mucho más rápido de lo que habría imaginado. El conejito negro fue
transferido cuidadosamente a otra manta, y Harry fue a brindarle su ayuda con el siguiente
bebé― un hermoso dragón blanco.
Pero él no había terminado. Después de que nació el bebé dragón, un tercer bebé se unió a la
familia, uno que lo desorientaba tanto a él como a Harry. Era un conejito, pero tenía alas
como un dragón… ¿Una combinación de ambos, tal vez?
Lo acunó contra su pecho, mientras Harry traía la canasta y sacaba a los dos primeros bebés.
Notó las lágrimas recorriendo las mejillas de este, mientras miraba a los bebés.
— Míralos, conejito ― susurró Harry. ― Mira lo que hicimos.
Se rió del asombro en la voz de Harry. El hombre sonaba como si nunca antes hubiese visto a
un bebé. Se sentía adolorido y mareado y más cansado de lo
que podía recordar haberse sentido en su vida. Pero estaba feliz, y estaba con Harry y sus
bebés. Por ahora, eso era suficiente.
Louis acostó al último bebé en la cuna con sus hermanos, luego salió silenciosamente de
puntillas de la habitación de los niños, se apoyó contra la puerta y se rió suavemente.
Les había tomado una eternidad lograr que los tres pequeños se fueran a hacer una siesta. Los
bebés cambiaformas no eran para nada como los bebés humanos, especialmente aquellos que
aprendían rápidamente que tenían a su padre envuelto alrededor de sus deditos.
Harry se volvía un baboso, ante un quejido o un llanto. Venía corriendo ante el sonido más
pequeño. A los bebés les tomó alrededor de una semana averiguar eso. Una vez que había
aprendido a cambiar a su forma humana, no había nada que los detuviera. Querían a Harry
todo el tiempo.
Él estaba un poco envidioso de eso, pero tenía su propia conexión con los bebés. Ellos lo
querían si necesitaban acurrucarse o se sentían molestos.
Jeremy se rió y se empujó a propósito, contra su pareja. ― No dejes que este tipo grande te
engañe. Ama a los bebés, pero más de unas cuantas horas y comienza a arrancarse el pelo.
— No te preocupes, Harlan, no serán más de un par de horas. Harry y yo sólo necesitamos un
par de horas, para tener un momento de adultos.
Harlan y Jeremy sonrieron. Harlan ondeó una mano hacia él. ― Ve, divierte. Aquí estaremos.
Podemos llamar a Galan en caso de que necesitemos algo, y Carlos y Jenna vendrán a echar
un ojo en un rato. Estaremos bien.
No era lo suficientemente estúpido como para discutir. Agarró su pequeño bolso y lo
enganchó en su cinturón. Llevaba todos los suministros, en caso de que lograra echar un
polvo. Ahora, sólo necesitaba encontrar a su pareja.
Se despidió con la mano y salió por la puerta. Sospechaba que Harry estaba en su estudio, en
el piso de abajo. Ahí es donde estaba normalmente a esta hora del día. Saltaba ligeramente al
andar, mientras se encaminaba a las escaleras.
Acababa de alcanzar el final de las escaleras, cuando se abrió la puerta del estudio, y Harry
salió
con otro hombre que lucía ligeramente familiar. Se detuvo en el último escalón, no estaba
seguro si debería aproximarse o no. Harry estaba frunciendo el ceño.
— ¿Harry? ― Sabía que probablementeno debería haber interrumpido, pero no le gustaba
verlo tan ceñudo. Prefería ser castigado, antes que ver la frustración en el rostro de Harry. ―
¿Está todo bien?
Harry y el otro hombre se dieron la vuelta. Le sonrió en el momento en el que avistó. ― Hey,
conejito, ven a conocer al Anciano Solaris.
Avanzó, mirando al otro hombre sospechosamente.
Nada bueno podía venir de la visita de un anciano de la UPAC. Aun así, asintió
respetuosamente. Nunca avergonzaría a su pareja, en su propia casa.
— Anciano Solaris.
— Louis, ¿verdad? ― Preguntó el Anciano.
— Sí. ― Respiró un poco más tranquilo, cuandoel brazo de Harry se envolvió alrededor de
sus hombros.
— Entiendo que las felicitaciones están a la orden.
Se preguntaba, cuánto le había dicho Harry al Anciano. No estaba preocupado por el bebé
conejo o el dragón que había dado a luz. Ellos serían aceptados en toda la sociedad de los
cambiaformas.
Su preocupación yacía en el más pequeño, el hibrido entre él y Harry. Se había pasado
bastante tiempo de su vida, siendo diferente y sufriendo el ostracismo a causa de esa
diferencia. No quería eso para su hijo.
— Gracias por su interés, Anciano― dijo Harry.
— Los tres están saludables y felices. Lo llevaríaa verlos, pero es la hora de su siesta, y muy
pocas veces podemos hacer que se duerman al mismo tiempo.
Respiro aliviado. Harry no iba a decirle al Anciano que los bebés eran algo más que eso.
Debería haberlo sabido. Harry era fieramente
— Ya veremos― dijo Harry rápidamente. ―Creo que le daremos un poco de tiempo, antes
de que acordemos reunirnos con cualquiera de ellos. No quiero poner en peligro a mi pareja.
— Muy bien― El Anciano asintió. ―Puedo entender tu preocupación, pero la próxima
reunión no será hasta dentro de cuatro años. Hay un montón de tiempo para que el crezca y se
fortalezca el vínculo de Derek con su pareja, tal como el que hay entre tú y la tuya.
— Nuestro vínculo es perfecto― protestó.Le ofendía que alguien cuestionara el vínculo entre
él y Harry.
— Bien, bien ― dijo el Anciano. ― Mealegra escuchar eso. No todos han sido tan
afortunados como ustedes dos.
— Entonces, tal vez, ustedes deberían haber pensado en eso antes de que empezaran a
entrometerse en nuestros apareamientos ― , espetó.
— ¡Louis! ― Exclamó Harry.
— Oh, por favor. ― Rodó los ojos. ― Estabas pensando lo mismo.
ser tocado, acariciado. Su culo dolía por ser llenado, sólo como podía hacerlo Harry. Habían
pasado eones.
— Hey, amor, qué querías… ― Sonrió, cuando oyó la brusca inhalación de Harry. ―
Jódeme ― , susurró el hombre.
Se apoyó en sus codos y le dio un guiño a Harry.
— Preferiría que me jodieras a mí.
— ¿Está bien? ― Preguntó Harry, rápidamente. Parecía dudar, pero sus ojos hambrientos lo
estaban devorando. ― ¿El doctor te dio luz verde?
Louis levantó el pedazo de papel que le había dado el doctor. Sabía que Harry no lo follaría a
menos que estuviera completamente saludable. Harry era un fanático en cuanto a cuidar de él
y de su salud.
— Tengo una nota del doctor justo aquí. ― Dejóque el papel revoloteara hasta el piso y
agarró su dura polla, acariciándose, mientras incentivaba a Harry a que se apresurara. Quería
algo largo y duro en su culo, y pronto.
— Y un condón.
La sonora carcajada de Harry llenó el aire, mientras cruzaba la habitación, quitándose la ropa
mientras lo hacía. ― Siempre supe que eras un conejito inteligente.
Sonrió con alegría.
— Ahora, ― dijo Harry mientras dejaba caerla última prenda de su ropa en el piso y se
inclinaba sobre su cuerpo, ― ¿qué más tienes para mí?
Sonrió y envolvió sus piernas alrededor de la cintura de Harry. ― Sería mucho mejor si te lo
muestro ― , dijo mientras lo agarraba del cabello y raba de su cabeza para darle un beso.
Harry le permitió hacerlo a su manera por unos diez segundos, antes de tomar el control del
beso, reclamándole la boca con un hambre que le hacía temblar. No había nada en la tierra,
como ser reclamado por un dragón.
— Te extrañé, Harry ― , susurró, cuandose apartaron en busca de aire.
— No he ido a ningún lado, amor.
Echó su cabeza hacia atrás, cuando Harry comenzó a acariciar su cuello con su nariz. Se
sentía caliente. Pequeños zarcillos de electricidad
Harry rugió y lo azotó. Nubes de humo negro comenzaron a salir en espiral de sus fosas
nasales. El escritorio crujió bajo el poder de los empujes de Harry. Su cuerpo le dolía. El
mundo empezó a reducirse a la polla dura en su culo y al hombre cubriéndolo encima de él.
Cuando los afilados dientes de Harry se hundieron en su cuello, su grito llenó la habitación.
Un orgasmo de proporciones épicas se apoderó de él. La caliente semilla salió disparada de
su polla, la cual no había tocado, y manchó sus cuerpos.
Se quejó y dejó caer su cabeza hacia adelante, cuando Harry lo alzó en el aire
repentinamente. Sus piernas cayeron y unas fuertes manos agarraron su trasero, separando las
mejillas de su culo, mientras Harry continuaba embistiéndolo.
Esperaba que Harry se sentara en una de las sillas de su estudio o al menos lo empujara
contra la pared. No esperaba que el gran hombre solo se quedara allí parado, subiéndolo y
bajándolo, empalándolo una y otra vez.
Miró a Harry. Se sintió de diez pies de altura, cuando vio el deseo ardiendo en los ojos de este
y la forma en que su mandíbula se tensaba. El hombre
estaba cerca, tan, tan cerca que podía verlo. Podía sentirlo en la tensión del cuerpo de Harry.
Sin pensar en las consecuencias, se inclinó hacia adelante y hundió sus dientes en los
músculos del pectoral de Harry. Un ligero sabor cobrizo llenó su boca, incluso cuando el
feroz rugido de Harry llenaba sus oídos.
Fuego lamió sus hombros y su columna. Poderosos disparos de semen llenaron su culo como
lava caliente. Gritó, mientras su cuerpo se calentaba. Estaba rodeado, por dentro y por fuera,
por el fuego del dragón, su dragón.
Harry estaba jadeando con dificultad, mientras lo acostaba gentilmente en el escritorio y se
inclinaba sobre él. Todavía podía sentir pequeños temblores sacudiendo el gran cuerpo de su
pareja. Se estiró y quitó el cabello húmedo por el sudor, del rostro de Harry.
— Te amo, Hazz.
Harry le dio un intento poco entusiasta de un gruñido, entonces comenzó a reír. ― Realmente
amo estar apareado con un conejo.
Chapter End Notes
Buenas noches mis pequeños girasoles, aquí les dejo otra adaptación, muchas gracias
por todo el apoyo.
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