INTRODUCCIÓN
El estudio de la exhibición documental, es la más gran importancia
para aquellas personas que de una u otra manera nos encontramos
vinculados con el derecho, en especial, nosotros los profesionales del
derecho “ abogados ” que en el ejercicio de esta profesión tan honorable
andamos en busca de la justicia en la solución de las controversias entre
los ciudadanos, con la exhibición documental en el debate judicial para el
reconocimiento de los derechos que viene hacer la consecuencia a favor de
las documentación alegada y probada en el transcurso de un proceso para
llegar hasta la decisión.
A través del presente trabajo, pretendo ampliar mis conocimientos
en lo que se refiere a la exhibición documental, así como los principios
procesales que la regulan en las distintas legislaciones y poder expresar
que soy un especialista en materia de prueba documental tal como lo
expresa mi facilitador en materia de derecho probatorio
La exhibición documental
Exhibir (exhibitio-nis, exhibeo-ere) es “tener a la vista” “tener
afuera”. El significado procesal del término, si bien implica poner a la
vista algo, en razón de la problemática, tiende a señalar con mayor
precisión la acción de obtener dentro de un proceso que ponga algo a la
vista.
En el juego procesal nos será fácil mostrar cosas e instrumentos del cual
podamos disponer, que hagan triunfar nuestro interés en el juicio. Lo que
crea y genera problemas, es cuando nosotros tenemos la cosa o la prueba
que necesita la contraparte o un tercero para triunfar en el proceso o
viceversa. De allí, que tradicionalmente se ha permitido y creado en las
legislaciones, mecanismos que operen esa obtención de parte del
adversario o de un tercero que le imponga la exhibición del objeto, del
instrumento o cosa que se necesita para probar algo dentro de un proceso,
bien por medio de consagración doctrinal o por vía legislativa o
jurisprudencial.
Aparentemente el problema es claro y las posibles soluciones son fáciles de
plantear y de dar. Pero no es así, menos cuando estudiamos la salida
legislativa venezolana, que si bien consagra tal posibilidad, no regula su
tramitación, ni establece sanción para la negativa a exhibir, salvo en
algunas materias específicas.
Dice nuestro legislador que se puede pedir la exhibición de la cosa o del
instrumento que sea objeto de la acción, o que fueren necesarios para
hacer una prueba conducente.
Al analizar ese contenido normativo, nuestra doctrina tradicional, sostiene
que tiene por objeto pedir la presentación ante el juez de una cosa mueble
o de un documento, e igualmente afirma que no es un medio probatorio,
sino un recurso para lograr la exhibición de algo.
Para nosotros la exhibición es un mecanismo procesal accionado por
el interesado, parte o juez, en lograr que se vea en el proceso, obteniéndolo
de la conducta del adversario o del tercero por decisión judicial, una cosa,
un instrumento o cualquier cosa, por ser el objeto principal o accesorio del
juicio, o que fuere necesario para hacer la prueba en él.
Nuestro legislador afirma que se puede obligar a exhibir, pero no
estableció ningún medio coactivo que hiciese correcto el uso de ese
término. Podríamos pensar, que la parte con la carga probatoria no puede
cumplirla por estar su objeto en la tenencia del adversario o del tercero,
entonces luego de alegar y demostrar tal situación, hace recaer dicha
carga, por decisión ordenatoria del proceso, sobre el adversario o tercero
tenedor. Pero no es una carga procesal lo que se crea en la cabeza de estos
últimos, porque su no-realización, no perjudica el propio interés, sino el
del solicitante, y se da un derecho a éste al plantearla y obtenerla.
Solamente encontramos que lo surgido en la decisión de exhibición es la
necesidad de observar determinada conducta, o sea un típico deber
procesal que dista y se contrapone al propio interés, sobre cuyo
incumplimiento, no queda sino establecer presunciones; en especial la de
que exhibiría si le favoreciera, pudiéndose determinar posteriormente la
responsabilidad por los daños y perjuicios que se causaren, así como
posibles efectos de invalidación.
El interesado tiene la carga de aportar el objeto de su prueba o
acción, pero ante la imposibilidad por falta de tenencia y posesión, hace
crear por decisión ordenatoria del proceso, en incidencia interlocutoria,
un deber de aportación en el adversario o en el tercero, cuya negativa sólo
puede fundamentar presunciones de existencia y responsabilidad. Esta
afirmación es valedera para nuestro ordenamiento procesal.
Aún en los más antiguos sistemas procesales del mundo occidental el
mecanismo de exhibición se da y no controvierte el derecho de propiedad y
de posesión. Hoy en día, si bien se le concede al propietario la facultad de
usar, gozar y disponer en forma exclusiva de su propiedad y al tenedor y
poseedor se le otorgan una serie de derechos, sin embargo se les somete a
las restricciones y obligaciones establecidas en la ley e inclusive
constitucionalmente se le atribuye a la propiedad una función social que la
somete a contribuciones, restricciones y obligaciones que se establezcan en
las leyes con fines de utilidad pública o de interés general.
Ahora bien, el deber de exhibir no significa pérdida, expropiación o
confiscación del objeto de ella, solamente implica ponerlo a la vista, con el
fin de que se tome cuenta de él dentro del proceso y produzca sus efectos,
fundamentándose en una estructura procedimental preexistente, con
fundamentos en derechos constitucionales que garantiza a todos los
ciudadanos la obtención de justicia y la inviolabilidad de su derecho de
defensa.
No podría un poseedor o tenedor negarse a exhibir en uso de los
derechos que le otorga su propiedad, ya que ella no está en juego, aunque
surge restricción provisional de su tenencia y posesión a los solos fines de
una verificación probatoria.
Si del instrumento se desprendiera una implicación delictual o algo
infamante para su tenedor o parientes protegidos, no podría obligársele a
presentárselo si se acogiera al principio constitucional contenido en el ord.
4, del art. 60 de la constitución, pues declarada es un concepto que no solo
abarca la exposición oral, sino también los elementos concretos del hecho
que pueda tipificar el delito.
En la estructura jurídica romana la acción ad exhibendum perseguía
la manifestación de la cosa mueble.
Al ir a la reivindicación o a cualquier acción, que persiguiera una
cosa mueble, se podía previamente con la ACTIO AD EXHIBENDUM
lograr la presentación de la misma, para verificar su identidad y posesión.
Se debía probar el interés en la acción e implícitamente el derecho que se
iba a ejercer. Se calificaba entre los procesos sumarios, que son ligeros y
cuyas pruebas no son plenas, sino que basta con que se logre un
conocimiento sumario.
En efecto, según “Justiniano” la acción ad exhibendum es arbitraria,
porque depende del arbitrio del juez el dar al demandante la satisfacción
que el demandado no otorga, teniendo la facultad de estimar, con atención
a la equidad y según la naturaleza de cada cosa en particular la
consecuencia dable.
El derecho Canónigo, en materia probatoria, regula la exhibición
documental, tanto la que está en manos del adversario como del tercero,
mediante demanda si se niega a exhibir. Están obligados a presentar
documentos referidos a ambas partes, salvo que de él provenga daño de
infamia o molestias graves para él y sus consanguíneos y afines en línea
recta y en primer grado en la colateral o que implique violación de un
secreto oficial. Ante la negativa a exhibir el juez, a instancia de parte,
decide incidentalmente si debe exhibirse y la forma de hacerlo si es
procedente. Y ante la negativa del obligado queda al juez estimar si ha de
tenerse como una confesión la misma.
En la España colonial era posible la exhibición sobre la base de una
obligación del demandado.
En la España de hoy se acepta la preparación del juicio pidiendo la
exhibición de la cosa mueble que haya de ser objeto del mismo o del
documento sucesoral, títulos o documento de la venta. En estos casos la
negativa sin justa causa, produce la obligación de reparar daños y
perjuicios y se consagra la no-obligación del tercero a exhibir los
documentos privados de su exclusiva propiedad, salvo que consienta en
ello.
En el sistema alemán occidental actual, se coloca la exhibición en
materia probatoria instrumental, al preveer que pueda estar la prueba en
manos del adversario o de un tercero. La petición debe ser fundada y
ordenada la exhibición, nace la obligación de realizarla. Si el adversario se
niega, surge una vía accidental, que se resuelve al finalizar la misma en el
fondo del asunto, si toca a éste. Ante el no-acatamiento de la orden de
exhibir, el tribunal puede aceptar el texto propuesto por el promovente o
tomar como ciertas sus afirmaciones sobre la naturaleza y contenido del
instrumento. Cuando se trata de un tercero, se le fija un plazo de
aportación e igualmente se contempla la posibilidad de que el documento
esté en poder de alguna autoridad estatal, caso en el cual se acordará si es
posible administrativamente y si la parte no lo puede obtener en otra
forma.
En Italia, en materia probatoria, se prevé la exhibición de
documentos o de cualquier otra cosa, inclusive de personas, que sean
necesarias al proceso, tanto del adversario como del tercero, pudiendo el
juez providenciar la oportunidad y características de la misma. Se acepta
la exhibición preparatoria del juicio y se establecen normas para
equilibrar el derecho del tercero con la obligación que se le impone de
exhibir algo, fijándose los medios de ejecución, tales como copias
manuscritas o fotográficas, igualmente regula la exhibición frente a los
órganos gubernamentales.
En el sistema norteamericano, dentro del período probatorio,
mediante una moción de parte que demuestre causa buena y con
notificación de las demás partes, se puede obtener una orden del juez para
que cualquier parte permita Inspección, copia o fotografía o presente al
proponente, de cualesquiera documentos, papeles, libros, cuentas, cartas,
fotografías, objetos o cosas tangibles no privilegiadas, que constituyan o
contengan evidencias conexas a las cuestiones debatidas, que se
encuentren en su posesión, custodia o control. La orden especificará la
forma (tiempo, lugar y manera) de realizar la exhibición de documentos en
posesión de terceros, pero se les debe oír como testigos y hacer una
notificación previa.
La negativa a exhibir provoca las sanciones y consecuencias
previstas para la declaración bajo juramento; y a la parte que se ha
negado a exhibir, no se le admite una posterior promoción de lo que haya
negado tener u omitido producir al ser intimado. Prevé el caso de que
surjan inconvenientes de no saberse el lugar donde se encuentren
determinados documentos. Para lograr en estos casos la exhibición, se da
una vía por medio de la cual se obtiene una orden judicial para que la
contraparte o el tercero declaren bajo juramento, si los documentos se
encuentran en su posesión y si no lo están, que les ha sucedido.
Entre las legislaciones de los países latinoamericanos encontramos
que en México se establece la exhibición por las partes o terceros, de cosas
o instrumentos, con sanción ante la resistencia, de tener por ciertas, las
afirmaciones del solicitante, salvo prueba en contrario y para el tercero de
impelerle con apremios eficaces. Se oyen objeciones y se deciden sin
recursos.
En la Argentina se puede preparar el juicio promoviendo la
exhibición de la cosa mueble que haya de pedirse por acción real, la del
testamento, títulos u otros documentos de la venta, o documentos de la
sociedad o comunidad.
En el Perú se acepta la exhibición de la cosa o de instrumentos
necesarios al juicio, tanto en incidente preparatorio como en el juicio
mismo. Se sanciona la negativa a exhibir con la detención del responsable
del incumplimiento y en cuanto al colitigante obligado a ello, el juez puede
requerirlo bajo apercibimiento de tenerse por verdadera la copia que
hubiese presentado el solicitante o exactas las afirmaciones que hizo sobre
el mismo.
En las Legislaciones socialistas varían los fundamentos del
problema, al no surgir dificultades en cuanto al sometimiento al interés
judicial de la propiedad o posesión particular que exista sobre un objeto de
necesaria incorporación al proceso. El Juez Civil está obligado y
facultado, con instrumento idóneo, para lograr esa incorporación, porque
fundamentar su actividad en el conocimiento de la realidad objetiva y no de
la formal, con la cual nos contentamos nosotros. Si bien varía el
fundamento, es necesario y se da el mecanismo de exhibición con sus
características de obligatoria realización, nacida al calor de la urgencia de
hacer la justicia.
En la Legislación Republicana de nuestro país, surge la posibilidad de la
exhibición en el Código de Procedimiento Civil de 1897 en un solo artículo
que la establece y el cual viene repitiéndose en los sucesivos Códigos.
Nuestro sistema, comparativamente a los analizados, es deficiente, al no
regularse y reglamentarse su procedimiento, creando numerosos e
interesantes problemas, quedando la institución sometida a un estado de
penumbra, con poco tratamiento doctrinal y jurisprudencial y un casi total
olvido en la vida práctica del ejercicio de la abogacía, pese a su utilidad
práctica y a su necesario uso, que cada día se va imponiendo.
Caracteriza a nuestro juicio las normas procesales, su finalidad y
practicabilidad. Y en la medida de que se logren, puede hablarse de su
adecuación real, de vigencia efectiva, de su utilidad social. Cuando
encontramos consagrada una vía, pero ella no opera en la realidad, es
como si no existiera. Se convierte en la burla sangrienta de la cual nos
habla Calamandrei.
De allí que la exhibición tiene que lograr una conducta procesal
venciendo el muy posible poco o aún opuesto interés del tenedor o
poseedor de la cosa o del instrumento, para que éste lo incorpore al
proceso, ya bien por serle perjudicial o tema que así sea; o bien, por un
simple deseo de entorpecimiento. De allí que no basta enunciar la facultad
de requerir la exhibición, sino que se hace necesario tramitarle, reglar su
forma, realizarla, brevemente, sin un excesivo costo y sancionar la negativa
a efectuarla, creando una presunción de existencia o sancionando al
renuente para hacerlo, efectuar lo deseado, todo ello dentro de normas que
a su vez, el sometido a ellas, goce de un bien canalizado procedimiento,
donde su defensa sea plena y efectiva para que no se causen perjuicios ni a
una ni a otra parte, ni se haga uso deshonesto de esta vía. Difícil tarea, ya
que quien pretende construir legislando o haciendo doctrina o actuando
como juez, tiene que usar de los instrumentos jurídicos más adecuados
para que su labor no sea errónea, no cause injusticias, ni sea inoperante, ni
lleve a los hombres a la ley de la selva.
En razón de la oportunidad de plantearse la exhibición, podemos
dividir nuestra atención entre la posibilidad de presentarla y obtenerla
antes de iniciar el proceso, variante que en aparte especial, y su
presentación dentro de un proceso, ya por vía de juicio principal o bien por
el camino de un incidente.
Cuando es solicitada por el camino de un litigio cuyo objeto
principal es la misma exhibición, sus características, modalidades y
vicisitudes serán las propias de todo proceso que persigue la condena de
alguien a realizar una conducta, que será en este caso la exhibición de la
cosa mueble o del instrumento objetos de una acción o que fueren
necesarios para hacer una prueba pertinente.
Veremos luego, cómo en el juicio de exhibición surgirán problemas
en su ejecución ante la negativa del condenado a realizar lo que es propio
de una conducta.
Se acepta la procedencia de la vía principal de exhibición, pese a
que su consagración se ha hecho en el segundo párrafo de un artículo
dedicado a los medios probatorios, por el hecho de que al confundirse el
objeto de la exhibición con el objeto mismo de la acción, esa identidad ha
de ser demandada en forma acumulativa. A lo cual se agrega que en la
mencionada norma no se establece un procedimiento especial para tal
efecto, siendo entonces aplicable la disposición contenida en el articulo
234 del C.P.C., que somete las “cuestiones que se susciten entre partes en
reclamación de algún derecho”, a ser ventiladas “en juicio ordinario”.
Feo (obra citada en bibliografía, Tomo II, página 77) sostiene que de
la redacción usada por nuestro legislador consagró la doctrina que
permite el uso de ambas vías.
Casos concretos donde se ha de seguir esa vía serán los
consagrados en el artículo 1.981 del Código Civil, así como en la
necesidad para estimar el valor de las cosas adheridas inseparables del
artículo 572 ejusdem; para los socios no administradores, artículo 1.669
ejusdem o frente al comunero depositante del instrumento común, artículo
1.080 ejusdem; y en casos semejantes, cuando surja resistencia de hacerlo
extrajudicialmente.
Otros casos, la exhibición se hace parte de la naturaleza de ciertos
procedimientos especiales como sucede en la rendición de cuentas (articulo
657 C.P.C.)donde con las mismas se ha de exhibir los libros, instrumentos,
comprobantes y papeles, pero su no-presentación puede ser compelida con
multas diarias; igualmente al producirse la reunión para elegir partidor
(articulo 684 C.P.C.) el administrador debe presentar los documentos que
sean necesarios para la partición; cuando en el deslinde surge oposición,
la persona que lo formula debe presentar el título de sus tierras o algún
instrumento supletorio suficiente para su examen (articulo 647 C.P.C.) y el
opositor a una medida preventiva debe adjuntar prueba fehaciente de su
derecho a poseer o tener la cosa por un acto jurídico que la ley no
considere inexistente (articulo 469 C.P.C.) aunque estos dos últimos casos,
conjuntamente con la obligación de acompañar al libelo el instrumento del
cual se derive inmediatamente la acción deducida (articulo 238 C.P.C.)
son típicas cargas para quien es tenedor, pero surgirán problemas de
exhibición cuando esa tenencia esté en el adversario o en un tercero.
Casi innecesario se hace el sostener que al aceptarse la procedencia
de la exhibición en juicio ordinario, lo será también por la vía
reconvencional, incorporada en nuestro procedimiento en la oportunidad
de oponer las defensas de fondo el demandado.
Es indudable que dadas las posibilidades de acumulación de
acciones en nuestro sistema, al lado de la demanda de exhibición pueden
adjuntarse otras pretensiones o ejercerse en forma subsidiaria.
La forma incidental, es la que creará mayores dificultades en su
interpretación y realización práctica, pues en un proceso que cursa se
pretende que la contraparte o un tercero presenten una cosa mueble o
instrumento necesario al desarrollo del juicio, por ser su objeto o
servir para hacer una prueba, careciendo nuestra legislación procesal
de una adecuada reglamentación de ese incidente y luego, como lo
vimos con el caso del juicio principal de exhibición, no se estableció
a la negativa de la misma.
Recordemos que hemos considerado desde el primer momento a
la exhibición como mecanismo, a diferencia del medio propiamente
dicho, por no crear este directamente la verificación de una
afirmación. Partir de esta concepción es empezar a realizar una
labor descriptiva en la tarea que nos hemos propuesto.
La vía incidental se dará dentro de un proceso en curso, por
tanto sufrirá sus vicisitudes y esta destinada a surtir efectos de
ordenación procesal dentro del mismo. Surgirá en el juicio ordinario
o en el breve, en una jurisdicción común o en la especial e inclusive
es admisible su aparición en los procedimientos especiales, cuando en
ellos es procedente la labor probatoria.
Son actores en el mecanismo de exhibición cualquiera que siendo
parte en el proceso y teniendo la carga probatoria, a su vez este interesado
en que se produzca la exhibición; e inclusive en los casos de litisconsorcio
podrá ser operado por uno, no sólo contra terceros y adversarios, sino
frente a su propio litisconsorte, corriendo los riesgos de su tarea y
compartiendo los resultados beneficiosos de la misma.
En cambio, se ejercerá la exhibición, contra adversarios o
contraparte, litisconsorte y terceros, que tengan o posean, por cualquier
razón, la cosa o instrumento que se pretende, creándoles el deber de
realizarla.
Debemos observar que ese término tercero está dado en
consideración a la situación que tiene una persona con relación a una
posición procesal original, la cual le es extraña, pero que para su
establecimiento, por ser esa persona poseedora o tenedora de algo, se ve
afectada por un procedimiento judicial, donde serás parte plenamente del
mecanismo. Paradojal, pero ciertamente correcto.
En fallos de instancias (11-5-51 DFSC1-32-6) se ha sostenido que
la exhibición opera contra terceros por no limitar el artículo que la
consagra su esfera a las partes y acoge el criterio de Feo, de que probada
la tenencia de lo que se requiere en exhibición, el llamado a ella tiene
derecho a defenderse en la incidencia que se abra (23-7-52-DF1C1-205-1).
Se opina que la promoción debe hacerse de acuerdo con el objeto
que se persiga, sometiéndose al régimen de promoción y evacuación de la
prueba que en definitiva se busca realizar, manifestándose que el régimen
de la exhibición no está sometido al sistema genérico de pruebas porque la
ley no lo establece así. O sea que si queremos obtener un instrumento
privado, será en el lapso de promoción de éstos, cuando debemos promover
su exhibición, etc.
Agregan los autores tradicionales, como requisitos de promoción,
que debe demostrarse que el requerido en exhibición posee o detenta la
cosa, o instrumento objeto de la causa o que permite hacer una prueba. E
igualmente se deberá comprobar el interés en operar el mecanismo.
Es nuestro criterio que se exige demasiado, sea una acción
principal o incidental, se debe pretender y con ello basta para su
planteamiento. Vendrá tiempo para comprobar el interés y la tenencia
afirmada, tal como lo veremos en el desarrollo que haremos del
procedimiento de evacuación. El juez debe admitir la exhibición con los
mismos elementos técnicos con los cuales acepta cualquier instrumento
probatorio, que solamente sufre un examen provisional y rápido sobre su
conexión o pertinencia y en cuanto a su admisibilidad legal, dada por la
existencia de alguna norma prohibitiva, quedando la posibilidad de objetar
la admisión por promoción extemporánea o incorrecto planeamiento.
A esta conclusión hemos llegado al estudiar la acción principal de
exhibición, que por ser un juicio ordinario, salvo en lo referente a
documentos fundamentales, las pruebas de lo afirmado quedan para el
lapso respectivo.
No podría pensarse en forma diferente en la incidencia, porque no
habría razón para esa distinción y por otra parte, la carga de la prueba no
puede determinarse a priori, ya que inclusive puede surgir la aceptación
voluntaria de la parte contraria o del tercero llamados a exhibir.
Solamente si éstos contravierten, es cuando se presentará para el
interesado el deber de probar la existencia del objeto y su tenencia por el
llamado a la incidencia y la necesidad de realizar ese acto.
Efectuada la admisión, los medios de ejecución son los de fijar a las
partes que están a derecho, hora y día para contestar la proposición de
exhibición y en caso de tercero, igual fijación pero mandando se le
notifique personalmente. En caso de que esto no sea posible, en nuestra
opinión se podrán aplicar los medios y procedimientos de la citación por
carteles, llegándose al nombramiento del defensor, en cuya persona se
entenderá la notificación para que proceda a la exhibición. Esto en razón
de que habrá que oírsele para resolver y declarar el deber de exhibir.
La decisión de admisión no prejuzga sobre el fondo de la incidencia
SECCION DE JURISPRUDENCIA
Exhibición de Instrumentos.
DFSC1-32-11-5-51.
El artículo 288 del C. De P. C. Habla de que puede obligarse el poseedor
a exhibir la cosa o el instrumento que sea objeto de la acción o que fuere
necesario para hacer una prueba conducente, y poseedor puede ser una de
las partes como un tercero. No limita pues, dicha norma legal la exhibición
a las partes, sino que la extiende también a los terceros, criterio que es el
aceptado por nuestros procesalistas.
Exhibición de Instrumentos
DFIC1-205-1-23-7-52 (Vol. I: 1)
Conforme al artículo 288 del C. De P.C.. puede también pedirse la
exhibición de la cosa o del instrumento que sean objeto de la acción y
puede obligarse al poseedor a exhibirlos, para lo cual estimará el juez las
circunstancias, todo sin perjuicio de las disposiciones especiales. Sobre
esta exhibición enseña el expositor nacional Dr. R. F. R., que si se
empleare esa prueba como incidental en un juicio incoado ya, es preciso
presentar la comprobación de ser tenedor la persona a quien se pide la
exhibición, la cual tiene derecho de defenderse en la incidencia que ha de
abrirse.
INDICE
Introducción--------------------------------------------------------------------------1
Exhibición documental--------------------------------------------------------------2
Etimologuia-------------------------------------------------------------------------
--2
Exhibición como mecanismo
procesal--------------------------------------------3
Exhibición comparada--------------------------------------------------------------6
Exhibición patria-------------------------------------------------------------------11
Exhibición incidental--------------------------------------------------------------12
Jurisprudencia---------------------------------------------------------------------17
Concluciones-----------------------------------------------------------------------
18
Bibliografia-------------------------------------------------------------------------
19
CONCLUSIÓN
Después de haber realizado la investigación concerniente a la
exhibición documental, se concluye, que la misma regula los fnómenos
estrictamente procesales, pautando los requisitos, maneras que deben
observarse para la realización del debate judicial, desde su sustanciación
hasta su fin, a través de las oportunidades procesales.
La exhibición documental son regidas por normas de derecho
público, siendo en su mayoría facultativas, sin embargo el legislador
consideró en algunos o diversos casos la voluntad de las partes, dandole de
esta manera las pautas procesales de carácter dispositivas o supletorias.
La exhibición documental puede ser de aplicación inmediata, es
decir, que comienza a regir una vez que entra en el proceso principio
procesal establecido en el Código de Procedimiento Civil vigente y su
aplicación en el espacio que rige principalmente la lex foris, la ley del
territorio donde se tramita el proceso, territorialidad absoluta consagrada
en el Código de Bustamante, artículo 314.
La característica más resaltante de la exhibición documental es en la
ley norteamericana, que una vez que se le exige a la parte la exhibición del
documento éste tiene que exhibirlo porque de lo contrario sería castigado
con la no presentación aunque esta lo beneficiara si pudiera presentarlo,
esto nos permite diferenciar el sistema de exhibición documental
venezolano de otros sistemas de exhibición documental de otros países.
La exhibición documental en estudio, de acuerdo a la especialización
que realizamos, es del Código de Procedimiento Civil vigente, del Código
Civil vigente, contexto legal en el cual se encuentran establecidos todos y
cada uno de los principios de exhibición, siendo los mismos los
determinantes de la actividad procesal, tanto por parte del juez como de
las partes en el proceso.
BIBLIOGRAFIA
Código de Procedimiento Civil (Gaceta Oficial Extraordinaria 3604)de
la República de Venezuela.
CALVO BACA, Emilio. Código Civil. Ediciones LIBRA.
Constitución Nacional de la República de Venezuela.
SANTANA MUJICA, Miguel Eduardo. Documento Público y
Privado. Ediciones FABRETON. 1997.