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3.

Los principios del sacerdocio

3.0

Introducción
El sacerdocio es la autoridad y el poder de Dios. Por medio del sacerdocio, el Padre Celestial realiza Su
obra de “llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (Moisés 1:39). Dios otorga autoridad y
poder a Sus hijos e hijas en la tierra para que ayuden a realizar esa obra (véase el capítulo 1).

3.1

La restauración del sacerdocio


La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es la única organización sobre la tierra con la
autoridad del sacerdocio. El profeta José Smith recibió el Sacerdocio Aarónico y sus llaves de Juan el
Bautista (véase Doctrina y Convenios 13:1), y recibió el Sacerdocio de Melquisedec y sus llaves de los
apóstoles Pedro, Santiago y Juan (véase Doctrina y Convenios 27:12–13).

En el Templo de Kirtland, Moisés, Elías y Elías el Profeta se aparecieron a José Smith y le entregaron la
autoridad adicional necesaria para llevar a efecto la obra de Dios en los últimos días (véase Doctrina y
Convenios 110:11–16).

Cada uno de los miembros de la Primera Presidencia y del Cuórum de los Doce Apóstoles posee todas esas
llaves del sacerdocio hoy en día. Estos líderes llaman y autorizan a otros miembros de la Iglesia a utilizar
la autoridad y el poder del sacerdocio de Dios para ayudar en Su obra de salvación y exaltación.

3.2

Las bendiciones del sacerdocio


Dios pone al alcance de todos Sus hijos grandes bendiciones mediante los convenios y las ordenanzas del
sacerdocio. Entre esas bendiciones se encuentran:

El bautismo y el ser miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

El don del Espíritu Santo.

Participar de la Santa Cena.

La autoridad y el poder para servir en llamamientos y asignaciones de la Iglesia.

Recibir la bendición patriarcal y otras bendiciones del sacerdocio de salud, consuelo y guía.

Ser investido con el poder de Dios en el templo.

Ser sellado a los miembros de su familia por la eternidad.

La promesa de la vida eterna.

Los hijos de Dios pueden recibir estas bendiciones del sacerdocio y experimentar gran gozo cuando viven
el Evangelio de Jesucristo.
3.3

El Sacerdocio de Melquisedec y el Sacerdocio Aarónico


En la Iglesia, el sacerdocio tiene dos partes: el Sacerdocio de Melquisedec y el Sacerdocio Aarónico (véase
Doctrina y Convenios 107:1).

3.3.1
El Sacerdocio de Melquisedec
El Sacerdocio de Melquisedec es “el Santo Sacerdocio según el Orden del Hijo de Dios” (Doctrina y
Convenios 107:3). Es el poder mediante el cual los hijos y las hijas de Dios pueden llegar a ser como Él
(véanse Doctrina y Convenios 84:19–21; 132:19–20).

“El Sacerdocio de Melquisedec posee el derecho de presidir”. Tiene “poder y autoridad sobre todos los
oficios en la iglesia en todas las edades del mundo, para administrar en las cosas espirituales” (Doctrina y
Convenios 107:8). Mediante esta autoridad, los líderes de la Iglesia dirigen y administran toda la obra
espiritual de la Iglesia (véase Doctrina y Convenios 107:18).

El Presidente de la Iglesia es el sumo sacerdote que preside el Sacerdocio de Melquisedec (véase Doctrina
y Convenios 107:65–67). El presidente de estaca es el sumo sacerdote que preside la estaca (véase
Doctrina y Convenios 107:8, 10; véase también el capítulo 6 de este manual). El obispo es el sumo
sacerdote que preside el barrio (véase Doctrina y Convenios 107:17; véase también el capítulo 7 de este
manual).

Para obtener información sobre los oficios y las responsabilidades del Sacerdocio de Melquisedec, véase
8.1.

3.3.2
El Sacerdocio Aarónico
El Sacerdocio Aarónico “es una dependencia del […] Sacerdocio de Melquisedec” (Doctrina y Convenios
107:14) e incluye las llaves de:

El ministerio de ángeles.

El Evangelio de arrepentimiento.

La administración de las ordenanzas exteriores, incluyendo el bautismo para la remisión de pecados.

(Véanse Doctrina y Convenios 13:1; 84:26–27; 107:20).

El obispo es el presidente del Sacerdocio Aarónico en el barrio (véase Doctrina y Convenios 107:15).

Para obtener información sobre los oficios y las responsabilidades del Sacerdocio Aarónico, véase 10.1.3.

3.4

La autoridad del sacerdocio


La autoridad del sacerdocio es la autorización para representar a Dios y actuar en Su nombre. En la
Iglesia, toda autoridad del sacerdocio se ejerce bajo la dirección de quienes poseen llaves del sacerdocio.

Los miembros de la Iglesia varones que son dignos reciben la autoridad del sacerdocio al conferírseles el
sacerdocio y al ser ordenados a oficios en el sacerdocio. Todos los miembros de la Iglesia pueden ejercer la
autoridad que se les delega cuando son apartados o asignados a ayudar a llevar a cabo la obra de Dios.
Los miembros son responsables ante Dios, y ante quienes Él ha nombrado para presidir, por la forma en
que ejercen Su autoridad (véase 3.4.4).

3.4.1
Las llaves del sacerdocio
Las llaves del sacerdocio son la autoridad para dirigir el uso del sacerdocio a favor de los hijos de Dios.
Quienes las poseen dirigen el uso de toda autoridad del sacerdocio en la Iglesia (véase Doctrina y
Convenios 65:2).

3.4.1.1
Quienes poseen las llaves del sacerdocio
Jesucristo posee todas las llaves del sacerdocio. Bajo Su dirección, se dan las llaves del sacerdocio a los
hombres para que las utilicen en llamamientos específicos a fin de ayudar a llevar a cabo la obra de Dios,
tal como se explica a continuación.

El Señor ha conferido sobre cada uno de Sus Apóstoles todas las llaves pertenecientes al Reino de Dios en
la tierra. El Apóstol viviente de más antigüedad en el cargo, el Presidente de la Iglesia, es la única persona
sobre la tierra autorizada para ejercer todas las llaves del sacerdocio (véanse Doctrina y Convenios 81:1–2;
107:64–67, 91–92; 132:7).

Bajo la dirección del Presidente de la Iglesia, se dan llaves a los siguientes líderes del sacerdocio para que
puedan presidir en sus áreas de responsabilidad:

Los presidentes de estaca y distrito.

Los obispos y presidentes de rama.

Los presidentes de cuórums del Sacerdocio de Melquisedec y del Sacerdocio Aarónico.

Los presidentes de templo.

Los presidentes de misión y de centros de capacitación misional.

Los presidentes de sitios históricos de la Iglesia.

Esos líderes reciben llaves del sacerdocio en el momento en que se los aparta para sus llamamientos.

No se entregan llaves a otras personas, ni siquiera a los consejeros de los líderes locales del sacerdocio ni a
los presidentes de las organizaciones de la Iglesia. A estos líderes se les delega autoridad cuando se los
aparta y cuando reciben asignaciones bajo la dirección de quienes poseen las llaves del sacerdocio. Los
presidentes de las organizaciones de la Iglesia presiden bajo la dirección de quienes poseen las llaves del
sacerdocio (véase 4.2.4).

3.4.1.2
Orden en la obra de Dios
Las llaves del sacerdocio garantizan que la obra de Dios de salvación y exaltación se realice de manera
ordenada (véanse Doctrina y Convenios 42:11; 132:8). Quienes poseen las llaves del sacerdocio dirigen la
obra del Señor dentro de sus áreas de responsabilidad. Esa autoridad para presidir solo es válida en las
responsabilidades específicas del llamamiento de cada líder. Cuando a los líderes del sacerdocio se les
releva de sus llamamientos, ya no tienen más esas llaves.

A todos los que prestan servicio en la Iglesia se los aparta o se les da una asignación bajo la dirección de
alguien que posee llaves del sacerdocio.
3.4.2
El conferimiento del sacerdocio y la ordenación
Bajo la dirección de quienes poseen las llaves del sacerdocio, se confieren el Sacerdocio Aarónico y el
Sacerdocio de Melquisedec a los miembros de la Iglesia varones que sean dignos (véase Doctrina y
Convenios 84:14–17). Una vez que se ha conferido el sacerdocio que corresponda, se ordena a la persona a
un oficio en ese sacerdocio, como, por ejemplo, al oficio de diácono o de élder. El poseedor del sacerdocio
ejerce el sacerdocio de acuerdo con los derechos y deberes de ese oficio (véase Doctrina y Convenios
107:99).

Todo hombre en la Iglesia de Jesucristo debe esforzarse por ser digno de recibir y usar el Sacerdocio de
Melquisedec para servir a los demás. Cuando un hombre recibe este sacerdocio, hace el convenio de
cumplir fielmente con sus responsabilidades del sacerdocio. Además, recibe de parte de Dios un
juramento, o una promesa, de bendiciones eternas (véase Doctrina y Convenios 84:33–44; véase también la
Guía para el Estudio de las Escrituras, “Juramento y convenio del sacerdocio”).

Para obtener más información sobre el conferimiento del sacerdocio y las ordenaciones a este, véanse 8.1.1,
10.6, 18.10 y 38.2.5.

3.4.3
La delegación de la autoridad del sacerdocio para servir en la Iglesia
A los miembros se les delega autoridad del sacerdocio para servir en la Iglesia de las siguientes maneras:

Al apartarlos para un llamamiento en la Iglesia

Cuando los líderes que presiden en la Iglesia les dan asignaciones

3.4.3.1
El apartamiento
Cuando se aparta a los miembros de la Iglesia bajo la dirección de quienes poseen las llaves del sacerdocio,
reciben la autoridad de Dios para actuar en sus llamamientos. Por ejemplo:

Una mujer llamada y apartada por el obispo para ser la presidenta de la Sociedad de Socorro del barrio
recibe autoridad para dirigir la obra de la Sociedad de Socorro en el barrio.

Un hombre o una mujer llamados o apartados por un miembro del obispado para ser maestro o maestra
de la Primaria reciben autoridad para enseñar a los niños de la Primaria en el barrio.

Todos aquellos a quienes se llame y aparte sirven bajo la dirección de los que presiden sobre ellos (véase
3.4.1.2).

Cuando los miembros de la Iglesia son relevados de sus llamamientos, ya no tienen la autoridad vinculada
a esos llamamientos.

Para obtener más información sobre el apartamiento de miembros a llamamientos en la Iglesia, véase
18.11.

3.4.3.2
Las asignaciones
Los líderes de la Iglesia que presiden pueden delegar autoridad mediante una asignación. Cuando se da
asignaciones a hombres y mujeres, se les está otorgando autoridad de Dios para actuar. Por ejemplo:

La Primera Presidencia y el Cuórum de los Doce Apóstoles delegan autoridad en los Setentas cuando
los asignan a administrar Áreas y a presidir conferencias de estaca.
Los presidentes de misión delegan autoridad en los misioneros y las misioneras que son asignados a
liderar y capacitar a otros misioneros.

Se delega autoridad en los miembros de la Iglesia para que sirvan como hermanos y hermanas
ministrantes. Esto sucede cuando el presidente del cuórum de élderes y la presidenta de la Sociedad de
Socorro hacen las asignaciones bajo la dirección del obispo.
La autoridad que se delega por medio de una asignación se limita a las responsabilidades y la duración
específicas de la asignación.

Para obtener más información sobre las asignaciones mediante delegación, véase 4.2.5.

3.4.4
Ejercer la autoridad del sacerdocio en rectitud
Los líderes y los miembros de la Iglesia utilizan la autoridad del sacerdocio conferida o delegada para
bendecir la vida de otras personas.

Esta autoridad solo puede usarse en rectitud (véase Doctrina y Convenios 121:36). Se ejerce por
persuasión, longanimidad, benignidad, mansedumbre, amor y bondad (véase Doctrina y Convenios
121:41–42). Los líderes deliberan con otras personas en espíritu de unidad y procuran conocer la voluntad
del Señor mediante revelación (véase Doctrina y Convenios 41:2). Para obtener información sobre cómo
deliberar en consejo con otras personas, véase 4.4.3.

Quienes ejercen la autoridad del sacerdocio no imponen su voluntad sobre los demás ni la utilizan con
propósitos egoístas. Si una persona utiliza esta autoridad injustamente, “los cielos se retiran, [y] el Espíritu
del Señor es ofendido” (Doctrina y Convenios 121:37).

Algunos llamamientos en la Iglesia conllevan la responsabilidad de presidir. Para obtener información


acerca de cómo presidir en la Iglesia, véase 4.2.4.

3.5

El poder del sacerdocio


El poder del sacerdocio es el poder de Dios, el cual Él utiliza para bendecir a Sus hijos. Este poder del
sacerdocio de Dios fluye a todos los miembros de la Iglesia —tanto varones como mujeres— conforme
guardan los convenios que han hecho con Él. Los miembros hacen esos convenios al recibir las ordenanzas
del sacerdocio (véase Doctrina y Convenios 84:19–20).

Entre las bendiciones del poder del sacerdocio que los miembros pueden recibir se encuentran las
siguientes:

Guía para sus vidas.

Revelación para saber cómo realizar la obra para la que han sido ordenados, apartados o asignados.

Ayuda y fortaleza para llegar a ser más cómo Jesucristo y el Padre Celestial.

3.5.1
Los convenios
Un convenio es una promesa sagrada entre Dios y Sus hijos. Él establece las condiciones del convenio y
Sus hijos se comprometen a obedecerlas. Dios promete bendecir a Sus hijos conforme ellos cumplan con el
convenio.
Los miembros hacen convenios con Dios al recibir las ordenanzas de salvación y exaltación (véase 18.1).
Todos los que perseveren hasta el fin honrando sus convenios recibirán la vida eterna (véanse 2 Nefi 31:17–
20; Doctrina y Convenios 14:7).

Los padres, los líderes de la Iglesia y otras personas ayudan a la gente a prepararse para hacer convenios al
recibir las ordenanzas del Evangelio. Se aseguran de que la persona entienda los convenios que va a hacer.
Una vez que la persona hace un convenio, la ayudan a honrarlo (véase Mosíah 18:8–11, 23–26).

3.5.2
Las ordenanzas
Una ordenanza es un acto sagrado que se efectúa mediante la autoridad del sacerdocio. Las ordenanzas
siempre han sido parte del Evangelio de Jesucristo (véase Génesis 1:28; Moisés 6:64–65).

En muchas ordenanzas, las personas hacen convenios con Dios. Ejemplos de esto son el bautismo, la Santa
Cena, la investidura y la ordenanza de sellamiento del matrimonio. En otras ordenanzas, tales como la
bendición patriarcal o la bendición de los enfermos, las personas no hacen convenios, pero reciben guía y
fortaleza para guardarlos.

Las ordenanzas tienen un significado simbólico que orienta a las personas hacia el Padre Celestial y
Jesucristo. En aquellas que incluyen convenios, el simbolismo ayuda a las personas a entender las
promesas que hacen y las bendiciones que reciben mediante su fidelidad.

Cada ordenanza permite que las personas reciban ricas bendiciones espirituales. El Señor reveló que “en
[las] ordenanzas [del sacerdocio] se manifiesta el poder de la divinidad” (Doctrina y Convenios 84:20). Las
ordenanzas de salvación y exaltación son esenciales para la vida eterna. Para obtener más información,
véase 18.1.

Las personas vivas reciben las ordenanzas de salvación y exaltación para sí mismas. Posteriormente,
regresan al templo, donde sea posible, para efectuar esas ordenanzas vicariamente por aquellos que han
fallecido. Para obtener más información sobre la realización de ordenanzas por las personas fallecidas,
véase el capítulo 28.

3.6

El sacerdocio y el hogar
Todos los miembros de la Iglesia que honren sus convenios —sean mujeres, hombres o niños— son
bendecidos con el poder del sacerdocio de Dios en sus hogares para fortalecerse a sí mismos y a sus
familias (véase 3.5). Ese poder ayudará a los miembros a hacer la obra de Dios de salvación y exaltación en
su propia vida y en sus familias (véase 2.2).

Los hombres que poseen el Sacerdocio de Melquisedec pueden dar bendiciones del sacerdocio a los
miembros de la familia para que reciban guía, sanación y consuelo. Cuando sea necesario, los miembros de
la Iglesia también pueden procurar esas bendiciones a través de otros parientes que sean miembros, de los
hermanos ministrantes o de los líderes locales de la Iglesia. Para obtener más información sobre las
bendiciones del sacerdocio, véanse 18.13 y 18.14.

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