0% encontró este documento útil (0 votos)
43 vistas5 páginas

Edipo y Yocasta: Revelaciones Trágicas

Yocasta intenta convencer a Edipo de que no investigue más sobre su origen, ya que teme que descubra la verdad sobre su identidad. Edipo insiste en hablar con el pastor que el mensajero mencionó, creyendo que él puede arrojar luz sobre su pasado. Yocasta se muestra cada vez más angustiada por la determinación de Edipo.

Cargado por

anabemon
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
43 vistas5 páginas

Edipo y Yocasta: Revelaciones Trágicas

Yocasta intenta convencer a Edipo de que no investigue más sobre su origen, ya que teme que descubra la verdad sobre su identidad. Edipo insiste en hablar con el pastor que el mensajero mencionó, creyendo que él puede arrojar luz sobre su pasado. Yocasta se muestra cada vez más angustiada por la determinación de Edipo.

Cargado por

anabemon
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

(911-1072)

Yocasta: Señores de la región, se me ha ocurrido la idea de


acercarme a los templos de los dioses, tomando en mis manos
estos ramos y ofrendas de incienso. Pues Edipo tiene demasiado
en vilo su corazón con aflicciones de todo tipo: y no conjetura
como un hombre razonable (915) los oráculos nuevos de los de
antaño, sino que está pendiente del que habla, si anuncia motivos
de temor. Y ya que no exhortan nada llego ante ti el que más, oh
Apolo Liceo, pues eres el más cercano, y como un suplicante llega
con estos signos de rogativas, (920) para que nos proporciones
alguna liberación purificadora: puesto que ahora todos sentimos
ansiedad, al ver asustado a aquel como el piloto de la nave.
Mensajero: Yo os informaré a vosotros, oh extranjeros, dónde está
el palacio del tirano Edipo; (925) Y decidme, sobre todo, si lo
sabéis, donde está.
Corifeo: Esta es su morada, él mismo está dentro, oh extranjero:
esta mujer es la madre de sus hijos.
Mensajero: ¡Que ella llegara a ser feliz con gente feliz, siendo
esposa legítima de aquél! (930)
Yocasta: De igual forma también tú, extranjero: ya que eres
merecedor por tus buenas palabras: pero dime con qué intención
has llegado y qué quieres anunciar.
Mensajero: Cosas buenas para la casa y para tu esposo, mujer.
Yocasta: ¿Cuáles son? ¿De parte de quién vienes? (935)
Mensajero: De Corinto. La noticia que te daré a continuación,
ojalá te complazca, cómo no, aunque tal vez sufras.
Yocasta: ¿Qué es? ¿Qué doble efecto tiene?
Mensajero: Los habitantes de la región del Istmo le designarán
rey, según se ha dicho allí. (940)
Yocasta: ¿Por qué? ¿No está ya el anciano Pólibo en el poder?
Mensajero: No verdaderamente, ya que la muerte lo tiene en sus
tumbas.
Yocasta: ¿Cómo dices? ¿Ha muerto Pólibo, oh anciano?
Mensajero: Sino digo la verdad, él sería merecedor de morir.
Yocasta: Sirvienta, yendo rápidamente ¿no le dirás esto al amo?
(945) Oh oráculos de los dioses, dónde estáis. Edipo por el temor
de matar a este hombre, huía hace tiempo y ahora él ha muerto
por el azar y no a manos de aquél.
Edipo: Oh Yocasta, mujer muy querida, (950) ¿ Por qué me has
mandado venir aquí desde palacio?
Yocasta: Escucha a este hombre y observa, oyéndole en qué has
quedado los respetables oráculos del dios.
Edipo: ¿Quién es este y qué me dice?
Yocasta: Procedente de Corinto anunciando (955) que tu padre
Pólibo ya no existe, sino que ha muerto.
Edipo: ¿Qué dices, extranjero? Anunciamelo tú mismo jefe.
Mensajero: Si es preciso que yo anuncie esto claramente en
primer lugar, entérate bien de que aquel llegó muerto.
Edipo: ¿Cuál de los dos, por una emboscada o se asoció a una
enfermedad? (960)
Mensajero: Un pequeño contratiempo rinde los cuerpos ancianos.
Edipo: Por una enfermedad, el desdichado, según parece, murió.
Mensajero: Habiendo vivido durante un largo tiempo.
Edipo: ¡Ah, ah! ¿Por qué prestaría atención al altar vaticinador de
Pitón o a los pájaros que claman en el cielo, (965) que según
aquellas predicciones yo debía matar a mí padre? Pero él,
habiendo muerto, está oculto bajo tierra. Y yo, aquí sin haberle
tocado con arma alguna; a no ser que se haya consumido por
nostalgia de mi; De esta manera habría muerto por mi
intervención. (970) Pólibo yace en el Hades llevándose consigo los
oráculos presentes que no tienen ningún valor.
Yocasta: ¿No te lo decía yo hacía tiempo?
Edipo: Lo decías, pero yo me dejaba guiar por el miedo.
Yocasta: Ahora no lances nada de esto contra tu corazón. (975)
Edipo: ¿Y cómo es preciso que yo no tema el lecho de mi madre?
Yocasta: ¿Y qué podría temer un hombre para quien domina las
cosas de la fortuna, y no existe previsión clara de nada? Lo más
seguro es vivir al azar, según pueda cada uno. Tú no sientas
temor ante el matrimonio con tu madre; (980) Pues muchos
mortales antes en sueños se unieron también con su madre.
Aquel, para quien no hay nada, lleva su vida más fácilmente.
Edipo: Con razón todo esto se había dicho para ti, sino siguiera
viva la que me engendró: ahora ya que vive, (985) hay absoluta
necesidad de sentir temor, aunque hables con razón.
Yocasta: Gran ayuda son los funerales de tu padre.
Edipo: Grande, lo reconozco. Pero siento temor por la que vive.
Mensajero: ¿Cuál es la mujer por la que teméis?
Edipo: Por mérope, anciano, con la que vivía Pólibo. (990)
Mensajero: ¿Qué hay en ella que os lleve al temor?
Edipo: Un oráculo terrible de origen divino, extranjero.
Mensajero: ¿Es claro? ¿O no es lícito que otro lo sepa?
Edipo: Sí, por cierto: Loxias afirmó que es necesario que yo me
uniera con mi propia madre (995) y cogiera en mis manos la
sangre de mi padre. Por estos motivos habitaba desde hace años
muy lejos de Corinto (oración pasiva: Corinto era habitada por
mi...) Feliz, pero, sin embargo, lo más grato es contemplar los
semblantes de los progenitores.
Mensajero: ¿Acaso (temiendo) por temor a esas cosas estabas
alejado de la ciudad? (1000)
Edipo: Deseando no ser el asesino de su padre, anciano.
Mensajero: ¿Por qué no te he liberado yo de este temor, señor, ya
que bien dispuesto llegué.
Edipo: En este caso, recibirías un digno agradecimiento de mi.
Mensajero: Por esto he venido sobre todo, para que, cuando tú
regreses a palacio, obtenga algo bueno (literalmente obtenga
algo bien). (1005)
Edipo: Pero jamás iré con los que me engendraron.
Mensajero: Hijo, bien claro está, que no sabes lo que haces.
Edipo: ¿Cómo, oh anciano? Por los dioses, acláramelo.
Mensajero: Si por estas causas, rehuyes volver a casa. (1010)
Edipo: Temiendo que Febo me resulte veraz.
Mensajero: ¿Acaso no alcanzarías una infamia de tus
progenitores? (en gredos: ¿es que temes cometer una infamia
para tus progenitores?)
Edipo: Eso mismo, anciano, esto me asusta constantemente.
Mensajero: ¿No sabes que con razón nada debes temer?
Edipo: ¿Cómo no, si soy hijo de esos padres? (1015)
Mensajero: Porque Pólibo no es nada para ti en cuanto a tu linaje.
Edipo: ¿Cómo dices? ¿Pues no me engendró Pólibo?
Mensajero: No más que este hombre, sino igual.
Edipo: ¿Y cómo el que me engendró por igual que el que no?
Mensajero: No te engendramos ni aquel ni yo. (1020)
Edipo: Sin embargo, ¿en virtud de qué me llamaba hijo?
Mensajero: Entérate, tras haberte recibido como un regalo de mis
manos.
Edipo: Y sin embargo, ¿a pesar de venir de otras manos, logró
amarme tanto?
Mensajero: La falta de hijos hasta entonces le persuadió del todo.
Edipo: Y tú, ¿ Me habías comprado o encontrado cuando me
entregaste a él? (1025)
Mensajero: Tras encontrarte en los desfiladeros selvosos de
Citerón.
Edipo: ¿Por qué recorrías esos lugares?
Mensajero: Allí estaba al cuidado de montaraces rebaños.
Edipo: ¿Eras pastor y nómada a sueldo?
Mensajero: Pues, hijo, salvador tuyo en aquel momento. (1030)
Edipo: ¿Y qué mal tenía, cuando me cogiste entre tus brazos?
Mensajero: Las articulaciones de tus pies te lo pueden
tertimoniar.
Edipo: ¡Ay de mi! ¿A qué antigua desgracia te refieres con esto?
Mensajero: Yo te desaté, pues tenías perforados los tobillos de los
pies.
Edipo: Bello ultraje de mis pañales recibí. (1035)
Mensajero: De forma que por este azar/suceso recibiste el
nombre que tienes.
Edipo: ¡Oh por los dioses! ¿De parte de mi madre o de mi padre (lo
recibí)? Dímelo.
Mensajero: No lo sé. El que me entregó conoce esto mejor que yo.
Edipo: Entonces, ¿Me recibiste de otro y no me encontraste tú
mismo?
Mensajero: No, sino que otro pastor me hizo entrega de ti. (1040)
Edipo: ¿Quién es? ¿Sabes darme a conocer con palabras?
Mensajero: Sin duda era nombrado como uno de los de Layo.
Edipo: ¿Del soberano de esta tierra en otro tiempo?
Mensajero: Exactamente, de ese hombre éste era el pastor.
Edipo: ¿Está aún vivo ese tal como para poder verme? (1045)
Mensajero: Vosotros podíais saberlo mejor, los habitantes de esta
tierra.
Edipo: ¿Hay alguno de vosotros los que estáis aquí cerca, que
conozca al pastor del que habla, por haberle visto, bien en los
campos, bien aquí? Indicádmelo, ya que (es) el momento oportuno
de descubrir esto. (1050)
Coro: Creo que a ningún otro (se refiere), sino a ese desde el
campo al que tratabas de ver antes: de todas formas, aquí
Yocasta podría decirlo mejor.
Edipo: Mujer, ¿Conoces a aquel que hace un momento
mandamos venir? ¿De ese habla aquel? (1055)
Yocasta: ¿Qué dijo acerca de cualquiera? No hagas ningún caso:
no quieras recordar inútilmente lo dicho.
Edipo: No sería posible eso, de modo que yo al alcanzar tales
indicios no descubriré yo mi origen.
Yocasta: No, por los dioses, si te preocupas en algo de tu propia
vida, no lo investigues: Estando yo bastante angustiado. (1060)
Edipo: Tranquilízate. Pues aunque yo resulte esclavo, hijo de
madre esclava por tres generaciones, tú no te revelarás innoble.
Yocasta: No obstante, obedéceme, te lo suplico. No lo hagas.
Edipo: No podría obedecer que tú dejaras averiguarlo con
claridad. (1065)
Yocasta: Sabiendo bien lo mejor para ti, hablo.
Edipo: Pues bien, lo mejor para mi me atormenta desde hace
tiempo.
Yocasta: Desventurado, ojalá nunca sepas quién eres.
Edipo: ¿Irá alguien trayéndome al pastor? Dejad a esta que se
complazca en su poderoso linaje.
Yocasta: Ah, Ah desdichado: pues sólo eso te puedo llamar, otra
cosa diferente ya nunca.

También podría gustarte