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CAPITALISMO CANIBAL
2Qu6 clase de animales ! capitalism y cud es su deta para mantonerso
con vida? Si reapondemos esta pregunta, cice Nancy Fraser, entenderemos
de verdad la crisis de nuestro tiempo y descubrremos ol modo de matar lo
hhambre ala bestia, Para eso, no nos alcenzan los modelos tedricos
hredacos del marxismo, que tionden a concetir el capitalsmo come un
sistema econSmico basado en la explotacin de la fuerza de trabajo y en la
ppreduceién con tines de lucto, bajo las loyes del mercado y de la propiedad
privada. Esa vision oftcial hoy resuta estrecha y, sobre todo, engariosa,
En esto andiisis desiumbrante, Naney Fraser deserrola una tecria del
capitalism “modelo siglo XX". Asi, paso a paso, presenta una nocién
ampliada del capital como forma de sociedad y revela los ingredientes
extraeconémicos que, lejos de ser marginales, son su condicién de
postblidad. Para expands, el sistema canibaliza zonas enteras que no
‘estén mercantlizadas y que por eso quedan fuera del cuadro, Hay que
Iter a un primer plano esas "moradas ocuitas” de las que el capitaismo
se almenta y examinarias a fondo: rqueza expropiada a la naturaieza aire
respirable, tioras cultvables, agua potable) y alos pueolos somatidos y
reciaizados de as periferias; multiples formas de cuidado, suovaluadas
(cuando no negadas por completo) yen general s cargo de mujeres;
biones y poderes publics, que proveen infraestructura material y juridica
uo @! capital necesita para funcionar y ala vez socava todo lo posible:
la energia y la creatividad de los trahaladores. Si bian no se consignan
cenlos balances de las empresas, estas formas de riqueza constituyen
pprecondiciones esenciales para las ullladas y las ganancias, Estes
soportes vitalos de la acumulacion son consttutives dl orden capitalista,
yeelfoco de confictos hasta ahora alslados.
Si queremos terminar con el cepitalismo canibal, que devora las bases
sociales, naturales y polticas de las que depende, tenemos que superar
el reduccionismo economicista y construr, en cambio, una visién ampliada
del socialismo, sin repetir las experiencias fracasadas del siglo XX. Puede
pparecar una tarea dill, pero es nuestra Gnica esperanza, Esa agenda,
y su hola de ruta, es el alma de este libro mprescinalble,
150N o7e.987-a01-247-6
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CAPITALISMO CANIBAL
NANCY FRASER
NANCY FRASER
CAPITALISM
CANIBAL
Qué hacer con este sistema
que devora la democracia y el planeta,
y hasta pone en peligro su propia existencia
siglo veintiuno
edioresNANCY FRASER
CAPITALISMO
CANIBAL
Qué hacer con este sistema
que devora la democracia y el planeta,
y hasta pone en peligro su propia existencia
‘Traduccién de Elena Odriozo'a
J] sigloveintiuno
exitoresarchipiélago
siglo veintiuno
argentina
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Frases, Nengy
Capitasmo cansbal / Nancy Fraser- 1° e4-Ciudad Auténoma_
‘de Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2029.
240 p; 21x14 om- (Singular)
‘Traduccién de Elena Odsiozola / ISBN g7 8-987-802-2476
Capitalismo. 2. Economia. Politica. 1. Odriozola, Elena, trad,
U.Titalo.
GOD 306 342
tulo original: Connidat Capitation. How Our Sistem Is Devouring
Democracy, Case, and the Plawet, and What We Gan Do abou it, publicado
por Vero sello de New Left Books, Londies - Brooklin (Nueva York)
(© 2022, Nancy Frater
© 2028, Siglo Veintiuno Ealtores Argentina S.A.
Diseiio de cubierts: Eric Soto & Mr
ISBN g78-987-801-2475
Impreso en Latingrfea // Rocamora 4161, Buenos Aires
cen el mesde mayo de 2023
Hecho eldep6sito que marca i ey 13.725
Impreso en Argentina // Made in Argentina
INDICE
Agradecimientos
Prefacio, Capitalismo canibal: zestamos en el horno?
1. Omnivoro: por qué es necesario ampliar
nuestra concepcién del capitalismo
Dafnicién de las caracteristicas de! capiteismo, segin Manx
‘Tas la "morada ocuita” de Marx
De la producoién de mercancias a la reproduccién social
De la economia ala ecolog
De lo econSmice a lo paitico
De la expiotacion a la expropiacion
El capitalisme es algo mds vasto que una economia
LLuchas por los limites
Las crisis de canibalizacién
2. Un cantbal vido de infligir castigo: por qué
21 capitalismo es estructuralmente racista
Intercambio, exploiacién, expropiacion
La expropiacion en cuanto acurnulaci6n: el argumento
econémico
xpropiacion ame sometimiento: el argumenta poltico
Flagimenes historicos de acumulacién racializada
USigue siendo el capitalism necesariamente
racista todavia?
8, Devorador de culdados: por qué la reproduccién
social es un sitio fundamental de crisis capitalists
Puro lucro, a expenses del mundo de la vide
‘Acoesos histéricos de degluoién de cuidados por parte
del capital
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1011 Captalimo cenial i
CColonizacion y “domesticacion” 103
Elforcismo y ol slario familar 00
Hogeres con dos satarios 115
Otro capitaismo. {0 un nuevo feminismo sociaista? 122
4. La naturaleza en las fauces: por qué la ecopolitica
debe ser transambiental y anticapitalista 125
CConttadiceién ecotigica dal capitaliero: una argumentecién
estuctural 192
Una marafia de contraciociones 139 Para Robin Blackburn y Rahel Jaeggi,
‘Tres maneras de hablar de fa “raturaleza" 148, interlocutores indispensables y amigos queridos.
Regimenes de acumuiacién socioecologicos 147
‘Misculo animal 180
Elreycarbén 163
Laer del autom6vi 198
Nuevos cercarrientos, naturaleza fnanciarizada |
y “capitalismo verds* fer
La naturaleza canibalzada en espacio y tiempo 168
Luchas entrelazadas 169
Para una poltica ecol6gica transambientaly aticaptaista 172
5. Faenar la democracia: por qué la crisis politica
es la came roja del capital Ww
La contraciccién pottica del capitalismo "como tal" 12
Podetes piblicos 184
Crisis polticas en la historia del capitalismo 169
Un gclpe doble 194
Una encrucijada histérica trascendental 199
6. Alimento para la reflexién: ,cudl deberia ser
el significado del socialismo en el siglo XXI? 209
Aue es el capitalismo? Una recapitulacion 214
Oud es e! problema del capitalismo? 216
4QUé es el socialismo? 222
Epilogo, Macréfago: por qué el covid demostré
‘ser una orgfa del capitalismo canibal 231AGRADECIMIENTOS
Es habitual pensar en un libro como el fruto del tra-
bajo individual de su autor. Sin embargo, esa visi6n resulta
sumamente engaiiosa; casi todos los escritores dependen de
una variedad de condiciones generales que posibilitan su ta-
rea: apoyo econdmico y acceso a bibliotecas, guia editorial y
asistencia en las tareas de investigacién, critica e inspiracién
provenientes de sus colegas, aliento de los amigos y cuidado
de sus seres queridos y familiares. Esos elementos constituyen
las “moradas ocultas’ de la autoria, para invocar una frase
que desempeiia un papel clave en las paginas que siguen.
‘Demasiado a menudo relegadas entre bastidores, mientras el
‘autor se pavonea en el centro de la escena, esas condiciones _
son indispensables para la publicacién: sin ellas, el libr a
veria Ia luz del di.
Es obvio que un libro que teoriza acerca de los soportes
ocultos de la produccién capitalista debe reconocer sus pro-
pios sustentos, sustentos que adoptaron formas muy diversas y
provinicron de numerosas fuentes. En el frente institucional,
la New School for Social Research me brind6 la posibilidad de
llevar adelante mi actividad docente con flexibilidad, un aio
sabattico y (por sobre todo) un contexto de dinamismo inte-
ectual. El Dartmouth Gollege me recibié como investigadora
visitante distinguida Familia Roth en 2017-2018, y més tarde
me brind6 un segundo hogar académico con una biblioteca
maravillosa, generosos fondos y colegas de excelencia.
Varias otras instituciones me brindaron tiempo valio-
so y Ambitos pob/ados por colegas en los que desarrollé las12 Capitalerno canoe
ideas de este libro. Mi més célido agradecimiento para Jude
Browne y el Centro de Estudios de Género de la Universidad
de Cambridge; a Michel Wieviorka y cl Collége d'Etudes
Mondiales; a Rainer Forst y el Centro de Estudios Avanzados
Justitia Amplificata, Frankfurt, y el Forschungskolleg Human-
‘wissenschaften, Bad Homburg; a Hartmut Rosa y el Grupo
de Investigacién de Sociedades Poscrecimiento, Friedrich-
Schiller-Universitit, Jena; ya Winfried Fluck, Ulla Haselstein,
Ja Fundacién Einstein de Berlin y el Instituto JFK de Estudios
Estadounidenses, Frei Universitat, Berlin.
En todo el proceso, me apoyé en las habilidades investigati-
vas y la camaraderia de un grupo extraordinario de asistentes
de posgrado. Mi més sincera gratitud para Blair Taylor, Brian
Milstein, Mine Yildirim, Mayra Cotta, Daniel Boscov-Ellen,
Tatiana Llaguno Nieves, Anastasiia Kalk y Rosa Martins.
Varias publicaciones, en especial New Left Review y Critical
Historical Studies, me dieron la valiosa oportunidad de divul-
gar versiones iniciales de las ideas que aqui expongo y de
recibir comentarios que me ayudaron a refinarlas. Los deta-
les especificos de mi deuda con ellos y otros que publicaron
formulaciones previas de estas ideas se indican en parrafos
posteriores.
Verso me brind6 la editora con quien siempre he sofiado:
Jessie Kindig, cuyo entusiasmo, creatividad y don con las pa-
labras constituyeron factores decisivos. También en Verso, cl
editor a cargo de produccién, Daniel ©’Connor, y el correc-
tor, Stan Smith, transformaron un manuscrito caético y con
numerosas revisiones en un conjunto de paginas acabado y si
errores. Bajo la direcci6n de Melissa Weiss, David Gee disef
una tapa sobresaliente, elegante y (me atrevo a decir) mordaz.
Detras de este libro, también, est el apoyo indispensable
de colegas y amigos. Agradect a algunos de ellos cn las n0-
tas correspondientes a los capitulos en los que su influencia
revistié especial importancia. Pero algunos otros han dado
forma a mis pensamientos, que ademés inspiraron, de mane-
ra més general y en el largo plazo. Entre esos compafieros €
‘Agradocimienios 13
interlocutores fieles, agradezco a Cinzia Arruzza, Banu Bargu,
Seyla Benhabib, Richard J. Bernstein, Luc Boltanski, Craig
Calhoun, Michael Dawson, Duncan Foley, Rainer Forst, Jar-
gen Habermas, Devid Harvey, Axel Honneth, Johanna Oksala,
Andreas Malm, Jane Mansbridge, Chantal Mouffe, Donald
Pease, el fallecido Moishe Postone, Hartmut Rosa, Antonia
Soulez, Wolfgang Streeck, Cornel West y Michel Wieviorka.
Dos personas més, a quienes dedico este libro, estuvieron
siempre en mi pensamiento y en mi coraz6n mientras lo escti-
‘bia: agradezco a Robin Blackburn, en cuya erudici6n, perspi-
cacia y amabilidad.me-apoyé una’y otra vez, a Rahel Jaeggi,
ee rrenre “la conversacién”, con quien. muchas
Tas ideas 1ui presento fueron originariamente desa-
ing a naomi omens
Por tiltimo, debo mencionar a Eli Zaretsky, quien brindé
a este libro un apoyo tan profundo, multifac
como para que. c1alquier intento-de-deseril
suicinta resulte fitil. Digamos tan solo que Capitalism cantbat
no existirfa sin stvinteligencia sagaz, su amplitud de visién y
suamor sostenide,
‘0 y amplio
Versiones previas de varios de estos capitulos se publicaron
con anterioridad y aparecen aqui, revisadas, con permiso de
sus editores originales.
‘Una versién anterior del capitulo 1 adopté la forma de
Conferencia Diane Middlebrook y Carl Djerassi de 2014 en la
Universidad de Cambridge, dictada el 7 de febrero de 2014,
y luego se publicd en la New Left Review, n° 86, 2014, con
el titulo “Behind Marx’s Hidden Abode: For an Expanded
Conception of Capitalism” [Tras la morada oculta de Marx:
por una concepcisn ampliada del capitalismo]. Sus argumen-
tos fueron sometidos a un bautismo de fuego y emergieron
con mayor fortaleza gracias a los desafiantes debates soste-
nidos con Rahel Jaeggi, muchos de los cuales se registran en14 Captalicmo canta!
el volumen de nuestra coautorfa Capitalism. A Conversation in
Critical Theory [Capitalismo. Una conversacién desde la teoria
critica], publicado por Brian Milstein (Polity, 2018; hay reedi-
‘ion prevista por Verso para julio de 2023). Gracias, una vez
mds, a Jaeggi por su inteligencia sagaz y su cdlida y sincera
amistad.
Una versin previa del capitulo 2 tomé la forma de alo-
cucién presidencial en la 114" reunién de la Division Este
de la Asociacién Filos6fica Estadounidense, en Savannah,
Georgia, el 5 de enero de 2018, y luego fue publicada en
Proceedings and Adresses of the American Philosophical Association,
vol. 92, 2018, con el titulo “Is Capitalism Necessarily Racist?”
[gEs el capitalismo necesariamente racista?]. Agradezco a
Robin Blackburn, Sharad Chari, Rahel Jaeggi y Eli Zarctsky
por sus iitiles comentarios sobre este capitulo, a Daniel
Boscov-Ellen por su ayuda en Ia investigacién y, en especial, a
Michael Dawson por su inspiracién y estimulo,
Una version anterior del capitulo 3 se dio a conocer por
primera vez como la 38* Conferencia Anual Marc Bloch, en la
Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Paris, el 14 de
junio de 2016, y mas tarde se publicé en la Naw Left Review,
‘n° 100, 2016, como “Contradictions of Capitalism and Care”
[Contradicciones del capitalismo y los cuidados]. Muchos de
Jos argumentos que allf se exponen fueron desarrollados en
conversaciones con Cinzia Arruzza y Johanna Oksala, a quie-
nes estoy profundamente agradecida,
Versiones previas del capitulo 4 se impartieron en Viena
como conferencia inaugural de la primera estadia de profe-
sora visitante Karl Polanyi, el 4 de mayo de 2021, con el tue
Jo “Incinerating Nature: Why Global Warming is Baked into
Capitalist Society” [Incinerar la naturaleza: por qué el calen-
tamiento global se cocina en la sociedad capitalista] y publica-
do, luego, en la New Lefl Review, n° 127, 2021, como “Climates
of Capital: For a TransEnvironmental EcoSocialism” [Los
climas del capital: por un ecosocialismo transecol6gico).
Agradecimiontos. 15
Versiones iniciales del capitulo 5 se publicaron, primero, en
Critical Historicat Studies, vol. 2, 2015, como “Legitimation Crisis?
On the Political Contradictions of Financialized Capitalism”
[Crisis de legitimacién? Acerca de las contradicciones politi-
cas del capitalismo financiarizado) y luego en alemén con el
titulo Was stimmt nicht mit der Demokratie? Eine Debatie mit Klaus
Dare, Nancy Fraser, Stephan Lessenich und Hartmut Rosa (Qué
tiene de malo la democracia? Un debate entre Klaus Dérre,
Naney Fraser, Stephan Lessenich y Hartmut Rosa], edita-
do por Hanna Ketterer y Karina Becker en el sello berlinés
Suhrkamp durante 2019.
Una versién anterior del capitulo 6 se dio a conocer por pri-
mera vez como Conferencia Distinguida en las Humanidades
Solomon Katz 2019, en la Universidad de Washington, el 8 de
mayo de 2019, y posteriormente se publicé en Socialist Register,
vol. 56, Beyond Market Dystopia. New Ways of Living, 2019, con
cl titulo “What Should Socialism Mean in the 21" Century?”
[,Qué debe significar el socialismo en el siglo XXI?].PREFACIO
CAPITALISMO CANIBAL:
LESTAMOS EN EL HORNO?
Los lectores de este libro no necesitan que yo les
diga que estamos en problemas. Ya estén al tanto de la exis-
tencia de un enmarafiado conjunto de amenazas inminen-
tes y desgracias concretas, de las cuales no logran reponerse:
deuda agobiante, precariedad laboral, formas de sustento
sometidas al asedio; servicios deficientes, infraestructuras
derruidas y fronteras duras, inflexibles; violencia racializada,
pandemias letales y climas extremos, todos ellos dominados
por disfunciones politicas que bloquean nuestra capacidad
de idear ¢ implementar soluciones. Nada de esto es noticia y
tampoco es necesario insistir aqui en estas cuestiones.
Lo que este Ebro sf ofrece es una indagacién profunda en
la fuente de todos esos males. Formula un diagnéstico de la
causa de la enfermedad e identifica al culpable. “Capitalismo
canibal” es Ja designacién que uso para referirme al sistema
social que nos ha ll .a.este punto. Para comprender por
‘rmino es l adecuado, veamos las dos palabras que
lo componen. “Canibalismo” tiene varios significados. El mas
conocido, y mas concreto, es el consumo ritual de carne hu-
mana por parte de un ser humano. Cargado de una larga his-
toria racista, el término se aplicd, por una ldgica invertida, a
Jos africanos negros situados en el extremo receptor de la de-
predacién curoimperial. Por lo tanto, hay cierta satisfaccién
en pagar con la misma moneda e invocarlo aqui como des-
ctiptor de la clase cay mo expondra
goto se pena delosdends alimei Pero el término también
ene un significado més abstracto, que capta una verdad mas18 Copitatema canibal
profunda acerca de nuestra sociedad. El té bal
zar” significa privar a una empresa 0 eaecnien ode ui
factor esencial para su funcionamiento, con el fin-de.crear
6 sustentar a otro. Como veremos, esa es una aproximacion
bastante acertada a la rclacién existente entre la economia
capitalista y los ambitos no econémicos del sistema: familias
y comunidades, habitats y ecosistemas, capacidades estatales
y poderes piiblicos cuya sustancia dicha economia consume y
devora hasta saciarse.
Existe una acepcién correspondiente al campo de la astro-
nomia: se dice que un objeto celeste canibaliza a otro cuando
incorpora masa de ese tiltimo mediante atracci6n gravitacio-
nal. Mostraré aqui que también constituye una caracteriza-
ci6n apta del proceso por el cual el capital-atrae a su.drbi-
ta riqueza natural y social que toma de zonas periféricas del
sistema mundial. ¥ también est, por altimo, el, urdboro, la
oie ee canibaliza al devorar su propia cola, repre
sentada en la portada de este libro. Como veremos, se trata
deter image alecuada 1 para un sistema con tendencia ine-
ladible a devorar las bases sociales, politicas y naturales de su
éxistencia, que son, ademés, las bases de la nuestra.
Asf, la metéfora del canibalismo ofrece varias vias promisorias
para el anzlisis de la sociedad capitalista. Nos invita a verla
como un frenesf alimentario institucionalizado, cuyo plato
principal somos nosotros.
Asimismo, el término “capitalismo” exige ser aclarado. La
palabra suele emplearse para designar un sistema cconémi
co basado sobre la propiedad privada y el mercado, el trabajo
asalariado y la producci6n con fines de lucro. Sin embargo,
esa definicién ¢s demasiado acotada, y en lugar de revelar la
verdadera indole del sistema, la opara, Sostendré aqui que
cay ” remite.a.una entidad més amplia, un orden so-
que confiere a. una economia, cuyo motor es la obtenci6n
le beneficio, el poder de alimentarse de los soportes extrae-
conémicos que necesita para funcionar: riqueza expropiada a
ta naturaleza ya os pueblos subyugados; miltiples formas de
Pretacio 19
cuidado, crénicamente subyaluadas cuando no negadas por
completo; bienes priblicos y poderes puiblicos, que el capital
requiere y a la vez procura restringir; energfa y creatividad de
los trabajadores. Si bien no se consignan en los balances de las
empresas, estas formas de riqueza constituyen precondiciones
esenciales para las utilidades y las ganancias que, en cambio, si
aparecen imputadas. Soportes vitales de la acumulacién, tam-
bién son componentes constitutivos del orden capitalist
Por consiguiente, en_este libro_el_término.“capitalismo”
hace refers i i
ace referencia no.solo.a.un tipo de economia sino a.un.tipo
de sociedad: una soci juc autoriza a una economia ofi-
Gatmente designada a acumular valor monetizado para sus
iqueza no
cconémica del zesto de los individuos. Al servir esa riqueza
jeja a las clases empresarias, esta sociedad las invita a
hacerse un festin con nuestras capacidades creativas y con las
de la tierra que nos da sustento, sin obligacién alguna de re-
poner lo que consumen o reparar lo que dafian. Y esa ¢s una
receta que solo produce problemas. Al igual que el ursboro
que come su propia cola, Ia sociedad capitalista ineludible-
mente devora su propia sustancia, Verdadero dinamo de la
autodesestabilizacion, precipita crisis periddicamente mien-
tras por rutina socava las bases de nuestra existencia.
El capitalismo canfbal, entonces, es el sistema al, cual le de-
bemos la crisis actual. La verdad sea dicha: se trata de un tipo
“poco frectiente de crisis, en la cual convergen muiltiples ata-
ques de glotoneria. Lo que enfrentamos, gracias a décadas de
financiarizaci6n. no es “solo” una crisis de desigualdad salvaje
y trabajo precar‘o mal remunerado; no “meramente” una cri-
sis de cuidado y reproducci6n social; no “solamente” una crisis
migratoria y de violencia racializada, Tampoco se trata “simple-
mente” de una crisis ecol6gica en la cual un planeta en proceso
de calentamiento vomita plagas letales, ni “solo” de una crisis
politica con un yaciamiento de la infraestructura, un militaris-
‘mo en auumentoy una proliferacién de hombres fuertes. No, es
algo peor: es una crisis general della totalidad del orden social20 Capitalism canal
cen la que todas esas calamidades convergen, se exacerban en-
tre si y amenazan con deglutimnos a todos.
Este libro traza un mapa de esa inmensa maraiia de disfun-
cionesy dominacién. Alampliar nuestra visién del capitalismo
¢ incluir Ios ingredientes extraeconémicos de la dieta del ca-
pital, retine dentro de un marco tinico todas las opresiones,
contradicciones y conflictos de Ia actual coyuntura. En ese
contexto, “injusticia estructural” significa “explotaci6n de cla-_
se”, sin duda alguna, pero también “dominacién de género” y~
“opresi6n racial imperial”, dos subproductos no accidentales
de un_orden social que subordina la reproduccién social a
la produccién de mercancias y que requiere la expropiacién.
racializada para asegurar la explotaci6n lucrativa. Tal como
aguif se To entiende, asimismo, las contradicciones del siste-
ma lo wuelven proclive no solo a las crisis econémicas sino
también a las crisis del cuidado, la ecologia y la politica, todas
ellas en pleno florecimiento por cortesfa del prolongado pe-
riodo de atracén corporativo conocido como neoliberalismo.
Por iiltimo, tal como lo concibo, el capitalismo canibal pre-
cipita una amplia variedad y una compleja mezcla de luchas
sociales: no solo luchas de clase en los puntos de produccién,
sino también luchas fronterizas en las articulaciones consti-.
tutivas del sistema. Allf donde Ia produccién se topa con la
reproduccin social, el sistema incita conflictos relatives
al cuidado, tanto piiblico como privado, remunerado y no
remunerado. Alli donde la explotaci6n se cruza con la ex-
propiacién, fomenta luchas en torno a la “raza”, la migraci6n
yeel imperio. ¥ asimismo, donde Ta acumulacién se da contra
el limite de 1a naturaleza, el capitalismo canibal desencade-
na conflictos en torno a la tierra y la energia, la flora y la
fauna, el destino del planeta, Por titimo, cuando los merca-
dos globales y las megacorporaciones se encuentran con los,
Estados nacionales y las instituciones de gobierno transnacio-
nal, este sistema provoca luchas relacionadas con la forma, el
control y el alcance del poder piiblico. Todas estas vertientes
de nuestro predicamento actual encuentran lugar en una
Prefacio 21
concepci6n ampliada del capitalismo que es a la vez simulté-
nea y diferenciada,
Munido de esta concepcién, Capitalismo canibal plantea
una pregunta existencial apremiante: “Estamos en el hor
no?”. :Podemos elucidar cémo desmantelar el sistema social
que nos conduce a las fauces de Ia destruccién? 2Podemos
unimos para hacer frente al complejo de crisis varias que ge-
neré el sistema, no “solo” el calentamiento de la tierra, no
“vinicamente” la destrucciGn progresiva de nuestra capacidad
colectiva para la accién piiblica, no “meramente” el ataque
generalizado a nuestra capacidad de cuidarnos unos a otros
y mantener vinculos sociales, no “simplemente” el vertido
desproporcionado de las secuelas sobre los pobres, la clase
trabajadora y las poblaciones racializadas, sino la crisis gene-
ral en la que esos diversos males se entretejen? ¢Podemos
concebir un proyecto emancipatorio, contrahegeménico,
de transformacién ecosocial con suficiente amplitud y visién
‘como para coordinar las luchas de multiples movimientos so-
ciales, partidos politicos, sindicatos y otros actores colectivos,
un proyecto cuyo objetivo radique en enterrar al canibal de
una vez y para siempre? Argumentaré en el presente libro
que, en la actual coyuntura, nada que no sea un proyecto de
esas caracteristicas podra ayudarnos.
Una vez que ampliemos nuestra concepcién del capita-
lismo, también tendremos que ampliar nuestra visién de su
reemplazante, Sea que lo denominemos “socialismo” u otra
cosa, la alternativa que busquemos no puede tener por finali-
dad reorganizar tan solo el sistema econémico. También debe
reorganizar la relaci6n de ese sistema con todas las formas de
riqueza que hoy en dia canibaliza. Lo que debe reinventarse,
por lo tanto, es la relaci6n entre produccién y reproducci6n,
entre poder privado y piblico, entre sociedad humana y na-
turaleza no humana, Puede parecer una tarea dificil, pero es
nuestra tinica esperanza. Solo si pensamos en grande podre-
mos darnos una oportunidad de vencer a la implacable ofen-
siva del capitalismo cuyo objetivo final es devorarnos.1. OMNIVORO: POR QUE
ES NECESARIO AMPLIAR
NUESTRA CONCEPCION
DEL CAPITALISMOEl capitalismo ha vuelto! Después de décadas du-
rante las cuales el término solo figuraba en los escritos de
pensadores marxistas, ahora los comentaristas de diversas
orientaciones se preocupan por su sostenibilidad, los inves-
tigadores de todas las escuelas se esfuerzan por sistematizar
sus criticas del sistema y los activistas del mundo entero se
movilizan contra sus pricticas. Por cierto, el regreso del “ca-
pitalismo” consttuye un desarrollo bienvenido, un indica-
dor obvio -si es que hacfa falta alguno— de la profundidad de
Ia crisis actual y de la urgencia generalizada de una descrip-
cién sistematica de esa crisis. Resulta sintomatico que todo
lo que se dice acerca del capitalismo indica que existe una
conciencia cada dfa mayor respecto de que los males hete-
rogéneos -financieros, econdémicos, ecolégicos, politicos y
sociales~ que nos aquejan pueden rastrearse hasta una rafz
comtin, y respecto de que las reformas que no apuntan a las
bases de esos males estén condenadas al fracaso, De manera
similar, el renacimiento del término constituye una seital del
deseo de contar con un andlisis que aclare las relaciones en-
tre las diversas luchas sociales de muestro tiempo, un andlisis
que fomente la cooperacién estrecha (si no la unificacién
completa) de sus corrientes mas avanzadas y progresistas en
un bloque opositor al sistema. La intuicién de que ese anali-
sis debe tener como eje al capitalismo es acertada.
Sin embargo, el auge actual de los debates sobre el capi-
talismo es, en gran medida, ret6rico; un sintoma del deseo
de contar con una critica sistemdtica antes que un aporte a26 Capitals canal
esa critica, Gracias a décadas de amnesia social, generaciones
completas de activistas € investigadores jévenes se han con-
vertido en sofisticados practicantes del andlisis del discurso
mientras permanecen en la mas absoluta ignorancia de las
tradiciones de la Kapitalkritik. Apenas ahora empiczan a pre-
guntarse cémo poner en prictica ese tipo de critica para acla-
rar a actual coyuntura.
‘Sus “mayores”, veteranos de eras anteriores de fermento an-
ticapitalista, que podrian haberles brindado alguna guia, estan
cegados por sus propias anteojeras. Pese a sus declaradas bue-
nas intenciones, no lograron incorporar de manera sistema-
tica los aportes del pensamiento feminista, ecol6gico, posco-
lonial y de liberacién negra a su concepcién del capitalismo.
El resultado de todo esto es que nos vemos atravesando una
crisis capitalista de profunda gravedad sin una teorfa critica
que la esclarezcay mucho menos que nos conduzca hacia una
resolucién emancipatoria. Es verdad que la crisis actual no
encaja en los modelos esténdar que heredamos: es multidi-
mensional y abarca no solo la economia oficial, incluidas las
finanzas, sino también fendmenos “no econdmicos” como el
calentamiento global, el “déficit de cuidado” y el vaciamiento
del poder publico a todas las escalas. Sin embargo, los mo-
delos de crisis recibidos tienden a centrarse exclusivamente
en los aspectos econdmicos, a los que afslan de otras facetas
y privilegian por sobre ellas. De igual importancia, la crisis
actual genera nuevas configuraciones politicas y nuevas gra-
maticas de conflicto social. Las luchas en torno a la naturale-
za, la reproduccién social, la desposesién y el poder priblico
‘ocupan un sitial central en esta constelacién, lo cual implica
ntiltiples ejes de desigualdad, entre los que se incluyen nacio-
nalidad/raza-etnia, religion, sexualidad y clase. Sin embargo,
tampoco en este aspecto son suficientes los modelos tedricos
heredados, pues contimian priorizando las luchas laborales
en el lugar de produccién. Por lo general, carecemos de con-
cepciones del capitalismo y de la crisis capitalista que resulten
adecuadas a nuestro tiempo.
Omnivero 27
Sostengo que Capitalismo cansbal es esa concepcién. Pre-
sento Ia nocién en este capitulo preguntando qué subya-
ce al argumento principal desplegado por Karl Marx en
el libro I de Ei capital. Esa obra tiene mucho para ofre-
cer en materia de recursos conceptuales, y en principio
contempla las inquietudes mas generales que acabo de
mencionar. Sin embargo, no tiene en cuenta de manera
sistemética el género, la raza, la ecologia y el poder politico
como ejes que estructuran la desigualdad en las sociedades
capitalistas, mucho menos como cuestiones en juego en la
lucha social y como premisas de esa lucha. Asi, es necesario
reconstruir sus aportes més valiosos. Por consiguiente, mi
estrategia radica en mirar, en primer lugar, a Marx, para
luego mirar detris de él, con la esperanza de arrojar nueva
luz sobre algunas vicjas preguntas: qué cs exactamente el
capitalismo? ¢Caal es la mejor manera de conceptualizar-
lo? ZDebemos fensarlo como un sistema econémico, una
forma de vida ética 0 un orden social institucionalizado?
2Cémo debemos caracterizar sus “tendencias a las crisis” y
dénde debemos localizarlas?
del capitalismo, segdin Marx
Empiezo por recordar las caracteristicas que Marx consideré
distintivas del capitalismo. A primera vista, el hilo de pensa-
miento que seguiré hasta llegar al capitalismo canibal puede
parecer ortodoxo; pero es mi intencién que pronto deje de
serlo, y para eso demostraré que esas caracteristicas presupo-
nen algunas otras, que constituyen sus condiciones de posi-
bilidad. Asi como Marx dirigié su mirada detrés de Ja esfera
del intercambio, a la “morada oculta” de la produccién, con
el fin de descubrir los secretos del capitalismo, yo buscaré las
condiciones de posibilidad de la produccién que estan detras
de esa esfera, en émbitos todavia mas ocultos.28 Capitatsmo eanibal
Para Marx, la primera caracteristica distintiva del capita-
lismo ¢s la propiedad privada de los medios de produccién,
lo cual presupone wna division de clases entre propietarios
y productores. Esa divisién surgié como resultado de la rup-
tura de un mundo social anterior donde la mayoria de las
personas, sin importar cudn diferentes fueran sus posiciones,
tenian acceso a los medios de subsistencia y a los medios de
produccién; en otras palabras, acceso al alimento, el cobijo
y la vestimenta, asi como a las herramientas, la tierra y el tra-
bajo, sin verse obligadas a participar en un mercado laboral.
EI capitalismo trastocé esas condiciones de manera rotun-
da, Cereé las tierras comunales, abrogé los derechos de uso
consuetudinario y transformé los recursos compartidos en
propiedad privada de una pequeiia minorfa,
Yesto nos conduce sin escalas al segundo rasgo fundamen-
tal del capitalismo segtin Marx: el mercado laboral libre. Una
vez escindida de los medios de producci6n, la vasta mayoria
se vio obligada a someterse a esa peculiar institucién con el
fin de trabajar y obtener lo necesario para poder vivir y criar
a sus hijos. Vale la pena destacar cuén estrafalario, cudn “an-
tinatural”, cudin anémalo y especifico es el mercado laboral
libre desde el punto de vista histérico. El trabajador es “libre”
en dos sentidos. Primero, en lo que respecta a su condicién
Juridica: no es esclavo ni siervo, ni se ve ligado ni de ningtin
otro modo vinculado a un sitio determinado ni a un amo es-
pecifico; por lo tanto, es mévil y capaz de establecer un con-
trato de trabajo. Pero en segundo lugar, esté “libre” de (es
decir, *sin”) acceso a los medios de subsistencia y los medios
de producci6n, incluidos los derechos de uso consuetudina-
de la tierra y las herramientas, con lo cual queda despoja-
do de los recursos y derechos que le permitirfan abstenerse
del mercado de trabajo. Entonces, el capitalismo se define en
parte por su constitucién y por el uso de trabajo asalariado
(doblemente) libre, aunque, como veremos, también depen-
de en gran medida de un tipo de trabajo que no es libre sino
dependiente, no reconocido o no remunerado.
Omnivow 29
Luego sigue eligualmente extraiio fenémeno del valor que
se “auto"-expande, tercera caracteristica distintiva apuntada
por Marx.” El capitalismo tiene la peculiaridad de contar con
‘un impulso sistémico objetivo: la acumulacién de capital. Por
consiguiente, todas las acciones de los propietarios en cuanto
capitalistas se orientan hacia la expansi6n de su capital. Tal
como los productores, se ven sometidos a una compulsién
sistémica peculiar. Todos los esfuerzos realizados por todos
para satisfacer sus necesidades son indirectos y estan sujetos
a algo que asume la prioridad: un imperativo primordial ins-
cripto en un sistema impersonal, la propia pulsién del capital
su “auto”-expansidn infinita. Marx formula esta cuestién de
manera brillante, En una sociedad capitalista ~dice-, el car
pital se vuelve el Sujeto. Los seres humanos son sus peones,
reducidos pergeiiar cémo haran para obtener lo que necesi-
tan en los intersticios, mientras alimentan a la bestia.
La cuarta caracteristica especifica es el papel distintivo de
os mercados en la sociedad capitalista. Los mercados siem-
pre han existido a lo largo de la historia humana, incluso en
las sociedades no capitalistas. Su funcionamiento en el ca-
pitalismo, sin embargo, se distingue por dos caracteristicas.
En primer lugar, en las sociedades capitalistas, los mercados
sirven para asignar los principales insumos a la produccién
de mercancias. Concebidos en la economia politica burgue-
sa como “factores de la produccién”, en un principio esos
insumos fueron identificados como tierra, trabajo y capital.
Ademés de cumplir en el capitalismo la funcién de asignar
1 La tracicién manista suet defn al capital coro valor que 2e autosx:
pando. Siemitargo, esa formuacién 2s engefosa. En/a realidad,
el capital se expanse apropiéndose del empo de trabajo excedante
{de 10s asaltiads expotads y también expropiando la iqueza no
cepitalzada y subcapitalzads de los trabajadores decicados al cuide-
{o.las poticionas racalzadasy la naturaleza. En otvas palabras, se
‘@gande no por sf mismo, sito canbalzéndonce. Pararesatar esta
‘usin, u50 al prefjo "ato-" entre comilas.80 Cepitaismo canioal
trabajo, los mercados también asignan bienes raices, bienes
de capital, materias primas y crédito. En la medida en que
asigna estos insumos productivos mediante mecanismos de
mercado, el capitalismo los transforma en mercancias, Es,
segiin la lamativa frase del economista de Cambridge Piero
Sraffa, un sistema para la “producci6n de mercancfas por me-
dio de mercancias”, aunque, como veremos, también se apo-
ya sobre una base de no mercancias.”
Pero existe, ademas, una segunda funcién clave que los
‘mercados asumen en una sociedad capitalista: determinan
cémo se invertira el plusvalor. Por “excedente”, Marx enten-
dia el fondo colectivo de energias sociales que exceden las
requeridas para reproducir una forma de vida dada y repo-
ner lo que se agota en el transcurso de la vida. El modo en
que una sociedad utiliza sus capacidades excedentes ocupa
un lugar central: plantea preguntas fundamentales respecto
del modo en que las personas desean vivir -dénde deciden
invertir sus energias colectivas, cémo se proponen equilibrar
el “trabajo productivo” con la vida familiar, el ocio y otras acti-
vidades-, asf como de qué modo aspiran a relacionarse con la
naturaleza no humana y qué pretenden legarles a las genera-
ciones futuras. Las sociedades capitalistas tienden a dejar esas
decisiones en manos de las “fuerzas del mercado". Tal vez sea
esta su caracteristica mas relevante y perversa: el hecho de
ceder las cuestiones mas decisivas a un mecanismo orienta-
do a la expansin cuantitativa del valor monetizado, que es
congénitamente indiferente a los indicadores cualitativos de
riqueza social y bienestar humano. Ese rasgo esté en estre-
cha relaci6n con la tercera caracteristica central mencionada
en parrafos anteriores: la direccionalidad inherente y ciega
2 Phar Srata, Proctcton of Commodities by Means of Commodities.
‘Prelude to a Citique of Economic Theory, Camidge, Reino Unido,
Cambridge University Press, 1980 fod. cast: Froductin ds marcan-
‘las por medio de mercancias, Saresona, Okus-Tau, 1982}.
‘Omnwvero 31
del capital, el proceso de “auto’-expansién mediante el cual
se constituye en el Sujeto de la historia, con el consiguiente
desplazamiento ce los seres humanos que lo han creado y su
conversiGn en siervos.
Mi objetivo al destacar estas dos funciones de los mer
cados es contrarrestar la difundida concepcién de que el
capitalismo impulsa la siempre creciente mercantilizacién
de la vida. Creo que esa concepcién conduce a un callejon
sin salida, a fantasfas dist6picas de un mundo totalmente
mercantilizado. Esas fantasias no solo ignoran los aspectos
emancipatorios de los mercados, sino que pasan por alto
el hecho, subrayado por el tedrico de sistemas mundiales
Immanuel Wallerstein, de que el capitalismo a menudo ope-
ra sobre la base de hogares “semiproletarizados’. En virtud
de ese modo de operacién, que brinda a los propietarios
la posibilidad de pagar menos a los trabajadores, muchos
hogares obtienen parte de su sustento de fuentes que no
son salarios en efectivo, como el autoabastecimiento (cul-
tivo de una huerta, costura), reciprocidad informal (ayuda
mutua, transacciones en especie) y transferencias del Estado
{asistencia social, servicios sociales, bienes piiblicos).? Esta
manera de operar deja fuera del ambito del mercado una
proporcién considerable de actividades y bienes. No se trata
de meros remanentes de épocas precapitalistas, ni tampo-
co es que estén en vias de extincién. Asi, por ejemplo, el
fordismo de mediados del siglo XX pudo fomentar el con-
sumismo de la clase media en los paises centrales industria-
lizados gracias a los hogares semiproletarizados que combi-
naban empleo masculino con trabajo femenino en el hogar,
ademés de inhibir el desarrollo del consumo de mercancias
en la periferia, La semiproletarizaci6n es atin mas pronun-
ciada en el neoliberalismo, que ha construido toda una
8 Immanuel Wallrsein, Historical Canta, Londres, Verso, 1988,
. 39 (ec. cast: 8 captaismo histérico, México, Sint 10, 1986){82 Captalismo canta!
estrategia de acumulacién mediante la expulsién de miles
de millones de personas de la economia oficial hacia zonas
grises de informalidad, de las cuales el capitalismo extrae
riqueza. Como veremos, esta suerte de “acumulacién primi-
tiva” es un proceso en marcha, del cual el capital obtiene
valor y sobre el cual se funda.
La cuesti6n, por lo tanto, reside en que factores mercan-
tilizados de las sociedades capitalistas cocxisten con factores
no orientados al mercado. Y no es este un evento fortuito ni
una contingencia empirica, sino un rasgo constitutive del
ADN del capitalismo. De hecho, “coexistencia” es un término
demasiado débil para capturar la relacién entre los aspectos
mercantilizados y no mercantilizados de una sociedad capi-
talista. “Imbricaci6n funcional” o “dependencia” resultarian
mas adecuados, pero no logran connotar Ia perversidad de
esa relacidn.* Ese aspecto, que pronto se verd con claridad,
esta mejor expresado en el término “canibalizacién”.
Tras la “morada oculta” de Marx
Hasta aquf, presenté una definicién bastante ortodoxa del
capitalismo, cuya base consiste en cuatro caracteristicas cen-
tales que parecen ser “econémicas”. Segui a Marx cuando
miré detras de la perspectiva del sentido comin, centrada en
el intercambio de mercado, para dirigir la mirada a la “mo-
rada oculta” de Ia produccién, Ahora, sin embargo, deseo
mirar detras de esa morada oculta, para ver aquello que est
todavia mas oculto. Lo que afirmo es que la descripcién de la
produccién capitalista postulada por Marx solo cobra sentido
4 Kel Polen, The Great Transtomation, Boston, Beacon, 1865 fed
‘cast: La gran transforacion, Mélco, FCE, 1992); Nancy Fraser,
“Can Society Be Commocitiss Al the Way Down?” Eeanamy and
Society, vol. 43, 2014,
Ornivocs 33
cuando empezamos a completarla con las condiciones de po-
sibilidad que la scstentan. Por lo tanto, la siguiente pregunta
serd: gqué debe existir detras de esas caracteristicas funda-
mentales para que sean posibles?
El propio Marx formula una pregunta similar cerca del fi-
nal del libro I de St capital, en el capitulo acerca de fa acumu-
laci6n originaria 0 “primitiva"S {De dénde provino el capi-
tal?, indaga. ¢C6mo nacié la propiedad privada de los medios
de produccién y cémo sucedié que los productores fueron
separados de esor medios? En los capitulos anteriores, Marx
habfa puesto al descubierto la légica econémica del capitalis-
mo con abstraccién de sus condiciones de posibilidad, que se
suponian dadas. Sin embargo, result que existfa un exten-
so relato subyacerte sobre la proveniencia del capital, un rele
to bastante violento de despojo y expropiaci6n. Es mas, como
pusieron de relieve teGricos que van desde Rosa Luxemburgo
hasta David Haney, ese relato subyacente no se sittia con
exclusividad en el pasado, en los “origenes” del capitalismo.
La expropiacién es un mecanismo de acumulacién atin en
marcha, aunque no oficialmente, que persiste junto al meca-
nismo oficial de explotacién, el “relato en primer plano” de
Marx, por asi decr.
Este movimiento, del relato sobre el primer plano de la
explotacién al relato sobre el trasfondo de la expropiacién,
constituye un giro epistémico fundamental que arroja nue-
va luz sobre todo lo anterior. Es andlogo al movimiento que
Marx efectiia casi al comienzo del libro I, cuando nos invita
6 Kast Marx, Capita, t 1, rad. de Ben Fawkes, Londres, Penguin, 1976,
bp. 873-87¢ fd. cast. captal, bra | en 8 vols, Buenos Aes,
Sige XU, 2602-2004),
6 Fosa Lunerrturgo, The Accumulation of Capital, Nueva York,
Monthly Raviw, 1988 fod. cast: La acumutacion del capt, Buono
‘Aires, Terarnar, 20071; Davet Harvey, The New Imperiasm, Oxford,
(Oxtor University Press, 2908, pp, 187-182 ed. cast 8 nuevo impe-
loro, Maid, Akal, 2016),‘34 Copitaisrno aribal
a dejar atrds el Ambito del intercambio de mercado y Ia pers-
pectiva del sentido comiin burgués con el que se asocia, para
centrarnos en la morada oculta de la produccién, que ofrece
la posibilidad de adoptar una perspectiva mds critica. Como
resultado de aquel primer movimiento, descubrimos un su-
cio secreto: la acumulaci6n se gesta por medio de la explota-
cion, En otras palabras, el capital no se expande mediante el
intercambio de equivalentes, como sugiere la perspectiva del
mercado, sino del modo opuesto: mediante la no compensa-
cidn de parte del tiempo de trabajo de los trabajadores. De
manera similar, cuando al final del volumen pasamos de la
explotacién a la expropiaci6n, descubrimos un secreto inclu-
so més sucio: a la coerci6n sublimada del trabajo asalariado
subyacen la violencia descarada y el robo desembozado. En
otras palabras: la extensa claboracién que expone la légica
econémica del capitalismo, que constituye la mayor parte del
libro I, no es la ultima palabra, Llega, a continuacién, un
desplazamiento hacia otra perspectiva, la de la desposesién.
Ese desplazamiento hacia lo que esté detrés de la “morada
oculta” cs, también, un movimiento hacia la historia y ha-
cia lo que denomino “condiciones de posibilidad de base de
1a explotaci6n”,
Podria decirse, sin embargo, que Marx no desarroll6 en su
totalidad las implicaciones de ese giro epistémico de la explo-
tacién hacia la morada arin més oculta de la expropiaci6n,
‘Tampoco teorizé acerca de otros giros epistémices, de igual
grado de importancia, implicados en su visién del capitalis-
mo. Esos movimientos hacia moradas incluso mas ocultas to-
davia deben ser conceptualizados, como también deben serlo
las implicaciones de la acumulacién “primitiva” en su total
dimensién. Es imprescindible incorporar todas estas cuestio-
nes, en nuevos libros de EI capital si se quiere, para poder
desarrollar una comprensin adecuada del capitalismo del
siglo XX1,
Omnivor 35
De la producci6n de mercancias
a la reproduccién social
Un giro cpistémico esencial es el de la produccién a la repro-
duccién social: las formas de aprovisionamiento, provisién de
in que producen y mantienen a los seres
los sociales. Denominada de formas diver-
sas como “cuidado", “trabajo afectivo” o “subjetivacién”, esta
actividad forma a los sujetos humanos de! capitalismo y los sos-
tiene como seres naturales corporizados, a la vez que los cons-
tituye como seres sociales, conforma su habitus y la sustancia
socioética, o Sitilickeit, donde se mueven, Fundamental en este
sentido es el trabajo de dar a luz y socializar a los nifios, cons-
truir comunidades, producir y reproducir los significados com-
partidos, las disposiciones afectivas y los horizontes de valor que
sustentan Ia cooperaci6n social. En las sociedades capitalistas,
‘buena parte de esta actividad, aunque no toda, tiene lugar fue-
ra del mercado, €7 los hogares, los barrios y una infinidad de
instituciones pablcas, entre ellas escuclas y guarderias; y bue-
na parte de ella, aunque no toda, no adopta la forma de trabajo
asalariado. Y sin embargo, la actividad de reproduccién social
¢s absolutamente necesaria para la existencia del trabajo asa-
lariado, la acumulaci6n de plusvalor y el fancionamiento det
capitalistno. El trabajo asalariado no podria existir en ausencia
del trabajo domés:ico, la crianza de los hijos, la escolarizacién,
el cuidado afectivo y una serie de otras actividades que ayudan
a producir nuevas generaciones de trabajadores y a reponer
las existentes, como asimismo a sostener vinculos sociales y en-
tendimientos compartidos. Al igual que la “acumulacién ori-
ginaria’, la reproduccion social es condici6n indispensable de
posibilidad de la produceién de mereancias.
Incluso més: desde el punto de vista estructural, la division
entre reproduccién social y produccién de mercancias es de-
cisiva para el capitalismo; en rigor, esa escisién es un artefacto
del sistema. Como ya resaltaron numerosas te6ricas feminis-
tas, la distincién esta marcada por estereotipos de género: la36 Copitalamo cana
reproduccién se asocia con las mujeres y la produccién con
los hombres. Histéricamente, la divisién entre trabajo asala-
riado “productivo" y trabajo no asalariado “reproductivo” fue
l pilar de las formas capitalistas modernas de subordinacién
de la mujer. Al igual que la divisién entre propietarios y tra-
bajadores, también esta se apoya en Ta ruptura de un mundo
anterior. En este caso, lo que se hizo aiticos fue un mundo
donde el trabajo de las mujeres, si bien diferente del de los
hombres, era visible y piblicamente reconocido, parte consti-
tutiva del universo social. Con el capitalismo, en contraste, la
labor reproductiva se escinde y queda relegada a un émbito
doméstico "privado”, separado, donde su importancia social
resulta opacada, Y en este nuevo mundo, en el que el dinero
€s un recurso primordial de poder, el hecho de que este tra-
bajo no se pague 0 sea mal pago sella la cuestién: quienes lo
realizan se ven estructuralmente subordinados a quienes per
ciben salarios dinerarios en la “produccién’, incluso a pesar
de que su trabajo "reproductivo” suministra las precondicio-
nes necesarias para ¢l trabajo remuncrado.
Lejos de ser universal, la division entre produccién y re-
produccién nacié histéricamente con el capitalismo. Sin
embargo, no fire dada de una vez y para siempre: muy por
el contrario, muté con el tiempo y adopté formas diferentes
en diferentes etapas del desarrollo capitalista. Durante el si-
glo XX, algunos aspectos de la reproduccién social fueron
transformados en servicios ptiblicos y bienes ptiblicos, des-
privatizados, pero no mercantilizados. Hoy en dia, la division
se modifica una vez. mas, cuando el neoliberalismo vuelve a
privatizar esos servicios y los mercantiliza, mientras también
mereantiliza por primera vez otros aspectos de la reproduc-
cién social. Es més, al exigir el recorte de los subsidios del
Estado mientras recluta masivamente a las mujeres en traba-
jos del sector de los servicios mal remunerados, esta forma
‘actual de capitalismo traza a nuevo 1os limites instituciona-
les que antes separaban Ia produccién de mercancfas de la
reproduccién social y reconfigura la asignacién por géncros
‘Omevora 37
como resultado. De igual importancia, la presente forma de
capitalismo canibaliza la reproduccién social y permite que
cl capital la devore con total libertad, sin reponerla. Como
vyeremos en el capitulo 3, el efecto de estos desarrollos con-
vierte esa condicion vital de la acumulacién en un punto fun-
damental de las crisis capitalistas.
De la economia ala ecologia
‘También es necesario tener en cuenta un segundo giro en
la perspectiva epistémica, uno igualmente crucial, que dirige
wuestra atencién hacia otra morada oculta. La mejor expre-
mn de este otro giro est plasmada en el trabajo de pensa-
ores ecosocialistas que escriben otro relato subyacente, que
tiene como eje la canibalizacién de la naturaleza a manos
ropiedad privada, la acumulacién de va-
lor “auto"-expansiva, la asignacién por via del mercado del
excedente social y los insumos fundamentales a la produc-
cin de mercanc’as, incluido el trabajo (doblemente) libre,
se wuelve posible merced a cuatro condiciones cruciales de
fondo vinculadas, respectivamente, con la reproduccién so-
cial, la ecologia de la tierra, el poder politico y las continuas
inyeeciones de rqueza expropiada a los pueblos racializa-
dos. Para entender el capitalismo, por lo tanto, necesitamos
resituar el relato elaborado por Mars acerca de ese primer
plano y ponerlo =n relacién con estos cuatro relatos acerca
del trasfondo, Debemos conectar la perspectiva marxiana con
otras corrientes emancipatorias de teoria critica: feminista,
ecolégica, politica, antiimperialista y antirracista,
2Qué tipo de animal es cl capitalismo desde esta perspecti-
va? La imagen que trazo aqut difiere en enorme medida de la
conocida idea de que el capitalismo es un sistema econémico.
Es verdad: a primera vista, puede haber parecido que las ca-
rracteristicas fundamentales que identificamos eran “econémi-
cas”, Sin embargo, esa aparicncia resultaba engafiosa. Una de
las peculiaridades del capitalismo es que trata sus relaciones
sociales estructurantes como si fueran econémicas. En rigor,
no tardamos en vernos obligados a hablar de las condiciones
de fondo “no ecenémicas” que posibilitaban Ia existencia de
ese “sistema ecorémico”. Asi, no hablamos de las caracteris-
ticas de una economia capitalista, sino de una sociedad capi-
talista. Lejos de maquillarlas para hacerlas desaparecer del
cuadro, necesitamos integrarlas a nuestra comprensién de lo
que es el capitalismo. Y para ello, debemnos reconceptualizar
el capitalismo como algo més vasto que una economia,
Asimismo, la imagen que he esbozado difiere de la visién.
del capitalismo como una forma reificada de vida ética, ca-
racterizada por la mercantilizacién y la monetizacién gene-
ralizadas. Desde esa perspectiva, tal como se expresa en el
celebrado ensayo “Reificacién y conciencia del proletariado”
de Georg Lukacs, la forma mercancia coloniza la toralidad de46 Capltaemo canioal
Ja vida y estampa su marca en fenémenos tan diversos como
Ia ley, la ciencia, la moral, el arte y la cultura." Por mi par-
te, considero que en la sociedad capitalista la mercantiliza-
Gi6n dista mucho de ser universal: allf donde esta presente,
su mera existencia depende de zonas de no mercantilizacién
que el capital canibaliza sistematicamente.
‘Ya sean sociales, ecolégicas 0 politicas, en ningrin caso estas
zonas no mercantilizadas son un simple reflejo de la légica de
la mercanefa. Fn cada una se plasman diferentes graméticas
normativas y ontolégicas que le son propias. Por ejemplo, las
practicas sociales orientadas a la reproduccién (en oposicién
a la producci6n) tienden a engendrar ideales de cuidado,
responsabilidad mutua y solidaridad."* De manera similar, las
practicas orientadas a la organizacién politica -a diferencia
de la economia- suclen remitir a principios de democracia,
autonomia piblica y autodeterminacién colectiva. Ademis,
las prdcticas asociadas con las condiciones de posibilidad del
capitalism en el ambito de la naturaleza no humana tien-
den a promover valores como la administracién ecolégica, la
no dominacién de la naturaleza y la justicia intergeneracio-
nal. Por tiltimo, las précticas asociadas con Ia expropiacién
0, mejor dicho, con la resistencia a esa expropiacién suelen
fomentar valores de integraci6n, por un lado, y de autonomia
comunitaria, por otro.
Sin lugar a duda, estas normatividades “no econémicas” a
veces adoptan una apariencia jerarquica y provinciana (en
el caso de la reproduccién social), restringida o excluyente
(en el caso de la organizacién politica), romantica y sectaris-
ta (en el caso de la naturaleza no humana) o insensible a la
12 Georg Lukécs, History and Class Consciousness, Stucoe in Marist
Daectics, Cambridge, MT, 1871 [ed cast. Historia y conciancla de
‘clase, Machi, Akal, 2021],
19 Sara Ruccick, Maternal Thinking, Towerds a Paes of Peace, Londres,
‘Wornen’s Press, 1990; Joan Trento, Mara Bounces. @Pottica!
Argument for an Etc of Care, Nueva York, Routeige, 1990.
Omnivers 47
cuestion de la clase y reificada (en el caso de la resistencia a
la expropiacién). Por lo tanto, no cabe idealizarlas. Sin em-
argo, es importante tener presente su divergencia respecto
de los valores asociados con Ia fachada del capitalismo, sobre
todo, crecimiento, eficiencia, intercambio entre iguales, elec-
cién individual, libertad negativa y progreso meritocratico,
Esta divergencia nos lleva a conceptualizar el capitalismo
de un modo diferente. Lejos de generar una légica tinica y
general de reificacién, la sociedad capitalista alberga norma-
tivas diferentes y abarca una pluralidad definida de ontolo-
gias sociales distintas pero interrelacionadas. Queda pendien-
te ver qué sucede cuando esas ontologfas colisionan, Pero la
estructura que las sustenta esta clara: la topografia normativa
que distingue al capitalismo surge de las relaciones entre el
primer plano y el trasfondo que hemos identificado, Si mues-
tro objetivo es desarrollar una teoria critica, debemos reem-
plazar nuestra visén del capitalismo como forma reificada de
vida ética por una perspectiva estructural mds diferenciada.
Si el capitalismo no es un sistema econémico ni una for
ma reificada de vida ética, vale preguntarse, entonces, qué es.
Mi respuesta es que deberiamos concebirlo como un orden
social institucionalizado, tal como el feudalismo, por ejem-
plo. Entender el capitalismo de esta manera pone de relieve
sus divisiones estructurales, en especial las separaciones ins-
titucionales que detecté. Como ya vimos, es constitutiva del
capitalismo Ta separaci6n institucional entre “produccién
econémica” y “reproduccién social”, separacién marcada
por estereotipos de género que fundamenta formas de do-
minaci6n masculina especificamente capitalistas, a la vez que
posibilita la explotacién capitalista de la fuerza de trabajo y,
mediante ella, su modo de acumulacién oficialmente estable-
cido. También definitoria del capitalismo es la separacién ins-
titucional de la “economia” respecto de la “organizacién poli-
tica’, separaciGn que deja fuera de las agendas politicas de los
Estados territoriales las cuestiones econdmicas. Asi, daal capi-
tal la libertad de vagar por una tierra de nadie transnacional48. Capitalero canal
donde cosecha los beneficios del ordenamiento hegeménico
mientras evade el control politico. También es fundamental
para el capitalismo la divisién ontol6gica preexistente pero
enormemente intensificada entre el fondo “natural” (no hu-
mano) y el primer plano *humano” (en apariencia, no na-
tural). Por Gltimo, es constitutiva en igual grado Ia divisién
entre explotacién y expropiacién, que hermana la libertad
(doble) de la clase trabajadora oficial con el sometimiento no
reconocido de los “otros” racializados. Hablar del capitalis-
mo como un orden social institucionalizado, fundado sobre
estas separaciones, es sugerir su imbricacién estructural y no
accidental con la dominacién de género, la degradacién eco-
logica, la opresién racial/imperial y la dominaci6n politica
(por supuesto, todo ¢s0 en conjuncién, con su igualmente
estructural y no accidental dinémica en primer plano de la
cexplotacién de la fuerza de trabajo ~doblemente- libre).
Luchas por los limites
Sin embargo, con lo dicho no pretendo sugerir que las divi-
siones institucionales del capitalismo sean dadas de una vez
y para siempre. Por el contrario, como ya vimos, en funcién
del régimen de acumulaci6n varfan histéricamente el lugar
yel modo exactos en que las sociedades capitalistas trazan la
linea divisoria entre produccién y reproduccién, economfa
y organizaci6n social, naturaleza humana y no humana, ex-
plotacién y expropiacién. De hecho, es posible conceptuali-
zat el capitalismo metcantil, el capitalismo colonial liberal,
el capitalismo de monopolios administrados por el Estado
y el capitalismo neoliberal globalizador en esos términos:
como cuatro modos histéricamente especificos de demarcar
los diversos ambitos que comprende el capitalismo.
De igual importancia es que la configuracién precisa del
orden capitalista en cualquier momento y lugar depende de
Ia disputa: del equilibrio de poder social y del resultado de las
Omivow 49
luchas politicas. Lejos de ser dadas, las divisiones instituciona-
les del capitalisrro suelen volverse focos de conflicto cuando
los actores se movilizan para desafiar o defender los limites
establecidos que separan la economia de la organizacién so-
cial, la produccién de la reproducci6n, lo humano de la natu-
raleza no humara y la explotacién de la expropiacién. En la
‘medida en que apuntan a que procesos en disputa se resittien
en el mapa institucional del sistema, los sujetos del capitalis-
mo recurren a las perspectivas normativas asociadas con las
diversas zonas que ya detectamos.
En Ia actualidad, vemos que se recurre a esas perspectivas.
Algunos opositores del neoliberalismo sc valen de ideales de
cuidado y responsabilidad, asociados con la reproduccién,
para oponerse a las iniciativas orientadas a mercantilizar la
‘educacién. Otres invocan nociones de administracién de
la naturaleza y justicia intergeneracional, asociadas con la
ecologéa, para militar en favor de la adopcién de energias
renovables. Y otros esgrimen ideales de autonomia publica,
asociados con la organizacién social, para reclamar controles
internacionales de capitales y extender la rendicién de cuen-
tas democratica mas all4 del Estado. Otros mas citan normas
de integraci6n yautonomia comunitaria, asociadas con la re-
sistencia a la expropiaci6n, para abogar por la abolicién de la
prisién y el desfinanciamiento de las fuerzas policiales. Estas
reivindicaciones, junto con las contrarreivindicaciones que
inevitablemente suscitan, son la materia misma de la lucha
social en las sociedades capitalistas, tan fundamentales como
las Iuchas de clase por el control de Ia produccién de mer-
cancfas y la distribucién de la plusvalia que Marx privilegié.
Estas luchas por ls limites, como las denominaré, configuran de
manera decisiva la estructura de las sociedades capitalistas' y
“4 Nanoy Fraser, “Struggle over Needs: Outine of @ Socait-Feminist,
CCtcet TMuory of Late Gactaist Posical Culture’, en Unruly Practices.
Power, Discourse and Gender in Contemporary Social Theory,50 Captakemo canal
desempeiian un papel constitutivo en la concepcién del capi-
talismo como orden social institucionalizado.
El foco en las luchas por los limites deberfa desalentar
cualquier impresi6n errada respecto de que el enfoque aqui
esbozado es de indole funcionalista, vale decir, centrado en
‘demostrar que cada instancia sirve para reforzar el sistema, Es
verdad que empecé por caracterizar la reproducci6n social, la
ecologia, el poder politico y la expropiacién como condicio-
nes basicas de posibilidad del retato sobre el “primer plano”
del capitalismo e hice hincapié en su funcionalidad respecto
de la produccién de mercancias, la explotacién de la fuer-
za de trabajo y la acumulacién del capital. Sin embargo, ese
momento no capta en plenitud las relaciones entre primer
plano y fondo del capitalismo, sino que coexiste con otro
momento, ya insinuado, que ¢s igualmente central y surge
de la caracterizacién de las zonas social, politica, ecolégica
y periferializada/expropiable como reservorios de norma-
tividad “no econémica”. Lo dicho implica que, aun si estos
6rdenes “no econémicos" hacen posible la produccién de
mercancfas, no son reductibles a esa funcién posibilitadora.
Lejos de quedar agotadas por la dindmica de la acumulacién
0 de estar por entero a su servicio, cada una de esas moradas
ocultas alberga ontologias distintivas en materia de préctica
social ideales normativos.
Por otra parte, es0s ideales “no econémicos” estan prefiados
de posibilidades politicas y criticas. En tiempos de crisis, en
especial, cs posible emplearlos contra pricticas econémicas
centrales asociadas con la acumulacién de capital. En épocas
como esas, tienden a debilitarse las divisiones estructurales
que normalmente sirven para que las diversas normativida-
des queden segregadas a sus propias esferas institucionales.
Minedpoks, Univers of Minnesota Press, 1988 fed. cast: Practices
rabeides. Poder, ofscurso y génsro en ls teak social contemporanea,
[Buenos Aes, Promatea, 2020)
Omnivoro 61
(Cuando las separaciones pierden vigor, los sujetos del capita-
lismo ~que, después de todo, viven en mds de una esfera~ vi-
yencian conflictes normativos. Lejos de introducir ideas des-
de el “exterior”, recurren a la normatividad compleja propia
del capitalismo para criticarlo y movilizan a contracorriente
la multiplicidad de ideales que coexisten, a veces con inco-
modidad, en un orden social institucionalizado asentado en
divisiones que separan el primer plano del fondo, Asi, la con-
cepcién del capitalismo como un orden social institucionali-
zado nos ayuda a comprender que es posible desarrollar una
critica del capita. desde dentro.
Sin embargo, este punto de vista también sugiere que serfa
un error interpretar romadnticamente la sociedad, la organiza-
cién politica, la naturaleza y la periferia como si estuvieran si-
tuadas “fuera” del capitalismo y se le opusicran. Esta interpre-
tacién romantica es la que hoy en dfa sostiene una cantidad
considerable de pensadores anticapitalistas y activistas de i
quierda, entre ellos feministas culturales, ecologistas profun-
dos, neoanarquistasy decolonialistas, como asimismo muchos
proponentes de economias “plurales”, “de poscrecimiento”,
“de subsistencia” y “sociales y solidarias". Con demasiada fre-
cuencia, estas corrientes tratan “el cuidado”, “la naturaleza”,
la “acci6n directa”, “el uso colectivo de recursos [commoning]”
© el (neo)“comunalismo” como si fueran intrinsecamente
anticapitalistas. Debido a esto, pasan por alto que sus pricti-
cas favoritas no son exclusivamente generadoras de criticas,
sino que también forman parte esencial del orden capitalista.
Segiin mi interpretacién, en cambio, la sociedad, la organiza.
cién politica, la naturaleza y la periferia expropiable surgie-
ron al mismo tiempo que la economia y se desarrollaron en
simbiosis con ella. Son, en efecto, los “otros” de la economia
y solo adquieren su cardcter especifico en contraste con ella,
‘Asi, reproduccién y produccién conforman un par en el que
cada término se codefine en funci6n del otro. Ninguno tiene
sentido sin el otro. Esto también se aplica a los pares organi-
zacién politica y economia, naturaleza y humanidad, centro52 Cepitaismo canibal
y petiferia. En cuanto parte constitutiva del orden capitalista,
ninguno de los reinos “no econémicos” aporta un punto de
vista por completo externo que pueda sustentar una forma
de critica absolutamente pura y cabalmente radical. Por el
contrario, los proyectos politicos que apelan a lo que imagi-
nan como “externo” al capitalismo casi siempre terminan por
reciclar estereotipos capitalistas: contraponen la crianza y el
cuidado femeninos a la agresién masculina, la cooperacién
espontinea al célculo econémico, el organicismo holistico
de la naturaleza al especismo antropocéntrico, el comunalis-
mo de subsistencia al individualismo occidental. Tomar estas
oposiciones como base para las luchas propias no equivale a
cuestionar el orden social institucionalizado de la sociedad
capitalista; en cambio, lo refleja involuntariamente.
De lo dicho se desprende que una interpretacién adecua-
da de las relaciones entre el primer y el segundo plano del
capitalismo debe reunir tres ideas diferentes. En primer Iu-
gar, los ambitos “no econémicos” ofician como condiciones
de posibilidad de fondo para su economfa: para su existencia,
esa economia depende de valores ¢ insumos provenientes de
aquellos ambitos, En segundo lugar, los ambitos “no econé-
micos" del capitalismo tienen peso y cardcter propios, que
‘en ciertas circunstancias pueden proporcionar recursos para
Ia lucha anticapitalista. Sin embargo, y aqui vemos la tercera
idea, estos ambitos son parte esencial de la sociedad capita-
lista: histéricamente, se constituyeron en tindem con su eco-
noma y estin marcados por su relaci6n simbiética con ella,
Las crisis de canibalizacion
Hay, ademas, una cuarta idea, que nos retrotrae al proble-
ma con el que empecé, el de la crisis. Las relaciones entre el
primer y el segundo plano del capitalismo albergan fuentes
inherentes de inestabilidad. Como vimos, la produccién ca-
pitalista no genera su propio sustento, sino que se mantiene
Omnivor 53
a expensas de la reproduccién social, la naturaleza, el poder
politico y la expropiaci6n; sin embargo, su orientacién hacia
Ja acumulacién infinita amenaza con desestabilizar sus condi-
ciones mismas de posibilidad, En el caso de sus condiciones
ecolégicas, lo que esta en riesgo son los procesos naturales
que sostienen la vida y proveen los insumos materiales para
el aprovisionamiento de la sociedad. En el caso de las condi-
ciones de posibilidad vinculadas con la reproduccién social,
se ven amenazados los procesos socioculturales que suininis-
tran las relaciones solidarias, las disposiciones afectivas y los
horizontes de valor que sustentan la cooperacién social, a la
vez qute proveen los seres humanos adeciadamente socializa-
dos y capacitados que constituyen la “fucrza laboral”. En el
caso de las condiciones politicas, lo que se compromete son
los poderes piiblicos, tanto nacionales como transnacionales,
‘que garantizan los derechos de propiedad, hacen cumplir los
contratos, arbitran en disputas, sofocan las rebeliones anti-
capitalistas y preservan la oferta monetaria, En el caso de ta
dependencia del capital respecto de la riqueza expropiada, lo
que se pone en peligro es el universalismo autoproclamado
del sistema -y por ende, su legitimidad~ y la capacidad de sus
clases dominantes de gobernar de manera hegeménica me-
diante una combinacién que incluye tanto el consenso como
el uso de la fuerza. En cada uno de estos casos, el sistema
aloja una tendeacia intrinseca a la desestabilizacién. Al no
reabastecer ni reparar sus moradas ocultas, el capital devora
con persistencia las bases que lo sostienen, Como la serpiente
que come su propia cola, canibaliza sus propias condiciones
de posibilidad.
Nos encontramos aqui, en el lenguaje de Marx, con cuatro
“contradicciones del capitalismo”: la ecolégica, la social, la
politica y la racial/imperial; cada una de ellas corresponde
aun género de canibalizacién y entrafia una “tendencia a la
crisis”, Sin embargo, a diferencia de las tendencias a las crisis
sefialadas por Marx, estas no derivan de contradicciones in-
ternas de la economia capitalista, sino de contradicciones54 Capitalemo caribal
entre el sistema econdmico y sus condiciones de posibilidad:
entre produccién y reproduccién, entre sociedad y natura-
leza, entre economia y organizacién politica, entre explo-
tacién y expropiacién. Su efecto, como vimos, consiste en
incitar una amplia variedad de luchas sociales en la sociedad.
capitalista: no solo luchas de clase en el lugar de produc-
cidn, definidas en sentido acotado, sino también luchas por
los Iimites en relacién con la ecologfa, la reproduccién so-
cial, el poder politico y la expropiacién. Estas luchas, que
son respuestas a las tendencias a la crisis inherentes a la so-
ciedad capitalista, prevalecen en nuestro enfoque ampliado
del capitalismo en tanto orden social institucionalizado.
2Qué tipo de critica del capitalismo se deriva de la concep-
cin aqué esbozada, es decir, del capitalismo entendido como
orden social institucionalizado? Concebir el capital como un
canibal implica una forma de reflexidn critica con miiltiples
vertientes, muy similar la que desplego Marx en Elcapital. En
mi lectura, Marx entrelaza una critica sistémica de la tenden-
cia inherente del capitalismo a las crisis (econémicas), una
critica normativa de su dinamica intrinseca de dominacién
(de clase) y una critica politica del potencial para la transfor-
macién social emancipatoria inherente a su forma caracte-
ristica de lucha (de clases). La concepcién que he delineado
hasta aqui exige un entrelazamiento andlogo de vertientes
criticas; pero en este caso cl entramado resulta mas complejo,
ya que cada una de esas vertientes es, a su vez, miiltiple en su
interior. La critica de las crisis sistémicas incluye no solo las
contradicciones econémicas analizadas por Marx, sino tam-
bién las cuatro contradicciones entre esferas aqui analizadas
que desestabilizan las condiciones de fondo necesarias para
Ta acumulacién del capital, al poner en riesgo la reproduc-
cién social, la ecologia, el poder politico y la expropiacién
15 Véase Jere O'Connor, “Capt, Nature, Socials: A Thecrtical
Introducton’, Captaliom, Nature, Sckalsm, val. 1, r°4, 1988, pp. 7-22.
‘Omnivero 55
continua. De manera similar, la critica de la dominacién abar-
ca no solo las formas (centradas en la produccién) de domi-
nacién de clase examinadas por Marx, sino también aquellas
vinculadas con la dominacién de género, la dominacién po-
litica, la dominac’6n de la naturaleza Ta dominaci6n racial/
imperial. Por tiltimo, la critica politica comprende miiltiples
conjuntos de actores ~clases, géneros, grupos de estatus, “ra-
zas*, naciones y demoi-y vectores de lucha: no solo lucha de
clases, sino ademas luchas por los limites atinentes a las sepa-
raciones entre las zonas social, politica, natural y expropiable
periferializada, por un lado, y “la economia”, por el otro.
Asi, lo que se considera una lucha anticapitalista tiene un
alcance tanto mayor que lo que tradicionalmente supusicron
Jos marxistas. No bien desplazamos la mirada del relato apa-
rente hacia su trasfondo, todas las condiciones basicas indis-
pensables para la explotacién del trabajo se vuelven focos de
conflicto en la sociedad capitalista: no solo luchas entre él
trabajo y el capital en el lugar de produccién, sino también
luchas por los limites atinentes a la dominacién de género,
Ia ecologia, el racismo, el imperialismo y la democracia. Sin
‘embargo, lo que reviste igual grado de importancia es que,
de ahi en més, estas titimas aparecen bajo una luz diferen-
te: como luchas dentro de, en torno a y (en algunos casos)
contra el capitalismo. Si quienes participan en estas luchas se
vieran a si mismos en estos términos, quizés podrian unirse 0
cooperar. En ese caso, su potencial emancipatorio consistiria
en su capacidad para imaginar nuevas configuraciones, no
“meramente” de la economia, sino de la relacién de la econo-
mia con Ia sociedad, con la naturaleza y con Ia organizacién
politica, Entonces, reimaginar las divisiones estructurales que
constituyeron hist6ricamente las sociedacles capitalistas re-
presentarfa la tarsa fundamental de los actores sociales y los
te6ricos criticos comprometidos con la emancipacién en el
siglo XI.
Esa agenda es el alma de este libro. En los capitulos que
siguen, consideraré con mayor detenimiento cada una de{56 Coptaliemo canal
las cuatro moradas ocultas que describi en paginas ante-
riores. Mediante la integraci6n del andlisis estructural con
la reflexi6n histérica y la teorizacién politica, revelaré las
formas de canibalizacién que les son propias: la dinamica
racial/imperial de la divisién expropiacién/explotacién del
capitalismo, que alimenta Ia voracidad de ese glotén con
poblaciones a las que puede castigar impunemente (capitu-
Jo 2); 1a dinamica marcada por estereotipos de género del par
reproduccién/produccién, que imprime al sistema el sello de
devorador de cuidados (capitulo 3); la dindmica ecodepreda-
dora de su antitesis naturaleza/humanidad, que sitia a nues-
tro hogar planetario en las fauces del capital (capitulo 4); y
el impulso que Io lleva a devorar el poder puiblico y faenar,
como en una carniceria, la democracia, impulso inherente
a Ja divisién distintiva del sistema entre economia y organi-
zacién politica (capitulo 5). Las dos iiltimas secciones inda-
gan la diferencia préctica que implica repensar el capitalismo
como canibal: en qué medida esa concepcién modifica nues-
za comprensi6n del socialismo (capitulo 6) y de la pandemia
de covid-19 (epilogo).
2. UN CANIBAL AVIDO
DE INFLIGIR CASTIGO:
POR QUE EL CAPITALISMO
ES ESTRUCTURALMENTE
RACISTAEl capitalismo siempre tuvo un estrecho vinculo
con la opresién racial. Con toda obviedad, esta aseveracién
es valida para el capitalismo de las plantaciones esclavistas
de los siglos XVII al XIX, pero también para el capitalismo
industrializado de Jim Crow.'® Tampoco puede haber dudas
razonables de que la opresiGn racial persista en el capitalismo
desindustrializador, el de los créditos de alto riesgo a tasas
sidcrales y los encarcelamientos masivos de la era actual. Pese
alas claras diferencias mutuas, ninguna de estas formas de car
pitalismo “real” ha sido no racial. En todas sus encarnaciones
hasta la fecha, la sociedad capitalista ha estado enlazada con
la opresién racial
2Gual es la indole de este enlazamiento? Es contingente
6 estructural? {BI vinculo entre capitalismo y racismo sur-
giG por pura casualidad? ;Podrian haber sido diferentes,
en principio, las cosas? :O el capitalismo estaba inheren-
temente programado desde un comienzo para dividir a las
poblaciones por razas? ;Y cual es la situacién actual? ¢Es el
racismo parte ccnstitutiva del capitalismo contempordned? 20
ahora, en el siglo XXI, por fin es posible un capitalismo
no racial?
16 Se conocacome "leyos Jim Crow” las normas racists que entraron
fen vigor & medados del siglo XIX en los Estacos Uric y sogrogaban
alas personas trodescenclentes on los émbitos pibioos 0 en los
rmedios Gatrensparte.[N. de]{60 Capitalism cenibal
Estas preguntas no son nuevas. Por el contrario, consti-
tuyen el micleo de una corriente de teorizacién critica pro-
fanda, aunque poco reconocida, que se llamé “marxismo
negro”. Esta tradicién, que florecié entre los afios trein-
ta y fines de los aftos ochenta del siglo XX, incluye figu-
ras tan destacadas como C. L. R. James, W. E. B. Du Bois,
Eric Williams, Oliver Cromwell Cox, Stuart Hall, Walter
Rodney, Angela Davis, Manning Marable, Barbara Fields,
Robin D. G. Kelley y Cornel West.” Si bien sus enfoques
17 La expresion ‘manésmo negra" fue acufiade por Cache Robinson,
‘que lo organ ala nocién do una tradicien do pensamiento mana
na dtntva pera fa Hooracién nog. Véaae Cedric Robinson, Biack
‘Marais, Chapel Hil, University of North Carolina Press, 1999 fed,
‘cas: Maraismo negro. La formacién de a tralcién radical negra,
Machid, Trafcantes de Suetios, 2020). Sin embargo, Robinson
ro Sola no achirié ni raspald esa tracicion, sino que s= pos
cioné coma at ertce, Ente ls trabajos de algunos exponentes
dstacaos del marsismo negro, se incluyen C. LR. dames, The
‘Black Jacabins, Londres, Perguin, 1938 fod. cast: Los Jacobi
nos negros, Navarra, Katakrak, 2022}; W. EB. Du Bois, Black
Reconstruction in America, 1860-1880, Nueva York, Hercout, Brace
‘and Oorreany, 1895; Eric Willams, Capitals and Slavery, Chapel
Hil, University of North Garcina Press, 1844 fod, cast: Captalsmo
y esclavtad, Madd, Trafcantes de Sueros, 201 I; Olver Cromwell
Cox, Caste, Class, and Race. A Study of Social Dynamics, Nueva
York, Monthly Review, 1948; Stuart Hal, “Race, Arteultion,anct
Societies Structured in Dominance’, en Unesco (ed), Sociological
Theories. Race and Coloniaizm, Paris, Unesco, 1980, pp. 305-345;
\Walter Rodney, How Europe Underdeveloped Afica, Washington,
1G, Howard University Press, 1961 ed. cast.: De cdo Europa
subdesarrol6 2 Atnca, Madi, Silo XX), 1982], Angela Davis,
Women, Race, and Class, Londres, Women's Press, 1982 [60
cast: Mujores, raza y clase, Madr, Akal, 2019]; Manning Marable,
How Capitalsm Undordeveloped Biack America, Brookiyn, South
End Press, 1983; Barbara Fels, “Savery, Rece, and idoology in
the United States of America", New Left Review, vol. 181, mayo:
uno de 1990, pp, 95-118y 168; Robin D. G. Kelly, Hammer
land Hoe. Alsbama Cammmunists during ihe Great Depression,
{Chapel Hil, Unversity of North Caraina Press, 1980, y Race
Un cantbel vido do infigr castigo 61
divergian en aspectos especificos, cada uno de estos pensa-
dores abordé en profundidad el nexo entre capitalismo y
racismo. Al menos durante los aiios ochenta, sus reflexiones
fueron la vanguardia de lo que muchos denominan hoy teo-
ria racial critica.
‘Sin embargo, la cuestién del entramado de capitalismo y
raza salié de la agenda de la teorfa critica. Con el debilit-
miento del radicalismo de la Nueva Izquierda y el derrumbe
del cormunismo real, el capitalismo dejé de ser un tema de
interrogaci6n seria en mumerosos émbitos, mientras que el
marxismo era objeto de un rechazo creciente porque se lo
consideraba pasado de moda. Como resultado, las cuestiones
atinentes a la raza y el racismo fueron cedidas a pensadores
(que trabajaban encuadrados en los paradigmas liberal y pos
testructuralista. Si bien esos pensadores hicieron algunas con-
tribuciones notables a la teorfa tradicional y a la teorfa critica
de la raza, no intentaron arrojar luz sobre la relaci6n entre
capitalismo y opresin racial.
‘Aun asi, en la actualidad, una nueva generacién de te6ri-
cos de la raza criticos ha revitalizado esa problematica. Esta
generacién, que comprende pensadores como Michael
Dawson, Ruth Wilson Gilmore, Cedric Johnson, Barbara
Ransby y KecangaYamahtta Taylor, reexamina la relacién
‘Rebel. Culture, Polties, and the Black Working Class, Nueva York,
Free Press. 1996; y de Cornel West, “The Insispensabity Yet
Insufficiency of Mandst Theory" y "Race and Sool Theory", ambos
fen The Coma! West Reader, Nueva York, Basic Citas, 1998,
pp. 212-250 y 251-287,
46 Esta expresion design origrarlaments a estigacién realizada para
llucdarlarelacin entre deracho y raza. Postrioment se apocera~
ron da érmino actores de la derecha estadouridense, que lo emplsan
para designary destegtimar cusiquar too de indagacion antracisa
‘sstematice, AquLy en todo el bro utiizo la denorninacién no on
forma peyeratva sino aprecitivamente pare desonar la errpia gama
df teorizacion atiracista y entimperiasta que incluye la teorfa de
liberacién negra sin lnitarse aos62 Copitalemn canal
entre capitalismo y racismo a la luz de los acontecimientos
del siglo XXI."” No es dificil discernir los motivos de este re-
novado interés. Al coincidir el ascenso de una nueva genera-
Gin de activistas antirracistas militantes, por un lado, y un
Populismo supremacista agresivamente etnonacionalista y de
extrema derecha, por otro, se ha dado un dréstico incremen-
to en lo que se pone en juego en la teoria critica de la raza,
Dentro de este encuadre, muchos pensadores sicnten ahora
la necesidad de comprender mejor aquello a lo cual se en-
frentan. Varios advierten que el contexto extendido de los
dos desarrollos mencionados es la crisis cada dia mas profun-
da de la sociedad capitalista contemporadnea; una crisis que,
cen simultdneo, exacerba y visibiliza sus formas caracteristicas
de opresi6n racial. Por tiltimo, “capitalismo” dejé de ser un
término tabi y el marxismo pasa por un resurgimiento. En,
esta situaci6n, las preguntas fundamentales del marxismo ne-
gro se han vuelto, una ver mas, acuciantes: es el capitalismo
necesariamente racista? éEs posible superar la opresién racial
en el marco de una sociedad capitalista?
Alrespecto, me propongo presentar la problemtica a par
tir de la concepcién ampliada del capitalismo desarrollada
en el capitulo anterior. El enfoque que propongo desdibuja
19 Michael C, Dawson, Blacks In nd Out ofthe Let, Camorigge,
Mazsachuserts, Harvard University Press, 2013; Ruth Wilson
Gimore, Golder Gulag. Prsons, Supls, Criss, and Onpaation in
lobating Calter, Berkeley ~ Los Angeles, Univesty of Calforia
Press, 2017; Cedi Johnson, Revolutionaries to Race Leadrs.
‘Black Power and the Maing of Atican Amercan Pols, Minedpcli,
Unversity of Minnesota Press, 2007; Barbara Ransby, Mating Al
‘Black Lives Matter. Raimagihing Froedom inthe Twanl-Fist Century,
Barkley - Los Angeles, Univesity of Calf Press, 2018; y.
oe Keeanga-Yamahta Teor, From #Black Lives Matter to Bleek
Uberation, Chicago, Haymarket, 2016 [ed. cast: Os Blank! NesMattert
«ala tberacien negra, Buenos Aire, Tinta Limén, 2017] Raca for
rot How Banks and the Real Estate industry Uncemninod Bick
Homeownershi, Chapel Hl, Universty of North Carla Press, 2021
Un canibal vido de ing castigo 63
las oposiciones nitidas habituales entre estructura e historia,
necesidad y casualidad, que nublan la enorme complejidad
de la relacién ent‘e capitalismo y racismo. A diferencia de
quienes proponen la contingencia y sostienen que él racismo
no es indispensable para el capitalismo, afirmo que existe una
base estructural en el persistente entrelazamiento del sistema
capitalista con la opresién racial. Como ya vimos, esa base ra-
dica en la dependencia del sistema respecto de dos procesos
de acumulacién del capital, diferentes desde lo analitico pero
entrelazados en la aractica: la explotacion y la expropiacién. Bs la
separacién de ambos procesos y su asignaci6n a dos poblacio-
nes diferentes lo que se encuentra en la base de la opresién
racial en la socieded capitalista.
Sin embargo, en oposicién a quienes postulan su necesidad
insisten en que el capitalismo no racial es imposible, argu-
mentaré que el nexo explotacién/expropiaci6n del capitalis-
‘mo no esta grabado en piedra. Por el contrario, ese vinculo se
ha modificado hist6ricamente en el curso del desarrollo capi-
talista, que pucde interpretarse como una secuencia de regi-
menes de acumulzci6n racializada diferentes desde el punto
de vista cualitativo. En cada fase, una configuraci6n histérica-
mente especifica de la explotaci6n y la expropiacién sustenta
un paisaje distintivo de racializacion. Cuando recorremos esa
secuencia hasta legar al presente, descubrimos algo nuev
una forma de capitalismo que desdibuja la separaci6n histéri-
ca entre explotacién y expropiacién. Esta nueva forma ya no
asigna los dos pro-esos a dos poblaciones diferentes demar-
cadas con nitidez, sino que parece disolver la base estructue
ral de sustento de la opresi6n racial que ha sido inherente a
Ia sociedad capitalista a lo largo de cuatrocientos aiios. Y sin
embargo ~sostendré-, la opresién racial persiste en formas
ni estrictamente necesarias ni meramente contingentes. El
resuiltado es un nuevo conjunto de incégnitas para la teorfa
marxista negra y para ¢l activismo antirracista del siglo XXI-
En este capitulo desarrollo esta argumentaci6n en tres pa
sos. Primero, defiendo Ia tesis de que el capitalismo incluye64 Capitalism cantoal
una base estructural que sustenta Ia opresién racial debi-
do a su dependencia de la expropiacién como condicién
necesaria para la explotacién. Luego historizo esa estruc-
tura delineando las cambiantes configuraciones del par
explotacién /expropiacién en as fases més importantes de la
historia del capitalismo, Por tiltimo, examino las perspectivas
de superacién de la opresién racial en una nueva forma de
sociedad capitalista que, si bien todavia depende de la explo-
taci6n y la expropiaci6n, no asigna esos procesos a dos po-
blaciones diferentes demarcadas con nitidez. Con esta expo-
sicién, dejo de manifiesto la tendencia inherente del sistema
a racializar a las poblaciones para poder canibalizarlas mejor
J, ya en la conclusién, sefialo por qué ~a modo de resultado~
debemos interpretar el capitalismo como un canibal vido de
infligir sufrimiento a esas poblaciones.
Intercambio, explotacién, expropiacién
cEs el capitalismo necesariamente racista? Todo depende de a
qué se haga referencia con el término “capitalismo” y de la
perspectiva desde la cual se lo conciba. Vale la pena explorar
tres perspectivas. La primera, ensefiada en los cursos de eco-
noma, adoptada en el mundo de los negocios y consagrada
en el sentido comin, contempla el capitalismo a través de
la lente del intercambio de mercado. La segunda, conocida
por los socialistas, sindicalistas y otros protagonistas de las lu-
chas laborales, sittia el meollo del capitalismo en un nivel mas
profundo: la explotacién del trabajo asalariado para la pro-
duccién de mercancfas. Una tercera perspectiva, desarrollada
por criticos del imperialismo, pone el foco en la expropiacion
de los pueblos conquistados por parte del capital. En estas p&-
ginas sugiero que, si combinamos la segunda y a tercera pers-
pectivas, lograremos ver qué pasa por alto cada uno de los
tres enfoques tomados en forma aistada: Ia base estructural
que da sustento a la opresién racial en la sociedad capitalista.
Un cantbal avo de nfl castoo 65
Encaremos, en primer lugar, la perspectiva del intercambio,
desde la cual el capitalismo aparece simplemente como un siste-
‘maeconémico. Este, organizado para maximizar el crecimiento
ylaeficiencia, se centra en la institucién del mercado, en la que
individuos guiados por su interés particular realizan transaccio-
nes de intercambio de equivalentes en condiciones de absoluta
imparcialidad. Concebido de esta forma, el capitalismo no pue-
de menos que ser indiferente al color. Sin interferencias y libra:
doa seguir su propia légica economizante, el sistema disolveria
‘cualquier jerarquia racial preexistente y evitaria generar otras
nuevas. Desde el punto de vista del intercambio, el vinculo en-
tre racismo y capitalismo es por completo contingente.
“Mucho podria decirse acerca de esta perspectiva, pero lo
importante para mis objetivos presentes es que aquella, por
definicion, desvircula al capitalismo del racismo, Al definir
al capitalismo de manera acotada, como una légica indife-
rente al color que solo procura maximizar el beneficio, Ia
concepci6n centrada en el intercambio relega los impulsos
racializantes a fuerzas externas al mercado que distorsionan
su operacién. Po: Io tanto, el culpable no es el capitalismo
(segiin lo cntiende esta misma concepcién), sino la sociedad
que lo rodea. El racismo proviene de la historia, la politica
y la cultura, las cuales se figuran como externas al capitalis-
mo y conectadas con él solo de manera contingente. El re-
sultado consiste en formalizar el capitalismo reduciéndolo a
‘una l6gica cconomizante de medios y fines, vacidndolo de su
contenido histérico y politico. Asf, el enfoque centrado en
el mercado oblitera la cuestién fundamental analizada en el
capitulo 1 y central en la tesis que aqui expongo: por motivos
estructurales, las econom{as capitalistas requicren precondi-
ciones ¢ insumos “no econémicos”, incluidos algunos que ge-
neran opresién racial. Al no tener en cuenta esa dependen-
cia, esta concepcién ofusca los inecanismos de acumulacién,
dominacién y canibalizacin caracteristicos del sistema.
Algunos de esos mecanismos quedan al descubierto en la
segunda perspectiva -més amplia, menos formal y mucho









