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Capitalismo Canibal

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CAPITALISMO CANIBAL 2Qu6 clase de animales ! capitalism y cud es su deta para mantonerso con vida? Si reapondemos esta pregunta, cice Nancy Fraser, entenderemos de verdad la crisis de nuestro tiempo y descubrremos ol modo de matar lo hhambre ala bestia, Para eso, no nos alcenzan los modelos tedricos hredacos del marxismo, que tionden a concetir el capitalsmo come un sistema econSmico basado en la explotacin de la fuerza de trabajo y en la ppreduceién con tines de lucto, bajo las loyes del mercado y de la propiedad privada. Esa vision oftcial hoy resuta estrecha y, sobre todo, engariosa, En esto andiisis desiumbrante, Naney Fraser deserrola una tecria del capitalism “modelo siglo XX". Asi, paso a paso, presenta una nocién ampliada del capital como forma de sociedad y revela los ingredientes extraeconémicos que, lejos de ser marginales, son su condicién de postblidad. Para expands, el sistema canibaliza zonas enteras que no ‘estén mercantlizadas y que por eso quedan fuera del cuadro, Hay que Iter a un primer plano esas "moradas ocuitas” de las que el capitaismo se almenta y examinarias a fondo: rqueza expropiada a la naturaieza aire respirable, tioras cultvables, agua potable) y alos pueolos somatidos y reciaizados de as periferias; multiples formas de cuidado, suovaluadas (cuando no negadas por completo) yen general s cargo de mujeres; biones y poderes publics, que proveen infraestructura material y juridica uo @! capital necesita para funcionar y ala vez socava todo lo posible: la energia y la creatividad de los trahaladores. Si bian no se consignan cenlos balances de las empresas, estas formas de riqueza constituyen pprecondiciones esenciales para las ullladas y las ganancias, Estes soportes vitalos de la acumulacion son consttutives dl orden capitalista, yeelfoco de confictos hasta ahora alslados. Si queremos terminar con el cepitalismo canibal, que devora las bases sociales, naturales y polticas de las que depende, tenemos que superar el reduccionismo economicista y construr, en cambio, una visién ampliada del socialismo, sin repetir las experiencias fracasadas del siglo XX. Puede pparecar una tarea dill, pero es nuestra Gnica esperanza, Esa agenda, y su hola de ruta, es el alma de este libro mprescinalble, 150N o7e.987-a01-247-6 DK cate JI ii il onZ47e CAPITALISMO CANIBAL NANCY FRASER NANCY FRASER CAPITALISM CANIBAL Qué hacer con este sistema que devora la democracia y el planeta, y hasta pone en peligro su propia existencia siglo veintiuno ediores NANCY FRASER CAPITALISMO CANIBAL Qué hacer con este sistema que devora la democracia y el planeta, y hasta pone en peligro su propia existencia ‘Traduccién de Elena Odriozo'a J] sigloveintiuno exitores archipiélago siglo veintiuno argentina igo a eatoros ‘wa agiastore.comar ‘have Intell ‘Son cacti com ar ‘sera #26 4220p, bss aes mézxioo Siglo altres ‘te aelasates coma, ‘a dt agua 248, eo Go teres, 4310 de mica ‘spate ‘Slave teleost ‘howler com ‘plerecoedo "22000, macs Frases, Nengy Capitasmo cansbal / Nancy Fraser- 1° e4-Ciudad Auténoma_ ‘de Buenos Aires: Siglo XXI Editores Argentina, 2029. 240 p; 21x14 om- (Singular) ‘Traduccién de Elena Odsiozola / ISBN g7 8-987-802-2476 Capitalismo. 2. Economia. Politica. 1. Odriozola, Elena, trad, U.Titalo. GOD 306 342 tulo original: Connidat Capitation. How Our Sistem Is Devouring Democracy, Case, and the Plawet, and What We Gan Do abou it, publicado por Vero sello de New Left Books, Londies - Brooklin (Nueva York) (© 2022, Nancy Frater © 2028, Siglo Veintiuno Ealtores Argentina S.A. Diseiio de cubierts: Eric Soto & Mr ISBN g78-987-801-2475 Impreso en Latingrfea // Rocamora 4161, Buenos Aires cen el mesde mayo de 2023 Hecho eldep6sito que marca i ey 13.725 Impreso en Argentina // Made in Argentina INDICE Agradecimientos Prefacio, Capitalismo canibal: zestamos en el horno? 1. Omnivoro: por qué es necesario ampliar nuestra concepcién del capitalismo Dafnicién de las caracteristicas de! capiteismo, segin Manx ‘Tas la "morada ocuita” de Marx De la producoién de mercancias a la reproduccién social De la economia ala ecolog De lo econSmice a lo paitico De la expiotacion a la expropiacion El capitalisme es algo mds vasto que una economia LLuchas por los limites Las crisis de canibalizacién 2. Un cantbal vido de infligir castigo: por qué 21 capitalismo es estructuralmente racista Intercambio, exploiacién, expropiacion La expropiacion en cuanto acurnulaci6n: el argumento econémico xpropiacion ame sometimiento: el argumenta poltico Flagimenes historicos de acumulacién racializada USigue siendo el capitalism necesariamente racista todavia? 8, Devorador de culdados: por qué la reproduccién social es un sitio fundamental de crisis capitalists Puro lucro, a expenses del mundo de la vide ‘Acoesos histéricos de degluoién de cuidados por parte del capital 1" 7 or 36 ar 39 42 44 48 52 64. 6 73 7 er a” 101 1 Captalimo cenial i CColonizacion y “domesticacion” 103 Elforcismo y ol slario familar 00 Hogeres con dos satarios 115 Otro capitaismo. {0 un nuevo feminismo sociaista? 122 4. La naturaleza en las fauces: por qué la ecopolitica debe ser transambiental y anticapitalista 125 CConttadiceién ecotigica dal capitaliero: una argumentecién estuctural 192 Una marafia de contraciociones 139 Para Robin Blackburn y Rahel Jaeggi, ‘Tres maneras de hablar de fa “raturaleza" 148, interlocutores indispensables y amigos queridos. Regimenes de acumuiacién socioecologicos 147 ‘Misculo animal 180 Elreycarbén 163 Laer del autom6vi 198 Nuevos cercarrientos, naturaleza fnanciarizada | y “capitalismo verds* fer La naturaleza canibalzada en espacio y tiempo 168 Luchas entrelazadas 169 Para una poltica ecol6gica transambientaly aticaptaista 172 5. Faenar la democracia: por qué la crisis politica es la came roja del capital Ww La contraciccién pottica del capitalismo "como tal" 12 Podetes piblicos 184 Crisis polticas en la historia del capitalismo 169 Un gclpe doble 194 Una encrucijada histérica trascendental 199 6. Alimento para la reflexién: ,cudl deberia ser el significado del socialismo en el siglo XXI? 209 Aue es el capitalismo? Una recapitulacion 214 Oud es e! problema del capitalismo? 216 4QUé es el socialismo? 222 Epilogo, Macréfago: por qué el covid demostré ‘ser una orgfa del capitalismo canibal 231 AGRADECIMIENTOS Es habitual pensar en un libro como el fruto del tra- bajo individual de su autor. Sin embargo, esa visi6n resulta sumamente engaiiosa; casi todos los escritores dependen de una variedad de condiciones generales que posibilitan su ta- rea: apoyo econdmico y acceso a bibliotecas, guia editorial y asistencia en las tareas de investigacién, critica e inspiracién provenientes de sus colegas, aliento de los amigos y cuidado de sus seres queridos y familiares. Esos elementos constituyen las “moradas ocultas’ de la autoria, para invocar una frase que desempeiia un papel clave en las paginas que siguen. ‘Demasiado a menudo relegadas entre bastidores, mientras el ‘autor se pavonea en el centro de la escena, esas condiciones _ son indispensables para la publicacién: sin ellas, el libr a veria Ia luz del di. Es obvio que un libro que teoriza acerca de los soportes ocultos de la produccién capitalista debe reconocer sus pro- pios sustentos, sustentos que adoptaron formas muy diversas y provinicron de numerosas fuentes. En el frente institucional, la New School for Social Research me brind6 la posibilidad de llevar adelante mi actividad docente con flexibilidad, un aio sabattico y (por sobre todo) un contexto de dinamismo inte- ectual. El Dartmouth Gollege me recibié como investigadora visitante distinguida Familia Roth en 2017-2018, y més tarde me brind6 un segundo hogar académico con una biblioteca maravillosa, generosos fondos y colegas de excelencia. Varias otras instituciones me brindaron tiempo valio- so y Ambitos pob/ados por colegas en los que desarrollé las 12 Capitalerno canoe ideas de este libro. Mi més célido agradecimiento para Jude Browne y el Centro de Estudios de Género de la Universidad de Cambridge; a Michel Wieviorka y cl Collége d'Etudes Mondiales; a Rainer Forst y el Centro de Estudios Avanzados Justitia Amplificata, Frankfurt, y el Forschungskolleg Human- ‘wissenschaften, Bad Homburg; a Hartmut Rosa y el Grupo de Investigacién de Sociedades Poscrecimiento, Friedrich- Schiller-Universitit, Jena; ya Winfried Fluck, Ulla Haselstein, Ja Fundacién Einstein de Berlin y el Instituto JFK de Estudios Estadounidenses, Frei Universitat, Berlin. En todo el proceso, me apoyé en las habilidades investigati- vas y la camaraderia de un grupo extraordinario de asistentes de posgrado. Mi més sincera gratitud para Blair Taylor, Brian Milstein, Mine Yildirim, Mayra Cotta, Daniel Boscov-Ellen, Tatiana Llaguno Nieves, Anastasiia Kalk y Rosa Martins. Varias publicaciones, en especial New Left Review y Critical Historical Studies, me dieron la valiosa oportunidad de divul- gar versiones iniciales de las ideas que aqui expongo y de recibir comentarios que me ayudaron a refinarlas. Los deta- les especificos de mi deuda con ellos y otros que publicaron formulaciones previas de estas ideas se indican en parrafos posteriores. Verso me brind6 la editora con quien siempre he sofiado: Jessie Kindig, cuyo entusiasmo, creatividad y don con las pa- labras constituyeron factores decisivos. También en Verso, cl editor a cargo de produccién, Daniel ©’Connor, y el correc- tor, Stan Smith, transformaron un manuscrito caético y con numerosas revisiones en un conjunto de paginas acabado y si errores. Bajo la direcci6n de Melissa Weiss, David Gee disef una tapa sobresaliente, elegante y (me atrevo a decir) mordaz. Detras de este libro, también, est el apoyo indispensable de colegas y amigos. Agradect a algunos de ellos cn las n0- tas correspondientes a los capitulos en los que su influencia revistié especial importancia. Pero algunos otros han dado forma a mis pensamientos, que ademés inspiraron, de mane- ra més general y en el largo plazo. Entre esos compafieros € ‘Agradocimienios 13 interlocutores fieles, agradezco a Cinzia Arruzza, Banu Bargu, Seyla Benhabib, Richard J. Bernstein, Luc Boltanski, Craig Calhoun, Michael Dawson, Duncan Foley, Rainer Forst, Jar- gen Habermas, Devid Harvey, Axel Honneth, Johanna Oksala, Andreas Malm, Jane Mansbridge, Chantal Mouffe, Donald Pease, el fallecido Moishe Postone, Hartmut Rosa, Antonia Soulez, Wolfgang Streeck, Cornel West y Michel Wieviorka. Dos personas més, a quienes dedico este libro, estuvieron siempre en mi pensamiento y en mi coraz6n mientras lo escti- ‘bia: agradezco a Robin Blackburn, en cuya erudici6n, perspi- cacia y amabilidad.me-apoyé una’y otra vez, a Rahel Jaeggi, ee rrenre “la conversacién”, con quien. muchas Tas ideas 1ui presento fueron originariamente desa- ing a naomi omens Por tiltimo, debo mencionar a Eli Zaretsky, quien brindé a este libro un apoyo tan profundo, multifac como para que. c1alquier intento-de-deseril suicinta resulte fitil. Digamos tan solo que Capitalism cantbat no existirfa sin stvinteligencia sagaz, su amplitud de visién y suamor sostenide, ‘0 y amplio Versiones previas de varios de estos capitulos se publicaron con anterioridad y aparecen aqui, revisadas, con permiso de sus editores originales. ‘Una versién anterior del capitulo 1 adopté la forma de Conferencia Diane Middlebrook y Carl Djerassi de 2014 en la Universidad de Cambridge, dictada el 7 de febrero de 2014, y luego se publicd en la New Left Review, n° 86, 2014, con el titulo “Behind Marx’s Hidden Abode: For an Expanded Conception of Capitalism” [Tras la morada oculta de Marx: por una concepcisn ampliada del capitalismo]. Sus argumen- tos fueron sometidos a un bautismo de fuego y emergieron con mayor fortaleza gracias a los desafiantes debates soste- nidos con Rahel Jaeggi, muchos de los cuales se registran en 14 Captalicmo canta! el volumen de nuestra coautorfa Capitalism. A Conversation in Critical Theory [Capitalismo. Una conversacién desde la teoria critica], publicado por Brian Milstein (Polity, 2018; hay reedi- ‘ion prevista por Verso para julio de 2023). Gracias, una vez mds, a Jaeggi por su inteligencia sagaz y su cdlida y sincera amistad. Una versin previa del capitulo 2 tomé la forma de alo- cucién presidencial en la 114" reunién de la Division Este de la Asociacién Filos6fica Estadounidense, en Savannah, Georgia, el 5 de enero de 2018, y luego fue publicada en Proceedings and Adresses of the American Philosophical Association, vol. 92, 2018, con el titulo “Is Capitalism Necessarily Racist?” [gEs el capitalismo necesariamente racista?]. Agradezco a Robin Blackburn, Sharad Chari, Rahel Jaeggi y Eli Zarctsky por sus iitiles comentarios sobre este capitulo, a Daniel Boscov-Ellen por su ayuda en Ia investigacién y, en especial, a Michael Dawson por su inspiracién y estimulo, Una version anterior del capitulo 3 se dio a conocer por primera vez como la 38* Conferencia Anual Marc Bloch, en la Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Paris, el 14 de junio de 2016, y mas tarde se publicé en la Naw Left Review, ‘n° 100, 2016, como “Contradictions of Capitalism and Care” [Contradicciones del capitalismo y los cuidados]. Muchos de Jos argumentos que allf se exponen fueron desarrollados en conversaciones con Cinzia Arruzza y Johanna Oksala, a quie- nes estoy profundamente agradecida, Versiones previas del capitulo 4 se impartieron en Viena como conferencia inaugural de la primera estadia de profe- sora visitante Karl Polanyi, el 4 de mayo de 2021, con el tue Jo “Incinerating Nature: Why Global Warming is Baked into Capitalist Society” [Incinerar la naturaleza: por qué el calen- tamiento global se cocina en la sociedad capitalista] y publica- do, luego, en la New Lefl Review, n° 127, 2021, como “Climates of Capital: For a TransEnvironmental EcoSocialism” [Los climas del capital: por un ecosocialismo transecol6gico). Agradecimiontos. 15 Versiones iniciales del capitulo 5 se publicaron, primero, en Critical Historicat Studies, vol. 2, 2015, como “Legitimation Crisis? On the Political Contradictions of Financialized Capitalism” [Crisis de legitimacién? Acerca de las contradicciones politi- cas del capitalismo financiarizado) y luego en alemén con el titulo Was stimmt nicht mit der Demokratie? Eine Debatie mit Klaus Dare, Nancy Fraser, Stephan Lessenich und Hartmut Rosa (Qué tiene de malo la democracia? Un debate entre Klaus Dérre, Naney Fraser, Stephan Lessenich y Hartmut Rosa], edita- do por Hanna Ketterer y Karina Becker en el sello berlinés Suhrkamp durante 2019. Una versién anterior del capitulo 6 se dio a conocer por pri- mera vez como Conferencia Distinguida en las Humanidades Solomon Katz 2019, en la Universidad de Washington, el 8 de mayo de 2019, y posteriormente se publicé en Socialist Register, vol. 56, Beyond Market Dystopia. New Ways of Living, 2019, con cl titulo “What Should Socialism Mean in the 21" Century?” [,Qué debe significar el socialismo en el siglo XXI?]. PREFACIO CAPITALISMO CANIBAL: LESTAMOS EN EL HORNO? Los lectores de este libro no necesitan que yo les diga que estamos en problemas. Ya estén al tanto de la exis- tencia de un enmarafiado conjunto de amenazas inminen- tes y desgracias concretas, de las cuales no logran reponerse: deuda agobiante, precariedad laboral, formas de sustento sometidas al asedio; servicios deficientes, infraestructuras derruidas y fronteras duras, inflexibles; violencia racializada, pandemias letales y climas extremos, todos ellos dominados por disfunciones politicas que bloquean nuestra capacidad de idear ¢ implementar soluciones. Nada de esto es noticia y tampoco es necesario insistir aqui en estas cuestiones. Lo que este Ebro sf ofrece es una indagacién profunda en la fuente de todos esos males. Formula un diagnéstico de la causa de la enfermedad e identifica al culpable. “Capitalismo canibal” es Ja designacién que uso para referirme al sistema social que nos ha ll .a.este punto. Para comprender por ‘rmino es l adecuado, veamos las dos palabras que lo componen. “Canibalismo” tiene varios significados. El mas conocido, y mas concreto, es el consumo ritual de carne hu- mana por parte de un ser humano. Cargado de una larga his- toria racista, el término se aplicd, por una ldgica invertida, a Jos africanos negros situados en el extremo receptor de la de- predacién curoimperial. Por lo tanto, hay cierta satisfaccién en pagar con la misma moneda e invocarlo aqui como des- ctiptor de la clase cay mo expondra goto se pena delosdends alimei Pero el término también ene un significado més abstracto, que capta una verdad mas 18 Copitatema canibal profunda acerca de nuestra sociedad. El té bal zar” significa privar a una empresa 0 eaecnien ode ui factor esencial para su funcionamiento, con el fin-de.crear 6 sustentar a otro. Como veremos, esa es una aproximacion bastante acertada a la rclacién existente entre la economia capitalista y los ambitos no econémicos del sistema: familias y comunidades, habitats y ecosistemas, capacidades estatales y poderes piiblicos cuya sustancia dicha economia consume y devora hasta saciarse. Existe una acepcién correspondiente al campo de la astro- nomia: se dice que un objeto celeste canibaliza a otro cuando incorpora masa de ese tiltimo mediante atracci6n gravitacio- nal. Mostraré aqui que también constituye una caracteriza- ci6n apta del proceso por el cual el capital-atrae a su.drbi- ta riqueza natural y social que toma de zonas periféricas del sistema mundial. ¥ también est, por altimo, el, urdboro, la oie ee canibaliza al devorar su propia cola, repre sentada en la portada de este libro. Como veremos, se trata deter image alecuada 1 para un sistema con tendencia ine- ladible a devorar las bases sociales, politicas y naturales de su éxistencia, que son, ademés, las bases de la nuestra. Asf, la metéfora del canibalismo ofrece varias vias promisorias para el anzlisis de la sociedad capitalista. Nos invita a verla como un frenesf alimentario institucionalizado, cuyo plato principal somos nosotros. Asimismo, el término “capitalismo” exige ser aclarado. La palabra suele emplearse para designar un sistema cconémi co basado sobre la propiedad privada y el mercado, el trabajo asalariado y la producci6n con fines de lucro. Sin embargo, esa definicién ¢s demasiado acotada, y en lugar de revelar la verdadera indole del sistema, la opara, Sostendré aqui que cay ” remite.a.una entidad més amplia, un orden so- que confiere a. una economia, cuyo motor es la obtenci6n le beneficio, el poder de alimentarse de los soportes extrae- conémicos que necesita para funcionar: riqueza expropiada a ta naturaleza ya os pueblos subyugados; miltiples formas de Pretacio 19 cuidado, crénicamente subyaluadas cuando no negadas por completo; bienes priblicos y poderes puiblicos, que el capital requiere y a la vez procura restringir; energfa y creatividad de los trabajadores. Si bien no se consignan en los balances de las empresas, estas formas de riqueza constituyen precondiciones esenciales para las utilidades y las ganancias que, en cambio, si aparecen imputadas. Soportes vitales de la acumulacién, tam- bién son componentes constitutivos del orden capitalist Por consiguiente, en_este libro_el_término.“capitalismo” hace refers i i ace referencia no.solo.a.un tipo de economia sino a.un.tipo de sociedad: una soci juc autoriza a una economia ofi- Gatmente designada a acumular valor monetizado para sus iqueza no cconémica del zesto de los individuos. Al servir esa riqueza jeja a las clases empresarias, esta sociedad las invita a hacerse un festin con nuestras capacidades creativas y con las de la tierra que nos da sustento, sin obligacién alguna de re- poner lo que consumen o reparar lo que dafian. Y esa ¢s una receta que solo produce problemas. Al igual que el ursboro que come su propia cola, Ia sociedad capitalista ineludible- mente devora su propia sustancia, Verdadero dinamo de la autodesestabilizacion, precipita crisis periddicamente mien- tras por rutina socava las bases de nuestra existencia. El capitalismo canfbal, entonces, es el sistema al, cual le de- bemos la crisis actual. La verdad sea dicha: se trata de un tipo “poco frectiente de crisis, en la cual convergen muiltiples ata- ques de glotoneria. Lo que enfrentamos, gracias a décadas de financiarizaci6n. no es “solo” una crisis de desigualdad salvaje y trabajo precar‘o mal remunerado; no “meramente” una cri- sis de cuidado y reproducci6n social; no “solamente” una crisis migratoria y de violencia racializada, Tampoco se trata “simple- mente” de una crisis ecol6gica en la cual un planeta en proceso de calentamiento vomita plagas letales, ni “solo” de una crisis politica con un yaciamiento de la infraestructura, un militaris- ‘mo en auumentoy una proliferacién de hombres fuertes. No, es algo peor: es una crisis general della totalidad del orden social 20 Capitalism canal cen la que todas esas calamidades convergen, se exacerban en- tre si y amenazan con deglutimnos a todos. Este libro traza un mapa de esa inmensa maraiia de disfun- cionesy dominacién. Alampliar nuestra visién del capitalismo ¢ incluir Ios ingredientes extraeconémicos de la dieta del ca- pital, retine dentro de un marco tinico todas las opresiones, contradicciones y conflictos de Ia actual coyuntura. En ese contexto, “injusticia estructural” significa “explotaci6n de cla-_ se”, sin duda alguna, pero también “dominacién de género” y~ “opresi6n racial imperial”, dos subproductos no accidentales de un_orden social que subordina la reproduccién social a la produccién de mercancias y que requiere la expropiacién. racializada para asegurar la explotaci6n lucrativa. Tal como aguif se To entiende, asimismo, las contradicciones del siste- ma lo wuelven proclive no solo a las crisis econémicas sino también a las crisis del cuidado, la ecologia y la politica, todas ellas en pleno florecimiento por cortesfa del prolongado pe- riodo de atracén corporativo conocido como neoliberalismo. Por iiltimo, tal como lo concibo, el capitalismo canibal pre- cipita una amplia variedad y una compleja mezcla de luchas sociales: no solo luchas de clase en los puntos de produccién, sino también luchas fronterizas en las articulaciones consti-. tutivas del sistema. Allf donde Ia produccién se topa con la reproduccin social, el sistema incita conflictos relatives al cuidado, tanto piiblico como privado, remunerado y no remunerado. Alli donde la explotaci6n se cruza con la ex- propiacién, fomenta luchas en torno a la “raza”, la migraci6n yeel imperio. ¥ asimismo, donde Ta acumulacién se da contra el limite de 1a naturaleza, el capitalismo canibal desencade- na conflictos en torno a la tierra y la energia, la flora y la fauna, el destino del planeta, Por titimo, cuando los merca- dos globales y las megacorporaciones se encuentran con los, Estados nacionales y las instituciones de gobierno transnacio- nal, este sistema provoca luchas relacionadas con la forma, el control y el alcance del poder piiblico. Todas estas vertientes de nuestro predicamento actual encuentran lugar en una Prefacio 21 concepci6n ampliada del capitalismo que es a la vez simulté- nea y diferenciada, Munido de esta concepcién, Capitalismo canibal plantea una pregunta existencial apremiante: “Estamos en el hor no?”. :Podemos elucidar cémo desmantelar el sistema social que nos conduce a las fauces de Ia destruccién? 2Podemos unimos para hacer frente al complejo de crisis varias que ge- neré el sistema, no “solo” el calentamiento de la tierra, no “vinicamente” la destrucciGn progresiva de nuestra capacidad colectiva para la accién piiblica, no “meramente” el ataque generalizado a nuestra capacidad de cuidarnos unos a otros y mantener vinculos sociales, no “simplemente” el vertido desproporcionado de las secuelas sobre los pobres, la clase trabajadora y las poblaciones racializadas, sino la crisis gene- ral en la que esos diversos males se entretejen? ¢Podemos concebir un proyecto emancipatorio, contrahegeménico, de transformacién ecosocial con suficiente amplitud y visién ‘como para coordinar las luchas de multiples movimientos so- ciales, partidos politicos, sindicatos y otros actores colectivos, un proyecto cuyo objetivo radique en enterrar al canibal de una vez y para siempre? Argumentaré en el presente libro que, en la actual coyuntura, nada que no sea un proyecto de esas caracteristicas podra ayudarnos. Una vez que ampliemos nuestra concepcién del capita- lismo, también tendremos que ampliar nuestra visién de su reemplazante, Sea que lo denominemos “socialismo” u otra cosa, la alternativa que busquemos no puede tener por finali- dad reorganizar tan solo el sistema econémico. También debe reorganizar la relaci6n de ese sistema con todas las formas de riqueza que hoy en dia canibaliza. Lo que debe reinventarse, por lo tanto, es la relaci6n entre produccién y reproducci6n, entre poder privado y piblico, entre sociedad humana y na- turaleza no humana, Puede parecer una tarea dificil, pero es nuestra tinica esperanza. Solo si pensamos en grande podre- mos darnos una oportunidad de vencer a la implacable ofen- siva del capitalismo cuyo objetivo final es devorarnos. 1. OMNIVORO: POR QUE ES NECESARIO AMPLIAR NUESTRA CONCEPCION DEL CAPITALISMO El capitalismo ha vuelto! Después de décadas du- rante las cuales el término solo figuraba en los escritos de pensadores marxistas, ahora los comentaristas de diversas orientaciones se preocupan por su sostenibilidad, los inves- tigadores de todas las escuelas se esfuerzan por sistematizar sus criticas del sistema y los activistas del mundo entero se movilizan contra sus pricticas. Por cierto, el regreso del “ca- pitalismo” consttuye un desarrollo bienvenido, un indica- dor obvio -si es que hacfa falta alguno— de la profundidad de Ia crisis actual y de la urgencia generalizada de una descrip- cién sistematica de esa crisis. Resulta sintomatico que todo lo que se dice acerca del capitalismo indica que existe una conciencia cada dfa mayor respecto de que los males hete- rogéneos -financieros, econdémicos, ecolégicos, politicos y sociales~ que nos aquejan pueden rastrearse hasta una rafz comtin, y respecto de que las reformas que no apuntan a las bases de esos males estén condenadas al fracaso, De manera similar, el renacimiento del término constituye una seital del deseo de contar con un andlisis que aclare las relaciones en- tre las diversas luchas sociales de muestro tiempo, un andlisis que fomente la cooperacién estrecha (si no la unificacién completa) de sus corrientes mas avanzadas y progresistas en un bloque opositor al sistema. La intuicién de que ese anali- sis debe tener como eje al capitalismo es acertada. Sin embargo, el auge actual de los debates sobre el capi- talismo es, en gran medida, ret6rico; un sintoma del deseo de contar con una critica sistemdtica antes que un aporte a 26 Capitals canal esa critica, Gracias a décadas de amnesia social, generaciones completas de activistas € investigadores jévenes se han con- vertido en sofisticados practicantes del andlisis del discurso mientras permanecen en la mas absoluta ignorancia de las tradiciones de la Kapitalkritik. Apenas ahora empiczan a pre- guntarse cémo poner en prictica ese tipo de critica para acla- rar a actual coyuntura. ‘Sus “mayores”, veteranos de eras anteriores de fermento an- ticapitalista, que podrian haberles brindado alguna guia, estan cegados por sus propias anteojeras. Pese a sus declaradas bue- nas intenciones, no lograron incorporar de manera sistema- tica los aportes del pensamiento feminista, ecol6gico, posco- lonial y de liberacién negra a su concepcién del capitalismo. El resultado de todo esto es que nos vemos atravesando una crisis capitalista de profunda gravedad sin una teorfa critica que la esclarezcay mucho menos que nos conduzca hacia una resolucién emancipatoria. Es verdad que la crisis actual no encaja en los modelos esténdar que heredamos: es multidi- mensional y abarca no solo la economia oficial, incluidas las finanzas, sino también fendmenos “no econdmicos” como el calentamiento global, el “déficit de cuidado” y el vaciamiento del poder publico a todas las escalas. Sin embargo, los mo- delos de crisis recibidos tienden a centrarse exclusivamente en los aspectos econdmicos, a los que afslan de otras facetas y privilegian por sobre ellas. De igual importancia, la crisis actual genera nuevas configuraciones politicas y nuevas gra- maticas de conflicto social. Las luchas en torno a la naturale- za, la reproduccién social, la desposesién y el poder priblico ‘ocupan un sitial central en esta constelacién, lo cual implica ntiltiples ejes de desigualdad, entre los que se incluyen nacio- nalidad/raza-etnia, religion, sexualidad y clase. Sin embargo, tampoco en este aspecto son suficientes los modelos tedricos heredados, pues contimian priorizando las luchas laborales en el lugar de produccién. Por lo general, carecemos de con- cepciones del capitalismo y de la crisis capitalista que resulten adecuadas a nuestro tiempo. Omnivero 27 Sostengo que Capitalismo cansbal es esa concepcién. Pre- sento Ia nocién en este capitulo preguntando qué subya- ce al argumento principal desplegado por Karl Marx en el libro I de Ei capital. Esa obra tiene mucho para ofre- cer en materia de recursos conceptuales, y en principio contempla las inquietudes mas generales que acabo de mencionar. Sin embargo, no tiene en cuenta de manera sistemética el género, la raza, la ecologia y el poder politico como ejes que estructuran la desigualdad en las sociedades capitalistas, mucho menos como cuestiones en juego en la lucha social y como premisas de esa lucha. Asi, es necesario reconstruir sus aportes més valiosos. Por consiguiente, mi estrategia radica en mirar, en primer lugar, a Marx, para luego mirar detris de él, con la esperanza de arrojar nueva luz sobre algunas vicjas preguntas: qué cs exactamente el capitalismo? ¢Caal es la mejor manera de conceptualizar- lo? ZDebemos fensarlo como un sistema econémico, una forma de vida ética 0 un orden social institucionalizado? 2Cémo debemos caracterizar sus “tendencias a las crisis” y dénde debemos localizarlas? del capitalismo, segdin Marx Empiezo por recordar las caracteristicas que Marx consideré distintivas del capitalismo. A primera vista, el hilo de pensa- miento que seguiré hasta llegar al capitalismo canibal puede parecer ortodoxo; pero es mi intencién que pronto deje de serlo, y para eso demostraré que esas caracteristicas presupo- nen algunas otras, que constituyen sus condiciones de posi- bilidad. Asi como Marx dirigié su mirada detrés de Ja esfera del intercambio, a la “morada oculta” de la produccién, con el fin de descubrir los secretos del capitalismo, yo buscaré las condiciones de posibilidad de la produccién que estan detras de esa esfera, en émbitos todavia mas ocultos. 28 Capitatsmo eanibal Para Marx, la primera caracteristica distintiva del capita- lismo ¢s la propiedad privada de los medios de produccién, lo cual presupone wna division de clases entre propietarios y productores. Esa divisién surgié como resultado de la rup- tura de un mundo social anterior donde la mayoria de las personas, sin importar cudn diferentes fueran sus posiciones, tenian acceso a los medios de subsistencia y a los medios de produccién; en otras palabras, acceso al alimento, el cobijo y la vestimenta, asi como a las herramientas, la tierra y el tra- bajo, sin verse obligadas a participar en un mercado laboral. EI capitalismo trastocé esas condiciones de manera rotun- da, Cereé las tierras comunales, abrogé los derechos de uso consuetudinario y transformé los recursos compartidos en propiedad privada de una pequeiia minorfa, Yesto nos conduce sin escalas al segundo rasgo fundamen- tal del capitalismo segtin Marx: el mercado laboral libre. Una vez escindida de los medios de producci6n, la vasta mayoria se vio obligada a someterse a esa peculiar institucién con el fin de trabajar y obtener lo necesario para poder vivir y criar a sus hijos. Vale la pena destacar cuén estrafalario, cudn “an- tinatural”, cudin anémalo y especifico es el mercado laboral libre desde el punto de vista histérico. El trabajador es “libre” en dos sentidos. Primero, en lo que respecta a su condicién Juridica: no es esclavo ni siervo, ni se ve ligado ni de ningtin otro modo vinculado a un sitio determinado ni a un amo es- pecifico; por lo tanto, es mévil y capaz de establecer un con- trato de trabajo. Pero en segundo lugar, esté “libre” de (es decir, *sin”) acceso a los medios de subsistencia y los medios de producci6n, incluidos los derechos de uso consuetudina- de la tierra y las herramientas, con lo cual queda despoja- do de los recursos y derechos que le permitirfan abstenerse del mercado de trabajo. Entonces, el capitalismo se define en parte por su constitucién y por el uso de trabajo asalariado (doblemente) libre, aunque, como veremos, también depen- de en gran medida de un tipo de trabajo que no es libre sino dependiente, no reconocido o no remunerado. Omnivow 29 Luego sigue eligualmente extraiio fenémeno del valor que se “auto"-expande, tercera caracteristica distintiva apuntada por Marx.” El capitalismo tiene la peculiaridad de contar con ‘un impulso sistémico objetivo: la acumulacién de capital. Por consiguiente, todas las acciones de los propietarios en cuanto capitalistas se orientan hacia la expansi6n de su capital. Tal como los productores, se ven sometidos a una compulsién sistémica peculiar. Todos los esfuerzos realizados por todos para satisfacer sus necesidades son indirectos y estan sujetos a algo que asume la prioridad: un imperativo primordial ins- cripto en un sistema impersonal, la propia pulsién del capital su “auto”-expansidn infinita. Marx formula esta cuestién de manera brillante, En una sociedad capitalista ~dice-, el car pital se vuelve el Sujeto. Los seres humanos son sus peones, reducidos pergeiiar cémo haran para obtener lo que necesi- tan en los intersticios, mientras alimentan a la bestia. La cuarta caracteristica especifica es el papel distintivo de os mercados en la sociedad capitalista. Los mercados siem- pre han existido a lo largo de la historia humana, incluso en las sociedades no capitalistas. Su funcionamiento en el ca- pitalismo, sin embargo, se distingue por dos caracteristicas. En primer lugar, en las sociedades capitalistas, los mercados sirven para asignar los principales insumos a la produccién de mercancias. Concebidos en la economia politica burgue- sa como “factores de la produccién”, en un principio esos insumos fueron identificados como tierra, trabajo y capital. Ademés de cumplir en el capitalismo la funcién de asignar 1 La tracicién manista suet defn al capital coro valor que 2e autosx: pando. Siemitargo, esa formuacién 2s engefosa. En/a realidad, el capital se expanse apropiéndose del empo de trabajo excedante {de 10s asaltiads expotads y también expropiando la iqueza no cepitalzada y subcapitalzads de los trabajadores decicados al cuide- {o.las poticionas racalzadasy la naturaleza. En otvas palabras, se ‘@gande no por sf mismo, sito canbalzéndonce. Pararesatar esta ‘usin, u50 al prefjo "ato-" entre comilas. 80 Cepitaismo canioal trabajo, los mercados también asignan bienes raices, bienes de capital, materias primas y crédito. En la medida en que asigna estos insumos productivos mediante mecanismos de mercado, el capitalismo los transforma en mercancias, Es, segiin la lamativa frase del economista de Cambridge Piero Sraffa, un sistema para la “producci6n de mercancfas por me- dio de mercancias”, aunque, como veremos, también se apo- ya sobre una base de no mercancias.” Pero existe, ademas, una segunda funcién clave que los ‘mercados asumen en una sociedad capitalista: determinan cémo se invertira el plusvalor. Por “excedente”, Marx enten- dia el fondo colectivo de energias sociales que exceden las requeridas para reproducir una forma de vida dada y repo- ner lo que se agota en el transcurso de la vida. El modo en que una sociedad utiliza sus capacidades excedentes ocupa un lugar central: plantea preguntas fundamentales respecto del modo en que las personas desean vivir -dénde deciden invertir sus energias colectivas, cémo se proponen equilibrar el “trabajo productivo” con la vida familiar, el ocio y otras acti- vidades-, asf como de qué modo aspiran a relacionarse con la naturaleza no humana y qué pretenden legarles a las genera- ciones futuras. Las sociedades capitalistas tienden a dejar esas decisiones en manos de las “fuerzas del mercado". Tal vez sea esta su caracteristica mas relevante y perversa: el hecho de ceder las cuestiones mas decisivas a un mecanismo orienta- do a la expansin cuantitativa del valor monetizado, que es congénitamente indiferente a los indicadores cualitativos de riqueza social y bienestar humano. Ese rasgo esté en estre- cha relaci6n con la tercera caracteristica central mencionada en parrafos anteriores: la direccionalidad inherente y ciega 2 Phar Srata, Proctcton of Commodities by Means of Commodities. ‘Prelude to a Citique of Economic Theory, Camidge, Reino Unido, Cambridge University Press, 1980 fod. cast: Froductin ds marcan- ‘las por medio de mercancias, Saresona, Okus-Tau, 1982}. ‘Omnwvero 31 del capital, el proceso de “auto’-expansién mediante el cual se constituye en el Sujeto de la historia, con el consiguiente desplazamiento ce los seres humanos que lo han creado y su conversiGn en siervos. Mi objetivo al destacar estas dos funciones de los mer cados es contrarrestar la difundida concepcién de que el capitalismo impulsa la siempre creciente mercantilizacién de la vida. Creo que esa concepcién conduce a un callejon sin salida, a fantasfas dist6picas de un mundo totalmente mercantilizado. Esas fantasias no solo ignoran los aspectos emancipatorios de los mercados, sino que pasan por alto el hecho, subrayado por el tedrico de sistemas mundiales Immanuel Wallerstein, de que el capitalismo a menudo ope- ra sobre la base de hogares “semiproletarizados’. En virtud de ese modo de operacién, que brinda a los propietarios la posibilidad de pagar menos a los trabajadores, muchos hogares obtienen parte de su sustento de fuentes que no son salarios en efectivo, como el autoabastecimiento (cul- tivo de una huerta, costura), reciprocidad informal (ayuda mutua, transacciones en especie) y transferencias del Estado {asistencia social, servicios sociales, bienes piiblicos).? Esta manera de operar deja fuera del ambito del mercado una proporcién considerable de actividades y bienes. No se trata de meros remanentes de épocas precapitalistas, ni tampo- co es que estén en vias de extincién. Asi, por ejemplo, el fordismo de mediados del siglo XX pudo fomentar el con- sumismo de la clase media en los paises centrales industria- lizados gracias a los hogares semiproletarizados que combi- naban empleo masculino con trabajo femenino en el hogar, ademés de inhibir el desarrollo del consumo de mercancias en la periferia, La semiproletarizaci6n es atin mas pronun- ciada en el neoliberalismo, que ha construido toda una 8 Immanuel Wallrsein, Historical Canta, Londres, Verso, 1988, . 39 (ec. cast: 8 captaismo histérico, México, Sint 10, 1986) {82 Captalismo canta! estrategia de acumulacién mediante la expulsién de miles de millones de personas de la economia oficial hacia zonas grises de informalidad, de las cuales el capitalismo extrae riqueza. Como veremos, esta suerte de “acumulacién primi- tiva” es un proceso en marcha, del cual el capital obtiene valor y sobre el cual se funda. La cuesti6n, por lo tanto, reside en que factores mercan- tilizados de las sociedades capitalistas cocxisten con factores no orientados al mercado. Y no es este un evento fortuito ni una contingencia empirica, sino un rasgo constitutive del ADN del capitalismo. De hecho, “coexistencia” es un término demasiado débil para capturar la relacién entre los aspectos mercantilizados y no mercantilizados de una sociedad capi- talista. “Imbricaci6n funcional” o “dependencia” resultarian mas adecuados, pero no logran connotar Ia perversidad de esa relacidn.* Ese aspecto, que pronto se verd con claridad, esta mejor expresado en el término “canibalizacién”. Tras la “morada oculta” de Marx Hasta aquf, presenté una definicién bastante ortodoxa del capitalismo, cuya base consiste en cuatro caracteristicas cen- tales que parecen ser “econémicas”. Segui a Marx cuando miré detras de la perspectiva del sentido comin, centrada en el intercambio de mercado, para dirigir la mirada a la “mo- rada oculta” de Ia produccién, Ahora, sin embargo, deseo mirar detras de esa morada oculta, para ver aquello que est todavia mas oculto. Lo que afirmo es que la descripcién de la produccién capitalista postulada por Marx solo cobra sentido 4 Kel Polen, The Great Transtomation, Boston, Beacon, 1865 fed ‘cast: La gran transforacion, Mélco, FCE, 1992); Nancy Fraser, “Can Society Be Commocitiss Al the Way Down?” Eeanamy and Society, vol. 43, 2014, Ornivocs 33 cuando empezamos a completarla con las condiciones de po- sibilidad que la scstentan. Por lo tanto, la siguiente pregunta serd: gqué debe existir detras de esas caracteristicas funda- mentales para que sean posibles? El propio Marx formula una pregunta similar cerca del fi- nal del libro I de St capital, en el capitulo acerca de fa acumu- laci6n originaria 0 “primitiva"S {De dénde provino el capi- tal?, indaga. ¢C6mo nacié la propiedad privada de los medios de produccién y cémo sucedié que los productores fueron separados de esor medios? En los capitulos anteriores, Marx habfa puesto al descubierto la légica econémica del capitalis- mo con abstraccién de sus condiciones de posibilidad, que se suponian dadas. Sin embargo, result que existfa un exten- so relato subyacerte sobre la proveniencia del capital, un rele to bastante violento de despojo y expropiaci6n. Es mas, como pusieron de relieve teGricos que van desde Rosa Luxemburgo hasta David Haney, ese relato subyacente no se sittia con exclusividad en el pasado, en los “origenes” del capitalismo. La expropiacién es un mecanismo de acumulacién atin en marcha, aunque no oficialmente, que persiste junto al meca- nismo oficial de explotacién, el “relato en primer plano” de Marx, por asi decr. Este movimiento, del relato sobre el primer plano de la explotacién al relato sobre el trasfondo de la expropiacién, constituye un giro epistémico fundamental que arroja nue- va luz sobre todo lo anterior. Es andlogo al movimiento que Marx efectiia casi al comienzo del libro I, cuando nos invita 6 Kast Marx, Capita, t 1, rad. de Ben Fawkes, Londres, Penguin, 1976, bp. 873-87¢ fd. cast. captal, bra | en 8 vols, Buenos Aes, Sige XU, 2602-2004), 6 Fosa Lunerrturgo, The Accumulation of Capital, Nueva York, Monthly Raviw, 1988 fod. cast: La acumutacion del capt, Buono ‘Aires, Terarnar, 20071; Davet Harvey, The New Imperiasm, Oxford, (Oxtor University Press, 2908, pp, 187-182 ed. cast 8 nuevo impe- loro, Maid, Akal, 2016), ‘34 Copitaisrno aribal a dejar atrds el Ambito del intercambio de mercado y Ia pers- pectiva del sentido comiin burgués con el que se asocia, para centrarnos en la morada oculta de la produccién, que ofrece la posibilidad de adoptar una perspectiva mds critica. Como resultado de aquel primer movimiento, descubrimos un su- cio secreto: la acumulaci6n se gesta por medio de la explota- cion, En otras palabras, el capital no se expande mediante el intercambio de equivalentes, como sugiere la perspectiva del mercado, sino del modo opuesto: mediante la no compensa- cidn de parte del tiempo de trabajo de los trabajadores. De manera similar, cuando al final del volumen pasamos de la explotacién a la expropiaci6n, descubrimos un secreto inclu- so més sucio: a la coerci6n sublimada del trabajo asalariado subyacen la violencia descarada y el robo desembozado. En otras palabras: la extensa claboracién que expone la légica econémica del capitalismo, que constituye la mayor parte del libro I, no es la ultima palabra, Llega, a continuacién, un desplazamiento hacia otra perspectiva, la de la desposesién. Ese desplazamiento hacia lo que esté detrés de la “morada oculta” cs, también, un movimiento hacia la historia y ha- cia lo que denomino “condiciones de posibilidad de base de 1a explotaci6n”, Podria decirse, sin embargo, que Marx no desarroll6 en su totalidad las implicaciones de ese giro epistémico de la explo- tacién hacia la morada arin més oculta de la expropiaci6n, ‘Tampoco teorizé acerca de otros giros epistémices, de igual grado de importancia, implicados en su visién del capitalis- mo. Esos movimientos hacia moradas incluso mas ocultas to- davia deben ser conceptualizados, como también deben serlo las implicaciones de la acumulacién “primitiva” en su total dimensién. Es imprescindible incorporar todas estas cuestio- nes, en nuevos libros de EI capital si se quiere, para poder desarrollar una comprensin adecuada del capitalismo del siglo XX1, Omnivor 35 De la producci6n de mercancias a la reproduccién social Un giro cpistémico esencial es el de la produccién a la repro- duccién social: las formas de aprovisionamiento, provisién de in que producen y mantienen a los seres los sociales. Denominada de formas diver- sas como “cuidado", “trabajo afectivo” o “subjetivacién”, esta actividad forma a los sujetos humanos de! capitalismo y los sos- tiene como seres naturales corporizados, a la vez que los cons- tituye como seres sociales, conforma su habitus y la sustancia socioética, o Sitilickeit, donde se mueven, Fundamental en este sentido es el trabajo de dar a luz y socializar a los nifios, cons- truir comunidades, producir y reproducir los significados com- partidos, las disposiciones afectivas y los horizontes de valor que sustentan Ia cooperaci6n social. En las sociedades capitalistas, ‘buena parte de esta actividad, aunque no toda, tiene lugar fue- ra del mercado, €7 los hogares, los barrios y una infinidad de instituciones pablcas, entre ellas escuclas y guarderias; y bue- na parte de ella, aunque no toda, no adopta la forma de trabajo asalariado. Y sin embargo, la actividad de reproduccién social ¢s absolutamente necesaria para la existencia del trabajo asa- lariado, la acumulaci6n de plusvalor y el fancionamiento det capitalistno. El trabajo asalariado no podria existir en ausencia del trabajo domés:ico, la crianza de los hijos, la escolarizacién, el cuidado afectivo y una serie de otras actividades que ayudan a producir nuevas generaciones de trabajadores y a reponer las existentes, como asimismo a sostener vinculos sociales y en- tendimientos compartidos. Al igual que la “acumulacién ori- ginaria’, la reproduccion social es condici6n indispensable de posibilidad de la produceién de mereancias. Incluso més: desde el punto de vista estructural, la division entre reproduccién social y produccién de mercancias es de- cisiva para el capitalismo; en rigor, esa escisién es un artefacto del sistema. Como ya resaltaron numerosas te6ricas feminis- tas, la distincién esta marcada por estereotipos de género: la 36 Copitalamo cana reproduccién se asocia con las mujeres y la produccién con los hombres. Histéricamente, la divisién entre trabajo asala- riado “productivo" y trabajo no asalariado “reproductivo” fue l pilar de las formas capitalistas modernas de subordinacién de la mujer. Al igual que la divisién entre propietarios y tra- bajadores, también esta se apoya en Ta ruptura de un mundo anterior. En este caso, lo que se hizo aiticos fue un mundo donde el trabajo de las mujeres, si bien diferente del de los hombres, era visible y piblicamente reconocido, parte consti- tutiva del universo social. Con el capitalismo, en contraste, la labor reproductiva se escinde y queda relegada a un émbito doméstico "privado”, separado, donde su importancia social resulta opacada, Y en este nuevo mundo, en el que el dinero €s un recurso primordial de poder, el hecho de que este tra- bajo no se pague 0 sea mal pago sella la cuestién: quienes lo realizan se ven estructuralmente subordinados a quienes per ciben salarios dinerarios en la “produccién’, incluso a pesar de que su trabajo "reproductivo” suministra las precondicio- nes necesarias para ¢l trabajo remuncrado. Lejos de ser universal, la division entre produccién y re- produccién nacié histéricamente con el capitalismo. Sin embargo, no fire dada de una vez y para siempre: muy por el contrario, muté con el tiempo y adopté formas diferentes en diferentes etapas del desarrollo capitalista. Durante el si- glo XX, algunos aspectos de la reproduccién social fueron transformados en servicios ptiblicos y bienes ptiblicos, des- privatizados, pero no mercantilizados. Hoy en dia, la division se modifica una vez. mas, cuando el neoliberalismo vuelve a privatizar esos servicios y los mercantiliza, mientras también mereantiliza por primera vez otros aspectos de la reproduc- cién social. Es més, al exigir el recorte de los subsidios del Estado mientras recluta masivamente a las mujeres en traba- jos del sector de los servicios mal remunerados, esta forma ‘actual de capitalismo traza a nuevo 1os limites instituciona- les que antes separaban Ia produccién de mercancfas de la reproduccién social y reconfigura la asignacién por géncros ‘Omevora 37 como resultado. De igual importancia, la presente forma de capitalismo canibaliza la reproduccién social y permite que cl capital la devore con total libertad, sin reponerla. Como vyeremos en el capitulo 3, el efecto de estos desarrollos con- vierte esa condicion vital de la acumulacién en un punto fun- damental de las crisis capitalistas. De la economia ala ecologia ‘También es necesario tener en cuenta un segundo giro en la perspectiva epistémica, uno igualmente crucial, que dirige wuestra atencién hacia otra morada oculta. La mejor expre- mn de este otro giro est plasmada en el trabajo de pensa- ores ecosocialistas que escriben otro relato subyacente, que tiene como eje la canibalizacién de la naturaleza a manos ropiedad privada, la acumulacién de va- lor “auto"-expansiva, la asignacién por via del mercado del excedente social y los insumos fundamentales a la produc- cin de mercanc’as, incluido el trabajo (doblemente) libre, se wuelve posible merced a cuatro condiciones cruciales de fondo vinculadas, respectivamente, con la reproduccién so- cial, la ecologia de la tierra, el poder politico y las continuas inyeeciones de rqueza expropiada a los pueblos racializa- dos. Para entender el capitalismo, por lo tanto, necesitamos resituar el relato elaborado por Mars acerca de ese primer plano y ponerlo =n relacién con estos cuatro relatos acerca del trasfondo, Debemos conectar la perspectiva marxiana con otras corrientes emancipatorias de teoria critica: feminista, ecolégica, politica, antiimperialista y antirracista, 2Qué tipo de animal es cl capitalismo desde esta perspecti- va? La imagen que trazo aqut difiere en enorme medida de la conocida idea de que el capitalismo es un sistema econémico. Es verdad: a primera vista, puede haber parecido que las ca- rracteristicas fundamentales que identificamos eran “econémi- cas”, Sin embargo, esa aparicncia resultaba engafiosa. Una de las peculiaridades del capitalismo es que trata sus relaciones sociales estructurantes como si fueran econémicas. En rigor, no tardamos en vernos obligados a hablar de las condiciones de fondo “no ecenémicas” que posibilitaban Ia existencia de ese “sistema ecorémico”. Asi, no hablamos de las caracteris- ticas de una economia capitalista, sino de una sociedad capi- talista. Lejos de maquillarlas para hacerlas desaparecer del cuadro, necesitamos integrarlas a nuestra comprensién de lo que es el capitalismo. Y para ello, debemnos reconceptualizar el capitalismo como algo més vasto que una economia, Asimismo, la imagen que he esbozado difiere de la visién. del capitalismo como una forma reificada de vida ética, ca- racterizada por la mercantilizacién y la monetizacién gene- ralizadas. Desde esa perspectiva, tal como se expresa en el celebrado ensayo “Reificacién y conciencia del proletariado” de Georg Lukacs, la forma mercancia coloniza la toralidad de 46 Capltaemo canioal Ja vida y estampa su marca en fenémenos tan diversos como Ia ley, la ciencia, la moral, el arte y la cultura." Por mi par- te, considero que en la sociedad capitalista la mercantiliza- Gi6n dista mucho de ser universal: allf donde esta presente, su mera existencia depende de zonas de no mercantilizacién que el capital canibaliza sistematicamente. ‘Ya sean sociales, ecolégicas 0 politicas, en ningrin caso estas zonas no mercantilizadas son un simple reflejo de la légica de la mercanefa. Fn cada una se plasman diferentes graméticas normativas y ontolégicas que le son propias. Por ejemplo, las practicas sociales orientadas a la reproduccién (en oposicién a la producci6n) tienden a engendrar ideales de cuidado, responsabilidad mutua y solidaridad."* De manera similar, las practicas orientadas a la organizacién politica -a diferencia de la economia- suclen remitir a principios de democracia, autonomia piblica y autodeterminacién colectiva. Ademis, las prdcticas asociadas con las condiciones de posibilidad del capitalism en el ambito de la naturaleza no humana tien- den a promover valores como la administracién ecolégica, la no dominacién de la naturaleza y la justicia intergeneracio- nal. Por tiltimo, las précticas asociadas con Ia expropiacién 0, mejor dicho, con la resistencia a esa expropiacién suelen fomentar valores de integraci6n, por un lado, y de autonomia comunitaria, por otro. Sin lugar a duda, estas normatividades “no econémicas” a veces adoptan una apariencia jerarquica y provinciana (en el caso de la reproduccién social), restringida o excluyente (en el caso de la organizacién politica), romantica y sectaris- ta (en el caso de la naturaleza no humana) o insensible a la 12 Georg Lukécs, History and Class Consciousness, Stucoe in Marist Daectics, Cambridge, MT, 1871 [ed cast. Historia y conciancla de ‘clase, Machi, Akal, 2021], 19 Sara Ruccick, Maternal Thinking, Towerds a Paes of Peace, Londres, ‘Wornen’s Press, 1990; Joan Trento, Mara Bounces. @Pottica! Argument for an Etc of Care, Nueva York, Routeige, 1990. Omnivers 47 cuestion de la clase y reificada (en el caso de la resistencia a la expropiacién). Por lo tanto, no cabe idealizarlas. Sin em- argo, es importante tener presente su divergencia respecto de los valores asociados con Ia fachada del capitalismo, sobre todo, crecimiento, eficiencia, intercambio entre iguales, elec- cién individual, libertad negativa y progreso meritocratico, Esta divergencia nos lleva a conceptualizar el capitalismo de un modo diferente. Lejos de generar una légica tinica y general de reificacién, la sociedad capitalista alberga norma- tivas diferentes y abarca una pluralidad definida de ontolo- gias sociales distintas pero interrelacionadas. Queda pendien- te ver qué sucede cuando esas ontologfas colisionan, Pero la estructura que las sustenta esta clara: la topografia normativa que distingue al capitalismo surge de las relaciones entre el primer plano y el trasfondo que hemos identificado, Si mues- tro objetivo es desarrollar una teoria critica, debemos reem- plazar nuestra visén del capitalismo como forma reificada de vida ética por una perspectiva estructural mds diferenciada. Si el capitalismo no es un sistema econémico ni una for ma reificada de vida ética, vale preguntarse, entonces, qué es. Mi respuesta es que deberiamos concebirlo como un orden social institucionalizado, tal como el feudalismo, por ejem- plo. Entender el capitalismo de esta manera pone de relieve sus divisiones estructurales, en especial las separaciones ins- titucionales que detecté. Como ya vimos, es constitutiva del capitalismo Ta separaci6n institucional entre “produccién econémica” y “reproduccién social”, separacién marcada por estereotipos de género que fundamenta formas de do- minaci6n masculina especificamente capitalistas, a la vez que posibilita la explotacién capitalista de la fuerza de trabajo y, mediante ella, su modo de acumulacién oficialmente estable- cido. También definitoria del capitalismo es la separacién ins- titucional de la “economia” respecto de la “organizacién poli- tica’, separaciGn que deja fuera de las agendas politicas de los Estados territoriales las cuestiones econdmicas. Asi, daal capi- tal la libertad de vagar por una tierra de nadie transnacional 48. Capitalero canal donde cosecha los beneficios del ordenamiento hegeménico mientras evade el control politico. También es fundamental para el capitalismo la divisién ontol6gica preexistente pero enormemente intensificada entre el fondo “natural” (no hu- mano) y el primer plano *humano” (en apariencia, no na- tural). Por Gltimo, es constitutiva en igual grado Ia divisién entre explotacién y expropiacién, que hermana la libertad (doble) de la clase trabajadora oficial con el sometimiento no reconocido de los “otros” racializados. Hablar del capitalis- mo como un orden social institucionalizado, fundado sobre estas separaciones, es sugerir su imbricacién estructural y no accidental con la dominacién de género, la degradacién eco- logica, la opresién racial/imperial y la dominaci6n politica (por supuesto, todo ¢s0 en conjuncién, con su igualmente estructural y no accidental dinémica en primer plano de la cexplotacién de la fuerza de trabajo ~doblemente- libre). Luchas por los limites Sin embargo, con lo dicho no pretendo sugerir que las divi- siones institucionales del capitalismo sean dadas de una vez y para siempre. Por el contrario, como ya vimos, en funcién del régimen de acumulaci6n varfan histéricamente el lugar yel modo exactos en que las sociedades capitalistas trazan la linea divisoria entre produccién y reproduccién, economfa y organizaci6n social, naturaleza humana y no humana, ex- plotacién y expropiacién. De hecho, es posible conceptuali- zat el capitalismo metcantil, el capitalismo colonial liberal, el capitalismo de monopolios administrados por el Estado y el capitalismo neoliberal globalizador en esos términos: como cuatro modos histéricamente especificos de demarcar los diversos ambitos que comprende el capitalismo. De igual importancia es que la configuracién precisa del orden capitalista en cualquier momento y lugar depende de Ia disputa: del equilibrio de poder social y del resultado de las Omivow 49 luchas politicas. Lejos de ser dadas, las divisiones instituciona- les del capitalisrro suelen volverse focos de conflicto cuando los actores se movilizan para desafiar o defender los limites establecidos que separan la economia de la organizacién so- cial, la produccién de la reproducci6n, lo humano de la natu- raleza no humara y la explotacién de la expropiacién. En la ‘medida en que apuntan a que procesos en disputa se resittien en el mapa institucional del sistema, los sujetos del capitalis- mo recurren a las perspectivas normativas asociadas con las diversas zonas que ya detectamos. En Ia actualidad, vemos que se recurre a esas perspectivas. Algunos opositores del neoliberalismo sc valen de ideales de cuidado y responsabilidad, asociados con la reproduccién, para oponerse a las iniciativas orientadas a mercantilizar la ‘educacién. Otres invocan nociones de administracién de la naturaleza y justicia intergeneracional, asociadas con la ecologéa, para militar en favor de la adopcién de energias renovables. Y otros esgrimen ideales de autonomia publica, asociados con la organizacién social, para reclamar controles internacionales de capitales y extender la rendicién de cuen- tas democratica mas all4 del Estado. Otros mas citan normas de integraci6n yautonomia comunitaria, asociadas con la re- sistencia a la expropiaci6n, para abogar por la abolicién de la prisién y el desfinanciamiento de las fuerzas policiales. Estas reivindicaciones, junto con las contrarreivindicaciones que inevitablemente suscitan, son la materia misma de la lucha social en las sociedades capitalistas, tan fundamentales como las Iuchas de clase por el control de Ia produccién de mer- cancfas y la distribucién de la plusvalia que Marx privilegié. Estas luchas por ls limites, como las denominaré, configuran de manera decisiva la estructura de las sociedades capitalistas' y “4 Nanoy Fraser, “Struggle over Needs: Outine of @ Socait-Feminist, CCtcet TMuory of Late Gactaist Posical Culture’, en Unruly Practices. Power, Discourse and Gender in Contemporary Social Theory, 50 Captakemo canal desempeiian un papel constitutivo en la concepcién del capi- talismo como orden social institucionalizado. El foco en las luchas por los limites deberfa desalentar cualquier impresi6n errada respecto de que el enfoque aqui esbozado es de indole funcionalista, vale decir, centrado en ‘demostrar que cada instancia sirve para reforzar el sistema, Es verdad que empecé por caracterizar la reproducci6n social, la ecologia, el poder politico y la expropiacién como condicio- nes basicas de posibilidad del retato sobre el “primer plano” del capitalismo e hice hincapié en su funcionalidad respecto de la produccién de mercancias, la explotacién de la fuer- za de trabajo y la acumulacién del capital. Sin embargo, ese momento no capta en plenitud las relaciones entre primer plano y fondo del capitalismo, sino que coexiste con otro momento, ya insinuado, que ¢s igualmente central y surge de la caracterizacién de las zonas social, politica, ecolégica y periferializada/expropiable como reservorios de norma- tividad “no econémica”. Lo dicho implica que, aun si estos 6rdenes “no econémicos" hacen posible la produccién de mercancfas, no son reductibles a esa funcién posibilitadora. Lejos de quedar agotadas por la dindmica de la acumulacién 0 de estar por entero a su servicio, cada una de esas moradas ocultas alberga ontologias distintivas en materia de préctica social ideales normativos. Por otra parte, es0s ideales “no econémicos” estan prefiados de posibilidades politicas y criticas. En tiempos de crisis, en especial, cs posible emplearlos contra pricticas econémicas centrales asociadas con la acumulacién de capital. En épocas como esas, tienden a debilitarse las divisiones estructurales que normalmente sirven para que las diversas normativida- des queden segregadas a sus propias esferas institucionales. Minedpoks, Univers of Minnesota Press, 1988 fed. cast: Practices rabeides. Poder, ofscurso y génsro en ls teak social contemporanea, [Buenos Aes, Promatea, 2020) Omnivoro 61 (Cuando las separaciones pierden vigor, los sujetos del capita- lismo ~que, después de todo, viven en mds de una esfera~ vi- yencian conflictes normativos. Lejos de introducir ideas des- de el “exterior”, recurren a la normatividad compleja propia del capitalismo para criticarlo y movilizan a contracorriente la multiplicidad de ideales que coexisten, a veces con inco- modidad, en un orden social institucionalizado asentado en divisiones que separan el primer plano del fondo, Asi, la con- cepcién del capitalismo como un orden social institucionali- zado nos ayuda a comprender que es posible desarrollar una critica del capita. desde dentro. Sin embargo, este punto de vista también sugiere que serfa un error interpretar romadnticamente la sociedad, la organiza- cién politica, la naturaleza y la periferia como si estuvieran si- tuadas “fuera” del capitalismo y se le opusicran. Esta interpre- tacién romantica es la que hoy en dfa sostiene una cantidad considerable de pensadores anticapitalistas y activistas de i quierda, entre ellos feministas culturales, ecologistas profun- dos, neoanarquistasy decolonialistas, como asimismo muchos proponentes de economias “plurales”, “de poscrecimiento”, “de subsistencia” y “sociales y solidarias". Con demasiada fre- cuencia, estas corrientes tratan “el cuidado”, “la naturaleza”, la “acci6n directa”, “el uso colectivo de recursos [commoning]” © el (neo)“comunalismo” como si fueran intrinsecamente anticapitalistas. Debido a esto, pasan por alto que sus pricti- cas favoritas no son exclusivamente generadoras de criticas, sino que también forman parte esencial del orden capitalista. Segiin mi interpretacién, en cambio, la sociedad, la organiza. cién politica, la naturaleza y la periferia expropiable surgie- ron al mismo tiempo que la economia y se desarrollaron en simbiosis con ella. Son, en efecto, los “otros” de la economia y solo adquieren su cardcter especifico en contraste con ella, ‘Asi, reproduccién y produccién conforman un par en el que cada término se codefine en funci6n del otro. Ninguno tiene sentido sin el otro. Esto también se aplica a los pares organi- zacién politica y economia, naturaleza y humanidad, centro 52 Cepitaismo canibal y petiferia. En cuanto parte constitutiva del orden capitalista, ninguno de los reinos “no econémicos” aporta un punto de vista por completo externo que pueda sustentar una forma de critica absolutamente pura y cabalmente radical. Por el contrario, los proyectos politicos que apelan a lo que imagi- nan como “externo” al capitalismo casi siempre terminan por reciclar estereotipos capitalistas: contraponen la crianza y el cuidado femeninos a la agresién masculina, la cooperacién espontinea al célculo econémico, el organicismo holistico de la naturaleza al especismo antropocéntrico, el comunalis- mo de subsistencia al individualismo occidental. Tomar estas oposiciones como base para las luchas propias no equivale a cuestionar el orden social institucionalizado de la sociedad capitalista; en cambio, lo refleja involuntariamente. De lo dicho se desprende que una interpretacién adecua- da de las relaciones entre el primer y el segundo plano del capitalismo debe reunir tres ideas diferentes. En primer Iu- gar, los ambitos “no econémicos” ofician como condiciones de posibilidad de fondo para su economfa: para su existencia, esa economia depende de valores ¢ insumos provenientes de aquellos ambitos, En segundo lugar, los ambitos “no econé- micos" del capitalismo tienen peso y cardcter propios, que ‘en ciertas circunstancias pueden proporcionar recursos para Ia lucha anticapitalista. Sin embargo, y aqui vemos la tercera idea, estos ambitos son parte esencial de la sociedad capita- lista: histéricamente, se constituyeron en tindem con su eco- noma y estin marcados por su relaci6n simbiética con ella, Las crisis de canibalizacion Hay, ademas, una cuarta idea, que nos retrotrae al proble- ma con el que empecé, el de la crisis. Las relaciones entre el primer y el segundo plano del capitalismo albergan fuentes inherentes de inestabilidad. Como vimos, la produccién ca- pitalista no genera su propio sustento, sino que se mantiene Omnivor 53 a expensas de la reproduccién social, la naturaleza, el poder politico y la expropiaci6n; sin embargo, su orientacién hacia Ja acumulacién infinita amenaza con desestabilizar sus condi- ciones mismas de posibilidad, En el caso de sus condiciones ecolégicas, lo que esta en riesgo son los procesos naturales que sostienen la vida y proveen los insumos materiales para el aprovisionamiento de la sociedad. En el caso de las condi- ciones de posibilidad vinculadas con la reproduccién social, se ven amenazados los procesos socioculturales que suininis- tran las relaciones solidarias, las disposiciones afectivas y los horizontes de valor que sustentan la cooperacién social, a la vez qute proveen los seres humanos adeciadamente socializa- dos y capacitados que constituyen la “fucrza laboral”. En el caso de las condiciones politicas, lo que se compromete son los poderes piiblicos, tanto nacionales como transnacionales, ‘que garantizan los derechos de propiedad, hacen cumplir los contratos, arbitran en disputas, sofocan las rebeliones anti- capitalistas y preservan la oferta monetaria, En el caso de ta dependencia del capital respecto de la riqueza expropiada, lo que se pone en peligro es el universalismo autoproclamado del sistema -y por ende, su legitimidad~ y la capacidad de sus clases dominantes de gobernar de manera hegeménica me- diante una combinacién que incluye tanto el consenso como el uso de la fuerza. En cada uno de estos casos, el sistema aloja una tendeacia intrinseca a la desestabilizacién. Al no reabastecer ni reparar sus moradas ocultas, el capital devora con persistencia las bases que lo sostienen, Como la serpiente que come su propia cola, canibaliza sus propias condiciones de posibilidad. Nos encontramos aqui, en el lenguaje de Marx, con cuatro “contradicciones del capitalismo”: la ecolégica, la social, la politica y la racial/imperial; cada una de ellas corresponde aun género de canibalizacién y entrafia una “tendencia a la crisis”, Sin embargo, a diferencia de las tendencias a las crisis sefialadas por Marx, estas no derivan de contradicciones in- ternas de la economia capitalista, sino de contradicciones 54 Capitalemo caribal entre el sistema econdmico y sus condiciones de posibilidad: entre produccién y reproduccién, entre sociedad y natura- leza, entre economia y organizacién politica, entre explo- tacién y expropiacién. Su efecto, como vimos, consiste en incitar una amplia variedad de luchas sociales en la sociedad. capitalista: no solo luchas de clase en el lugar de produc- cidn, definidas en sentido acotado, sino también luchas por los Iimites en relacién con la ecologfa, la reproduccién so- cial, el poder politico y la expropiacién. Estas luchas, que son respuestas a las tendencias a la crisis inherentes a la so- ciedad capitalista, prevalecen en nuestro enfoque ampliado del capitalismo en tanto orden social institucionalizado. 2Qué tipo de critica del capitalismo se deriva de la concep- cin aqué esbozada, es decir, del capitalismo entendido como orden social institucionalizado? Concebir el capital como un canibal implica una forma de reflexidn critica con miiltiples vertientes, muy similar la que desplego Marx en Elcapital. En mi lectura, Marx entrelaza una critica sistémica de la tenden- cia inherente del capitalismo a las crisis (econémicas), una critica normativa de su dinamica intrinseca de dominacién (de clase) y una critica politica del potencial para la transfor- macién social emancipatoria inherente a su forma caracte- ristica de lucha (de clases). La concepcién que he delineado hasta aqui exige un entrelazamiento andlogo de vertientes criticas; pero en este caso cl entramado resulta mas complejo, ya que cada una de esas vertientes es, a su vez, miiltiple en su interior. La critica de las crisis sistémicas incluye no solo las contradicciones econémicas analizadas por Marx, sino tam- bién las cuatro contradicciones entre esferas aqui analizadas que desestabilizan las condiciones de fondo necesarias para Ta acumulacién del capital, al poner en riesgo la reproduc- cién social, la ecologia, el poder politico y la expropiacién 15 Véase Jere O'Connor, “Capt, Nature, Socials: A Thecrtical Introducton’, Captaliom, Nature, Sckalsm, val. 1, r°4, 1988, pp. 7-22. ‘Omnivero 55 continua. De manera similar, la critica de la dominacién abar- ca no solo las formas (centradas en la produccién) de domi- nacién de clase examinadas por Marx, sino también aquellas vinculadas con la dominacién de género, la dominacién po- litica, la dominac’6n de la naturaleza Ta dominaci6n racial/ imperial. Por tiltimo, la critica politica comprende miiltiples conjuntos de actores ~clases, géneros, grupos de estatus, “ra- zas*, naciones y demoi-y vectores de lucha: no solo lucha de clases, sino ademas luchas por los limites atinentes a las sepa- raciones entre las zonas social, politica, natural y expropiable periferializada, por un lado, y “la economia”, por el otro. Asi, lo que se considera una lucha anticapitalista tiene un alcance tanto mayor que lo que tradicionalmente supusicron Jos marxistas. No bien desplazamos la mirada del relato apa- rente hacia su trasfondo, todas las condiciones basicas indis- pensables para la explotacién del trabajo se vuelven focos de conflicto en la sociedad capitalista: no solo luchas entre él trabajo y el capital en el lugar de produccién, sino también luchas por los limites atinentes a la dominacién de género, Ia ecologia, el racismo, el imperialismo y la democracia. Sin ‘embargo, lo que reviste igual grado de importancia es que, de ahi en més, estas titimas aparecen bajo una luz diferen- te: como luchas dentro de, en torno a y (en algunos casos) contra el capitalismo. Si quienes participan en estas luchas se vieran a si mismos en estos términos, quizés podrian unirse 0 cooperar. En ese caso, su potencial emancipatorio consistiria en su capacidad para imaginar nuevas configuraciones, no “meramente” de la economia, sino de la relacién de la econo- mia con Ia sociedad, con la naturaleza y con Ia organizacién politica, Entonces, reimaginar las divisiones estructurales que constituyeron hist6ricamente las sociedacles capitalistas re- presentarfa la tarsa fundamental de los actores sociales y los te6ricos criticos comprometidos con la emancipacién en el siglo XI. Esa agenda es el alma de este libro. En los capitulos que siguen, consideraré con mayor detenimiento cada una de {56 Coptaliemo canal las cuatro moradas ocultas que describi en paginas ante- riores. Mediante la integraci6n del andlisis estructural con la reflexi6n histérica y la teorizacién politica, revelaré las formas de canibalizacién que les son propias: la dinamica racial/imperial de la divisién expropiacién/explotacién del capitalismo, que alimenta Ia voracidad de ese glotén con poblaciones a las que puede castigar impunemente (capitu- Jo 2); 1a dinamica marcada por estereotipos de género del par reproduccién/produccién, que imprime al sistema el sello de devorador de cuidados (capitulo 3); la dindmica ecodepreda- dora de su antitesis naturaleza/humanidad, que sitia a nues- tro hogar planetario en las fauces del capital (capitulo 4); y el impulso que Io lleva a devorar el poder puiblico y faenar, como en una carniceria, la democracia, impulso inherente a Ja divisién distintiva del sistema entre economia y organi- zacién politica (capitulo 5). Las dos iiltimas secciones inda- gan la diferencia préctica que implica repensar el capitalismo como canibal: en qué medida esa concepcién modifica nues- za comprensi6n del socialismo (capitulo 6) y de la pandemia de covid-19 (epilogo). 2. UN CANIBAL AVIDO DE INFLIGIR CASTIGO: POR QUE EL CAPITALISMO ES ESTRUCTURALMENTE RACISTA El capitalismo siempre tuvo un estrecho vinculo con la opresién racial. Con toda obviedad, esta aseveracién es valida para el capitalismo de las plantaciones esclavistas de los siglos XVII al XIX, pero también para el capitalismo industrializado de Jim Crow.'® Tampoco puede haber dudas razonables de que la opresiGn racial persista en el capitalismo desindustrializador, el de los créditos de alto riesgo a tasas sidcrales y los encarcelamientos masivos de la era actual. Pese alas claras diferencias mutuas, ninguna de estas formas de car pitalismo “real” ha sido no racial. En todas sus encarnaciones hasta la fecha, la sociedad capitalista ha estado enlazada con la opresién racial 2Gual es la indole de este enlazamiento? Es contingente 6 estructural? {BI vinculo entre capitalismo y racismo sur- giG por pura casualidad? ;Podrian haber sido diferentes, en principio, las cosas? :O el capitalismo estaba inheren- temente programado desde un comienzo para dividir a las poblaciones por razas? ;Y cual es la situacién actual? ¢Es el racismo parte ccnstitutiva del capitalismo contempordned? 20 ahora, en el siglo XXI, por fin es posible un capitalismo no racial? 16 Se conocacome "leyos Jim Crow” las normas racists que entraron fen vigor & medados del siglo XIX en los Estacos Uric y sogrogaban alas personas trodescenclentes on los émbitos pibioos 0 en los rmedios Gatrensparte.[N. de] {60 Capitalism cenibal Estas preguntas no son nuevas. Por el contrario, consti- tuyen el micleo de una corriente de teorizacién critica pro- fanda, aunque poco reconocida, que se llamé “marxismo negro”. Esta tradicién, que florecié entre los afios trein- ta y fines de los aftos ochenta del siglo XX, incluye figu- ras tan destacadas como C. L. R. James, W. E. B. Du Bois, Eric Williams, Oliver Cromwell Cox, Stuart Hall, Walter Rodney, Angela Davis, Manning Marable, Barbara Fields, Robin D. G. Kelley y Cornel West.” Si bien sus enfoques 17 La expresion ‘manésmo negra" fue acufiade por Cache Robinson, ‘que lo organ ala nocién do una tradicien do pensamiento mana na dtntva pera fa Hooracién nog. Véaae Cedric Robinson, Biack ‘Marais, Chapel Hil, University of North Carolina Press, 1999 fed, ‘cas: Maraismo negro. La formacién de a tralcién radical negra, Machid, Trafcantes de Suetios, 2020). Sin embargo, Robinson ro Sola no achirié ni raspald esa tracicion, sino que s= pos cioné coma at ertce, Ente ls trabajos de algunos exponentes dstacaos del marsismo negro, se incluyen C. LR. dames, The ‘Black Jacabins, Londres, Perguin, 1938 fod. cast: Los Jacobi nos negros, Navarra, Katakrak, 2022}; W. EB. Du Bois, Black Reconstruction in America, 1860-1880, Nueva York, Hercout, Brace ‘and Oorreany, 1895; Eric Willams, Capitals and Slavery, Chapel Hil, University of North Garcina Press, 1844 fod, cast: Captalsmo y esclavtad, Madd, Trafcantes de Sueros, 201 I; Olver Cromwell Cox, Caste, Class, and Race. A Study of Social Dynamics, Nueva York, Monthly Review, 1948; Stuart Hal, “Race, Arteultion,anct Societies Structured in Dominance’, en Unesco (ed), Sociological Theories. Race and Coloniaizm, Paris, Unesco, 1980, pp. 305-345; \Walter Rodney, How Europe Underdeveloped Afica, Washington, 1G, Howard University Press, 1961 ed. cast.: De cdo Europa subdesarrol6 2 Atnca, Madi, Silo XX), 1982], Angela Davis, Women, Race, and Class, Londres, Women's Press, 1982 [60 cast: Mujores, raza y clase, Madr, Akal, 2019]; Manning Marable, How Capitalsm Undordeveloped Biack America, Brookiyn, South End Press, 1983; Barbara Fels, “Savery, Rece, and idoology in the United States of America", New Left Review, vol. 181, mayo: uno de 1990, pp, 95-118y 168; Robin D. G. Kelly, Hammer land Hoe. Alsbama Cammmunists during ihe Great Depression, {Chapel Hil, Unversity of North Caraina Press, 1980, y Race Un cantbel vido do infigr castigo 61 divergian en aspectos especificos, cada uno de estos pensa- dores abordé en profundidad el nexo entre capitalismo y racismo. Al menos durante los aiios ochenta, sus reflexiones fueron la vanguardia de lo que muchos denominan hoy teo- ria racial critica. ‘Sin embargo, la cuestién del entramado de capitalismo y raza salié de la agenda de la teorfa critica. Con el debilit- miento del radicalismo de la Nueva Izquierda y el derrumbe del cormunismo real, el capitalismo dejé de ser un tema de interrogaci6n seria en mumerosos émbitos, mientras que el marxismo era objeto de un rechazo creciente porque se lo consideraba pasado de moda. Como resultado, las cuestiones atinentes a la raza y el racismo fueron cedidas a pensadores (que trabajaban encuadrados en los paradigmas liberal y pos testructuralista. Si bien esos pensadores hicieron algunas con- tribuciones notables a la teorfa tradicional y a la teorfa critica de la raza, no intentaron arrojar luz sobre la relaci6n entre capitalismo y opresin racial. ‘Aun asi, en la actualidad, una nueva generacién de te6ri- cos de la raza criticos ha revitalizado esa problematica. Esta generacién, que comprende pensadores como Michael Dawson, Ruth Wilson Gilmore, Cedric Johnson, Barbara Ransby y KecangaYamahtta Taylor, reexamina la relacién ‘Rebel. Culture, Polties, and the Black Working Class, Nueva York, Free Press. 1996; y de Cornel West, “The Insispensabity Yet Insufficiency of Mandst Theory" y "Race and Sool Theory", ambos fen The Coma! West Reader, Nueva York, Basic Citas, 1998, pp. 212-250 y 251-287, 46 Esta expresion design origrarlaments a estigacién realizada para llucdarlarelacin entre deracho y raza. Postrioment se apocera~ ron da érmino actores de la derecha estadouridense, que lo emplsan para designary destegtimar cusiquar too de indagacion antracisa ‘sstematice, AquLy en todo el bro utiizo la denorninacién no on forma peyeratva sino aprecitivamente pare desonar la errpia gama df teorizacion atiracista y entimperiasta que incluye la teorfa de liberacién negra sin lnitarse aos 62 Copitalemn canal entre capitalismo y racismo a la luz de los acontecimientos del siglo XXI."” No es dificil discernir los motivos de este re- novado interés. Al coincidir el ascenso de una nueva genera- Gin de activistas antirracistas militantes, por un lado, y un Populismo supremacista agresivamente etnonacionalista y de extrema derecha, por otro, se ha dado un dréstico incremen- to en lo que se pone en juego en la teoria critica de la raza, Dentro de este encuadre, muchos pensadores sicnten ahora la necesidad de comprender mejor aquello a lo cual se en- frentan. Varios advierten que el contexto extendido de los dos desarrollos mencionados es la crisis cada dia mas profun- da de la sociedad capitalista contemporadnea; una crisis que, cen simultdneo, exacerba y visibiliza sus formas caracteristicas de opresi6n racial. Por tiltimo, “capitalismo” dejé de ser un término tabi y el marxismo pasa por un resurgimiento. En, esta situaci6n, las preguntas fundamentales del marxismo ne- gro se han vuelto, una ver mas, acuciantes: es el capitalismo necesariamente racista? éEs posible superar la opresién racial en el marco de una sociedad capitalista? Alrespecto, me propongo presentar la problemtica a par tir de la concepcién ampliada del capitalismo desarrollada en el capitulo anterior. El enfoque que propongo desdibuja 19 Michael C, Dawson, Blacks In nd Out ofthe Let, Camorigge, Mazsachuserts, Harvard University Press, 2013; Ruth Wilson Gimore, Golder Gulag. Prsons, Supls, Criss, and Onpaation in lobating Calter, Berkeley ~ Los Angeles, Univesty of Calforia Press, 2017; Cedi Johnson, Revolutionaries to Race Leadrs. ‘Black Power and the Maing of Atican Amercan Pols, Minedpcli, Unversity of Minnesota Press, 2007; Barbara Ransby, Mating Al ‘Black Lives Matter. Raimagihing Froedom inthe Twanl-Fist Century, Barkley - Los Angeles, Univesity of Calf Press, 2018; y. oe Keeanga-Yamahta Teor, From #Black Lives Matter to Bleek Uberation, Chicago, Haymarket, 2016 [ed. cast: Os Blank! NesMattert «ala tberacien negra, Buenos Aire, Tinta Limén, 2017] Raca for rot How Banks and the Real Estate industry Uncemninod Bick Homeownershi, Chapel Hl, Universty of North Carla Press, 2021 Un canibal vido de ing castigo 63 las oposiciones nitidas habituales entre estructura e historia, necesidad y casualidad, que nublan la enorme complejidad de la relacién ent‘e capitalismo y racismo. A diferencia de quienes proponen la contingencia y sostienen que él racismo no es indispensable para el capitalismo, afirmo que existe una base estructural en el persistente entrelazamiento del sistema capitalista con la opresién racial. Como ya vimos, esa base ra- dica en la dependencia del sistema respecto de dos procesos de acumulacién del capital, diferentes desde lo analitico pero entrelazados en la aractica: la explotacion y la expropiacién. Bs la separacién de ambos procesos y su asignaci6n a dos poblacio- nes diferentes lo que se encuentra en la base de la opresién racial en la socieded capitalista. Sin embargo, en oposicién a quienes postulan su necesidad insisten en que el capitalismo no racial es imposible, argu- mentaré que el nexo explotacién/expropiaci6n del capitalis- ‘mo no esta grabado en piedra. Por el contrario, ese vinculo se ha modificado hist6ricamente en el curso del desarrollo capi- talista, que pucde interpretarse como una secuencia de regi- menes de acumulzci6n racializada diferentes desde el punto de vista cualitativo. En cada fase, una configuraci6n histérica- mente especifica de la explotaci6n y la expropiacién sustenta un paisaje distintivo de racializacion. Cuando recorremos esa secuencia hasta legar al presente, descubrimos algo nuev una forma de capitalismo que desdibuja la separaci6n histéri- ca entre explotacién y expropiacién. Esta nueva forma ya no asigna los dos pro-esos a dos poblaciones diferentes demar- cadas con nitidez, sino que parece disolver la base estructue ral de sustento de la opresi6n racial que ha sido inherente a Ia sociedad capitalista a lo largo de cuatrocientos aiios. Y sin embargo ~sostendré-, la opresién racial persiste en formas ni estrictamente necesarias ni meramente contingentes. El resuiltado es un nuevo conjunto de incégnitas para la teorfa marxista negra y para ¢l activismo antirracista del siglo XXI- En este capitulo desarrollo esta argumentaci6n en tres pa sos. Primero, defiendo Ia tesis de que el capitalismo incluye 64 Capitalism cantoal una base estructural que sustenta Ia opresién racial debi- do a su dependencia de la expropiacién como condicién necesaria para la explotacién. Luego historizo esa estruc- tura delineando las cambiantes configuraciones del par explotacién /expropiacién en as fases més importantes de la historia del capitalismo, Por tiltimo, examino las perspectivas de superacién de la opresién racial en una nueva forma de sociedad capitalista que, si bien todavia depende de la explo- taci6n y la expropiaci6n, no asigna esos procesos a dos po- blaciones diferentes demarcadas con nitidez. Con esta expo- sicién, dejo de manifiesto la tendencia inherente del sistema a racializar a las poblaciones para poder canibalizarlas mejor J, ya en la conclusién, sefialo por qué ~a modo de resultado~ debemos interpretar el capitalismo como un canibal vido de infligir sufrimiento a esas poblaciones. Intercambio, explotacién, expropiacién cEs el capitalismo necesariamente racista? Todo depende de a qué se haga referencia con el término “capitalismo” y de la perspectiva desde la cual se lo conciba. Vale la pena explorar tres perspectivas. La primera, ensefiada en los cursos de eco- noma, adoptada en el mundo de los negocios y consagrada en el sentido comin, contempla el capitalismo a través de la lente del intercambio de mercado. La segunda, conocida por los socialistas, sindicalistas y otros protagonistas de las lu- chas laborales, sittia el meollo del capitalismo en un nivel mas profundo: la explotacién del trabajo asalariado para la pro- duccién de mercancfas. Una tercera perspectiva, desarrollada por criticos del imperialismo, pone el foco en la expropiacion de los pueblos conquistados por parte del capital. En estas p&- ginas sugiero que, si combinamos la segunda y a tercera pers- pectivas, lograremos ver qué pasa por alto cada uno de los tres enfoques tomados en forma aistada: Ia base estructural que da sustento a la opresién racial en la sociedad capitalista. Un cantbal avo de nfl castoo 65 Encaremos, en primer lugar, la perspectiva del intercambio, desde la cual el capitalismo aparece simplemente como un siste- ‘maeconémico. Este, organizado para maximizar el crecimiento ylaeficiencia, se centra en la institucién del mercado, en la que individuos guiados por su interés particular realizan transaccio- nes de intercambio de equivalentes en condiciones de absoluta imparcialidad. Concebido de esta forma, el capitalismo no pue- de menos que ser indiferente al color. Sin interferencias y libra: doa seguir su propia légica economizante, el sistema disolveria ‘cualquier jerarquia racial preexistente y evitaria generar otras nuevas. Desde el punto de vista del intercambio, el vinculo en- tre racismo y capitalismo es por completo contingente. “Mucho podria decirse acerca de esta perspectiva, pero lo importante para mis objetivos presentes es que aquella, por definicion, desvircula al capitalismo del racismo, Al definir al capitalismo de manera acotada, como una légica indife- rente al color que solo procura maximizar el beneficio, Ia concepci6n centrada en el intercambio relega los impulsos racializantes a fuerzas externas al mercado que distorsionan su operacién. Po: Io tanto, el culpable no es el capitalismo (segiin lo cntiende esta misma concepcién), sino la sociedad que lo rodea. El racismo proviene de la historia, la politica y la cultura, las cuales se figuran como externas al capitalis- mo y conectadas con él solo de manera contingente. El re- sultado consiste en formalizar el capitalismo reduciéndolo a ‘una l6gica cconomizante de medios y fines, vacidndolo de su contenido histérico y politico. Asf, el enfoque centrado en el mercado oblitera la cuestién fundamental analizada en el capitulo 1 y central en la tesis que aqui expongo: por motivos estructurales, las econom{as capitalistas requicren precondi- ciones ¢ insumos “no econémicos”, incluidos algunos que ge- neran opresién racial. Al no tener en cuenta esa dependen- cia, esta concepcién ofusca los inecanismos de acumulacién, dominacién y canibalizacin caracteristicos del sistema. Algunos de esos mecanismos quedan al descubierto en la segunda perspectiva -més amplia, menos formal y mucho

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