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Una Vaca en La Ciudad

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Una vaca en la ciudad LILIANA CINETTO teraturay ug Liliana Cinetto, (Buenos Aires, Argentina), Es Profesora de En- sefianza Primaria, Profesora de Letras, escritora y narradora oral. Como narradora, cuenta historias descle 1989 en distintos smbitos y ha representado a la Argentina en festivales internacionales en Bra y Espafia, Como autora, tiene pu- ados més de cincuenta libros fa nitios. Ha escrito las novelas Culdado con el perro; Diminuto contra los fantasmas, y las colec- clones de relatos breves: Cosquillas de a narlz; Los ruldos de la panze Las malas palabras; Yo quiero a mi hermanito; Cuentos que hielan la sangre, y para MN Editorial vaca en la cludad. Ha recibido nacionalese Espari Reconocimiento a una Actitud en la Vida ~inspirada en la trayectoria de A di6 el premio Alicia como narradora ang UNA VACA EN LA CIUDAD LILIANA CINETTO lustraciones de Leonor Pérez Coleccién Coleccién La buena letra Direceién editorial: Gloria Pez Editor: Héctor Hidalgo Tustraciones: Leonor Pérez, Portada de colecciGn: disefo i punto a, BOWS Es una marca registrada de MIN Editorial Ltda, (© 2011 MN Baitoril Lida Avda. Eliodoro Yailez 2416, Providencia, Santiago, Chile ‘Teléfono: 233 5101 e-mail: promoci web: wwwsmneditorial.ct Primera edicién: 2011 [N° de inseripci¢n: 204.950 ISBN; 978.956-294-310.9 La presentacién y disposicién de la obra son propiedad del editor. Reservadios todos los derechos para todos los pases. Ninguna parte de esta publicacién puede ser reproducida, almacenada o transmitida de ninguna forma, ni por ningin medio, sea este electrOnico, fotocopia o cualquier otro, sin la previa autorizacién escrita por parte de los ttulares de los derechos. Impreso en Chile por World Color Chile S.A. Una vaca en la ciudad r suando Gertrudis les dijo a sus amigos del campo que esa mismisima semana se ibaa la ciudad, todos la miraron con cara de qué le pasa y se pusieron nerviosos. Tan nerviosos que a las gallinas se les despeinaron las plumas, a las ovejas se les enredé la lana y a los chanchos empez6 a dolerles la barriga (y eso que sélo habian cenado diez kilitos de choclo, varias plantas de lechuga y media docena de zapallitos). {Que por qué se pusieron tan nerviosos? Porque Gertrudis era una vaca y ya se sabe que en la ciudad no hay vacas paseando de acé para alla ni de alla para cincod aca. Por eso le aconsejaron que mejor se quedara, que no iba a conseguir ni un solo pastito para comer, que la gente de la ciudad iba a asustarse al ver una vaca suelta... No pudieron convencerla. Gertrudis se fue un lunes trotando despacito, antes de que se despertara el gallo que es el mas madrugador. Tard6 bastante en llegar a la ciudad, eso si. Porque quedaba lejos, Pero llegé nomas. Y la ciudad le parecié tan linda que enseguidita le dieron ganas de dar un paseo. Fue entonces cuando empezaron los problemas y es que Gertrudis conocia mucho de campo, pero de ciudad no sabia nada. Y el primer problema fue cuando quiso cruzar una avenida. Por supuesto no esper6 a que el seméforo estuviera rojo y los autos frenaran. Ella cruzé lo mas 6seb ranquila y ;PIM! ;PAM! jPUM! Un auto amarillo chocé contra un auto verde que chocé contra un auto azul que chocé contra un colectivo Ileno de gente que chocé contra una camioneta cargada de papas que quiso esquivar a Gertrudis. Por suerte, nadie se lastim6 (aunque las papas se desparramaron por el suelo). Claro que la gente se enojé muchisimo con Gertrudis. —Fijese por donde va, despistada. Mire lo que pasé por su culpa -le gritaban. Gertrudis estaba muerta de vergiienza. No se puso colorada, porque las vacas no se ponen coloradas, pero bajo las orejas y agaché la cabeza, mientras decia: —MUUUU ~que en idioma de vaca significa "Disculpen’. Nadie le entendié, claro, porque en la ciudad no se entiende el idioma de siete7 las vacas. Seguramente por eso no la disculparon y le siguieron gritando, mientras Gertrudis se iba de lo mas amargada y se prometia prestar mas atencién al cruzar la calle. Pero los problemas siguieron. Porque al ratito Gertrudis empezo a tener hambre y buscé algo para comer. Y lo mas parecido al campo que hay en la ciudad es una plaza. Por eso Gertrudis fue derechito a la plaza. Y aunque alli habia un cartel que decia con grandes letras negras: PROHIBIDO PISAR EL CESPED Y ARRANCAR LAS FLORES Gertrudis no sabia leer y se dio una panzada de pastito. ;Ah! Y de postre se masticé un cantero lleno de margaritas. La gente se enojé muchisimo con Gertrudis. 8 ocho —j Qué barbaridad! Mire lo que hizo. Deberia darle vergiienza —le gritaban. Ya Gertrudis le dio vergtienza. Muchisima vergitenza. Por eso agaché la cabeza, bajé las orejas y dijo: —MUUUUU MUUUUUU ~que en idioma de vaca signific; Jo voy a hacer mas". Pero nadie le entendié, claro, porque en la ciudad no se entiende el idioma de las vacas. Seguramente por eso no la disculparon y le siguieron gritando, mientras Gertrudis se iba triste, triste. Las cosas fueron de mal en peor. Gertrudis andaba por las calles de contramano, viajé en tren sin sacar "Disculpen. No boleto y se metié en una fuente para darse un bafiito. La gente se puso furiosa con ella. —j Qué falta de respeto! ;Qué maleducada! Eso no se hace -le gritaban. 10 diez Por mas que Gertrudis agachaba la cabeza, bajaba las orejas y decia: —MUUUUU MUUUUUU MUUUUUUU ~que en idioma de vaca significa: “Disculpen. No me di cuenta” -pero la gente no la disculpaba. Quizds porque no la entendian (es que en la ciudad no se entiende el idioma de las vacas). Por eso, el viernes Gertrudis se fue de la ciudad trotando despacito para regresar al campo. Tardé muchisimo en llegar porque el campo estaba lejos y porque ella estaba cansadisima. Pero leg només. Bien temprano, antes de que se despertara el gallo que es el mas madrugador. Y alla se quedé. Contenta porque en el campo puede andar por donde quiere y no esta prohibido pisar el césped o oncetl comerse las flores. Y sobre todo porque cuando dice MUUUU todos la entienden. Ya que en el campo se entiende perfectamente el idioma de vaca. _ Dofia Arafia (Guando dofia Arafia avisé que no queria seguir tejiendo, todos en la laguna se pusieron nerviosos. {Cémo que no ibaa tejer mas? gY quién le haria los cincuenta pares de escarpines a los bebés ciempiés? gY la bufanda a los sapos que andan todo el tiempo resfriados porque se lo pasan chapoteando en el agua? ¢Y el vestido de novia para la abeja reina? 4Y los patwuelitos de encaje para las luciérnagas? Que no y que no. La aratia no ibaa tejer mas. Llevaba afios teje que te teje y ya era hora de descansar. Hacia rato que tenia ganas de viajar alrededor del 12doce trece 13 mundo. Queria conocer otros charcos, otros yuyos, otros bichos... Por mas que le insistieron, preparé sus ocho valijas (una para cada pata) y se despidio de todos que lloraban como locos mientras dofia Arana se alejaba. Por suerte, no tardé tanto en regresar. Y es que dio la vuelta al mundo. Pero al mundo de una ara‘ia que es mucho mas chico que el de las personas. Mas © menos doce Arboles, cuatro piedras, unos troncos cafdos y varias plantas con flores. Y la laguna completa, ademas, que recorrié enterita,viajando en una hoja seca. Y enseguida volvié a tejer. Porque después de contar las anécdotas de su viaje, empez6 a aburrirse y es que las arafias no son de quedarse de brazos... o mejor dicho de patas cruzadas mucho tiempo. lA catorce Cuando el loro dijo que iltimamente andaba aburrido, todos se le quedaron mirando con el pico abierto. Con lo buen compaiiero que era el loro, tan conversador ademas... Si se hacia amigo de cuanto pajarraco se le cruzaba frente al nido. Si charlaba con cualquiera que se Je paraba en una rama del Arbol, incluso en la ms alta. Si venian desde lejos a escucharlo contar las noticias. Sin embargo, el loro estaba aburrido, Hablar hablaba con medio mundo, si. Y bien clarito. Todos le entendian, incluso las personas. Pero desde hacia un tiempo se aburria. Mucho se aburria. 16 dieciséis iVaya a saber por qué! Para distraerlo, las aves cantoras le cantaban. Y el loro agradecia el concierto, pero al rato se aburria otra vez. Para entretenerlo, las aves expertas en vuelo le hacian acrobacias aéreas. Y el loro agradecia la demostracién, pero al rato se aburria otra vez. Para divertirlo, las aves corredoras organizaban carreras. Y el loro agradecia el espectaculo, pero al rato se aburria otra vez. Y al final ya nadie supo qué hacer. El loro se aburria mas y mas. Y encima se puso triston. Ni ganas de conversar tenia. Ni ganas de contar un chisme. Ni ganas de decir BUEN DIA. Hasta que se quedé en silencio. No dijo ni PRRR. Nada. Feo era ese silencio. Dolia. Y el pajarerfo no aguanté y vol6 de aca para alla buscando una solucion. Costé encontrarla, claro. diecisiete 17 Pero una mafiana tempranito alguien trajo un libro gordo y se lo regalo al loro. Y el loro no sonrié porque los loros no son de sonreir. Pero dio vuelta una pagina con el pico y ahi nomas empezé a hablar de nuevo. Con palabras desconocidas. Las que sacaba de ese libro que era nada mas ni nada menos que un diccionario. Y ya no se callé mas. Y tampoco se aburrid. Porque ahora tenia algo que hacer: aprender. Dicen que va por la D, asi que por un rato largo no se va a volver a aburrir. 18 dieciocho ) | _ »E!I patito curioso abia nacido cerca de un lago que parecia un cielo hecho de agua. Lo primero que dijo fue: —Cua. Porque, claro, era un pato, pero muy pronto dijo muchas otras cosas porque era curioso y hacia preguntas todo el tiempo. —¢Por qué Iueve? ;Cudntas estrellas hay en el cielo? ¢Qué hace la luna de «dia? gDénde vive el viento? —preguntas (lificilisimas que mamé pata trataba de responder. En idioma de pato, que era el tinico que ella conocia. El patito fue creciendo y, aunque lo diecinueve 19 que mas le gustaba era nadar (porque, claro, era un pato), también le gustaba aprender. Y como no habia escuela para patos, se hizo amigo de otros animales vecinos. —Muuu -le respondia la vaca, cuando el patito le preguntaba algo y élle entendia porque habia aprendido el idioma de vaca. —Guau -le respondia el perro cuando el patito le preguntaba algo y él le entendia porque habia aprendido el idioma de perro. —Miau —le respondia el gato, cuando el patito le preguntaba algo y él le entendia porque habia aprendido el idioma de gato. —Cocorocé -le respondia la gallina, cuando el patito le preguntaba algo yél le entendia porque habia aprendido el idioma de gallina. 20 veinte Fue justamente aquel dia en que comenz6 el otofio, cuando su mama dijo que tenian que irse de viaje, antes de que llegara el frio. El patito ya lo sabia porque se lo habia dicho “Croac’” la rana y élle habia entendido perfectamente porque ya habia aprendido también el idioma de rana. —Hay que volar todos juntos, en grupos, sin separarse. Siempre derecho, Hacia el lugar donde aparece cada mafiana el sol-habfa explicado muy seria mamé pata-. El viaje es muy largo. Asi que, si alguno se cansa o se pierde, tiene que preguntar dénde esta el mar e ir hacia alla. El patito estaba feliz. Durante la larga travesia aprenderia muchas cosas nuevas. Conoceria las montatias, los bosques, los rios... Incluso podria ver las ciudades, aunque fuera de lejos. Porque, 22 veintides claro, era un pato. EI patito y su familia partieron al dia suiente bien temprano. —Quiquiriqui -le grits el gallo para ilespedirse y el patito le entendié porque ya habia aprendido el idioma de gallo. Al principio el viaje fue tranquilo. Poco a poco se les iban sumando otras lamilias de patos y el grupo se fue haciendo cada vez més grande. Su mama y sus hermanas iban adelante, pero él quedé rezagado porque iba distraido preguntando, mirando, curioseando... Quizas por eso no alcanzé a ver s nubes negras y gordas hasta que {ue demasiado tarde. La tormenta lo sorprendié demasiado lejos del grupo. viento lo revole6 para acd y para alla para arriba y para abajo hasta que al fin logré refugiarse en la copa de un Arbol. lntonces, se dio cuenta de que estaba veintitres 23 completamente perdido. Y solo. Recordé lo que su madre le habia dicho y buscé a alguien para preguntarle dénde estaba el mar. No tardé mucho en encontrar otro pato, un poco raro, eso sf, con plumas mas oscuras que las suyas. De todos modos se puso contento, Porque, claro, era un pato. —Cua -le dijo al verlo. —Coin -le respondié el otro. El patito se queds con el pico abierto de la sorpresa y no supo qué contestarle. Pero como el otro (que en realidad era un pato francés) le hacia sefias para que Jo siguiera, el patito vol6 detras de él. Seguramente iré al mar igual que yo, pens6. Porque, claro, era un pato. Y el otro lo Ievé hasta el mar después de volar quién sabe cuanto tiempo. Sélo que no era el mismo mar al que debia 24 veinticuatro estar viajando su familia. Porque por el camino las vacas decian “Meuh”, los perros ladraban “Ouah Ouah’”, los gatos maullaban “Miaou” y las gallinas cacareaban de un modo rarisimo diciendo “Cotcot codet”. —Me parece que por aca no es-pens6 el patito y decidié cambiar de rumbo, después de despedirse “Coin” de su compafiero (porque ya habia aprendido a saludar en ese idioma). Pas6 bastante tiempo hasta que se encontré con un nuevo pato, raro, también, con las plumas mas claritas que las suyas. De todos modos se puso contento. Porque, claro, era un pato. —Cua -le dijo al acercarse. —Quack -le contesté el otro que era un pato inglés. El patito se quedé con el pico abierto «de la sorpresa y no supo qué contestarle. veinticinco 25 Pero también lo siguié, con la esperanza de que lo Hevara al mar. No tardé mucho en darse cuenta de que éste tampoco era la ruta que tenia que seguir. Porque a su paso las vacas decian “Mooo’, los perros ladraban “Arf Arf”, los gatos maullaban “Meow” y las gallinas cacareaban “Cluck cluck”. Cuando escuché que el gallo decia “Cock-a-doodle-doo” decidié cambiar de rumbo. Y asi anduvo durante meses el patito viajando de un lado para otro. Llegé incluso hasta el otro lado del mundo, a Japon donde las vacas dicen “Mau”, los perros ladran “Kian kian’, los gatos matllan “Nyan” y cuando las gallinas preguntan “Ku-ku-ku-ku” los gallos les contestan “Ko-ke-kok-koo”. éQue si logré reencontrarse con su familia? Si, justo cuando terminaba el verano y todos volvian a su hogar. 26 veintiseis Desiderio Jesiderio nunca hubiera imaginado que le iba a pasar lo que le pasd aquella vez. Porque Desiderio siempre habia sido un elefante muy tranquilo, muy callado, muy timidén... Si en la selva no hacian mas que hablar maravillas de él. —Un vecino ejemplar -lo alababa siempre el mono. —Un excelente compafiero -lo elogiaba la jirafa. —Un caballero -lo ponderaba la cebra. Tan reservado era Desiderio que la mayor parte del tiempo pasaba inadvertido para los demas, algo realmente extraordinario considerando veintisiete 27 el tamatio de Desiderio, claro. —Ni se lo siente ~comentaba el cocodrilo. —Ni se lo ve —decia el avestruz. —Ni se lo escucha -afirmaba el hipopétamo. Y asi andaba siempre Desiderio, sin lamar la atenci6n, sin molestar a nadie. sin que se notara su presencia, hasta que le pasé lo que pas6. Fue justo una mariana de primavera. Desiderio se desperté y fue en puntas de pata, para no hacer ruido, a buscar su desayuno de hojas de Arbol. Pero en ese momento vio unas flores azules que acababan de abrirse y que no conocia y de puro curioso se acercé para oler su perfume. Y ahi nomas empezé a sentir un cosquilleo en la trompa. Un cosquilleo que se volvié cada vez mAs fuerte y més fuerte hasta que Desiderio no pudo aguantar mas 28 veintiocho y.. jATCHIS! estornuds. Un estornudo jue desperté a medio mundo, incluso al rinoceronte que andaba bastante sordo. Mil disculpas —pedia avergonzado | pobre Desiderio-. No va a ocurrir de nuevo. Pero volvié a ocurrir. Enseguidita. Porque a Desiderio le dio otro ataque de cosquillas en la trompa, mas fuerte que clanterior y no pudo seguir hablando porque... |ATCHIS! volvié a estornudar. Y lo peor fue que ya no paré mas. Estornudaba y estornudaba... Se habra enfriado -le dijo la gacela. —Se habra enfermado -opiné la serpiente. —Se habré resfriado —aseguré el loro. Al principio todos trataron de ayudarlo al pobre Desiderio. —Témese un tecito caliente -le sugeria la liebre. veintinueve 29 —Vayase a la cama —le aconsejé la garza. —Abriguese el cuello -le proponia el antilope. Pero por ms que Desiderio hizo lo que le dijeron, seguia estornudando. Y ahi algunos empezaron a fastidiarse. Porque los estornudos de Desiderio no dejaban dormir a nadie. Y si ademas no legaba a taparse la trompa a tiempo... —Me arrancé la tela que acababa de tejer -se quejé la arafia. —Nos revoleé por el aire ~se enojaron diecisiete hormigas. —Me despein6 la melena ~protesté el leon. Desiderio estaba desesperado. Porque nada daba resultado para que se le pasaran los estornudos. Ni los remedios caseros que le receté la tortuga, ni las compresas tibias que le ponia el butho ni 30 treinta la idea de la hiena de hacerle un nudo en la trompa. Fue por eso que Desiderio pensé en irse de la selva. Y justo cuando estaba yéndose pasé cerca de las flores azules que acababan de abrirse y los estornudos le aumentaron. Y de pronto, Desiderio se dio cuenta. Entre estornudo y estornudo les explicé a los demas que las flores azules le daban alergia. No terminé de decirlo que entre todos se fueron llevando las flores bien lejos y las plantaron donde pudieran crecer sin hacer estornudar a Desiderio. Y Desiderio volvié a ser el mismo de siempre y en la selva no se volvié a hablar mas que maravillas de él. Al fin yal cabo aunque sus estornudos fueran insoportables Desiderio era un elefante encantador. 32 treintay dos ‘ue alguien de la laguna viniera un y dijera que se iba de viaje era algo « lo mas comun. Porque dos por tres jaro para despedirse antes de emigrar al norte, en busca de jorcito. —Hasta pronto. Nos vemos en el verano que seguro vengo con mis pichones. O venia a saludar algtin pez de esos «ue una vez por afio nadaban de la laguna al rio y del rio al océano. —Adiés y no me esperen hasta la primavera porque remontar la corriente ine va a costar una barbaridad. jreintay tres 33 Si hasta los animales de cuatro patas se iban de vez en cuando. —Voy a visitar a una prima que vive del otro lado del monte. Nos vemos a la vuelta. Pero que una lombriz dijera que se iba de viaje era cosa rara. Mas que rara. Rarisima. Porque las lombrices no son de andar viajando. Si se la pasan todo el tiempo debajo de la tierra y ni siquiera asoman la punta de la nariz (0 lo que tienen en lugar de nariz). Pero ala lombriz le habian dado ganas de viajar. —Estoy aburrida —les explicaba a los demas-. Alla abajo esta tan oscuro que no se ve nada. Y yo quiero conocer otros lugares. Nadie la criticé. Porque el bicherio de la laguna era de lo mAs respetuoso. Pero eso si: quien mds quien menos todos quisieron darle un consejo. 34 treintay cuatro —Si piensa ir a la playa, siga derechito para el lado donde sale el sol-le recomendé el loro. —Pero vaya siempre por la sombra, asi va a andar mAs fresca -le dijo la arania. —De vez en cuando dese una remojadita en algun charco -le sugirié el sapo. —Mejor viaje de noche asi nadie la molesta le propuso la lechuza. ~Y mire para los dos lados antes de cruzar un camino -le advirti6 el caracol. La lombriz agradecié todos los consejos y se fue una mafiana bien tempranito. Pero para el mediodia no habia Ilegado nia la esquina, tan despacito andaba. —Si quiere, la acerco hasta el proximo bosque -le ofrecié la liebre muy amable. La lombriz agradecida acepté y a upa de la liebre que corria mucho llego hasta treintay cinco 35 cl siguiente bosque. Y de alli siguié sola, pero para la tardecita, no habia Ilegado nial segundo Arbol, tan despacito andaba. —Si quiere, la alcanzo hasta el rfo —le ofrecié una calandria muy amable. La lombriz agradecida acept6 y a upa de la calandria que volaba muy rapido llegé hasta el rfo. Y de alli siguié sola, pero para la tardecita, no habia llegado nia las piedras de la orilla, tan despacito andaba. —Si quiere, la Ilevo hasta el mar —le ofrecié una tortuga muy amable. La lombriz agradecida acepté y a upa de la tortuga que nadaba y nadaba llegé por fin al mar. jY cémo le gust6 ala lombriz el mar, tan inmenso, tan azul...! Por eso se quedé un tiempito por alli, Hasta que un dia decidié volver ala laguna. Y la ayudaron a regresar treintay siete 37 un cangrejo, dos gatos, un gorrién y otros animales muy amables que se ofrecieron a Ilevarla a upa. Es que si no, la lombriz habria tardado un montén, tan despacito andaba. 38 treintay ocho (| Felipa Jue Felipa era la mejor guia lo decian todos en el hormiguero. Nunca se perdia. Siempre sabia para donde ir. Cuando senialaba alla, levantando la antenita derecha, alla iba la hilera de hormigas, porque, seguro, seguro, que para ese lado habria comida. ¥ cuando sefialaba alla, con la antena izquierda, alla volvia la hilerita de hormigas cargando hojas, migas, granitos de trigo o de maiz... porque, seguro, seguro que para ese otro lado quedaba el hormiguero. Y nunca se equivocaba Felipa. Ni por un centimetro. Sus compafieras la seguian confiadas por mas que a veces tenian treintay nueve 39 que caminar mucho, mucho por el campo donde vivian e incluso cruzar un charco, dos lomitas, una zanja... Solo que un dia, justo cuando estaban saliendo del hormiguero, Felipa tropezé y ;PATAPUM! se fue de cabeza al suelo, Del porrazo le salié un chichén. Y se le arrugaron las dos antenitas. Pero enseguida dijo que estaba bien, levanté la antena derecha y senal6 alla. Y lahilerita fue para ese lado, aunque después de caminar mucho, mucho, las hormigas notaron algo raro. Porque en lugar de trigales y caminitos de tierra y charcas con patos aparecieron calles asfaltadas y edificios altisimos y semforos. jFelipa las habia llevado ala ciudad! Cuando las hormigas le Protestaron, Felipa pidié disculpas, levanté la antena izquierda y settalé alla. La hilerita la siguio, pero después 40 Cuarenta caminar mucho, mucho, las hormigas notaron algo raro. Porque en lugar de as comiendo pasto y sembrados y ineros. Aparecieron médanos y caracoles y olas con espuma blanca. jFelipa Tas habia Ievado a la playa! Y las hormigas |e volvieron a protestar. Felipa nerviosa r6 las antenas para un lado y para lotro. Y para acé y para allé la siguié | hilerita. Y asi fue como llegaron al hosque y ala montaiia y hasta el Polo sur donde casi se les congelan las patas con tanto hielo. Por suerte después de caminar mucho, mucho, regresaron al rmpo. Porque cuando se le acomodaron las antenas, Felipa encontré el camino. Después de todo era la mejor guia del hormiguero, aunque algunas veces todavia se pierda. cuarenta y uno 41 A sofia no le gustaba ni medio que su hermanito Lucas no tuviera que ir al colegio. Ademas a él lo bafiaban, lo vestian, le daban de comer en la boca... Y también le hacian GURUGURU morisquetas para que se riera Y estaba a upita todo el tiempo. Pero lo que mas Ie molestaba a Sofia, lo que més rabia le daba, lo que la hacia enojar mas que nada era que Lucas no tenia que lavarse los dientes cada noche. Es cierto que Lucas no tenia dientes. Ni uno solo tenia, pero... La mamé decia que mejor, porque el que tiene dientes puede comer caramelos. No muchos, claro. Porque no 42 cuarentay dos son alimento y hacen mal a los dientes. Pero a Sofia le hacian lavar los dientes iunque no comiera ni un caramelo. Le acian lavar los dientes aunque comiera puré de espinaca (que si es alimento). Se los hacian lavar incluso cuando cerraba la boca fuerte para no comer el puré de espinaca (que no le gustaba). Por eso una noche, cuando la mama y papa estaban batiando y vistiendo a Lucas y haciéndole upita y GURUGURU morisquetas para que se riera, Sofia se comié tres caramelos. O tal vez cuatro. Y no se lav6 los dientes. De puro enojada. ‘Total... Fue entonces cuando le pasé. Sinti algo raro. Muy raro. Rarisimo. Uno de sus dientes, el de arriba, el que estaba justo en la mitad se movia. Mucho. De aca para alla. Sofia se lo tocé con la punta del dedo. Despacito. cuarentay tres 43 Y el diente se hamacé. Traté de acomodarlo en su lugar ast y asi y. el diente se cayé. Y claro, Sofia grits Seguro, seguro que le habia pasado 86 Por no lavarse los dientes y por comer tres caramelos. O tal vez cuatro yo. Sus papis se rieron mientras le explicaban que no, que era un diente de leche. que se cae, pero después sale otro tds fuerte en su lugar y... Sofia se quedé més tranquila. Pero por las dudas fue a lavarse los dientes. Incluso el que se le habia caido. Para ponerlo bien limpi debajo de la almohada. _ 44 cuarentay cuatro \_a familia de Mateo era muy exagerada. n exagerada que, cuando nacié, la abuela le tejid trescientos sesenta y cinco pares de escarpines. Todos de distintos colores. Y le compr6 por adelantado los regalos de sus proximos quince cumpleaiios, incluso una afeitadora eléctrica. Pero la abuela no era la Gnica oxagerada. Los padres eran muchisimo peor. La mamé exageraba con la ropa. Cuando salian a pasear, le ponia a Mateo muchas camisetas, unas cuantos puloveres, varios saquitos y por los menos dos 0 tres chaquetas una encima de la otra. Por las dudas que tuviera cuarentay cinco 49 frio. También exageraba al cocinar. Preparaba tanta sopa, tantas milanesas, tanto puré que después se pasaban una semana comiendo lo mismo. El papa era, en cambio, exagerado con los horarios, Insistia en salir con tiempo a todos lados por si habia mucho transito, por sino conseguian lugar para estacionar o por si se quedaban sin nafta y ellos eran siempre los primeros en llegar dos horas antes de que empezara la pelicula. Mateo se fue acostumbrando a que los pantalones le quedaran siempre largos porque se los compraban varios talles mas grandes. O a comer guiso recalentado que habia sobrado del mediodia o empanadas que habian quedado del dia anterior. Hasta que llegé el dia de empezar la escuela, La familia de Mateo estaba tan emocionada, Demasiado. El papa puso 46 cuarentay seis cuatro despertadores por si se quedaban dormidos. La mamé le preparé diez sanguchitos para que no pasara hambre. Y le puso no sé cuantos puldveres debajo del guardapolvo para que no tuviera frio. La abuela le habia comprado tantos titiles que la mochila apenas podia cerrarse, No fuera a ser que le faltara algo. Por supuesto Ilegaron primeros a la escuela. Es que el papé habia insistido en salir tres horas antes. Por eso no les llamé la atencién que la escuela estuviera cerrada y no hubiera nadie. Pero pasé una hora y otra mas y otra. Y no venia ningun otro chico. A la escuela no venian, porque a la plaza iban todos con sus papas. Al mediodia, cuando sintieron el olorcito a asado que salia de las casas se dieron cuenta de que se habian equivocado y habian ido ala escuela... jel domingo! cuarentay siete 47 1 O.-. el espantapdjaros Hocia rato que Arnoldo andaba con ganas de viajar y de recorrer el mundo. El problema era como. —Lo mejor es ir saltando —le habia recomendado una pulga amiga, 0 viajar a lomo de perro. — {Qué va! -Le habia zumbado un mosquito-. Que lo haga volando, como yo. Es mucho mas rapido. —De ninguna manera ~habia aconsejado un ciempiés-. Lo que le conviene es caminar. Pero Arnoldo no podia saltar ni volar. Mucho menos caminar. Y es que Arnoldo era un espantapdjaros. Bueno, en 48 cuarentay ocho realidad, a muchos pajaros no espantaba e incluso a algunos que eran sus amigos los dejaba comer unas semillitas, cuando venian a visitarlo. Evan justamente los péjaros los que le hablaban del mar y de las montatias y de las ciudades y de todos los lugares que Arnoldo sofaba conocer. Pero jay! parecia casi imposible que Arnoldo pudiera cumplir ese suefio porque siempre estaba QUIETO en medio del campo, con su sombrero viejo y su ropa agujereada. Hasta que un dia llego una maquina que sabia poco de espantapdjaros y corta que te corta, ademas de las espigas, corté la rama que aferraba a Arnoldo al suelo. Y alla cay6 Arnoldo con su sombrero viejo y su ropa agujereada en una pila dorada que alguien acomod6 en la panza de un cami6n. Cuando logré sacarse de los ojos tres pajitas y cuatro yuyos, Anoldo se 50 cincuenta dio cuenta de que estaba viajando. camién! Un viaje precioso: por caminos de tierra y rutas infinitas. Pero eso no fue todo: el cami6n Ilegé hasta una estacién de tren y a Arnoldo lo cargaron dentro de un vag6n. Asi que siguié viajando. jEn tren! Un viaje hermosisimo, por montafias y valles y pueblos y ciudades. Pero eso no fue todo. El tren lleg6 hasta un puerto y a Arnoldo lo subieron a un barco. jY alld se fue el espantapajaros navegando, con los ojos azules de tanto ver el mar! Dicen los pajaros en el campo que Arnoldo todavia sigue recorriendo el mundo. Dicen que ha viajado en avién, en colectivo y en tranvia. Dicen que incluso anduvo en bicicleta. Pero la pulga, el mosquito y el ciempiés no lo creen. Imposible. Porque Arnoldo no sabia pedalear. cincuentay uno ot Un paseo por el barrio Benito habia subido a la terraza temprano aquella manana. Le gustaba sobre todo asomarse sobre la esquina. Porque habia balcén y desde alli, Benito podia ladrarle a la gente que pasaba por la calle. Porque Benito era perro y ya se sabe que los perros son muy guardianes. Lo cierto es aquel dia, Benito se asom6 y se asom6 y... |PATAPUMI se cay de cabeza. Menos mal que justo justo pasaba por alli una senora que iba a hacer las compras. Asi que Benito aterrizé en la canasta y sin querer fue a dar un paseo por el barrio. Porque la sefiora fue de la carniceria ala 52 cincuentay dos verduleria, de la verduleria al almacén y del almacén a su casa. Siempre con Benito. Porque aunque Benito queria salir, la sefiora iba poniendo en la canasta lo que compraba. Y Benito quedaba aplastado \lebajo del pan, de las salchichas, de los tomates, de los rabanitos... Cuando la seftora vacié la canasta, vio salir corriendo a Benito y pens6 extrafiada: "\Qué raro! No me acuerdo de haber comprado un perro." cincuentaytres 53 1 2 La nueva casa Ni un poquito pudo dormir Lucia aquella noche, cuando Ilegaron ala casa nueva. Y eso que el papa le habia pintado la habitacin de color rosa que era el que a ella mas le gustaba. Y eso que lo primero que habian sacado de las cajas fueron sus juguetes. Y eso que Ja mami le leyé un cuento y le canté canciones de cuna y le hizo muchos mimos... Pero nada. Lucia cerraba los ojos y se acordaba de su otra casa, la que ahora estaba vacia. Cerraba los ojos y se acordaba de la otra calle que tenia Arboles y un kiosco de la esquina para comprar caramelos. Cerraba los ojos y 54 cincuentay cuatro se acordaba de la escuela que quedaba cerquita y de la plaza con tres hamacas rojas y un tobogan y dos sube y baja y una calesita... Entonces Lucia sentia algo en el medio de la panza, algo como un nudo. Y no podia dormir. Ala mafiana, cuando el papa vino a darle el beso de buenos dias, Lucia tenia ganas de llorar. Tantas ganas de llorar que no queria abrir los ojos. Ni para tomar la leche los abrié. Y seguia con los ojos cerrados, cuando salieron a dar una vuelta. Sélo que al rato tuvo ganas de espiar. Y al espiar vio la nueva calle. Linda era. Con muchos Arboles y un kiosco justo en la esquina para comprar caramelos. Abrié los ojos un poco mas y vio la nueva escuela que quedaba cerquita cerquita. Y enseguida abrié los ojos ssrandes y vio la plaza con tres hamacas verdes y dos toboganes y un sube y baja cincuentay cinco 55 y una calesita... Esa noche Lucia si pudo dormir. Sonriendo se durmi6. Pensando que también era linda su nueva casa 96 cincuenta yseis >) La pequefia hoja labia sido la ultima en nacer, justo cuando la primavera terminaba de despertar a algunos Arboles dormilones y se dedicaba a pintar los pétalos de las flores con sus pinceles perfumados. Al principio, habia sido sdlo un brotecito tierno que se desperezaba poco a poco. Pero después comenzé a crecer, como sus tres mil seiscientas setenta y dos hermanas, y se convirtié en una hoja preciosa, que crecia en la punta mas alta del Arbol mas alto de la selva. Desde alli espiaba a sus vecinas, las hojas de las palmeras, que se estiraban para sentir las caricias del sol o que se peleaban cincuenta y siete 37 con las lianas y las enredaderas caprichosas que querian trepar hasta el cielo. Porque no todas las plantas de la selva podian disfrutar de la luz. Algunas tenian que conformarse con algtin rayo distratdo que se filtraba entre el follaje espeso. Otras se acostumbraban a las sombras tibias del suelo, como los musgos que formaban una alfombra verde y mullida. Por eso la pequefia hoja era feliz enla punta mas alta del 4rbol mas alto de la selva. Cada mariana, se lavaba la cara con una gota de rocio y se acomodaba los rulos que le despeinaba la brisa (porque era una hoja muy coqueta). Como estaba muy orgullosa del vestido verde claro que llevaba, se pasaba horas estirandoselo de aca y de alla para que no se le arrugara y para que brillara. Y después esperaba que llegaran los pajaros, los tucanes y los loros a regalarle 38 cincuentay ocho sus melodias y a contarle secretos. Fueron ellos los que le hablaron de los hombres que se acercaban, —Tienen maquinas con dientes enormes, como los del yaguareté —le dijeron. La pequeria hoja no se preocupé. Quién podria hacerle datio a ella que estaba en la punta ms alta del Arbol més alto de la selva? Pero un dia la pequetia hoja escuché un ruido horrible, como el zumbido de mil insectos. En seguida, el Arbol comenzé a temblar y poco a poco se fue inclinando, hasta que cay6 al suelo, con un estruendo de temporal. La pequefia hoja vio que desaparecia el cielo y el sol y la luz. Todo a su lado se volvié negrura. Cuando se acostumbré un poco ala oscuridad, pudo distinguir las siluetas 6Osesenta horrosas de los hombres que quitaban las ramas y arrancaban las hojas de su irbol, que ya no era el Arbol més alto de la selva, sino un tronco mas como tantos otros que se apilaban sobre un camién. Como no queria separarse de él, acurrucé contra la corteza para esconderse y asi viajo durante un largo rato, rumbo al aserradero. Cuando Ilegaron, vio las maquinas que convertian los troncos en maderas de distintos tamatios. La pequefia hoja se puso triste. Muy triste. Su vestido comenzaba a arrugarse poco a poco y ya no era verde brillante, sino amarillo. Aunque estaba cada vez mas reseca y débil, se aferré con todas sus fuerzas hasta que ya no pudo sostenerse mas y se solt6. Dio un par de volteretas en el aire y cay sobre el suelo. Ya no podria escuchar el canto de los pajaros ni sentir sesentay uno 61 las caricias del sol. Pero sobre todo, ya no podria regresar a su querido drbol. En ese momento, una mano chiquita Ja levanté con cuidado del suelo. — Qué hoja mas bonita! —dijo una nena-. Nunca habia visto una igual. —Es de un Arbol que crece en la selva —le explicé su papa que trabajaba en el aserradero. —Entonces, esta lejos de su casa ~agrego ella y la guard6. Esa noche, la nena tomé un papel blanco y se puso a dibujar en él. La hojita la espiaba de reojo y vio que la silueta que habia hecho la nena se parecia mucho, pero mucho a la de su drbol, el Arbol mas alto de la selva. Junto a él, la nena dibujé palmeras, que se estiraban para sentir las caricias del sol, lianas y enredaderas caprichosas que querian trepar hasta el cielo y una alfombra de G62sesentay dos musgo verde y mullida. Y también dibujo pajaros, tucanes y loros —Ya estd -dijo al fin la nena y pegé a la pequefa hoja en la punta de la rama mas alta. Después colgé su selva de papel en la pared que estaba frente a la ventana de su habitaci6n, por la que entraba cada mafiana un tibio rayo de sol. Y desde la punta de la rama mis alta, la hoja sonreia, como sonrien las hojas cuando estén en un Arbol, aunque sélo sea un arbol de papel. sesentay tres 63 , Historia de un rio Cicntan en el sur, que hace mucho tiempo, desde lo alto de las montafas heladas, bajaba, hasta el valle un pequerio rio, apenas una hilacha de agua traviesa que tarareaba entre las piedras. Al rio le encantaba correr con el viento, saltar en las cascadas y salpicarle el hocico a las liebres. Pero lo que mas le gustaba era acercarse a la noche ala aldea mapuche a escuchar las historias que contaba Aylén. La nifia se sentaba frente a una fogata, a orillas del rio, rodeada por otros nifios, y narraba cuentos sobre el sol y la luna, el aire y Ia lluvia, los animales y las plantas. G4 sesentay cuatro -a | Entonces, el rio aquietaba sus aguas y disfrutaba de las palabras desconocidas que entibiaban el silencio. A veces, los otros nifios preferian ir a jugar 0 a dormir, después de ofr a Aylén. Ella se quedaba sola, pero seguia relatando historias, como si supiera que el rio se detenia sélo para escucharla y le hacia compania. Una noche, el rio llegg al vallle y se sorprendié al ver que Aylén no estaba alls, como siempre. La nitia tampoco aparecié al otro dia, ni al siguiente. La gente de la tribu iba y venia con cara seria 0 triste y hablaba en voz muy baja. Una semana més tarde, la madre de Aylén se acercé a la orilla del rio y murmuré una antigua plegaria. Estaba llorando. Cada lagrima que derramaba quebraba la superficie del agua como una herida. Entonces el rio supo que Aylén estaba muy enferma. Una fiebre extratia y sesentay cinco 65 traicionera la hundia en un suenio del que quizas no podria despertar. Ni siquiera la machi, la mujer més anciana y més sabia de la aldea, podia curarla, a menos que consiguiera unas hierbas que sélo crecian junto al mar. Con ellas podria preparar una medicina. El padre de Aylén y otros indios valientes habian partido a buscar las hierbas que podrian salvar a la nitia. Pero el mar estaba demasiado lejos, tanto que ninguno de ellos lo habia visto jamas. Nunca llegarian a tiempo, aunque corrieran sin descanso. Entonces el rio Ior6. Lloré tanto que comenzo a crecer hasta convertirse en un torrente veloz que atravesé el valle y corrié rumbo al mar. En su camino encontrd otros rios mas grandes y mas fuertes que le prestaron sus aguas para que no se detuviera. Cruzé tierras desiertas y surcé praderas infinitas hasta que por fin, en el 66 sesentayseis horizonte se dibujé la silueta del mar. Se habl6 durante mucho tiempo de la gran inundacién. Lo cierto es que cuando las aguas bajaron, la machi encontré, en la orilla, un pufiado de hierbas que s6lo crecen junto al mar tan lejano. Nadie supo cémo llegaron hasta all, pero cuando Aylén se curé, comenzé a relatarles a los nifios una historia nueva, la de un rio pequetio, como una hilacha de agua traviesa que tarareaba entre las piedras. La historia de un rfo que crecié y crecid, aunque no habia llovido. La historia de un rio que viajé hasta el mar para salvarle la vida. sesentay siete 67 _ ) El fantasma moderno Ee fantasma Gualberto estaba cansado de que nadie le prestara atencidn. Hacia mucho tiempo que no lograba asustar a nadie. Menos que menos a los nifios que con tanta televisién, con tanto jueguito electr6nico, con tanta tecnologia ya no tenian miedo de un viejo fantasma con su sabana blanca que aparecia en mitad de la noche y gritaba "UUUUUUUUUU" Gualberto habia intentado todo para vecuperar su prestigio perdido, aunque sus esfuerzos habian sido en vano. De nada sirvié perfeccionar su grito hasta convertirlo en un ultra espeluznante alarido. De nada sirvié lavar y planchar 68 sesentay ocho su sdbana todos los dias y perfumarse con extracto de telaraiias podridas. De nada le sirvié atravesar paredes y flotar por el aire en las noches de tormenta. Por mas que Gualberto se esforzara, los fantasmas estaban pasados de moda y no le interesaban a nadie. Sin embargo, él no se resignaba a jubilarse como habian hecho otros compafieros fantasmas e incluso un par de monstruos deprimidos por la falta de trabajo. El se sentia todavia joven. Si apenas acababa de cumplir dos mil trescientos cincuenta y cuatro afios. Nada para un fantasma. Por eso queria seguir asustando. Pero la tecnologia lo superaba. Y es que cualquier pelicula de terror con efectos especiales asustaba més que él. (Es mas, algunas peliculas lo habian asustado a él. Y bastante). —Lo que tengo que hacer es sesenta y nueve 69 modernizarme ~se decia Gualberto que no estaba dispuesto a darse por vencido. Por eso se pasaba dias y dias en vela, sin Pegar un ojo, buscando algtin nuevo modo de asustar. Fue entonces cuando de puro aburrido se puso a hojear un periddico y ley6 en la pagina 53 un aviso clasificado que decia: FORME PARTE DEL NUEVO SIGLO ESTUDIE COMPUTACION —jClaro! Esto es lo que necesito ~exclamé Gualberto mientras daba volteretas por el aire contento. Y alla fue Gualberto a anotarse en una academia para aprender computacién. Una academia que daba clases de noche que es cuando los fantasmas pueden salir, Al principio, le cost6 un poco aprender, sobre todo algunos programas més 7Osetenta complicados. Pero Gualberto puso tanto cntusiasmo que después de varios meses de estudio, recibié un diploma que colgé en la pared de su casa y que decia: Certificamos que Gualberto ha completado el curso intensivo de Computacién Ahora Gualberto navega por internet, chatea y asusta por e-mail. Y le da muy huenos resultados. A la gente le da muchisimo miedo recibir sus espantosos y escalofriantes correos electrénicos. Y Gualberto es feliz, porque hace lo que mas le gusta hacer que es asustar. El tinico problema es que se pone de muy mal humor, cuando a veces la computadora se le cuelga. setentay uno 71 Las semillas traviesas En un rinconcito del galpén, las semillas de pimienta estaban aburridas. Mas que aburridas. Aburridisimas. Por eso, un dia las muy traviesas se escaparon de su bolsa y rueda que te rueda se fueron a esconder entre las semillas de trigo. Y ahi nomas empezé el lio. Porque cuando alguien vino a buscar las semillas de trigo para sembrar el campo, se llevé también las de pimienta. Nadie reconocis su traje verde cuando se asomaron los primeros brotes entre las espigas doradas que despeinaba el viento. Y nadie tampoco las vio cuando el trigo recién cosechado fue al molino para convertirse 72setentay dos n harina. Y nadie se dio cuenta de que la harina que Ilevaron, derechito a la ciudad, cra harina con pimienta. Por eso la gente de la ciudad la us6 para hacer pancitos y fideos y galletitas... Pero en cuanto comieron los pancitos, los fideos, las galletitas... a todos les dio un ataque de estornudos terrible. Lo peor es que ésas no fueron las tinicas semillas de pimienta traviesas que se caparon del galp6n. Otras se fueron al campo donde se siembra el pastito que comen todos los dias las vacas. Y desde entonces, en la ciudad, cada vez que toman, leche ;ATCHIS! no paran de estornudar. setentay tres 73 La aventura de la aguja E. el fondo del costurero vivia. Todas Ja querian porque sabia coser botones, remendar dobladillos y zurcir agujeros. Pero a veces se enojaban con ella. Porque la aguja era chismosa. Terriblemente chismosa. Cuando terminaba de trabajar, se trepaba por los hilos de colores y se asomaba por la tapa del costurero. Entonces, hacia lo que mas le gustaba hacer (ademas de coser, claro). Espiaba. Todo espiaba. Y se lo contaba a los demas. Por mas que la tijera la retaba, Ja aguja se la pasaba mirando todo. Espiaba lo que preparaban en la cocina para el almuerzo. Espiaba lo que habian 74. setentay cuatro comprado en el supermercado. Espiaba las flores que habian plantado en el jardin. Espiaba la ropa que se ponian para ver si era de lana, de cuero 0 de tela. Espiaba al gato que dormia en una canasta de mimbre. Espiaba quién entraba, quién salia, quién venia de visita, quién se rascaba la oreja Y fue justamente un dia en que la aguja estaba asomada fuera del costurero, cuando... ;ZAS! se resbalé y se cay6. No se lastimé porque su traje era de metal, bien duro. Pero se asusté. Porque no habia caido en el suelo, sino adentro de la rejilla del piso. Enredada con dos pelusas viejas y mezcladas con el barro un poco reseco que habia alli, nadie la encontraria. Casi se puso a llorar, cuando sintié que una fuerza la empujaba hacia arriba. Es que un rayito de sol que entraba por la ventana la habia hecho brillar y su duena 76 setenta yseis la habia visto. Por eso la estaba sacando on un imén. No era uno de esos que se ponen en la heladera, sino uno gordo y antiguo, con forma de herradura, muy famoso porque ya habia rescatado de la rejilla siete alfileres, varias monedas y un anillo dorado. Contenta volvié al costurero la aguja (después de darle las gracias al imén, eso si). Y prometié quedarse quieta cosiendo botones, remendando dobladillos y zurciendo agujeros. Aunque de vez en cuando, se olvida de lo que le pasé y vuelve ahacer lo que mas le gusta (ademas de coser, claro). Espiar. setentaysiete 77 1 8 El viaje de la gota Entattave det agua fria, vivian muchas gotas. Todas se parecian bastante, con su vestido transparente y sus ojos humedos. Todas menos una, que era bien distinta a las demas. A simple vista no se notaba la diferencia, pero prestando mucha atencion, se podia ver que esta gota tenia cara de aburrida. Porque estaba aburrida. Mas que aburrida. Aburridisima. Y es que era invierno y en invierno, casi no se abre la lave caneria del agua fria. —jComo me gustaria salir a pasear! -suspiraba la gota. Un dia, mientras sus compaiieras 78 setentay ocho dormian la siesta, la gotita decidi asomarse por la Ilave, para ver qué habia afuera. Se estiré un poquito, se estiré un poco més, se volvié a estirar y, entonces... jPlin! Se resbalo de la Ilave y cayé en la bafiera que estaba Ilena de agua caliente. —jHuy! jAy! Me quemo -grité la gota, mientras se trepaba al jabén. Pero el jabén era resbaloso y no se quedaba quieto. La gotita patinaba sobre él de un lado para el otro. Y, con tanto ir y venir, se formé una burbuja que se fue flotando por el aire con la gotita adentro. No se asusté la gota, ni siquiera un poquito, aunque la burbuja salié por la ventana y empez6 a alejarse mas y mas. 3Cémo se iba a asustar si, mientras viajaba en la pompa de jabén, la gotita miraba el mundo que siempre habia querido conocer? Lo que no sabia la gota es que no es muy seguro viajar en burbuja, porque apareci 80 ochenta un pajaro corto de vista, que creyé que la pompa de jabon era una semilla voladora y jGlup! quiso comérsela y la rompié. No se asusto la gota, ni siquiera un poquito, aunque caia répido. Menos mal que, en ese momento, paso por alli una nube esponjosa y la gota aterrizé en ella. Al principio, la gota siguié viajando, mucho mas cémoda que antes, porque la nube era una almohada mullida, y ademas, habia otras gotas que iban de pasajeras. Pero empezaron a llegar mas y mas gotas y el lugar se fue acabando. La nube avanzaba a duras penas con tanto peso. —Cuidado que me arrugan el traje —grité una gota que venia de un rio de Paris. —jAy! Me estan pisando -se quejé otra que venia de un lago inglés. —No me empujen. Me aplastan. Estoy muy apretada ~protestaban las demas. La nube distraida se acercé a una ochentay uno 81 montaria puntiaguda que la pinché y le agujereé su vestido blanco. Una a una las gotas se fueron cayendo. La gotita no se asust6, ni un poquito, aunque no tenia paracaidas. Por suerte, la recibié en brazos una ola del mar con la boca Ilena de espuma que la invito a jugar. Y alli se qued6 la gotita jugando un buen rato, hasta que una ola muy grande le dio un empujén yla metié dentro de un tubo. No se asusté la gotita, ni un poquito, aunque el tubo era oscuro y no veia nada. Dentro del tubo, ala gotita le lavaron la cara, le sacaron la tierra y la perfumaron con cloro. Cuando estuvo impecable y reluciente, dio un par de volteretas por varias catierias y aparecié nada més ni nada menos que en la Ilave del agua fria donde habia nacido. —;Dénde estabas? -le preguntaron sus comparieras, pero ella no pudo contestarles, porque en ese mismo momento, alguien 82 ochentay dos abrié la llave y todas empezaron a salir apuradas y nerviosas. Pero la gotita no se asust6, ni siquiera un poquito. Al contrario, se puso muy contenta, porque sabia que el viaje volvia a empezar. ochentay tres 83 y pasear. Por eso, se fue despacito hasta el balc6n para despedirse de la calle. Alli lo encontré la abuela, justo cuando ibaa sembrar unas margaritas. — Qué maceta rara!— pensé la abuela, mientras Ilenaba el zapato con tierra y plantaba las semillas. Ahora el zapato vive en el balcon. Aunque no puede salir a pasear, es feliz. Porque desde el balcén ve todo lo que pasa en la calle y porque hace poco le han florecido las Hhabia quedado en el fondo del ropero. En el rincén ms oscuro. Debajo de dos blusas viejas, varias medias enredadas, un puléver masticado por la polilla y unas zapatillas desflecadas. Cuando legé la primavera, alguien decidié smargaritas hacer limpieza y acomodar la ropa amontonada. Y lo encontraron a él. Solito estaba, porque su compariero habia desaparecido quién sabe cuando. Y como un zapato solo no sirve para nada, lo dejaron a un costado. Y el pobre zapato se le arrugaron los cordones de la tristeza. Seguramente iban atirarlo y ya no podria andar por la calle 84 ochentay cuatro ochentay cinco 85 EI peinado del leén Capricho va, antojo viene, el leén siempre hacia lo que se le ocurria. Un poco porque era el mismisimo rey de la selva y habia que obedecerlo. Y otro poco porque tenia mal humor y nadie queria estar cerca de sus dientones o de sus garras, cuando se enojaba. Por eso los otros animales siempre le daban el gusto. Que un dia pedia que le rascaran la espalda, que otro insistia en que le cantaran el “Arrorré...” para dormir, que si jugaban a las escondidas, él ni loco contaba... Claro que cuando se encapriché con cambiar de peinado, todos se pusieron nerviosos. 86 ochentayseis —Algo que me haga més joven -explicé elleén. —Pero si esa melena le queda divina, majestad... Nada. El leén puso cara de NOMEDISCUTANMAS y hubo que hacerle caso. Lo primero que intentaron fue que el elefante le alisara los rulos, tironeandole los pelos con la punta de la trompa para estirarlos. Pero en cuanto los soltaba, los mechones volvian a enroscarse. Asi que decidieron cambiarle el color. Un mono prepar6 una pasta con agua de coco, miel y cAscara de banana. Pero con eso no pudieron tefirle ni un mechon, aunque le dejaron la cabeza mas pegajosa que un chupetin. El leén empezaba a impacientarse, cuando alguien propuso cortarle el pelo. Nadie se animaba. Porque si quedaba mal, no habia arreglo. Por suerte en ese momento aparecié la leona 88 ochentay ocho y dijo que a ella le gustaba la melena del le6n ast tal cual, con esas ondas tan largas y tan doradas y tan hermosas... Y el leon que ademis de caprichoso era vanidoso, ya no quiso cambiar de peinado. Contento por el piropo, se fue a pasear con la leona, mientras los demds animales suspiraban aliviados. Por un rato estarfan tranquilos. Sélo hasta que al ledn se le antojara alguna cosa mas. ochentay nueve 89 PN AW A&P Pp 10. lL. 12. 13, 14, 15. 16. 17. 18. 19. 20. INDICE Una vaca en la ciudad, Dofia Arafia. El loro aburrido. EI patito curioso. Desiderio. El viaje. Felipa. El diente de Sofia. La familia de Mateo. Arnoldo, el espantapéjaros. Un paseo por el barrio. La nueva casa La pequefia hoja. Historia de un rio. El fantasma moderno. Las semillas traviesas La aventura de la aguja. El viaje de la gota. El zapato. El peinado del ledn. 33 39 42 45 48 52 54 57 64 68 72 74 78 84 86 Este marcador de COLECCION paginas pertenece a: LA BUENA LETRA Una vaca en la ciudad LILIAN CINETTO {es dijo a sus amigos del campo que esa mismi- sima semana se baa la ciudad, todos la miraron con carade qué le asa y despues se pusieran nerviosos, Pero, ja qué se debla tanta preocupacién? Es que Gertrudis era una vaca y ya se sabe que en Ignacio Grcia-Velibo la cludad no hay vacas paseando, Por es0 le aconsejaron que mejor se quedare en el campo, que en a ciudad no conseguirfa ni un solo Pastito para comer, y que la gente se fuera asustar cuando viera tuna vaca suelta por ah. Ast comienza esta divertida historia sobre las peripecias de una vaca flena de audacla y simpatia, que se atreve hacer una Visita la cudad, Este libro reine 20 cuentos ingeniosos, civertidos yyde gran fantasta, sae”

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