100%(1)100% encontró este documento útil (1 voto) 2K vistas47 páginasUna Vaca en La Ciudad
Derechos de autor
© © All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido,
reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF o lee en línea desde Scribd
Una vaca en la ciudad
LILIANA CINETTO
teraturay ug
Liliana Cinetto, (Buenos Aires,
Argentina), Es Profesora de En-
sefianza Primaria, Profesora de
Letras, escritora y narradora oral.
Como narradora, cuenta historias
descle 1989 en distintos smbitos y
ha representado a la Argentina en
festivales internacionales en Bra
y Espafia, Como autora, tiene pu-
ados més de cincuenta libros
fa nitios. Ha escrito las novelas
Culdado con el perro; Diminuto
contra los fantasmas, y las colec-
clones de relatos breves: Cosquillas
de a narlz; Los ruldos de la panze
Las malas palabras; Yo quiero a mi
hermanito; Cuentos que hielan la
sangre, y para MN Editorial
vaca en la cludad.
Ha recibido
nacionalese
Espari
Reconocimiento a una Actitud en la
Vida ~inspirada en la trayectoria de
A
di6 el premio Alicia
como narradora
angUNA VACA EN LA CIUDAD
LILIANA CINETTO
lustraciones de Leonor Pérez
ColecciénColeccién La buena letra
Direceién editorial: Gloria Pez
Editor: Héctor Hidalgo
Tustraciones: Leonor Pérez,
Portada de colecciGn: disefo i punto
a,
BOWS Es una marca registrada de MIN Editorial Ltda,
(© 2011 MN Baitoril Lida
Avda. Eliodoro Yailez 2416, Providencia, Santiago, Chile
‘Teléfono: 233 5101
e-mail: promoci
web: wwwsmneditorial.ct
Primera edicién: 2011
[N° de inseripci¢n: 204.950
ISBN; 978.956-294-310.9
La presentacién y disposicién de la obra son propiedad del editor.
Reservadios todos los derechos para todos los pases. Ninguna parte
de esta publicacién puede ser reproducida, almacenada o
transmitida de ninguna forma, ni por ningin medio, sea este
electrOnico, fotocopia o cualquier otro, sin la previa autorizacién
escrita por parte de los ttulares de los derechos.
Impreso en Chile por World Color Chile S.A.
Una vaca en
la ciudad
r
suando Gertrudis les dijo a sus amigos
del campo que esa mismisima semana se
ibaa la ciudad, todos la miraron con cara
de qué le pasa y se pusieron nerviosos.
Tan nerviosos que a las gallinas se les
despeinaron las plumas, a las ovejas
se les enredé la lana y a los chanchos
empez6 a dolerles la barriga (y eso
que sélo habian cenado diez kilitos de
choclo, varias plantas de lechuga y media
docena de zapallitos).
{Que por qué se pusieron tan nerviosos?
Porque Gertrudis era una vaca y ya
se sabe que en la ciudad no hay vacas
paseando de acé para alla ni de alla para
cincodaca. Por eso le aconsejaron que mejor se
quedara, que no iba a conseguir ni un solo
pastito para comer, que la gente de la ciudad
iba a asustarse al ver una vaca suelta...
No pudieron convencerla. Gertrudis se
fue un lunes trotando despacito, antes
de que se despertara el gallo que es el
mas madrugador.
Tard6 bastante en llegar a la ciudad,
eso si. Porque quedaba lejos,
Pero llegé nomas. Y la ciudad le
parecié tan linda que enseguidita le
dieron ganas de dar un paseo.
Fue entonces cuando empezaron los
problemas y es que Gertrudis conocia
mucho de campo, pero de ciudad no
sabia nada.
Y el primer problema fue cuando quiso
cruzar una avenida. Por supuesto no
esper6 a que el seméforo estuviera rojo
y los autos frenaran. Ella cruzé lo mas
6seb
ranquila y ;PIM! ;PAM! jPUM! Un auto
amarillo chocé contra un auto verde que
chocé contra un auto azul que chocé
contra un colectivo Ileno de gente que
chocé contra una camioneta cargada de
papas que quiso esquivar a Gertrudis.
Por suerte, nadie se lastim6 (aunque
las papas se desparramaron por el
suelo). Claro que la gente se enojé
muchisimo con Gertrudis.
—Fijese por donde va, despistada. Mire
lo que pasé por su culpa -le gritaban.
Gertrudis estaba muerta de
vergiienza. No se puso colorada, porque
las vacas no se ponen coloradas, pero
bajo las orejas y agaché la cabeza,
mientras decia:
—MUUUU ~que en idioma de vaca
significa "Disculpen’.
Nadie le entendié, claro, porque en
la ciudad no se entiende el idioma de
siete7las vacas. Seguramente por eso no la
disculparon y le siguieron gritando,
mientras Gertrudis se iba de lo mas
amargada y se prometia prestar mas
atencién al cruzar la calle.
Pero los problemas siguieron. Porque
al ratito Gertrudis empezo a tener
hambre y buscé algo para comer. Y lo
mas parecido al campo que hay en la
ciudad es una plaza. Por eso Gertrudis
fue derechito a la plaza. Y aunque alli
habia un cartel que decia con grandes
letras negras:
PROHIBIDO PISAR EL CESPED Y
ARRANCAR LAS FLORES
Gertrudis no sabia leer y se dio una
panzada de pastito. ;Ah! Y de postre se
masticé un cantero lleno de margaritas.
La gente se enojé muchisimo con Gertrudis.
8 ocho—j Qué barbaridad! Mire lo que hizo.
Deberia darle vergiienza —le gritaban.
Ya Gertrudis le dio vergtienza.
Muchisima vergitenza. Por eso agaché la
cabeza, bajé las orejas y dijo:
—MUUUUU MUUUUUU ~que en
idioma de vaca signific;
Jo voy a hacer mas".
Pero nadie le entendié, claro, porque
en la ciudad no se entiende el idioma
de las vacas. Seguramente por eso no
la disculparon y le siguieron gritando,
mientras Gertrudis se iba triste, triste.
Las cosas fueron de mal en peor.
Gertrudis andaba por las calles de
contramano, viajé en tren sin sacar
"Disculpen. No
boleto y se metié en una fuente para
darse un bafiito.
La gente se puso furiosa con ella.
—j Qué falta de respeto! ;Qué
maleducada! Eso no se hace -le gritaban.
10 diez
Por mas que Gertrudis agachaba la
cabeza, bajaba las orejas y decia:
—MUUUUU MUUUUUU
MUUUUUUU ~que en idioma de vaca
significa: “Disculpen. No me di cuenta”
-pero la gente no la disculpaba.
Quizds porque no la entendian (es que
en la ciudad no se entiende el idioma de
las vacas).
Por eso, el viernes Gertrudis se fue
de la ciudad trotando despacito para
regresar al campo. Tardé muchisimo
en llegar porque el campo estaba lejos
y porque ella estaba cansadisima. Pero
leg només. Bien temprano, antes de
que se despertara el gallo que es el mas
madrugador.
Y alla se quedé. Contenta porque en
el campo puede andar por donde quiere
y no esta prohibido pisar el césped o
oncetlcomerse las flores. Y sobre todo porque
cuando dice MUUUU todos la entienden.
Ya que en el campo se entiende
perfectamente el idioma de vaca.
_ Dofia Arafia
(Guando dofia Arafia avisé que no queria
seguir tejiendo, todos en la laguna
se pusieron nerviosos. {Cémo que no
ibaa tejer mas? gY quién le haria los
cincuenta pares de escarpines a los bebés
ciempiés? gY la bufanda a los sapos que
andan todo el tiempo resfriados porque
se lo pasan chapoteando en el agua? ¢Y
el vestido de novia para la abeja reina?
4Y los patwuelitos de encaje para las
luciérnagas?
Que no y que no. La aratia no ibaa
tejer mas. Llevaba afios teje que te teje
y ya era hora de descansar. Hacia rato
que tenia ganas de viajar alrededor del
12doce trece 13mundo. Queria conocer otros charcos,
otros yuyos, otros bichos... Por mas que
le insistieron, preparé sus ocho valijas
(una para cada pata) y se despidio de
todos que lloraban como locos mientras
dofia Arana se alejaba.
Por suerte, no tardé tanto en regresar.
Y es que dio la vuelta al mundo. Pero
al mundo de una ara‘ia que es mucho
mas chico que el de las personas. Mas
© menos doce Arboles, cuatro piedras,
unos troncos cafdos y varias plantas con
flores. Y la laguna completa, ademas, que
recorrié enterita,viajando en una hoja
seca. Y enseguida volvié a tejer. Porque
después de contar las anécdotas de su
viaje, empez6 a aburrirse y es que las
arafias no son de quedarse de brazos...
o mejor dicho de patas cruzadas mucho
tiempo.
lA catorceCuando el loro dijo que iltimamente
andaba aburrido, todos se le quedaron
mirando con el pico abierto. Con lo
buen compaiiero que era el loro, tan
conversador ademas... Si se hacia amigo
de cuanto pajarraco se le cruzaba frente
al nido. Si charlaba con cualquiera que se
Je paraba en una rama del Arbol, incluso
en la ms alta. Si venian desde lejos a
escucharlo contar las noticias.
Sin embargo, el loro estaba aburrido,
Hablar hablaba con medio mundo, si. Y
bien clarito. Todos le entendian, incluso
las personas. Pero desde hacia un tiempo
se aburria. Mucho se aburria.
16 dieciséis
iVaya a saber por qué!
Para distraerlo, las aves cantoras le
cantaban. Y el loro agradecia el concierto,
pero al rato se aburria otra vez.
Para entretenerlo, las aves expertas
en vuelo le hacian acrobacias aéreas. Y el
loro agradecia la demostracién, pero al
rato se aburria otra vez.
Para divertirlo, las aves corredoras
organizaban carreras. Y el loro agradecia
el espectaculo, pero al rato se aburria
otra vez. Y al final ya nadie supo qué
hacer. El loro se aburria mas y mas. Y
encima se puso triston. Ni ganas de
conversar tenia. Ni ganas de contar un
chisme. Ni ganas de decir BUEN DIA.
Hasta que se quedé en silencio. No
dijo ni PRRR. Nada. Feo era ese silencio.
Dolia. Y el pajarerfo no aguanté y vol6
de aca para alla buscando una solucion.
Costé encontrarla, claro.
diecisiete 17Pero una mafiana tempranito alguien
trajo un libro gordo y se lo regalo al
loro. Y el loro no sonrié porque los
loros no son de sonreir. Pero dio vuelta
una pagina con el pico y ahi nomas
empezé a hablar de nuevo. Con palabras
desconocidas. Las que sacaba de ese libro
que era nada mas ni nada menos que
un diccionario. Y ya no se callé mas. Y
tampoco se aburrid. Porque ahora tenia
algo que hacer: aprender.
Dicen que va por la D, asi que por un
rato largo no se va a volver a aburrir.
18 dieciocho
)
|
_ »E!I patito curioso
abia nacido cerca de un lago que
parecia un cielo hecho de agua. Lo
primero que dijo fue:
—Cua.
Porque, claro, era un pato, pero muy
pronto dijo muchas otras cosas porque
era curioso y hacia preguntas todo el
tiempo.
—¢Por qué Iueve? ;Cudntas estrellas
hay en el cielo? ¢Qué hace la luna de
«dia? gDénde vive el viento? —preguntas
(lificilisimas que mamé pata trataba de
responder. En idioma de pato, que era el
tinico que ella conocia.
El patito fue creciendo y, aunque lo
diecinueve 19que mas le gustaba era nadar (porque,
claro, era un pato), también le gustaba
aprender. Y como no habia escuela para
patos, se hizo amigo de otros animales
vecinos.
—Muuu -le respondia la vaca, cuando
el patito le preguntaba algo y élle
entendia porque habia aprendido el
idioma de vaca.
—Guau -le respondia el perro cuando
el patito le preguntaba algo y él le
entendia porque habia aprendido el
idioma de perro.
—Miau —le respondia el gato, cuando
el patito le preguntaba algo y él le
entendia porque habia aprendido el
idioma de gato.
—Cocorocé -le respondia la gallina,
cuando el patito le preguntaba algo yél
le entendia porque habia aprendido el
idioma de gallina.
20 veinteFue justamente aquel dia en que
comenz6 el otofio, cuando su mama dijo
que tenian que irse de viaje, antes de
que llegara el frio. El patito ya lo sabia
porque se lo habia dicho “Croac’” la rana
y élle habia entendido perfectamente
porque ya habia aprendido también el
idioma de rana.
—Hay que volar todos juntos, en
grupos, sin separarse. Siempre derecho,
Hacia el lugar donde aparece cada
mafiana el sol-habfa explicado muy seria
mamé pata-. El viaje es muy largo. Asi
que, si alguno se cansa o se pierde, tiene
que preguntar dénde esta el mar e ir
hacia alla.
El patito estaba feliz. Durante la
larga travesia aprenderia muchas cosas
nuevas. Conoceria las montatias, los
bosques, los rios... Incluso podria ver las
ciudades, aunque fuera de lejos. Porque,
22 veintides
claro, era un pato.
EI patito y su familia partieron al dia
suiente bien temprano.
—Quiquiriqui -le grits el gallo para
ilespedirse y el patito le entendié porque
ya habia aprendido el idioma de gallo.
Al principio el viaje fue tranquilo.
Poco a poco se les iban sumando otras
lamilias de patos y el grupo se fue
haciendo cada vez més grande. Su mama
y sus hermanas iban adelante, pero él
quedé rezagado porque iba distraido
preguntando, mirando, curioseando...
Quizas por eso no alcanzé a ver
s nubes negras y gordas hasta que
{ue demasiado tarde. La tormenta lo
sorprendié demasiado lejos del grupo.
viento lo revole6 para acd y para alla
para arriba y para abajo hasta que al fin
logré refugiarse en la copa de un Arbol.
lntonces, se dio cuenta de que estaba
veintitres 23completamente perdido. Y solo. Recordé
lo que su madre le habia dicho y buscé a
alguien para preguntarle dénde estaba el
mar. No tardé mucho en encontrar otro
pato, un poco raro, eso sf, con plumas
mas oscuras que las suyas.
De todos modos se puso contento,
Porque, claro, era un pato.
—Cua -le dijo al verlo.
—Coin -le respondié el otro.
El patito se queds con el pico abierto
de la sorpresa y no supo qué contestarle.
Pero como el otro (que en realidad era
un pato francés) le hacia sefias para que
Jo siguiera, el patito vol6 detras de él.
Seguramente iré al mar igual que yo,
pens6. Porque, claro, era un pato. Y el
otro lo Ievé hasta el mar después de
volar quién sabe cuanto tiempo. Sélo
que no era el mismo mar al que debia
24 veinticuatro
estar viajando su familia. Porque por
el camino las vacas decian “Meuh”,
los perros ladraban “Ouah Ouah’”, los
gatos maullaban “Miaou” y las gallinas
cacareaban de un modo rarisimo
diciendo “Cotcot codet”.
—Me parece que por aca no es-pens6
el patito y decidié cambiar de rumbo,
después de despedirse “Coin” de su
compafiero (porque ya habia aprendido a
saludar en ese idioma).
Pas6 bastante tiempo hasta que
se encontré con un nuevo pato, raro,
también, con las plumas mas claritas
que las suyas. De todos modos se puso
contento. Porque, claro, era un pato.
—Cua -le dijo al acercarse.
—Quack -le contesté el otro que era
un pato inglés.
El patito se quedé con el pico abierto
«de la sorpresa y no supo qué contestarle.
veinticinco 25Pero también lo siguié, con la esperanza
de que lo Hevara al mar. No tardé mucho
en darse cuenta de que éste tampoco era
la ruta que tenia que seguir. Porque a su
paso las vacas decian “Mooo’, los perros
ladraban “Arf Arf”, los gatos maullaban
“Meow” y las gallinas cacareaban “Cluck
cluck”. Cuando escuché que el gallo decia
“Cock-a-doodle-doo” decidié cambiar de
rumbo.
Y asi anduvo durante meses el patito
viajando de un lado para otro. Llegé
incluso hasta el otro lado del mundo,
a Japon donde las vacas dicen “Mau”,
los perros ladran “Kian kian’, los gatos
matllan “Nyan” y cuando las gallinas
preguntan “Ku-ku-ku-ku” los gallos les
contestan “Ko-ke-kok-koo”.
éQue si logré reencontrarse con su
familia? Si, justo cuando terminaba el
verano y todos volvian a su hogar.
26 veintiseis
Desiderio
Jesiderio nunca hubiera imaginado
que le iba a pasar lo que le pasd aquella
vez. Porque Desiderio siempre habia sido
un elefante muy tranquilo, muy callado,
muy timidén... Si en la selva no hacian
mas que hablar maravillas de él.
—Un vecino ejemplar -lo alababa
siempre el mono.
—Un excelente compafiero -lo
elogiaba la jirafa.
—Un caballero -lo ponderaba la cebra.
Tan reservado era Desiderio que
la mayor parte del tiempo pasaba
inadvertido para los demas, algo
realmente extraordinario considerando
veintisiete 27el tamatio de Desiderio, claro.
—Ni se lo siente ~comentaba el
cocodrilo.
—Ni se lo ve —decia el avestruz.
—Ni se lo escucha -afirmaba el
hipopétamo.
Y asi andaba siempre Desiderio, sin
lamar la atenci6n, sin molestar a nadie.
sin que se notara su presencia, hasta
que le pasé lo que pas6. Fue justo una
mariana de primavera. Desiderio se
desperté y fue en puntas de pata, para
no hacer ruido, a buscar su desayuno
de hojas de Arbol. Pero en ese momento
vio unas flores azules que acababan
de abrirse y que no conocia y de puro
curioso se acercé para oler su perfume. Y
ahi nomas empezé a sentir un cosquilleo
en la trompa. Un cosquilleo que se volvié
cada vez mAs fuerte y més fuerte hasta
que Desiderio no pudo aguantar mas
28 veintiocho
y.. jATCHIS! estornuds. Un estornudo
jue desperté a medio mundo, incluso al
rinoceronte que andaba bastante sordo.
Mil disculpas —pedia avergonzado
| pobre Desiderio-. No va a ocurrir de
nuevo.
Pero volvié a ocurrir. Enseguidita.
Porque a Desiderio le dio otro ataque de
cosquillas en la trompa, mas fuerte que
clanterior y no pudo seguir hablando
porque... |ATCHIS! volvié a estornudar.
Y lo peor fue que ya no paré mas.
Estornudaba y estornudaba...
Se habra enfriado -le dijo la gacela.
—Se habra enfermado -opiné la
serpiente.
—Se habré resfriado —aseguré el loro.
Al principio todos trataron de
ayudarlo al pobre Desiderio.
—Témese un tecito caliente -le
sugeria la liebre.
veintinueve 29—Vayase a la cama —le aconsejé la
garza.
—Abriguese el cuello -le proponia el
antilope.
Pero por ms que Desiderio hizo lo
que le dijeron, seguia estornudando.
Y ahi algunos empezaron a fastidiarse.
Porque los estornudos de Desiderio no
dejaban dormir a nadie. Y si ademas no
legaba a taparse la trompa a tiempo...
—Me arrancé la tela que acababa de
tejer -se quejé la arafia.
—Nos revoleé por el aire ~se enojaron
diecisiete hormigas.
—Me despein6 la melena ~protesté el
leon.
Desiderio estaba desesperado. Porque
nada daba resultado para que se le
pasaran los estornudos. Ni los remedios
caseros que le receté la tortuga, ni las
compresas tibias que le ponia el butho ni
30 treintala idea de la hiena de hacerle un nudo en
la trompa.
Fue por eso que Desiderio pensé en
irse de la selva. Y justo cuando estaba
yéndose pasé cerca de las flores azules
que acababan de abrirse y los estornudos
le aumentaron. Y de pronto, Desiderio
se dio cuenta. Entre estornudo y
estornudo les explicé a los demas que
las flores azules le daban alergia. No
terminé de decirlo que entre todos se
fueron llevando las flores bien lejos y
las plantaron donde pudieran crecer
sin hacer estornudar a Desiderio. Y
Desiderio volvié a ser el mismo de
siempre y en la selva no se volvié a
hablar mas que maravillas de él. Al fin
yal cabo aunque sus estornudos fueran
insoportables Desiderio era un elefante
encantador.
32 treintay dos
‘ue alguien de la laguna viniera un
y dijera que se iba de viaje era algo
« lo mas comun. Porque dos por tres
jaro para despedirse
antes de emigrar al norte, en busca de
jorcito.
—Hasta pronto. Nos vemos en el
verano que seguro vengo con mis
pichones.
O venia a saludar algtin pez de esos
«ue una vez por afio nadaban de la
laguna al rio y del rio al océano.
—Adiés y no me esperen hasta la
primavera porque remontar la corriente
ine va a costar una barbaridad.
jreintay tres 33Si hasta los animales de cuatro patas
se iban de vez en cuando.
—Voy a visitar a una prima que vive
del otro lado del monte. Nos vemos a la
vuelta.
Pero que una lombriz dijera que se
iba de viaje era cosa rara. Mas que rara.
Rarisima. Porque las lombrices no son
de andar viajando. Si se la pasan todo el
tiempo debajo de la tierra y ni siquiera
asoman la punta de la nariz (0 lo que
tienen en lugar de nariz). Pero ala
lombriz le habian dado ganas de viajar.
—Estoy aburrida —les explicaba a los
demas-. Alla abajo esta tan oscuro que
no se ve nada. Y yo quiero conocer otros
lugares.
Nadie la criticé. Porque el bicherio de
la laguna era de lo mAs respetuoso. Pero
eso si: quien mds quien menos todos
quisieron darle un consejo.
34 treintay cuatro
—Si piensa ir a la playa, siga derechito
para el lado donde sale el sol-le
recomendé el loro.
—Pero vaya siempre por la sombra, asi
va a andar mAs fresca -le dijo la arania.
—De vez en cuando dese una
remojadita en algun charco -le sugirié el
sapo.
—Mejor viaje de noche asi nadie la
molesta le propuso la lechuza.
~Y mire para los dos lados antes de
cruzar un camino -le advirti6 el caracol.
La lombriz agradecié todos los
consejos y se fue una mafiana bien
tempranito. Pero para el mediodia
no habia Ilegado nia la esquina, tan
despacito andaba.
—Si quiere, la acerco hasta el proximo
bosque -le ofrecié la liebre muy amable.
La lombriz agradecida acepté y a upa
de la liebre que corria mucho llego hasta
treintay cinco 35cl siguiente bosque. Y de alli siguié sola,
pero para la tardecita, no habia Ilegado
nial segundo Arbol, tan despacito
andaba.
—Si quiere, la alcanzo hasta el rfo —le
ofrecié una calandria muy amable.
La lombriz agradecida acept6 y a upa
de la calandria que volaba muy rapido
llegé hasta el rfo. Y de alli siguié sola,
pero para la tardecita, no habia llegado
nia las piedras de la orilla, tan despacito
andaba.
—Si quiere, la Ilevo hasta el mar —le
ofrecié una tortuga muy amable.
La lombriz agradecida acepté y a
upa de la tortuga que nadaba y nadaba
llegé por fin al mar. jY cémo le gust6
ala lombriz el mar, tan inmenso, tan
azul...! Por eso se quedé un tiempito
por alli, Hasta que un dia decidié volver
ala laguna. Y la ayudaron a regresar
treintay siete 37un cangrejo, dos gatos, un gorrién y
otros animales muy amables que se
ofrecieron a Ilevarla a upa. Es que si no,
la lombriz habria tardado un montén,
tan despacito andaba.
38 treintay ocho
(| Felipa
Jue Felipa era la mejor guia lo decian
todos en el hormiguero. Nunca se perdia.
Siempre sabia para donde ir. Cuando
senialaba alla, levantando la antenita
derecha, alla iba la hilera de hormigas,
porque, seguro, seguro, que para ese
lado habria comida. ¥ cuando sefialaba
alla, con la antena izquierda, alla volvia
la hilerita de hormigas cargando hojas,
migas, granitos de trigo o de maiz...
porque, seguro, seguro que para ese
otro lado quedaba el hormiguero. Y
nunca se equivocaba Felipa. Ni por un
centimetro. Sus compafieras la seguian
confiadas por mas que a veces tenian
treintay nueve 39que caminar mucho, mucho por el
campo donde vivian e incluso cruzar
un charco, dos lomitas, una zanja...
Solo que un dia, justo cuando estaban
saliendo del hormiguero, Felipa tropezé
y ;PATAPUM! se fue de cabeza al suelo,
Del porrazo le salié un chichén. Y se le
arrugaron las dos antenitas.
Pero enseguida dijo que estaba bien,
levanté la antena derecha y senal6 alla.
Y lahilerita fue para ese lado, aunque
después de caminar mucho, mucho, las
hormigas notaron algo raro. Porque
en lugar de trigales y caminitos de
tierra y charcas con patos aparecieron
calles asfaltadas y edificios altisimos
y semforos. jFelipa las habia llevado
ala ciudad! Cuando las hormigas le
Protestaron, Felipa pidié disculpas,
levanté la antena izquierda y settalé
alla. La hilerita la siguio, pero después
40 Cuarenta
caminar mucho, mucho, las hormigas
notaron algo raro. Porque en lugar de
as comiendo pasto y sembrados y
ineros.
Aparecieron médanos y caracoles
y olas con espuma blanca. jFelipa Tas
habia Ievado a la playa! Y las hormigas
|e volvieron a protestar. Felipa nerviosa
r6 las antenas para un lado y para
lotro. Y para acé y para allé la siguié
| hilerita. Y asi fue como llegaron al
hosque y ala montaiia y hasta el Polo
sur donde casi se les congelan las patas
con tanto hielo. Por suerte después de
caminar mucho, mucho, regresaron al
rmpo. Porque cuando se le acomodaron
las antenas, Felipa encontré el camino.
Después de todo era la mejor guia del
hormiguero, aunque algunas veces
todavia se pierda.
cuarenta y uno 41A sofia no le gustaba ni medio que
su hermanito Lucas no tuviera que
ir al colegio. Ademas a él lo bafiaban,
lo vestian, le daban de comer en la
boca... Y también le hacian GURUGURU
morisquetas para que se riera Y estaba
a upita todo el tiempo. Pero lo que mas
Ie molestaba a Sofia, lo que més rabia
le daba, lo que la hacia enojar mas que
nada era que Lucas no tenia que lavarse
los dientes cada noche. Es cierto que
Lucas no tenia dientes. Ni uno solo
tenia, pero... La mamé decia que mejor,
porque el que tiene dientes puede comer
caramelos. No muchos, claro. Porque no
42 cuarentay dos
son alimento y hacen mal a los dientes.
Pero a Sofia le hacian lavar los dientes
iunque no comiera ni un caramelo. Le
acian lavar los dientes aunque comiera
puré de espinaca (que si es alimento). Se
los hacian lavar incluso cuando cerraba
la boca fuerte para no comer el puré de
espinaca (que no le gustaba).
Por eso una noche, cuando la mama y
papa estaban batiando y vistiendo a
Lucas y haciéndole upita y GURUGURU
morisquetas para que se riera, Sofia se
comié tres caramelos. O tal vez cuatro. Y
no se lav6 los dientes. De puro enojada.
‘Total...
Fue entonces cuando le pasé. Sinti
algo raro. Muy raro. Rarisimo. Uno de
sus dientes, el de arriba, el que estaba
justo en la mitad se movia. Mucho. De
aca para alla. Sofia se lo tocé con la
punta del dedo. Despacito.
cuarentay tres 43Y el diente se hamacé. Traté de
acomodarlo en su lugar ast y asi y.
el diente se cayé. Y claro, Sofia grits
Seguro, seguro que le habia pasado 86
Por no lavarse los dientes y por comer
tres caramelos. O tal vez cuatro yo. Sus
papis se rieron mientras le explicaban
que no, que era un diente de leche.
que se cae, pero después sale otro tds
fuerte en su lugar y... Sofia se quedé
més tranquila. Pero por las dudas fue a
lavarse los dientes. Incluso el que se le
habia caido. Para ponerlo bien limpi
debajo de la almohada. _
44 cuarentay cuatro
\_a familia de Mateo era muy exagerada.
n exagerada que, cuando nacié, la
abuela le tejid trescientos sesenta y cinco
pares de escarpines. Todos de distintos
colores. Y le compr6 por adelantado
los regalos de sus proximos quince
cumpleaiios, incluso una afeitadora
eléctrica. Pero la abuela no era la Gnica
oxagerada. Los padres eran muchisimo
peor. La mamé exageraba con la ropa.
Cuando salian a pasear, le ponia a
Mateo muchas camisetas, unas cuantos
puloveres, varios saquitos y por los
menos dos 0 tres chaquetas una encima
de la otra. Por las dudas que tuviera
cuarentay cinco 49frio. También exageraba al cocinar.
Preparaba tanta sopa, tantas milanesas,
tanto puré que después se pasaban una
semana comiendo lo mismo. El papa era,
en cambio, exagerado con los horarios,
Insistia en salir con tiempo a todos lados
por si habia mucho transito, por sino
conseguian lugar para estacionar o por
si se quedaban sin nafta y ellos eran
siempre los primeros en llegar dos horas
antes de que empezara la pelicula.
Mateo se fue acostumbrando a que
los pantalones le quedaran siempre
largos porque se los compraban varios
talles mas grandes. O a comer guiso
recalentado que habia sobrado del
mediodia o empanadas que habian
quedado del dia anterior. Hasta que
llegé el dia de empezar la escuela,
La familia de Mateo estaba tan
emocionada, Demasiado. El papa puso
46 cuarentay seis
cuatro despertadores por si se quedaban
dormidos. La mamé le preparé diez
sanguchitos para que no pasara hambre.
Y le puso no sé cuantos puldveres debajo
del guardapolvo para que no tuviera
frio. La abuela le habia comprado tantos
titiles que la mochila apenas podia
cerrarse, No fuera a ser que le faltara
algo. Por supuesto Ilegaron primeros a
la escuela. Es que el papé habia insistido
en salir tres horas antes. Por eso no
les llamé la atencién que la escuela
estuviera cerrada y no hubiera nadie.
Pero pasé una hora y otra mas y otra. Y
no venia ningun otro chico. A la escuela
no venian, porque a la plaza iban todos
con sus papas. Al mediodia, cuando
sintieron el olorcito a asado que salia
de las casas se dieron cuenta de que se
habian equivocado y habian ido ala
escuela... jel domingo!
cuarentay siete 471 O.-. el
espantapdjaros
Hocia rato que Arnoldo andaba con
ganas de viajar y de recorrer el mundo.
El problema era como.
—Lo mejor es ir saltando —le habia
recomendado una pulga amiga, 0 viajar
a lomo de perro.
— {Qué va! -Le habia zumbado un
mosquito-. Que lo haga volando, como
yo. Es mucho mas rapido.
—De ninguna manera ~habia
aconsejado un ciempiés-. Lo que le
conviene es caminar.
Pero Arnoldo no podia saltar ni
volar. Mucho menos caminar. Y es que
Arnoldo era un espantapdjaros. Bueno, en
48 cuarentay ochorealidad, a muchos pajaros no espantaba
e incluso a algunos que eran sus amigos
los dejaba comer unas semillitas, cuando
venian a visitarlo. Evan justamente los
péjaros los que le hablaban del mar y de
las montatias y de las ciudades y de todos
los lugares que Arnoldo sofaba conocer.
Pero jay! parecia casi imposible que
Arnoldo pudiera cumplir ese suefio
porque siempre estaba QUIETO en
medio del campo, con su sombrero viejo
y su ropa agujereada.
Hasta que un dia llego una maquina
que sabia poco de espantapdjaros y corta
que te corta, ademas de las espigas, corté
la rama que aferraba a Arnoldo al suelo. Y
alla cay6 Arnoldo con su sombrero viejo
y su ropa agujereada en una pila dorada
que alguien acomod6 en la panza de un
cami6n. Cuando logré sacarse de los ojos
tres pajitas y cuatro yuyos, Anoldo se
50 cincuenta
dio cuenta de que estaba viajando.
camién! Un viaje precioso: por caminos
de tierra y rutas infinitas. Pero eso no fue
todo: el cami6n Ilegé hasta una estacién
de tren y a Arnoldo lo cargaron dentro
de un vag6n. Asi que siguié viajando.
jEn tren! Un viaje hermosisimo, por
montafias y valles y pueblos y ciudades.
Pero eso no fue todo. El tren
lleg6 hasta un puerto y a Arnoldo lo
subieron a un barco. jY alld se fue el
espantapajaros navegando, con los ojos
azules de tanto ver el mar!
Dicen los pajaros en el campo que
Arnoldo todavia sigue recorriendo el
mundo. Dicen que ha viajado en avién,
en colectivo y en tranvia.
Dicen que incluso anduvo en bicicleta.
Pero la pulga, el mosquito y el ciempiés
no lo creen. Imposible. Porque Arnoldo
no sabia pedalear.
cincuentay uno otUn paseo por el
barrio
Benito habia subido a la terraza
temprano aquella manana. Le gustaba
sobre todo asomarse sobre la esquina.
Porque habia balcén y desde alli,
Benito podia ladrarle a la gente que
pasaba por la calle. Porque Benito era
perro y ya se sabe que los perros son
muy guardianes. Lo cierto es aquel
dia, Benito se asom6 y se asom6 y...
|PATAPUMI se cay de cabeza. Menos
mal que justo justo pasaba por alli una
senora que iba a hacer las compras. Asi
que Benito aterrizé en la canasta y sin
querer fue a dar un paseo por el barrio.
Porque la sefiora fue de la carniceria ala
52 cincuentay dos
verduleria, de la verduleria al almacén
y del almacén a su casa. Siempre con
Benito.
Porque aunque Benito queria salir, la
sefiora iba poniendo en la canasta lo que
compraba. Y Benito quedaba aplastado
\lebajo del pan, de las salchichas, de
los tomates, de los rabanitos... Cuando
la seftora vacié la canasta, vio salir
corriendo a Benito y pens6 extrafiada:
"\Qué raro! No me acuerdo de haber
comprado un perro."
cincuentaytres 531 2 La nueva casa
Ni un poquito pudo dormir Lucia
aquella noche, cuando Ilegaron ala
casa nueva. Y eso que el papa le habia
pintado la habitacin de color rosa que
era el que a ella mas le gustaba. Y eso
que lo primero que habian sacado de
las cajas fueron sus juguetes. Y eso que
Ja mami le leyé un cuento y le canté
canciones de cuna y le hizo muchos
mimos... Pero nada. Lucia cerraba los
ojos y se acordaba de su otra casa, la
que ahora estaba vacia. Cerraba los ojos
y se acordaba de la otra calle que tenia
Arboles y un kiosco de la esquina para
comprar caramelos. Cerraba los ojos y
54 cincuentay cuatro
se acordaba de la escuela que quedaba
cerquita y de la plaza con tres hamacas
rojas y un tobogan y dos sube y baja y
una calesita... Entonces Lucia sentia algo
en el medio de la panza, algo como un
nudo. Y no podia dormir.
Ala mafiana, cuando el papa vino a
darle el beso de buenos dias, Lucia tenia
ganas de llorar. Tantas ganas de llorar
que no queria abrir los ojos. Ni para
tomar la leche los abrié. Y seguia con
los ojos cerrados, cuando salieron a dar
una vuelta. Sélo que al rato tuvo ganas
de espiar. Y al espiar vio la nueva calle.
Linda era. Con muchos Arboles y un
kiosco justo en la esquina para comprar
caramelos. Abrié los ojos un poco mas y
vio la nueva escuela que quedaba cerquita
cerquita. Y enseguida abrié los ojos
ssrandes y vio la plaza con tres hamacas
verdes y dos toboganes y un sube y baja
cincuentay cinco 55y una calesita... Esa noche Lucia si pudo
dormir. Sonriendo se durmi6. Pensando
que también era linda su nueva casa
96 cincuenta yseis
>) La pequefia hoja
labia sido la ultima en nacer, justo
cuando la primavera terminaba de
despertar a algunos Arboles dormilones
y se dedicaba a pintar los pétalos de las
flores con sus pinceles perfumados. Al
principio, habia sido sdlo un brotecito
tierno que se desperezaba poco a poco.
Pero después comenzé a crecer, como
sus tres mil seiscientas setenta y dos
hermanas, y se convirtié en una hoja
preciosa, que crecia en la punta mas alta
del Arbol mas alto de la selva.
Desde alli espiaba a sus vecinas, las hojas
de las palmeras, que se estiraban para
sentir las caricias del sol o que se peleaban
cincuenta y siete 37con las lianas y las enredaderas caprichosas
que querian trepar hasta el cielo. Porque
no todas las plantas de la selva podian
disfrutar de la luz. Algunas tenian que
conformarse con algtin rayo distratdo que
se filtraba entre el follaje espeso. Otras se
acostumbraban a las sombras tibias del
suelo, como los musgos que formaban una
alfombra verde y mullida.
Por eso la pequefia hoja era feliz enla
punta mas alta del 4rbol mas alto de la selva.
Cada mariana, se lavaba la cara con
una gota de rocio y se acomodaba
los rulos que le despeinaba la brisa
(porque era una hoja muy coqueta).
Como estaba muy orgullosa del vestido
verde claro que llevaba, se pasaba horas
estirandoselo de aca y de alla para que
no se le arrugara y para que brillara.
Y después esperaba que llegaran los
pajaros, los tucanes y los loros a regalarle
38 cincuentay ochosus melodias y a contarle secretos.
Fueron ellos los que le hablaron de los
hombres que se acercaban,
—Tienen maquinas con dientes
enormes, como los del yaguareté —le
dijeron.
La pequeria hoja no se preocupé.
Quién podria hacerle datio a ella que
estaba en la punta ms alta del Arbol
més alto de la selva?
Pero un dia la pequetia hoja escuché
un ruido horrible, como el zumbido de
mil insectos.
En seguida, el Arbol comenzé a
temblar y poco a poco se fue inclinando,
hasta que cay6 al suelo, con un
estruendo de temporal. La pequefia hoja
vio que desaparecia el cielo y el sol y la
luz. Todo a su lado se volvié negrura.
Cuando se acostumbré un poco ala
oscuridad, pudo distinguir las siluetas
6Osesenta
horrosas de los hombres que quitaban
las ramas y arrancaban las hojas de su
irbol, que ya no era el Arbol més alto de
la selva, sino un tronco mas como tantos
otros que se apilaban sobre un camién.
Como no queria separarse de él,
acurrucé contra la corteza para
esconderse y asi viajo durante un largo
rato, rumbo al aserradero.
Cuando Ilegaron, vio las maquinas
que convertian los troncos en maderas
de distintos tamatios. La pequefia hoja
se puso triste. Muy triste. Su vestido
comenzaba a arrugarse poco a poco y
ya no era verde brillante, sino amarillo.
Aunque estaba cada vez mas reseca y
débil, se aferré con todas sus fuerzas
hasta que ya no pudo sostenerse mas y
se solt6. Dio un par de volteretas en el
aire y cay sobre el suelo. Ya no podria
escuchar el canto de los pajaros ni sentir
sesentay uno 61las caricias del sol. Pero sobre todo, ya
no podria regresar a su querido drbol.
En ese momento, una mano chiquita
Ja levanté con cuidado del suelo.
— Qué hoja mas bonita! —dijo una
nena-. Nunca habia visto una igual.
—Es de un Arbol que crece en la selva
—le explicé su papa que trabajaba en el
aserradero.
—Entonces, esta lejos de su casa
~agrego ella y la guard6.
Esa noche, la nena tomé un papel
blanco y se puso a dibujar en él. La hojita
la espiaba de reojo y vio que la silueta
que habia hecho la nena se parecia
mucho, pero mucho a la de su drbol, el
Arbol mas alto de la selva. Junto a él, la
nena dibujé palmeras, que se estiraban
para sentir las caricias del sol, lianas y
enredaderas caprichosas que querian
trepar hasta el cielo y una alfombra de
G62sesentay dos
musgo verde y mullida. Y también dibujo
pajaros, tucanes y loros
—Ya estd -dijo al fin la nena y pegé a
la pequefa hoja en la punta de la rama
mas alta.
Después colgé su selva de papel en la
pared que estaba frente a la ventana de
su habitaci6n, por la que entraba cada
mafiana un tibio rayo de sol.
Y desde la punta de la rama mis alta,
la hoja sonreia, como sonrien las hojas
cuando estén en un Arbol, aunque sélo
sea un arbol de papel.
sesentay tres 63, Historia de un rio
Cicntan en el sur, que hace mucho
tiempo, desde lo alto de las montafas
heladas, bajaba, hasta el valle un
pequerio rio, apenas una hilacha de
agua traviesa que tarareaba entre las
piedras. Al rio le encantaba correr con el
viento, saltar en las cascadas y salpicarle
el hocico a las liebres. Pero lo que mas
le gustaba era acercarse a la noche ala
aldea mapuche a escuchar las historias
que contaba Aylén. La nifia se sentaba
frente a una fogata, a orillas del rio,
rodeada por otros nifios, y narraba
cuentos sobre el sol y la luna, el aire
y Ia lluvia, los animales y las plantas.
G4 sesentay cuatro
-a |
Entonces, el rio aquietaba sus aguas y
disfrutaba de las palabras desconocidas
que entibiaban el silencio. A veces,
los otros nifios preferian ir a jugar 0
a dormir, después de ofr a Aylén. Ella
se quedaba sola, pero seguia relatando
historias, como si supiera que el rio se
detenia sélo para escucharla y le hacia
compania.
Una noche, el rio llegg al vallle y se
sorprendié al ver que Aylén no estaba alls,
como siempre. La nitia tampoco aparecié al
otro dia, ni al siguiente. La gente de la tribu
iba y venia con cara seria 0 triste y hablaba
en voz muy baja. Una semana més tarde, la
madre de Aylén se acercé a la orilla del rio
y murmuré una antigua plegaria. Estaba
llorando. Cada lagrima que derramaba
quebraba la superficie del agua como una
herida. Entonces el rio supo que Aylén
estaba muy enferma. Una fiebre extratia y
sesentay cinco 65traicionera la hundia en un suenio del que
quizas no podria despertar. Ni siquiera la
machi, la mujer més anciana y més sabia
de la aldea, podia curarla, a menos que
consiguiera unas hierbas que sélo crecian
junto al mar. Con ellas podria preparar
una medicina. El padre de Aylén y otros
indios valientes habian partido a buscar
las hierbas que podrian salvar a la nitia.
Pero el mar estaba demasiado lejos, tanto
que ninguno de ellos lo habia visto jamas.
Nunca llegarian a tiempo, aunque corrieran
sin descanso.
Entonces el rio Ior6. Lloré tanto que
comenzo a crecer hasta convertirse en un
torrente veloz que atravesé el valle y corrié
rumbo al mar. En su camino encontrd
otros rios mas grandes y mas fuertes que
le prestaron sus aguas para que no se
detuviera. Cruzé tierras desiertas y surcé
praderas infinitas hasta que por fin, en el
66 sesentayseis
horizonte se dibujé la silueta del mar.
Se habl6 durante mucho tiempo de la
gran inundacién. Lo cierto es que cuando
las aguas bajaron, la machi encontré, en la
orilla, un pufiado de hierbas que s6lo crecen
junto al mar tan lejano. Nadie supo cémo
llegaron hasta all, pero cuando Aylén se
curé, comenzé a relatarles a los nifios una
historia nueva, la de un rio pequetio, como
una hilacha de agua traviesa que tarareaba
entre las piedras. La historia de un rfo que
crecié y crecid, aunque no habia llovido. La
historia de un rio que viajé hasta el mar
para salvarle la vida.
sesentay siete 67_ ) El fantasma moderno
Ee fantasma Gualberto estaba cansado
de que nadie le prestara atencidn. Hacia
mucho tiempo que no lograba asustar a
nadie. Menos que menos a los nifios que
con tanta televisién, con tanto jueguito
electr6nico, con tanta tecnologia ya no
tenian miedo de un viejo fantasma con
su sabana blanca que aparecia en mitad
de la noche y gritaba "UUUUUUUUUU"
Gualberto habia intentado todo para
vecuperar su prestigio perdido, aunque sus
esfuerzos habian sido en vano.
De nada sirvié perfeccionar su grito
hasta convertirlo en un ultra espeluznante
alarido. De nada sirvié lavar y planchar
68 sesentay ocho
su sdbana todos los dias y perfumarse
con extracto de telaraiias podridas. De
nada le sirvié atravesar paredes y flotar
por el aire en las noches de tormenta.
Por mas que Gualberto se esforzara, los
fantasmas estaban pasados de moda y no le
interesaban a nadie.
Sin embargo, él no se resignaba a
jubilarse como habian hecho otros
compafieros fantasmas e incluso un par
de monstruos deprimidos por la falta de
trabajo. El se sentia todavia joven. Si apenas
acababa de cumplir dos mil trescientos
cincuenta y cuatro afios. Nada para un
fantasma. Por eso queria seguir asustando.
Pero la tecnologia lo superaba. Y es que
cualquier pelicula de terror con efectos
especiales asustaba més que él. (Es mas,
algunas peliculas lo habian asustado a él. Y
bastante).
—Lo que tengo que hacer es
sesenta y nueve 69modernizarme ~se decia Gualberto que no
estaba dispuesto a darse por vencido.
Por eso se pasaba dias y dias en vela, sin
Pegar un ojo, buscando algtin nuevo modo
de asustar.
Fue entonces cuando de puro aburrido
se puso a hojear un periddico y ley6 en la
pagina 53 un aviso clasificado que decia:
FORME PARTE DEL NUEVO SIGLO
ESTUDIE COMPUTACION
—jClaro! Esto es lo que necesito
~exclamé Gualberto mientras daba
volteretas por el aire contento.
Y alla fue Gualberto a anotarse en una
academia para aprender computacién. Una
academia que daba clases de noche que es
cuando los fantasmas pueden salir,
Al principio, le cost6 un poco aprender,
sobre todo algunos programas més
7Osetenta
complicados. Pero Gualberto puso tanto
cntusiasmo que después de varios meses de
estudio, recibié un diploma que colgé en la
pared de su casa y que decia:
Certificamos que Gualberto ha
completado el curso intensivo de
Computacién
Ahora Gualberto navega por internet,
chatea y asusta por e-mail. Y le da muy
huenos resultados. A la gente le da
muchisimo miedo recibir sus espantosos y
escalofriantes correos electrénicos.
Y Gualberto es feliz, porque hace lo que
mas le gusta hacer que es asustar.
El tinico problema es que se pone de muy
mal humor, cuando a veces la computadora
se le cuelga.
setentay uno 71Las semillas traviesas
En un rinconcito del galpén, las
semillas de pimienta estaban aburridas.
Mas que aburridas. Aburridisimas.
Por eso, un dia las muy traviesas se
escaparon de su bolsa y rueda que te
rueda se fueron a esconder entre las
semillas de trigo. Y ahi nomas empezé el
lio. Porque cuando alguien vino a buscar
las semillas de trigo para sembrar el
campo, se llevé también las de pimienta.
Nadie reconocis su traje verde cuando
se asomaron los primeros brotes entre las
espigas doradas que despeinaba el viento. Y
nadie tampoco las vio cuando el trigo recién
cosechado fue al molino para convertirse
72setentay dos
n harina. Y nadie se dio cuenta de que la
harina que Ilevaron, derechito a la ciudad,
cra harina con pimienta. Por eso la gente de
la ciudad la us6 para hacer pancitos y fideos
y galletitas... Pero en cuanto comieron los
pancitos, los fideos, las galletitas... a todos
les dio un ataque de estornudos terrible.
Lo peor es que ésas no fueron las tinicas
semillas de pimienta traviesas que se
caparon del galp6n. Otras se fueron al
campo donde se siembra el pastito que
comen todos los dias las vacas. Y desde
entonces, en la ciudad, cada vez que toman,
leche ;ATCHIS! no paran de estornudar.
setentay tres 73La aventura de la
aguja
E. el fondo del costurero vivia. Todas
Ja querian porque sabia coser botones,
remendar dobladillos y zurcir agujeros.
Pero a veces se enojaban con ella. Porque
la aguja era chismosa. Terriblemente
chismosa. Cuando terminaba de trabajar,
se trepaba por los hilos de colores y
se asomaba por la tapa del costurero.
Entonces, hacia lo que mas le gustaba
hacer (ademas de coser, claro). Espiaba.
Todo espiaba. Y se lo contaba a los
demas. Por mas que la tijera la retaba,
Ja aguja se la pasaba mirando todo.
Espiaba lo que preparaban en la cocina
para el almuerzo. Espiaba lo que habian
74. setentay cuatrocomprado en el supermercado. Espiaba
las flores que habian plantado en el
jardin. Espiaba la ropa que se ponian
para ver si era de lana, de cuero 0 de
tela. Espiaba al gato que dormia en
una canasta de mimbre. Espiaba quién
entraba, quién salia, quién venia de
visita, quién se rascaba la oreja
Y fue justamente un dia en que la aguja
estaba asomada fuera del costurero,
cuando... ;ZAS! se resbalé y se cay6. No
se lastimé porque su traje era de metal,
bien duro. Pero se asusté. Porque no habia
caido en el suelo, sino adentro de la rejilla
del piso. Enredada con dos pelusas viejas y
mezcladas con el barro un poco reseco que
habia alli, nadie la encontraria.
Casi se puso a llorar, cuando sintié que
una fuerza la empujaba hacia arriba. Es
que un rayito de sol que entraba por la
ventana la habia hecho brillar y su duena
76 setenta yseis
la habia visto. Por eso la estaba sacando
on un imén. No era uno de esos que se
ponen en la heladera, sino uno gordo y
antiguo, con forma de herradura, muy
famoso porque ya habia rescatado de la
rejilla siete alfileres, varias monedas y un
anillo dorado. Contenta volvié al costurero
la aguja (después de darle las gracias al
imén, eso si). Y prometié quedarse quieta
cosiendo botones, remendando dobladillos
y zurciendo agujeros. Aunque de vez en
cuando, se olvida de lo que le pasé y vuelve
ahacer lo que mas le gusta (ademas de
coser, claro). Espiar.
setentaysiete 771 8 El viaje de la gota
Entattave det agua fria, vivian muchas
gotas. Todas se parecian bastante,
con su vestido transparente y sus ojos
humedos. Todas menos una, que era bien
distinta a las demas. A simple vista no
se notaba la diferencia, pero prestando
mucha atencion, se podia ver que esta
gota tenia cara de aburrida. Porque
estaba aburrida. Mas que aburrida.
Aburridisima. Y es que era invierno y en
invierno, casi no se abre la lave caneria
del agua fria.
—jComo me gustaria salir a pasear!
-suspiraba la gota.
Un dia, mientras sus compaiieras
78 setentay ochodormian la siesta, la gotita decidi
asomarse por la Ilave, para ver qué habia
afuera. Se estiré un poquito, se estiré un
poco més, se volvié a estirar y, entonces...
jPlin! Se resbalo de la Ilave y cayé en la
bafiera que estaba Ilena de agua caliente.
—jHuy! jAy! Me quemo -grité la gota,
mientras se trepaba al jabén.
Pero el jabén era resbaloso y no se
quedaba quieto. La gotita patinaba sobre
él de un lado para el otro. Y, con tanto ir
y venir, se formé una burbuja que se fue
flotando por el aire con la gotita adentro.
No se asusté la gota, ni siquiera un poquito,
aunque la burbuja salié por la ventana y
empez6 a alejarse mas y mas. 3Cémo se iba
a asustar si, mientras viajaba en la pompa
de jabén, la gotita miraba el mundo que
siempre habia querido conocer?
Lo que no sabia la gota es que no es muy
seguro viajar en burbuja, porque apareci
80 ochenta
un pajaro corto de vista, que creyé que la
pompa de jabon era una semilla voladora
y jGlup! quiso comérsela y la rompié. No
se asusto la gota, ni siquiera un poquito,
aunque caia répido. Menos mal que, en ese
momento, paso por alli una nube esponjosa
y la gota aterrizé en ella. Al principio, la
gota siguié viajando, mucho mas cémoda
que antes, porque la nube era una almohada
mullida, y ademas, habia otras gotas que
iban de pasajeras. Pero empezaron a llegar
mas y mas gotas y el lugar se fue acabando.
La nube avanzaba a duras penas con tanto
peso.
—Cuidado que me arrugan el traje —grité
una gota que venia de un rio de Paris.
—jAy! Me estan pisando -se quejé otra
que venia de un lago inglés.
—No me empujen. Me aplastan. Estoy
muy apretada ~protestaban las demas.
La nube distraida se acercé a una
ochentay uno 81montaria puntiaguda que la pinché y le
agujereé su vestido blanco. Una a una las
gotas se fueron cayendo. La gotita no se
asust6, ni un poquito, aunque no tenia
paracaidas. Por suerte, la recibié en brazos
una ola del mar con la boca Ilena de espuma
que la invito a jugar. Y alli se qued6 la
gotita jugando un buen rato, hasta que
una ola muy grande le dio un empujén yla
metié dentro de un tubo. No se asusté la
gotita, ni un poquito, aunque el tubo era
oscuro y no veia nada. Dentro del tubo,
ala gotita le lavaron la cara, le sacaron la
tierra y la perfumaron con cloro. Cuando
estuvo impecable y reluciente, dio un par
de volteretas por varias catierias y aparecié
nada més ni nada menos que en la Ilave del
agua fria donde habia nacido.
—;Dénde estabas? -le preguntaron sus
comparieras, pero ella no pudo contestarles,
porque en ese mismo momento, alguien
82 ochentay dos
abrié la llave y todas empezaron a salir
apuradas y nerviosas. Pero la gotita no se
asust6, ni siquiera un poquito. Al contrario,
se puso muy contenta, porque sabia que el
viaje volvia a empezar.
ochentay tres 83y pasear. Por eso, se fue despacito hasta
el balc6n para despedirse de la calle. Alli
lo encontré la abuela, justo cuando ibaa
sembrar unas margaritas.
— Qué maceta rara!— pensé la abuela,
mientras Ilenaba el zapato con tierra y
plantaba las semillas.
Ahora el zapato vive en el balcon. Aunque
no puede salir a pasear, es feliz. Porque
desde el balcén ve todo lo que pasa en la
calle y porque hace poco le han florecido las
Hhabia quedado en el fondo del ropero.
En el rincén ms oscuro. Debajo de dos
blusas viejas, varias medias enredadas,
un puléver masticado por la polilla y
unas zapatillas desflecadas. Cuando
legé la primavera, alguien decidié smargaritas
hacer limpieza y acomodar la ropa
amontonada. Y lo encontraron a él.
Solito estaba, porque su compariero
habia desaparecido quién sabe cuando. Y
como un zapato solo no sirve para nada,
lo dejaron a un costado.
Y el pobre zapato se le arrugaron los
cordones de la tristeza. Seguramente iban
atirarlo y ya no podria andar por la calle
84 ochentay cuatro ochentay cinco 85EI peinado del leén
Capricho va, antojo viene, el leén
siempre hacia lo que se le ocurria. Un
poco porque era el mismisimo rey de
la selva y habia que obedecerlo. Y otro
poco porque tenia mal humor y nadie
queria estar cerca de sus dientones o de
sus garras, cuando se enojaba. Por eso
los otros animales siempre le daban el
gusto. Que un dia pedia que le rascaran
la espalda, que otro insistia en que le
cantaran el “Arrorré...” para dormir,
que si jugaban a las escondidas, él ni
loco contaba... Claro que cuando se
encapriché con cambiar de peinado,
todos se pusieron nerviosos.
86 ochentayseis—Algo que me haga més joven -explicé
elleén.
—Pero si esa melena le queda divina,
majestad...
Nada. El leén puso cara de
NOMEDISCUTANMAS y hubo que hacerle
caso. Lo primero que intentaron fue que el
elefante le alisara los rulos, tironeandole
los pelos con la punta de la trompa para
estirarlos. Pero en cuanto los soltaba,
los mechones volvian a enroscarse. Asi
que decidieron cambiarle el color. Un
mono prepar6 una pasta con agua de
coco, miel y cAscara de banana. Pero con
eso no pudieron tefirle ni un mechon,
aunque le dejaron la cabeza mas pegajosa
que un chupetin. El leén empezaba a
impacientarse, cuando alguien propuso
cortarle el pelo. Nadie se animaba. Porque
si quedaba mal, no habia arreglo. Por
suerte en ese momento aparecié la leona
88 ochentay ocho
y dijo que a ella le gustaba la melena del
le6n ast tal cual, con esas ondas tan largas
y tan doradas y tan hermosas... Y el leon
que ademis de caprichoso era vanidoso,
ya no quiso cambiar de peinado. Contento
por el piropo, se fue a pasear con la leona,
mientras los demds animales suspiraban
aliviados. Por un rato estarfan tranquilos.
Sélo hasta que al ledn se le antojara alguna
cosa mas.
ochentay nueve 89PN AW A&P Pp
10.
lL.
12.
13,
14,
15.
16.
17.
18.
19.
20.
INDICE
Una vaca en la ciudad,
Dofia Arafia.
El loro aburrido.
EI patito curioso.
Desiderio.
El viaje.
Felipa.
El diente de Sofia.
La familia de Mateo.
Arnoldo, el espantapéjaros.
Un paseo por el barrio.
La nueva casa
La pequefia hoja.
Historia de un rio.
El fantasma moderno.
Las semillas traviesas
La aventura de la aguja.
El viaje de la gota.
El zapato.
El peinado del ledn.
33
39
42
45
48
52
54
57
64
68
72
74
78
84
86Este marcador de COLECCION
paginas pertenece a: LA BUENA LETRA
Una vaca en la ciudad
LILIAN CINETTO
{es dijo a sus amigos del campo que esa mismi-
sima semana se baa la ciudad, todos la miraron con carade qué le
asa y despues se pusieran nerviosos, Pero, ja qué se debla tanta
preocupacién? Es que Gertrudis era una vaca y ya se sabe que en
Ignacio Grcia-Velibo la cludad no hay vacas paseando, Por es0 le aconsejaron que mejor
se quedare en el campo, que en a ciudad no conseguirfa ni un solo
Pastito para comer, y que la gente se fuera asustar cuando viera
tuna vaca suelta por ah.
Ast comienza esta divertida historia sobre las peripecias
de una vaca flena de audacla y simpatia, que se atreve hacer una
Visita la cudad, Este libro reine 20 cuentos ingeniosos, civertidos
yyde gran fantasta,
sae”










También podría gustarte
Eulato
Aún no hay calificaciones
Eulato
10 páginas
La Pata Paca
Aún no hay calificaciones
La Pata Paca
21 páginas
CUENTOS
Aún no hay calificaciones
CUENTOS
16 páginas