Novilunio (Edward Jacob)
Novilunio (Edward Jacob)
POV. Jacob
No sé cuantas veces repetía esas cuatro palabras sin cesar en mi cabeza desde que había
salido corriendo de aquel lugar.
En tales circunstancias, no me costó demasiado entrar en fase. Ni siquiera tuve que pensarlo.
-Flashback-
Desde que Bella se marchó a Italia en busca del chupasangres para evitar que se suicidara,
no había vuelto a verla. No necesitaba hacerlo para saber lo que me encontraría.
Sabía perfectamente que él había vuelto y que de nuevo estaban juntos. Juntos a pesar de
que Charlie debería haberla encerrado bajo llave por lo que había hecho. Irse durante tres
días sin dar ni la más mínima señal de vida.
Pero todo era como si nada hubiera pasado y lo peor es que ella me llamaba por teléfono
constantemente. No quería escuchar su voz, no quería que me contase lo feliz que era con la
sanguijuela, ni que me pidiera disculpas por no poder ser más que mi amiga con ese matiz de
compasión. Estaba harto de todo aquello, y sin embargo, me moría de ganas por verla. Por
volver a contemplar su rostro. Por eso estaba allí.
Por eso había cogido la moto roja de Bella que había permanecido oculta en mi garaje. Por
eso le había contado a Charlie que su hija y yo las habíamos usado muchas veces desde que
las había arreglado a escondidas. Para que le prohibiera estar con aquel parásito. Para que
todo volviera a ser como antes, cuando él la había dejado hace ya más de medio año y yo lo
era todo para ella.
Al salir de casa del jefe Swan, me decidí a esperarla. Ya no podía más. Debía hablar con la
sucia garrapata y advertirle de que si se atrevía a morderla, Sam y los demás iríamos a por el.
Crucé el patio de la casa y me adentré un poco en el bosque. El vampiro sabría que yo estaba
allí y yo también notaría su presencia enseguida, porque apuesto a que olería igual de mal
que el vampiro de pelo negro que matamos en el claro. El tal Laurent.
Los pasos apresurados de Bella me indicaron que venía en mi dirección, pero aún no llegaba.
-Déjame que le atice una vez, sólo una, y luego ya veré cómo me las apaño con Charlie-
repuso Bella. Podía imaginármela haciendo un mohín de disgusto.
-Jacob Black quiere verme a mi-dijo el vampiro. Maldito sea, leía la mente de verdad. Bufé
molesto.
-Más o menos...-no sé que pasaba en este momento, pero continuó hablando unos segundos
después-no te preocupes, no ha venido aquí para luchar conmigo, sino en calidad
de...portavoz de la manada.
Al poco tiempo, los tuve frente a mi. El vampiro iba delante de Bella, por si acaso se me
ocurría atacarla o algo. Imbécil. Se giró hacia ella para que se quedase a su espalda dándole
una muda advertencia y se acercó a mi un poco más con pasos precavidos. Yo no podía dejar
de mirarla. Parecía haberse relajado, y todo por unas pocas palabras suyas. Maldito.
-¿Por qué?-susurró ella dolida-¿cómo has podido hacerme esto Jacob?-se refería a lo que le
había contado a Charlie. Yo había acertado.
-Ha sido por tu bien-dije sin titubeos. Lo creía enserio, aunque también una parte de mi quería
que su padre la alejara de aquel horrible ser.
-¿Quieres que Charlie me estrangule?, no importa lo furioso que estés conmigo. No deberías
haber hecho eso Jacob.
-No ha pretendido herir a nadie...sólo quería que no pudieras salir de casa para que no
estuvieras conmigo-dijo el vampiro con un deje divertido en la voz. Se había metido en mi
mente de nuevo. Le miré a los ojos con furia, dispuesto a soltarle un par de cosas a la cara,
pero no pude.
Me inundó una oleada de calor, muy intenso, pero que no quemaba. Un destello.
Todo se vino al traste en mi interior cuando contemplé fijamente los ojos dorados de aquella
criatura. Pude contemplar la perfección de su rostro de porcelana. Lo agradable de su aroma
como a miel y a lilas y el brillo casi divino de su piel. Vi cortadas de un único y veloz tajo todas
las cuerdas que me ataban a mi existencia, y con la misma facilidad que si fueran cordeles de
un matojo de globos. Todo lo que me había hecho ser como era; mi amor por Bella, mi amor
por mi padre, mi lealtad hacia mi manada, el amor hacia mis hermanos, el odio hacia mis
enemigos, mi casa, mi vida, mi cuerpo, desconectado en ese instante de mí mismo. Se cortó y
salió volando hacia el espacio.
Pero yo no flotaba a la deriva. Un nuevo cordel me ataba a mi posición. Y no solo uno, sino un
millón, y no eran cordeles, sino cables de acero. Sí, un millón de cables de acero me fijaban al
mismísimo centro del universo. Y podía ver perfectamente cómo el mundo entero giraba en
torno a ese punto. Hasta el momento, nunca jamás había visto la simetría del cosmos, pero
ahora me parecía evidente. La gravedad de la Tierra ya no me ataba al suelo que pisaba. Lo
que ahora hacía que tuviera los pies en el suelo era el hombre que estaba frente a mis ojos.
Edward Cullen.
Dejé de respirar durante lo que me parecieron minutos. Las palabras de Sam no se me iban
de la cabeza, las que me dijo cuando me explicó lo que era la imprimación tiempo atrás. Todo
cierto, palabra por palabra. Va más allá del amor a primera vista. Me parecía tener al líder de
mi manada justo a mi lado susurrándome al oído aquello que yo no era capaz ni de imaginar
hasta ese instante y que él había experimentado con Emily.
Cuando tú la ves, ya no es la tierra quien te sostiene, sino ella, que pasa a ser lo único que te
importa. Harías y serías cualquier cosa por ella, te convertirías en lo que ella necesitara, ya
sea su protector, su amante, su amigo o su hermano.
Cuando pude salir por fin del profundo pozo ámbar en el que me encontraba, fui consciente de
la situación. Él me miraba con cara de espanto y los ojos abiertos como platos. Estaba
paralizado, como yo. Me ha leído la mente. Lo sabe.
Me estremecí y di un par de bocanadas vacías, como pez fuera del agua. No sabía qué decir,
pero Bella continuaba hablándome.
Edward pareció dejar de alucinar también y la miró-creía que yo era quien te lo impedía, no
Charlie- le aclaró y volvió a mirarme. El corazón me dio un vuelco e incluso mi cuerpo se
tensó. Me dirigió la palabra-quiero decirte algo-su voz parecía de terciopelo. De esas voces
que podrías estar oyendo hasta el fin de los días sin cansarte-gracias-eso me descolocó-
jamás seré capaz de agradecértelo lo suficiente. Estaré en deuda contigo el resto de
mi...existencia. Gracias por proteger a Bella, cuando yo...no lo hice-así que se trataba de eso.
-Edward...-ella se le acercó y se le enganchó del brazo. Parecía conmovida con sus palabras y
probablemente ese gesto era por eso, pero a mi me sentó como si una bola ardiendo se
hubiera deslizado desde mi tráquea a mi estómago. Apreté los dientes y los puños en un
intento por controlarme y no entrar en fase allí mismo. Le estaba tocando. Tocaba algo que
ahora mismo sentía como mío.
Un hervidero de pensamientos asaltaron mi cerebro. Ella era su novia. ¿Por qué habían
desaparecido mis sentimientos por ella tan rápidamente?, como si nunca hubieran existido.
¿Por qué había creído que la quería?, cuando evidentemente, no era así. Ahora la odiaba. La
aborrecía. Ella le tenía. Era suyo. Le besaría. Le olería. Le tocaría. Haría todo lo que yo ni de
lejos podría llegar a hacer. Abrí y cerré las manos de forma compulsiva intentando controlar
los temblores que me azotaban.
-¿Hay algo más que necesites, Jacob?-la irritante voz de Bella me taladró el cerebro. Seguro
que se había dado cuenta de que yo llevaba en silencio demasiado tiempo-¿deseabas
meterme en problemas?, misión cumplida. Charlie quizás me mande a un internado militar,
pero eso no me alejará de Edward- rechiné los dientes. Si no se callaba le arrancaría la
cabeza de un mordisco-nada lo conseguirá. ¿Qué más quieres?
-Dile para qué has venido Jacob- la voz de Edward hizo que me calmara. Pero aún así tuve
que tomar aire para poder hablar, aunque no sabía si podría emitir sonido alguno.
-No los hemos olvidado-dijo el. Esquivaba mi mirada. No la centraba en Bella, pero tampoco
en mi, sino en algún lugar más allá de la espesura del bosque.
-El tratado...-tragué, porque sentía que me faltaba el aire-el tratado es bastante específico. La
tregua se acaba si cualquier Cullen muerde a un humano. Morder, no matar-ahora si le miré a
los ojos del color del topacio. ¿Qué pasaría ahora?, Edward quedaba fuera del tratado. Me
había imprimado de él y ahora no podían hacerle daño alguno. Ahora mi destino y el suyo
estaban ligados. Ahora yo viviría por él, y él por Bella.
-Eso no es asunto tuyo-repuso ella mirándome con odio. El mismo odio que yo le clavé como
aguijones al girar el rostro en su dirección. Y apretó más su cuerpo contra el de Edward.
De repente, estallé. Todo mi cuerpo convulsionaba. Llevé mis puños a mis sienes, presioné
con fuerza y cerré los ojos. Tuve que doblarme sobre mi mismo para controlar mis espasmos.
-Ten cuidado, ha perdido el control-dijo Edward apartándola algunos pasos y dejándola aún
más a su espalda.
No quería entrar en fase. No quería hacerlo en ese momento, Debía controlarme. Si le hacía
daño a Bella, Edward no me lo perdonaría y eso era algo que yo no soportaría. Tras varias
respiraciones profundas e intentar dejar la mente en blanco, conseguí tranquilizarme lo
suficiente, aunque los brazos me seguían temblando levemente.
-¡Arg!-exclamé todavía algo aturdido-yo nunca te haría daño-mis palabras iban dirigidas hacia
Edward, pero noté en la mirada de Bella cierta gratitud que no deseaba.
-¡Bella!-la voz de Charlie se coló entre los árboles. Procedía de la casa, pero estaba tan
enfadado que ni aún siendo licántropo habría tenido dificultades en oírla-¡entra ahora
mismo!¡veo el coche de Edward y sé que estás ahí fuera!¡si no entras en casa en un minuto...!
-Mierda...-dijo ella con mala cara. Miró a Edward, claramente para que la acompañara.
-Ahora voy Bella-él le besó en la coronilla antes de que desapareciera por la arboleda. Yo tuve
que apartar la mirada porque aquella muestra de cariño era más de lo que podía soportar en
ese momento- Jacob- sentí que mi corazón se estremecía ante la sola pronunciación de mi
nombre por sus labios. Obviamente, volví la vista hacia su persona-no hemos encontrado
rastro alguno de Victoria a nuestro lado de la línea, ¿y vosotros?
Me sentí algo decepcionado. Pensé que al estar a solas, me hablaría de lo que ambos
sabíamos que acababa de pasar hacía solo unos minutos-la última vez fue cuando Bella
estuvo fuera...-hice una mueca de desagrado al pronunciar ese nombre y noté que él se dio
cuenta-le dejamos creer que había conseguido infiltrarse para estrechar el cerco, y estábamos
preparados para emboscarla...pero entonces salió disparada. Por lo que nosotros creemos,
captó tu olor y eso la sacó del apuro. No ha aparecido en nuestras tierras desde entonces.
-Cuando ella regrese, no es ya problema vuestro-se giró para marcharse. Para seguirla.
-Déjalo Jacob- dijo sin mirarme si quiera y con voz seria-ambos sabemos que eso no puede
ser-se esfumó en cuestión de medio segundo y me quedé allí solo.
POV. Edward
-Flashback-
Habían pasado semanas desde que Bella y yo volvimos de Volterra sin mayores incidentes.
Por fortuna, ella había llegado a tiempo antes de que yo me mostrase públicamente
descubriendo el secreto de nuestra naturaleza al mundo y los Vulturis no tuvieron que
intervenir en nada puesto que las cosas seguían en calma. Agradecí que Bella no tuviera que
vérselas con el aquelarre antes de abandonar Italia y ahora las cosas iban la mar de bien.
Salvo por el castigo, por otro lado merecido, de Charlie hacia su hija, era genial que su querido
amigo Jacob no anduviera por los alrededores y que todo volviera a ser relativamente como
antes.
Carlisle volvió al hospital y le recibieron con los brazos abiertos. Esme estaba encantada de
estar en casa de nuevo. Alice y yo no teníamos preocupaciones. Pudimos volver al instituto sin
problemas y lo que yo quería ahora era conseguir que Bella entrase en una buena
universidad, aún si tuviera que sobornar a algunas personas para lograrlo. La ayudaría a
estudiar, porque para mi serían como unas vacaciones, juntos.
Era un día como otro cualquiera y Bella y yo estábamos en mi coche. La llevaba a su casa
antes de las nueve, que era el toque de queda de Charlie, por lo que como buen caballero que
quiere ganarse al padre de su novia, la llevaba una hora antes. Al fin y al cabo, esa misma
noche estaría con ella en su dormitorio a expensas de el.
No dejaba de llover y escuchaba como Bella no cesaba en quejas sobre Jacob. Era
consciente de que le llamaba en cuanto salía por la puerta y yo se lo agradecía. Odiaba a ese
chico y todo lo relacionado con el.
-Billy me dijo que él no quería hablar conmigo-parecía realmente molesta-¡que estaba allí y
que no estaba dispuesto a dar tres pasos para ponerse al teléfono!. Normalmente Billy se
limita a decir que está fuera, ocupado, durmiendo o algo por el estilo. Quiero decir, no es como
si yo supiera que me miente, pero al menos era una forma educada de manejar la situación.
Sospecho que ahora Billy también me odia. ¡No es justo!-a veces parecía una niña pequeña.
Era divertido y sonreí.
-No es por ti Bella, a ti nadie te odia-tranquilicé- Jacob sabe que hemos vuelto y estoy seguro
de que tiene claro que estoy contigo. No se acercará a donde yo esté. La enemistad está
profundamente arraigada.
-Aún así. Hay muchas razones para mantener las distancias. Yo me siento capaz de
controlarme Bella, pero dudo que él lo consiga. Es muy joven. Lo más probable es que un
encuentro degenerase en lucha.
La pregunta me pilló por sorpresa y por primera vez en mi vida, casi di un volantazo.
-Así no habría toque de queda, así no habrían despedidas, que aunque cortas, son
dolorosas...-continuó ella.
-Bella...creo que ahora tienes algunos problemas más que el toque de queda-dije. Los
furibundos pensamientos de Charlie me llegaban ya a la mente. Conduje calle abajo, pasé de
largo la casa y aparqué junto al confín del bosque.
Ella parecía asustada de pronto-¿qué he hecho ahora?-la vi mirar por la ventanilla siguiendo el
camino que le marcaban mis ojos y se dio cuenta de que la moto de llamativo color escarlata
estaba allí estacionada, cerca del coche patrulla-¡no!-jadeó, pero a los pocos segundos se
recompuso y empezó a mirar en todas direcciones-¿está todavía por aquí?
-Si. Nos está esperando allí-el claro olor del licántropo me llegaba a través del camino
estrecho que dividía en dos la franja oscura de árboles.
Bella se bajó con rapidez y empezó a andar a grandes zancadas. La tuve que seguir y
detenerla. Lo que no me costó nada.
-Déjame que le atice una vez, sólo una, y luego ya veré cómo me las apaño con Charlie- me
suplicó y seguía luchando para zafarse de mi agarre.
-Más o menos...-tranquilicé. Le dediqué una leve sonrisa y le aparte con cariño el pelo de la
cara-no te preocupes, no ha venido aquí para luchar conmigo, sino en calidad de...portavoz de
la manada.
Me puse delante de ella y la guié hasta que llegamos al lugar donde Jacob se
encontraba. Guau, el olor a lobo era intenso en el. Y sus pensamientos hacia mí eran muy
hostiles. De no estar Bella allí, ya se habría transformado buscando pelea. Por fortuna parecía
tener un ligero control, pero aún así, la cubrí un poco detrás de mi.
-Bella...-escuché que dijo. Había mucho dolor en esa voz. En cierta forma, me daba pena. Él
amaba a Bella, pero ella me había escogido a mi.
-Ha sido por tu bien-mentiroso. Lo había hecho para que Charlie la apartase por completo de
mi. Que iluso, como si el padre de Bella pudiera conseguir algo como eso.
-¿Quieres que Charlie me estrangule?, no importa lo furioso que estés conmigo. No deberías
haber hecho eso Jacob.
-No ha pretendido herir a nadie...sólo quería que no pudieras salir de casa para que no
estuvieras conmigo-dije. Noté un ligero bufido de su parte y no pude evitar mirarle con
detenimiento. Me sorprendí. Le recordaba de la noche del baile de fin de curso. Ahora era
incluso más alto que yo, tal vez media cabeza. Su cuerpo era más musculoso aún que
entonces, su rostro había madurado y el largo cabello oscuro que recogía en una coleta, ahora
estaba corto.
Pero no tuve demasiado tiempo para asimilar los cambios físicos, porque en su interior,
comenzó a desatarse otro tipo de cambio. Miles de pensamientos se arremolinaron en su
mente tan intensos que quedé algo desconcertado. Él ni parpadeaba y esos ojos oscuros no
se apartaban de mi.
No necesitaba el poder de Jasper para sentir sus emociones, porque las veía claramente en
su cabeza. Parecía contrariado, pero a la vez aliviado. Era desconcertante.
No pasó mucho para que se diera cuenta de que yo ya sabía todo y se asustó.
-¡Ay, Jake!¡estoy castigada!¿por qué crees que no he ido a La Push para patearte el culo por
no ponerte al teléfono?-Bella nos sacó de aquel estado de confusión a ambos y pude mirarla.
-Creía que yo era quien te lo impedía, no Charlie- volví a mirar a Jacob y noté como se puso
tenso, pero no podía abordar el tema. Bella estaba delante. La persona que yo quería estaba
a mi lado y lo que acababa de ocurrir no debía tener importancia para mi-quiero decirte algo-
pensó algo agradable sobre mi voz, pero yo seguí hablando pasándolo por alto-gracias, jamás
seré capaz de agradecértelo lo suficiente. Estaré en deuda contigo el resto de mi...existencia.
Gracias por proteger a Bella, cuando yo...no lo hice-pude ver la decepción en su rostro.
-Edward...-Bella se me acercó y me cogió del brazo. Eso era peligroso, pero no podía
apartarla sin explicación alguna. El cuerpo de Jacob subió levemente de temperatura. Me era
posible sentirlo a través del aire que nos rodeaba. Cubrí algo más a Bella por si acaso. En su
mente no dejaba de repetir que yo era suyo y eso era un problema.
-Jacob...-tuve que decir. Los temblores de su cuerpo cada vez iban a más y comenzaba a
preocuparme enserio.
-¿Hay algo más que necesites, Jacob?-le preguntó Bella-¿deseabas meterme en problemas?,
misión cumplida. Charlie quizás me mande a un internado militar, pero eso no me alejará de
Edward- rechinó los dientes. Las cosas se pondrían muy feas si continuábamos allí-nada lo
conseguirá. ¿Qué más quieres?
-Dile para qué has venido Jacob- apremié. Quería irme cuanto antes. No tenía ganas de
pelearme con el. No sabía lo que podía ocurrir dadas las circunstancias.
-Sólo...sólo quería recordaros...-me miró y noté como evitaba mirarme a los ojos. Se lo
agradecí interiormente, porque me había dejado algo turbado-unos cuantos puntos clave del
tratado.
-El tratado...-se le notaba en extremo nervioso, pero confiaba que de eso solo me diera cuenta
yo-el tratado es bastante específico. La tregua se acaba si cualquier Cullen muerde a un
humano. Morder, no matar-nuestros ojos se encontraron. Tenía razón. Si eso de la
imprimación era cierto...¿qué pasaba con el tratado?
Y ese pareció ser su límite. Se revolvió. Intentaba controlarse, pero le era difícil. Cubrí un poco
más a Bella, pero ella se preocupó por su amigo.
-¿Jake?¿estás bien?
-Ten cuidado, ha perdido el control-tuve que decirle para que se quedara atrás de mi.
Era asombroso ver como se debatía interiormente y como conseguía serenarse. Los
licántropos eran sorprendentes. O tal vez solo lo era Jacob Black.
-Ahora voy Bella-le besé en la coronilla y me arrepentí al segundo. No debía hacer aquellas
cosas delante de Jacob. Era como dibujar una diana sobre mi novia. Cuando la sentí lo
bastante lejos como para escucharnos, volví a hablarle- Jacob- noté su entusiasmo en cuanto
le nombré y me sentí culpable-no hemos encontrado rastro alguno de Victoria a nuestro lado
de la línea, ¿y vosotros?
-La ultima vez fue cuando Bella estuvo fuera...le dejamos creer que había conseguido
infiltrarse para estrechar el cerco, y estábamos preparados para emboscarla...pero entonces
salió disparada. Por lo que nosotros creemos, captó tu olor y eso la sacó del apuro. No ha
aparecido en nuestras tierras desde entonces.
-Cuando ella regrese, no es ya problema vuestro-di por terminada la charla. Si seguía allí, él
esperaría oír otras palabras.
-Edward...
-Déjalo Jacob- no podía mirarle. ¿Qué iba a decirle?¿que aquello era una fantasía?¿qué no
iba a corresponderle jamás?-ambos sabemos que eso no puede ser-fue lo que me salió antes
de irme.
No tardó mucho en entrar en fase y echar a correr a través del bosque con un intenso dolor en
el alma.
POV. Jacob
En cuanto entré en fase, ya mi imprimación había dejado de ser un secreto para convertirse
en un insistente eco que no dejaba de resonar en las mentes de todos los miembros de la
manada.
-¿Edward Cullen?-a Paul en cambio, se le notaba divertido, seguramente porque eso le daba
más baza para meterse conmigo.
-A mi casa-fue lo único que se dignó a decirme. Era una orden del Alfa y debía obedecerla.
Entré con miedo en su casa. Emily, como siempre que yo iba, estaba alrededor de los
fogones. Sam la saludó afectuosamente y me hizo una seña para que me sentara en una silla
alrededor de la mesa. Él ocupó otra y comencé a sentir como el tiempo pasaba muy despacio.
Sam se mostró muy serio, como si le hubieran planteado un difícil problema de matemáticas y
no encontrase la forma de resolverlo. Me miraba de soslayo. Primero a mi, luego a la mesa, a
sus manos inquietas, a la puerta, a Emily. Así una y otra vez hasta que pudo dirigirme la
palabra.
-Edward Cullen- secundé. Por alguna razón, me ruboricé. Su rostro no se me iba de la cabeza
y me provocaba esa reacción.
-Es un vampiro, Jacob- a pesar de haber dicho mi nombre en la frase, parecía que se lo decía
a si mismo. Para poder creérselo-esto no había pasado jamás...al menos que yo sepa. No
tiene sentido.
-Obviamente que te gusta. Ahora es tu mundo entero Jacob...-miró a Emily, pero enseguida
volvió conmigo-escucha...para mí, la imprimación significa supervivencia-no pude evitar una
mueca de extrañeza-supervivencia de la especie. Nos sentimos atraídos por aquella persona
con mayores posibilidades de transmitir nuestro gen de la licantropía, pero en tu caso...
Caí en la cuenta y lo pronuncié en voz alta-yo nunca podría tener descendencia con Edward.
-Eso es-parecía complacido de ver que yo lo había entendido a la primera-al menos esa es mi
teoría, por eso no lo entiendo. Aunque está claro que es lo que ha pasado. No cabe duda de
que ese Cullen es ahora tu imprimación por lo que hemos visto. Y espero que comprendas
Jacob que debo hablarlo con el consejo-oh, no, Billy- es algo de lo que no tengo conocimiento
y no sé lo que debamos hacer ni cómo actuar. Obviamente, le trataremos como a Emily, pero
existe un tratado con esos vampiros que ahora no sé que valor pueda tener.
-Entiendo-¿qué otra cosa podía decir?. Lo bueno era que ahora la manada no podía odiar a
Edward. No podrían hacerle daño, porque eso implicaba hacérmelo a mi. Era genial pensar
que en caso de estar en peligro, mis hermanos y yo acudiríamos en su ayuda. Que yo estaría
a su lado para evitar cualquier cosa que pudiera pasarle.
-¿Cómo te encuentras Jacob?-su rostro se había relajado y parecía más cómodo en la silla.
-Me refiero...estás aquí...y vas a necesitar de su compañía. Puede que ahora estés bien o eso
te lo parezca, pero no podrás pasar demasiado tiempo alejado de el. Y luego está...lo de Bella.
-Ten cuidado Jake, podrías hacerle daño. No te acerques a ella, evítala en la medida de lo
posible.
-No. Eso es...esa sensación la tendrás hasta que tu imprimación sea tuya completamente. En
tu caso ya hay amor y deseo, por lo que la sensación es mas urgente dado que ambos sois
adultos. La notarás hasta que seáis uno.
¿Acostarme con Edward?, si ni siquiera podría llegar a besar sus labios como para pretender
llegar a algo más. Aquello empezaba a ser más deprimente por momentos. Sam pareció notar
mi repentina ansiedad, se puso en pie y me palmeó el hombro.
No le creí.
POV. Edward
Tras el incidente con la moto, Charlie se había enfadado más si cabe con Bella y le había
castigado más duramente que antes. Durante más tiempo y con menos horas de visita por mi
parte. Así que hasta que no llegara la noche, me pasaba los días en mi casa tras salir del
instituto.
Pero la rutina diaria se vio afectada por un suceso del que no me habría dado cuenta de no
ser por Emmett.
Una tarde le vi asomado a una de las ventanas del segundo piso. Con la mirada fija en algún
punto del bosque, el rostro serio y los brazos cruzados. Y no le di importancia hasta que no vi
que al día siguiente estaba haciendo exactamente lo mismo. Así que me acerqué a el. Por lo
general no me gustaba leer la mente de mi familia, salvo la de Alice por si se trataba de una
visión. Y la de Emmett era la que menos me agradaba. Pensaba demasiadas cosas
relacionadas con Rosalie que yo no soportaba conocer.
En cuanto fijé mi vista en lo que Emmett estaba viendo, no pude evitar sorprenderme.
Jacob Black.
Plantado en medio del terreno que rodeaba nuestra casa. A varios metros. No miraba hacia la
vivienda, sino que permanecía con los ojos cerrados. Como si estuviera meditando. Vestía con
unos pantalones hasta las rodillas y llevaba el torso al descubierto, dejando expuesta esa piel
morena rojiza.
-¿Te puedes creer que es el tercer día que ese chucho viene?-la voz de mi hermano me sacó
de mis pensamientos-se pega horas ahí fuera. Quieto. Con los ojos cerrados.
-Me parece increíble-pude sentir la molestia en la voz de Emmett- nosotros no podemos pisar
su territorio, pero ese perro viene aquí como si nada.
-Voy a hablar con él-dije y me aparté. Bajé las escaleras con furia contenida, pero fui capaz de
escuchar las voces de mis hermanos en el piso superior.
Salí de la casa intentando andar como lo haría cualquier persona normal. Debía relajarme o
acabaría cometiendo asesinato. Aún así, daba zancadas para llegar cuanto antes a
recriminarle su presencia a nuestro lado de la línea. Lo que me faltaba encima. Acoso.
-¡Jacob!-él dio un respingo y abrió los ojos de par en par. Siguió paralizado en su sitio, pero
parecía que quería echarse a correr sin saber muy bien en qué dirección.
POV. Jacob
Supuse que Edward había salido de la casa, quizás para coger el coche o incluso para ir de
caza, porque escuché que la puerta se había abierto y el aire hizo que su aroma me inundase
los pulmones. No pude evitar sonreír satisfecho porque ese era el consuelo que yo estaba
buscando. Pero todo se convirtió en pánico cuando oí salir mi nombre de su boca, demasiado
cerca.
-¡Jacob!-abrí los párpados y lo vi a pocos metros de mi. Se acercaba. El olor era cada vez más
y más intenso, pero la sonrisa se había desvanecido de mis labios-¡lárgate!-me instó. En un
momento ya estaba a unos escasos centímetros.
-Yo...
-¡Lárgate Jacob!-parecía furioso de verdad y con una de sus manos me señalaba el bosque a
mis espaldas.
-No puedo-dije. En realidad si podía hacerlo. Podía dar media vuelta y volver por donde había
venido, pero no quería hacerlo. Quería seguir allí. Quería quedarme. Además, tarde o
temprano tendría que regresar aquí.
-Yo quiero...-de repente, una de sus manos estaba rodeando mi cuello. Su piel era tan fría,
que al contacto con la mía hacía que sintiera corrientes eléctricas recorrer por cada uno de
mis poros y no eran para nada desagradables. Apretaba con fuerza, pero no para matarme,
sino para advertirme. Ni parpadeaba, aunque supuse que los vampiros no necesitaban
hacerlo-...quedarme.
-No me pidas eso...por favor...-eso pareció descolocarle, tal vez porque era una súplica en
toda regla.
-Podría matarte-me aclaró sin rodeos-podría acabar con tu vida aquí mismo y estaría en mi
derecho porque es nuestro territorio. Podrías ser una amenaza para mi y mi familia.
-Eso es una estupidez-sonrió como cansado y su furia parecía haberse disipado-¿por qué
estás aquí?
Me daba vergüenza. No sería capaz de decirlo en voz alta porque sonaría como colegiala
enamorada y con él tenía una ventaja.
-Necesitaba estar cerca de ti. Oler tu aroma aunque fuera. A esta distancia me llegaba
sutilmente y era lo bastante lejos de tu casa como para que no os molestara. Necesitaba sentir
tu presencia.
POV. Edward
No sé por qué hice lo que hice. No sé si fueron sus palabras o su reacción ante mi
comportamiento. No sé qué demonios estaba haciendo, pero cuando quise percatarme, mis
manos estaban actuando por su cuenta. Si quería que se fuera, aquella era una forma y mi
subconsciente debió de haberlo sabido.
Los ojos de Jacob parecían a punto de salírsele de las cuencas. Había enmudecido e incluso
sentí como dejaba de respirar. Pero supongo que lo inesperado de mi acción no era para
menos.
El chico estaba absorto. Me miraba a los ojos y al pecho desnudo a intervalos irregulares.
Estaba ruborizado, pero dado el tono rojizo de su piel, era difícil de demostrar salvo que
escuchase sus pensamientos. Empezó a temblar, pero no para entrar en fase. Parecía
inseguro, así que hice un ademán con el brazo que sujetaba la prenda para verificar mis
palabras. No había oído mal, se la estaba dando.
Titubeante, la cogió.
-No entiendo...-la sujetó con las yemas de dos dedos, como si temiera tocarla demasiado y
romperla con sus grandes manos.
-Si. Vete.
Contempló la camisa en sus manos, algo incrédulo aún. Asintió con la cabeza, volvió a mirar
mi torso descubierto y echó a correr.
Fue un alivio descubrir que aunque las horas pasaran, Jacob no volvería ese día. Jasper y
Emmett zanjaron su apuesta, y el primero había tenido que pagarle al otro porque había
perdido. El licántropo se había marchado y esperaba que por bastantes días.
Al día siguiente llegó el sábado y Alice, Esme y yo decidimos salir de caza. Si iba temprano,
podría aprovechar después para ir a casa de Bella. Charlie solía ir a pescar los fines de
semana y la dejaba sola casi todo el día, lo cual era bueno para nosotros. Y como siempre,
fuimos muy rápidos y llegamos a casa antes del mediodía, pero, por extraño que pareciera,
teníamos visita.
Un desconocido, para mi, Ford negro desvencijado estaba aparcado enfrente de la entrada.
Olía demasiado a lobo y me temí lo peor. Olía a Jacob y a algunos más que no era capaz de
distinguir.
-Oh, Edward- Carlisle era el que les había recibido y hablaba con ellos. Me di cuenta de que
me estaban esperando porque se habían quedado en súbito silencio.
-Te presento a Billy Black, al señor Quil Ateara- era el más anciano, tenía un aspecto frágil y el
cabello blanco- Sue Clearwater- la única mujer- y Sam Uley- el más joven y el que me
analizaba a cada segundo. El líder de la manada-son los miembros del consejo de la tribu
Quileute- Carlisle sonreía, sentía una gran curiosidad de por qué esas cuatro personas
estaban en nuestra casa y entonces comprendí que no le habían contado nada hasta que yo
no aparecí. Pero no tuve que pensar demasiado para saber lo que querían.
-Edward, puede llamarme Edward- dije a la mujer que parecía nerviosa de pronto. Era la que
menos me miraba. El anciano, por el contrario, era el que más curiosidad sentía hacia mi.
-Hemos venido por Jacob- dijo Billy harto de titubeos innecesarios. Estaba claro que conocía
mis cualidades psíquicas y aquello era una pérdida de tiempo.
-Por la imprimación-dije. Si había que ir al grano, no sería yo quien me fuera por la tangente.
Escuché una inevitable exclamación de sorpresa por parte de Alice desde la cocina.
-Entiende que es algo que nunca ha pasado, Edward. Nunca ha habido ningún miembro de
nuestra tribu e inclusive de ninguna otra que haya imprimado en un vampiro-siguió Billy,
dejando claro que era el jefe y portavoz de aquel grupo.
-Debíamos venir para hablar del tratado-continuó el anciano de cabellos blancos-esto cambia
las cosas señor Cullen- dijo severo. Me escudriñaba con la mirada, pero como un niño que
recibe un juguete nuevo y quiere averiguar cómo funciona, no con odio o desprecio.
-Hemos estado hablando. Sabemos que vuestra familia es distinta a las otras y hasta este
momento nunca nos han demostrado lo contrario- Billy recuperó su turno-pero nuestra tribu
tiene sus leyendas, los temores no se pueden quitar de un día para otro, ni podemos cambiar
las ideas inculcadas. Forman parte de lo que somos y lo respetamos-se expresaba como todo
un líder-pero haremos una excepción contigo Edward Cullen.
-Te dejaremos cruzar nuestras tierras-aclaró Sam al ver mi cara de desconcierto- podrás ir a la
reserva. Nadie te hará daño, nadie te lo impedirá. Desde el día en que Jacob
imprimó...pasaste a formar parte de los nuestros. Serás bienvenido.
Resultaba difícil creer que ese hombre estuviera pronunciando aquellas palabras, incluso él
parecía turbado por ello.
-No se me ha perdido nada allí. No os preocupéis-no medí mis palabras y el rostro de Billy se
descompuso-lo lamento-le dije-pero yo no quiero a Jacob. No siento lo mismo y nunca lo
sentiré.
-¿Me están diciendo que tendré que soportar la presencia de Jacob como mi sombra durante
el resto de mi existencia?¿tengo que recordaros que quiero a Bella Swan y ahora Jacob le
mira como si fuera la persona que más odia sobre la faz de la tierra?¿están al tanto de todo lo
que he tenido y que tengo que pasar para mantenerla a salvo como para ahora tener que
ocuparme de algo más?
-El problema está...-Sam se puso nervioso-en que Jacob, al tener alma de Alfa...-eso tocaba
un tema personal y saltaba a la vista-te considera suyo. Para él, para el lobo que hay en el, ha
encontrado lo que le completa. Ha encontrado algo difícil de hallar, algo que algunos no
encuentran jamás. No va a rendirse. Un Alfa necesita a su imprimación más que nadie para
sentirse lleno. Pleno. No será feliz hasta que estés con el.
Aquello era inaudito. Podía escuchar en mi cabeza los incesantes por favor que rondaban la
mente de Billy. Quería a su hijo y no podía culparle por ello. Pero ya no me sentía con ánimo
de seguir esa conversación y ellos parecieron notarlo, por lo que se marcharon.
Les acompañé a todos a la puerta y salieron, salvo Sam, que se giró para hablarme una vez
más.
-¿Disculpa?
Continuará...
3Puro chantaje
POV. Edward
-Si te pido que hagas algo, ¿confiarás en mi?-pregunté a Bella en el coche mientras la llevaba
al instituto el lunes a primera hora.
-Quiero que te quedes en el coche-pedí-quiero que esperes aquí hasta que regrese a por ti.
-Pero, ¿por qué?-en cuanto miró por el parabrisas, supe que lo había visto. Allí parado, junto a
su moto negra aparcada sobre la acera. Sobresalía por encima de los demás rostros pálidos.
Vestía una ajustada camiseta negra de manga corta, aunque el día fuera en apariencia frío y
unos vaqueros rasgados y manchados de grasa. Mostraba una actitud tranquila, pero yo sabía
lo que se cocía en su mente. Quería venganza. Venganza por haberme marchado el fin de
semana sin decirle ni una palabra. Por haber puesto tantos kilómetros de distancia entre él y
yo. Sabía que había vuelto a rondar por mi casa dado que Emmett me había puesto al tanto.
Pero nunca creí que fuera capaz de llegar a una cosa así-no me voy a quedar en el coche-dijo
Bella en sus trece, cabezota como era.
El rostro de Jacob se endureció en cuanto Bella y yo nos bajamos del coche y ella unió su
mano con la mía. Y para colmo, los estudiantes de alrededor parecían haberse percatado de
que algo raro sucedía. Aquel chico no era un alumno más y tenía pinta de problemático.
Cuando nos acercamos lo suficiente a el, puse a Bella a mi espalda, como había hecho en
bosque. No podía pasar por alto sus pensamientos hostiles hacia ella.
-Lo siento-dijo el, aunque sabía perfectamente que aquello era una mentira como una casa-no
estaba seguro de que hubieseis vuelto de Florida- embustero.
-Podríamos hablar en otro momento. Las clases van a empezar.
-¿Por qué no ahora?-iba a acercarse, pero la mirada que le lancé se lo impidió-será rápido.
-¿No se lo has dicho a ella?-la sonrisa de Jacob se ensanchó. Era buen actor desde luego.
-¿Qué es lo que no sé Edward?-ahora la que empezaba a molestarse era Bella. Justo lo que
aquel insoportable perro había venido a provocar. Una pelea entre los dos. Yo no podía dejar
de mirar a Jacob con la mandíbula apretada de la rabia-¿Jake?
-¿No te ha dicho que ese...hermano gigante que tiene cruzó la línea el sábado por la noche?-
había sarcasmo en sus palabras- Paul estaba totalmente en su derecho de...
-¡Era tierra de nadie!-interrumpí. Tuve que cerrar los puños y respirar hondo un par de veces
para no partirle la cara allí mismo.
-Sabes que tu hermano no tiene permitido entrar en la reserva. Él no-aclaró con media sonrisa
asomándole en los labios.
-¿Emmett y Paul?-Bella estaba llevando a cabo sus propias cavilaciones-¿qué pasó?¿es que
se han enfrentado?¿por qué?¿está herido Paul?
-No le has contado nada en absoluto, ¿a que no?-Jacob ahora sonreía triunfante. Objetivo
conseguido, pensó fugazmente.
-Vete ya-espeté.
Le miré en silencio. Deseaba que tuviera el mismo don que yo para poder decirle todo lo que
pensaba sin tener que abrir la boca, pero por mi actitud, tenía que saber perfectamente que
había metido la pata. Estaba convencido de que la furia llameaba en mis ojos. Estábamos en
silencio y podía escuchar a los estudiantes de alrededor. Hacían apuestas entre ellos a ver
quién ganaría a quién en una pelea entre Jacob y yo. Alucinante. Había quienes tenían la
desfachatez de apostar por él.
-Ella ha vuelto a por mi-el resuello de Bella me hizo salir del estado en el que me encontraba.
Se había dado cuenta ella sola de lo que ocurría. Siempre tan intuitiva.
Le acaricié la espalda a modo de consuelo, ignorando el paso hacia adelante que había dado
Jacob- no pasa nada-le dije-nunca dejaré que se te acerque, no pasa nada. ¿Contesta esto a
tu pregunta chucho?-le cuestioné a regañadientes.
-¿No crees que Bella tiene derecho a saberlo?-seguía con lo mismo y me harté. Me aparté de
Bella y me acerqué a Jacob en un visto y no visto. Su abrasador aliento chocaba contra mi
rostro, así que yo apostaba a que el mío hacía lo mismo en el suyo. Se quedó estupefacto
cuando le cogí del cuello de la camisa evitando por todos los medios que mi desmedida fuerza
se la rasgara y quedara en evidencia frente al público.
-Ya basta Jacob- estábamos lo bastante cerca el uno del otro como para poder hablar en voz
baja y que él me escuchara, pero Bella no-déjate de juegos. Para. Ella no se va a enfadar
porque lo hice para protegerla. Déjalo de una vez.
-Con una condición...-habló con la misma intensidad que yo. Seguro que vistos desde fuera,
parecía que ambos íbamos a partirnos la cara a porrazos. Estando con Jacob comprendía por
qué Alice no era capaz de ver a los licántropos en sus visiones. Eran demasiado imprevisibles.
Criaturas capaces de pensar una cosa y al segundo otra diferente-pasa un día conmigo.
-Me lo debes-pronunciaba las palabras con una convicción tan poderosa que era difícil
rebatirle. No tienes idea de lo mal que lo pasé. Me sujetó del cuello del abrigo y me miró
fijamente, por si veía alguna reacción por mi parte que le indicara que le estaba oyendo. Casi
me vuelvo loco cuando supe que te habías marchado y yo sin poder seguirte. Sin saber si te
podía pasar algo. Bastante duro era saber que te ibas con ella, los dos solos. Me lo debes
Edward Cullen. Mi vida depende de la tuya. Dame tu día de mañana.
Asentí sin todavía despegar mis ojos de los suyos, y sin ser consciente aún de por qué le
seguía el juego. Aparté las manos de su camisa justo a tiempo de escuchar una voz a
nuestras espaldas. La del director Greene.
-Excelente. Creo que no conozco a su amigo-el director miró a Jacob y enseguida pensó que
era un tipo peligroso-¿es usted un estudiante del centro?
-No-él solo sonreía con suficiencia. Estaba pagado de si mismo. Había conseguido su objetivo
y además se estaba divirtiendo de lo lindo.
Sonreí ante la idea de Jacob en una celda. No duraría mucho allí. Seguro.
-Sí, señor-dijo. Hizo un absurdo saludo militar antes de montarse en su moto y puso pies en
polvorosa.
Y por todo eso...ahora estaba yo donde estaba. En la línea divisoria entre su territorio y el
nuestro. Habiendo hecho pellas en el instituto, sin haberle dado ninguna explicación a Bella y
dándole vueltas una y otra vez a la razón por la cual había aceptado esa insensatez.
Dame tu día de mañana. Bufé. Un día más, un día menos. Si Jacob me dejaba en paz durante
al menos una semana, le daría todos los días que quisiera.
POV. Jacob
Paul y Jared eran los que habían patrullado los alrededores de la reserva esa noche, así que
podía encontrármelos de un momento a otro, aunque esperaba que no se atrevieran a
acercarse a nosotros. No me costó demasiado dejar que Sam me diera el día libre, siempre y
cuando hiciese un turno doble cuando me volviera a tocar una ronda. Obviamente accedí en el
acto.
Y acerté.
Cuando llegué, mi vampiro andaba de un lado para otro con las manos a la espalda. Parecía
meditar, o, lo más probable, se estaba arrepintiendo de estar allí. En cuanto captó mi olor,
dirigió la vista hacia mi.
-Buenos días, Edward- no podía evitar que una amplia sonrisa ocupase mi rostro-¿por qué no
te acercas?-como yo sospechaba, no se fiaba de nosotros-no te pasará nada-le tendí la mano,
manteniéndome en nuestro lado a propósito.
Él soltó un gruñido apenas perceptible y dio varios pasos hacia mi, ignorando mi mano. Supe
que seguía sin fiarse del todo cuando detuvo sus andares y miró alrededor.
-Sígueme-solté. Si leía mi mente sabría que estábamos a salvo. Nadie se inventaba una
imprimación para llevarse a un vampiro a territorio enemigo. Al menos, yo no.
Quería que viera como era mi vida. Mi casa, mi familia. Quería que conociera todo de mi, para
que, con suerte, se sintiera mejor a mi lado e incluso pudiera llegar a sentir algo por mi. Sabía
que era imposible que se olvidase de Bella, pero tenía que intentarlo con todas mis fuerzas.
En silencio, terminamos yendo a la playa, porque me parecía un buen lugar por donde
empezar. Edward se notaba curioso. Miraba a todas partes y no daba muestras de estar
aburriéndose o molesto, así que eso me dio ánimos.
Caminábamos cerca de la orilla, aunque no lo bastante como para que el agua nos rozara los
pies, pero Edward se quitó sus, seguramente caros zapatos, para andar descalza a mi lado.
Agradecí que todavía fuera temprano, porque el lugar se llenaría de miradas curiosas hacia
nosotros, seguro.
-No-parecía muy relajado e incluso me dedicó una leve sonrisa que me dejó aturdido unos
instantes.
-¿Quil Ateara?
-Si...¿le conoces?
-Para hablarme del tratado. De por qué podía entrar aquí a partir de ahora y de lo que suponía
tu imprimación para ambos-decidí dejar el tema, era bastante vergonzoso, y él pareció
entenderme y cambió el rumbo de la conversación-¿y cuál es la novedad?¿que es uno de los
vuestros?
-No, que no solo es de los nuevos, sino que además se acaba de imprimar.
-Vaya...¿de un vampiro?
Reí y negué con la cabeza-no, pero ya es el cuarto que lo hace y en un tiempo récord.
-Ah.
-Además...de una persona muy peculiar-metí las manos en los bolsillos con ademán
despreocupado. Quería hacerme el interesante para que él me preguntase, pero no obtuve el
resultado esperado, por lo que continué sin más-fue increíble, porque Quil no había tenido
tiempo para pasarse por casa de Emily. Emily es la imprimación de Sam.
-Ya, él me lo comentó.
-Genial...bueno, pues Emily tenía dos sobrinas que estaban de visita y...Quil conoció a Claire.
Comenzó a chispear, pero a Edward no parecía molestarle a pesar de que sus ropas de
marca empezaban a mojarse.
-Sucede. Eso dicen las leyendas-cogí una piedra y la lancé con fuerza al agua.
-Quil no va a envejecer más. Solo ha de ser paciente durante unas décadas. No hay nada
romántico en todo esto, no para Quil, aún no. Todavía no ha llegado al mismo punto...bueno,
al mismo que yo. Quil será el mejor y el más tierno de los hermanos mayores que haya tenido
un niño. No habrá criatura en este mundo más protegida que esa niñita. Luego, cuando
crezca, ella necesitará un amigo. Él será el camarada más comprensivo, digno de confianza y
responsable que cualquier otro que ella pueda conocer. Después, cuando sea adulta, serán
tan felices como Emily y Sam. O Jared y Kim.
Le miré de reojo. Todo eso lo sentía yo por el. Podía ser su mejor amigo y su amante más
entregado.
-No quería decir eso. Pero me parece amor forzado, al menos para esa niña. Ese tal Quil se
imprima de ella y ¿ya está?¿no podrá conocer a otros?
-No va a necesitarlo. ¿Por qué no iba a elegirlo a el?. Quil va a ser su compañero perfecto, y
es como si lo hubieran creado sólo para ella.
-Si lo pintas así...-se agachó con tal gracilidad, que se notaba que no era humano. Cogió una
piedra y la lanzó al agua también. Pero la suya se mantuvo haciendo florituras por la superficie
mucho más tiempo que la mía.
POV. Edward
Era agradable andar por la playa a pesar del sirimiri que se nos estaba echando encima. No
me sorprendía que la conversación hubiera acabado girando en torno a la imprimación. Jacob
de verdad creía en todo lo que decía. Tenía una fe absoluta en que él había sido hecho para
mi. Pero yo no podía pensar de la misma manera. Éramos seres rivales, siempre había sido
así. No se puede cambiar la naturaleza de algo tan fuerte, por mucho que alguien se empeñe.
Pero estar con Jacob a solas, sin Bella de por medio, me hacía ver que aunque el amor no
formaba parte de mi ecuación, la amistad podría ser un buen resultado. Jacob era agradable,
alegre hasta el punto de contagiarte, y no sé por qué, pero no me olía nada desagradable, a
diferencia de Sam Uley o los demás que rondaban por la reserva, cuyos efluvios se extendían
por doquier.
-Vamos a mi casa, quiero que veas algo-me dijo. El brillo en sus ojos le delataba. El hecho de
que yo no le hubiera soltado la mano le hacía estar pletórico. Y yo no sabía porque no la había
apartado de un tirón en cuanto me hubo tocado. Tal vez fuera esa electricidad tan
perturbadora.
Y como autómata, me dejé llevar. Le había dado el día ¿no?. Iría a donde quisiera que fuese.
Caminamos cogidos de la mano. La gente de la reserva ya andaba de acá para allá con sus
quehaceres, pero eso no quitaba que tuvieran tiempo para fijarse en mi. Sobretodo, porque
era la persona con la piel más pálida que habían visto jamás.
La casa de Jacob era pequeña, de madera, con ventanas estrechas y pintada de un color rojo
mate que la asemejaba a un granero diminuto, no obstante, se veía que era acogedora. Pensé
que íbamos a entrar en ella porque además sabía que Billy estaba dentro, pero no fue así. Un
grupo espeso de árboles y malezas ocultaba el garaje a la vista de la casa. El recinto en sí
estaba formado por un par de grandes cobertizos prefabricados que habían sido adosados,
tirando al suelo las paredes interiores. Bajo esta cubierta, pude contemplar un automóvil.
-¿Qué te parece?-preguntó él entusiasmado. Aproveché que iba a ojear el coche, para soltar
su mano y girar alrededor de vehículo.
Abrí la puerta del copiloto y me senté. Él se apoyó en la moto negra con la que había
aparecido en el instituto, justo enfrente.
-No lo compares Jacob. Éste lo has hecho tu con tus manos. Eso tiene más valor.
Ante mi comentario, Jacob sonrió tanto que parecía que terminaría rompiéndose las mejillas
con el esfuerzo. Pero a los pocos segundos torció el gesto. No tardé en averiguar por qué.
-¿Qué haces aquí?-se enderezó tan rápido, que la moto se tambaleó un poco y habría caído
al suelo de no ser por la pata de cabra que la sostenía-os dejé bien claro a todos que no
quería que ninguno apareciera por estos lares hoy.
-Lo siento Jake. Ya lo sé, pero es que...-el recién llegado parecía en un aprieto. No miraba a
su amigo, sino que me lanzaba furtivas miradas a través de las ventanillas del coche, puesto
que yo permanecí donde me había sentado.
-Vete- Jacob le cogió por el codo y le empujó para sacarlo sin esperar más explicaciones.
-No puedo Jake, me manda Emily. Quiere que vayas a su casa a comer. Vamos a ir todos.
-Bromeas ¿verdad?
-Vete...-ya estaba fuera del garaje, pero era muy reacio a ir más allá y Jacob se esforzaba.
-No pasa nada, Jacob- me levanté y me acerqué a los chicos con rapidez. Los ojos oscuros
del otro muchacho se abrieron ante la sorpresa-puedes ir a comer con tus amigos.
-Si. En realidad todo esto es culpa de Jacob. Se pasa el tiempo pensando en ti. A todas horas.
No hay manera de que pare y sentimos curiosidad-el chico extendió la mano hacia mi,
amigable-soy Embry Call, uno de los mejores amigos de Jacob.
-Eso dicen.
-Lárgate Embry- Jacob estaba imaginando mil y un maneras de expulsar a su amigo de allí y
ninguna era indolora.
Jacob me miró, sus ojos eran una mezcla entre suplicantes y temerosos-¿te apetece?
-No me importaría.
No estaba muy lejos. Solo que algo apartada y cruzando un sendero. Era una casa diminuta,
que en sus tiempos había sido gris. Con una ventana estrecha junto a la puerta, pintada de un
azul descolorido; pero la jardinera que había bajo ella estaba llena de caléndulas amarillas y
naranjas que brindaban al lugar un aspecto muy alegre.
Evité arrugar la nariz cuando sentí tantos olores lobunos procedentes de la zona. Bastante
impregnados por todas partes. Pero fue como una bofetada. Preferí centrarme en las voces
que se escuchaban. No era capaz de distinguir entre pensamientos o conversaciones a gritos.
Dejé que Jacob fuera delante. Subió el único escalón de la entrada y abrió sin llamar siquiera.
Le seguí algo cohibido. Iba a entrar en la boca del lobo, literalmente.
El salón era cocina en su mayor parte, y además el hecho de estar tan llena de personas de
semejante tamaño, hacía ver la casa más pequeña de lo que parecía por fuera. Jacob volvió a
darme la mano y me acercó a una mujer que estaba tras la barra, junto al fregadero, sacando
panecillos de un molde y colocándolos sobre una bandeja de papel. Era una chica joven, de
piel cobriza y lustrosa, cabello largo, liso y negro como azabache. La parte derecha de su
rostro, desde el nacimiento del pelo hasta la barbilla, estaba surcada por tres gruesas
cicatrices de color cárdeno, aunque hacía mucho tiempo que debían de haberse curado. Una
de ellas deformaba las comisuras de su ojo derecho, que era oscuro y de forma almendrada,
mientras que otra retorcía el lado derecho de su boca en una mueca permanente. No
necesitaba una explicación de Jacob para saber lo que le había pasado a esa chica en la cara.
La cocina era un lugar acogedor y luminoso, con armarios blancos y el suelo de madera clara.
Sobre la mesa redonda había un jarrón blanco y azul, de porcelana china envejecida, lleno de
flores silvestres.
-Así que tú eres el chico vampiro-sonriente, se limpió las manos en un paño que le colgaba de
la cintura, se acercó a mi y me abrazó afectuosa. Me pilló por sorpresa, lo reconozco.
-Y tú eres la chica lobo-dije yo también con una sonrisa y devolviéndole el abrazo algo
apocado. Nadie se nos acercaba tanto al saber lo que éramos. Salvo Bella.
-¿Viene mi padre?
-Fue idea suya-secundó Emily que había vuelto a su tarea- Sam ha ido a buscarle.
-Jacob, ya que estás aquí...pon orden. Haz que saquen la mesa fuera. Seremos demasiados
para comer aquí dentro y aprovecharemos que ha dejado de llover-pidió Emily.
-¡Ya la habéis oído!-bramó Jacob dando palmadas como para meterles prisa, aunque los
demás hicieron caso omiso de su petición y se burlaban de el.
-Quiere quedar como un mandamás solo porque está aquí su chico-dijo uno de ellos riéndose.
-Cállate Jared.
Jacob, apurado, se acercó a mi-esos imbéciles son Paul y Jared. A Embry ya le conoces...y
aquel es Quil.
-Ya veo-me acerqué a la mesa, la cogí sin dificultad y yo mismo la saqué fuera sin que se me
cayera ni el jarrón.
Jacob no tardó mucho en seguirme-les has dejado callados-se carcajeó. Tras él llegaron sus
amigos, cargando cada uno con una silla.
-Lo sé, pero no hacíais caso a la orden de una señorita-comenté. Jacob volvió dentro y
reapareció con dos sillas más. Una de ellas la puso junto a mi.
-Eres todo un caballero- Emily quitó el jarrón y puso la bandeja con los panecillos en el centro
de la mesa. Embry cogió uno y se lo metió entero en la boca-deja alguno para tus hermanos-
regañó ella pegándole en la cabeza con una cuchara de madera antes de volver dentro.
-Cerdo-comentó Jared.
Me senté en la silla que Jacob me había traído, mientras él se colocaba lo más cerca posible
de mi. Era divertido observar sus comportamientos. De verdad eran como una gran familia. De
las normales, a su manera.
Sam apareció entonces, empujando la silla de Billy, que en su regazo llevaba una gran
cacerola envuelta en papel de plata.
-He hecho mi receta ultra secreta de espaguetis con carne, transmitida de generación en
generación.
Jacob bufó-la verdad, dudo que esa receta exista desde hace tanto.
-Que bien que ya estáis aquí- Emily salió hasta la puerta, llevaba en las manos un gran
cuenco amarillo donde batía lo que me olía a huevos. Tenía remangada la camisa de color
lavanda, y pude ver que las cicatrices se prolongaban por todo el brazo hasta llegar a la mano
derecha.
-Emily- pronunció Sam con la voz cargada de amor. Dejó a Billy junto a Jacob a la mesa y se
acercó a la chica. Tomó el rostro de ella entre sus grandes manos. Se inclinó, besó primero
las oscuras cicatrices de su mejilla derecha y después la besó en los labios.
-Entonces cierra el pico y come-le sugirió Sam mientras volvía a besar la boca de Emily.
-¡Puaj!-gruñó Embry.
-Ojalá-pensó Jacob ruborizándose de la cabeza a los pies. Yo sentí los ojos de Billy
expectantes y fijos en mi. Relampagueaban al ver a su hijo sentado tan próximo a mi cuerpo.
Se creaba unas falsas expectativas y sentí lástima por el. Jacob cogió dos panecillos y me
tendió uno por cortesía. Lo rechacé con un movimiento de cabeza-¿cómo llevas lo de
estar...aquí?
Emily empezó a repartir platos y servía los espaguetis bañados en una chorreante salsa.
Parecía que tenía seis manos en vez de dos.
-Veo...que la conoces.
-Es Jacob- aclaró Embry pinchando con el tenedor una albóndiga- sabemos todo lo que él
sabe de ti. Cuando estamos en nuestra forma de lobo, somos capaces de oírnos los
pensamientos. Bueno...como tu.
-Matando a Bella es como me haría daño. Quiere que yo sienta lo mismo que ella.
-Pues deja a Bella. Si ve que no te importa, pasará de ella y nos dejará en paz-apreció Embry.
Se notaba que estaba de parte de su mejor amigo.
-No dejaré a Bella-aclaré. Demasiado brusco, porque Jacob bajó la cabeza apenado.
En cuanto Jacob masticó y tragó el último bocado, me habló-¿nos vamos?, no quiero que se
nos haga tarde.
Asentí y me puse en pie, pero los planes de Jacob cada vez se acercaban más a una cita en
toda regla.
POV. Jacob
-¿Qué te apetece ver?-le pregunté una vez cerca de la taquilla. En realidad me daba igual la
película que fuera, solo buscaba una excusa para poder mirarle durante casi dos horas. Y por
qué no...actuar como si fuera una cita.
-Cualquiera-repasaba con la mirada los carteles que estaban en una pared a nuestra
izquierda.
-¿Qué te parece, ''Punto de mira''?. Es de acción y hay golpes y...sangre. ¿Eso te supondría
un problema?
Sonrió de medio lado- Jacob, nadie mejor que yo sabe que la sangre de las películas es falsa.
-No tengo la edad necesaria para ver esa película sin la compañía de un adulto. Dudo que a ti
te pidan el carnet-sé que tengo cuerpo de adulto, pero en mi cara aún quedan restos del niño
que era. Hasta dentro de unos meses no terminaré de desarrollarme y aparentaré tener más
de veinte.
Él no cogió mi dinero, pero fue a la taquilla y volvió a acercarse a mi con dos entradas en la
mano. Me sentí fatal. Se supone que era una cita y que yo debía pagar al menos las entradas
y de comprar palomitas me las comería yo solo, porque su dieta era diferente de la mía. Hice
un puchero mientras una empleada nos rompía las entradas y pasamos a la sala.
Genial. Había mucha gente y nuestros asientos quedaban casi al fondo, en la parte de atrás.
-¿Va a matarme Billy por dejarte ver esta película?-me preguntó Edward con esa voz tan dulce
suya haciendo que mi malestar se esfumase en el acto.
-No. Seguramente piense que mi plan de cine era para darnos el lote, no para ver la película.
La película parecía ser lo que prometía. Escuchaba disparos, gritos y explosiones, pero yo no
podía apartar los ojos de Edward y de su rostro perfecto. A veces incluso sonreía y eso me
llenaba de dicha.
-¿Qué ocurre?
-La sangre que le chorrea a ese del cuello llega a más de seis metros...¿a quién pretenden
engañar?
Se rió entre dientes una vez más cuando el asta de una bandera dejó empalado a otro hombre
en un muro de hormigón. Y después de eso, aunque yo no viera la película, empezaba a
reírme con el.
Qué bien me lo paso en su compañía. Aunque no haga nada. Aunque no hablemos. Su sola
presencia me llena.
Desde que había empezado la película, me adueñé del apoyabrazos que conectaba su lado
con el mío. Dejé que mi mano descansara allí, con la palma hacia arriba, abierta y preparada.
Quería volver a cogerle la mano y esperaba fervientemente la oportunidad de poder hacerlo
de nuevo.
Pero no me la daba y terminó doliéndome. Así que recordé esas películas cutres en las que el
tipo bosteza y pasa el brazo por los hombros de la chica. Estoy desesperado. Probaré
cualquier cosa.
Me revolví incómodo en el asiento, como si me estuviera aburriendo o cansando. Miré a
ambos lados, fingí un bostezo algo exagerado y...hecho. Ahí estaba mi brazo. Él no se quejó.
Ni replicó. Suspiré con alivio y dejé que la posición de mi brazo fuera más natural. Cayendo
sobre su hombro. Rozando la suave tela de su camisa con mis dedos. Un pequeño paso para
el hombre, un gran paso para Jacob.
POV. Edward
Salimos del cine en cuanto se encendieron las luces, al comienzo de los créditos.
Jacob se había pasado toda la película mirándome y pensando cosas sobre mí que apostaba
ruborizarían a sus compañeros de manada la próxima vez que entrara en fase. Además
estaba lo de pasarme el brazo por encima...no quería montar un espectáculo en mitad del cine
y lo pasé por alto. Pero sólo por eso.
Al llegar a su coche le pedí las llaves y ésta vez fui yo al volante. Mucho mejor. Más veloz.
Yo había ido a su casa andando, así que en cuanto aparqué en su garaje, pensaba
desaparecer. Ya era de noche, por lo que iba siendo hora de irme. Pero debía aclararle un par
de cosas.
-Pero...
-No Jacob. Ya basta. Deja de pensar esas cosas. Acepté pasar el día contigo, pero eso no
significa que quiera algo...más. Y te pido que me dejes tranquilo una temporada.
A pesar de su rostro contrariado, fue firme al hablar-no puedo hacer eso y lo sabes. Necesito
tu cercanía. Incluso un día lejos de ti me parece un castigo...aunque supongo que mi
presencia para ti tiene que ser un incordio...
Algo dentro de mi se rompió. Sabía que eso no podía ser posible, pero fue lo que noté en lo
más profundo de mi ser.
Suspiré profundamente, abrí la puerta y salí del coche. Pero antes de alejarme...me incliné
para que pudiera verme la cara, puesto que no se había movido del asiento del copiloto-olvida
lo que te he dicho. Olvídalo todo-no sé que me pasaba con Jacob, pero verle tan triste, me
dolía.
POV. Jacob
-Si...fue una cita-las palabras más maravillosas que me habían dicho nunca. Si algún día
consiguiera un "te quiero" de sus labios, podría morir tranquilo. Cuando quise darme cuenta,
había desaparecido. Ni rastro de el. Salvo su aroma impregnado en el asiento del conductor.
No le había prometido nada, así que me sentía con pleno derecho de ir a su casa como
estaba haciendo en ese momento, al día siguiente de nuestra estupenda cita. Pero no quería
pasarme de la raya, así que mantuve mi distancia acostumbrada, aunque algunos pasos más
cerca, porque su olor era más intenso cuanto menos metros ponía entre la vivienda y yo.
Me senté con las piernas cruzadas sobre la húmeda hierba y no pasó mucho tiempo, hasta
que tuve compañía.
Una mujer con los mismos rasgos pálidos y hermosos que los de Edward salió de la casa,
cruzó el porche y se me acercó. Había algo en su rostro en forma de corazón y en las ondas
de su suave pelo de color caramelo que recordaba a la ingenuidad de la época de las
películas de cine mudo. Era pequeña y delgada, y vestía de manera informal, con colores
claros.
-Hola Jacob- dijo con voz amable. Sus facciones eran suaves y delicadas. Y a pesar de tener
una apariencia de veintitantos años y un rostro blanco marfileño, su expresión de pronto me
recordó a la de mi madre. Pero el aroma que me llegó de ella, me puso los pies en la tierra.
-Hola...ahm...
-Vaya...
-Si estás esperando a Edward, aún no ha vuelto del instituto. Pero puedes esperarle dentro-
me señaló la casa y no supe qué decir. ¿Me estaba invitando a entrar?¿enserio?¿a mi?. No
tardé demasiado en asentir y seguirla.
La casa de Edward por fuera me parecía increíble...dado que aparentaba tener unos cien
años, pero era atemporal y elegante. Pintada de un blanco suave y desvaído. Con tres pisos
de altura, rectangular y bien proporcionada. Pero por dentro, era magnífica. Era muy luminosa,
muy espaciosa y muy grande. Lo más posible es que originariamente hubiera estado dividida
en varias habitaciones, pero habían hecho desaparecer los tabiques para conseguir un
espacio más amplio. Mi casa parecía una caja de zapatos al lado de la suya. El muro trasero,
orientado hacia el sur, había sido totalmente reemplazado por una vidriera y más allá de los
cedros, el jardín, desprovisto de árboles, se estiraba hasta alcanzar el ancho del río. Una
maciza escalera de caracol dominaba la parte oriental de la estancia. Las paredes, el alto
techo de vigas, los suelos de madera y las gruesas alfombras eran todos de diferentes
tonalidades de blanco.
El padre de Edward, el doctor Carlisle parecía estar esperando para recibirme a la izquierda
de la entrada, sobre un altillo del suelo, en el que descansaba un espectacular piano de cola.
Esme dejó la puerta de la entrada abierta y se lo agradecí en silencio, porque el olor que había
en el lugar era demasiado molesto. Tenía que aprender a encontrar solo el aroma de Edward
allí dentro y pasar por alto los demás. Difícil.
El paso de Carlisle fue comedido y cuidadoso cuando se acercó a mi. Alzó una mano con
timidez y me adelanté un paso para estrechársela.
-Carlisle- dije.
Le sonreí de oreja a oreja con una repentina confianza que me sorprendió. Siempre le había
visto a cierta distancia, puesto que me criaron bajo la idea de que los Cullen, cuanto más lejos,
mejor. Pero sabía que ese vampiro era diferente. Era un reputado médico en Forks, con lo que
dejaba claro que no se alimentaba de pacientes. Además, era joven, rubio y más guapo que
cualquier estrella de cine. Toda una celebridad en el hospital, seguro.
-¿Está aquí Jacob?-Alice, la vampira con aspecto de duendecillo, apareció en lo alto de las
escaleras. No la había vuelto a ver desde que se presentó en casa de Bella tiempo atrás
creyendo que se había suicidado. Echó a correr escaleras abajo, una centella de pelo oscuro y
tez nívea, que llegó para detenerse delante de mí repentinamente y con elegancia-hola,
Jacob- dijo, y se adelantó para darme un beso en la mejilla.
Tras ella, bajando con lentitud, llegó un chico alto y delgado. Musculoso y con los cabellos
color miel. Sentí una sensación de alivio y de repente me encontré muy a gusto a pesar del
sitio en que me hallaba.
-Hola, Jacob. Soy Jasper Hale-otro de los hermanos de Edward. Pero éste, a diferencia de
Alice, mantuvo las distancias conmigo. Aún así, no podía sentirme incómodo cerca de el.
Recordé una antigua conversación con Bella. Éste era el que manipulaba las emociones. Todo
tenía sentido.
-No...pero no me sorprende que sea suyo. Edward puede hacerlo todo, ¿no?-expliqué con
convicción.
-Le pediré que toque para ti cuando regrese-dijo ella. Y mi pecho se llenó de gozo.
-Me gustaría oírle tocar-admití. Aquello era genial. Ayer él en mi casa, y hoy yo en la suya.
-¿Quieres ver el resto de la casa?-me preguntó la pizpireta Alice, que sin esperar respuesta,
me cogió de la muñeca y me arrastró escaleras arriba. Conforme subíamos, el olor a Edward
aumentaba. Estupendo.
Acaricié la suave y lisa barandilla con la mano mientras subíamos por la imponente escalera.
En lo alto de la misma había un gran vestíbulo de paredes revestidas con paneles de madera
color miel, el mismo que las tablas del suelo.
No lo hice. De forma automática, alcé la mano con un dedo extendido como si fuera a tocar la
gran cruz de madera. Su oscuro revestimiento contrastaba con el color suave de la pared.
Pero no la toqué, aun cuando sentí curiosidad por saber si su madera antigua era tan suave al
tacto como aparentaba.
-Es del siglo XVI, a principio de la década de los treinta, más o menos.
-Por nostalgia. Perteneció al padre de Carlisle. La talló él mismo para colgarla en la pared,
encima del púlpito de la vicaría en la que predicaba.
Pasé un rato haciendo cálculos en mi memoria. La reliquia tendría unos trescientos setenta
años. El silencio se prolongó mientras me esforzaba por asimilar la noción de tantísimos años.
-Pero era persistente y mucho más inteligente que su padre. De hecho, localizó un aquelarre
de auténticos vampiros que vivían ocultos en las cloacas de la ciudad y sólo salían de caza
durante las noches. La gente reunió horcas y teas, por supuesto, y se apostó allí donde
Carlisle había visto a los monstruos salir a la calle. Al final, apareció uno. Debía ser muy viejo
y estar debilitado por el hambre. Carlisle le oyó cómo avisaba a los otros en latín cuando
detectó el efluvio del gentío. La criatura les atacó. Primero se abalanzó sobre Carlisle, pero le
plantó cara para defenderse y había otros muy cerca a quienes atacar. El vampiro mató a dos
hombres y se escabulló llevándose a un tercero y dejando a Carlisle sangrando en la calle-
hizo una pausa. Intuí que estaba censurando una parte de la historia- Carlisle sabía lo que
haría su padre: quemar los cuerpos y matar a cualquiera que hubiera resultado infectado por
el monstruo. Carlisle actuó por instinto para salvar su piel. Se alejó a rastras del callejón
mientras la turba perseguía al monstruo y a su presa. Se ocultó en un sótano y se enterró
entre patatas podridas durante tres días. Es un milagro que consiguiera mantenerse en
silencio y pasar desapercibido. Se dio cuenta de que se había ''convertido'' cuando todo
terminó-me miró con una sonrisa en el rostro-¿alguna pregunta?
-Unas cuantas-admití.
Alice abrió la puerta de acceso a una sala de techos altos con vigas de madera y de grandes
ventanales orientados hacia el oeste. Las paredes también estaban revestidas con paneles de
madera más oscura que la del vestíbulo, allí donde ésta se podía ver, ya que unas estanterías,
que llegaban por encima de mi cabeza, ocupaban la mayor parte de la superficie. Contenían
más libros de los que jamás había visto.
Carlisle se sentaba en un sillón de cuero detrás del enorme escritorio de caoba. Acababa de
poner un marcador entre las páginas del libro que sostenía entre las manos. El despacho era
idéntico a como yo imaginaba que sería el de un hombre de negocios.
-¿Qué puedo hacer por vosotros?-nos preguntó en tono agradable mientras se levantaba del
sillón.
-Por los cuadros-dijo Alice y cogiéndome por los hombros me hizo girar para mirar hacia la
puerta por la que acabábamos de entrar.
La pared hacia la que me había vuelto era diferente de las demás, ya que estaba repleta de
cuadros enmarcados de todos los tamaños y colores. Unos muy vivos y otros apagados. Nada
de estanterías. Busqué un motivo oculto común que diera coherencia a la colección, pero no
encontré nada. Alice me arrastró hacia el otro lado, a la izquierda, y me dejó delante de un
pequeño óleo con un sencillo marco de madera. No figuraba entre los más grandes ni los más
destacados. Pintado con diferentes tonos de sepia, representaba la miniatura de una ciudad
de tejados muy inclinados con finas agujas en lo alto de algunas torres diseminadas. Un río
muy caudaloso dominaba el primer plano.
-¿Le vas a contar la historia?-la vampira puso un tono de voz infantil, como si ese fuera su
modo de conseguir lo que quería sin demasiado esfuerzo.
-Claro.
Carlisle ocupó el lugar de Alice, a mi lado. Mientras yo no podía apartar la vista del cuadro.
Su rostro estudió las pinturas y le miré para ver qué imagen atraía su interés. Se trataba de un
paisaje de mayor tamaño y colores apagados, una pradera despejada a la sombra de un
bosque con un pico escarpado a lo lejos.
-Cuando supe que me había convertido...me rebelé contra mi condición. Intenté destruirme,
pero eso no es fácil de conseguir-admitió en baja voz.
-¿Cómo?
-Me arrojé desde grandes alturas, e intenté ahogarme en el océano. Pero en esa nueva vida,
era joven y muy fuerte. Aún a día de hoy, me resulta sorprendente como fui capaz de resistir el
deseo...de alimentarme...cuando era aún tan inexperto. El instinto es más fuerte en ese
momento y lo arrastra todo, pero sentía tal repulsión hacia lo que era, que tuve la fuerza para
intentar matarme de hambre.
-¿Es eso posible?
-No, hay muy pocas formas de matarnos, como ya sabrás-abrí la boca para formular otra
pregunta, pero Carlisle comenzó a hablar antes de que lo pudiera hacer-de modo que mi
hambre crecía y al final me debilité. Me alejé cuanto pude de toda población humana al
detectar que mi fuerza de voluntad también se estaba debilitando. Durante meses,
vagabundeé de noche en busca de los lugares más solitarios. Hasta que una noche, una
manada de ciervos cruzó junto a mi escondrijo. La sed me había vuelto tan salvaje que los
ataqué sin pensarlo. Recuperé las fuerzas y comprendí que había una alternativa a ser el vil
monstruo que temía ser. ¿Acaso no había comido venado siendo humano?, podía vivir sin ser
un demonio y de nuevo...me hallé a mi mismo. Comencé a aprovechar mejor mi tiempo que
ahora era ilimitado. Estudiaba de noche. Me marché a Francia a nado...
-Supongo que indefinidamente, no lo sé. Pero la privación del sentido del olfato resulta un
poco incómoda-respondía pacientemente a todas mis preguntas y era de agradecer-bueno,
continuemos...me marché a Francia- hizo una pausa mientras intentaba recuperar el hilo de la
historia.
Con gesto pensativo, fijó la mirada en otra pintura, la de mayor colorido y de marco más
lujoso, y también el más grande. Personajes llenos de vida, envueltos en túnicas onduladas y
enroscadas en torno a grandes columnas en el exterior de balconadas marmóreas, llenaban el
lienzo. No sabía si representaban figuras mitológicas o si los personajes que flotaban en las
nubes de la parte superior tenían algún significado bíblico.
-Nadé hasta Francia y continué por Europa y sus universidades-siguió explicando-de noche
estudié música, ciencias, medicina y encontré mi vocación y penitencia en salvar vidas-ante
sus palabras, no pude sino sentir un repentino y fuerte respeto por el hombre que estaba junto
a mi, contándome su vida-necesité dos siglos de atormentadores esfuerzos para perfeccionar
mi autocontrol. Ahora soy prácticamente inmune al olor de la sangre humana y puedo hacer el
trabajo que tanto adoro sin sufrimiento. Obtengo una gran paz de espíritu en el hospital...-se
quedó con la mirada ausente durante bastante tiempo. De repente, pareció recordar su
intención y dio unos golpecitos en la enorme pintura que teníamos delante con el dedo-estudié
en Italia cuando descubrí que allí había otros vampiros. Eran mucho más civilizados y cultos
que los espectros de las alcantarillas londinenses.
-Mis amigos fueron una gran fuente de inspiración para Francesco Solimena- explicó-a
menudo los representaba como dioses. Aro, Marco, Cayo-dijo conforme iba señalando a los
otros tres, dos de cabellos negros y uno de cabellos canos-los patrones nocturnos de las
artes.
-¿Qué fue de ellos?-pregunté con la yema de los dedos inmóvil en el aire a un centímetro de
las figuras de tela.
-Siguen ahí, como llevan haciendo desde hace quién sabe cuántos milenios. Solo estuve con
ellos por un breve lapso de tiempo, apenas unas décadas. Admiraba profundamente su
amabilidad y su refinamiento, pero persistieron en su intento de curarme de aquella aversión a
nuestra ''fuente natural de alimentación''. Ellos intentaron persuadirme y yo a ellos, en vano.
Llegados a este punto, decidí probar suerte en el Nuevo Mundo. Soñaba con hallar a otros
como yo. Estaba muy solo...transcurrió mucho tiempo sin que encontrara a nadie, pero podía
interactuar entre los confiados humanos como si fuera uno de ellos porque los monstruos se
habían convertido en tema para los cuentos de hadas. Y comencé a practicar la medicina.
Trabajaba por las noches en un hospital de Chicago cuando golpeó la pandemia de gripe. Le
había estado dando vueltas durante varios años y casi había decidido actuar. Ya que no
encontraba un compañero, lo crearía; pero dudaba si hacerlo o no, porque ni yo mismo estaba
totalmente seguro de cómo me había convertido. Además, me había jurado no arrebatar la
vida de nadie de la misma manera que me la habían robado a mi. Estaba en ese estado de
ánimo, cuando encontré a Edward- sentí que clavaba la mirada en mi, pero era normal, porque
me había tensado al escuchar ese nombre.
-Fue su madre la que me decidió-su voz se convirtió en un susurro y desvió la mirada hacia la
ventana.
-¿Su madre?-suponía que los padres de Edward habían muerto hacía mucho tiempo, lo había
dado por hecho. Pero al parecer Carlisle los recordaba con claridad.
-Si. Su nombre era Elizabeth- pude escuchar a la perfección el sordo golpeteo de mi corazón
contra las costillas- Elizabeth Masen. Su padre, que también se llamaba Edward, no llegó a
recobrar el conocimiento. Murió en la primera oleada de gripe. Pero Elizabeth estuvo
consciente casi hasta el final. Edward se le parece mucho, tenía el mismo extraño tono
broncíneo de pelo y sus ojos eran del mismo color verde.
-¿Edward también tenía los ojos verdes?-murmuré mientras intentaba imaginarlo. Se me hizo
un nudo en la garganta, no sé por qué.
-Si...-los ojos color ocre de Carlisle habían retrocedido cien años en el tiempo- Elizabeth se
preocupaba de forma obsesiva por su hijo. Perdió sus propias oportunidades de sobrevivir por
cuidarle en su lecho de muerte. Yo esperaba que él muriera primero, ya que estaba mucho
peor que ella. Cuando le llegó su final, fue muy rápido. Ocurrió justo después del crepúsculo,
cuando yo llegaba para relevar a los doctores que habían estado trabajando todo el día. En
primer lugar me fui a comprobar el estado de Elizabeth y su hijo, con quienes me sentía
emocionalmente ligado, algo siempre peligroso para nosotros si se tiene en cuenta la
fragilidad de la naturaleza humana. Me di cuenta a primera vista de que ella tenía muy mal
aspecto. La fiebre campaba a sus anchas y su cuerpo estaba demasiado débil para seguir
luchando. Sin embargo, no parecía tan débil cuando me clavó los ojos desde la
cama. ¡Sálvelo!-me ordenó con voz ronca, la única que su garganta podía emitir ya. Haré
cuanto me sea posible-le prometí al tiempo que le tomaba la mano. Tenía tanta fiebre que ella
probablemente no sintió la gelidez antinatural de la mía. Su piel ardía, por lo que todo debía de
parecer frío al tacto. Ha de hacerlo-insistió mientras me aferraba con tanta fuerza que me
pregunté si, después de todo, conseguiría sobrevivir a la crisis. Sus ojos eran duros como
piedras, como esmeraldas. Debe hacer cuanto esté en su mano. Incluso lo que los demás no
pueden, eso es lo que debe hacer por mi Edward.
Le debía a esa mujer y a Carlisle que Edward hubiera entrado en mi vida. De no ser por
ambos, él no existiría, habría muerto por esa gripe. Sentí como el nudo de mi garganta se
apretaba más.
Sentí un escalofrío recorrerme el cuerpo entero. Carlisle lo contaba todo con tal nitidez, que
era incapaz de no imaginarlo. Cada detalle. Elizabeth Masen muerta. La fiebre que consumía
a Edward mientras se le escapaba la vida con cada tictac del reloj...
-¿Aún no habéis acabado?-el pelo corto y rebelde de Alice asomó por la puerta, para después
dar paso a su curiosa cara-¿has ido año por año Carlisle?
-Ya hemos terminado-dijo el vampiro rubio con una sonrisa en el rostro. La recién llegada
había roto la atmósfera.
-Entonces vamos a seguir el tour-dijo ella volviendo a cogerme por la muñeca y sacándome de
allí-seguro que estás deseando esta parte.
Cuando quise darme cuenta, nos habíamos detenido frente la última puerta del vestíbulo. No
necesité más que un segundo para adivinar lo que había detrás de ella aunque estuviera
cerrada. El cielo. Olía maravillosamente y estaba claro el porqué.
La habitación de Edward tenía vistas al sur y una ventana del tamaño de la pared, igual que
en el gran recibidor del primer piso. Toda la parte posterior de la casa debía ser de vidrio.
Tomé nota mentalmente para saber hacia qué ventana debía acercarme la próxima vez que
rodease la casa. La vista daba al meandro que describía el río Sol Duc antes de cruzar el
bosque intacto que llegaba hasta la cordillera de Olympic Mountain. La pared de la cara oeste
estaba totalmente cubierta por una sucesión de estantes repletos de CD. El cuarto de Edward
estaba mejor surtido que una tienda de música. En el rincón, había un sofisticado aparato de
música, de un tipo que no me atrevía a tocar por miedo a romperlo. No había ninguna cama,
sólo un espacioso y acogedor sofá de cuero negro. Una gruesa alfombra de tonos dorados
cubría el suelo y las paredes estaban tapizadas de tela de un tono ligeramente más oscuro.
-Puedes esperarle aquí si quieres-podía intuir el doble sentido de sus palabras. Ni esperó mi
réplica. Se esfumó.
Me quedé allí parado en medio de la habitación durante varios minutos. Temía acercarme a
cualquier cosa, ser demasiado rudo y romperla. Jamás me lo perdonaría. Pero era maravilloso
estar allí. Olía a Edward por todos y cada uno de los rincones. Apostaba lo que fuera, a que en
este lugar, podría dormir perfectamente toda la noche. A pierna suelta y sin ningún tipo de
perturbación aunque fuera sobre la mullida alfombra. Para mi, era el paraíso.
-¿Cómo los clasificará?-me pregunté a mi mismo mientras doblaba el cuello para leer las
letras de las carátulas.
-Por año, y luego por preferencia personal dentro de ese año-la voz de Edward me pilló por
sorpresa. Estaba parado en el umbral de la puerta y apuesto a que le hizo gracia descubrir
como mi corazón dejó de latir unos instantes al descubrirle allí. Tan fuerte era su olor en ese
cuarto, que no me había dado cuenta de que ya estaba en casa-baja-ordenó en tono suave y
se marchó a la planta de abajo.
-No se hable más-la mujer empujó a Edward hacia el piano y lo sentó en la butaca. Vi que
venía a por mi y dejé que me sentara a su lado, en el mismo asiento. Pegado a Edward. Él me
dedicó una prolongada y exasperada mirada antes de volverse hacia las teclas.
Sus dedos revolotearon rápidamente sobre las teclas de marfil y una composición, tan
compleja y exuberante que resultaba imposible creer que la interpretara un único par de
manos, llenó la habitación. Me quedé boquiabierto del asombro. A mi espalda oí risas en voz
baja ante mi reacción. No podía girarme de lo alucinado que estaba, pero apostaba a que eran
Alice y Jasper.
Edward me miró con indiferencia mientras la música seguía surgiendo a nuestro alrededor sin
descanso. Tocaba como conducía, sin mirar y de forma sublime.
-¿Te gusta?¿o esperabas otra cosa?-preguntó. ¿Enserio?, todo lo que haces me gusta,
Edward. Eres mi imprimación y eres increíble e impresionante para mi. Quise decirle, pero
había público.
El ritmo de la música se hizo más pausado hasta transformarse en algo más suave.
-Tú inspiraste ésa-aclaró Esme y pude notar como Edward le lanzaba una mirada asesina
desde su posición-no lo niegues Edward. La compusiste anoche. Después de salir con Jacob.
-Eso no tuvo nada que ver-dijo él. Pero sus ojos no se despegaron de las teclas durante un
buen rato. Yo estaba deslumbrado. Las palabras de Esme resonaron en mi cabeza una y otra
vez. ¿Empezaba a hacerme más ilusiones de las que debería?-les gustas-me dijo Edward-
sobretodo a Esme. Creen que tú me harás muy feliz. Eres como nosotros. Un condenado.
Alice está eufórica. Sobretodo ahora que...-se detuvo como si hubiera hablado de más.
-Les gusto a ellos, pero ¿a ti?-si le perturbó o no mi pregunta, no dio muestra de ello.
Continuó tocando sin decir nada. Como si nunca le hubiera formulado la cuestión en si. Mi
canción, sí, mi canción, siguió fluyendo libremente hasta su conclusión, las notas finales
habían cambiado, eran más melancólicas y la última revoloteó en el silencio de forma
conmovedora. A estas alturas, nos habíamos quedado solos.
-No quiero hacerte daño Jacob, eres un buen chico-espetó bajando la tapa que cubría las
teclas-por eso insisto en que lo mejor es...
-No me vuelvas a pedir que me aleje de ti. Sabes que no lo haré-se levantó, pero le sujeté del
brazo antes de que pudiera dejarme allí solo-empiezo a conocerte Edward Cullen. Has
entrado en mi vida y yo en la tuya aunque te disguste. Sé que quieres a Bella...-el estómago
se me revolvió. Lo ignoré-pero conmigo sería tan fácil como seguir existiendo.
-¿Quién lo dice?-me puse en pie también, sin dejar de sujetarle por si acaso.
-Por eso me fui, Jacob...porque hago daño a todo cuanto me rodea...-abatido, se dejó caer de
nuevo en la banqueta- erais amigos.
-Edward...no me haces daño. Soy más feliz que en toda mi vida. Estar aquí, ahora, a tu lado.
Podría morirme ahora mismo. En este instante y lo haría con una sonrisa en los labios. Porque
mi alma me ha enseñado que tú eres el indicado para mi. Este es mi lugar.
-¿Te apuntas, Jacob?-Alice apareció. Caminó, casi bailó hacia donde nosotros estábamos y
se dobló de forma sinuosa para sentarse sobre el suelo.
-¿El qué?-que hablaran en clave me ponía nervioso. Sobretodo cuando sabía que hablaban
de mi.
-Habrá una gran tormenta esta noche-dijo Jasper a nuestras espaldas- Emmett planteó jugar a
la pelota, ¿te apuntas?
-Es lo menos que te mereces después de haber aguantado las historietas de mi familia-dijo
Edward sonriendo. Sabía que Carlisle había estado hablando conmigo. Era tan raro verle
sonreír en mi presencia, que no pude evitar aceptar la invitación. Ya hablaría con Sam y le
suplicaría más tiempo libre.
POV. Jacob
Corrí a mi casa y me cambié de ropa. Fuera llovía con fuerza y no era plan de jugar al béisbol
con los Cullen con mis típicos pantalones hasta las rodillas. Rebusqué en lo más hondo de mi
armario hasta dar con un chándal que no se me había quedado pequeño aún y una camiseta.
Pero antes de terminar de metérmela por la cabeza, escuché el rugido de un potente motor
fuera.
Allí, a pocos pasos de la entrada de mi casa, había un Jeep gigantesco. Las llantas eran
enormes, protectores metálicos recubrían las luces traseras y delanteras, además de llevar
cuatro enormes faros antiniebla sujetos al guardabarros. El techo era de color rojo brillante.
No pude evitar silbar-vaya pedazo de Jeep que tienes...-dije a Edward que me esperaba al
lado de la puerta del piloto.
-Es de Emmett. No sabes a donde vamos, así que he venido a buscarte y mi coche no es
bueno en campo a través.
-Te aseguro que te habría encontrado en cualquier parte-dije embobado mirándole a el en vez
de al vehículo. Aunque caían chuzos de punta, él estaba ahí de pie, con el mismo aspecto de
un modelo en un anuncio de impermeables.
-¡No!, iré contigo-corrí al otro lado del Jeep y subí en el asiento del copiloto-¿dónde guardáis
éste tanque?-pregunté una vez dentro. No me preocupaba mojarle los asientos porque ya la
lluvia se evaporaba al rozar mi piel.
-Aún así, parte del camino tendremos que hacerlo caminando-me advirtió.
Era verdad lo que Edward había dicho. Después de dejar el coche, caminamos durante unos
minutos. Hasta que, a través de varios helechos mojados y musgos que cubrían un enorme
abeto, de pronto, nos encontramos allí, al borde de un inmenso campo abierto en la ladera de
los montes Olympic. Tenía dos veces el tamaño de un estadio de béisbol.
Allí vi a todos los demás; Esme, los que supuse eran Emmett y Rosalie, sentados en una lisa
roca salediza, más cerca de nosotros, a unos cien metros. Aún más lejos, a unos
cuatrocientos metros, se veía a Jasper y Alice, que parecían lanzarse algo el uno al otro,
aunque si era una bola, se me hacía muy difícil poder verla a tal rapidez. Parecía que Carlisle
estuviera marcando las bases, pero ¿realmente podía estar poniéndolas tan separadas unas
de otras?
Los tres que se encontraban sobre la roca se levantaron cuando estuvimos a la vista. Esme se
acercó hacia nosotros y Emmett la siguió a la par que Rosalie. La vampira rubia se había
levantado con gracia y avanzaba a grandes pasos.
-Así que eres tú el que dejó esa peste por toda nuestro hogar-apreció Emmett, pero sonriente-
dejaron entrar al perro en casa-alzó la mano en mi dirección y le choqué la palma con la mía.
Rosalie me miraba de arriba abajo-podría ser peor-musitó, pero no hubo ningún tipo de saludo
por su parte.
Alice había abandonado su posición y corría, o más bien se podría decir que danzaba, hacia
nosotros. Avanzó a toda velocidad para detenerse con gran desenvoltura a nuestro lado.
-Es la hora-anunció.
-Raro, ¿a qué sí?-dijo Emmett con un guiño, como si nos conociéramos de toda la vida.
-¿Te apetece jugar una bola?-me preguntó Edward con los ojos brillantes, deseoso de
participar.
-¡Claro!
Rió por lo bajo, y después de revolverme el pelo como sin darse cuenta, dio un gran salto para
reunirse con los otros dos. Aquel gesto hizo dar tumbos violentos a mi corazón, y agradecí que
hubiera tormenta. La forma de correr de Edward era más agresiva, más parecida a la de un
guepardo, por lo que pronto les dio alcance. Su exhibición de gracia y poder me cortó el
aliento.
-¿Bajamos?-inquirió Esme con voz suave y melodiosa. En ese instante, me di cuenta de que
lo estaba mirando boquiabierto. Rápidamente controlé mi expresión y asentí.
-No, prefiero arbitrar; alguien debe evitar que hagan trampas y a mi me gusta.
-Bueno, me gusta pensar en ellos como si fueran hijos míos, en más de un sentido. Me cuesta
mucho controlar mis instintos maternales. ¿No te han contado que yo había perdido un bebé?
-Si, mi primer y único hijo murió a los pocos días de haber nacido, mi pobre cosita...-suspiró-
me rompió el corazón y por eso me arrojé por un acantilado. Carlisle me convirtió en vampiro
para salvarme la vida-lo dijo con naturalidad, pero sentí mucha lástima. De qué modo alguien
debe amar tanto a otro como para intentar suicidarse. No pude evitar mirar a Edward a varios
metros de distancia de nosotros. Hablaba con Jasper de algo que no alcanzaba a escuchar.
Ella se dio cuenta- Edward fue el primero de mis nuevos hijos. Siempre pienso en él de ese
modo, incluso, aunque en cierto modo, sea mayor que yo-me sonrió cálidamente- por eso me
alegra tanto que hayas entrado en su vida, corazón-aquellas cariñosas palabras sonaron muy
naturales en sus labios.
-Bella es buena chica...pero es humana. Solo eso. Edward debe medir todos y cada uno de
los pasos que da con ella. Además está la culpabilidad. Edward se siente culpable, por lo de
Victoria, por lo que pasó cuando saltó por el acantilado y la dimos por muerta...él es así. Pero
tarde o temprano se dará cuenta...de que tú eres perfecto para el.
-No-se quedó pensativa-sé que Edward te querrá. O quizás ya lo haga, pero se lo niega a si
mismo. No sé cómo, pero esto va a salir bien. Además, los Cullen nunca hemos tenido nada
en contra de los licántropos Jacob, de otro modo, jamás nos habríamos instalado en Forks, y
eso que es el único sitio en el que tenemos restricciones territoriales-me cogió de la mano con
cariño. Se oyó el estruendo de otro trueno.
Me había emocionado. El corazón me latía a mil por hora. Aquella mujer me aceptaba, me
quería en su familia y albergaba la esperanza de que Edward y yo algún día estuviéramos
juntos. Se lo agradecí infinitamente con la mirada. Estaba tan sumido en mis pensamientos,
que no me di cuenta de que Esme se había detenido. Por lo visto, habíamos llegado a los
límites del campo.
Al parecer, ya se habían formado los equipos. Edward estaba en la parte izquierda del campo,
bastante lejos; Carlisle se encontraba entre la primera y la segunda base, y Alice tenía la bola
en su poder, en lo que debía ser la base de lanzamiento.
Emmett hacía girar un bate de aluminio, sólo perceptible por su sonido silbante, ya que era
casi imposible seguir su trayectoria en el aire con la vista. Esme me puso cerca, porque me
daba la impresión de que yo sería el segundo en batear. Jasper se situó detrás, a un metro
escaso, para atrapar la bola para el otro equipo. Como era de esperar, ninguno llevaba
guantes.
-De acuerdo- Esme habló con voz clara, y supe que Edward la había oído a pesar de estar
muy alejado-batea.
Alice permanecía erguida, aparentemente inmóvil. Su estilo parecía que estaba más cerca de
la astucia, de lo furtivo, que de una técnica de lanzamiento intimidatoria. Sujetó la bola con
ambas manos cerca de su cintura; luego, su brazo derecho se movió como el ataque de una
cobra y la bola impactó en la mano de Jasper.
Jasper lanzó de nuevo la bola a la mano de Alice, que se permitió una gran sonrisa antes de
estirar el brazo para efectuar otro nuevo lanzamiento.
Esta vez el bate consiguió, sin saber muy bien cómo, golpear la bola casi invisible. El
chasquido del impacto fue tremendo, atronador. Entendí con claridad la razón por la que
necesitaban una tormenta para jugar cuando las montañas devolvieron el eco del golpe.
La bola sobrevoló el campo como un meteorito para irse a perder en lo profundo del bosque
circundante.
-Carrera completa-murmuré.
-Espera-me dijo Esme con cautela, escuchando atenta y con la mano alzada.
Emmett era una figura borrosa que corría de una base a otra y Carlisle, la sombra que lo
seguía. Me di cuenta enseguida de que Edward no estaba.
-¡Out!-cantó Esme.
Contemplé alucinado cómo Edward saltaba desde la linde del bosque con la bola en la mano
alzada. Era el más rápido de todos. Era impresionante. Y en su rostro había una radiante
sonrisa de satisfacción.
-Emmett será el que batea más fuerte-me dijo Esme- pero Edward corre al menos igual de
rápido.
-No la fastidies-dijo Rosalie a mis espaldas-la última vez que jugamos nos aguaron la fiesta.
No sabía de qué estaba hablando, pero en comparación a Emmett y con la super velocidad de
Edward, yo estaba en una clara desventaja. Llegué a pensar fugazmente que me habían
invitado a venir para reírse de mi incompetencia. Así que solté el bate de nuevo y me quité la
camisa. Alice rió sonoramente, cómo si supiera por qué estaba haciendo aquello, pero los
demás, salvo Edward, pusieron caras de no comprender nada.
-¡Guau!-solté cuando ni vi venir la primera pelota que Alice me lanzó. No tuve tiempo ni de
moverme. Ella me guiñó un ojo cuando volvió a tener la bola en las manos y cambié de
estrategia. Si no podía ver la pelota, si podía ver sus manos.
A la segunda, si le di. Sabía que ni de lejos se habría alejado tanto como la de Emmett, pero
no dejaría que me eliminasen. Antes de que el bate llegase siquiera a tocar el suelo, yo ya
había entrado en fase cargándome los pantalones de chándal en el proceso. Corrí a la primera
base y llegué a la segunda. Allí ya me detuve, porque Edward, como no, tenía la bola.
-Muy bien Jacob- escuché que me decía en voz baja mientras le devolvía la pelota a Alice.
Estar en mi forma lobuna me facilitaba las carreras, pero debía olvidarme de volver a batear, a
no ser que les fuera el béisbol nudista. Pero ya estaba contento. No había hecho el ridículo.
Había conseguido que Rosalie me mirase con sorpresa y que Edward me dedicase un
cumplido.
Comprendí el motivo por el cual esperaban a que hubiera una tormenta para jugar cuando
Jasper bateó una roleta, una de esas pelotas que van rodando por el suelo, hacia la posición
de Carlisle en un intento de evitar la infalible defensa de Edward.
Carlisle corrió a por la bola y luego se lanzó en pos de Jasper, que iba disparado hacia la
primera base. Cuando chocaron, el sonido fue como el de la colisión de dos enormes masas
de roca.
El equipo de Emmett iba una carrera por delante. Yo me había echado junto a Esme, pero no
perdía detalle. Sobretodo en lo referente a Edward. Rosalie se las apañó para revolotear sobre
las bases después de aprovechar uno de los larguísimos lanzamientos de Emmett, cuando
Edward consiguió el tercer out. Se acercó de un salto hasta donde estábamos Esme y yo,
chispeante de entusiasmo.
-Una cosa es segura-pensé sabiendo que me oiría-no volveré a ver los partidos con Billy de la
misma manera. Será muy aburrido. ¿Hay algo que no hagas mejor que nadie en éste planeta?
Esa sonrisa torcida suya relampagueó en su rostro durante un momento, dejándome sin
aliento.
Jugó con mucha astucia al optar por una bola baja, fuera del alcance de la excepcionalmente
rápida mano de Rosalie, que defendía en la parte exterior del campo, y, veloz como el rayo,
ganó dos bases antes de que Emmett pudiera volver a poner la bola en juego. Carlisle golpeó
una tan lejos fuera del campo, que Edward y él completaron la carrera. Alice chocó
delicadamente las palmas con ellos.
Se gastaban bromas unos a otros como otros jugadores callejeros al ir pasando todos por la
primera posición. De vez en cuando, Esme tenía que llamarles la atención. Otro trueno
retumbó, pero seguíamos sin mojarnos.
-Tengo que irme-dijo Edward. Yo no pude evitar ponerme en pie. Le había dado las llaves del
Jeep.
Sentí una fría mano en el lomo, era Esme intentando reconfortarme. No funcionó.
Volví a la reserva a tal velocidad que no fui capaz de distinguir el camino que tomé. No tardé
mucho en escuchar las voces de la manada en mi cabeza. Tuve que aullar para que entraran
en fase y se me unieran. Necesitaba que me calmasen. Necesitaba alguien que comprendiera
mi profundo dolor.
Pero necesité bastante tiempo para conseguirlo. Horas. Estaba tan feliz con el. En su
compañía y la de su familia. Y se marchaba para ir con ella. Con ella. Esto cada vez era más
insoportable, no sabía cuánto tiempo más iba a durar en esa situación. La paciencia se me
agotaba, y la necesidad aumentaba. Iba cuesta abajo y sin frenos.
POV. Edward
Tal y como yo pensaba, Bella me estaba esperando, saltó de la cama en cuanto entré en su
dormitorio. Se durmió al poco rato de estar yo allí, y a diferencia de los otros días que pasaba
las noches velando su sueño, ésta vez, no podía evitar que mi vista se perdiera en el bosque
que veía a través de la ventana, sentado en la silla de su escritorio.
No sé qué me estaba pasando, pero me sentía culpable por haberme marchado de la forma
en que lo hice. Me lo estaba pasando tan bien...todo parecía tan perfecto...Jacob encajaba en
mi familia. Demasiado bien. Por eso Esme se había encariñado tanto con el. Quería que
formara parte de los nuestros. Y encima estaba lo de Alice. La visión de mi futuro con Bella y
ese nuevo futuro que no era capaz de distinguir. Ese que veía de forma borrosa, pero que
dejaba muy claro la posibilidad de que fuera con Jacob.
Esa visión me perturbaba e incluso estuve a punto de decírselo al propio Jacob. Habría sido
una estupidez. Claro que no podíamos saber lo que ocurría en ese futuro incierto, pero el que
ella no lo pudiera adivinar significaba, sin dudar, que estaba relacionado con licántropos.
Si me quedaba con Bella, sería feliz...a medias. Debía cuidar de ella, me presionaba para que
la convirtiera en un monstruo y parecía, a veces, tener una enfermiza visión de mi mismo. ¿Y
si mi futuro con Jacob fuera mejor?. No podía negar que me lo había planteado. Allí, en mi
casa, mientras tocaba el piano a su lado y él escuchaba la melodía absorto y conmovido.
Jacob era duro, el olor de su sangre no me atraía, por lo que no estaba en constante peligro.
Tampoco era apetecible para mis hermanos, padres o congéneres. Otro punto a su favor. Ya
era un monstruo, como yo, aunque de otro tipo, pero no necesitaría de mi extrema precaución.
Y me amaba profunda e incondicionalmente sin pedirme nada a cambio.
Cierto que muchas veces me parecía absurdo. Sus pensamientos, sus acciones. Se movía en
torno a mi como los planetas alrededor del sol. Siempre admirado, embelesado. Veía una
perfección en mi que para mí mismo era inexistente. Pero cuando leía su mente, llegaba a
creérmelo. Me hacía pensar que yo era mejor de lo que realmente era.
Al día siguiente, no estaba en casa cuando llegué del instituto. Eso me puso nervioso. Tal vez
le había hecho demasiado daño.
Pero sí lo hicieron tres toques cautos en la puerta de la entrada. Cuando ya la tarde caía.
-¿Qué haces aquí?-a pesar de que se mostraba molesta, yo sabía que le gustaba más para mi
que Bella.
-Vengo para llevarme a Edward- dijo Jacob sin entrar, porque el brazo de Rosalie bloqueaba
el espacio disponible.
-¿A dónde?-pregunté desde lo alto de las escaleras. ¿Por qué salí tan deprisa?. No me
apetecía ir a ninguna parte con Jacob. ¿O si?
-Los miembros del consejo me han dado permiso de llevarte esta noche-no parecía triste y
eso me hizo sentir mejor. Menos culpable, supongo.
-¿A dónde?-repetí.
-¿Sabes cómo se ahoga a una rubia, Rosalie?-le preguntó él a mi hermana con una sonrisa
en el rostro devolviéndole el golpe-pega un espejo en el fondo de una charca.
No pude evitar reírme, aunque era un chiste malo y antiguo. Rosalie solo le miró con
desprecio y se marchó.
-Vámonos- dije pillándole por sorpresa. Él había venido andando, así que cogí las llaves de mi
Volvo y se las pasé a Jacob por encima del techo del vehículo. Alucinó más.
-¿Me lo dejas?
Asentí. Conducía bien. Más lento que yo, pero seguro. Aunque podía notar el leve miedo que
tenía por hacerle cualquier cosa a mi coche.
La reunión a la que me llevó, tras dejar el Volvo frente a su casa, nos hizo caminar a través del
bosque, hasta lo alto de una colina donde habían encendido un fuego que chisporroteaba más
brillante que el cielo oscurecido. Todos me recibieron de la manera más alegre y natural. Me
sorprendía, porque ninguno tenía el más efímero pensamiento negativo o de rechazo hacia mi.
Ni siquiera Sam. Iba a ser más fácil tener amigos quileute de lo que esperaba.
Quil dio un salto para chocar los cinco conmigo. Emily me apretó la mano cuando me senté al
lado de Sam y de ella en el suelo de piedra. Jacob ocupó el espacio que quedaba entre yo y el
cuerpo de Jared, que tenía la boca demasiado llena como para emitir un saludo en
condiciones.
No solo asistían los chicos. Tal y como me había dicho Jacob, el consejo estaba allí. Billy, con
la silla de ruedas situada en lo que parecía ser el lugar principal del círculo. A su lado, en un
asiento plegable, se hallaba el Viejo Quil, que me saludó con una inclinación de cabeza que yo
imité. Sue Clearwater se sentaba en una silla al otro lado; sus dos hijos, Leah y Seth, también
se encontraban sentados en el suelo como los demás y me los presentaron. Leah era un año
mayor que Bella. Hermosa al estilo exótico, de piel cobriza, cabello negro centelleante y
pestañas largas como una actriz de Hollywood. Seth tenía quince años y absorbía cada
palabra que dijera Jacob, lo idolatraba con la mirada, aunque pude atisbar cómo se ruborizaba
al mirarme. Me recordaba mucho a Jacob, cuando le conocí aquella noche en el baile. Con su
gran sonrisa de felicidad y su constitución desgarbada y larguirucha, con apenas vestigios de
la infancia.
Estaba la manada al completo. Sam con Emily, Paul, Embry, Quil y Jared con Kim, la chica a
la que había imprimado.
Kim me causó una excelente impresión. Era estupenda, algo tímida, pero de piel reluciente
como seda cobriza a la luz del fuego. La doble curva de sus labios, el destello de sus dientes
blancos en contraste con la negritud de la noche y la longitud de sus pestañas cuando bajaba
la mirada al suelo, eran características suyas dignas de mención. Podía ver el mismo amor en
Jared al mirarla que el que veía en los ojos de Jacob al contemplarme a mi. Parecía un ciego
que viera el sol por primera vez. La tez de Kim enrojecía algunas veces cuando se encontraba
con la mirada emocionada de Jared e inclinaba los ojos como si se avergonzara, y ella
intentaba por todos los medios mantenerlos apartados de él durante el mayor tiempo posible,
aunque yo sabía que en su interior deseaba hacerlo.
Al mirarlos a ambos, sentí que comprendía mejor lo que era la imprimación. El nivel de
compromiso y adoración no tenía límites. Me sentía como espectador de mi propia película,
pero yo no era tan buen actor como Kim. Y por un segundo, lo lamenté.
Deseché ese absurdo pensamiento cuando la voz de Paul me obligó a desviar la vista de los
tortolitos.
-¿Te vas a comer ese perrito caliente?-preguntó a Jacob, con los ojos fijos en el último bocado
de la gran pila de alimentos que habían engullido los lobos.
Jacob se echó hacia atrás, apoyó la espalda en mis rodillas y jugueteó con el perrito ensartado
en un gancho de alambre estirado. Las llamas del borde de la hoguera lamían la piel cubierta
de ampollas de la salchicha. Lanzó un suspiro y se palmeó el estómago. Sabía que fingía,
porque yo había perdido la cuenta de los perritos que se había zampado después de que llegó
a diez. Eso sin mencionar la bolsa de patatas extra grande, ni la botella de dos litros de
cerveza sin alcohol. Estaba llenísimo.
-Supongo-dijo Jacob perezoso-tengo el estómago tan lleno que estoy a punto de vomitar, pero
creo que podré tragármelo. Sin embargo, no lo voy a disfrutar-a pesar de que Paul había
comido tanto como Jacob, le fulminó con la mirada y apretó los puños. Era el más irascible, sin
duda- tranqui- Jacob rió-era broma Paul, allá va.
Lanzó el pincho casero a través del círculo de la fogata. Paul lo cogió con suma destreza por
el lado correcto y se lo llevó a la boca.
El fuego chasqueó y la leña se hundió un poco más sobre la arena. Las chispas saltaron en
una repentina explosión de brillante color naranja contra el cielo oscuro. Ni me había
percatado de que ya era noche cerrada. Estando junto a Jacob, el tiempo y el espacio se
desdibujaban de tal manera, que parecía perder la noción de ambos. Tanta camaradería y
tanto amor, te hacían ver las cosas de un modo diferente. En mi familia nos queríamos, pero
aquí era distinto. De otra forma. Se respiraba de otra manera en el ambiente.
-Mucho.
-¿Qué va a suceder ahora?¿te vas a tragar una vaca entera tú solo?-bromeé. Algo raro en mi
sin estar con mis hermanos.
Jacob se rió-no, ése es el número final. No solo nos hemos reunido para zamparnos lo de una
semana entera. Es una reunión del consejo. Es la primera a la que asiste Quil y él aún no ha
oído las historias. Bueno, sí que las ha oído, pero ésta es la primera vez que lo hace sabiendo
que son verdad. Eso hará que preste más atención. También es la primera vez de Kim, Seth y
Leah. Y claro, la tuya.
-¿Historias?¿vuestras leyendas?
Asintió-la crónica de cómo hemos llegado a ser lo que somos. La primera es la historia de los
espíritus guerreros.
Las palabras de Jacob fueron como la introducción. La atmósfera cambió de forma abrupta
alrededor de los rescoldos del fuego. Paul y Embry se enderezaron. Jared sacudió a Kim que
se estaba quedando dormida en su pecho, con suavidad y la ayudó a erguirse.
Billy se aclaró la garganta y, con voz rica y profunda, comenzó la historia de los espíritus
guerreros sin otra presentación que el susurro de su hijo. Las palabras fluyeron con precisión,
se las sabía de memoria, aunque sin perder por eso ni el sentimiento ni un cierto ritmo sutil,
como el de una poesía recitada por su propio autor. Había un tono de majestad en su voz del
que nunca me había dado cuenta, aunque estaba claro, que siempre había estado allí.
La historia que contó tuvo que ver con los lejanos y primigenios tiempos de la tribu. Se
centraba en los primeros espíritus guerreros y en la traición de uno de ellos. Pero la paz había
llegado gracias al jefe Taha Aki, en su forma de lobo. Una historia larga y llena de sus ideales
y creencias. La forma de narrar de Billy te hacía meterte en la historia de tal modo, que
costaba volver a la realidad cuando la terminaba. El bolígrafo de Emily corría por las páginas
del papel procurando mantener el ritmo, pero a esas alturas, ya le dolía la mano.
La narración concluyó con una curiosa frase del señor Black en la que cavilé unos
instantes. Todos los lobos eran diferentes entre sí, porque eran espíritus lobo y reflejaban al
hombre que llevaban dentro.
-Por eso Sam es negro del todo-escuché que murmuraba Quil entre dientes, sonriendo-
corazón negro, pelaje negro.
Contemplé los rostros de los que me rodeaban. El círculo se componía de los tataranietos de
los tataranietos de los tataranietos de Taha Aki. O más aún. A saber cuántas generaciones
habrían pasado.
El fuego arrojó una lluvia de chispas al cielo, donde temblaron y bailaron, adquiriendo formas
casi indescifrables.
-¿Y qué es lo que refleja tu pelambrera de color chocolate?-respondió Sam a Quil-¿lo dulce
que eres?
Billy ignoró las bromas y miró al anciano Quil Ateara, que cambió de postura en su silla y
estiró sus frágiles hombros. Billy bebió de una botella de agua y se secó la frente. Antes de
que empezara, cogí el bolígrafo de las manos de Emily y me ofrecí silencioso a escribir por
ella. Me sonrió a modo de aceptación.
-Ésa fue la historia de los espíritus guerreros-comenzó el viejo Quil con su aguda voz-y ésta
es la historia del sacrificio de la tercera esposa.
Yo me esperaba algo así. Éste relato se centraba en el ataque de los primeros vampiros que
habían conocido y el modo en el que habían acabado con uno de ellos. Gracias al sacrificio de
la tercera esposa de Taha Aki, hiriéndose para salvar la tribu.
Mientras escuchaba la leyenda, cerré los ojos. El anciano Ateara era casi tan buen narrador
como Billy y quise sumergirme en la historia. Sin dejar de escribir ni una sola de las palabras,
aunque de manera automática. Podía sentir las incesantes miradas de Jacob posarse en mi,
sobretodo, porque pensaba con su acostumbrada voz por encima de los decibelios normales.
Se había sentado más pegado a mi, rozando su muslo con el mío.
Cuando terminó el relato, abrí los ojos. Al otro lado del fuego, pude ver la mirada de Seth
Clearwater, henchido de orgullo por pertenecer a la hermandad de protectores de la tribu. Y
eso que aún no se había convertido oficialmente en uno de ellos. Se escuchó una risa de Billy
y la magia pareció desvanecerse entre las brasas resplandecientes. De pronto, solo había un
círculo de amigos y nada más. Jared le tiró una piedrecilla a Quil y todo el mundo rió cuando
éste se sobresaltó. El murmullo de las conversaciones en voz baja se extendió alrededor, lleno
de bromas y con naturalidad. Leah mantuvo los ojos cerrados, aunque no se me pasó por alto,
que por su mejilla caía una lágrima.
Entonces fui consciente de que seguía con el cuaderno en las manos-ten, Emily.
Ella abrió mucho los ojos cuando vio lo que había escrito- Edward...vaya...no sé qué decir.
Muchas gracias...está todo...tienes una letra preciosa-me abrazó con el brazo que tenía libre.
Poco a poco se fueron yendo todos. Jacob y yo nos marchamos de los últimos, a pasos más
lentos, porque se moría por saber cómo me lo había pasado y quería que fuera sincero, sin la
presión de la multitud.
Andaba con las manos en los bolsillos y estaba extrañamente nervioso, aunque no conseguía
hallar el por qué en su cabeza.
-¿Te ha gustado pasar el rato aquí?-pateó una piedra que se perdió entre la maleza.
-Ha sido interesante. Ahora entiendo por qué querías que viniera y por qué te dejaron traerme.
-Yo me quedé maravillado con vuestras historias, así que supongo, que ahora estamos en
paz.
-En parte. Aunque mi padre y el viejo Quil querían que vieras que no somos simples
cachorritos. Somos guerreros.
Anduvimos un poco, charlando sobre las leyendas y demás trivialidades, hasta que llegamos a
su casa.
-Si, creo que ya va siendo hora-admití. Aunque en mi fueron interno, no tenía demasiadas
ganas de hacerlo.
Él sacó entonces algo de su bolsillo y me lo tendió. Eran las llaves del Volvo-ten. No te las di
antes por si acaso decidías que era una locura estar aquí. Una tontería. Como si necesitaras
el coche para huir.
Sonreí de medio lado y le cerré la mano, dejándole la llave en la palma y provocándole una
mueca de desconcierto.
-Me apetece andar. Mañana volveremos a vernos en mi casa ¿verdad?, devuélvemelo
entonces-dije. Esperaba que de un momento a otro se pusiera a brincar, pero supo
controlarse. Con una amplia sonrisa de oreja a oreja, devolvió las llaves al bolsillo.
De pronto, se puso serio y situó su mano debajo de mi barbilla. La sujetó con firmeza para que
no pudiera evitar su resuelta mirada.
-Lucharé por ti cada segundo de mi vida, hasta que mi corazón deje de latir-me miraba
fijamente a los ojos. Sin miedo. Sin duda-aunque estés con Bella. Siempre estaré aquí.
No sé por qué no me solté de su agarre. Podía haberlo hecho fácilmente, pero me había
quedado inmóvil mientras miraba los iris oscuros de sus ojos. Sentía esa electricidad que
surgía ante el más mínimo roce de su piel sobre la mía. Así estuve unos segundos, hasta que
vi la resolución en aquellas orbes, pero ya era demasiado tarde.
-No...
Estampó sus inexpertos labios sobre los míos, silenciando mi protesta, mientras me sujetaba
la nuca con la mano libre. Me besó con pasión contenida, y celos. Notaba los celos manar de
todos los poros de su cuerpo. Posé las manos en su pecho en un ademán de empujarle, pero
había perdido las fuerzas, aunque sabía que eso era imposible. No podía moverme. Sus
labios eran dulces...y se amoldaban a los míos de una manera que me enloqueció.
Mis manos actuaron por cuenta propia y se desplazaron a su rostro. La electricidad recorría
mis dedos, mis brazos y mis hombros. Sus labios se abrieron paso entre los míos y pude
sentir su aliento abrasador en la boca. Cerré los ojos durante un momento sintiendo su lengua
indagando en mi cavidad. Era su primer beso, y se notaba, además no paraba de gritar en su
mente que era como un sueño hecho realidad. Y lo peor, es que yo debería de haberle
detenido, pero no lo hacía. Era diferente. Era bueno. No tenía que controlarme con Jacob, no
podía hacerle daño, al menos nada grave. No era corriente. No era humano. Y yo tampoco lo
era.
Empujé a Jacob con fuerza y se tambaleó unos pasos hacia atrás, aunque no cayó. Me miró
con la culpabilidad en la cara, pero no arrepentimiento.
Me cubrí la boca con la mano, intentando calmar mi desasosiego. Le había dejado besarme.
Esto era culpa mía.
POV. Edward
La sensación que habían dejado los labios de Jacob sobre los míos me duró más de lo que
esperaba. No paraba de darle vueltas a lo que había pasado y me maldije mentalmente una y
otra vez por no haberlo evitado. Por no haberlo visto venir. O tal vez lo hice...pero no quise
detenerlo. No, eso es una estupidez.
Fui a casa de Bella. Escuchaba los profundos ronquidos de Charlie. Ya era tarde y apostaba a
que ella también dormía, pero la culpabilidad me carcomía y necesitaba verla. La había
engañado. Para mí era un engaño. Había dejado que Jacob me besara y encima...no había
sido desagradable para mi.
-Edward- musitó feliz antes de que mi cuerpo entero se colase por su ventana y corrió a
rodear mi cuello con sus brazos.
-Perdóname Bella-sin soltarla, la guié hasta la cama, para que pudiera recostarse.
-Bella...
-¿Mmm?
A la mañana siguiente, tuve que coger el Chevy de Bella para ir al instituto. No pisaría mi
casa, aún no. En cuanto Alice me viera la cara sabría que algo había pasado y no me sentía
capaz de darle alguna explicación. Mientras no me quedase a solas con mi hermana, todo iría
bien. No sabía qué iba a decirle. ¿Le había dicho a Bella que nos casáramos sólo para evitar
la tentación de que aquel beso volviera a ocurrir?...Alice me lo preguntaría seguro.
Fue una jornada de lo más aburrida, hasta que llevé a Bella a su casa. En cuanto me apeé del
Chevrolet, me llegó. El extraño y desconocido olor. Crucé el umbral a tal velocidad que
Charlie, que estaba viendo la televisión en el salón, ni me vio pasar. A los pocos segundos,
llevé conmigo a Bella a la cocina, sabiendo que Charlie ignoraba nuestra presencia de manera
intencionada.
-Alguien ha estado aquí-le dije, puesto que me miraba con ojos inquisitivos.
-¿Victoria?-preguntó asustada.
-¿Cuándo?
-No hace mucho, esta mañana seguramente, cuando nos fuimos al instituto y Charlie aún
dormía. Quienquiera que sea no ha tocado a tu padre, por lo que debía perseguir otro fin.
-Buscarme-dijo ella.
-¿Qué estáis cuchicheando vosotros dos ahí dentro?-preguntó Charlie con recelo mientras
doblaba la esquina llevando el plato vacío del que había sido su almuerzo. En cuanto entró en
la cocina, su expresión cambió, sonriente-si estáis teniendo una pelea...bueno, no os voy a
interrumpir-sin dejar de sonreír, depositó el plato en el fregadero y se marchó con aire
despreocupado.
-Tengo que irme-dije a Bella- volveré más tarde-le besé en la coronilla como acostumbraba y
la dejé allí no sin darle los últimos ánimos-mandaré a Emmett y a Jasper a que peinen los
bosques. Estaréis a salvo.
Llamé a mis hermanos nada más salir de la casa de Bella, así que al llegar, ya se habían ido.
No así Jacob, que estaba fuera del garaje con pánico en los ojos. Dudaba en si acercarse a mi
o no, pero yo le ignoré y entré en mi casa.
-No tengo la menor idea. No vi nada-dijo ella. Jasper y Emmett le había puesto al corriente de
lo sucedido en casa de Bella.
-Su don no es una ciencia exacta Edward- me comentó Carlisle con ademán tranquilizador.
-Estoy vigilando a los Vulturis, el regreso de Victoria e intento ver lo que pasará contigo
Edward- respondió Alice-¿quieres añadir otra cosa?¿debo seguir todos y cada uno de los
pasos de Bella?, enseguida se me va a escapar algo, se crearán fisuras si intento abarcarlo
todo-mi hermana se había molestado conmigo y con razón. La estaba usando como oráculo a
tiempo completo y la pobre no daba a basto.
-¿Puede ser Victoria?-preguntó Carlisle. Esme se había unido a la conversación y Rosalie solo
permaneció inmóvil, de espaldas a nosotros mientras miraba por el ventanal.
-Carece de sentido...-dijo Esme- Alice habría visto a quienquiera que sea si pretendiera ir a
por Bella. Él, o ella, no tiene intención de herirla; ni a ella ni a Charlie.
-Se marchó hace varias horas, demasiadas-me dijo Emmett, decepcionado-el rastro conducía
al este y luego al sur. Desaparecía en un arcén donde le esperaba un coche.
-¡Qué mala suerte!-murmuré-habría sido estupendo que se hubiera dirigido al oeste. Entonces
la manada...-me callé.
-Ninguno de nosotros le identificamos, pero toma- Emmett le tendió una fronda de helecho a
Carlisle y se lo fueron pasando de mano en mano-quizá conozcas el olor.
-En tal caso, si sólo era un fisgón, ¿por qué no se limitó a venir aquí?-inquirió Emmett.
-Tú lo harías-repuso Esme con una sonrisa de afecto-la mayoría de nosotros no siempre actúa
de forma directa. Nuestra familia es muy grande, él o ella podría asustarse, pero Charlie no ha
resultado herido. No tiene por qué ser un enemigo.
-No lo veo así-dijo Alice- la sincronización fue demasiado precisa...el visitante se esforzó en no
establecer contacto, casi como si supiera lo que iba a ver...
Seguían debatiendo entre ellos, pero yo tenía una idea. Y la puse en práctica.
Salí fuera de mi casa, y tal y como esperaba, Jacob continuaba allí. En el mismo lugar, casi en
la misma postura. Esperando. Llevaba el pecho desnudo como siempre, y no vestía más que
unos viejos vaqueros cortados.
-Jacob...-me acerqué a el. Noté que iba a hablarme, pero no le dejé-necesito tu ayuda.
-Lo que quieras-dijo sin pensárselo siquiera.
-Ven conmigo-empezó a seguirme hasta el Volvo. Me lanzó las llaves por encima del techo y
al momento ya estaba al volante.
-A casa de Bella.
-Te necesito Jacob- chasqueé la lengua cuando vi que se alejaba cada vez más- Jacob,
alguien ha entrado en su casa. Alguien cuyo olor desconozco. ¿Se ha encontrado la manada
con algo nuevo?
Seguía andando rumbo a mi casa, al porche-no y me da igual quién haya entrado en casa de
Bella.
-Jacob, por favor-supliqué y eso sirvió para que se detuviera casi antes de llegar a su objetivo-
no te lo pediría si no fuera importante.
-A mi ella no me importa.
-¿Y yo?
-Jacob...
-Vine para verte, devolverte el coche y hablar de lo que...de lo que pasó. No para ayudar a
esa...-pensó mil insultos, pero no se decidía por ninguno-a Bella.
-Solo ven conmigo a su casa. Olfatea un poco. Por favor. Podría ser peligroso para más gente
porque no sabemos quién es.
Aspiró tanto aire que se le hincharon los mofletes y luego lo expulsó haciendo una sonora
pedorreta-de acuerdo. Pero quiero hablarte de lo de ayer, yo...
POV. Jacob
Cuando llegamos a casa de Bella, ya una lluvia ligera azotaba la ciudad. Era lo único que
había podido escuchar todo el tiempo en el trayecto que hicimos en el coche. El repiqueteo del
agua contra los cristales, y mi propio corazón desbocado. Edward no dijo una palabra, solo
miraba al frente y eso dolía, más sabiendo que no necesitaba hacerlo para conducir como
todo un profesional.
Allí, plantado delante de la puerta de Bella, esperando a que nos abriera, me sentí un
completo estúpido. Iba a ayudarla. Iba a ayudar a esa chica que ya no me importaba lo más
mínimo ¿para qué?¿para que luego fuera ella la que acabara entre los brazos de Edward?
Cuando abrió la puerta, sus ojos pasaron de Edward a mi. Y allí se quedaron.
-¡Jacob!-noté que se alegraba de verme, pero el sentimiento no era mutuo. Intenté poner una
mueca parecida a una sonrisa, pero creo que se parecía más bien a mis intentos de no
vomitar cuando me ponía enfermo.
-Pasad. Charlie se ha quedado transpuesto en el sofá-la obedecimos y por fin la lluvia dejó de
empaparnos-¿es que te resulta imposible ponerte ropa, Jacob?-su voz me sentaba como si
una bala me traspasara alguna parte del cuerpo. Dejando un surco sangrante y dolorosamente
insoportable. Sabía que ella actuaba con simpatía. Llevábamos tiempo sin hablarnos, desde
que yo me había ido de la lengua con Charlie en lo referente a las motos y estaba claro que
deseaba hacer las paces conmigo, pero yo no era capaz.
-¿Te parece que soy una mula de carga?-espeté-ya es bastante molesto acarrear unos
pantalones cortos a todas partes, no digamos entonces toda la ropa-fui demasiado antipático,
y Edward me dio un codazo en las costillas. Era la primera vez en mucho tiempo, que el golpe
de alguien me dolía enserio.
-Se supone que debo ponerme a trabajar-interrumpí antes de que ella se deshiciera en elogios
hacia mi vampiro. Estúpida.
Pareció escandalizada, como si se hubiera dado cuenta de algo- Jake, esto no es cosa tuya...
-Tardaré un minuto-respondí y subí las escaleras. Creo que incluso tardé menos, porque no
soportaba estar allí dentro. No sólo olía a Bella por doquier, sino que el olor de mi Edward
estaba impregnado en aquel lugar casi tanto como en el dormitorio de su propia casa. Tuve
que pensar en pacíficos riachuelos, paseos tranquilos por La Push y en los labios de Edward
rozando los míos para poder calmarme y no entrar en fase convirtiendo en escombros buena
parte de la casa de Charlie- tu dormitorio apesta-apunté cuando llegué abajo de nuevo. Por la
mirada que le echó a Edward, pude adivinar que pensaba que me refería a el. Ilusa.
-Compraré algún ambientador-dijo para relajar los ánimos por si Edward y yo empezábamos
una disputa.
-Estaremos al tanto por si nos llega ese olor por la reserva-informé a mi vampiro.
Me acerqué a la puerta para salir de allí, no soportaba seguir en esa casa por mucho tiempo
más, pero el roce de la mano de Bella en mi antebrazo me detuvo- Jake, te agradezco que
hayas venido-vi en sus ojos la tentativa de abrazarme, pero no le di pie a ello.
-Aún así, gracias-miró a Edward y luego a mi otra vez-me preguntaba...si te gustaría venir a la
fiesta de graduación que dará Alice en mi honor.
-¿Una fiesta?¿dónde?
-¿Enserio?-miré a Bella fingiendo una sonrisa. Si voy a esa fiesta no es por ti, mema-claro que
iré.
-Gracias-dijo.
Pero si creían que me iba a ir yo solo...se equivocaban- Edward...creo que deberíamos hablar
del intruso, fuera-me miró como si quisiera echarme aceite hirviendo por la garganta. Apuesto
a que de haberla tenido a mano, lo hubiera hecho. Sujeté el pomo dispuesto a quedarme a
pasar la noche allí si fuera preciso. Quería hablar del beso y ya había olfateado lo suficiente.
Suspiró hastiado y me siguió. No sin antes decirle a aquella insoportable individua que
volvería pronto.
-Está bien...acabemos con esto de una vez...-musitó Edward. Habíamos cogido el Volvo y
estábamos en un paraje algo alejado. Seguramente pensando en que podría besarle de nuevo
o incluso en castigarme por hacerlo. Mejor no estar cerca de la casa de Bella en ambos casos.
Aunque me daba la impresión...y quería creer a pesar de no ser para nada un experto en esas
lides...que a Edward le había gustado casi tanto como a mi. Bueno, un poco menos a lo mejor.
Superar mi entusiasmo era imposible.
-No.
-Por favor, Edward. Tu entras en mi mente cada vez que quieres y no me importa,
pero...necesito...reconoce que me devolviste el beso. Que quizás te gustó más de lo que
quieras admitir.
-No digas tonterías-a pesar de soltar una risa entre dientes, desvió la mirada de mi.
-No tengo ninguna experiencia en esta clase de cosas, pero a mi me pareció increíble-el
abrumador anhelo de tocarle de nuevo se negaba a desaparecer y era más persistente a cada
segundo que pasaba, sobretodo teniéndolo cerca. Mi cuerpo, mi alma, mi corazón y mi
cerebro, todos me pedían a gritos que volviera a besarle. Que volviera a sentirle de aquella
manera. Tan cercano. Tan placentero.
-A mi me pareció un error, Jacob- me dijo con severidad-y te agradecería que la próxima vez
controlases tus impulsos.
-Vamos Edward...-me acerqué un poco hacia el-piensa en cómo sería, tú y yo. No tendrías
que andar midiendo cada paso. Ella es joven...está eclipsada por ti, pero...su amor no es tan
sincero como el mío y lo sabes. No digo que no te quiera, pero yo no puedo vivir en un mundo
donde tú no existas. Solo tú eres más importante que cualquier cosa que yo quiera...o
necesite. Eres mi aire, mi agua, mi...
-Está bien...pero lo haré porque sé que esta noche, cuando estés con ella en su dormitorio,
pensarás en mi-le guiñé un ojo y eché a correr en dirección a la arboleda. Sus titubeantes ojos
me habían dado la pista. Esquivaba mi mirada. Algo referente a mi le perturbaba. Ese beso
significó algo para el. Apostaría lo que fuera porque así era.
Los días siguieron pasando. Y lo que yo había convertido en una costumbre, visitar la casa de
Edward, se transformó en una actividad en grupo. Día tras día, Esme me abría las puertas de
su casa aunque mi vampiro no estuviera allí. Mantenía amenas charlas con Carlisle siempre
que no estaba trabajando. Echaba pulsos increíblemente complicados de ganar con Emmett.
Me reía a costa de Rosalie. Jugaba al ajedrez con Jasper. O me probaba ropa nueva cortesía
de Alice.
Podía decir sin temor a equivocarme, que todos y cada uno de ellos me aceptaba de pleno.
Salvo Edward. Él, en cuanto llegaba a casa, me miraba con desdén y se encerraba en su
habitación. Y a pesar de que aquello debía tomármelo como la peor de las afrentas y ponerme
a llorar por los rincones...me sentía feliz. Cada vez que le veía fruncir el ceño en mi dirección,
notaba un revoltijo en el estómago. Como si unos pájaros estuvieran aleteando en su interior.
Me ponía muy contento. Porque sabía lo que pasaba. Edward estaba sintiendo algo por mi.
Algo que quizás ni él mismo pudiera comprender aún. Pero lo suficientemente fuerte como
para que le supusiera una molestia y me evitase a toda costa.
Además...una vez pregunté a Alice qué le pasaba a Edward...y digamos que ella se echó a
reír sin más. Adoro a Alice.
Fui a la ceremonia por Edward, claro, aunque mi padre estaba dividido en dos. Por Edward...y
Bella. La hija de su mejor amigo Charlie. Pero en cuanto la multitud se arremolinó en torno a
los alumnos, aproveché y me fui a casa. Debía prepararme para la fiesta en casa de los
Cullen.
No sé por qué me sorprendí al cruzar la puerta de la casa. Alice la había transformado por
completo en un night club, de ese estilo de locales que no sueles encontrar en la vida real,
sólo en la televisión. Con su bola de espejos en el techo y todo.
El Suburban que había visto aparcado en la entrada, estaba claro que había sido utilizado
para dejar a todos aquellos chavales allí. Entre el gentío, reconocí a Mike Newton, el rubito
que fue al cine con Bella y conmigo en una ocasión. La propia Bella estaba charlando con el y
con otra chica a la que yo no conocía.
Pero seguí adentrándome en la fiesta. Quil y Embry iban detrás de mi, decididos a no
perderse la juerga. Además, querían saludar a Edward. Yo me sentía nervioso. Me había
puesto pantalones largos...raro en mi, una camisa oscura con los dos botones superiores sin
abotonar, las deportivas más limpias y cuidadas que tenía, e incluso me había echado
perfume. De unas muestras de propaganda que encontré en un cajón del cuarto de Billy. Iba
de punta en blanco y nadie lo podía discutir.
Atisbé a Alice cerca de un altavoz. Llevaba una camiseta sin mangas cubierta de lentejuelas y
unos pantalones de cuero rojo. Su piel desnuda relucía de un modo extraño bajo el parpadeo
de las intermitentes luces rojas y púrpuras.
-Jacob- me saludó sonriente y sin que le perturbase lo más mínimo la estridente música.
-No pasa nada. Los amigos de Jacob son nuestros amigos-ella les tendió la mano y ambos se
las estrecharon.
-¿Hay comida?-preguntó Embry y Alice le señaló con la cabeza una gran mesa con picoteo
variado. Seguramente, encargados a una empresa de catering de postín. Así que mi amigo no
tardó demasiado en ir a zampársela.
-Y tu Jacob. Muy elegante. Te queda bien la camisa que te compré-me besó en la mejilla y
empezó a alejarse con tal maestría, que su cuerpo no rozaba con el de ninguno de los
adolescentes que bailaban aglomerados.
-¡Edward!- Quil y él chocaron los puños a modo de saludo, pero después, mi compañero se
marchó para dejarnos a solas.
-Bella me invitó, ¿recuerdas?-era genial. A pesar de no haberme hablado durante días, ahora
se acercaba a mi. Debo comprarme el perfume la próxima vez que vaya a Port Angeles.
-No pensé que tuvieras la desfachatez-dijo, pero en tono divertido y sonreí. Entonces le miré
de arriba abajo. No sé cómo pude mantener el control para no lanzarme encima de el y
hacerle mío allí mismo, aunque traumatizáramos a los demás jovencitos del lugar. Iba con una
camisa casi tan blanca como su piel, una corbata negra y unos pantalones que se ajustaban
perfectamente a su cuerpo.
-Gracias.
-¿Por qué?
-No puedo devolverlo a ninguna tienda porque no lo he comprado. Lo hice con mis propias
manos, y me costó bastante tiempo-admití y saqué su regalo de mi bolsillo. Se lo tendí y lo
cogió.
Lo miró absorto durante unos instantes. Era una pequeña figura de madera, tallada por mí
mismo, de un lobo. Le había dado todo el realismo que me había sido posible labrar e incluso
había conseguido la madera perfecta, de tonalidades rojizas, como el color de mi pelambrera
lobuna.
-Vaya...-musitó sin apartar la vista del objeto-es el mejor regalo que me han hecho nunca...
Aquello me pilló tan de sopetón, que dejé de respirar por un instante. Le escudriñé las
facciones para ver si había algún atisbo de mentira, pero no fui capaz de averiguarlo.
-Anda ya. Hay millones de cosas mejores que esa en esta casa-dije restándole importancia a
sus palabras. No quería ilusionarme demasiado.
Nos quedamos parados delante de su puerta, que estaba cerrada. Él parecía titubear sobre si
girar el pomo o no. Suspiró antes de hablarme-no sé donde la pondré-estaba en una nube y
tardé varios segundos en percatarme de que hablaba de mi regalo.
-Es difícil. Tienes las estanterías llenas de CDs-bromeé. Como si no tuviera más cosas en su
habitación.
Entonces abrió la puerta y entramos. Me quedé sorprendido y llegué a pensar que había
cambiado de cuarto. Pero era la misma habitación, solo que habían reubicado el mobiliario. El
sofá de cuero se hallaba en la pared norte y habían corrido levemente el estéreo hacia los
estantes repletos de CDs para hacer espacio a la colosal cama que ahora dominaba el
espacio central. Encajaba. El edredón era de un dorado apagado, apenas más claro que las
paredes. El bastidor era negro, hecho de hierro forjado y con un intrincado diseño.
-Pero tú no duermes...-me sentía estúpido diciendo todo aquello, pero no podía parar. Si
llevaba a cabo la suma en mi cabeza...una habitación a puerta cerrada, más una cama, más
Edward, más yo...igual a peligro inminente.
-¿Crees que queda bien aquí?-la puso al borde de una de las estanterías, la más cercana a la
vidriera.
-No, creo que aquí-se la quité de allí y la puse junto al equipo de música, en la mesa donde
descansaba. Él usaba mucho aquel aparato, por lo que vería a menudo mi regalo.
-No fue por ella-respondió a mis pensamientos tan rápido, que llegué a pensar que los
pronuncié en alto-la compró para ti.
-¿Para mi?
-Pasas tanto tiempo aquí...que supuso que querrías quedarte a dormir alguna vez.
-¿En tu habitación?
-¿Preferirías otra?
No respondí. No hacía falta. Esme había pensado en mi para comprar aquella cama y encima
la había puesto en el mejor lugar de la casa. Vaya...si que me quería.
-Edward...-iba a seguir hablando, pero su mano en alto, me obligó a detenerme. Tenía los ojos
muy abiertos y con la mirada perdida en algún punto de la habitación, a mis espaldas. Incluso
juraría que estuvo varios minutos sin parpadear. Con la tensión reflejada en su rostro.
-¿A Forks?
-Uno de ellos llevaba una blusa de Bella...se pasaban el olor unos a otros.
-¿Vienen a por ella?-no pude evitar el tono jocoso, pero él estaba tan desconcertado que ni se
molestó en reprenderme.
-No podemos dejarles llegar tan lejos, no somos bastantes para proteger el pueblo-parecía
hablar con otra persona, y Jasper cruzó la puerta, seguido de Alice.
-Eso no sirve de nada. No es como si nos las viéramos con un rastreador. Ellos seguirán
viniendo primero aquí-dijo Alice.
-¿Qué son neófitos?-pregunté. Creo que se habían olvidado de que yo estaba allí.
-Jacob...-Edward hizo ademán de acercarse a mi, pero algo se lo impidió-no es necesario que
os impliquéis en esto.
-Edward...si en la misma frase juntas vampiros peligrosos y a ti, no dudes en que me tendrás a
tu lado. No soporto la idea de luchar por Bella, pero por ti, ni me lo planteo-añadí antes de salir
corriendo escaleras abajo y sacando a Quil y a Embry de allí.
7Clases prácticas
POV. Jacob
No tuve que suplicar demasiado, por no decir nada, para convencer a Sam de ayudar a los
Cullen en su cruzada contra los llamados "neófitos". Según Alice, serían veintiuno, pero el
número podría disminuir. Seríamos suficientes.
Y después de haberme pasado por mi casa, de haberme cambiado y de coger una mochila
con un par de prendas de ropa y el cepillo de dientes; volví al hogar de los Cullen.
-Lo siento. Sé que Jasper dijo a las tres de la madrugada, pero he pensado en ir con vosotros
al punto de encuentro-entré como si fuera mi propia casa. Me sentía muy cómodo allí.
-¿Les dijiste dónde hemos quedado?-Jasper apareció. Venía desde la sala donde podía
escuchar todavía la música de la fiesta, aunque le habían bajado el volumen. Se notaba que
estaban recogiendo los restos de la parranda.
-Si, a quince kilómetros al norte del puesto del guarda forestal de Hoh Forest. Seguirán
nuestro rastro desde el oeste. No les costará nada dar con nosotros-aclaré repitiendo las
palabras que me había dicho Jasper por teléfono rato antes-lo que...Sam no se fía demasiado
de ti y de Emmett...después de lo que pasó la última vez durante la persecución de
Victoria...Vendrán en forma de lobo.
-Entiendo. Ésta noche les explicaré lo que haremos y les ilustraré con algunas
demostraciones.
-No pasa nada. Le esperaré-le mostré la mochila que llevaba a la espalda y ella sonrió.
Subí las escaleras con confianza y entré en el dormitorio de Edward. Inspiré profundamente y
sonreí. Mi sitio favorito en el mundo.
Dejé caer la mochila en el suelo y me tumbé sobre la cama con los brazos extendidos. La
ocupaba casi por completo de ese modo. Había decidido por mi cuenta, que hasta que no
fuera la hora acordada para la instrucción de Jasper, me quedaría a dormir en esa casa. Para
no hacerle un feo a Esme que había comprado la cama, pero sobretodo, porque quería
hacerlo. Era mi cama. Mi cama en la habitación de Edward. Solo dormiría dos horas o una a lo
sumo, porque ya era bastante tarde, pero merecería la pena.
Quería ver la cara de Edward cuando viese que yo estaba allí durmiendo. Seguramente se
enfadaría. Me echaría una de sus gélidas miradas cargadas de reproche. Sonreí más
aún. Edward.
Y no supe cuando, pero sí por qué, me quedé dormido tal cual estaba. El intenso aroma de mi
vampiro me rodeaba y me relajó tanto, que no tuve oportunidad alguna de evitar caer en
brazos de Morfeo.
-Despierta chucho...-sentí una fría mano tocarme el hombro varias veces. Una voz femenina.
Al abrir los ojos amodorrado, me encontré con el rostro de belleza incalculable de Rosalie.
-Edward no va a venir.
La vampira permanecía de pie, con los brazos cruzados y la mala cara que siempre se traía.
Como si hubiera chupado un limón.
-Siempre pasa las noches con Bella-lo dijo con desprecio. Lo que hizo que la curiosidad
dominase el odio creciente en mi cuerpo.
Pareció dudar. Miró a la puerta cerrada, pero suspiró y se sentó a mi lado, sobre el edredón-
no por lo mismo que tu. Pero, sí, me cae mal.
No pude evitar sonreír. ¿Rosalie y yo teníamos algo en común?, me iba a terminar cayendo
bien y todo.
-Es insoportable. Siempre anda detrás de mi hermano para que la convierta en vampiro y
apuesto a que lo hace para conservarse joven por siempre, no para estar con Edward- soltó.
En su voz se notaba la rabia contenida-la muy estúpida, está obsesionada con eso. Como si
no fuera duro para mi hermano...no es mi intención herir los sentimientos de Edward, pero...no
la soporto. Incluso preferiría...-me miró-que te escogiera.
Eso me sorprendió.
-¿De verdad?
-Eres un perro molesto...pero creo que eres infinitas veces mejor que ella para él.
-No hay de qué-se puso en pie con su rapidez antinatural y se detuvo al llegar a la puerta. De
espaldas a mi-¿te gustaría oír mi historia, Jacob?-era la primera vez que me llamaba por mi
nombre-eso quizás te ayudaría a comprenderme un poco mejor. Creo que es la razón por la
que Edward entiende mi rechazo hacia ella.
Ella volvió sobre sus pasos, esta vez con lentitud y ocupó de nuevo su posición, sentada junto
a mi.
-Yo vivía en un mundo diferente al actual. Mi sociedad era más sencilla. En 1933, yo tenía
dieciocho años, era guapa y mi vida, perfecta-de pronto, sus ojos se perdieron, igual que con
Carlisle, como si hubiera regresado a aquella época y se viese a si misma a través de una
ventana-mi familia era de clase media. Mi padre tenía un empleo estable en un banco. Yo lo
tenía todo garantizado en aquel entonces y en mi casa parecía como si la Gran Depresión no
fuera más que un rumor molesto. La tarea de mi madre consistía en atender las labores del
hogar, a mí misma y a mis dos hermanos pequeños por ese mismo orden.
-¿Tenías hermanos?
Sonrió divertida y me contagió, pero mi sonrisa era de lástima por lo que había perdido y se
notaba que añoraba.
-La influencia de mis padres había sido tal que también anhelaba las cosas materiales de la
vida. Quería una gran casa llena de muebles elegantes cuya limpieza estuviera a cargo de
otros y una cocina moderna donde guisaran los demás. De todo cuanto quería, tenía pocas
cosas de verdadera valía, pero había una en particular que sí lo era: mi mejor amiga, una
chica llamada Vera, que se casó a los diecisiete años con un hombre que mis padres jamás
habrían considerado digno de mí: un carpintero. Al año siguiente tuvo un hijo, un hermoso
bebé con hoyuelos y el pelo ensortijado. Fue la primera vez en mi vida que sentí verdaderos
celos de alguien. Era una época diferente. Me moría de ganas por tener un hijo propio. Quería
mi propio hogar y un marido que me besara al volver del trabajo, igual que Vera, sólo que yo
tenía en mente otro tipo de casa muy distinta.
Me resultaba difícil imaginar el mundo que Rosalie había conocido. Su relato parecía más una
película que una historia real. Me sorprendí al percatarme de que ese mundo estaba muy
cerca del de Edward cuando éste era humano, que era la sociedad en que había crecido.
Mi acompañante suspiró y continuó hablando, pero esta vez lo hizo con una voz diferente, sin
rastro alguno de nostalgia-en Rochester había una familia regia, apellidada, no sin cierta
ironía, King. Royce King era el propietario del banco en el que trabajaba mi padre. Así fue
como me vio por vez primera su hijo, Royce King II- frunció los labios al pronunciar el nombre,
como si lo soltara entre dientes-iba a hacerse cargo del banco, por lo que comenzó a
supervisar los diferentes puestos de trabajo. Dos días después, a mi madre se le olvidó de
modo muy oportuno darle a mi padre el almuerzo. Recuerdo mi confusión cuando insistió en
que llevara mi vestido blanco de organza y me alisó el cabello sólo para ir al banco. Como
todo el mundo me miraba, no me había fijado especialmente en él, pero esa noche me envió
la primera rosa. Me mandó un ramo de rosas todas las noches de nuestro noviazgo hasta el
punto de que mi cuarto terminó abarrotado de ramilletes y yo olía a rosas cuando salía de
casa.
-Royce era apuesto, tenía el cabello más rubio que el mío y ojos de color azul claro. Decía que
los míos eran como las violetas. Mis padres aprobaron esa relación con gusto. Era todo lo que
ellos habían soñado y Royce parecía ser todo lo que yo había soñado. El príncipe de los
cuentos de hadas había venido para convertirme en una princesa. Nos comprometimos antes
de que transcurrieran dos meses de habernos conocido. No fue un noviazgo largo, pues se
adelantaron los planes para la más fastuosa de las bodas, que iba a ser todo cuanto yo había
querido siempre. Ya no me sentía celosa cuando llamaba a Vera. Me imaginaba a mis hijos,
unos niños de pelo rubio, jugando por los enormes prados de la finca de los King y la
compadecía.
Rosalie enmudeció de pronto y apretó los dientes, lo cual me sacó de la historia y me indicó
que se acercaba a una parte muy, muy mala. Me pregunté si ésa era la razón por la que había
mucha más amargura en ella que en los demás miembros de su familia, porque ella había
tenido al alcance de la mano todo cuanto quería cuando se truncó su vida humana.
Miré al frente para no verle a ella la cara. Notaba una extraña tensión en el ambiente y me
puse incomprensiblemente nervioso. La voz de Rosalie era perturbadora. Podía sentir todos y
cada uno de los cambios que había en ella.
-No voy a obligarte a escuchar el resto-me dijo en voz baja-quedé tirada en la calle y se
marcharon dando tumbos entre carcajadas. Me dieron por muerta. Bromeaban con Royce,
diciéndole que iba a tener que encontrar otra novia. Él se rió y contestó que antes debía
aprender a ser paciente...Aguardé la muerte en la calle. Era tanto el dolor que me sorprendió
que me importunara el frío de la noche. Comenzó a nevar y me pregunté por qué no me
moría. Carlisle me encontró en ese momento. Olfateó la sangre y acudió a investigar.
Recuerdo vagamente haberme enfadado con él cuando noté cómo trabajaba con mi cuerpo en
su intento de salvarme la vida. Nunca me habían gustado el doctor Cullen, ni su esposa, ni el
hermano de ésta, pues por tal se hacía pasar Edward en aquella época. Me disgustaba que
los tres fueran más apuestos que yo, sobretodo los hombres, pero ellos no hacían vida social,
por lo que solo los había visto en un par de ocasiones. Pensé que iba a morir cuando me alzó
del suelo y me llevó en volandas. Íbamos tan deprisa que me dio la impresión de que
volábamos...Entonces me hallé en una habitación luminosa y caldeada. Me dejé llevar y
agradecí que el dolor empezara a calmarse, pero de pronto algo punzante me cortó en la
garganta, las muñecas y los tobillos. Aullé de sorpresa, creyendo que el doctor me traía a la
vida para hacerme sufrir más. Luego, una quemazón recorrió mi cuerpo y ya no me preocupé
de nada más. Imploré a Carlisle que me matara e hice lo mismo cuando Esme y Edward
regresaron a la casa. Carlisle se sentó a mi lado, me tomó la mano y me dijo que lo sentía
mientras prometía que aquello iba a terminar. Me lo contó todo; a veces, le escuchaba. Me dijo
qué era él y en qué me iba a convertir yo. No le creí. Se disculpó cada vez que yo chillaba.
Volvió a mirarme, pero con una leve sonrisa. Notaba mi extrema atención desde que había
mencionado a Edward en su relato.
-A Edward no le hizo ninguna gracia-dijo-recuerdo haberles escuchado discutir sobre mí. ¿En
qué estás pensando, Carlisle?, espetó Edward. ¿Rosalie Hale?-imitó a la perfección el tono
irritado de Edward y no pude evitar sonreír yo también-no me gustó la forma en que pronunció
mi nombre-reconoció ella-como si hubiera algo malo en mí. No podía dejarla morir, replicó
Carlisle. Era demasiado...horrible, un desperdicio enorme...era una pérdida enorme. No podía
dejarla allí. Por supuesto que no, aceptó Esme. Todos los días muere gente, le recordó
Edward. Y ¿no crees que es demasiado fácil reconocerla?, la familia King va a organizar una
gran búsqueda para que nadie sospeche de ese desalmado. Me complació que estuviera al
tanto de la culpabilidad de Royce...No me percaté de que casi había terminado, de que
cobraba nuevas fuerzas y de que por eso era capaz de concentrarme en su conversación. El
dolor empezaba a desaparecer de mis dedos. Cuando el dolor pasó al fin, ellos volvieron a
explicarme qué era. En esta ocasión les creí. Experimenté la sed y noté la dureza de mi piel.
Vi mis brillantes ojos rojos.
-Todos los vampiros tienen los ojos de ese color al ser convertidos. Pasan meses hasta que
cambian de color por la dieta animal. Si nosotros bebiéramos sangre humana...seguirían
escarlata. Ya verás a los neófitos.
Me moví incómodo sobre la cama. Era perturbador pensar en unos ojos así, no sé por qué.
Rosalie pasó por alto mi reacción-frívola como era, me sentí mejor al mirarme en el espejo por
primera vez. A pesar de las pupilas, yo era la cosa más hermosa que había visto en la vida-reí
entre dientes-tuvo que pasar algún tiempo antes de que comenzara a inculpar de mis males a
la belleza, una maldición, y desear haber sido...bueno, fea no, pero sí normal, como Vera. En
tal caso, me podría haber casado con alguien que me amara de verdad y haber criado hijos
hermosos, pues era lo que, en realidad, quería desde el principio. Sigo pensando que no es
pedir demasiado.
Permaneció meditativa durante un momento. Creí que se había vuelto a olvidar de mi, pero
entonces me sonrió con expresión triunfante.
-¿Sabes?, mi expediente está casi tan limpio como el de Carlisle. Es mejor que el de Esme y
mil veces superior al de Edward. Nunca he probado la sangre humana. Maté a cinco
hombres...si es que merecen tal nombre. Pero tuve buen cuidado de no derramar su sangre,
sabedora de que no sería capaz de resistirlo. No quería nada de ellos dentro de mí, ya ves.
Reservé a Royce para el final. Esperaba que se hubiera enterado de las muertes de sus
amigos y comprendiera lo que se le avecinaba. Confiaba en que el miedo empeorara su
muerte. Me parece que dio resultado. Cuando le capturé, se escondía dentro de una
habitación sin ventanas, detrás de una puerta tan gruesa como una cámara acorazada,
custodiada en el exterior por un par de hombres armados. ¡Uy...!, fueron siete homicidios-se
corrigió a si misma-me había olvidado de los guardias. Fue demasiado teatral y lo cierto es
que también un poco infantil. Yo lucía un vestido de novia robado para la ocasión. Chilló al
verme. Esa noche gritó mucho. Dejarle para el final resultó una medida acertada, ya que me
facilitó un mayor autocontrol y pude hacer que su muerte fuera más lenta-miró a la pared de
nuevo-¿nadie te había contado nada?
-Me sorprende que Edward no te haya contado absolutamente todo. Contigo se muestra
tan...no sé lo que le has hecho Jacob, pero me gusta más el Edward post Jacob que el post
Bella.
-No te entiendo.
-Me gusta más ver lo feliz que está después de pasar tiempo contigo que después de pasarlo
con ella. No veas lo que nos ha hecho pasar esa desgraciada. Es un imán para los problemas.
-Tu historia tiene un final feliz-dije-me hiciste pensar lo peor...pero tienes a Emmett.
-Lo tengo a medias-sonrió-¿sabes que salvé a Emmett de un oso que le había atacado y
herido?
-¿Enserio?
-Le arrastré hasta el hogar de Carlisle, pero ¿te imaginas por qué impedí que el oso le
devorara?-negué con la cabeza-sus rizos negros y los hoyuelos, visibles incluso a pesar de la
mueca de dolor, conferían a sus facciones una extraña inocencia fuera de lugar en un varón
adulto...Me recordaba a Henry, el pequeño de Vera. No quería que muriera, a pesar de lo
mucho que odiaba esta vida. Fui lo bastante egoísta para pedirle a Carlisle que le convirtiera
para mi. Tuve más suerte de la que me merecía. Emmett es todo lo que habría pedido si me
hubiera conocido lo bastante bien como para saber mis carencias. Él es exactamente la clase
de persona adecuada para alguien como yo y, por extraño que pueda parecer, también él me
necesitaba. Esa parte funciona mejor de lo que cabía esperar, pero sólo vamos a estar
nosotros dos, no va a haber nadie más. Jamás me voy a sentar en el porche, con él a mi lado,
y ya con canas, rodeada de mis nietos.
Me rompió el corazón. No sabía qué decir. Pero ella me facilitó las cosas.
-Va siendo hora de irnos-me palmeó el hombro y se dirigió a la puerta. La notaba triste.
-Eh, Rosalie- yo también me levanté-¿sabes cómo se llama a una rubia con cerebro?
-Temíamos que Rosalie te hubiera descuartizado-apuntó Alice en cuanto bajé las escaleras
llevando tan solo uno de los pantalones cortos que ella misma me había comprado.
-¿Estás bien?-la pregunta de Jasper me resultaba graciosa, porque sin responderle, ya notaba
una oleada de calma a mi alrededor.
-Vas a ser todo un versado en los Cullen- dijo la vampira de cabellos oscuros.
-Algo así-dijo con una sonrisa. Entonces empezó a enrollarse la manga de su jersey color
marfil sobre el brazo.
Le observé curioso y confundido. Intentando entender por qué hacía aquello. Sostuvo la
muñeca bajo la lámpara que tenía al lado, muy cerca de la luz de la bombilla y pasó el dedo
por una marca en relieve en forma de luna creciente que tenía sobre la piel pálida. Y fui
consciente, de que no solo había una. Había muchas.
-La ponzoña de vampiro es lo único capaz de dejar cicatrices como las mías.
-Yo no he tenido la misma...crianza que mis hermanos de adopción. Mis comienzos fueron
completamente distintos. Yo vivía en Houston, Texas, cuando era mortal. Tenía casi diecisiete
años cuando me uní al ejército confederado en 1861. Mentí a los reclutadores acerca de mi
edad, les dije que había cumplido los veinte y se lo tragaron, pues era lo bastante alto como
para que colara. Mi carrera militar fue efímera, pero prometedora. Caía bien a la gente y
siempre escuchaban lo que tenía que decir. Mi padre decía que yo tenía carisma. Por
supuesto, ahora sé que había algo más, pero fuera cual fuera la razón, me ascendieron
rápidamente por encima de hombres de mayor edad y experiencia. Y me pusieron al frente de
la evacuación de las mujeres y los niños de la ciudad. Recuerdo perfectamente esa noche,
porque fue la que conocí a María. Ella me convirtió.
Increíble, yo pensaba que como Edward, Esme, Rosalie y Emmett; Jasper y Alice habían sido
convertidos por Carlisle, pero me equivocaba.
-María quería crear un ejército de neófitos para conquistar territorios en los que alimentarse
sin complicaciones. Adueñarse de un lugar implicaba ser tan pocos vampiros que nadie
pudiera percatarse de la matanza que se llevaba a cabo, puesto que era más la densidad de
población humana que la vampírica. Esa era la idea de María y me utilizó para tal fin. En
cuanto vio mi don para controlar la atmósfera emocional circundante, me puso al frente de su
ejército. Los neófitos son criaturas con un increíble poder físico, al menos durante el primer
año y si se les deja utilizar la fuerza, pueden aplastar a un vampiro más viejo con facilidad,
pero son esclavos de sus instintos, y además, predecibles. Pasé décadas a su lado,
entrenando a esas criaturas, hasta que un neófito con el que yo había entablado amistad me
habló de la posibilidad de otro estilo de vida. Así que dejé a María. Y empecé a vagar sin
rumbo fijo. Intenté controlarme, disminuyendo mi frecuencia de caza. Pero me parecía todo un
desafío.
Jasper se hallaba sumido en la historia, al igual que yo. Por lo que me sorprendió que su
expresión desolada se suavizara de pronto hasta convertirse en una sonrisa pacífica.
-Me hallaba en Filadelfia y había tormenta. Estaba en el exterior y era de día, una práctica con
la que aún no me encuentro cómodo del todo. Sabía que llamaría la atención si me quedaba
bajo la lluvia, por lo que me escondí en una cafetería semivacía. Tenía los ojos lo bastante
oscuros como para que nadie me descubriera, pero eso significaba también que tenía sed, lo
cual me preocupaba un poco-entonces señaló a Alice- ella estaba sentada en un taburete de
la barra. Me esperaba, por supuesto-rió entre dientes una vez-se bajó de un salto en cuanto
entré y vino directamente hacia mi. Eso me sorprendió. No estaba seguro de si pretendía
atacarme. Ésa era la única interpretación que se me ocurría a tenor de mi pasado, pero me
sonreía y las emociones que emanaban de ella no se parecían a nada que hubiera
experimentado antes. Me has hecho esperar mucho tiempo, dijo.
Jasper tomó la mano de Alice mientras hablaba y ella esbozó una gran sonrisa.
Se sonrieron el uno al otro durante un buen rato después del cual él volvió a mirarme sin
perder la expresión relajada.
-Alice me habló de sus visiones acerca de la familia de Carlisle. Apenas di crédito a que
existiera esa posibilidad, pero ella me insufló optimismo y fuimos a su encuentro.
-Casi nos da algo del susto-dijo Emmett que bajaba las escaleras seguido de Rosalie- Edward
y yo nos habíamos alejado para cazar y de pronto aparece Jasper, cubierto de cicatrices de
combate, llevando detrás a esta chica-dijo refiriéndose a Alice- que saludaba a cada uno por
su nombre, lo sabía todo y quería averiguar en qué habitación podía instalarse.
-Cuando llegamos a casa, todas las cosas de Edward estaban en el garaje-siguió Emmett.
-Bueno...no os mosqueéis, pero estoy deseando ver a Edward, ¿nos vamos?-tanto amor a mi
alrededor, y yo aquí solito. Necesitaba a mi Edward.
POV. Edward
Era una noche oscura, de esas en las que ni la luna se puede ver en el cielo por culpa de las
nubes. Pero no me dificultó para nada el llegar al lugar acordado a la hora fijada. Allí, donde
tantas veces mis hermanos y yo jugábamos al béisbol y que ahora se iba a convertir en un
campo de entrenamiento.
Cuando llegué, Alice y Jasper estaban abrazados, como si él le estuviera dando calor con sus
brazos. La angustia era patente en el rostro de ella y el animal de cuatro patas que se me
acercó en cuanto me puse en su punto de mira, me dio la respuesta. Mi hermana no podía ver
nada con los licántropos cerca. Esa ceguera le producía malestar muchas veces, aunque su
cariño por Jacob le hacían sentirse peor. Lo quería cerca y a la vez lejos. Tenía un dilema
moral entre manos.
-Hola, Jacob- dije cuando lo tuve a mi altura, dado que me saludó con entusiasmo.
-Estarán aquí dentro de un minuto y medio, pero voy a tener que oficiar de traductor.
-Resulta duro para ellos. Les agradezco que vengan-dijo Carlisle siempre tan compasivo.
-Si-reconoció sin modestia. Incluso se permitió una sonrisa mostrando sus dientes.
-Maldita sea-masculló Emmett en voz baja. Todos miramos a donde él lo hacía-¿habíais visto
algo así?-y de entre la arboleda aparecieron las enormes figuras de los licántropos.
-No preguntaste.
-Si no pensaras tanto en mi, no habría necesitado hacerlo...-apreté la mandíbula. Los lobos
ahora eran nueve, diez con Jacob. Seth, Leah...-¿quienes son los otros dos?
-Bienvenidos.
-Gracias-contesté. Jacob me miró impresionado por mi anodino tono de voz, pero me estaba
limitando a traducir los pensamientos de Sam- venimos a oír y escuchar, pero nada más.
Nuestro autodominio no nos permite rebasar ese límite.
-Hola Edward- ese pensamiento me llegó de parte de la mayoría de los amigos de Jacob. Quil,
Embry, Jared, Paul e incluso Seth. Les hice un gesto con la mano derecha a modo de saludo.
-Es más que suficiente-dijo Carlisle- mi hijo Jasper goza de experiencia en este asunto-
prosiguió haciendo un gesto hacia la posición de Jasper, que estaba tenso y alerta-él nos va a
enseñar cómo luchar, cómo derrotarlos. Estoy seguro de que podréis aplicar esos
conocimientos a vuestro propio estilo de caza.
Carlisle asintió-todos ellos han sido transformados hace poco, apenas llevan unos meses en
esta nueva vida. En cierto modo, son niños, Carecen de habilidad y estrategia, sólo tienen
fuerza bruta. Esta noche son veinte, diez para vosotros y diez para nosotros. No debería ser
difícil. Quizá disminuya su número. Los neófitos suelen luchar entre ellos.
Un ruido sordo recorrió la imprecisa línea lobuna. Era un gruñido bajo, un refunfuño, pero
lograba transmitir una sensación de euforia. Todos querían luchar.
-Estamos dispuestos a encargarnos de más de los que nos corresponden si fuera necesario-
volví a traducir.
-Cruzarán las montañas dentro de cuatro días, a última hora de la mañana. Alice nos ayudará
a interceptarlos cuando se aproximen.
Se hizo el silencio, y luego Jasper se adentró un paso en el espacio vacío entre nosotros y
ellos. Me sorprendió un poco el hecho de que, aunque su manada estaba allí, Jacob se había
quedado a nuestro lado.
-Carlisle tiene razón-dijo Jasper- van a luchar como niños. Las dos cosas básicas que jamás
debéis olvidar son: primera, no dejéis que os atrapen entre sus brazos, y segunda, no
busquéis matarlos de frente, pues eso es algo para lo que todos están preparados. En cuanto
vayáis a por ellos de costado y en continuo movimiento, van a quedar demasiado confusos
para dar una réplica efectiva. ¿Emmett?
Mi otro hermano se adelantó un paso de la línea que formábamos, con una ancha sonrisa.
Jasper retrocedió hacia el extremo norte de la brecha entre los licántropos. Hizo una señal a
Emmett para que se adelantara.
-De acuerdo, que sea Emmett el primero. Es el mejor ejemplo de ataque de un neófito.
Jasper sonrió-con ello quiere decir que él confía en su fuerza. Su ataque es muy directo. Los
neófitos tampoco van a intentar ninguna sutileza. Procuran matar por la vía rápida-entonces
retrocedió unos pocos pasos-vale Emmett...intenta atraparme.
Era divertido verlos, porque Jasper siempre había sido más rápido que Emmett. No así más
fuerte. A los pocos segundos, Jasper ya lo tenía atrapado entre sus brazos por detrás. Emmett
empezó a maldecir.
Se levantó un apagado murmullo de reconocimiento entre los lobos, que no perdían detalle.
Más de uno sabía de lo que era capaz Emmett, lo conocían gracias a Jacob y sus incursiones
a nuestra casa.
-¿Por?
-Jacob. Si nos enfrascamos en una pelea, por muy de mentira que sea...se te echará encima.
Él gruñó como muestra de que yo estaba en lo cierto y se puso delante de mi, arañando el
pasto con las pezuñas y dejando surcos en la tierra.
-Me pierdo la diversión por tu culpa-dije a Jacob sin apartar la mirada de mis hermanos.
Salvo yo, todos actuaron por turnos. Carlisle, Rosalie, Esme, y luego Emmett de nuevo.
Cuando hicieron un alto, retomé mi papel de intérprete de Sam.
-La manada considera que les ayudaría familiarizarse con nuestros efluvios para no cometer
errores luego, durante la lucha. Les sería más fácil si nos quedáramos quietos.
-No faltaría más-contestó Carlisle cortés-lo que necesitéis.
Los miembros de mi familia se colocaron en linea, separados unos de otros lo suficiente como
para que los licántropos pudieran pasar entre ellos.
Seth, Leah y los recién llegados, Collin y Brady, se acercaron para olfatearme, pero los demás
lo hicieron solo para saludarme o preguntarme cómo estaba. Se me hacía rara su
desconfianza hacia alguien como Carlisle o Esme y en cambio, conmigo, actuaban tan
amistosos.
Sam se acercó a la posición de Carlisle con el resto del grupo pegado a su cola. Jasper se
envaró, pero Emmett, que estaba al otro lado de Carlisle, permanecía sonriente y relajado.
Incluso estaba cantando en su cabeza. Sam olfateó a mi padre y luego se dirigió hacia Jasper.
Jacob fue el único que no se acercó a olisquear a ninguno. Permanecía con el hocico abierto y
la lengua colgándole por un lado. Seguía junto a mi. Encantado de que su familia y la mía
estuvieran ahora mismo compartiendo un momento así. No pude evitarlo al tenerlo tan
próximo, y extendí una de mis manos para tocar su llamativo pelaje rojizo. Jacob cerró los ojos
e inclinó su enorme cabeza hacia mi mano. La pelambrera era suave y áspera al mismo
tiempo, cálida al tacto. Me picó la curiosidad y hundí en ella los dedos para saber cómo era la
textura, acariciando el cuello allí donde se oscurecía el color. No reparé en lo mucho que me
había acercado hasta que de pronto, y sin aviso previo, me pasó la lengua por toda la cara,
desde la barbilla hasta el nacimiento del cabello.
-Bruto...-musité mientras me apartaba un poco de el. Se había dejado llevar demasiado con el
entusiasmo. Y yo había sido el culpable por haberme atrevido a acariciarle. Ahora tenía la cara
llena de babas de perro y tuve que pasarme una de las mangas del suéter por el rostro.
Fue en ese momento cuando me percaté de que nos estaban mirando todos. La manada y mi
familia. La cara de Rosalie era un auténtico poema. Juraría que Sam sonreía y Carlisle y
Esme también. Leah, por el contrario, me fulminó con la mirada. Quil, el reconocible lobo de
color chocolate, se estaba divirtiendo de lo lindo. Él y Embry, que era de color gris con
manchas oscuras en el lomo, estaban apoyando a su camarada.
Cuando ya todos los efluvios fueron aspirados a fondo, Jasper siguió con lo suyo.
-Vamos a ensayar con grupos desiguales, para que así sepáis cómo actuar en el caso de
múltiples atacantes.
Me senté sobre la hierba ignorando si iba a ensuciarme los pantalones o no. Esto de no poder
participar era un fastidio.
-Creía...te lamí la cara porque olías a ella. Ahora estás mucho mejor-soltó un ronco suspiro y
se acurrucó en el suelo, a mi lado.
-Deberías estar practicando con ellos.
-Me basta con verlo. Ya practicaré en tu casa con Jasper y Emmett durante el día.
-No es lo mismo sin ti...-admitió. Pensaba tantas cosas de ese estilo constantemente, que ya
sabía la cara que debía poner. Impasible. No debía notar que sus palabras me afectaban de
alguna manera. No quería hacerle más daño del que sabía le haría-pero cada vez conozco
más tu familia. Rosalie y Jasper me han contado...bueno, ya sabes. Todo.
-Podrás escribir un libro, Jacob- estiré las piernas y las manos las apoyé a mi espalda, sobre
la hierba. Continuaba sentado viendo a los demás, pero a la vez, conservaba mejor altura para
charlar con el lobo.
Sonreí- Alice no recordaba nada de su vida anterior. Hasta hace poco no descubrió detalles.
Su verdadero nombre era Mary Alice Brandon. Tenía una hermana pequeña que se llamaba
Cynthia. Su hija, la sobrina de Alice, todavía vive en Biloxi. Averiguó sobre su nacimiento...y su
muerte. Encontró su tumba y también halló su hoja de admisión en el manicomio en el que la
encerraron por sus predicciones. No tiene idea de quién la convirtió, pero le da absolutamente
igual.
-¿Y tu?
-Nací en Chicago en 1901. Haz la cuenta...Por lo demás, creo que ya lo sabes. La siguiente
en unirse a la familia fue Esme. Después Rosalie. Hasta mucho después no comprendí que
Carlisle albergaba la esperanza de que ella fuera para mí lo mismo que Esme para él. ¿A que
Rosalie no te contó eso?
-No...-pensó sorprendido.
-Pero ella nunca fue más que una hermana para mi y sólo dos años después encontró a
Emmett. Alice y Jasper tardaron más, pero fueron bien recibidos.
-En realidad, lo ignoramos. Carlisle tiene una teoría. Cree que todos traemos algunos de
nuestros rasgos humanos más fuertes a la siguiente vida, donde se ven intensificados, como
nuestras mentes o nuestros sentidos. Piensa que yo debería de tener ya una enorme
sensibilidad para intuir los pensamientos de quienes me rodeaban y que Alice tuvo el don de
la precognición. Carlisle trajo su compasión y Esme, la capacidad de amar con pasión.
Emmett trajo su fuerza, y Rosalie la...tenacidad o la obstinación, si así lo prefieres. Jasper, él
mismo te lo dijo.
-Alucinante.
-¿Cómo?
-Bueno, tuve el típico brote de rebeldía adolescente unos diez años después de...nacer...o
convertirme, como quieras llamarlo. No me resignaba a llevar su vida de abstinencia y estaba
resentido con él por refrenar mi sed, por lo que me marché a seguir mi camino durante un
tiempo.
-Ahora entiendo lo que me dijo Rosalie. Dijo que su expediente era mil veces superior al tuyo.
-Si...pero era joven-me justifiqué, no sin pesar-gocé de la ventaja de saber qué pensaban
todos cuantos me rodeaban, fueran humanos o no, desde el momento de mi renacimiento.
Ésa fue la razón por la que tardé diez años en desafiar a Carlisle...Podía leer su absoluta
sinceridad y comprender la razón de su forma de vida. Apenas tardé unos pocos años en
volver a su lado y comprometerme de nuevo con su visión. Creí poderme librar de los
remordimientos de conciencia, ya que podía dejar a los inocentes y perseguir sólo a los
malvados al conocer los pensamientos de mis presas. Si seguía a un asesino hasta un
callejón oscuro donde acosaba a una chica, si la salvaba, en ese caso no sería tan terrible.
Pero con el paso del tiempo comencé a verme como un monstruo. No podía rehuir la deuda
de haber tomado demasiadas vidas, sin importar cuánto se lo merecieran, y regresé con
Carlisle y Esme. Me acogieron como al hijo pródigo. Era más de lo que merecía.
-Gracias...por contarme esa parte de tu vida. Has compartido conmigo una historia que te
duele. Te lo agradezco-dijo y descansó su cabeza sobre mis piernas cruzadas.
-No pasa nada. Todos respetan los pensamientos de los demás. Aunque lo pasen mal.
-¿Leah?
-Leah.
-Porque no le di importancia.
-Pero la tiene.
-Cuando me transformé la primera vez...Sam me planteó que yo fuera el Alfa. Había nacido
para ello. Por eso para mí todo esto es tan sencillo. Entrar y salir de fase. El control. Porque
Ephraim Black era mi bisabuelo por parte de padre y Quil Ateara por parte de madre. Ambos
formaban parte de la última manada. El tercero era Levi Uley. Así que yo lo llevo en la sangre
por ambas partes. Pero lo rechacé. Lo de ser el segundo al mando...no pude.
-El jefe Jacob...¿no te suena bien?-pregunté distraídamente mientras volvía a enterrar mis
dedos en su pelaje.
8Suplicando a un lobo
POV. Jacob
Edward no me había dado explicación alguna, solo me había pedido que me presentara en el
claro donde mi manada y su familia habían estado practicando durante estos últimos días.
Pero tuve una mala sensación cuando ya por los alrededores el hedor procedente de Bella se
hacía cada vez más y más presente. Como si rodeara el lugar.
-Hola Jacob- sabía que Edward me saludó el primero para que su voz me tranquilizara.
-¿Para qué me pediste que viniera?-espeté con ligera molestia y evitando por todos los
medios ver aquellas manos unidas.
-Necesito que lleves a Bella...-titubeó un poco al ver mi expresión repulsiva, pero la ignoró.
Soltó la mano de ella y sacó un mapa de un bolsillo lateral de la mochila que llevaba a su
espalda. Lo desplegó y me lo enseñó-estamos aquí...necesito que la lleves hasta aquí-trazó
un camino sinuoso que seguía las líneas de relieve del mapa-apenas son quince kilómetros.
Cuando estés más o menos a un kilómetro y medio, vuestro sendero se cruzará con el mío.
Síguelo hasta el punto de destino. Si la llevas en brazos, tu olor despistará a los neófitos. No
serán capaces de encontrarla.
-Por favor-susurró suplicante. Podía ver la urgencia en sus ojos, pero no podía hacerlo. No
podía ayudar a Bella. No quería. Mi sueño era que los neófitos la convirtieran en picadillo.
-Lo siento, no puedo...pero traeré a Seth- sin esperar réplica alguna, salí corriendo en
dirección al bosque. Entré en fase y a los pocos minutos, mi amigo estaba allí.
-Yo tomaré la ruta más larga. Os veré en unas horas-dijo Edward. Besó a Bella en la coronilla
haciéndome apretar los dientes y desapareció entre los árboles, en dirección contraria a la que
Seth tomaría con Bella. Yo seguí a mi vampiro. En mi forma de lobo me sería más fácil
alcanzarle.
-¡Espérame Edward!
-Déjame Jacob- escuché su voz a varios metros de mi. Le notaba irritado, pero sabía de
antemano que mi negativa no le iba a sentar bien-si no quieres ayudar, no te necesito por
aquí. Hasta mañana no.
A pesar de decirme eso, aminoró la marcha y pude ponerme a su altura. Corriendo casi a la
par, aunque él siempre iba varios pasos por delante de mi. Bastantes.
-¿A qué tanta prisa?-pregunté mientras saltaba con facilidad una gruesa raíz que sobresalía
de la tierra.
-Alice dice que esta noche habrá tormenta. No quiero que Bella esté a la intemperie cuando
eso ocurra.
-No es mi deseo que muera. Quiero que la dejes, y si eso significa que para ello tiene que
morir, pues...
-Ya basta. No estoy de humor para tus tonterías-vaya...realmente estaba enfadado-no sé aún
quién está detrás de esto, si Victoria o los Vulturis. Tengo demasiadas cosas en la cabeza
como para preocuparme por ti, Jacob.
-No han intervenido aún, y eso que los asesinatos en Seattle sobrepasaron lo llamativo.
Deberían de haberse encargado de ello hace tiempo. Pero me da la impresión de que les
interesa que los neófitos acaben con el aquelarre de Carlisle.
-¿Quieren acabar con Carlisle?-me resultaba difícil de asimilar. Carlisle era una especie de
santo a mi ojos.
-Nos quiere a su lado, como parte de su guardia. El presente y el futuro, la omnisciencia total.
El poder de la idea le embriaga. Además tiene celos y miedo de Carlisle, porque su familia
prospera y va en aumento, sumando que posee dos vampiros con dones únicos. Le gusta
coleccionarlos por así decirlo. Después del suyo, nuestro aquelarre es el mayor de cuantos
haya conocido jamás. Aunque es bien sabido, que no quebrantarían sus propias reglas, así
que podría ser que sólo se estuvieran retrasando convenientemente.
-Pero tú no quieres...
-¿Y qué pasará luego?-pregunté-cuando Bella esté a salvo. Cuando hallamos acabado con
esos neófitos.
-Entre tú y yo.
-Te pongo nervioso. Hay días que te los pasas ignorándome. Admítelo. Reconoce que sientes
algo por mi.
-Jacob...
-Cuando nos besamos Edward...no hay nada en el mundo que yo pueda comparar con lo que
sentí cuando besé tus labios. Y sé que tú también sentiste lo mismo. Nadie besa así si la otra
persona no le importa en lo más mínimo.
-Olvídate de ese beso. Como si nunca hubiera ocurrido, porque no volverá a pasar-sentenció.
-A veces pienso que te gusto más como lobo-respondí a su corte-me parece que te resulta
más fácil estar cerca de mí cuando no soy humano porque así no tienes que fingir que no te
atraigo. Por eso eres capaz hasta de acariciarme.
-¿Qué?
-No.
-Entonces yo tampoco.
-Por eso vamos tan lejos. Para que no la encuentren. Estaremos a salvo-no mostró atisbo
alguno de perturbación.
-Voy a transformarme-me soltó Seth. Y en cuanto lo hizo le mandé a casa. Me quedaría allí
esa noche y no le necesitaríamos por la mañana. No pensaba dejar a Edward.
POV. Edward
La tienda de campaña era lo bastante grande como para que cupieran cuatro personas sin
problemas, pero también era muy fría. Bella no dejaba de tiritar por culpa del clima. Yo me
sentía impotente sentado lo más lejos posible de ella para no añadirme más frío al asunto,
incluso dejé de respirar.
-Jacob. Te necesito.
Se acercó a mí meneando la cola y dejando las inmensas huellas de sus patas sobre la nieve.
-¿Qué pasa?¿quieres que la cuide mientras vas a por mantas?-preguntó con sarcasmo.
-Yo también estoy ahí dentro. Y te debería mucho-era cruel jugar la baza de los sentimientos
con Jacob, pero estaba realmente desesperado. Bella lo estaba pasando muy mal y por mi
culpa nuevamente.
Entré otra vez en la tienda antes de que él cambiara de fase y al poco rato, se nos unió
vistiendo únicamente esos pantalones tan suyos.
Puso mala cara cuando miró a Bella. Respiró hondo y se le acercó. Se dejó caer al suelo junto
a ella y la rodeó con sus brazos manteniendo la tela del saco por medio.
-He conseguido alcanzar casi los cuarenta y tres grados estos días, parezco una tostadora. La
tendrás sudando en un pispás- dijo. Y a pesar de su actitud reacia, me sentía infinitamente
agradecido con el. No tardó demasiado en conseguir que Bella dejase de temblar de la cabeza
a los pies y se quedara dormida.
La tormenta aullaba en el exterior como si fuera un animal atacando la tienda. Pero yo por fin
pude relajarme.
-Gracias Jacob- mantenía las piernas encogidas y las rodeaba con mis brazos.
-Mínimo una semana conmigo. Nada de un solo día. O puede que un mes.
La estructura metálica de la tienda vibraba con fuerza. De no haber estado nosotros dentro,
hacía mucho que habría salido volando.
-No puedo evitarlo. Será mejor que no entres en mi cabeza en estos momentos.
-Ya me gustaría ya...no tienes idea de a qué volumen suenan tus pequeñas fantasías. Es
como si me las estuvieras gritando.
-¿Te ruborizo?
-Tú nada.
-Mejor duérmete.
-Te sorprenderías.
Se acomodó un poco mejor, pero cubría el cuerpo de Bella como si abrazara una bolsa de
basura.
-Si ella cambiara de idea...si ella decidiera que no te quiere lo suficiente...¿estarías conmigo?
No me esperaba la pregunta y le miré unos segundos absorto, sin saber qué responder.
-No lo sé.
-De verdad que no lo sé, Jacob. Aunque...¿no te haría sentir eso como segundo plato o algo
así?
-Eso es triste.
-No, siempre y cuando consiguiera estar con el vampiro al que amo. Cuando mi otra mitad
estuviera conmigo no me sentiría segundo plato de nadie. Me sentiría el ser más afortunado
de la tierra.
Sus palabras me conmovieron de un modo inexplicable. Tuve que apartar la mirada de la suya
y centrarla en algún punto de la tienda de campaña. Era tan profundamente sincero que dolía
rechazarle. Cada vez me era más insoportable pensar en ello. Bella y Jacob, los dos pesos en
mi equilibrada balanza. Ambos en el mismo lugar, esperando a que añadiera algo por lo que
inclinarse a un lado u al otro. Pero era difícil. Y a la vez...tan sencillo. Sería muy sencillo con
Jacob.
Correr por el bosque, cazar, vivir eternamente. Con Jacob sonaba a cotidiano. A perfecto. A
posible. Ya era nimio el detalle de que él fuera un licántropo y yo un vampiro destinados a
odiarse. Eso ya no era así.
Todo a mi alrededor me pedía a gritos que lo escogiera. Y no solo el propio Jacob. Mis
hermanos, mis padres, su manada, Billy...Pero tenía miedo. No sabía si sería capaz de dejar a
Bella. Me había prometido a mi mismo tiempo atrás que no volvería a hacerlo nunca y ahí
estaba. Esperando para luchar por ella, para protegerla. Estaba muy confundido, de eso no
me cabía la más mínima duda.
Comencé a tararear para tranquilizarme. La melodía que había compuesto aquella noche,
cuando volví de pasar el día con Jacob. La que me inspiró su compañía. Y cuando quise
darme cuenta, Jacob se había quedado dormido.
Bella fue la primera en despertar por la mañana, algo aplastada bajo el peso de Jacob.
-Sí. Dudo que hoy necesites estufa-la vi en un apuro y me levanté para ayudarla a salir del
saco y apartar uno de los brazos de Jacob.
Él solo rodó los ojos y se puso en pie, sacudiéndose como si estuviera lleno de chinches.
-¿Qué tal tu noche?-me preguntó Bella. Seguramente pensando que el que Jacob la calentara
habría sido un suplicio para mi.
-Siento que os hayáis tenido que soportar en un espacio tan reducido por mi culpa-dijo ella
con un atisbo de pena en la voz.
-Creo que hay demasiada gente aquí dentro-apreció Jacob molesto. Sabía que la sola
presencia de Bella era un trago demasiado amargo para el-voy a transformarme. Debo hablar
con Sam.
Antes de que abandonara la tienda, Bella se le acercó- Jacob, espera, ¿no podrías quedarte?-
la mano que usó para retenerle, se le escurrió por el brazo de piel morena sin que pudiera
agarrarlo.
-No-dijo él una vez fuera y escuché sus pasos alejándose.
-Quiero que estemos juntos, pase lo que pase-musitó con el rostro en mi pecho.
-Pase lo que pase-repetí yo con los ojos cerrados. No podía dejar de pensar en que mi familia
y la de Jacob corrían un peligro inminente y yo estaría a kilómetros sin poder ayudarles. Sentí
un poco de rencor hacia Bella. Un pensamiento fugaz que deseché enseguida.
Ella me abrazó con más fuerza-¿sabes cual fue la mejor noche de mi vida?-preguntó
retomando el tema anterior.
-Espérame aquí Bella...-aterrado, salí de la tienda. Miré desesperado a todas partes, pero solo
vi a Seth a la sombra de un abeto de copa ancha con la cabeza entre las patas. Me devolvió la
mirada con cierto aire acusatorio. Pensaba que había traicionado a Jacob. Seguí su rastro y
no me fue difícil dar con el, en el extremo occidental de la roca. Ya volvía a estar en su forma
humana, para evitar que el resto de la manada pudiera entrar en su cabeza en esos
momentos. No así, yo.
-¿Por qué no acabamos con esto de una vez?-preguntó dándome la espalda. Su voz rasgada
me indicaba que estaba llorando en silencio.
-No quería hacerte daño Jacob- mis ojos escocían tremendamente, como cuando sentía
ganas de llorar, pero para mí eso era imposible.
Soltó lo que parecía una risa irónica-pues lo has conseguido. Casarte con Bella no me afecta
en absoluto.
-Entiende que es lo mejor. Me casaré con ella y me iré de Forks. No tendrás que volver a
verme. No tendrás que seguir nadando contra la corriente. No te lastimaré más, Jacob.
-¡Eres tú el que no lo comprendes Edward!-chilló con las manos cerradas en un puño. Su eco
volvió a nosotros pasando de una montaña a otra-¡no quiero que te vayas!¡no quiero que te
cases!¡no me importa que me hagas daño!-me miró y se acercó un par de pasos hacia mi-no
lo comprendes...sigues sin hacerlo...el vínculo que hay entre nosotros es de los que ni la
ausencia...ni la distancia ni el tiempo podrían romper-se pasó rápidamente una de las manos
por la mejilla, quitándose los restos de una lágrima que se negaba a evaporarse-te quiero a ti
y que sea para siempre. Al parecer en esta vida no podrá ser...
-Como si hubiera alguna manera de que yo pudiera existir sin necesitarte...-soltó exasperado y
volvió a darse la vuelta-bien...tú no eres el único capaz de sacrificarse por aquello que ama...a
ese juego pueden jugar dos-no supe el significado de aquello hasta que no pasaron algunos
segundos.
-¿Qué...?
-Yo también me he portado bastante mal y te lo he puesto más difícil de lo necesario. Yendo a
tu casa, metiéndome en tu vida cuando estaba claro que no me querías en ella...fuiste muy
amable dándome parte de tu valioso tiempo, pero creo que lo mejor para ambos es que vaya
allí abajo y luche con los demás. Que luche y que...bueno, si caigo te haría un favor, porque la
imprimación no se puede deshacer de otro modo.
-Sabes que hablo enserio. No pienso ser testigo de tu boda. Te quiero demasiado como para
soportarlo y es por eso que haré el sacrificio-comenzó a alejarse de mi.
-No te hagas el mártir-pinché. Ya no sabía qué hacer. No se detenía. Bella estaba en la tienda
de campaña esperándome. La llegada de los neófitos era inminente y yo...-¡bésame Jacob!
Interrumpió sus pasos inmediatamente y volvió a girarse hacia mi-¿qué has dicho?
-Dijiste que sólo me besarías cuando yo te lo pidiera. Pues te lo estoy pidiendo Jacob.
Bésame y no te vayas...
No se lo pensó. Dio un paso en mi dirección, y después otro. Jacob vaciló sobre sus talones y
después se tambaleó hacia adelante, salvando la poca distancia que había entre nosotros en
tres grandes zancadas.
Tomó mi cabeza entre sus manos, provocando que la corriente empezara a recorrer mi piel, y
sus labios se encontraron con los míos con un entusiasmo rayano en la violencia. Movió una
mano hacia mi nuca, encerrando mi cabello desde las raíces en un puño retorcido. La otra
mano me aferró con rudeza el hombro, sacudiéndome y después arrastrándome hacia su
cuerpo.
Aquello era una completa locura. Mis brazos rodearon su cuello en acto reflejo. Su mano
buscó el camino hasta mi cintura y me aplastó más contra su cuerpo, obligándome a encajar
con él. Y funcionaba. Éramos dos fragmentos de un todo que habían sido hechos para estar
juntos, tal y como Jacob decía, había sido hecho para mí.
Con un jadeo salvaje, abrió su boca contra la mía y yo simplemente le imité. Sentí el fuego de
su lengua recorrer el iceberg que era la mía. Su lengua y mi lengua comenzaron a acariciarse,
a pelearse. Me sentía en el paraíso, y eso que pensaba que nunca entraría en el. Ni siquiera
era capaz de escuchar con claridad sus pensamientos, que ensordecerían a cualquier ser
humano en cuestión de segundos. Era como si me hubieran despojado de mi cuerpo. Como si
aquello fuera un sueño maravillosamente real.
Mis dedos se afianzaron en su pelo para acercarle más a mi, aunque me parece que aquello
no era posible. Si continuábamos así, nos fundiríamos el uno con el otro. Había ardor por
doquier. Su temperatura había subido más y más, acrecentando el fluido continuo de la
electricidad.
Que tonto había sido. Que ingenuo. Que inconsciente. Jacob y yo...éramos como una sola
persona. Su dolor se había convertido en mi dolor desde el día que me imprimó. Su alegría
era ahora mi alegría. Y entonces pude contemplar, mientras notaba sus ardientes labios
rozando los míos, el paisaje tan distinto que se abría ante mis ojos. Como en una visión de
Alice. Jacob y yo, felices, completos. Vi con exactitud lo que iba a abandonar. Vi a Billy
charlando con Carlisle y Esme una tarde cualquiera en el porche. Me vi a mi mismo y a mis
hermanos recorriendo el bosque junto a la manada. Vi a Jacob esperándome en casa con esa
sonrisa suya que iluminaba incluso el peor de los días. Y vi la felicidad tangible posible de
alcanzar con un dedo.
Jacob sí necesitaba oxígeno para vivir y por un momento me había olvidado. Pero no se
apartó de mi cuerpo. Siguió la línea de mi mandíbula con la boca y después exploró toda la
extensión de mi cuello. Rozando con su aliento cada parte de piel expuesta.
Estremeciéndome.
Y entonces me habló-te amo Edward...-musitó. La mano que había estado en mi nuca rodeó
mi espalda junto con la de la cintura y me abrazó. Me abrazó con fuerza, pero con un cariño
implícito más allá de las palabras. Así era Jacob. Así era...mí Jacob.
-No te vayas...
-No me iré...no soporto la idea de separarme de ti-respiró sobre mi cuello, aliviado. Llevaba
mucho tiempo esperando algo así por mi parte. Que moviera ficha de una vez en aquella
complicada partida de ajedrez. Continuaba sin creérselo del todo y por eso no era capaz de
soltarme todavía.
Pero yo me encontraba a la deriva en un inmenso mar de dudas. Bella y Jacob. Bella o Jacob.
Bella, mi primer amor por la que había hecho hasta lo imposible...Jacob, el licántropo que se
había metido en mi vida de forma abrupta e inesperada, pero que me había llenado de una
dicha sin límites.
Bella o Jacob.
Un aullido estridente procedente de Seth me sacó de mis pensamientos. Jacob se irguió, pero
seguía abrazándome.
-Vamos, ha empezado la pelea-informé a Jacob, que, reticente, separó sus manos de mi.
-Los neófitos han llegado al final de la pista-musité. La conexión con Seth era impresionante.
Podía verlos y oírlos a la perfección-todo funciona como si fuera resultado de un
encantamiento, este Jasper es un genio. También han captado el rastro de los que están en el
prado, así que ahora se están dividiendo en dos grupos, como predijo Alice. Sam nos está
convocando para encabezar la partida de la emboscada-estaba tan concentrado en lo que
escuchaba en la mente del lobo, que usé el plural empleado por la manada de forma habitual.
No me di cuenta hasta que no escuché reír a Jacob.
-No quiero perdérmelo- Jacob no tardó demasiado en entrar en fase, llevándose los
pantalones por delante y todo.
-Ya están luchando-informé, Jacob le gruñó desde el fondo del pecho, pero no se acercó a
ella-el primer grupo está en el claro. Podemos escuchar la pelea desde aquí. Podemos oír a
Emmett...se lo está pasando genial-me embargaba la envidia. Las ganas de estar allí con mi
familia. Jacob solo me miraba a pesar de enterarse de todo de primera mano, escuchaba
atento mi modo de narrarlo-el segundo grupo se está preparando. Siguen sin estar alerta
porque no nos han olido todavía-gruñí-se supone que deben asegurarse de que no
escapes...¡buen movimiento, Leah!, vaya, qué rápida.
-Uno de los neófitos ha descubierto nuestro olor y Leah le ha tumbado antes de que ni siquiera
pudiera volverse. Sam le está ayudando a deshacerse de él. Paul y Embry han cogido a otro,
pero los demás se han puesto a la defensiva-continué en tensión. Era como ver un combate
de lucha por televisión y yo lo retransmitía-no tienen ni idea de qué hacer con nosotros.
Ambos grupos están fintando. No, dejad que Sam lo lidere, apartaos del camino. Separadlos,
no les dejéis que se protejan las espaldas unos a otros...eso está mejor, llevadlos hacia el
claro.
Pero entonces...
-¡Corred, Seth!¡Jacob!-el lobo color arena fue el único que me hizo caso desapareciendo entre
las sombras del bosque.
Empujé a Bella a mi espalda, contra la escarpada falda del acantilado y me puse delante de
ella. Al final no se trataba de los Vulturis. Victoria, siempre había sido Victoria. Adopté una
posición defensiva, con los brazos adelantados ligeramente. Jacob llevó a cabo la suya,
mostrando los dientes y clavando las uñas en el suelo. Un poco inclinado hacia adelante.
-Riley...-dije llamando su atención-te está mintiendo Riley. Escúchame. Te miente del mismo
modo que mintió a los otros que ahora están muriendo en el claro. Tú ya sabes que ella los ha
engañado, porque te ha utilizado para ello, ya que ninguno de vosotros pensó jamás en ir a
socorrerlos. ¿Es tan difícil creer que su falsedad también te alcance a ti?
-Ella no te quiere Riley. Nunca te ha amado. Victoria amó una vez a alguien que se llamaba
James y tú no eres más que un instrumento para ella-cuando dije el nombre de James, los
labios de Victoria se retrajeron en una mueca, mostrándome sus dientes, pero su mirada no se
apartaba de Bella- ella sabe que te mataré Riley. Quiere que tú mueras, para no tener que
mantener más su fachada. Sí, eso sí lo ves, ¿verdad?. Ya has notado la renuencia en sus
ojos, has sospechado de esa nota falsa que se percibe en sus promesas. Llevas razón. Ella
nunca te ha querido. Todos los besos y todas las caricias no eran más que mentiras. No tienes
por qué morir...hay otras formas de vivir distintas a la que ella te ha enseñado. No todo son
mentiras ni sangre, Riley. Puedes seguir un camino nuevo desde ahora. No debes morir por
culpa de sus engaños.
-Él es el mentiroso Riley- intervino Victoria- ya te advertí acerca de sus truquitos mentales. Tú
sabes que te quiero-era una buena mentirosa, pero yo había conseguido que el chico dudara.
Victoria temblaba, esperaba ansiosa la oportunidad de saltar sobre Bella.
Seth era bueno. Las ansias de luchar que había mantenido durante la pelea que se
desarrollaba kilómetros más abajo, ahora se habían apaciguado. Le arrancó a Riley de cuajo
uno de los brazos.
Ya no debía preocuparme por ese vampiro, estaba condenado. Pero Victoria no se había
movido de su posición. Sopesaba sus posibilidades como un felino al acecho. Hasta que se
abrió camino en zigzag hacia el extremo más alejado del pequeño claro. Estaba dividida: sus
pies la empujaban hacia la seguridad, pero sus ojos mostraban su ansia de ver muerta a Bella.
-No te vayas Victoria- alenté. Quería acabar con ella de una vez por todas-nunca tendrás otra
oportunidad como esta-me mostró los dientes y siseó-siempre podrás huir luego. Tendrás
mucho tiempo para eso. Es lo que haces siempre ¿no?, ése es el motivo por el que te retenía
James. Le eras útil, pese a tu afición a los juegos mortales. Él no debería haberte dejado. Bien
que le habrían venido tus habilidades cuando le cogimos en Phoenix- rugió con fuerza-sin
embargo, eso fue todo lo que significaste para él. Es de tontos malgastar tanta energía
vengando a alguien que sintió menos afecto por ti que un cazador por su perro. No fuiste para
él nada más que alguien oportuno. Yo lo supe.
Victoria se precipitó contra los árboles de nuevo, fintando a un lado. Riley golpeó con el puño
a Seth y pude escuchar un gemido bajo salir del lobo. Victoria entonces miró a su compañero.
Seth se puso a mi lado, sin perder de vista a Riley y pude leer la mente de la vampira pelirroja.
-No, no se volverá contra mí-le dije ante sus pensamientos sobre el lobo color arena-tú nos
has suministrado un enemigo común, nos has convertido en aliados-eso no era del todo cierto.
Me habrían ayudado contra ella de todos modos, solo por ser yo, pero obviamente no iba a
decirle eso.
-Nada es imposible.
Ella sacudió la cabeza, intentaba evitar mis movimientos de distracción y evadirlos, pero me
colocaba en los lugares apropiados para bloquearla en todo momento. Mi don era muy útil en
situaciones así. Pero estaba frustrada y se volvía más peligrosa por momentos. Así que se
lanzó contra mí con la idea de que si acababa conmigo, Bella pasaría a la historia después sin
impedimentos. Fue un ahora o nunca.
Pero antes de que llegara siquiera a tocarme, una mancha rojiza se interpuso entre ella y yo,
interceptándola en el aire.
-¡Jacob!-el quejido de dolor que soltó él, atrapado entre los brazos demoledores de Victoria
me sobrecogió. Ella sonrió, como si aquello fuera el mejor de los regalos de navidad, después
de haber recibido un pijama hortera y el típico par de calcetines. Mi reacción le había puesto la
guinda al pastel.
Y me lancé a por ella. Mi juicio se había nublado. Sólo veía a Victoria. Una enorme diana
donde debía lanzar el dardo y alcanzar la máxima puntuación. Escuchaba los gritos de dolor
de Jacob, se retorcía en el suelo, desnudo por haber vuelto a su forma humana, pero
abrazándose a si mismo en posición fetal. Temblando. Podía oír también los alterados latidos
de su corazón.
POV. Edward
Seth terminó con Riley y en cuanto Victoria se vio sola, comenzó a apartarse de mi con una
decepción infinita llameando en sus ojos. Iba a volver al refugio del bosque, pero yo no lo iba a
permitir.
La agarré por la espalda, me deslicé por su cuello como si fuera a hacerle una caricia...y le
arranqué la cabeza.
-Aguanta Jacob- lo llevaba en brazos mientras caminaba el trecho que me separaba del claro
donde estaba Carlisle. Le necesitaba con urgencia. Seth se había quedado en la cima,
esperando que los restos de Victoria y Riley desaparecieran con el fuego y después se
encargaría de llevar a Bella a casa.
Jacob tiritaba entre mis brazos. Sus quejidos eran ahora débiles, pero sabía que sentía un
dolor atroz. El sudor empapaba su cuerpo y yo me iba desesperando más y más.
Para colmo, había otra complicación. Los Vulturis habían decidido intervenir justo en ese
momento. Tuve que permanecer escondido entre la maleza, sujetando a Jacob e implorando a
cualquier divinidad que me estuviera escuchando que por favor el olor del licántropo camuflara
el mío.
-¿Qué has hecho Carlisle?...-musité al ver que había dejado que la chica se rindiera. Analicé a
mis hermanos. Todos estaban bien, salvo Jasper, al que habían mordido y le escocía el
veneno. Eso le pasaba por pretender estar en todas partes al mismo tiempo.
Y entonces los vi. Con Jane a la cabeza. En un impulso automático, tapé con suavidad la boca
de Jacob, aunque ya se había desmayado por el dolor.
-¿Rendido?
-Le di esa opción.
-No hay opciones para quienes quebrantan las reglas-zanjó ella, tajante.
-Eso es irrelevante.
-Como desees.
Ella le miró con interés- Aro deseaba que llegáramos tan al oeste para verte, Carlisle. Te envía
saludos.
-Os agradecería que le transmitierais a él los míos-mi padre siempre tan cordial.
-Por supuesto-ella sonrió, pero la maldad de Jane era palpable en el ambiente. Entonces
contempló la pira de vampiros muertos-parece que hoy habéis hecho nuestro trabajo...bueno,
casi todo-añadió mirando a la neófita-solo por curiosidad profesional, ¿cuántos eran?,
ocasionaron una buena oleada de destrucción en Seattle.
-¿Se llamaba?
Alice ladeó la cabeza hacia la zona este del bosque. La mirada de Jane se concentró en la
lejanía. Había visto la hoguera.
-Sí. Iba en compañía de otro vampiro, que no era tan joven como éstos, pero no tendría más
de un año-aclaró Alice. Respiré aliviado. La información que Seth había proporcionado a la
manada había mantenido al tanto a mi familia.
-Edward.
-Uno de nuestros amigos resultó herido, ha ido a su casa a socorrerle-mintió Alice mejor que
ninguna actriz consagrada.
Jane entonces volvió a mirar a la neófita-eh, tú, ¿cómo te llamas?
La joven le lanzó una mirada fiera a Jane al tiempo que fruncía con fuerza los labios. Jane le
devolvió una sonrisa angelical. La neófita reaccionó con un aullido ensordecedor. Su cuerpo
se arqueó con rigidez hasta quedar en una postura antinatural y forzada.
-Ella va a contarte todo lo que quieras saber-repuso Carlisle con el sufrimiento escrito en el
rostro-no es necesario que hagas eso.
La muchacha yacía jadeando con el rostro apoyado sobre el suelo. Se apresuró a responder.
-Diecinueve o veinte, quizá más, ¡no lo sé!. Sara y otra cuyo nombre no conozco se
enzarzaron en una pelea durante el camino...
-Y yo que sé. Riley nunca nos dijo su nombre y esa noche no vi nada...Estaba oscuro y dolía-
tembló-él no quería que pensáramos en ella. Nos dijo que nuestros pensamientos no eran
seguros...
-Nos dijo que debíamos destruir a los raros esos de ojos amarillos. Según él, iba a ser pan
comido. Nos explicó que la ciudad era suya y que los de ojos amarillos iban a venir a por
nosotros. Toda la sangre sería para nosotros en cuanto desaparecieran. Nos dio el olor de una
humana...dijo que identificaríamos al aquelarre en cuestión gracias a ella, que estaría con
ellos.
-No sé qué ocurrió. Nos dividimos, pero los otros no volvieron. Riley nos abandonó, y no volvió
para ayudarnos como había prometido. Luego, la pelea fue muy confusa y todos acabaron
hechos pedazos. Tenía miedo y quería salir pitando. Ése de ahí-señaló a Carlisle- dijo que no
me haría daño si dejaba de luchar.
-Ajá, pero no estaba en sus manos ofrecer tal cosa jovencita. Quebrantar las reglas tiene
consecuencias-miró a Carlisle entonces-no he de ocultar que estoy impresionada. Jamás
había visto a un aquelarre escapar sin bajas de un ataque de semejante magnitud. Bueno,
parece que no nos queda mucho por hacer. ¡Qué raro!. No estamos acostumbrados a
desplazarnos sin necesidad. Ha sido un fastidio perdernos la pelea. Da la impresión de que
habría sido un espectáculo muy entretenido.
-¿Felix?
-Espera...-dijo Carlisle- podemos explicarle las reglas a la joven. No parecía mal predispuesta
a aprenderlas. No sabía lo que hacia. Estamos preparados para responsabilizarnos de Bree.
Miré a Jacob que seguía temblando aún dormido. No quería ver más muertes de congéneres
por hoy. Pero escuché el agudo aullido que se apagó enseguida.
Y allí estaba yo poco después, agachado y con la cabeza entre las manos. Apoyado en la
fachada de la casa de Jacob, escuchando sus profundos gritos y los chasquidos de sus
huesos. Los quileute habían hecho una concesión y habían permitido que Carlisle pisara su
territorio para encargarse de Jacob, puesto que no podían llevarle a un hospital corriente. Y
por eso me encontraba allí. Algo más retirado de los demás, la manada al completo, que
esperaban junto a la puerta, porque eran demasiados para permanecer dentro de la pequeña
casa.
Me volvía loco escuchar a Jacob sufrir de aquella manera. Además, era culpa mía. No debía
haberlo permitido. No debí haber dejado que se interpusiera entre Victoria y yo. Lobo cabezota
y temerario. Aquello había sido...espeluznante.
Cuando escuché las pisadas de Carlisle acercarse a la puerta, me incorporé como si alguien
hubiera tirado de mi y me uní a los demás.
Carlisle se dirigió hacia Billy, que apretaba con fuerza la mano de Sue Clearwater a su
espalda- lo peor ya ha pasado-tranquilizó-se pondrá bien. Aunque he tenido que romperle los
huesos varias veces para que no se soldaran mal. Le he puesto morfina, pero la temperatura
de su cuerpo no tardará en quemarla.
-Gracias...-dijo Billy y extendió la mano hacia él, con el fin de estrechársela. Carlisle se la
devolvió.
Antes de entrar hablé con Carlisle- dame la morfina. Puedo estar al pendiente por si debo
darle más.
POV. Jacob
Edward.
Le miré de la cabeza a los pies para asegurarme de que estaba perfectamente. Y me alegró
descubrir que no solo eso, sino que no tenía ni una arruga en la ropa ni un pelo de la cabeza
en el sitio incorrecto.
Sonreí al verle allí. Estaba tan adolorido que había perdido peso mi vergüenza porque él viera
mi minúsculo dormitorio que además estaba patas arriba.
-Hola, Jacob- murmuró con esa voz tan hermosa que sonaba como una canción de cuna.
-Hola, Edward.
-¿Por?
-¿Te estás culpando enserio?, vamos, Edward. Fui yo el que me puse en medio cuando vi que
se abalanzaba sobre ti. Por cierto...¿está muerta?
-¿Cómo te sientes?
-Pero ahora no te duele ¿no?, si es así tengo más morfina-me mostró una especie de estuche
oscuro.
-¿Has venido en calidad de médico suplente?-sonreí-he de admitir, que me gustas más tú.
Él también sonrió y se quedó mirándome unos instantes en silencio. Luego suspiró y me pasó
su fría mano por la frente. Cerré los ojos disfrutando del contacto.
-Cometiste una locura, Jacob- me reprendió. Pero no enfadado o molesto. Como si fuera algo
que supiera que iba a ocurrir de antemano y solo me estuviera repitiendo su advertencia del
pasado.
-Siempre se hacen locuras por amor. Considera ésta una de ellas-no sonrió esta vez. Algo le
rondaba la cabeza. Seguramente la culpabilidad. Yo sabía lo que venía ahora. Me diría que
iba a casarse con Bella dado que ya todo era felicidad. Ahora que Victoria había muerto, no
tenían de qué preocuparse. No me cabía duda de que ya habrían elegido el país al que
mudarse, la casa y el coche. Me tragué con dificultad el nudo que taponaba mi garganta y
continué fingiéndome de buen humor, aunque sabía que él podía leer perfectamente que no
era así- Edward...-me adelanté-sé lo que vas a decir y no es necesario. Te ahorraré el mal
trago. Siempre serás el amor de mi vida, eso no va a cambiar, pero entiende que tenía que
intentarlo con todas mis fuerzas. Tenía que lograr que me quisieras aunque fuera un poco. Así
sé, que nada de lo que yo haga te separará de ella. Que lo vuestro es amor verdadero. Si tú
eres feliz Edward, yo intentaré serlo también. Siempre fui consciente de que había pocas
posibilidades. ¿Para cuándo es la boda?, puede que tenga un hueco libre en mi agenda-le
puse algo de humor al asunto para no echarme a llorar como un bebé delante de mi vampiro.
De su vampiro.
-No va a haber boda-dijo él mirándome fijamente. La morfina esa era la leche. Me estaba
haciendo alucinar a tope-no es la morfina Jacob- respondió a mis pensamientos-no voy a
casarme con Bella.
Me maldije por tener un brazo inutilizado. No podía pellizcarme para saber si aquello se
trataba de un maravilloso sueño. ¿Que no la amaba a ella?¿a quién entonces?
Se llevó las manos a la cabeza, como con desesperación. Pero finalmente me di cuenta de
que era por vergüenza. Se había vuelto tímido de repente.
Yo había enmudecido. Sentía la boca seca de tanto tiempo que había permanecido abierta.
Edward me amaba. A mi. A mi. A mi. Edward me amaba a mi. Me lo repetí un millón de veces
en mi cabeza para poder creérmelo. Acababa de confesarme su amor. Y yo me había
quedado colgado.
-Mierda...-musité, pero él me escuchó y me miró contrariado. Estaba claro que esa no era la
respuesta que esperaba por mi parte. Cuando nuestras miradas se encontraron, seguí
hablando-acabas de pronuncias las palabras que más deseaba escuchar en el mundo...y no
puedo besarte. Cuando me muero por hacerlo.
-Pero no puedo...
-Quiero ir contigo. Quiero dar la cara también si la vas a dejar por mi-decir eso me insufló más
ánimo aún.
Puso su gélida mano en mi frente. Solo estaba comprobando mi estado. Reconozco que me
decepcionó un poco.
-Edward, acabas de decirme que me quieres. De no ser por las vendas, ni siquiera recordaría
que estoy herido. Bésame- insistí. La mano derecha sí podía moverla, así que le sujeté por la
muñeca por si intentaba escabullirse.
Volvió a inclinarse hacia mi y esta vez rozó sus labios con los míos. Cerré los ojos en el acto.
El olor de su respiración me impedía pensar. Fue un beso muy dulce, cargado de amor. El
corazón se me hinchó de tal modo que estuvo a punto de volver a romperme las costillas.
Ocupó mi pecho por completo y perdí la noción de la realidad.
Cuando dejó de besarme, yo seguía con los párpados cerrados y mi boca buscaba a la suya.
-Deberías descansar Jacob, ha sido un día muy largo-me dijo sacándome de ese estado.
-No...-remoloneé.
Se recostó de lado, a mi derecha, y se lo agradecí, porque así podría darle la mano. En cuanto
se la cogí, no la solté. Y también podía mirarle. No había nada en el mundo más bello que mi
Edward.
POV. Edward
El exiguo sol de la mañana entró por la ventana de la habitación de Jacob. Como casi siempre
en Forks, amanecía nublado.
-Buenos días-dije a Billy que estaba en la pequeña cocina. Llevaba un albornoz sobre los
hombros.
-Mejor. Anoche cuando se durmió solo tuve que ponerle un poco más de morfina para que
pudiera descansar en calma.
-Me alegro-estaba cogiendo cacharros de algunos armarios inferiores. Así que me acerqué a
el.
-¿Le ayudo?
-Te agradezco lo que estás haciendo, Edward- dijo Billy con sinceridad-no debe ser fácil para
ti esta situación.
-En realidad...ahora si. Cuando creí que perdería a Jacob, me di cuenta de que...él era la
persona más importante para mi.
La silla de ruedas de Billy chirrió cuando volvió a ponerse a mi lado. Miré al hombre a los ojos.
Estaba realmente emocionado-muchísimas gracias Edward- estiró el brazo para cogerme la
mano. Cuando se la di, me la apretó con cariño-muchísimas, muchísimas gracias.
Billy me dio una infinita lástima. Jacob no era el único que lo había pasado mal con mi
rechazo.
-Yo soy el que debe darle las gracias. Por permitirme entrar en su casa y por el hijo tan
maravilloso que tiene. Le pido disculpas por lo que les he hecho pasar.
Él sonrió complacido y me dejó seguir cocinando. Hice café y tortitas para Billy también. Pero
Jacob no podría salir a desayunar, así que llené un plato con comida hasta los topes, un vaso
con leche caliente y volví al dormitorio.
-Creí...creí que te habías ido. Menos mal que escuché tu voz fuera.
Él sonrió-jamás.
-Si...-reconocí. Doblé su almohadón para elevar un poco su espalda. Lo suficiente como para
que pudiera tragar si dificultad y me senté a su lado.
-No puedo trocear la comida...-si creía que no me daba cuenta de por qué soltaba algo tan
obvio, se equivocaba. Con mi suprema rapidez, corté la torre de tortitas en fragmentos del
tamaño adecuado y le pasé el tenedor-demasiado débil para cogerlo...-fingió cansancio. Ni
siquiera se dignó a levantar la mano derecha que tenía perfectamente.
-¿Lo harías?, oh, gracias Edward- sonrió ampliamente, satisfecho y después abrió la boca.
POV. Jacob
Reconozco que el estar herido, en parte, había sido genial. Salvo por lo de no poder moverme
de la cama. No solo mi padre no me daba la lata con las tareas de limpieza del hogar, sino
que me ahorraba el ir a ver a mis amigos porque ellos venían a mi casa. Además, no tenía que
patrullar. Pero lo mejor, lo más maravilloso y genial de todo, era que Edward me consentía por
completo.
Estuvimos así tres días. Porque estaba ya recuperado del todo a media tarde del tercer día, en
que Carlisle fue a verme y digamos que, me dio el alta. Y Billy debió de habérselo dicho a
Charlie, porque descubrimos que Bella venía de camino a la reserva para verme.
Era genial, porque no podíamos ir a hablar con ella en su casa. Edward estaba histérico,
andaba de un lado a otro en mi reducida cocina/sala de estar.
Intenté detenerle. Ahora que estaba oficialmente curado, solo podía pensar en besarle como
en la montaña.
-No Jacob...-apartó la cara de mi-hasta que no hable con Bella...aún estoy con ella. Espera un
poco, por favor.
Sí, mejor, si a Bella le daba un ataque de histeria, no quería que rompiera las cosas de mi
casa.
Yo abrí la puerta y salí primero. Formaba parte de la extraña educación de Edward. Mi casa,
mi puerta.
-Hola Bella-ella sonrió ampliamente cuando escuchó mi amable saludo. Yo, a diferencia de mi
vampiro, me sentía tranquilo. Ansiaba este momento. Bien o mal, ella por fin saldría de su
vida.
-Jake...-empezó a acercarse a mi, pero se detuvo a pocos pasos, en cuanto vio a Edward salir
de la casa a mi espalda. Le miró con la extrañeza reflejada en el rostro. No entendía cómo era
posible que un vampiro estuviera en la reserva y mucho menos en mi casa.
-¿Qué...?
Se acercó a ella y le sostuvo ambas manos. Ella sonrió ante el gesto, pero él no le devolvía la
sonrisa, así que no tardó demasiado en cambiarla por una mueca de desconcierto.
-Tenemos que hablar...
-Está conmigo-intervine. Incluso me molestaba que la cogiera de las manos a pesar de que
era para romper con ella.
-Tu padre me dijo que estás mejor Jake. No entiendo...¿por qué está aquí Edward?
-Bella...no sé muy bien cómo decirte esto...-comenzó Edward- te quiero...te quiero Bella, de
verdad que si.
-Y yo a ti Edward- dijo ella y me miró. Yo le devolví la mirada, pero la mía no era amistosa.
-¿Cómo?
-No te amo, Bella. Y no me atrevía a dejarte después de todo por lo que te he hecho pasar...sé
que tu cariño por mi es sincero, pero te mereces a alguien que te corresponda de igual modo.
-No, Bella...-Edward era más comedido. Ahora si le soltó las manos, cabizbajo y se alejó de
ella algunos pasos, quedando más próximo a mi.
-¿Me estáis diciendo que os habéis enamorado?¿es eso?-su voz ya era chillona y todavía
más irritante si cabe-¡¿pretendes que me crea eso?!, ¡os odiáis!
-Jacob...-Edward me reprendió.
-No...eso no puede ser...-empezó a llorar sin dejar de mirarnos a intervalos-¿cómo has podido
hacerme esto Edward?¡íbamos a casarnos!¡íbamos a estar siempre juntos!-Edward se acercó
a ella para confortarla, pero Bella le empujó. Obviamente no le movió ni un ápice-¡no me
toques!¡te odio Edward Cullen!¡te odio!
Y entonces, vi como levantaba la mano. Cómo se atrevía a hacer una cosa así. Actué de
propia cuenta.
Cuando volví en mi, ella gritaba por el dolor que yo le estaba causando mientras le apretaba el
brazo alzado con una de mis manos.
-Cómo te atreves a levantarle la mano estúpida-bramé desde lo más hondo del pecho.
-La estás lastimando Jacob...-cuando sentí la mano de Edward posarse sobre la mía, por fin
pude calmarme. Le miré recuperando el control de mi mismo.
Ella sollozaba, se sujetaba el brazo por el dolor. Apuesto a que le saldría un buen morado.
Salió corriendo y entró en su coche. No tardó demasiado en desaparecer de nuestra vista.
-Lo sé, pero no es culpa mía. Se me nubla la mente cuando estás en peligro. Pierdo el control
sobre mi mismo y solo pienso en protegerte de cualquier cosa.
-Se le pasará. No te preocupes-no podía esperar más. Ya era oficial. Bella había salido de su
vida y de la mía, esperaba que para siempre. Me acerqué a el los pocos centímetros que nos
separaban y le besé. No tardé mucho en sujetarle por la nuca con una de mis manos para que
no se le ocurriera ni por un segundo separarse de mi. Él gimió y colocó ambas manos en mi
cintura. Sentí un escalofrío al notar su tacto por encima de la tela de mi camiseta. ¿En qué
estaría pensando?, yo no estoy hecho para las camisetas. El vacío en mi pecho llamó mi
atención. No me había dado cuenta antes, pero su cercanía acrecentaba la sensación. Era
muy extraño. ¿No debería ser al revés?¿cuanto más cerca, menor necesidad?...Recordé las
palabras de Sam. Hasta que Edward no fuera mío, no dejaría de notar aquella inquietud en lo
más profundo de mi alma. Eso era comprensible entonces...todo mi ser lo demandaba
fervientemente. Por eso cuanto más lo tocase, cuanto más lo sintiese...Mi cuerpo trataba de
avisarme. Le necesitaba hasta límites insospechados. Al lobo que había en mi le urgía
sentirse completo. Y yo no podía estar completo sin Edward.
La mano que aún tenía libre, actuó por si misma mientras yo continuaba sumido en aquel
apasionado beso. Recorrí su torso, acariciando su perfecto cuerpo por encima de la camisa
que llevaba puesta. No sé cómo, me colé por debajo de ella y rocé su piel de seda...
-¡Jacob!-cuando sintió el contacto, me detuvo con una de sus manos y se alejó varios metros
de mi de un solo impulso-no...
-¿Qué ocurre Edward?-quise acercarme, pero no me atreví. Sus ojos mostraban ¿temor?
-Yo también siento eso Jacob...también quiero estar contigo...pero no puedo hacerlo. Ahora
no. Por favor, no me lo pongas más difícil.
POV. Jacob
Volver a estar recuperado fue un martirio. Sam me hizo patrullar dos días enteros con sus
respectivas noches y Edward se mantenía a distancia para no distraerme. Una bobada en mi
opinión, porque actualmente no había ningún peligro en ciernes. Pero mantenía el contacto
con mi imprimación gracias a un teléfono de última generación que me había comprado el
propio Edward. Seguía mimándome aún sin estar enfermo y eso me hacía sentir especial.
Cuando al fin estuve libre, fui a casa de los Cullen. Si tenía que dormir, lo haría en el
dormitorio de mi Edward.
-Bienvenido, Jacob- esa mujer era de lo más amable y sonreía siempre que me veía.
-Él, Carlisle, Emmett y Jasper se han ido de caza-dijo Alice que venía del salón.
-Mañana-puse cara de disgusto ante el comentario y Alice no lo pasó por alto-ven Jacob.
Tengo algo para ti en la habitación de Edward. Te animará.
-Lo hace por ti. Así se queda concentrado su olor. Sabe que te gusta.
Lo que Alice quería enseñarme era otro montón de ropa extremadamente cara que estaba
doblada o en bolsas sobre la cama. Todas para mi.
-¿Y?
-Pues deja estas ropas aquí, para cuando te quedes a dormir-apreció ella.
-Quedarme...-suspiré-estoy loco por hacerlo, pero no creo que a Edward le agrade demasiado.
-¿Por?-ella contemplaba las prendas como si las acabase de comprar o las viera por primera
vez. Las volvía a doblar perfectamente y las dejaba tal y como estaban.
-Me parece que aún se siente incómodo cuando yo...-¿cómo se lo explicaba a su hermana?-
verás...yo...deseo a Edward...de un modo...que empieza a alcanzar lo extremo.
Entonces dejó de adecentar la ropa y se volvió hacia mi-¿es que acaso no te lo ha dicho?-
preguntó curiosa.
-¿Decirme qué?
-Me sorprende que no te lo haya contado...-se planteó ella misma en voz alta.
-¿Pero cómo es posible que sea virgen?, si tiene mogollón de años, ¿la gente está ciega?, o
sea...es Edward. La perfección hecha persona.
-Jacob, Edward...como la mayoría de nosotros, se educó en otra época. Cuando era humano
las ideas imperantes en el mundo eran diferentes a las actuales, al menos, para una parte de
la sociedad. Además, él tiene esa teoría de que los vampiros no tienen alma, y no quiere
condenar la tuya.
-¿Acostarse conmigo es condenar mi alma?
-Así sin más...sí-dijo ella. Su mirada me indicó que había un mensaje oculto bajo aquellas
líneas.
-Así sin más...-repetí y me senté en la cama, procurando no desordenar las prendas. ¿Qué
podía hacer yo?¿qué tenía que ver el practicar sexo con el alma?¿no sería una excusa para
apagar mis, en exceso, alteradas hormonas?
-Jacob...si tú fueras alguien con sólidos ideales. Creyeras en Dios, en el cielo y en el infierno.
¿Cuándo tendrías relaciones?
La miré asimilando las palabras unos instantes. Aquello había sido un cable por su parte,
estaba claro. Y entonces caí-no quiere condenar mi alma...¡matrimonio!-incluso me levanté.
Ella solo asintió complacida de que por fin lo hubiera captado-tendría relaciones una vez
casado.
-Correcto.
-Soy la monda.
-Ya decía yo que algo apestaba- Rosalie apareció por la puerta- Alice, ¿por qué malgastas tu
tiempo y dinero con el chucho?
-Cuidado con lo que haces perro, o tendré que darte en el hocico con un periódico.
-Eh, Rosalie, ¿sabes por qué la rubia trepó por la pared de cristal?
-¿Te lo sabes?
-Si-dijo alejándose.
-¿Por qué la trepó?-me pinchó Alice para que aún así lo dijera.
-Para ver qué había al otro lado-respondí y ella sonrió. Rosalie soltó un resoplido en la
distancia-esto no te lo sabes Rosalie- me acerqué al umbral de la puerta. Ella estaba en su
dormitorio.
Alice soltó la camisa que tenía entre las manos y dio un grito que juraría que me dejó sordo
unos instantes.
-¿Lo dices enserio?, oh, Jacob- me abrazó con ímpetu-si, si, hazlo Jacob. Además sé que me
quieres ¿a qué si?
-Por favor, por favor, por favor, por favor, Jacob, si me quieres déjame organizar la boda.
-¡Dirá que si!¿por qué sino no veo su futuro por más lejos que intente mirar?, apuesto a que
estaréis siempre juntos. Por favor Jacob- levantó las cejas como un payaso triste y le
temblaban las comisuras de los labios. Aquello podía partirle el corazón a cualquiera.
-No puedo creer que vayas a hacerlo- Rosalie había vuelto, pero no se acercaba demasiado,
no sea que Alice la atrapase en el campo gravitatorio de su júbilo.
-Me encanta la idea de que vayas a formar parte de la familia oficialmente, Jacob- dijo Esme
detrás de Rosalie.
-Me parece que quedaría mejor Edward Black- aprecié-puesto que sería mío...mi marido. Vale,
suena genial. Tengo que pedírselo.
Pasé la noche en aquella casa, aunque no pude dormir demasiado. Alice no dejaba de hacer
planes, y no podía irse a su habitación a darle vueltas al asunto, no, tenía que ponerse a ello
en el dormitorio de Edward. Caminando de acá para allá y enumerando montones de...hasta
perdí el hilo.
-¿Y ya sabes cómo lo vas a hacer para pillar a Edward por sorpresa?-me preguntó Esme.
-Ahm...-me sentí estúpido. En cuanto Edward entrase por la puerta, sabría lo que yo pretendía
gracias a su don-maldita sea...¿cómo lo evito?¿tendré que decírselo nada más llegar?
-Tranquilo. Canta. Tararea. Piensa en...la tabla de multiplicar por ejemplo. Alice suele traducir
al árabe el himno de batalla de la República.
Hasta el mediodía, los Cullen que faltaban no volvieron a la casa y para entonces, yo volvía a
estar en el dormitorio de Edward escuchando uno de sus CDs tumbado en el sofá de cuero. Mi
vampiro cruzó la puerta con una amplia sonrisa en el rostro.
-Jacob...-le notaba muy alegre y sus ojos resaltaban en un claro color topacio.
-Edward...-me levanté lo más rápido que pude y me acerqué a el, abrazándole por la cintura-te
he echado de menos...-musité antes de besarle. Me encantaba hacerlo, sobretodo ahora que
él me correspondía al cien por cien.
-¿Te encuentras bien?-me preguntó cuando nos separamos por unos segundos.
-Si, ¿por qué?-¿sería porque estaba tarareando una estúpida canción de un anuncio de la
televisión en mi cabeza?
-Escucha a qué velocidad te late el corazón. Parece un colibrí batiendo las alas.
-Está bien-pareció conforme y acercó de nuevos sus labios a los míos. Apenas los hubo
rozado, se lo solté.
-Cásate conmigo Edward...-¿para qué esperar más?, sería absurdo y tarde o temprano lo
acabaría descubriendo.
-Jacob, ¿qué...?
-Vale, antes de que digas nada...sé que no tengo un anillo, ni una gran casa que ofrecerte
para estar juntos...tampoco tengo un empleo para mantenernos...lo sé, pero puedo prometerte
mi amor eterno e incondicional y...mi protección, mi fidelidad y mi...alma. Lo demás...si me das
tiempo a tu lado...podré proporcionártelo.
Edward sonrió más si cabe-no necesito nada de esas cosas, Jacob. Me basta con tener tu
amor.
Me besó aún con la sonrisa marcada en el rostro. Sentí sus labios tiernos contra los míos. Me
perdía de mi mismo siempre que me besaba. No era capaz de comprender por qué eso
seguía sucediendo con tal intensidad. Mi pasión por Edward era igual o mayor que el primer
día en que lo vi con mis nuevos ojos.
-No me has contestado todavía-pregunté nervioso. Era la primera vez que yo detenía un beso.
Ambos estábamos ansiosos con el acontecimiento, así que no le dimos demasiado tiempo de
espera. Tres semanas, y nos casaríamos. Alice no tendría problema alguno con organizar algo
de gran magnitud con una fecha tan limitada.
-Ya te echo de menos...-musité mientras hundía mi rostro en el espacio que había entre su
hombro y su cuello.
-No, no. Es tu despedida de soltero...debes ir-dije, pero los dedos de mi mano derecha se
trabaron en su cabello broncíneo, mientras presionaba la izquierda con fuerza contra la parte
más estrecha de su espalda.
-Y tú a la tuya
-Las despedidas de soltero están diseñadas para quienes se entristecen por el fin de sus días
de libertad. Y yo no podría desear más el dejarlos a mi espalda. Así que realmente no tiene
mucho sentido-aclaré.
-Tus amigos quieren estar contigo, Jacob, velo de ese modo. Y mi despedida...será solo un
buen banquete para no agobiarme mañana con tantos invitados humanos-rió, con una risa
fresca y agradable. Musical a mis tímpanos.
-Siempre-dijo él. Me dio un rápido beso en los labios y se acercó a sus hermanos.
-Te lo devolveremos con tiempo suficiente Jake- me informó Emmett mientras le pasaba el
brazo por encima de los hombros.
A la mañana siguiente, los párpados se me abrieron solos de sopetón. Me costó darme cuenta
de que estaba en mi habitación, con los pies colgando un poco por fuera de la cama. Mi
despedida de soltero había tenido lugar en La Push, con todos mis camaradas. Habíamos
comido hasta hartarnos, hablado hasta la saciedad, e incluso nos habíamos peleado entre
nosotros para ver cuan en forma estábamos.
Pronto dejaría aquello. Me iría de casa de Billy y sólo cruzaría su puerta como una visita más.
Sentí algo de melancolía. Las paredes de mi habitación estaban llenas de marcas por los
pósters que tantas veces las adornaron. Algunas prendas de ropa que no pensaba llevarme
estaban tiradas por el suelo y de la puerta del armario, en una percha, inmaculado, colgaba mi
traje negro. Iba a ponerme pajarita y chaleco incluidos. Jamás lo imaginé. Me pondría los
pantalones y la camisa para terminar de arreglarme en la casa de los Cullen.
Aquello era un gran paso para ambos clanes. Marcaba el inicio de un importante cambio y
Edward y yo éramos los pioneros. Se palpaba en el ambiente.
Mientras ella me colocaba el chaleco, que era algo incómodo para respirar debo añadir, me
miré en el espejo-¿realmente hace falta todo esto?, en cualquier caso voy a parecer
insignificante a su lado. No importa lo que lleve.
-Nadie osará considerarte insignificante cuando haya acabado contigo-dijo Alice segura-
salvo...probablemente algunos de nuestros invitados te miren mal-se corrigió.
-No lo dudaba.
-Quiero decir...hay un clan de vampiros, como nosotros, vegetarianos. Viven en Denali. Tanya
y los demás son muy amables y no creo que te den problemas, pero Irina...sentía bastante
afecto por Laurent, el vampiro que vosotros matasteis en nuestra ausencia-le recordaba sin
problemas. Habíamos salvado a Bella de el-y os aborrece desde entonces, aunque quizás ni
venga.
-Y Tanya a lo mejor...puede que te lance alguna mirada...cómo decirlo...puede que te mire con
algo de celos-comentó mientras me colocaba la pajarita de color blanco. A juego con el
chaleco y la camisa.
-¿Celos?
-Si...-titubeó un poco-ella llegó a tener cierto interés en Edward hace un tiempo. Aunque él la
rechazó cortésmente.
Rosalie apareció por la puerta, justo cuando Alice había terminado de acicalarme.
-Ya han regresado-informó. Y como un niño pequeño que hubiera visto los regalos bajo el
árbol de navidad antes de que se despertaran sus padres, me puse nervioso. Edward estaba
en casa.
-¿Está...?
-Ha ido a vestirse-me interrumpió Rosalie y me miró de arriba abajo-vaya con la mascota...te
sienta bien el frac.
Alice ahora se centraba en mi cabello. Dándole los últimos retoques para que todos y cada
uno de los pelos quedase en punta. Yo contemplé a Rosalie por el espejo.
-Rosalie...¿por qué las rubias sonríen cuando cae un rayo?-hizo un gesto de exasperación-
porque quieren salir guapas en la foto.
-Maldita sea...
-Ya estás Jacob- anunció Alice. Impresionante, parecía otra persona y...realmente me sentaba
genial-enseguida vengo, ahora me toca a mi-dijo y desapareció para volver pocos minutos
después. Llevando un vestido plateado que parecía flotar alrededor de su cuerpo.
-¡Guau Alice!
-Nada de nada. Este día es vuestro. Y ahora dime, ¿estás bajo control o llamo a Jasper?
-Todos están abajo- Alice estaba de lo más calmada. Lo tenía todo planeado al milímetro.
-Pues quiero casarme de una vez-dije. Estaba ansioso por convertir a Edward en mi marido.
Alice bajó las escaleras delante de mi. Parecía danzar de forma lenta, con una gracia muy
suya. La casa estaba llena de flores blancas que colgaban en guirnaldas por doquier.
No sé por qué me sorprendió que él ya estuviera allí. Presidiendo todas aquellas sillas
abarrotadas. Debajo de un arco rebosante de más flores.
Apenas fui consciente entonces de que Carlisle estuviera a su lado. No veía a Billy donde
debía de estar sentado, en la fila delantera, ni a mi nueva familia ni a ninguno de los invitados.
Todos ellos tendrían que esperar.
Ahora sólo podía distinguir el rostro de Edward, que llenó mi visión e inundó mi mente. Sus
ojos brillaban como la mantequilla fundida, en todo su esplendor dorado, y su rostro perfecto
parecía casi severo con la profundidad de la emoción. Y entonces, cuando su mirada se
encontró con la mía, rompió en una sonrisa de júbilo que quitaba el aliento. Ambos vestíamos
igual, pero la rosa de su ojal era blanca y la mía roja.
Apresuré mis pasos y me coloqué a su lado. Y como no podía ser menos, le di la mano.
Hicimos los votos sencillos con las palabras tradicionales que se habían dicho millones de
veces, aunque jamás por una pareja como nosotros. La parte del 'si, quiero' fue la que puso el
mundo en su sitio. Las cosas se colocaban en la posición correcta y todo cobró un nuevo
sentido. Miré a los ojos brillantes, triunfantes de Edward y supe lo mucho que yo había
ganado. Le retendría de forma permanente e inquebrantable. Sin duda alguna. Desde ese
mismo instante, él estaba tan irremediablemente atado como yo, y si yo le iba a pertenecer
siempre, eso significaba que él siempre iba a ser mío. Ante ese pensamiento, me pareció que
el hueco en mi pecho disminuía un poco su tamaño, pero solo un poco.
Y entonces, cuando todo terminó, las manos de Edward se alzaron para acunar mi rostro
cuidadosamente. Yo tracé con mi cuerpo el poco espacio que nos separaba y uní nuestros
labios. Era emocionante comprender, que esa persona tan asombrosa era mía. Que esos
labios eran míos. Que ese aliento y esa piel me pertenecían. Le sujeté de la cintura y le besé
con ternura, con adoración y olvidé a la gente, el lugar, el momento y la razón...recordando
sólo que él me amaba, que me quería y que ya nunca debía mirar atrás. Todo era futuro con
Edward. Nuestro futuro.
Él mismo tuvo que terminar el beso, porque yo me había pegado a él, ignorando las risitas
disimuladas de mis amigos y los suyos, y las gargantas que se aclaraban ruidosamente entre
la audiencia. En la superficie su fugaz sonrisa parecía divertida, casi una sonrisita de
suficiencia, pero debajo de su momentánea diversión por mi exhibición pública de afecto había
una profunda alegría que era un eco de la mía.
El gentío estalló en un aplauso y él movió nuestros cuerpos para ponernos de cara a nuestros
amigos y familiares, porque yo seguía en el limbo más absoluto sin dejar de mirarle.
Los brazos de mis hermanas fueron los primeros que me encontraron. Pude ver que ambas
tenían las caras bañadas en lágrimas, cuando al fin retiré con desgana los ojos de Edward. Y
entonces me pasaron de mano en mano por toda la multitud. De abrazo en abrazo, y apenas
fui consciente de a quién pertenecían los brazos de cada uno de ellos, con la atención puesta
en la mano de Edward que aferraba firmemente la mía.
Las cosas se detuvieron, relajadas como la apacible tarde de agosto que nos rodeaba. El
pequeño grupo de personas se extendió bajo la suave iluminación que ofrecían las luces
titilantes y los amigos que acabábamos de abrazar nos saludaron de nuevo. Ahora era tiempo
de hablar, de reír, aunque mi mente solo viajaba sobre Edward y en las ganas que tenía de
hacerle mío completamente ahora que podría. Qué le voy a hacer...le deseo más allá de lo
racional.
-Felicidades, chicos-nos dijo Seth, inclinando la cabeza bajo el borde de una guirnalda de
flores para acercarse a nosotros. Chocó un puño con Edward antes de darle un afectuoso
abrazo. Desde lo de la montaña, se habían convertido en grandes amigos.
Observé a Sue, algo más lejos, tensa y sin perder ojo de los invitados vampíricos. Mi padre,
en cambio, parecía estar pasándoselo bomba. Sonreía constantemente y habría puesto la
mano en el fuego, porque jamás le había visto así.
-Me alegro de verte Seth- dijo Edward revolviéndole el cabello con una mano y haciéndole
sonrojar.
-Y yo...-dijo él y me miró-me alegro mucho por ti Jake, al fin lo conseguiste-me dio un fuerte
abrazo que yo devolví. Era consciente del profundo cariño que me tenía y yo a el. Era como
un hermano pequeño para mi, desde siempre.
-Gracias a vosotros también por compartir este día con nosotros-dijo Edward a Sue y a mi
padre, ahora su suegro-estáis en vuestra casa.
-Ni lo menciones Edward. Mi gratitud para contigo es infinita-dijo Billy acercándose hasta el
borde de la plataforma.
Se empezó a formar entonces en torno a nosotros, algo parecido a una fila. Conocí a una
chica llamada Angela y a su novio Ben, antiguos compañeros en el instituto de Edward. Se les
veía notoriamente asombrados de que mi vampiro se hubiera casado conmigo y no con Bella,
pero fueron muy simpáticos. Y los siguientes en reclamar nuestra atención fueron Mike
Newton con la chica con quien le había visto en la fiesta de graduación, al parecer, su nombre
era Jessica. Me sorprendió, porque ambos iban cogidos de la mano. Después de ellos, conocí
al clan de Denali. Contuve la respiración cuando Edward abrazó a una exuberante vampira de
rizos rubios, la tal Tanya. A su lado, habían otros tres vampiros de ojos dorados que me
miraban con curiosidad. Una de las mujeres tenía el pelo largo, de un rubio muy pálido, liso
como la seda, llamada Kate. La otra mujer y su acompañante tenían el cabello negro, y se
trataba de Carmen y Eleazar.
Él se echó a reír entre dientes y maniobró para deshacerse del abrazo, colocando con ligereza
la mano en su hombro y dando un paso hacia atrás, como si quisiera verla mejor. Era
claramente consciente de que mi actitud pronto pasaría a ser territorial si ella seguía
tomándose tantas confianzas con el.
-Déjame que te presente a mi marido-era la primera vez que uno de nosotros pronunciaba esa
palabra desde que se había convertido en una realidad oficial y parecía que iba a explotar de
satisfacción al decirla. Lo mismo que yo al escucharla. Todos los de Denali se echaron a reír
suavemente en respuesta- Tanya, éste es mi Jacob- había dicho mi Jacob...como lo hacía yo
en mi mente desde que imprimé y eso me hizo sonreír ampliamente. Los vampiros que tenía
delante pensaron erróneamente que era la felicidad que me embargaba por conocerles.
Tanya me echó una mirada más especulativa que resignada y después alzó una mano para
tomar la mía.
-Claro que sí- aquello ya no tenía importancia para mi. Lo único que recordaba de la
experiencia en la montaña, era el alucinante beso que Edward y yo habíamos compartido-es
estupendo conoceros.
-Los Cullen ya están igualados en número. Quizá sea hora de nuestro turno, ¿eh, Kate?-
comentó dirigiéndose a su hermana de cabello liso.
-Estamos encantados de verdad de haberte conocido por fin-dijo Carmen y Eleazar asintió.
-Yo también.
Se mantuvieron todas las tradiciones al uso en aquella boda. Edward y yo nos vimos
acribillados por el flash de muchas cámaras fotográficas mientras sosteníamos en alto el
cuchillo sobre un pastel de tamaño espectacular. Alice había pensado en la manada sin duda.
Nos turnamos para darnos el pastel el uno al otro. Edward se tragó valientemente su trozo
mientras yo lo miraba con incredulidad. Y cuando comenzó la música, Edward y yo fuimos al
centro de la pista para el acostumbrado primer baile.
-¿Está usted disfrutando de la fiesta señor Cullen?-me preguntó Edward divertido mientras
dábamos vueltas.
-A mi también.
-Aunque tendré que acostumbrarme.
-Tendremos tiempo suficiente-comenté y me incliné para besarle sin dejar de bailar. Las
cámaras disparaban fotos de un modo casi febril.
La música cambió entonces y sentí unos golpecitos en mi hombro. Al girarme descubrí a Alice.
-¿Bailas conmigo Jacob?-no podía hacerle el feo aunque deseara seguir bailando con
Edward. Él hizo lo propio con Esme y yo intenté bailar con Alice. Cosa que me hacía quedar
como un payaso, porque ella era infinitamente mejor en cuestión de danza.
-Habéis perdido el tiempo. Pienso estar todo el rato en pelotas-se me había escapado y lo
había pronunciado en voz alta, pero ella se rió a carcajadas.
-Da igual el lugar, pero sí sé lo que haré-le guiñé el ojo e hice que diera una vuelta sobre si
misma cogiéndola de la mano.
Creo que ya había bailado con casi todas las mujeres de aquella fiesta o eso me parecía.
Esme, Carmen, Leah e incluso Rosalie. Pero todo sirvió para volver a tener entre mis brazos a
Edward.
-¡Ya es la hora!-nos gritó Alice nada más habernos juntado mi marido y yo. La ignoré
completamente y besé a Edward. Él me devolvió el beso sin dudar, hasta que su hermana nos
interrumpió-¿es que queréis perder el avión?, estoy segura de que vais a pasar una luna de
miel estupenda acampados en el aeropuerto, esperando el vuelo siguiente.
-No pasa nada Alice- dije-ambos estamos muy bien con esta ropa...siendo nuestra luna de
miel, la gente lo comprenderá-en realidad no quería que Edward se cambiase. Aquellas
prendas debía arrancárselas yo.
Pero como todo lo que empieza, la fiesta llegó a su final. Y la gente se aglomeró en la entrada
para vernos marchar, haciendo un pasillo.
Todo el mundo aplaudió cuando nos besamos en las escaleras de la entrada. Luego corrimos
hasta el coche mientras comenzaba la tormenta de arroz. La mayoría no nos alcanzó, pero
alguien, probablemente Emmett o Paul, nos arrojó los granos con una precisión asombrosa
contra nuestra espalda.
Nos alejamos a toda velocidad despidiéndonos por la ventanilla y haciendo el inevitable ruido
por las tradicionales latas que pendían del parachoques trasero.
Edward me dejó conducir en deferencia a que yo no sabía el lugar de la luna de miel. Pero
sería capaz de llegar hasta el aeropuerto sin problemas. Y sin quitar el ojo de la carretera, cogí
su mano y la estreché con fuerza.
-Te quiero-dije.
-Ése es el motivo por el que estamos aquí-comentó él y me besó la mano con la que lo
sujetaba.
Cuando nos volvimos hacia la oscura autopista, escuché un sonido sobre el ronroneo del
motor, procedente del bosque que quedaba a nuestras espaldas. Los aullidos de mi manada
eran traídos hasta nosotros por el viento.
POV. Edward
-¿Houston?-me preguntó Jacob alzando las cejas cuando llegamos a la entrada del
aeropuerto de Seattle.
-Es sólo una parada en el camino-le aseguré con una sonrisa de oreja a oreja. No quería que
se me notase igual de ansioso que él.
Se quedó dormido durante el vuelo y se espabiló por completo cuando nos detuvimos en el
mostrador de los vuelos internacionales para revisar los billetes.
-Otra parada.
Cuando pusimos rumbo hacia oriente por el océano abierto, escuchaba a Jacob devanándose
los sesos revisando sus conocimientos de geografía para averiguar dónde estábamos. Eso me
hacía sonreír interiormente, ni en un millón de años lo adivinaría.
-Pues nos queda como una media hora más de camino...-dije. Oh, vaya, pensó algo
decepcionado. Se moría por llegar a donde quiera que fuéramos. Pero veinte minutos
después, llamé su atención-¡Jacob, mira hacia allí!
POV. Jacob
Sentía un revoltijo de nervios en el estómago a cada minuto que pasaba. ¿Cuánto tiempo más
íbamos a seguir viajando?¿cuánto tiempo seguiría sintiendo aquel vacío en mi pecho que
cada vez se parecía más a un pozo sin fondo?¿cuándo podría por fin hacer mío a Edward?
-¡Jacob, mira hacia allí!-su voz me sacó de mis pensamientos y seguí su dedo que me
señalaba una forma baja y oscura que se interponía en el reluciente trazo de la luna sobre el
oleaje. La forma terminó transformándose en un triángulo chato e irregular, con uno de sus
lados más alargado que el otro, antes de hundirse en las olas. Nos acercamos más y pude
comprobar que el contorno era tenue, oscilante ante la brisa ligera. Delante de nuestra
posición se erguía, por encima del mar, una islita donde se balanceaban las hojas de las
palmeras y refulgía la media luna de una playa bajo la pálida luz de la noche.
El barco se deslizó hasta colocarse con exactitud en la posición adecuada, pegado a un corto
muelle de planchas de madera deslustradas que adquirían un tono blanquecino a la luz de la
luna. Reinó un silencio absoluto cuando se detuvo el motor, pues no había más sonido que el
chapaleteo de las olas contra el casco de la nave y el susurrar de la brisa entre las palmeras.
El aire era cálido, húmedo y fragante, como el vapor que permanece después de una ducha
de agua caliente.
-¿Le regaló una isla a su esposa?-por eso Edward era tan generoso, lo había aprendido de su
familia-me siento un marido de mierda en estos momentos-dije.
-¿Por qué?-él alzó una ceja al tiempo que cogía las maletas y las sacaba de la embarcación
con su acostumbrada gracilidad.
-Jamás podré regalarte algo así...ni en un millón de años-era frustrante.
-Nunca te pediré una isla, Jacob- admitió sin dejar de sonreír. Seguramente mis arranques de
niño quejumbroso ya se le habían hecho costumbre.
-Te la daría a pesar de todo-dije y me bajé del barco. Le quité una de las maletas y le seguí.
Pasamos a través de un follaje similar al de la jungla y más adelante pude ver una luz cálida.
Estábamos a punto de llegar a una casa. Íbamos a una casa. Allí, en medio de aquella isla.
Una isla privada para él y para mi.
Mi corazón comenzó a latir de forma audible contra mis costillas, y el aliento se me quedó
atascado en la garganta. El pánico escénico me atacó por fin. Yo que había deseado tanto
llegar a un hotel cualquiera...ahora la cercanía de la intimidad lo hacía ver más real. Sentí los
ojos de Edward fijos en mi rostro, pero por primera vez, rehuí encontrarme con su mirada.
Clavé la vista justo hacia delante, sin ver nada en realidad. Él no me preguntó qué me pasaba,
lo cual no era propio de su carácter. Adiviné que esto quería decir que se encontraba tan
nervioso como yo.
Dejamos las maletas en el ancho porche mientras él abría las puertas que no estaban
cerradas con llave.
Me miró antes de avanzar y cruzar el umbral. Yo le seguí y me condujo a través del edificio, en
silencio, encendiendo las luces a su paso. La vivienda me resultaba extrañamente familiar.
Acostumbrado como estaba al esquema de colores preferido por los Cullen, claros y
luminosos. Era como estar en casa, aunque algo más pequeña que la de Forks. Sin embargo,
no me pude concentrar en nada en particular. El pulso me latía detrás de las orejas con tal
violencia que todo me parecía borroso.
La estancia era grande y blanca, y la pared más lejana era casi toda de cristal, el tipo de
decoración estándar de los Cullen. Fuera, la luna brillaba con intensidad sobre la arena blanca
y, justo unos cuantos metros más allá de la casa, refulgían las olas. Pero apenas me di cuenta
de eso. Estaba más concentrado en la inmensa cama blanca que había en el centro de la
habitación, sobre la que colgaban nubes vaporosas de una mosquitera.
La habitación resultaba demasiado cálida y el ambiente estaba más cargado que la noche
tropical del exterior. O quizás fuera mi impresión por seguir llevando el frac. Quién sabe.
Caminé lentamente hacia delante hasta que pude llegar y tocar el edredón. Por alguna razón
sentía la necesidad de asegurarme de que todo era cierto, que estaba pasando de verdad.
Edward volvió y me habló nuevamente-aquí hace un poco de calor-dijo. Fijo que había leído
mis pensamientos-¿te gusta el sitio?-extendió los brazos a ambos lados como si me mostrase
el lugar por primera vez.
-Es perfecto-dije casi sin aliento y él se echó a reír. Era un sonido nervioso, extraño en
Edward.
-Intenté pensar en todo aquello que podría hacer esto...más fácil...-admitió avergonzado. Sólo
le faltaba el rubor cubriendo sus mejillas, aunque sabía que eso jamás pasaría. Aún así, era
tremendamente adorable-en un hotel llamaríamos demasiado la atención. Aquí podré cazar
sin problemas y bueno...tendremos mucha privacidad-echó un vistazo a la habitación,
vacilante-estoy seguro de que necesitarás un par de minutos para atender tus necesidades
humanas...Ha sido un viaje muy largo.
-Solo tengo una necesidad humana que atender...-reconocí sin rodeos. Me sudaban las
palmas de las manos y el resto de mi cuerpo bajo aquella, ahora insoportable tela, también.
Los latidos de mi corazón se asemejaban al repiqueteo constante de un tambor. La larga
espera había concluido. Aquí. Ahora. Edward y yo. Solos. Casados. Listos.
Esquivaba mi mirada. Él también estaba al borde del colapso. Le observé de arriba abajo.
Aquel traje parecía seguir en una percha de lo inmaculado que estaba. De lo impecable que
se le veía con el puesto. Estando así, en este momento, no me cabía la menor duda. No me
importaba cuanto tiempo pudiera llegar a vivir, yo jamás podría querer a otro que no fuera
Edward Cullen. Y allí estaba, con su rostro perfecto a solo unos pocos centímetros de mi.
Llevé mis dedos a la pajarita que empezaba a ahogarme y se desanudó con una facilidad tal,
que ni tuve que detenerme antes de unir mis labios con los de Edward. Y ahí fue donde
comenzó. Ya no pude parar. Mi voluntad quedó reducida a polvo cuando le besé. El corazón
me latía a un ritmo irregular, desbocado, mientras mi respiración se transformaba en un jadeo
frenético y mis manos se movían avariciosas por su rostro. Notaba su cuerpo de mármol
contra cada curva del mío, completamente a mi merced.
Mis manos descendieron afanosas por su cuello, por su pecho y no pude evitar quejarme
entre dientes cuando no encontraba a tientas los botones para deshacerme de su chaleco. Él
me echó un cable y se lo desabotonó él mismo. Gracias.
Sus manos heladas acariciaron mi nuca y el nacimiento de los cabellos que habían allí.
Haciendo que mi piel se erizara por el simple contacto de la suya. Nuestras lenguas parecían
enfrascadas en una violenta lucha. Ninguno cedía terreno. Ambos éramos dominantes
guerreros en aquella habitación.
-Creía que ibas a arrancarme la ropa-apreció Edward separando su boca de la mía durante un
instante. Su frío aliento me dio de lleno en el rostro y me despejó lo bastante como para
recordar que yo había pensado en eso durante la fiesta. Bueno, en realidad, desde que le
había visto esperándome al final del pasillo para casarnos.
-No sabía si le tenías aprecio a estas prendas...no quería empezar esta noche con un enfado
por tu parte-no sé ni cómo fui capaz de hablar.
Mi mano obedeció y tiró de la tela blanca rasgándola por completo. Escuché el clin de los
pequeños botones al caer sobre el suelo en alguna parte, pero a ninguno nos importó. Admiré
pasmado su cuerpo en cuanto le despojé de la levita, el chaleco y los restos de la camisa que
corrieron la misma suerte que los botones. Parecía la mejor escultura jamás tallada. Ni el
mayor de los genios habría conseguido algo de tal precisión. Palpé aquellos delicados, pero
bien definidos músculos. Y me lancé a su cuello en una vorágine hormonal sin precedentes.
Mi lengua y mis labios recorrieron todos y cada uno de los rincones de su torso, mientras él
enredaba sus dedos en mi cabello y suspiraba.
Mis manos se detuvieron en el borde de su pantalón y le miré a los ojos, buscando una
negativa que nunca llegó. Así que arranqué lo último que me faltaba de la vestimenta para
verle completamente desnudo. Sentía lava ardiente en lo profundo de mis entrañas. Edward
era pura perfección. Volví a besarle con frenesí. Él gimió sutilmente contra mis labios y sentí
una de sus manos colarse por debajo de mi ropa. Rompió mi chaleco, mi camisa...todo. Y en
cuanto acarició mis pectorales, le empujé. Empujé extasiado su cuerpo hasta que chocó con
algo, que supuse sería la cómoda, pero lo ignoraba. Mis manos viajaron raudas hasta sus
glúteos de alabastro y lo encaramé sobre la superficie de madera. Dejándole sentado y
quedando yo entre sus piernas.
No separábamos nuestros labios. Eran como potentes imanes contra una superficie de metal.
Una vez unidos, era difícil alejarlos el uno del otro. Sus manos se aferraron a mi espalda en el
instante en que quedó desnuda y expuesta ante el.
Entonces ahondé más en mis caricias. Bajé por su cuerpo hasta su miembro, que ya estaba
firme. Rígido. Gruñó ante el contacto y detuvo el beso. Me miraba con los ojos muy abiertos y
la respiración alterada. Yo le devolví la mirada. Estaba tan excitado como yo. Su rostro me lo
gritaba. Entonces frunció los labios y los vi. Relucientes. Sus colmillos. Había sacado los
colmillos. Ahora era una fiera. Sus ojos adquirieron un brillo especial. ¿Aquello era su demonio
interior?¿le había hecho salir?¿había perdido el control sobre si mismo?
Se revolvió un poco cuando seguí acariciando su entrepierna e ignoré sus leves y salvajes
bramidos. Una de las veces intentó detenerme con una de sus manos. Tal vez tratase de
evitar herirme, pero yo apresé su muñeca con fuerza. Todo irá bien. Se relajó lo suficiente
como para permitirme seguir, pero alcé su mano por encima de su cabeza, dando de lleno
contra lo que me pareció un cristal, por el ruido que hizo al crujir bajo la piel de mis nudillos. Y
ahí me percaté de que tras Edward, había un espejo. Un espejo en el que veía su espalda
cincelada, y me veía a mi. Mi cara. Mis ojos nublados por la excitación creciente. Mis mejillas
sonrojadas porque ni siquiera era capaz de calcular a qué temperatura se encontraba mi
cuerpo en aquel instante. Era el vivo rostro de la lujuria. Nunca me había visto de ese modo.
Me estaba transformando en un animal, pero no físicamente. Me estaba dejando llevar por los
más profundos instintos de la bestia que había en mi. Pero eso era yo.
Continué masajeando a Edward sin dejar de mirar mi reflejo. Me incliné levemente hacia
adelante, dejando mi cuello más cerca de su rostro para olerle mejor. Escuchar sus roncos
quejidos me encendía más y más si era posible. Mi respiración se entrecortaba, como si
hubiera corrido una maratón. Y ver su espalda arqueada por el placer, acrecentaba en mi
todas aquellas sensaciones. Yo le provocaba todo eso. Hacía que se derritiera entre mis
dedos como la mantequilla.
Me cogió el rostro de improviso y me besó con fuerza. ¿En qué momento liberé su muñeca?.
No usó su lengua esta vez, solo labios contra labios. Supuse que para evitar hacerme daño
ahora que sus colmillos habían salido a jugar. Se echó hacia atrás y pude escuchar como el
vidrio se hacía añicos a su espalda. Aquello era violencia y deseo a partes iguales. Dos
monstruos que peleaban por amarse. Por poseerse.
Recordé, no sé cómo, que todavía seguía vestido de cintura para abajo. Era un milagro que mi
erección no hubiera rasgado la tela del pantalón. Pero no quería parar. No podía.
Edward pareció escuchar mis lamentos internos y me empujó posando con delicadeza sus
manos sobre mi estómago. Se puso en pie y me obligó a caminar de espaldas hasta que mis
piernas rozaron con el borde de la cama y caí. Caí sobre la mullida colcha. Separándonos.
Contemplé el rostro de mi vampiro que me miraba desde arriba. Con cuidado, se inclinó y
desabrochó mi pantalón. Cada acción que hacía, cada movimiento...era tremendamente
erótico a mis ojos. Tal fue así, que tiré de sus brazos antes de que me desvistiera por
completo y le hice caer sobre mi. Mi entrepierna y la suya entraron en contacto. Sobre mi bajo
vientre.
Rodé sobre mi mismo, haciéndole quedar bajo mi cuerpo. Se dejaba llevar por mi, perdido en
el beso como estaba. Era dócil...al menos en ese momento.
Recobré la compostura como pude unos segundos. Los suficientes como para dejar de
besarle y acercar mi boca a su oído.
-Te necesito Edward...ya no puedo esperar más-mi miembro latía. Ansioso. Igual que yo. Él
lamió mi mejilla en respuesta, con una sensualidad rayana en lo sobrehumano.
La cabeza de Edward estaba sobre la almohada, al borde. Me miraba con los ojos
entrecerrados y respiraba agitado. Yo me arrodillé entre sus piernas. Cautivado por sus
facciones. Acaricié su cadera y se la levanté un poco con una de mis manos. Contuve el
aliento.
Empujé abriéndome paso por su entrada y sentí el tiempo detenerse. Su cuerpo me recibía de
buen grado, sin impedimento alguno. Las manos de Edward sujetaron con fuerza el edredón.
Soltando un ruido gutural desde lo profundo de su pecho a la vez que se estremecía. Yo no
podía moverme. No podía pensar. Hasta que le miré. Con los ojos cerrados. Disfrutando del
contacto. De la sensación de tenerme dentro, aunque no podría ser comparable a lo que
notaba yo. Su interior era tan frío como lo era por fuera. Y me hacía sentir aquella corriente
desde los dedos de mis pies, hasta el último pelo de mi cabeza.
Impulsé mi cuerpo hacia adelante, sin salir del suyo. Éramos uno. Por fin Edward y yo, nos
habíamos unido en un mismo ser. Entrelacé mi mano con una de las suyas, mientras con la
otra continuaba manteniendo alzada su cadera. Y empecé a embestirle.
Gruñí y me mordí el labio con tanta fuerza, que sentí el sabor metálico de la sangre dentro de
mi boca. Pero pronto se curaría. No me preocupaba.
Aquello era el paraíso en la tierra. El súmmun de lo maravilloso. Con cada penetración me
sentía más y más cerca de tocar el cielo con las manos. Cada gemido de Edward me
inundaba la mente. El animal que había en mí aullaba con intensidad.
Pero ésta vez...en su corazón no había tristeza, no había soledad ni dolor. Esta vez, había el
más antinatural de los afectos. El profundo amor entre un licántropo y su vampiro. Su
imprimación.
El sol, caliente sobre la piel desnuda de mi espalda, me despertó por la mañana. Parpadeé un
par de veces para acostumbrarme. Debía haberme quedado dormido hacía poco, porque
amanecía cuando Edward y yo...terminamos el quinto asalto. Me senté en la cama llevándome
conmigo una gran cantidad de plumas blancas que se deslizaban por mi piel debido a la
gravedad. Y miré a mi alrededor. ¿Era el mismo dormitorio?. Las almohadas no eran sino
jirones huecos de tela. El colchón mostraba algunos muelles por los lados. La cómoda se
había convertido en pedazos de madera astillada y por el suelo habían fragmentos de cristales
rotos. Parecía que había estallado una guerra allí dentro. ¿Edward?. No estaba a mi lado.
-En la cocina-escuchar su voz me hizo sonreír. Me puse en pie y localicé las maletas en un
rincón. Alice me había hecho el equipaje muy bien. Todo eran pantalones cortos, algún que
otro bañador y un par de camisetas que seguramente volverían a Forks con las etiquetas
puestas. Como casi todo.
Olía a comida. Edward estaba cocinando y me sentí hambriento. Pero antes de cruzar el
umbral me detuve y me llevé una mano al pecho. Increíble. Sam tenía razón. El vacío, el
inmenso agujero que me recordaba la constante sensación de soledad si me separaba de
Edward, que me indicaba que estaba perdido en el mundo sin mi vampiro, que la vida no tenía
del todo sentido si no fuera por él...se había esfumado. Cerrado a cal y canto. Bajo un millón
de puntos de sutura irrompibles. Mi alma le había encontrado por fin. Ya estaba completo.
Vi a Edward delante de una cocina de acero inoxidable, deslizando tiras de beicon en un plato
de color azul claro que había colocado sobre la encimera. Lleno a rebosar de huevos
revueltos, salchichas y tostadas. También había una jarra con zumo de naranja recién
exprimido y, lo mejor de todo y más apetecible, él. Llevaba puesto solamente unos holgados
pantalones de pijama color beige y el torso al descubierto. De no ser porque las tripas se me
retorcían del hambre...
-Aquí lo tienes-me indicó Edward con una sonrisa en el rostro y puso el plato en una pequeña
mesa de azulejos.
Me senté en una de las dos sillas de metal que había y comencé a devorar. Él se puso a mi
espalda y me acarició la piel, haciendo que un agradable cosquilleo me recorriera la columna
vertebral-no quedó marca alguna...-apreció con sus dedos recorriendo algunas partes de mi
espalda-es una suerte que te cures tan deprisa...por un momento me preocupé.
-¿De verdad?
-Si.
-Seguro que me gustó-admití. Realmente, no recordaba nada doloroso. Todo había sido
demasiado genial.
-Lo siento. Lo tendré en cuenta la próxima vez-se levantó y por encima de la mesa, me cogió
por el mentón antes de besarme.
Aquello era mejor que la comida. Que todo. Yo también me puse en pie y el cuchillo cayó
sonoramente al suelo.
-Esto está buenísimo...-musité cuando nuestros labios volvieron a poner distancia de por
medio-es impresionante. No entiendo cómo alguien que no come...es tan buen cocinero.
Edward recogió el cuchillo y lo había cambiado por otro antes de que yo terminase de
sentarme de nuevo en la silla.
-Le pedí al equipo de limpieza que equipara la cocina, por primera vez, en este lugar. Les
tendré que pedir que vean qué pueden hacer con las plumas. Le debo a Esme un dormitorio
nuevo.
-Fue culpa mía, no debimos haberlo hecho aquí dentro. A menos no la primera vez. Ya con un
vampiro en esa situación la casa corría peligro, pero si además le añades un licántropo...pasa
lo que ha pasado.
-Ni yo.
Ya el plato que tenía delante estaba vacío, pero mi mirada se concentró en el, algo cohibido.
-Estabas herido...
-Para mí...anoche también fue uno de los mejores días de mi existencia-admitió él-¿sabes?,
estaba muy nervioso...-dijo. Aunque sabía que yo me había dado cuenta y que estaba incluso
más histérico que él al principio-hasta hablé con Carlisle...cuando decidimos casarnos. Con la
esperanza de que él me ayudara. Sabía que siendo un monstruo, tú y yo...no sabía qué podía
esperar. Carlisle me explicó, que en el caso de los vampiros, era una sensación poderosa, que
no se podía comparar con nada. Me dijo que el amor físico no se debía tomar a la ligera,
porque siendo nuestros temperamentos tan estables, las emociones fuertes pueden alterarnos
de forma permanente. Pero añadió que yo no debía preocuparme por eso, porque de todos
modos tú ya me habías alterado por completo-ambos sonreímos y continuó-también hablé con
mis hermanos. Me dijeron que se sentía un gran placer que sólo va por detrás de beber
sangre humana. Pero yo ya he probado esa sangre y no puede haber ninguna que haga sentir
algo que sea más fuerte que esto...No creo que se equivoquen, la verdad, sino que
simplemente es diferente para nosotros. Algo más.
-Lo secundo.
Estiré el brazo para atrapar su mano con la mía por encima de la mesa y nos las estrechamos-
¿qué te parece...si vamos a la playa?
POV. Jacob
Aquello era un sueño hecho realidad. Pasar todo el tiempo con Edward, amarle a todas
horas...era fascinante.
Nos conocíamos todos los rincones. Exploramos la pequeña sección de selva que rodeaba el
pico rocoso. Visitamos los papagayos que vivían en el verde dosel formado por la jungla para
ver qué había en el extremo sur de la isla. Contemplamos el crepúsculo desde una cueva
rocosa que había en la zona occidental. Vimos a las marsopas que jugaban en las cálidas y
someras aguas. Y nos adentrábamos cada vez que se nos antojaba en la espesura corriendo,
echándonos carreras el uno al otro, él con su increíble velocidad y yo con mis imparables
cuatro patas.
Ya llevábamos una semana en aquel lugar, y nos habíamos trasladado a la habitación azul
para poder dormir en una cama en condiciones. Todavía la habitación blanca estaba bajo una
manta de plumón como la nieve. La habitación azul resultaba más pequeña, y la cama de
unas proporciones más razonables. Las paredes lucían oscuras, cubiertas con paneles de
madera de teca y los accesorios de una lujosa seda marina. La mesa de noche del lado
izquierdo estaba adornada con una pila de libros que Edward utilizaba para leer siempre que
yo dormía, aunque era poco, he de reconocer. No habíamos vuelto a practicar sexo dentro de
la casa, pero no había recoveco en aquella isla donde no nos hubiéramos dejado llevar por la
pasión. Él había resultado ser tan insaciable como yo, lo cual, agradecía infinitamente.
Esa mañana cuando me desperté, volvía a estar solo en la cama. Pero había una nota de
Edward en la almohada, escrita con su impecable caligrafía. Había salido de caza y según sus
palabras, volvería pronto. Bufé molesto conmigo mismo. Me perdía tanto en su cuerpo, que
había pasado por alto que él también tenía que comer. Sus ojos estaban casi negros la noche
pasada. Así que me quedé allí tumbado, boca arriba, mirando al techo. Pensando en lo
afortunado que era y sonriendo como un tontaina. Desvié la vista hasta la mesilla y cogí el
libro que encabezaba el montón. Sonreí al ver la portada, bastante antigua en apariencia, pero
en perfecto estado de conservación. Romeo & Julieta. ¿Enserio?
Pero antes de que pudiera abrirlo para leer la parte marcada por Edward, le escuché en el
porche de la entrada. Me levanté a recibirle.
-Buenos días...-me dijo radiante. Sus ojos brillaban como oro líquido y vestía sólo con un
pantalón oscuro. Empezaba a parecerse a mi.
-No pasa nada Jacob, no iba a morirme. Pero tu hambre es más frecuente. Te haré el
desayuno-empezó a alejarse de mi hasta que llegó a la encimera y comenzó a abrir armarios.
Me acerqué a el por la espalda y pegué mi cuerpo al suyo. Acariciándole por encima de la tela
del pantalón. Él detuvo sus movimientos al sentir el contacto.
-¿Ahora no?¿por qué?-me pegué más a el. Siempre me salía con la mía. Estaba muy excitado
y él también. No era muy difícil.
-El equipo de limpieza viene de camino...¿no oyes la lancha?-detuvo mi mano con una de las
suyas. En cuanto me detuvo, lo escuché. Alguien se acercaba.
-Mierda...
-No quiero salir...-me quejé como niño molesto por no haber conseguido el juguete que quería-
quiero hacerlo en la cocina...
-¿Luego?
Me puse los primero pantalones que vi, de color caqui. Con etiqueta incluida. Edward me
comentó que podríamos ver una película mientras los empleados limpiaban, pero yo no podía
pensar más que en la cocina y el cuerpo de Edward desnudo. Me había convertido en un
adicto. Adicto a él.
Cuando volví al salón, él seguía indeciso frente al televisor de plasma de pantalla gigante y los
millones de DVD que tenía debajo.
-¿Por qué no vas escogiendo una mientras abro la puerta?-me preguntó antes de que se
escuchase un golpe ligero, tímido, en la puerta. Sonrió y se volvió hacia el vestíbulo. No sin
antes arrancar la etiqueta de mis pantalones con un sutil movimiento de muñeca.
Me entretuve revolviendo las estanterías y comencé a leer los títulos. Era difícil decidir por
dónde empezar, ya que había más DVD que en un videoclub.
Pero la pequeña mujer de piel color café no sonrió en absoluto. Se me quedó mirando con una
mezcla de sorpresa y lo que parecía sin temor a equivocarme, espanto. Edward les pidió que
le siguieran hacia aquel gallinero lleno de plumas y se fueron.
Cuando Edward regresó, venía solo. Caminó con rapidez hasta mi lado y me abrazó por la
cintura.
-Kaure es en parte india ticuna. Se ha criado de modo que es más supersticiosa, o quizás
sería más apropiado decir más consciente de lo sobrenatural, que el resto del mundo
moderno. Como en tu reserva. Sospecha lo que soy o anda bastante cerca. Y contigo le ha
pasado lo mismo. No se ha sorprendido al ver el dormitorio en ese estado ruinoso. Ha
quedado impactada porque tú y yo estamos juntos bajo el mismo techo y seguimos ''vivos'' los
dos.
-Y lo está. Por la humanidad en general, pero estamos solos en esta isla-me miró con interés-
¿no has escogido ninguna?
Se oyó un jadeo violento y Edward se separó de mi con brusquedad. Kaure estaba paralizada
en el pasillo, con unas cuantas plumas enredadas en su pelo negro, un saco grande lleno en
los brazos, y una expresión de horror pintada en el rostro. Se me quedó mirando con fijeza,
con los ojos saliéndosele de las órbitas. La verdad es que aquella mujer podría pasar por una
de las de nuestra tribu. Si tenían las mismas creencias que nosotros, aquello le debía parecer
la peor de las aberraciones. Ella entonces se recobró de la impresión y murmuró algo que
sonaba claramente a disculpa por la interrupción, incluso en aquel idioma que me era tan poco
familiar. Edward sonrió y le contestó en un tono amigable. Ella apartó los ojos oscuros y
continuó avanzando por el vestíbulo.
Suspiré derrotado. Hasta que aquella gente no se marchara, no podría volver a estar desnudo-
ésta-comenté, rebuscando con la mano al azar y cogiendo una película cualquiera-pon ésta y
hagamos como que la vemos.
La portada mostraba un viejo musical lleno de rostros sonrientes y trajes de faldas ahuecadas.
Mientras en la pantalla los actores bailaban al son de una animada canción introductoria, yo
me apoltroné en el sofá apoyando la cabeza en los muslos de Edward. Y él empezó a
acariciarme el cabello.
-¿Nos vamos a mudar ahora a la habitación blanca?-le pregunté. Solo me faltaba ronronear
cual gatito de lo relajado que estaba en ese momento.
-No lo sé...lo hemos destrozado todo. No quiero que Esme no nos vuelva a invitar nunca más.
Gustavo y Kaure se movían por toda la casa de modo silencioso mientras yo esperaba
impaciente a que terminaran e intentaba prestar atención al final de la película en plan
''vivieron felices y comieron perdices''. Por primera vez creía en esos finales que me habían
parecido tan ridículos en el pasado. Tan sumido estaba en la pantalla, que no perdí el hilo
hasta que no escuché la voz de Edward hablándole a Gustavo. El hombre caminó
calladamente hacia la puerta principal.
-¿Y eso quiere decir que ya estamos solos?-no esperé respuesta. Me incliné hacia adelante y
le besé.
Suspiré. Otra mañana y él no estaba junto a mi, pero la habitación olía a panceta gracias a
que la puerta estaba entreabierta. El sonido de la televisión me llegaba claramente, Edward
tenía puesta la CNN, seguramente porque habíamos perdido todo contacto con la realidad
desde que habíamos pisado la isla y podría haber estallado la Tercera Guerra Mundial sin que
nos hubiéramos enterado.
Me puse un pantalón que había usado muy poco y salí. Edward estaba allí, junto a la
vitrocerámica, donde había una sartén que soltaba chisporroteos. Sonreí, porque mi vampiro
escuchaba la televisión, atendía el desayuno y a la vez parecía enfrascado en lo que
interpreté que era un libro de cocina con la foto de una risueña mujer con delantal en la
portada. Pero mi sonrisa cambió al ver algo más que estaba haciendo. Me desconcertó por
completo.
Desvió la mirada del libro hacia mi-buenos días, cariño-dijo sonriente y retomó la lectura.
POV. Edward
Me estaba empapando de recetas para cocinarle a Jacob todos los platos deliciosos que
pudiera. Nos habían llenado el congelador de carne como para un mes, pero su estómago era
más demandante que el mío. Y por qué no, quería mimarle mientras me fuera posible. Me
había topado con una muy interesante, la del solomillo Wellington. Probablemente se lo haría
para cenar. Aunque...
¿Qué?
Le miré a él, confuso por su acusación y luego me di cuenta de que una tira de panceta a
medio comer estaba en mi mano derecha. La sartén estaba casi vacía. No supe qué decir o
qué hacer en ese instante. ¿Me la estaba comiendo?. Dejé el libro en la encimera y abrí la
palma de la mano donde tenía aquel pedacito de tocino.
Como autómata, me senté en la silla que me quedaba más próxima. Seguía sin soltar la
panceta y sin dejar de mirarla. No me atraía su olor. No saciaba mi apetito. No me aportaba
absolutamente nada. ¿Por qué?
-No sé por qué lo he hecho-reconocí. Él cogió una servilleta y retiró la comida de mi mano.
-Tal vez tu cuerpo te pedía proteínas-bromeó de nuevo. Sabía que no le gustaba verme
alterado y procuraba por todos los medios hacerme sentir bien.
Le miré-mi cuerpo lo único que me pide siempre...-entonces lo sentí. Algo se movió dentro de
mi. Asusté a Jacob cuando mis ojos se abrieron exageradamente y me puse en pie tirando la
silla por el camino. ¿Qué demonios...?
La mano se me apoyó en el estómago de forma casi involuntaria, como si fuera un acto reflejo.
Jacob tenía cara de póquer. No sabía si debía reaccionar bien o mal ni a qué debía hacerlo.
-Edward...
-Es imposible...-musité. Seguía notando aquel tenue movimiento dentro de mi. Como una
caricia-es imposible...mi cuerpo está muerto...-hablaba más bien para mi mismo, pero sabía
que Jacob permanecía atento.
-Por favor Edward...-ahora en su voz había miedo. Hizo ademán de acercarse, pero no se
atrevió.
Aunque no tenía ninguna experiencia con embarazos, bebés o cualquier cosa relativa a ese
mundo, no era ningún idiota. Además, mi padre era médico y había visto suficientes películas
y programas de televisión para saber que esto no funcionaba así. Un bebé no podría moverse
y que yo lo notase tan claramente cuando sólo habían pasado algunos días desde la boda y la
posibilidad de que algo hubiera sido concebido. ¿Pero qué otra explicación podía haber?¿qué
era eso que sentía dentro de mi cuerpo?¿y si comía...para que se alimentara?. Miré a Jacob.
Mi marido. Parte humano, parte metamorfo. Y viendo mi reflejo en sus ojos
oscuros...pensé...en la imprimación. La teoría de Sam que en una ocasión había leído en la
mente de Jacob. Nos sentimos atraídos por aquella persona con mayores posibilidades de
transmitir nuestro gen de la licantropía. Aquello era una completa locura. Pero ¿y si no había
otra explicación?¿y si por ésta razón, Jacob había dado un vuelco a su vida enamorándose de
mi?
Salí corriendo al cuarto de baño y me miré en el espejo de cuerpo entero que había detrás de
la puerta. De frente, todo correcto. De perfil...no puede ser cierto...deslicé mis dedos por aquel
pequeño, pero definido bulto sobresaliendo entre las caderas. Giré el torso hacia delante y
detrás, examinándolo desde todos los puntos de vista, como si fuera a desaparecer debido al
modo en que incidía la luz. Mi cuerpo no había cambiado desde hacía numerosos años...y ahí
estaba eso. Aquello no era posible. No podía serlo. Yo estaba muerto. Mi cuerpo
también. ¿Verdad?¿cómo podría desarrollarse nada dentro de ese cascarón hueco?. Pensé
en Esme y especialmente en mi hermana Rosalie. Los vampiros no podían tener hijos. Pero
había una diferencia entre ellas y yo. Carlisle y Emmett estaban muertos. Jacob, no.
Acaricié el bulto de mi barriga que no había estado allí el día anterior. Conmovido, comencé a
plantearme las cosas desde otra perspectiva. Ningún vampiro jamás había osado a juntarse
con un licántropo. Nunca. Tampoco ningún licántropo se había imprimado o sentido amor
hacia vampiro alguno. Hasta ahora. Jacob y yo éramos los precursores de esa nueva
realidad...pero un bebé...me parecían palabras mayores. Sentí la urgencia de ir con Jacob,
estar a su lado y seguir pensando en las millones de teorías que se paseaban incansables por
mi mente en ese momento. Pero estaba allí plantado y sólo podía mirar a mis ojos atónitos en
el espejo, mientras mis dedos apretaban con cuidado la pequeña hinchazón de mi vientre.
Seguía siendo duro, como una roca, pero aún así, había cambiado. Había podido cambiar.
Y entonces volví a sentirlo. El suave y pequeño golpecito que chocó contra mi mano. Justo
donde la había posado. Desde dentro de mi cuerpo. Y sonreí.
-¿Edward?-la voz tímida de Jacob me llegó desde el otro lado de la puerta-¿va todo bien?
Dio un par de toques en la puerta antes de abrirla y darme el teléfono. Me miró de arriba
abajo, intentando averiguar lo extraño de mi actitud.
-Lo haré-lo dijo sinceramente. Así que me puse de lado, para que viera mi silueta.
No tardó mucho. Conocía mi cuerpo casi tan bien como yo-pero...¿qué...?-se alejó un paso
atrás.
-Algo, tengo algo dentro que se está moviendo, Jacob. Creo que es...sea lo que sea, me
parece que la razón por la que me comía la panceta, era para alimentarle-me señalé el
estómago y me sentí estúpido de repente. Me hubiera echado a reír si no fuera la peor de las
ocasiones.
-No esperaba ninguna llamada tuya durante la luna de miel-dijo con voz divertida.
-Lo sé.
-Extraño. Comí panceta, Carlisle. Comí sin darme cuenta. ¿Es esto posible?
-Estaremos ahí pronto-dije antes de colgar. Jacob miraba a mi estómago, aturdido. Así que
volví a marcar en el teléfono y esta vez llamé al aeropuerto.
Las dieciséis horas de vuelta a Forks se desarrollaron en un silencio sepulcral. Tanto por parte
de Jacob como por la mía. Lo único que hizo fue darme la mano y mantener la mirada fija en
la ventanilla. Devanándose los sesos con cientos de ideas tan absurdas como las mías. La
más plausible para él, era la de alguna extraña y desconocida enfermedad vampírica cogida
en algún punto de aquella isla perdida de la mano de Dios.
Pero sí volvió a hablarme cuando anduvimos por el parking del aeropuerto de Forks para
coger el coche antes de ir rumbo a casa.
-¿Qué?, no. No es nada de eso. Aún es muy pequeño...me parece-empezaba a creerme lo del
bebé. Mal asunto.
-¿Carlisle podrá sacarte esa cosa verdad?
-¿Esa cosa?-licántropos. Esas criaturas volubles. ¿Cómo no lo vi venir?. Sujeté con tanta
fuerza el asidero de la maleta que lo escuché crujir.
-Crece rápido. No sabemos lo que es. Hay que acabar con eso ¿no?-se detuvo junto a la
puerta del piloto. Él conservaba las llaves-está muy claro-zanjó.
Sin mirarle siquiera, ocupé el asiento del copiloto y saqué mi teléfono del bolsillo. ¿Y si los
demás miembros de mi familia secundaban la opinión de Jacob?. Abrí la bandeja de los
mensajes de texto y escribí a Rosalie.
13Jefe Jacob
POV. Jacob
Estaba sentado en las escaleras con la cabeza entre las manos esperando a que bajasen del
piso superior. Carlisle había montado toda una habitación de hospital ahí arriba. Pero yo no
podía, ni quería estar allí. Había pasado una semana desde nuestra marcha de la isla Esme y
aquella cosa no dejaba de crecer y crecer. Y los únicos que podían sacarla del vientre de mi
vampiro eran los demás miembros de su familia, pero como Edward se negaba tajantemente y
contaba con el apoyo inestimable de Rosalie...no había manera de acabar con 'eso'. ¿Y qué
podía hacer yo?, esperar a que se abriera paso con sus dientes y atravesara la piel de Edward
para salir al mundo. Solo de pensarlo se me revolvía el estómago. ¿Y si era malvada?¿y si era
una criatura sádica y violenta?
-Flashback-
No había modo alguno de ver lo que había dentro del estómago de Edward y él no se dejaba
examinar como debería. Leía las mentes de todos, claro. Salvo Esme y Rosalie, los demás
queríamos darle carretera a esa cosa y él no se dejaba tocar el vientre por nadie, excepto por
la rubia, que vivía aquello como si le estuviera pasando a ella misma.
Edward decidió instalarse en el salón, tomando el sofá como su fuerte. Se tumbó allí, con las
manos en su barriga y susurrándole cosas entre dientes a lo que fuera aquello. Yo solo podía
sentarme en el suelo a los pies de su asiento sujetándome las piernas contra el pecho y
esperando lo peor. Estaba claro que no había nada que hacer. Pero lo intentaban. Carlisle lo
intentó.
-Recuerda a la madre de Tanya- dijo desde el umbral, comedido.
-No tiene nada que ver, Carlisle- respondió Edward sin dudar.
-Pero no sabemos lo que es. Esto escapa de nuestro entendimiento y puede que de nuestro
control.
-No insistas Carlisle- no se movió un ápice del sillón. Ni para mirarle. Rosalie, que estaba
cerca, en un rincón, sí le miró con reproche.
Carlisle relajó los hombros y se acercó, sentándose en la mesita de centro, frente a mi.
-La creadora de Tanya, Kate e Irina, vivió muchos años antes de que yo naciera, durante el
tiempo de una plaga que cayó sobre nuestro mundo, la plaga de los niños inmortales. No logro
entender ni de lejos en qué estarían pensando aquellos antiguos para convertir en vampiros a
humanos que eran poco más que niños. Eran muy hermosos, tan simpáticos y encantadores
que no te lo puedes ni imaginar. Bastaba su proximidad para quererlos, era algo casi
automático. Pero no se les podía enseñar nada. Se quedaban paralizados en el nivel de
desarrollo en el que estuvieran cuando se les mordía. Algunos eran adorables bebés de habla
ceceante y llenos de hoyuelos que podían destruir un pueblo entero en el curso de una de sus
rabietas. Si tenían hambre, se alimentaban y no había forma de controlarlos con ningún tipo
de advertencias. Los humanos los vieron, comenzaron a circular historias, y el miedo se
extendió como el fuego por la maleza seca.
-La madre de Tanya creó a uno de esos niños-siguió Carlisle- y como me ocurre con los
demás antiguos, no puedo tener ni una idea lejana de sus razones para hacerlo. Y por
supuesto, eso implicó a los Vulturis. Ellos estudiaron a los niños inmortales, tanto en su hogar
de Volterra como en todo alrededor del mundo. Cayo decidió que los más jóvenes eran
incapaces de proteger nuestro secreto y que por eso debían ser destruidos-me miró-ya te dije
que eran adorables, y bueno, los miembros de los aquelarres lucharon con intensidad para
protegerlos, por lo que quedaron diezmados...se perdieron muchas cosas. Al final, la práctica
quedó completamente eliminada. Los niños inmortales se convirtieron en algo que no se debía
mencionar, un tabú. Cuando yo vivía con los Vulturis, me encontré con dos de esos niños
inmortales, así que conozco de primera mano su encanto. Aro estudió a los pequeños durante
muchos años después de que tuviera lugar la catástrofe que habían causado. Pero al final, la
decisión fue unánime: no se debía permitir que existieran niños inmortales...en realidad no
está muy claro lo que ocurrió con la madre de Tanya. Tanya, Kate e Irina vivieron
completamente ajenas a todo hasta el día en que los Vulturis vinieron a buscarlas. Lo que
salvó la vida de Tanya y sus hermanas fue su ignorancia. Aro las tocó y descubrió su total
desconocimiento del asunto, de modo que no fueron castigadas como su madre. Ninguna de
ellas había visto nunca antes al niño, o ni siquiera soñado con su existencia, hasta el día en
que le vieron arder en los brazos de su madre.
Miré a Edward con el temor reflejado en el rostro-¿podría...podría ser...?
-No será como ellos, Jacob- a pesar de todo...no sabía si creerle-no ha sido mordido. Ha sido
creado de una manera totalmente opuesta.
Me abracé a mi mismo buscando un consuelo que no llegaba. Era como luchar contra un muro
de grafeno. Mientras allá arriba se dedicaban a medir el crecimiento desmesurado e imparable
de la desconocida criatura.
Sentí que me faltaba el aire y salí de allí. Comencé a alejarme de la casa cada vez con pasos
más apresurados sin rumbo fijo. Entré en el bosque, crucé la carretera y...terminé llegando a
la reserva. No había visto a Billy desde mi boda, ni a los demás. Ni siquiera sabían que yo
había vuelto a Forks. Pero poco me importó. Continué caminando hasta llegar a la playa con
las manos hundidas en los bolsillos. Cuando llegué, seguí el sonido de una voz conocida y no
tardé en toparme con Quil. Se hallaba en el extremo sur de la medialuna de la playa. Ahí lo
tenía, borbotando un torrente de advertencias a una cría de poco más de dos años.
-Fuera del agua, Claire. Vamos, no, no. Eh. Muy bonito, señorita. ¿De veras quieres oír cómo
me grita Emily?. No voy a traerte a la playa nunca más si no...¿ah,sí?. No...uf. Esto te parece
divertido, ¿a que sí?
Cuando llegué hasta él, Quil aferraba por el tobillo a la niña. La pequeña sostenía un cubo en
una mano; tenía los pantalones hechos una sopa y una colosal mojadura en el frontal de la
camiseta.
-Ido, ido.
-Te perdiste su fiesta de cumpleaños. Cumplió tres. Fue muy divertido, ¿a que si Claire?-
preguntó Quil a la niña que asintió con la cabeza-fue una fiesta temática. Tocó de princesas.
Me hizo llevar una corona y Emily tuvo la ocurrencia de que podían probar su nueva caja de
maquillaje conmigo.
-Quiero una piedra bonita, piedra bonita, para mí, para mí.
-¿Y qué tal tu luna de miel?, no te hacíamos de vuelta hasta...bueno, dentro de bastante
tiempo-dijo divertido sin dejar de mirar a la pequeñaja.
-Genial. Aunque...-titubeó un poco. Incómodo- Paul imprimó, lo cual fue genial para su
impredecible comportamiento...se ha aplacado.
-No...de la tuya.
-¿Cómo?
-¿Qué?
Y pasó. Sí, así es como ocurría. Una sola mirada bastaba para encontrar el sentido a todo tu
mundo. Y pensar que si mi hermana no hubiera viajado para ser testigo de mi matrimonio,
quizás jamás se hubieran encontrado. Ella estudiaba en Washington. Era una de las primeras
de su clase y se había graduado antes de tiempo. No sabía si alegrarme, o molestarme,
porque se trataba de Paul. Tampoco sabía si mi padre lo llevaría bien. Pero tenía otras cosas
de las que preocuparme, más graves que el hecho de que Paul se convirtiera en mi cuñado en
un futuro quién sabe si no muy lejano.
-Maldición, ahí está Sam- anunció Quil sacándome de mis pensamientos-voy a llevarla con
Sue- cogió a la niña de nuevo en brazos y salió corriendo.
No me fue difícil dar con el. Estaba fuera de la casa, sentado en la silla de ruedas, tomando el
aire. Al escuchar mis pasos acercándome a él, me miró.
-Jake...-su sonrisa de oreja a oreja me demostró lo mucho que me había echado de menos.
Yo también a el. Así que le abracé cuando llegué a su lado.
-Hola papá.
-Pero si es colina abajo y fijo que te has pasado tirado a la bartola todo el día-apunté, aún así,
empujé su silla de ruedas al interior de la casa, hasta el cuarto de estar.
-Ya, Quil me puso al tanto-me dejé caer en el sofá. No había ni rastro de Paul ni de mi
hermana allí.
-Tal vez Rachel se vaya a vivir a casa de Paul- apreció triste-es muy duro para ella estar aquí,
sabes que tus hermanas eran mayores cuando murió tu madre. A Rachel le resulta mucho
más difícil que a ti hacer de este sitio su casa.
-Lo sé- mi hermana Rebecca sólo había pisado Forks para mi boda después de años. Aunque
su excusa era que los billetes desde Hawái valían un pastón. Apuesto a que no se perdió mi
enlace porque los billetes los había pagado Alice y se había quedado sin justificación posible.
Washington estaba demasiado cerca para que Rachel tuviera la misma escapatoria. Ella iba
directamente a clase después del verano, no volvía a casa porque doblaba turnos en algún
restaurante o café del campus. Se hubiera pirado en un pispás de no ser por Paul
seguramente.
-Está bien, pero dime, ¿cómo va todo?-quería retenerme allí un poco más. Me rompió el
corazón.
-Todo genial papá-mentí y me dirigí a la puerta. Pero por alguna razón me detuve antes de
tocar el picaporte. ¿Debía decírselo a Billy?, él siempre me había apoyado en todo. Sin
pedirme explicaciones. Sin dudar. Nunca se opuso a mi relación con Edward. Jamás. Pero tal
vez solo le asustaría o le daría ilusiones sin sentido. Aquello era...un monstruo. Aún así...-
volvimos antes de la luna de miel porque Edward está esperando algo...-salió de mis labios sin
más.
-¿Esperando qué?-la silla de ruedas chirrió porque se acercó un poco a mi. Yo continuaba
dándole la espalda.
-¿Un peligro?¿por qué?-me giré a mirar a Billy, parecía dolido-¿llamas peligro a tu hijo?
-No es...bueno, si lo es, tengo gran parte de culpa por su creación, pero no tenemos ni idea de
lo que sea realmente. Incluso Carlisle está preocupado. Edward está convencido de que es
algo bueno.
-¡Porque esto jamás ha ocurrido antes papá!¡esto no debió pasar!, éramos felices y ahora lo
que sea eso se abrirá paso por sus entrañas y quién sabe si destruirá todo lo que haya a su
alrededor. Los niños de esa naturaleza...son letales. Son una amenaza.
-Tú acabas de decirlo Jake, nunca ha ocurrido antes. No sabes si será o no peligroso.
-Jake...
-Me voy-me marché con pasos decididos. Empecé a cabrearme. Con mi padre. Con Edward.
Con Rosalie, Esme y los demás Cullen que no sacaban aquel monstruo del nido en el que se
había instalado. Conmigo mismo. Y con el mundo.
Salí pitando en línea recta hacia el bosque en lugar de seguir el sucio sendero cubierto de
malezas. Noté los desgarrones en la piel conforme las espinas se clavaban en ella, pero los
ignoré. Los rasguños se habrían curado antes de que llegara a los árboles. Derrapé para
frenar en cuanto llegué al bosque cerrado, libre de carreteras y de casas, para quitarme los
pantalones. Los lié con movimientos rápidos y prácticos y los até a mi tobillo con un cordel de
cuero. Comencé a transformarme incluso mientras terminaba los nudos. Una oleada de fuego
me recorrió la columna, provocándome espasmos en brazos y piernas. La metamorfosis
sucedió en un instante. La quemazón fluyó por todo mi cuerpo y yo sentí esa llama que hacía
de mí algo más. Puse más fuerza en cada una de mis pesadas patas al pisar el suelo cubierto
por la tupida vegetación y enderecé el lomo todo lo posible.
Y en ese momento, fui consciente de que tenía audiencia. Ofuscado como estaba, no me
había dado cuenta de lo que eso suponía. Inconsciente, pensé de mi mismo. Imbécil.
Vieron todo el horror: el vientre abultado de Edward. Mis pensamientos al respecto. Las
palabras de Carlisle hablando de los niños inmortales y su amenaza. Rosalie comportándose
como la más entregada de las guardaespaldas. La desesperada Alice tratando con todas sus
fuerzas de averiguar algo por ínfimo que fuera. Todo. Sin excepciones. Incluso mi luna de
miel...
-¡!
Cayó la noche mientras seguía corriendo y los notaba cada vez más cerca de mi. Hasta que
llegamos a un claro en el bosque con árboles talados por los leñadores, a poco más de quince
kilómetros de La Push. Era un lugar encajado entre las cumbres de dos montañas, lo bastante
retirado como para pasar inadvertido por cualquier observador.
Los barboteos de mi mente habían degenerado en una completa algarabía, pues todos
gritaban a la vez. Sam tenía erizada la pelambrera del cuello y aullaba de forma incesante
mientras iba de un lado para otro del círculo que había formado la manada. Paul y Jared se
movían detrás de él como sombras con las orejas pegadas a los laterales de la cabeza. Todos
los lobos del círculo se habían puesto en pie, profundamente agitados, y lanzaban gruñidos
por lo bajo. El blanco de su ira no estaba claro en un principio, y llegué a creer que la
descargaban sobre mí. No sin razón. Estaba hecho un lío y ya nada me importaba. Podían
hacerme lo que les viniera en gana. Les había ocultado aquello y eso era una traición por mi
parte. Pero también acababa de traicionar a Edward. Había desvelado aquel secreto. Había
expuesto aquella criatura no nata al mundo exterior.
Ahora todos los miembros de la manada, salvo yo y Seth, caminaban y pensaban de forma
sincronizada. Me senté junto al menor de los Clearwater, demasiado desconcertado como
para meterme en la conversación grupal.
Intenté comprender la espiral de voces y seguir el sinuoso sendero de pensamientos para ver
adónde querían ir a parar, pero no tenían el menor sentido. Ocupaban el centro de sus
reflexiones unas imágenes que eran las mías, las peores de todas: la negativa de Edward a
deshacerse de aquello una y otra vez, hasta la saciedad; y la charla de Carlisle sobre la madre
de Tanya.
-También ellos temen al feto.
-La seguridad de nuestras familias y de cuantos aquí moran es más importante que la vida de
una sola criatura.
-Si los sorprendemos cuando estén separados aumentarán nuestras posibilidades de victoria-
arguyó Jared, que empezaba a trazar una estrategia.
-¿A qué familia te refieres, Jake?-preguntó molesto Paul con doble sentido.
-Hay que deshacerse de ''eso'' Jacob- la voz potente de Sam inundó mi mente-es un peligro
para la manada. Para nuestra gente.
-¡¿Cómo?!
Los demás le miraron igual de conmocionados que yo. Pero era el Alfa, pronto estuvieron de
su parte. Salvo Seth, que gruñó por lo bajo.
-¡¿Y cómo pensáis matar a esa cosa sin acabar también con Edward?!¡lo defenderá a capa y
espada!
Reinó el mutismo, pero ese silencio estaba cargado de amenazas. Proferí un aullido y les barrí
uno por uno con la mirada.
-¿De verdad me haríais una cosa así?¿vosotros que tenéis vuestra imprimación...me
dañaríais de ese modo?-no podía dar crédito. Seguían callados y eso me sacó de mis casillas.
Me aparté de Seth con un brinco y me lancé contra Sam con las fauces abiertas.
-¡Quieto!-me ordenó con el timbre doble propio del Alfa. Las patas se me doblaron y me
removí antes de detenerme. Me mantuve en pie por un acto de pura fuerza de voluntad-
escúchame Jacob, estamos aquí para actuar contra todo aquello capaz de acabar con la vida
humana, y cualquier excepción a ese código de conducta es de lo más desolador. Todos
nosotros vamos a lamentar la acción de esta noche.
-¿Esta noche?-repitió sorprendido Seth- creo que deberíamos hablar del tema un poco más y
al menos consultar con los ancianos. No puedes pretender en serio que vayamos a matar al
hijo de Jacob...
-No hay hueco para tu tolerancia hacia los Cullen ahora ni tiempo para debate, Seth. Tú harás
lo que se te ordene.
Seth dobló las patas traseras y agachó la cabeza bajo el peso de la orden del Alfa. Sam
anduvo alrededor de nosotros dos, describiendo un círculo muy cerrado.
-Necesitamos a toda la manada para acometer esta misión, Jacob, y tú eres el guerrero más
fuerte, Esta noche vas a luchar con nosotros.
-Comprendo que esto es muy duro para ti, razón por la cual vas a centrarte en los demás.
Emmett y Jasper. Tranquilo, no te vas a ver envuelto con...la otra parte. Quil y Embry lucharán
a tu lado.
-Es una broma...dime que es una jodida broma-solté un quejido. Me temblaron los carpos de
las patas e hice un enorme esfuerzo por mantenerme en pie mientras la voz del Alfa se
imponía a mi voluntad.
¿Y cuál tenía yo?, ninguna tampoco. La manada sigue al Alfa cuando éste habla. Sam nunca
había llegado tan lejos a la hora de imponer su autoridad y yo sabía cuánto aborrecía ver a
Seth postrado ante él, como un esclavo a los pies de su maestro. Jamás habría forzado la
situación hasta ese límite de no haber creído que se había quedado sin elección. El vínculo
mental existente entre las mentes de todos nosotros le impedía mentirnos y éramos
conscientes de la sinceridad de su convicción. Yo estaba de su parte, a medias. Yo quería
acabar con la cosa que crecía dentro de mi marido, pero no de esa forma. No bajo la amenaza
de su propia muerte y por ende, de la mía. Sam sabía el peligro que suponía Edward, con su
don para leer el pensamiento. Se enfrentarían los dos. Iría a por él como un perro perseguiría
incansable un hueso. Y a mi me emparejaba con Jasper, el segundo mayor riesgo a su
criterio. Confiaba en que sin las visiones de Alice por nuestra presencia la volvieran una presa
fácil y que el aborrecimiento por la lucha de Carlisle le hiciera acatar sus ordenes a expensas
de no provocar una guerra entre clanes.
Me puse más enfermo aún que Seth cuando contemplé cómo Sam iba desgranando su plan,
analizándolo desde todos los ángulos para dar a cada componente del grupo las máximas
posibilidades de sobrevivir. Todo estaba del revés. Matar a Edward era como asesinarme a
mí, como suicidarme. No debía permitir aquello.
-Ve con los demás, Jacob- me ordenó Sam entonces- la tribu es más importante.
Me mantuve en mi sitio-no.
Sam bufó y se acercó al paso hasta plantarse delante de mí. Me miró fijamente a los ojos
mientras un sordo gruñido se le filtraba entre los dientes.
-Sí-decretó el Alfa con esa doble voz suya que abrasaba con el fuego de su autoridad-esta
noche no hay escapatoria posible. Tú, Jacob, vas a ayudarnos en la lucha contra los Cullen.
Tú, Quil y Embry os encargaréis de Jasper y Emmett. Estás obligado a proteger a la tribu, ésa
es la razón de tu existencia, y vas a cumplir con esa obligación.
-Sí.
-¡Debemos proteger a nuestras familias!
-Yo hago lo mismo. Lo siento Sam, entiendo tu postura, piensas en Emily y lo comprendo
mejor que nadie, pero tú no decides por mí, ya no.
Percibí el doble eco de la orden impartida con su voz de Alfa, pero no sentí el peso de la
misma, pues ya no causaba efecto alguno en mí, Apretó la mandíbula tratando de forzarme a
responder a sus palabras. Miré fijamente sus ojos coléricos.
-Ah, entonces ¿es eso, Jacob Black?¡la manada nunca te seguirá ni aunque me venzas!
El pelo del cuello se le puso de punta al tiempo que Paul y Jared gruñían con las pelambreras
erizadas.
-En tal caso, ¿qué te propones?. No tengo la menor intención de apartarme para que puedas
proteger a tu anómala progenie a expensas de la tribu.
Flageló el aire con el rabo de un lado para otro y se echó hacia atrás para evaluar el buen tino
de mis palabras. Entonces, se adelantó un paso y nos quedamos en un cuerpo a cuerpo.
Exhibió los dientes a centímetros de los míos. Hasta ese momento no me di cuenta de que yo
había crecido más que él.
-No puede haber más de un Alfa-dijo nervioso-y la manada me ha elegido a mí. ¿Vas a
separarte de nosotros esta noche?¿darás la espalda a tus hermanos o vas a poner fin a esta
locura y volverás a reunirte con nosotros?
Todas y cada una de las palabras venían envueltas en una nota de autoridad, pero no hizo
mella alguna en mí. Fue en ese momento cuando comprendí la razón por la cual jamás había
más de un macho Alfa en la manada. Todo mi ser respondía al desafío y noté cómo me
embargaba el instinto de defender lo que era mío. La fibra de mi esencia lupina se aprestó a la
batalla para dirimir la supremacía. Le eché los restos para controlar esa reacción. Había en mi
alma algo más fuerte todavía que eso. El intenso sentimiento hacia algo que sí que me
pertenecía por completo. Edward. Y mi prioridad era mantenerle a salvo. No iba a enzarzarme
en una pelea con Sam, que seguía siendo mi hermano, incluso aunque le diera la espalda.
-Esta manada sólo tiene un Alfa y yo no voy a cuestionar eso. Voy a elegir mi propio camino,
eso es todo.
Los bramidos se fueron disipando con la distancia, pero que el alboroto siguiera rasgando el
velo de la noche me consolaba. Aún no me seguían.
Debía avisar a los Cullen antes de que la manada se reuniera y me detuviera. Si el aquelarre
estaba alerta, Sam tendría que pensárselo otra vez antes de que fuera demasiado tarde.
Imprimí mayor velocidad a mi carrera en dirección a la casa blanca, mientras dejaba atrás mi
hogar de toda la vida. Ya no era mío. Había renunciado a todo. Por proteger...mi todo.
A medio camino, escuché el sonido que tanto había esperado y temido. El suave impacto
contra el suelo de unas zarpas enormes detrás de mí, en pos de mis huellas. Aumenté la
fuerza de mis zancadas y me lancé como un poseso por el bosque sombrío. Me bastaba con
acercarme lo suficiente para que Edward pudiera leer en mi mente la señal de alarma. Leah
no iba a ser capaz de detenerme ella sola. Pero en ese momento, percibí el hilo de esos
pensamientos situados detrás de mi. No había ira, sino entusiasmo. Un instinto servil y no de
caza. Interrumpí la carrera y di un par de traspiés antes de volver a recuperar el equilibrio.
No me respondió, pero logré percibir su entusiasmo mientras seguía mis pasos sin vacilar y fui
capaz de ver a través de sus ojos igual que por los míos. Para él, la escena nocturna estaba
llena de esperanza y para mí era de lo más sombría. No me percaté de que había ralentizado
el paso y de pronto lo tuve a un flanco, corriendo junto a mi.
-No estoy de guasa Seth- advertí-éste no es lugar para ti. Hala, date el piro.
-Te sigo a ti, Jacob- resopló-a mi modo de ver, tienes razón, y no voy a permanecer con Sam
cuando...
-Maldita sea, ya lo creo que vas a correr detrás de Sam. ¡Ya puedes ir moviendo ese culo
peludo tuyo hacia La Push!¡acata las órdenes de Sam!
-No.
-¡Ve, Seth!
Su pregunta me hizo detenerme en seco. Resbalé y a fin de detenerme, hundí las uñas en el
barro hasta dejar surcos en él.
-Yo no ordeno nada a nadie. Me limito a decirte lo que tú ya sabes.
Se dejó caer sobre los cuartos traseros a mi lado-yo voy a decirte lo que sé. Fíjate cuánto
silencio...¿no lo has notado?
Parpadeé y moví la cola en señal de intranquilidad nada más comprender a qué se refería. El
silencio no era absoluto. Lejos, en el oeste, los aullidos seguían llenando la noche.
Ya lo sabía. Ahora la manada iba a estar en alerta roja. Podían usar el vínculo mental para ver
con claridad por todos los flancos, pero yo era incapaz de escucharles los pensamientos.
Únicamente podía oír a Seth, sólo a él.
-Da la impresión de que el vínculo no existe entre dos manadas diferentes ¿no?-apreció
Seth- supongo que no había razón para que lo supieran nuestros padres, pues no existía
posibilidad alguna de que hubiera dos manadas separadas. Nunca había lobos suficientes
para dos grupos. Vaya. Menudo silencio. Da un poco de grima, pero, por otro lado, también da
buen rollo, ¿no te parece?, apuesto a que era más fácil para Ephraim, Quil y Levi, como ahora
ocurre entre nosotros. No hay tanta cháchara siendo solo los dos.
-Cállate.
-Sí, señor.
-¡Para ya!, no hay dos grupos-dije-la manada va por un lado y yo por otro. Eso es todo, así
que anda, tira ya para casa.
-Si no hubiera dos manadas, en tal caso, ¿por qué tú y yo nos podemos oír perfectamente y
no escuchamos a los demás?. Creo que has realizado un movimiento significativo cuando te
has apartado de Sam, has provocado un cambio, y creo que el hecho de seguirte ha tenido
también su relevancia-se levantó y comenzó a trotar hacia el este-ahora no hay tiempo para
discutir el asunto. Deberíamos movernos para anticiparnos a Sam.
Estaba en lo cierto. No teníamos tiempo para esa discusión. Eché a correr de nuevo, pero me
impuse un ritmo menos duro. Seth me siguió muy de cerca en el flanco derecho, el lugar
tradicional reservado al segundo de la manada. Aumentamos la velocidad a pesar de no oír
sonido alguno que nos indicara una posible persecución. Ahora estaba más preocupado, las
cosas iban a ser más difíciles si no podía meter la oreja en las conversaciones de la manada,
pues tenía las mismas posibilidades de prever un ataque que los Cullen.
-¿Y de qué nos sirve eso si nos desafía el grupo?¿atacarías a la camada y a tu hermana?
-Los Cullen nos ayudaran. Son tu familia. Todos podremos replegarnos. Ahora en la manada
de Sam son solo ocho.
-Vale, sin problemas. ¿Quieres que sea un cenizo y un agorero o sólo que me calle?
-Que cierres la boca.
En ese momento cruzamos el camino y el bosque situado alrededor de casa de los Cullen.
Solo faltaban pocos metros.
-Quédate por aquí Seth- pedí y salí de fase. Me puse los pantalones en un santiamén.
Carlisle me abrió la puerta, como siempre, antes de que llegase siquiera a tocarla.
-Jacob...
Ni me detuve a saludarle, fui directamente al salón, donde, como esperaba, Edward estaba
sentado en el sofá junto a Rosalie.
-¿Por?-preguntó extrañado.
-Ya no lo hago. No me gusta lo que hay en ella-aclaró y centró su vista en la pantalla del
televisor.
Ahora sí, abrió los ojos desmesuradamente y se puso en pie-¿qué has hecho Jacob?
-Lo siento Edward, no quería que se enterasen, de verdad que no...solo estaba enfadado y...
-Jacob, eso no, supuse que tarde o temprano se enterarían. ¿Has dejado la manada?
-No podía ser partícipe de esa locura. No soy un kamikaze. Quieren hacerte daño Edward, y
a...
-Como digas "eso", Jacob, no respondo de mi-advirtió Edward y dirigió su mirada hacia el
ventanal- Seth ha ido al este, a recorrer el perímetro. ¿Va a exponerse a algún peligro?
POV. Jacob
Hacía ya cosa de una hora que el sol había asomado entre el velo de las nubes. Seth se había
hecho una bola y se había quedado frito a eso de la una. Yo le desperté al alba para hacer el
relevo. Incluso a pesar de haber pasado corriendo toda la noche, me había resultado muy
difícil calmar mi mente desbocada lo suficiente para conciliar el sueño. Cualquier crujido,
cualquier sonido extraño, me hacían estar alerta a cada minuto. El correteo rítmico de Seth
había ayudado lo suyo. El apagado rumor de sus zarpas sobre la tierra reblandecida por la
humedad había sonado una y otra vez mientras efectuaba el amplio recorrido por la propiedad
de los Cullen. Lo cierto es que de tanto pasar por los mismos sitios ya estábamos dejando la
marca en el suelo. Seth había mantenido la mente en blanco, más allá de un borrón de color
gris o verde, mientras corría por el bosquecillo. Era muy apacible, y había resultado de una
gran ayuda, pues me permitía llenar la mente de imágenes de lo que él veía en vez de permitir
que mis propios pensamientos ocuparan la posición central.
Leah apareció frente a nosotros al trote tras eludir los densos matorrales del sotobosque
gracias a su menudo cuerpo gris.
Le solté un gruñido y pegué las orejas a la cabeza. Ella retrocedió un paso de inmediato-¿qué
crees que estás haciendo, Leah?
-Me parece bastante obvio ¿no?-resopló-me uno a esta manada de mierda, al grupo de los
renegados, al de los chuchos guardianes de los vampiros.
-Ni de coña. Ya te estás largando por donde has venido antes de que te muerda un tendón.
Respiré hondo hasta llenar los pulmones tanto que se me marcaron los costados hinchados.
Luego, una vez que estuve seguro de que no iba a ponerme a gritar, solté todo el aire de un
soplo.
-Seth, ve a tranquilizar a los Cullen, diles que sólo es la tonta de tu hermana. Yo me haré
cargo de esto.
-Enseguida-dijo y salió corriendo.
Entonces me dirigí a Leah, con la hostilidad reflejada en la voz-¿a qué diablos has venido?
-¿Te crees que voy a quedarme sentada en casa mientras mi hermanito se ofrece voluntario
para ser un juguete de masticar para vampiros?
-Si...es cierto. Tu adorado Edward no es así. Lo siento, oh, el más poderoso de los machos
Alfa.
-Así que, después de todo, no has venido por causa de Seth, ¿verdad?, sabes que los Cullen
no son una amenaza para él.
-Por supuesto que sí. Intentaba hacerte caer en la cuenta de que ya sé cómo es que nadie te
quiera. Eso no es un incentivo.
-No hubierais sido capaces de oírme si hubiera venido por orden de él. Ya no le debo lealtad a
Sam.
Presté especial atención a los pensamientos que iban entremezclados con las palabras. Debía
ser capaz de ver en ellos si se trataba de un movimiento de distracción o una estratagema,
pero no había nada de eso. Su afirmación era la pura verdad, una verdad reacia, casi
desesperada.
-No es que tenga muchas alternativas. Juego con las cartas que me caen. Confía en mí, no
estoy disfrutando con esto más que tú. Y dado que parece que debo pertenecer a alguien, me
quedo contigo.
Eso era mentira. Había un tipo de entusiasmo muy agudo en su mente. La situación le
repateaba, sí, pero también se estaba embarcando en algo muy anómalo.
-Leah, tú no me gustas y yo a ti, menos. Tampoco te gustan los vampiros, ni mi marido por
tanto. Eso me supone un conflicto de intereses muy sencillo de resolver.
-Gracias, capitán Evidente. A mi todo eso me importa un bledo. Me quedo con Seth. Y si eso
significa que tengo que proteger a tu hembra y a tus cachorros, pues lo haré.
Le lancé una advertencia muda con la mirada. Había ciertos límites y el tema de aquel peligro
inminente en mi vida era uno de ellos. Lo captó enseguida y agachó la cabeza.
-Puedo patrullar por el exterior. Mantener las distancias si quieres.
-Ésta no es tu manada porque ni siquiera es una manada, pero ¿qué os pasa a los
Clearwater?¿por qué no podéis dejarme solo?
-Escucha, ahora su manada es solo de siete. No me mandes de vuelta, por favor. Podremos
extender el perímetro. Y si no quieres liderar una manada...pues no nos mandes. Sé lo que
sientes por los Cullen y lo entiendo. Mi hermano también los aprecia y yo haré de tripas
corazón.
-Has venido para alejarte de Sam- concluí al ver su desesperación por quedarse a mi lado a
pesar de su contrariedad al respecto.
Ella amaba a Sam. Seguía queriéndole. Pero él también deseaba su desaparición, y eso dolía
más de lo que ella estaba dispuesta a soportar ahora que tenía otra alternativa. Leah iba a
aceptar cualquier opción, aunque eso significara proteger a unos vampiros.
Suspiré-de acuerdo entonces, ¿por qué no empiezas siendo de utilidad y me cuentas lo que
sepas?¿qué ocurrió la noche pasada después de nuestra marcha?
-Se armó un follón de aullidos, pero lo más probable es que oyerais esa parte. Fueron tan
fuertes que nos llevó un buen rato descubrir que ya no éramos capaces de escuchar vuestros
pensamientos. Sam estaba...-las palabras le fallaron, pero no hacía falta, pude verlo en su
mente. Me encogí-después de eso, enseguida quedó claro que nos lo íbamos a tener que
pensar dos veces. Sam tenía planeado hablar con los ancianos a primera hora de la mañana.
Se suponía que íbamos a reunirnos y trazar un plan de acción, pero me atrevo a aventurar
que él no tenía intención de lanzar un ataque inmediato, pues, llegados a este punto, tras
vuestras deserciones y con los vampiros sobre aviso, era un suicidio. No estoy segura de sus
planes, pero si yo fuera un...vampiro, no merodearía solo por el bosque. Y menos tu Edward.
Se ha abierto la veda del vampiro.
-Pedí permiso para volver a casa y contarle a mi madre lo sucedido la noche pasada. Me tomé
un minuto para darle vueltas a lo ocurrido en cuanto adopté forma humana, bueno, a decir
verdad, me tomé toda la noche. Apuesto a que los demás pensaron que me había dormido,
pero había mucho sobre lo que cavilar con todo aquello de dos manadas separadas con dos
mentes grupales diferentes. Al final, sopesé los pros y los contras y le dejé una nota a mi
madre. Así que eso es todo. ¿Y qué hacemos ahora?
-Por ahora...nos limitaremos a estar ojo avizor. No podemos hacer ninguna otra cosa.
-Preferiría ir en busca de mi hermano, lo mandaste hace rato a casa de los Cullen y no ha
vuelto.
No tuvo que entrar en la casa para entender que Seth estaba perfectamente y quedarse
tranquila, pero yo sí lo hice. Carlisle me abrió la puerta. Era capaz de oír la conversación de
los demás en el interior del edificio. Escaleras arriba, Emmett, Alice y Jasper hablaban en voz
baja con tono serio. Esme tarareaba de forma disonante en otra habitación. Rosalie y Edward
estaban en el salón, y allí fue donde me dirigí.
Seth estaba sentado sobre la mesa de centro cuando aparecí. Miraba preocupado a Edward
que descansaba la cabeza contra el respaldo del sillón, con los ojos cerrados. Rosalie miraba
la televisión.
-Nada Jacob...
-¿Te duele?
-¿Cómo puedes saberlo?¿cómo?, Carlisle no puede atravesar tu...no ha podido ver lo que
tienes dentro. Me voy a volver loco. Yo no...no puedo soportarlo-me alejé dispuesto a
marcharme de nuevo.
-Se lo dijiste, porque aunque estás aterrorizado con las ideas que te has formado...el concepto
de un...Alien que saldrá de mi estómago reptando por el suelo y acabando con todo ser
viviente...aún con todo eso, una parte de ti, la parte que imprimó en mi. Tu espíritu lobo. Esa
parte quiere esto. Quiere a su hijo.
-Dímelo.
Me planteé salir corriendo. Marcharme fuera. Patrullar los alrededores de la casa y punto.
Lejos de aquella criatura y de la sensación que me producía el saber de su mera existencia.
-No me pediste mi opinión Edward- solté por fin-estamos casados y ni siquiera me preguntas
si yo quería esto. Si yo quería que te expusieras a un peligro semejante. ¡Porque eso es lo
que es!
Suspiró, como aliviado y me sujetó el rostro con ambas manos para que le mirase.
-Me importa mucho tu opinión, Jacob...pero temes lo que no puedes entender. Yo al principio
también me asusté. También me temí lo peor. Pero...créeme cuando te digo...que es bueno.
No será la criatura malvada que esperas que sea. No es un vampiro. No es un niño inmortal
como los que te contó Carlisle.
-¿Por qué estás tan seguro?-susurré sin apartar mis ojos de los suyos que estaban de color
oscuro.
-Vosotros no, porque nada atraviesa la membrana que lo recubre, pero yo lo oigo dentro de
mi. Es lo más hermoso que he escuchado en mucho tiempo-eso iba con segundas. Tal era mi
rechazo por la ''cosa'', que había puesto una insoportable distancia de por medio con Edward.
Trataba de protegerle, sobretodo de mi mismo.
Mis manos se alzaron de manera automática para rodearle la cintura y estrecharle contra mi.
Le echaba tanto de menos. Mi Edward.
Le besé con pasión. Nos besamos hasta que se escuchó de fondo un carraspeo de Seth.
Edward sonrió contra mis labios- Seth no cree que sea un monstruo.
-No. Él lo ve como un hijo tuyo y mío. Dos seres a los que aprecia. Está deseando que nazca
para que acabe esta locura. Yo también por cierto...tengo hambre.
-Leah dice...
-Si, ya. Os escuché. No puedo salir de la casa por si acaso.
-Eres mi familia Jacob, si me concentro, puedo leerte a kilómetros de aquí. No sé cuanto sea
el límite, pero es bastante distancia.
-No puedes meter animales en casa Jacob- dijo Edward divertido al ver mis intenciones.
-Esme se estaba planteando ir a una carnicería...tal vez allí nos dieran sangre. Porque la que
hay en casa es humana...pero sería para el bebé en caso de necesidad al nacer. Yo no puedo
probarla...mejor no.
-Iré yo a la carnicería y te traeré toda la que pueda. Dejaré a Seth y Leah por los alrededores.
Durante horas pareció volver la paz al hogar de los Cullen. Conseguí sangre para Edward que
le duraría al menos dos días. Volví con mi manada. Y Emmett y Jasper retornaron a la casa en
cuanto vieron que yo encabezaba de nuevo a los lobos.
Pero la calma duró poco. Dos aullidos rasgaron el velo de la tranquila mañana del día
siguiente.
-Ya casi he llegado-les informé. Sentí una sensación horrible al verme separado de Leah y de
Seth con un peligro potencial más cerca de ellos que de mí. Eso estaba mal. Yo debería estar
con ellos, o entre ellos y el peligro en ciernes.
-Céntrate Leah.
-Son cuatro: tres lobos y un hombre-afirmó Seth. El chaval tenía un oído muy agudo.
Llegué al claro en ese momento y me dirigí de inmediato al lugar donde se hallaba Seth, que
suspiró de alivio y se enderezó, ocupando ya su lugar a mi flanco derecho. Leah se situó en el
izquierdo con mucho menos entusiasmo.
Aparecieron ante nuestros ojos pocos segundos después. Venían andando, tal y como había
intuido Seth. Jared marchaba al frente con las manos en alto. Paul, Quil y Collin le seguían a
cuatro patas. No había agresividad alguna en sus ademanes. Se mostraron vacilantes detrás
de Jared, con las orejas tiesas; estaban alerta pero tranquilos.
Me extrañó que Sam enviara a Collin en vez de a Embry. Yo no mandaría a un crío, sino a un
luchador curtido a campo enemigo.
Jared y los tres lobos permanecieron mirándonos todo el tiempo a la espera de nuestra
reacción. Resultaba estremecedor no oír lo que se decían entre ellos. Jared carraspeó para
aclararse la garganta y luego asintió en mi dirección.
No cambiaría de fase hasta que me encontrara cómodo con la situación, hasta que tuviera
sentido. ¿Por qué había enviado a Collin?, esa era la parte que más me inquietaba.
-Apostaría diez a uno a que Embry quería venir, pero él no tiene a Claire, no hay nada que le
retenga-comentó Leah no sin sentido-no hay forma de que Quil elija estar fuera de La Push,
pero Embry sí podría. Por eso, Sam no se va a arriesgar a que se deje convencer para
cambiar de bando. No desea que nuestra manada sea mayor de lo que ya es.
-De acuerdo, supongo que entonces sólo voy a hablar yo-dijo Jared- queremos que vuelvas,
Jake- Quil soltó un suave aullido a su espalda, secundando su afirmación-has separado a la
familia. Esto no tiene por qué ser así. Conocemos tu forma de sentir, en especial en lo tocante
a tu marido y a tu...hijo. Somos conscientes de que es un problema, pero esto que has hecho
es pasarse de la raya.
-Sam está dispuesto a tomarse esto con tranquilidad Jacob. Entiende tu postura. Se ha
calmado y ha hablado con los ancianos de la tribu. Ellos han decidido que una acción
inmediata en este momento no beneficia a nadie. Billy intercedió por ti...y por Edward.
-Traducido: ellos ya han perdido el factor sorpresa y Billy no va elegir matar a su ¿nieto?-
pensó Leah.
-Billy y Sue quieren esperar a que...nazca. Ninguno de nosotros quiere hacer daño a Edward-
bufé-calma, Jake. Sabes a qué me refiero. El tema es que vamos a esperar y reconsiderar la
situación cuando veamos qué es esa criatura. Si da problemas o no.
-Sé qué se traen entre manos, Jake. Sé qué piensa Sam. Ellos dan por hecho que tu hijo será
nocivo y que tú acabarás matándolo. Se lavan las manos al respecto y vuelves con el rabo
entre las piernas a su manada cuando eso ocurra.
Agaché las orejas. Daba la impresión de que Leah había dado en el clavo y sonaba muy
plausible. Edward era consciente de que yo no dudaría un instante en acabar con ese ser si
veía amenazada su integridad de algún modo. Aunque yo también sabía que mi marido no me
dejaría hacerlo por las buenas.
-No necesitarás hacerlo Jake- me dijo Seth- es bueno. De verdad que sí. Yo creo a Edward.
-¿Jake?-preguntó Jared.
-Está bien, voy a salir de fase. Leah, haz una ronda por si acaso es una trampa-obedeció y
salió corriendo.
Jared y los demás siguieron contemplando el lugar por donde la loba había desaparecido
entre los matojos.
Le ignoré, cerré los ojos y recuperé mi ser de nuevo. Sentí cómo el aire se estremecía a mi
alrededor y se removía en torno a mi cuerpo en pequeñas olas. Me alcé sobre los cuartos
traseros y elegí el preciso momento en que me hallaba totalmente enhiesto para adoptar mi
forma humana.
-Ya.
-Queremos que vuelvas tío- Quil volvió a soltar un gimoteo de los suyos.
-No lo veo fácil, Jared.
-Ven a casa-pidió mientras se inclinaba hacia delante con aire de súplica-podemos solucionar
esto. Tú no perteneces a este lugar. Deja que Seth y Leah regresen a sus hogares también.
Me eché a reír-vale, como si no se lo hubiera pedido desde el principio- Seth bufó detrás de
mi-y te equivocas. Ésta es mi casa.
-No lo sé, pero tampoco estoy seguro de que las cosas puedan volver a ser como antes,
Jared. No conozco muy bien cómo funciona el asunto ese de los Alfa, pero me da la impresión
de que no es como encender y apagar un botón. Tiene pinta de ser algo más...permanente.
-Dos Alfa no pueden pertenecer al mismo lugar, Jared. ¿Recuerdas lo poco que faltó la última
noche?, el instinto es demasiado competitivo.
-¿Pero...?
-No tengo intención de volver, no por ahora. Vamos a esperar un poco y ver cómo queda la
cosa. Y también vamos a proteger a los Cullen y...a quienes haya que proteger.
-¿Hablas de tu hijo?
-Si.
-Ahora no, pero ya veremos cómo se desenvuelven los acontecimientos. Deberíamos superar
las desavenencias, pero convendría que no abandonarais vuestro territorio hasta que eso
suceda. Para evitar malentendidos ¿vale?. Ninguno tenemos ganas de bronca, ¿verdad?. No
es lo que quiere Sam ¿me equivoco?
-No queda mucho tiempo ¿vale?. Nacerá pronto y luego Seth y Leah volverán a casa.
Leah y Seth aullaron al unísono. La loba había vuelto justo a tiempo para escuchar mis últimas
palabras.
-Aullad, pero desde vuestro lado de la frontera, ¿vale?. Ya acudiremos nosotros. Ah, y otra
cosa, Sam no necesita enviar una legación tan numerosa. No buscamos pelea alguna. Os doy
mi palabra, de que cuando nazca...os lo haré saber.
-Ya nos veremos por ahí Jake. Bueno, o no-concluyó mientras se despedía con la mano sin
entusiasmo alguno.
La sorpresa cruzó su rostro-¿Embry?, claro que sí, está perfectamente. ¿Por qué?
-Me preguntaba por qué Sam envió a Collin en vez de a él, sólo eso.
-Supongo que no, era simple curiosidad-su actitud me confirmó la suposición de Leah.
Antes de desaparecer, Quil vino al trote, meneando la cabeza con lentitud. Le palmeé el lomo.
-Estaré bien-él gimoteó-yo también te echo de menos, hermano. Dile a Embry que echo en
falta teneros a mis flancos-asintió y me acarició la frente con el hocico.
-Bien hecho Jake- fue lo primero que me soltó Leah- eres un buen Alfa. No te desenvuelves
como Sam, tienes un estilo propio, pero eres digno de ser seguido.
-Yo tampoco quiero volver Jake, aunque nazca vuestro bebé. Me gusta estar aquí, ésta
manada mola más. Sabes que siempre me ha gustado estar contigo.
Comenzamos a alejarnos de vuelta a la casa de los Cullen, pero sin prisas, porque la charla
nos había calmado un poco respecto a la situación. Por fin podía respirar tranquilo por algo.
-Jacob...¿te has parado a pensar en lo que significa la imprimación?-me preguntó Leah tras
varios minutos de caminata. ¿A qué venía esa pregunta?-lo digo, porque no paras de darle
vueltas al asunto de que tu...bueno, sé que no te gusta lo de ''hijo'' porque piensas que es el
mal reencarnado, pero ¿recuerdas las palabras de Sam?
-Sí, supervivencia-le daba una y mil vueltas a eso para encontrarle lógica.
-Exacto. A todos nos chocó enterarnos de que tu imprimación era un vampiro porque según
Sam, al imprimarte, lo que haces es que te aseguras otra camada de lobeznos. La
supervivencia de la especie es de lo que va este rollo. Se reduce a puro control genético. Te
sientes atraído por la persona con mayores posibilidades de transmitir el gen de la licantropía.
Por ejemplo, yo habría atraído a Sam de haber sido válida. Pero no le atraigo, algo falla en mi.
No puedo transmitir el gen, a pesar de mi maravillosa línea de ascendencia, y eso hace de mí
un monstruo. Me he convertido en la chica lobo de un espectáculo sólo para hombres, alguien
que no vale para nada. Soy un punto muerto genético y ambos lo sabemos.
-¿A dónde quieres llegar Leah?- pregunté. Seth iba detrás de nosotros, escuchando en
silencio.
-Claro Jake, es imposible que sea malo-interfirió Seth- es hijo tuyo y de Edward. Los
monstruos menos monstruosos que he conocido. Bueno, y al doctor Carlisle.
En cuanto avisté la casa, corrí de nuevo en forma humana para informarles. La puerta estaba
abierta, como si me estuvieran esperando.
-No se prevé ningún ataque durante los próximos días-dije en voz alta para que me oyeran los
demás y no solo él. Le rodeé con los brazos y lo alcé un poco antes de besarle.
-Es lo que trataba de decirte Jacob. Que habías imprimado en mi por alguna razón.
-Leah no vendrá.
-Pues a Seth.
-¿Dónde está el diluvio chucho callejero?-me preguntó Rosalie para molestarme.
-¿Sabes cómo hacer que una rubia se ría un sábado, Rosalie?-pregunté. Por un momento me
sentí trasportado a los viejos tiempos en los que todo era felicidad y cero preocupaciones-le
cuentas un chiste el viernes.
-Ven...-me dijo Edward. Me llevó de las manos hasta el sofá y me hizo sentarme. E incluso
tumbarme-duerme un poco.
-No Edward, estoy bien, de verdad que...-se sentó a mi lado, al borde del sillón y me acarició
el cabello.
No sé cuanto tiempo dormí, pero lo hice hasta que escuché unas voces en el piso de arriba.
Cogí el plato de gofres con caramelo que había sobre la mesita a mi lado y me lo comí
mientras subía para enterarme de lo que pasaba. Las voces venían del dormitorio de Edward.
La puerta estaba abierta y Alice estaba en el umbral. Solo era capaz de escuchar risas, y
música. La habitación estaba llena de gente.
-Edward nos está traduciendo lo que piensa-fue su respuesta sin dejar de sonreír.
-Vuestro bebé.
POV. Edward
Jacob se quedó dormido en cuanto su cabeza rozó contra la superficie del sofá. Se estaba
esforzando tanto por protegernos, que apenas descansaba. Si no le obligaba, habría seguido
de un lado a otro allá afuera. Pero se había dormido sin avisar a los Clearwater.
-Dios mío...-pensó Leah al verme. Supongo que era impactante en directo, más que en la
mente de Jacob.
-Chicos, Jacob está durmiendo. Podéis dormir arriba. Hay camas para todos. Leah, puedes
dormir en mi cuarto, huele bastante a Jacob y no te será tan insoportable. Alice no tendrá
problema en prestarte la suya, Seth.
El chico no tardó en salir de fase y entrar en la casa mientras se ponía el pantalón. Leah fue
más reticente al principio, pero al final, entró.
Les hice abundante comida para los dos y me recordó a la vez que todos los chicos de la
manada se habían puesto a comer en casa de Emily. Devoraban.
Y resultó que, Leah y Seth se quedaron a dormir en mi dormitorio. En la gran cama de Jacob.
Cayeron casi tan rápido como él, pero se despertaron en cuanto la luz del sol del amanecer
incidió por el ventanal.
-Buenos días...-al escuchar que estaban despiertos, les llevé el desayuno a la cama. Sabía
que Seth estaba encantado, pero Leah era harina de otro costal. Desconfiaba, aunque la idea
de que yo fuera a tener un bebé no le parecía tan descabellada.
-Como mola tu cuarto Edward- Seth se arrodilló sobre el colchón y le brillaron los ojos en
cuanto vio la comida que dejé a los pies de la cama.
-¿Si?
-Es genial.
-¿Habéis dormido bien?-Leah asintió mientras cogía una tostada, pero Seth se levantó.
-He dormido estupendamente-dijo y se puso a recorrer con la mirada los CDs de los estantes.
Sonreí pensando en Jacob. Y me senté en el sofá de cuero.
-Todo el tiempo. A veces me parece que estoy loco-reí sinceramente. El aire fresco que
habían traído esos chavales a mi casa era indiscutible. Era el poder de los licántropos, su
manera de ser y de pensar, cambiaban el curso de cualquier cosa.
-Deberíamos contarle Caperucita roja, pero una versión que no deje mal a los lobos, ya
sabes...-dijo Seth cada vez más animado.
-Es buena idea...-no podía dejar de sonreír. Era agradable de verdad. Entonces lo
escuché...como si me hablase desde la lejanía, pero era claro a pesar de todo-¿has dicho
algo?-pregunté. Leah y Seth me miraron interrogantes. Aunque yo no me dirigía a ellos, sino al
bebé.
-¿Cómo?
-El bebé quiere saber lo que es-aclaré por fin. Ambos se miraron.
-Caperucita roja es el cuento de una niña a la que se la come...un ogro y un lobo la salva
sacándola de su barriga-dijo orgulloso por su cambio de argumento.
-Anda ya Seth, vale que no quieres que el lobo sea el malo, pero ¿un ogro?-comentó Leah.
Eso lo oyeron todos los demás, porque enseguida estuvieron en mi cuarto escuchando como
Seth convertía "Los tres cerditos" en un malentendido con un carpintero. El bebé tenía
conciencia, eso era lo que estaba esperando. En el acto, las opiniones de mis hermanos, y de
Carlisle cambiaron. Nadie podía querer matar a un alma pura, que ya era capaz de hacer
razonamientos coherentes aún sin haber nacido.
Era estupendo. Me preguntaba por el nombre del propietario de cada voz que escuchaba y me
daba su opinión al respecto. Rosalie le era la más familiar de todas. La de Seth le hacía ser
feliz porque era muy alegre y le contagiaba. La de Esme era tranquilizadora, al igual que la de
Carlisle. La de Alice le parecía muy hermosa. Y la mía, era su favorita.
-Vuestro bebé.
No faltó mucho para tener a mi marido delante, con los ojos muy abiertos.
Sonreí ampliamente-le gusta mucho...tu voz le da seguridad Jacob, es otra de sus favoritas.
Aunque le entristece no oírla demasiado.
POV. Jacob
-No grites que le asustas-me dijo Edward sin dejar de reír. Hacía tiempo que no veía esa
emoción en su rostro.
Me agaché a su altura-lo siento, peque...-juro que esa expresión salió sola de mi boca. Ni me
di cuenta que lo había dicho hasta segundos después, cuando mi mano viajó por si misma al
vientre de mi marido. Era la primera vez que lo tocaba.
Edward me movió la mano, a otra zona, más lateral-su cabeza está ahí-yo no podía sentir
nada y me decepcioné un poco-él si te nota a ti. Siente tu calor.
-¿En qué piensa ahora?-pregunté. Los demás se habían quedado en completo silencio, pero
no se marchaban. Parecía que Edward y yo estuviéramos representando la escena que tanto
tiempo habían esperado ver. Aunque no me importaba su presencia la verdad. Eran mi familia.
-Está feliz. Él o ella, está muy feliz. Siente que tu también lo eres. ¿Lo eres?-asentí sin
dudarlo-díselo. Seguro que prefiere oírlo de ti.
Me acerqué un poco sin quitar la mano. Quería más contacto, así que coloqué la cabeza de
lado, cerca del bulto.
Comprendí que Edward, ese bebé y yo éramos una familia. Sentí que mi corazón se hacía
más grande, como un edificio al que le añaden otra planta para que pueda vivir alguien más
en el. Y eso fue lo que pasó. Porque en el ático se había instalado de pronto el inmenso amor
por esa parte mía. Por esa parte nuestra. El producto de nuestro intenso amor.
-Te queremos mucho, pequeño E.J. Por supuesto que eres feliz...-dijo Edward acariciando su
barriga.
-Bueno...tú no querías saber nada, así que yo he tenido que pensar los nombres. Por si
resulta ser niña o niño.
Me sentí culpable, pero cualquier nombre que escogiera Edward me parecería bien. Confiaba
en su criterio. Me había elegido a mi por sobre Bella.
-Dile tu idea si es niña-alentó Rosalie. Parecía muy emocionada de pronto y cuando la miré,
por primera vez, no me devolvió una mirada hostil.
-Es perfecto Edward. Sea lo que sea es perfecto-me afectó un poco hablar de ese modo. La
criatura cambiaba de sentido para mi a un ritmo frenético. Incluso cobraba forma física en mi
imaginación.
Todo fue a mejor después de aquello. Debíamos seguir patrullando claro, solo por si acaso,
aunque teníamos entendido que Sam y los demás no salían de la reserva. El bebé, aunque
parecía imposible, continuaba creciendo. Seth le leía cuentos, inventados en su mayor parte y
Leah se había convertido en otra Rosalie para Edward. Yo cumplí mi palabra y le hablaba y le
hablaba hasta la saciedad. Le conté toda mi vida al vientre de Edward e inclusive le hice
probar carne cruda que le gustó más de lo que a mi marido comérsela. Era gracioso llamarle
E.J. un día y al otro Lizzie. El factor sorpresa estaba muy presente con la cosa de que Alice no
podía verlo o verla. Emmett y Jasper, como no, habían hecho apuestas.
Rosalie, Alice, Jasper y Seth jugaban al parchís en el suelo. Edward veía la televisión sentado
junto a Leah y Emmett, absortos en una retransmisión deportiva. Yo estaba en el suelo
también, leyendo una revista que había encontrado por el salón. Mientras Esme y Carlisle nos
preparaban algo de picar en la cocina.
-No...-Seth se llevó las manos a la cabeza. Era la tercera vez que aquello pasaba durante la
partida.
-Eh, Rosalie- llamé su atención-¿cómo muere la célula del cerebro de una rubia?-pregunté y
miré a Edward-¿se lo sabe?
Miré a Rosalie otra vez con la inevitable sonrisa dibujada en mi rostro-la célula cerebral de una
rubia muere...en soledad.
Edward rió, y Leah. Emmett solo sonrió sin apartar la vista de la televisión. Pobre hombre, si
se reía, fijo que lo mataba.
La cara de Edward cambió a una mueca de dolor y se inclinó hacia adelante con un jadeo.
Emmett, con la rapidez de un rayo, apoyó la mano en su espalda. Leah se puso en pie, sin
entender nada en absoluto y muerta de miedo.
Yo...yo me paralicé.
-Carlisle...-la voz de Edward fue solo el hilo de un susurro, pero el médico rubio ya estaba allí
sujetando a mi vampiro por los hombros. Esme se quedó petrificada en la puerta.
-Emmett, llévalo arriba-ordenó. Carlisle era el macho Alfa en aquel lugar. Cuando quise darme
cuenta, se acercaba a mi- Jacob, necesito que te vayas de la casa.
-¿Qué?-eso me despertó.
-Pero yo...
-Es muy peligroso para nosotros y el bebé que te quedes. Ya sabes lo que hará para salir, y
eso dañará a Edward. No podremos lidiar con un lobo furioso mientras tanto.
Lo entendía todo, de verdad que si. Pero no quería irme. Edward estaba sufriendo, aunque
intentaba disimularlo.
-Vete Jacob- Edward me dio la orden. Estaba en pie, respiraba con dificultad y se sujetaba el
vientre, pero su mirada era decidida-hazlo, todo irá bien. Pero vete, ¡ahora!-se retorció de
nuevo. Las manos de Seth y Leah me sacaron de allí a empujones.
Jasper se asomó a la puerta antes de que nos alejáramos de la casa-te avisaré en cuanto
nazca, Jacob. Iré en tu busca.
Entré en fase y corrí tan deprisa como mis patas me lo permitían. Debía poner distancia de por
medio, porque cualquier quejido o grito de dolor me haría volver y querer asesinar a la criatura
por dañar a mi Edward.
Yo solo corría y corría. Lo hice hasta que llegué a un lugar que consideré apto y me tumbé
sobre la húmeda hierba para aclarar mis ideas. Eran un torbellino desordenado. Respiraba tan
agitado que me dolía el pecho, pero quizás eso se debiera al miedo que tenía. El terror que
me inundaba. Leah apareció varios minutos después. Vaya...si que estoy desquiciado...pensé.
Mi capacidad de haber adelantado a la loba sólo podía tener esa explicación
-¿Estás bien Jake?-Leah me miró desde arriba. Seth llegó por fin y se acercó.
-Jake...
-Contadme algo-dije.
-Si Jake, en este momento puede que ya seas padre-secundó Leah igual de emocionada que
su hermano.
-¿No sientes curiosidad?, yo estaría comiéndome las uñas. Porque un hijo no se tiene todos
los días.
-Y menos de esta forma Jake...oh, Dios, ¿a quién crees que se parezca?¿a quién quieres tu?,
bueno seguro que quieres que a Edward...
En esta parte, dejé de escucharles. Solo oía un zumbido mientras les veía mover las cabezas
y andar de un lado a otro a mi alrededor. Perdí la cuenta del tiempo, pero fue bastante. Hasta
que pude distraerme con otra cosa. Emmett.
Me puse en pie de un brinco al ver al vampiro que no esperaba. Debía ser Jasper. ¿Algo iba
mal?. Emmett alzó una mano y me indicó que le siguiera. Entonces se esfumó.
Volví a correr cual energúmeno hasta que llegué a la casa. Había unos pantalones
perfectamente doblados en el porche. Alguien había tenido la amabilidad. No escuchaba
ningún sonido. Nada extraño procedente de la vivienda. ¿Eso era bueno o malo?
Al cruzar la puerta, ralenticé mis pasos y presté más atención. Estaban en el piso de arriba, en
la sala que Carlisle había convertido en un hospital. Todo era calma, una paz que
seguramente era cosa de Jasper y se extendía por todos los rincones de la casa. Me llegaron
algunas risas suaves y...no fue difícil de diferenciar su presencia del resto. Los extraños
latidos de su corazón le delataban, más deprisa que el de los humanos corrientes. Además de
su olor. Era agradable, era diferente.
Tardé lo que me pareció una eternidad en subir los escalones y toparme con un corrillo de
gente que en cuanto sintieron mi presencia, se apartó. Y pude ver a Edward, impecable. Se
había cambiado de ropa, pero volvía a ser el de siempre. Nadie podría jurar que en aquella
habitación había nacido criatura alguna y mucho menos que hubiera salido de él. Eso me
tranquilizó. Pero mi vampiro no estaba solo, acunaba a la criatura envuelta a medias en una
pequeña manta de un suave color amarillo. Parecía tener más días, ni de lejos recién nacida.
A cada paso que daba, mejor le veía. Edward se giró hacia mí para ello. Tenía el cabello
negro azabache, como el mío, bastante tupido para un bebé, y sus ojos...Dios mío. Sus ojos
del color de las esmeraldas me examinaban con un interés que tenía muy poco de infantil.
-Te presento a Edward Jacob- dijo Edward sonriendo ampliamente y dejando al descubierto su
dentadura perfecta. Una de las manitas del niño tocó el cuello de mi marido- sí, es él-
respondió a sus pensamientos.
-No puedo creerlo...-estiró los bracitos hacia mi, como para que lo cogiera-¿quiere venir
conmigo?
-Te estaba esperando. Ha pasado por los brazos de todos, pero no te veía. No te escuchaba.
Le diste tu palabra de que estarías cerca.
Y me sentí un completo idiota. Por haber pensado mal de aquella maravillosa criatura. Por no
haber visto la posibilidad de que fuera así de perfecta. Un pequeño ángel.
Mi hijo.
15El torbellino E.J.
POV. Jacob
E.J. me sonrió de nuevo, mostrando sus pequeños dientes cuadrados y sus dos hoyuelos.
Entonces, de forma muy deliberada, me tocó la cara.
Empecé a jadear, me aturdí e incluso me asusté por la extraña y alarmante imagen que
llenaba mi mente. Lo sentía como un recuerdo muy fuerte, tanto, que me parecía estar
viéndolo a través de mis ojos mientras lo observaba en mi cerebro, aunque me resultaba
completamente desconocido. Miré a través de la expresión expectante de E.J., intentando
comprender lo que estaba pasando, luchando con desesperación por aferrarme a mi calma.
La imagen era chocante y desconocida. Primero era la oscuridad más absoluta, y podía oír mi
propia voz, con un eco extraño, como si hablase bajo el agua. Y después todo era luz, una luz
brillante que me daba de lleno en los ojos. Vi a Carlisle, a Esme y a Rosalie. Poco después,
todos los Cullen se movían de un lado para otro en aquella habitación, me rodeaban. Decían
palabras que ni era capaz de atender, sólo buscando con la cabeza a Edward. Sólo con el
pensamiento de ver a Edward. Y me di cuenta de que aquello era el nacimiento de mi hijo.
-Es difícil de explicar...-dijo Edward- pero parece bastante efectivo como medio de
comunicación. No es humano Jacob. Tiene un don. Te ha mostrado los recuerdos que tiene
de ti, tu voz mientras aún estaba dentro de mi. Quiere que sepas que ya ha hecho la conexión
y sabe quién eres. Y te ha enseñado su nacimiento dado que no estabas presente.
E.J. parecía indiferente a mis ojos pasmados. Sonreía levemente y miraba a Edward.
-Es un giro interesante-apreció Carlisle- como si él hiciera justo lo opuesto a lo que Edward es
capaz de hacer.
-Pues vamos a que te conozcan-dije a mi hijo y encabecé la marcha por las escaleras,
seguido de Edward. En cuanto me vieron, Seth y Leah sonrieron.
-Ha ganado E.J. ¿eh Edward?-le preguntó Seth que se acercó corriendo a mi vampiro.
-Oh, Jake...-se cubrió la boca con las manos un poco emocionada y sorprendida-es precioso
de verdad...pero...
-Son mis ojos-aclaró Edward antes de que Leah terminara de pronunciar la frase-ese era mi
color de ojos antes de convertirme en vampiro. Parece ser que los ha sacado él-sus palabras
estaban cargadas de un profundo afecto que se podía palpar en el aire.
-Vaya. Moreno de ojos verdes...-apreció Leah- no va a ser popular. Para nada-dijo irónica y
rió.
-Yo también quiero verlo- Seth se asomó por encima de uno de los hombros de su hermana y
la apartó un poco. E.J. centró su vista en él y supe que lo había reconocido también. Su lector
de cuentos particular. Pero a pesar de que esperaba una reacción o un comentario por parte
de Seth...él se quedó completamente callado. Absorto durante un rato.
-Seth, ¿qué te pasa?¿te has quedado tonto?-preguntó Leah dándole un par de palmadas en
el antebrazo.
-Creo que tenías razón Leah, E.J. va a ser muy popular-dijo Edward. Se acercó a Seth y le
revolvió el cabello con una mano-todo está bien, Seth.
-¿De qué habláis?-pregunté sin entender nada. Seth solo parecía ruborizarse de pronto, y
Edward complacido.
-¿Cómo?¿de qui...?
Miré alrededor mientras hablaba, pero me silencié. Habíamos sólo cuatro individuos allí...y
E.J.
-¿De nuestro hijo?-por alguna razón, no me sorprendí. Parecía de lo más razonable. Seth
siempre había sentido un profundo cariño hacia mi, y cuando conoció a Edward, había sido
igual. Era lógico que el fruto de nuestro amor se hubiera convertido en su imprimación, ¿no?
-¿Puedo cogerlo Jake?-me preguntó Seth con un brillo que me resultaba de lo más familiar en
los ojos. Francamente, si alguien debía quedarse con nuestro hijo en el futuro, me encantaba
Seth.
-Claro-lo pasé a sus brazos con cuidado. Él lo recogió como si fuera la más delicada de las
joyas y yo me acerqué a Leah, que se había quedado sin habla. No necesitaba estar en forma
de lobo para saber lo que le pasaba. Su hermano pequeño acababa de imprimar. Puse una de
mis manos en su espalda y la hice salir fuera-¿estás bien, Leah?
-Sí...-dijo, pero los ojos se le llenaron de lágrimas y se cubrió la cara con las manos. La
abracé-no pienses que soy mala Jake...pero...todos menos yo...
-Lo sé.
-Escucha Leah...-dije para tranquilizarla-tengo una teoría-alzó la vista hacia mi y me miró con
interés, con aquellos ojos humedecidos por el llanto- lo de Seth en cierta forma tiene sentido.
Es como si su afecto por mi y por Edward fuera por esto. Preparándole para esto. Quizás
tú...tal vez debas esperar a que Sam y Emily tengan hijos. Quizás ese sea tu camino y por eso
no puedes olvidarle.
-Sólo es un teoría. Pero si lo pienso, muchos de los casos están relacionados. Jared conocía a
Kim de clase, ella estaba loca por él, y zas, imprimado. Yo creí que me gustaba Bella, hasta
que me encontré con su...novio vampiro, y zas, imprimado. Seth ha sido mi amigo desde
siempre, ahora nace mi hijo, y zas, imprimado.
-Y Sam era mi novio hasta que conoció a mi prima Emily- dijo ella. Pero su voz no era triste
esta vez, sino esperanzada.
-Pues será el de Paul y Rachel...o el de Jared y Kim...incluso podría ser una chica, Leah.
Cuando menos lo esperes aparecerá, hazme caso. Siempre ocurre, si lo buscas, no lo
encuentras.
-Con uno me basta-dije recordando lo mal que lo había pasado en los comienzos.
-Es hermoso Jake, me alegro de que vaya a ser de mi familia-me abrazó de nuevo, pero esta
vez era ella la que rodeaba con sus brazos mi cuerpo-y mi madre seguro que también se
alegra.
Lo primero que hice al día siguiente, fue poner fin a aquella absurda enemistad con la manada
de Sam. El motivo por el cual nos habíamos separado, ya no existía. La criatura, mi hijo, no
era dañino para nadie, entre otras cosas porque no tenía ponzoña, y además, ahora estaba
ligado al alma de Seth. La tregua volvió y más fuerte que nunca. Así que E.J. se había vuelto
intocable porque Seth sentía lo que sentía por él. Días después descubrí también que tanto
Sam como yo, a pesar de ser Alfas de diferentes manadas, podíamos comunicarnos
mentalmente entre nosotros, pero con una especie de filtro, puesto que él solo podía escuchar
lo que yo quisiera decirle y viceversa. Tal vez nuestra amistad nunca volviera a ser la de
antes, pero las cosas retornaban a la calma y eso era de agradecer. Nuestra vida parecía
perfecta de nuevo.
Una tarde, Leah y yo estábamos en el salón jugando a videojuegos, mientras Edward sujetaba
a E.J. que miraba divertido a la pantalla, y Seth le observaba y se reía a la vez que él lo hacía.
Cuando escuchamos a Carlisle bajando las escaleras con las manos llenas de cosas. Una
cinta de medir, una balanza...
Miré a E.J. Tenía un aspecto perfecto, sanísimo. Su piel brillaba y sus mejillas estaban
sonrosadas. No podía haber nada malo en una belleza tan radiante. La diferencia entre el niño
que había nacido días atrás y el que sonreía en los brazos de Edward en ese momento,
habría sido evidente para cualquiera, pero la que había entre el E.J. de hacía una hora y éste
era más sutil. Unos ojos humanos jamás habrían sido capaces de percibirla, aunque estaba
allí.
Su cuerpo era algo más largo y sólo un poco más esbelto. Ya no tenía el rostro tan redondo,
se volvía más ovalado con cada minuto que pasaba. El cabello lo tenía revuelto, lo que le
daba un aire desenfadado como a Edward, y era de un largo similar al suyo. Rosalie lo cogió
en brazos y se dejó hacer mientras Carlisle extendía la cinta en toda su longitud y después la
usaba para medir el perímetro de su cráneo.
Era consciente de que Seth tenía los brazos cruzados con gran fuerza sobre su pecho,
mientras que la mano de Edward se agarraba con firmeza a la mía. E.J. había madurado de
una simple célula a un bebé de tamaño normal en el curso de unas cuantas semanas. Tenía
muy buen aspecto, parecía camino de convertirse en un bebé de un par de años de edad en
apenas algunos días. Si seguía ese ritmo de crecimiento...Edward apretó más mi mano, lo que
me indicó que sus pensamientos seguían el mismo camino que los míos.
-No lo sé.
-Por apenas una centésima de centímetro, si mis medidas son correctas-replicó Carlisle.
E.J. entonces pareció molesto. Comenzó a retorcerse y levantó la mano imperiosamente hacia
Rosalie. Ella se inclinó de modo que pudiera tocarle la cara. Después de un segundo, la rubia
suspiró.
-¿Qué quiere?-preguntó Seth. Pero Edward se había adelantado y ya iba a coger al niño.
-A mi.
Sonreí ante la fijación que tenía el niño por Edward. Era de agradecer que no me molestara
con lo celoso que yo era.
Todos seguimos con nuestras cosas hasta que el sonido de un motor fuera de la casa nos
hizo mirarnos unos a otros. Pero yo reconocí el origen. Era el Ford de Billy y salí a recibirle a
la puerta.
-Hola Jacob- Emily me abrazó con cariño, pero solo con un brazo, porque en el otro llevaba
una bandeja con sus inconfundibles magdalenas.
Estreché la mano de Sam y recibí una mirada de reproche por parte de mi padre antes de
abrazarle también-hola Jake.
-Hola papá.
-He tenido que enterarme por Sue Clearwater de que ya era abuelo-me reprendió.
-Lo siento...
-Ayudadme a entrar para ver a mi nieto-le importaba un pepino lo que yo le dijera en ese
momento.
-Bienvenido señor Black- Carlisle fue el primero en recibirle una vez dentro. Emily iba detrás
de mi padre, alucinada con la casa.
-Por aquí por favor-pidió Esme que se convirtió en la anfitriona. Reconozco que temía que mi
padre y E.J. se encontrasen, porque todavía era demasiado pequeño. Su pasatiempo favorito
era morder a Seth, y a él no le importaba en lo más mínimo, pero a un humano corriente...no
sé yo.
Supe que a Billy le daría igual que E.J. le mordiera, e incluso que le arrancara la cabeza, en el
mismo instante en que lo vio por primera vez. Allí, en los brazos de Edward, con sus
impresionantes ojos curiosos abiertos de par en par y aquellos hoyuelos marcados en sus
mejillas por la sonrisa.
-Es...es...-no podía describirlo con palabras. Se notaba. Edward tuvo la amabilidad de pasarlo
a los brazos de mi emocionado padre. No me cabía duda de que mi vampiro había advertido a
E.J. que con Billy no podía jugar al mordisco.
-Es increíble- Emily también había caído prendada. Era un efecto que causaba E.J.
-No esperaba que tu me dieras a mi primer nieto, Jacob...-dijo mi padre sin dejar de mirar al
niño. Dos segundos en sus brazos y ya era suyo-pero reconozco que...es maravilloso. Soy
abuelo.
Y más maravilloso le pareció cuando descubrieron de lo que era capaz. Compartieron nuestra
preocupación por su, en principio, irrefrenable crecimiento y se quedaron a pasar lo que
quedaba de tarde con nosotros.
Había sido un buen día. E.J. se quedó dormido en los brazos de Edward y Seth hizo lo propio
en el sofá. Leah en cambio, volvió a casa con Sue esa noche. Lo hacía a menudo, porque no
teníamos demasiadas cosas de las que preocuparnos, la verdad.
Alice entró por la puerta entonces, antes de que el reloj diera la medianoche. Me sorprendió
verla, porque últimamente andaba algo perdida. No hizo nada, no saludó siquiera, sino que
anduvo hacia mi y Edward.
-¿De verdad?-Edward le devolvió la sonrisa y le pasó a E.J. a la par que se daban algo más el
uno al otro que no alcancé a ver-ven Jacob, tengo dos regalos para ti. Uno es de mi parte...-
me cogió de la mano y me sacó de allí.
-¿Te has comprado un coche nuevo?-deseaba tocarlo para ver si era real, pero no quería que
mis dedos dejaran marcas sobre aquella maravilla de cuatro ruedas.
Edward sonreía-escucha Jacob, quiero que tengas muy presente, que no tengo nada en
contra de tu Golf, de verdad que no. Pero ahora eres mi marido, perteneces a nuestra familia y
como tal, te mereces un coche como los nuestros...-me miró expectante y yo a él. ¿Qué
trataba de decir?¿lo que yo creía?. Estiró una de sus manos y me tendió una llave-que lo
disfrutes-dijo sin más.
Quise dar saltos como un crío o hacer algún baile ridículo, pero me contuve. Ese coche dejaba
a mi Golf a la altura del betún. Me alegraba muchísimo, aquello era increíble. Aunque...me
sentía el peor marido del mundo, otra vez.
-Ni lo pienses Jacob- interrumpió Edward- tu me has dado una familia, y ni todos los coches
del mundo o miles de islas podrían compararse a eso.
Mi vampiro, siempre sabía lo que decir. No pude evitarlo, estábamos solos. Le rodeé con los
brazos y le besé. Dejando que mi lengua saboreara aquellos labios que le pertenecían. Ya
probaría el coche en otro momento. Seguramente iría a la reserva y les pondría los dientes
largos a mis amigos, se morirían de envidia y se pelearían para que les dejara conducirlo. Lo
más probable. Pero ahora el vehículo me importaba menos que nada. Allí, sintiendo las manos
de Edward en mi nuca. Su frío aliento mezclándose con el mío...
-¿No puedes dármelo mañana?, se me acaba de ocurrir una idea genial para estrenar el Aston
Martin...
-Seguro que es fabulosa...-rió contra mis labios-pero estoy convencido de que cambiarás de
opinión en cuanto veas el otro regalo.
Bueno, no cambié de idea. Aquello lo llevaría a cabo, claro. Algún día usaría aquel coche
para...ejem. Pero en aquel momento, Edward me volvía a llevar de la mano, aunque ésta vez
íbamos rumbo a alguna parte que desconocía. Seguimos la senda de una vereda desde la
casa de los Cullen a través del bosque hasta que, allí, acurrucada en un pequeño claro, había
una casita de campo hecha de piedra gris lavanda que refulgía a la luz de las estrellas.
Parecía pertenecer a aquel lugar, como si hubiera surgido de la misma roca, como si fuese
una formación natural. La madreselva cubría una de las paredes, un entramado que subía
hasta llegar a cubrir las gruesas tejas de madera. Había un caminito de piedras planas que
resplandecían en la noche con un reflejo de color amatista. Conducían a la pintoresca puerta
de madera en forma de arco.
-Esme pensó que nos gustaría tener un lugar para nosotros solos durante un tiempo, pero no
quería que nos fuéramos demasiado lejos. Le encanta renovar cosas. Este sitio tan pequeño
llevaba casi un siglo cayéndose a pedazos.
-¿Me están regalando esta casa?¿y creen que voy a criticarla?...como se nota que no han
estado en mi casa de la reserva. Es perfecta, simplemente porque es para vivir contigo-dije.
-La idea es que tengamos un poco de tiempo para nosotros...-dijo Edward- con lo que pasó en
la isla Esme...de un tiempo a esta parte, no hemos estado...a solas.
Eso fue todo lo que hizo falta para que desapareciera la casa. Podríamos haber estado en
cualquier otro lugar, No veía ya ni los árboles ni las piedras ni las estrellas. Sólo a Edward.
-Déjame que te enseñe lo que han hecho-me dijo mi vampiro tirando de mi mano.
La corriente eléctrica que recorría mi cuerpo cada vez que me tocaba, seguía allí. Siempre.
Como si tuviera la sangre llena de adrenalina. Con un gesto de invitación, tendió la mano
hacia el picaporte para que yo hiciera los honores de entrar el primero. Metí la llave en la
cerradura y le di la vuelta.
La puerta chirrió de forma casi inaudible y di un paso para adentrarme en un pequeño salón
de piedra. Parecía sacado de uno de los cuentos que Seth contaba a E.J. El suelo era un
desigual edredón de suaves piedras planas. Las paredes eran de cálida madera en algunos
lugares y un mosaico de piedras en otros. La chimenea, colocada en una esquina en forma de
colmena, mostraba los rescoldos de un llameante fuego lento. Lo que se quemaba era madera
de deriva, y por eso las llamas se veían azules y verdes, debido a la sal. Estaba amueblado de
forma ecléctica, con piezas que no conjuntaban entre sí, pero sin perder por ello la armonía.
Una silla tenía un aspecto vagamente medieval, la baja otomana contigua a la chimenea era
de estilo contemporáneo, y la estantería llena de libros situada junto a la ventana más lejana
me recordaba a las películas. De algún modo, cada pieza encajaba con las otras como si fuera
un gran puzzle tridimensional. Había unas cuantas pinturas en las paredes que reconocí como
algunas de la casa grande. Eran valiosos originales, sin duda, pero también parecían
pertenecer a ese lugar, como todo lo demás.
-Tenemos suerte de que Esme pensara en añadir algunas habitaciones de más. Nadie había
planeado que apareciera E.J. cuando nos prometimos-apuntó Edward.
Andamos a través de un estrecho pasillo de piedra con pequeños arcos en el techo, como si
estuviéramos en nuestro propio castillo en miniatura.
Edward entonces sonrió-el armario está detrás de esas puertas dobles. Te lo aviso...es más
grande que esta habitación. Alice te ha construido tu propia tienda de ropa. Nunca volverás a
andar escaso de pantalones-dijo divertido.
Yo ni siquiera eché una ojeada a las puertas. En esos momentos no había nada en el mundo
más que él, con su mano sujetando la mía, con sus labios apenas a centímetros de los míos.
-Le vamos a decir a Alice que salí disparado a ver el armario-dije. Mi mano libre se alzó hasta
enredar mis dedos dentro de su pelo y acerqué mi rostro al suyo. Captó enseguida mis
intenciones y tiró de mi nuca hasta fundirnos en un beso fiero. Escuché un bajo gemido que
brotó de su garganta. Ese sonido lanzó una corriente eléctrica a través de mi cuerpo hasta
ponerme casi frenético, como si no pudiera acercarme a él lo suficiente ni lo bastante rápido.
Escuché cómo se desgarraba la tela bajo nuestras manos. Ambos a tientas, allí, de pie a
pocos pasos de la cama y sin dejar de besarnos ni un instante. Las palmas de sus pálidas
manos acariciaron los músculos de mis brazos y acabaron en mi espalda.
El aire era diferente. Se respiraba de un modo distinto. Nuestros instintos estaban en calma.
Estábamos excitados y, por una vez, cuerdos y bajo control.
Edward se tumbó boca arriba sobre la cama y extendió los brazos hacia mi. No rechacé la
invitación y me tendí sobre él. Me abrazó por el torso mientras yo volvía a besarle
desesperado, saboreando su puro y vívido olor con la lengua. Recordaba la isla Esme y todos
y cada uno de los detalles de la luna de miel. Allí había empezado todo. Allí nos habíamos
descubierto el uno al otro. Habíamos aprendido juntos. Y aquí era como empezar de nuevo.
Una nueva vida. Una vida real en la que todo había cambiado. Nuestra casa...nuestro hijo.
Todo era dulzura y sosiego en aquel dormitorio. Nada se rompió. Edward ni siquiera sacó los
colmillos. Solo eran dos personas amándose. Haciendo el amor.
El sol me dio de lleno en el rostro obligándome a abrir los ojos, pero no me importó, porque
era un maravilloso despertar cuando me di cuenta de dónde reposaba mi cabeza.
Sobre Edward.
Uno de mis brazos rodeaba su cintura y mi cabeza estaba sobre su pecho desnudo. Aferrado
a el.
-¿Tardes?
-Te quedaste dormido hace un rato, ya es por la tarde. De hecho...pronto anochecerá.
-Deberíamos ir a ver a E.J., ha pasado todo el día con los demás. Seguramente se pregunte
dónde estamos.
No tardamos mucho en vestirnos para marchar a la casa grande. Edward no había mentido, el
armario que había hecho Alice...era más grande que nuestro dormitorio. Más bien, habría que
decir que era más grande que toda la cabaña entera.
E.J. estaba sentado en el suelo con Rosalie y Emmett cuidando de el, jugando con una pila de
cacharros de plata estropeados. Tenía una cuchara doblada en la mano derecha. Tan pronto
como vio a Edward a través del cristal, soltó el cubierto con un golpe que dejó marcado el
suelo de madera y señaló imperiosamente en su dirección. Su público se echó a reír. Alice,
Jasper, Esme y Carlisle estaban sentados en el sofá, observándolo como si fuera la más
apasionante de las películas.
Edward cruzó la puerta con rapidez, cubriendo el espacio de un salto y alzándolo del suelo en
un solo segundo. Se sonrieron el uno al otro.
Había cambiado, pero no mucho. Era un poco más alto, y sus proporciones se iban
transformando de las propias de un bebé a las de un niño.
-Os íbamos a llamar-dijo Rosalie- ha estado preguntando por ti-se refería a Edward, claro-
aunque ''exigiendo'' sería una descripción más acertada. Esme ha sacrificado su segundo
mejor servicio de plata para mantener a este pequeño monstruo entretenido-a pesar de lo que
había dicho, sonrió a E.J. con un afecto tan lleno de deleite que la crítica quedó sin sentido-no
queríamos...molestaros.
Pude sentir las carcajadas silenciosas de Emmett a mis espaldas, pero las ignoré y me
acerqué a mi hijo. El niño me sonrió alegre. Y entonces miré a Esme- gracias por la casa. De
verdad, es perfecta.
Emmett se puso a reír de nuevo, pero esta vez no fue en silencio-ah, pero ¿aún continúa en
pie?. Habría jurado que, a estas alturas, la habríais reducido a escombros.
Edward se molestó en responderle, pero yo besé uno de los sonrosados mofletes de mi hijo y
dejé que me tocara la cara con una de sus manitas.
Me mostró todo lo que había hecho ese día, minuto por minuto. Me enseñó como los gorriones
se le habían acercado a saltitos mientras Seth lo tenía en brazos, los dos muy quietos al lado
de uno de los grandes abetos. Los pájaros jamás se hubieran acercado a Rosalie. También vi
la pringosa y rarísima cosa blanca, la fórmula láctea para bebés que Carlisle le había dado,
pero que no le gustaba. Además me contó cosas del día anterior. Edward le había cantado
una canción en voz baja, tan bonita, que E.J. me la reprodujo dos veces.
Tras un rato, sus recuerdos empezaron a volverse borrosos en los bordes y se descentraron
antes de terminarse. Sus párpados temblaron y se cerraron. Bostezó, con sus rosados labios
gordezuelos formando una perfecta "o" y los ojos se le cerraron de forma definitiva. Se le cayó
la mano de mi mejilla mientras se reacomodaba para dormir en los brazos de Edward. Por
curiosidad, levanté de nuevo su manita con cuidado y la apoyé contra mi piel. Al principio
nada, pero luego, después de unos cuantos minutos, aparecieron unos colores fluctuantes,
como un puñado de mariposas que fuera volando entre sus pensamientos.
Hipnotizado, continué observando sus sueños, que no tenían sentido alguno. Sólo colores,
formas y rostros. Me agradó ver lo a menudo que aparecía mi rostro, poco menos que el de
Edward en sus pensamientos inconscientes. Estaba a la par con Seth. Y nos seguía de cerca
Rosalie. Sería capaz de estar observando a E.J. dormir toda la vida.
El paso del tiempo nos trajo más sorpresas inesperadas. Quil y Embry se unieron a mi
manada, aunque Leah continuaba siendo mi segunda al mando. Descubrimos que Bella se
había marchado a Alaska, a la universidad, para poner tanta tierra de por medio como le fuera
posible. Yo, encantado, por supuesto. Y por medio de Seth también fuimos conscientes de
que su madre, Sue, mantenía una relación de algo más que amistad con Charlie Swan.
En cuanto a E.J., continuó creciendo. Pronunció su primera palabra. Fue ''papi'', que debería
haberme hecho feliz todo el día, salvo porque cuando la decía era cuando estaba Edward
presente. A mi me tocó esperar un par de días más, y se refirió a mi como ''papá''. Su primera
frase completa, fue: ¿dónde está el abuelito, papi?. Se refería a Billy que le visitaba cada vez
que podía. La enunció con una clara voz de tenor y al parecer, previamente se lo había
preguntado a Rosalie usando su método de comunicación habitual, pero como ésta no le
contestó, se lo preguntó a Edward. Algo parecido ocurrió cuando caminó por primera vez,
poco más de tres semanas después. Se había quedado mirando a Alice durante un buen rato,
observándola con interés mientras su tía arreglaba ramos de flores en los jarrones dispersos
por la habitación, bailoteando de un lado para otro con los brazos llenos de flores. El niño se
puso en pie, sin tambalearse lo más mínimo, y cruzó la habitación con la misma gracia. Seth
había estallado en aplausos, porque ésa era claramente la reacción deseada por E.J.
Se me hacía raro ver la imprimación desde esa perspectiva, como con Quil. La imprimación en
un niño era compleja. La manera en la que Seth estaba vinculado a mi hijo convertía sus
propias reacciones en algo secundario. Su primer acto reflejo era siempre darle al pequeño
cualquier cosa que necesitara por muy poco razonable que fuese, pero en sus ojos estaba el
mismo pánico que en los nuestros. E.J. seguía creciendo, día tras día.
Edward y Carlisle pasaban horas investigando para buscar respuestas. Con el fin de saber
qué era lo que podíamos esperar. Pero la unión entre un vampiro y un licántropo era tan
exclusiva de nosotros dos, que no encontraban nada ni siquiera remotamente parecido.
Todos los días, Alice y Rosalie comenzaban el día con un desfile de modas. E.J. nunca se
ponía lo mismo dos veces, en parte porque las ropas rápidamente se le quedaban pequeñas y
en parte porque Alice y Rosalie querían crear un álbum de fotos que diera la impresión de
reflejar una infancia de varios años en vez de semanas. Para ello, tomaban miles de
fotografías, documentando cada fase de su crecimiento acelerado.
A los tres meses, E.J. mostraba el aspecto de un niño grande de un año o de uno pequeño de
dos. Para ser exactos, no tenía las formas propias de un niño de esa edad, pues era más
esbelto y más gracioso y guardaba unas proporciones más equilibradas, como las de un
adulto. Su cabello negro azabache lo llevaba en punta, como el mío, de eso se encargaba
Alice. Y era capaz de hablar con una entonación y una gramática impecables, aunque de vez
en cuando, prefería mostrarle a la gente lo que quería mediante su don. No sólo andaba, sino
que también bailaba y corría, incluso sabía leer. Edward tenía que proporcionarle material
nuevo cada dos por tres porque a E.J. no le gustaba repetir las historias antes de irse a
dormir, salvo los cuentos que Seth le contaba a su manera. Según Carlisle, el crecimiento de
su cuerpo iba disminuyendo de forma paulatina, aunque su mente continuaba su prodigioso
salto hacia adelante. Sería un adulto en menos de cuatro años, y un anciano a los quince.
Sólo quince años de vida.
Pero él estaba tan sano, vital, brillante, deslumbrante y feliz. Su evidente bienestar hacía más
fácil para nosotros ser felices a su lado, viviendo el momento, y dejar los problemas del
porvenir para el día de mañana. Edward tenía planeado viajar a Brasil. Los ticunas tenían
leyendas sobre niños como E.J., semimortales. Aunque todo se fue al traste con lo que pasó
poco tiempo después.
Seth, Rosalie, E.J. y yo, habíamos salido juntos de caza. La dieta de sangre animal no era la
favorita del niño, porque prefería la comida humana, pero de vez en cuando notaba esa sed
tan propia de los vampiros y no le quedaba alternativa. Seth no le dejaba solo, sobretodo,
porque lo había convertido en una competición entre ellos dos y eso hacía que Eddy, como
Seth lo llamaba cariñosamente, estuviera más dispuesto a esta sesión de caza que a ninguna
otra cosa. E.J. tenía muy claro el asunto de que cazar humanos no era bueno y tenía una
naturaleza competitiva, que hacía que el reto de vencer a Seth le creara expectación.
-Estoy de año sabático-de eso hacía ya bastante reconozco- retornaré a los estudios cuando
las cosas vayan más despacio...con Ed. No tengo la cabeza para otras cosas. Además no soy
un alumno corriente. Estoy casado y soy padre...me parece que esa época ya pasó.
E.J. estaba observando cómo los copos de nieve revoloteaban por encima de su cabeza. Se
derretían antes de que llegaran a la hierba que amarilleaba el enorme prado con forma de
cabeza de flecha donde nos encontrábamos. Su cabello resplandecía aunque el sol estaba
bien oculto detrás de las nubes. Se agazapó durante un instante y luego saltó a unos cinco
metros de altura por el aire delante de nosotros. Sus manitas atraparon un copo y se dejó caer
con ligereza sobre los pies. Se volvió hacia nosotros con su sorprendente sonrisa, algo a lo
que era imposible acostumbrarse, y abrió la palma de la mano para mostrarnos la estrella de
hielo de ocho puntas perfectamente formada que había cogido antes de que se derritiera.
-Qué bonita-dije.
Seth se le acercó y él rozó el copo de nieve contra su hocico. Divertido al ver lo poco que
tardó en desaparecer con el calor corporal del lobo. Se movían de un modo absolutamente
sincronizado. Le tocó la gran nariz oscura, poniendo una adorable mala cara. Estaba claro que
le decía algo privado.
El estrecho prado estaba muy tranquilo, y desocupado. Los copos revoloteaban y se disolvían
para desaparecer antes de caerme encima. Alice había visto que no llegaría una verdadera
nevada hasta dentro de bastantes semanas. Ahora que Edward y yo teníamos nuestra propia
casa, le era más fácil tener visiones. Por lo general, mi marido siempre venía con el niño a las
expediciones de caza, pero estaba con Carlisle, planeando el viaje a Río.
De forma rutinaria, recorrí con los ojos la ladera de la montaña en busca de presas o peligros.
Fue un impulso automático. O quizás había una razón para mi escaneo, algo imperceptible
que disparó mis sentidos agudos como cuchillas antes de que yo fuera siquiera consciente de
ello. Cuando mis ojos recorrieron el borde de un acantilado distante, que alzaba su contorno
azul grisáceo contra el verde casi negro del bosque, un fulgor plateado, ¿o tal vez dorado?,
atrapó mi atención. Mi mirada se concentró en el color que no debía estar allí, tan lejano en la
bruma. Me quedé observándolo. Ella me devolvió la mirada y no albergué duda de que se
trataba de una vampira. Tenía el pelo de color rubio muy claro, casi plateado. Ése había sido
el resplandor que había captado mi atención, ya que le caía recto, como cortado con una
regla, hasta la altura de la barbilla, partido en dos lados iguales por una raya en medio. Me
contemplaba con un odio infinito, pero era una extraña para mi.
Irina.
Cuando el tenue sonido me llegó, ella ya se había vuelto definitivamente y había desaparecido
en el bosque.
-¡Mierda!-gruñí.
Salí despedido hacia el bosque detrás de E.J. y Seth, preocupado por no tenerles a la vista.
No sabía en qué dirección había partido Irina, o lo furiosa que estaba en esos momentos. Ni
necesité entrar en fase porque, por fortuna, estaban bastante cerca.
-El mío es más grande-insistía Ed cuando me precipité entre los espesos arbustos hasta el
pequeño claro donde estaban. Las orejas de Seth se aplastaron hacia atrás cuando reconoció
mi expresión; se inclinó hacia delante, mostrando los dientes con el hocico ensangrentado
después de la caza. Sus ojos rastrearon el bosque y pude escuchar el rugido que comenzaba
a formarse en su garganta. El niño se puso tan en alerta como Seth. Abandonando el ciervo
muerto a sus pies, saltó a mis brazos que le esperaban y apretó sus manos curiosas contra
mis mejillas.
-Es una reacción exagerada-les aseguré con rapidez-todo va bien, o eso creo. Tranquilos.
-Ven, trae a Carlisle- comenté a Edward- he visto a Irina y ella me ha visto a mi. Creo que iba
a la casa, pero me ha visto y a percibido a Seth, se ha enfurecido y ha huido, creo. No ha
aparecido por aquí, bueno, no todavía, pero parecía bastante enfadada o sea que quizás se
presente en cualquier momento. Y si no es así, Carlisle y tú debéis salir tras ella y hablarle.
-Estaremos ahí en medio minuto-me aseguró Edward y escuché el roce del viento que generó
su carrera.
Cuando Edward apareció con Carlisle, no venían solos. Mi manada al completo había acudido.
Seth les había puesto sobre aviso al detectar el mínimo peligro sobre E.J.
-Estaba allí, en lo alto de aquel acantilado-dije señalándoles el punto exacto. Si Irina estaba
huyendo gozaba ya de una buena ventaja; ¿pararía ella para escuchar a Carlisle?. Su
expresión me hacía pensar que no-quizás deberíais haberles dicho a Emmett y Jasper que
vinieran también con vosotros. Parecía...realmente enfadada.
Seth, empujó mi espalda con la nariz. Quería llevar a E.J. de vuelta a la seguridad de la casa,
sólo por si acaso. Estuvimos de acuerdo con él y nos apresuramos hacia allá.
Carlisle no tuvo suerte. No encontró a Irina y no había ninguna pista suya en kilómetros a la
redonda. Todo había sido mi culpa. Ella había venido para hacer las paces con los Cullen y mi
presencia le había provocado esa reacción. No había mucho que se pudiera hacer. Carlisle
llamó a Tanya con aquellas noticias tan decepcionantes, pero ni ella ni Kate la habían visto
desde nuestra boda. Se quedaron consternadas de que su hermana hubiera estado tan cerca
y no hubiera vuelto a su casa.
Alice pudo captar algunos atisbos del inmediato futuro de Irina, aunque nada demasiado
concreto. No iba a regresar a Denali, y eso era todo lo que la vampira morena podía decir. La
imagen se mostraba nebulosa. Casi todo cuanto había podido entrever era que Irina estaba
visiblemente alterada y que vagaba con una expresión devastada en el rostro por tierras
salvajes barridas por la nieve. Sin tomar ninguna decisión definida sobre qué hacer más allá
de este vagabundeo entristecido sin dirección precisa.
Los días pasaron y aunque por supuesto no olvidé nada, Irina y su dolor se trasladaron al
fondo de mi mente. Había cosas más importantes que pensar en esos momentos. Partiríamos
a Sudamérica en pocos días.
POV. Edward
Ya habíamos repasado cientos de veces hasta el menor de los detalles. Comenzaríamos con
los ticunas, rastreando sus leyendas hasta donde pudiéramos llegar, lo más cerca posible de
sus fuentes. Seth vendría con nosotros, no quería quedarse atrás, y sabía que E.J. necesitaría
de su presencia en tan largo viaje. Jacob era nuestra baza para que los ticunas nos contaran
sus historias, que obviamente, no nos relatarían a los vampiros. Carlisle tenía algunos viejos
amigos en el Amazonas; si éramos capaces de encontrarlos, podrían tener también
información para nosotros. O al menos alguna sugerencia sobre dónde ir para buscar
respuestas. Por mi E.J. iría hasta el fin del mundo sin dudarlo.
Miré a mi hijo. Estaba acurrucado en el sofá, con la respiración más lenta debido al sueño
profundo y la mano debajo de un mullido cojín. Por lo general, Jacob y yo lo llevábamos a la
cabaña para acostarle, pero esa noche, iba a quedarme con Carlisle ultimando detalles, por lo
que me quedé con la familia, mientras Jacob había ido a hablar con Sam para ponerle al tanto
de nuestra ausencia.
Me quedé mirando de nuevo a E.J. y sólo dejé de hacerlo cuando escuché el estrépito que
hizo el jarrón cuando cayó y se destrozó sobre el suelo de mármol de la cocina. Todos nos
quedamos inmóviles con los ojos fijos en la espalda de Alice.
Cuando se giró hacia nosotros, sus ojos estaban en parte aquí y en parte perdidos en el
futuro, dilatados, fijos, llenando de tal modo su rostro delgado que parecía que se le iban a
salir. Mi reacción inmediata fue ir junto a E.J. Lo cogí y lo acuné sobre mi pecho, pero el niño
no pareció percatarse del cambio de superficie.
-¿Qué?-rugió Jasper, saltando a su lado y sacudiéndola con fuerza por los hombros. Yo me
quedé sumido en el terror, la desesperación y la agonía-¿qué es Alice?
Mi mente se llenó de las imágenes de todos ellos. Aro, Cayo, Marco, Jane, Alec...Sabíamos lo
que significaba que vinieran a Forks. No sólo descubrirían la existencia de mi hijo, sino que
además, se enterarían de mi matrimonio con un licántropo. Un sacrilegio. La peor de las
blasfemias. Había sido un iluso. Creía que podría hacerlo todo. Me había resignado a que iba
a ir al infierno de todos modos y había dejado de ser bueno. De hacer lo correcto. Lo que se
suponía que debía hacer por norma. Hice lo que quise, pero Jacob...E.J...ellos eran mi vida
ahora, y estaba amenazada. Estreché el abrazo sobre mi pequeño ángel ajeno a todo.
Los ojos de Alice no pestañearon, fue como si un velo los hubiera cubierto, quedaron
completamente inexpresivos.
-No tardarán mucho-sus palabras aparecían al mismo tiempo que yo las percibía en su mente,
con el mismo pánico-hay nieve en el bosque y en la ciudad. En poco más de un mes.
-Vienen todos-repitió Alice- todos los miembros de su guardia, incluso sus esposas.
-Ellas nunca abandonan la torre-contradijo Jasper- jamás, ni siquiera durante los años de la
rebelión del sur. Ni cuando los vampiros rumanos intentaron derrocarlos. Ni cuando fueron a
cazar a los niños inmortales. Jamás.
-Pero, ¿por qué?-volvió a decir Carlisle- ¡no hemos hecho nada!, y si lo hemos hecho, ¿qué
puede ser que justifique todo eso?
Una parte de mi sabía la respuesta. La sabía y no la sabía. E.J., él era la razón. De algún
modo había sabido desde el principio que vendrían a por él. Mi subconsciente me lo había
advertido antes incluso de que sintiera sus primeras pataditas dentro de mi. Como si de
alguna manera hubiera sabido desde siempre que los Vulturis tenían que venir a llevarse mi
felicidad.
-Ve hacia atrás, Alice- suplicó Jasper- busca lo que ha ocasionado esto, busca.
-Ha venido de la nada, Jazz. No les estaba buscando a ellos, ni siquiera a nosotros, sólo
rastreaba a Irina. Ella no estaba donde yo esperaba que estuviera-su voz se desvaneció con
los ojos perdidos de nuevo. Se quedó mirando a la nada durante un rato largo. Yo contuve el
aliento-ella decidió dirigirse a ellos. Irina acudió a los Vulturis. Y entonces ellos resolvieron...Es
como si la hubiesen estado esperando. Como si ya hubieran tomado la decisión, y sólo
aguardaran por ella...
Sentía el cálido aliento de mi hijo sobre el pecho y de haber podido llorar lo habría hecho-
pensad en lo que Jacob nos contó que pasó esa tarde...¿qué le parecería E.J. a alguien que
hubiera perdido a su madre debido a los niños inmortales?
-Bueno, tampoco podemos huir. No con Demetri alrededor-a Emmett le disgustaba más la
idea de escapar que la de enfrentarse al rastreador de los Vulturis- y no sé por qué no
podemos ganar. Hay unas cuantas opciones a considerar. No vamos a luchar solos-me miró y
me hizo ver la realidad. Pero esa realidad era espeluznante. Jacob y su manada. Seth lucharía
hasta la muerte por E.J., y eso era lo que me preocupaba. La muerte. No iba a llevarlos a ella.
-¿Crees que Jacob no protegerá a su hijo?¿o que Sam pasará por alto una invasión como
esta?, por no mencionar que, gracias a Irina, Aro sabe también ahora lo de nuestra alianza
con los lobos y hasta que te casaste con uno de ellos. Pero pensaba más bien en otros
amigos.
-Otros amigos a los que no tenemos por qué sentenciar a muerte-dijo Carlisle.
-Vale, pues dejémosles a ellos que decidan. No digo que tengan que luchar con nosotros, si
tan sólo se mantuvieran a nuestro lado, justo lo suficiente para hacer dudar a los Vulturis...Tal
vez bastara con que fuéramos capaces de obligarles a hacer un alto y escucharnos, quizá eso
nos permitiera demostrar que no hay motivo alguno para combatir...
-Sí-secundó Esme- eso tiene sentido. Todo lo que necesitamos es que los Vulturis se
detengan un momento, lo suficiente para escuchar.
-Lo que necesitamos es algo así como una exposición de testigos-aportó Rosalie.
Alice se sumergió en su visión de nuevo, pero al cabo de un rato desistió-no puedo ver más.
-No puedo ver más-repitió-debemos separarnos y apresurarnos antes de que la nieve caiga al
suelo. Hay que dar una vuelta por ahí, encontrar al mayor número posible de aliados y traerlos
para enseñarles. Ah, pregunta a Eleazar. Aquí hay mucho más que el asunto de un niño
inmortal. No puedo ver más, Jacob casi ha llegado-cogió a Jasper del brazo y salieron por la
puerta trasera-¡apresuraos!¡debéis encontrarlos a todos!-aclaró antes de desaparecer.
16Sorpresas
POV. Jacob
Incluso a Carlisle le había costado contarnos a Seth y a mi lo que ocurría. El aire se había
vuelto pesado, incómodo. Pasamos un rato como estatuas, mirándonos unos a otros en
silencio, sin saber qué decir o qué hacer. Y Alice no volvió.
No lo dudé y salí corriendo de allí, volviendo a la reserva para hablar con Sam y los demás y
ponerles sobre aviso de que habrían problemas.
Cuando regresé a la casa, ya había amanecido. Los rayos del sol se filtraban por la ventana e
iluminaban la piel de Edward, que seguía inmóvil en el sofá, tal como lo había dejado horas
antes, sujetando a nuestro durmiente pequeño. Me senté a su lado y le miré. Le miré durante
no sé ni cuanto tiempo, mientras él permanecía con los ojos perdidos en algún lugar de la
habitación, hasta que rompió el silencio.
-Alice...-musitó.
-Lleva fuera mucho tiempo...-secundó Rosalie sorprendida, como si acabara de darse cuenta.
-Nunca había tardado tanto-continuó Edward y miró a su padre- Carlisle, ¿no crees que pueda
ser algo...preventivo?¿habrá tenido Alice tiempo de ver si han enviado a alguien a por ella?
Todos se pusieron de pronto en movimiento. Edward tendió a Seth al niño que seguía dormido
y los Cullen salieron como una exhalación por la puerta. Les seguí algo rezagado, porque no
vi oportuno entrar en fase en ese momento.
-Por aquí no hay otro olor que el de Alice y Jasper...-escuché que decía mi marido-¿adónde
habrán ido?
El rastro de ambos vampiros era muy extraño. Se extendía primero al este de la casa, pero
luego se dirigía hacia el norte al otro lado del río, y después de nuevo hacia el oeste durante
unos cuantos kilómetros. Volvimos a cruzar el río, con Edward encabezando nuestra marcha.
Hasta que llegamos al límite de la frontera con la reserva.
Sam apareció entre los árboles, caminando con celeridad hacia nosotros en su forma humana,
pero flanqueado por dos lobos, Jared y Paul. Y como era de esperar, se dirigió a Carlisle.
-Justo después de medianoche, Alice y Jasper vinieron hasta este lugar y pidieron permiso
para cruzar nuestras tierras hasta el océano. Les concedí el permiso y los escolté hasta la
costa yo mismo. Entonces se metieron en el agua y no han regresado. Mientras viajábamos,
Alice me dijo que era de la mayor importancia que no le contara nada a Jacob de que les
había visto hasta que hablara contigo. Debía esperar a que vinieras y darte esta nota. Me dijo
que la obedeciera como si todas nuestras vidas dependieran de ello.
-¿Qué?-chilló Rosalie.
No tratéis de encontrarnos, no hay tiempo que perder. Recordad: Tanya, Siobhan, Amun,
Alistair y todos los nómadas que podáis hallar. Nosotros buscaremos a Peter y Charlotte de
camino. Sentimos muchísimo dejaros de esta manera, sin despedida ni explicaciones, pero es
el único modo de hacerlo. Os queremos.
Volvió a reinar el silencio más absoluto. El rostro de mi Edward era la viva imagen del
desconcierto.
-A pesar de lo que os haya dicho Jacob...-musitó mi marido dirigiéndose a Sam de repente-
esto es algo en lo que no os gustará estar implicados. No dejéis que masacren a vuestras
familias.
-Yo solo les puse sobre aviso, Edward- admití- ellos se apuntan porque quieren. Ya sabes
como son. Simplemente les advertí de que yo lucharía si se daba el caso...y Seth.
-Tenemos una deuda con vosotros-secundó Sam, que ahora miraba a Edward- contigo y con
tu hijo. Ambos sois de los nuestros, y sé que haríais lo mismo por nosotros. No hay más que
hablar.
Carlisle puso una mano en el hombro de Edward- tenemos mucho que hacer, hijo. Sea cual
sea la decisión de Alice, resultaría estúpido no seguir ahora sus recomendaciones. Vayamos a
casa y pongámonos a trabajar. Gracias, Sam.
-Pues yo no voy a rendirme sin luchar-se quejó Emmett de vuelta a la casa- Alice nos ha dicho
lo que tenemos que hacer, así que manos a la obra.
Los demás asentimos con expresiones voluntariosas. Confiando en la oportunidad que Alice
nos había dado, fuera cual fuera. Pelearíamos todos, mi manada, la de Sam, los Cullen...por
E.J. y por asegurarnos un futuro lo más lejano posible. Aunque en nuestro fuero interno,
sabíamos que íbamos a morir. Sin excepciones. Pero pensar en que mis días junto a Edward
estaban contados me acongojaba más de lo que me veía capaz de soportar.
Nada más poner un pie en la casa, todos salieron disparados en varias direcciones. E.J. y
Seth nos miraban con los ojos como platos. Rosalie se cambió de ropa, se puso unos
vaqueros, zapatos de correr y una camisa abotonada de tela gruesa que los mochileros usan
para las excursiones largas. Esme estaba vestida de manera similar. La atmósfera se volvió
entonces más positiva que antes. Les había sentado bien ponerse en marcha.
-Alice dijo que debíamos mostrarle a E.J. a todo el mundo, pero hemos de tener cuidado con
ello-contestó Carlisle- nosotros enviaremos aquí a quien sea que logremos encontrar. Edward,
tú eres el que mejor sabrá sortear este particular campo de minas.
-Aquí tendréis las manos ocupadas-continuó el doctor Cullen- la familia de Tanya llegará aquí
por la mañana, y no tienen ni idea del motivo. Primero, tendrás que persuadirlas para que no
reaccionen del modo en que lo hizo Irina. Segundo, debes averiguar qué era lo que quería
decir Alice respecto a Eleazar. Y después de eso, ¿se quedarán para servirnos como
testigos?. Todo empezará de nuevo cuando los otros vengan...eso, si antes logramos
persuadir a alguien para que venga. Tu trabajo seguramente será el más duro. Nosotros
regresaremos para ayudar en cuanto sea posible.
Carlisle abrazó a Edward durante un momento y luego hizo lo mismo conmigo. Esme le imitó y
Emmett nos dio un puñetazo amistoso en el brazo. Rosalie forzó una sonrisa para Edward y
para mi, le lanzó un beso con un soplo a E.J. y le dedicó una mueca de despedida a Seth.
-No sé si vendrán los amigos de Carlisle. Espero que sí. Suena como si de momento nos
superaran algo en número-le murmuró Seth a mi hijo.
Así que él lo sabía. E.J. entendía ya con toda claridad lo que estaba sucediendo. El lote
completo de ''hombre lobo imprimado dándole todos los caprichos al objeto de su
imprimación'' se había puesto en marcha a gran velocidad. Miré cauteloso su rostro y no me
pareció asustado, sino que conversaba a su modo silencioso con Seth, con ansiedad y muy
serio.
-No, nosotros no podemos ayudar, hemos de quedarnos aquí-continuó Seth- la gente vendrá a
verte a ti, no el escenario de los hechos- E.J. le miró con cara de pocos amigos-no, yo no
debo ir a ninguna parte-dijo, pero miró a Edward-¿o sí?
-Los vampiros que vienen a ayudarnos no son como nosotros-explicó mi marido-la familia de
Tanya es la única, aparte de la nuestra, que siente respeto por la vida humana, e incluso ellas
no aprecian mucho a los licántropos. Quizás las recuerdes de nuestra boda. Aunque sé que
hacen el esfuerzo por ser agradables. La mayoría no saben hasta qué punto está nuestra
familia implicada con los hombres lobo y no sé cómo se lo tomen. Aceptar a E.J. no será fácil
tampoco para ninguno de ellos...
-¿Los niños inmortales eran de verdad tan malos?-preguntó Seth. Me di cuenta de que apretó
el cuerpecito de Ed más contra el suyo.
-No te puedes imaginar la profundidad de las cicatrices que han dejado en la psique colectiva
de los vampiros. De cualquier modo, juzgaremos de oído para ver cómo reaccionan ante él.
E.J. tendrá que estar de incógnito en las próximas semanas. Habrá que quedarse en la
cabaña hasta que se produzca el momento oportuno para presentarlo. La manada debería
mantenerse a una distancia segura de la casa principal- Edward me miró a mi y le di a
entender que no habría problemas.
-Sí. Nuestros amigos más cercanos. En este caso particular, lo más probable es que sea
mejor descubrir nuestras cartas lo antes posible. Seth, puedes quedarte cerca. Tanya también
sabe de tu existencia porque ella y Kate te vieron en la boda-se volvió hacia mi de nuevo-
deberías contarle a Sam lo que está pasando. Pronto habrá extraños en los bosques.
POV. Edward
Miré por la ventana mientras veía a Jacob alejarse y escuché unos pasos ligeros cruzando el
suelo hacia mí.
E.J. quería que lo cogiera y le abrí los brazos. Él saltó para refugiarse en ellos y acunó su
cabeza contra mi cuello. No sabía si podría llegar a soportar esto. Aunque sentía mucho
miedo por mi vida, la de Jacob y la del resto de mi familia y amigos, en nada se parecía al
terror devastador que sentía por mi hijo. Debía haber una manera de salvarlo, incluso aunque
no pudiera hacer otra cosa. De repente, supe que eso era todo lo que quería. El resto podría
soportarlo de no quedar otro remedio, aunque sabía que Aro iría a por mí, sobretodo al no
estar Alice. Pero no podía costarle la vida a E.J. Eso no.
La mano de mi pequeño tocó mi mejilla, aunque sabía que conmigo no era necesario que lo
hiciera. Me mostró mi rostro, el de Jacob, Rosalie, Esme, Carlisle, Alice, Jasper, pasando de
un rostro a otro de nuestra familia con rapidez. Seth y Leah. Sue y Billy. Una y otra vez, una y
otra vez. Agobiados, como estábamos todos aquí. Y sin embargo, él sólo estaba preocupado.
Era de agradecer que Seth le hubiera ahorrado lo peor. Aquella parte según la cual no nos
quedaban esperanzas y cómo íbamos a morir todos al término de un mes. Se detuvo en el
rostro de Alice, confuso y con nostalgia.
-No lo sé-le susurré-pero se trata de Alice, y está haciendo lo correcto, como siempre. Yo
también la echo de menos.
Busqué una expresión que concordara con la pena que sentía en el interior. Tenía los ojos
extraños y secos y pestañeaban ante la sensación de incomodidad. Cuando inspiré de nuevo,
el aire atravesó mi garganta, como si me estuviera ahogando.
E.J. me miró. Sus ojos relumbraron húmedos cuando vio mi cara. Me la acarició sin mostrarme
nada, simplemente tratando de consolarme. Una lágrima se desbordó por la comisura del ojo
del niño. Se la limpié con un beso. Él se tocó sorprendido y después miró la humedad en la
punta de su dedo.
-No llores...-le dije-todo va a salir bien. Tú también estarás bien. Yo encontraré la manera de
salir de todo esto.
Me devané los sesos, porque fuera cual fuera mi estrategia, debía ser a mis propias espaldas,
porque Aro me tocaría y descubriría cualquier cosa que yo planease. Necesitaba a Jacob,
porque Aro jamás se le acercaría, no mientras pudiera evitarlo. Y era muy complicado.
Llevé a E.J. a la cabaña para que durmiera y así mantener alguna apariencia normal en su
vida. Seth estaba más cómodo en su forma de lobo en ese momento. Lidiaba mejor con el
estrés cuando se sentía preparado para luchar y se marchó a montar guardia por los bosques.
Una vez que mi hijo estuvo profundamente dormido, lo puse en su cama y fui a la habitación
de la entrada a esperar a Jacob sentado en el sofá. No tardó en aparecer.
Se quedó plantado en el umbral tras cerrar la puerta tras de si, mirándome con la
incertidumbre escrita en el rostro.
-Jacob, yo...
Cruzó la habitación en lo que pareció un tiempo inexistente. Sólo tuve ocasión de registrar la
feroz expresión de su rostro antes de que sus labios se aplastaran contra los míos y sus
brazos se enredaran a mi alrededor como vigas de acero.
No pude volver a pensar en mis planes en el resto de la noche. Me llevó poco tiempo captar la
razón de ese estado de ánimo e incluso menos sentirme de la misma manera que mi marido.
Había estado pensando que iba a necesitar años para poder aprender a controlar la pasión
física arrolladora que sentía por él. Y después siglos para disfrutarlo, pero si ahora sólo nos
quedaba un mes para estar juntos...bueno, no veía cómo soportar un fin como ése. Por el
momento, no podía hacer otra cosa salvo comportarme de modo egoísta. Tan típico de mi en
los últimos tiempos. Todo lo que quería era amarle cuanto fuera capaz en el tiempo limitado
que se nos había concedido. Porque todo lo que yo tenía dentro, todo lo que yo era, se había
convertido en él. Si yo me marchaba, se lo quedaría todo. Había echado raíces en ese cuerpo
que amaba con todas mis fuerzas.
Me resultó muy duro apartarme de él cuando el sol se alzó, pero teníamos que hacer nuestro
trabajo.
-Pero él no podría comprender la pregunta para contestarla. ¿Crees que nos dejarán que nos
expliquemos?
-No lo sé.
Cogí a E.J., que aún dormía en su cama, y lo sostuve tan cerca de mi que aplasté su cabello
contra mi rostro. Su dulce olor, tan próximo, sobrepasaba cualquier otro.
-¿Cuál dirías tú que es su principal ventaja?¿los Vulturis tienen alguna debilidad conocida?, sé
que la idea no es luchar, pero si se da el caso...me gustaría saber a qué atenernos.
-Alec y Jane son lo mejor que tienen de cara a una ofensiva. Jane puede infligir dolor
psicológico como tortura, hasta matar a quien ella se proponga. Es muy peligrosa, y sádica.
Alec, de algún modo, es un antídoto del poder de su hermana. Pero es incluso peor. Ella te
hace sentir el dolor más intenso que puedas imaginar, pero Alec hace que no sientas nada.
Absolutamente nada. Algunas veces, cuando a los Vulturis les da por ser amables, permiten
que Alec anestesie a quien vayan a ejecutar, siempre que se haya rendido a tiempo o les haya
complacido de alguna otra manera.
-¿Anestesia?¿y por qué eso le hace más peligroso que Jane?-no lo concebía.
-Porque te priva por completo de sensaciones, y no sientes dolor, pero tampoco puedes ver,
oír u oler. Es una total privación sensorial y te quedas solo en la oscuridad. Ni siquiera
experimentas la quemazón de las llamas en la hoguera- Jacob tembló levemente,
imaginándose cómo sería algo así. Me sentí culpable, pero no había modo de suavizar
aquello-eso es lo que le hace tan peligroso como Jane. Ambos pueden incapacitarte,
convertirte en un objetivo indefenso. La diferencia entre ellos es la misma que entre Aro y yo.
Aro escucha la mente de una sola persona por vez y Jane sólo puede hacer daño al objetivo
sobre el que se concentre. Yo soy capaz de oír a todo el mundo al mismo tiempo.
-Sí. Si usa su don contra nosotros, todos nos quedaremos ciegos y sordos hasta que nos
caigan encima para matarnos...y en este caso, quizá simplemente nos quemen en vez de
partirnos en trozos primero. Oh, claro que podemos intentar luchar, pero lo más probable es
que terminemos haciéndonos daño unos a otros antes de que seamos capaces de herirles a
ellos.
-Aún así...-dijo Jacob, de pronto seguro-no hay que darlo todo por perdido.
Alec y Jane me preocupaban, claro. Pero el que más me importaba era Demetri. Si él no
existiera, entonces mi hijo podría huir. Alguien podría escapar con él. Jacob, o Rosalie. Quien
quedara. Demetri era mío. Tenía que serlo. Por Alice también, como muestra de
agradecimiento por los últimos cincuenta años a nuestro lado. No dejaría que siguiera la pista
de mi pequeño y la de mi hermana.
Seth apareció ante nosotros, golpeando con sus patas el suelo helado. Clavó sus ojos en E.J.
-Edward- soltó Jacob- ¿por qué crees que Alice nos dijo que le preguntáramos a Eleazar por
los Vulturis?
-Eleazar conoce todo lo referente a los Vulturis. Se me había olvidado que tú no lo sabías. Él
formó parte de ellos.
-¿Qué?
-Eleazar es una persona muy buena-dije para calmarle-no era del todo feliz con los Vulturis,
pero respetaba la ley y la necesidad de defenderla. Sentía que estaba trabajando por el bien
común y no lamenta nada del tiempo que pasó con ellos, pero cuando se encontró con
Carmen, halló su lugar en el mundo. Son gente muy parecida, ambos son muy compasivos,
para ser vampiros. Se encontraron con Tanya y sus hermanas y nunca miraron hacia atrás.
Tenían madera para este nuevo estilo de vida. Si no se hubieran encontrado nunca con
Tanya, me imagino que habrían descubierto algún día por ellos mismos una manera de vivir
sin sangre humana. No era uno de sus guerreros, pero Eleazar tiene un don que encontraban
conveniente. Él tiene un instinto especial para captar los dones de los demás. Las
capacidades extraordinarias que disfrutan algunos vampiros. Sabía darle a Aro una idea
general de lo que cada vampiro concreto era capaz de hacer sólo con estar en sus
proximidades. Esto era muy conveniente cuando los Vulturis entraban en combate, si alguien
en el aquelarre que se les enfrentaba tenía alguna habilidad que pudiera causarles algún
problema. Pero claro, algo así era poco habitual, debía tratarse de una capacidad realmente
sobresaliente para que supusiera un inconveniente para los Vulturis, ni siquiera durante un
momento. Mas, a menudo, el aviso le servía a Aro para salvar a aquellos enemigos que
pudieran serle de utilidad. Por eso sintió mucho su marcha.
-¿Crees de verdad que podemos hacer que se detengan el tiempo necesario para que nos
escuchen?-me preguntó Seth.
-Si encontramos suficientes amigos que nos apoyen, tal vez...no creo que Tanya tarde mucho
más. Tenemos que estar preparados.
Al final, decidimos esperarles en la entrada de la casa. Jacob lo quiso así, por si tenía que
entrar en fase con rapidez. Yo continué con E.J. en los brazos a pesar de que ya se había
despertado y Seth volvió a su forma humana, pero con la misma idea que el Alfa de su
manada.
E.J. se acomodó pegado a mi cuello, con la mano contra mi mejilla, pero sin imágenes en su
mente. No tenía ninguna imagen de lo que sentía en esos momentos.
-¿Y qué pasará si no les gusto?-susurró y todos nuestros ojos se dirigieron hacia él.
-Ellos no comprenden tu existencia, E.J., porque jamás se han encontrado con nadie como tú.
No existe nadie como tú. El problema está en hacérselo entender.
-No-dijimos Jacob, Seth y yo a la vez. Pero antes de que pudiéramos argumentar algo más,
llegaron en coche los invitados que estábamos esperando. Jacob se puso delante de mi, como
barrera protectora y E.J. ocultó su carita entre mi hombro y mi cuello. Seth también dio unos
pasos hacia adelante, pero algo más atrás de Jacob. Ambos alerta.
-Carlisle nos dijo que necesitaba hablar con nosotros de forma urgente-dijo Tanya mientras se
iban acercando-¿cuál es el problema?¿algún lío con los licántropos?
-No. Ya sabes que nuestra tregua con ellos es más fuerte que nunca.
-¿Vas a invitarnos a entrar o no?-preguntó entre risas Tanya. Estaban a pocos pasos de los
escalones-¿dónde está Carlisle?
-Ninguno de nosotros se encuentra bien Eleazar. Pero al menos físicamente sí. Se encuentra
bien.
-Que toda mi familia corre un peligro muy grave, pero antes de que me explique, os pido que
me prometáis que lo escuchareis todo antes de reaccionar. Os suplico que oigáis toda la
historia primero.
-Cuéntanos en qué consiste el peligro Edward. Lo escucharemos todo antes de juzgar nada-
dijo Tanya.
-Primero quiero que lo veáis por vosotros mismos...-incliné mi cabeza hacia el oído de Jacob
un instante-vigila a Kate- susurré antes de dar un par de pasos al frente y por fin quedé al
descubierto con mi hijo en brazos. E.J. inhaló en profundidad y giró el rostro para mirar a los
recién llegados, con sus pequeños hombros tensos, esperando ser rechazado.
Tanya saltó hacia atrás cuatro pasos, temblorosa, como un humano que se enfrentara a una
serpiente venenosa. Kate puso los ojos como platos, insegura de si seguir los pasos de su
hermana o no. De entre sus dientes apretados brotó un siseo mezcla de sorpresa y miedo.
Eleazar se agazapó delante de Carmen en una postura defensiva.
-¿Cómo has podido Edward?-la ira brillaba en los ojos de Kate-¿es que no sabes lo que esto
significa?-tuve la velocidad suficiente como para pasar el niño de mis brazos a los de Jacob.
En medio segundo tenía a Kate frente a mi, tocándome y haciéndome sentir esas descargas
eléctricas suyas.
POV. Jacob
Todo pasó tan rápido...acababa de coger a Ed y de repente Kate estaba haciéndole daño a mi
marido. Debía entrar en fase, pero mi hijo estaba entre mis brazos...
Vi como Edward empujaba a duras penas a Kate para separarla de él y noté como E.J.
saltaba de mis brazos, impulsándose hacia adelante. Mis manos se quedaron estiradas en el
aire, intentando evitarlo. Pero me paralicé. Todos nos quedamos inmóviles.
Mi hijo, mi pequeño...ya no era tal. Frente a nosotros se mostraba el licántropo más imponente
que había visto jamás, de espeso pelaje blanco resplandeciente y ojos color rojo escarlata.
Gruñía intimidante mostrando los largos colmillos, situado entre una atónita Kate y un
asombrado Edward.
Entonces Edward se convirtió en un borrón y se puso delante de Kate.
-E.J...-musitó con los brazos extendidos. El lobo albino dejó de gruñir y volvió a ser un niño en
cuestión de segundos. Edward se quitó el suéter y se lo puso a E.J. que estaba como había
venido al mundo y sollozaba. Lo cogió en brazos.
-Pues dame otra explicación que te encaje Eleazar. Puedes sentir la calidez de su cuerpo en
el aire. La sangre que corre por sus venas. Además puedes olerlo. Sin mencionar lo que
acabamos de ver todos con nuestros propios ojos.
-No sabíamos que ocurriría. Pasó en nuestra luna de miel. Nos sorprendimos tanto como
vosotros.
-Nunca había oído hablar de una cosa así-replicó Eleazar. Ninguno dejaba de mirar a E.J.
-Las relaciones íntimas entre vampiros y licántropos no son frecuentes-apreció Edward con
algo de humor negro en el tono-fíjate bien Eleazar, seguro que puedes apreciar el parecido.
Pero fue Carmen la que respondió a las palabras de Edward. Dio un paso para salir de detrás
del vampiro, ignorando su advertencia a medias y caminó con cautela hasta permanecer justo
delante de mi marido.
-Parece que tienes los ojos humanos de Edward...-comentó con una voz tranquila y baja
dirigiéndose al niño que la miraba intrigado-pero ciertos detalles en el rostro de Jacob...-y
después, como si no hubiera podido evitarlo, le sonrió.
-¿Te importaría que el mismo E.J. te lo cuente?-pidió Edward- tiene un don para explicar las
cosas.
-¿Hablas, pequeño?
-Sí-respondió con su voz de tenor. Toda la familia de Tanya se estremeció ante el sonido,
salvo Carmen-pero puedo mostrarte más cosas de las que puedo contar.
E.J. le mostró a Carmen su explicación durante un buen rato. El rostro de Edward permaneció
atento mientras observaba.
-Todo.
Pasó otro minuto y la mano de mi hijo cayó del rostro de Carmen, sonriéndole con alegría a la
asombrada vampira.
-Realmente es vuestro hijo, ¿a que sí?-comentó Carmen casi sin aliento, moviendo sus
grandes ojos de color topacio al rostro de Edward-¡que don tan vivo!. Esto sólo podía venir de
un padre igual de bien dotado.
Ella le cogió las manos con las suyas-aunque parezca imposible, Edward no nos ha dicho más
que la verdad. Deja que el niño te lo muestre- empujó un poco a Eleazar y luego asintió a E.J.-
enséñaselo, querido mío.
E.J. sonrió de oreja a oreja, de alegría por la aceptación de Carmen y tocó a Eleazar en la
frente con un toque ligero. Se estremeció cuando el proceso comenzó, pero se quedó quieto,
con los ojos cerrados, concentrado.
-Ahh- suspiró unos minutos más tarde cuando sus ojos se abrieron-ya veo.
-¿Eleazar?-preguntó Tanya.
-Es todo cierto Tanya. No es un niño inmortal, es semivampiro/semilicántropo. Ven, míralo por
ti misma.
En silencio, Tanya acudió a su vez para colocarse delante del niño con ademán precavido y
después Kate, ambas mostrando sorpresa cuando les llegó la primera imagen al contacto de
E.J.; pero luego, en cuanto terminó, parecieron del todo convencidas, igual que Carmen y
Eleazar.
-Gracias por escucharnos-dijo Edward. E.J. por fin parecía cómodo a pesar de que el abrigo
que llevaba le quedaba grande.
-Pero aún existe ese grave peligro del que nos hablaste-dijo Tanya- ya veo que no procede
directamente de este niño, pero entonces ha de proceder de los Vulturis. ¿Cómo han llegado a
saber de él?¿cuándo vendrán?
-El día en que Jacob vio a Irina en las montañas y os llamamos, tenía a E.J. con él.
Kate siseó.
-Imagínate que hubieras visto a E.J. sólo a distancia, y que no te hubieras esperado a oír
nuestra explicación.
-No importa lo que ella haya pensado...vosotros sois nuestra familia-apreció Tanya.
-Ya no hay nada que podamos hacer respecto a la decisión de Irina. Es demasiado tarde.
Alice nos ha dado un mes de plazo. Vienen todos juntos y eso requiere cierta preparación
previa.
-Imposible-repuso Eleazar.
-Alice dijo que se trataba de algo más que un simple castigo por lo que creían que habíamos
hecho. Ella pensó que tú podrías ayudarnos.
Eleazar comenzó a caminar de un lado para otro, incluso cuando entramos en la casa y Seth
se llevó a E.J. para vestirle en condiciones.
-Edward, no importa cuántos amigos consigas reunir- Tanya interrumpió mis pensamientos-no
podemos ayudarte a ganar. Sólo podemos morir contigo. Debes saber eso. Claro, quizás
nosotros cuatro nos lo merecemos después de lo que Irina ha hecho, y después de cómo os
fallamos en el pasado...y esta vez también por el bien del niño-me miró a mi. Con ojos
suplicantes, como si debiera perdonarla. Pero a mi el pasado ya no me importaba en lo más
mínimo. No tenía nada que perdonar.
-No os vamos a pedir que luchéis y muráis con nosotros, Tanya. Ya sabes que Carlisle jamás
solicitaría una cosa así.
-Entonces, ¿cuál es la naturaleza de vuestra petición, Edward?
-Simplemente estamos buscando testigos. Si les podemos detener, aunque sea por un
momento, si dejan que nos expliquemos...-Seth volvió con E.J. que enseguida estiró sus
brazos para que Edward le cogiera-es difícil dudar de nuestra historia cuando lo ves por ti
mismo.
-Yo no soy peligroso en absoluto-intervino E.J.- nunca le he hecho daño al abuelito Billy o a
Sue. Me encantan los humanos. Y los lobos como mi Seth y mi papá.
-Si Irina no hubiera venido tan pronto...-se lamentó Edward- nos podríamos haber evitado todo
esto. E.J. crece a un ritmo sin precedentes. Cuando pase este mes, habrá ganado otro año de
desarrollo.
-Bueno, eso es algo que lograremos atestiguar sin ninguna duda-replicó Carmen- podemos
prometer que le hemos visto madurar por nosotros mismos. ¿Cómo iban a ignorar los Vulturis
una evidencia como ésa?
-Sí, os serviremos de testigos-admitió Tanya- al menos eso sí. Y consideraremos qué otras
cosas hacer.
-Tanya, no esperamos que luchéis con nosotros-recalcó Edward, como si hubiera leído algo
en la mente de la vampira.
-Si los Vulturis no se detienen lo suficiente para escuchar nuestra declaración, no nos vamos a
quedar de brazos cruzados. Aunque claro, yo sólo puedo hablar por mí misma.
-Y yo haré todo lo que pueda para proteger al niño-acordó Carmen. Y luego, como si no se
pudiera resistir, tendió las manos hacia Ed-¿me dejas que te coja, mi precioso bebé?
E.J. se inclinó decidido hacia Carmen, encantado de haber hecho una nueva amiga. La
vampira lo abrazó con fuerza, murmurándole algo.
Sucedió lo mismo que había pasado con Billy, Sam, Emily...con todos y cada uno de los que
se cruzaban en la vida de nuestro hijo. El niño resultaba irresistible. ¿Qué era lo que había en
él que hacía que todos se le rindieran, que les hacía incluso desear entregar sus vidas para
defenderlo?. Durante un momento pensé que lo que estábamos intentando quizá podría
funcionar. Tal vez E.J. lograra lo imposible: ganarse a nuestros enemigos como se había
ganado a nuestros amigos.
-Es como otro don...-me susurró Edward, escuchando mis pensamientos-uno no tan evidente
como su comunicación no verbal.
-Ya no sé lo que es posible y lo que no Jacob- miraba embelesado a nuestro hijo riendo en
brazos de Carmen- me sorprende más día tras día.
Entonces recordé lo que había pasado rato antes-no pude preverlo, Edward. No sabía que
entraría en fase. Su cuerpo ni tembló. Saltó sin más y se transformó en el aire antes de tocar
el suelo.
-Yo tampoco lo vi venir Jacob- secundó- pero esto me da más esperanzas aún. También es de
los vuestros. Piénsalo, no solo es tu hijo, sino que nació para ser de la manada...
-Podría ser. Si los Vulturis nos escuchan lo suficiente, y lo averiguan, deberían dejarle con
vida, porque eso queda fuera de su entendimiento y de sus leyes. E.J. es una completa
novedad. Pertenece a ambos mundos.
-También lo pensé. Se cumple Jacob. Por eso acabamos tú y yo juntos. Por eso nació. La
sangre de Ephraim Black corre por tus venas y por las suyas.
-Tal vez Ed sea el Alfa que vuelva a reunir a las manadas...vaya, yo quedaría por debajo de mi
hijo...-sonreí.
-Aún es un niño, Jacob. Creo que no se dio cuenta de que entró en fase y me parece que se
asustó un poco. Lo mejor es que le hables a solas en cuanto puedas.
-Es especial este pequeñajo- apreció Tanya llamando nuestra atención. E.J. seguía en brazos
de Carmen con Kate revoloteando a su alrededor- difícil de resistir.
-Una familia llena de talentos-murmuró Eleazar, que seguía con su incesante ir y venir.
Tardaba un segundo en ir de la puerta hasta donde estaba Carmen y luego regresar-un padre
lector de mentes, otro padre licántropo y Alfa de una manada, y la magia que sea con la que
este niño extraordinario nos ha hechizado. Me pregunto si hay un nombre para lo que él hace,
o si ésta sería la norma para un híbrido. ¡Como si una cosa como ésta pudiera considerarse
normal!¡vaya, un híbrido de vampiro y licántropo ni más ni menos!-siguió dando vueltas, hasta
que Edward le hizo detenerse.
-Si yo tuviera razón... ni siquiera puedo comprender lo que eso significaría. Cambiaría de
arriba abajo el mundo que hemos creado. Cambiaría incluso el sentido de mi vida, de aquello
a lo que he pertenecido.
-¿Qué es lo que nos hemos perdido, amigo mío?-preguntó Tanya a Eleazar poniéndole la
mano sobre el hombro-tu nunca has hecho nada que merezca que te castigues así a ti mismo.
-¿Ah, no lo he hecho?
Se sacudió la mano y volvió a caminar de un lado a otro, más veloz que antes.
-Él estaba intentando comprender por qué venían tantos de los Vulturis a castigarnos. Siendo
que basta uno de ellos para acabar conmigo sólo por haberme casado con un hombre lobo.
Pero ésta no es la manera que tienen de hacer las cosas. Es verdad que nosotros somos el
aquelarre más maduro y grande con el que han tratado, pero en el pasado otros aquelarres se
han unido para protegerse y nunca han sido un gran reto, a pesar del número que llegaran a
sumar. Nosotros estamos más íntimamente ligados y ése es un factor a tener en cuenta, pero
no el principal. Estaba recordando otras veces en las que algunos aquelarres han sido
castigados, por una cosa u otra, y se le ha ocurrido que hay un patrón. Un patrón que el resto
de la guardia no habrá notado nunca, ya que Eleazar era el encargado de pasar la información
confidencial a Aro, en privado. Un patrón que sólo se repite cada siglo más o menos.
-Aro no suele asistir a las expediciones de castigo-informó Edward- pero en el pasado, cuando
Aro quería algo en particular, no tardaban mucho en encontrarse evidencias de que tal o cual
aquelarre había cometido un crimen imperdonable. Los antiguos decidían en ese caso
acompañar a la guardia para observar cómo se impartía la justicia. Y entonces, cuando el
aquelarre estaba definitivamente destruido, Aro garantizaba el perdón a aquel miembro cuyos
pensamientos, según declaraba él, mostraban un arrepentimiento especial. Ese vampiro,
siempre era el que tenía el don que Aro había admirado. Y a esa persona siempre se le daba
un lugar en la guardia. El vampiro se integraba con rapidez, siempre se sentía agradecido por
el honor concedido. Nunca hubo excepciones.
-Yo fui capaz de marcharme con Carmen-dijo Eleazar y sacudió la cabeza-pero cualquier otra
cosa más débil que el sentimiento que une a las parejas se encuentra en peligro-suspiré un
poco aliviado al escuchar aquello-también es cierto, que las uniones de los demás aquelarres
son más laxas que las de nuestra familia. El abstenernos de sangre humana nos hace más
civilizados y nos permite entablar auténticos lazos de amor. Dudo que pudiera disolver nuestra
alianza, Tanya...lo único que se me ocurre, la razón por la que Aro ha decidido venir por si
mismo, y traer a tanta gente con él, es que su objetivo no sea el castigo sino la adquisición.
Necesita estar aquí para controlar la situación. Lo de tu hijo simplemente le ha dado la excusa
perfecta. Además, de precisar de toda la guardia para protegerse de un aquelarre tan grande y
dotado. Eso dejaría al resto de los antiguos desprotegidos en Volterra y por eso vienen todos
sin excepción.
-En cuanto Aro supo de la existencia de Alice en mis pensamientos, se convirtió en su más
ferviente objetivo-apuntó Edward casi en un susurro.
-Quizá, para privar a Aro de lo que más desea y mantener su poder fuera de sus manos.
-Ni de lejos tanto como a ella. Y claro, dependería de que encontrara un modo de forzarme a
hacer su voluntad. Él me conoce y sabe lo improbable que es eso. Además, apuesto a que
está muy molesto conmigo ahora mismo.
-A estas alturas ya sabe tus debilidades-le dijo Eleazar mirándome-le intrigará el motivo por el
cual dos criaturas tan diferentes acabaron incluso contrayendo matrimonio. Sabes como es.
La novedad le da sentido a su vida.
-Lo que importa es que los Vulturis esperaban algo como esto-dijo Edward, que parecía
nervioso de pronto-por eso Alice vio su decisión incluso antes de que Irina la provocase,
sencillamente porque ya había sido tomada. Pero sea cual sea el objetivo de Aro, no creo que
esté preparado para manchar la reputación de los Vulturis con este asunto. Si podemos
rechazar sus argumentos en nuestra contra, se verá obligado a dejarnos en paz. No hay nada
escrito tampoco sobre que los vampiros y los licántropos no puedan estar juntos.
-Claro-murmuró Tanya.
Entonces escuchamos el sonido de las cubiertas de un coche girando desde la autovía hacia
la entrada de tierra de los Cullen.
-Alice ha enviado a Peter y Charlotte, después de todo-dijo Edward- ha llegado el momento de
prepararse para el siguiente asalto.
Los invitados atestaron la casa grande y habría resultado de lo más incómoda, de no ser,
porque ninguno de los invitados dormía. Aunque la hora de las comidas sí que era un
problema. Era difícil para mi tener que hacer la vista gorda a que asesinaran a humanos dado
que lo hacían fuera de nuestro territorio. Eso era lo peor, pero por lo demás, los vampiros no
eran tan desagradables como me esperaba fuera de los clanes vegetarianos. A mi me
trataban algo mejor que a Seth, al que simplemente ignoraban, como si fuera una mascota
indeseada. Lo mio seguramente, era por ser el marido de Edward.
E.J. tuvo que presentar de nuevo sus recuerdos al menos media docena de veces más tras
los de Denali. Primero para Peter y Charlotte, a quienes Alice y Jasper habían enviado a casa
sin darles ninguna explicación. Aunque estaban al corriente de la regla sobre los niños
inmortales, ni Peter ni Charlotte habían visto jamás uno, de modo que su reacción negativa no
fue tan violenta como la de los vampiros de Denali al principio. Y en esos momentos estaban
tan comprometidos con la tarea de servir de testigos como la familia de Tanya.
Carlisle había enviado amigos desde Irlanda y Egipto. El primero en llegar fue el clan de los
irlandeses y fueron sorprendentemente fáciles de convencer. Siobhan era su líder, una mujer
de inmensa presencia y cuerpo enorme. Pero tanto ella como su compañero de rostro duro,
Liam, estaban más que acostumbrados a confiar en el juicio del miembro más joven del
aquelarre, la pequeña Maggie, con sus elásticos rizos pelirrojos, no tenía una presencia física
tan imponente, aunque tenía el don de saber cuándo se le mentía y sus veredictos nunca se
discutían. Maggie declaró que Edward decía la verdad, así que Siobhan y Liam aceptaron la
historia incluso antes de tocar a E.J.
Amun y los otros vampiros egipcios fueron harina de otro costal. A pesar de que los dos
miembros más jóvenes de su aquelarre, Benjamin y Tia, quedaron convencidos por la
explicación de E.J., Amun rehusó tocarlo y ordenó a su aquelarre que se marchara. Benjamin,
un vampiro extrañamente jovial que parecía apenas mayor que un niño y tan seguro de si
mismo como despreocupado, persuadió a Amun de que se quedara con unas cuantas
amenazas sutiles de disolver su alianza. El cabecilla de su aquelarre no se marchó, pero
continuó negándose a tocar a E.J. y no permitió que tampoco lo hiciera su compañera, Kebi.
Vi cómo Eleazar miraba a Benjamin con ojos abiertos como platos y supuse que tenía un
talento que atraía a los otros hacia él.
-No es eso-me contó Edward cuando estuvimos a solas esa noche en nuestra cabaña-su don
es tan singular que a Amun le aterroriza perderlo. Igual que nosotros planeamos mantener a
E.J. fuera del conocimiento de Aro, él ha intentado reservarlo apartado de su atención. Amun
creó a Benjamin a sabiendas de que iba a ser especial.
-Algo que Eleazar no había visto nunca antes. Algo de lo que nunca habíamos oído hablar
siquiera. Puede influir en los elementos de la naturaleza: tierra, viento, agua y fuego.
Hablamos de una manipulación física real, nada de ilusiones de la mente. Benjamin aún está
experimentando con ello y Amun pretende moldearlo para convertirlo en un arma, pero ya ves
lo independiente que es.
Seth, que se había convertido en guardaespaldas a tiempo completo de Ed, apareció con el
niño en brazos. Le molestaba mucho que su imprimación pasara horas y horas en compañía
de otros y poco tiempo en la suya.
-Jacob, ¿porqué no bañas a E.J. mientras yo preparo algo para cenar?-dijo Edward
desapareciendo en la cocina.
Cogí al niño y Seth me miró suplicante, para acompañarme. Pero quería aprovechar y hacer
algo- Seth, ve a la cocina con Edward ¿quieres?, tengo que hablar con Ed- un poco
disgustado, siguió a mi marido.
E.J. era el niño pequeño más responsable del mundo. Se quitó la ropa él mismo y dejó que le
metiera en la bañera llena de agua tibia sin rechistar. Le gustaba ver el movimiento que hacían
los amarillos patitos de goma flotando sobre la superficie entre la espuma. Eso le entretenía.
-¿Te agradan los vampiros que hay en casa, Ed?-me arrodillé junto a la bañera.
-Sí-dijo divertido hundiendo un pato que volvía a salir con rapidez- Carmen y Benjamin son
muy buenos conmigo. También Kate, Tanya y Eleazar. Todos me gustan.
-Oye, Ed...hay algo de lo que te quería hablar. Algo que pasó hace unos días.
-¿El qué?
-Kate le hizo algo a papi...-admitió. Me tocó la mejilla y me mostró el momento con precisión.
-¿Ah si?
-Sí. Un lobo muy grande. Impresionante. ¿No recuerdas si sentiste algo al hacerlo?, porque si
hay algo que quieras saber o...
-Sentí calor. Aquí-dijo y se llevó una mano al pecho- papi estaba en peligro y quise protegerle.
-¿Te asustaste?
-Al contrario, me encanta. Serás un gran Alfa algún día Ed, estoy convencido.
-Pero eso eres tú.
-Eres el mejor Alfa papá-dijo sonriente, con sus hermosos hoyuelos en las mejillas.
POV. Jacob
Emmett y Rosalie enviaron individuos sueltos, cualquiera de los amigos nómadas de Carlisle
que pudieron localizar.
El primero en acudir fue Garrett, un vampiro larguirucho, de ademanes impacientes, ojos del
color del rubí y una melena rubia que anudaba a la nuca con una cuerda de cuero.
Rápidamente, llegué a la conclusión de que era un aventurero. Mary y Randall también
vinieron y eran amigas ya, aunque no viajaban juntas. Escucharon la historia de E.J. y se
quedaron para atestiguar, igual que los demás. Consideraban su actuación en el caso de que
los Vulturis no se detuvieran a escuchar explicaciones. Los tres nómadas jugaban con la idea
de permanecer con nosotros.
Carlisle y Esme regresaron al cabo de una semana, mientras que Emmett y Rosalie lo hicieron
unos cuantos días más tarde. Todos nos sentimos mejor cuando llegaron a casa. Carlisle trajo
con él un amigo más. Alistair era un vampiro inglés introvertido que contaba con Carlisle como
su relación más cercana, aunque apenas podía soportar más de una visita al siglo. Alistair
prefería con diferencia vagabundear a solas y Carlisle tuvo que recordarle un montón de
favores que le había hecho para conseguir que viniera. Rechazaba toda compañía y quedó
claro que no tenía muchos admiradores entre los aquelarres reunidos. El inquietante vampiro
de pelo negro creyó en la palabra de Carlisle sobre el origen de E.J., pero rehusó, como
Amun, tocar al niño. Edward nos dijo a Carlisle, Esme y a mi que Alistair tenía miedo de estar
allí, pero más aún temía no conocer el resultado de este asunto. Recelaba profundamente de
todo tipo de autoridad, y en especial era suspicaz respecto a los Vulturis.
Y entonces llegaron otro par de amigos inesperados. Inesperados, porque ni Carlisle ni Esme
habían podido ponerse en contacto con las vampiras del Amazonas.
Eran dos mujeres muy altas y de aspecto salvaje. Saludó la de mayor estatura de las dos.
Parecía como si ambas hubieran sido estiradas, con sus piernas y brazos largos, largos
dedos, largas trenzas negras y caras alargadas con narices alargadas también. No llevaban
nada más que pieles de animales, túnicas amplias y pantalones ceñidos que se ataban a los
lados con correas de cuero. No sólo eran sus ropas excéntricas las que les daban ese aspecto
salvaje, sino todo lo que les rodeaba, desde sus incansables ojos de color escarlata a sus
movimientos súbitos y apresurados. Nunca había visto unos vampiros menos civilizados.
Pero las había enviado Alice, y eso eran noticias interesantes. Alice andaba por Sudamérica
pues.
-¡Zafrina, Senna!, pero ¿dónde está Kachiri?-preguntó Carlisle- nunca os había visto a las tres
separadas.
-Alice nos dijo que necesitábamos separarnos-contestó Zafrina con una voz ruda y grave-es
muy incómodo estar así, pero Alice nos aseguró que nos necesitabais aquí, mientras que ella
necesitaba mucho a Kachiri en otro lugar. Eso fue todo lo que pudo decirnos.
Edward les trajo a E.J. para que lo conocieran, y a pesar de su fiera apariencia, escucharon
con gran tranquilidad nuestra historia y después permitieron que el niño les ofreciera su
prueba. Quedaron igual de encantadas con mi hijo que todos los demás vampiros, pero no
pude evitar preocuparme cuando observé sus súbitos y rápidos movimientos tan cerca de él.
Senna siempre estaba próxima a Zafrina, aunque nunca hablaba. Parecía como si fueran dos
extremidades del mismo organismo y Zafrina representara la boca. Edward estaba
emocionado de tener a las vampiras del Amazonas con nosotros, porque Zafrina poseía un
talento muy desarrollado, y su don podía ser un arma ofensiva muy peligrosa. No es que
Edward fuera a pedirle a Zafrina que se alineara con nosotros en la batalla, pero si los Vulturis
no se detenían cuando vieran a nuestros testigos, quizá pararan por un motivo diferente.
-Es una ilusión muy impactante-me explicó Edward al notar mi curiosidad por Zafrina- puede
hacer que la gente vea lo que ella quiera, y vea eso nada más. Por ejemplo, justo ahora tengo
la sensación de estar en mitad de la selva- los ojos de mi vampiro se desconcentraron
ligeramente y entonces yo también pude ver lo que él veía. Resultaba tan nítido, que era difícil
no creérselo-impresionante.
E.J. estaba fascinado por la conversación, y tendió los brazos sin miedo a Zafrina.
Zafrina asintió y vi como Seth se movía nervioso al ver como los ojos de E.J. miraban al vacío.
Hasta que su asombrosa sonrisa no le iluminó el rostro, Seth no se relajó.
-Más-ordenó el niño.
Después de eso resultó difícil mantener a E.J. lejos de Zafrina y sus ''dibujitos bonitos''. Los
días seguían pasando. Los vampiros y mi manada nos entrenábamos en tácticas de batalla
por si acaso. Y sobre todos pendía la duda de qué pasaría. El fin se acercaba.
Edward salió disparado hacia la casa y la mayoría de nosotros le imitamos. Yo le seguí con
E.J. aferrado a mi espalda.
-Las palabras vuelan-contestó otra voz diferente, que sonaba como un murmullo, igual que la
primera-hemos oído por ahí que los Vulturis se estaban organizando para ir a por vosotros.
Hay rumores también de que no estaréis solos. Como es obvio, los rumores son ciertos. Ésta
es una reunión de lo más impresionante.
-No estamos desafiando a los Vulturis- repuso Carlisle tenso-ha habido algún malentendido,
eso es todo. Y uno muy serio, a decir verdad, pero que confiamos en ser capaces de aclarar
en su momento. Lo que estáis viendo son testigos nada más, porque sólo necesitamos que los
Vulturis nos escuchen.
-No nos preocupa lo que digan que habéis hecho, y nos da igual si habéis incumplido la ley.
Hemos estado esperando un milenio y medio para que alguien desafiara a esa escoria de los
Vulturis- continuó el primero-si hay alguna oportunidad de que caigan, queremos estar aquí
para verlo. O incluso para ayudar a derrotarlos. Creemos que tienes una posibilidad de éxito.
-Jacob, trae a E.J. por favor-pidió mi marido-quizá deberíamos poner a prueba la petición de
nuestros visitantes rumanos.
Me ayudó saber que probablemente la mitad de los vampiros que había en la otra habitación
saldrían en defensa de Ed si estos rumanos se sentían molestos por él. No me gustaba el
sonido de sus voces o la oscura amenaza que destilaban sus palabras. Pero no era el único
que los percibía así. La mayoría de los vampiros los miraban con ojos hostiles y unos cuantos
cambiaron con ligereza de postura, adoptando posiciones defensivas entre los recién llegados
y E.J.
Los vampiros de la puerta eran esbeltos y bajos, uno con el pelo oscuro y el otro con el pelo
de un tono ceniza tan claro que casi parecía gris pálido. Su piel tenía aspecto polvoriento. Sus
ojos agudos, pequeños, eran de un color borgoña oscuro. Llevaban simples ropas oscuras,
que podían pasar por modernas aunque con aspecto de pasadas de moda. El de pelo oscuro
sonrió cuando yo aparecí a la vista, pero no a mi. A mi hijo.
-Vaya, vaya, Carlisle, pero qué chicos más malos habéis sido ¿eh?
Seth iba tan pegado a mi que podían haberle confundido con mi sombra.
-Entonces sois bienvenidos como observadores, Vladimir, pero nuestro plan no es para nada
desafiar a los Vulturis, como también hemos dicho antes-apreció Carlisle.
POV. Edward
Al final, habíamos conseguido reunir diecisiete testigos: los irlandeses, Siobhan, Liam y
Maggie; los egipcios, Amun, Kebi, Benjamin y Tia; las del Amazonas, Zafrina y Senna; los
rumanos, Vladimir y Stefan; y los nómadas, Peter y Charlotte, Garrett, Alistair, Mary y Randall,
además de los once miembros de nuestra familia, contando como tales a Tanya, Kate, Eleazar
y Carmen. Pero eran más si los juntábamos con los diez licántropos que ignorarían nuestras
peticiones y se presentarían con nosotros en el lugar de la asamblea.
Era difícil, ante tal situación, no adquirir un poco de esperanza. Si tan solo los Vulturis nos
concedían dos segundos...
-Billy, todavía tenemos aquí ese tipo de compañía de la que te hablé. Soy consciente de que
ha pasado más de una semana desde que viste a Ed, pero no es buena idea que nos visites
ahora. ¿Qué te parece si te lo llevamos?-preguntó Jacob incómodo a su padre por teléfono
una lluviosa mañana, después de que éste le acribillara a llamadas día si y otro también-hoy
nos va genial...te veo en un rato-colgó y me miró apenado. Lo siento, ya no podía posponerlo
más.
-Me parece bien. Podemos dejar a Seth y a E.J. en casa de Billy...-quería estar a solas con
Jacob y esto sería la excusa perfecta.
Jacob cogió su Aston Martin. Yo me senté en el asiento del copiloto y Seth con E.J. detrás.
-Drácula Uno y Drácula Dos son espeluz-taculares- dijo Seth divertido refiriéndose a los
rumanos.
E.J. sacudió la cabeza, pero no dijo nada, ya que a diferencia de los demás, encontraba a los
rumanos extrañamente fascinantes. Hizo incluso el esfuerzo de hablarles en voz alta, ya que
ellos no habían permitido que él los tocara. Les hizo una pregunta acerca de su piel, tan poco
habitual. Ellos no se molestaron por su interés, sino se mostraron algo
compungidos. Estuvimos sentados inmóviles durante mucho tiempo, niño. Nos sentamos en
nuestros tronos y nos creímos dioses. No nos dimos cuenta durante mucho tiempo de que
estábamos transformándonos, casi petrificándonos. Supongo que los Vulturis nos hicieron un
favor cuando quemaron nuestros castillos. Fue la respuesta de Vladimir.
-¡Hola chicos!-la televisión estaba encendida y se giró hacia nosotros en cuanto pusimos un
pie dentro de la casa. E.J. corrió a sus brazos tras quitarle yo su chubasquero celeste-¡parece
que han pasado años!¡mírate, Ed!
-Hola abuelito- dijo el niño cariñoso encaramándose sobre sus piernas y sentándose encima
de sus muslos.
-Te juro que has crecido quince centímetros y pareces más delgado, Ed.
-Hola, Sue- dije. La mujer estaba cocinando. Pollo con tomate, ajo y queso. Nos hizo un
ademán con la cabeza sonriente en cuanto sintió un beso en la mejilla de parte de su hijo-
Billy...-miré a Jacob- ¿te importa cuidar a E.J. un rato?, Jacob y yo tenemos que hacer
algunos recados.
-¿De compras navideñas?-nos guiñó un ojo-ya sabéis que os quedan pocos días.
-Si, las compras de navidad-mentí. Eso explicaba el olor a espuma de embalaje que había por
toda la casa. Billy había sacado los viejos adornos navideños.
-Sí abuelito.
Jacob no dijo nada cuando le pedí ser yo el que condujera. Ni parecía preocupado por mi
actitud a pesar de que acabamos deteniéndonos en un paraje de lo más alejado a Forks.
Apagué el motor y dejé las llaves puestas en el contacto.
-Quiero que me escuches, Jacob...-dije. Él se revolvió en el asiento para quedar de cara a mi.
-¿Qué pasa?
-Necesito de tu completa colaboración-sabía que no sería fácil para él, pero no me quedaba
elección alguna-sé que todos tenemos una confianza renovada ahora que todos esos
vampiros están en la casa, pero ambos sabemos que eso no es ninguna garantía-asintió-por
eso he estado pensando en una alternativa. Un plan por si los Vulturis nos ignoran e intentan
acabar con E.J.
-¿Podría salvarse?
-Te escucho.
-En el supuesto caso de que los Vulturis nos hagan caso...Aro querrá hablar conmigo el
primero. Porque por medio de mi, sabrá muchas cosas incluso de los demás. Leerá en mi
mente todo lo que yo haya leído de los otros. Verá los motivos que me empujaron a casarme
contigo y no tendrá ninguna duda de que E.J. nació como lo hizo. Pero también vería este
plan, y ahí es donde tú entras en juego. Aro no te tocará. Los Vulturis sienten una especial
aversión por los licántropos.
-Menos eso. No pondré distancia de por medio mientras a ti...-desvió la mirada y tembló
ligeramente.
-Sé lo que me dices, Edward, de verdad-me miró. No me di cuenta hasta ese momento lo
mucho que había madurado su rostro. Parecía un adulto realmente-quiero proteger a Ed, lo
deseo más que nada en el mundo, pero sabes que no puedo dejarte solo en una situación
como esa.
-¿Y qué hay de Seth?, él daría la vida por Ed también sin dudar. Hará lo que sea sin mirar
atrás.
No negaba que había pensado en esa opción también. Pero ya que para mi no había salida,
quería que al menos mi marido y mi hijo si la tuvieran. Aunque la determinación de Jacob era
tan firme, que pronto me di por vencido.
-¿Seth lo hará?
-Fijo.
Suspiré-está bien. Pero escúchame con atención, porque a partir de ahora, el plan pasa a tus
manos-asintió de nuevo, ávido de saber. Yo solté su mano y abrí la guantera-ten-él cogió lo
que yo le daba y le echó un vistazo alucinado-es el pasaporte de E.J...el tuyo tendré que
cambiarlo, en un par de días a más tardar-extendí un mapamundi que tenía doblado-quiero
que escojas cinco lugares lo más lejos posible de aquí. Cinco, seis, veinte, los que quieras. No
me los digas, intentaré leer tu mente lo menos posible Jacob. Cada lugar que elijas, lo
escribes en un papel y lo metes en un sobre. En casa, en la cabaña, en un rincón del armario
hay una mochila roja cargada de dinero. En billetes grandes. Hay además un número de
cuenta a nombre de E.J., puede disponer de ella en cualquier momento gracias a los
contactos que tiene Carlisle en el banco y una carta en la que le explico todo, para que no
dude de que le queremos infinitamente-la cara de Jacob mostraba lo asombrado que estaba,
pero no perdía detalle-el día de la batalla, quiero que vayas a la cabaña, cojas esa mochila,
hables con Seth y le digas lo que tiene que hacer. Le des a elegir un sobre cerrado con un
destino al azar y exígele que lleve a E.J. allí. Que no abra el sobre hasta que no haya llegado
al aeropuerto. Y para que sea mejor aún, una vez que llegue a donde quiera que sea...que se
aleje un poco más. ¿De acuerdo?. No les faltará de nada, nunca. ¿Vale?
-Desde que Alice tuvo la visión. Mi idea era que te fueras tú. Tú y él.
Negué con la cabeza también porque decirlo en voz alta era demasiado duro-al menos sé que
yo probablemente no. Ni Carlisle.
Soltó lo que tenía entre las manos y se inclinó hacia mi. Abrazándome con fuerza.
-Una vez te dije...que lucharía por ti cada segundo de mi vida...-susurró cerca de mi oído-
hasta que mi corazón dejara de latir. Y pienso cumplirlo...porque si tú...si tú dejaras de existir,
Edward...ése sería mi final. No podría vivir sin lo que me hace ser quien soy. No podría
continuar sin la razón por la que puedo respirar.
POV. Jacob
-Va a ser la primera navidad de Ed...y no podremos celebrarla...-dije tumbado boca arriba en
la cama. En nuestro dormitorio. Habíamos estado todo el día fuera y cuando pasamos a
buscar a nuestro hijo a casa de Billy, ya estaba dormido. Al llegar lo dejamos en la cama y
Seth se fue a su cuarto.
-Yo tengo un regalo para él. Una fruslería sin importancia-me dijo Edward. Entró en el armario
y escuché que sacaba algo de un cajón. Poco después, me pasó un objeto que estaba dentro
de una bolsita de terciopelo azul-es una antigüedad.
Le di la vuelta a la bolsita y sobre la palma de mi mano cayó un reloj de bolsillo. Era plateado,
reluciente, engastado en una larga cadena y con un curioso grabado en la tapa. Una B y una
C entrelazadas con una caligrafía muy hermosa y delicada. En la parte trasera, había una
inscripción en lo que me parecía francés. Abrí el pequeño pestillo y miré dentro. Estaba en
hora y al otro lado de la tapa había una fotografía circular. De nosotros tres.
-Esta foto la sacó Esme- aprecié recordándolo en el acto. Fue a los pocos días de nacer Ed,
pero aparentaba tener un mes y sonreía sentado en medio de Edward y de mi.
La esperanza comenzó a ausentarse de nuestra casa conforme pasaban los días. Los
vampiros estaban más silenciosos y dubitativos. Más ensimismados en sus propios
pensamientos, quizás asomándose cada vez más al abismo que se acercaba. Edward tocaba
el piano para distraer su mente y yo entrenaba con los que se apuntaban conmigo, porque me
negaba a que ese fuera nuestro final. Me negaba a que ese fuera su final. Si yo moría y
Edward vivía, me iría feliz.
Edward, Ed, Seth y yo fuimos a ver a Billy el día de navidad. Mi manada al completo estaba
allí, además de Sam, Emily y Sue. Era una gran ayuda su presencia, porque la actitud de mis
camaradas era de excitación y emoción por la batalla, cosa que se te contagiaba casi sin
querer.
E.J. llevaba colgado del cuello el reloj que Edward le había dado al amanecer y en el bolsillo
de su sudadera blanca, el reproductor de MP3 que decidimos regalarle. Una cosa diminuta
capaz de albergar cinco mil canciones, con todas sus favoritas. Era difícil saber qué darle a un
niño que tenía de todo y no era como los demás críos de su edad, pero acertamos, porque
estaba encantado. En la muñeca tenía la versión quileute intrincadamente trenzada de un
anillo de compromiso. Era una pulsera que Seth se había esmerado en hacerle. Era negra con
trazos castaños, e incluso con algunas tonalidades de marrón más claras, como su pelaje de
lobo. Dolía saber que pronto, muy pronto, se lo entregaríamos a Seth para que lo pusiera a
salvo.
Edward nos había salvado el día encargando un regalo para mi padre también. Había
aparecido con un nuevo sistema de sónar para pesca con el que Billy quedó entusiasmado y
con el que aseguraba, chincharía a Charlie Swan. Comimos la deliciosa y abundante comida
de Sue, reímos como jamás creí que volvería a hacerlo y cuando llegó la hora oportuna,
volvimos a la casa.
No había nada inusual en el exterior de la casa de los Cullen cuando aparcamos en el prado,
pero se podía escuchar alguna clase de tenue alboroto en el interior. Muchas voces
murmuraban y gruñían a la vez. Sonaba con intensidad y de forma parecida a una discusión.
Pude distinguir la voz de Carlisle y la de Amun con más frecuencia que las de los demás.
Me sorprendió, pero lo que pasó después lo hizo aún más. Puesto que la marcha de Alistair
removió algo en los vampiros allí reunidos y decidieron que plantarían cara y lucharían contra
los Vulturis antes de que los masacraran y se quedaran con aquellos cuyos dones fueran de
su agrado. Y como el momento se aproximaba, decidimos quedarnos unas cuantas noches
fuera, sólo por si acaso, en el gran claro, el que usaban los Cullen para jugar al béisbol y Alice
había distinguido en su visión. Todos sabíamos que vendrían el día en que la nieve cubriera el
suelo por primera vez. No queríamos que los Vulturis se acercaran mucho a la ciudad y el tal
Demetri los llevaría con facilidad adonde nos encontrábamos. Me pregunté a quién rastrearía,
y adiviné que sería a Edward.
A lo largo de la mañana, temprano, los demás fueron reuniéndose. Llevaban en los ojos una
muestra muda de sus preparativos. Justo después de que nos reuniéramos todos,
escuchamos a los lobos desplazándose por el bosque. Seth salió de la tienda, dejando a Ed
dormir un poco más. Yo miré a Edward antes de marcharme con mis congéneres.
Te amo.
POV. Edward
-Te amo-respondí a la vez que Jacob se dio media vuelta y salió corriendo.
Esperé a que E.J. se despertara y cuando lo hizo, le ayudé a vestirse con las ropas que había
preparado cuidadosamente dos días antes. Un jersey con capucha de color oscuro y unos
pantalones resistentes, tanto como para no estropearse, incluso aunque alguien los fuera a
llevar montado encima de un hombre lobo gigante.
Abrió los ojos como platos cuando leyó la agonía que mostraba mi rostro. No podía
esconderla. Hoy sería el último día que quizás viera su hermosa carita. Pero él había
adivinado lo suficiente para no preguntarme.
-Te quiero-le dije mientras terminaba de atarle el cordón de una de las zapatillas-más que a
nada en el mundo.
-Yo también te quiero, papi- contestó él y tocó el reloj de bolsillo que volvía a tener colgado del
cuello-siempre estaremos juntos.
-Sí, siempre estaremos juntos en nuestros corazones-dije con un susurro tan bajo como un
suspiro-pero cuando hoy llegue el momento, tienes que dejarme.
Sus ojos se abrieron aún más y me puso la mano en la mejilla. Su silenciosa negativa fue más
fuerte que si la hubiera proclamado a voces.
Llegaron con gran pompa y se alinearon de forma rígida y formal, producto de siglos de
práctica. Unas figuras vestidas de gris se posicionaron en los flancos y los que vestían de
negro, avanzaron por el centro. Progresaban con deliberada lentitud, sin prisa ni tensión o
ansiedad. No demostraron asombro ni consternación ante el variopinto grupo de vampiros que
los esperábamos. Eran treinta y dos efectivos en total, sin contar a las esposas que
permanecían en la retaguardia.
-Se acercan los casacas rojas, se acercan los casacas rojas-musitó Garrett entre risas y se
acercó un paso a Kate.
-Ahí están las damas y toda la guardia-contestó Stefan- míralos, todos juntitos. Hicimos bien
en no intentarlo en Volterra.
Y entonces, otro grupo inmenso comenzó a ocupar las posiciones detrás de los Vulturis. Eran
cuarenta y tantos vampiros. Sus propios testigos del sacrilegio que, a su juicio, habíamos
realizado los Cullen. El tema de los niños inmortales había levantado muchas ampollas por
todo el globo, no cabía duda. Esa turba sería la responsable de atestiguar que se había
puesto fin al crimen una vez que estuviéramos muertos y también de abogar por los cabecillas
italianos que simplemente se habrían limitado a actuar con imparcialidad.
Identifiqué a Irina entre la multitud. Dudosa de si mantenerse con los Vulturis o reunirse con
sus hermanas. Miraba con horror a Tanya sólo por ser capaz de permanecer en nuestro
bando.
Peiné la línea rival con la vista. Aro y Cayo se daban la mano, evaluando la situación con las
miradas clavadas en E.J. y en mi. Continué y no muy lejos de ellos, atisbé a Alec y a Jane,
junto a Marco y flanqueados al otro lado por Demetri. Alec y Jane se mostraban confiados, no
obstante eran los gemelos brujos, la piedra angular de la ofensiva de los Vulturis.
-No están muy seguros de cómo proceder-reconocí-sopesan las opciones y eligen los
objetivos clave. Eleazar, Tanya y tú, por descontado, y yo mismo. Marco está valorando la
fuerza de nuestras ataduras. No puede concebir lo que hay entre Jacob y yo. Y les preocupan
sobremanera los rostros que no identifican, Zafrina y Senna, sobretodo y los lobos,
obviamente. Nunca antes se habían visto sobrepasados en número. Eso es lo que les detiene.
Mi padre se alejó varios pasos de nuestra línea defensiva. Extendió los brazos y puso las
palmas hacia arriba, a modo de bienvenida.
Aro avanzó desde el centro de la formación enemiga, con su escudo Renata, pisándole los
talones. Un gruñido apagado cruzó las filas de los Vulturis. Aro alzó una mano a fin de
contenerlos.
-Paz-dijo y anduvo unos pocos pasos más-hermosas palabras, Carlisle. Parecen fuera de
lugar si consideramos el ejército que has reclutado para matarnos a mí y a mis allegados.
Carlisle sacudió la cabeza en negación-basta con que toques mi palma para saber que jamás
fue esa mi intención-dijo extendiendo la mano en su dirección-no he cometido el crimen por el
que me vas a sentenciar.
-Hazte a un lado en tal caso y déjanos castigar a los responsables-su mirada se clavó en mi-
de veras Carlisle, nada me complacería más que respetar tu vida en el día de hoy.
-Nadie ha roto la ley Aro, deja que te lo explique-insistió Carlisle ofreciéndole de nuevo su
mano.
-Vemos al crío, Carlisle- refunfuñó Cayo poniéndose junto a Aro- no nos tomes por idiotas.
-Si él no es uno de los prohibidos...-atajó Cayo de nuevo-entonces, dime, ¿por qué has
reclutado un batallón para defenderlo?
-Son testigos como los que tú has traído, Cayo- Carlisle señaló con un gesto de la cabeza a la
horda de vampiros-cualquiera de esos amigos puede declarar la verdad acerca de ese niño, y
también puedes verlo por ti mismo. Cayo, observa el flujo de la sangre por sus mejillas.
Irina le miró con fijeza y desconcierto. Uno de los guardaespaldas se colocó junto a ella y le
propinó un empujón. Ella parpadeó dos veces y luego echó a andar en dirección a Cayo. Se
detuvo a unos metros de este, todavía sin apartar los ojos de sus hermanas. Cayo salvó la
distancia existente y le cruzó la cara de una bofetada. El tortazo lejos de dolerle, le hizo sentir
humillada.
Cayo señaló a E.J. con uno de sus dedos engarfiados. El niño seguía colgado a mi espalda,
con los dedos hundidos en mi camisa.
-¿Es ése el crío que viste?-inquirió Cayo- el que era manifiestamente más que humano...
Irina miró a mi hijo, estudiándolo por primera vez desde que pisó el claro. Ladeó la cabeza con
la confusión escrita en las facciones.
-¿Qué quieres decir con eso?-por la mente de Cayo pasó la idea de volver a abofetearla.
-No es igual, aunque creo que podría ser él, es decir, me parece que lo es, pero ha cambiado.
El que vi no era tan grande como ése...
Cayo jadeó entre dientes. Aro se acercó a el y le puso una mano en el hombro-sosiégate,
hermano. No hay necesidad de apresurarse. Ahora, dulzura...-miró a Irina- muéstrame qué
intentas decir.
Ella le tomó la mano y pudo ver lo mismo que ella aquel desafortunado día.
-Al parecer tenemos un misterio entre manos-dijo Aro soltando la mano de la vampira y
volviéndose hacia Carlisle- da la impresión de que el niño ha crecido a pesar de que el primer
recuerdo de Irina correspondía indiscutiblemente al de un inmortal. ¡Qué curioso!-eso me dio
ánimos. Cuando Aro sentía curiosidad, había posibilidades de supervivencia.
-Esto es justo lo que intentaba explicar-repuso Carlisle y tendió la mano una vez más.
-Preferiría la versión de algún protagonista de la historia, amigo mío-yo. Justo como lo había
esperado-el mejor medio de conseguirlo, es ese prodigio de hijo tuyo- Jacob apretó con más
fuerza mi mano-asumo cierta participación por su parte a juzgar por como se aferra el niño a
él.
Aro le miró. Impresionado de que un licántropo tuviera tal sentimiento protector hacia un
vampiro.
Cuando tuve delante al cabecilla de los Vulturis, me detuve y extendí el brazo. No tardó
demasiado en cogerme de la mano ignorando la queja de Jacob, que enseñaba los dientes.
Podía notar la permanente atención de Jane sobre mi, a la espera de la más mínima orden en
mi contra. Aro cerró los ojos y sintió la excitación al recibir tanta información de golpe. Ahora
estaba al corriente de todo, sin excepciones. Tardó minutos que parecieron eternos. Cuando
volvió a abrir los ojos, no los despegó de mi.
-¿Lo ves?-pregunté aparentando calma. Él estaba atónito, intentando buscarle algún sentido a
la realidad que acababa de ver y seguía si soltar mi mano.
-Si, ya veo, ya-respondió, mostrando esa sonrisa suya ante los descubrimientos-dudo que
nunca se hayan visto las cosas con tanta claridad entre dos dioses o dos mortales. Me has
dado mucho en lo que pensar, joven amigo, no esperaba tanto-miró a Jacob- aunque confieso
que es repugnante la simple idea de vuestro romance. Si pudiera dormir, tendría pesadillas
durante siglos-eso era un ataque en nuestra contra. Al verlo todo en mi mente, cabía esperar
algo así. Pero le interesaba otra cosa por encima de lo demás-no soy capaz de concebir una
cosa como esa. Un vampiro. Un ser muerto por dentro, es fascinante que haya sido capaz
de...¿puedo conocerle?-me soltó casi suplicante y miró a mi hijo, a lo lejos-en toda mi vida
jamás habría imaginado la existencia de una criatura semejante. Menudo apéndice a nuestras
historias...-le disgustaba la idea de que E.J. se convirtiera en licántropo, pero le fascinaba su
mera presencia y sus cualidades vampíricas-¿vas a presentarme a tu hijo?
Asentí a regañadientes, porque no me quedaba alternativa. Nos jugábamos todo a una carta.
Me pasó un brazo por encima del hombro, y anduvo conmigo hasta donde estaban los demás
miembros de mi familia y amigos. Pero nos detuvimos a la mitad del camino. Felix, Jane, Alec
y Demetri se unieron a Aro, como guardaespaldas. Un reticente Seth con mi hijo en brazos, y
un sonriente Emmett, se acercaron hacia mi y Jacob.
-Oigo el latido de su extraño corazón-murmuró con emoción creciente Aro. Miraba alucinado a
mi hijo, que se aferraba con fuerza al pecho de Seth- huelo su extraño efluvio.
Tuve que ser yo quien cogiera al niño y lo separase de los brazos de Seth.
-Fascinante-escuché decir en voz baja a Alec, que recibió una mirada horrorizada de su
hermana.
-Hola, Edward Jacob- continuó Aro. E.J. me miró y yo asentí.
-Hola, Aro- dijo el niño con esa voz suya tan armoniosa.
-Mitad vampiro, mitad licántropo- anunció Aro sin apartar la mirada del niño-éste híbrido fue
concebido por nuestro estimado Edward y su compañero cánido.
-¿Acaso los crees capaces de engañarme, hermano?- Aro se lo estaba pasando en grande.
Nunca se había topado con nada semejante. Cayo dio un respingo-¿también es una treta el
latido de su corazón?¿o el verde de sus ojos?
Cayo torció el gesto y se sintió tan mortificado como si las amables preguntas de Aro hubieran
sido bofetadas.
-Obremos con calma y cuidado, hermano-le advirtió Aro todavía sonriendo a E.J.-conozco bien
tu amor por la justicia, pero no es preciso aplicarla contra este pequeño por razón de su
origen, y en cambio es mucho lo que queda por aprender de él. Hemos venido esperando sólo
justicia y la tristeza de una amistad traicionada, y ¡mira lo que nos hemos ganado a cambio!.
Un nuevo y deslumbrante conocimiento sobre nosotros mismos y nuestras posibilidades.
Aro le tendió la mano a mi hijo, pero no era lo que él deseaba. Se inclinó hacia adelante y se
estiró hasta tocar el rostro del vampiro con las yemas de los dedos. La sonrisa de éste se
ensanchó y suspiró de satisfacción.
-Brillante-musitó.
-Naturalmente que no tengo intención de herir a tus seres queridos, mi precioso Edward
Jacob- respondió Aro transformando su sonrisa de excitación en una amable. Entonces miró a
mi marido y barrió con la mirada a los demás licántropos, incluso a Seth. Mi hijo había
implorado por la seguridad de todos y cada uno de los allí presentes.
-No nos pertenecen Aro- aclaré al leer su mente-no acatan nuestras órdenes como tú crees.
-No hay ninguna ley que me prohíba estar con Jacob- aclaré, porque ese tema se tocaría
tarde o temprano.
POV. Jacob
En cuanto Aro se reunió con los suyos, Edward inició una retirada inmediata, empujando
levemente a Seth y Emmett. Retrocedimos a toda prisa sin apartar la mirada de la amenaza
en ciernes. Yo no podía evitarlo, anduve más lento que los demás con la pelambrera erizada y
enseñándole los dientes a Aro. Quería que se diera por aludido y esperaba que, dado que
había visto todo en la mente de mi marido, le quedase claro lo que podía implicar un ataque
hacia él por su parte.
Solo nos separaban cincuenta metros ahora y pudimos escuchar como Cayo discutía con Aro.
-¿Cómo soportas semejante infamia?-se puso con los brazos en jarras-¿por qué
permanecemos aquí mano sobre mano ante un crimen tan espantoso, burlados por una
engañifa tan ridícula?
-Porque es la verdad hasta la última palabra-dijo Aro sin parecer afectado-observa el número
de testigos. Todos ellos están en condiciones de dar testimonio. Han visto a ese niño crecer y
madurar en el breve tiempo que le han conocido. Todos ellos se han percatado del calor de la
sangre que corre por sus venas. Además, hermano, ten en cuenta la otra cara de la moneda.
No es sólo hijo de Edward.
-Los hombres lobo...-murmuró Cayo con rabia contenida-¿también vas a defender esa alianza,
Aro?. Los Hijos de la Luna han sido nuestros más acérrimos enemigos desde el alba de los
tiempos. Les hemos dado caza hasta prácticamente extinguirlos en Europa y Asia; a pesar de
ello, los Cullen dispensan un trato de familiaridad a esa inmensa plaga, sin duda en un intento
de derrocarnos más adelante, lo que sea para proteger su corrupto estilo de vida.
Mi Edward carraspeó, llamando la atención del Vulturi- estamos en pleno mediodía, Cayo-
apreció-resulta claro que no son Hijos de la Luna. No guardan relación alguna con tus
enemigos de allende los mares. Estos son metamorfos.
-Aquí criáis mutantes-fue su respuesta y miró a Edward con ojos iracundos-no sé cómo no se
te cae la cara de vergüenza después de lo que has hecho. Casarte con una escoria como
esa...dejar que algo así te toque...
Edward gruñó y enseñó los dientes, pero no pudo replicar porque Aro lo hizo por él-
hermano...tus miedos no tienen sentido en esta situación. Los Cullen no usan a los
metamorfos como arma. Los consideran familia. Luchan a su lado por lealtad y afecto. Nos
parece inconcebible, lo sé, pero mira lo que ha pasado. Ha nacido una criatura única y
especial. Tan alucinante...
Ella alzó la vista, sorprendida en un primer momento y luego asustada. Cayo chasqueó los
dedos y la vampira se le acercó vacilante-has cometido un grave error en tus acusaciones, o
eso parece.
-Lo siento-dijo ella en voz baja. Kate y Tanya dieron un paso al frente, ansiosas-quizá debería
haberme asegurado de lo que vi, pero no tenía ni idea...
-Mi querido Cayo-dijo Aro-¿cómo puedes esperar que ella adivinara en un instante algo tan
extraño e improbable?. Cualquiera de nosotros habría supuesto lo mismo.
-Todos estamos al tanto de tu error- Cayo seguía mirando a Irina e ignoró el comentario de
Aro- yo me refiero a tus motivos.
-¿Mis motivos?
-Sí, para empezar, ¿por qué viniste a espiarlos?. Estabas molesta con los Cullen, ¿me
equivoco?
Aún no había terminado de hablar y Cayo ya había alzado una mano, sostenía en ella un
extraño objeto metálico tallado y ornamentado. Se trataba de una señal, y la reacción llegó tan
deprisa que todos nos quedamos atónitos y sin dar crédito a nuestros ojos mientras sucedía.
Todo terminó antes de que tuviéramos tiempo para reaccionar.
Tres soldados Vulturis se adelantaron de un salto y cayeron sobre Irina, cuya figura quedó
oculta por las capas grises. Cayo serpenteó sobre la nieve hasta llegar al centro de la masa
grisácea. El estridente sonido se convirtió en un volcán de centellas y lenguas de fuego. Los
soldados se apartaron de aquel repentino infierno de llamaradas y regresaron a sus
posiciones en la línea perfectamente formada. Cayo se quedó solo junto a los restos en llamas
de Irina. El objeto metálico de su mano todavía chorreaba lenguas de fuego sobre la pira.
-Ahora sí ha asumido por completo la responsabilidad de sus acciones-aseguró Cayo con una
fría sonrisa. Y me di cuenta de que lo había hecho para provocar la batalla. Edward también
se percató y fue el primero en gritar.
Kate lanzó un aullido inarticulado y echó a correr. La más próxima a ella era Rosalie, pero
recibió tal porrazo que cayó al suelo antes de tener tiempo de hacerle una llave. Por suerte,
Emmett la aferró por el brazo y le impidió continuar. Pero ella se escabulló y rodó sobre sí
misma. Parecía imparable, hasta que Garrett se abalanzó sobre ella y la tiró al suelo. Le rodeó
el torso y los brazos en un abrazo y engarfió los dedos alrededor de sus propias muñecas a fin
de inmovilizarla del todo.
-Zafrina- gritó Edward. Kate puso los ojos en blanco y sus gritos se convirtieron en gemidos.
Tanya dejó de forcejear.
-Escuchadme, Tanya, Kate- pidió Carlisle- la venganza ya no va a ayudarla. Irina no habría
deseado que despilfarrarais la vida de esa manera. Meditad las consecuencias de vuestros
actos. Si atacáis ahora, moriremos todos.
-Irina ha sido castigada por levantar falsos testimonios contra ese niño. ¿No deberíamos
volver al asunto principal, Cayo?. Me gustaría hablar con unos cuantos testigos, por simple
perfeccionismo- no pasé por alto que la sonrisa de Cayo recuperó ese punto cruel. Edward
siseó y cerró los puños.
Aro interrogó a Amun, que dio testimonio de que E.J. había crecido durante el tiempo que
habían estado con nosotros. Después de eso, él y Kebi se marcharon sin mirar atrás. Luego
fue a por Siobhan, que defendió a nuestro hijo como la que más y Garrett secundó sus
aportaciones.
-No se ha quebrantado ley alguna. Ahora bien, ¿podemos deducir de eso la ausencia de
peligro?. Es algo único, una fusión de especies nunca antes vista y desconocemos por
completo la evolución futura. Admito que es adorable la criatura...y sería un despilfarro acabar
con él- Seth bufó rabioso y no tardó en entrar en fase y cubrir a E.J. con su cuerpo-pero existe
un peligro imposible de ignorar, así de simple. Nos es indiferente si pertenece a ambos
mundos, lo lamento. Pero podríamos exponernos ante los humanos por su culpa, podría
convertirse en una amenaza. Intuimos el potencial de esta criatura tan...sorprendente. Él sabe
con absoluta certeza que siempre va a poder permanecer oculto tras el velo de oscuridad que
nos protege, pero nosotros nada sabemos sobre qué clase de criatura va a ser él en su edad
adulta. Hasta sus propios padres están llenos de dudas. No hay forma de conocer cuál será su
naturaleza al crecer. Únicamente lo conocido es seguro y aceptable. Lo desconocido
es...vulnerabilidad.
-Haya paz, amigo. No nos precipitemos. Contemplemos el problema desde todos los ángulos.
Aro nos dio la espalda y se puso de cara a sus dos hermanos. Los tres se tomaron de las
manos hasta formar un triángulo. Estaban deliberando.
-Yo también te quiero. Más que a mi propia vida-respondió él. Yo solté un quejido mientras
Edward besaba la frente de Ed. Entonces se acercó a Seth y le habló-espera a que estén
distraídos para huir con él. Vete lo más lejos posible. Cuando te hayas distanciado lo
suficiente podrás salir de fase. E.J. lleva todo lo que necesitáis-rodeó el cuerpo del niño y le
abrazó con fuera. Yo solo pude acariciarle con el morro a modo de despedida. Luego Edward
lo alzó y lo sentó sobre el lomo de Seth- no podría confiarlo al cuidado de nadie más-dijo mi
vampiro al lobo color arena-sé lo mucho que lo quieres y tu capacidad para cuidar de él- Seth
soltó un aullido lastimero y agachó la cabeza para frotarle el brazo-lo sé-musitó Edward
acariciándole la cabeza- adiós Seth, hermano mío..., hijo mío...
Edward volvió la vista al frente donde los Vulturis seguían deliberando y hundió los dedos en
mi espeso pelaje, en el cuello. Esme se puso junto a Carlisle y le dio la mano. De pronto, nos
vimos rodeados por una sucesión de palabras de despedida y frases de cariño dichas a media
voz.
-Te seguiré adonde quieras si sobrevivimos a esto, mujer-le aseguró Garrett a Kate con un
susurro.
Rosalie y Emmett intercambiaron un beso rápido, pero cargado de pasión. Tia acarició el
semblante de Benjamin; éste le devolvió una sonrisa con alegría, le tomó la mano y la sostuvo
junto a su mejilla. Y yo...
POV. Edward
Estaba demasiado compungido para expresar mi amor por mi marido, así que lo único que
pude hacer, fue apretar parte de su pelaje en un puño.
La guardia al completo nos observaba. Inmóviles. A la espera. Una espera que no tardó
demasiado, porque Aro, Cayo y Marco soltaron sus manos y nos miraron.
-Antes de votar...-empezó Aro- no tiene por qué haber violencia sea cual sea la decisión del
concilio, os lo recuerdo- no pude evitar soltar una carcajada apagada y Aro me miró con
tristeza-la muerte de cualquiera de vosotros sería una pérdida lamentable para nuestra raza,
pero sobre todo en tu caso, joven Edward. Los Vulturis acogeríamos de buen grado a muchos
de vosotros en nuestras filas. Benjamin, Zafrina, Kate. Se os ofrecen muchas alternativas.
Consideradlas- recorrió con la vista nuestras filas en busca del menor indicio de vacilación,
pero sólo encontró resolución en nuestros ojos-en tal caso, votemos.
-El crío es una incógnita y no existe razón para tolerar la existencia de semejante riesgo-se
apresuró en contestar Cayo-debemos destruirle a él y a todos cuantos le protejan.
Marco alzó los ojos colmados de desinterés-no veo un peligro tan inmediato a pesar de la
sangre que corre por sus venas. El chico es bastante seguro por ahora. Siempre podemos
evaluarlo otra vez más adelante. Dejémosles ir en paz.
-Según tú, el peligro potencial de mi hijo radica en nuestra imposibilidad para determinar en
qué va a convertirse cuando haya terminado su desarrollo. ¿Es ése el quid de la cuestión?
-Exacto, amigo mío. Si pudiéramos estar completamente seguros de que cuando crezca va a
ser capaz de mantenerse a salvo del mundo humano y no poner en peligro la seguridad de
nuestra reserva...Si hubiera alguna forma de tener una certeza absoluta, entonces, no habría
nada que debatir.
Aro entornó los ojos-él es único. Sólo podemos aventurar en qué se va a convertir.
Alice apareció en el claro desde el suroeste, seguida de Jasper y Kachiri. Junto a ellos corrían
dos desconocidos. Uno era una mujer de tez olivácea con una larga coleta de pelo negro
agitándose sin cesar a su espalda. Y a su lado un joven de piel morena y brillante. Sus
movimientos no eran tan rápidos ni tan elegantes como los de sus acompañantes. Nos
examinó con los ojos de un color semejante al de la madera clara. Tenía el pelo negro y lo
recogía con una coleta, al igual que la mujer, pero no tan larga.
-Alice ha buscado sus propios testigos durante semanas-aclaré a Aro- y no ha regresado con
las manos vacías. ¿Por qué no nos los presentas, hermana?
-Me llamo Huilen. Hace siglo y medio, yo vivía con mi tribu, los mapuches. Mi hermana tenía
una piel blanca como la nieve y por ese motivo mis padres la llamaron Pire, ''nieve'' en nuestra
lengua. Un día me contó que se le había aparecido un ángel en el bosque y que acudía a
visitarla por las noches. Estaba como hechizada y no hizo caso a mis advertencias. Cuando
estuvo segura de que la semilla del ángel oscuro crecía en su interior, me lo dijo. Pire comía
carne cruda y se bebía la sangre de las piezas que yo le cazaba, puesto que se iba quedando
sin fuerzas. Ella sentía verdadera adoración por su hijo incluso antes de nacer y lo llamó
Nahuel, ''puma'' en mapuche. No logré salvar a Pire. El niño se abrió paso desde el vientre
para salir. Ella murió desangrada enseguida. Él me mordió mientras intentaba sacarle del
cuerpo de su madre y me alejé adolorida del cuerpo sin vida de mi hermana. Cuando
desperté, Nahuel estaba aovillado junto a mí, dormido. Cuidé de él hasta que fue capaz de
cazar por su cuenta. Nunca nos hemos alejado de nuestro hogar hasta ahora, pero Nahuel
deseaba conocer al niño.
-Me nutro de sangre casi siempre, pero también como comida humana y puedo sobrevivir sólo
con eso.
-Yo, sí-eso no me preocupaba. Aro había visto al tocarme, que E.J. no tenía esa capacidad.
Estaba más que demostrado cuando mordía a Seth en sus juegos infantiles. Como esperaba,
Cayo se dirigió a mi.
-No-respondí y Aro no replicó. Nahuel alzó bruscamente la cabeza y sus ojos buscaron mi
rostro.
Tras unos instantes en los que el silencio más absoluto reinó en el claro, Aro habló con voz
suave.
-No parece haber peligro alguno. Estamos ante un desarrollo inusual, pero no veo la amenaza.
Cierto que sangre lupina corre por las venas de nuestro encantador Edward Jacob, pero
también es verdad que está en una familia con las normas bien establecidas. Da la impresión
de que estos niños semivampiros...se parecen bastante a nosotros.
-Me alegra que esto haya podido resolverse sin necesidad de apelar a la violencia-aseguró-
Carlisle, amigo mío, ¡cuánto me alegra poderte llamar amigo otra vez!. Espero que no haya
resentimiento. Sé que tú comprendes la pesada carga del deber que hay sobre nuestros
hombros.
-Ve en paz, Aro-dijo mi padre-haz el favor de recordar que nosotros debemos mantener el
anonimato y la reserva en estas tierras, de modo que no dejes que tu guardia cace en esta
región.
-Tal vez, con el tiempo, y si demuestras que vuelves a ser nuestro amigo.
Aro inclinó la cabeza y se deslizó hacia atrás antes de darse la vuelta. Y en silencio
contemplamos como el último de los Vulturis desaparecía entre los árboles.
-Se han rendido-musité aún absorto en la lejanía-y ahora escapan como matones apaleados.
Y entonces, todo estalló. Se produjo una explosión de júbilo. Aullidos de desafío y gritos de
alegría llenaron el claro. Maggie se puso a pegar golpes en la espalda de Siobhan. Rosalie y
Emmett se dieron otro beso, esta vez más prolongado y ardiente que el anterior. Benjamin y
Tia se abrazaron, al igual que Carmen y Eleazar. Esme mantuvo sujetos a Alice y a Jasper
entre sus brazos. Carlisle se puso a agradecer efusivamente a los recién llegados de
Sudamérica que nos hubieran salvado la vida. Kachiri permaneció cerca de Zafrina y Senna,
cuyos dedos estaban entrelazados. Garrett alzó en vilo a Kate y se puso a darle vueltas en
círculo.
Yo retiré a mi hijo del lomo de Seth y le estreché contra mi pecho mientras Jacob nos rodeaba
con su enorme cuerpo sin dejar de sonreír.
Nuestro hijo estaría con nosotros para siempre, igual que Nahuel, no envejecería jamás. La
felicidad se extendió en mi interior como la onda expansiva de una explosión.
POV. Jacob
Vladimir y Stefan habían desaparecido antes de que hubiéramos dejado de celebrarlo. Ambos
estaban de lo más decepcionados con el giro final de los acontecimientos, aunque Edward
aseguraba que habían disfrutado de la cobardía de los Vulturis lo bastante como para
endulzarles la frustración. Benjamin y Tia enseguida se pusieron a seguir el rastro de Amun y
Kebi, ansiosos por hacerles saber el feliz desenlace del conflicto. Estaba seguro de volver a
verlos, al menos a Benjamin y a Tia...Ninguno de los nómadas se demoró demasiado. Peter y
Charlotte mantuvieron una breve conversación con Jasper antes de marcharse también.
-Seremos grandes amigos, Eddy- aseguró la indómita mujer antes de partir en compañía de
sus hermanas.
Huilen y Nahuel fueron los únicos en quedarse. Carlisle se sumió en una intensa conversación
con Huilen, y estaba fascinado. Nahuel permanecía sentado junto a ella, escuchando mientras
Edward nos contaba a los demás el resto de la historia del conflicto, cuyas interioridades sólo
él conocía. Yo le sujetaba por la cintura, sintiendo los coletazos del estrés que habíamos
vivido. Sentía que nunca más podría separar mi cuerpo del suyo.
-Aro sabía que en cuanto comenzara el combate, con Zafrina de nuestro lado, eran ellos
quienes iban a quedarse ciegos. Estoy seguro de que hubiéramos sufrido unas pérdidas
terribles, pero las suyas no habrían sido menores, y existía una alta posibilidad de que ellos
perdieran.
-Resulta difícil sentirte cómodo cuando estás rodeado por hombres lobo del tamaño de un
caballo-espetó Emmett mientras me palmeaba el brazo, lo que me provocó una sonrisa.
-Lo primero que les detuvo fueron los lobos-admitió Edward- era una imagen que jamás
habían presenciado. Los verdaderos Hijos de la Luna no se mueven en manadas y no suelen
tener mucho control de sí mismos. Diecisiete enormes lobos disciplinados era una sorpresita
para la que no estaban preparados. De hecho, a Cayo le aterran los licántropos. Estuvo a
punto de perder un enfrentamiento con uno de ellos hace unos miles de años y no lo ha
olvidado jamás.
Reí sonoramente acompañado por Alice, que estaba debajo de uno de los brazos de Edward.
La había retenido allí y ella se había dejado. Ambos se habían echado mucho de menos. En
tales circunstancias, no sé cómo me di cuenta de la constante mirada de Nahuel sobre mi
marido.
Lo pasé por alto porque me sentía fatigado. Notaba en los huesos que el día había sido
demasiado largo e intenso. Añoraba un poco de paz, algo de tranquilidad. Quería que Ed
descansara en su propia cama y sentir las paredes de mi casita alrededor. Edward me leyó la
mente.
-Quizá sea buena idea-secundé. El niño dormitaba en brazos de Seth, que estaba echándose
una cabezada en un sillón individual.
Besamos y abrazamos a todos los miembros de nuestra familia antes de darles las buenas
noches. Nahuel volvió a ser la única nota discordante. Nos miró con fijeza, como si deseara
seguirnos.
Palmeé el hombro de Seth que abrió los ojos en el acto y los cuatro nos fuimos a la cabaña.
Seth se encargó de acostar al niño y Edward y yo fuimos a nuestro dormitorio.
-Debo reconocer que en este momento Seth me tiene muy impresionado-dijo Edward mientras
se quitaba con parsimonia la camiseta y la ponía en el respaldo de una silla. Yo estaba
sentado al borde de la cama mirándole embelesado.
-¿Por?
-No ha pensado en todo el día que, de acuerdo con lo expuesto por Nahuel, E.J. habrá
alcanzado su plena madurez en sólo seis años y medio.
-Ni le ve de ese modo ni tiene prisa por que crezca. Únicamente desea su felicidad.
-Lo sé, como te he dicho, es impresionante. Me entusiasma que sea Seth el destino de
nuestro hijo. Nunca había conocido una mente tan genuina como la suya.
-Va a tener competidores por los que preocuparse cuando llegue el momento, por supuesto-
dijo Edward acercándose a pasos demasiado lentos.
-No te sigo.
-Toda su vida, y tiene cincuenta años más que yo...se ha acostumbrado a pensar en él como
una criatura diabólica, un asesino por naturaleza. Mató a su madre al nacer y se odiaba a sí
mismo por ello. Entonces llega y nos ve a nosotros tres, y comprende por vez primera que ser
casi inmortal no tiene por qué ser necesariamente perverso. Vale que yo no iba a morir porque
eso es muy difícil, pero...me mira a mi y piensa en lo que podía haber sido tener un padre en
el sentido estricto de la palabra.
-Espera...-vacilé. Se sorprendió porque por regla general, nunca, jamás, detenía un beso ni el
proceso para llevarlo a cabo-dijiste que Seth tendrá competidores. Si no es Nahuel...
-Ese mismo.
-Jacob, mira, tal vez estoy confundido. Tal vez sólo llamó su atención por lo especial que es.
No debemos preocuparnos por eso ahora-iba a replicar, pero la urgencia de su beso
interrumpió cualquier pensamiento que pudiera tener.
POV. E.J.
-Hecho...-aprecié para mi mismo en voz alta, sin dejar de mirarme en el espejo del cuarto de
baño mientras terminaba de arreglarme el cabello, dejando todos y cada uno de los pelos
superiores en posición vertical.
Me sentía nervioso. Ansioso por lo que ese día iba a comenzar en mi vida. Por fin había
dejado de crecer. Ya era físicamente un adulto con la edad de un niño. Hoy se cumplía justo
un mes desde la última vez que mi abuelo Carlisle pronunció las mejores palabras que podrían
haber escuchado mis oídos.
Seth sentía esa extraña sobreprotección conmigo y esto para él era un gran peligro potencial
para mi. Claro, que eso solo era a su criterio. Me costó horrores lograr que lo aceptara y
aunque no lo conseguí, sí provoqué en él esa culpabilidad que le impedía decirme que no a
nada. Me era muy fácil manipularlo a mi antojo. Incluso más que a las demás personas de mi
alrededor.
Me eché un último vistazo de arriba abajo antes de salir del cuarto de baño. Mis pantalones
vaqueros holgados de color oscuro perfectamente colocados para que se me viera el borde de
los boxers; la camiseta negra algo suelta pero bajo la que se notaban mi evidente e inevitable
musculatura, una camisa sin abotonar por encima de color rojo y mangas largas estéticamente
dobladas hasta los codos; las deportivas nuevas regalo de mi tía Alice y el reloj a la última
moda regalo de mi tío Emmett.
Cuando crucé la puerta de la cocina, sonreí al ver que había acertado de pleno.
-Buenos días-dijo mi padre en tono cariñoso sin dejar de remover los huevos revueltos de la
sartén.
-Buenos días-respondí. La sonrisa continuó en mi rostro incluso cuando me senté junto a Seth
que se había quedado mirándome hipnotizado. A veces creo que alucina con lo rápido que he
crecido. Cada mañana lo mismo. Su corazón bombeaba frenético. Estaba histérico. Lo sabía.
-Buenos dí...días-consiguió decir con las mejillas encendidas y volviendo la vista al frente.
-Buenos días.
POV. Seth
Tuve que mirar hacia adelante para intentar serenarme y centrar mi vista en una caja de
cereales sobre la encimera. De un tiempo a esta parte, mis sentimientos por Eddy se habían
intensificado de un modo apenas controlable. No puedo evitar sentirme en un aprieto cada vez
que lo tengo cerca. Sé que él percibe mi ansiedad y Edward ni quiero imaginarme lo que
piensa. Creo que la imprimación ha ido un paso más allá. Creo que...deseo a Eddy.
-¿Tienes ganas?-la voz de Edward resonó en mis oídos. Tardé algunos segundos en
comprender que se dirigía a su hijo.
-Estoy deseándolo, aunque me preocupa un poco...nunca he estado con tanta gente y menos
que no supieran lo que soy.
-Te irá bien-respondió Edward mientras le servía el abundante y variado desayuno en un plato
de color morado.
-Hablas como tía Alice- dijo sonriente y le dio un bocado a una tostada.
-¿Quieres que te acompañe?-las palabras brotaron solas de mi boca. No pude evitarlo. Para
ser francos, me desagrada que se exponga de ese modo.
-No es necesario.
-Puedo llevarte-insistí. Por favor, Eddy. Eso implicaba pasar más tiempo a su lado. Me miró y
suspiró.
-¿Quién es tu primo?- Jacob apareció a nuestras espaldas. En pocos pasos llegó junto a
Edward y le besó tiernamente en los labios. Le envidio muchísimo.
-Seth.
Jacob sonrió afectuosamente y se inclinó para revolverle el cabello a su hijo, pero Eddy fue lo
bastante rápido como para evitarlo echándose hacia atrás. No pude evitar reírme. Él también
seguía tratándole como a un niño.
-Recuerda que para la gente debes ser E.J. Cullen- dijo Edward sirviéndome el desayuno a
mi.
-Si, lo sé. Y soy el nuevo hijo adoptivo del doctor Cullen y su esposa-contestó Eddy como
cansado de todas las veces que se lo habían repetido.
-No. Cojo el Volvo de papá. No quiero que me tachen de pijo el primer día. Un coche lo más
normal posible. Gracias. Ya tía Alice me ofreció su Porsche y tío Emmett su Jeep.
-He dicho normal...no quiero que me miren con lástima-se burló Eddy sacándole la lengua a
su padre.
Lo cierto, es que los dos eran muy similares, pero si a alguien se parecía como el que más,
era a Edward. No sólo en la forma de los ojos, sino en los pómulos salientes, la nariz recta e
incluso el ademán de media sonrisa que ambos hacían en ciertos momentos. En otros
aspectos, era muy Jacob. La musculatura, algo más delicada y no tan marcada en E.J., pero
que parecía ir por ese camino. Los negros cabellos. Y también cierto aire rebelde que
desprendía su aura. Pero si alguien me pidiera mi humilde opinión, diría que Eddy se
asemejaba más a un vampiro completo que a un licántropo. No sólo por el hecho de que no le
gustaba mucho lo de entrar en fase y convertirse en un animal, sino que sus movimientos no
se parecían en nada a los nuestros, a los de la manada. Solía ser muy delicado y comedido en
todo lo que hacía, como la brisa del viento sobre las hojas de los árboles.
Tan perdido estaba en mis pensamientos mientras le miraba embobado, que cuando quise
percatarme, él me estaba mirando a mi.
-¿Nos vamos?
-Eh...sí.
-¿No terminas tu desayuno?-miré el plato y estaba casi lleno. Increíble. A su lado me olvidaba
hasta de comer.
-Luego me lo acabo.
POV. E.J.
Dejé que Seth condujera por mi. Al fin y al cabo, si iba a llevarme...luego tendría que
recogerme. El centro universitario estaba en el oeste de Port Angeles, con lo cual, nos
pasamos un buen rato en el coche, escuchando música y, no podía evitarlo, repasando el
horario de mis clases una y otra vez. Fue un milagro que no me comiera las uñas.
Y al final, no fue para tanto. Las clases consistieron en su mayor parte en la presentación del
profesor de turno y la materia, aunque tenía claro, que todas iban a gustarme porque ya
estaba apasionado con la carrera incluso antes de comenzar. Convertirme en veterinario iba a
ser maravilloso desde el minuto uno. Mis compañeros, chicos y chicas por igual, eran
encantadores, igual de entusiasmados que yo con el nuevo mundo que se abría ante
nosotros. Aunque mi emoción les superaba. Yo jamás había estudiado fuera de casa y jamás
había hecho amigos por mi mismo, puesto que siempre eran amigos de mis padres
previamente.
Como la gran mayoría cogía su propio coche o se iban en transporte público, terminé
quedándome solo. Seth iba a venir a por mi a la hora en la que se suponía terminaban las
clases, así que me senté en los escalones de acceso de uno de los edificios de la universidad
y esperé. Aunque no estuve sin compañía demasiado tiempo.
-Hola E.J.
Escuché una voz armoniosa y sosegada a mi espalda. Me impresionó tanto por lo inesperado,
que me sobresalté. Pero al girar el rostro en busca de su procedencia, le vi. Ahí de pie. Un
chico de tez muy pálida. Vampiro sin lugar a dudas. Vestía de riguroso negro, incluso llevaba
gafas de sol oscuras y supuse de inmediato lo que trataban de ocultar. Ojos carmesí. Mi
cerebro y mi cuerpo entraron en estado de alerta inminente mientras seguía examinándole.
Cabellos castaños con un corte muy peculiar. Me resulta familiar. Me sonrió. Esperando una
reacción por mi parte. Continúo sentado.
Me puse en pie con rapidez, pero manteniendo la escasa distancia que había entre nosotros.
Él sonrió un poco más y tendió la mano derecha hacia mi. Parecía cordial, pero algo en el
fondo de mi mente me gritaba que saliera corriendo. No le hice caso.
Entonces lo vi claro. Mis ojos ya le habían visto antes. Ya sabía quién era ese vampiro. Y a
pesar de que debí haber seguido las advertencias de mi sentido común, alcé mi brazo
izquierdo, estreché mi mano con la suya y se lo mostré en cuanto nuestras pieles entraron en
contacto. Le había visto antes. En el claro nevado, hacía unos seis años, rodeado de los
demás Vulturis. Se había acercado a mis padres y a mi como guardaespaldas de Aro.
-En mí no lo dudes.
¿Flirteaba o eran cosas mías?...seguramente lo segundo. Seguía sin soltarme la mano y eso
que había dejado de mostrarle mis recuerdos.
Algo dentro de mi hizo conexión-ah...habéis venido a verificar que no soy una criatura
malvada-eso había sido un conflicto en su momento, así que ahora no era de extrañar que los
Vulturis estuvieran aquí para quitarme la etiqueta de 'potencialmente peligroso'.
Mi reacción al parecer le hizo gracia porque continuaba sonriendo. Con elegancia se sentó en
uno de los escalones y me miró. O eso creo, porque los cristales de sus gafas eran de un
negro tan mate que no me era posible verle las pupilas.
-Hace unos meses, Aro recibió una carta de Carlisle hablándole de tus progresos. Como
siempre, adjuntaba una fotografía tuya para darle veracidad a la historia. Pero ya sabes lo
desconfiado que es mi maestro-rió como nostálgico. Si tanto echaba de menos Volterra, no sé
qué estaba haciendo aquí-con los grandes avances tecnológicos que hay actualmente, bien
podrían ser un engaño. Así que sugirió que ya era hora de mandar a unos cuantos de los
nuestros a Forks para verte y luego darle testimonio. Pero yo me ofrecí voluntario.
-¿Tú solo?
-¿Cuántos vampiros hacen falta para ver a una sola criatura y verificar si es perjudicial para
nuestra reputación?
No dejaba de sonreír y yo me iba poniendo más y más nervioso. Tenía sentido, sabiendo que
sólo él bastaba para acabar conmigo e incluso con los demás miembros de mi familia. No le
seguí el juego.
-¿Y tú hermana?-pregunté.
-Se molestó bastante cuando me presenté para esta...misión. Pero Aro es bondadoso y me
concedió mi deseo. Le doy las gracias por brindarme esta grata oportunidad a pesar de que no
le gusta demasiado desprenderse de mi compañía.
-¿Tú...deseo?-me perdía cada vez más en aquella conversación. Sentía que tenía que llegar a
alguna parte, pero iba por el camino más largo.
-Deseaba volver a verte-soltó sin más. Sin rodeos-no he podido hacerlo tan de cerca como me
hubiera gustado, pero ahora que vas a la universidad, no tendré impedimento alguno.
-¿Por si era un truco?...pues ya me estás viendo. He dejado de crecer. Hace un mes que se
ha confirmado y por fin me es posible llevar un vida normal. Eres testigo de que soy una
persona cualquiera más. Ya puedes volver a Volterra y mostrárselo a Aro.
-No eres una persona cualquiera más-repitió mis palabras como si le fastidiara pronunciarlas
al tiempo que se ponía en pie y se acercaba a mi, frente a frente. Justo en el escalón por
encima del que estaba yo, y por consiguiente, quedando más alto. Entonces, con delicadeza,
colocó sus manos en ambos lados de mi rostro, obligándome a mirarle, aunque yo solamente
veía mis ojos reflejados en sus gafas-ahora me fascinas incluso más que antes...-musitó en
apenas un susurro-tu aroma...el arrítmico latido de tu corazón...me tienes cautivado...
Sentí que mis mejillas comenzaban a irradiar calor, lo que significaba que me había sonrojado
ante sus palabras. ¿Qué significaba todo aquello?¿cautivado?. Podía entender que sintiera
curiosidad por mi mera existencia, porque al fin y al cabo, era una criatura del todo única, pero
lo que acababa de decir. El tono en que lo había pronunciado...
-No soy nada del otro mundo-comenté avergonzado y desviando la mirada. Si continuaba
dejando que me sujetase el rostro, acabaría sonrojándome hasta las orejas.
-Tal vez no eres capaz de ver lo especial que eres-si se dio cuenta o no de mi estado
vergonzoso, lo disimulaba de maravilla.
Iba a responderle, pero el ruido de un claxon llamó mi atención. Seth había llegado. Fui a salir
corriendo en su dirección, pero antes miré a Alec para despedirme. Ya no estaba.
El trayecto de vuelta a casa lo pasé en su mayor parte ensimismado mirando por la ventanilla,
sumido en mis pensamientos que rondaban incansablemente en lo que acababa de ocurrir
con Alec. No era capaz de entender por qué razón había venido solo él y por qué deseaba
verme.
-¿Qué tal te ha ido?-escuché la voz de Seth y caí en la cuenta de que no estaba a solas.
-Bien.
-¿Las clases?
-Pintan genial-admití. Entonces le miré conducir. No apartaba sus ojos de la carretera, pero
era evidente el interés que sentía hacia la información que yo pudiera brindarle. Mi Seth-
¿sabes?, he conocido a mucha gente. Tengo más números de teléfono que nunca.
Le conté a Seth todo lo acontecido ese día en la universidad, salvo mi encuentro con el
vampiro que había venido desde Italia sólo para confundirme. Y como era de esperar, él me
escuchó como el más entregado de los oyentes.
Cuando llegamos a casa, no tuve la misma suerte. A uno de mis progenitores no podía
ocultarle nada en absoluto.
-Bienvenido señor universitario-mi padre se acercó rápidamente hacia mi y esta vez si dejé
que me revolviera el cabello y me despeinara-llama a tu abuelo. No ha parado de telefonear
para saber cómo te había ido. Y mira que sabe que Port Angeles no está a dos pasos.
-¿Estás bien?-mi otro padre era más comedido en su entusiasmo por verme. Me parece que
leer mi mente le había preocupado del mismo modo que a mi.
-Muy bien-respondí.
Ese fue el disparo de salida para que el grupo de vampiros que pululaban por todos los
rincones de la casa, aparecieran frente a mi casi al mismo tiempo.
-¿Por qué no te llevaste mi Jeep?-el tío Emmett le dio más énfasis a su apreciación señalando
a la pared en dirección al garaje.
-¿Cómo son los profesores?-he de aclarar que mi abuelo Carlisle estaba muy orgulloso de que
estudiase una carrera médica aunque no fuera idéntica a la suya.
-Ya sé que ropa tienes que ponerte mañana-tía Alice sujetaba unos pantalones y una
camiseta con las etiquetas y el inconfundible olor a nuevo frente a mi cara.
POV. Edward
-Muéstramelo todo, E.J.-pedí a mi hijo nada más terminar la conversación con Billy. Me había
dejado inquieto el saber que Alec le había buscado en la universidad y quería conocer el
encuentro con todo lujo de detalles. Debía aprovechar que estábamos solos. E.J. me miró y
enseguida supo a lo que me estaba refiriendo. Estiré la mano en su dirección y me la estrechó
con la suya.
Continué con los ojos cerrados aún cuando la visión había terminado, asimilándolo.
-¿Crees que vino por algo más?¿crees que de verdad ha venido él solo?
-No sé. Si pudiera verle y leer su mente, todo sería más sencillo de descifrar...-E.J. suspiró
derrotado. Sintiéndose culpable. No lo pude evitar y le acaricié la mejilla cariñosamente. Era
evidente que en mi cabeza ya tenía formada una idea aproximada de porqué Alec estaba en
Forks y porqué andaba espiando a mi hijo, pero no quería incomodarle con algo que quizás no
fuera seguro.
-Espero que los Vulturis no quieran hacer daño al abuelo Carlisle y a los demás...-la tristeza
de su voz era palpable y por su mente pasaron los recuerdos de tiempo atrás donde la
amenaza de la muerte rondaba sobre nuestras cabezas.
-No tendrían motivo alguno. Mírate. Aparentemente eres un humano normal. Más humano que
la mayoría de nosotros y te recuerdo que fui al instituto muchas veces. Y tus tíos-eso pareció
tranquilizarle y sonrió.
Al caer la noche, los cuatro ya estábamos en la cabaña. Y yo seguía dándole vueltas una y
otra vez a lo mostrado por mi hijo y repasando las palabras escuchadas sin cesar. Jacob me
sacó de mi burbuja.
-Ed ya está dormido como un tronco. Estaba agotado...-se tumbó a mi lado y me abrazó por la
cintura, posesivo, como hacía siempre- Seth también está roncando-esa era su manera de
decirme que todo estaba listo para que ambos pudiéramos hacer el amor sin tanto recato. No
tardó mucho en comenzar a besarme el cuello y a desabotonarme la camisa.
Era impresionante el poder que tenían las caricias de Jacob sobre mi. De tal modo, que
despejó mi mente por completo y no tardé demasiado en dejarme llevar por el deseo que
siempre me embargaba al estar a su lado.
Sonreí levemente contra sus labios. Le tenía sobre mi cuerpo. Me sujetaba de la nuca,
ansioso, y otra de sus manos acariciaba por encima de la tela del pantalón mis glúteos.
Siempre tan inquieto. Siempre tan ardiente. Nos era difícil contenernos. No era como en la isla
Esme donde teníamos plena libertad de movimientos. En la cabaña debíamos contenernos,
pero nos habíamos acostumbrado.
Para nuestra fortuna, algunas veces E.J. se quedaba en la casa de Carlisle, en mi antiguo
dormitorio, y Seth también nos dejaba esas noches para que mi marido y yo diéramos rienda
suelta a nuestras pasiones. Aunque reconozco, que muchos lugares de Forks habían sido
testigos de nuestras muestras de afecto.
Jacob no tardó en dormirse después de la intensa sesión de sexo y pude volver a lo que me
corroía las entrañas.
Me escabullí del dormitorio sin hacer ruido alguno y me aventuré a salir de la cabaña. Aún era
de madrugada. Las estrellas resplandecían en un cielo sin apenas nubes. La luna brillaba en
todo su esplendor. La brisa que llegaba a mi a través del follaje olía a tierra y a madera. Y el
cantar de innumerables grillos me rodeaba. Inspiré hondo disfrutando de la sensación de
calma que todo aquello me aportaba, hasta que lo percibí.
-¿Qué haces aquí?-pregunté escudriñando la oscuridad del bosque que tenía enfrente.
No tardó en dejarse ver. Sonreía de medio lado. Lo había hecho a propósito, se había
acercado a la cabaña para que yo le enfrentara. No parecía intranquilo y no era para menos.
Hasta yo sabía que no tenía demasiado que hacer en su contra, pero por defender a mi
familia, haría cualquier cosa que estuviera en mi mano, y eso él no lo dudaba.
-Hola Edward.
-¿Qué haces aquí?-repetí y apreté los dientes. Mi cuerpo se tensó automáticamente. Tras de
mi estaba la puerta de la cabaña. Me sentí tentado de alejarme de allí por si alguno de los que
dormía se despertaba al escucharnos, pero no podía moverme. Estaba paralizado. Leía
incesante los pensamientos del vampiro que tenía frente a mi, pero no tenían coherencia
alguna, eran como fragmentos de cosas sin sentido que no era capaz de comprender. Lo
estaba haciendo deliberadamente. Chasqueé la lengua molesto.
-Supuse que ya sabrías de mi presencia y me pareció inútil seguir oculto. Imagino que los
pensamientos de tu vástago no son un secreto para ti-apoyó su espalda contra el grueso
tronco de un árbol y se llevó las manos a los bolsillos, despreocupado. No vestía con la
indumentaria típica de los Vulturis, pero tampoco era moderna o llamativa. Las gafas de sol
que llevaba eran lo que más me molestaba. Había estado matando a gente de la ciudad,
seguro.
-Alec, si has venido a hacerle daño yo...-no sé por qué pronuncié aquellas palabras. Conocía
perfectamente la razón de su presencia en Forks. Desde aquel día en el claro, algo dentro de
mi me había advertido de que esto pasaría.
-Eso sería elección suya. Yo sólo vine a verle...sólo un vistazo rápido y me iría...pero...-sacó
una de las manos del bolsillo con parsimonia y se quitó las gafas. Entonces me miró.
No pude sino sorprenderme. Sentí como mis parpados se abrían exageradamente. Aquello no
me lo esperaba. Sus ojos, al contrario de lo que yo pensaba, no eran del acostumbrado
escarlata. Eran dorados, como los míos o los demás miembros de mi familia.
-¿Cuánto tiempo llevas en Forks?-pregunté temiendo la respuesta. Que sus ojos fueran ocres
indicaban una dieta animal de, como mínimo, seis meses. ¿Cuánto llevaba
espiándonos?¿cuánto llevaba rondando a mi hijo sin que nos diéramos cuenta?. Hace unos
meses, Aro recibió una carta de Carlisle hablándole de tus progresos. Que tonto. Lo había
pasado por alto.
-Casi un año-confesó y cerró el puño convirtiendo las gafas en pequeños pedazos de plástico
negro que cayeron sobre la hierba-y pienso quedarme el tiempo que haga falta.
-Esa no fue la orden de Aro- ahora sí podía ver con claridad en su mente y entré en pánico.
20Una vieja ¿amiga?
POV. Edward
-Supongo que es eso...-se alejó del árbol y empezó a caminar en mi dirección-admito que no
sé lo que me pasa...¿atracción?, quizás-en su tono de voz había algo de desconcierto. Como
si ni él mismo fuera capaz de saber lo que sentía a ciencia cierta- jamás había creído que
existiera una criatura con el poder de apartarme de los míos...de mi maestro, de mi hermana.
Nunca había estado tanto tiempo lejos de Jane...
-E.J. nunca se irá a Volterra. Nunca se enamorará de ti-espeté. A pesar de que veía su
sinceridad, me espantaba la idea de que mi hijo y Alec tuvieran un acercamiento romántico o
de cualquier otro tipo.
Seth.
-Seth imprimó en E.J., tienen un vínculo que jamás podrás romper. Ni tú ni nadie.
-Por lo que he podido apreciar en todo este tiempo, E.J. y el tal...Seth, no son nada más que
amigos. Ningún licántropo será un obstáculo para mi.
-Ni lo pienses...
-No voy a matarle- me aseguró-eso me haría perder puntos con tu hijo. Igual que el haceros
daño a ti o a los tuyos. Somos adultos. No hay necesidad. En cuanto a la imprimación esa...no
me importa en lo más mínimo. Jamás había sentido lo que estoy sintiendo y no voy a
abandonar. No he suprimido mis impulsos ni me he apartado de mi vida para perder a E.J. No
me iré de Forks sin saber si él podría o no elegirme.
-Si es cierto lo que dices, si de verdad sientes algo bueno por mi hijo y has cambiado tus
hábitos...Carlisle lo haría así que...
-Invitarte a ser uno de los nuestros. Mientras estés aquí. Si lo que quieres es seducir a mi hijo,
adelante. Te ofrezco mi antiguo dormitorio para que vivas con mi familia. Te permito ser amigo
de E.J. sin reparos. Pero te darás cuenta de que no tienes nada que hacer y tú mismo te irás y
le dejarás en paz para siempre.
-Tanta hospitalidad...sabes algo que yo no sé, evidentemente. Gracias a tu don conoces lo
que tu hijo siente por ese Seth. Pero las cosas pueden cambiar, Edward. Salta a la vista que
ese lobo no le ha dicho nada al respecto de su impronta, y eso solo demuestra que es un
cobarde. Lo que me da ventaja. No soy estúpido. Sé lo que es la imprimación. Estudiamos
acerca de ello después de nuestra visita hace unos años, para saber por qué te habías casado
con semejante criatura. La imprimación es un fuerte sentimiento, sí, pero si se diera el caso,
Seth tendría que soportar que E.J. me escogiera, porque la base de todo eso, es que la otra
persona sea feliz ¿me equivoco?
-Has hecho tus deberes-tuve que admitir-pero Seth lleva viviendo con nosotros años. Tú
acabas de llegar.
-Eso es cierto...pero yo no me andaré con evasivas. Le cortejaré y te aseguro, que más tarde
o más temprano, ganaré.
POV. Seth
La voz de Edward que me llegaba desde la cocina fue la causante de que me despertara
antes de que sonara el despertador de la habitación de E.J. y lo escuchase a través de la
pared. No sé porqué razón, pero algo dentro de mi me advertía que debía prestar atención a lo
que ocurría en la casa. Edward hablaba con alguien y no eran ni Eddy, ni Jacob.
Me froté los ojos antes de poder levantarme e ir a la cocina a ver quién era el invitado. El picor
insoportable en la nariz me atacó en cuanto crucé la puerta de mi dormitorio. No cabía duda
de que era un vampiro fuera quien fuese.
Pero no estaba preparado para aquello. Allí; plantado junto a la encimera, mientras Edward
untaba con mantequilla de cacahuete unas rebanadas de pan de molde, había un vampiro de
aspecto joven y semblante serio. Tenía los ojos color topacio, y me miraron fijamente en
cuanto crucé el umbral. ¿Quién era ese vampiro?¿por qué me resultaba tan familiar?. No
pertenecía al clan de Denali. Y evidentemente, tampoco a los Cullen.
-Buenos días, Seth- dijo Edward con amabilidad. La conversación que mantenía con el
invitado quedó zanjada.
-Buenos días-respondí.
-Soy Alec- dijo el vampiro. Entonces, recordé la vez que lo había visto. En el claro. Con una
capucha y rodeado de Vulturis. ¿Qué hacía en Forks?. Eddy.
-Va a quedarse una temporada en la casa de Carlisle- me informó Edward- Alec ha venido a
verificar que E.J. no es peligroso.
-¿Va a quedarse mucho tiempo?-pregunté. Alec sonrió, al parecer notaba mi rechazo a que
estuviera allí.
-No mientas Edward- dijo el vampiro castaño-dile la verdad. He venido para quitarle a E.J.
-¿Qué...qué has dicho?-no podía ser cierto. Mis oídos debían de haberme engañado.
Unas inmensas ganas de partirle la cara me invadieron. Di un paso al frente y juraría que alcé
el puño.
-Salvaje-musitó Alec- típico de un licántropo. Como si tuvieras alguna oportunidad contra mi.
Patético.
-¿Qué pasa aquí?-la voz de Eddy llamó la atención de todos nosotros. Se le notaba medio
adormilado y todavía llevaba el pantalón del pijama puesto-¿Alec?¿qué haces en mi casa?
-¿Cómo?
-Tus ojos...son ámbar...-E.J. parecía sorprendido de verdad. Lo cierto era, que como Vulturi,
sus iris no debían ser de ese color. Eso lo sabía hasta yo. El muy maldito había venido a
competir y lo sabía hacer muy bien.
-No quiero peleas aquí dentro, ¿queda claro?-nos advirtió Edward a Alec y a mi.
Molesto, me senté a la mesa. Alec me miraba con autosuficiencia y las ganas de partirle la
cara se acrecentaban por momentos.
-¿Qué hace este aquí?-un iracundo Jacob entró por la puerta-¡fuera de mi casa!- Edward tuvo
que ponerse en medio de su marido y la visita non grata para que no llegara la sangre al río.
-¿Para qué?
-No compliques las cosas. No ha venido con pensamiento de hacer daño alguno- Edward
intentaba calmar a Jacob, pero yo estaba encantado. Seríamos dos en contra de ese vampiro
estirado y prepotente. No estaría solo en mi lucha.
Al final, Edward tuvo que sacar a Jacob de la cocina y nos quedamos solos Alec y yo. Debía
aprovechar.
-Oye...
-Ni te molestes. No voy a ser tu amigo. Ni voy a escuchar tu confesión de cuanto lo quieres.
Has tenido tu oportunidad, por años. Yo no tengo la culpa si no la has aprovechado.
-¡Era solo un niño!¡ahora es diferente!-me levanté y golpeé la mesa con la palma de la mano.
Por fortuna, no se rompió.
-Me trae sin cuidado-se acercó a mi, a pocos centímetros y me miró fijamente a los ojos-te
advierto, que nunca he sentido algo como esto. Es un sentimiento que no quiero perder. Pero
trae consigo un efecto secundario llamado celos. Otra cosa que hasta ahora era desconocida
para mi. Es una fuerza poderosa. Hace que me vea capaz de asesinar por fines no
exclusivamente alimenticios.
-No te tengo miedo, Alec. Sé exactamente lo que es. ¿Crees que eres el único que se siente
así?, yo tengo celos hasta del aire. ¡Mi aire!, tú no tienes lugar en el.
-No te llenes la boca diciendo ''mío'' cuando ni siquiera se lo has dicho a el.
-Eddy siempre...siempre ha sido mío...-me senté de nuevo en la silla- Eddy es mi vida entera.
Simplemente no he encontrado el momento...
-Cobarde.
-Por cierto Seth, hoy me llevo la moto del tío Jasper. ¿Te importa?, es que le prometí a mi
abuelo Billy que iría a verlo al salir de la universidad- Eddy volvió a la cocina mientras
terminaba de subirse la cremallera de la sudadera blanca que se había puesto.
-¿Eh?, no, claro. Como tu quieras. Aunque me dará mucha pena no llevarte...y recogerte-
admití. Escuché la risa baja de Alec, pero preferí ignorarla para no ponerme más furioso de lo
que ya estaba. E.J. era mi bálsamo.
-Si quieres espérame en casa de Sue. También pasaré a visitarla-dijo y se sentó a la mesa
para desayunar-mira Alec- alzó una tostada con la mano-yo me alimento de estas cosas.
Díselo a Aro. Tostadas con mermelada y mantequilla de cacahuete.
-Descuida.
Eddy parecía no ser consciente de la tensión que se respiraba en el aire. Aquel tipo, de pie,
con los brazos cruzados y sin apartar la vista de él. Y yo, sentado a su lado, intentando
controlarme para no entrar en fase. Ni apetito tenía. E.J. se levantó enseguida y fregó el plato.
-Me marcho. Nos vemos luego Seth- dijo levantando el pulgar en mi dirección- Alec...esos ojos
me gustan más que los que tenías la última vez que los vi-apuntó y desapareció.
POV. E.J.
Por alguna razón, sentía un aire extraño en la cocina. Como si fuera más pesado de lo
habitual y fuese insoportable estar allí. Desayuné lo más deprisa que pude y salí de allí.
El cielo era nublado esa mañana, pero nada a lo que no estuviéramos acostumbrados en
Forks. Miré a la cabaña una última vez y por la ventana vi a Seth. Me despedí con un ademán
de cabeza y subí a la moto.
Las clases eran tan interesantes, que se me pasaron en un suspiro. Charlé un poco con mis
compañeros mientras nos tomábamos un café y volví a casa. Bueno, a la reserva.
Seth estaba esperándome fuera de la casa de mi abuelo y se me acercó antes de que bajase
de la moto.
-¡Hola renacuajo!-Leah saltó sobre mi espalda y se me colgó cual mochila. Estaba de muy
buen humor. Fijo que venía de ver a su imprimación. Hute, el primogénito de Sam y Emily.
-Voy a ver a mi abuelo-les dije viendo que iban a empezar con sus riñas.
-Espera Eddy...-escuché a Seth, pero antes de detener mis pasos, la puerta se abrió y Billy
apareció sonriente.
-Pero si es mi pequeño Ed- estiró los brazos hacia mi para que le abrazara.
-Pasa, pasa y cuéntamelo todo-empujé su silla de ruedas hasta el sofá para sentarme a su
lado. Pero me sorprendí porque no estaban solo Billy y Sue en la casa. Charlie Swan también
estaba allí, mirando la televisión.
Desde que el jefe de policía Swan estaba con la madre de Seth, era consciente de las ''cosas
de lobos'', pero en cuanto a los vampiros, simplemente, estábamos convencidos de que intuía
algo aunque no decía nada al respecto. Cada vez que me veía me miraba de reojo y le notaba
bastante incómodo en mi presencia. Aún así, yo trataba de ser amable y él hacía lo mismo
conmigo. Se levantó y me estrechó la mano, pero volvió a sentarse.
-La verdad es que si. Hay un buen trecho desde Port Angeles hasta aquí-el aroma de la
exquisita comida de Sue me llegaba desde la cocina y se me hacía la boca agua. Aquella
mujer tenía unas manos de oro.
-Eso es cierto-una chica apareció entonces en la sala. Llevaba una pequeña cesta con
rebanadas de pan en las manos. Jamás la había visto y se me hacía raro que estuviera en
casa de Billy. No parecía pariente de Seth, puesto que era de piel clara, cabello largo de color
castaño, y ojos color chocolate. Se me quedó mirando unos segundos y se mostró contrariada
de repente. Me percaté de que sujetó con más fuerza la cesta de pan, temblando ligeramente.
-Te presento a mi hija-dijo Charlie sin apartar la vista del televisor-ha venido a pasar unos días
conmigo. Estaba en Alaska, estudiando.
-Soy Bella- la chica dejó la cesta sobre la mesa y estiró la mano hacia mi.
¿Bella?¿Bella Swan?. Tuve que disimular mi molestia ante tal descubrimiento. Sabía muy bien
quién era entonces. La joven por la que mis padres casi no terminaban juntos. Aún así, le di la
mano por educación.
-E.J.
-¿E.J.?
-E.J.-repetí. No pasé por alto como abrió los ojos por la sorpresa, pero al instante volvieron a
la normalidad-soy hijo del doctor Carlisle Cullen.
Cuando me giré para volver al sofá, vi a Seth contemplarme desde la puerta. Su expresión era
como si le hubieran pillado haciendo una travesura. Aunque eso era imposible. Seth era un
buenazo. Sólo se metía en líos cuando le metía yo. Cuando era más pequeño. Le sonreí para
que supiera que estaba bien y volví con mi abuelo.
Comimos la deliciosa jambalaya de Sue mientras yo no dejaba de contarles a ella y a Billy mis
dos primeros días en la universidad. Bella y su padre solo almorzaban en silencio,
escuchando, pero sin intervenir. Leah hacía algún que otro comentario, y Seth se atiborraba y
secundaba mis apreciaciones de vez en cuando.
En cuanto tuvimos los estómagos a punto de reventar, decidí ir con Seth a La Push antes de
volver a casa. Cogí mi tabla de surf, a buen recaudo en el antiguo dormitorio de mi padre, y
salí por la puerta.
Ambos nos quedamos en ropa interior y nos metimos en el agua. Los días en los que Forks
amanecía nublado, el mar se veía afectado y el oleaje era el perfecto para surfear.
Tras unas cuantas zambullidas y alguna que otra muestra de destreza sobre la tabla por parte
de ambos. Acabamos sentados sobre las tablas con los pies dentro del agua.
-¿Por qué no me contaste lo de Alec?-la voz de Seth rompió el sonido acompasado de las
olas.
-¿Tanto te molesta?...-me miraba serio y me hizo sentir culpable-lo siento. Debí decirte. Pero
te preocupas demasiado, Seth. Vino solo para...
-Lo sé. Eres mi mejor amigo-concluí yo. Estiré mi mano y cogí la suya, apretándosela con
afecto. Siempre había estado a mi lado. En la buenas y en las malas. Era alguien tan
importante para mi, que me era imposible imaginar mi existencia sin su compañía. No
soportaba verle enfadado conmigo.
-Mira...-en la orilla, la figura de una persona llamó mi atención. Bella Swan nos observaba.
Llevaba puesto un mullido abrigo, pero los pies descalzos eran bañados por el agua a
intervalos-¿qué hace ahí?
-¿Crees que quiera surfear?, por lo que tengo entendido, es bastante torpe en...cualquier
cosa.
-Eso dicen.
Reconozco que aquella chica me intrigaba. Nunca la había visto hasta ahora, pero sentía que
ya la conocía por lo que sabía gracias a mis tías. Tenía cuatro versiones de Bella. La de mi tía
Rosalie, la de mi tía Alice, la de mi padre Edward y la de mi padre Jacob. Dos muy malas, otra
no tan mala y una buena.
Nos miraba sin disimulo. Con los brazos cruzados, protegiéndose del frío. Aunque apostaba a
que me miraba a mi. Después de su comportamiento en la casa de Billy, no me cabía duda de
que era a mi. Quizás tenía preguntas que hacer y no podía culparle por ello.
Nadé hasta la orilla y dejé que se me acercara. Seth continuó en el agua, pero seguro que no
perdía detalle.
-Se te da bien-dijo ella llegando hasta a mi a pasos apresurados-sois muy buenos. Aunque no
debería sorprenderme. ¿Tú...tú también tienes habilidades?
-¿Qué quieres decir?-pregunté haciéndome el tonto. Anduve hasta donde estaba mi toalla y
me senté sobre ella. En la arena.
-Ya te lo dije. Eres igual a Edward. Por tus ojos veo que eres humano, pero...¿eres su
hermano o algo así?¿pariente?-se sentó junto a mi, pero sobre la arena, como si temiera que
fuera a echarla a patadas de mi toalla.
-No soy cien por cien como Edward- dije y la miré. Ella parecía analizar mi rostro y palideció.
-No...no puede ser...-se cubrió la boca con una mano y empezó a llorar sin dejar de mirarme.
Las lágrimas corrían por sus mejillas con rapidez. En cierta forma, me dio lástima. Tal vez
había sido muy directo con ella.
-Oye, lo siento. Soy consciente de lo que hubo entre mi padre y tu. Sé que lo quisiste mucho.
Te pido perdón-iba a ponerme en pie, pero una de sus manos me sujetó por la muñeca y me
detuve.
-Perdóname tú a mi-se pasó la manga del abrigo por la cara y secó sus lágrimas-hace años
que estuve con Edward, pero eres tan parecido...saber que eres su hijo...no creí que fuera
posible algo como eso. Aunque estás aquí. Supongo que no hay mejor prueba que esa.
-Si te sirve de consuelo, nadie creía que yo fuera a existir. No di tregua a mis padres y les
interrumpí la luna de miel. Piensan que tiene que ver con la imprimación. Que por eso fui
concebido.
-Si te refieres a escuchar las mentes, no. Si preguntas si tengo un don, sí. También soy capaz
de transformarme en licántropo, pero no es algo que me guste demasiado. Lo he hecho pocas
veces en mi vida.
-¿Un don?. Me imagino que ser un adulto cuando solo han pasado unos pocos años...
-No exactamente-le cogí la mano. Quise mostrarle algo, pero no tenía efecto en ella-parece
que no sirve contigo.
-Tengo la capacidad de mostrar lo que pienso a los demás. O mis sueños. O las cosas que
imagino. Muestro lo que quiero a quien quiero.
-Impresionante.
-¿Te animas Bella?-Seth se acercó corriendo a nosotros. Empapado de pies a cabeza y con la
tabla bajo el brazo. Debí suponer, que cuando me vio darle la mano a la chica, aparecería.
-No, gracias-declinó. Seth entonces se sentó junto a mi, no sin antes sacudirse el pelo y
mojarme a posta.
-Si, E.J. me estaba poniendo al día. Han pasado muchas cosas en estos seis años-dijo ella
melancólica.
-Bastantes-admitió Seth- ¿sabes que vivo con él?-me pasó el brazo por encima del hombro,
sonriendo de oreja a oreja.
-Oh, ¿sois...?
-Seth es como un Cullen más. Tía Alice le agenció una habitación en nuestra casa-dije-yo aún
vivo con mis padres.
Volvimos paseando con calma a la casa de mi abuelo Billy. Bella nos contó cosas sobre ella.
Había terminado la universidad y había conseguido un trabajo a media jornada que le dejaba
tiempo libre que dedicaba, por lo visto, a la lectura en su mayor parte. También nos contó que
tuvo un par de novietes, pero nada serio. Y admitió haberse apartado de Forks durante años,
por miedo a volver a ver a mi padre.
POV. Edward
-¿Puedes explicarme de nuevo por qué este tipo vive en la casa?-era la quinta vez que Jacob
me preguntaba aquello. No le cabía en la cabeza que Alec contara con mi permiso para ser de
los nuestros durante una temporada.
-Voy a hacer que E.J. se enamore de mi-dijo Alec sentado en otro de los sillones de la sala.
-Y una mierda.
-Jacob...
-Cierra la boca tú- Jacob volvió a ponerse en pie sin dejar de señalar a Alec con el dedo,
amenazador.
-Ya vale, por favor. Ya bastante tengo con la rivalidad que hay con Seth. Jacob, eres el padre
de E.J. y como tal debes confiar en que tu hijo tome la decisión correcta-dije intentando
parecer sereno.
-Escucha Black. Te lo he dicho mil veces. No vengo de malas. Ni voy a forzar a E.J. a nada.
Simplemente creo que tengo derecho a ganarme su corazón ¿no?
-¡No!
El motor de la moto de Jasper nos dio la señal de que E.J. y Seth habían vuelto. Sus alegres
carcajadas llegaron a nuestros oídos como un calmante y el aire se volvió menos enrarecido
en aquella habitación. Jacob sonrió de oreja a oreja, contento de que nuestro hijo estuviera tan
feliz con Seth y miraba a Alec para ver si se sentía aludido.
Pero en cuanto E.J. cruzó el umbral, sus pensamientos llegaron a mi mente con nitidez. Bella
Swan había vuelto a Forks. Y no sólo eso, sino que había actuado con mi hijo de manera
extraña. Más amable de lo que cabría esperar dadas las circunstancias.
Horas estuve dándole vueltas al asunto. Bella. Me sentía muy culpable por como habían
acabado las cosas la última vez que nos habíamos visto y me sentía tentado de ir a verla y
pedirle perdón por ello. Bella era una buena chica, y no se merecía lo que yo le había hecho.
Por la mañana, cuando E.J. se fue a la universidad y Jacob marchó a la reserva a ver a los
suyos, decidí que ya era tiempo de hablar con Bella cara a cara y pedirle disculpas por todo.
Por lo que había visto en la mente de mi hijo, parecía que ella había superado por completo lo
nuestro. No creía que Bella siguiera albergando sentimiento de amor alguno por mi. Siendo
así, no descartaba una amistad con ella. Siempre me había parecido una chica estupenda y
deseaba cerrar ese capítulo un tanto desagradable de nuestro pasado.
Como Alec y Seth se habían ido detrás de E.J. desde que cruzó la puerta, no tuve que darle
explicaciones a nadie de a dónde iba a ir. Esperaba que al llegar a casa de Bella, Charlie ya
se hubiera ido a trabajar. Y por fortuna, así fue.
Llamé al timbre y a los pocos segundos, Bella abrió la puerta. Su cara de asombro fue más
que evidente.
-Edward...
-Hola Bella-llevaba puesto un pijama de color naranja pálido. Sonreí al verla. Recordando las
veces que la había visto dormir un piso más arriba. El paso de los años se notaba en ella de
forma sutil. El cabello más largo y la sabiduría que aportaba la experiencia en el rostro, pero
desprendía el mismo aroma. Eso no había cambiado.
-¿Qué...qué haces aquí?-parecía dudar de si entrecerrar la puerta o no, como avergonzada de
que la viera con ese aspecto.
-Quería hablar contigo. Entre nosotros pasaron algunas cosas que...venía a pedirte disculpas.
-No hay nada que perdonar Edward. No podía obligarte a que te quedaras conmigo...no me
amabas.
-De verdad que lo siento Bella. Pero te habría hecho más daño si hubiéramos seguido juntos.
Mis sentimientos por Jacob son tan intensos que...
-Lo sé...y te perdono. De verdad-admitió y dio un par de pasos hacia mi. Alzó los brazos como
para abrazarme, pero yo me aparté.
-No es culpa suya. Es por la imprimación. Se trata de ti Bella, no puedo culparle si le inquieta.
-Está en la reserva...por eso he venido. Las cosas terminaron muy mal entre tu y yo Bella. No
quería zanjarlo así. Vuelvo a pedirte disculpas, por mi parte y por la de Jacob.
-Tal vez.
-E.J., leí su mente. Fuiste muy amable con el. Gracias por eso.
-Eso parece.
POV. Jacob
Quería marcharme cuanto antes de allí porque ya llevaba unas cuantas horas y echaba de
menos a Edward. Ya había pasado a saludar a Sam y a Emily. Había desayunado con Sue y
con Leah. Había visto a Quil con la cada vez menos pequeña Claire. Había charlado un rato
con mi hermana y con Paul. Solo me faltaba ver a mi viejo y podría irme a mi casa
nuevamente. Donde, aprovechando la soledad, mi marido y yo tendríamos un rato de
apasionada intimidad.
Iba de camino a casa de Billy, cuando la voz de alguien a mi espalda me hizo detenerme.
-Hola, Jake.
Sentí que me giré a cámara lenta, porque era como si mis oídos me hubieran engañado y no
lo podía creer. Aquella voz me resultaba familiar. Demasiado. Además, me molestaba.
Bella Swan.
-¿Qué...?
La miré de arriba abajo. La misma. Apenas había cambiado. Ni ella, ni mis pensamientos
negativos al volver a tenerla delante. Todo el odio que una vez sentí, al parecer había estado
escondido en algún lugar dentro de mi cuerpo, pero acababa de salir a borbotones. Bella
debió notarlo, porque de haber podido, mi mirada la hubiera fulminado.
-¿Qué haces aquí?-conseguí soltar sin salir de mi asombro y con voz molesta. A esa chica ya
la había borrado de mi mente. Jamás creí que la volvería a ver.
-Bueno, Edward fue a verme y me dijo que estabas aquí, así que...
-¿No lo sabías?, vino a mi casa esta mañana para pedirme disculpas. Pero no le guardo
rencor. Y quería verte para decirte a ti lo mismo-dijo con fingida inocencia.
-Embustera.
21A tres bandas
POV. Jacob
Seguía sin confiar en ella y a cada paso que daba hacia mi, yo daba los mismos hacia detrás.
No me tragaba su nueva pose de amiga del alma y se dio cuenta.
POV. Alec
Era aburrido y desagradable eso de la universidad. Cuatro horas sin ver a E.J. y para colmo,
tener que sentir la enojada mirada del repelente lobo sobre mi. Allí, en su coche, en el
aparcamiento. Como si no fuera bastante pesado ya de por si saber que existía.
La piedra en mi zapato. El ratón al que no podía dar caza. El problema que no podía resolver
de la mejor manera que yo sabía.
Muchas veces me había planteado asesinarlo. Mi forma de matar era un arte. Suave, lento,
pero despiadado. No llamaba la atención y podría desaparecer de la misma forma en la que
había hecho acto de presencia. Pero si el perro caía, las culpas recaerían sobre mi. Lástima.
Preferí esconderme entre los árboles que rodeaban el complejo. No me gustaba estar cerca
de seres humanos a los que no podía matar y de los cuales alimentarme, con lo cual era mejor
ni mirarlos. Aunque como quedaban escasos minutos para que E.J. saliera, quería estar lo
suficientemente cerca como para ir tras él.
Sonreí al ver en lo que me había convertido. Un esclavo de mis más bajas pasiones. Un
sentimiento mortal. Un sentimiento poderoso.
La voz dulce como canto de sirena llegó a mis oídos. Tan familiar, que creí estar dormido, a
pesar de ser una imposibilidad.
-Jane...
-Y has venido.
-He venido...a ver la razón por la que no has vuelto.
-¿Cómo sabes que hay una razón?, puedo estar aquí por gusto.
-Te conozco mejor que nadie. Hay una razón. El pequeño Cullen, ¿me equivoco?
-Me tiene fascinado, Jane -reconocí sin dejar de sonreír de medio lado. La presencia de mi
hermana siempre me había gustado. Siempre habíamos estado juntos. Y tenía razón, me
conocía mejor que nadie.
Poco faltó para que E.J. saliera de clases y corrió a reunirse con Seth que le esperaba fuera
del vehículo. Yo tensé la mandíbula y Jane se dio cuenta.
-Ese es.
-No le conoces.
-Aún así. No vale la pena para que te quedes aquí tanto tiempo. Vuelve conmigo.
-No.
-Ni le toques.
POV. Edward
Leer un buen libro en la tranquilidad de mi hogar era uno de los grandes placeres de mi vida.
Era raro de un tiempo a esta parte, el encontrarme completamente solo en aquella cabaña,
pero puesto que lo estaba, me había acomodado en uno de los sillones y había disfrutado de
la calma que tan poco me duró en cuanto Jacob cruzó la puerta.
-¿Qué...?-la voz me salió sin fuerzas por la conmoción. Los ojos de Jacob mostraban tristeza y
decepción. Y por su mente pasaron imágenes que me perturbaron. No era posible-¿Bella fue
a decírtelo?
-No quería que te pusieras así. Solo fui a pedirle disculpas por como terminaron las cosas.
-Lo que más me duele, es que pretendieras ocultármelo- Jacob seguía junto a la puerta y con
esa profunda pena en la mirada.
-Vi en la mente de E.J. que Bella había vuelto a Forks. Estaba convencido de que no querrías
venir conmigo a pedirle perdón. Lo siento, Jacob, no quería herirte-me puse en pie y le
abracé-no esperaba que ella te lo contara, le dije que...
-Pues claro que si-él me devolvió el abrazo con fuerza-nos odia, Edward. Es rencorosa. Haría
cualquier cosa para hacernos daño. Esto lo ha hecho para que discutamos.
-Bella no es así- Jacob se echó hacia atrás para mirarme. A pesar de que era más que
evidente, yo me negaba a creérmelo.
Me cogió de la mano y me hizo subir en su coche. Al poco rato, estuvimos frente a la casa de
Bella. Charlie seguía sin llegar.
-¡Bella!-gritó Jacob con ira contenida. Debía estar pendiente de él, porque podría hacer un
daño irreparable si perdía los estribos.
La mencionada no tardó demasiado en aparecer. Abrió la puerta con calma y nos miró a
ambos con sorpresa, como si no entendiera por qué estábamos allí.
-Admite que has hecho esto para fastidiarnos-espetó Jacob acercándose a ella.
-Bella-ahora hablé yo-te dije que Jacob no sabía que había venido a verte. ¿Por qué fuiste a la
reserva a decírselo?-me dolía su traición. A pesar de todo, la consideraba una buena persona.
-Eres una mentirosa, Bella- Jacob estaba muy tenso, giró sobre si mismo y anduvo de vuelta
al coche. Pude leer en su mente, que intentaba controlarse para no golpearla.
La miré incrédulo.
-¡¿Para qué?!-abrió mucho los ojos y la voz le salió chillona-para haceros daño, Edward. Os
odio a los dos-admitió por fin-por vuestra culpa viví los peores meses de mi vida. ¡Te amaba
Edward y tú me dejaste por este!-señaló a Jacob que la miraba estupefacto porque por fin
mostraba su verdadera cara.
-Esto es...
-Tu hijo, Edward...-siguió Bella. Sus facciones se habían relajado y parecía de pronto feliz-se
parece tanto a ti...
-No te acerques a mi hijo-por primera vez en mi existencia, sentí algo que creí imposible. Odio
por Bella. La rabia me invadió al pensar en sus intenciones y maldije mi suerte por no poder
leer en su mente.
-¿Por qué no?. Podría estar con él...seré su amiga, su mejor amiga y quizás puede que llegue
a sentir algo por mi, quién sabe. Y cuando eso ocurra...le romperé el corazón como tú me
hiciste a mi.
-Bella-en un visto y no visto estaba delante de ella, mirándola sin parpadear siquiera. La
máscara de humanidad que había en mi se había roto. Ahora era el monstruo. La criatura
dispuesta a proteger a su progenie de cualquier amenaza-no te acerques a mi hijo-repetí.
-Es lo que te duele, ¿no Edward?, que alguien toque a tu querido E.J.
La sentí temblar ante mis palabras. Ella jamás me había visto de ese modo, ni yo mismo me
había sentido así nunca. Jacob estaba paralizado e igual de atónito que Bella.
-Es lo que te mereces. Los dos. Pagar por lo que me hicisteis-se dio media vuelta y corriendo
volvió a entrar en la casa.
Yo me quedé allí unos segundos, estático, mirando por donde se había ido y sopesando lo
que había dicho. No mentía. Si se atrevía a jugar con E.J. la mataría sin remordimientos.
POV. Alec
El perro conducía bastante lento y llegué a la cabaña mucho antes de que ellos lo hicieran.
Jane se había quedado en Port Angeles para no llamar la atención de los Cullen y sentí su
ausencia después de haberla tenido de nuevo conmigo.
Dentro de la casa estaban Edward y el chucho que tenía la rabia, así que me quedé fuera
hasta que viese aparecer el coche en el que llegaría E.J., pero dentro parecía que la feliz
pareja mantenía una discusión. Sin poder evitarlo, presté atención a lo que hablaban.
-Siempre te lo he dicho.
-Perdóname Jacob, siento no haberte creído. Me negaba a pensar que ella pudiera ser así.
-No. Claro que no. Bella no tiene nada que ganar, pero no quiero que haga algo en contra de
nuestro hijo. ¿Y si se hacen amigos?¿y si ella finge amor y se le declara?. E.J. se sentiría mal
al rechazarla, cuando tú y yo sabemos que sería una declaración de lo más falsa. No puedo
decirle a E.J. que Bella pretende jugar con él. ¿O si?
Las ruedas del vehículo sobre la gravilla llamaron mi atención y perdí el hilo de la
conversación que tenía lugar dentro. Lamentablemente, la presencia de E.J. me hizo ignorar la
charla de sus padres y centrarme en su persona.
POV. E.J.
Aquella situación era de lo más extraña. Sentía como si todos los de mi alrededor me
colmaran de más atenciones que de costumbre.
Mi padre me sirvió el almuerzo con el plato tan lleno que los granos de arroz se desbordaban
sobre la mesa. Seth insistía en acompañarme mientras hacía uno de los trabajos que me
habían encargado para la universidad. Alec, muy interesado, no dejaba de preguntarme cómo
me había ido el día. Y mi otro padre me animaba para que, juntos, viéramos el partido que
tendría lugar por la noche, diciendo que sería divertido, una y otra vez.
Prestarle atención a todos y cumplir con sus deseos y peticiones me dejó agotado y antes de
que terminara el partido caí rendido en el sofá, pero como siempre que eso me pasaba,
desperté en mi cama ya de día.
Por la mañana fui a la universidad con Seth, que me dejó en la puerta puntual y disfruté de mis
clases. Aunque en uno de los intercambios, pasó algo de lo más curioso.
En un pasillo choqué con una chica, y la carpeta y el par de libros que llevaba en la mano
cayeron al suelo. Entonces cuando me agaché a recogerlos, ella me habló.
Era fría como el hielo esa voz, pero dulce como un arrullo.
Cuando alcé la cabeza y pude ver su rostro, dos ojos como rubíes me miraban curiosos. Un
escalofrío me recorrió de la cabeza a los pies.
-Jane...
-Buena memoria.
Me cogió por el mentón. Su tacto era amable, pero firme. Obligándome a que me pusiera en
pie de nuevo sin soltarme. Los libros y la carpeta volvieron a caer al suelo.
-Yo...-su dedo pulgar se posó sobre mis labios, haciendo que me callara.
Era tan menuda y parecía tan frágil que costaba creer que fuera capaz de las atrocidades que
había escuchado. Sabía que Jane era la antítesis de Alec. Que ella disfrutaba con la muerte y
el sufrimiento ajenos y que por ello tenía el poder que poseía.
Me miró a los ojos fijamente, como si así pudiera leer en mi alma y entonces me volteó el
rostro a ambos lados y chasqueó la lengua.
-Me gustaría decir que si, pero lamentablemente, eso no será posible aún. No mientras tú
sigas jugando al crío inocente.
-¿Disculpa?-me acusaba de algo que no era capaz de comprender.
-Mi hermano vino a verte por petición de nuestro maestro, pero no ha vuelto por tu culpa. Le
espera una reprimenda por ello.
-¿Mi culpa?, no sé qué te habrá contado, pero en ningún momento le he pedido que se quede.
-Si has venido a insultarme, ya puedes marcharte por donde has venido. No tengo tiempo para
ti.
Si seguía charlando con aquella vampira en el pasillo, llegaría tarde a la siguiente clase.
-Tienes agallas, niño, para hablarme a mi de ese modo-a diferencia de su tono ofendido,
sonreía. Cuando volví a ponerme en pie, decidí que aquello se había terminado.
-Ha sido un placer-le di la espalda, dispuesto a seguir mi camino, pero su voz me detuvo a los
pocos pasos.
¿Qué?
Cómo no creer después de que mi padre se hubiera imprimado de mi otro padre de esa
manera. A primera vista.
Se puso frente a mi, seria-para que dejes de marear la perdiz y elijas. El perrito, o mi hermano.
Sea lo que sea, Alec podrá volver a casa, conmigo.
POV. Seth
Podía ver a la perfección a aquel vampiro asesinándome con la mirada. Allí, plantado entre la
vegetación. Consciente de que a cada segundo que pasaba él deseaba mi muerte del mismo
modo que yo anhelaba la suya.
Y sentía que no era justo. El universo me la estaba jugando porque había puesto a E.J. en mi
camino y ahora metía un rival también.
Lo tenía todo hacía unos días y ahora debía cuidar cada uno de mis pasos para que Alec no
tomara ventaja sobre mi.
¿Debía aceptar que E.J. se fuera con Alec si así era feliz?, sí, pero sólo de imaginarlo dolía
infinitamente. No quería imaginar si se diera el caso en la vida real. Sería insoportable saberle
lejos de mi, lejos de Forks y en un lugar en el que jamás podría volver a verle. Se me hacía un
nudo en la garganta con aquellos pensamientos y dejé caer mi cabeza sobre el volante.
Hundido.
No sabía nada sobre los sentimientos de Eddy hacia mi. Era consciente de que me quería,
pero como a su mejor amigo. Como su hermano mayor. Como aquel que le había cuidado y
velado por él desde que había llegado al mundo. Pero quizás la cosa no pasara de ahí.
Cerré los ojos y sentí como las lágrimas se acumulaban, pero se evaporaban antes de llegar a
mis mejillas.
-Hola, Seth.
-Estaba en Port Angeles de compras y recordé que E.J. estudiaba aquí, así que vine a
saludarle. ¿Estás bien?
-Si, claro.
-Pareces...
-Estoy bien.
Bella dio la vuelta al coche, abrió la puerta del copiloto y se sentó a mi lado.
-Si.
-Entonces sabrás todo de él...en fin, E.J. es muy lindo y simpático. Debe ser muy popular
como buen Cullen que es. ¿Sabes si tiene novia?¿le gusta alguna chica?
¿A qué venía aquello?. No pude sino mirarla sorprendido por las preguntas. ¿Acaso Bella
estaba interesada también en Eddy?...no podía ser posible.
-No tiene novia y tampoco sé si le gusta alguna chica. Si es así, a mi no me lo ha dicho. ¿Por
qué el interés?
-No las tienes-dije con rabia. Otra broma pesada del cosmos.
Ella parecía asimilar el peso de mis palabras. Su actitud despreocupada e incluso coqueta se
había enfriado.
-Tu imprimación, vale. Pero no estáis juntos. El otro día en la playa él dijo que eres su mejor
amigo. Sólo eso-recalcó las últimas palabras haciendo que me enojase más todavía.
-¡No!, ya estoy harta de la imprimación y de que os creáis con derecho de quedaros con
alguien sólo porque vuestro lado lobo así lo exige. Ya un estúpido licántropo me arrebató al
amor de mi vida. Si alguien tiene que sufrir ahora, prefiero que seas tú, Seth.
Me dejó mudo. Se bajó del coche con rapidez dejando la puerta abierta y la perdí de vista.
POV. Alec
Aquella tipa de aspecto ridículo salió airada del coche. La curiosidad me había vencido y me
había acercado lo suficiente como para escuchar lo que Seth y ella hablaban, quedándome de
piedra ante las intenciones de la chica.
El nombre de Bella llegó a mis recuerdos, y la situé como antigua pareja de Edward, por la
que vino a Volterra a suplicar por su muerte pensando que ella se había suicidado.
Ironías del destino. Ella seguía viva, y para colmo, ahora quería quitarme un bien muy
preciado a mi.
La seguí hasta Forks sin dejar de pensar en la charla del vehículo y en la conversación que
había oído de Jacob y Edward el día anterior en el salón de su casa. Aquella chica era una
molestia. Pero era una pequeña hormiga fácil de quemar con una simple lupa.
Era escandalosa. Escuché sus pasos subir unas escaleras, una puerta cerrada con fuerza e
incluso como dejó caer su cuerpo sobre el colchón del dormitorio en el piso superior.
El cuarto estaba casi vacío, salvo por la cama, un escritorio y el armario. Pero en el suelo
había una maleta abierta y algunas prendas de ropa colgadas de una silla. La chica no parecía
llevar mucho tiempo viviendo allí.
-Bella-dije para llamar su atención. Ella estaba tumbada boca abajo sobre la cama y tenía un
libro entre las manos. Se sobresaltó al oírme y se sentó. Entornó los ojos como intentando
recordar si me había visto antes, pero eso no era posible.
-¿Quién eres?¿qué haces aquí?-parecía tener miedo de repente y eso me sentó bien. Se
puso en pie con lentitud, pero no podría huir aunque quisiera.
-Te escuché hablando con Seth. Aunque sé algunas cosas más sobre ti.
-¿Quién eres?-le tembló la voz mientras daba pasos hacia atrás, sin dejar de mirarme.
-Eso no te incumbe. Pero por lo que he podido concluir, quieres jugar con alguien que me
importa. Y no te lo permitiré.
-No sé de qué estás hablando, pero será mejor que te marches. Mi padre es el jefe de policía
y si llega y te ve aquí...
-Oh, vamos. Sabes perfectamente lo que soy. Tu padre no podría hacer nada si yo
decidiera...matarte-saboreé las palabras. Realmente aquella humana olía muy bien. Era una
pena no poder alimentarme de ella y zanjar el asunto de la mejor manera.
En un instante la sostuve del cuello, irritado por su osadía. Sus manos intentaban liberarse de
mi agarre, pero era inútil.
-Que no te engañen mis iris dorados. Si quisiera, podría matarte ahora mismo.
Sus ojos se colmaron de lágrimas que comenzaron a salir a borbotones. Sabía que le costaba
respirar, pero no pensaba asesinarla. Esa no era mi intención. Al menos, no todavía.
-Olvídate de E.J.
-Seth...
-No es por ese. Es por mi. E.J. será mío. No vas a vengarte o lo que sea que tienes planeado.
Haz el equipaje y vete a donde quieras. Lejos. Y no vuelvas, porque si de nuevo te veo cerca
de E.J. no seré tan compasivo.
-Hazle caso-Jane había entrado por la ventana y miraba la escena divertida. Solté a Bella que
cayó al suelo de rodillas y empezó a toser tocando su garganta.
-¿Me has seguido?-pregunté a mi hermana.
-Pues claro-echó un vistazo a la habitación y puso cara de asco, manteniéndola así incluso
cuando miró a la humana-¿acabando con la competencia?
-¿Lo dices por esta?, no es rival alguna. Pero ya es bastante molestia el lobo como para lidiar
con otra cosa insignificante.
-Huele bien.
POV. E.J.
Me sentía nervioso. Era extraño que Alec no estuviera en la cabaña cuando llegué, pero más
raro aún era lo que me había dicho su hermana. ¿Alec enamorado de mi?. No sabía si
creérmelo o no. Atracción, posible. Amor, improbable.
Apenas había probado la ensalada y Seth, a mi lado, parecía igual de consternado que yo.
Aunque lo suyo desconocía porqué era. Lo había encontrado así desde que salí de la
universidad y temía preguntarle y que él me preguntara a mi. Sabía que Alec no era de su
agrado y podía enfadarse si le contaba. Antes tendría que confirmarlo con el vampiro y me
alteraba plantarle cara y preguntarle si aquello era verdad o no.
Cuando le escuché cruzar la puerta, contuve la respiración por un instante. Jamás me había
visto en una situación similar. Ni pude mirarle cuando apareció en la cocina.
-Hola.
Escuché a Seth gruñir por lo bajo. Yo no aparté los ojos del plato.
Me levanté sin más, eché los restos de ensalada en el plato de Seth, como hacia siempre que
me sobraba comida y fui a mi habitación.
No tenía ni idea de cómo afrontar aquello y por un instante me sentí un niño, tal y como me
veía mi abuelo Billy. Un niño pequeño y asustado que prefería esconderse bajo la manta hasta
que el sol volviera a aparecer por la ventana y las sombras se disiparan.
Y entonces actué como tal. Salí por la ventana y corrí a través del bosque sin rumbo fijo.
Durante lo que me parecieron interminables minutos, todo era oscuridad mientras pasaba a
través de un laberinto de altos troncos. Hasta que atisbé un brillo por entre las ramas de los
árboles más grandes. Crucé un helecho y llegué al borde de aquel remanso de luz.
El lugar más hermoso que había visto en toda mi vida apareció ante mis ojos.
Una pradera llena de flores silvestres: violetas, amarillas y de tenue blanco. Podía escuchar el
burbujeo musical de un arrollo que fluía en algún lugar cercano. El sol estaba directamente en
lo alto, colmando el redondel de una blanquecina calima luminosa.
Decidí quedarme allí y disfrutar de la soledad y la calma para pensar en lo que ahora me
atormentaba. Ese era mi plan, pero...
-¿Qué te pasa?-Alec estaba inmóvil debajo de la inmensa sombra del dosel de ramas, en el
mismo borde del claro, mientras me contemplaba con ojos cautelosos. Yo le miraba
petrificado, como si hubiera visto un espectro o algo peor. Ante mi falta de respuesta, inspiró
hondo y salió al brillante resplandor de la tarde-¿qué te pasa conmigo?-añadió esta vez.
-¿Por qué tiene que pasarme algo contigo?-pregunté ofendido y como si estuviera allí para
echar el rato, me dejé caer sobre la hierba.
-Te fuiste de la casa en cuanto llegué. ¿He hecho algo que te molestara?, si es así, te pido
disculpas.
-No digas...no digas eso. No me has molestado. Es solo que...-me mordí el labio antes de
continuar. Debía pensar bien en las palabras que iba a utilizar. Temía que al decirlas en voz
alta, él se riera de mi y me dijera que todo era una broma de mal gusto.
-¿Estás enamorado de mi?-solté a bocajarro. Yo era el primero que odiaba los titubeos y me
estaba comportando justo como alguien inseguro.
Su gesto no cambió en lo más mínimo, así que no me era posible averiguar qué pasaba por su
cabeza.
-Huiste de mi.
-No huí de ti...huía del enfrentamiento. Temía preguntártelo-reconocí. Aquello era totalmente
un comportamiento infantil.
-Sé lo que es eso. La curiosidad me trajo hasta Forks e hizo que me quedara.
-Alec...
-Vas a rechazarme.
-No. No...quiero decir...voy a preguntarte, ¿cómo es posible?. Acabamos de conocernos
realmente.
-Hay cosas que no soy capaz de definir. Lo que siento es una de esas cosas.
-Entonces no puedes estar seguro de que sea amor. Romántico, quiero decir. ¿Te caigo
bien?¿llamo tu atención?, quizás estés confuso. Es normal, a muchos les pasa. Con el detalle
de que soy una criatura única...
-No estoy confuso. Tengo claro que he visto muchos rostros en mi vida, pero ninguno me
había hipnotizado como el tuyo. Sé que si pudiera dormir, soñaría contigo. Y que si tengo que
elegir entre regresar a Volterra o quedarme a tu lado, escojo tu cercanía. ¿Qué significa todo
eso?
POV. E.J.
Me quedé sin habla unos instantes. Boqueando como un pez fuera de su pecera. Aquella era
una declaración en toda regla. Aquel vampiro que tenía delante estaba abriéndome su
corazón y me había quedado como un pasmarote ante su aplastante sinceridad.
¿Cómo iba a lidiar con los sentimientos de Alec hacia mi?¿y qué pasaba con lo que sentía yo?
Ese tipo de preguntas, su preocupación por mi reacción a sus comentarios. Alec, a pesar de lo
que yo había creído en un principio, era tan caballeroso como inquietante.
-¿Ocurre algo?
-Es tu manera de expresarte. Se me hace extraño pensar que eres más viejo que mi padre y
luces más joven que él. Si no estuvieras brillando ahora mismo por la luz del sol sobre tu piel,
no podría creer tu naturaleza vampírica.
Estiró su mano y acarició la mía. Con delicadeza. Como si tuviera miedo de que cualquier
paso en falso me hiciera retirarla y echar a correr. Al contrario, giré la mía y le sujeté por la
muñeca.
Le mostré mis pensamientos. Aro, aquel día en el claro, con el entusiasmo en el rostro al
saber lo que yo era. Cayo con su fría mirada y sin fiarse de nosotros. Marco, cansado y con
ganas de marcharse cuanto antes de allí.
-Totalmente.
-Pero nos juzgaron y nos condenaron a la hoguera. De entre las llamas, Aro y Cayo nos
sacaron a mi hermana y a mi. Desde entonces estamos con ellos. Nos dejaron crecer lo
suficiente como para no ser un peligro y nos convirtieron en vampiros. Nuestros sentimientos
cuando creíamos que íbamos a morir, se transformaron en dones al renacer. Jane sólo
deseaba que los de nuestro alrededor sufrieran lo mismo que nosotros, pero yo lo único que
quería, era no sentir dolor.
-¿Cómo es posible?
-Ni recuerdo sus rostros. Sólo sus acciones. Me dieron la vida, pero Aro nos dio otra mejor.
Además, murieron cuando los Vulturis atacaron a los que nos habían juzgado.
El brillo en la piel de Alec se había suavizado y me di cuenta de que ya la tarde empezaba a
caer. Entonces decidí que era hora de volver a casa.
Mis padres estaban en la cocina, así que supuse que la cena sería servida pronto. Y a Seth lo
encontré en el salón, sentado en uno de los sillones y con la mirada triste y perdida.
-Claro.
-Entonces yo también.
Volvió a enfocar la vista en algún lugar inexacto de la habitación y tuve que agacharme a su
altura para sonsacarle más. Apoyé las manos en sus rodillas y le miré serio.
-Nada, de verdad.
-Seth. Dímelo.
Conmovido, tuve que abrazarle. Necesitaba reconfortarle para calmar mi propia desazón. Ver
tan apagado a mi Seth me partía el corazón en mil pedazos.
-Tengo una idea-dije echándome hacia atrás para mirarle a los ojos. Capté su interés-
salgamos.
-Acabas de llegar.
-Si, pero es viernes. Mañana no tengo que ir a clase y necesitas despejarte. Salgamos.
-Seth- me puse en pie y le cogí de las muñecas para tirar de el y que se levantara-vamos a
salir a ligar.
-A ligar. Desde que te conozco...o sea, desde que nací, nunca te he visto con nadie. ¿Has
tenido novia alguna vez, Seth?
-No, pero...
-¡Pues eso mismo!-di un tirón y Seth se incorporó-te animará.
POV. Seth
-Cierra la boca.
-Que te calles.
Me vestí con lo más decente que pude encontrar en poco tiempo. Camisa negra que
remangué hasta los codos, pantalones vaqueros oscuros y los únicos zapatos de vestir que
había en el fondo de mi armario. No tenía ni la más remota idea de a donde pensaba Eddy
llevarnos para ligar. La simple palabra me causaba risa. Ligar, yo. Como si fuera capaz de
mirar a otra persona que no fuera el propio Eddy.
El trayecto en coche fue silencioso. Yo iba de copiloto, Eddy conducía, y Alec sentado detrás,
en el centro. Lo que favorecía que pudiera lanzarle miradas de desprecio por el retrovisor. Me
molestaba no solo su presencia, sino que además, Eddy le había escogido la vestimenta.
Ahora llevaba una camisa blanca con un chaleco gris claro encima y unos pantalones oscuros.
Eddy estacionó el coche en el parking de lo que parecía una discoteca. Porque el llamativo
letrero de luces de neón y la cola de gente en la puerta lo delataban.
-Vi un cartel en un pasillo de la facultad-dijo Eddy sacando la llave del contacto y saliendo del
coche.
En cuanto los tres bajamos del vehículo y comenzamos a caminar hasta el local, las miradas
de la gente que estaba en la cola para entrar se dirigieron hacia nosotros. Me hice el
desentendido, porque sabía el efecto que causaban los vampiros en la gente normal.
-Bien, Seth tú eres adulto. Yo tengo el carnet falso que me consiguió el abuelo Carlisle para
entrar en la universidad...Alec, tú eres el más joven de los tres físicamente. Hay que buscar el
modo de que puedas entrar y...
-No te preocupes. Accederé sin que ese de la puerta se de cuenta ni de que existo-dijo el
vampiro seguro de si mismo y se nos adelantó.
-No debiste dejar que viniera, Eddy. Es peligroso. Ahí dentro habrá mucha gente.
-No te preocupes-me dio la mano y acercó su boca a mi oído, haciendo que se me erizara
toda la piel del cuerpo-no será competencia para ti. Te prometo que no intentará arrebatarte a
ninguna chica.
-Encontraremos la chica perfecta para ti-dijo tirando de mi mano para que andase más
deprisa.
Dentro, el local estaba lleno hasta los topes. Las luces de colores se movían casi con la
rapidez de la música estridente y la gente se apiñaba, bailando unos pegados a los otros.
Alec estaba cerca de la barra, sentado en un taburete y con una copa delante que era obvio
que no había probado ni probaría. Eddy me miró con los ojos brillantes y frotándose las
manos.
La situación empeoraba por momentos. Alec tenía razón. ¿Iba a rechazarlas delante de Eddy?
-¿Cómo?
-Ahm...no lo sé.
-Morenas.
-¿Altas o bajas?
-Altas.
-¿Ojos?
-¡Verdes!-grité inútilmente porque se adentraba cada vez más entre el gentío. Me quedé allí
plantado inmóvil como una estatua. Durante unos minutos que se me hicieron eternos esperé
que Eddy volviera. Intentando mirar sobre las cabezas de la gente y consciente de que si Alec
estuviera a mi lado se reiría de mi a más no poder.
Me sentía miserable. En vez de decirle a Eddy cuales eran mis sentimientos, me había dejado
arrastrar a aquel lugar para representar la más absurda de las pantomimas. Fingir que podía
interesarme cualquier chica. Fingir que podía salir a ligar como si tal cosa, como un chico
corriente.
Cuando Eddy reapareció frente a mi, no lo hizo solo. Le acompañaban dos chicas. Una
morena de ojos castaños y otra pelirroja de ojos azules. Ambas tenían una sonrisa eterna en
el rostro, y parecían entusiasmadas de estar junto a mi E.J.
-Te presento a Kate- la morena-y a Audrey- la pelirroja- ambas tienen muchas ganas de bailar-
Eddy me guiñó un ojo y quise que el suelo se convirtiera en arenas movedizas y se me
tragara.
-¡¿Te apetece bailar?!-no sabía si reírme de que ella me gritase cuando, a pesar de la música
tan alta, no tenía problema alguno para escucharla. De todos modos la imité, había que
parecer normal.
Y estábamos a solas.
-¡No te ofendas...ahm...!
-¡Kate!
-¡Eso, Kate!
Eché un vistazo alrededor. Eddy no estaba tan lejos, bailando con aquella chica de bucles
anaranjados y cuerpo esbelto, lanzando miradas furtivas hacia nosotros. Tenía que disimular y
cogí a Kate por la cintura, pegándola más a mi cuerpo. Eso hizo que Eddy sonriera,
complacido y siguió bailando como si nada.
-Escucha, Kate- dije cerca de su oreja para no tener que seguir gritando-no te ofendas, pero
aunque eres una chica preciosa, estoy enamorado de otra persona. Solo he venido aquí
porque me sentí obligado a hacerlo. Aún así, sé que es pasarme de la ralla, pero ¿me
seguirías el juego?¿como si esto estuviera yendo bien?
Ella no me respondió. Simplemente puso sus manos sobre mis hombros, como si
estuviéramos bailando acaramelados.
-Gracias-susurré.
-¿Quién es? Está aquí supongo, porque si actuamos es para que ella nos vea. ¿Es la de azul?
Cerca de nosotros, había una chica bailando provocativa con otro chico. Tenía un corto
vestido azul brillante con lentejuelas y parecía ser el centro de atención de varias miradas
masculinas.
-No.
-Imagino lo que dijo. Me trajo aquí a ligar-era una frase graciosa aquella.
-Esta noche me ha servido para darme cuenta de que él no siente lo mismo que yo-dije con
pena evidente en la voz-nadie lleva a alguien que le gusta a conquistar a otras personas. Así
que supongo que no es una noche perdida después de todo.
Sentí que el nudo en la garganta comenzaba a ahogarme. Mis ojos, por su cuenta, buscaron a
Eddy y se le veía feliz bailando con la pelirroja. Alec. Bella. Aquella chica de la discoteca.
Demasiadas personas con las que competir. Yo no entraba en aquel grupo. Simplemente era
su mejor amigo. Siempre iba a ser así. Quizás era demasiado tarde para que Eddy cambiara
su opinión de mi. Tal vez debí haberle dicho antes que era mi imprimación, desde el mismo
instante que lo había cogido en mis brazos por primera vez siendo un bebé que ya entendía
plenamente las cosas de su alrededor.
Puede que de ese modo hubiera sido consciente de mis sentimientos, y las probabilidades de
corresponderme serían mayores. Nunca lo sabría. Ya era tarde.
Kate amablemente bailó conmigo un par de canciones, y poco después, ella y su amiga se
retiraron a algún lugar dentro de la discoteca. Yo seguí a Eddy a la barra, donde nos reunimos
con Alec.
-¿Te diviertes?-preguntó Eddy al vampiro que tenía cara apática hasta que apareció frente a
el.
-Tal vez no fue buena idea que vinieras-dijo Eddy divertido. Se notaba que el haber salido de
fiesta por primera vez en su vida le hacía feliz-¿qué tomas?
-No sé. Me senté aquí y el camarero no dejaba de preguntarme si quería tomar algo. Le dije
que me pusiera cualquier cosa para que se callara.
Era una copa, llena de un líquido de color verde y una guinda en el fondo.
-¿Te apetece tomar algo?-me preguntó Eddy a mi. Yo negué con la cabeza. Las bebidas
alcohólicas en mi cuerpo no tenían efecto, porque el alcohol se evaporaba con mi temperatura
corporal.
Entonces cogió la bebida intacta de Alec y se la tomó de un solo trago. En cuanto se la acabó,
tosió un poco.
-Ponme otro.
-Estamos de fiesta ¿no?-dijo y cuando tuvo la copa llena delante, volvió a tomarla de un trago.
De esa manera, tras seis copas como aquella, la noche de ligue acabó antes de lo esperado.
Tuve que conducir yo de vuelta a casa, porque el efecto de la bebida en Eddy le había
provocado sueño, así que iba en el asiento trasero junto con Alec, dormitando sobre su
hombro y haciendo que yo rechinara los dientes, pero tuve que tragarme los celos, que
escocían como bilis en mi garganta.
Por las tardías horas, era de esperar que Jacob durmiera, no así Edward, aunque confiaba en
que no saliera a recibirnos y viera a su hijo tambaleándose por el alcohol. Eddy se había
tomado muy enserio lo de salir de juerga y la pequeña parte de humanidad que había en él le
estaba pasando factura a modo de borrachera.
Fui yo el que se ocupó de llevar a Eddy a su dormitorio y dejarlo sobre la cama. Y entonces
Alec se marchó. Supuse que a la casa de Carlisle, pero poco me importó.
Eddy siempre había sido de sueño profundo, como Jacob. Tanto que pondría la mano en el
fuego, porque ni con una explosión nuclear abriría los ojos.
Sonreí recordando todas las veces que había estado en su habitación haciendo precisamente
aquello. Quitarle los zapatos para recostarlo adecuadamente, taparle con la manta y dejar que
durmiera tranquilamente toda la noche.
A veces dejaba incluso que le pusiera el pijama mientras le contaba uno de mis cuentos
modificados. Se los sabía todos de memoria, e incluso así, me pedía que se los repitiera.
Siempre variando de una noche a otra, pero me los exigía con su dulce vocecita y me era
imposible negarle nada.
Se revolvió un poco cuando tuve que moverle para poder cubrirle con el edredón, aún así
siguió dormido, respirando acompasada y profundamente. Hermoso hasta en la más absoluta
oscuridad. Inalcanzable para mi como la luna en el cielo.
Me aparté dispuesto a irme, pero eché un último vistazo a su silueta desde la puerta.
-Buenas noches, Eddy -susurré. Sentía el cuerpo pesado, cansado y triste. Como si cada paso
costara el mayor de los esfuerzos. A pesar de ello, dudaba que pudiera dormir a pierna suelta.
Apenas había dado un paso para salir de allí cuando escuché su voz amortiguada por la
gruesa tela de la colcha.
Cuando me volví para verle, estaba sentado, con los ojos semicerrados y el brazo en alto, con
la mano suspendida en el aire en mi dirección.
-Esta noche...
Obedecí.
En cuanto me senté de rodillas sobre la cama, sus dedos fueron a parar a mi nuca, su brazo
se enredó tras mi cuello y su frente terminó sobre mi hombro. A pesar de su estado, su aliento
no olía a alcohol, sino a menta por el cóctel.
Volví a hacerle caso y me cubrí con la manta yo también. Quedando completamente a su lado.
Rozaba la tela de su ropa con la mía, tan próximos, que debía escuchar con claridad los
latidos desbocados de mi corazón.
Hacía tiempo que no dormía con él, cierto, pero porque hasta ahora no me sentía de este
modo. Tenía miedo de tocar su piel por temor a no poder refrenar mi deseo. Tenía miedo de
que sus más leves caricias me nublaran el juicio. Tenía miedo de perder su amistad al
perderme a mi mismo.
Colocó la mano sobre mi cintura y me miró con una media sonrisa en los labios-buenas
noches, Seth.
Tragué y cerré los ojos. Debía dormir. Intentarlo al menos. Aquella situación era nueva para
mi.
Antes todo era fácil. Eddy solo era un niño. Mi vida se resumía en darle todo lo que
necesitase, jugar cuando me lo pidiese y cuidarle a jornada completa. Pero ahora, sólo
pensaba en amarle. Las veinticuatro horas. Hacerle sentir querido y que me quisiera. Que me
quisiera de la misma forma en la que lo hacía yo con aquel sentimiento que parecía no tener
fin.
Cuando volví a abrir los ojos, Eddy dormía profundamente y ni siquiera habían pasado diez
minutos. Con la boca entreabierta y el rostro calmo.
No pude evitarlo y le acaricié la mejilla con el dorso de los dedos, tan suave como el
terciopelo. Y volvió el pánico a perderle, a que aquellas noches se convirtieran en un mero
recuerdo y a saberlo en otros brazos que no fueran los míos.
En un impulso, le pegué más a mi cuerpo. No pareció percatarse y fui un poco más allá.
Acorté la distancia y rocé sus labios con los míos. Sólo un segundo, sólo una caricia. Pero
entonces caí en mi propia trampa. Quería más y le besé con suavidad. Notando su aliento y el
mío entremezclarse. Mis labios presionaban con los suyos y sentí la necesidad de probarle. El
olor a menta embriagaba mis sentidos. Su lengua era dulce y exquisita, postrándose ante mi
sin impedimento alguno. Y era incapaz de creer que algo como aquello, que sentía mío, que
había sido hecho para mí, que sólo yo debía poseer; tarde o temprano me sería arrebatado.
Volví a mi ser y le contemplé. Seguía impasible, aunque hubiera jurado que le vi sonreír un
poco.
Imaginaciones mías. Le abracé con fuerza y cariño, oliendo su pelo y sintiendo su respiración
sobre mi pecho. Así, me quedé dormido.
Continuará...
23Senda peligrosa
POV. E.J.
Me sentía muy cómodo y protegido. Notaba la luz del sol en la espalda, entrando a través de
la ventana, pero poco me importaba en ese instante que ya fuera de día. Tan a gusto como
estaba. Tan tranquilo.
Respiré hondo y supe perfectamente de quién eran los brazos que me rodeaban. Aquel aroma
era de Seth. Inconfundible.
Abrí los ojos y lo vi durmiendo, a pocos centímetros de mi rostro, su nariz casi rozando con la
mía. Sentí que mis mejillas se volvían cálidas y me aparté conmocionado.
Mi garganta estaba seca, rasposa, como si hubieran pasado una lija por ella. Era molesto e
insoportable. Por desgracia, sabía perfectamente lo que aquello significaba.
Fui a la cocina en busca de una consolación y allí estaban mis padres. Uno desayunando, y el
otro de pie, leyendo un libro de cocina.
-Buenos días, Ed-dijo mi padre antes de seguir devorando lo que parecían huevos revueltos.
-¿Os divertisteis?
Mi cara debió darle la respuesta. Abrí la nevera, saqué un zumo, y al ver que quedaba poco,
bebí directamente del tetra brik.
Entonces sentí que alguien me ponía un gorro en la cabeza. Al darme la vuelta, vi a mi tía
Rosalie.
-¿Te gusta?-preguntó. Yo tuve que quitármela para ver que se trataba de una gorra nuevecita.
-Todo.
-Gracias.
-Nada de gracias-dijo mi tía y estiró los brazos hacia mi. Así que la abracé y ella me dio un
sonoro beso en la mejilla. Tras su fuerte achuchón, se me quedó mirando como si me
examinara-tienes mala cara. ¿Qué pasa?
-Tengo sed.
-Toma, peque-mi padre me ofreció el vaso de leche que tenía junto a su plato.
-Por lo que he leído, la resaca se caracteriza por dolor de cabeza y mareos. No es mi caso.
-Porque no eres humano, E.J.-dijo mi otro padre sin despegar la vista del libro pero claramente
atento a todo lo que ocurría.
Esme Cullen me dedicó una sonrisa amable antes de que yo saliera por la puerta de su casa
rumbo a la cabaña.
Por lo general, desde que había llegado, los Cullen habían sido corteses conmigo, pero
obviamente, no pasaba por alto que se habían visto obligados a tolerarme por el ofrecimiento
de Edward. Se notaba, claro, que mi presencia no les agradaba, aunque dados sus modales,
no iban a echarme.
Carlisle Cullen siempre me había parecido un pusilánime. Un vampiro antivampiro. Pero ahora
que yo también me alimentaba de sangre de animales, y vivía con ellos aparentando ser un
humano corriente, mi opinión de él y por ende de su familia, había cambiado. Aunque Emmett
y Jasper me lanzaran miradas displicentes cada vez que me veían.
-Le dije que no volvería sin ti. Que sólo yo podría traerte de vuelta.
-Pues te equivocaste.
Caminamos un poco, a ritmo normal. Me disgustaba la idea de que Edward descubriera que
Jane andaba cerca y esperaba que mi hermana desapareciera antes de llegar a la cabaña.
-¿Quiénes?
-Pues claro.
-¿Y?
-Temo que no tengo tantas posibilidades como yo creía. El lobo...pasaron la noche juntos.
-No puedo y créeme que deseo hacerlo con todas mis fuerzas. Parece que esto del amor es
un arma de doble filo. Quiero que solo esté conmigo, pero no puedo hacer nada que le haga
sufrir. Aún si eso implica estar con...él.
-Ojalá pudiera hacer algo por ti...-me dio la mano y me la apretó con fuerza, reconfortándome.
-¿Quién?
-¿La mataste?
-La obligué a escribir una nota a su papá-su tono de fingida lástima me hizo gracia-diciendo
que necesitaba estar sola, así nadie la buscaría por un tiempo. No supiste mirar, hermanito. La
chica acababa de llegar de...Alaska creo que me dijo. Así que hice que escribiera que volvía
allí. Subió al coche temblando, casi se le cae la maleta-rió-fue divertido.
-Ah, no. Dejé que se alejara bastante. Confiada de que tenía plena libertad.
Volvió a reír. Sus carcajadas eran como el dulce tintineo de unas campanillas.
Pero no pude seguir la conversación, porque entonces le vi. Como una estela a través de los
árboles.
Y no pude vislumbrar nada más. Incluso mi hermana desapareció de mi lado cuando mis ojos
fueron detrás de aquella criatura.
POV. E.J.
Odiaba intensamente aquella sensación. La sed imposible de saciar con nada que no fuera el
liquido rojo que tanto despreciaba beber. Pero formaba parte de mi naturaleza y no me
quedaba alternativa.
Corrí a través del bosque en busca de un sonido, de un aroma que me indicara que había
ciervos cerca. Saqué los colmillos y me gruñí a mi mismo.
De niño, cazar me resultaba divertido, excitante. Era una competición, y Seth la había
convertido en una especie de juego. Como un deporte en el que ganaba el que consiguiera la
presa primero. Pero de adulto la cosa cambiaba. No me gustaba matar animales por el simple
hecho de calmar mi sed. He ahí la razón de que quisiera ser veterinario. Dispondría de
reservas de sangre como en el hospital de mi abuelo Carlisle, sin la necesidad de que ningún
animal tuviera que fallecer por mi culpa.
Suspiré y finalmente lo capté, el llamativo olor. Así que me lancé hacia el este. La vegetación
fue raleando a medida que ascendía. El aroma era cálido, más intenso que un alce, y más
atrayente. Mis ojos localizaron el movimiento de unas patas sobre la hojarasca. Vi la piel
leonada de un gran felino. Cuando me vio, rugió y expuso sus colmillos, pero la sed era muy
fuerte.
No fue una gran lucha. La calidez de su sangre irradió por todo mi cuerpo, y calmó aquella
incomodidad en mi garganta, pero como siempre, cegado por la necesidad, el animal acabó
muerto entre mis brazos antes de que hubiera podido reaccionar para evitarlo.
Lo solté y cayó sobre la tierra con un golpe seco. Aunque no tuve tiempo de lamentarlo
demasiado.
-No sabía que también bebías sangre-dijo Alec. A pocos metros de mi, con aire casual, como
si hubiera estado allí por horas.
-No debiste hacerlo-dije enfadado. La boca todavía me sabía a sangre. Mis manos olían al
puma que yacía muerto a mis pies. Y me sentí avergonzado.
-¿Qué pasa?
-Eso parece-reconocí.
-Es esta maldita sed. Por fortuna, solo aparece una o dos veces al mes. El resto del tiempo,
me alimento de comida.
-Te creo.
Sus manos acariciaron mis mejillas y descendieron hasta mi cuello. Con delicadeza, como si
temiera que fuera a romperme bajo su tacto. Era consciente de que sus ojos no se apartaban
de mis labios y me puse nervioso. Nunca había besado a nadie y no sabía si quería que Alec
fuera el primero.
Tenía que distraerlo y sólo se me ocurrió una cosa que una parte de mi había deseado desde
que lo había visto unos días atrás en las afueras de mi universidad.
-¿El qué?
-Tu don.
-Quiero no sentirlo.
-¿Estás seguro?, podría ser peligroso. Podría matarte bajo su influencia y ni te darías cuenta.
-Muéstramelo- insistí.
-A cambio de una cosa-dijo. Sus manos se apartaron de mi y dio un paso hacia atrás.
-Curiosidad.
Sus labios dibujaron una sonrisa, quizás rememorando nuestra anterior conversación en la
pradera.
-Está bien-dije sin más. Era justo. Una cosa por la otra.
Pero para entrar en fase, tenía que hacer algo primero. Y mientras lo hacía comencé a
arrepentirme de haber accedido.
Me quité la camiseta y se la tendí a Alec, que de repente me miraba con la boca abierta.
-La ropa se rompe-dije sin rodeos. Ahora tocaba deshacerme de los pantalones, y no pude
evitar ruborizarme, porque aquel vampiro no apartaba la vista de mi. Así que la ropa interior se
rompería. No pensaba quitármela delante de Alec.
Entrar en fase para mí, era tan sencillo como respirar. Pero se me hacía extraño lo de andar a
cuatro patas y la nueva perspectiva del mundo en esa posición.
El lobo en el que me convertía, según los que me rodeaban, era único. Jamás habían visto a
alguien físicamente como yo. Y ante esas opiniones, una vez, me había observado en el
reflejo del agua.
Impresionaba verse a uno mismo con ese aspecto. No así a los demás. No me resultaba
chocante ver a mi padre, a Seth o a Leah. Pero yo...aquellos ojos de un escarlata intenso,
aquel pelaje completamente blanco y el descomunal tamaño. Ya sabía que no era normal, y
entrar en fase y ser un lobo me lo recordaba. Por eso no lo hacía demasiado a pesar de que
mi padre de vez en cuando me explicaba que yo era un verdadero alfa nacido para liderar una
manada.
Pero un trato era un trato. Él ya me había visto como lobo y ahora le tocaba mostrarme su
don. Aunque salir de fase implicaba...completa desnudez. Así que volví a ser yo mismo
mientras le daba la espalda.
Estiré una mano al tiempo que con la otra me tapaba mis partes íntimas, tremendamente
sonrojado.
De repente, a mis pies, vi una especie de niebla blanca que comenzó a rodearme. Y entonces,
dejé de ver. Intenté gritar, pero no me escuchaba. Y quise caminar, aunque no podía saber si
lo estaba haciendo o no. No comprendía nada, hasta que recordé el don de Alec.
Cuando recuperé la vista, no solo estaba completamente vestido de nuevo, sino que también
había vuelto mi sentido del tacto y sentía los labios de Alec sobre mis labios, y podía ver sus
ojos a escasos milímetros de los míos.
POV. Seth
Desperté escuchando las carcajadas de Rosalie, que por lo que deduje estaba hablando con
Jacob en algún lugar de la casa.
Ya Eddy no se encontraba a mi lado y me enfadé conmigo mismo por no haberme levantado
cuando él lo había hecho. Aunque, todavía algo adormilado, me levanté para ir en su busca
por la cabaña.
Tal como predije, Rosalie y Jake estaban charlando animados en el salón, sobre alguna
anécdota que parecía haber vivido la vampira rubia. Edward en cambio, estaba en su
dormitorio, tumbado sobre la cama, con un libro entre las manos y la puerta abierta.
-No me avisó para ir con él-la aflicción se notaba en mi voz aunque intentase evitarlo.
A pesar de que Edward estaba en lo cierto, echaba de menos los viejos tiempos en los que
Eddy y yo hacíamos todo juntos. Como uña y carne, inseparables.
-Díselo, Seth.
Mi cuerpo se tensó y detuve mis pasos inevitablemente. Volví a mirar a Edward. Había
cerrado el libro y sus ojos me contemplaban intensamente.
-Sí. Por Alec. Por Bella. Por cualquiera. E.J. es tu imprimación, Seth. Sabes lo mucho que te
estimo, y no se me ocurre mejor persona para estar con mi hijo. Por eso, y por lo que sé que
podrás sufrir si se diera el caso, Seth, te imploro que se lo digas. Deja que E.J. pueda elegir
sabiendo quienes son los candidatos. Por ahora solo está Alec.
-¿Quieres decir...Alec ha hablado con Eddy?-sentí como si una bola de fuego hubiera caído
en mi estómago y las llamas empezaran a extenderse por doquier.
-¿Y...le corresponde?-había hecho la pregunta, pero no quería saber la respuesta bajo ningún
concepto.
-No soy yo quien deba responder a esa cuestión-y así, sin más, zanjó la conversación. Abrió
de nuevo el libro y se centró en la lectura.
Yo notaba las piernas temblorosas. Se había abierto un precipicio delante de mi al que podría
caer de un momento a otro y no había modo de salvarse o evitar la caída.
Salí de la cabaña ignorando el saludo de Jake y Rosalie. Me adentré en la espesura del
bosque y dejé que su aroma me llevara hasta él.
Tenía miedo, mucho. Las palabras de Edward me dolían como balas en el corazón. Él
escuchaba los pensamientos de su hijo y sabía cosas que nadie más podía conocer. Si él me
había dicho eso, es que mis posibilidades eran casi nulas; que la balanza se había inclinado a
favor del vampiro recién llegado. De aquel asesino que solo había venido a arrebatarme la
felicidad. Y a pesar de todo, si eso ocurría, yo no podía reclamar nada. Había sido un cobarde.
Me había confiado de que tendría todo el tiempo del mundo para confesarle mis sentimientos
y mi imprimación y había pecado de soberbia. Siempre pensé que Eddy sería mío. Y el
universo me estaba castigando por ello.
¿Qué haría yo?, solo de imaginarme a Eddy marchándose de Forks. De verle despidiéndose
de mi. De pensar que no volvería a tenerle a mi lado jamás, me hacían desear la muerte.
Porque por mucho que Eddy fuera feliz...dolía más de lo que me consideraba capaz de
soportar.
El camino iba ascendiendo a medida que avanzaba y la vegetación era cada vez más escasa.
Lo cual fue una ayuda para que, al llegar, contemplase aquella escena con mayor claridad.
Me paralicé. Sentí que la sangre se congelaba en mis venas. Que dejaba de respirar y el
corazón había ralentizado sus latidos.
Allí, frente a mis atónitos ojos, Alec y mi Eddy se estaban besando. Aquel vampiro estaba
probando unos labios que hacía escasas horas habían sido míos. Tocando a una criatura a la
que yo amaba más que a mi propia vida. Y la realidad me golpeó duro. Tanto que sentí que
perdería la consciencia y no despertaría jamás.
Quise gritar, entrar en fase y lanzarme contra Alec cual kamikaze. Quise enfurecerme, quise
llorar. Temblé. Recé porque aquello no fuera cierto. Escuché al lobo y a mi alma aullar de
dolor. Y lo único que pude hacer, fue marcharme y no mirar atrás.
Final
POV. E.J.
Los labios de Alec eran suaves. Se sentía bien aquella sensación. A pesar de que ambos
parecíamos realmente torpes e inseguros, besar era tan agradable como me lo había
imaginado.
Sus ojos permanecían cerrados. Su mano, firme, no se movía de mi nuca, y la otra parecía
sujetarme vacilante por la cintura.
Había visto muchas películas en mi vida, a mis padres y a mis tíos...como para saber
perfectamente que un beso no se limitaba simplemente a pegar unos labios contra otros.
Podía haber más contacto. Podía llegar a ser más placentero. Apostaba por ello.
Alec era atractivo. Era distinguido. Había cambiado su manera de ser por mi...pero no era
Seth. Mi primer beso, debía haber sido con Seth. La declaración de amor debería de haber
sido por parte de Seth. No podía seguir con aquello cuando lo que yo deseaba, era a Seth.
Posé mis manos en el pecho de Alec, y le empujé levemente. Eso hizo que se detuviera y se
apartara para mirarme. Percibí algo de temor en sus ojos.
-No...pero yo...
-No es eso...-me sentí Atlas de repente, como si cargara con el peso del cielo sobre mis
hombros. Podía aplastarme en cualquier momento, y quizás eso era lo que me merecía.
Pero aquello había llegado demasiado lejos. Alec había venido de Volterra, se había quedado
en Forks mucho tiempo por mi culpa. Me había confesado sus sentimientos y yo,
desconcertado, no había sido capaz de detener tal caos antes de que fuera tarde. Como
ahora. Aunque debía escuchar a mi corazón y a mi mente. Allí solo había cabida para uno.
Negué con la cabeza. Las lágrimas se agolpaban en mis ojos, pero se resistían a salir. No
quería lastimar a Alec, pero tampoco podía engañarme a mi mismo, y por consiguiente, a él.
-En estos días, te juro que te he cogido mucho cariño. De verdad. En otras circunstancias,
incluso yo...podría quererte como tú...podría corresponderte.
La voz me salió rota. No mentía. Si las cosas fueran diferentes, habría escogido a Alec sin
dudarlo siquiera. Pero Seth siempre había estado ahí. En mi vida. En mi alma. Teníamos un
vínculo que nadie podría romper jamás. Porque sabía que si yo pedía la luna, Seth me la
daría. Y que si él me pedía el sol, yo haría hasta lo imposible por conseguirlo.
No podía luchar contra aquello. Aunque intentase ignorarlo. Aunque fingiera que lo que había
entre nosotros era pura amistad. Aunque me muriese de ganas de gritarle a los cuatro vientos
lo mucho que lo quería y jamás me atreviese. Alec se merecía algo mejor que las sobras de mi
amor por otra persona.
-Lo siento mucho...-concluí.
-No lo sientas. Sabía a lo que me arriesgaba al venir aquí. Te observé durante mucho tiempo.
Siempre estabas con él. Cualquier persona con un mínimo de intuición podía ver algo entre
vosotros. Aunque supongo que no pude evitar albergar esperanzas.
-Eh-me cogió del mentón para que le sostuviera la mirada-nada de caras largas. Algún día
Seth morirá. Yo no. Y estaré esperándote, no te quepa duda.
-¿Esperándome?
-Cuando alguien quiere algo como lo deseo yo...el tiempo no es un obstáculo. Soy paciente. Y
quiero tu felicidad, aún por encima de la mía. Pero, lamentablemente...no podré ser testigo de
esa dicha.
-Será lo mejor. No quiero que mi presencia te incomode. Ni quiero matar al lobo por tener la
suerte de poseerte. Aro se alegrará de verme.
-Espero volver a verte algún día-dije sincero. Alec se había ganado mi afecto y sentiría su
marcha.
A cierta distancia, pude ver a Jane, mirándonos. Parecía sonreír, quizás ante la perspectiva de
que su hermano y ella volverían juntos a casa por fin. Estaba convencido de que la vería de
nuevo alguna vez. A ella y a Alec.
POV. Seth
A cada paso que daba, sentía resquebrajarse mi alma un poco más. Y casi sin fuerzas llegué
a la cabaña.
Dentro se escuchaban las risas de Jacob y Edward, a solas en su nidito de amor. Afortunados
por tenerse el uno al otro. La profunda envidia me invadió. No podía entrar y romperles la
burbuja de felicidad. Así que me dejé caer sobre la tierra y apoyé la espalda en la fachada.
Abracé mis piernas y enterré mi cabeza en las rodillas.
Lloré en silencio. La pérdida era el más doloroso de los sentimientos que había
experimentado. Saber que Alec era el elegido por Eddy. Me insulté, mil veces. Debí haberle
hecho caso a Edward, pero mucho antes. Debí haberme confesado. Aunque quizás, lo hubiera
hecho en balde. Daba por sentado que Eddy podía corresponderme, pero evidentemente no
era así. Alec quizás era lo que él había estado esperando.
No sé cuanto tiempo pasé de aquella manera, lamentándome como un niño. Hasta que
escuché pasos. Eddy apareció entonces por entre los arbustos. Solo.
Su rostro no mostraba sentimiento alguno. Era como si no hubiera pasado nada y eso me
molestó.
Los celos se apoderaron de mi mente. La ira manaba de mi cuerpo como el vapor tras una
ducha fría. Recordar aquel beso en medio del bosque, a solas, ajenos al mundo cual pareja de
enamorados. Quizás ya eran novios. Tal vez pensaban mantenerlo en secreto. A mi, que me
consideraba su mejor amigo. Con el que jamás había tenido problemas de compartir nada.
Pero entonces recordé las palabras de Edward. Alec le había dicho sus sentimientos. Se le
había declarado y Eddy nunca me dijo nada en absoluto, igual que no me dijo el día en que el
vampiro apareció en su universidad, la primera vez que lo vio. Las cosas habían cambiado a
tal velocidad que ni lo había visto venir. Era un mazazo descubrir que ahora para Eddy yo no
era más que un mero conocido. La confianza se había disipado.
Eddy se me acercó.
-¿Qué haces?
-Está bien-dijo dispuesto a abrir la puerta y entrar en la cabaña. Pero mi cuerpo me falló.
Actuó por mi. Mi lengua se movió y el sonido brotó de mi garganta.
-¿Qué?-su mano se detuvo antes de tocar el picaporte. Su rostro había palidecido, como si le
hubieran pillado en la peor de las travesuras y no encontrase la justificación para salir de aquel
embrollo.
Me puse en pie, rojo de rabia. No podía evitarlo. Los celos me dominaban por completo. Era
consciente de que se trataba de mi imprimación y que debía tratarle con el mayor de los
respetos y cuidados, pero yo no era yo en ese momento. Me sentía humillado. Necesitaba
reclamarle por haberme lastimado en lo más profundo.
-No lo niegues, E.J. -nunca le llamaba por ese nombre. Noté su tensión al darse cuenta-
¿estáis juntos?
Su gesto se torció. Entornó los ojos, como si intentara reconocerme. Y la furia se adueñó de
su voz también.
Me desinflé como un globo. El coraje se disipó en un instante. ¿Quién me creía yo?, no tenía
derecho alguno para reclamar nada en absoluto. Era como una bofetada ser consciente de
aquello.
-Nadie...-dije casi en susurro. Como si me hubieran desarmado y me hubiera resignado a
recibir el golpe de gracia que acabase con todo.
Su mano volvió a dirigirse al pomo. Temblando por la furia. Tenso. Pero no abrió la puerta. Me
miró de nuevo.
-¿Me seguiste?-preguntó.
-¿Cuánto viste?
Su puño golpeó mi mejilla con una fuerza que me hizo voltear el rostro. No obstante, me lo
merecía.
-Cómo te atreves...-dijo. Esta vez no había enojo en su voz, sino pena. O esa impresión me
dio.
-¿Le rechazaste?
-No tienes derecho a reclamarme nada, Seth. Tú menos que nadie. Eres tan...idiota. No puedo
creer que le rechazara por ti. Un cobarde que ni siquiera es capaz de decirme que soy su
imprimación. Que se queda impasible a pesar de que otro me ronde. Al que no le importa en lo
más mínimo lo que yo pueda sentir y por quien.
Me quedé sin habla. Procesando todo lo que acababa de escuchar. Había rechazado a Alec
por mi y no solo eso, sino que sabía que yo había imprimado de él.
-¿Cómo...?-fue lo único que pude balbucear. Sentí que la lengua me pesaba varios kilos.
Solo se me ocurría que alguien se lo hubiera contado. Lo que no podía deducir quién había
sido.
Él no dijo nada, simplemente alzó el brazo hacia mi y me tocó el rostro, con suavidad esta vez.
Entonces las imágenes inundaron mi cerebro.
Era como estar en los brazos de Jacob. Podía verle el rostro sonriente y los ojos
emocionados. Aquellos eran los recuerdos de Eddy sin lugar a dudas.
-Yo también quiero verlo-aquella era mi voz. Leah se apartó empujada por mis manos y me vi
a mi mismo, algo más joven que ahora.
Aquel momento era tan nítido, que sentí que volvía a vivirlo. Mis ojos no se apartaban del
pequeño Eddy. Edward reía y Leah me golpeó el brazo.
-Creo que tenías razón Leah, E.J. va a ser muy popular- Edward me revolvió el cabello y me
tranquilizó sacándome de aquel estado. Recuerdo que en aquel momento sentía que había
encontrado la razón de mi existencia-todo está bien, Seth.
-¿De qué habláis?-preguntó Jacob. Era de lo más extraño verlo todo y a todos en esa
perspectiva.
-¿Qué?-creo que aquello supuso un duro golpe para mi hermana en ese momento. Pero yo no
podía mirar nada que no fuera Eddy, eso no lo había olvidado, porque seguía ocurriendo a día
de hoy.
-¿Puedo cogerlo Jake?-pregunté yo, al tiempo que la visión se disipaba como humo.
Los dedos de Eddy se apartaron de mi cara y fui consciente de la realidad. Él lo había sabido
siempre.
-Nadie tiene en cuenta que no soy una criatura normal. Ni siquiera tú.
-Espera...tu padre. ¡Edward también sabe que lo sabes!-me sentí un completo estúpido de
pronto.
-Te amo con todo mi ser, Eddy...-dije. Consciente de que había perdido el tiempo. De que
había sido el mayor de los tontos. Pero no podía evitarlo, en un intento desesperado de
retenerlo y que sus sentimientos por mi no cambiaran, fueran cuales fueran. Si él sabía de mi
imprimación, quizás había notado que aquello nos unía más allá de una simple amistad-sé
que es tarde. Que mis sentimientos puede que ya no te importen, pero...no te decía nada
porque tenía miedo. Temía que me rechazaras. Que fueras tú el que no me viera más que
como un amigo y eso quebrara nuestra relación. Prefería tenerte como amigo a perderte.
-¿Me amas?-no supe descifrar lo que había en su mirada. Me asustó esa sensación.
POV. Jacob
Me sentía como un espía, allí, detrás de la cortina. Evitando moverme para que no nos
detectaran. Ni a Edward, ni a mi. Ambos escuchando atentos la conversación que tenía lugar
fuera. Aquella conversación tan esperada, al menos por mi parte.
Al menos había escuchado algo positivo. Alec se había marchado de Forks, rechazado por mi
hijo.
-No puedo creer que no me dijeras que Ed sabía de la imprimación de Seth- murmuré a mi
marido sin dejar de mirar para afuera.
-Pero yo también soy su padre. Me siento excluido-hice un puchero y Edward rió por lo bajo.
-Y también eres el líder de la manada en la que está Seth. Os escucháis los pensamientos,
por ende, todo lo que tu piensas queda expuesto ante él. ¿No has pensado nunca porqué E.J.
no entra mucho en fase?
Chasqueé la lengua al ver que era cierto. Conmigo, los secretos de mi hijo no estaban a salvo.
-Te amo-repitió Seth llamando de nuevo nuestra atención. Se notaba que el rechazo de mi hijo
a Alec le había insuflado ánimos y ya era capaz de expresar sus sentimientos sin reparos.
POV. E.J.
-Te amo.
Me parecía mentira estar escuchando esas palabras por boca de Seth. Había soñado muchas
veces con ese instante que por fin se estaba cumpliendo.
Sin detenerme a pensar, sin saber si era lo correcto en ese momento; me acerqué a él. Mis
brazos rodearon su cuello y le besé. Le besé con ansias. Las mismas que parecía tener él,
que me abrazó fuertemente y correspondió a mi beso sin reserva alguna.
Esto era diferente. Mejor a mi juicio. Perfecto. Mi Seth. E incluso tuve la extraña sensación de
que no era la primera vez que sentía esos labios sobre los míos. Tan cálidos y exquisitos, que
tuve que controlarme para no morderlos.
-Intenté decírtelo muchas veces...-dijo sin apenas separar sus labios de mis labios. Su aliento
chocó contra mi boca y se mezcló con el mío-pero siempre pasaba algo que me lo impedía.
Justo cuando reunía el valor suficiente...
-¿De verdad?-no pude evitar reírme. Parecía que ninguno de nosotros quería separarse
demasiado del otro. Yo hablaba sobre sus labios y él sobre los míos.
-En la playa...en la discoteca...por cierto, ¿por qué me llevaste a ese lugar a ligar si sabías de
mi imprimación?-puso algo de distancia entre nuestros rostros. Sus brazos seguían
rodeándome, pero sus ojos me miraban con ferviente curiosidad.
Ofuscado, comenzó a hacer aspavientos con los brazos, como para dar énfasis a sus
palabras. Eso me hizo reír.
-No tiene gracia-me tapé la boca para amortiguar mis risotadas, pero no funcionaba
demasiado bien. Él se puso serio, aunque sabía que no del todo. Seth nunca se ponía serio
conmigo-luego te emborrachaste y te acosté en la cama. Quise irme, pero me pediste que me
quedara. No pude dejarte solo, ¿por qué iba a hacerlo si todo lo que me pides te lo concedo
sea lo que sea?. Te dormiste y luego yo...-se silenció de súbito.
-¿Y luego?
-Iba a decírtelo. Lo prometo. Aunque borracho no era buena idea. Era probable que no lo
recordaras a la mañana siguiente.
-No. ¿Qué ibas a decir?¿luego tú qué?-pinché consciente de que se había detenido por un
motivo.
-Luego...te besé-sus mejillas tenían un leve sonrojo, apenas perceptible por el color tostado de
su piel.
-¿Me besaste mientras dormía?-el batiburrillo de mariposas que anidaban en mi estómago
comenzaron a batir las alas con más intensidad. Y una sonrisa tonta se dibujó en mi cara-
fuiste tú-fue lo único que dije antes de besarle de nuevo con más pasión incluso que antes.
Él gimió en respuesta, y me apretó entre sus brazos. Esperaba que no me soltase jamás. Lo
deseaba con todas mis fuerzas. Porque él era mío. Y yo era suyo. De eso no tenía duda.
POV. Edward
No podía dejar de sonreír y decidí que ya era hora de apartarse de la ventana. Cuando miré a
Jacob, a mi lado, estaba igual de feliz y sonriente que yo. Acaricié su hombro y fue la señal
para que me siguiera al dormitorio.
Ambos caminamos en silencio y con cuidado, como si hubiéramos entrado a robar en nuestra
propia casa.
-Había que dejarles intimidad-aclaré. Aunque sabía que Jacob pensaba lo mismo que yo.
-Ya era hora de que esto pasara-dijo él, y aliviado se sentó en el borde de la cama.
-Les auguro un futuro de inmensa felicidad, como nosotros. Y lo mejor, es que E.J. estará
muchos, muchos años a nuestro lado-yo también tomé asiento al lado de mi marido. Jacob
entonces cogió mi mano y la entrelazó con la suya.
Entonces, por la mente de Jacob pasaron imágenes fugaces, tan deprisa que no fui capaz ni
de asimilarlas.
Me obligó a tumbarme y pronto lo tuve encima de mi. Con las manos a ambos lados de mi
cuerpo y devorándome con aquellos ojos oscuros.
-Tiene que pagarme el no haberme contado lo que sabía de nuestro hijo, señor Black- su tono
era de lo más seductor y no pude evitar morder mi labio inferior. Una de sus manos me
acarició el pecho por encima de la ropa.
Sonrió, pícaro.
FIN