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Trabajo Infantil

El documento describe el problema del trabajo infantil, definiéndolo como cualquier actividad que priva a los niños de su infancia y desarrollo. Explica que 152 millones de niños trabajan en el mundo. Luego detalla las causas como la pobreza, niños no acompañados, y falta de acceso a educación. Finalmente, señala las consecuencias físicas y psicológicas como enfermedades, estrés y baja autoestima.

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Trabajo Infantil

El documento describe el problema del trabajo infantil, definiéndolo como cualquier actividad que priva a los niños de su infancia y desarrollo. Explica que 152 millones de niños trabajan en el mundo. Luego detalla las causas como la pobreza, niños no acompañados, y falta de acceso a educación. Finalmente, señala las consecuencias físicas y psicológicas como enfermedades, estrés y baja autoestima.

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Trabajo infantil: qué es,

causas y consecuencias
Comité español de ACNUR
 Especial niños

Junio 2019

Tiempo estimado de lectura: 3 minutos.

El trabajo infantil es una realidad para millones de niños de todo el mundo. Según
la Organización Internacional del Trabajo (OIT), son 152 los millones de niños
que trabajan incluso antes de aprender a leer o escribir.

Te explicamos qué es el trabajo infantil, cuáles son las causas que lo


producen y las consecuencias que tiene para los miles de niños víctimas de
esta lacra.
¿Qué es el trabajo infantil?
La OIT explica que se considera trabajo infantil toda aquella actividad o trabajo
que priva a los niños de su infancia, su potencial y dignidad y es perjudicial
para su desarrollo físico y psicológico. Por tanto, las características del trabajo
infantil son las siguientes:

 Es peligroso para el bienestar físico, mental y moral del niño. Se


estima que 73 millones de niños están en situación de trabajo infantil
peligroso. La mayoría son chicos y chicas de entre 15 y 17 años, aunque 19
millones de niños que se enfrentan a labores peligrosas tienen menos de 12
años.
 Obstaculiza su escolarización. La realización de actividades laborales
impide que los pequeños asistan a la escuela y supone que tengan que
abandonar las clases de forma prematura o se vean en la obligación de
combinar sus estudios con un trabajo. Según datos de ACNUR, solo el 61%
de los niños refugiados están escolarizados en primaria, frente al 91% de la
media mundial. Muchos de ellos no van a la escuela porque tienen que
trabajar para que su familia salga adelante.

Causas del trabajo infantil


Ningún niño del mundo debería abandonar su infancia para trabajar, pero lo cierto
es que muchos menores se ven obligados a hacerlo por alguna de las siguientes
causas:

 Situación de pobreza. La pobreza en las familias impide que dispongan de


los recursos necesarios para comprar alimentos, ropa, acceder a una
vivienda, a sanidad o a educación, llegando incluso a dejar los estudios.
Muchos menores se ven en la situación de contribuir a la economía
familiar realizando trabajos que ponen en peligro su vida, como los niños
de República Democrática del Congo, explotados para la extracción de
minerales.
 Niños solos. Cuando los niños están solos tienen que buscar un trabajo
para sobrevivir. En ocasiones, estos menores no acompañados se ven
convertidos en esclavos sexuales, trabajadores forzosos o incluso en niños
soldado. Esto resulta común en contextos de conflicto y huida, en los que
muchos niños se quedan huérfanos o se pierden en el caos de la huida.
Sólo en la emergencia de Sudán del Sur, el 63% de la población refugiada
está compuesta por menores de 18 años; de ellos, se estima que más
de 75.000 están solos.
 Falta de acceso a educación. Los niños que no pueden acceder a
educación tienen más probabilidades de convertirse en víctimas de trabajo
infantil. Ir a la escuela les permite conservar sus oportunidades de futuro,
les ayuda a mejorar las relaciones con las comunidades de acogida y les
devuelve su infancia.
 Tráfico de niños. Muchos menores son explotados en fábricas e
industrias debido a la pobreza de los países en vías de desarrollo y la
necesidad de mano de obra barata. Los niños son forzados a trabajar en
agricultura, en las calles o incluso en la minería, con los riesgos que ello
conlleva.

Consecuencias del trabajo infantil


El trabajo infantil tiene graves consecuencias que repercuten en el correcto
desarrollo físico y emocional de los niños que lo sufren:

 Consecuencias físicas. Los niños que trabajan pueden llegar a desarrollar


enfermedades y dolencias crónicas, desnutrición, sufrir cortes y
quemaduras por trabajar con maquinaria y herramientas inadecuadas para
su edad o sufrir abuso por parte de los adultos.
 Consecuencias psicológicas. Los pequeños pasan mucho tiempo en un
ambiente hostil y violento, lejos del amparo y protección de sus familiares.
Debido a las largas horas que dedican al trabajo, se ven obligados a dejar
sus estudios o a combinar ambas actividades. Esto acarrea consecuencias
psicológicas como estrés, bajos niveles de autoestima y falta de esperanza
en el futuro.

Trabajo infantil: la realidad de los


niños, niñas y adolescentes
trabajadores en el Perú
Trabajo infantil: la realidad de los niños, niñas y
adolescentes trabajadores en el Perú
 
Al hablar de  trabajo infantil en un país como Perú, nos referimos lamentablemente a una
de las peores problemáticas que atraviesa nuestro país actualmente,  teniendo la mayor tasa
en toda Sudamérica y viviendo en una sociedad donde se ha “cotidianizado”  el hecho de
visualizar niños y adolescentes trabajando en las calles en condiciones que pueden ser
consideradas peligrosas.
 
A la luz del Art. 32 de la Convención sobre los Derechos del Niño, sabemos que: “Los
Estados deben reconocer el derecho del niño de estar protegido contra la explotación
económica y contra el desempeño de cualquier trabajo que pueda ser peligroso” y en su
inciso 2 que: “Los Estados Partes adoptarán medidas legislativas, administrativas, sociales
y educacionales para garantizar la aplicación del presente artículo.
 
Teniendo esto en mente, notamos que según la Encuesta Nacional Especializada de Trabajo
Infantil del INEI (Instituto Nacional de Estadística e Informática), más de un millón de
niños y adolescentes entre 5 y 17 años han trabajado en el Perú. De tal cifra, 241,998
adolescentes realizan actividades que exceden las 50 horas semanales, lo cual por causas
obvias se  puede considerar como trabajo peligroso. (DIARIO CORREO, 2019).
 
Esto nos indica que en la realidad peruana existen niños y adolescentes que laboran en
condiciones sumamente riesgosas, siendo la venta de dulces, lavado de autos, lustrado de
zapatos entre otros, las actividades más comunes realizadas por estos; del mismo modo, es
la zona rural la que percibe mayor cantidad de niños y adolescentes trabajadores.
 
Notamos también que en el caso de Perú se cumple a cabalidad lo estipulado en el Inc. 2
del Art.32 de la CDN, teniendo inclusive en el Código de los niños y adolescentes entre los
Art. 48 al 68 los estándares, regulación, condiciones  y situaciones en las cuales un menor
puede trabajar de forma segura, estando excluida cualquier circunstancia peligrosa que
pudiera atentar contra la integridad, bienestar o dignidad del niño o adolescente, pero…
¿Esta regulación es realmente eficiente?, ¿cuál es la perspectiva de los peruanos respecto al
trabajo infantil?
 
Es deplorable lo “normalizado” que está el trabajo infantil en el Perú, siendo algo cotidiano
y hasta “cultural” en muchas ocasiones, ya que al ser mi país tan diverso y multicultural,
existen sectores de la población que aprueban y hasta promueven actividades laborales que
pongan en peligro a los niños y adolescentes, llegando al punto de limitarles derechos
fundamentales.
 
El 88% del trabajo infantil en el Perú se encuentra en el área rural y agrícola, afirma el
MTPE (Ministerio de Trabajo y Promoción del Empleo). (PUBLIMETRO.PE, 2018) ,
contando con una gran cifra de niños, niñas y adolescentes trabajadores; todo esto debido a
la existencia de una mentalidad que considera que el trabajo es más valorable que el
estudio, y que el estudiar te puede llegar a hacer inútil.
 
Los estragos de esta particular forma de pensar son notorios en los índices de pobreza,
analfabetismo y otros problemas ligados a la falta de acceso a una educación de calidad, 
siendo tanta la gravedad, que llegamos a visualizar lo interiorizados que están estos valores
a través de los mismos niños y adolescentes, que llegan a adoptarlos como propios y
teniendo la posibilidad de ejercer sus derechos, estos no desean hacerlo.
 
La edad mínima para ejercer actividades laborales en Perú es de 14 años, pero es bastante
usual encontrar niños muy por debajo de este régimen, que por razones de pobreza, hambre,
necesidad o simple explotación por parte de sus padres se ven obligados a estar inmiscuidos
en trabajo infantil. En el sector urbano, conocemos a los típicos “vendedores de caramelos”
o a los famosos “lustra botas”, que fuera de será apoyado, ver a un niño, niña o adolescente
en esta situación debería ser socialmente reprobado.
 
Esta circunstancia se ve agravada y el índice se ve incrementado con la llegada de una gran
cantidad de niños y adolescentes migrantes a nuestro país, que, por problemas
gubernamentales, escasez de recursos básicos en sus países o simplemente motivos
personales ingresan a nuestro Perú en búsqueda de una vida mejor, sufriendo muchas veces
discriminación y la fuerte necesidad de trabajar, aunque sea en circunstancias que resulten
denigrantes para ellos.
 
Según lo afirmado por la directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe,
María Cristina Perceval, 170 mil niños cuentan con calidad de migrantes en Perú.
(GESTIÓN, 2019) , de estos un 83% radica en la ciudad de Lima y Callao en su mayoría en
condiciones precarias. (Takeuchi, 2019) .
 
Bajo esta información, se ve lo afirmado por distintos informes de municipalidades del
país, tomando un caso fuera de la capital, vemos por ejemplo que la ciudad de Arequipa (la
segunda ciudad más poblada) donde  las autoridades afirman que la cantidad de menores
que trabaja en las calles se ha incrementado y que es la migración uno de los factores que
ha contribuido a ello. Llegando al punto de ser común visualizarlos en las calles  en calidad
de mendigos o ambulantes, los mismos que suelen ubicarse en veredas de la vía pública
para pedir limosna y otro sector que se dedicaría al comercio ambulatorio como es la venta
de golosinas. (LA REPÚBLICA, 2019)
 
Es la triste realidad que a veces se vive y es necesaria de cambiar, la verdad que todos
conocen y no se desea revelar, y  ¡Son los derechos que se afectan y debemos defender!
 
¡Un niño que trabaja pierde más de lo que gana!

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