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Rev. Febrero 2021
Autor:
Elisa Ruiz-Tagle Fernández
Fenómenos Cadavéricos
Introducción
Bajo la denominación de fenómenos cadavéricos se designan “aquellos cambios que
se suceden en el cuerpo sin vida, a partir del momento en que se extinguen los procesos
bioquímicos vitales, al verse sometido a la acción de diversas influencias”. A los efectos
de sistematizar su estudio, se pueden sistematizar en:
● Fenómenos en el cadáver reciente (inmediatos o precoces):
- Fenómenos cadavéricos abióticos: deshidratación, livideces y
enfriamiento cadavérico.
- Fenómenos cadavéricos bióticos: rigidez y espasmo cadavérico.
● Fenómenos tardíos:
- Fenómenos destructores: autolisis y putrefacción.
- Fenómenos conservadores: momificación, saponificación,
corificación y maceración.
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El interés de los fenómenos cadavéricos en la investigación tanatológica es
variada, si bien su valor principal es la información que aportan para poder
establecer la data de la muerte (cronotanatodiagnóstico). Sin embargo, conviene
matizar que su evolución a lo largo del tiempo, y por tanto, las transformaciones
que van produciendo en el cadáver, no están sujetas a plazos fijos de aparición,
sino que se encuentran en clara dependencia con factores del entorno como la
temperatura ambiental, el lugar donde se encuentra el cadáver, las ropas que
lleve el cadáver o si éste se encuentra tapado… por lo que estos deberán ser
tenidos en cuenta por el perito forense al realizar su valoración.
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Contenidos
Fenómenos en el Cadáver Reciente (inmediatos o precoces)
Son aquellas transformaciones que empiezan a producirse en el cadáver justo
después del fallecimiento. Entre ellas conviene destacar:
En primer lugar, el Enfriamiento Cadavérico (Algor Mortis). El cuerpo humano,
es un animal homeotermo, esto es, mantiene una temperatura corporal interna
constante, pero una vez que se instaura el proceso de la muerte, siguiendo las
leyes físicas naturales, se comporta como un cuerpo sólido, disminuyendo la
temperatura corporal hasta igualar a la temperatura ambiental. Este proceso de
enfriamiento comienza por las partes más externas, salientes y expuestas (como
las orejas, los pies y las manos, evidenciable a las 2 horas después de muerte) y
en sentido centrípeto, va afectando a las extremidades y, posteriormente, a la
cabeza y el tronco. Aproximadamente a las 12 horas después de instaurarse el
fallecimiento, el cadáver se encuentra completamente frío al tacto, si bien a nivel
interno podemos detectar calor residual en los órganos (con ayuda de un
termómetro) hasta 24 horas después. Sin embargo, existen diferentes factores que
pueden adelantar o bien retrasar su evolución e instauración, y que podemos
dividir en:
● Ambientales: siendo la temperatura ambiental el factor que más incide en
el enfriamiento cadavérico. Así, a menor temperatura ambiental el
enfriamiento será más rápido e intenso (también en casos de alta humedad
y aireación) y a altas temperaturas, más lento y de menor intensidad.
También aquí se debe de tener en cuenta también si el cadáver se
encuentra tapado o vestido.
● Individuales: estado nutricional, peso corporal o edad.
● Dependientes de la causa de la muerte: hay causas que aceleran el
enfriamiento, como las intoxicaciones por alcohol, grandes hemorragias o
muertes por frío. En casos de muertes por golpe de calor, enfermedades
agudas infecciosas o por sofocación, el proceso se encuentra enlentecido.
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En segundo lugar, habría que destacar el fenómeno de Deshidratación
Cadavérica. Tras la muerte existe una evaporación de la humedad corporal al
medioambiente, lo que se traduce en una pérdida del peso corporal (aunque en
los adultos no es apreciable, sí lo es en niños de corta edad). Se puede observar
fundamentalmente a nivel de las mucosas (labios, conjuntiva ocular) que
aparecen desecadas, pero donde es más fácil su apreciación es a nivel ocular. El
globo ocular está formado en su mayor parte por agua, por lo que se ve más
afectado por este fenómeno. Se evidencia pérdida de tono ocular, con
hundimiento del mismo (signo de Ripault) y pérdida de transparencia de la córnea
(signo de Stenon Louis) que es ya visible a los 45 minutos si el cadáver permanece
con los ojos abiertos (la evaporación es más rápida) o a las 12 horas con los ojos
cerrados). En ocasiones (no siempre) es posible observar un signo conocido como
mancha negra o signo de Sommer-Larcher, una línea de color oscuro que de darse,
se desarrolla desde el epicanto externo al interno, estando totalmente
conformado a las 12 horas tras el deceso.
El tercer fenómeno son las llamadas Livideces Cadavéricas (livor mortis). En este
caso, se trata de cambios en la coloración en el cadáver, que adquiere una
coloración más oscura (rojo vinoso, aunque a veces la coloración puede cambiar
como en las intoxicaciones por monóxido de carbono, donde adquieren un color
rojo cereza, más brillante) en sus zonas más declives (que dependerán, por tanto,
de la posición del cadáver), debido a que, la sangre, al dejar de circular por los
vasos sanguíneos, se deposita en las mismas por la acción de la gravedad. En un
ejemplo modelo, en un cadáver en posición de decúbito supino (boca arriba),
comienzan a verse placas oscuras en la parte posterior del cuello y el tronco unos
45 minutos tras la muerte. Van confluyendo hacia las 2 horas, y, pasadas 10-12
horas cubrirían toda la zona dorsal, si bien no serían fijas. Esto quiere decir que,
si presionamos con un dedo sobre las mismas, durante unos instantes veremos
nuestra huella, en blanco, hasta que el tejido se rellana de nuevo, y que si,
además, en ese momento moviéramos el cuerpo de lado hasta ponerlo en
decúbito prono (boca abajo), como la sangre cambiaría de posición de nuevo por
acción de la gravedad, empezarían a formarse nuevas livideces (llamadas
secundarias) pero esta vez en la parte anterior del cuerpo y las primeras
(primarias) se atenuarían. Es por ello que, las livideces, informan al perito no sólo
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del tiempo transcurrido desde la muerte, sino también si ha existido una posible
movilización postmortem del cuerpo. Pasadas sin embargo más de 18 horas tras
la muerte las livideces pasan a ser fijas, y aunque presionemos sobre ellas o se
mueva al cadáver de posición, las livideces primarias ya no se modificarán
(periodo de fijación de las livideces), aunque eventualmente podrán todavía
iniciarse la formación de livideces secundarias. Transcurridas más de 24 horas
tras la muerte, las livideces primarias no desaparecen ni se forman livideces
secundarias. El mismo fenómeno, pero a nivel visceral (órganos internos) recibe
el nombre de hipostasis cadavéricas.
A continuación, y casi para terminar con los fenómenos recientes habría que
nombrar a la Rigidez Cadavérica (rigor mortis). Tras la muerte, el cadáver, sufre
un periodo de flacidez completa, por pérdida del tono de la musculatura
corporal. Sin embargo, a las 2-3 horas tras la muerte comienza a instaurarse este
fenómeno que afecta a la musculatura lisa y estriada y que consiste en una
contracción muscular que hace el cuerpo adquiera un “estado de dureza, retracción
y tiesura” como decía Lacassagne. Suele iniciarse en la musculatura mandibular,
afectando luego a los músculos de la cara, cuello, extremidades superiores, tronco
y extremidades inferiores (aunque el orden puede cambiar en función de la
posición del cuerpo), para ser completa (y afectar a todo el cuerpo, pudiéndolo
mover como “un bloque”) hacia las 10-12 horas tras la muerte, alcanzando su
máxima intensidad a las 24 horas. Posteriormente, empieza a disminuir su
intensidad hasta desaparecer (y de nuevo el cuerpo estar flácido) hacia las 36-48
horas tras la muerte.
El último fenómeno cadavérico que puede aparecer en el cadáver reciente,
aunque es muy poco común, es el Espasmo Cadavérico. Realmente es un tipo
especial de Rigidez Cadavérica, donde el cuerpo, justo después de instaurarse el
proceso de la muerte, manifiesta una contracción muscular generalizada
(afectando a todo el cuerpo) o localizada (afectando a sólo una región como la
mano) sin que ocurra previamente una fase de relajación muscular. Se ha descrito
su aparición en pocos casos, pero ligados a una muerte precedida de un estado
de intensa emoción o estrés o debidas al uso de armas de fuego, procesos
convulsivantes, electricidad ambiental (muerte por acción del rayo) entre otros
casos.
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Fenómenos Tardíos
Los procesos de aparición más tardía en el cadáver (más de 24 horas tras la
muerte) son de dos tipos: destructores o bien conservadores del cadáver.
Mayoritariamente tendrán lugar los primeros tras la muerte, si bien en algunos
casos, por efecto de las condiciones medioambientales, el cadáver puede verse no
sometido a los procesos de destrucción (por la putrefacción cadavérica
mayormente) y conservarse. De forma artificial, el hombre, a lo largo de la
historia, utilizando técnicas determinadas ha podido conservar los cuerpos de
sus antepasados, por razones culturales y/o religiosas (como la momificación).
Hoy en día y atendiendo a circunstancias sanitarias ligadas al manejo de los
cadáveres, estos también son conservados de forma antrópica (por congelación,
embalsamamiento…) pero en este tema nos centraremos a continuación
únicamente en los fenómenos destructores y conservadores producidos de forma
natural, debido a las condiciones medioambientales.
Fenómenos Destructores del Cadáver
Los fenómenos destructores del cadáver son 2: la Autolisis y la Putrefacción.
En primer lugar, es necesario hablar de la Autolisis, ya que es el primer
fenómeno de los dos en aparecer en el tiempo. Realmente la autolisis es un
proceso fermentativo donde se produce la destrucción de los tejidos del cuerpo
debido a la acción de ciertos componentes celulares denominados lisozimas. Así,
por tanto, la autolisis es una “destrucción del cuerpo debida a componentes de nuestro
propio cuerpo”. La autolisis se evidencia fundamentalmente en ciertos órganos
(cuyas células contienen proporcionalmente mayor cantidad de lisozimas) como
es el páncreas o el tejido nervioso. Por el contrario, el corazón, el útero y el
músculo son más resistentes a este fenómeno.
Sin embargo, el principal fenómeno destructor del cadáver es la Putrefacción
Cadavérica. En este caso este hecho se produce por la acción de las bacterias que
se encuentran, fundamentalmente, formando parte de la flora bacteriana
intestinal. La putrefacción consta de una serie de fases, sucesivas en el tiempo,
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pero sin límites netos entre sí, pudiéndose dar el caso de cadáveres donde
podamos observar más de una de estas fases al mismo tiempo. Por orden de
aparición, se encontrarían:
● Fase Cromática. Comienza con la aparición de la mancha verde
abdominal, en fosa ilíaca derecha (ya que en esta región es la zona
intestinal con mayor concentración de bacterias) aproximadamente, unas
24 horas tras la muerte, aunque su manifestación depende en gran medida
de la temperatura ambiental (a altas temperaturas puede aparecer a las 14
horas tras el fallecimiento, y en caso de frío, días después). Esta mancha se
va extendiendo por todo el abdomen y poco a poco, va adquiriendo una
coloración más negruzca que se extiende a todo el cadáver, dibujándose
además en la piel la red venosa vascular, debido a la diseminación de los
gérmenes y sus productos de desecho por todo el organismo.
Cronológicamente, esta fase se suele extender a lo largo de la primera
semana tras la muerte.
● Fase Enfisematosa. En esta fase el cadáver sufre una importante
transformación, pues se hincha, adquiriendo un gran volumen, debido a
al gas producido por la acción bacteriana que va infiltrando los tejidos. El
tórax y el abdomen se abomban, los ojos y la lengua protruyen y se
distienden también las mamas, el escroto y los testículos. Debido a la
presión que crean los gases, es también posible que por nariz y bosa del
cadáver fluya cierta cantidad de secreciones sanguinolentas (que no
debemos de confundir con hemorragias de origen traumático). Su
duración se extiende normalmente por unas dos semanas, solapándose
por norma general con la siguiente fase.
● Fase Colicuativa. Durante esta fase el cadáver va perdiendo el gas
acumulado durante la fase anterior; va pues, deshinchándose,
produciéndose también la rotura de las bullas epidérmicas formadas que
dan lugar al fenómeno conocido como despegamiento epidérmico, dejando
expuesta la dermis. El olor durante esta fase se vuelve aún más
nauseabundo, teniendo una duración aproximada de 8 a 10 meses.
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● Fase de Reducción Esquelética. En esta última fase, los restos de los tejidos
corporales confluyen formando una masa informe, de olor fétido y
coloración negruzca que recibe el nombre de putrílago y que se deposita en
las zonas más declives del cadáver. Normalmente alrededor de los 2 años
después del fallecimiento el cuerpo puede aparecer totalmente
esqueletizado, con casi ningún resto de partes blandas, si bien este tiempo
puede acortarse o bien alargarse hasta los 3-5 años en función de las
características del lugar donde se encuentre el cadáver (si está enterrado o
no, tipo de tierra…)
Fenómenos Conservadores del Cadáver
Bajo ciertas circunstancias de carácter medioambiental fundamentalmente, la
putrefacción cadavérica se interrumpe, originándose en el cadáver una serie de
cambios que lo transforman y lo conservan de forma más o menos permanente.
El más conocido de todos los fenómenos conservadores del cadáver es la
Momificación Cadavérica. Se trata realmente de una desecación del cuerpo, al
verse sometido a unas condiciones medioambientales concretas, que consisten en
sequedad y ventilación abundante. La temperatura no es un factor determinante
(pueden formarse momias en climas muy calurosos, pero también en climas muy
fríos). La delgadez o bajo peso, y algunas causas de muerte (hemorragias,
diarreas) favorecen su formación. Comienza por las partes expuestas y más
externas, como los pies y las manos, pero puede llegar a afectar a todo el cuerpo,
incluido los órganos internos, en un proceso que dura alrededor de 12 meses. El
cadáver momificado mantiene en gran medida las formas exteriores del cuerpo,
incluso a veces las facciones, tatuajes y el pelo, aunque sufre una importante
pérdida de volumen y peso.
Otro fenómeno conservador del cadáver es la Saponificación Cadavérica. En
este caso se produce un proceso químico donde, bajo unas condiciones
ambientales concretas (alta humedad y baja ventilación, como puede darse en
pozos cerrados, cloacas, nichos…), la grasa del cuerpo se transforma en un nuevo
compuesto, similar al jabón, que recibe el nombre de adipocira. Se forma así una
especie de coraza que envuelve al cuerpo, de color grisáceo, y que tras secarse,
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adquiere una consistencia dura. Tarda varios meses en formarse, aunque muy
comúnmente no es un fenómeno que afecte a todo el cuerpo, sino a las partes del
mismo con mayor cantidad de grasa (mejillas, nalgas).
Menos comunes son los procesos de Corificación Cadavérica (o conservación de
los cadáveres enterrados en ataúdes de Zinc, ya que este metal inhibe la acción
bacteriana) o Maceración Cadavérica, que afecta únicamente a los fetos fallecidos
intraútero y que son retenidos por más de una semana sin ser extraídos, en el
seno materno.
Conclusiones
Los Fenómenos Cadavéricos conforman una serie de transformaciones en el
cadáver de gran importancia, habida cuenta las aplicaciones prácticas que su
correcta interpretación tienen en la investigación judicial de la muerte.
Como se ha visto a lo largo de la lectura, uno de sus principales valores de interés
medico-legal legal lo constituyen en que todos ellos son signos de muerte cierta,
que como se vieron en el tema de la semana, son signos que permiten afirmar la
realidad de la muerte, primer paso a dar en cualquier investigación cadavérica
por parte del perito forense encargado del caso. Pero, fundamentalmente, destaca
su importancia a la hora de estimar la data de la muerte o
cronotanatodiagnóstico, ya que la valoración conjunta de la evolución de los
mismos, atendiendo siempre a los factores que pueden modificarlos, constituye
la principal herramienta diagnóstica en este ámbito.
Por ultimo, en algunos casos particulares, los fenóemnos cadavéricos pueden
tener aplicación a la hora de determinar la causa de la muerte, y en el caso
particular de las livideces cadavéricas, su aspecto y localización en ciertos casos
puede también coadyuvar a estimar si ha existido movilización postmortem del
cadáver.
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ANEXOS
Delgado Bueno, S., Bandrés Moya, F. y Lucena Romero, J. (2011). Tratatado de
Medicina Legal y Ciencias Forenses. Patología y Biología Forense. Tomo III.
Barcelona: editorial Bosch.
Di Maio V. J. M. y Dana, S. E. (2003). Manual de Patología Forense. Madrid:
Ediciones Díaz de Santos, S. A.
Villanueva Cañadas, E. (Ed.) (2019). Gisbert Calabuig. Medicina Legal y Toxicología,
7ª edición. Barcelona: Elsevier España.