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Cntico Espiritual

Este poema de San Juan de la Cruz describe el amor entre el alma y Dios a través de imágenes de la naturaleza y el cortejo amoroso. El alma busca a su amado que se ha escondido, y expresa el dolor de su ausencia y el anhelo de reunirse con él para descansar en sus brazos y recibir su gracia.

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Cntico Espiritual

Este poema de San Juan de la Cruz describe el amor entre el alma y Dios a través de imágenes de la naturaleza y el cortejo amoroso. El alma busca a su amado que se ha escondido, y expresa el dolor de su ausencia y el anhelo de reunirse con él para descansar en sus brazos y recibir su gracia.

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Poema Cántico Espiritual, de San Juan de la Cruz:

¿Adónde te escondiste, Descubre tu presencia,


amado, y me dejaste con gemido? y máteme tu vista y hermosura;
Como el ciervo huiste mira que la dolencia
habiéndome herido; de amor, que no se cura
salí tras ti clamando y eras ido. sino con la presencia y la figura.

Pastores, los que fueres ¡Oh cristalina fuente,


allá por las majadas al otero, si en esos tus semblantes plateados
si por ventura vieres formases de repente
aquel que yo más quiero, los ojos deseados
decidle que adolezco, peno y muero. que tengo en mis entrañas dibujados!

Buscando mis amores ¡Apártalos, Amado,


iré por esos montes y riberas; que voy de vuelo!
no cogeré las flores, Vuélvete, paloma,
ni temeré a las fieras, que el ciervo vulnerado
y pasaré los fuertes y fronteras. por el otero asoma
al aire de tu vuelo, y fresco toma.
¡Oh bosques y espesuras
plantadas por la mano del Amado!, Mi Amado las montañas,
¡oh prado de verduras los valles solitarios nemorosos,
de flores esmaltado!, las ínsulas extrañas,
decid si por vosotros ha pasado. los ríos sonorosos,
el silbo de los aires amorosos,
Mil gracias derramando
pasó por estos sotos con presura; la noche sosegada
y, yéndolos mirando, en par de los levantes de la aurora,
con sola su figura la música callada,
vestidos los dejó de su hermosura. la soledad sonora,
la cena que recrea y enamora.
¡Ay!, ¿quién podrá sanarme?
Acaba de entregarte ya de veras; Cogednos las raposas,
no quieras enviarme que está ya florecida nuestra viña,
de hoy más mensajero en tanto que de rosas
que no saben decirme lo que quiero. hacemos una piña,
y no aparezca nadie en la campiña.
Y todos cuantos vagan
de ti me van mil gracias refiriendo, Detente, cierzo muerto;
y todos más me llagan, ven, astro, que recuerdas los amores,
y déjanme muriendo aspira por mi huerto,
un no sé qué que quedan balbuciendo. y corran tus olores,
y pacerá el Amado entre las flores.
Mas, ¿cómo perseveras,
¡oh vida!, no viendo donde vives, ¡Oh ninfas de Judea!,
y haciendo por que mueras en tanto que en las flores y rosales
las flechas que recibes el ámbar perfumea,
de lo que del Amado en ti concibes? poblad los arrabales,
y no queráis tocar nuestros umbrales.
¿Por qué, pues has llagado
aqueste corazón, no le sanaste? Escóndete, Carillo,
Y, pues me le has robado, y mira con tu faz a las montañas,
¿por qué así le dejaste, y no quieras decidlo;
y no tomas el robo que robaste? mas mira las compañas
de la que va por ínsulas extrañas.
Apaga mis enojos,
pues que ninguno basta a deshacedlos, A las aves ligeras,
y véante mis ojos, leones, ciervos, gamos saltadores,
pues eres lumbre de ellos, montes, valles, riberas,
y sólo para ti quiero tenerlos. aguas, aires, ardores,
y miedos de las noches veladores:
Por las amenas liras En sólo aquel cabello
y canto de sirenas os conjuro que en mi cuello volar consideraste,
que cesen vuestras iras mirástele en mi cuello
y no toquéis al muro, y en él preso quedaste,
porque la esposa duerma más seguro. y en uno de mis ojos te llagaste.

Entrado se ha la esposa Cuando tú me mirabas,


en el ameno huerto deseado, su gracia en mí tus ojos imprimían;
y a su sabor reposa, por eso me adamabas,
el cuello reclinado y en eso merecían
sobre los dulces brazos del Amado. los míos adorar lo que veían.

Debajo del manzano, No quieras despreciarme,


allí conmigo fuiste desposada; que si color moreno en mí hallaste,
allí te di la mano, ya bien puedes mirarme,
y fuiste reparada después que me miraste,
donde tu madre fuera violada. que gracia y hermosura en mí dejaste.

Nuestro lecho florido, La blanca palomica


de cueva de leones enlazado, al arca con el ramo se ha tornado,
en púrpura teñido, y ya la tortolica
de paz edificado, al socio deseado
de mil escudos de oro coronado. en las verdes riberas ha hallado.

A zaga de tu huella En soledad vivía,


las jóvenes recorren el camino, y en soledad ha puesto ya su nido,
al toque de centella, y en soledad la guía
al adobado vino, a solas su querido,
emisiones de bálsamo divino. también en soledad de amor herido.

En la interior bodega Gocémonos, Amado,


de mi Amado bebí, y, cuando salía y vámonos a ver en tu hermosura
por toda aquesta vega, al monte y al collado,
ya cosa no sabía, do mana el agua pura;
y el ganado perdí que antes seguía. entremos más adentro en la espesura.

Allí me dio su pecho, Y luego a las subidas


allí me enseñó ciencia muy sabrosa, cavernas de la piedra nos iremos
y yo le di de hecho que están bien escondidas,
a mí, sin dejar cosa; y allí nos entraremos,
allí le prometí de ser su esposa. y el mosto de granadas gustaremos.

Mi alma se ha empleado, Allí me mostrarías


y todo mi caudal, en su servicio; aquello que mi alma pretendía,
ya no guardo ganado, y luego me darías
ni ya tengo otro oficio, allí tú, vida mía,
que ya sólo en amar es mi ejercicio. aquello que me diste el otro día.

Pues ya si en el ejido El aspirar el aire,


de hoy más no fuere vista ni hallada, el canto de la dulce filomena,
diréis que me he perdido, el soto y su donaire
que, andando enamorada, en la noche serena,
me hice perdediza y fui ganada. con llama que consume y no da pena.

De flores y esmeraldas, Que nadie lo miraba,


en las frescas mañanas escogidas, Aminadab tampoco aparecía
haremos las guirnaldas, y el cerco sosegaba,
en tu amor florecidas y la caballería
y en un cabello mío entretejidas. A vista de las aguas descendía.

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