EIDES
«Uno de tantos»
(Flp 2,7)
Meditación ignaciana
Josep M. Rambla
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Josep M. Rambla. Jesuita. Especialista en espiritualidad ignaciana y miembro del
área de espiritualidad EIDES de Cristianisme i Justícia. Ha escrito diversos cuader-
nos en esta colección el más reciente Discernimiento comunitario apostólico. Textos
fundamentales de la Compañía de Jesús (2019) junto a Josep Mª Lozano. Entre sus
publicaciones destacan además: Dios, la amistad y los pobres (2007); El Peregrino
(2016) (edición y comentario de la Autobiografía de san Ignacio); y Una manera de
estar en el mundo. Relectura de los Ejercicios Espirituales de san Ignacio de Loyola
(2020).
Edita Cristianisme i Justícia. Roger de Llúria, 13, 08010 Barcelona
Tel. 93 317 23 38, e-mail: info@[Link], [Link]
ISSN: 2014-6558. Edición: Santi Torres Rocaginé. Corrección: Cristina Illamola
Maquetación: Pilar Rubio Tugas. Mayo 2021
«UNO DE TANTOS» (Flp 2,7)
MEDITACIÓN IGNACIANA
Josep M. Rambla, s.j.
Introducción . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 3
La «vida oculta» de Jesús: la vida humana como culto a Dios . . . . . . . . . . . . 5
La vida «medio divino»: la contemplación para alcanzar amor (CAA) . . . . 21
Conclusión . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 36
Notas . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 37
INTRODUCCIÓN
«Haced de vuestras vidas un culto espiritual» (Rm 12,1). El cristianismo
que es seguimiento de Cristo, consiste en una vida, toda ella, convertida
en verdadero culto. Este no se reduce a los actos propiamente religiosos,
como la oración o los sacramentos, sino que la existencia entera del cris-
tiano ha de convertirse en una forma de vivir para Dios, un Dios que es
Emanuel, «con nosotros». La secularidad, entendida como la condición
humana y mundana de nuestra vida, es la sustancia del vivir cristiano. A
la mujer samaritana que le preguntaba a Jesús sobre el lugar donde debía
adorar a Dios, Jesús la llevó a mirar más allá de espacios o edificios, y a
considerar toda la vida, vivida «en espíritu y en verdad» (Jn 4,23), como
auténtica adoración y culto. «La religiosidad no significa un sector cual-
quiera de la existencia humana, sino el todo de la misma en su relación
con el Dios que todo lo soporta y abarca»1.
Todo esto se manifestó en Jesús, que blico en el último período de su vida,
se hizo como uno de tantos y cuya rea- la gente le conocía por el carpintero
lización del Reino del Padre no consis- (cfr. Mc 6,3).
tió solo en el derramamiento de sangre, Por eso, nuestra vida cristiana, la de
sino en toda su vida entera fiel a la vo- la inmensidad de cristianos y cristianas
luntad amorosa del Padre, haciéndola que componemos la Iglesia, debería
vivamente presente en el mundo. Y inspirarse más en la manera de vivir y
la mayor parte de su vida la pasó ha- hacer de este carpintero, uno de tantos,
ciendo, gozando y padeciendo lo que en todo semejante a nosotros menos
la mayoría de los seres humanos hace- en el pecado (cfr. Hb 4,15). Esto es lo
mos, gozamos y padecemos. No llamó que nos facilita la contemplación que
la atención y cuando se mostró en pú- Ignacio propone en los Ejercicios Es-
3
pirituales sobre la vida oculta de Jesús Jesús y, en la segunda, un análisis deta-
[Ej 271-272]. Una forma de vivir que, llado de la mistagogía de los Ejercicios
como el mismo Ignacio piensa, recoge para vivir la vida entera, «en todo»,
toda la profundidad de vivir la trascen- como «culto espiritual» (Rm 12,1), es
dencia de Dios en la condición finita decir, para «amar y servir a su divina
de la vida humana [cfr. Ej 135], en la majestad» en todas las cosas de la vida
inmanencia. humana. La vida oculta, por una parte,
Sin embargo, como esta vida fue es como una maqueta de la obra que se
una larga preparación, también noso- deberá realizar a lo largo de los Ejerci-
tros necesitamos de una intensa pre- cios; la CAA, por otra parte, es un apo-
paración personal. Ignacio propone en yo en el camino que ha de emprender
los Ejercicios enteros un adiestramien- el ejercitante para convertir la obra de
to espiritual, contemplando y asimi- los Ejercicios en cotidianidad.
lando la vida, pasión y resurrección de Este doble objetivo explica la dis-
Jesús. Y, una vez recorrido el proceso tinta naturaleza de las dos partes del
de transformación personal, en el que presente estudio. Ya que Ignacio solo
Cristo se ha ido formando en el ejer- propone unas pocas indicaciones o
citante (cfr. Ga 4,19), al final de los puntos como materia de contempla-
Ejercicios se propone la «Contempla- ción del misterio de la vida oculta y
ción para alcanzar amor» (de ahora en deja que el ejercitante personalmente
adelante, CAA), para «en todo amar y contemple dicho misterio (vea, escu-
servir» a Dios, en todas las cosas y del che, comprenda, se haga presente), yo
todo. Así, mediante esta contempla- trato de abrir con mis reflexiones algo
ción, la vida de Jesús, que ya inspira y de camino a esta tarea contemplativa.
mueve al ejercitante, puede ser traduci- En cambio, en la CAA, Ignacio desa-
da a la cotidianidad. rrolla ampliamente el modo y el con-
Por lo tanto, si en la contemplación tenido de este ejercicio espiritual. Por
de los años de vida corriente de Jesús eso, mi tarea es la de analizar con la
contemplamos una manera simple- mayor precisión posible y la de desa-
mente humana de vivir abierta al Padre rrollar las sabias orientaciones de Ig-
en medio de la gente y en las variadí- nacio2.
simas circunstancias en que se halla la Finalmente, como aquí no se hace
humanidad, en la CAA disponemos de una proposición de puntos para la me-
una mistagogía para vivir la opacidad ditación o contemplación de dos ejer-
de lo humano y mundano con toda la cicios independientes, sino un estudio
riqueza mística de la humanidad de sobre la relación entre ellos, estas pá-
Cristo. Por eso, en estas páginas se pre- ginas constituyen una única aproxima-
sentará en la primera parte la contem- ción a los Ejercicios y han de leerse
plación del modelo de vida humana de como «una meditación ignaciana».
4
LA «VIDA OCULTA» DE JESÚS: LA VIDA HUMANA
COMO CULTO A DIOS
«Parece que ejercitaba el arte de carpintero, como muestra significar San
Marco en el capítulo sexto: ¿Por aventura es éste aquel carpintero?»
[Ej 271]. Estas palabras de los Ejercicios reflejan bien la imagen de Je-
sús que tenía la gente corriente de su pueblo. La imagen de una persona
del pueblo, «uno de tantos» (Flp 2,7). Y Jesús, precisamente desde su
condición humana, común a todo el mundo, fue capaz de vivir y actuar,
como hombre de Dios. En este Jesús, «parecido en todo a sus hermanos»
(Hb 2,17), hallamos, pues, inspiración y camino para hacer de nuestras
vidas un «culto espiritual» (Rm 12,1).
Como una propuesta para dejarnos lle- el sentido literal ignaciano y luego in-
var por esta inspiración y seguir este virtiéndolo: 1.ª parte: Como si presen-
camino, haré dos aproximaciones a la te me hallase; 2.ª parte: Como si pre-
vida oculta del Señor sirviéndome de sente se hallase. Ir al Jesús de la vida
la pauta ignaciana «como si presente oculta y traer a este Jesús a nuestra
me hallase» [cfr. Ej 114], primero en vida de hoy.
1. COMO SI PRESENTE ME HALLASE
Es bien conocido el problema que pre- dedor del nacimiento; y luego Egipto,
senta aproximarse a la vida oculta del templo, y largos años de crecimiento
Señor, a estos treinta años de los que ante los hombres y ante Dios. Ignacio,
apenas sabemos nada: concepción, na- sin embargo, propone dedicar por lo
cimiento, unos pocos episodios alre- menos tres días enteros a la contempla-
5
ción de estos misterios. ¿De dónde se tidos. Este camino lo expone y justifica
ha de nutrir el «fundamento verdadero el exegeta Gerd Theisen, dando alas a
de la historia» [Ej 2]? Y, sobre todo, una lectura y comentario de la Biblia, no
¿cuál es el apoyo en el que el ejercitan- arbitrario, pero sí imaginativo y creativo:
te alimenta su discurso personal para «Los textos son abiertos. Permiten una
llegar a sentir y gustar internamente multiplicidad de explicaciones, pero no
el misterio de manera suficientemente todas... No se debe esperar, por tanto, de
sólida y no arbitraria? Para responder a la exégesis explicaciones estereotipadas,
esta cuestión, me apoyaré en tres con- sino solo proposiciones. Esto da libertad
sideraciones que, a mi parecer, aportan al predicador... Las predicaciones bíbli-
luz y sendas seguras y útiles: cas han de seguir la gramática interna de
a) El concepto de permisión. Según los textos, sin por ello repetir la letra»4.
el concepto antropológico de permi- Ignacio nos invita a una cierta creativi-
sión, desarrollado por M. de Certeau3, dad cuando dice, por ejemplo, que des-
un determinado texto no solo deja cubramos con nuestra reflexión [Ej 2] o
abiertos significados que no se contra- que contemplemos lo que las personas
dicen con su sentido más literal, sino «hablan o pueden hablar» [Ej 123].
que permite interpretaciones a partir c) Leer la vida oculta desde la vida
de una cierta coherencia o analogía con pública del Señor. Suponiendo las dos
el texto fuente. Por ejemplo, se puede maneras de acercarse al texto bíblico
hablar de la multiplicación de los panes que acabo de exponer, otro modo de
como un milagro o portento de verda- adentrarse en la contemplación de la
dera multiplicación, o, en sentido per- vida oculta es hacerlo partiendo de lo
misivo, de una dinámica de solidaridad que, en la vida pública, de una manera
que produce el prodigio de que el pan u otra (más o menos explícita) se dice
alcance a todos los hambrientos. Este de este largo tiempo de la vida de Jesús.
fenómeno quizá no está justificado en No solo que era carpintero y cuál era su
el sentido primigenio del texto, pero el familia, sino lo que se manifiesta en su
texto permite esta interpretación del mi- manera de comportarse y de hablar, en
lagro de la solidaridad. sus parábolas, en sus relaciones perso-
b) Exégesis creativa. Partiendo de nales, en su libertad, en su sentido de
la misma naturaleza de la Biblia y de la pertenencia a un pueblo, etc.
exégesis, se puede llegar a una forma
imaginativa y creativa de leer el evange-
lio, de modo que, sin traicionar el tex- 1.1. Encarnación y nacimiento:
to original, se inventan ampliaciones, misterio de la solidaridad de Dios
relatos, parábolas nuevas que iluminen desde los pobres
lo que en el mismo texto está de alguna
manera implícito o que lo extrapolan, sin La contemplación del misterio de la En-
traicionarlo. Es decir, esta forma de acer- carnación tal como lo propone Ignacio
carse al texto evangélico no se ciñe a la en los Ejercicios [Ej 101-109] desvela:
exégesis formal, aunque, sin ignorar la
interpretación científica, despega de este • la entraña de Dios, como relación
terreno hacia la captación de nuevos sen- interpersonal o solidaridad;
6
• la manifestación de Dios como so- no es tanto los años de hacer cosas es-
lidaridad con el mundo al que no pecialmente notables cuanto de crecer
vuelve la espalda, sino que lo hace y de madurar. «Progresaba en sabidu-
objeto de su entrega; ría, en estatura y en gracia ante Dios y
• la manera de solidarizarse, con la ante los hombres» (Lc 2,51; cf. 2,40).
implicación de cada una de las per- Pero como este progreso en el ser es
sonas de la Trinidad; un proceso de ser humano, de hacerse
• la experiencia del ejercitante de hombre, de humanización, estos años
este Dios que se revela en la histo- nos van mostrando cómo ha de ser una
ria humana haciendo historia, como persona humana, verdaderamente hu-
experiencia de solidaridad con este mana, según Jesús. Por tanto, la vida
proyecto divino. oculta es tiempo de ser, no de hacer,
tiempo de humanización y de realiza-
En definitiva, se nos descubre cómo ción de un determinado ser humano; y,
la solidaridad es, en su raíz, una expe- en consecuencia, Jesús se convierte en
riencia profundamente religiosa5. inspirador de esta manera de ser perso-
La contemplación del Nacimiento na humana. Veámoslo a través de una
[Ej 110-117] nos guía hacia la contem- esquemática aproximación a los rela-
plación del misterio de solidaridad de tos de Mateo y de Lucas, y teniendo
Dios en nuestra historia asimétrica, en en cuenta que, según David Stanley,
la que, junto a desmesuradas riquezas, «debo aprender a jugar mi papel per-
abunda la miseria y la pobreza. La soli- sonal en la historia contemporánea de
daridad divina conduce a «que el Señor salvación, mediante la inserción en los
sea nacido en summa pobreza», la po- misterios que contemplo... respetando
breza de los pobres: trabajos, hambre, por un lado su importancia histórica,
sed, calor, frío, injurias y afrentas, cruz. pero con gran fuerza creativa y sin te-
Con esta contemplación nos abrimos mor al fantasma moderno de la “preci-
al misterio de un Dios al que hallamos sión histórica”»6.
en la historia, con el cual solo nos rela-
cionamos mediante una implicación en
esta historia, y que, dando por supuesto 1.2.1. Humanización de Jesús
que la historia es una realidad que es
como es y no como debiera ser, la ex- En este contexto de inserción en la
periencia evangélica nos induce a rela- vida del pueblo como tal, en su sen-
cionarnos con Dios desde la realidad de tido fuerte y no populista, Jesús va
los pobres, los empobrecidos, desde la haciéndose, crece y madura, en todos
solidaridad real con ellos. los sentidos. Poco se puede sacar del
texto evangélico en su literalidad, pero
sí en su significado profundo, puesto
1.2. Ser humano al modo de Jesús que «tenía que parecerse en todo a sus
hermanos» (Hb 2,17), en lo que el tex-
Los años de lo que llamamos propi- to mismo sugiere a través de lo que se
amente la vida oculta nos muestran dice de María y de José, y de lo que
cómo se elabora el ser de Jesús, porque se puede deducir de la vida pública del
7
Señor. Aquel hombre que era conoci- pación en los hechos corrientes entre
do como «el carpintero», que por otro la gente del pueblo, como bodas, en-
lado hablaba como nadie, que tenía tierros, alegrías y penas familiares, etc.
una gran autoridad sin tener ni estu- La base de la vida de Jesús sería la de
dios especiales ni pertenecer a ningún todo el mundo, la condición de una in-
estamento cualificado de la sociedad mensa parte de la humanidad, también
de la época, que tenía una manera muy de hoy, gente de la calle. El hecho de
sana de estar con la gente (bodas, co- que no fuese ni sacerdote, ni doctor de
midas, diálogos), que se mezclaba con la ley, ni fariseo, ni esenio es muy sig-
todo tipo de gente sin rehuir ni perso- nificativo para comprender el tipo de
nas de mala nota ni mujeres, que era «religión» que profesa y propondrá:
extraordinariamente libre respecto de lo interesante, en la vida de Jesús, no
las leyes y de la autoridad, etc. Incluso es lo excepcional, sino lo normal, lo
en su vida religiosa vivía como uno de de cada día, lo de la gente. A este tipo
tantos. «En sí y de suyo Jesús vivió de de personas y condiciones de vida se
forma natural en el entorno religioso orienta todo lo más estructural, como
de su pueblo... que él aceptó y vivió la política, la organización social, la
en conjunto (vida religiosa, sinagoga, religión, etc. Y no a la inversa. En esta
fiestas, usos, ley, sacerdotes, maestros, condición humana común y desde ella,
Sagrada Escritura, templo) como legí- Jesús afronta los retos de la vida con
timo y querido por Dios»7. Todo esto sumo realismo.
nos lleva a poder describir algunos ras- Y, si es cierto que, al parecer, Jesús
gos fundamentales de su vida, oculta a no fue ni un marginal ni un marginado,
nuestros ojos, pero que no debía ser tan también es verdad que perteneció a un
oculta, en el sentido que a menudo se grupo social de gente modesta y sufrió
da a esta expresión, como si se tratara las condiciones de privación propias
de una forma de vida totalmente priva- del pobre. Por eso, «el fundamento
da, sin repercusión en la vida exterior y verdadero de la historia» [Ej 2] que Ig-
social. Veámoslo en lo que sigue. nacio nos ofrece en la contemplación
del nacimiento, en continuidad con la
tradición franciscana y medieval, y en
a) Un lugar: la escuela del pueblo, consonancia con la exégesis espiri-
como los pobres tual-mística contemporánea de Charles
de Foucauld y Antoine Chevrier (entre
No parece que el lugar de aprendizaje otros), es el de un Jesús que nace «en
de Jesús, de formación humana y cul- summa pobreza» [Ej 116] y que pasa
tural, fuese otro que el mismo pueblo, por frío, calor, hambre, etc. Es decir,
con sus posibilidades ofrecidas por el la escuela de Jesús fue la condición de
acercamiento a la Biblia (fuente de vida de la gente corriente pobre, que no
cultura) y las condiciones de unas re- pertenecía a ningún grupo social aco-
laciones infantiles y adolescentes bien modado y, menos todavía, privilegia-
sencillas, de trabajo en el taller y, se- do. «Se hizo hombre [sarx]» (Jn 1,14),
guramente, en las faenas de campo en «tomó la condición de esclavo, hacién-
momentos determinados, de la partici- dose uno de tantos» (Flp 2,7), «se aba-
8
jó [kénosis]» (Flp 2,8), «siendo rico, ledad, oración y salmos, templo y
se hizo pobre por nosotros para enri- sinagoga, conversación, silencio y
quecernos con su pobreza» (2Co 8,9). trabajo, etc.) que delatan una perso-
Aquí empieza la pedagogía divina de na muy observadora de la realidad
Jesús, que nos introduce en el conoci- desde la realidad misma.
miento de un Dios oculto, en la «hu- • Transformación o maduración ac-
mildad de Dios» (François Varillon). tiva. Sin embargo, se requiere tam-
No es, pues, de extrañar que luego este bién una disposición personal de de-
mismo Jesús, educado durante años en jarse trabajar. Quizá aquel «meditar
la dureza de la vida, aunque bañada las cosas en el corazón» (Lc 2,19) de
en silencio, en gozo y en cotidianidad, María descubre una manera activa y
fuese capaz de sentir la pasión por los permeable a las cosas y personas.
pobres, para quienes quiso convertirse Escuchar y aprender, simpatizar
en Buena Noticia (cfr. Lc 4,18;7,22). y dolerse, adaptarse y resistir, etc.
¿De dónde le vendría a Jesús aque-
lla toma de posición tan decidida y
b) Una manera de estar en la vida firme ante personas y acontecimien-
tos? ¿Aquella manera de hablar con
El lugar donde nacemos y crecemos tanta seguridad y autoridad que
nos influye, pero ni nos condiciona ni arrastraba? ¿Aquella viveza y sinto-
nos educa automáticamente. Nuestra nía con la vida que se manifestaba
formación depende en gran parte de en las parábolas? ¿Su capacidad de
la pedagogía que se aplica, de las ac- diálogo, su comprensión, su auto-
titudes personales. Algunos rasgos que nomía, su sensibilidad ante el dolor
aparecen apuntados en María, y algo ajeno, su conocimiento profundo de
también en José, configurarían la ma- las personas, su innegociable prefe-
nera de estar en la vida de Jesús, para rencia por los pobres, etc.? Aquel
dejarse formar por ella. «crecía» que repite Lucas puede en-
tenderse en el sentido de esta madu-
• Receptividad. Aquel guardar las co- rez humana pluridimensional.
sas en el corazón, tan propio de Ma- • Obediencia a la vida. Desde antes
ría (Lc 2,19.51), sería también ca- del nacimiento, la vida de Jesús
racterístico del talante de Jesús. Las fue docilidad a Dios al ritmo de
parábolas y su conocimiento del co- los acontecimientos. María acepta
razón humano nos revelan una per- un plan que ella no tenía previsto
sona acostumbrada a estar en con- y José, lo mismo. El nacimiento se
tacto con la realidad de su entorno, produce en contra de lo que sería
sin encastillarse en una situación un plan normal en cualquier familia
aislada, y con actitud de ver, de dar- y María y José han de asumir las
se cuenta, de conocer y captar. Un incomodidades de un viaje. Más to-
hombre abierto a realidades muy davía, la emigración y el retorno se
dispares (juegos de niños, personas cruzan ya en la infancia de Jesús,
y oficios, grandes acontecimientos con él y sus padres. Los episodios
y pequeños episodios, gente y so- están marcados por órdenes angé-
9
licas (de Dios mismo) relaciona- condenarlo (Mc 14,1-2; Jn 11,53-
das con situaciones sociales muy 54), la voluntad del Padre se le hace
concretas (cfr. Lc 2,1-5; Mt 2,13- fuente de turbación (Mc 14,34-36),
23). Así, Jesús, «nacido de mu- el sentido de su misión se le nu-
jer, nacido bajo la Ley» (Ga 4,4), bla (Mc 15,34)... En los largos y
aprendería esta lección humana monótonos años de vida oculta,
tan importante: la de la obediencia seguro que Jesús tuvo que hacer
a los acontecimientos que son los frente al miedo y a la inseguridad,
«superiores»8 de gran parte de la de lo contrario su comportamien-
humanidad que no puede sustraerse to en las situaciones descritas no
a las incomodidades del deber, de se comprendería. Hablar de mie-
las exigencias de una sociedad es- do e inseguridad no significa duda
tructurada de una determinada ma- o bloqueo, sino búsqueda sincera
nera que, no siempre coincide con en la reflexión y la oración, en el
los deseos o proyectos personales. contacto con la Palabra y la comu-
El sentido social bien incorporado nidad. Significa también paciencia,
en la conducta propia, la ética del espera dolorosa a que las cosas
deber, la lectura de fe de las cosas vayan aclarándose y situándose
corrientes... en el propio corazón y vida perso-
• Asumir los interrogantes: La exis- nal. Significa, sobre todo, una gran
tencia humana no es la interpre- confianza, ya que uno sabe que la
tación de una partitura ya escrita propia vida está en manos del Abbá
y conocida. El correr de la vida (cfr. Mc 14,36).
está entrecruzado de oscuridades
y perplejidades, de miedos e inse-
guridades... Es lo que vivió María 1.2.2. Jesús y la historia:
ante el ángel (Lc 1,29-34), ante los la inculturación de Jesús
pastores (Lc 2,19), ante Simeón
(Lc 2,35), cuando Jesús se le per- Valga el anacronismo de inculturación
dió en el templo (Lc 2,48-50). Y, para resumir lo que Mateo nos presen-
más tarde, cuando aquel hijo parece ta a través de la genealogía de Jesús y
que se le ha vuelto loco (Mc 3,21). el episodio de Egipto. El Jesús evan-
José también vivió sus insegu- gélico, el nuevo Moisés, hace suya
ridades (las zozobras de José), la historia de su pueblo, se integra en
sus desconciertos (Mt 1,19-20; ella, incorpora en su vida los anhelos
Lc 2,48-50). A Jesús tampoco se y sufrimientos de una larga historia
le ahorrarían los interrogantes en el que luego convertirá en su propia ta-
futuro cuando su vida se convirtió rea de liberación (cfr. Lc 4,18-20). Ya
en una tentación continuada: los por la circuncisión y la presentación
cercanos no le entienden (Mc 3,21; en el templo, ha sido incorporado ofi-
Jn 6,42.60-61), le malinterpretan y cialmente al pueblo de Israel y también
algunos le abandonan (Jn 6,64.66), ha sido introducido en el respeto a la
otros le atacan (Mc 3,6; Lc 4,28- ley (Lc 2,21-38), «nacido bajo la ley»
29), algunos se le enfrentan hasta (Ga 4,4), cuyo sentido más profundo él
10
venerará y revelará. Para Jesús, la ley 1.2.3. El corazón de Jesús: Abbá
consiste en el verdadero amor a Dios y
al prójimo, y él es un hombre con un La presencia del Padre y la comunión
gran sentido de pertenencia al pueblo con él son el leit motiv o cantus firmus
y, por eso, llevará adelante esta histo- de la vida de Jesús. Esto queda ya pa-
ria revelando lo más recóndito de ella. tente, como una especie de obertura,
Lucas destaca cómo Jesús se en- en el episodio de la subida al templo
tronca en la línea davídica, llena las es- cuando Jesús se queda porque ha de es-
peranzas de Israel y realiza «la conso- tar con el Padre (cfr. Lc 2,49). Luego,
lación de Israel» (Lc 2,25) anunciada hacer su voluntad y realizar su obra de
por Isaías y contemplada por el ancia- amor a los hombres será su alimento
no Simeón. Basta, pues, proyectar a la (cfr. Jn 4,34). La relación con el Padre
vida oculta lo que percibieron los pro- ilumina y unifica toda la vida de Jesús
fundos creyentes que eran Isabel con su (cfr. Hb 10,5-10) que vive pendiente
saludo exultante a María (Lc 1,39-45), del Padre hasta poner en sus manos su
Zacarías con el Benedictus (Lc 1,67- espíritu (cfr. Lc 23,46) y que, a la vez,
79), María con el Magnificat (Lc 1,46- es una vida entregada por toda la hu-
55), Simeón con su himno de alabanza manidad (cfr. Mc 10,45; 14,24). Pues
(Lc 2,29-32) y Ana con su inquebran- bien, los años de vida oculta serán los
table esperanza (Lc 2,36-38). años de experiencia profunda y cons-
La solidaridad con el pueblo y su tante de esta unidad en la comunión
historia, que luego se hará manifiesta con el Padre y con los hermanos.
en la vida pública (aunque de manera
contradictoria contra muchas maneras
de entender la historia por parte del 1.3. A modo de síntesis:
establishment), es fundamental para «¿De dónde saca eso?...
no reducir la interpretación de la vida ¡Si es el carpintero!» (Mc 6,2-3)
oculta como un tiempo de vida espiri-
tual plácida y hasta un poco folklórica. Una vez hecho este recorrido por la vida
Conviene superar una manera de en- oculta del Señor, como si presentes nos
tender la vida oculta como un tiempo hallásemos, podemos decantar unas
de privatismo, tal vez encantador y bu- cuantas pistas, como una cierta síntesis
cólico, pero sin asentamiento en la dura que nos ayude para el siguiente paso.
y movible realidad de la vida de un
pueblo. Porque, ya en los días de la in- • La importancia de la inserción en
fancia y adolescencia de Jesús, se em- la historia. No podemos ser sal y
pieza a presentir un futuro dramático: luz con eficacia —quizá contra-
«bandera discutida» para él y «espada» culturales de una falsa cultura do-
para el corazón de su madre (Lc 2,34- minante— desde fuera del mundo,
35; cfr. Lc 12,51-53). Algo que ya sino desde la asunción de una histo-
captó la intuición mística de Ignacio ria contra la cual habrá que situarse,
cuando propone contemplar desde el pero participando en ella. Jesús no
mismo nacimiento: «nacido en summa fue un marginal en la sociedad, y
pobreza... para morir en cruz» [Ej 116]. creció en él «cada vez más la vi-
11
vencia de que su misión le lleva a lo que piensan o escriben, no lo vi-
un conflicto mortal con la sociedad ven, no lo sufren, no les cambia.
religioso-política... En consecuen- La obediencia a la vida es una
cia la teología entera de Jesús pue- obediencia primera que se nos im-
de leerse como teología política»9. pone a los humanos si hemos de
Una nueva ascesis, pues, es nece- vivir humanamente. Por tanto, hay
saria en la vida cristiana, la de la que evitar los atajos que nos sumer-
politización de la vida. Es decir, la gen en lo artificial, y que nos alejan
tarea de concretar la vida cristiana de la condición de la gente. Asumir
en todas sus dimensiones en las también las perplejidades: no aho-
condiciones temporales y espacia- rrarse lo duro de la vida, aprender,
les de la polis, de la sociedad en la cambiar, someterse a los hechos y
que esta vida se desenvuelve10. buscar nuevos derroteros, no an-
• Experiencia de la vida corriente. clarse... Tenemos aquí otro aspecto
Pero en la sociedad se puede estar de la ascesis cristiana: no aislarse
de maneras muy distintas, viviendo de la condición de la gente, porque
y viendo las cosas desde ángulos ya se sabe que no se piensa igual en
muy variados. Hay que estar en el una choza que en un palacio.
mundo como Jesús que vivió en la • Una vida desde Dios. La realidad
vida de la gente corriente, como uno de la historia y de la vida de la
de tantos. Solo desde esta situación gente presenta muchas posibilida-
puede uno hacerse cargo de lo que es des de interpretación. Jesús siguió
la vida, aunque sin duda uno pueda la lectura creyente de la realidad,
ocupar el escaño de un político, o la según la mirada y la voluntad del
cátedra de un profesor, o ser monje, Padre. Dios como última y defini-
o carmelita descalza. Vivir la vida tiva clave de lectura de la vida y
y estar con la gente, no solo dando de la historia. Por eso, los pobres,
sino también recibiendo. Dejarse de los cuales Dios es el defensor,
transformar por las personas y acon- tienen en la atención y compromi-
tecimientos (enseñar, pero aprender; so de Jesús una preferencia capital.
evangelizar, pero dejarse evangeli- Hay que asumir la paradoja de que
zar; amar, pero dejarse querer). Pe- para pensar humanamente no hay
ligro de los «teóricos» que no tienen que pensar como los hombres, sino
credibilidad, porque, aquello sobre como Dios (cfr. Mc 8,33).
2. COMO SI PRESENTE «SE» HALLASE...
Puesto lo que precede, pasemos a con- nuestro y sabemos que es «vida»
templar nuestra vida de hoy proyec- (Jn 14,6), «vida verdadera» según san
tando en ella el estilo de Jesús de Na- Ignacio [Ej 139]. ¿Cómo nos ilumina
zaret, ya que Cristo es contemporáneo la vida?
12
Conviene prestar una especial aten- «sentir y gustar internamente» [Ej 2],
ción al preámbulo que Ignacio pone la experiencia del único Dios verda-
antes de entrar en elección y la con- dero para así exorcizar los demonios
templación de la vida pública [Ej 135], que nos asedian y los ídolos que nos
que, aunque obviamente hay que re- seducen. La experiencia cristiana de
leerlo desde la teología actual posterior Dios arranca del momento del bautis-
al Vaticano II, permite una lectura muy mo, cuando somos «sumergidos» en el
rica de contenido evangélico. En este misterio de solidaridad del Padre y del
texto, Ignacio realiza una interpreta- Hijo y del Espíritu Santo. Una expe-
ción de la vida oculta como síntesis de riencia iniciática que toma cuerpo en el
los dos estados de vida que se dan en misterio de solidaridad y de comunión
la Iglesia: vida consagrada («perfec- de la Iglesia, y que ha de extenderse
ción evangélica») y vida seglar («cus- de manera connatural, si es verdadera,
todia de los mandamientos»). Formas en irradiación de comunión o solidari-
de vida que Jesús simboliza, por un dad. Porque la auténtica experiencia de
lado, en su participación en la vida co- un Dios a quien le importa un mundo
rriente («en obediencia a sus padres») en apariencia bien poco atractivo, ha
y, por otro lado, tomando una distancia de generar un movimiento interior de
profética de ella («cuando quedó en el gran eficacia para ir contracorriente del
templo»). Esta esquematización de dos fácil e instintivo sálvese quien pueda
polos de vida, alrededor de los cuales y de si el otro no llega a más, allá él
se construye una constelación de for- o ella. Por lo mismo, deberíamos pre-
mas de vida variadas, sirve para des- guntarnos si antes de empezar unos
tacar las dos facetas que con mayor o Ejercicios bien hechos no debería ya
menor intensidad y mayor o menor vi- darse en quien los empieza una expe-
sibilización han de darse en toda vida riencia de solidaridad, fundada en una
cristiana: la mundanización o histori- convicción personal bien razonada. De
zación de la vida y el reconocimiento lo contrario, existe el peligro de que la
existencial de la primacía de Dios, Pa- contemplación de la encarnación res-
dre misericordioso. Ningún cristiano bale, quedándose en unos buenos sen-
y ninguna cristiana puede eximirse de timientos intimistas, pero sin llegar a
actualizar en su vida estas dos dimen- «la determinación firme y perseverante
siones de Jesús, aunque ciertamente de de empeñarse por el bien común; es
modo distinto. decir, por el bien de todos y cada uno,
para que todos seamos verdaderamen-
te responsables de todos»11.
2.1. La experiencia del «único Además, este Dios verdadero que
Dios verdadero» (Jn 17,3) se nos revela en un lado de la historia,
el de los pobres, provoca una experien-
Quizá más que nunca, cuando todavía cia espiritual nada simétrica, ni tran-
hoy se invoca el nombre de Dios para quilizante. Basta asimilar bien el evan-
justificar políticas y economías insoli- gelio para darse cuenta de que Jesús,
darias y expoliadoras, es necesario que que ama a todas las personas, habla y
incorporemos en nuestros corazones el actúa desde el lado de los pobres, y que
13
su acción y su palabra son desestabili- ses del hemisferio norte hay pobreza y
zadoras. Es decir, los pobres y la reali- exclusión insultantes. Es imprescindi-
dad de la pobreza, por lo menos desde ble, para entrar en el seguimiento del
la revelación de Dios en Jesús de Na- Señor, dejarse herir por esta realidad y
zaret, son algo interior a la experiencia encajarlo en nuestra existencia y con-
de la fe, no simplemente una conse- texto particular, supuestamente cris-
cuencia. Sin embargo, la desestabiliza- tiano. Pasar del saber «sobre» al saber
ción que el Señor provoca es siempre «de» la pobreza y de los pobres. Y si,
sanadora, como lo es la experiencia de como se ha dicho, la Iglesia es experta
las bienaventuranzas, y, para esto, ayu- en humanidad, debería hacerse experta
da tomar conciencia de que la conso- en la pobreza de los pobres. Es decir,
lación espiritual no es siempre alegre a través de una vida más cercana y
o agradable, pero siempre es una ex- compartida con la gente sencilla y con
periencia sanadora y constructiva del los pobres, dejar que nuestra sensibi-
sujeto que la experimenta [cfr. Ej 316]. lidad vaya reconfigurándose y así nos
Ya se ve, pues, la importancia de los impulsará hacia opciones y compor-
dos primeros misterios que Ignacio tamientos nuevos. Menos discursos y
propone en la 2.ª semana, Encarnación más realidad y más esfuerzo por derri-
y Nacimiento, que son como la obertu- bar el muro ciclópeo que favorece la
ra de la «vida oculta». actual globalización, «el muro de la
insensibilidad». ¿Es verdad que hemos
perdido en solidaridad con los pobres?
2.2. Humanizar nuestra vida Ahora bien, en Jesús de Nazaret se nos
revela una manera de vivir humana y
2.2.1. La verdad de la vida pobremente a la vez, algo así como
aquella «civilización de la pobreza» (I.
Valorar la condición sencilla, la de la Ellacuría) o de la «austeridad» (J. So-
gente de la base: estar con, escuchar, brino). Las palabras y gestos del papa
compartir sus condiciones de vida de Francisco invitan a reavivar el fuego
deseos y desencantos, etc. Las gran- que se había propagado entre nosotros
des visiones y los grandes relatos son hace algunos decenios.
necesarios, pero —y esto quizá ha
sido uno de los fracasos de la moder-
nidad— se ha perdido el sentido de 2.2.2. El «cada día»
lo cotidiano, de lo cercano, del cada
día, de lo que realmente mueve y hace No pasemos inmediatamente a lo ex-
trabajar y sufrir a la humanidad. Hay tremo, a lo llamativo, a lo extraordina-
que conocer la realidad verdadera del rio. La primera verdad de la vida es lo
mundo, porque lo vemos todo desde cotidiano, lo sencillo, lo vulgar, lo que
unas perspectivas desenfocadas. En el no aparece pero está siempre: relacio-
mundo, la mayoría de la gente es pobre nes y trabajo, encuentros y desencuen-
y muy pobre (y en una parte notable, tros, proyectos y fracasos, monotonía y
debido al bienestar de las minorías fiesta, etc. Todo esto educa y transfor-
más acomodadas). Incluso en los paí- ma la persona que se deja hacer. Son
14
las clases decisivas de humanidad que do deseo de vida, de vida plena, que
contrarrestan valores falsos y engaño- Dios ha sembrado en los corazones.
sos que se nos imponen casi sin darnos Un ideal actual, y cristiano, frente a un
cuenta: todo es fácil, todo es posible, racionalismo que nos cierra ventanas
usar y tirar, las cosas son más impor- y horizontes: desarrollar aquel sâlom
tantes que las personas, disminución bíblico que integra el hecho de hallarse
de capacidades humanas a medida que bien con uno mismo, con los demás,
aumentan las posibilidades de la técni- con la creación, con Dios. Y aprobar
ca y del progreso. Dejarse educar por la asignatura pendiente del placer de
lo cotidiano puede ser el camino para vivir. «He venido para que tengan vida
crecer como personas que son sujetos y una vida abundante» (Jn 10,10). En
y no objetos, que viven unificadas y distintas ocasiones el papa Francisco
no disgregadas, que viven reconcilia- ha puesto de relieve la importancia del
das con la realidad sin dejarse alienar gozo de vivir y del placer: «La espi-
por un mundo de ficción al que se nos ritualidad cristiana propone un creci-
quiere enviar. A este respecto siguen miento con sobriedad y una capacidad
siendo de rabiosa actualidad las ya de gozar con poco... No es menos vida,
antiguas reflexiones de Karl Rahner no es una baja intensidad sino todo lo
sobre la trascendencia espiritual del contrario»14.
«cada día» o de Marcel Legaut sobre Esta escuela de la realidad, del
la necesaria participación en la escuela «cada día» y del goce humano, nos
de la gente sencilla para una verdadera acerca más a la vida auténtica de la
vida espiritual12. Y otras mucho más humanidad, contra el gran riesgo de la
recientes: «Asumir la propia existen- gente de Iglesia de vivir en un mundo
cia, hacernos cargo de ella, no significa aparte, por lo general, predominan-
de hecho, ir a un lugar distinto del de la temente burgués o pequeño burgués.
vida cotidiana»13. Nos hace más objetivos y realistas,
nos hace más sujetos vivos de la vida
social.
2.2.3. El gozo de vivir
Al parecer, Jesús llevó una vida bas- 2.2.4. La gratuidad fecunda
tante sana: juegos de niño, participa-
ción en la vida del pueblo (trabajo, Lo que precede nos lleva de manera
relaciones, fiestas...), hasta le gustaba muy natural a ponderar la importancia
dejarse invitar, y comer y beber... A de la gratuidad de estos años de vida de
las corrupciones de una cierta globa- Jesús en Nazaret y a encajar el reto que
lización que deshumaniza mediante suponen para nosotros. La gratuidad no
los excesos que insultan a los pobres significa otra cosa que vivir la realidad
y que empobrece a los ricos explota- verdadera de las cosas y no valorarlas
dores (individuos, empresas, pueblos o o apreciarlas por algo añadido, un IVA
estados), solo les haremos frente me- que no fluye de sí mismas: estar en la
diante el desarrollo de formas de vida vida, dejarse modelar por ella, dejarse
auténtica que respondan al profun- descolocar, buscar respuestas sin re-
15
fugiarse en soluciones prefabricadas silencio lo tenemos, hay que cultivar-
o falsas. Los años ocultos de Jesús hi- lo, porque los mil ruidos de nuestro
cieron de él un hombre capaz de sentir entorno hacen tanto jaleo como noso-
los gozos y las esperanzas, las tristezas tros mismos. El silencio nos defiende
y las penas de la gente, de experimen- del asalto y la invasión globalizadora
tar la verdadera solidaridad, que es un del pensamiento, de los valores, del
sentimiento hondo y movilizador a la consumo. En el silencio nos adiestra-
acción. Estos años fueron como un la- mos, pues, para la «espiritualidad de
boratorio de su palabra, porque luego la resistencia» imprescindible para vi-
su enseñanza tuvo un peso específico vir una existencia humanamente sana,
no por los diplomas de que disponía, verdadera. Además, nos hace más ca-
sino por la gestación profunda, cálida paces de creatividad, de iniciativa y,
y prolongada de su humanidad. ¿Quién así, el silencio también es cauce para
habló como él? Finalmente, Jesús se recrear una palabra nueva: palabra au-
manifestó como hombre autónomo, in- téntica, veraz, en un mundo de la deva-
dependiente y libre. No se dejó arras- luación de la palabra en la publicidad
trar por el éxito fácil y engañoso, no se y en la política. Una palabra que hace
amedrentó ante el poder y la autoridad, que sepamos a qué atenernos, una pa-
habló con claridad y arriesgándose. La labra valiente, una palabra portadora
escuela de la «vida oculta» nos prepa- de mensaje, una palabra movilizadora.
ra para no sucumbir a deformaciones El silencio es también campo de culti-
humanas que están en la raíz de la vo de la libertad: frente al dirigismo de
globalización existente hoy día: el ra- la globalización, de la manipulación de
cionalismo que solo sabe acceder a la las libertades, de la homogenización de
realidad exclusivamente a través de lo personas y pueblos, de la unidimensio-
racional y atrofia otras vías de acceso nalidad de las personas... El silencio es
humano a la vida, el capitalismo que el alimento de los grandes místicos que
solo se mueve por el lucro económico son grandes luchadores15. Una práctica
individual o tribal y reduce la persona a muy concreta: la repetida contempla-
unos niveles casi únicamente materia- ción de la «vida oculta», en la que pre-
les, la tecnocracia que encasilla, pro- domina el ser más que el hacer.
grama y dirige personas y libertades... De esta gratuidad y silencio nace y
«El latir mudo del tiempo era tam- crece una manera muy original de es-
bién Dios» (J. M. Valverde), porque el tar en la sociedad: una solidaridad que
silencio, expresión de la gratuidad, es no es defensa solo de intereses pro-
preparación para acercarnos a los de- pios, sino una opción por los pobres,
más, ya que solo en el silencio hace- aunque sea con resultados no verifica-
mos espacio para acoger a Dios, solo bles (por lo menos a corto plazo). La
en el silencio nos hacemos capaces de solidaridad nacida no de la ideología
acoger a un amigo. «En los orígenes o el voluntarismo, sino de la cercanía
de cualquier gesto humano, profun- y la experiencia inmediata o personal
damente humano, está el silencio. Sin de la situación de las personas, hace
silencio no hay pensamiento, ni amor, que uno las sienta como asunto propio.
ni comunicación» (J. M. Ballarín). El Gran parte de los esfuerzos colectivos
16
e inicialmente solidarios sucumben 2.3. Lo humano y lo social como
ante el cansancio de los largos proce- mediación cristiana
sos, ante el desencanto de los resulta-
dos insuficientes, ante el desaliento de 2.3.1. Vivir lo humano desde la fe
las defecciones de los compañeros de
compromiso o de lucha. La solidaridad A los cristianos nos compete doble-
madurada en la gratuidad del amor tie- mente, como personas y como creyen-
ne empuje para grandes riesgos, cons- tes, «el único deber con la historia, que
tancia para largas rutas y fortaleza para es reescribirla» (O. Wilde). Porque lo
superar desencantos. La opción por los primero que hemos de considerar en
pobres, que se alimenta de la cercanía la situación actual de globalización
descrita anteriormente, encuentra en la es que esta, como realidad muy del
gratuidad también una fuerza incom- mundo de hoy, con frecuentes conse-
parable, porque lo gratuito puede no cuencias inhumanas, no solo no nos es
ser siempre útil, pero, en cambio, está ajena, sino que pertenece al corazón de
lleno de sentido y encierra un valor que la experiencia cristiana por tratarse de
trasciende el utilitarismo que se impo- algo que pertenece a lo humano, his-
ne en una sociedad que quiere cortar tórico, social. «La espiritualidad, para
al ser humano según los patrones del nosotros los cristianos, es básicamente
dinero y de la eficacia miope. la habilidad de dar respuesta a los sig-
Desde estas disposiciones y no des- nos de los tiempos, como Jesús lo hizo
de unas ideas preconcebidas es más en su propio tiempo y lugar... la capa-
fácil comprender al pobre y ponerse cidad de responder a las situaciones
a su lado. Por eso la vida oculta, vida de la vida al estilo de Jesús»16. Como
fecunda del Señor, nos provoca una Jesús, que asume la historia de su pue-
mayor decisión para compartir la vida blo y la hace suya, el cristiano incor-
de los más necesitados, los empobre- pora en su experiencia de fe (reflexión,
cidos. Tal vez no todos podamos vivir oración, discernimiento, compromiso,
como los pobres, pero sí algunos, y etc.) esta realidad que lo invade todo
muchos pueden compartir la vida con por su misma naturaleza globalizado-
ellos. Si no se avanza en esta direc- ra. Porque, por el bautismo, los cris-
ción, nos perderemos en unas sutilezas tianos, todos sin excepción, estamos
y disquisiciones sobre la pobreza y los llamados a compartir la misma forma
pobres, encubridoras de nuestros mie- de vida de Jesús, «llamados a la unión
dos y resistencias que no van a desper- con su Hijo Jesucristo, Señor nuestro»
tar más que indiferencia y desconfian- (1Co 1,9; cfr. Rm 1,6).
za hacia los que realmente la padecen. Así el cristiano ha de responder a
Y, si optamos por los pobres, es por- una doble llamada: vivir una espiri-
que optamos por el ser humano, pero tualidad que integre la historia, pero
lo hacemos históricamente, es decir, en también una historia leída desde la fe,
un mundo hecho de pobreza, de sufri- ya que Jesús nos revela la radical se-
miento y de injusticia, y asumimos el cularidad de la espiritualidad cristiana.
reto de la cruel asimetría entre pobres Algo que todavía no está, ni de lejos,
y ricos, empobrecidos y explotadores. integrado en la conciencia de la ma-
17
yoría, por más que muchos discursos 2.3.2. La sabiduría y la fuerza
fluyan en esta dirección. Por tanto, una de Dios
faceta de la espiritualidad en medio de
una globalización salvaje es la «espi- Como decía Ignazio Silone, es difícil,
ritualidad de la resistencia», no solo pero importante hoy día, saber quién
en el sentido de no sucumbir al ataque está loco y quién no lo está. Los cris-
despiadado del capitalismo mundiali- tianos, como hizo San Pablo, anuncia-
zado, sino también en el sentido activo mos un loco y un débil, pero nuestra
de hablar, de denunciar, de conciencia fe nos dice que por ahí pasa la verda-
frente esta amenaza devastadora. dera sabiduría y la verdadera fuerza
Sin embargo, la espiritualidad no (cfr. 1Co 1,25). Es muy importante no-
puede ser solo negativa, de resistencia, tar que en los Ejercicios Ignacio pro-
sino que ha de implicarse en la tarea pone la «vida verdadera» (Ej 139), la
constructiva de buscar y ofrecer alter- sabiduría de Dios, en el ejercicio de las
nativas y no solo lamentos. Dada la Dos Banderas, inmediatamente a con-
complejidad del mundo globalizado, la tinuación de la vida oculta. Parece de-
mayoría de las personas no podremos cirnos que en estos años ocultos se ha
seguir a Jesús en este empeño si no es ido elaborando una manera de valorar
mediante la afiliación o el apoyo a ins- y de hacer de Dios que es la que hemos
tituciones o movimientos que marchan de asumir si queremos optar y decidir
en la línea de resistencia y de proyectos en cristiano. Esto es lo que el ejercitan-
alternativos. Lo cierto es que aquel Je- te ha ido percibiendo y asimilando en
sús que, en la sinagoga de Nazaret, se las contemplaciones. En efecto, Jesús
presentó como liberador de todo tipo no es un modelo, sino un principio de
de esclavitudes, anunciador de una vida. Jesús no es el ejemplo más per-
Buena Noticia a los pobres y promotor fecto de un tipo de vida previamente
de una solidaridad nueva (cfr. Lc 4,17- conocido o ideado por nosotros, sino
19) debía haber madurado esta opción la misma norma del vivir humano para
en los años de «vida oculta» que aca- los que creemos en él. Creer en Jesús
baban de preceder. es creer en la vida verdadera; por tanto,
Ahora bien, vivir cristianamente, nuestra aportación específica al mun-
que en su sentido más profundo es lo do es tratar de configurar nuestra exis-
mismo que vivir espiritualmente (esto tencia personal, nuestras opciones so-
es importante ante la feria de las espi- ciales o apostólicas, la orientación de
ritualidades en la que se mezcla el oro nuestro trabajo o compromiso según
de ley con la bisutería y la quincalla) es la pauta que traza la vida y la palabra
algo recio, vigoroso, fuerte, arriesgado del Señor. En los Ejercicios, esta es la
y en ello se encuentra su satisfacción tarea que se realiza en las meditacio-
y su goce propios. Por esta razón, en nes de las Dos Banderas y en todo el
medio de nuestros trabajos y luchas, cuarto día de la segunda semana. Pero
hemos de estar bien convencidos de conviene subrayar que la opción por
que la consolación, el gozo y la ale- Cristo es dejarse descolocar por él para
gría, aunque no son siempre cómodos, encontrarnos de verdad con nosotros
siempre sacian plenamente. mismos y los demás, porque es la vida
18
verdadera y nosotros estamos plena- Abbé Pierre, que nos recuerda la efi-
mente convencidos de ello. Esta vida cacia de una vida creyente contempla-
verdadera nos abre a la amplitud total tiva, provocativa y militante a favor
del ser humano, ya que a lo largo de de todas las causas verdaderamente
las contemplaciones nos centramos en humanas. O el caso paradigmático, de
el «Señor», el Kyrios, que a su vez nos Mr. H, que en el ejercicio de una profe-
introduce, mediante la identificación sión de alta política como la secretaría
con él, en una nueva fraternidad, pues- general de la ONU dejó la huella de
to que él es «el mayor de una multitud una competencia al servicio innegocia-
de hermanos» (Rm 8,29). ble del bien común, en la oscuridad de
El ideal de una vida humana como unas mediaciones sociopolíticas, don-
«uno de tantos» inspirada en Jesús es de vivía una seductora experiencia de
muy elevado, pero no nos faltan tes- Dios. O el testimonio del recientemen-
tigos que nos confirman la sensatez y te fallecido obispo Pedro Casaldàliga,
la verdad de las locas propuestas cris- que nos revela los amplios campos de
tianas donde impera la aparentemente la vida cristiana y de la evangelización.
sensata locura de la actual globaliza- Estos y otros muchos nos dicen que en
ción de la injusticia. Locos como el el ocultamiento se da la fecundidad17.
3. CONCLUSIÓN
Vivir lo cotidiano al estilo de Jesús, laical, se entra en la contemplación de
en la opacidad religiosa del mundo, en las etapas de la vida pública, de la pasión
medio de una gran variedad de perso- y de resurrección de Jesús. En los ejerci-
nas, lugares y situaciones, en una so- cios de las Dos Banderas, Tres Binarios
ciedad de desigualdades, de injusticias, y Tres maneras de humildad, se ejercita-
de conflictos y de soledades, no es algo rá, sobre todo con el recurso insistente a
que se consiga solo con buena volun- la gracia divina, en disponerse para que,
tad e intenciones, sino que requiere un los ejercicios de contemplación y otras
largo trabajo de transformación perso- acciones espirituales, le ayuden a tener
nal, realizado con la gracia de Dios y la los sentimientos de Cristo (cfr. Flp 2,5)
libre respuesta humana. Esta es la tarea y le conduzcan a que Cristo se vaya for-
propia de los Ejercicios Espirituales, mando en él (cfr. Ga 4,19). En medio
mediante distintos «ejercicios» que de este proceso se habrá realizado la
son la cooperación a la acción de Dios elección o la reforma de vida, para sa-
por parte de la persona que los hace. lir a la cotidianidad y vivir a lo Cristo,
Justo al terminar las contemplacio- «como uno de tantos» (Flp 2,7), vivir
nes de la vida oculta, en las que en sínte- «en perfección en cualquier estado o
sis el ejercitante habrá captado las líneas vida» (Ej 135). Al fin, pues, de esta larga
fundamentales del vivir cristiano, tanto marcha de unos treinta días, la persona
de la vida consagrada como de la vida que ha hecho los Ejercicios Espirituales
19
se halla en situación de integrarse en la Un ejercicio, una contemplación, que
vida corriente, muy diversa según los enlaza la experiencia del retiro con la
distintos ejercitantes, que ha ido con- vida concreta en que se va a sumergir
templando desde la mirada de Dios me- el ejercitante. Una ayuda específica
diada por la vida de Cristo. para hacer de la vida humana, como
Para este paso a la vida ordinaria, hizo Jesús en sus años de Nazaret y,
la común de todos los seres humanos, luego, en el resto de su vida, un «culto»
en distintos estados de vida y en si- (cfr. Rm 12,1), una manera de «en todo
tuaciones variadísimas, se propone la amar y servir a su divina majestad»
Contemplación para alcanzar amor. [Ej 233].
20
LA VIDA «MEDIO DIVINO»: LA CONTEMPLACIÓN
PARA ALCANZAR AMOR (CAA)
Después de los Ejercicios, el ejercitante se va a encontrar con personas,
con circunstancias y con ambientes en que ni contemplará a Jesús ni es-
cuchará su palabra, y, a pesar de esto, Dios seguirá estando presente,
acompañándole y hablándole, como ha experimentado a lo largo de los
Ejercicios. ¿Cómo sentir la presencia de Dios? ¿Cómo percibir su acción
y escuchar sus llamadas? Más todavía, ¿cómo vivir una relación con Dios
cuando ni se le ve, ni se le piensa, ni se le escucha? Para ayudar a dar el
paso a la vida corriente después de los Ejercicios, se propone dentro del
retiro el ejercicio especial de la CAA. No se trata de conseguir un amor
que quizá no se ha alcanzado durante el mes de Ejercicios, sino de llegar,
mediante la ayuda de esta contemplación, a vivir en la vida corriente y ordi-
naria este amor, una experiencia mística de la vida, en cualquier situación
en que uno se encuentre.
Por eso, como complemento a la re- pero inspiradoras, pautas ignacianas
flexión sobre las contemplaciones de para la contemplación, he tratado de
la vida oculta de Jesús que hemos ex- desarrollar algunas consideraciones
puesto, ahora se analizará con detalle personales como posibles puntos de
la CAA que San Ignacio propone al meditación y contemplación. Ahora,
final de los Ejercicios, para facilitar al en cambio, dado que las orientaciones
ejercitante que pueda «en todo amar y ignacianas para este ejercicio son muy
servir a su divina majestad» [Ej 233]. abundantes, me ceñiré a comentarlas,
Pero aquí el tratamiento de la materia de modo que la lectora o lector pue-
será distinto del utilizado en la prime- da realizar las consideraciones para la
ra parte. Allí, partiendo de las pocas, contemplación que se le susciten.
21
1. A MODO DE OBERTURA: UNA VIDA ESCONDIDA CON CRISTO
EN DIOS
Antes de entrar a analizar detallada- A esta paradoja pueden aportar
mente la misma CAA, vale la pena algo de claridad algunos datos de la
detenerse en el carácter cristológico vida de Ignacio. Por ejemplo, la ima-
de esta contemplación, no solo para gen de los rayos de luz que, según
proyectar algo de luz a la cuestión que algunas experiencias personales del
sobre esto se suele plantear, sino para santo, pueden interpretarse cristológi-
situar mejor la CAA en la dinámica de camente, «como del sol descienden los
todos los Ejercicios. rayos» [Ej 237]. El mismo Ignacio, al
Los Ejercicios Espirituales aspiran final de su vida declaraba: «aún aho-
a que el ejercitante pueda participar en ra tenía muchas visiones, sobre todo
la íntima inmediatez de Dios que se aquellas de ver a Cristo como sol»20.
comunica gratuitamente [cfr. Ej 15], Ya desde la época de Manresa, el sol
pero todos ellos están atravesados por (o un cuerpo blanco y, más adelante,
la relación personal con Jesús, el Señor de oro) es la forma como percibe en la
[cfr. Ej 4]. Porque este, que desciende fe a Cristo: una realidad que lo ilumina
de arriba (Jn 3,12-13), es el que afir- y calienta todo, de quien provienen los
ma «quien me ha visto a mí, ha visto al rayos, porque «todos los bienes y do-
Padre» (Jn 14,9) y es quien introduce nes descienden de arriba» [Ej 237]. Así
al ejercitante en la Luz inaccesible a pues, del mismo modo que la luz y el
fin de que pueda dejarse abrazar por el calor del sol nos acompañan sin que su
Creador [cfr. Ej 15]. imagen se nos imponga, Cristo es una
Sin embargo, una paradoja sorpren- presencia real y eficaz, una compañía
de a quien analiza detenidamente el ca- que nos sigue continuamente, sin que
rácter de la experiencia de los Ejerci- se pueda circunscribir a un espacio o
cios. Estos tienen distintos fines, pero a una figura determinada, sino escon-
hay uno que los engloba todos, el de dido.
la CAA, al terminar toda la experien- Por tanto, partiendo de la expe-
cia espiritual. Este fin se expresa en la riencia mística de Ignacio, podemos
petición propia del ejercicio: «en todo afirmar que nuestra vida cristiana, en
amar y servir a su divina majestad» nuestro mundo, consistirá en una rela-
[Ej 233]18. Ahora bien, resulta llama- ción existencial con Cristo, en la fe y en
tivo que, mientras durante todos los el amor, pero sin verle (cfr. 1Pe 1,8). Y
Ejercicios, desde la primera semana, la la CAA se orienta a vivir esta forma de
imagen de Cristo domina las medita- vida, «en Cristo», en medio de la so-
ciones y las contemplaciones, al llegar ciedad tantas veces opaca a la presen-
al final, como en continuidad con el cia y acción de Dios, de modo parecido
misterio de la Ascensión (donde el Se- a como viviría Jesús sus largos años de
ñor es arrebatado a la vista de los discí- vida en Nazaret en medio de personas
pulos)19, Cristo desaparece también de y quehaceres propios de la vida común
la vista del ejercitante. de todo ser humano.
22
Así, pues, los Ejercicios ayudan a • a pesar del escondimiento del vivir
la persona que los practica a vivir una cristiano, se da una permanente re-
vida escondida con Cristo en Dios. lación con el Señor, de modo que
Porque la vida cristiana se halla escondida,
pero con Cristo;
• la vida cristiana es una vida escon- • este Cristo es el Señor de la histo-
dida en la opacidad social del mun- ria, «llevado al cielo» [Ej 312], la
do, donde se realiza el trabajo por vida del cristiano de los Ejercicios,
el Reino de Dios; unido a Él, es una vida en Dios.
2. LA CAA DENTRO DE LOS EJERCICIOS:
UNAS CONSIDERACIONES PREVIAS
2.1. CAA y Ejercicios en general cicios sencillos que son de iniciación,
propuestos por Ignacio en la anotación
Parece claro que la contemplación para 18.ª [Ej 18] y evitar banalizar estos
alcanzar amor es el punto final al cual Ejercicios21. La persona que realiza el
se orientan y convergen los Ejercicios acompañamiento vive una cierta cone-
Espirituales. Sin embargo, por la lógi- xión entre el Dios que le habita y traba-
ca de que el fin determina los medios, ja en su corazón, y el Dios que habita
la CAA está de algún modo presente y trabaja ya en el corazón del ejerci-
en todos los Ejercicios. Siempre se ha tante22.
subrayado que el «Principio y Funda-
mento» ya contiene germinalmente la
CAA [cfr. Ej 23]. Sin embargo, dada 2.2. La CAA en relación con
la importancia que tiene la experiencia las etapas precedentes
de Dios en la vida creyente, a la cual se
orienta la Contemplación para alcanzar La CAA debe considerarse como una
amor, en cualquier tipo de Ejercicios apertura a la realidad de la vida fuera
Espirituales, incluso en los más senci- de los Ejercicios. Ahora bien, se ha
llos que se presentan en la anotación hablado y discutido sobre lo que la
18.ª, debe estar implícita e inicialmen- CAA aporta a la experiencia de los
te la CAA; de lo contrario, introduci- Ejercicios. Desde luego, no aporta «el
ríamos al ejercitante en un cristianismo amor», ya que es lo que desde el «Prin-
atrofiado, porque el Espíritu ya trabaja cipio y Fundamento» ha sido objeto de
en el corazón y en la vida de la persona la tarea del ejercitante como respuesta
que se ejercita. Se debe, por tanto, par- al amor de Dios, derramado en su co-
tir de algo que ya precede a la acción razón. Liberar el amor para dejar que
del acompañamiento y a la tarea del la propia vida se mueva por el amor
ejercitante. De aquí una cierta reserva que «desciende de arriba del amor de
personal en llamar «leves» a los Ejer- Dios» [Ej 184; cfr. 338].
23
Sería además muy ingenuo pensar Señor (Flp 2,9-11) y en él todo tiene la
que un ejercicio que suele proponerse consistencia, de modo que la historia
casi al mismo final de los treinta días será los «dolores de parto» (Rm 8,22)
va a conseguir hacer nacer el amor en de una nueva creación ya concebida
el ejercitante. En cambio, sí que puede y en gestación. Así pues, con la re-
decirse que la función de este ejerci- surrección, el descenso de Dios se ha
cio es conectar al ejercitante, que ha convertido en mundanización de Dios,
ido creciendo en amor saliendo «de hasta el punto de que el mundo es ya
su propio amor» [Ej 189], con la rea- «medio divino» y no hay que buscar
lidad exterior, que de modo implícito a Dios fuera del mundo, sino en la
o explícito ya ha estado presente a lo inmersión en el mundo concreto. Si
largo de todo el mes. Si durante ese el cielo es la condición de resucitado
mes el ejercitante ha contemplado al (cfr. Col 3,1-5), la tierra sellada ya por
mundo en Dios, ahora se le invita a la nueva vida del Señor ha de ir acer-
contemplar a Dios en el mundo. Será cándose a aquella condición «celes-
una iniciación a vivir el ignaciano «a tial» de Cristo. Dios ha de ser santifi-
Él en todas amando y a todas en Él» cado, el reino ha de llegar a su plenitud
(Co 288), expresión de una forma de y la voluntad de Dios ha de realizarse
vida cristiana o de una espiritualidad «como en el cielo, así en la tierra».
plenamente integrada23.
Analizando más en detalle la co-
nexión de la CAA con la totalidad de b) Movidos por el Amor
la experiencia de los Ejercicios, cabe
destacar estos puntos: Todos los Ejercicios son escuela de
afectividad, «Escuela Superior de
amor de Dios» (W. Sierp). Tratan de
a) Descenso o kénosis de Dios ordenar los afectos, es decir, de cen-
trarlos en el verdadero tesoro donde ha
En la contemplación de la encarnación, de estar el corazón y ha de crecer en
el ejercitante se pone ante el misterio amor, un amor alimentado por la rela-
de la mirada de Dios hacia el mundo, ción personal con el Señor, de modo
una mirada sensible a la realidad con- que todo lo que el ejercitante delibera
tradictoria y doliente del mundo y de la o decide en el curso de la experien-
historia que se hace solidaridad eficaz cia espiritual esté movido por el amor
en el «hagamos redención del género que «desciende de arriba del amor de
humano» [Ej 107]. Este descenso, que Dios» [cfr. Ej 184,338].
se hace visible y se convierte en histo-
ria concreta en la vida de Jesús, acaba
en el anonadamiento de la Cruz. c) Una vida escondida
Pero el descenso de la mirada y so-
lidaridad empieza a ser asunción del El ejercitante, al dejar el retiro, es ya la
mundo a través de la resurrección, que persona que no busca al que vive en-
es el sí de Dios al mundo y a la histo- tre los muertos (cfr. Lc 24,5), sino en
ria, de modo que Jesús es constituido medio de la vida, en toda la polícroma
24
realidad de personas y circunstancias. como el que estará con nosotros hasta
Jesucristo no aparece de modo explí- el fin de los tiempos. Verdaderamente,
cito porque se halla en el ejercitante el ejercitante puede afirmar que su vida
que ya ha transformado su vida, «Cris- está escondida, pero con Cristo y en
to formado en vosotros» (Ga 4,19; Dios. El Espíritu que de modo anóni-
cfr. 2,19-20). La vida del ejercitante, mo ha ido animando toda la experien-
en cuanto persona creyente, es una cia de los Ejercicios será el que en la
vida escondida en Cristo, sin que esta vida de cada día le recordará la palabra
vida tenga necesariamente especial re- de Cristo y le conducirá creativamente
lieve «religioso». Cristo configura el hacia la verdad completa, actualizando
vivir y el hacer de la persona que ha a Jesús continuamente (cfr. Jn 16,13;
culminado la experiencia de los Ejer- 14,26). La vida del ejercitante, como
cicios: le abre a la realidad del mundo cristiano o cristiana, será una vida es-
por el cual Cristo ha vivido y se ha en- piritual, cristocéntrica y teologal, pero
tregado, le une al Padre como el Pa- mundana, ya que por la resurrección
dre está unido con Cristo, le acompaña Dios ha dicho «sí» al mundo.
3. EL TEXTO DE LOS EJERCICIOS
3.1. El título [Ej 230] solo las interiores, sino en el mundo
exterior, donde se desarrollará la vida
«Contemplación para alcanzar amor». de gran parte de los ejercitantes.
Puesto que la palabra amor se declara Alcanzar. Respecto de este verbo,
en las dos notas preliminares, conviene también conviene proyectar algo de
declarar el sentido de contemplación y luz, puesto que su sentido preciso no
alcanzar. es obvio. No se trata de «conseguir»
Contemplación. Esta palabra, que el amor al final de un largo proceso
Ignacio la reservaba para los misterios de Ejercicios, naturalmente de ningún
evangélicos, tiene aquí su sentido fuer- modo como fruto de un esfuerzo hu-
te. No se trata de la simple meditación mano, pero tampoco como gracia que
o consideración discursiva de la histo- ahora se solicita, ya que a lo largo de
ria, sino de contemplar «lo real vivi- los Ejercicios se ha trabajado la afecti-
do en Cristo resucitado, presente en el vidad espiritual y el ejercitante ha tra-
ejercitante y en el mundo recapitulado tado de decidirse movido por el amor
en Él: todo en todos»24. Esta contem- [Ej 15,104,184,338]. Tampoco parece
plación se orienta a la percepción de que se pretenda en este ejercicio final
lo interior, incluso en lo exterior de «excitar» más amor ya desarrollado en
la vida, que es una riqueza mayor que los Ejercicios Espirituales, aunque la
la penetración de lo interior en lo in- traducción de la Vulgata, ad amorem
terior25; es decir, se aspira a buscar y spiritualem in nobis excitandum, pa-
hallar a Dios «en todas las cosas», no rezca sugerirlo. Más bien, dentro de las
25
posibilidades lingüísticas permitidas b) «El amor consiste en comunicación
por el verbo alcanzar y con la perspec- de las dos partes...» [Ej 231]
tiva de un ejercicio para la salida del
retiro y para, de algún modo, enfocar La segunda nota nos recuerda que la
la vida ordinaria del ejercitante, creo vida de fe, la vida cristiana, es rela-
que es legítima la siguiente interpreta- ción. Aquí trata del amor de amistad,
ción: «contemplación para vivir en el el más elevado, aunque no sea siempre
amor». el más generoso. De este modo, se en-
foca la vida ordinaria como una vida
en la alianza, en la reciprocidad del
3.2. Notas y preámbulos amor que es el compartir. La CAA es
un entrenamiento para la amistad. Re-
a) «El amor se debe poner más en las cuérdese la experiencia de Ignacio con
obras...» [Ej 230] Fabro en el Colegio de Santa Bárbara
y la vida de los primeros compañeros
Esta primera nota nos dice que la vida en París, como la describe Laínez, vida
cristiana es una vida de fidelidad. Al de «amigos en el Señor» al decir de Ig-
pasar a la vida de cada día, las obras nacio. Además, la relación con Dios se
van a ser una clave para comprender convierte en una sinergia, porque esta
la realidad del amor, que se expresa relación de amistad con Dios se vivirá
de muchos modos, pero las obras lo en la vida de compromiso, sea en me-
muestran claramente. Amar con obras dio del mundo o también en el retiro
es la verdad del amor (cfr. 1Jn 3,18; de un monasterio, ya que siempre el
St 1,22). No obstante, siempre quedan encuentro con Dios nos dirige hacia
interrogantes que solo el discernimien- los demás (cfr. Dios y Moisés; Jesús
to puede dilucidar. ¿De qué obras se y los discípulos). La cristificación de
trata? Porque las obras interiores tam- los Ejercicios nos introduce, pues, en
bién son verdadera prueba del amor. la intimidad trinitaria tal como aparece
Además, las palabras pueden ser ver- en la gran oración apostólica de Jesús
daderas obras. Sin embargo, no es raro cuando pide al Padre que seamos aco-
el caso en que la persona, por ejemplo gidos en la misma relación amorosa
en el matrimonio, en que uno o una que las personas divinas (cfr. Jn 17).
se deshace en palabras tiernas y muy En resumen, estas dos notas pre-
afectuosas y, sin embargo, mantiene vias ayudan a que el ejercitante consi-
una relación que pone en duda tal fi- dere que la vida cristiana se desarrolla
delidad, declarada solo con palabras. como encuentro y se edifica más en
Por eso, la nota ignaciana nos previene lo profundo del corazón, de la afecti-
del riesgo de poner un excesivo énfasis vidad, que en el de las ideas o de las
en los sentimientos —aunque tienen su simples acciones morales. Lo que Te-
importancia— y también de caer en el resa de Jesús formuló, a propósito de
error de creer que uno ama de verdad la oración que es «tratar de amistad»,
por lo que siente, o a la inversa: creer se aplica más en general a toda la vida
que uno no ama porque siente poco al cristiana como tal. Solo así, mediante
Señor. el encuentro, y no por el conocimien-
26
to intelectual, es posible hallar a Dios recen otras indicaciones semejantes
en todas las cosas, puesto que muchas a este preámbulo. Por ejemplo en el
«cosas» requieren una atención tal que triple coloquio [Ej 63,147], en la obla-
no permiten pensar en Dios. ción del ejercicio del Reino de Cristo
[Ej 98], en la composición de lugar de
los Tres binarios [Ej 151], se cultiva un
c) «Oración sólita» [Ej 231] tipo de espiritualidad acompañada, no
desértica o solitaria, sino de comunión
Esta oración es una constante impres- en la fe. Nunca estamos solas o solos.
cindible en todo el proceso de lo Ejer- Este preámbulo, que expresa una cierta
cicios hasta el final. Vivir en el amor y visualización y conciencia explícita de
en el servicio, y amar a Dios en todas un encontrarse junto a nuestro Señor y
las cosas y a todas las cosas en Dios su- los santos, puede generar una vivencia
pone un ojo simple, una intención rec- espiritual de sentirse siempre en com-
ta. Ignacio indica muy sabiamente que pañía, aunque sea sin pensar en nadie.
esta intención recta no solo ha de orien- Y esta experiencia se puede vivir en
tar el «estado de vida» en general, sino la vida ordinaria. San Pedro Fabro es
que se ha de extender a «todas cosas un exponente extraordinario de esta
particulares» (Co 288). El encuentro manera de vivir la fe, aunque él fre-
con Dios en la vida no se produce por cuentemente la experimentaba inclu-
una especie de automatismo al contac- so con el pensamiento o la conciencia
to con alguna realidad o con la realiza- refleja.
ción de alguna obra sin más. La inten-
ción recta viene a ser la clave de toda la
partitura que estará compuesta de una e) «Segundo preámbulo... Pedir
gran variedad de notas. Las cosas, en sí conocimiento interno de tanto bien
mismas, pueden tener significaciones recibido» [EE 233]
muy distintas y pueden orientarse en
un sentido u otro, y de aquí que «las in- Como siempre, este preámbulo, en el
tenciones, acciones y operaciones» del que se formula la petición propia del
ejercitante se han de ordenar al «mayor ejercicio, explicita la finalidad que se
servicio y alabanza» [Ej 46] de Dios, pretende. Es la clave del ejercicio de
en la búsqueda del Reino. Ignacio le la CAA. Puesta la nota previa sobre el
escribirá a un jesuita que incluso las carácter de correspondencia del amor,
cosas que distraen de pensar en Dios es sumamente importante que uno re-
pueden ser muy espirituales cuando conozca los dones que recibe de la otra
están dirigidas por la recta intención26. persona para poder corresponderle.
Sin embargo, aquí se pide el conoci-
miento por la sencilla razón de que los
d) «Primer preámbulo. Ver cómo dones de Dios no son siempre patentes
estoy delante...» [Ej 232] a nuestro conocimiento. El bien ver-
dadero no coincide sin más con lo que
La vida cristiana es una vida acompa- nosotros valoramos como tal. Es por
ñada. A través de los Ejercicios apa- todo ello por lo que hay que pedirlo.
27
f) «Conocimiento interno» servirle en adelante». El amor con que
Dios se comunica al ejercitante es un
El texto no se refiere solo al conoci- abrazo que le envuelve en este mismo
miento más profundo de aquello que se movimiento amoroso y lo convierte en
nos da, sino, supuesto que el «conoci- respuesta de servicio. Un párrafo fun-
miento interno» para Ignacio significa damental, conocido como «la perla de
un conocimiento de relación personal, las Constituciones» (Co 288), es una
aquí se pide captar todo el amor que formulación especialmente privilegia-
encierra el don que se nos ofrece27. De da de esta unión interpenetrada de amor
este modo, «enteramente reconocien- y servicio: «Todos se esfuercen de te-
do», se podrá responder con amor de ner la intención recta, no solamente
obras al amor con el que Dios se nos acerca del estado de su vida, pero aun
anticipa, porque «Él nos amó primero» de todas cosas particulares, siempre
(1Jn 4,10). pretendiendo en ellas puramente el ser-
vir y complacer a la divina Bondad por
Sí misma, y por el amor y beneficios
g) «Amar y servir» [Ej 233] 28 tan singulares en que nos previno».
Expresión que, como ocurre a menudo
en Ignacio, tiene un sentido algo más h) «En todo» [Ej 233]
hondo que el que revelan las simples
palabras. Se pide que, en respuesta al La doble interpretación textual de la
amor que Dios nos muestra, correspon- frase permite ahondar en la riqueza de
damos con amor, es decir, con aquella su contenido espiritual. En primer lu-
actitud profunda que es realización de gar, si se interpreta como «en todas las
la propia existencia humana. «El amor cosas», nos sitúa en lo más distintivo
es plenitud de la ley» (Rm 13,10), «vín- de la espiritualidad ignaciana: hallar a
culo de la perfección» (Col 3,14) y «no Dios en todas las cosas. El ejercitan-
pasa nunca» (1Co 13,8). Pero el «ser- te que descubrirá en los puntos de la
vir» no es simplemente una consecuen- CAA la gran variedad de los dones de
cia del amor, sino su misma eclosión. Dios en toda la extensión de su exis-
Es decir, el servicio no es una acción tencia, comprenderá fácilmente que es
que se realiza por amor, sino que él en la totalidad de su vida y no solo en
mismo es amor. Con lo cual se desvela un sector o zona donde ha de encontrar
la riqueza del servicio que no consiste a Dios. Por consiguiente, la persona
en hacer determinadas obras, sino que que termina los Ejercicios se dispone a
él mismo es amor, es una experiencia proseguir la experiencia espiritual, ad-
espiritual. quirida durante varias semanas, en la
Esto ya se indicaba de modo muy cotidianidad, constituida por toda una
denso en la anotación 15.ª [Ej 15]: gama inmensa de «cosas»: lugares y ta-
«Que el mismo Criador y Señor se reas, situaciones, personas, momentos
comunique a la su ánima devota abra- personales, realidades sociales, vida de
zándola en su amor y alabanza y dis- Iglesia, etc. Y esto no significa que la
poniéndola por la vía que mejor podrá experiencia lleve necesariamente a la
28
vida activa (aunque los Ejercicios sir- que liberar aquí y ahora»32. Solamente
ven especialmente como preparación a cabe añadir que esta entrega total no
la vida cristiana inmersa en el mundo), tiene nada de espectacular, sino que
puesto que la expresión todas las cosas se da en lo más corriente y sencillo de
no pone ningún tipo de límite. Esto es nuestras vidas, aunque creamos que
lo que Ignacio enseña y recomienda a son insignificantes. Por eso, uno de los
Francisco de Borja cuando le aconseja pasajes evangélicos de mayor impacto
que no se limite a la oración, sino que es el de la pobre viuda que entregó solo
trate de reducir el tiempo dedicado a una monedita, poco comparado con lo
ella y, en cambio, procure entregarse que daban los ricachones de la época,
al estudio de la Teología y a despachar pero con el detalle de que ella lo dio
los negocios de su ducado, ya que «es «todo» (cfr. Mc 12,41-44).
mayor gracia poder gozar de su Señor Podemos concluir con palabras de
en varios oficios y en varios lugares S. Decloux: «Decir “en todo” es por
que en uno solo»29. tanto, para Ignacio, por un lado, sos-
En segundo lugar, «en todo» también tener que nada se escapa al amor y al
tiene un sentido adverbial, 'totalmente' servicio; pero, por otro lado, es afir-
(como indica la versión de la Vulgata: mar también, conforme al “magis” que
totum me impendam) y el vocabulario mide su dinamismo hacia Dios, que
de la edición de Monumenta Historica nunca acaba uno de aplicarse a amar
lo supone30. En este caso, nos hallamos mejor y a servir mejor, porque, la in-
ante la expresión del carácter totalizador tensidad del dinamismo del Espíritu,
de la experiencia de Dios: «con todo el que atraviesa el amor y el servicio, es
corazón, con toda la mente...». La ora- propiamente infinita»33.
ción con la que culminará el primer Pero todavía cabe una tercera in-
punto manifiesta esta disposición de una terpretación que enriquece el sentido
total entrega con la nota inequívoca de de lo dicho hasta aquí. Jerónimo Na-
una relación con Dios, al que no se le dal decía que Ignacio veía la vida y
puede restar nada de nuestro corazón y las cosas ex integro. Partiendo de esta
vida. A esto ha preparado el ejercicio de afirmación, podemos pensar en otro
los Tres binarios, que intenta superar la significado que la expresión en todo
reserva del segundo binario, el caso de permite: «en conjunto». Es decir, no
la persona que quiere relacionarse con solo se pide en el preámbulo amar y
Dios con «recortes» o rebajas, en defini- servir en todas las cosas y enteramente,
tiva, manipulando a Dios. sino que se pide abrazar aquella visión
En un texto sumamente importan- de la realidad armonizada en su con-
te de las Constituciones, Ignacio dice junto, como la experiencia ignaciana
que el jesuita «ha de aborrecer en todo del Cardener, que se definió como una
y no en parte, cuanto el mundo ama y visión sintética o arquitectónica de la
abraza» (Co 101)31. La experiencia de realidad34. Allí Ignacio percibió en la
Egied, jesuita místico de nuestro tiem- fe una armonía entre las cosas de la fe,
po, confirma que: «Sólo hay experien- las cosas de las letras y las cosas del
cia de Dios cuando uno está dispuesto espíritu, es decir, de todo el ámbito de
a dejarlo todo, por este mundo que hay la realidad en la que se desenvuelve la
29
vida humana y creyente (Au 30). Esta resurrección de Cristo, es medio divi-
interpretación, pues, integra el doble no, el encuentro con ella es mediación
sentido del «todo»: la dimensión exten- de la relación con Dios. Así, el amor
siva y objetiva, y la dimensión intensi- y servicio, concretados en una forma
va y subjetiva. cualquiera de acción en el mundo, es
En esta perspectiva se comprende una experiencia de Dios. Amar y servir
mejor la incomodidad de Teilhard de trasciende, sin anularlo, el compromi-
Chardin con una interpretación litera- so con el mundo35.
lista y cerrada del texto de los Ejerci-
cios y también la creatividad espiritual
con que lo aborda, puesto que Teilhard 3.3. Los puntos de la CAA
está convencido de que la fidelidad a
un texto consiste en superarlo. Desde Antes de entrar en los mismos puntos,
esta concepción teilhardiana, fuente conviene recordar que su contenido no
para algunos de una deseada renova- representa un avance lineal, sino en
ción cristológica, podemos abrir la espiral. Es decir, cada punto no añade
CAA a las perspectivas de Colosenses un contenido distinto al anterior, pero,
1,15-20 o del capítulo 21 del Apoca- en cambio, aporta una nueva profun-
lipsis y contemplar al Cristo cósmico dización o enfoque. Además, la con-
en una visión dinámica de una historia templación de la primera parte de cada
que se está haciendo, en la cual el ejer- punto induce a la respuesta del amor,
citante está implicado y de la cual Él es que «consiste en la comunicación de
la recapitulación. las dos partes» [Ej 231]. Los cuatro
A la luz de todo esto, se comprende puntos se pueden resumir con cuatro
mejor cómo la espiritualidad ignaciana palabras: gracia, encuentro, esperanza
acompasa el «más» del dinamismo del y diafanía.
amor con el «todo» de la entrega que
el amor requiere. Es decir, mediante
el término más Ignacio expresa la di- a) «Primer punto. Traer a la memoria
námica creciente del amor que o bien los beneficios recibidos» [Ej 234].
se extiende como el fuego o se apa- La vida cristiana es gracia
ga. Pero con la palabra en todo viene
expresada la intensidad del amor, que Porque toda la vida son «beneficios
pide darlo todo, quemarlo todo, porque recibidos». Al comienzo de los Ejer-
todo amor es, real y etimológicamente cicios, el ejercitante ha sentido que
hablando, un holo-causto. «es creado» [Ej 23], es decir, que su
existencia parte del amor e iniciativa
de Dios, un amor que «es» permanen-
i) «A su divina majestad» [Ej 233] te. Ahora, al terminar la experiencia
espiritual, la persona que se ejercita se
En esta expresión se encierra la di- detiene con mayor atención en la serie
mensión teologal de la contemplación. inmensa de dones de todo orden del
Puesto que la realidad creada, toda ella que ha sido objeto. Se da cuenta, «pon-
marcada por el acontecimiento de la derando con mucho afecto» [Ej 234],
30
de que el «es creado» del PF signifi- el corazón por el Espíritu. La gracia
ca en realidad «es regalado». ¡Toda la crea en la persona que se ejercita una
vida como regalo de Dios! Así puede especial relación con las tres personas
hacer suyas las palabras de gozosa gra- divinas37. En esta oración puede decir-
titud y alabanza de Ef 1,8-23; 4,7-16. se que nos hallamos en plena sinfonía
El testimonio de la judía Etty Hillesum del «todo», ya que aparece cinco veces
que, en medio de la experiencia atroz en las cinco líneas del texto.
de un campo de concentración, puede Además, la correspondencia del
exclamar «la vida es bella» es un expo- amor se expresa en el «Vos me lo dis-
nente extraordinario de cómo se pue- tes; a Vos, Señor, lo torno». El ejer-
den reconocer en cualquier situación citante ha aprendido la gratuidad del
los beneficios de Dios. amor, pero también que el amor es la
Pero, como muy bien sabemos, máxima gratificación: un amor que es
el amor no deja las cosas igual y, por Dios mismo, derramado en nuestros
tanto, el ejercitante considera «con corazones (cfr. Rm 5,5), pero que a
mucha razón y justicia» cuánto ha de la vez es el amor con el cual amamos
dar como correspondencia, «afectán- a los demás, ya que, si Dios nos ama
dose mucho», con todo su corazón, a de tal modo, también nosotros nos
este Dios que tanto le ama y se ofrece debemos amar unos a otros (1Jn 5,6).
«enteramente» a aquel que tanto le ha Este amor es la máxima gratificación,
amado y le ama. «vuestro amor y gracia», que lo necesi-
En este punto, nos hallamos con tamos, pero que «me basta» para vivir
una de las escasísimas veces en que Ig- una vida humanamente llena, porque
nacio pone en labios del ejercitante una Dios no nos ha destinado al vacío, sino
fórmula de oración, lo cual indica la que ha venido a darnos vida y «vida en
trascendencia de lo que en ella se dice. abundancia» (Jn 10,10).
En efecto, las partes de esta oración re-
sumen el itinerario de lo propuesto en
las notas previas. Puesto que «el amor b) «Segundo punto. Mirar cómo Dios
se debe poner más en las obras que en habita en las creaturas» [Ej 235].
las palabras» [Ej 230] el ejercitante La vida cristiana es un encuentro
ofrece al Señor todo su ser, partiendo
de lo que más le realiza como persona Ya desde el comienzo de los Ejerci-
que es la libertad (y recordemos que ya cios, Ignacio ayuda a que el ejercitante
Karl Rahner descubrió en este punto un se ponga en actitud de relación, «para
existencialismo avant la lettre)36, con alabar, hacer reverencia y servir»
la firme decisión y fuerza de dejar que [Ej 23]. Ahora culmina este proceso
Dios tome, reciba y disponga absolu- ejercitándose en el encuentro con Dios
tamente y según su voluntad de todo. «en todas las cosas», ya que «habita
Además, el amor, expresado en las tres en las criaturas», de modo que la vida
potencias, es imago trinitatis (según la cristiana se convierte en un encuentro
teología bien conocida por Ignacio), es con Dios en la vida. Este encuentro
decir, es participación del mismo mis- podrá ser al estilo del buen samarita-
terio trinitario, un amor derramado en no que lo sabe reconocer en la cuneta
31
de un camino o como Juan de la Cruz no de la vida del Resucitado. Vivimos,
que lo reconoce en todas las criaturas; pues, en un mundo lleno de sentido, a
pero, en todo caso, la CAA nos propo- pesar de los sinsentidos en los que se
ne avanzar en esta dimensión de vivir halla sumergida la humanidad y la crea-
la vida cristiana con la calidez de una ción [cfr. Ej 50]. Dios no se ha dado de
amistad con un Dios que está presente baja de nuestro mundo, Dios no quiere
en todo lugar y en toda circunstancia. apearse de él; al contrario, lleva adelan-
Es la experiencia de una vida acompa- te la obra liberadora ordenándolo todo
ñada, como lo vivieron los discípulos hacia el bien (cfr. Rm 8,28-30). Esta
de Emaús, quienes, aunque no tenían mirada tan positiva y consoladora es,
conciencia de la presencia del Señor a la vez, una llamada a corresponder a
a su lado, le experimentaban real- este Dios, por medio de la sinergia del
mente, como reconocieron más tarde: compromiso por el mundo, poniendo
«¿No es verdad que nuestro corazón todo el ser en la línea de la búsqueda
ardía?» (Lc 24,32). Así pues, el «ha- de su Reino. Es una esperanza activa,
llar a Dios en todas las cosas» nos si- nacida de la fe en el amor activo de
túa en la categoría de encuentro que es Dios en el mundo de hoy. Y, por tanto,
una percepción real de Dios, aunque una actividad toda ella impregnada del
no consista en una conciencia refleja amor «que mueve el cielo y las estre-
de su presencia a nuestro lado. Este llas». Es la sinergia y la cooperatio de
punto nos inicia en el camino de una las que hablaba Jerónimo Nadal40. Todo
vivencia afectiva profunda en nuestra el hacer humano, «de palabra y obra»
tarea cotidiana, que es lo más caracte- (cfr. Col 3,17), es experiencia de Dios.
rístico de la espiritualidad ignaciana38.
Se ha dicho que el cristianismo es lo
más cercano al animismo, sin llegar a d) «Cuarto punto. Mirar cómo todos
caer en él. A la verdad, si uno se toma los bienes descienden de arriba»
en serio textos como Col 1,15-20, no [Ej 237]. Sensibles a la diafanía de
parece que nos excedamos si sentimos Dios
al Dios que nos sale al encuentro en las
mil realidades de nuestra vida, que se Sabemos que Teilhard de Chardin
convierte en una amistad permanente amaba el término diafanía, más ex-
con el Señor39. presivo aún que el de epifanía, ya que
Dios está en el corazón de la tierra, de
nuestro mundo y no ha de añadir nin-
c) «Tercer punto. Considerar cómo gún elemento revelatorio más, lo cual
Dios trabaja y labora por mí» sería epi-fanía41. La misma realidad de
[Ej 236]. Vivir en la esperanza nuestro mundo es ya transparente, por-
que a través (dia) de las mismas cosas
La vida cristiana es un vivir en la espe- ya se manifiesta (fanía) Dios mismo,
ranza, puesto que ya estamos salvados, como «justicia, bondad, piedad, mi-
aunque solo en la esperanza (Rm 8,24). sericordia» y un «etc». [Ej 237], que
Es que Dios «trabaja» (Jn 5,17) en el abarca la gama inmensa de manifesta-
mundo que ya está marcado con el sig- ciones de Dios en nuestro mundo. Se
32
trata de vivir con un talante positivo, contramos en las criaturas corresponde
nacido de la mirada de fe: «felices los a la realidad del ser creado, una reali-
que creerán sin haber visto» (Jn 20,29), dad que procede de Dios, pertenece a
es decir, dichosos los que contemplen Dios y refleja a Dios»43. El problema
la realidad verdadera y honda de las se halla en nuestro desorden interior, al
cosas, porque la vida se les converti- buscar una plenitud mayor que la que
rá en una dicha, las cosas irradiarán a puede dar de sí cualquier cosa creada.
veces bondad y belleza, y siempre el Y, de este modo, en lugar de adorar a
amor de un Dios que nos dice que en Dios, tratamos, de modo ciertamente
el Resucitado está con nosotros hasta inconsciente, de adorarnos a nosotros
el fin de los tiempos (Mt 28,20) y que, mediante las criaturas.
por el Espíritu, hace todas las cosas Así, pues, el talante positivo, fruto
nuevas (cfr. Ap 21,5). de una vivencia cristiana de acogida de
Íñigo, en Manresa, alcanzó aquel la Buena Noticia, puede desarrollarse
insight, aquella mirada profunda, divi- con la propuesta de este cuarto pun-
na, mediante la cual «todas las cosas to. Y cristianas y cristianos, sensibles
le parecían nuevas» (Au 30), porque a esta diafanía, pueden ser reflejo del
las captó en su verdadera realidad, que Dios que ha dicho «sí» al mundo y que
es la huella que el Resucitado ha de- lo ama, de modo que quienes se rela-
jado en ellas. Es verdad que Dios «es cionen con ellos quizá lleguen a alabar
siempre mayor», que lo desborda todo, a Dios a causa de las obras que le re-
pero que también se nos da en lo más flejan (cfr. Mt 5,16). De algún modo,
pequeño. En el mundo actual se reve- este punto recapitula los anteriores,
la la creación continua de Dios. Por como expresa Karl Rahner: «Todos es-
eso, el místico Egied veía la creación tos puntos tienen en común el “hallar
en el mundo actual y prefería la rea- a Dios en todas las cosas”, tienden a
lidad concreta de este mundo actual, que el mundo redimido se haga conmi-
más que la lejana y sublime de la zar- go transparente a Dios y también a que
za ardiente del Sinaí42. Porque según Dios, se haga transparente al mundo y
Thomas Merton «la plenitud que en- a mí»44.
4. LA EXPERIENCIA DE LA RESURRECCIÓN
4.1. «Habéis resucitado con Dios ha dicho «sí» (cfr. 2Co 1,19-20),
Cristo» (Col 3,1) para «en todo» realizar la obra del Pa-
dre que labora, ad modum laborantis
La experiencia de la resurrección, en la [Ej 236]. Por tanto, la larga experien-
última semana de los Ejercicios, no ha cia espiritual de encuentro inmediato
alejado al ejercitante de los cometidos con Dios, mediada por Cristo, seguirá
terrenos, sino al contrario: le ha su- siendo ahora real, ya que el mundo,
mergido en este nuestro mundo, al que donde se desenvolverá en adelante la
33
vida del ejercitante, es medio divino. Testamento se oculta bajo el adjetivo
Por lo tanto, podemos concluir lo si- espiritual, y del mismo modo también
guiente: en los Ejercicios Espirituales.
• La vida en el mundo, animada por
el Espíritu y en relación constante 4.2. Algunos «verdaderos
y escondida con Cristo, resucitado, y santísimos efectos»
pero abajado en la humanidad do- de la resurrección [Ej 223]
liente de hoy, será experiencia de
Dios: una «vida en Dios». Porque Las personas que nos movemos en me-
el «Señor» [Ej 104] contemplado dio de la sociedad actual y deseamos
durante largas horas de oración a vivir una vida de cierta hondura huma-
través de «los misterios de la vida na y cristiana nos hallamos confron-
de Cristo nuestro Señor», y con tados con tres realidades que nos sa-
cuya «gloria y gozo» [Ej 221] de cuden. En primer lugar, una sociedad
resucitado se ha identificado el dura, dominada por una búsqueda de
ejercitante, al final de los Ejercicios resultados rápidos, verificables y apa-
es «la divina majestad» [Ej 233] rentes, unas relaciones muy marcadas
que sigue dándose al mundo, traba- por los intereses de todo tipo (econó-
jando en él y dejándose descubrir mico, sociopolítico, psicológico, so-
en sus mil reflejos [Ej 234-237]. cial...), una frialdad y un anonimato en
• A la vez, su existencia será una medio de una inhumana densidad de-
vida con Cristo, con quien ha llega- mográfica. Los humanos nos hallamos
do a relacionarse e identificarse en indigentes de calor y de afecto.
el largo proceso del mes de Ejerci- En segundo lugar, nuestra sociedad
cios. Una vida con Cristo en la fe, es una sociedad centrifugadora y dis-
gozo y dicha de los que sin haber gregadora: impulsados a salir de no-
visto creen (cfr. Jn 20,29). sotros mismos, nos hallamos lanzados
• Y en esta relación de amistad con él a la dispersión, a la fragmentación y a
[Ej 230-231], la vida entregada en la atomización de nuestras vidas divi-
plenitud de libertad [Ej 234] estará didas en sectores alejados los unos de
«escondida» en medio de la opaci- los otros (lo familiar, lo profesional, lo
dad del mundo y desde situaciones eclesial, lo lúdico, etc.), con una nota-
predominantemente seculares en ble pluripertenencia a distintos grupos
que deberá desarrollarse su cotidia- o comunidades (familiar, laboral, ecle-
nidad. sial, etc.).
En tercer lugar, nos hallamos su-
Por tanto, la CAA prepara para mergidos en una sociedad seculariza-
una profunda experiencia de Cristo, da. Dios y lo religioso no tienen nin-
experiencia honda del mundo, unión guna significación pública, aunque no
constante con Dios. Y todo ello, obra se le niegue ni, menos aún, Dios esté
del Espíritu, que es Espíritu del Padre ausente. Aunque esto sea una realidad
y del Hijo (el «anónimo», para Santo sociológica, que en sí misma no tiene
Tomás), que comúnmente en el Nuevo connotación negativa, lo cierto es que
34
nos encontramos obligados inevita- relación con un Dios que nos sale al en-
blemente a vivir la fe en un contexto cuentro en toda situación y en cualquier
social donde lo religioso públicamente realidad, convirtiendo la existencia en
no cuenta y todo nos resulta opaco a la un diálogo con Aquel en el cual todo
trascendencia. tiene su unidad y consistencia. Final-
Estas tres notas, sociedad dura, mente, el mundo en que nos movemos
experiencia disgregadora y mundo se- es un mundo realmente profano, pero
cularizado, apelan a tres necesidades a la vez un mundo sagrado donde por
humanas importantes: la necesidad de el amor nos abrimos a la trascendencia
plenitud afectiva, la búsqueda de uni- de un Dios que los es «todo en todas
dad en la vida y el anhelo de una viven- las cosas» (cf. 1Co 15,28). Como los
cia religiosa en el mundo. A estos tres creyentes a los que se refería Jesús, la
deseos, alimentados por las circunstan- CAA nos ayuda a no ceñirnos a ningún
cias actuales descritas, creo yo que res- espacio sagrado para vivir la fe, rom-
ponde de modo particular la CAA que piendo la división entre sagrado y pro-
acabamos a analizar. En efecto, la CAA fano, y nos llama a ser en todo lugar, en
nos dispone a vivir en medio de nuestra todas las cosas verdaderos adoradores
sociedad anónima y gélida con un sen- en espíritu y verdad. Es decir, a vivir
tido de amistad profunda con Dios y, como testigos de aquel Jesús que, en la
por extensión, con las personas y con mayor parte de su vida «se asemejó a
una mirada cordial a la vida. Respecto sus hermanos» (Hb 2,17), «como uno
de la fragmentación en que se hunde la de tantos» (Flp 2,7) y que, sin embargo,
vida actual, la CAA nos inicia en la uni- pudo decir «quien me ha visto a mí ha
dad de sentido que lo abarca todo, en la visto al Padre» (Jn 14,9).
35
CONCLUSIÓN
Jesús, que pasó unos treinta años de su vida inmerso en la cotidianidad hu-
mana más corriente, «en todo igual a sus hermanos» (Hb 2,17; cfr. 4,15),
que «pasó haciendo el bien» (Hch 10,38), siempre pendiente de «hacer la
voluntad del Padre y realizar su obra» (Jn 4,34), nos enseñó a hacer de
nuestra vida de cada día una vida nueva. Vida de una inmensa densidad
humana y espiritual, es decir, movida por el Espíritu de Dios.
Porque Jesús vino para todo el mundo, rra, sino que se vive en esta finitud de
no para una élite de especialistas en lo humano, de lo diario y de lo casero.
espiritualidad, y por eso el lugar pri- La vida de Jesús, que se fragua en
vilegiado para seguirle y participar de los años de su vida oculta, es la ma-
su condición divina en lo humano es la teria que en los Ejercicios Espirituales
vida de la gente corriente, con toda la de San Ignacio se asimila con una larga
gran variedad de situaciones en que los andadura de transformación en Cristo
humanos nos movemos. Pero esta vida, durante tres semanas. Y en la CAA
tan sencilla y quizá de tan poco relieve, se ofrece una mistagogía propia para
reviste una intensidad y grandeza que trasladar a las condiciones de la vida
solo Aquella Presencia que ha sabido posterior a los Ejercicios la honda ex-
revelar su gran misterio a los pequeños periencia espiritual del retiro para po-
puede realizar (cfr. Mt 11,25-27). El der vivirlo todo en Cristo. Ser en Él,
misterio de la Encarnación se revela una o uno de tantos, testigos de Cris-
precisamente de modo singular en que to. «Sal de la tierra y luz del mundo»
la inmensidad de Dios no solo se encie- (cfr. Mt 5,13-16)
36
NOTAS
1. Rahner, Karl (1979). Curso fundamental so- Apostolado de la Prensa, pp. 82-83. El subra-
bre la fe. Introducción al concepto de cristia- yado es mío.
nismo, Barcelona: Herder, p. 376. 7. Rahner, Karl (1979). Op. cit., p. 292.
2. Las dos partes que componen este cuaderno 8. «Las pequeñas circunstancias son “superiores”
son, con algunas adaptaciones y complemen- fieles. No nos abandonan un instante y los “sí”
tos, dos ponencias leídas en dos jornadas sobre que debemos decirles se suceden unos a otros»
Ejercicios Espirituales, la primera en Monte (Delbrêl, Madeleine (1971), Nosotros, gente
Alina (Pozuelo de Alarcón, Madrid) en 2004 y de la calle, Barcelona: Estela, p. 63).
la segunda en Alacuás (Valencia) en 2009. La 9. Rahner, Karl (1979). Op. cit., p. 293.
primera formó parte de una serie de ponencias 10. El papa Francisco en Fratelli tutti dice así:
sobre el cristianismo como contracultura; la «Es importante que la catequesis y la predi-
segunda, también en un conjunto de estudios cación incluyan de modo más directo y claro
relativos a la «Contemplación para alcanzar el sentido social de la existencia, la dimensión
amor». Si la primera está más condicionada fraterna de la espiritualidad» (n. 86).
por el tema general de las jornadas, la segunda 11. Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 38.
es una exposición y declaración más ceñida al 12. Rahner, Karl (2004). «La oración del “cada
texto ignaciano. Sin embargo, las dos ponen- día», en De la necesidad y don de la oración,
cias, con estilos distintos, son una reflexión Bilbao: Mensajero, pp. 57-69; Rahner (1986)
sobre un mismo objetivo: el intento de vivir «Dios de mi vida cotidiana», en Oraciones de
el cristianismo en la existencia humana en el vida, Madrid: Publicaciones Claretianas, pp.
mundo, en la gran diversidad de vocaciones, 109-114. Légaut, Marcel (1972). «La obra
como una manera de profunda relación con espiritual», en Pasado y... ¿porvenir? del cris-
Dios, inspirada en Jesús. tianismo, Estella: Verbo Divino, pp. 465-498.
3. de Certeau, Michel (1971). La rupture ins- 13. Esquirol, Josep Maria (2015). La resistencia
tauratoire ou le christianisme dans la culture íntima: Ensayo de una filosofía de la proximi-
contemporaine, Esprit, p. 1201. dad, Barcelona: Acantilado.
4. Selecciones de Teología, n. 163, 2002, 14. Laudato si’, n. 222 y 223.
pp. 177, 188, 193. En esta misma línea: «A la 15. Recordemos el ejemplo interpelante del Abbé
Escritura le es esencial su condición viviente. Pierre: «Cuando en tiempos de la Resistencia
La Biblia incluye el cambio de la tradición, su o cuando en Emaús sufríamos graves crisis
renovación vital. Una fidelidad a la Biblia que yo me recogía en la alta montaña para hacer
no se abra a esta dinámica de cambio, no es una semana de ayuno antes de tomar algunas
fiel a la Biblia» (Luz, Ulrich (2003). El Evan- decisiones determinadas; en absoluto era para
gelio según San Mateo. Mt 18-25, Salamanca: reflexionar. Era un tiempo para no reflexionar.
Sígueme, vol. III, p. 330). Una vez que estaba todo bien barrido y con los
5. Cfr. Juan Pablo II, Sollicitudo rei socialis, 40. cristales bien limpios, lo que había que hacer
6. Stanley, David M. (1969). Moderno enfoque era evidente. Con frecuencia digo que Emaús
bíblico de los Ejercicios Espirituales, Madrid: se hizo de esta manera. No fue nunca fruto de
37
una reflexión, de un proyecto» (Pierre, Abbé lona: Balmes, n. 654). Otra: «E le decía cómo
(1995). Dieu Merci, París: Bayard Éditions/ había de amar a Dios» (Ibid., n. 660). Y toda-
Centurion, p. 42). vía, introduciendo el examen de conciencia, le
16. Arun, Joe (2002). A Spirituality for Globali- sugería esta plegaria: «Dios mío, Padre mío,
zation, Vidyajyoti, 6, p. 421. Criador mío. Gracias y alabanzas te hago por
17. Dag Hammarskjöld (Mister H), que desempe- tantas mercedes como me has fecho e espero
ñó una entregada y arriesgada misión política que me has de facer» (Ibid., n. 661) (cfr. Mo-
como secretario general de la ONU (1953- numenta, Scripta de Sancto Ignatio). Polanco,
1961), el cual reconocía que «no hay en la refiriéndose a los Ejercicios elementales que
vida mayor satisfacción que servir desintere- Íñigo comenzó a dar en Manresa, dice que
sadamente al propio país o a la humanidad». Y inflamaba en el amor de Dios. En efecto, es
que confesó: «Hallo en los escritos de grandes evidente que, después de la elevada experien-
místicos medievales que “la propia abnega- cia mística del Cardener, el peregrino ya no
ción” ha sido el camino para realizarse en ple- podía «ayudar a las almas», sino desde aquella
nitud, y que por “desprendimiento espiritual” experiencia de unión amorosa con Dios, aque-
y “vida interior” encontraron fuerza para decir lla iluminación que le llevó a ver la vida como
Sí a toda llamada que la necesidad del prójimo lugar de mediación de su encuentro con Dios.
reclama». Puede verse: Rambla, Josep Maria 22. Véase el artículo, ya clásico, de Díez-Ale-
(2003). «Testigos de una nueva justicia», en gría, José M. (1951). «La “Contemplación
VV. AA., Aldea global, justicia parcial, Bar- para alcanzar amor” en la dinámica espiritual
celona: Cristianisme i Justícia, p. 201-222. de los Ejercicios de san Ignacio», Manresa,
18. Doy por supuesto que el fin de los Ejercicios 23, pp. 171-193. Véase también Vanhoye,
es el de la CAA. En palabras autorizadas: «Po- Albert (1992). «Ejercicios Espirituales para la
der en todo amar y servir a su divina majestad “civilización del amor”», en Ejercicios Espiri-
[233], síntesis completa del efecto espiritual tuales y mundo de hoy, Congreso Internacio-
concreto, típico y distintivo, a que apuntan los nal de Ejercicios (Loyola 20-26 de septiembre
Ejercicios de San Ignacio» (Calveras, José 1991), Bilbao-Santander: Mensajero-Sal Te-
(1950). Qué fruto se ha de sacar de los Ejer- rrae, pp. 299-309, la cita en p. 303, nota 2.
cicios Espirituales de San Ignacio, Barcelona: 23. Sobre la propuesta de la CAA en otros lugares
Librería Religiosa, p. 139). y no después de la contemplación de la ascen-
19. «Una nube lo hizo desaparecer de los ojos de- sión, puede verse la nota 2 en Vanhoye, Ibid,
llos» [Ej 312]. p. 303.
20. Autobiografía, n. 99. Cfr. también los n. 29, 24. Véase Demoustier, Adrien (2006). Les Exer-
41, 44, 48 y Diario espiritual, n. 87. cices Spirituels de S. Ignace de Loyola. Lec-
21. Baste recordar la calidad que, dentro de una ture et pratique d’un texte, Editions facultés
forma muy sencilla, pero rica, revisten los jésuites de Paris, p. 426.
Ejercicios que Ignacio daba en Alcalá de 25. Véase el texto de Suso aducido por Demous-
Henares, según consta en los procesos de tier, en la p. 426, nota 3: «Celui qui demeure in-
canonización. Una de los testigos dice: «El térieur dans les choses extérieures devient plus
dicho Iñigo estaba doctrinando los dos man- intérieur dans les choses intérieures que celui
damientos primeros, amar a Dios, etc., y sobre qui ne demeure intérieur que dans les cho-
esto habló muy largamente». (Calveras, José ses intérieures» (Ancelet-Hustache (ed.),
(1958). Ejercicios Espirituales. Directorio y Vie XLIX, Œuvres complètes, Paris: Éditions
Documentos de S. Ignacio de Loyola, Barce- du Seuil, 1977, p. 285).
38
26. Carta a Manuel Godinho de 31 de enero de 31. En una carta a su hermana Magdalena de Lo-
1552, Obras Completas de S. Ignacio, Ma- yola, escribía Ignacio el 25 de mayo de 1541:
drid: BAC, 1963, pp. 781-782. «A quien plega [al Señor nuestro] por la su
27. Véase Divarkar, Parmananda (1984). La infinita y suma bondad os aumente siempre
senda del conocimiento interno. Reflexiones en amarle en todas las cosas, poniendo no en
sobre los Ejercicios Espirituales de San Igna- parte, mas en todo, todo vuestro amor y querer
cio de Loyola, Santander: Sal Terrae. Divarkar en el mismo Señor, y por Él en todas las cria-
afirma: «Conocimiento interno es lo que hoy turas». Obras de san Ignacio, p. 641.
llamaríamos conocimiento personal, la clase 32. Rambla, Josep M. (2007). Dios, la amistad y
de conocimiento a la cual queremos aludir los pobres... La mística de Egide van Broeck-
cuando decimos que conocemos a alguien, hoven, jesuita obrero, Santander: Sal Terrae,
que es distinto de conocer acerca de alguien. p. 232.
Cuando el que es personalmente conocido es 33. Decloux (1991). Op. cit., p. 12.
Dios, entonces conocimiento interno signifi- 34. Puede verse la voz «Todo» de Melloni en
ca “fe”, en el más rico sentido de la palabra» el Diccionario de Espiritualidad ignaciana
(p. 33). Y añade más adelante: «Por supuesto (GEI), colección Manresa, n. 38, G – Z, 1704-
que la relación personal sólo puede darse en- 1707. También Rambla, Josep M. «“Dios
tre personas; pero puede también afectar a la todo en todo”. “Todo” otra clave de los Ejer-
relación con las cosas... Así, por ejemplo, una cicios», en García de Castro, José y Ma-
fecha del calendario adquiere para mí un espe- drigal, Santiago (eds.) (2011). Mil gracias
cial significado si resulta que es el cumpleaños derramando. Experiencia del Espíritu ayer y
de alguien a quien yo quiero; no dejará de ser hoy, Madrid: Comillas, pp. 325-341.
la fecha que era, pero ahora se ha hecho ope- 35. Estas consideraciones de Thomas Merton
rativa en mi vida». Y concluye diciendo que a me parecen muy iluminadoras al respecto:
esto se refiere el texto «conocimiento interno «Mientras no amemos a Dios perfectamente,
de tanto bien recibido» (p. 34). Véase también todo lo que hay en el mundo podrá herirnos»,
del mismo autor: «La transformación del yo y porque en el amor de Dios lo poseemos todo
la experiencia espiritual: El enfoque ignaciano y gozamos de todo, sin que nos manche, sino
a la luz de otros modelos antropológicos», en: que «podemos encontrar en la creación algo
Alemany, Carlos y García-Monge, José A. que refleja la plenitud del cielo». De aquí que
(ed.). Psicología y Ejercicios Ignacianos. Vol. «el santo es capaz de hablar sobre el mundo
I. Santander: Sal Terrae, pp. 23-34, sobre todo, sin hacer ninguna referencia explícita a Dios,
p. 26. de tal manera que lo que dice da más gloria a
28. Para este punto y el que sigue, véase el artí- Dios y despierta un amor mayor a Dios que las
culo muy documentado y exhaustivo de De- observaciones de una persona menos santa»,
cloux, Simon (1991). «En todo amar y servir, cuyas elucubraciones «nos hacen pensar que
para una comprensión del lema ignaciano», la religión es problemática» (Nuevas semi-
Manresa 63, pp. 7-31. llas de contemplación, Santander: Sal Terrae,
29. 20 de septiembre de 1548, carta 45, en Obras 2003, pp. 46-48).
de San Ignacio, pp. 711-714; la cita en p. 712. 36. Paul Claudel en Le soulier de satin pone en
30. En el glosario al final de Exercitia Spiritua- boca del jesuita Rodrigo, agarrado a una tabla
lia, volumen 100 de Monumenta Historica S. en pleno naufragio, estas palabras que mues-
I. puede leerse: modus adv. En todo = entera- tran toda la riqueza humana que nace de una
mente 165, 186, 233, 342, 350, 353, 363, 365. libertad entregada a la Libertad: «Mi vida es-
39
tá atada con Cristo en la cruz, pero la cruz de ras de ese mundo ya no se nos presentan co-
Cristo no está atada a nada». mo una realidad meramente natural, porque el
37. «Tal como lo ve san Ignacio, ese amor es una Resucitado las envuelve misteriosamente y las
imago Trinitatis. La aplicación de las poten- orienta a un destino de plenitud. Las mismas
cias anímicas no significa la aplicación de un flores del campo y las aves que él contempló
instrumento o de unos instrumentos sobre co- admirado con sus ojos humanos, ahora están
sas sometidas simplemente desde fuera a tales llenas de su presencia luminosa» (Laudato si’,
instrumentos para su transformación. Ignacio n. 100). Es más, la creación lleva el sello de la
sabe que la memoria, el entendimiento y la vo- presencia trinitaria: «Toda criatura lleva en sí
luntad son la imagen de la Trinidad. Si, pues, una estructura propiamente trinitaria, tan real
en el suscipe, esa Trinitas se menciona como que podría ser espontáneamente contemplada
presente en el propio ser del hombre y si esa si la mirada del ser humano no fuera limitada,
imago en definitiva nos presenta a Dios como oscura y frágil. Así nos indica el desafío de
un acto de amor, es evidente que aquí se pien- tratar de leer la realidad en clave trinitaria»
sa en un amor que en semejante realización de (Ibid., n. 239).
la imago Trinitatis está sostenido por el propio 40. Es un tema recurrente en Nadal. Cfr., por
misterio divino intratrinitario, máxima cuan- ejemplo: Orationis observationes, MHSI, 90a.
do la gracia divina crea una auténtica relación 217.
personal con las tres divinas personas y no es 41. Véase El Medio Divino, 3.ª parte, 3, a): La
sólo una objetivación creada de la causalidad aparición del Medio divino, El gusto del ser
eficiente de Dios, que vendría a ser la obra ad y la Diafanía de Dios. Recuérdese la alocu-
extra, hacia fuera, del mismo Dios» (Rah- ción de P. H. Kolvenbach, el día de la Epifanía
ner, Karl (1974). El sacerdocio cristiano en de 1995, en Congregación General 34 de la
su realización existencial, Barcelona: Herder, Compañía de Jesús, Curia del Prepósito Ge-
pp. 273-274). neral, Roma, 1995, pp. 40-483.
38. Esta es la doctrina ignaciana que recordaba 42. Cfr. Rambla, Josep M. (2007). Dios, la amis-
Nadal cuando decía que Ignacio era contem- tad y los pobres, Santander: Sal Terrae, p. 166.
plativo en la acción y que hallaba a Dios en to- 43. Merton, Thomas (2008). Nuevas semillas,
das las cosas y que esto es lo que deseaba para Santander: Sal Terrae, p. 48.
los jesuitas. Por esto, en las instrucciones que 44. Rahner, Karl (1986). Meditaciones sobre los
Ignacio da para los que están en formación ejercicios de san Ignacio, Barcelona: Herder,
insiste en este aprendizaje del encuentro con p. 263. El poeta jesuita G. M. Hopkins anota
Dios en todas las cosas de la vida. Véanse las sobre este punto de la CAA: «Todas las cosas
cartas 66, 67 y 72, en Obras de San Ignacio. están grávidas de amor, grávidas de Dios; basta
39. El papa Francisco expone con amplitud esta saber tocar para que chispeen y se enciendan,
presencia de Dios en la creación: «Las criatu- goteen y huyan, resuenen y hablen de Él».
40
«Ayudar» es el verbo con que Ignacio de Loyola expresó modestamente
su gran deseo de hacer el bien a los otros. Bajo este lema de servicio y
sencillez, la Escola Ignasiana d’Espiritualitat (EIDES) ofrece esta serie de
materiales ignacianos.
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