República Bolivariana de Venezuela
Ministerio del Poder Popular para la Educación Universitaria
Universidad Politécnica Territorial
‘‘José Antonio Anzoátegui’’
Hegemo
nía y
Contra
Hegemo
nía
Profesor: Integrantes:
Rosa Muñoz García, V. 30.701.674
Unidad Curricular: Parejo, Z. 28.186.659
La Cultura Como Herramienta Sifontes, G 24.828271
Del Ser Social. El Buen Vivir
Enero, 2023
Introducción
Podemos dar comienzo, diciendo que el concepto contra hegemonía da cuenta de los
elementos para la construcción de la conciencia política autónoma en las diversas clases y
sectores populares. Plantea los escenarios de disputa en el paso de los intereses
particulares hacia los intereses generales, como proceso político clave hacia un bloque
social alternativo. “Si se quiere cimentar una hegemonía alternativa a la dominante es
preciso propiciar una guerra de posiciones cuyo objetivo es subvertir los valores
establecidos y encaminar a la gente hacia un nuevo modelo social. De ahí que la creación
de un nuevo intelectual asociado a la clase obrera pasa por el desarrollo desde la base,
desde los sujetos concretos, de nuevas propuestas y demandas culturales”. A
continuación les hablaremos referente a este tema.
¿Qué es Hegemonía?
Dominio o supremacía que un grupo ejerce, de tal modo de dictar los términos y
parámetros de la acción social en todos los sentidos y mantener la oposición fuera de la
ley o la legitimidad. Sinónimos: dominación, imperio.
¿Qué es Contra hegemonía?
Por su parte, evoca, en términos generales, la producción social de una multiplicidad de
formas alternativas de resistencia, experiencia y lucha que hacen posible no sólo la
difusión de un discurso crítico capaz de combatir radicalmente el orden ideológico y social
hegemónico, sino también la creación
La Hegemonía y la Contra Hegemonía Cultural de la resistencia a la
insurgencia cultural.
La historia registra hegemonías, desde la antigua Grecia, cuando tres Ciudades-Estados
se diferenciaron del resto: España, Atenas y Tebas. Fue entonces cuando el rey de
Macedonia decidió invadir Grecia, uniéndose con otros pueblos, para derribar a los
griegos de sitial hegemónico y así reclamar para Macedonia la Hegemonía Político-Militar.
Hegemonía y contra hegemonía son dos conceptos teóricos desarrollados por el
pensador italiano Antonio Gramsci. El término hegemonía tiene su raíz etimológica en la
palabra griega eghesthai que significa “conducir”, “guiar”, “comandar”. Hegemonía no
debe confundirse con dominación. Por dominación, Gramsci entiende el uso o la amenaza
de coerción, de imponer el orden mediante la fuerza física a través de la policía o el
ejército. Pero Gramsci sostiene que una sociedad no se puede mantener ordenada
solamente bajo la amenaza de la fuerza física. Aquí entra en juego el concepto de
hegemonía. Las clases dominantes construyen su hegemonía para controlar a las clases
dominadas a través de la imposición de un conjunto de significados, percepciones,
explicaciones, valores y creencias de ese sector que serán vistos como la norma.
La hegemonía es “un proceso de dirección política e ideológica en el que una clase o
sector logra una apropiación preferencial de las instancias de poder en alianza con otras
clases, admitiendo espacios donde los grupos subalternos desarrollan prácticas
independientes y no siempre funcionales para la reproducción del sistema” (GARCÍA
CANCLINI, 1984). “Este concepto general de hegemonía se constituye, en el pensamiento
de Gramsci, a través de la diferenciación de las funciones de la dirección respecto de las
funciones del dominio. ‘La supremacía de un grupo social –escribe Gramsci- se manifiesta
de dos modos, como ‘dominio’ y como ‘dirección intelectual y moral’. Un grupo social es
dominante de los grupos adversarios, a los que tiende a ‘liquidar’ o a someter incluso con
la fuerza armada, y es dirigente de los grupos afines y aliados.
Un grupo social puede y, aún más, debe ser dirigente ya antes de conquistar el poder
gubernativo (ésta es una de las condiciones principales para la propia conquista del
poder); después, cuando ejercita el poder, e incluso si lo tiene fuertemente empuñado, se
convierte en dominante pero debe continuar siendo también ‘dirigente’’ (BARATTA y
CATONE, 1995: 144). La hegemonía logra consolidar un bloque hegemónico donde las
clases sociales se encolumnan detrás del proyecto de la clase dirigente sostenidas en dos
ámbitos: la sociedad política y la sociedad civil. En la sociedad política se instrumenta el
control, se organiza la dominación a través de la fuerza, a partir de la administración del
gobierno y el control de Estado, las instituciones políticas, los aparatos de justicia con su
sistema penal y las fuerzas armadas y la policía.
Mientras que la sociedad civil a través de sus instituciones y organizaciones privadas
dicta ese conjunto de significados, percepciones, explicaciones, valores y creencias,
mencionados anteriormente, moral e intelectualmente correctos según la perspectiva del
bloque histórico dominante. En esta esfera se impone el consenso sobre esta cosmovisión
desde el arte, la educación, los medios masivos de comunicación, la filosofía, la religión y
la cultura.
Esta hegemonía cultural, que permite ampliar el horizonte o los alcances de la
dominación más allá del control de los aparatos represivos del Estado, se articula
mediante mecanismos tales como el sistema educativo, las instituciones religiosas y los
medios de comunicación. “Familia, iglesias, escuelas, sindicatos, partidos, medios masivos
de comunicación, son algunos de estos organismos, definidos como espacio en el que se
estructura la hegemonía de una clase, pero también en donde se expresa el conflicto
social. Porque la caracterización de una sociedad como sistema hegemónico no supone
postular un modelo absolutamente integrado de ésta: las instituciones de la sociedad civil
son el escenario de la lucha política de clases, el campo en el que las masas deben
desarrollar la estrategia de la guerra de posiciones” (PORTANTIERO, 1994: 131).
A través de estos mecanismos es que se realiza esta imposición de valores, creencias y
significados de forma que los dominados conciban como natural este sometimiento y
puedan apropiarse de esta forma “correcta” de ver el mundo, neutralizando así su
capacidad e ímpetu revolucionario. Surge aquí la figura del intelectual orgánico. El
intelectual orgánico al bloque histórico dominante puede ser un profesor, un cura, un
erudito, un comunicador, un escritor. Su función es la de trabajar en las distintas
organizaciones culturales y en los partidos políticos dominantes para asegurar el
consentimiento de las clases dominadas al proyecto del bloque histórico preponderante.
“Estas funciones son, precisamente, organizativas y de conexión. Los intelectuales son los
«empleados» del grupo dominante a quienes se les encomiendan las tareas subalternas
en la hegemonía social y en el gobierno político; es decir, en el consenso «espontáneo»
otorgado por las grandes masas de la población a la directriz marcada a la vida social por
el grupo básico dominante, consenso que surge «históricamente” del prestigio -y por
tanto, de la confianza- originado por el grupo prevalente por su posición y su papel en el
mundo de la producción; y en el aparato coercitivo estatal, que asegura “legalmente” la
disciplina de los grupos activa o pasivamente en “desacuerdo”, instituido no obstante para
toda la sociedad en previsión de momentos de crisis de mando y de dirección, cuando el
consenso espontáneo declina” (GRAMSCI, 1967).
Oposición Consciente a la Transculturación a la Alienación.
¿Qué es la transculturación y la alineación?
La diferencia entre aculturación y transculturación radica en que la aculturación es el
proceso de asimilación de una cultura nueva a través del contacto cultural, mientras que
la transculturación expande este proceso, incorporando la pérdida de elementos y la
creación de una nueva identidad cultural.
¿Cómo influye la transculturación en nuestra identidad?
Mediante el proceso de Transculturación y Aculturación la cultura original sufre una
alteración y por lo tanto la trayectoria de la formación de la identidad del individuo
cambia, debido a que en la cultura original hay nuevos factores que re direccionan el
proceso para la definición de su identidad.
¿Cuándo se da la alienación?
Es el proceso por el que un individuo se convierte en alguien ajeno a sí mismo, es decir
que su conciencia se ve transformada de modo tal que pierde las características que hasta
entonces le venían dadas por su condición o su naturaleza.
La transculturación como un proceso de intercambio entre culturas se vuelve una
posibilidad necesaria en el marco de una circulación “global” –con claras hegemonías–
promovida fundamentalmente por las tecnologías de la comunicación.
“CONCIENCIA DE MUNDO” E INTERNET
En la actualidad, desde otros espacios y lugares se renueva el interés, la preocupación
en el carácter político del cambio cultural y de la diversidad cultural. Como hemos dicho,
cuestionarnos sobre las posibilidades de lo transcultural refiere a “mirar” y analizar las
complejidades de los cambios culturales. Las tecnologías como parte de nuevas
condiciones culturales desarrollan dinámicas de dominación in visibilizadas. En otros
términos, la tecnología, surge de ciertas condiciones culturales particulares y de forma
concomitante ayuda a generar, producir otras nuevas (Escobar, 2005). Los antropólogos,
en especial, pueden comprender muy bien estos procesos si están abiertos a la idea de
que la ciencia y la tecnología son campos cruciales para la creación cultural en el mundo
contemporáneo.
La incorporación de las denominadas Tics (Tecnologías de la Información y la
Comunicación) ha implicado repensar la vida cultural, social, política y económica del
hombre. Ello conlleva –aunque queda aún mucho por recorrer– a generar espacios de
reflexión en diferentes campos en torno al concepto de tecnología, tales como: la
sociología, la psicología, la filosofía, la educación, entre otros. Sin embargo, según Díaz
(1995), se requiere fortalecer la antropología social de la tecnología, debido a la necesidad
de elaborar un marco conceptual integral y renovado para los cambios. Se observan de
manera cada vez más significativa la preocupación sobre la articulación tecnología,
sociedad y cultura (Escobar: 2005; 2009). La red de redes involucra una trama de
relaciones; en ciertos casos, formas de organización del trabajo, procesos políticos e
incluso rituales en torno a internet.
Conclusión
Para finalizar, al estudio de la hegemonía es no situar a esta como propiedad de una
clase o un ámbito que cumple tal o cual grupo y reclama su potestad absoluta, aunque
esto resulte tan sencillo como tentador. Es importante analizar la hegemonía como
instancia, como dispositivo y no limitarse a catalogar a movimientos, grupos o prácticas
solamente en hegemónicas o contra hegemónicas. “No existen sectores que se dediquen
a construir la hegemonía, otros entregados al consumismo y otros tan concientizados que
viven sólo para la resistencia y el desarrollo de una existencia popular alternativa”. Se
concluye diciendo que hemos aprendido de la transculturización que esta ya se
encontraba en el pasado hasta la actualidad, esta Adopta por parte de un pueblo o grupo
social de formas culturales de otro pueblo que sustituyen completa o parcialmente las formas
propias.