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La historia de Pixar

Tres caminos que se inician en distintos puntos y que acaban convergiendo. Tres
nombres, John Lasseter, el creativo; Ed Catmull, el ingeniero; y Steve Jobs, el empresario
visionario. ¿El resultado? Pixar, la compañía de animación más respetada del mundo. El
'érase una vez' comienza en la infancia de Lasseter, como suele ocurrir en este tipo de
historias. 
«Cuando era pequeño me encantaba dibujar más que ninguna otra cosa», explica el actual
director creativo de Pixar y Disney, John Lasseter, en un documental sobre el sueño de su
vida, titulado 'La Historia de Pixar' (2007). «Ya siendo un adolescente encontré un libro
usado y muy viejo titulado 'The Art of Animation', que trataba de los estudios Disney y de
cómo se hacían las películas de dibujos animados. Ahí fue cuando me di cuenta de
que había gente que se ganaba la vida haciendo dibujos animados».
En el instituto, Ed Catmull se planteaba su futuro y le rondaba la idea de matricularse en
Cal Arts, la escuela de animación a la que sí asistió Lasseter con otros nombres ilustres
como Tim Burton o Brad Bird. «Quería ser un artista pero al mismo tiempo pensaba que no
era lo suficientemente bueno», reconoce Catmull en la misma película. Se decidió por la
Física y la Informática, e ingresó en la universidad de Utah, donde se doctoró, y trabajó en
el Instituto Tecnológico de Nueva York.
Steve Jobs fue multimillonario apenas estrenados los 30 gracias a Apple, pero su relación
con el cofundador de la compañía de ordenadores, Steve Wozniac, se había deteriorado y
cada uno había terminado por su lado. Vendió sus acciones y se llevó el varapalo de que
éstas subieron con su marcha. Cuando atravesaba por esas circunstancias, se dio un paseo
con Alan Kay, un empleado de Apple al que él había fichado. Kay le presentó a Catmull, a
Lasseter y a Ally Ray Smith, los fundadores de Pixar en las faldas de George Lucas y su
Industrial Light & Magic. Jobs compró en 1986 a Lucas los derechos de los productos
informáticos, una división de la compañía llamada Pixar, por cinco millones de dólares y
puso otros cinco para el desarrollo de la productora.
La unión de estos tres relatos —además del deseo de Pixar de hacer el primer largo de
animación generado por ordenador— se debe además a una frase pronunciada por Ed
Hansen, el responsable de animación de Disney en 1987: «Ya has acabado aquí, así
que damos por finalizado tu empleo en los estudios». La sentencia, dicha a Lasseter, se
debió a que el proyecto de animación digital 'La tostadora valiente' no convenció al
presidente de la factoría, entonces Ron W. Miller. Si el coste iba a ser el mismo que el de
una película de animación tradicional, según su opinión, no merecía la pena seguir con la
idea. Lasseter terminó en la empresa de George Lucas. Lucas se la vendió a Jobs y
realizaron dos cortos para el recuerdo: 'Luxo Jr' (1986), con el pequeño flexo que se
convirtió en logo, y 'Tin Toy' (1988), que se llevó el Oscar.
El segundo, el corto del juguete de hojalata, fue el germen de 'Toy Story'. Ya estaban en la
empresa Peter Docter y Andrew Stanton, dos recién graduados. Disney, entonces
comandado por Jeffrey Katzenberg, y Pixar firmaron un acuerdo para que los segundos
realizaran la película y los primeros se encargaran de todo lo demás, desde la distribución
hasta el marketing. El gigante se llevaría la mayoría de los beneficios y se quedaría con los
derechos de las películas para 'merchandising' y nuevas entregas. Pero Pixar podría sacar
adelante su gran hito. La primera presentación del proyecto terminó en fiasco. Se paralizaba
la historia. Lasseter pidió tiempo. Luz verde y estreno en el fin de semana de Acción de
Gracias de 1995. 350 millones de dólares de recaudación en todo el mundo.
Jobs decide que Pixar se convierta en estudio de animación en vez de sólo una productora y
cambia el acuerdo con Disney. Saca sus acciones al mercado y los 10 millones invertidos
de dólares una década antes (además de las pérdidas) los convierte en 132. ¿Y ahora qué?
Segunda película con el síndrome confesado de Steve Jobs del horror del segundo producto.
Visión empresarial manda. En 'Bichos' (1998) mezclan una gran historia con las
innovaciones tecnológicas que les permiten mostrar nada menos que 431 hormigas por
secuencia. Otro bombazo. Disney decide que Pixar produzca la segunda parte de 'Toy
Story'para el mercado del vídeo. Cambian de planes y deciden estrenarla en cine. No llega a
los parámetros de calidad y Lasseter interrumpe sus primeras vacaciones en años para coger
las riendas. La película se rehace completamente en sólo nueve meses y llega a la fecha del
estreno. De nuevo buenas críticas, algunas incluso colocan este título por encima de la
primera entrega, y buenos resultados de taquilla.
'Monsters' (2001), 'Buscando a Nemo' (2003) 'Los increíbles' (2004)... Llega la fecha de
caducidad del contrato con Disney, que tiene condiciones todavía leoninas, y Pixar quiere
una nueva negociación: el 100% de la taquilla y el derecho a segundas partes, a cambio de
una importante comisión de distribución para Disney. Las dos compañías no llegan a un
acuerdo y rompen relaciones, aunque los estudios de Burbank continúan con la distribución
y se encargan de 'Cars' (2006). 
Hay propuestas de otros estudios como Warner y Sony, que cortejan a Pixar con sus
ofertas. En enero de 2006, dan la campanada: Disney compra Pixar por 7.400 millones de
dólares, pero Lasseter se encargará de la creatividad de los dos estudios. Jobs se convirtió
en el mayor accionista individual de ambas empresas.
John Lasseter, Ed Catmull y de Steve Jobs, las tres voces fundadoras. Pixar es único
porque está creado por creativos y no por un puñado de ejecutivos que toman las decisiones
guiados por el dinero», aseguró entonces sobre esos tres caminos del principio de este
relato. «Se trata de contar buenas historias y eso es parte de nuestro ADN. No me imagino
haciendo una película de un modo distinto aquí. No hacemos investigación de mercado, no
hacemos películas pensando en lo que se va a llevar ese año, simplemente confiamos en los
directores para que cuenten historias que les apasionan. Y si uno tiene pasión por una
historia, esperamos que todos se contagien y que resulte verdadera. Es que no me gustaría
hacer películas en ningún otro sitio. El lugar en el que tres puntos acabaron convergiendo.

Alumno: Raúl Yakín Contreras Esparza

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