La Filosofía de Parménides de Elea
La Filosofía de Parménides de Elea
Camilo González
En el año 546 a. de C. foza ciudad jonia conocida por aquel entonces como focea sucumbía ante el
todopoderoso ejercito persa comandado por ciro el grande, esto formaría parte de una seria de
acontecimientos que marcarían ni más ni menos que el conflicto del inicio entre gracia y Persia. Un
enfrentamiento entre dos civilizaciones de vital importancia para comprender la configuración de
nuestro mundo tal y como lo conocemos en la actualidad, una brecha abierta entre oriente y
occidente, por la que todavía en el presente se sigue desangrando la region
los habitantes griegos de la polis de focea lejos de someterse al invasor, decidieron emigrar,
iniciando una migración que sembraría la costa oeste del mediterráneo de colonas helenas,
fundándose ciudades a lo largo de toda la costa italiana, francesa o catalana, algunas tan
importantes como la actual Marsella. En este contexto concretamente en una poli surgida hacia el
535 a. de C. próxima a la actual Nápoles hay que comenzar a buscar el rastro de uno de los
pensadores más representativos y trascendentes de la actualidad, Parménides de Elea.
Aunque su biografía se sustenta sobre todo en datos especulativos se cree que Parménides nació
entre el 530 y el 515 a. de C. en Elea y que fue hijo de una familia de nobles expulsada por los persas
de la polis jonia de Focea.
Se trata de alguien que procede del solar griego, el solar de los helenos pero que vive ya como
tantos otros allí donde nace la filosofía, que vive y se desarrolla en los márgenes del mundo
helénico.
Se podría establecer un paralelismo entre el hecho de que Parménides y los suyos pertenezcan a una
fase de fundación y el hecho de que todo lo que podríamos denominar su pensamiento tiene un
carácter abrumadoramente fundador, innovador, originario.
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No existiría la filosofía ni mucho menos la ontología (que es la rama de la filosofía que estudia lo que
hay, así como las relaciones entre los entes o la relación entre un acto y sus participantes) que es la
raíz esencial de la filosofía, sin Parménides. Así lo prueba el camino que dio lugar la interpretación de
su poema. No existiría platón sin la referencia crítica y la aportación de Parménides, tampoco
Aristóteles ni la crítica de Aristóteles a platón y al pitagorismo que retorna a Parménides que, acusa
a platón de parricidio. De tal manera que la comprensión entera de la diferencia entre platón y
Aristóteles es su desigual interpretación de Parménides. Pero en nuestros días tampoco existiría ni el
gran Hegel ni Heidegger -que ellos ya si lo han explícitamente reconocido igual que Aristóteles- sin la
recepción del poema de Parménides.
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Diógenes Laercio afirma en su obra: vidas opiniones y sentencias de los filósofos más ilustres que
Parménides no solo participo activamente en la vida de su polis, sino que además le dio a su ciudad
excelentes leyes, leyes tan buenas que los ciudadanos de Elea incluso juraban cada año sobre ellas.
Tampoco es imposible por noticias y textos que han llegado hasta nosotros que tuviera una actividad
practica como médico. Cuando se dice de ellos como de Parménides que son “physicoi” queda claro
que propiamente se está hablando de teorizadores de la naturaleza, buscadores de algo así como la
esencia de la naturaleza o el modo de ser de la physis o se trata de médicos probablemente en aquel
contexto se trataba de ambas cosas
También según Diógenes el filósofo Aminias, seguidor de Pitágoras, podría haber sido uno de sus
maestros, igualmente Aristóteles entre otros es de la opinión de que Parménides fue discípulo del
poeta y filosofo de origen jonio Jenófanes,
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este sería un dato relevante pues Jenófanes fue especialmente crítico con todos los
antropomorfismos de carácter mitológico, es decir, con la costumbre de proyectar las características
y las costumbres de los mortales sobre lo divino
Ya dice Jenófanes en lo que nosotros conservamos, de una manera muy expresiva: “si los
chimpancés tuvieran dioses les harían arborícolas, si los leones los bueyes los caballos dibujaran con
las manos el cuerpo de los dioses lo harían semejante al suyo…”. Esto lo dice evidentemente como
una crítica ya que no pueden los dioses ni lo divino ser violadores, mentirosos, corruptos, es decir,
que precisamente ese modo antropomórfico de proyección, es lo que se convierte en una no-
religiosidad, de manera que, el nombre teológico de la teología racional de eso que no cambia de
lugar, que está en lo uno y en lo múltiple, el nombre de eso divino tiene que ser la unidad indivisible
y dice Jenófanes: “todo él ve, todo él oye, todo él piensa”.
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Esto es de mucha importancia a la hora de entender los fragmentos de la única obra de Parménides
que ha llegado hasta nosotros: “sobre la naturaleza” o “peri physeos” es un poema educativo del
cual se conservan 19 fragmentos en la edición canónica y unos 160 versos. De la parte ontológica es
decir la que habla del ser, la puramente racional y argumentativa del poema se conservan alrededor
de nueve décimas partes, en cambio pareciera que sabemos que se ha perdido casi todo de aquélla
otra parte en la cual la diosa ósea Parménides, da cuenta de absolutamente todo de cuanto
fenómeno pueda aparecer en el mundo sensible.
Este poema empieza así:
Se centra entonces en otro ámbito, el ámbito de la llamada Aletheia, es decir, de la verdad, el de una
verdad sin contrarios. Un ámbito en el que como luego dirá Aristóteles, “no hay ni engaño ni error”.
Cambiar de diapositiva y poner la siguiente y reproducir cada una
Eso será el centro de la enseñanza de Parménides, esta unidad intensiva, indivisible que es el arjé
como limitante, no tiene contrario. Si tuviera contrario, eso establecería ya inmediatamente una
referencialidad, que sería la de nacimiento/muerte o la de movimiento, de acuerdo con cantidad con
cualidad, lugar. Categorías que Aristóteles obtendrá, lo puede uno establecer con toda claridad
leyendo con detenimiento el poema, obtendrá de las denegaciones que establece, precisamente, el
centro de la enseñanza de lo divino que se pone en la boca de la diosa Aletheia.
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De la última parte del poema, la conocida como la opinión de los humanos, apenas se conservan
algunos versos. Estos fragmentos corresponderían a una explicación de carácter cosmológico, una
física terrestre y celeste, cuya intención seria referirse al todo, tratando con ello, Parménides, de ser
digno de crédito. Cambiar diapositiva y reproducir y terminar y cambiar
Cuando de lo que se trata es de interpretar el poema, la principal dificultad surge a la hora de
establecer el número real de vías propuestas en los fragmentos conservados. Las discusiones
interminables al respecto, sugieren varias posibilidades, por la diferente forma de entender un texto
que llego hasta nosotros ya de por si incompleto, fragmentado y no pocas veces reconstruido.
Aun así, lo más sencillo, lo que la tradición no ha transmitido es que las vías eran dos. Una de las vías
es la vía que acompaña a la verdad, y hay otra vía, otro camino, que sencillamente es impensable,
innombrable, e intransitable, como se hace notar todo empieza por “in”, es decir un camino que no
hay que seguir, que no se debe seguir, entre otras cosas porque no existe, lo cual parece una
contradicción; pero ahí ya se entraría a las tantas veces señaladas paradojas por no decir
autocontradicciones del propio texto, que para la filosofía no son netamente unas contradicciones
sino desafíos para el pensamiento. Y entre estos desafíos para el pensamiento está el que la diosa
dice, que no se puede decir, que exista un camino, que es justamente el camino que, aunque lo
podrías tomar, no lo debes tomar, y no lo debes tomar porque no existe, no es tal camino. Los
filósofos que ya llevan 2600 años se distraen con estas cosas jaja.
La discusión sobre posibles vías al operar sobre elementos no expresados directamente, se hace
inacabable. Ya que también se podrían contemplar tres vías y estas podrían ser:
Por un lado, los que dicen “el ser es”, -esta es una vía que tiene tanta persuasión como lo que
acompaña a la verdad-, dice Parménides.
La vía impracticable, anónima, inexistente que es la de pensar que es necesario que “el no ser sea”
Entonces la primera dice: “el ser es necesario y es posible que sea”, y la segunda seria decir: “es
necesario decir y pensar que el no ser es”, esto es no solo equivocado, sino que no podría decirse
desde ningún lugar, no hay tal camino, no puede pensarse el no ser, ¿desde donde lo diría entonces,
el lenguaje?
Y cabe otra que es la de suponer una mixtura y es: “es necesario que no ser y ser sean”. Esta es una
vía que según Parménides utilizan los mortales, es una vía equivocada, que mezcla ya la
equivocación de la segunda vía, ya que solamente podemos decir: “es necesario y es pensable que el
ser sea”.
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Entonces el no ser como arjé no es, -ósea principio de todo y a donde todo tiende a volver- la nada
como arjé no es. Eso no significa que el “no ser” no vaya a tener, en una interpretación que podría
darse -que es la que ha dado Aristóteles de Parménides-, no pudiera ser precisamente aquello que
diferencia a la pluralidad originaria, de los que participan en la unidad intensiva modal de ese uno a
la que la republica de platón había llamado el bien. Esto quiere decir que el “no ser” podría ser, que
si son a la vez: a y b y c y d, como primeros principios y comparten para serlo la unidad intensiva del
“ser” -que necesariamente es-, el “no ser” fuera entonces, la diferencia: B no es A, ni C es A ni
tampoco es B, ni D es C ni tampoco es A. Así esta sería la respectividad de una pluralidad originaria
que, si pudiera decirse que esta “siendo”, desde el punto de vista de la tesis principal que el “ser” es.
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Otras interpretaciones más radicales afirmarían, que las vías se podrían reducir exclusivamente a
una: la vía de la verdad. Esta seria, aquella interpretación según la cual Parménides estaría diciendo:
solamente hay el ente “lo que es”, o lo que “está siendo” y nada más, lo que quiere decir lo
siguiente:
Árboles, hierva, mar, cielo, tierra, dioses; amor, guerra; nacimiento, muerte; cambiar ninguna de
esas cosas existe realmente, y son solamente ilusión y falsedad, espejismo y engaño.
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Retomando algunos elementos de la genealogía, si tenemos en cuenta entonces a un pitagórico
heterodoxo (ósea que sigue fielmente las reglas admitidas) que niega el dualismo dicotómico (que
dice que la realidad de la mente, las ideas y la racionalidad están de un lado de lo que existe, y por el
otro esta lo material; y que cada lado es independiente a el otro) por su relación con Aminias el
pitagórico; y si tenemos en cuenta el carácter teológico – y no antropomórfico- que precisamente
caracteriza su vínculo con Jenófanes, nos encontramos ya ante un “teólogo racional noético” es decir
ante un pensador que estudia lo divino desde la razón y que se centra totalmente en el pensamiento
como forma para conocer, y este está operando en el interior del lenguaje y en el interior de la
poesía y que necesita para que su poema sea comprendido y no aplicado a cualquier realidad, que
nosotros (esto lo ha explicitado sobre todo Heidegger, pero se puede hacer pero se puede hacer ya
perfectamente desde Aristóteles) establezcamos la diferencia ontológica, es decir está hablando solo
del ámbito del arché, está hablando solamente de lo divino, en la base de la Aletheia, de la verdad,
no está hablando de los fenómenos.
Si por metafísica entendemos aquella forma seguramente extraordinaria de pensar, en la cual tienes
que aceptar lo que el pensar te dice, esto es, que la verdad es una y única y que no hay más que ella,
o también que no hay más que lo único que hay realmente esto es lo verdadero, y que todo lo
demás a pesar de las apariencias, no existe; y que esto te lo dice contra todo testimonio posible de
los sentidos, te lo dice la razón, el Nous el pensar, entonces si Parménides hubiera dicho esto, estaría
fundando la metafísica.