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Sublimación y Creatividad en Monjes

Este documento presenta un resumen del proceso analítico de un grupo de monjes benedictinos que la autora trató durante 5 años. El tratamiento buscó romper la estructura rígida del monasterio y las defensas de los monjes. Inicialmente los monjes proyectaron ansiedades edípicas en la terapeuta y el prior. Con el tiempo, aceptaron sus partes enfermas y dependencia de sustancias. A pesar de las defensas, experimentaron depresiones. El tratamiento logró que la mayoría de los monjes alcanzaran altos
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Sublimación y Creatividad en Monjes

Este documento presenta un resumen del proceso analítico de un grupo de monjes benedictinos que la autora trató durante 5 años. El tratamiento buscó romper la estructura rígida del monasterio y las defensas de los monjes. Inicialmente los monjes proyectaron ansiedades edípicas en la terapeuta y el prior. Con el tiempo, aceptaron sus partes enfermas y dependencia de sustancias. A pesar de las defensas, experimentaron depresiones. El tratamiento logró que la mayoría de los monjes alcanzaran altos
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GRUPO Núm.9.

Diciembre 2006

SUBLIMACION Y CREATIVIDAD EN UNA


COMUNIDAD RELIGIOSA*

FRIDA ZMUD

I nspirada en el tema de este Congreso, me gustaría presentarles un

caso muy especial: el proceso analítico del tratamiento de un grupo de


monjes Benedictinos.

El sensacionalismo que hace muchos años causó este proceso me


forzó hasta ahora a mantener abstinencia y silencio absoluto, a pesar
de frecuentes peticiones para usar el material que obtuve a través de
un periodo de varios años. El tiempo transcurrió, al igual que la
importancia de los resultados obtenidos, especialmente con uno de los
grupos con los cuales trabajé -después de cinco años de tratamiento la
mayoría de sus miembros alcanzaron un alto grado de creatividad y
sublimación-. Ahora permítanme romper el silencio y compartir esta
experiencia con ustedes.

Cuernavaca está localizada en uno de los valles mas encantadores de


la Tierra. Debido a su placentero clima y terreno la ciudad está
cubierta con flores todo el año. Aunque la vegetación no es abundante,
hay una gran cantidad de plantas. Aquí se anida Cuernavaca, entre las
montañas de la Ciudad de México y la exuberancia tropical de las
regiones del sur.

* Trabajo presentado en el III Simposium Internacional de Psicoterapia de


Grupo, Stelzerreut/Kumreut, Alemania, 1971. Publicado originalmente en
ingles en la revistal “Dynamic Psychiatry / Dynamische Psychiatrie.
Zeitschrift fur Psychiatrie und Psychoanalyse”; vol. 4, 1971, pp. 345-353. Se
publica con la autorización del editor 'Pinel' Verlag, Berlin, Alemania.
Traducción de Jessica Berzosa.
Sobre una colina, desde lo alto, donde se observa tanto la ciudad
como el valle, surge el monasterio Benedictino de “Santa Maria de la
Resurrección”. Rodeado de altos árboles de jacarandas con racimos de
flores violetas, y cubiertos con brillantes bugambilias rojas y naranjas
y plumbagos aquas, aquí se encuentra el convento, donde hasta hace
poco, un grupo de monjes que realizaban sus rutinarias tareas, pisaban
al andar pétalos por todas partes, con sus pies apenas cubiertos por
sandalias de piel. Con sus cabezas rapadas, cubiertas completamente
con capuchas, envueltos en túnicas que evocan la membrana fetal, los
monjes realizan una y otra vez las mismas tareas, en completo
silencio, envueltos en una brisa calida, precisamente como un feto que
es protegido y gratificado por el placentero clima de la matriz.

La vida en un monasterio de este tipo es de estructura muy rígida. Un


sistema jerárquico divide a sus miembros en candidatos de admisión
(o postulantes) en noviciado, trienios y solemns. En todos los casos la
regla absoluta es el silencio y el romperlo constituye una ofensa muy
seria y más grave aun cuando se da entre miembros de diferentes
niveles jerárquicos. Esta realidad inflexible encadena a los monjes a
una rutina invariable, los periodos de trabajo, los servicios y las
comidas están programadas de cinco de la mañana hasta las ocho de la
noche. Los días, las semanas y los años pasan en continuo silencio,
todo corre exactamente igual, cada movimiento se encuentra ordenado
en perpetua monotonía.

A pesar del pesimismo de las predicciones, a pesar de las diferentes


opiniones que habían previsto el fracaso debido a las enormes
dificultades que siempre son encontradas en un análisis de un grupo
homogéneo. Trabajé por siete años con diferentes grupos de monjes.
Yo estaba consciente que estos individuos eran forzados a pasar juntos
las veinticuatro horas del día, que habían sido atraídos al monasterio a
través de la elaboración de una fantasía inicial similar. No obstante,
como ya he mencionado, después de cinco años los resultados
sobrepasaron por mucho las expectativas.

Por supuesto, la violación a la regla del silencio fue el primer paso en


todos los grupos, pero en el caso del tratamiento del grupo del cual
abordaré en esta charla, el principio de jerarquía también fue
quebrantado. El grupo fue hecho de cinco postulantes y tres novicios
por ello la intercomunicación fue forzada.
La iniciación del análisis siempre estimula ansiedades esquizo-
paranoides, las cuales están manifestadas a través de desconfianza,
dudas y sentimientos de persecución, pero en el caso de este grupo, la
reunión con la terapeuta, la cual siempre es traumática, tenía un
impacto aun más fuerte. El proceso de análisis empezó con dos
sesiones a la semana, con una duración de hora y media cada una.
Esta variación en su rutina pronto empezó a ser motivo de ansiedad, el
análisis era temido pero también deseado. La relación con una mujer,
la mezcolanza entre postulantes y novicios, la violación del voto de
silencio y especialmente el conflicto de lealtades entre el prior (el
padre espiritual) y el terapeuta, todo esto contribuyó desde el inicio a
una serie de obstáculos que tuvieron que ser superados. De cualquier
manera y comprensiblemente, cada uno de estos factores fue usado
para fortalecer las resistencias. Mis interpretaciones, las cuales
estaban encaminadas a romper las resistencias, paradójicamente
reforzaron la rigidez de las regulaciones establecidas en la comunidad,
con la finalidad de evitar dicha ruptura.

La rutina del monasterio requería que cada miembro trabajara por


turnos en la cocina. Conforme el análisis fue evolucionando, la
relación entre la cocina y la madre nutricia pronto se volvió evidente.
Durante los periodos de crisis en el transcurso del tratamiento, los
monjes que se sumían en crisis, buscaban refugio en la cocina al
querer desahogarse, hablando con la persona que se encargaba de ella
en ese momento. Hasta cierto punto, la cocina como un elemento
externo contribuyó de alguna manera en el proceso de cambio, pero
en general, la estructura externa, la cual estuvo presente durante el
análisis a manera de referencia constante para regular, como una
defensa para mantener sus resistencias, fue de hecho, la pantalla
perfecta sobre la cual se podían proyectar y así disfrazar una
estructura mas cruel y terrible, la compulsión a la repetición la cual es
una consecuencia del instinto de muerte.

Dinámica del Tratamiento

Primera secuencia: Usualmente, los problemas místico-religiosos -el


amor de Dios, el deseo de servirle a EL- eran discutidos
exclusivamente con el guía espiritual (prior), sin embargo esta primera
etapa del análisis estuvo conformada por constantes referencias a este
tema, con frecuencia usadas como defensa contra el análisis. Como es
usual en cada tratamiento el terapeuta representa al objeto externo
real, el equivalente al mundo real del cual ellos habían escapado
porque era intolerable y traumático. En este caso, la representación
fue la causa de grandes ansiedades, las cuales se incrementaron ya que
el encuentro era con una mujer.

Los pacientes trajeron a sesión problemas edípicos de todo tipo al ver


en el guía espiritual la imagen del padre, y la imagen de la madre en
la analista. Tan pronto unían al padre superior y a la terapeuta para
formar una pareja erótica, inmediatamente procedían a separarlos
violentamente buscando un encuentro destructivo. Debido a que tanto
el prior como la terapeuta tenían en común representar una figura
líder, los miembros del grupo se sentían protegidos como niños por
sus padres, se sintieron seguros momentáneamente, solo para
continuar sus ataques de envidia y celos con mucha mas vehemencia.
Bajo estos ataques se pudo ver la división esquizo-paranoide hacia la
cual yo apuntaba constantemente en mis interpretaciones.

Una reducción gradual de las resistencias iniciales fue alcanzada al


considerar algunas preguntas claves: ¿Qué razones, qué fantasías los
habían hecho entrar al monasterio? ¿Qué habían buscado en realidad y
qué en la fantasía, para hacerlos decidir a tomar esa decisión? ¿Qué
habían encontrado realmente? La discusión de estas preguntas los
llevó, a cada uno, a contar su historia familiar. En la mayoría de los
casos esta historia había sido desastrosa, sus experiencias pasadas los
habían hecho ver al mundo externo como una amenaza y una
persecución. Por consecuencia, constantemente evitaban cualquier
demanda que los involucrara con el mundo.

La fantasía correspondiente consistía en asumir que el claustro-


monasterio identificado con el claustro materno, les daría seguridad y
les ayudaría a evitar el enfrentamiento con la realidad. La madre-
padre, identificado en sus fantasías como el prior, paradójicamente
toleraría su estatuto de no-nacidos y los ayudaría a permanecer
adentro. En esta familia ideal, sus hermanos los cuidarían y la vida
sería una armonía constante de confianza y seguridad. Mi propia
participación enfatizaba sus ansiedades al invertir la situación ideal.
Yo, la figura de la madre, con oposición al padre superior, los
impulsaba a su nacimiento, como una partera que los forzaría a salir
del vientre. Tanto la institución como los miembros de ésta,
participaron en este complementario proceso de regresión. El
tratamiento logró romper este balance y propiciar el incremento de las
regresiones así como el incremento de ansiedades.
Segunda secuencia: esta etapa estuvo caracterizada por la aceptación
gradual de las partes enfermas, junto con una precaria consistencia del
yo. En esta etapa el mecanismo maníaco, en la forma de oraciones,
retiros espirituales y labores, pretendían mágicamente, esconder las
fantasías erótico-destructivas, los núcleos homosexuales, cubriendo
así, una gama de conductas evidentes y adicciones actuales a drogas y
alcohol*. Con el propósito de negar que su yo estaba privado de
contenidos vitales y con el objetivo de evitar la muerte, ellos
intentaban reintroyectar parte de lo que habían proyectado. Ellos
podrían argumentar así: “Si Dios nos hizo a su imagen y semejanza,
nosotros somos Dios”.

A pesar de sus defensas, los momentos de seria depresión se volvieron


más y más frecuentes y prolongados. Como me di cuenta que el
siguiente paso podría traer violentas crisis afectivas, me pregunté
contratransferencialmente si mi ayuda sería efectiva en el periodo
depresivo que se avecinaba y cual sería el resultado de la terapia de
este grupo de individuos que estaban seriamente dañados.

Tercera secuencia: En esta etapa, se aferraron desesperadamente en la


identificación de la proyección con el objeto ideal. Sus defensas
mostraban una clara regresión a un nivel principalmente mágico-
omnipotente. La regresión fue claramente psicótica y las defensas
maníacas incrementaron en su intensidad. La fantasía primitiva,
formada por la introyección del ideal previamente proyectado en
Dios, fue el sentimiento de que ellos eran lo Bueno, mientras que el
Mal estaba proyectado afuera de ellos, en el análisis. Los ataques
fueron violentos, llenos de desprecio y eran apuntados a abusos
maníacos y difamando a la terapeuta. Aun intentaban unir a la Iglesia
y al prior como una pareja de amor ideal. Ellos trataban de
eliminarme del triángulo edípico resultante, en esta fantasía primitiva,
yo fui la intrusa, la malvada, supuestamente buscando la separación

* Por “adicciones actuales” quiero decir que varios miembros del grupo eran
o dipsómanos o adictos a las drogas. En el monasterio, no podían obtener
marihuana o LSD, las cuales consumían habitualmente antes de entrar al
convento, pero ellos tomaban anfetaminas y otros estimulantes, los cuales
podían comprar en cualquier farmacia. Durante el curso del tratamiento tuve
que lidiar con un caso de intoxicación por la inhalación de una sustancia
química fuertemente tóxica.
de la madre-iglesia del padre-prior, dejando a sus hijos como
huérfanos indigentes.

La regresión terapéutica alcanzó su máxima intensidad, el núcleo


psicótico erupcionó violentamente en este punto y los miembros del
grupo con frecuencia se sintieron terriblemente desprotegidos. Su
rechazo a la terapeuta representaba el contenido evidente con el cual
ellos intentaban esconder su ansiosa necesidad de la analista como
líder y simultáneamente, su deseo de preservar sus objetos internos
idealizados.

Conforme paso el tercer año del tratamiento, erupciones psicóticas les


causaron pánico. Amenazaron con abandonar el monasterio y
naturalmente, el análisis. Uno de ellos representaba la máxima y más
llana defensa final, al negar de forma maníaca su realidad interna,
reafirma sus valores místicos y con obstinada perseverancia insiste en
dejar el grupo para continuar su servicio en el monasterio. Finalmente,
tiene éxito y abandona el grupo. La relación predominante con el
objeto ideal o interno, tuerce la relación con el objeto externo y así
impide el proceso de sublimación. Se puede decir que la falsa relación
de objeto es igual a una falsa sublimación. Como es fácil de suponer,
la actuación profesional del grupo era deficiente y continuamente
saboteada. Sin embargo, durante este periodo, los miembros
empezaron a nutrir deseos específicos y a seleccionar ocupaciones con
las cuales se visualizaban plenamente satisfechos. Y firmemente
fueron realizando sus metas. Uno de los pacientes, el más
desamparado y esquizoide de todos, el humilde barrendero del
convento, había soñado con algún día convertirse en artista y pintor.
Hasta entonces sus inhibiciones lo habían prevenido de poner sus
aptitudes a prueba. Finalmente realizó su deseo y ahora vive de los
ingresos de su trabajo artístico y tiene grandes y creativos talentos.

Cuarta secuencia: una sólida transferencia positiva es sentida en esta


etapa. La relación con el mundo externo ha mejorado
considerablemente. Conforme disminuyó la hegemonía del objeto
ideal o interno la relación con el externo fue mejorando cada vez más.
Los conflictos de lealtad presentes al inicio del tratamiento, se
volvieron de importancia secundaria. El grupo se une alrededor de su
analista líder. Los patrones que representaban el surgimiento de
regresiones psicóticas son vistos claramente hacia un progreso
terapéutico en considerable reducción de mecanismos maniacos y de
disociaciones esquizo-paranoides junto con sus simultáneas
ansiedades de persecución. En cambio, se vio un estado tolerable de
depresión el cual permitió y hasta favoreció la elaboración del
análisis. La intensa auto y heterodestructiva agresión había
disminuido considerablemente. Su descarga, consecuentemente, se
volvió progresivamente sintonizada con la realidad. El efecto de estos
cambios fue relegar los actos perversos a un segundo plano. Como
resultado, las tendencias reparatorias y una consideración por el
objeto fueron realzadas, así como la creatividad y los mecanismos
sublimatorios.

La fantasía básica inconsciente en este momento podría ser resumida


de la siguiente manera: “No soy Dios ni basura, por lo tanto mis
esfuerzos deberán estar dirigidos a lograr mi verdadera condición de
hombre”.

Largas experiencias con análisis de grupo respaldan la convicción de


que es únicamente después de alcanzar regresiones terapéuticas al
servicio del yo en el profundo núcleo de la psique, que verdaderas
mutaciones pueden ser obtenidas, las cuales guían al progreso a través
de un doloroso esfuerzo de elaboración.

Quinta secuencia: Su necesidad de dependencia había decrecido


notablemente. Se volvieron concientes de sus limitaciones y sus
capacidades y por esta razón se sintieron menos inseguros. La clave
de este periodo puede ser expresada de la siguiente manera: “Si yo
alcanzo el título de “persona”, de “hombre”, seré libre de elegir mi
futuro, mi propio destino. Si me quedo aquí (claustro materno) será
por mi autentica vocación. Si me voy (renacer) se que seré capaz de
operar solo y seguir adelante por mi propia iniciativa.”

El grupo estaba en su cuarto año de tratamiento. Fue en ese tiempo


que el Vaticano prohibió la continuación del psicoanálisis en al
comunidad Benedictina. Esta prohibición fue inaceptable por casi
todos los miembros. Los monjes pidieron la liberación de sus votos.
Después de dejar el monasterio formaron una comunidad ecuménica
la cual llamaron Emaús, y ahí pudieron continuar con su tratamiento.

Un año después, por varias razones que ahora son irrelevantes, yo


decidí no continuar con la prestación de mis servicios profesionales a
la comunidad. Inesperadamente, el grupo entero decidió abandonar
Emaús y mudarse a la Ciudad de México para continuar su análisis
conmigo. El gran riesgo implicado en ajustarse a la ciudad causó
mucho miedo. Sería una difícil y traumática prueba de realidad y aún
así, no vacilaron en hacerlo. Al quedarse en la comunidad ellos
estarían asegurados y protegidos, pero eso también implicaba disuadir
su crecimiento. Si se iban, enfrentarían lo desconocido, se probarían a
ellos mismos, nacerían. Dejaron la comunidad con una actitud
impresionante, la cual revelaba la marca contrastante entre la inercia
anterior de los primeros días del tratamiento y la confianza en si
mismos que alcanzaron después. Se fueron sin saber si encontrarían
trabajo, sin esperar la ayuda de nadie y prácticamente deprivados de
sus valores anteriores. En la ciudad permanecieron juntos por algún
tiempo, compartieron una vivienda y se ayudaron mutuamente hasta
que tuvieron resueltas sus necesidades materiales.

Durante esta etapa de ajuste sentí que lo mejor era continuar el


tratamiento en forma grupal ya que estaban unidos por problemas
similares. Después los transferí a diferentes grupos mixtos para
consolidar su terapia.

Antes de terminar, deseo explicar que la división de este estudio en


secuencias es solo un dispositivo metódico. Es evidente que el análisis
no ocurre en periodos completos y definidos y que las alternancias
están presentes a lo largo del tratamiento.

Me gustaría concluir relatando el destino de los miembros del grupo.


Cuando la comunidad del monasterio se desintegró, el paciente que
abandonó el análisis pidió que se le trasfiriera a otro convento
Benedictino, un año después se suicido al tomarse un liquido
corrosivo. Previamente había hecho mención de aquél que al inicio
era el más apático y enfermo, quien después se convirtió en un
talentoso artista y ahora se mantiene con las ganancias de sus pinturas.
Otros dos se convirtieron en pintores y otro trabaja en una galería de
arte. Tres de los miembros del grupo entraron a la Universidad y han
continuado sus estudios en Psicología y Economía. Y otro más tiene
un puesto administrativo en una fábrica.

Al inicio de esta charla mencioné la apariencia física de los monjes.


Hice mención de su vestimenta y sus cabezas afeitadas. El contraste
con su apariencia actual es remarcable: vestidos como la gente
ordinaria, con un cabello que crecía nuevamente, su aspecto físico
ahora da evidencia de sus logros internos, al ganarse el título de
“personas”, de “hombres”

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