I. JAIRO, UN PRINCIPAL DE LA SINAGOGA SE POSTRA ANTE JESUS.
Consideremos primero que es una sinagoga.
Son instituciones donde los judíos se congregan para dar sus servicios de adoración a Dios,
hacer oraciones y otras actividades. Surgieron en el exilio del pueblo en Babilonia. Sin ellas los
judíos no hubieran podido conservar su identidad religiosa y nacional.
La administración de estas la ejercían personas notables de la comunidad, los cuales realizaron
tan bien su trabajo que los judíos preservaron su conciencia de pueblo singular. En tiempos de
Jesús hubo muchas sinagogas y tanto Jesús, como sus discípulos las visitaban con frecuencia.
¿Quién era un principal en la sinagoga? Una persona escogida por sus cualidades sobresalientes
para desempeñar el cargo.
El principal ejercía el gobierno de la sinagoga, integrado por un comité de personas notables de
la comunidad. El principal organizaba los cultos en la sinagoga y había una persona que era el
ministro, el cual entregaba los rollos de la Torá a quien lo iba a leer y había un tercer
funcionario que recibía las ofrendas y las guardaba. Es decir, Jairo, uno que ostentaba el más
alto cargo en la sinagoga, el más respetado y admirado de su comunidad se acerca Jesús
implorando ayuda; uno que tal vez se escandalizó por la sanidad del hombre de la mano seca,
(Mr. 3: 15), pero que ahora estaba sumido en el desespero y el dolor de que su única hija podía
morir.
Pero no solo le rogaba que fuera a su casa, sino que se postro a sus pies.
Un prestigioso funcionario judío arrodillado a los pies del humilde carpintero de Galilea! Que
contraste! Los padres y las madres que amamos a nuestros hijos sabemos que cuando un hijo se
enferma, hacemos todo lo que haya que hacer por salvarle!
Este hombre llamado Jairo, estuvo dispuesto a perderlo todo para que su única hija se salvara.
Por eso “le rogaba mucho, diciendo: ven y pon las manos sobre ella, para que sea salva y
vivirá”. Qué tristeza más profunda! Cuánto dolor en el ruego!! ¿Estamos nosotros como padres,
rogando a nuestro Dios por nuestros hijos? No hay dolor más grande que saber a nuestros hijos
muertos espiritualmente. Pero Jesús escucha nuestro ruego, sabe de nuestros dolores y escucha
nuestra oración. Jesús vio en Jairo al padre desconsolado que no se detuvo en consideraciones
sociales, ni lo que esto significaba para su posición dentro de la asamblea que dirigía, y en la
cual estaban aquellos que odiaban a Jesús. Solo pensó en la vida de su hija. ¿Estamos dispuestos
a pagar ese precio por nuestros hijos?
IV. JESUS ENTRA A LA CASA DE JAIRO. Vv. 38-40.
“Y vino a casa del principal de la sinagoga y vio el alboroto y a los que lloraban y lamentaban
mucho. Y entrando les dijo: Por qué alborotáis y lloráis? La niña no está muerta, sino duerme”.
Y se burlaban de Él. Mas él, echando fuera a todos, tomó al padre y a la madre de la niña, y
entró donde estaba la niña”. Humanamente hablando, es uno de los momentos más difíciles que
nos toca enfrentar. Es difícil no quebrantarse de dolor al ver a dos seres desconsolados que han
perdido su única hija. En casa de Jairo ya estaban las plañideras [1], haciendo sus
lamentaciones, tal vez también familiares y amigos, a los cuales las palabras de Jesús les
causaron burla. Qué pensarían? Seguramente pensaron que estaba loco. Hubo un suspenso…
Pronto las cosas cambiarían en aquella casa. El Señor Jesucristo puede cambiar nuestro lamento
en baile en un instante.
V. JESUS RESUCITA A LA HIJA DE JAIRO. Vv. 41 al 43.
“Y tomando la mano de la niña le dijo: TALITA CUMI, que traducido es: Niña, a ti te digo,
levántate”. Y luego la niña se levantó y andaba, pues tenía doce años. Y se espantaron
grandemente. Pero Él les mandó mucho que nadie lo supiese y le dijo que le dieran de comer”.
Que dulzura la de Jesús al pronunciar esas cariñosas palabras! Algunos opinan que de esa forma
las madres llamaban a sus niños para despertarles por la mañana: Talita cumi! Palabras de Jesús
que causaron espanto, asombro! Qué alegría! Que cambio en un momento! Las risas llenaron la
casa! El principal estaba feliz! Valió la pena arriesgarlo todo, tenía a su amada hijita sana y
salva. Hay personas cuyos hijos están a punto de perderse, pero por temor a la opinión de los
demás, por no perder amistades, por no recibir burlas, no se deciden a pedirle a Aquel que es
poderoso para que las situaciones adversas de la vida cambien en un momento. Solo Jesús
puede llenar de paz y gozo un corazón atribulado, solo Él puede sanar heridas, solo Él responde,
de acuerdo con su voluntad. Escuchemos las palabras de Jesús: “No temas, cree solamente”.
Creer en Él, en su persona y obra, en su Palabra, nos lleva a la relación con Dios que llenará
nuestra vida de bendiciones.
CONCLUSIÓN:
La porción que hemos estudiado hoy nos habla de un hombre que tuvo el valor de arriesgar su
privilegiada posición por la vida de su hija. Los milagros que seguramente vio hacer, así como
las enseñanzas de Jesús, prepararon su corazón, para este inesperado momento de su vida. Jesús
le exhortó a no temer, sino creer. En este pasaje Jesús muestra su poder sobre la enfermedad y
la muerte. Es Él que todo lo puede! Pero también mostró su amor sin límites por todas las
personas. Tanto la pobre y desahuciada mujer como el encumbrado principal de la sinagoga.
Alguien dijo que el temor mata la fe. Por tanto alimentémonos de la Palabra viva de Dios, la
Biblia, para conocerlo a Él, para que nuestra fe crezca. Llevemos nuestros hijos ante Dios en
oración, sin dudar, sin temer. Dios dará respuesta a nuestros ruegos.