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Cuidadores, se necesitan.

Pasen, pasen por acá. No le hagan caso a mis hijas, son todas lunáticas. Señorita
Karen, mire el tamaño de este espejo, yo creo que a una mujer tan bella como
usted le dará mucho placer, ¿verdad? Si, todos comentan lo mismo. No se qué
podrá ser, hace años que no me refleja, o que refleja solamente mis manos. Pero
vengan, tomemos el pasillo que lleva a las habitaciones.

No se dejen impresionar por el largo del pasillo, la mayoría de las puertas dan al
mar egeo y cosas del estilo. Aléjense, si son tan amables, de los rincones, yo se
porqué se lo digo. Esta es la puerta de la biblioteca.

Si tenemos suerte… Si, están todos los ejemplares en su lugar. A veces los libros
no están o están apilados en el suelo, pero alcanza con cerrar la puerta y volver a
abrirla dos o tres veces para que todo vuelva a su sitio. Señor Diego, su mujer me
dice que es aficionado a la caza, síganme y le mostraré una habitación que creo
será de su agrado.

¿Verdad que es una colección extraordinaria? Yo no se nada de armas, pero en su


expresión veo que lo es. Eso si, antes de entrar fíjese siempre si sangra el ojo de
la cerradura, si está sangrando será mejor que no entre. Vayamos al cuarto
principal.

Tengan cuidado, aquí hay un tablón flojo. Discúlpenme si no entro con ustedes,
nunca entro ahí, me recuerda demasiado a mi marido. Tómense el tiempo que
necesiten. ¿Les ha gustado? ¿Verdad que es bonito? No, Señorita Karen, no le
haga caso a esa ventana, son las cuatro y media recién. Una vez una de las chicas
rompió un cristal y desde entonces siempre es de noche y siempre es verano.

El baño es maravilloso, ¿verdad? Miren todo el espacio para guardar remedios y


cosméticos, sientan el roble. Observen el detalle de las patas de la bañera.
Vengan, vamos a la cocina. Oh!, casi lo olvido, fíjense, por favor, en sus bolsillos,
el baño suele dejar allí algún azulejo o una canilla. Déjalo en el suelo, querida, no
es problema. Vengan por aquí.

Hola Rogelio, estos son el Señor Diego y la Señorita Karen, cocinarás para ellos los
dos meses que las chicas y yo estemos ausentes. Espero no recibir ninguna queja
por tu comportamiento. Síganme, les mostraré el patio.

Tendrán que acostumbrarse a Rogelio, lo imaginé de muy pequeña y nunca pude


deshacerme completamente de él. Además, a esta altura, me daría pena. Cocina
muy bien, ya verán. Esta casa puede ser muy solitaria, sobre todo cuando una es
apenas una criatura. No es extraño que los niños tengan amigos imaginarios. De
niña yo quería ser cocinera, y Rogelio era mi asistente. Cocinábamos deliciosas
tortas de barro en el jardín, justo ahí, un poco alejados del rincón. La mente de
Rogelio, comprenderán, es tan simple como la que una niña de ocho años puede
imaginar… Levanta los pies, querida, las enredaderas se soltaran solas. Empuja
desde la punta, no quieres perder esos tacos tan bonitos.

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