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Las Que Nunca Fueron

Este documento resume tres películas propuestas pero nunca realizadas por el cineasta boliviano Óscar Soria en la década de 1950: Gringo, La señorita Beatriz y Misión Río de Janeiro. Gringo era un western sobre un bandido estadounidense en Bolivia. La señorita Beatriz era una historia de amor que cruzaba barreras de clase. Y Misión Río de Janeiro estaba basada en la única novela publicada de Soria. Estos proyectos muestran las primeras ideas cinematográficas

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Las Que Nunca Fueron

Este documento resume tres películas propuestas pero nunca realizadas por el cineasta boliviano Óscar Soria en la década de 1950: Gringo, La señorita Beatriz y Misión Río de Janeiro. Gringo era un western sobre un bandido estadounidense en Bolivia. La señorita Beatriz era una historia de amor que cruzaba barreras de clase. Y Misión Río de Janeiro estaba basada en la única novela publicada de Soria. Estos proyectos muestran las primeras ideas cinematográficas

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Las que nunca fueron

El título "Las que nunca fueron" hace referencia al primer cuento de Óscar Soria que fue
llevado al cine por Jorge Ruiz en 1954, y que es el inicio de una forma de hacer que se
asentará en la medida en la que se fue adaptando a un contexto boliviano, una de las
formas latinoamericanas de apelar al neorealismo italiano.

Con el título hacemos referencia además, y especialmente, a tres películas de la misma


época que nunca fueron realizadas y a las que tuve acceso gracias al trabajo de Álvaro Diez
Astete y la generosidad de la familia Soria-Endara. Huellas de procesos no concretizados, o
concretizados hasta cierto nivel, encontradas entre los papeles de Soria, que nos dan un
panorama de las ideas cinematográficas barajándose ya desde entonces, y que
posteriormente fueron desarrolladas.

Las películas, o mejor dicho, los proyectos irrealizados son:

· Gringo
· La señorita Beatriz
· Misión Río de Janeiro

La intención de esta ponencia es compartir algunas muestras de este material bajo cierto
orden para así esbozar un panorama histórico -que apenas no fue- de nuestra
cinematografía, y ampliar algo una perspectiva sobre un momento creativo -la transición de
Telecine a Bolivia Films-. De todas formas el autor tratará de refrenar su instinto valorativo
para dejar que el material proponga también sus estímulos y componga sus estimulados.

Esta forma de presentar el material, o de proponer una forma de introducirlo, intenta


entender la obra de Soria más allá de su valor “literario” por así decirlo, puesto que no es
por “buen escritor” por lo que es fundamental para el cine boliviano, sino por una actividad
de aprehensión de experiencias y paradojas culturales en un mundo de imágenes concreto,
el contexto boliviano.

Esta ponencia, en pocas palabras, es la disposición de resúmenes y algunos documentos


que dan cuenta de una época no concretada de nuestro cine. También una especie de
índice de cómo el expositor cree que debería publicarse o disponerse este material.

No olvidemos que el mismo representa una época de altos costos de producción. El simple
hecho de realizar una imagen en movimiento era impagable, lo cual hacía mucho más difícil
la conclusión de cualquier proyecto, por un lado, y por el otro le daba más peso discursivo a
los financiadores. Parte de esta historia es también la historia de los fondos, de los apoyos,
de los atajos recursivos. Pero especialmente de lo que todavía no se podía decir. Ahondar
en este tema -lo no decible en un contexto- ya es algo que es más fructífero en el plano
oral.

Vuelvo a repetir mi agradecimiento a Álvaro Diez Astete y la familia Soria Endara por su
apertura y por su buena disposición para la interpretación y ordenamiento de estas páginas
encontradas.
Gringo

Reproducimos aquí la Sinopsis y la nota de la producción del ensayo “Para una historia del
cine boliviano” de OS. Reproducimos también la primera página del guión que tenemos a la
mano. La película, a nuestro modo de ver, nos presenta un western en el contexto de las
expropiaciones de tierras indígenas. Un par de gringos bandoleros buscados, especie de
protocheguevaras, caminan por el altiplano con un grupo de indígenas levantados cada vez
más grande. Finalmente son victimados por un pacto militar entre bolivianos y
norteamericanos.

La forma de buscar fondos para esta película, como se leerá en las notas de Soria, fue la de
viajar a Hollywood a buscar a los contactos de Goni1.

"Esta era la historia de un bandido que según él mismo se llamaba John Smith y que había
vivido en el país en los primeros años de este siglo y cuyos rastros había descubierto un
día Telecine. Era uno de esos últimos bandidos que el progreso y los sheriffs desplazaron
del Far West norteamericano y que vivió entre nosotros asaltando diligencias (en Bolivia
había entonces diligencias en un todo iguales a las de los Estados Unidos de entonces) y
robando las remesas que se enviaban a los ferrocarriles en construcción y a las minas.

La película habría sido del género “western”.


Durante dos años, el Gerente Lozada y el guionista Soria visitaron los lugares
por donde anduvieron y en los que actuaron John Smith y su banda o como los
nombraba el pueblo: los “Smitis”. Conversaron con personas que los habían co-
nocido, siguieron sus pasos y averiguaron sus fechorías. Establecieron (a través de
anécdotas y relatos) que John Smith era un psicópata que oscilaba entre la ternura y la
piedad, por un lado, y la crueldad y la violencia, por otro y que tantas fueron sus
depredaciones y desmanes que un día, las muchas empresas y entidades perjudicadas se
fueron donde el Presidente de la República solicitando la expulsión o el control de los
“Smitis”. Y el Presidente, entonces, dio su permiso para que el Ejército Nacional (la Policía
era en esos días una institución mínima, no armada y apenas de vigilancia), que era la
única organización capaz de sostener una largo campaña, se pusiera en persecución de la
banda. Así se hizo y después de muchas escaramuzas, acorralaron un día a los “Smitis” en
un galpón de cargar minerales, cerca a la estación ferroviaria de Eucaliptus. Los bandidos
se defendieron como fieras, mas fueron cayendo uno a uno. Al final, los pocos que
quedaban estaban malheridos. Entonces, llegaron los indios y John Smith murió en sus
brazos. El lugar hasta hace pocos años se llamó Gringo Jihuata.
Cuando el Gerente de TELECINE llevó a los Estados Unidos un esquema de
argumento elaborado sobre estas bases y conversó con productores cinematográficos, uno
de ellos, como comúnmente se dice, le puso sobre la mesa 10.000 dólares por la historia.
Lozada se negó a venderla porque ya se veía los aspectos históricos y sociológicos que tal
película podía contener -desde el punto de vista boliviano: “debía” contener -y porque si sus
realizadores no eran bolivianos seguramente olvidarían o tergiversarían tales aspectos. La
previsión se cumplió con creces cuando años más tarde productores norteamericanos
realizaron una película sobre este tema (BUTCH CASSIDY). En ella, no sólo no se toman
en cuenta realidades históricas bolivianas sino que se hace mofa y se denigra
gratuitamente a nuestro país, simplemente por prepotencia pero también por ignorancia y
por aquello que es la ley primera de aquel cine: los fines comerciales." (Soria, 2018 [1975] :
pag )

Una entrevista a Gonzalo Sanchez de Lozada sobre este tema, y después de toda el agua que pasó en su vida y en relación a
los temas que tejen esta producción, podría dar cuenta de algo más complejo que solamente la película.
Primera página del guión de "Gringo"
La señorita Beatriz

El material es de variada índole, algo disperso, y abarca un proceso de esbozo de


más o menos diez años, desde la época de la Vertiente hasta la pre producción de
Los Caminos de la Muerte. Si tomamos en cuenta las anotaciones de Soria en el
cuento “el accidente”, incluso llegó a existir un trabajo de casteo para la actriz
principal.

Una historia de amor y barreras de clases, del corte de La Vertiente, esta película
narra la relación entre un dirigente minero, viril y justo, con su secretaria, la señorita
Beatriz, una mujer de clase alta venida a menos, a quien no le pasará ni un
momento por la cabeza la posibilidad de entrar en tratos románticos con una
persona de clase obrera, moreno y con una forma de hablar de la que ella y su
familia se mofan. Una espceia de “Los papeles de Narciso Lima-Achá” con tintes
melodramáticos, piensa este comentarista. La cosa es que el minero acepta las
abiertas burlas racistas gallardamente, pero cuando se entera de los robos que la
mujer ha estado realizando en secreto de la empresa, la amenaza con el despido y
termina extorsionándola a cambio de sexo. El final es diferente en cada versión: en
la novela, la señorita Beatriz se suicida porque la gente del sindicato, al enterarse de
los hechos, trata de empujarla a prostituirse con el jefe, y en el guión se suicida de
vergüenza. En ambos casos, el contacto sexual con un otro es algo tan indigno para
el personaje, que la posibilidad abierta ya es una humillación causante del suicidio.
El dirigente minero, por su lado, queda tan tocado emocionalmente por lo acaecido,
que vuelve a caer en la escala social y se vuelve chofer.

MATERIAL DE LA SEÑORITA BEATRIZ

La señorita Beatriz. novela 1960

La señorita Beatriz. tratamiento cinematográfico 1957

“Personajes en escorzo: el dirigente minero” - retrato


del personaje en el que se inspira la obra

Breve descripción de las circunstancias en las que se


realizó el retrato.

Bibliografía escrita por el dirigente minero al que se


quería filmar.

Notas de producción de la película señorita Beatriz


en “El accidente”, un cuento autobiográfico publicado
en la selección de cuentos “Sepan de Este Andar”.

Los rastros de la la Señorita Beatriz están más dispersos que el material relacionado
con “Gringo”
Misión en Río

“Contado y soñado... visión y escenas en Río de Janeiro” es la única novela


publicada en vida por Soria. No es mencionada ni referenciada en ninguna de sus
bibliografías, ni siquiera se encuentra mención alguna a ella entre los papeles a los
que se tuvo acceso. Sin embargo, dentro de nuestra valoración, se trataría de su
texto más maduro, tanto como dispositivo literario, así como un guión literario para
una producción cinematográfica, en específico, una guía para las retomas de la
película “Detrás de los Andes”, la que finalmente, tras las retomas, terminó siendo
“Mina Alaska”.

Otra vez citamos a Soria en la introducción.

“Mi amigo, el actor boliviano Pepe Arellano, acaba de volver de Río de


Janeiro. Si la empresa cinematográfica en que ambos trabajamos hubiera
rodado una película en base al viaje de mi amigo, es posible que tal cinta se
llamara “Misión en Río”. Y esto, porque efectivamente Arellano viajó a Río
con una misión: buscar a Charlie Smith, viejo aventurero, mezcla de
vagabundo y mendigo, especie de curioso congénito y errante, y sobre todo
–y esto era lo principal para nuestra empresa– actor accidental o incidental
en una película nuestra. Película que para terminarse requería que se
rodasen unas cuantas escenas suplementarias. Escenas en las que, por
supuesto, debían aparecer los mismos personajes que actuaron en el film
originalmente. Personajes, finalmente, entre los que jugaba rol principal el
viejo Charlie.

Pero en el intervalo entre rodarse la película y saber que se requerían


nuevas escenas, Charlie desapareció. Se buscó, se indagó sin resultado:
aquí, en Bolivia, no estaba. Todo lo que se halló fueron unos pocos datos
escuetos. Y todos ellos indicaban que Charlie se había ido al Brasil, y dentro
del Brasil, a Río de Janeiro. Estos son los antecedentes de lo que tal vez
pudo ser una cinta que se llamara “Misión en Río”.

Pero es muy otra cosa esta crónica en que se cuenta el viaje de alguien que
se fue a Río a buscar un hombre. Muy otro su ángulo de enfoque, no
precisamente cinematográfico. Y es que “CONTADO Y SOÑADO...” es nada
más que eso mismo: un contar y un escuchar, un recordar y un traducir, un
revivir y un ensoñar...

“Contado”, porque los detalles de esta historia fluyen del relato que hace el
narrador de su viaje por tierras del Brasil: apasionado,nostálgico,
pormenorizante...

“Soñado”, porque todo ese relato se escribe trasmutado, sublimado en


términos de imaginación y fantasía...

“CONTADO Y SOÑADO...” es, de este modo, un poco el intento de rastrear


de una honda substancia, el tránsito imponderable que se cubre yendo de
una verdad a una quimera. Porque lo que para uno es recuerdo, para otro
es anhelo. Porque lo que para uno es acontecimiento, para otro es ficción.
Porque lo que para uno es realidad, para otro es sueño...
Sueño, ficción, anhelo y quimera que “a lo mejor” –como dicen en mi tierra–
son mayor verdad que la verdad misma.” (Soria, 2018 [1957])

La historia de estas dos producciones que en realidad son una (Detrás de los Andes
y Mina Alaska) ha sido ampliamente descrita en las historias del cine boliviano, y
esta novelita, o crónica como le dice su autor, se inserta entre ambas y nos presenta
un paisaje de ideas que trastocan el estilo de vagabundeo folklorista característico
de Ruiz, y en el que terminó la película en cuestión.

Como conclusión de esta presentación, el expositor quisiera hacer hincapié en la


necesidad de entender estos procesos de nuestro cine, puesto que en la actualidad,
la educación cinematográfica en Bolivia, más que investigar temas de estilo y
lenguaje, se centra en la imagen vacía de nuestros directores canónicos, como si
estudiar cine fuera exacerbar los afectos mistificadores del espectador.

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