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Poesía y ciudad

Dos patrias, de José Martí Abro, ya estrecho en mí. Muda, rompiendo


Dos patrias tengo yo: Cuba y la noche. Las hojas del clavel, como una nube
¿O son una las dos? No bien retira Que enturbia el cielo, Cuba, viuda, pasa…
Su majestad el sol, con largos velos
Y un clavel en la mano, silenciosa La aurora, de Federico García Lorca
La aurora de Nueva York tiene 
Cuba cual viuda triste me aparece.
cuatro columnas de cieno 
¡Yo sé cuál es ese clavel sangriento y un huracán de negras palomas
que chapotean en las aguas podridas.
Que en la mano le tiembla! Está vacío
Mi pecho, destrozado está y vacío La aurora de Nueva York gime 
por las inmensas escaleras 
En donde estaba el corazón. Ya es hora buscando entre las aristas 
De empezar a morir. La noche es buena nardos de angustia dibujada. 

Para decir adiós. La luz estorba La aurora llega y nadie la recibe en su boca 
Y la palabra humana. El universo porque allí no hay mañana ni esperanza posible. 
A veces las monedas en enjambres furiosos 
Habla mejor que el hombre. taladran y devoran abandonados niños. 
Cual bandera
Los primeros que salen comprenden con sus huesos 
Que invita a batallar, la llama roja que no habrá paraísos ni amores deshojados; 
saben que van al cieno de números y leyes, 
De la vela flamea. Las ventanas
a los juegos sin arte, a sudores sin fruto. 
La luz es sepultada por cadenas y ruidos 
en impúdico reto de ciencia sin raíces. 
Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
Por los barrios hay gentes que vacilan insomnes
como recién salidas de un naufragio de sangre. durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en la Boca.
Fundación mítica de Buenos Aires, Jorge Luis Borges Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.
¿Y fue por este río de sueñera y de barro
que las proas vinieron a fundarme la patria? Una manzana entera pero en mitá del campo
Irían a los tumbos los barquitos pintados expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.
entre los camalotes de la corriente zaina. La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.
Pensando bien la cosa, supondremos que el río
era azulejo entonces como oriundo del cielo Un almacén rosado como revés de naipe
con su estrellita roja para marcar el sitio brilló y en la trastienda conversaron un truco;
en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron. el almacén rosado floreció en un compadre,
ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.
Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
por un mar que tenía cinco lunas de anchura El primer organito salvaba el horizonte
y aun estaba poblado de sirenas y endriagos con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
y de piedras imanes que enloquecen la brújula. El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen.
algún piano mandaba tangos de Saborido. Hora en que los muebles viejos aprovechan para sacarse las
mentiras, y en que las
cañerías tienen gritos estrangulados, como si se asfixiaran dentro de
Una cigarrería sahumó como una rosa
las paredes.
el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
A veces se piensa, al dar la vuelta la llave de la electricidad, en el
los hombres compartieron un pasado ilusorio. espanto que sentirán

Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente. las sombras, y quisiéramos avisarles para que tuvieran tiempo de
acurrucarse en los
rincones. Y a veces las cruces de los postes telefónicos, sobre las
A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: azoteas, tienen
La juzgo tan eterna como el agua y el aire algo de siniestro y uno quisiera rozarse a las paredes, como un gato o
como un ladrón.

Nocturno, de Oliverio Girondo Noches en las que desearíamos que nos pasaran la mano por el lomo,
y en las que
Frescor de los vidrios al apoyar la frente en la ventana. Luces
trasnochadas que al súbitamente se comprende que no hay ternura comparable a la de
acariciar algo que duerme.
apagarse nos dejan todavía más solos. Telaraña que los alambres
tejen sobre las azoteas. ¡Silencio! -grillo afónico que nos mete en el oído-. ¡Cantar de las
canillas mal cerradas!
Trote hueco de los jamelgos que pasan y nos emocionan sin razón.
-único grillo que le conviene a la ciudad.

¿A qué nos hace recordar el aullido de los gatos en celo, y cuál


será la intención de los
Quisiera hacer contigo una película hablada, de Raúl González
papeles que se arrastran en los patios vacíos? Tuñón
Un árbol de la calle todo lleno
Oye muchacha que hablas con la nariz y eres pecosa de gorriones;
y tienes veinte años y una ambición muy grande un fregar de pisos,
y ese novio plomero parecido a Nils Asther - matutino salmo de la higiene _
y una pantalla verde sobre la azul mirada: entre locos ritmos de canciones...
Quisiera hacer contigo una película hablada.
Cantan sobre los árboles los pájaros pintados. Fauces son tus calles, abiertas
Mujeres con canastas vienen de los mercados. a tus crepúsculos cuadriculados,
Aquí construyen, veo los hombres y las luces, entre un teléfono y un árbol
arañas, esqueletos, mapas, vigas y cruces. que se seca de tanto intentar llegar al cielo.
En blancos edificios brillantes ascensores,
de sótanos flamantes suben nuevos rumores. ¡Buenos Aires!, entraña cálida,
Pienso en ideas veloces que van del corazón ¡golpe de émbolo, cimbrón de ansias!
hasta el cerebro igual que una exhalación. mi alma cansada,
Tiendas de cinco y diez. Cansados jugadores te da un escudo oval:
columnas de colores en las peluquerías ¡mi bostezo!
casas en cuyos largos y estrechos corredores
son de iguales colores las noches y los días.
Y un Puerto. Un puerto es siempre paraje bien querido. Deja las letras, de Juan L. Ortiz
Allí están la aventura, el recuerdo, el olvido
y el ansia de partir que ¿quién no la ha sentido? Deja las letras y deja la ciudad...
Un puerto, las tabernas y el mar todo llovido. Vamos a buscar, amigo, a la virgen del aire...
Pero te digo, digo, tu boina colorada
bien vale un dólar cincuenta. Yo sé que nos espera tras de aquellas colinas
Quisiera hacer contigo una película hablada. en la azucena del azul...
Y algo más que no entra en la cuenta.
Yo quiero ser, amigo,
Blasón, de Nicolás Olivari
uno, el más mínimo, de sus sentimientos de cristal...
o mejor, uno, el más ligero, de sus latidos de perfume...
No estás tú también Fui al río…, de Juan L. Ortiz
un poco sucio de letras y un poco sucio de ciudad? Fui al río, y lo sentía
cerca de mí, enfrente de mí.
Sigue, sigue, por entre la bencina, sobre la lisa pesadilla Las ramas tenían voces
de las calles extremas, hacia la gracia de las huellas... que no llegaban hasta mí.
[…] La corriente decía
Y aquí, ay, asimismo, lo que vinimos a buscar.. cosas que no entendía.
Si el lirio da a los precipicios, qué le vamos a hacer? Me angustiaba casi.
Hay que perder a veces "la ciudad" y hay que perder a veces Quería comprenderlo,
"las letras" sentir qué decía el cielo vago y pálido en él
para reencontrarlas sobre el vértigo, más puras con sus primeras sílabas alargadas,
en las relaciones de los orígenes... pero no podía.
O más ligeras, si prefieres, como en ese domingo
y en esa fantasía que serán... Regresaba
Hay que perder los vestidos y hay que perder la misma identidad -¿Era yo el que regresaba?-
para que el poema, deseablemente anónimo, en la angustia vaga
siga a la florecilla que no firma, no, su perfección de sentirme solo entre las cosas últimas y secretas.
en la armonía que la excede... De pronto sentí el río en mí,
corría en mí Sentado al borde de una silla desfondada,
con sus orillas trémulas de señas, mareado, enfermo, casi vivo,
con sus hondos reflejos apenas estrellados. escribo versos previamente llorados

Corría el río en mí con sus ramajes. por la ciudad donde nací.

Era yo un río en el anochecer, Hay que atraparlos, también aquí

y suspiraban en mí los árboles, nacieron hijos dulces míos

y el sendero y las hierbas se apagaban en mí. que entre tanto castigo te endulzan bellamente.
Hay que aprender a resistir.
Me atravesaba un río, me atravesaba un río!

Ni a irse ni a quedarse,
Sombra de los días a venir, de Alejandra Pizarnik
a resistir,
a Ivonne A. Bordelois
aunque es seguro
Mañana
me vestirán con cenizas al alba, que habrá más penas y olvido.
me llenarán la boca de flores.
Aprenderé a dormir
en la memoria de un muro, Crucero ecuatorial, de Diana Bellesi
en la respiración I
de un animal que sueña.
Algo de aquel fuego quema todavia
La luz del sol m6vil
sobre la copa de los arboIes,
Mi Buenos Aires querido, de Juan Gelman
y mi coraz6n desbocado, de deseo Me voy con eIlas,
Afuera, aI alcance de mi mano a despeftai aJi vivo y al muerlo:
la fiesta Las Locas de Plaza de Mayo
Los tiempos veibales
amarrados, como helechos a una misma piedra El peregrino, de Nicanor Parra
II Atención, señoras y señores, un momento de atención:
Paso poi un pueblo borrado de arena Volved un instante la cabeza hacia este lado de la república,
Un resplandor fogoso Io detiene Olvidad por una noche vuestros asuntos personales,
Entio a un caf6 desierto El placer y el dolor pueden aguardar a la puerta:
con las venianas levemente entornadas Una voz se oye desde este lado de la república.
y una mosca zumbando frenie a los espejos ¡Atención, señoras y señores! ¡un momento de atención!
La cerveza esta heIada y amaiga.
Una mujer vestida de negro cruz6 la calle, Un alma que ha estado embotellada durante años
la memoria, En una especie de abismo sexual e intelectual
como un relampago oscuro su torde de vcrano Alimentándose escasamente por la nariz
III Desea hacerse escuchar por ustedes.
La boca en un rictus amargo Deseo que se me informe sobre algunas materias,
Una mirada de fiera, para colgar Necesito un poco de luz, el jardín se cubre de moscas,
en el escueto retraio de los anos Me encuentro en un desastroso estado mental,
Razono a mi manera; Helado el llanto de un perro.
Tu coche entapizado en oro, orito.
Mientras digo estas cosas veo una bicicleta apoyada en un muro,
Negros altos buscando refugio a la sombra de los edificios.
Veo un puente Bromas de agua.
La fila de botellas de cerveza bajo los estantes.
Y un automóvil que desaparece entre los edificios. Un libro azul y alargado.
Instantes iluminados de la mente frente al espejo del baño.
Tapo cielo con nube.
Ustedes se peinan, es cierto, ustedes andan a pie por los jardines, Casas derrumbaditas para el lado de Paternal.
Debajo de la piel ustedes tienen otra piel, Olor a desodorante en la calle.
Nuestras aptitudes, personalidad
Ustedes poseen un séptimo sentido virtudes y defectos
Que les permite entrar y salir automáticamente. posibilidades, estructuras
cerebro, mente
Pero yo soy un niño que llama a su madre detrás de las rocas, son una masa moldeable como plastilina
que va tomando forma a lo largo del tiempo.
Soy un peregrino que hace saltar las piedras a la altura de su nariz,
Un árbol que pide a gritos se le cubra de hojas.
Papelitos de locura, de Mariano Blatt
estaban tirando
Enero de 2014, de Mariano Blatt
papelitos de locura
Noche de trenes sanmartín
Helicópteros. así que todos íbamos caminando entre
El rumiar fluido del tránsito sobre el puente.
La luna fina y filosa. papelitos de locura
Las estrellas sorprendentemente presentes. algunos
Silencio y el eco de una charla.
Cosas que van quedando. papelitos de locura
estaban escritos y la calle giraba como cuando gira el mundo
pero otros pero en cámara rápida
no lo lindo es que así pasaban las estaciones
simplemente y la casa tipo chalet también
estaban en blanco estaba ahí
después de un rato otoño casa chalet invierno casa chalet
llegamos al barrio verano casa chalet primavera casa chalet
nos subimos a las bicis árbol con hojas verdes
y a medida que pasaba el tiempo árbol con hojas amarillas
pasaba también el paisaje árbol sin hojas
por adelante de mí después
ahora despacito
por ejemplo caía el sol
pasaba una casa de tejas rojas y en la vereda se prendían otros fuegos
y piedras a la vista en el frente que iban iluminándonos las caras
una casa tipo chalet y cuando salva  le daba mecha
según se dice y cuando nahuel le daba mecha
lo loco es que yo ya no estaba en la bici y cuando kevin  preguntaba si tiraba
estaba sentado en la vereda siiiiiii, tiiiiiira
y cuando kevin le daba mecha un instante
y cuando brian escribía en la pared recién
“briam” acá
y cuando elías me miraba de reojo dibujada
la vida era entonces una cosa real en un papelito de locura
porque pasaba una parte adentro mío que me encontré
y otra un poco más afuera en el bolsillo de atrás
justo arriba de la cabeza así que quiero levantar
como un tubito de luz amarillo esta tarde mi voz
que a veces crecía para dar las gracias
y a veces se achicaba al estado
hasta casi casi desaparecer por haber planeado alguna vez construir una autopista
y cuando elías caía con una birra helada expropiar todos estos terrenos
porque las guardaba en el freezer del kiosco y después nunca más construir ninguna autopista
era una botella de quilmes con escarchitas en el cuello miren cómo quedó la calle donado:
que yo acariciaba y quiero dar las gracias
con la yemas de los dedos también
esa imagen a elías
se sostuvo por guardar siempre las cervezas en el freezer del kiosco
por usar esas remeras el escenario es un colectivo
el aire que se respira es tristeza
por tener unos brazos como los que tiene
no hay peor cárcel que la mirada del otro.
sin pedir nunca  nada a cambio miran por la ventanilla
y sus miradas se pierden.
y quiero dar las gracias desean ser otra cosa
por eso alzo mi voz pero les divierte este caos.
llego a mi destino y me bajo.
a salva me espera una reunión de
por jugar tan bien al fútbol intelectuales de turno.
sus ideas agarraron un piquete
y por ser mi amigo a mi los piqueteros me dejaron pasar.
y quiero agradecer antes que ahogarme decido marcharme.
vuelvo al lugar donde mejor me refugio
una vez más a dios busco esa cueva donde nadie me encuentre.
ahí, donde puedo ser.
que hizo
ahí, donde no obedezco.
como todos sabemos en la soledad, en el único consuelo.
lo que observo es que hay mucho anhelo
todo
se anhelan caricias, se anhela verdad.
y que hizo hasta las veredas sufren por
esa multitud que se queja de la lluvia
como todos sabemos porque moja su ropa nueva
nada porque los retrasa en el trabajo..
aunque el mundo es mas grande de lo que dicen
percibo que nos achicaron el tiempo…

ciudad panóptica, de César González