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Módulo n° 2

El humor en la Literatura Española


Don Quijote de la Mancha de Cervantes y el barroco español

Un cuadro de Picasso

Dos cuadros de Dalí

→¿Quiénes son los personajes representados en los dibujos?

→¿Conocen alguna historia que los involucre?

→ Desde lo que muestra la imagen, ¿qué contrastes los


diferencian?
Teoría del Barroco

El marco histórico del Barroco. La crisis del siglo XVII y la ruina del Imperio español

Se suele decir que la Casa de Austria pasó por España como un cometa, primero iluminando y luego
arrasándolo todo con su estela. Efectivamente, los reinados de Carlos I (1516-1556) y Felipe II (1556-1598),
que llenan el siglo XVI dividiéndolo en dos mitades, la de la expansión y la de la hegemonía del Imperio,
fueron un momento de esplendor que se extingue por completo en la centuria siguiente dejando una
sobrecogedora oscuridad. Sus sucesores, Felipe III (1598-1621), Felipe IV (1621-1665) y Carlos II (1665-
1700), a quienes conocemos con el sobrenombre de Austrias menores, tienen que administrar unos inmensos
dominios territoriales con un país empobrecido y una hacienda en quiebra. Los conflictos con Inglaterra,
Francia y los Países Bajos, así como las revueltas y levantamientos internos (guerra de las Alpujarras, guerra de
Cataluña, rebelión de Portugal, movimientos de independencia en Andalucía, Aragón y Navarra) ponen al país
al borde del abismo.

La miseria se extiende por el reino. El aumento de los impuestos y tributos para sufragar las campañas
militares arruina a la burguesía y condena al hambre a las clases populares. Hay malas cosechas, el trigo sube, la
ganadería retrocede, aumenta el bandidaje y la mendicidad. Las enfermedades se ceban con los más débiles, las
guerras se cobran la vida de miles de jóvenes, muchas familias emigran a América, lo que se traduce en un
acusado descenso demográfico que agrava los problemas sociales y económicos. La Corona se ha endeudado
pidiendo préstamos que ya no se pueden pagar y provocan sucesivas bancarrotas en 1607, 1627, 1647 y 1656.

La administración del Estado es errática. Los reyes dejan el gobierno en manos de privados y validos:
Felipe III entrega las riendas del país al duque de Lerma y, cuando este fracasa, al duque de Uceda; Felipe IV, al
conde duque de Olivares y, tras su dimisión, a Luis de Haro; en el reinado de Carlos II, un hombre débil y
enfermizo, que da claras muestras de incapacidad mental, la Corte está llena de vanidosos advenedizos que
codician el poder para enriquecerse personalmente y distribuir prebendas y altos cargos entre sus amigos y
parientes. Uno tras otro pasan por el gobierno el jesuita Nithard, Valenzuela, Juan José de Austria, el duque de
Medinaceli, el conde de Oropesa y, en los últimos años, la segunda esposa de Carlos, Mariana de Neoburgo,
rodeada de una camarilla de intrigantes que se prepara para el inminente cambio político que va a producirse
cuando el rey muera sin hijos, circunstancia que desatará la guerra de Sucesión (1701-1714), el primer conflicto
europeo de la era moderna, que se extiende por Francia, Alemania y los Países Bajos hasta el mar del Norte.

Si hiciéramos un balance del período, no dudaríamos en hablar de decadencia y también de


desequilibrios y desigualdades: la suntuosidad y el lujo de la Corte, el orgullo de clase al que se aferra la
nobleza, contrastan con la crisis de autoridad, la corrupción política y la pobreza que domina la vida de
campesinos y artesanos.
La mentalidad de una nueva época marcada por la derrota del ideal humanista

El hombre del siglo XVII sufre un duro desengaño. La vitalidad y el optimismo que trajo consigo el
Renacimiento se desvanecen. La guerra, el hambre, las enfermedades y la muerte se encargan de desmentir el
sueño del humanismo. La realidad está dominada por la violencia y el cambio, y cubierta con un grueso manto
de apariencias que disfrazan su auténtico carácter. El sentimiento que domina es la inquietud, que se proyecta
en distintos aspectos:

• La naturaleza deja de ser un hogar para el hombre, es un ámbito hostil, caótico, erizado de peligros, por
eso es preciso construir una estructura artificial que nos ofrezca cobijo. Es la época de los grandes
sistemas, no sólo en el campo científico (Newton, Kepler, Galileo), sino también en la sociedad (pasión
por el ceremonial), en la política (auge del absolutismo) y en el arte (exuberancia de las fachadas en la
arquitectura, triunfo de las preceptivas poéticas, desarrollo de la música como arte puramente formal,
aritmético).

• El ser humano inspira desconfianza, se ha dejado de creer en su bondad, se piensa más bien que "el
hombre es un lobo para el hombre", triunfa una visión escéptica y pesimista de la sociedad.

• La vida se entiende como tránsito hacia la muerte, ya no es el ámbito donde el hombre se realiza a través
de sus obras, es un sueño fugaz, irreal y vano. Lo que somos y lo que hacemos está condenado a la
destrucción según la ley del tiempo, que devora al hombre, arrastrándolo "de la cuna a la sepultura" sin
que pueda hacer nada para evitarlo. Ante este hecho cabe reaccionar con una actitud ascética, estoica
(desprecio del mundo, aceptación serena del dolor y la muerte) o disfrutando del momento presente
antes de que pase definitivamente (el tópico del carpe diem).

• Dios y la religión se convierten en la única respuesta a la angustia de vivir. El hombre es el único ser de
la creación que conoce el hecho cierto de su muerte, y una muerte conocida es una muerte adelantada.
Vivir es "ir muriendo cada día"; desde este punto de vista, la trascendencia es el último refugio donde
cabe encontrar amparo.

• La libertad queda oscurecida, parece que la historia de los pueblos y el destino individual de las personas
se deciden al margen de su voluntad. El mundo se asimila a una representación teatral, en la que Dios es
el autor y los hombres los actores que representan el papel que les ha tocado en suerte. Sería ingenuo
pensar que tienen algo que decir sobre su argumento o su desenlace. La única actitud sensata es
adaptarse a las circunstancias, cumpliendo con la función que cada cual tiene encomendada, para ser
recompensado después de abandonar el escenario.

En el fondo, el Barroco nace de la melancolía, de esa tristeza vaga e indefinida que domina a aquel que sabe
que, haga lo que haga, tiene perdida la batalla antes de empezar a luchar. En estas condiciones, la ansiedad de
disfrutar, de apurar las escasas alegrías que la vida nos ofrece, se mezcla con el hastío, el taedium vitae, que
surge cuando se tiene la certeza de que esos goces no conducen a nada y se agotan en sí mismos.

Resolver:
1) Establecer la cronología de la realeza en una línea de tiempo. Determinar durante el reinado de quién
se publica y gana renombre la obra cumbre de Cervantes: Don Quijote.
2) Describir brevemente las dos mayores dificultades que atravesó la corona española durante el Barroco.
3) ¿Por qué esta época puede ser catalogada como decadente, desigual y desequilibrada?
4) ¿Cuál era la mentalidad de los hombres al entrar en el siglo XVII?
5) Justificar brevemente por qué el sentimiento más característico de la época fue la melancolía. Buscar en
internet qué fue el “Tempus fugit” y relacionarlo con tu respuesta.

Narrativa barroca: el Quijote de Cervantes

Biografía: Miguel de Cervantes Saavedra. Una vida azarosa

Nace en Alcalá de Henares en 1547. Con veintidós años se traslada a Italia como servidor del cardenal
Acquaviva. Dos años después participa en la batalla naval de Lepanto donde es herido. De regreso a España su
barco es apresado por los piratas argelinos y sufre cautiverio en Argel hasta ser rescatado en 1580. Ya en
España los problemas familiares y económicos le acosarán a lo largo de toda su vida: fracaso de su matrimonio,
encarcelamiento por irregularidades como recaudador de impuestos, etc. Tras unos años en Valladolid, se
instala en Madrid hasta su muerte el 16 de abril de 1616. El éxito le llega con la primera parte del Quijote en
1605; este último periodo de su vida es el de mayor intensidad creativa.

La obra de Cervantes

• Poesía: Cervantes no fue un gran poeta a la altura de los grandes líricos del Siglo de Oro. Su única obra
completa en verso es Viaje al Parnaso.

• Teatro: Las primeras obras coinciden con el auge del teatro como espectáculo popular a finales del siglo
XVI. A esta etapa corresponde la mejor tragedia de su tiempo, Numancia, historia de la ciudad soriana
que se inmola antes que rendirse a los romanos. Respeta en esta etapa las unidades clásicas de lugar,
tiempo y acción, pero años más tarde aceptará la reforma teatral de Lope de Vega. De entre sus últimas
comedias citaremos Los baños de Argel, inspirada en sus experiencias de cautiverio, y Pedro de
Urdemalas, comedia de ambiente picaresco.
• Los entremeses: Son piezas cortas herederas de los pasos de Lope de Rueda, a quien admiraba. Tratan
con humor socarrón ciertos temas tabú en la época: la limpieza de sangre, la honra, la infidelidad, etc.
Entre los más celebrados están El retablo de las maravillas, La cueva de Salamanca y La elección de los
alcaldes de Daganzo.

La obra narrativa

Cervantes sentía una gran inclinación por la narrativa de entretenimiento: su primera obra es una novela
pastoril, La Galatea, y su obra póstuma es una novela bizantina, Los trabajos de Persiles y Sigismunda.

Las Novelas Ejemplares

Las concibe con el doble propósito de "aprovechar" con su lección y "deleitar" con su intriga. Además
tienen el mérito de ser las primeras novelas cortas en lengua castellana. Algunas son obras maestras en la
observación satírica de ambientes y personajes: la delincuencia sevillana a través de la mirada de dos
mozalbetes en Rinconete y Cortadillo, o la corrupción y el engaño a través del diálogo de dos perros en El
coloquio de los perros.

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha

Es la principal novela de Cervantes. Podría afirmarse que con ella da comienzo la novela moderna
europea. La primera parte apareció en Madrid en 1605; diez años más tarde (1615) se publicó la segunda parte.

La narración

La narración sigue en orden lineal las aventuras que el hidalgo se va encontrando en el camino, con una
importante diferencia: en la primera Cervantes intercala en el hilo narrativo historias amorosas e incluso una
novelita entera (El curioso impertinente), mientras que en la segunda parte la acción principal sigue su curso sin
interrupciones hasta el desenlace.

Los narradores

En el Quijote la historia es contada desde la perspectiva de varios narradores, parodiando los libros de
caballerías en los que el autor se escondía detrás de un historiador, cronista imaginario de las aventuras del
héroe: Cide Hamete Benengeli.

Los personajes principales

Don Quijote y Sancho son dos personajes complejos que se van moldeando a lo largo de la novela. El
materialista Sancho se va encariñando con la bondad y el idealismo de su amo, y don Quijote ve tambalearse
sus fantasías hasta recobrar la cordura. Además, la locura del hidalgo se manifiesta sólo cuando imita los libros
de caballería, pero cuando se trata de temas humanos de verdadera profundidad –la justicia, la libertad amorosa,
etc.– su lucidez consigue admirar a todos.

Significado del Quijote

El Quijote fue leído en su tiempo como un libro humorístico. El mismo autor declaraba su propósito de
acabar, mediante la parodia, con los libros de caballerías, "sus fingidas y disparatadas historias". Los románticos
del siglo XIX quisieron ver en Don Quijote y Sancho el eterno conflicto humano entre el idealismo y la
desilusionante realidad. Quizás el conflicto representado fuera más profundo: el provocado por las limitaciones
que la Contrarreforma impuso a las ilusiones de libertad del Humanismo, y que le tocó vivir a Cervantes.

Rasgos del estilo

El Quijote es una parodia; el humor es su principal característica: "Procurad que, leyendo vuestra
historia, el melancólico se mueva a risa, el risueño la acreciente", le recomienda un amigo imaginario en el
Prólogo. Para lograrlo, Cervantes emplea la ironía de múltiples formas: poniendo en continuo contraste la
fantasía del personaje con la realidad, el lenguaje engolado de los libros de caballería con el estilo rústico de
Sancho Panza y los cabreros. El propio don Quijote es un compendio de diferentes estilos: elevado cuando
alecciona con el discurso a los demás personajes, llano en la conversación íntima con su escudero y bajo en
situaciones que provocan su ira.

Dentro de esta variedad, el estilo narrativo de Cervantes evita la afectación y se mantiene dentro de la
sencillez y claridad renacentistas.