【翻訳】練習 A―――「コンビニの前の風景」
Los múltiples usos del konbini
A menudo pienso que cuando se vive en la ciudad no hay nada tan práctico como los
konbini. Están abiertos las veinticuatro horas y tienen todo lo necesario para el día a día.
Sin embargo, para mí todavía tienen otra función.
Cerca de la empresa donde trabajo hay un konbini al que siempre voy durante el
descanso del mediodía, aunque no precisamente para comprar comida o bebida, sino
para fumar. Se dice que Japón no es tan estricto con los fumadores, pero cada vez hay
más oficinas en las que se prohíbe fumar. Delante de las oficinas que hay enfrente de mi
empresa hay una zona con sillas, mesas y ceniceros habilitada al que sus trabajadores
van a fumar. Personalmente no me veo yendo allí a fumar, por eso siempre voy al
cenicero que hay delante del konbini. Éste ya no es un mundo para fumadores, pero
pienso que cuando se fuma en la calle por lo menos hay que tirar las colillas en los
ceniceros. Los konbini son realmente útiles para los fumadores, pero un día me cuenta
de otra de sus utilidades.
Ese día, cuando estaba fumando delante del konbini a la hora del descanso como
es habitual, vino un niño de unos ocho o nueve años con una botella de plástico. Pensé
que seguramente venía para tirar la basura de casa al contenedor que hay delante del
konbini, y vi que, efectivamente, allí se paró. Mientras se daba unos golpecitos en la
cabeza con la botella que tenía en la mano derecha parecía como si estuviera leyendo
algo. Aquello me pareció una imagen típicamente infantil, pero de todas formas seguí
observando.
El contenedor de ese konbini está dividido en tres partes: basura combustible, latas
y botellas de vidrio, y botellas de plástico. Cuando el niño parecía que dudaba sobre
adónde debía tirar la basura, me di cuenta de que en realidad estaba leyendo la
explicación de cómo tirar las botellas de plástico. Yo ya las había leído, así que ya sabía
lo que ponía, por eso sentí curiosidad por saber si aquel niño podría tirar la botella
correctamente o no.
Primero sacó el tapón de la botella con la que se estaba golpeando, miró en el
interior y la puso boca abajo para comprobar que estaba vacía. Entonces la puso en el
suelo y la aplastó con el pie. Hasta aquí lo hizo igual que la explicación. Ya sólo
quedaba tirarla, pero por alguna razón en ese momento se paró. Cuando vi aquello
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estuve a punto de decirle que ya lo hacía bien, pero me detuve al ver que se puso a
pensar qué hacer con el tapón de la botella. El hecho es que en las instrucciones de la
basura no había nada escrito sobre el tapón, poro eso que el muchacho no supo qué
hacer. Me encendí el segundo cigarrillo.
Me sorprendí al ver que dudaba tanto por una cosa como aquella. En realidad,
aquella botella tenía la etiqueta bien arrancada. Seguramente había aprendido a tirar la
basura en casa. Tras pensar un rato, tiró el tapón en el mismo sitio que la botella y se
fue. Regresé a la oficina pensando que lo había hecho muy bien.
Me sorprendí al ver que cuando estaba fumando durante el descanso de la tarde
ocurrió otra vez. Pero esta vez no era el niño, sino su madre. Evidentemente no le
pregunté si lo era o no. Sin embargo, la mujer traía consigo tres botellas con la etiqueta
retirada exactamente del mismo tamaño que las del niño. Esto no significa que
necesariamente haya de ser la madre del niño, pero pensé que sin duda lo era. La
diferencia con él era que ella tiró la basura en un suspiro y se fue incluso antes de que
me acabara el cigarrillo. Para aquella familia el konbini significaba el punto de reciclaje.
Apagué el cigarrillo y volví a la oficina imaginando qué tipo de vida familiar debían de
llevar y pensando en cómo verían los demás a un hombre como yo fumando enfrente de
un konbini.