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Cuentos surrealistas

Cuentos surrealistas

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03/18/2014

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EL TERCER DÍA

El tercer día siempre ocurría lo mismo, el hambre me comía. Ese no era el tercer día pero una licencia literaria lo convierte en tal. Me comí su bazo, ella se mosqueó, nunca me ha entendido, no digo que sea egoísta, pero no comprendo que le tome tanto cariño a algo que nunca ha sabido para que sirve... se puso como un niño cuando te pones a jugar con ese balón que nunca ha usado... se volvió loca, nunca me ha entendido. Yo ya estaba decrépito, usado, viejuno y cansado, en definitiva caduco, ella nunca me entendió... Pero me estaba destruyendo, había algo dentro de ella que me mataba... y por eso me comí su bazo... Siempre odié ser un hematíe.

LÍO EN RÍO

La Cáscara de nuez navegaba como si nada, indiferente al movimiento ofuscado de los elefantes que transportaba, no negaré que la propia cáscara no estuviera extrañada, de hecho siempre que había hecho una travesía con elefantes, por megafonía, no dejaba de sonar la orden de que se mantuvieran quietos por el peligro de vuelco que obviamente existía. Pero necesitaba el dinero y no se pudo negar cuando le contrataron aquella despedida de soltero paquidérmica. En cubierta los elefantes no dejaban de beber por lo que llevaban una trompa importante, una vez superadas las incomodidades derivadas de la estrechez de los camarotes, habían subido a cubierta donde les esperaba la fiesta, ¡bien de cacahuetes, altramuces y olivas rellenas...! El capitán griego que habían contratado en aquella ocasión era un tipo extraño, flaco y gruñón. Los elefantes portaban debajo de sus lenguas una moneda, cosa que no extrañó a nadie ya que ninguno llevaba bolsillos, por no llevar no llevaban ni pantalones, los proboscidios eran así... Una morsa hacía un striptease en cubierta mientras el alcohol empezaba a hacer estragos... Ya yacían tres cuerpos totalmente inmóviles en el suelo. El novio tuvo que estar toda la noche con un disfraz de elefanta que le quedaba realmente ridículo, la morsa se le acercó con movimientos insinuantes de morsa, como solo las morsas saben hacer y le hizo cosquillas con sus pelos bigoteros, toda una experiencia sensual donde las haya. El alba se retrasó todo lo retrasable teniendo en cuenta que la noche anterior había sido de juerga, y cuando tímidamente los rayos de sol acertaron en el viejo cascarón, la estampa era desoladora, todos yacían en cubierta, incluso la sensual morsa, todos menos el capitán que iba caminando como podía por encima de las carnes amalgamadas, sustrayendo la moneda u óbolo de las bocas de los ex celebrantes y de la striper. El capitán levaba una de esas gorras típicas de capitán en la que se podía leer “CARONTE”. El cascarón de nuez, extrañado de no haber zozobrado la noche anterior, se dio cuenta de todo al ver un cartel que decía “Río Aquerón”. Una elefanta vestida de gasa blanca lloraba desconsolada en las escaleras de una iglesia.

UN DÍA CRÍTICO

Siempre se había sentido diferente, en realidad nadie sabía exactamente quién era y por qué estaba donde estaba. No respondía a ningún comportamiento conocido de sus semejantes, su aspecto de rabillo no mejoraba la percepción que tenía de sí misma, o de sí mismo. Ni siquiera él sabía si ese era su sitio, pero de vez en cuando aparecía acá o allá sin saber la razón. Sus padres le decían que era un tipo especial -que es como decirle a una chica que es simpática-, y que en muchos casos era él quien sin saberlo cambiaba el sentido de las cosas -que es como decirle a una chica que es divertida-, y que eso le hacía necesario e incluso extraordinario –vamos, que la chica era un callo-. Quizás por su condición natural algo anárquica, que le llevaba a no poder controlar su existencia, se había vuelto dócil. Pero un día se hartó, se fue, se marchó, se las piró o se dio el keo. En un principio nadie notó nada, no se le echaba en falta, pero sin embargo mas tarde casi nadie notó nada y mas tarde ya hubo mas gente que notó algo y cada vez mas y mas gente lo iba notando y mas y mas y mas... hasta que casi todo el mundo noto algo, Si. El dijo que solo volvería cuando todo el mundo notara su ausencia, un párrafo mas tarde aun no había vuelto. Se preguntaba quien sería el último en darse cuenta. ¿no serás tu?. Hoy por fin ha vuelto, cogió a un hombre por el cuello y sacudiéndolo violentamente le espetó: “Aunque Tú aún no te hayas dado cuenta, yo vuelvo, ¡Sí!. Mas no vuelvo sin más, vuelvo porque sí y por más cosas que ahora no recuerdo, pero que él, si quisiera, podría averiguar”, Tras lo cual dio media vuelta y con orgullo de saberse importante empezó a mirar a todo el mundo por encima de su rabillo. Desde entonces le entiendo mucho mejor y él ha encontrado su lugar.

PETUNIAS PARA UNA MADRE

Era el primer día del año, como todos los 23 de septiembre su estómago bullía en un abrir y cerrar occipital, sabía que no había remedio por más que lo intentase, su cerebro subyugado no conseguiría mantener en pie aquella estructura ósea tantas veces denostada. Por la ventana chica de la cocina se colaban a ratos las cascaras de las almendras que aún no habían conseguido trabajo, era la misma rutina de siempre sólo rota por la algarabía de las petunias que más abajo, en el fondo del almacén, luchaban por conseguir un rayo de luz que revitalizase sus incursiones logarítmicas. Por encima de todo se pudo escuchar al Sr. Armisticio que decía a voz en grito ¡¡¡¡A las barricadas!!!! Y un ejercito de amos de casa con su batín de guatiné, salieron de sus hogares y corriendo por la calle empedrada que desembocaba en la curva de estafeta, resbalaban uno tras otro e iban chocando contra el murete. Solamente una de las veces se presentó Urquijo con las detalladas cuentas del Banco de España, lo que le valió para ganarse el apelativo del canalla, surgiendo así una nueva manera de afrontar las vicisitudes parlamentarias, es por eso que Antolín cayo fulminado tras este golpe de efecto. Siguiendo con el argumento principal de la historía, el albatros entonó el mea culpa y fue entonces cuando el cigoto pudo aclarar todas sus conjeturas: Lisístrata por fin había consumado.

BARTOLINO

Nunca nadie le había considerado un tipo agradable, más bien era un tipo baboso, incluso el mismo lo reconocía, no obstante las féminas gustaban de tenerlo cerca, sobre todo cuando sus gónadas se encontraban excitadas. Emitía un olor fuerte que para muchos resultaba desagradable. - “Pero aun con todo, sus glándulas siempre me gustaron” dijo Cowper

BORLAS

El teléfono sonó repetidas veces desde la cocina, el volumen del televisor no era lo suficientemente alto como para taparlo, aun así hice como si no lo oyera, ya que de haber estado más alto el televisor o en funcionamiento la lavadora, no lo hubiera oído efectivamente. Al rato, una borla de las muchas que habitaban en el pasillo, apareció tímidamente por el quicio de la puerta con el teléfono y me dijo con la voz grave característica de quien sabe no haber obrado bien: -Es para ti... -¡Ala! A la mierda la siesta. Regoznando acerque el auricular a mi oreja, no sin antes vengarme de la borla abriendo de sopetón la ventana... Rodó por el pasillo como alma que lleva el diablo, y así todas las de su especie que corrieron a refugiarse en cualquier esquina que formaban los pilares en el pasillo o en su defecto se estampaban contra la puerta de la habitación del fondo que la propia corriente había cerrado de un portazo aplastando la vida de una de las pobres borlas que ajenas a su destino se encontraba agazapada en el marco de la puerta. -Que no! Que no tengo ordenador ni quiero Adsl Colgué. Una leyenda urbana atribuye al poco peso, unido a la amplia superficie de las borlas, el hecho de que al abrir una puerta estas salgan despedidas por efecto de la corriente de aire que las empuja. Yo nunca creí esta patraña sin apenas base científica. Así que un día hablando con Claudia, un ácaro que habita en mi sofá, desde mucho antes que yo comprara esta choza, me lo explicó: -En el principio de los tiempos Faltor creo las moscas, más tarde las canas, y el resto de los animales, y viendo que era un desastre creo el agua, la naturaleza y las ruedas gigantes de molino. Al tercer día descansó, bueno realmente descanso desde el primer día, (total para la mierda que le estaba saliendo...) pero para no quedar mal dijo que fue el tercero. La verdad es que el quinto día las cajas de pizzas se le amontonaban por doquier junto a las latas vacías de cerveza y lo cornfleiks de quelos... era un poco asqueroso, y viendo Faltor que la porquería estaba muy sola creo las borlas, con un ciclo vital semejante al de las personas, de forma que se gestaban en la tripa de un ser humano, concretamente en el agujero del ombligo, y al cabo de cuatro o cinco días se desprendían de este. Nada más nacer corrían despavoridas buscando un rincón donde alimentarse de lo que encontraban por el suelo e ir creciendo, llegando incluso a crear asociaciones de borlas, pero Faltor cometió un error, a las borlas peluseras les aterraba el sonido de los pájaros, y es por eso que viven en mi casa y cuando se abre una ventana huyen despavoridas al oir el trinar de las aves. Esta versión es mucho más creíble, ¿O no?

PISTACHO

Pistacho era un tipo alegre, lo único que a veces le hacía enfadar era cuando tenía que subir en ascensor a un décimo piso pues no llegaba a los botones más altos, con lo que solía salir del mismo y cortar los cables que lo sujetaban, sin importarle que hubiera gente dentro. Quitando esto era un tipo risueño, bueno aunque de cuando en cuando se cabreaba porque Don Jacinto sacaba la basura antes de la hora, lo que provocaba arcadas en el resto del vecindario, de forma que inevitablemente se ponían todos a cantar en coro la Traviata, todo el mundo sabe que no hay nada que disguste más a los pistachos que Verdi, y no tenía más remedio que abrir la espita de gas, tras lo cual se fumaba un puro habano. Por lo demás era lo que se suele decir un buenazo, un poco tonto incluso, pero tenía su carácter, sobre todo cuando veía en televisión esos programas que van de culturetas y no sacan ni un cotilleo ni medio, en esos casos solía coger el televisor asiéndole por el extremo del cable y tras hacerlo girar sobre su pelada cabeza (su padre era una pipa pelada y su madre un chocho “pelao”, así que la alopecia le venia de familia genética) unas cuantas veces lo lanzaba contra la ventana más próxima . Pero por lo demás un bendito... Bueno sí, es cierto que solía acercarse a un parque cercano a su casa, colocándose de soslayo bajo la zapatilla de alguna ancianita haciendo que esta cayera al suelo y se rompiera la cadera por ocho partes, pero no le vamos a juzgar por eso ¿no?. Su hermano, que ya desde que nació era un guisante inculto, le quería a rabiar, se lo pasaba en grande con Pistacho, como el día que este le preparó un baño caliente junto a sus primas Zanahoria y Col, bueno el baño estaba demasiado caliente, y guisante se extrañó cuando su hermano tapo la bañera con una tapadera de una olla a presión, ¡que divertido!, salió un poco arrugado del baño pero muy tiernecito... es la última vez que supimos de Guisante*. Pistacho iba por la vida haciendo el bien por doquier, aunque él reconocía, que posiblemente, cuando ayudo a ese mimo que hacía de la Sirena de Varsovia a estarse quieto echándole por encima un contenedor de hormigón, no estuvo bien del todo, aunque después por su condición de sirena tuvo la delicadeza de echarlo al mar, ¡el muy desagradecido se hundió!... Un día Pistacho se encontró con Anselmo Clave en la confluencia con Paseo Teruel, se saludaron amablemente con una reclinación de la cabeza (el mesocarpo en el caso de Pistacho), Y entablaron una animada conversación acerca de las corales obreras y su influencia en el tejido industrial barcelonés. En un momento dado de la conversación, Pistacho se giró y arrancando de cuajo el semáforo más cercano lo peló y se ofreció a Anselmo diciendo toma, y abriéndole la boca se lo incrustó hasta el garganchón o garguero, Anselmo se quedó en ese momento mudo de emoción, -¡ Esto por hablar de Verdi!- le espetó Pistacho. Y es que en el fondo era un pistacho y odiaba a Verdi... Pistacho realmente era un hijo de perra. *y de sus primas

GAS NOBLE

Las habichuelas siempre habían formado parte de mi dieta semanal, por mucho que ellas me miraran con sus ojillos trabados, llenos de lágrimas, yo no tenía sentimiento de conmiseración y las deglutía con inusitada fruición. Ya estaba harto de ser condescendiente con ellas, o es que acaso tenían ellas compasión, cuando en bandadas de 8 o 5.000 acorralaban a un estornino y lo ridiculizaban hasta que este, harto de sus burlas, optaba por comérselas una a una. ¡Oh! He aquí su gran error, ya tenía el enemigo dentro. Una vez en su interior las habichuelas empezaban a excretar gases, hasta que el pobre estornino explotaba desde dentro como un fuego artificial, tras lo cual aparecían las alimañas que se comían sus restos, no sin antes pagar sus buenos cuartos al ejercito de habichuelas, que de esto viven. Sé que tras lo expuesto anteriormente, considerarán que no es, entonces, lo más prudente proceder a su ingestión, pero yo he ingeniado un sistema de eliminar los gases pérfidos que exhalan las habichuelas. He diseñado una suerte de control de mis orificios corporales, de forma que, cuando la acumulación se hace insoportable, mando una señal a uno de ellos que procede a su apertura y consiguiente liberación del gas sobrante. Llevo observando desde entonces que dichas expulsiones vienen acompañadas de cierto sonido grave la mayoría de las veces y agudo las menos, además de una sensación desagradable en la pituitaria, y aunque este es un mal menor, cada vez tengo menos amigos. Ahora mismo estoy investigando como deshacerme de los tres bocatas de panceta que me comí anoche.

VACACIONES ACUÁTICAS

La gota vivía en el lago, cuando llegaba el verano luchaba por estar en las capas más altas, de forma que se evaporaba de las primeras, hasta que empezaba la época de lluvias y volvía a su hogar.

IDILIO

La rosa se enamoró del caracol y este le hizo un traje de saliva, el caracol aprovechó para ponerse unos piercings.

CUCHARA

No soy nadie... ni pincho ni corto.

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