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UNIVERSIDAD CATOLICA “SANTA ROSA” (UCSAR)

FINDACIÓN SOCIEDAD BÍBLICA CATOLICA INTERNACIONAL


(SOBICAIN)

VICE-RECTORADO DE EXTENSION

DIPLOMADO
“Estudio General de las Sagradas escrituras
y herramientas para la Investigación”.

MODALIDAD: PRESENCIAL Y VIRTUAL

Asignatura: Seminario de investigación Socio-Religiosa

Profesor: Beatriz Alcalá

Alumno: Francisco Peralta

Fecha: 24/08/2020

Inicio septiembre 2019 hasta Julio 2020


El ser humano en su condición de homo religiosus y homo socialis ha sido el
protagonista del desarrollo de las grandes civilizaciones antiguas hasta nuestros días, siendo
siempre resaltante y característico en cada sociedad, el aspecto de lo sagrado y lo profano,
es decir, aquello que es divino o asume lo divino, y por ende es santo o separado para la
divinidad; y aquello que pertenece exclusivamente al plano terrenal-humano, es decir
mundano. Esta experiencia del ser religioso se desarrolla dentro del aspecto social-
comunitario, y es que desde que el hombre comenzó a organizarse y a establecer los
grandes ordenamientos sociales, la dimensión religiosa fue marcando y determinando
muchos de esos dictámenes, así como por ejemplo el aspecto moral, jurídico, entre otros.

Para poder comprender los fenómenos sociales y religiosos que se gestan en


nuestros días y que enmarcan nuestra realidad multiforme y pluricultural, es necesario
contemplar la historia con atención y detenimiento para darnos cuenta que, lo que somos
ahora ha sido en gran parte, el resultado de aquellos acontecimientos históricos el cual,
habiendo comenzando en un hombre o un grupo humano, se fue desarrollando, llegando a
ser una tradición significativa, hasta el punto de llegar a transmitirse a nivel global, por
ejemplo la herencia monoteísta que en un contexto tribal era novedosa, y la ética judía que
ha sido influyente en los principios morales conocidos en gran parte por la tradición
cristiana, y que aun hoy día se conservan en distintos pueblos del mundo.

Hablar del pueblo hebreo y su trayectoria a lo largo de los siglos de la historia, es


sin lugar a dudas, hablar del Dios de Israel, Aquel Dios Único, Personal y Trascendental,
que ha roto con el silencio de todos los tiempos para comunicarse con el hombre y que la
tradición Yahvista ha nombrado como Yavé, nombre que ha sido revelado en la Teofanía
del Sinaí, a Moisés; y que se ha manifestado para la realización de un proyecto concreto, la
liberación de los hebreos de la opresión del imperio egipcio y el cumplimiento de la
promesa hecha a los patriarcas, según la tradición, de una tierra que mana leche y miel
donde, El sería su Dios y ellos serían su pueblo.

Me parece oportuno acotar que dentro la cultura tribal del antiguo Israel, se hace
preponderante un elemento que engloba todo el aspecto de la vida social para aquel
entonces, y que se convertirá en la columna vertebral de toda la revelación bíblica y, por
ende, del desarrollo histórico del pueblo hebreo, y es la noción de alianza. Los grupos
étnicos llegaban a tener relación por medio de alianzas, el cual les permitiría obtener
beneficios en materia económica, por ejemplo. En esta perspectiva de alianza se fundan la
relación del Dios personal con aquellos que serían los mediadores de la alianza, como lo es
el caso de Abraham, Moisés, entre otros; en donde Dios promete su Bendición por todas las
generaciones. Esta aseveración divina implica, de parte del pueblo una respuesta
organizacional en cuanto a culto, ley, etc.

Para vislumbrar el desarrollo socio religioso que experimentó el pueblo de Israel se


hace necesario reconocer sus orígenes fundacionales, en primer lugar, como una fe o
religión primitiva, el cual, al igual que otras experiencias religiosas de los pueblos aledaños,
estuvo marcada por manifestaciones sagradas en torno al contexto social, en perspectiva de
los fenómenos naturales, cultural, político y religioso; así como por ejemplo son descritos
por los hagiógrafos de la Torah, y que tuvo su principio en el acontecimiento del éxodo.

La fe del pueblo judío ha estado marcada, como bien se ha expresado por un


acontecimiento fundacional, la liberación de los israelitas de las fuerzas de los egipcios el
cual fue motivado por una experiencia religiosa, que desembocó en un fenómeno social de
liberación. Indudablemente este suceso marcó y dio inicio a un pueblo que más tarde, en
tiempos de la dinastía davídica adquirió ordenamiento, estructura jurídica, hasta culto
oficial, lleno de hierofanías, o manifestaciones sagradas en los aspectos ordinarios como el
arca de la Alianza, los utensilios sagrados destinados para el culto, entre otros; el cual se
llevaba a cabo en el templo de Jerusalén, templo de la morada del Dios de Israel, aunque si
bien es cierto, pese a toda la organización del pueblo en tiempos de monarquía, aun no
contaban con fundamentos sólidos como los Sagrados Textos en su forma final o códigos
legislativos.

Los líderes carismáticos suscitados por inspiración divina fueron desarrollando y


modelando los ordenamientos socio-religiosos, desde los grupos tribales hasta el reinado
Davídico-Salomónico, como se constata en la historia deuteronomista; pasando por
conflictos armados territoriales para la conquista de la tierra prometida, hasta los mismos
proyectos expansionistas y llevados a cabo por la monarquía.
Es en este contexto de realeza en donde se experimenta la plenitud de la presencia
divina en medio del pueblo, haciendo énfasis en los valores de prosperidad y seguridad
teniendo en cuenta que son estos los signos de la bendición divina que acompañará la
visión y cosmogonía hebrea; y que en el transcurrir de los años y acontecimientos
posteriores a la monarquía dividida, es decir ya hacia la época posexilica se desarrollará
hasta convertirse en toda una institución religiosa amplia y firmemente estructurada,
conocida propiamente como judaísmo.

Por otra parte, el sociólogo Max Weber expresa en su obra referente al aporte a la
sociología de las religiones mundiales que “el ritual ha correspondido a normas y
prescripciones y, por consiguiente, la religión, en la medida en que se han visto sometida a
la burocratización, ha tomado siempre un carácter ritualista.”

La importancia del aspecto cúltico y ritualista, especialmente en tiempos del


segundo templo, son el centro de toda la organización social, en donde los ritos sacrificiales
tienen preponderancia de acuerdo al deseo de reconciliación con Dios y la esperanza de la
restauración del Reino, que será llevado a cabo por el Mesías esperado, a ejemplo del
antiguo Moisés, según las profecías.

Es por esta razón que se puede afirmar que, Jesús, como personaje histórico, se debe
a toda esta trayectoria que ha venido recorriendo el pueblo judío después de regresar del
cautiverio babilónico, en donde el pueblo experimentó una transformación en todas las
dimensiones sociales, debido a la influencia del imperio babilónico, helénico y en especial
en la experiencia religiosa enmarcada dentro del contexto de dominación romana, en donde
se podían apreciar al menos tres grupos religiosos o sectas, entre estas se encontraban los
fariseos, saduceos y esenios.

A modo de conclusión, el pueblo hebreo y toda su larga trayectoria histórica que ha


tenido gran influencia en las sociedades antiguas y contemporáneas, al igual que las demás
instituciones religiosas monoteístas como el cristianismo o el islamismo, es el resultado de
un proceso, no solo desde una perspectiva religiosa aislada, sino desde el tejido social,
construido desde su experiencia y cosmovisión de lo sagrado y lo profano, y la certeza en la
Alianza hecha por Dios a los padres; promesas que hasta nuestros días siguen esperando el
total cumplimiento.