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IGLESIA ALIANZA CRISTIANA Y MISIONERA HUANUCO 28

CURSO: PANORAMA BIBLICO I


PROFESOR: PS. ISAIAS MORERA
ALUMNO: PALCIOS MERGILDO, JACOB BELTRAN
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SALMOS 51
Este es un Salmo de Penitencia que expresa el pesar y el arrepentimiento del Salmista
David.
David comienza pidiendo a Dios piedad y misericordia; reconoce y confiesa su pecado
como rebelión contra Dios sabiendo que solo él le podía perdonar. Dios es el único que
puede darnos un nuevo comienzo, no importa cuán grande sea nuestro error al venir ante
Dios en humildad reconociendo que le hemos fallado, él nos perdona, nos restaura y nos
ayuda a seguir adelante. Cuando la verdad de Dios y su sabiduría reinan en lo más
profundo de nuestro ser tomamos decisiones sabias que lo glorifican a él y nos ahorramos
muchísimos problemas.
Los versículos del 10 al 12 son una oración pidiendo un corazón nuevo, limpio y recto ante
Dios. Dios siempre puede crear algo nuevo y bonito hasta de nuestros errores. David le
suplica a Dios que no le eche de su presencia ni le quite el Espíritu Santo, necesitamos
sacar tiempo para escuchar al Espíritu Santo y vivir dentro de su voluntad. El gozo que
sentimos al obedecer nos confirma que estamos en el camino correcto, mientras que la
pérdida del gozo es un buen indicador de que algo va mal.
David se compromete a ser testigo del señor, a enseñar a otros el camino correcto y
agradable a Dios (versículos del 13 al 15). El decide vivir una vida llena de alabanza. No iba
a permitir que su pecado arruinara el resto de su vida, sabía que en Dios siempre hay un
nuevo comienzo. El aprovecharía el suyo hablando del amor y el perdón de Dios. David
anhelaba ver fruto de salvación, pecadores arrepentidos y transformados por el poder de
Dios. La restauración de Dios trae sentido y un nuevo propósito a nuestra vida.
David se da cuenta de que la humildad nos acerca a Dios porque expresa nuestra sumisión
y dependencia de él. Cuando pensamos que sabemos todo nos llenamos de orgullo y
hacemos lo que nos parece mejor, comenzamos a confiar en nuestras fuerzas y a tomar
decisiones sin consultar antes con Dios en oración. Debemos crecer en humildad,
reconocer que Dios sabe lo que es mejor para nosotros. Al obedecerle disfrutaremos de la
plenitud de bendiciones que él nos quiere dar.
Busquemos vivir vidas que glorifiquen a nuestro señor. Reconozcamos nuestros errores
con humildad sabiendo que el camino por el que Dios nos lleva es el mejor, uno lleno de
su paz y plenitud.
Si te quebrantas por el pecado, en cristo hay pleno perdón.