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TRASTORNO DEL DESARROLLO PSICOMOTOR

El trastorno del desarrollo psicomotor (TD), considerado como una desviación signifi-
cativa del "curso" normal del desarrollo, es un problema frecuente en pediatría. Se-
gún los diferentes estudios se estima que aproximadamente el 7% de los niños me-
nores de 4 años pueden presentar, de forma permanente o transitoria, algún TD y
precisar atención precoz. En todos los casos está indicado realizar un diagnóstico
diferencial y una orientación terapéutica adecuada.

Una clasificación de los TD que puede ser de utilidad para la orientación terapéutica
es la utilizada en el ámbito de la atención temprana:

- Trastorno en el desarrollo motor (se incluyen distintas formas y grados de pa-


rálisis cerebral, miopatías, espina bífida) y también diferentes disfunciones
motrices menores (retardo motor, torpeza en la motricidad amplia o fina).
- Déficit o trastorno en el desarrollo cognitivo.
- Déficit sensorial (deficiencias visuales o auditivas graves).
- Trastorno en el desarrollo del lenguaje.
- Trastorno generalizado del desarrollo (espectro autista).
- Trastorno de conducta (se incluyen niños que presentan formas de conducta
inadecuadas y a veces perturbadoras, irritabilidad, trastorno oposicionista,
trastorno compulsivo).
- Trastorno emocional (angustia, inhibición, síntomas y trastornos del humor).
- Trastorno en el desarrollo de la expresión somática (alteraciones del sueño, de
la alimentación).
- Retardo evolutivo o niños con retraso evolutivo y que no se sitúan en ninguno
de los apartados anteriores.

Valoración del desarrollo psicomotor. Se considera parte fundamental en los pro-


tocolos de medicina preventiva, ya que la detección de los TD ha pasado a ser un
aspecto principal de la atención pediátrica primaria. Se deben tener en cuenta dife-
rentes procedimientos y fuentes de información respecto a la evolución del niño: la
valoración cuidadosa de las preocupaciones de los padres, la observación reiterada
del niño y la aplicación sistemática de algún instrumento de cribado. La prueba de
cribado de desarrollo más difundida y adaptada a muchos países es el DDST (Denver
Developmental Screening Test). En nuestro medio la tabla de desarrollo Llevant y
Haizea-Llevant, se están utilizando cada vez más en los protocolos de medicina pre-
ventiva en la edad pediátrica. Los niños con sospecha de TD deben someterse a una
valoración especializada y, si se confirma el trastorno, iniciar una intervención tera-
péutica.

Signos de alerta en general Retraso de las adquisiciones en cualquier área del de-
sarrollo, estancamiento o regresión en las habilidades adquiridas, persistencia de
conductas propias de etapas previas, presencia de signos físicos anormales, asimetrí-
as posturales o de la función motriz, calidad no adecuada de las respuestas o formas
atípicas del desarrollo. Con finalidad didáctica cabe clasificar los signos de alerta co-
mo:

- Signos de alerta morfológicos. Anomalías congénitas mayores o menores,


rasgos dismórficos, alteraciones cutáneas, ano- malías del crecimiento, etc.,
que pueden ayudar para establecer la causa de su trastorno.
- Signos de alerta en el desarrollo sensorial. Visuales: pueden manifestarse
por movimientos oculares anormales o ausencia de seguimiento visual. Los
niños con mayor riesgo de deficiencia visual son los prematuros, los niños con
síndromes malformativos y niños con sospecha de infección congénita. Audi-
ción: la ausencia de reacción a la voz o a los sonidos puede ser la primera
manifestación de un déficit auditivo. La audición debe ser vigilada de manera
especial cuando hay antecedentes de infección congénita, especialmente el
CMV, hiperbilirrubinemia neonatal, microcefalia o tratamiento con aminoglu-
cósidos.

- Signos de alerta en el desarrollo motor. El desarrollo motor transcurre en


general según unas leyes determinadas, pero existe una amplia dispersión en
la adquisición de las habilidades motrices, así como una gran variación en el
modelo y en el ritmo de desarrollo. La falta de control cefálico a los 4 meses,
de sedestación a los 9 o de marcha autónoma a los 16-18 meses, son los sig-
nos de alerta más frecuentes en relación a la edad adquisición de los hitos
motores. La alteración del tono muscular, la asimetría en la postura o en el
movimiento y la presencia de movimientos anormales, son otros signos que
pueden alertar sobre la posibilidad de patología del SNC o periférico. El re-
traso motor también puede ser manifestación de un retraso mental o tener
otras causas como factores ambientales, factores genéticos, déficit sensorial o
enfermedad sistémica crónica. Es posible que una forma "atípica" de desarro-
llo motor se acompañe de cierto retraso en la adquisición de la marcha.

- Signos de alerta en el desarrollo del lenguaje. Se incluyen en este grupo


las dificultades en el desarrollo de las capacidades comunicativas y verbales,
tanto a nivel de la comprensión del lenguaje como de las capacidades expre-
sivas o de articulación. La ausencia de vocalizaciones en los primeros meses, el
retraso en la aparición de las primeras palabras puede ser indicativo de un
problema auditivo o si se acompaña de una falta de interés comunicativo,
puede indicar retraso mental o ser un signo de alerta de un trastorno genera-
lizado del desarrollo (autismo).

- Signos de alerta en el desarrollo cognitivo. Se incluyen en este grupo los


trastornos referidos a diferentes grados de discapacidad mental o disfuncio-
nes específicas en el proceso cognitivo. La ausencia de "viveza" en la mirada o
el escaso interés por personas u objetos, pueden ser signos de alerta en los
primeros meses. La ausencia de juego imitativo, o juego estereotipado pue-
den ser signos de alerta a edades un poco posteriores.

- Signos de alerta en la conducta. Algunos niños de 1-4 años presentan tras-


tornos de conducta que serían subsidiarios de atención psicológica. En los
primeros meses puede resultar difícil diferenciar si determinados síntomas
como la apatía la irritabilidad, o la falta de interés por el entorno, se deben a
un retraso mental, a un déficit sensorial o a un trastorno cognitivo o conduc-
tual.

Trastorno generalizado del desarrollo (TGD) o espectro autista (TEA). El TGD


se caracteriza por la presencia de alteraciones cualitativas de la interacción social y de
la comunicación y por una importante restricción de los intereses, actividades y con-
ductas. El reconocimiento de una serie de conductas en un niño de 18 meses, como
el no señalar un objeto con la finalidad de que el adulto lo mire, la ausencia de aten-
ción compartida, o de juego de imitación, debe alertar sobre la posibilidad de este
trastorno.

Tratamiento del trastorno del desarrollo o en riesgo elevado. La detección temprana


de un TD permitirá instaurar un programa de Atención Temprana, entendida como el
conjunto de actuaciones de carácter preventivo, de detección, diagnóstico e inter-
vención terapéutica que pueda mejorar la sintomatología y en ocasiones evitar que
una patología se instaure como definitiva. La atención temprana va dirigida a los
niños que presentan trastorno del desarrollo, sea de tipo físico, psíquico o sensorial,
o que estén en situación de riesgo biológico o social.

Se consideran en situación de riesgo biológico aquellos niños que durante el período


prenatal, perinatal o postnatal, han estado sometidos a condiciones que pueden alte-
rar el proceso de maduración del SN (p. ej., la prematuridad, la asfixia, etc.). Son ni-
ños en situación de riesgo ambiental, los que viven en situaciones poco favorables,
circunstancias adversas del entorno (negligencias, abusos, malos tratos), que pueden
alterar el proceso de desarrollo.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

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9' ed. Madrid: Ergon; 2006. p. 1741.
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- Grupo de Atención Temprana. Libro blanco de la atención temprana. Barce-
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