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Matemática emocional

Se trata de sistema de sumas y restas que hace cambiar nuestro humor utilizando los
recursos y desafíos que están en la mente; enterate de qué se trata

¿Cuántas veces dijiste "no


estoy de buen ánimo"?
¿Cuántas escuchaste esa
misma frase en boca de
otros?

Crecimos formateadas con


la idea de que no podemos
operar sobre eso que nos pasa cuando el disco rígido de nuestras
emociones colapsa. Pero a pesar de que el estado de ánimo sea algo que
-a diferencia de una sensación momentánea como el miedo, la sorpresa
o el enojo- permanece durante un mayor período de tiempo (horas,
semanas, meses), vos podés actuar sobre él. El tema es entender cómo
funcionan esos ciclos de energía que vivís diariamente.

Para decirlo en otras palabras, el estado de ánimo vendría a ser el


resultado de una fórmula matemática que pone en relación los
recursos con los desafíos que están en tu mente: un mecanismo
de autorregulación para que sumes o restes, según el caso. Ideal
es el período en que se equiparan el + con el + (cuando sentís que
tenés muchos recursos para abordar muchos desafíos, estás
atravesando una etapa de entusiasmo) o el - con el - (con la
sensación de que los dos están bajos, podés descansar). Pero ojo,
para llegar a eso, también hay que atravesar la ansiedad (-
recursos y + desafíos) y el aburrimiento (+ recursos, - desafíos).

Es el recorrido por todos estos estados, a través de tus propias


decisiones, lo que enriquece tu calidad de vida. El trabajo que
tenés que hacer, entonces, es registrar esa evaluación
inconsciente sobre la que podés operar para llegar al estado de
ánimo que quieras. Veamos: ¿qué cuentas podés hacer?

- recursos | + desafíos = ansiedad


¿Viste cuando querés hacer muchas cosas y no encontrás las
herramientas para llevarlas a cabo?
Tenés el auto, tenés el mapa, tenés la ruta y sabés el lugar al que
querés llegar. Pero ¡te falta nafta!
Lo que dicen las neurociencias es que la ansiedad es una
respuesta biológica del organismo: cuando hoy se te presentan
desafíos que podrían ocurrir o que ocurrirán en el futuro, sentís
miedo y se acelera tu frecuencia cardíaca. Si esto llega a un
extremo y no podés regularlo como para tranquilizarte, se genera
una cascada de hormonas -cortisol, adrenalina y noradrenalina-
que te causa confusión y puede estropear tu capacidad de
memoria y aprendizaje.
¿La clave para evitarlo? Sintonizar con el signo menos y hacer
hasta donde puedas, con los recursos que tengas en ese
momento.
Claves a tener en cuenta
Los pequeños logros despiertan recursos y no al revés: si te
obligás a hacer cosas que te exceden desde el comienzo, vas a
fracasar más rápido de lo que esperabas.
Cuando te enfrentás al signo menos, el desafío se transforma en
un dañino "no puedo, pero tengo que". Aprender a hacer hasta
donde puedas, en cambio, te ayuda a aliviar el estrés.

Lo importante es que no transformes el desafío "gato" en un


desafío "león": acompañá el recurso, sea el que sea, y en función
de él reorganizá tu desafío.

+ recursos | + desafíos = entusiasmo


Tus recursos fueron creciendo con los miniéxitos que se
acumularon, llegaste a equipararlos a los desafíos y estás súper
entusiasmada. En lo cerebral, el entusiasmo se relaciona con el
funcionamiento del sistema dopaminérgico: un sistema
motivador súper importante, ligado a la búsqueda de algo que
consideramos placentero. Eso es lo que te permite sentirte activa
y contenta. Pero tené en cuenta que el entusiasmo permanente,
a veces, puede volverse superficial, incluso improductivo.
¿Entonces? Aprendé a renunciar en algunos momentos y andá
bajando los desafíos de a poco, según cada situación.
Claves a tener en cuenta .
Cuidado con el entusiasmo que pinta todo de "yo puedo". Bajá
los desafíos para que el recurso pueda recuperarse.
Si dividís tus tareas en varias etapas, el resultado final puede ser
mucho más importante.
Acordate: a veces hay que parar un ratito, para llegar más lejos
después.

+ recursos | - desafíos = aburrimiento


Cuando aprendiste a sortear el desafío, dejás de percibirlo de ese
modo. Lo que antes te parecía dificilísimo, pasa a ser parte de tu
vida cotidiana y lo surfeás súper tranqui, sin caerte de la tabla. El
problema es sentir que te quedaste sin desafíos aunque estés
llena de recursos, porque en ese caso, tu cerebro empieza a
generar búsquedas sin objetivo, ligadas a la sensación de
aburrimiento. Algo que también podría llamarse "ansiedad", pero
del tipo "búsqueda irritada". Entonces: ojo con apagar los
desafíos por demasiado tiempo. Un poco está bien, pero
enseguida hay que actuar. ¿Una buena estrategia? Salí de tu zona
de confort y arriesgate.

Claves a tener en cuenta


Reelegí como si fuera la primera vez y no les tengas miedo a los
riesgos.
Prestale atención sostenida a lo que hacés, sea lo que sea
(mindfulness).
No podés depender de que algo sea novedad para tener "ganas".
Aprendé a mirar lo ya conocido con aprecio.

- recursos | - desafíos = descanso


Cuando sentís que bajan recursos y desafíos, es el momento de
descansar y tirarte panza arriba. Estás tranquila, bajás el estado
de alerta y la acción de la rama parasimpática del sistema
neurovegetativo hace que todas y cada una de las partes de tu
cuerpo se dispongan al descanso. ¡Por fin podés darte un respiro
y dedicarte a mantener lo que ya está!
Claves a tener en cuenta
Permitiéndote parar, cambiás el pensamiento. Por lo tanto, tus
sentimientos también cambian. Dedicale tiempo al descanso, sin
pensar en las cosas que te perdés.
Recordá que nuestra cultura es muy transgresora con respecto a
los ritmos biológicos y que tenemos montones de estímulos que
nos impiden seguir el ciclo del descanso: luz, web, televisión... Ir
contra eso es el resultado de tus propias decisiones.
Y hasta acá llegamos: por ahora, no hagas nada más. Quedate en
el estado de descanso un tiempito, evaluá lo que ocurre a tu
alrededor y repasá los distintos estados de ánimo que te fuimos
mostrando. Recordá que acá no hay reglas ni un orden fijo; esto
es un ciclo continuo, y podés saltar alternativamente al
entusiasmo, al aburrimiento o a la ansiedad: sólo depende de tus
cuentas mentales y de lo que tu vida y vos misma vayan
produciendo.
Lo importante es que en cualquier momento puedas organizar
tus desafíos, decidir si son importantes, dividirlos en pequeños
pasos y delegar. Y para cada uno de ellos, vas a saber encontrar
tus propios recursos
Por Violeta Gorodischer
Fuente: http://www.revistaohlala.com/1321671