Separata 159-186 PDF
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años 2014
INDICE / INDEX
IN MEMORIAM . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9-18
I. PALEOLÍTICO / PALAEOLITHIC
Primeras evidencias arqueológicas del paleolítico superior en la cuenca alta del Guadiana (Ciudad Real)
First Archaeological Evidence of the Upper Palaeolithic in the Upper Guadiana Basin (Ciudad Real)
Carmelo FERNÁNDEZ CALVO, Antonio GÓMEZ LAGUNA, Honorio J. ÁLVAREZ GARCÍA,
Ramón MONTES BARQUÍN, Emilio MUÑOZ FERNÁNDEZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81-92
Estudio arqueometalúrgico del depósito de hachas de talón de Distriz (Monforte de Lemos, Lugo)
Archaeometallurgical study of the Distriz palstave hoard (Monforte de Lemos, Lugo)
Ignacio MONTERO RUIZ, Óscar GARCÍA-REVUELTA, Xosé-Lois ARMADA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 139-156
III. PROTOHISTORIA / PROTOHISTORY
El silo celtibérico de “La Plaza de la Ballena” o “del Patroncillo” de Roa (Burgos): un vaso gris céreo
The Celtiberian Silo in “Plaza de la Ballena” or “del Patroncillo”, Roa, Burgos. A shiny grey vase
Ignacio RUIZ VÉLEZ, Adelaida RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 219-234
Una moneda gala en el horizonte de las Guerras Cántabras. El bronce de Contoutos exhumado
en el yacimiento arqueológico de Dessobriga (Osorno, Palencia - Melgar, Burgos)
A Gallic coin in the time of the Cantabrian Wars. The Contoutos bronze found at the archaeological site of
Dessobriga (Osorno, Palencia - Melgar, Burgos)
Margarita TORRIONE, Simon CAHANIER . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 283-298
Marcas ante cocturam sobre cerámica común romana procedentes del Municipium
Calagurris Iulia Nassica (Calahorra, La Rioja)
Ante cocturam marks on Roman common pottery from Calagurris Iulia Nassica Municipivm (Calahorra, La Rioja)
Rosa Aurora LUEZAS PASCUAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 317-330
Pin beaters bajo la lupa. Análisis tecnológico y funcional de los punzones de tejedor de las
cuevas del Portillo del Arenal y del Linar (Cantabria)
Pin beaters under scrutiny. Technological and functional analysis of the pin beaters from the Portillo del
Arenal and Linar caves (Cantabria)
Daniel GARRIDO PIMENTEL, Enrique GUTIÉRREZ CUENCA, José Ángel HIERRO GÁRATE . . . . . . . . . . . 373-390
Epigrafía de la muerte en la Alta Edad Media: revisión y nueva lectura del epitafio de la
cubierta de sarcófago de Bárcena de Ebro (Valderredible, Cantabria)
Epigraphy of death in the early Middle Ages: review and new interpretation of the sarcophagus cover
epitaph from Barcena de Ebro (Valderredible, Cantabria)
Alberto PEÑA FERNÁNDEZ. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 391-406
Estudio de los restos humanos de la necrópolis medieval de “El Campo” (San Miguel de Aguayo,
Cantabria)
Study of the human remains from the medieval necropolis of “El Campo” (San Miguel de Aguayo, Cantabria)
Silvia CARNICERO CÁCERES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 435-444
Estudio antropológico de los restos humanos de la iglesia de Santa María del Torrentero
(Villalaín, Burgos)
Anthropological research on human remains from the church of Santa Maria del Torrentero (Villalaín, Burgos)
María Edén FERNÁNDEZ SUÁREZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 447-468
El estudio radiográfico como herramienta de trabajo en la intervención del casco de Zama (Albacete)
X-ray study as a working tool in the restoration of the Zama helmet (Albacete)
Joaquina LEAL PÉREZ-CHAO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 515-522
Estudio de los restos de un esqueleto de oso pardo procedente de la sima Alberich (Palencia)
Study of the Remains of a Brown Bear Skeleton from Sima Alberich (Palecia)
Trinidad TORRES PÉREZ-HIDALGO, José Eugenio ORTIZ MENÉNDEZ, Yolanda SÁNCHEZ-PALENCIA,
Gonzalo ALCALDE CRESPO, Carmelo FERNÁNDEZ IBÁÑEZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 555-562
ABSTRACT
The discovery of a set of pieces for holding a strap of a large caetra-type of circular shield, at the protohistoric hillfort of “El Cincho” in San-
tillana del Mar (Cantabria, Spain) is one of the first finds of this type of defensive weaponry in the modern Cantabria. It represents one of the
few discoveries of panoply remains in a proto-city settlement context, in this case related with the hillfort wall, when most often they are found
in a funerary archaeological context (cremation cemetery), causing the loss of organic remains by combustion. Exceptionally, we have found
a shield nail with remains of wood that has been identified as ash-tree. An absolute dating of the archaeological level gave a date of 375 to
203 cal B.C.
Palabras clave: Anilla de tiracol. Caetra. Castro. Edad del Hierro. Escudo. Muralla.
ISSN: 1133-2166
160 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …
Figura 1: Situación de los castros más importantes de la antigua Cantabria prerromana con indicación de su tamaño relativo.
El otero fortificado designado por la toponimia6 El monte de El Cincho de Yuso8 es una prolongada
con el elocuente nombre de “El Cincho” (del latín cin- elevación, que alcanza los 271 m.s.n.m. y separa el
go: proteger, cubrir, circundar, rodear, ceñir) no es el núcleo urbano de Santillana situado en el fondo del
único caso conocido en el territorio de la actual Can- valle, de la costa de Tagle y Ubiarco. La cima del alto-
tabria. En La Población, en el término municipal de zano se encuentra rodeada, a modo de anillo, por una
Campoo de Yuso, se ha constatado un campamento línea de muralla principal, delimitando un perímetro
romano de campaña de grandes dimensiones relacio- cerrado de 3,58 Ha. Al menos en los flancos más ac-
nado con las guerras Astur-Cántabras localizado en un cesibles, mediodía y oriente, la fortificación se com-
monte homónimo (García, 2015: 149-157). En Ar- plementa con una línea anterior de defensa, reforzan-
nuero existe un posible castro asociado a otro monte do el sistema poliorcético y aumentando con ello la
El Cincho (Fernández, 2010: 516-518)7. El ilustrativo superficie del asentamiento castreño -se supera las 6
topónimo parece identificarse con líneas de murallas Ha.- (Fig. 2).
que circunvalan los altozanos, generando recintos ce- El proyecto arqueológico ha poseído el pertinente
rrados (cingulum: cinturón militar, tahalí). permiso otorgado por la Consejería de Educación, Cul-
tura y Deporte del Gobierno de Cantabria. Así mismo,
se contó con el apoyo económico del Ayuntamiento
de Santillana del Mar y de la propia Consejería de Cul-
6. Igualmente, la toponimia del Barrio de Yuso (deorsum = hacia abajo), pa-
tura. El equipo humano dirigido por Lino Mantecón
sando por las formas vulgares diossum > iosum > iusum latín vulgar de- Callejo y Javier Marcos Martínez ha contado con la
orsum), parece señalar la existencia de una población en un alto (Suso/Sur-
sum (= hacia arriba) a través del latín vulgar susum. Primera cita en las
fuentes escritas, año 1431 (A.H.N. Sección Nobleza. Signatura: OSUNA,
CP. 225, D.14). ¿Pudiera estar fosilizada en la toponimia del barrio la anti-
gua existencia de un población localizada en una posición altitudinal más
elevada? 8. En la cartografía oficial el monte aparecía con el topónimo de “Huervo”,
sin embargo parece deberse a un error pues las minutas de los mapas
7. Recientemente ha sido localizado un topónimo “El Cincho” en la cercana 1:25.000 del IGN se le denomina como “El Cincho”. En documentos y en
población de La Veguilla (Reocín, Cantabria), a escasos 5 Km de El Cincho bibliografía antigua referida a Santillana se recoge la mención del “Peñas
de Yuso. Se trata de un pequeño altozano con un pronunciado cantil so- que llaman del Cincho”, como así ocurre en visitas a términos de la Villa
bre el rio Saja donde se han observado algunas irregularidades en el terreno (p.e. en el año 1655, A.M.S. Caja 129, doc. 1. Información documental su-
que pueden apuntar a un posible amurallamiento de cronología incierta ministrada por el historiador Javier Ortiz Real). Asimismo, en el libro de
que habría que verificar arqueológicamente. principios de siglo XX se recoge el alto de El Cincho (Ortiz, 1919: 11).
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 161
contribución de un nutrido grupo de colaboradores, Doña Ángela Sáez Gómez quien amablemente dio su
que de forma altruista han patrocinado con su es- consentimiento para la ejecución de los trabajos ar-
fuerzo y trabajo la consecución del proyecto de inves- queológicos.
tigación arqueológica9. Las intervenciones arqueológicas realizadas en el
Por otro lado queremos corresponder con la pro- yacimiento arqueológico han buscado caracterizar el
pietaria de los terrenos donde se ubica el castro Doña yacimiento, si bien la modesta financiación (hasta la
Ángela Sáez Gómez quien amablemente dio su con-
sentimiento para la ejecución de los trabajos arqueo-
lógicos" por "Por otro lado queremos corresponder con
la propietaria de los terrenos donde se ubica el castro,
Figura 5: Corte estratigráfico del sondeo 2 donde se observan las dos fases constructivas. Dibujo Manuel García Alonso.
fuerzo interno con un entramado de maderas o vigas nocen indicios en las fases más antiguas del castro del
entrecruzadas o tirantes de piedra12. Sin embargo, no Alto de La Garma (Omoño, Ribamontan al Monte) que
hemos constatado ninguna evidencia de maderos en- ha sido fechado con una cronología probable en el s.
tre la matriz terrosa de la muralla, ni huecos en la ci- VII a.C.14. En concreto se constató un agujero de pos-
mentación, ni en los alzados13, ni restos de clavos, ni te de madera que formaba parte de una muralla de
piedras traveseras; si bien es cierto que la escasa an- terraplén con muro de mampostería exterior, donde
chura de los sondeos tipo trinchera efectuados, lo más cabe la posibilidad de ponerse en relación con un mu-
probable es que no haya interceptado ninguno de ro gálico (Pereda, 1999: 63-77)15.
ellos. Las murallas con refuerzos de madera interna Aunque a priori el “murus gallicus” resulta un tipo
poseen una exigua representación entre las fortifica- de muralla escasamente constatado en la Cantabria
ciones de la Edad del Hierro en Cantabria. Solo se co- Antigua, es un tipo de solución de ingeniería militar
poliorcética frecuente que entronca con la presencia
de cercas de piedra y madera en la orla atlántica pe-
ninsular (Berrocal-Rangel y Moret, 2007: 20). Las mu-
12. La tipología de construcción de murallas de tierra con refuerzo de made-
rallas realizas con la tipología de muro gálico han sido
ra interno resiste eficazmente contra la acción de los proyectiles de arti- relacionados con atributos propios de asentamientos
llería. El empleo de la tierra en las fortificaciones alcanzó su máximo ex- de prestigio como los grandes oppida (Krausz, 2007:
ponente con la construcción de los muros definidos a partir de dos pare-
des separadas por una distancia de 20 pasos (circa de 6 metros), mientras 135-149), lo que refuerza la hipótesis de que El Cincho
que en su zona interior se rellenaba con tierra apisonada. Según Vegecio, pudiera ser un castro de castros, junto con las premi-
en su obra Epitoma Rei Militaris, escrita en el siglo IV d.C. una muralla
construida de ese modo podía llegar a ser inmune al impacto de los arie- sas antes aludidas de gran control visual y visibilidad
tes: “Ningún muro reforzado con tierra puede romperse por el ariete y en sobre el territorio, desde el que es posible reconocer
el caso de que fuese derrumbada la piedra la masa de tierra que fue api-
sonada en el interior de las paredes resiste como un muro a los asaltos”
Epit. Rei. Mil., III, 4.
“Las especiales características constructivas de las fortificaciones ibéricas,
realizadas con bloques de piedra de diferente tamaño y talla no isodoma
unidas con arcilla pero no con mortero, provocan que la distribución del
esfuerzo o carga sea irregular en las diferentes partes de un muro. Así, la 14. El más antiguo de los recintos de La Garma se corresponde con una es-
fuerza de un proyectil se concentra en el punto de impacto del mismo si trecha cerca de piedra realizada en mampostería que sirve de contención
el muro es de piedra, mientras que si es de adobe o tapia se reparte uni- a una plataforma terraplenada interior. La datación absoluta de esta pri-
formemente por toda la sección. Al chocar un proyectil, o golpear la ca- mera cerca del asentamiento (14C AMS, AA-45565, Semilla de trigo, De-
beza de un ariete contra un muro pétreo, los bloques basculan provo- terminación (BP): 2475 +/- 45, intervalos (a.C./cal BC): 2 769-413 y 1
cándose el hundimiento del muro o de la torre contra la cual se actúa, 758-518, intersecciones/edad a.C. 760 690 660 650 540) ha ofrecido una
por lo que en los tratados de Filón de Bizancio y Eneas el Táctico se reco- probabilidad “que se reparte a partes casi iguales entre los siglos VII y VI,
mienda la construcción de muros empleando como material básico la tie- e incluso el VIII y el IV alcanzan valores apreciables”. No obstante, aten-
rra” (Gracia Alonso, 2000: 150). diendo a los criterios expuestos por sus investigadores, la “cronología más
probable habría que situarla en el siglo VII” (Arias et alii, 2010).
13. Algunos ejemplos galos conservan huecos del entramado de madera al ex-
terior, en el interior de la matriz, huecos en la base (según modelos) y res- 15. Se han indicado semejanzas con el castro de Los Baraones (Valdegama,
tos de grandes clavos. En la campaña del 2016 se ha señalado la posible Palencia), con cronologías entre la Edad del Bronce y la Primera Edad del
existencia de un tronco. Hierro (Barril, 1995; 1999).
164 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …
Figura 7: Plano con la disposición de las dos fases constructivas. A la izquierda el sondeo 1 practicado en la campaña de 2014 y a la derecha
sondeo 2 de la campaña de 2015.
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 165
hincadas” o chevaux de frise, sistema poliocértico que se cimentada directamente sobre la tierra de dicho lo-
aparece frecuentemente citado en la bibliografía es- mo. La morfología de esta muralla es diferente: me-
pecializada en castros del reborde oriental, meridional nos ancha (2,5 m) y se realiza con una base de piedras
y occidental de La Meseta (Esparza, 2003: 155-178). a modo de zócalo dispuesto a soga, del que apenas
se conserva una única hilada. El interior se rellena con
III. REFACCIÓN DE LA MURALLA PRINCIPAL O piedra suelta de tamaños heterométricos y tierra (Figs.
FASE 2 5, 7 y 8). La escasa potencia de los restos de derrubio
Sobre el lomo de tierra que conforma la ruina de de los cantos de piedra de esta fase edilicia induce a
la primera fase de la muralla se eleva una segunda fa- sostener que no pudo tratarse de una construcción
de elevado porte de alzado pétreo. Igualmente, los
reducidos restos de cantos incitan a sospechar el em-
pleo de paramentos mixtos que complementaría el al-
zado con otro tipo de material, quizás barro y/o em-
palizada, o maderos entrecruzados16 (Marcos y Man-
tecón, 2016: 24-26).
16. ¿O tal vez, similar al opus craticium, en el que se emplea travesaños y es-
tructuras en madera con relleno de barro y piedras? ¿O quizás sería un ba-
samento para una muralla de tipología campamental romana de made-
ros entrecruzados, similar a las que aparecen representadas en la colum-
na trajana, o las documentadas en las defensas lineales de Antonino o en
algunos puntos del Adriano en el Reino Unido, lo que daría explicación a
la ausencia de derrumbes importantes de piedra y/o tierra?.
Figura 8: Modelo fotogramétrico del sondeo 2. Realizado por Pablo 17. Por ejemplo en la ortofoto de 2010 (PNOA 0034-0305), en el vuelo del ca-
Pérez Vidiella. (ID-Ar). tastro de 1953 o en el vuelo fotogramétrico del año 1988.
166 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …
Por otro lado, fruto de los trabajos de desbroce y 2016: 30-33). Se conoce un ejemplar muy similar de-
limpieza vegetal, se ha reconocido un muro de mam- positado en el Museo Arqueológico Nacional20 proce-
postería de apenas unos 0,78 m de ancho que parece dente del castro Vetón de Las Cogotas y fechado en el
cerrar un recinto que circunvala la cúspide del monte. siglo IV-II a.C
La estructura posee una cronología incierta18. A falta
de constataciones cronológicas, se pueden señalar po- VI. MATERIALES ARQUEOLÓGICOS RECU-
sibles paralelos en la Edad del Hierro formando pe- PERADOS
queñas acrópolis en algunos castros del N y NW pe- Las catas de excavaciones arqueológicas se han cir-
ninsular, como por ejemplo Coaña en Asturias y Cida- cunscrito al sistema de murallas, salvo un sondeo en el
de Morta de Penafiel (Portugal) entre otros. interior del castro que resultó prácticamente estéril.
Pese que a priori la previsión de hallazgos arqueológi-
V.1. Molino giratorio hallado en el año 1953 cos muebles se vislumbraba escasamente fértil, como
Recientemente, nuestro colega Ignacio Castanedo a menudo ocurre en asentamientos similares, el resul-
Tapia, nos informó de una noticia publicada en el año tado final ha sido muy satisfactorio
1953 en El Diario Montañés19 donde aparecía una fo- Del material lítico recuperado gracias a la prospec-
tografía de un molino de mano giratorio que según la ción arqueológica del terreno (Fig. 13), además del re-
crónica procedía del denominado “castro” o “campa- gistrado en contexto arqueológico, se pueden inferir,
mento romano” de “El Cincho” hallado por el escultor ateniéndonos a criterios de jaez tecnotipológico tres
Jesús Otero. La pieza fue depositada en el museo co- momentos cronológicos: Un periodo arcaico (Ache-
mo así lo atestigua el libro de recepción de materiales lense Superior/Final), otro momento transicional al
firmado por el entonces director, Jesús Carballo. Musteriense y otro vinculado con la Prehistoria Re-
Sobre las cronotipologías de estos de molinos de- ciente. Así como, un anecdótico fragmento de borde
bemos remarcar que todavía son poco concluyentes, cerámico de cronología romana.
existiendo ejemplares morfológicamente similares des- Todo parece indicar que la cumbre del monte de El
de la segunda Edad del Hierro hasta la Edad Media, a Cincho es utilizada aprovechando sus inmejorables
lo que habría que sumar marcados regionalismos. En condiciones de visibilidad del territorio desde la remo-
principio, no se descarta paralelos con modelos ro- ta antigüedad paleolítica. En momentos iniciales (Pa-
manos, aunque su tosquedad, escaso ángulo del me- leolítico Inferior-Medio), como punto oteadero de es-
tate (o base del molino) y grosor de piezas apuntan tancia episódica o discontinua a episodios de hábitat
hacia una cronología prerromana (Longepierre, 2014). continuo. Es probable que pudiera existir un hábitat
Los molinos giratorios romanos suelen tener el meta- en momentos antiguos de la Prehistoria Reciente21, co-
te más pronunciado (más cónico) y el catilus (o piedra mo así quizás parece indicarlo la industria lítica recu-
giratoria superior) con placas o crampones de suje- perada en el núcleo de la muralla terrera o el cercano
ción, además de tener las muelas más finas y su diá- (aprox. 1 Km en línea recta) túmulo megalítico de
metro es mayor. El molino cuenta con un apéndice se- Montealegre, hasta la conformación de un asenta-
micircular donde se esculpe una sola muesca de en- miento de primer orden en la Edad del Hierro, con la
mangue que alojaría un brazo de madera inserto ver- construcción de un “oppidum”. Es decir, que los ma-
ticalmente en el catillus, de lo que se deduce que su teriales de esta/s cultura/s conservados en la matriz
movimiento se efectuó de manera rotatoria o semiro- edafológica fueron removilizados durante la construc-
tatoria (Fig. 12). Asimismo, fruto de la prospección de ción de la muralla, durante un momento del Hierro I
campo se ha localizado varios fragmentos de base de o II. Incluso, que la génesis de estos materiales pueda
molino y mortero de mano (Marcos y Mantecón, ser contemporánea con episodios encuadrados en la
Edad del Hierro.
La colección de cerámicas se compone en su gran
mayoría por cerámicas elaboradas a mano (con em-
pleo de desgrasantes de calcita, “pasta bizcochada
cocción reductora”). Unos fragmentos cerámicos de
18. Parece vislumbrase en la fotografía aérea del PNOA año 2010 y en las
imágenes del procesamiento del LIDAR. En este último aspecto queremos
agradecer la colaboración del arqueólogo D. Rafael Bolado del Castillo.
Figura 13: Núcleo bifacial con talla centrípeta de arenisca compactada. Imagen, Nilo Merino Recalde.
muy pequeño tamaño en todos los casos recuperados, meandriformes, realizadas antes de la cocción, con
que por su tipología técnica pueden ser adscritos a peine. Su decoración posee notorios paralelos con ti-
momentos protohistóricos. Su localización nos ofrece pos de ollas de la cerámica común romana. Posee se-
información relativa a la cronología del lienzo murario mejanzas en modelos de olla de cocina de cronología
y su evolución edilicia. Por una parte existe una mayor romana (Tipo 701). Cronología sS. I a IV d.C., aunque
densidad de hallazgos (un 77,77% de los ítems en- con profusión más intensa en la etapa altoimperial
contrados se encuentran en cuadros del sondeo 2 ubi- (Martínez, 2004).
cados intramuros). Lo que deduce que esta área se en-
cuentra el hábitat del asentamiento humano. Así mis- VII. UNA PIEZA METÁLICA A DESTACAR: LA
mo, en cuanto a su ubicación estratigráfica se deduce ANILLA DE TELAMÓN DE UN ESCUDO
que existe una mayor densidad en el Nivel 3. Es por En el ejercicio de la arqueología, en exiguas oca-
ello, que se interpreta, entre otras razones, que el ni- siones se tiene la oportunidad de hallar un objeto que,
vel 3 es coetáneo con la primera fase la muralla (Mar- por sus características morfológicas y aportación al co-
cos y Mantecón, 2016: 33-35). nocimiento de la cultura material, suponga un hito pa-
Entre el lote ceramológico destaca, por su infor- ra el conocimiento científico, en este caso la panoplia
mación cronológica, la pieza número 20. Se trata de del guerrero cántabro. Si a esta característica se le
un fragmento cerámico de borde vuelto al exterior, agrega un contexto arqueo-estratigráfico fidedigno y
con labio plano, en la parte superior del labio presen- un análisis exhaustivo de la pieza, el objeto se con-
ta marcas incisas que lo recorren longitudinalmente, vierte en un vestigio relevante; aunque su estado de
Figura 14: Herrajes, tachuelas, clavo con restos de madera de una caetra o escudo.
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 169
conservación, tamaño o forma no hagan de él un ítem impronta de la veta de la madera en el óxido de las
con cualidades museográficas. En la excavación de las dos placas de hierro de encastre.
murallas de El Cincho se ha tenido la fortuna de en- J. Cabré, investigador del siglo pasado, a quien se-
contrar un objeto metálico excepcional (Figs. 14 y 15). guimos en su estudio y sistematización sobre la caetra
La presencia de este ítem aislado, fuera de su contex- y el scutum en Hispania, sostiene que “estas piezas pa-
to arqueológico habitual, cabe interpretarlo como un ra las correas están constituidas por unas abrazaderas
elemento propio de la panoplia cántabra, pero tam- de hierro a base de dos placas recortadas y unidas en-
bién; valorar otro tipo de explicaciones: fruto de pilla- tre sí por una barrita doblada en forma de doble es-
jes, comercio, botín de guerra, otros (Quesada, F. cuadra y remachados sus extremos a la planchuela su-
2016: 16). En concreto, nos referimos a un conjunto perior que tiene generalmente la forma de “S”, sepa-
de piezas machihembradas (grapa, placas de encastre rada de la otra, siempre discoidal en sus dos extremos
a presión y remache de cobre), anilla de hierro para por un espacio de unos 10 milímetros de espesor que
telamón, tachuelas de cobre y restos de madera que se corresponderá al del escudo, apareciendo debajo de
ha identificado como un aplique para sujeción y sus- la planchuela con los extremos discoidales una anilla”
pensión de las correas de un escudo (cinchas de “tira- (Cabré, 1939-40: 59-60). Esta cita se refiere al mode-
col” o “telamón”) que se asocian por paralelos con las lo típico de la necrópolis celtibérica de Alpanseque,
caetras celtibéricas. donde encontramos bastantes similitudes con nuestra
En el proceso de identificación y análisis de la pie- pieza.
za ha tenido especial relevancia los resultados obteni- Por las colecciones de materiales procedentes de
dos en la limpieza y tratamiento de conservación rea- necrópolis celtibéricas, se conoce que este tipo de ob-
lizados por la restauradora del Museo de Prehistoria y jetos metálicos (anillas con grapas) se asocian fre-
Arqueología de Cantabria, Doña Eva María Pereda Ro- cuentemente a componentes de los escudos circula-
sales22. Gracias a su análisis se ha podido recomponer res o caetra, como son los umbos o manillas. Este ar-
las piezas que se hallaban sueltas, reconocer los restos ma defensiva constaba de un par de grapas gemelas
adheridos de materia lígnea en uno de los clavos y la de hierro con una anilla cada una23, que servían para
la sujeción de las correas de las que, en banderola, lle-
vaba el guerrero suspendido el escudo al hombro; o adas y la grapa, con su anilla, placas y remaches jun-
bien, para permitir liberar las manos de un jinete para to a ellas. Todo ello a 87 cm de distancia del lienzo in-
la monta y manejo de las armas; o incluso, para el terno de la muralla (Fig. 16). El contexto, por lo tanto,
amarre como asidero en el combate de un escudo de evidenciaba una relación entre el derrumbe o la fase
cuero, tal como aparece representado en una de las de uso de la muralla del castro.
esculturas ibéricas de Porcuna (Cabré, 1939-40; Lorrio, El estado de conservación obligó a emplear mate-
2005; Quesada, 1997 57-83). rial de excavación de elevada precisión y proceder a
consolidar24 las piezas antes de iniciar su extracción.
VII.1. El proceso de excavación y tratamientos Una vez levantada se continuó la excavación consta-
de conservación “in situ” tándose que ocupaba el techo del nivel estratigráfico
La particularidad de esta pieza singular reside, no 2. Su posición estratigráfica (a techo del estrato que
solo en la rareza dentro del corpus armamentístico en conforma la ruina del núcleo de tierra de la primera
el Norte de la Península Ibérica para la Edad del Hierro, fase de la muralla y bajo el derrumbe de la segunda fa-
sino en su contexto arqueológico, ya que la mayor par- se de la muralla); así como, la posición ordenada de las
te de los paralelos han sido hallados dentro de necró- tachuelas refleja que el objeto no ha sufrido procesos
polis de incineración. En este caso la anilla fue exhu- post-deposicionales.
mada durante la campaña de excavación del año
2015, en el denominado Sondeo 2, bajo el derrumbe VII.2. La restauración en el laboratorio del
de la muralla más reciente del castro de El Cincho, pe- MUPAC
Una vez extraídas y embaladas, las piezas fueron de-
positadas en el laboratorio del Museo de Prehistoria y
Arqueología de Cantabria, donde la restauradora Doña
Eva María Pereda Rosales procedió a su limpieza y tra-
tamiento de conservación. Esta labor resultó primordial
para la identificación del vestigio arqueológico.
Figura 18 y 19: Sección ideal del conjunto e identificación de las diferentes partes con el sistema de sustentación.
VII.3. Análisis del despiece escudo de El Cincho como fresno (cf. Fraxinus sp.) (Fig.
22)30. Si bien el fresno no han sido identificada como
VII.3.1. Grapa, anilla y placas de encastre a presión madera al uso en la Edad del Hierro si se conocen
La anilla de telamón de tipología de placas de en- ejemplos de escudos realizados en fresno en la Edad
castre a presión se corresponde con un fragmento (ha Media (Dickinson y Härke, 1992; Tegel et alii, 2016).
perdido la mitad de las dos placas) que conserva la ani- Según el estudio antracológico (Martín, 2016): “La
lla de hierro completa, parte de la grapa de hierro en selección de una especie u otra depende en primer lu-
“U”, dos fragmentos de las placas interior y exterior de gar de la oferta medioambiental31 y en segundo lugar
hierro y un remache de cobre hemisférico que une la de las características físicas y mecánicas de la madera.
grapa y las placas por el exterior del escudo (Figs. 18 y En el caso de los escudos parece que se valora por una
19). La grapa en “U” que sostendría la anilla, tendría parte la ligereza de la madera y por otra parte su re-
unas dimensiones de unos 42,75 mm de ancho27, es- sistencia. La madera de fresno es blanca, pesada, du-
tá formada por una varilla de hierro de sección circular ra y tenaz, de fibras largas, es excelente cuando se re-
de 3,40 mm que se adelgazaría hasta los 2,8 mm en quieren elasticidad y flexibilidad, es muy resistente al
forma de punta en sus extremos para facilitar su clava- choque y a las vibraciones, de una gran densidad y con
do en la madera del escudo. La grapa está incompleta una gran resistencia al agrietado”.
y solo conserva un fragmento adherido a la anilla y una Propiedades similares son relatadas por Plinio El
de las puntas inserta entre las dos placas y el remache. Viejo (Historia Natural 16, 43): “El fresno es muy dócil
Los dos fragmentos de las placas (solo se conserva la para cualquier trabajo, y es también mejor que el ave-
mitad) que amarran la grapa al escudo tienen forma llano para las lanzas, más ligero que el cornejo macho
que recuerda a un número “8” o dos discos28 con sen- y más flexible que el serbal, mientras que el fresno gá-
das perforaciones destinadas a inmovilizar la grapa en lico es también apropiado para los carros a causa de su
“U” y una banda que une ambos discos29, que en to- flexible ligereza. El olmo rivalizaría con él, si su peso
tal alcanzaría unas dimensiones de 68,9 mm. Estas irí- no fuera un inconveniente”32. La madera de fresno
an rematadas al exterior con una tachuela hemisférica también es idónea para la obtención de tablillas finas,
a modo de remache, elaborada en cobre y de función técnica frecuente para la realización de escudos con
decorativa. El remache posee igual tamaño (13,5 mm curvaturas y en los "scutum" romanos.
de diámetro) a las halladas en torno a la pieza del es-
cudo, de las cuales sólo se conserva una adherida a la
placa exterior. Adherido al remache de cobre se con-
serva un fragmento de un fino tubo de hierro, quizás
decorativo, que uniría ambos remaches (Fig. 20).
Figura 22: Imágenes en el MEB (microscopio electrónico de barrido) de la pieza de madera mineralizada Foto: María Martín Siejo. GEPN_AAT,
Universidad de Santiago de Compostela
jan otros elementos que fueron destruidos ineludible- la segunda mitad del siglo III d.C. con un ejemplar de
mente por las altas temperaturas (cueros, fieltros, ma- escudo rectangular en forma de teja construido me-
deras, manillas y umbos de madera, piezas pequeñas, diante tres capas de tiras entrecruzadas de madera de
etc.). No obstante, plantea otras ventajas como es la plátano (Platanus orientalis), recubierto de lino pinta-
asociación con otros ítems que facilitan su adscripción do y reborde reforzado en cuero (Bishop y Coulston,
cronológica o su caracterización. 2006: 246-247; Travis, 2015: 63-68). También se re-
Existen otros hallazgos de escudos prerromanos cuperó en este yacimiento escudos ovalados de ma-
asociados a contextos arqueológicos urbanos en la Pe- dera de álamo (Populus euphratica), formados por ta-
nínsula Ibérica (como se tratará más adelante), pero blas pegadas por los cantos y cepilladas, y forrados
no está clara su adscripción cultural (indígena o ro- con varias capas de tela, fibra vegetal, cuero o tendo-
mana de las Guerras Sertorianas). Además, en éstos nes pegados con cola (Travis, 2015: 63-68). En el lago
casos no conservan restos de madera. Illerup Ådal en Skanderborg, al este de la península de
Sobre las maderas empleadas en la elaboración de Jutlandia (Dinamarca) fueron hallados varios escudos
los escudos en la Edad del Hierro o en el Alto Imperio circulares datados a inicios del siglo III d.C. Estos fue-
Romano no es mucha la información arqueológica ron realizados con cinco u ocho tablas encoladas por
existente hasta el presente. Se conocen ejemplos de el canto de madera de aliso, roble, álamo o tilo (Ilk-
escudos con restos de madera hallados en contextos jær, 2001); entre los cuales uno de los ejemplares mos-
célticos europeos, norteafricanos o romanos; pero traba reparaciones realizadas con remaches de cabe-
siempre en modelos tipo scutum (oblongo o rectan- za hemisférica (Travis, 2015: 68-71). Un último ejem-
gular) y circulares ya en cronologías tardías (del s. III plo son los 22 fragmentos de escudos redondos ger-
d.C. en adelante). Sin embargo, hasta la fecha, se ca- mánicos del siglo III d.C. recuperados en el año 1997
recía de referencias de maderas conservadas en cae- en el páramo de Thorsberger (Süderbrarup, Anglia,
tras hispánicas. Se ha señalado una pieza romana de Schleswig-Holstein, Alemania) que fueron fabricados
principios del s. I d.C. hallada en el foro de la antigua en un 79,5% en madera de aliso, un 18% en álamo y
Asturica Augusta (Astorga) asociada a restos lígneos. un 2,5% en roble. Se trata de escudos redondos pla-
Este hallazgo se conforma por un gran tachón de nos, realizados con madera libre de nudos y forrados
bronce (sin umbo) con el borde decorado con una es- de cuero (Fischer, 1998-99: 78; Raddatz, 1987: Taf.
pecie de rayos ondulados. Sus investigadores identifi- 85)37.
caron su función de forma incierta, barajando entre No solo se han empleado tablillas de madera dis-
otras una posible adscripción con un escudo (García y puestas en capas alternas o encoladas por el canto; si-
Grau, 2008: 247-248). Entre los escudos romanos el no que, se conocen otros tipos empleando mimbre o
más conocido es el hallado en el Fayum Kasr el-Harit zarzo, elaborados mediante trabajo de técnicas de ces-
(Egipto); que si bien, se le ha relacionado con auxilia- tería, reforzados por envoltorios de cuero o fieltro.
res célticos, es un scutum plenamente romano con Uno de los escudos hallados en Dura Europos conser-
una datación imprecisa entre el siglo II a.C. y I d.C. va el cuero crudo con perforaciones donde irían aloja-
(Travis, 2015: 48-49), similar a los que aparecen en el dos palos entretejidos (Travis, 2015: 63-68). Las fuen-
altar de Domicio Ahenobarbo conservado en el mu- tes documentales y los autores clásicos citan escudos
seo de Louvre. Este escudo se realiza con tres capas de realizados con mimbre (scuta viminea) como Vegecio
tiras de madera de abedul (Betula) y una cubierta de (I, 11) o fabricados en cestería (scuta talaris) según
fieltro cosido, formando el típico escudo tipo teja, de menciona un papiro Egipcio (Bruckner y Marichal,
cuerpo convexo y bordes redondeados, con umbo y 1979: Nº 409). Se conocen más ejemplares que han
spina de madera (García, 2011: 428). El escudo del conservado la madera como los diez fragmentos de
fuerte auxiliar romano de Danum (Doncaster, Inglate- escudos recuperados en Masada -Israel- (Stiebel y
rra), del s. I d.C., de estructura rectangular de bordes Magness, 2007: 16-22); si bien, no se han realizado
redondeados35, está confeccionado con dos capas de determinaciones de las maderas utilizadas en su fabri-
roble (Quercus sp.) y aliso (Alnus sp.), reforzado con cación. En este caso se trata de scuta curvados de ma-
un umbo circular de hierro y tirantes (Buckland, 1978: dera contrachapada unida con cola y pequeños clavos
251, 268-269; Travis, 2015: 50-58). Aunque más tar- de aleación de cobre; y de un ejemplar de tablas en-
díos, destaca el conjunto de Dura-Europos36 (Siria) de coladas por el canto quizás de un escudo oval o cir-
cular (Travis, 2015: 58-62).
Se preservan restos lígneos de algunos scuta de la
Edad del Hierro Europea. Entre los hallados destaca el
35. Se ha publicado como un escudo plano, sin embargo H. y J. Travis (2015:
50-58) han puesto en duda esta afirmación decantándose por un escudo depósito de Hjortspring (Dinamarca) de mediados del
tipo teja. También destacan el uso de madera contrachapada de aliso pa-
ra absorver los golpes y el roble para darle resistencia.
36. Fueron hallados 22 escudos de formas variadas como ovales sin umbo, de
varillas de madera entretejidas en cuero, redondos levemente ovalados y
convexos, y un scutum en forma de teja (James, 2005; Travis, 2015: 63- 37. https://www.academia.edu/2369340/Das_Thorsberger_Opfermoor_Die_Mi-
68). litaria (Consulta: 3 / II / 2016).
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 175
siglo IV a.C. En este enclave se recogieron cuatro es- o sauce, el 25% de tilo y el resto de aliso, fresno, ha-
cudos de madera ligera y blanda de tilo (Tilia europaea ya, abedul, arce y roble41.
L), aliso (Alnus sp) y abedul (Betula); uno oval y tres Existe una relación directa entre el tamaño, el pe-
rectangulares con las esquinas redondeadas, realiza- so y el grosor de las tablas empleadas. Normalmente
dos en una pieza de madera, o dos o tres tablas en- se tiende a adelgazar el escudo cuanto mayor es su ta-
coladas por el canto, algunos dotados de umbos y es- maño ya que se busca un equilibrio entre la maneja-
pinas de madera (Travis, 2015: 36-37)38. En el lago bilidad y el peso; así como, la adaptabilidad a los di-
Neuchâtel (Suiza), se conocen al menos tres escudos ferentes tipos de combate (infantería ligera, infantería
ovales de la cultura de La Tène39 que han conservado pesada o caballería).
el cuerpo de madera realizado con tablas de roble al- También se conocen dos formas básicas de fabri-
bar (Quercus petraea), restos de la spina de madera y cación de los escudos con núcleo de madera; si bien,
el umbo metálico, que fueron fechados por dendro- casi no hay datos para establecer la forma de cons-
cronología en 225-220 a.C. (Conolly, 1981: 119; Gar- trucción de las caetras o escudos grandes de influen-
cía, 2011: 427; Reich, 2014: 251-252). El escudo de cia celtibérica por la ausencia de ejemplares comple-
Clonoura (Irlanda), datado en una genérica Edad del tos. En cambio, se conocen numerosos ejemplares de
Hierro, con forma rectangular, algo convexa, con las scuta o tureos en Europa y Norte de África que se han
esquinas redondeadas tiene una estructura interna re- conservado prácticamente completos y permiten re-
alizada con madera de aliso, manilla de roble y está construir su estructura interna; así como, su forma de
recubierto de cuero (Moody et alii, 2005: 147)40. elaboración. El método más común consiste en unir
En la península Península Ibérica, únicamente se ha tablas encoladas por el canto que luego son reforza-
realizado un análisis de identificación de los restos de das con envoltorios de capas sucesivas de cuero, fiel-
cenizas y carbones adheridos alrededor de los rema- tro u otros materiales vegetales (sería el caso de Alken
ches de un umbo de aletas de un escudo tipo scutum, Enge, La Téne y Vædebro). Un segundo sistema de fa-
procedente de la necrópolis del Turó deis Dos Pins (Ca- bricación, que denota una mayor elaboración y que se
brera del Mar, Barcelona). Los resultados del estudio asocia regularmente42 a escudos curvos, lenticulares o
de caracterización taxonómica identificaron la made- en forma de teja, consiste en aplicar varias capas de
ra de encina (Quercus Ilex) (García Roselló, Zamora y tablillas encoladas dispuestas a 90º una sobre otra. Pa-
Pujol, 1998: 317). ra este método, se emplean tiras de maderas que se-
Según Rapin (Brunaux y Rapin, 1988: 15) el uso de an flexibles con el fin de dotar de la curvatura necesa-
diferentes maderas en la confección de los scuta tie- ria. Este es el caso del escudo de Fayum Kasr-el-Harit,
nen como finalidad dotar de características esenciales elaborado en madera de abedul. No obstante, el sis-
a cada una de estas armas pasivas. Las maderas blan- tema de tablillas encoladas en varias capas también se
das y ligeras como el tilo o el abedul son aptas para emplea para la fabricación de escudos ovales y planos
otorgar flexibilidad, junto con el acarreo de un peso como es el caso de Dura Europos realizado con tiras de
ligero; mientras las maderas duras y pesadas, como plátano oriental (Stiebel y Magness, 2007: 16-22). En
son el roble o la encina, dotan de dureza y resistencia conclusión, se puede afirmar que se emplean diferen-
al escudo (García, 2011: 428). tes tipos de maderas según la funcionalidad, tamaño
Según un estudio realizado por J. Watson (1995) o manejabilidad (criterios prácticos y funcionales) en
sobre escudos sajones de los siglos V-VII d.C., que nos relación con el peso del escudo, su dureza o resisten-
sirve para comparar la colección de maderas emplea- cia. En el caso de la madera de fresno utilizada para la
das, sobre un total de 148 escudos, el 50% era chopo fabricación del escudo del castro de El Cincho es posi-
ble que fuera elegida por su función de maleabilidad,
resistencia y flexibilidad, bien en forma de finas lamas
entrecruzadas o en tablas molduradas encoladas, qui-
zás para darle cierta curvatura o concavidad al escudo.
El propio Plinio El Viejo (s. I d.C.) en su Naturalis
38. Se hallaron más de cincuenta ejemplares (Quesada, 1997: 534). historia (16, 77) relata las maderas más apropiadas pa-
39. Se conservan en el museo Latenium (Neuchâtel). El número de escudos ra la elaboración de los escudos:
hallados asciende a 29 (Torres-Martínez, 2011: 461). “Los árboles que tienen la madera más fría son to-
40. Se conocen más ejemplares, en especial umbos lenticulares; si bien, no se dos aquellos que crecen en el agua, pero los más fle-
ha caracterizado el tipo de madera empleada. Por ejemplo, el umbo len- xibles, y por esta razón los más apropiados para hacer
ticular de Kvarlov (Scania, Suecia) fechado entre el 780-400 a.C. (Mar-
tens, J. 2001: 140). Recientemente, se ha hallado un ejemplar de escudo
ovalado tachonado en madera del s. I d.C. en Alken Enge, Dinamarca
(Mattias, 2015: 38-39) http://www.museumskanderborg.dk/Alken_Enge-
451.aspx. (Consulta: 3 / II / 2016). También está el escudo ovalado y ta-
chonado de Vædebro, Skanderborg (Alemania) fechado entre el s. I a.C.
y el I d.C. (Ilkjær, 2001: 356-358, fig. 319; Kontny, 2008: 126).
42. Aunque también se han empleado en la fabricación de escudos planos o
41. Agradecemos a Yeyo Balbás la información, apuntes y sugerencias en es- circulares en dos o tres capas. Véase el ejemplo de Masada (Stiebel y Mag-
te apartado. ness 2007: 16-22).
176 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …
45. Una tachuela más apareció un tanto desplazada, a 8,5 cm de las ante-
riores, que igualmente podía formar parte de ese juego de decoración.
Figura 26: Evolución cronotipológica de los escudos y los sistemas de enganche del sistema de tiracol del escudo. Elaboración a partir de la
tabla comparativa de armas de la meseta de F. Quesada (2010: 55).
nillas de aletas y de tipo cinta con gusanillo o incluso El sistema de fijación del telamón al escudo típica-
simplemente doblada. En concreto, este último tipo mente celtibérico se realiza con grapas, con o sin ani-
es típico de la meseta oriental y occidental, datándo- llas, separadas del sistema de agarre con manilla. Se
se desde la últimas décadas del s. IV hasta los ss. III-II conocen varias variantes que es posible agrupar en dos
a.C. (Quesada, 1997: 506). tipologías básicas. Un modelo, a priori más antiguo,
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 179
Figura 27 y 28: Disposición de la pieza en el interior del escudo (Dibujo: Manuel García Alonso). Reproducción experimental realizada por el
equipo del proyecto El Cincho de un escudo circular grande con el sistema de placas, grapa y anilla para el tiracol.
basado en un sistema de grapa en “U” con anilla y con a.C., como por ejemplo la sepulturas 12 y 20 de Al-
una o dos placas de encastre a presión que se rema- panseque, Almaluez, Quintanas de Gormaz, La Mer-
tan al exterior con remaches circulares, hemisféricos o cadera y Aguilar de Anguita (Quesada, 1997: 508-
de forma estrellada. Y un segundo grupo formado por 510). En una segunda fase, durante todo el siglo IV
los denominados escudos de tipo Miraveche-Monte a.C., comienzan a aparecer ejemplares como el que
Bernorio que únicamente disponen de grapas (sin ani- aquí nos ocupa con dos placas que esporádicamen-
lla) donde se fija el telamón (Fig. 26). te se asocia a umbos de hierro con apéndices radia-
La pieza hallada en el castro de El Cincho se en- les o Tipo II (Quesada, 1997: 511-514), aunque tam-
marca en el grupo de anillas de sustentación con gra- bién a grandes tachones como un ejemplar de la ne-
pa en “U” y con placas de encastre a presión, que crópolis de Griegos, Teruel (Cabré, 1939-40: Lam. II).
aparecen frecuentemente en la necrópolis de incine- Ejemplares de este tipo se han hallado en las necró-
ración celtibéricas con diferentes variantes (Fig. 27 y polis de La Mercadera (sepultura 14), Gormaz, Grie-
28). Usualmente este tipo de anillas aparecen aso- gos (tumba 3 asociada a un gran tachón de bronce),
ciados a umbos de escudo del tipo “grandes tacho- Atienza (tumba 13) y la necrópolis de Aguilar de An-
nes de bronce” (grupo I del s. V a.C. en la tipología guita (Tumba A y B) e incluso en la Tumba C asocia-
de F. Quesada (1997: 508-509) o a umbos de “ter- da a un umbo de apéndices radiales (Lorrio, 2005:
minales radiales de hierro” (Grupo II de mediados del 160-171). El ejemplar más reciente aparece en la
s. V a.C. hasta finales IV a.C. en la tipología de F. Que- tumba 5 de la necrópolis Viñas de Portuguí de Osma
sada 1997: 511-514). No se asocian a manillas de (Soria) datada en el siglo III a.C. (Fuentes, 2004: 152,
hierro; ya que muy posiblemente debían ser confec- 168 y 173-174; Schüle, 1969: Tafel 63). Este sistema
cionadas en madera u otros materiales perecederos. de placas y anillas parece que empieza a sustituirse
Sin embargo, esta tipología de anillas de sustenta- en el siglo III a.C. por una simple anilla de hierro re-
ción no siempre aparece asociada a umbos, sino que machada al cuerpo del escudo con una grapa que lo
frecuentemente aparecen aisladas (Lorrio, 2005: Ta- atraviesa y dobla las puntas en el exterior (Cabré,
bla 1 y 2, Apéndice I, pieza nº 47) lo que puede in- 1939-40: Lam. XXI) o en la tipología denominada
dicar que los escudos donde se insertaron carecían Monte Bernorio, por abrazaderas o grapas rectangu-
de él o estaban confeccionados en madera quizás del lares sobre caetras pequeñas del s. IV al II a.C. (Ruiz,
tipo spina. Fernando Quesada Sanz llega a definir a 2005: 33 y 75).
este tipo de anillas como un sistema de suspensión No obstante, la cronotipología, desde nuestro pun-
para el telamón característico de la Meseta con larga to de vista, no debiera ser atendida de forma categó-
perduración cronológica y tipológicamente encua- rica, ya que se trata de piezas metálicas escasas en
drados en el Grupo VI o “Manillas independientes del cuanto a número, de procedencia cuestionable y en
sistema de telamón” (Quesada, 1997: 508). A juzgar su mayoría en ausencia de contextos con datación ab-
por las evidencias exhumadas en las diferentes ne- soluta.
crópolis parece que este tipo evoluciona desde piezas
con placa al interior y remache al exterior (circular o VII.5. Una aproximación al escudo
estrellado) asociado al grupo de los grandes tachones La interpretación de las evidencias arqueológicas
(Tipo IA) de bronce del s. V a.C. a principios del s IV como es la disposición en planta y distribución de las
180 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …
51. Cyrtias es combado en griego. Hay algún autor que plantea que puedan
48. Isidoro, Etimologías, XVIII, 12. Es de gran tamaño, así llamado porque ser escudos trenzados con mimbre (Quesada, 1997: 524) ya que la pala-
“escuda” (clipeare) o protege el cuerpo y lo pone a cubierto de los peli- bra también alude a algo trenzado.
gros.
52. Entre otros Rueda, 2012: 269, 273, 275, 277, 279, 281 y 283; Cabré,
49. Se conocen más modelos del mundo romano y prerromano pero que es- 1939-40: Láms. I y XVIII.
capan al hilo conductor de este artículo: pelta, escudos planos hexago-
nales, etc. 53. Arriano, Tact. XL, 1-12.
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 181
sada, 1997: 527) y les permitiera tener las manos li- niendo ni abrazadera ni asa (propax y antilabé)”. La re-
bres para lanzar los proyectiles con una y sostener presentación artística de escudos cóncavos en la cerá-
haces de ellos en la otra. Portar pesados escudos col- mica pintada ibérica y la escultura prerromana de la
gados del hombro permite a la infantería caminar Península Ibérica muestra pequeñas rodelas de apenas
sin tener que sostenerlo con la mano, evitar su caí- 40 cm de diámetro (salvo en el caso de la cerámica de
da durante el combate o huir en los combates de Liria donde parecen mayores) pero no se conocen es-
guerrilla salvaguardándose la espalda55. cudos cóncavos del tamaño de la estela Zurita. Véase
Silio Itálico cuando habla de los pueblos montañe- el caso del broche de cinturón de La Osera, el pomo de
ses del norte dice que las caetrae de la juventud gue- puñal de la sepultura 32 de Las Ruedas, las esculturas
rrera cántabra lanzaban destellos: effulget caetrata iu- de los guerreros Galaicos, la cerámica de Liria, los ex-
ventus; Cantaber ante alios… (Silio Itálico, IX, 229- votos ibéricos (Quesada, 1997: 527-528) o las mone-
232, en Peralta, 2000: 188-189), lo que hace suponer das de Carisio realizadas con posterioridad a las gue-
que contaban con elementos metálicos que reflejaban rras Astur-Cántabras y los denarios del cónsul Coelio
la luz, quizás grandes umbos de hierro o tachones de Caldo acuñados por su nieto en el 51 a.C. donde apa-
bronce, y/o numerosas tachuelas de cobre que recu- recen caetras levemente cóncavas con umbo (Peralta,
brirían la parte externa del escudo, como parece ser el 2009: 90-91). Un escudo tan grande, sin umbo y cón-
modelo encontrado en El Cincho. Siguiendo a Silio Itá- cavo, no sería efectivo para el combate de infantería
lico: sobre estos elementos metálicos se golpeaban las pesada pues dejaría expuestos los flancos, favorecien-
armas al entrar en combate por lo que se les denomi- do la concentración de los golpes sobre el brazo del
naba “caetrae sonoras” (Silio Itálico, III, 348; X, 229- guerrero, resultando difícil de manejar por su propio
230; XVI, 30-20). Sin embargo, dado el carácter lite- peso, ya que tendería a balancearse hacia adelante y
rario de la narración de Silio Itálico hay que tomarse hacia abajo al sujetarlo por un asa que debía estar re-
estos datos con las debidas reservas, ya que ciertos da- traída al carecer de umbo. Los casos antes apuntados;
tos han podido adornarse retóricamente. así como, cuatro ejemplos arqueológicos, en especial
El referente o paralelo más cercano, en cuanto a las manillas de aletas de escudos planos ibéricos del s.
un escudo redondo de tamaño grande, es el que apa- IV a.C. que se doblan levemente en el borde hacia
rece representado en la estela discoidea gigante de Zu- afuera55 y la discutible hipótesis de Cabré (1939-40:
rita de Piélagos (Fig. 29). En ella han sido tallados dos 71) sobre los terminales de los tirantes de escudo tipo
escudos circulares grandes, cóncavos y sin umbo en la Monte Bernorio, indican su existencia como escudos
parte superior de la escena y en la parte inferior de la cóncavos de tamaño pequeño. La cerámica de Liria
estela un posible guerrero yacente que aún porta su muestra a guerreros combatiendo con el brazo casi ex-
caetra (Peralta, 2000: 189-190). Parece apreciarse en tendido portando escudos de tamaño mediano con
los desgastados bajorrelieves que los escudos circula- una pronunciada concavidad; lo que lleva a considerar
res penden de los hombros de los guerreros median- que en estos casos, su tamaño debía ser pequeño y su
te correas. Sin embargo, aunque la existencia de es- fabricación debió emplear materiales ligeros (cuero,
cudos cóncavos en cóncavos tipo caetra constatado mimbre, etc.) para permitir mover el brazo con soltu-
por su nutrida representación iconográfica en la es- ra. Su función se encontraba en mantener alejado al
cultura ibérica y lusitana, cerámicas ibéricas, orfebre- máximo al atacante; si bien, su concavidad parece ha-
ría, numismática romana; así como, en las fuentes es- berse exagerado, como probablemente lo hacen con
critas; sin embargo, se plantean varias incertidumbres su dimensión. Este tipo de solución cóncava sobre es-
sobre el tipo de escudo reflejado en dicha estela (con cudos grandes únicamente puede explicarse por una
una dimensión que cubre desde los hombros a las ro- utilidad práctica para caballería, ya que podría permi-
dillas y carente de umbo). Hay bastante bibliografía tir ajustar el escudo al cuerpo y liberar así la pierna del
sobre la existencia de escudos cóncavos que básica- roce del escudo. También cabe la posibilidad que el es-
mente ha sido recopilada y valorada por Fernando cudo representado sea en realidad un escudo plano
Quesada (1997: 527-528). Estrabón (29 a.C. aprox.) con reborde reforzado, tal como aparece representa-
al referirse a los Lusitanos (III, 3, 6-7) dice: “usan una do en una de las estelas Numantinas conservadas en el
pequeña rodela que tiene un diámetro de dos pies museo homónimo. Por último, una última explicación
(unos 60-66 cm) y es cóncava por delante (Koilon esi pudiera encontrarse en la utilización de materiales li-
to prosthen), y se maneja por correas, (telamón) no te- geros en su fabricación (mimbre, cuero, etc.) lo que
hubiera permitido moverlo ágilmente durante el com-
Figura 30: Diferentes tipos de escudos utilizados por los pueblos de la meseta y del norte en la segunda mitad de IIª Edad del Hierro. El cen-
tral interpretación del escudo de El Cincho con indicación de las piezas halladas.
bate. Sin embargo, esta confección liviana restaría po- que vienen de lejos y los asestados de cerca; son es-
der de resistencia en el escudo; más si cabe, cuando en cudos con los que se puede contar. Los romanos lo
este tipo de combate se requiere la protección de la comprobaron y lo imitaron al punto. Ellos, más que
mayor parte del cuerpo de forma estática frente a los cualquier otro pueblo, cambian fácilmente sus cos-
envites, empujones y punzadas del enemigo. En cual- tumbre e imitan lo que es mejor que lo suyo”57.
quier caso, si los escudos fueron tal como son repre-
sentados en la estela de Zurita no existe ninguna evi- VII.5.2. El escudo circular como arma de defensa
dencia arqueológica56 (Quesada, 1997: 528). Es posi- pasiva: dos tamaños, dos formas de combate para
ble que estos escudos representados en la estela sean la infantería. El escudo de caballería
los escudos de cuero citados por Polibio en el siglo II El escudo es parte del equipamiento básico de la
a.C. (Historias, VI, 25) para la caballería romana ante- guerra en la antigüedad enmarcándose en lo que se
rior a la conocida por él, ya que fueron sustituidos por denomina armamento pasivo o de protección junto
el modelo griego (Thureos ovalado o bien clipeus si- con las armaduras, grebas y cascos. Si bien, éste pue-
milar a la caetra): “Los jinetes romanos usaban tam- de ser usado como arma para golpear al enemigo.
bién antes unos escudos confeccionados con piel de Los escudos varían en la forma, material, perfil y
toro, muy semejantes a las tortas en forma de ombli- tamaño adaptándose al modo de combate guerrero
go que se ofrecen en los sacrificios. Pero estos escudos (caballería, infantería pesada o ligera, guerrilla o ba-
eran casi inservibles en caso de ataque, porque no te- talla campal), reconociéndose una evolución en el
nían ninguna solidez; cuando las lluvias han enmohe- tiempo, desde los escudos circulares de finales de la
cido la piel y ésta se destroza, pierden la poca utilidad Edad del Bronce hasta las influencias del mundo me-
que antes tenían. Por eso, porque la experiencia no les diterráneo y céltico.
recomendó aquellas armas, los jinetes romanos adop- Los escudos circulares responden a dos tipos bási-
taron muy pronto el equipo griego... Lo mismo cabe cos relacionados con su tamaño. Los escudos circula-
decir de los escudos griegos: resisten bien los golpes res pequeños o caetras se asocian con la infantería li-
gera o caetrati donde es necesario manejar el escudo
de manera ágil en la lucha cuerpo a cuerpo en forma-
ción abierta (concursare) o en la lucha de guerrillas en
56. Una posibilidad que no se ha apuntado son los convencionalismos en la
representación gráfica de los escudos. En la escultura romana se tiende a
reducir el tamaño del escudo para resaltar la figura humana (Bishop y
Coulston, 2006: 1-22). ¿En el caso de la escultura indígena hispana cabría
la posibilidad que los escudos se les aumentase su tamaño dado que cons-
tituyen un elemento importante en su panoplia guerrera?
57. Polibio, Historias, Libros V-XV, Traducción y notas, Manuel Balasch Recort 58. También se conocen representaciones de jinetes que portan escudos pe-
(1981), Biblioteca Clásica Gredos, 43, Editorial Gredos. queños como en el caso de la Diadema de Moñes.
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 183
Figura 31: Curva de calibración de la fecha de 14C-AMS de un car- Figura 32: Recreación de la posición del escudo sobre el plano de la
bón hallado junto al escudo. excavación, en la parte interna de la muralla del castro.
sición estratigráfica de las piezas del escudo justo en pieza nos ilustra como en la costa de cantábrica se em-
zona de contacto entre ambos estratos, pero dentro plean modelos de panoplia bien constatados en la cul-
del estrato asociado a la primera fase de la muralla, en tura celtibérica y su área de influencia, en principio en-
nuestra opinión cabe relacionarla con un momento del marcados cronológicamente entre inicios del siglo VI
funcionamiento de esta fase edilicia o muralla de tipo a.C. a finales del III a.C. La gran mayoría de los escu-
muro gálico.. dos de la cultura celtibérica derivan de su hallazgo en
Al observar la posición estratigráfica en la que apa- contextos funerarios64, como son las necrópolis de in-
reció la singular pieza (a pie de muralla, y bajo su de- cineración, rara vez provenientes de su descubrimien-
rrumbe), se plantean varias hipótesis explicativas: en to en escenarios bélicos o protourbanos. Es singular
nuestra opinión cabe relacionarla con un momento del por cuanto se asocia a un contexto poliorcético de una
funcionamiento de esta fase edilicia o muralla de tipo muralla de un castro del periodo de la Edad del Hierro
muro gálico. Una segunda interpretación es que la ani- II o época del pueblo indígena de los cántabros. Se
lla fuese coetánea con el propio derrumbe de la mu- trata del primer escudo cántabro encontrado dentro
ralla. Se maneja la posibilidad de la utilización simbó- de la circunscripción autonómica de Cantabria. Tam-
lica de la muestra de escudos en la coronación del bién es el primer escudo de tipología de caetra que ha
adarve de la muralla62. Igualmente, es posible que el permitido analizar la madera empleada en su cons-
escudo se hallase colgado en una casa, no constatada, trucción, en este caso fresno. Es por todo ello, que se
adosada a la muralla63 o cabe la posibilidad que se re- sostiene que el vestigio posee un indudable valor mu-
lacione con el último momento de uso de la fortifica- seográfico.
ción, quizás durante su colapso, fruto del abandono o En Santillana del Mar, a 14 de Junio de
de un asedio. 2016. Víspera del comienzo de una nueva
La escasa riqueza que proporciona este tipo de campaña arqueológica.
asentamientos castreños en cuanto a materiales ar-
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el exterior de las almenas de una torre de asedio. 64. El marco funerario ofrece ítems procedentes de un contexto postdeposi-
cional, fruto de la recogida de la pieza incinerada y posteriormente se-
63. La posibilidad que la pieza se asocie a una estancia o lugar habitacional pultada en la fosa. El caso de la pieza de El Cincho es distinto, ya que se
adosado a la fábrica de la muralla por el interior tampoco está clara, ya halló “in situ”; por lo que, se han podido conservar elementos sumamente
que precisamente en esta zona del castro se sitúa una profunda dolina endebles como son las tachuelas ornamentales de cobre y vestigios líg-
que no deja margen para la instalación de viviendas, salvo un pequeño pa- neos, objetos que mayoritariamente se pierden en el proceso de incine-
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