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El documento presenta un índice de un libro que contiene artículos sobre diferentes temas de arqueología e historia de España y Portugal, incluyendo el Paleolítico, la Prehistoria Reciente, la Protohistoria, la época romana, la Tardoantigüedad y la Edad Media, las Edades Moderna y Contemporánea, y el arte rupestre. Cada artículo analiza hallazgos y sitios arqueológicos específicos o temas generales de un período determinado.
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XIX

años 2014
INDICE / INDEX

IN MEMORIAM . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 9-18

I. PALEOLÍTICO / PALAEOLITHIC

La unidad solutrense de la cueva de “El Castillo” (Cantabria, España)


The Solutrean Unit in cueva de El Castillo (Cantabria, Spain)
Federico BERNALDO DE QUIRÓS, Pedro CASTAÑOS, Ana NEIRA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 21-26

Estudio y revisión de la fauna de la cueva de Altamira (Santillana del Mar, Cantabria)


Study and review of the fauna from Altamira cave (Santillana del Mar, Cantabria)
Pedro CASTAÑOS UGARTE, Jone CASTAÑOS DE LA FUENTE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 27-64

Prospección arqueológica en la costa occidental del municipio de San Vicente de la Barquera


(Cantabria): resultados e interpretación
Archaeological research on the west coast of San Vicente de la Barquera: Research and interpretation
José Luis RIVERA COBO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 65-80

Primeras evidencias arqueológicas del paleolítico superior en la cuenca alta del Guadiana (Ciudad Real)
First Archaeological Evidence of the Upper Palaeolithic in the Upper Guadiana Basin (Ciudad Real)
Carmelo FERNÁNDEZ CALVO, Antonio GÓMEZ LAGUNA, Honorio J. ÁLVAREZ GARCÍA,
Ramón MONTES BARQUÍN, Emilio MUÑOZ FERNÁNDEZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 81-92

II. PREHISTORIA RECIENTE / RECENT PREHISTORY

El Neolítico y Calcolítico al aire libre en Camargo (Cantabria)


Open-air Neolithic and Chalcolithic Sites in Camargo (Cantabria)
Silvia SANTAMARÍA SANTAMARÍA, José Manuel MORLOTE EXPÓSITO, Ramón Montes BARQUÍN,
Emilio MUÑOZ FERNÁNDEZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 95-112

La cerámica en la región cantábrica entre el V y el IV milenio cal BC: contextos de


aparición y secuencias de manufactura
Pottery in the Cantabrian region in the 5th and 4th Millennia cal BC: contexts in which it is found and manufacturing
sequences
M. CUBAS, C. VEGA-MAESO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 113-126

Biografía de una vajilla de la Edad del Bronce


Biography of Bronze Age Crockery
Carmen ALONSO FERNÁNDEZ, Javier JIMÉNEZ ECHEVARRÍA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 127-138

Estudio arqueometalúrgico del depósito de hachas de talón de Distriz (Monforte de Lemos, Lugo)
Archaeometallurgical study of the Distriz palstave hoard (Monforte de Lemos, Lugo)
Ignacio MONTERO RUIZ, Óscar GARCÍA-REVUELTA, Xosé-Lois ARMADA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 139-156
III. PROTOHISTORIA / PROTOHISTORY

El hallazgo de un escudo de la Segunda Edad del Hierro en el Castro de “El Cincho”


(Barrio de Yuso, Santillana del Mar, Cantabria)
Find of a Late Iron Age Shield at “El Cincho” Hillfort (Barrio de Yuso, Santillana del Mar, Cantabria)
Lino MANTECÓN CALLEJO, Javier MARCOS MARTÍNEZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 159-186

La naturaleza salvaje en el mundo vacceo: imagen y símbolo


Wild nature in the Vaccaean world: image and symbol
Juan FRANCISCO BLANCO GARCÍA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 187-218

El silo celtibérico de “La Plaza de la Ballena” o “del Patroncillo” de Roa (Burgos): un vaso gris céreo
The Celtiberian Silo in “Plaza de la Ballena” or “del Patroncillo”, Roa, Burgos. A shiny grey vase
Ignacio RUIZ VÉLEZ, Adelaida RODRÍGUEZ RODRÍGUEZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 219-234

Nuevos testimonios de cerámica griega en el yacimiento de Calatrava La Vieja


(Carrión de Calatrava, Ciudad Real)
New findings of Greek pottery in the deposit of Catatrava La Vieja (Carrión de Calatrava, Ciudad Real)
Pedro MIGUEL NARANJO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 235-246

IV. ÉPOCA ROMANA / ROMAN PERIOD

Nuevos escenarios del Bellum Cantabricum: aportaciones a la geografía de la conquista


romana de Cantabria
New scenarios of the Bellum Cantabricum: contributions to the geography of the Roman conquest of Cantabria
José Ángel HIERRO GÁRATE, Enrique GUTIÉRREZ CUENCA, Rafael BOLADO DEL CASTILLO . . . . . . . . 249-260

La Terra Sigillata de Iuliobriga. Un estado de la cuestión


Terra Sigillata from Iuliobriga (Cantabria). The State of the Art
Juan Andrés ÁLVAREZ SANTOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 261-282

Una moneda gala en el horizonte de las Guerras Cántabras. El bronce de Contoutos exhumado
en el yacimiento arqueológico de Dessobriga (Osorno, Palencia - Melgar, Burgos)
A Gallic coin in the time of the Cantabrian Wars. The Contoutos bronze found at the archaeological site of
Dessobriga (Osorno, Palencia - Melgar, Burgos)
Margarita TORRIONE, Simon CAHANIER . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 283-298

El urbanismo de la Pallantia romana a través de las intervenciones arqueológicas urbanas


Urbanism in Roman Pallantia through urban archaeological research
Gregorio J. MARCOS CONTRERAS, Miguel Ángel MARTÍN CARBAJO,
Jesús Carlos MISIEGO TEJEDA, Francisco Javier SANZ GARCÍA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 299-316

Marcas ante cocturam sobre cerámica común romana procedentes del Municipium
Calagurris Iulia Nassica (Calahorra, La Rioja)
Ante cocturam marks on Roman common pottery from Calagurris Iulia Nassica Municipivm (Calahorra, La Rioja)
Rosa Aurora LUEZAS PASCUAL . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 317-330

Recientes hallazgos de pinjantes equinos y otros objetos de bronce de carácter militar en


Tarraco y en su territorium más cercano
Recent Finds of Horse Harness Decorations and other Military Bronze Objects in Tarraco and its immediate territorium
Josep Francesc ROIG PÉREZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 331-340
Aplique romano esmaltado de cinturón militar procedente de Torreparedones (Baena, Córdoba)
Enamelled Brooch probably from a Roman Military Belt from Torreparedones (Baena, Córdoba)
Eduardo KAVANAH, José Antonio MORENA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 341-350

Interfaces culturais: Tomar-Cidade (Portugal)


Cultural interfaces: Tomar-City (Portugal)
Salete DA PONTE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 351-362

Materiais cerâmicos de construção Seilium (Tomar, Portugal)


Ceramic construction materials from Seilium (Tomar, Portugal)
Ricardo TRIÃES, Salete DA PONTE . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 363-370

V. TARDOANTIGÜEDAD Y MEDIEVO / LATE ANTIQUITY AND MEDIEVAL PERIODS

Pin beaters bajo la lupa. Análisis tecnológico y funcional de los punzones de tejedor de las
cuevas del Portillo del Arenal y del Linar (Cantabria)
Pin beaters under scrutiny. Technological and functional analysis of the pin beaters from the Portillo del
Arenal and Linar caves (Cantabria)
Daniel GARRIDO PIMENTEL, Enrique GUTIÉRREZ CUENCA, José Ángel HIERRO GÁRATE . . . . . . . . . . . 373-390

Epigrafía de la muerte en la Alta Edad Media: revisión y nueva lectura del epitafio de la
cubierta de sarcófago de Bárcena de Ebro (Valderredible, Cantabria)
Epigraphy of death in the early Middle Ages: review and new interpretation of the sarcophagus cover
epitaph from Barcena de Ebro (Valderredible, Cantabria)
Alberto PEÑA FERNÁNDEZ. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 391-406

Torres y castillos bajo y plenomedievales en la cuenca del Saja (Cantabria).


Una aproximación arqueológica
Medieval castles and towers in the Saja valley (Cantabria). An archaeological approach
J. RUIZ COBO, A. RUBIO CELEMÍN . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 407-434

Estudio de los restos humanos de la necrópolis medieval de “El Campo” (San Miguel de Aguayo,
Cantabria)
Study of the human remains from the medieval necropolis of “El Campo” (San Miguel de Aguayo, Cantabria)
Silvia CARNICERO CÁCERES . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 435-444

VI. EDADES MODERNA Y CONTEMPORÁNEA / MODERN AND CONTEMPORARY AGES

Estudio antropológico de los restos humanos de la iglesia de Santa María del Torrentero
(Villalaín, Burgos)
Anthropological research on human remains from the church of Santa Maria del Torrentero (Villalaín, Burgos)
María Edén FERNÁNDEZ SUÁREZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 447-468

VII. ARTE RUPESTRE / ROCK ART

Despieces ventrales “en M” en las representaciones peninsulares de équipos superopaleolíticos


Ventral quartering “in M” in the peninsular representations of Paleolithic equids
Carlos VÁZQUEZJ MARCOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 471-500
Sur une gravure anthropomomorphe de «tête pointure» et le cadre chronologique régional des
expressions artistiques préhistoriques du Tiris (Sahara Occidental)
About an anthropomorphic engraving of “pointed head” and the chronological regional framework of prehistoric
artistic expressions in Tiris (Western Sahara)
Andoni SÁENZ DE BURUAGA . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 501-512

VIII. CONSERVACIÓN DEL PATRIMONIO / CONSERVATION OF HERITAGE

El estudio radiográfico como herramienta de trabajo en la intervención del casco de Zama (Albacete)
X-ray study as a working tool in the restoration of the Zama helmet (Albacete)
Joaquina LEAL PÉREZ-CHAO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 515-522

IX. VARIA / VARIOUS

Excursión cienfífica de 1899 a la cueva prehistórica de La Puntida (Miera, Cantabria, España) y


anotaciones a historiografía de la cueva del Salitre, y de Covalanas y El Haza
(Ramales de la Victoria, Cantabria)
1899 Scientific Excursion to the prehistoric cave of La Puntida (Miera, Cantabria, Spain) and annotations to the
historiography of the nearby Salitre, and Covalanas and El Haza (Ramales de la Victoria, Cantabria)
Virgilio FERNÁNDEZ ACEBO . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 525-538

Arqueología subacuática en Cantabria. Estado de la cuestión. Resultados en Castro Urdiales


Underwater Archaeology in Cantabria. Current situation. Results in Castro Urdiales
Virginia FERNÁNDEZ CARRANZA, Rebeca GARCÍA DE LA CRUZ, Manuel GARCÍA SALIDO . . . . . . . . . 539-546

La acumulación de osos de las cavernas (Ursus Spelaeus, Rossenmüller-Heinroth) de la


Cueva de Guantes (Palencia)
The cave bear (Ursus spelaeus, Rossenmüller-Heinroth) assemblage from Cueva de Guantes (Palencia)
Jesús RODRÍGUEZ, Ana MATEOS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 547-554

Estudio de los restos de un esqueleto de oso pardo procedente de la sima Alberich (Palencia)
Study of the Remains of a Brown Bear Skeleton from Sima Alberich (Palecia)
Trinidad TORRES PÉREZ-HIDALGO, José Eugenio ORTIZ MENÉNDEZ, Yolanda SÁNCHEZ-PALENCIA,
Gonzalo ALCALDE CRESPO, Carmelo FERNÁNDEZ IBÁÑEZ . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 555-562

X. RESEÑAS / REVIEWS . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 563-576

Información Editorial / EDITORIAL INFORMATION. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . 577-584


Sautuola / XIX
Instituto de Prehistoria y Arqueología “Sautuola”
Santander (2014), 159 - 186

El hallazgo de un escudo de la Segunda Edad del Hierro


en el castro de "El Cincho"
(Barrio de Yuso, Santillana del Mar, Cantabria)

Find of a Late Iron Age Shield at "El Cincho" Hillfort


(Barrio de Yuso, Santillana del Mar, Cantabria)

Lino MANTECÓN CALLEJO1


Javier MARCOS MARTÍNEZ2
RESUMEN
El hallazgo de un conjunto de piezas de sustentación de una correa (tiracol) de un escudo circular, tipo caetra grande, en el castro pro-
tohistórico de El Cincho en Santillana del Mar es uno de los primeros indicios de este tipo de armamento defensivo en la actual Cantabria. La
importancia del mismo reside en que representa una de las exiguas recuperaciones de vestigios de panoplia procedente de un contexto ur-
bano, en este caso relacionado con la muralla del castro, cuando la práctica totalidad emanan de entornos funerarios de necrópolis de inci-
neración, lo que ocasiona la perdida de restos orgánicos por la combustión. Excepcionalmente se ha hallado un clavo del escudo con restos
lígneos adheridos que han sido identificados como madera de fresno. Una datación absoluta del nivel arqueológico ofreció una fecha de 375
al 203 cal a.C.

ABSTRACT
The discovery of a set of pieces for holding a strap of a large caetra-type of circular shield, at the protohistoric hillfort of “El Cincho” in San-
tillana del Mar (Cantabria, Spain) is one of the first finds of this type of defensive weaponry in the modern Cantabria. It represents one of the
few discoveries of panoply remains in a proto-city settlement context, in this case related with the hillfort wall, when most often they are found
in a funerary archaeological context (cremation cemetery), causing the loss of organic remains by combustion. Exceptionally, we have found
a shield nail with remains of wood that has been identified as ash-tree. An absolute dating of the archaeological level gave a date of 375 to
203 cal B.C.

Palabras clave: Anilla de tiracol. Caetra. Castro. Edad del Hierro. Escudo. Muralla.

Keywords: Caetra. Hillfort. Iron Age. Rampart. Shield. Shield strap.

I. INTRODUCCIÓN castros, un oppidum. Su localización en el curso bajo


El reciente hallazgo3 del castro costero de El Cin- del río Besaya, suscita la posibilidad de encontrarnos
cho, en la cumbre más alta del barrio de Yuso (muni- con el centro protourbano o cabeza de un “populi”4.
cipio de Santillana del Mar, Cantabria, España) ha su- El dominio visual obtenido desde la cima del altozano
puesto una nueva referencia en el panorama de la in- es extraordinario (razón que justifica en última instan-
vestigación de la Edad del Hierro en Cantabria. Se ha cia la elección como sede del asentamiento protohis-
contribuido en el cambio de perspectiva en cuanto a tórico); más si cabe, para un paisaje montañoso y ac-
la distribución territorial de los castros ya que existía un cidentado como es la geografía de la región central de
inusual vacío de asentamientos en la franja costera. la Cornisa Cantábrica5 (Fig. 1).
Asimismo, El Cincho es considerado, atendiendo a su
extensa dimensión, ubicación geo-estratégica y con-
4. Tradicionalmente la historiografía arqueológica ha manejado la hipótesis
formación de estructuras poliorcéticas, un castro de que estas tierras fueron habitadas por el "populi" de los Blendios o Plentu-
sios, donde a los primeros se les atribuye un territorio que va desde el va-
lle de Campoo (las fuentes del Ebro) hasta el valle del Besaya. El pueblo de
los blendios ha sido inferido a partir del topónimo Portus Blendium (habi-
tualmente identificado con la localidad costera de Suances). El "populi" de
1. Proyecto Arqueológico castro El Cincho. los blendios no aparece citado en las fuentes escritas, como sí lo hacen los
Correo electrónico: linomantecon@gmail.com Plentusios (esta temática ha sido señalada recientemente por el investiga-
dor Diego Pedrajo Ceballos -en prensa-). Cabe la posibilidad que la zona al-
2. Proyecto Arqueológico castro El Cincho. ta del Besaya pudiese encuadrase dentro del territorio Salaeno.
Correo electrónico: arqueogestion.marcos@gmail.com
5. El análisis de la cuenca visual obtenida desde el castro, elaborada por el ge-
3. La existencia de un topónimo de El Cincho ya había sido señalado por J. L. ógrafo Carlos Oldani Zimmerman, ha ofrecido una superficie de 516 km2,
Sáiz Fernández (2000). En el año 1953 en El Diario Montañés aparecía una desbordando los límites provinciales por el este y oeste con distancias má-
fotografía de un molino de mano giratorio hallado por el escultor Jesús ximas de observación en torno a los 120 km: hacia el oriente se llega a di-
Otero que procedía del denominado “castro” o “campamento romano” visar el cabo de Machichaco y montes de la ría de Guernica (Vizcaya); ha-
de “El Cincho” (Pertixan, 1953). En mayo de 2014 los arqueólogos Javier cia el occidente, más allá del cabo de Lastres (Oldani, inédito). Si bien su
Marcos y Lino Mantecón comunican el hallazgo de un castro a la Conse- dominio inmediato se circunscribe al bajo Besaya y la franja costera media
jería de Cultura del Gobierno de Cantabria. . y occidental de la Cantabria actual.

ISSN: 1133-2166
160 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

Figura 1: Situación de los castros más importantes de la antigua Cantabria prerromana con indicación de su tamaño relativo.

El otero fortificado designado por la toponimia6 El monte de El Cincho de Yuso8 es una prolongada
con el elocuente nombre de “El Cincho” (del latín cin- elevación, que alcanza los 271 m.s.n.m. y separa el
go: proteger, cubrir, circundar, rodear, ceñir) no es el núcleo urbano de Santillana situado en el fondo del
único caso conocido en el territorio de la actual Can- valle, de la costa de Tagle y Ubiarco. La cima del alto-
tabria. En La Población, en el término municipal de zano se encuentra rodeada, a modo de anillo, por una
Campoo de Yuso, se ha constatado un campamento línea de muralla principal, delimitando un perímetro
romano de campaña de grandes dimensiones relacio- cerrado de 3,58 Ha. Al menos en los flancos más ac-
nado con las guerras Astur-Cántabras localizado en un cesibles, mediodía y oriente, la fortificación se com-
monte homónimo (García, 2015: 149-157). En Ar- plementa con una línea anterior de defensa, reforzan-
nuero existe un posible castro asociado a otro monte do el sistema poliorcético y aumentando con ello la
El Cincho (Fernández, 2010: 516-518)7. El ilustrativo superficie del asentamiento castreño -se supera las 6
topónimo parece identificarse con líneas de murallas Ha.- (Fig. 2).
que circunvalan los altozanos, generando recintos ce- El proyecto arqueológico ha poseído el pertinente
rrados (cingulum: cinturón militar, tahalí). permiso otorgado por la Consejería de Educación, Cul-
tura y Deporte del Gobierno de Cantabria. Así mismo,
se contó con el apoyo económico del Ayuntamiento
de Santillana del Mar y de la propia Consejería de Cul-
6. Igualmente, la toponimia del Barrio de Yuso (deorsum = hacia abajo), pa-
tura. El equipo humano dirigido por Lino Mantecón
sando por las formas vulgares diossum > iosum > iusum latín vulgar de- Callejo y Javier Marcos Martínez ha contado con la
orsum), parece señalar la existencia de una población en un alto (Suso/Sur-
sum (= hacia arriba) a través del latín vulgar susum. Primera cita en las
fuentes escritas, año 1431 (A.H.N. Sección Nobleza. Signatura: OSUNA,
CP. 225, D.14). ¿Pudiera estar fosilizada en la toponimia del barrio la anti-
gua existencia de un población localizada en una posición altitudinal más
elevada? 8. En la cartografía oficial el monte aparecía con el topónimo de “Huervo”,
sin embargo parece deberse a un error pues las minutas de los mapas
7. Recientemente ha sido localizado un topónimo “El Cincho” en la cercana 1:25.000 del IGN se le denomina como “El Cincho”. En documentos y en
población de La Veguilla (Reocín, Cantabria), a escasos 5 Km de El Cincho bibliografía antigua referida a Santillana se recoge la mención del “Peñas
de Yuso. Se trata de un pequeño altozano con un pronunciado cantil so- que llaman del Cincho”, como así ocurre en visitas a términos de la Villa
bre el rio Saja donde se han observado algunas irregularidades en el terreno (p.e. en el año 1655, A.M.S. Caja 129, doc. 1. Información documental su-
que pueden apuntar a un posible amurallamiento de cronología incierta ministrada por el historiador Javier Ortiz Real). Asimismo, en el libro de
que habría que verificar arqueológicamente. principios de siglo XX se recoge el alto de El Cincho (Ortiz, 1919: 11).
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 161

Figura 2: Cartografía con indicación de sondeos de la campaña 2015 y estructuras murarias.

contribución de un nutrido grupo de colaboradores, Doña Ángela Sáez Gómez quien amablemente dio su
que de forma altruista han patrocinado con su es- consentimiento para la ejecución de los trabajos ar-
fuerzo y trabajo la consecución del proyecto de inves- queológicos.
tigación arqueológica9. Las intervenciones arqueológicas realizadas en el
Por otro lado queremos corresponder con la pro- yacimiento arqueológico han buscado caracterizar el
pietaria de los terrenos donde se ubica el castro Doña yacimiento, si bien la modesta financiación (hasta la
Ángela Sáez Gómez quien amablemente dio su con-
sentimiento para la ejecución de los trabajos arqueo-
lógicos" por "Por otro lado queremos corresponder con
la propietaria de los terrenos donde se ubica el castro,

9. En primer lugar, debemos mencionar al equipo permanente de la campa-


ña 2015 (proyecto que abarca este artículo): José Luis Rivera Cobo (labo-
res de dibujo arqueológico y planimetría), Manuel García Alonso (plani-
metría), Gonzalo Saiz García, Fernando Sastre Allegue, Elena González Le-
cuna y Marco García Márquez. En parte de las labores de topografía y de
fotogrametría se ha contado con la asistencia de Pablo Pérez Vidiella y de
Serafín Bustamante Cuesta. Asimismo, ha colaborado en la caracterización
edafológica del terreno, la geóloga, Marta Solar Fernández. La difusión so-
cial en las redes ha contado con la colaboración del portal Regio Canta-
brorum. Asimismo, hemos contado con unos voluntarios puntuales, a
quien igualmente estamos agradecidos: Nilo Merino Verdejo, Nilo Merino
Recalde (con asistencia en trabajos de registro fotográfico de materiales y
estructuras), Mario Fernández Ramos, Mariano Serna Gancedo, Miguel Ló-
Figura 3: Vista del sondeo 2 con las dos fases de muralla super-
pez Cadavieco y Javier Martínez Presmanes (prospección electromagnética),
Saúl Fernández, Blas Marcos Solar, Héctor Solar Fernández. A todos ellos, puestas. En primer término el lapiaz desnudo haría las veces de un
les manifestamos nuestra deuda. campo de piedras hincadas.
162 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

fecha) apenas nos ha permitido más que una primera


aproximación. Este tipo de yacimientos exige de un
gran volumen de profesionales, medios y logística pa-
ra poder obtener evidencias que permitan hacer un
discurso científico integral. Los castros suelen, en esta
región, ser parcos en cuanto a materiales arqueológi-
cos muebles (se pueden señalar contadas excepciones
o zonas de inusitada riqueza) y salvo las estructuras
sólidas en piedra, tales como murallas y algunos edifi-
cios, es difícil dar con evidencias edilicias ya que usual-
mente se confeccionaban con materiales perecederos
de escasa impronta arqueológica. Así, los trabajos de
excavación y documentación se han focalizado princi-
Figura 4: Sondeo 1 que muestra la cara interna de la muralla de la
palmente en la documentación arqueológica de la mu- Fase 1 con la cimentación de la pared interna de la muralla, en pri-
ralla; logrando identificar y registrar científicamente su mer término y el relleno de tierra apisonada en el núcleo.
morfología y su evolución edilicia.
La realización de dos sondeos perpendiculares al
trazado de la muralla principal ofreció una sección de Sobre este nivel de quemas se eleva la fase más
la estructura muraria, lo que nos ha permitido concluir antigua de la muralla. El muro de unos 3,78 metros
su lectura arquitectónica, en la que se han reconocido de anchura descansa directamente sobre las agujas
dos momentos constructivos (Fig. 3). del lapiaz kárstico en la parte externa, apreciándose
cierto trabajo de labra del roquedo y el uso de calces
II. FÁBRICA ANTIGUA O FASE 1 DE LA MURALLA de piedra. En la parte interna se apoya sobre las ar-
En la base de la cimentación de las estructuras ar- cillas. Está constituida por dos paramentos paralelos
quitectónicas de la muralla principal, se registró un ho- cuyo espacio interior, que supera los 2 m de espe-
rizonte estratigráfico (Nivel 4) de unos 10 cm de es- sor, se rellena con tierra y arcilla prensada y algo de
pesor compuesto por una arcilla de color verdoso, en piedra. Los paramentos verticales se arman con
el que se observa una elevada presencia de carbonci- mampostería en seco de piedra caliza, “a canto se-
llos. Este estrato se interpreta, como hipótesis, como co” (anchura: 0,80 m) y con careo natural. Se em-
un nivel fundacional. No se trata de evidencias de in- plea piedra de tamaño heterométrico en los muros,
cendio o quema intensa ya que el suelo no se en- en los que se aprecia en alguno de sus aparejos una
cuentra rubefactado (o con síntomas de vitrificación) labor de cantería muy grosera, utilizando preferen-
y tampoco muestra nivel de cenizal. Posiblemente, nos temente la litología más compacta (calcarenitas fren-
encontramos ante las muestras de un acto de incendio te a las calizas arcillosas)11. En el derrumbe de esta
intencionado con el objeto de clarear la floresta y fábrica de la muralla se ha reconocido la presencia
construir posteriormente las estructuras arquitectóni- de piedra arenisca con huellas de labor de cantería,
cas de la muralla principal. Un proceder, que igual- lo que evidencia la existencia de partes más cuida-
mente se ha detectado en otros castros de la cornisa das en la fábrica del muro. En la cara externa de la
cantábrica, como por ejemplo la Campa Torres en Gi- muralla se observa la disposición de grandes bloques
jón, en donde se localizó un nivel similar bajo las mu- de piedra a modo de asiento (Figs. 4, 5, 7 y 8). La he-
rallas (Maya y Cuesta, 1995: 107). La caracterización chura predominante en materiales terrígenos de su
científica de este estrato es de suma importancia, ya núcleo ha originado, que tras la acción de los pro-
que nos informa del momento inicial del asentamien- cesos erosivos, el estado de ruina de la muralla sea
to castreño; así como, también, posee muestras vege- en forma de terraplén.
tales del ecosistema que rodeaba la cumbre del alto- Este modelo constructivo de dos muros paralelos
zano costero de El Cincho10. con relleno interno de tierra y piedras ocasionales en-
tre la matriz terrosa prensada solo puede sostenerse
mediante el empleo de un refuerzo interno. Los para-
lelos más aproximados son los denominados muralla
10. En la actualidad se está desarrollando un proyecto de investigación
gala (Murus gallicus) que se construyen con un mo-
paleoambiental del ecosistema durante la Edad del Hierro en la cuenca del delo igual al hallado en El Cincho introduciendo un re-
bajo Besaya sufragado por el CIMA – Consejería de Medio Ambiente del
Gobierno de Cantabria a quien agradecemos su valiosa colaboración, en
especial a su director Jesús García Díaz. Por medio de un análisis antra-
cológico (o, tal vez carpológico también, en el caso en el que se conser-
ven vestigios de semillas vegetales) podremos reconocer las especies ve-
getales y el ecosistema asociado. El estudio antracológico está dirigido
por María Martín Siejo de la Universidad de Santiago de Compostela.
Igualmente, la realización de un análisis de datación absoluta (14C, AMS) 11. Calcarenitas del Cretácico Superior en facies Cenomaniense Medio-Supe-
de una de estas muestras orgánicas nos ofrecerá una cronología aquila- rior y margas y calizas arcillosas, Glauconita en la base del Cretácico Su-
tada de los momentos inaugurales del “oppidum” de El Cincho. perior en facies Turoniense-Coniaciense (IGME, 1976).
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 163

Figura 5: Corte estratigráfico del sondeo 2 donde se observan las dos fases constructivas. Dibujo Manuel García Alonso.

fuerzo interno con un entramado de maderas o vigas nocen indicios en las fases más antiguas del castro del
entrecruzadas o tirantes de piedra12. Sin embargo, no Alto de La Garma (Omoño, Ribamontan al Monte) que
hemos constatado ninguna evidencia de maderos en- ha sido fechado con una cronología probable en el s.
tre la matriz terrosa de la muralla, ni huecos en la ci- VII a.C.14. En concreto se constató un agujero de pos-
mentación, ni en los alzados13, ni restos de clavos, ni te de madera que formaba parte de una muralla de
piedras traveseras; si bien es cierto que la escasa an- terraplén con muro de mampostería exterior, donde
chura de los sondeos tipo trinchera efectuados, lo más cabe la posibilidad de ponerse en relación con un mu-
probable es que no haya interceptado ninguno de ro gálico (Pereda, 1999: 63-77)15.
ellos. Las murallas con refuerzos de madera interna Aunque a priori el “murus gallicus” resulta un tipo
poseen una exigua representación entre las fortifica- de muralla escasamente constatado en la Cantabria
ciones de la Edad del Hierro en Cantabria. Solo se co- Antigua, es un tipo de solución de ingeniería militar
poliorcética frecuente que entronca con la presencia
de cercas de piedra y madera en la orla atlántica pe-
ninsular (Berrocal-Rangel y Moret, 2007: 20). Las mu-
12. La tipología de construcción de murallas de tierra con refuerzo de made-
rallas realizas con la tipología de muro gálico han sido
ra interno resiste eficazmente contra la acción de los proyectiles de arti- relacionados con atributos propios de asentamientos
llería. El empleo de la tierra en las fortificaciones alcanzó su máximo ex- de prestigio como los grandes oppida (Krausz, 2007:
ponente con la construcción de los muros definidos a partir de dos pare-
des separadas por una distancia de 20 pasos (circa de 6 metros), mientras 135-149), lo que refuerza la hipótesis de que El Cincho
que en su zona interior se rellenaba con tierra apisonada. Según Vegecio, pudiera ser un castro de castros, junto con las premi-
en su obra Epitoma Rei Militaris, escrita en el siglo IV d.C. una muralla
construida de ese modo podía llegar a ser inmune al impacto de los arie- sas antes aludidas de gran control visual y visibilidad
tes: “Ningún muro reforzado con tierra puede romperse por el ariete y en sobre el territorio, desde el que es posible reconocer
el caso de que fuese derrumbada la piedra la masa de tierra que fue api-
sonada en el interior de las paredes resiste como un muro a los asaltos”
Epit. Rei. Mil., III, 4.
“Las especiales características constructivas de las fortificaciones ibéricas,
realizadas con bloques de piedra de diferente tamaño y talla no isodoma
unidas con arcilla pero no con mortero, provocan que la distribución del
esfuerzo o carga sea irregular en las diferentes partes de un muro. Así, la 14. El más antiguo de los recintos de La Garma se corresponde con una es-
fuerza de un proyectil se concentra en el punto de impacto del mismo si trecha cerca de piedra realizada en mampostería que sirve de contención
el muro es de piedra, mientras que si es de adobe o tapia se reparte uni- a una plataforma terraplenada interior. La datación absoluta de esta pri-
formemente por toda la sección. Al chocar un proyectil, o golpear la ca- mera cerca del asentamiento (14C AMS, AA-45565, Semilla de trigo, De-
beza de un ariete contra un muro pétreo, los bloques basculan provo- terminación (BP): 2475 +/- 45, intervalos (a.C./cal BC): 2 769-413 y 1
cándose el hundimiento del muro o de la torre contra la cual se actúa, 758-518, intersecciones/edad a.C. 760 690 660 650 540) ha ofrecido una
por lo que en los tratados de Filón de Bizancio y Eneas el Táctico se reco- probabilidad “que se reparte a partes casi iguales entre los siglos VII y VI,
mienda la construcción de muros empleando como material básico la tie- e incluso el VIII y el IV alcanzan valores apreciables”. No obstante, aten-
rra” (Gracia Alonso, 2000: 150). diendo a los criterios expuestos por sus investigadores, la “cronología más
probable habría que situarla en el siglo VII” (Arias et alii, 2010).
13. Algunos ejemplos galos conservan huecos del entramado de madera al ex-
terior, en el interior de la matriz, huecos en la base (según modelos) y res- 15. Se han indicado semejanzas con el castro de Los Baraones (Valdegama,
tos de grandes clavos. En la campaña del 2016 se ha señalado la posible Palencia), con cronologías entre la Edad del Bronce y la Primera Edad del
existencia de un tronco. Hierro (Barril, 1995; 1999).
164 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

pie de la muralla, tales como fosos o piedras hincadas


y otros refuerzos como torres, bastiones y puertas
complejas (Berrocal-Rangel y Moret, 2007: 18). En el
sondeo número 2, tipo trinchera, no se constató nin-
gún foso (al menos a 9,80 m de distancia de la cara
externa de la muralla). En cambio, se sostiene que el
roquedo modelado por formas exokársticas debió es-
tar al descubierto en momentos contemporáneos con
el funcionamiento del asentamiento castreño. Entre
los intersticios de las aguas del lapiaz se localizaron a
profundidad fragmentos de cerámica a mano adscri-
birle a la Prehistoria Reciente, así como, numerosos
carboncillos, evidenciando que estuvo el roquedo al
desnudo. La superficie del lapiaz puede resultar un
buen sistema natural de defensa, ya que impide o di-
Figura 6: Vista aérea tomada con dron. Abajo a la izquierda se ob- ficulta el avance del enemigo, tanto a pie como a ca-
serva el posible antemuro adosado a la línea de la muralla principal. ballo, hasta la base de la muralla, obligando a mirar
donde se pisa continuamente ante un caótico campo
de agujas y brechas en el terreno (Fig. 3 y 5). El apro-
un buen número de asentamiento castreños, y prima- vechamiento del recurso del lapiaz como sistema de-
cía sobre otros castros de la cuenca del Besaya. fensivo ha sido igualmente reconocido en algún otro
La necesidad de un sistema complementario a la castro del Norte de la Península, como el asentamien-
muralla y la evolución de las técnicas de asedio en la to de Peña Constancio en Las Carangas-Santo Adriano,
IIª Edad del Hierro, llevó a perfeccionar las fortifica- Asturias (Fanjul, 2005: 74 y 136). Se mantiene que pu-
ciones adicionado sistemas que impedían el acceso al diera tratarse de una especie de “campos de piedras

Figura 7: Plano con la disposición de las dos fases constructivas. A la izquierda el sondeo 1 practicado en la campaña de 2014 y a la derecha
sondeo 2 de la campaña de 2015.
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 165

hincadas” o chevaux de frise, sistema poliocértico que se cimentada directamente sobre la tierra de dicho lo-
aparece frecuentemente citado en la bibliografía es- mo. La morfología de esta muralla es diferente: me-
pecializada en castros del reborde oriental, meridional nos ancha (2,5 m) y se realiza con una base de piedras
y occidental de La Meseta (Esparza, 2003: 155-178). a modo de zócalo dispuesto a soga, del que apenas
se conserva una única hilada. El interior se rellena con
III. REFACCIÓN DE LA MURALLA PRINCIPAL O piedra suelta de tamaños heterométricos y tierra (Figs.
FASE 2 5, 7 y 8). La escasa potencia de los restos de derrubio
Sobre el lomo de tierra que conforma la ruina de de los cantos de piedra de esta fase edilicia induce a
la primera fase de la muralla se eleva una segunda fa- sostener que no pudo tratarse de una construcción
de elevado porte de alzado pétreo. Igualmente, los
reducidos restos de cantos incitan a sospechar el em-
pleo de paramentos mixtos que complementaría el al-
zado con otro tipo de material, quizás barro y/o em-
palizada, o maderos entrecruzados16 (Marcos y Man-
tecón, 2016: 24-26).

IV. LA SEGUNDA LÍNEA DE AMURALLAMIENTO


En el flanco Sur, Sureste y Este del castro se dispo-
ne una segunda línea de fortificación externa que se
evidencia en un pequeño lomo apenas perceptible en
el terreno, pero que es perceptible en ortofotos y fo-
tografías de vuelos aéreos antiguos17. La realización de
un sondeo de verificación sobre esta línea de muralla
permitió identificar un derrumbe de piedra de dife-
rentes litologías que quizás pudo corresponderse con
un terraplén conformado por tierra y piedra con un
lienzo pétreo exterior, tal vez reforzado con material
vegetal. La implementación de defensas complemen-
tarias a la muralla principal ha sido constatada en al-
gunos casos de la antigua Cantabria Prerromana (Mar-
cos y Mantecón, 2016: 26-27). Suelen ser líneas que
se sitúan cerca de las murallas y que dificultan el avan-
ce hasta la muralla principal. En el castro de Santa Ma-
rina – Monte Ornedo (Valdeolea, Cantabria) se ha
constatado la existencia de un vallum dúplex y una lí-
nea suplementaria en el lado Este más accesible del
castro, realizadas a modo de terraplén de tierra segu-
ramente reforzadas con un vallado vegetal (Fernández
et alii, 2015: 162). En Monte Bernorio (Villarén, Pomar
de Valdivia, Palencia) se ha apuntado la existencia de
un potente multivallado realizado con parapetos de
tierra también coronados por estacados; citándose pa-
ralelos en todo el centro y occidente de Europa (To-
rres, 2015: 120).

16. ¿O tal vez, similar al opus craticium, en el que se emplea travesaños y es-
tructuras en madera con relleno de barro y piedras? ¿O quizás sería un ba-
samento para una muralla de tipología campamental romana de made-
ros entrecruzados, similar a las que aparecen representadas en la colum-
na trajana, o las documentadas en las defensas lineales de Antonino o en
algunos puntos del Adriano en el Reino Unido, lo que daría explicación a
la ausencia de derrumbes importantes de piedra y/o tierra?.
Figura 8: Modelo fotogramétrico del sondeo 2. Realizado por Pablo 17. Por ejemplo en la ortofoto de 2010 (PNOA 0034-0305), en el vuelo del ca-
Pérez Vidiella. (ID-Ar). tastro de 1953 o en el vuelo fotogramétrico del año 1988.
166 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

V. OTROS RESULTADOS ARQUEOLÓGICOS


La segunda línea de muralla obligaría al atacante a
dar un rodeo hacia los flancos del castro. El extremo
oriental de esta muralla desemboca en uno de los ac-
cesos hacia el interior del poblado (hasta la fecha el
único localizado con certeza). Precisamente, ubicado
en el frente orográfico más inaccesible, junto al cantil
y una pronunciada ladera que se desarrolla desde la
muralla Norte hacia la costa de Ubiarco. Se trata de
una entrada en pasillo o “camino encubierto”, con-
formado por el trazado de la línea de la muralla prin-
cipal en septentrión y en paralelo la traza del lienzo
murario que viene del Este. Se mantiene que en este
acceso se ha ejecutado importantes trabajos de des- Figura 10: Foto de Nilo Merino Recalde del interior de la cueva.
monte, el perfil de la ladera parece haber sido tallado,
generando un bancal que permite el trazado del iti-
nerario del camino de entrada (Fig. 9).

Figura 9: Puerta de acceso en esviaje en la zona norte del castro.


Figura 11: Topografía de Mariano Luis Serna de la cueva.

Salvando las distancias culturales y geográficas (y la


menor monumentalidad de El Cincho) el caso para-
digmático en la Península Ibérica de este sistema de-
fensivo se encuentra en Castellar de Meca (Alfaro,
1991: 147-152; Berrocal, 2004: 57). En Cantabria, se
conoce una puerta más corta en el castro de Santa
Marina – Monte Ornedo en Valdeolea (Fernández et
alii, 2015).
En el interior del recinto se localizan otras eviden-
cias que no han sido objeto de intervención arqueoló-
gica; aunque se han desarrollado incipientes trabajos
de documentación. Muy cerca de la cima de la mon-
taña existe una cavidad que, si bien está colmatada de
basuras y escombros, se presupone la conservación de
un potencial yacimiento. Las cuevas funcionan como
receptáculos cerrados que recogen depósitos arqueo-
lógicos, bien “in situ”, bien por procesos postdeposi-
cionales, que han quedado sellados. Un futuro deses-
combro, desobstrucción de galerías y excavación ar-
queológica puede proporcionar resultados esperanza-
dores (Figs. 10 y 11). Figura 12: Molino depositado en el MUPAC por Jesús Otero.
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 167

Por otro lado, fruto de los trabajos de desbroce y 2016: 30-33). Se conoce un ejemplar muy similar de-
limpieza vegetal, se ha reconocido un muro de mam- positado en el Museo Arqueológico Nacional20 proce-
postería de apenas unos 0,78 m de ancho que parece dente del castro Vetón de Las Cogotas y fechado en el
cerrar un recinto que circunvala la cúspide del monte. siglo IV-II a.C
La estructura posee una cronología incierta18. A falta
de constataciones cronológicas, se pueden señalar po- VI. MATERIALES ARQUEOLÓGICOS RECU-
sibles paralelos en la Edad del Hierro formando pe- PERADOS
queñas acrópolis en algunos castros del N y NW pe- Las catas de excavaciones arqueológicas se han cir-
ninsular, como por ejemplo Coaña en Asturias y Cida- cunscrito al sistema de murallas, salvo un sondeo en el
de Morta de Penafiel (Portugal) entre otros. interior del castro que resultó prácticamente estéril.
Pese que a priori la previsión de hallazgos arqueológi-
V.1. Molino giratorio hallado en el año 1953 cos muebles se vislumbraba escasamente fértil, como
Recientemente, nuestro colega Ignacio Castanedo a menudo ocurre en asentamientos similares, el resul-
Tapia, nos informó de una noticia publicada en el año tado final ha sido muy satisfactorio
1953 en El Diario Montañés19 donde aparecía una fo- Del material lítico recuperado gracias a la prospec-
tografía de un molino de mano giratorio que según la ción arqueológica del terreno (Fig. 13), además del re-
crónica procedía del denominado “castro” o “campa- gistrado en contexto arqueológico, se pueden inferir,
mento romano” de “El Cincho” hallado por el escultor ateniéndonos a criterios de jaez tecnotipológico tres
Jesús Otero. La pieza fue depositada en el museo co- momentos cronológicos: Un periodo arcaico (Ache-
mo así lo atestigua el libro de recepción de materiales lense Superior/Final), otro momento transicional al
firmado por el entonces director, Jesús Carballo. Musteriense y otro vinculado con la Prehistoria Re-
Sobre las cronotipologías de estos de molinos de- ciente. Así como, un anecdótico fragmento de borde
bemos remarcar que todavía son poco concluyentes, cerámico de cronología romana.
existiendo ejemplares morfológicamente similares des- Todo parece indicar que la cumbre del monte de El
de la segunda Edad del Hierro hasta la Edad Media, a Cincho es utilizada aprovechando sus inmejorables
lo que habría que sumar marcados regionalismos. En condiciones de visibilidad del territorio desde la remo-
principio, no se descarta paralelos con modelos ro- ta antigüedad paleolítica. En momentos iniciales (Pa-
manos, aunque su tosquedad, escaso ángulo del me- leolítico Inferior-Medio), como punto oteadero de es-
tate (o base del molino) y grosor de piezas apuntan tancia episódica o discontinua a episodios de hábitat
hacia una cronología prerromana (Longepierre, 2014). continuo. Es probable que pudiera existir un hábitat
Los molinos giratorios romanos suelen tener el meta- en momentos antiguos de la Prehistoria Reciente21, co-
te más pronunciado (más cónico) y el catilus (o piedra mo así quizás parece indicarlo la industria lítica recu-
giratoria superior) con placas o crampones de suje- perada en el núcleo de la muralla terrera o el cercano
ción, además de tener las muelas más finas y su diá- (aprox. 1 Km en línea recta) túmulo megalítico de
metro es mayor. El molino cuenta con un apéndice se- Montealegre, hasta la conformación de un asenta-
micircular donde se esculpe una sola muesca de en- miento de primer orden en la Edad del Hierro, con la
mangue que alojaría un brazo de madera inserto ver- construcción de un “oppidum”. Es decir, que los ma-
ticalmente en el catillus, de lo que se deduce que su teriales de esta/s cultura/s conservados en la matriz
movimiento se efectuó de manera rotatoria o semiro- edafológica fueron removilizados durante la construc-
tatoria (Fig. 12). Asimismo, fruto de la prospección de ción de la muralla, durante un momento del Hierro I
campo se ha localizado varios fragmentos de base de o II. Incluso, que la génesis de estos materiales pueda
molino y mortero de mano (Marcos y Mantecón, ser contemporánea con episodios encuadrados en la
Edad del Hierro.
La colección de cerámicas se compone en su gran
mayoría por cerámicas elaboradas a mano (con em-
pleo de desgrasantes de calcita, “pasta bizcochada
cocción reductora”). Unos fragmentos cerámicos de
18. Parece vislumbrase en la fotografía aérea del PNOA año 2010 y en las
imágenes del procesamiento del LIDAR. En este último aspecto queremos
agradecer la colaboración del arqueólogo D. Rafael Bolado del Castillo.

19. Pertixan (1953): “Hallazgo histórico en las inmediaciones de Santillana”,


en El Diario Montañés, 29 de Noviembre de 1953: 1 y 4. La noticia expo-
ne otra serie de descubrimientos, así como, la crónica de una excavación 20. Nº Inventario MAN: 1989/41/3627 y 1989/41/3628.
arqueológica en el lugar de Mies de Llanes, donde Jesús Otero dice en-
contrar estructuras arquitectónicas y materiales de cronología prehistóri- 21. En este sentido, en el entorno de El Cincho se conocen varios enclaves
ca y romana. Se constata el proceso de descenso altitudinal del pobla- que remiten a momentos cronológicos del Calcolítico y/o Edad del Bron-
miento (“…y les obligó a bajar de los montes a la llanura” nos dice el au- ce como es la cueva de “La Venta del Cuco” en Ubiarco, a unos 400 me-
tor latino Dión Casio LIV, II, 5) hasta llegar en la Edad Media al fondo de tros al Norte del castro. Quizás con un registro similar, igualmente se en-
valle, donde se localiza la colegiata románica. El pujante monasterio arti- cuentra la cueva de Arroyo. Tampoco queda lejos el túmulo megalítico de
culador de la Asturias de Santillana no parece cristalizar en un territorio Montealegre (aprox. 1 km). De confirmarse este horizonte cronológico
virgen; sino que tal vez, se funda en un centro de población con interés tendríamos un espacio territorial en el que se encuentran integrados el
jerárquico desde la Antigüedad y quizás ya en la Protohistoria. binomio asentamiento/necrópolis.
168 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

Figura 13: Núcleo bifacial con talla centrípeta de arenisca compactada. Imagen, Nilo Merino Recalde.

muy pequeño tamaño en todos los casos recuperados, meandriformes, realizadas antes de la cocción, con
que por su tipología técnica pueden ser adscritos a peine. Su decoración posee notorios paralelos con ti-
momentos protohistóricos. Su localización nos ofrece pos de ollas de la cerámica común romana. Posee se-
información relativa a la cronología del lienzo murario mejanzas en modelos de olla de cocina de cronología
y su evolución edilicia. Por una parte existe una mayor romana (Tipo 701). Cronología sS. I a IV d.C., aunque
densidad de hallazgos (un 77,77% de los ítems en- con profusión más intensa en la etapa altoimperial
contrados se encuentran en cuadros del sondeo 2 ubi- (Martínez, 2004).
cados intramuros). Lo que deduce que esta área se en-
cuentra el hábitat del asentamiento humano. Así mis- VII. UNA PIEZA METÁLICA A DESTACAR: LA
mo, en cuanto a su ubicación estratigráfica se deduce ANILLA DE TELAMÓN DE UN ESCUDO
que existe una mayor densidad en el Nivel 3. Es por En el ejercicio de la arqueología, en exiguas oca-
ello, que se interpreta, entre otras razones, que el ni- siones se tiene la oportunidad de hallar un objeto que,
vel 3 es coetáneo con la primera fase la muralla (Mar- por sus características morfológicas y aportación al co-
cos y Mantecón, 2016: 33-35). nocimiento de la cultura material, suponga un hito pa-
Entre el lote ceramológico destaca, por su infor- ra el conocimiento científico, en este caso la panoplia
mación cronológica, la pieza número 20. Se trata de del guerrero cántabro. Si a esta característica se le
un fragmento cerámico de borde vuelto al exterior, agrega un contexto arqueo-estratigráfico fidedigno y
con labio plano, en la parte superior del labio presen- un análisis exhaustivo de la pieza, el objeto se con-
ta marcas incisas que lo recorren longitudinalmente, vierte en un vestigio relevante; aunque su estado de

Figura 14: Herrajes, tachuelas, clavo con restos de madera de una caetra o escudo.
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 169

Figura 15: Dibujo de la anilla y placas. Dibujo Manuel García Alonso.

conservación, tamaño o forma no hagan de él un ítem impronta de la veta de la madera en el óxido de las
con cualidades museográficas. En la excavación de las dos placas de hierro de encastre.
murallas de El Cincho se ha tenido la fortuna de en- J. Cabré, investigador del siglo pasado, a quien se-
contrar un objeto metálico excepcional (Figs. 14 y 15). guimos en su estudio y sistematización sobre la caetra
La presencia de este ítem aislado, fuera de su contex- y el scutum en Hispania, sostiene que “estas piezas pa-
to arqueológico habitual, cabe interpretarlo como un ra las correas están constituidas por unas abrazaderas
elemento propio de la panoplia cántabra, pero tam- de hierro a base de dos placas recortadas y unidas en-
bién; valorar otro tipo de explicaciones: fruto de pilla- tre sí por una barrita doblada en forma de doble es-
jes, comercio, botín de guerra, otros (Quesada, F. cuadra y remachados sus extremos a la planchuela su-
2016: 16). En concreto, nos referimos a un conjunto perior que tiene generalmente la forma de “S”, sepa-
de piezas machihembradas (grapa, placas de encastre rada de la otra, siempre discoidal en sus dos extremos
a presión y remache de cobre), anilla de hierro para por un espacio de unos 10 milímetros de espesor que
telamón, tachuelas de cobre y restos de madera que se corresponderá al del escudo, apareciendo debajo de
ha identificado como un aplique para sujeción y sus- la planchuela con los extremos discoidales una anilla”
pensión de las correas de un escudo (cinchas de “tira- (Cabré, 1939-40: 59-60). Esta cita se refiere al mode-
col” o “telamón”) que se asocian por paralelos con las lo típico de la necrópolis celtibérica de Alpanseque,
caetras celtibéricas. donde encontramos bastantes similitudes con nuestra
En el proceso de identificación y análisis de la pie- pieza.
za ha tenido especial relevancia los resultados obteni- Por las colecciones de materiales procedentes de
dos en la limpieza y tratamiento de conservación rea- necrópolis celtibéricas, se conoce que este tipo de ob-
lizados por la restauradora del Museo de Prehistoria y jetos metálicos (anillas con grapas) se asocian fre-
Arqueología de Cantabria, Doña Eva María Pereda Ro- cuentemente a componentes de los escudos circula-
sales22. Gracias a su análisis se ha podido recomponer res o caetra, como son los umbos o manillas. Este ar-
las piezas que se hallaban sueltas, reconocer los restos ma defensiva constaba de un par de grapas gemelas
adheridos de materia lígnea en uno de los clavos y la de hierro con una anilla cada una23, que servían para
la sujeción de las correas de las que, en banderola, lle-

22. Quisiéramos expresar nuestro agradecimiento a Doña Eva Pereda Rosales


por su colaboración en nuestro proyecto; así como, por su continua bue- 23. Como se verá más adelante, en los modelos más recientes (tipo Monte
na disposición en cuanto a resolver nuestras cuantiosas dudas y pregun- Bernorio), la anilla desaparece quedando únicamente la grapa para trabar
tas respecto a la pieza número 54 del inventario. la cincha o correa.
170 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

vaba el guerrero suspendido el escudo al hombro; o adas y la grapa, con su anilla, placas y remaches jun-
bien, para permitir liberar las manos de un jinete para to a ellas. Todo ello a 87 cm de distancia del lienzo in-
la monta y manejo de las armas; o incluso, para el terno de la muralla (Fig. 16). El contexto, por lo tanto,
amarre como asidero en el combate de un escudo de evidenciaba una relación entre el derrumbe o la fase
cuero, tal como aparece representado en una de las de uso de la muralla del castro.
esculturas ibéricas de Porcuna (Cabré, 1939-40; Lorrio, El estado de conservación obligó a emplear mate-
2005; Quesada, 1997 57-83). rial de excavación de elevada precisión y proceder a
consolidar24 las piezas antes de iniciar su extracción.
VII.1. El proceso de excavación y tratamientos Una vez levantada se continuó la excavación consta-
de conservación “in situ” tándose que ocupaba el techo del nivel estratigráfico
La particularidad de esta pieza singular reside, no 2. Su posición estratigráfica (a techo del estrato que
solo en la rareza dentro del corpus armamentístico en conforma la ruina del núcleo de tierra de la primera
el Norte de la Península Ibérica para la Edad del Hierro, fase de la muralla y bajo el derrumbe de la segunda fa-
sino en su contexto arqueológico, ya que la mayor par- se de la muralla); así como, la posición ordenada de las
te de los paralelos han sido hallados dentro de necró- tachuelas refleja que el objeto no ha sufrido procesos
polis de incineración. En este caso la anilla fue exhu- post-deposicionales.
mada durante la campaña de excavación del año
2015, en el denominado Sondeo 2, bajo el derrumbe VII.2. La restauración en el laboratorio del
de la muralla más reciente del castro de El Cincho, pe- MUPAC
Una vez extraídas y embaladas, las piezas fueron de-
positadas en el laboratorio del Museo de Prehistoria y
Arqueología de Cantabria, donde la restauradora Doña
Eva María Pereda Rosales procedió a su limpieza y tra-
tamiento de conservación. Esta labor resultó primordial
para la identificación del vestigio arqueológico.

Figura 16: Piezas del escudo “in situ” en el momento de su excava-


ción.

ro formando parte de la masa terrosa de la muralla


más antigua.
La ejecución del Sondeo 2 tuvo como objetivo el
análisis de la muralla en una zona que, a priori, pare-
cía bien conservada. Como se comentó anteriormen-
te, fueron verificadas dos fases constructivas de la mu-
ralla principal. Una primera más profunda y antigua
conformada por dos muros, exterior e interior, de pie-
dra caliza armada en seco y con un relleno interno de
tierra prensada, quizás reforzado con entramado de
madera. Una segunda fase edilicia más reciente de 2,5
m de ancho, de piedra y relleno de cascote se eleva
sobre la ruina del anterior. Durante la intervención, tras
verificar la existencia del lienzo de muralla más recien-
te, se constató un derrumbe moderado hacia el inte- Figura 17: Radiografía de la pieza donde se observa el remache de
rior del muro (Nivel 1). Al levantar el colapso del mu- cobre y el clavo de la grapa sobre las piezas de hierro (anilla y placas).
ro para vislumbrar la evolución de las defensas, apa-
reció la pieza del escudo envuelto en una tierra arci-
llosa de color marrón claro, de unos 20 cm de poten-
cia (Nivel 2), a techo de este nivel. Las piezas aparecí- 24. Se aplicó Paraloid B-72 diluido en acetona directamente sobre las piezas
an in situ ya que las tachuelas de cobre estaban aline- y gasas impregnadas en este consolidante.
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 171

Figura 18 y 19: Sección ideal del conjunto e identificación de las diferentes partes con el sistema de sustentación.

En primera instancia, tras su recepción, se realizó


una consolidación con el fin de ejecutar una limpieza
previa y desengasado. Posteriormente fueron aplica-
dos los diferentes tratamientos que llevaron a la sepa-
ración de las piezas y su análisis. Durante este proce-
so se constató que la anilla con parte de la grapa se
hallaba separada de las dos placas de encastre a pre-
sión (dos fragmentos de las dos placas ya que éstas se
hallaron partidas), parte del clavo de la grapa y el re-
mache de cobre. Gracias a que ambos grupos encaja-
ban según la posición en que fueron halladas fue po-
sible recomponer y remontar la pieza por su zona de
unión. Durante los trabajos de limpieza de las placas
se verificó la existencia de improntas de madera en la
parte interna de la placa metálica lo que evidenció que
entre ambas hubo un cuerpo de madera. Durante los
trabajos de limpieza de las placas se verificó la exis-
tencia de improntas de madera en la parte interna lo
que evidenció que entre ambas hubo un cuerpo de
madera. Fue necesaria la realización de una radiogra-
fía25 con el objetivo de discernir la tipología del rema-
che de cobre, ya que se habían advertido tipológica-
mente diferentes formas que iban desde modelos sim-
ples hemisféricos hasta modelos estrellados o con
apéndice cónico. Tras la radiografía26 se verificó que el
remache de cobre era circular y que se hallaba perfo-
rado por la punta de hierro de la grapa (Fig. 17).

25. Agradecemos a la Clínica Coloma de Santander por su colaboración al-


truista para la realización de los análisis radiológicos de las piezas; así co-
mo, por la mediación de D. Aurelio González de Riancho Colongues.

26. La anilla tiene unas dimensiones de 41,5 mm de diámetro exterior y un


grosor de 5,8 mm de sección circular. Figura 20: Despiece del sistema de placas, grapa, anilla y remaches.
172 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

VII.3. Análisis del despiece escudo de El Cincho como fresno (cf. Fraxinus sp.) (Fig.
22)30. Si bien el fresno no han sido identificada como
VII.3.1. Grapa, anilla y placas de encastre a presión madera al uso en la Edad del Hierro si se conocen
La anilla de telamón de tipología de placas de en- ejemplos de escudos realizados en fresno en la Edad
castre a presión se corresponde con un fragmento (ha Media (Dickinson y Härke, 1992; Tegel et alii, 2016).
perdido la mitad de las dos placas) que conserva la ani- Según el estudio antracológico (Martín, 2016): “La
lla de hierro completa, parte de la grapa de hierro en selección de una especie u otra depende en primer lu-
“U”, dos fragmentos de las placas interior y exterior de gar de la oferta medioambiental31 y en segundo lugar
hierro y un remache de cobre hemisférico que une la de las características físicas y mecánicas de la madera.
grapa y las placas por el exterior del escudo (Figs. 18 y En el caso de los escudos parece que se valora por una
19). La grapa en “U” que sostendría la anilla, tendría parte la ligereza de la madera y por otra parte su re-
unas dimensiones de unos 42,75 mm de ancho27, es- sistencia. La madera de fresno es blanca, pesada, du-
tá formada por una varilla de hierro de sección circular ra y tenaz, de fibras largas, es excelente cuando se re-
de 3,40 mm que se adelgazaría hasta los 2,8 mm en quieren elasticidad y flexibilidad, es muy resistente al
forma de punta en sus extremos para facilitar su clava- choque y a las vibraciones, de una gran densidad y con
do en la madera del escudo. La grapa está incompleta una gran resistencia al agrietado”.
y solo conserva un fragmento adherido a la anilla y una Propiedades similares son relatadas por Plinio El
de las puntas inserta entre las dos placas y el remache. Viejo (Historia Natural 16, 43): “El fresno es muy dócil
Los dos fragmentos de las placas (solo se conserva la para cualquier trabajo, y es también mejor que el ave-
mitad) que amarran la grapa al escudo tienen forma llano para las lanzas, más ligero que el cornejo macho
que recuerda a un número “8” o dos discos28 con sen- y más flexible que el serbal, mientras que el fresno gá-
das perforaciones destinadas a inmovilizar la grapa en lico es también apropiado para los carros a causa de su
“U” y una banda que une ambos discos29, que en to- flexible ligereza. El olmo rivalizaría con él, si su peso
tal alcanzaría unas dimensiones de 68,9 mm. Estas irí- no fuera un inconveniente”32. La madera de fresno
an rematadas al exterior con una tachuela hemisférica también es idónea para la obtención de tablillas finas,
a modo de remache, elaborada en cobre y de función técnica frecuente para la realización de escudos con
decorativa. El remache posee igual tamaño (13,5 mm curvaturas y en los "scutum" romanos.
de diámetro) a las halladas en torno a la pieza del es-
cudo, de las cuales sólo se conserva una adherida a la
placa exterior. Adherido al remache de cobre se con-
serva un fragmento de un fino tubo de hierro, quizás
decorativo, que uniría ambos remaches (Fig. 20).

VII.3.2. Restos de madera e improntas lígneas en el


óxido
Una pieza significativa del conjunto metálico es un
pequeño clavo de hierro de 10 mm de longitud que
conserva asombrosamente adherido un fragmento de
madera (Fig. 21). El clavo dispondría atravesando la
madera en el plano longitudinal radial (Martín, 2016).
Su tamaño no le exime de importancia pues supone
una oportunidad única para averiguar la madera con
la cual se elaboraban este tipo de escudos, ya que es Figura 21: Detalle del clavo y los fragmentos de madera mineraliza-
uno de los muy escasos restos lígneos asociado a un da. Foto: Eva María Pereda Rosales.
escudo de tipo caetra en toda la Península Ibérica.
Hasta la actualidad no ha sido hallada ninguna caetra
que conserve los restos de madera, mayoría quema-
30. Se ha desarrollado un análisis antracológico por parte de María Martín
das durante la incineración de los escudos en la pira Siejo del GEPN-Grupo de Estudios para a Prehistoria do Noroeste Ibérico,
funeraria (Quesada, 1997: 493). Un pertinente análi- Dep. Historia I. Facultade de Xeografía e Historia, Universidad de Santia-
go de Compostela. Este estudio ha sido sufragado por el CIMA – Conse-
sis antracológico realizado por M. Martín Seijo (2016) jería de Medio Ambiente del Gobierno de Cantabria. La identificación co-
ha solventado este punto identificando la madera del mo fresno se estable con una alta probabilidad que puede ser afinado
con la realización de imágenes de mayor calidad utilizando un sistema de
tomografía submicrométrica.

31. Curiosamente aún siguen conservándose fresnos en las inmediaciones de


El Cincho, en la ladera este.
27. Según las mediciones en la restitución.
32. Plinio El Viejo, Historia Natural, Libros XII-XVI, Traducción y notas de F.
28. De 23,5 mm de diámetro y 2,73 mm de grosor. Manzanero Cano, I. García Arribas, Mª. L. Arribas Hernáez, A. Mª. Mou-
re Casas y J. L. Sancho Bermejo (2010), Biblioteca Clásica Gredos, 388,
29. De 6,5 mm de ancho y 18 mm de largo. Editorial Gredos.
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 173

Figura 22: Imágenes en el MEB (microscopio electrónico de barrido) de la pieza de madera mineralizada Foto: María Martín Siejo. GEPN_AAT,
Universidad de Santiago de Compostela

El grosor del escudo queda determinado parcial-


mente por un fragmento de uno de los apéndices de
la grapa en “U” que aún traspasa ambas placas (que
aparecen aplastadas una sobre otra) y que alcanza los
3,4 mm34, y por el fragmento de clavo con madera
conservada adherida que tiene un grosor conservado
de 4 mm, más el fragmento que sobresale del clavo
de 2,4 mm, que suman un grosor mínimo de 6,4 mm,
pero que seguramente rondaba los 10 mm. Una me-
dida similar a la que apunta F. Quesada (1997: 492)
con un grosor total entre los 10-15 mm para las cae-
tras en el cuerpo, adelgazándose hasta los 8-10 mm
en el borde (Fig. 19).
La práctica totalidad de los escudos hallados en la
Figura 23: Detalle de las improntas de madera en una de las placas. Península Ibérica proceden de contextos funerarios de
Foto: Eva María Pereda Rosales MUPAC. necrópolis de incineración lo que implica que única-
mente se conservan los elementos metálicos recogidos
de la pira funeraria y posteriormente depositados en la
También se conservan improntas de la veta de la tumba. Este tipo de contexto, pese a su importancia y
madera sobre una de las valvas que conforman las pla- riqueza de los mismos, plantea problemas a la hora de
cas de sustentación, concretamente en la parte inter- proceder a la reconstrucción morfológica del escudo.
na de la exterior, pero no en la interior (Fig. 23). Esto Tras la cremación del cadáver, y por consiguiente de
indica que seguramente la grapa y la placa interna fue- los elementos de ajuar depositados sobre el individuo,
ron montadas en primer lugar y tras su enfriamiento, se realizaba una recogida de huesos y piezas metálicas
clavado en el escudo. Posteriormente se remacharía al del cenizal. Sin embargo, el proceso funerario supone
rojo vivo la placa externa quemando las necesarias ca- que parte de las piezas más pequeñas o más deterio-
pas (cuero o textil) que recubrían estos escudos hasta radas por el fuego no fueran recogidas, amén de otras
alcanzar la madera33. Con el calentamiento de esta que hayan sido destruidas por las altas temperaturas;
placa se dilataban los orificios que al ser remachados así como, la consecuente agrupación y mezcla de to-
sobre la grapa a presión se conseguiría que quedasen do ello para su traslado a la sepultura. Esto implica
firmemente fijados al enfriarse. que son depósitos secundarios y que cabe la posibili-
dad de que los componentes del escudo sean incom-
pletos o se encuentren entremezclados con otras pie-
zas de dudosa adscripción; así como, que no se reco-

33. No existen datos sobre el recubrimiento de cuero, fieltro o textil; si bien


son elementos necesarios para sostener los listones encolados del escudo
(Quesada, 1997: 492). 34. El grosor es mayor que éste ya que las placas aparecen aplastadas.
174 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

jan otros elementos que fueron destruidos ineludible- la segunda mitad del siglo III d.C. con un ejemplar de
mente por las altas temperaturas (cueros, fieltros, ma- escudo rectangular en forma de teja construido me-
deras, manillas y umbos de madera, piezas pequeñas, diante tres capas de tiras entrecruzadas de madera de
etc.). No obstante, plantea otras ventajas como es la plátano (Platanus orientalis), recubierto de lino pinta-
asociación con otros ítems que facilitan su adscripción do y reborde reforzado en cuero (Bishop y Coulston,
cronológica o su caracterización. 2006: 246-247; Travis, 2015: 63-68). También se re-
Existen otros hallazgos de escudos prerromanos cuperó en este yacimiento escudos ovalados de ma-
asociados a contextos arqueológicos urbanos en la Pe- dera de álamo (Populus euphratica), formados por ta-
nínsula Ibérica (como se tratará más adelante), pero blas pegadas por los cantos y cepilladas, y forrados
no está clara su adscripción cultural (indígena o ro- con varias capas de tela, fibra vegetal, cuero o tendo-
mana de las Guerras Sertorianas). Además, en éstos nes pegados con cola (Travis, 2015: 63-68). En el lago
casos no conservan restos de madera. Illerup Ådal en Skanderborg, al este de la península de
Sobre las maderas empleadas en la elaboración de Jutlandia (Dinamarca) fueron hallados varios escudos
los escudos en la Edad del Hierro o en el Alto Imperio circulares datados a inicios del siglo III d.C. Estos fue-
Romano no es mucha la información arqueológica ron realizados con cinco u ocho tablas encoladas por
existente hasta el presente. Se conocen ejemplos de el canto de madera de aliso, roble, álamo o tilo (Ilk-
escudos con restos de madera hallados en contextos jær, 2001); entre los cuales uno de los ejemplares mos-
célticos europeos, norteafricanos o romanos; pero traba reparaciones realizadas con remaches de cabe-
siempre en modelos tipo scutum (oblongo o rectan- za hemisférica (Travis, 2015: 68-71). Un último ejem-
gular) y circulares ya en cronologías tardías (del s. III plo son los 22 fragmentos de escudos redondos ger-
d.C. en adelante). Sin embargo, hasta la fecha, se ca- mánicos del siglo III d.C. recuperados en el año 1997
recía de referencias de maderas conservadas en cae- en el páramo de Thorsberger (Süderbrarup, Anglia,
tras hispánicas. Se ha señalado una pieza romana de Schleswig-Holstein, Alemania) que fueron fabricados
principios del s. I d.C. hallada en el foro de la antigua en un 79,5% en madera de aliso, un 18% en álamo y
Asturica Augusta (Astorga) asociada a restos lígneos. un 2,5% en roble. Se trata de escudos redondos pla-
Este hallazgo se conforma por un gran tachón de nos, realizados con madera libre de nudos y forrados
bronce (sin umbo) con el borde decorado con una es- de cuero (Fischer, 1998-99: 78; Raddatz, 1987: Taf.
pecie de rayos ondulados. Sus investigadores identifi- 85)37.
caron su función de forma incierta, barajando entre No solo se han empleado tablillas de madera dis-
otras una posible adscripción con un escudo (García y puestas en capas alternas o encoladas por el canto; si-
Grau, 2008: 247-248). Entre los escudos romanos el no que, se conocen otros tipos empleando mimbre o
más conocido es el hallado en el Fayum Kasr el-Harit zarzo, elaborados mediante trabajo de técnicas de ces-
(Egipto); que si bien, se le ha relacionado con auxilia- tería, reforzados por envoltorios de cuero o fieltro.
res célticos, es un scutum plenamente romano con Uno de los escudos hallados en Dura Europos conser-
una datación imprecisa entre el siglo II a.C. y I d.C. va el cuero crudo con perforaciones donde irían aloja-
(Travis, 2015: 48-49), similar a los que aparecen en el dos palos entretejidos (Travis, 2015: 63-68). Las fuen-
altar de Domicio Ahenobarbo conservado en el mu- tes documentales y los autores clásicos citan escudos
seo de Louvre. Este escudo se realiza con tres capas de realizados con mimbre (scuta viminea) como Vegecio
tiras de madera de abedul (Betula) y una cubierta de (I, 11) o fabricados en cestería (scuta talaris) según
fieltro cosido, formando el típico escudo tipo teja, de menciona un papiro Egipcio (Bruckner y Marichal,
cuerpo convexo y bordes redondeados, con umbo y 1979: Nº 409). Se conocen más ejemplares que han
spina de madera (García, 2011: 428). El escudo del conservado la madera como los diez fragmentos de
fuerte auxiliar romano de Danum (Doncaster, Inglate- escudos recuperados en Masada -Israel- (Stiebel y
rra), del s. I d.C., de estructura rectangular de bordes Magness, 2007: 16-22); si bien, no se han realizado
redondeados35, está confeccionado con dos capas de determinaciones de las maderas utilizadas en su fabri-
roble (Quercus sp.) y aliso (Alnus sp.), reforzado con cación. En este caso se trata de scuta curvados de ma-
un umbo circular de hierro y tirantes (Buckland, 1978: dera contrachapada unida con cola y pequeños clavos
251, 268-269; Travis, 2015: 50-58). Aunque más tar- de aleación de cobre; y de un ejemplar de tablas en-
díos, destaca el conjunto de Dura-Europos36 (Siria) de coladas por el canto quizás de un escudo oval o cir-
cular (Travis, 2015: 58-62).
Se preservan restos lígneos de algunos scuta de la
Edad del Hierro Europea. Entre los hallados destaca el
35. Se ha publicado como un escudo plano, sin embargo H. y J. Travis (2015:
50-58) han puesto en duda esta afirmación decantándose por un escudo depósito de Hjortspring (Dinamarca) de mediados del
tipo teja. También destacan el uso de madera contrachapada de aliso pa-
ra absorver los golpes y el roble para darle resistencia.

36. Fueron hallados 22 escudos de formas variadas como ovales sin umbo, de
varillas de madera entretejidas en cuero, redondos levemente ovalados y
convexos, y un scutum en forma de teja (James, 2005; Travis, 2015: 63- 37. https://www.academia.edu/2369340/Das_Thorsberger_Opfermoor_Die_Mi-
68). litaria (Consulta: 3 / II / 2016).
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 175

siglo IV a.C. En este enclave se recogieron cuatro es- o sauce, el 25% de tilo y el resto de aliso, fresno, ha-
cudos de madera ligera y blanda de tilo (Tilia europaea ya, abedul, arce y roble41.
L), aliso (Alnus sp) y abedul (Betula); uno oval y tres Existe una relación directa entre el tamaño, el pe-
rectangulares con las esquinas redondeadas, realiza- so y el grosor de las tablas empleadas. Normalmente
dos en una pieza de madera, o dos o tres tablas en- se tiende a adelgazar el escudo cuanto mayor es su ta-
coladas por el canto, algunos dotados de umbos y es- maño ya que se busca un equilibrio entre la maneja-
pinas de madera (Travis, 2015: 36-37)38. En el lago bilidad y el peso; así como, la adaptabilidad a los di-
Neuchâtel (Suiza), se conocen al menos tres escudos ferentes tipos de combate (infantería ligera, infantería
ovales de la cultura de La Tène39 que han conservado pesada o caballería).
el cuerpo de madera realizado con tablas de roble al- También se conocen dos formas básicas de fabri-
bar (Quercus petraea), restos de la spina de madera y cación de los escudos con núcleo de madera; si bien,
el umbo metálico, que fueron fechados por dendro- casi no hay datos para establecer la forma de cons-
cronología en 225-220 a.C. (Conolly, 1981: 119; Gar- trucción de las caetras o escudos grandes de influen-
cía, 2011: 427; Reich, 2014: 251-252). El escudo de cia celtibérica por la ausencia de ejemplares comple-
Clonoura (Irlanda), datado en una genérica Edad del tos. En cambio, se conocen numerosos ejemplares de
Hierro, con forma rectangular, algo convexa, con las scuta o tureos en Europa y Norte de África que se han
esquinas redondeadas tiene una estructura interna re- conservado prácticamente completos y permiten re-
alizada con madera de aliso, manilla de roble y está construir su estructura interna; así como, su forma de
recubierto de cuero (Moody et alii, 2005: 147)40. elaboración. El método más común consiste en unir
En la península Península Ibérica, únicamente se ha tablas encoladas por el canto que luego son reforza-
realizado un análisis de identificación de los restos de das con envoltorios de capas sucesivas de cuero, fiel-
cenizas y carbones adheridos alrededor de los rema- tro u otros materiales vegetales (sería el caso de Alken
ches de un umbo de aletas de un escudo tipo scutum, Enge, La Téne y Vædebro). Un segundo sistema de fa-
procedente de la necrópolis del Turó deis Dos Pins (Ca- bricación, que denota una mayor elaboración y que se
brera del Mar, Barcelona). Los resultados del estudio asocia regularmente42 a escudos curvos, lenticulares o
de caracterización taxonómica identificaron la made- en forma de teja, consiste en aplicar varias capas de
ra de encina (Quercus Ilex) (García Roselló, Zamora y tablillas encoladas dispuestas a 90º una sobre otra. Pa-
Pujol, 1998: 317). ra este método, se emplean tiras de maderas que se-
Según Rapin (Brunaux y Rapin, 1988: 15) el uso de an flexibles con el fin de dotar de la curvatura necesa-
diferentes maderas en la confección de los scuta tie- ria. Este es el caso del escudo de Fayum Kasr-el-Harit,
nen como finalidad dotar de características esenciales elaborado en madera de abedul. No obstante, el sis-
a cada una de estas armas pasivas. Las maderas blan- tema de tablillas encoladas en varias capas también se
das y ligeras como el tilo o el abedul son aptas para emplea para la fabricación de escudos ovales y planos
otorgar flexibilidad, junto con el acarreo de un peso como es el caso de Dura Europos realizado con tiras de
ligero; mientras las maderas duras y pesadas, como plátano oriental (Stiebel y Magness, 2007: 16-22). En
son el roble o la encina, dotan de dureza y resistencia conclusión, se puede afirmar que se emplean diferen-
al escudo (García, 2011: 428). tes tipos de maderas según la funcionalidad, tamaño
Según un estudio realizado por J. Watson (1995) o manejabilidad (criterios prácticos y funcionales) en
sobre escudos sajones de los siglos V-VII d.C., que nos relación con el peso del escudo, su dureza o resisten-
sirve para comparar la colección de maderas emplea- cia. En el caso de la madera de fresno utilizada para la
das, sobre un total de 148 escudos, el 50% era chopo fabricación del escudo del castro de El Cincho es posi-
ble que fuera elegida por su función de maleabilidad,
resistencia y flexibilidad, bien en forma de finas lamas
entrecruzadas o en tablas molduradas encoladas, qui-
zás para darle cierta curvatura o concavidad al escudo.
El propio Plinio El Viejo (s. I d.C.) en su Naturalis
38. Se hallaron más de cincuenta ejemplares (Quesada, 1997: 534). historia (16, 77) relata las maderas más apropiadas pa-
39. Se conservan en el museo Latenium (Neuchâtel). El número de escudos ra la elaboración de los escudos:
hallados asciende a 29 (Torres-Martínez, 2011: 461). “Los árboles que tienen la madera más fría son to-
40. Se conocen más ejemplares, en especial umbos lenticulares; si bien, no se dos aquellos que crecen en el agua, pero los más fle-
ha caracterizado el tipo de madera empleada. Por ejemplo, el umbo len- xibles, y por esta razón los más apropiados para hacer
ticular de Kvarlov (Scania, Suecia) fechado entre el 780-400 a.C. (Mar-
tens, J. 2001: 140). Recientemente, se ha hallado un ejemplar de escudo
ovalado tachonado en madera del s. I d.C. en Alken Enge, Dinamarca
(Mattias, 2015: 38-39) http://www.museumskanderborg.dk/Alken_Enge-
451.aspx. (Consulta: 3 / II / 2016). También está el escudo ovalado y ta-
chonado de Vædebro, Skanderborg (Alemania) fechado entre el s. I a.C.
y el I d.C. (Ilkjær, 2001: 356-358, fig. 319; Kontny, 2008: 126).
42. Aunque también se han empleado en la fabricación de escudos planos o
41. Agradecemos a Yeyo Balbás la información, apuntes y sugerencias en es- circulares en dos o tres capas. Véase el ejemplo de Masada (Stiebel y Mag-
te apartado. ness 2007: 16-22).
176 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

escudos, son aquellos en los que una incisión se con-


trae enseguida y cierra su herida, y por ello deja pasar
el hierro con mayor contumacia; a esta clase pertene-
cen la vid, el sauzgatillo (vitex), el sauce, el tilo, el abe-
dul, el saúco y las dos especies de álamo”43.
Polibio (Historias 6, 23) relata cómo es un escudo
legionario en el siglo II a.C.:
“El romano consta, en primer lugar, de un escudo
de superficie convexa, de dos pies y medio de longitud
y de cuatro de anchura. El espesor de su reborde es,
más o menos, de un palmo. Está construido por dos
planchas circulares encoladas con pez de buey; la su-
perficie exterior está recubierta por una capa de lino y,
por debajo de ésta, por otra de cuero de ternera. En
los bordes superior e inferior, este escudo tiene una
orla de hierro que defiende contra golpes de espada y
protege el arma misma para que no se deteriore cuan-
do se deposita sobre el suelo. Tiene ajustado un um-
bo metálico que lo salvaguarda contra piedras, lanzas
y, en general, contra choques violentos de proyecti-
les”44.

VII.3.3. Tachuelas hemisféricas


Un elemento destacable del conjunto metálico aso-
ciado al escudo o caetra son las tachuelas hemisféricas
de cobre (Fig. 24). Consisten en una especie de rema-
ches hemisféricos de cobre de apenas 0,6 mm de es- Figura 24: Tachuelas de cobre hemisféricas, en algunos ejemplares
pesor con una perforación central donde iría alojado con restos de las puntas de hierro.
un pequeño clavo de hierro. En un caso se conserva.
el remache de la placa de la anilla del telamón de hie-
rro; así como, siete tachuelas de cobre (aprox. 13-14 ferentes soportes. Pese a las variadas interpretaciones
mm de diámetro, 0,6 mm de espesor y 3,3 mm de al- ofrecidas por los diferentes autores cabe señalar que
tura) que se insertaba en el objeto férrico. Todas llevan estos objetos pueden ser multifuncionales, desde la
una perforación central de alrededor de 3,5 mm de guarnicionería, adornos textiles o, tal como se eviden-
diámetro donde iría alojado un pequeño clavo de hie- cia en el caso que nos ocupa, como elemento decora-
rro, que se conserva en uno de los ítems (4,3 mm de tivo y sustentante sobre la superficie del escudo. In-
altura conservada y una sección de 1,5 – 2,2 mm). Po- dudablemente poseen un uso ornamental, como así
siblemente el clavo con madera adherida, anterior- parecen reflejar los escudos aparecidos en las acuña-
mente descrito, se corresponde con una punta de ta- ciones monetarias emitidas con motivo de las guerras
chuela que ha perdido la parte hemisférica de cobre, cántabras o, igualmente, por ejemplo, en las imágenes
ya que la parte que sobresale de la madera tiene una de guerreros portando escudos representados en la
altura de 3,6 mm que coincide aproximadamente con cerámica vascular numantina. Parece que también se
la altura de los remaches hemisféricos; asimismo, la han empleado en algunos scuta de la Edad del Hierro
cabeza de forma cónica tiene un diámetro similar a la como son las improntas sobre la madera conservada
perforación de los remaches de cobre. de los ejemplares de Alken Enge y Vædebro antes ci-
Las tachuelas son un objeto funcional que apenas tados. Sin embargo, también tienen una función prác-
ha variado su forma desde la antigüedad hasta la ac- tica evitando que se despegue la capa de cuero o fiel-
tualidad; por lo que, su uso es muy variado sobre di- tro que recubría los escudos de madera. Tachuelas si-
milares fueron halladas formando parte de la decora-
ción del escudo romano de Doncaster fechado hacia el
86-87 d.C., si bien, en este caso formaban hileras, que
se han interpredo como elementos de fijación de la
delgada capa de cuero que lo recubría, complemen-
43. Plinio El Viejo, Historia Natural, Libros XII-XVI, Traducción y notas de F. tando a los herrajes de hierro longitudinales en esta
manzanero Cano, I. García Arribas, Mª. L. Arribas Hernáez, A. Mª. Mou-
re Casas y J. L. Sancho Bermejo (2010), Biblioteca Clásica Gredos, 388, función (Travis, 2015: 50-58).
Editorial Gredos. Se conocen paralelos en guarnicionaría como es el
44 Polibio, Historias, Libros V-XV, Traducción y notas, Manuel Balasch Recort caso de la placa de cinturón de Rueda de Pisuerga (Pa-
(1981), Biblioteca Clásica Gredos, 43, Editorial Gredos. lencia) fechable en el siglo II-I a.C. (Bolado y Fernández,
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 177

2010: 419 y 423). En el castro de Las Rabas (Cervatos,


Campoo de Enmedio) se han constatado al menos tres
ejemplares identificados como “botones de guarnicio-
nería”, también con perforación central, alguno deco-
rado con círculos concéntricos y que se fechan en la IIª
Edad del Hierro (Fernández et alii 2012: 237-240) Igual-
mente en las excavaciones de García Guinea se locali-
zaron más ejemplares (García Guinea y Rincón, 1970:
24 y fig. 30). También en el castro de Santa Marina-
Monte Ornedo (Valdeolea) fueron hallados dos “boto-
nes de guarnicionería” similares a los aquí descritos (Fer-
nández y Bolado, 2011: 326-327) y otro más en el in-
terior de la sauna, edificio que se fecha entre el s. II-I
a.C. (Fernández et alii 2014: 180). En la necrópolis de
Numancia (fin s. III a.C. al 133 a.C.) el hallazgo de apli-
ques huecos hemisféricos o casquetes son muy fre-
cuentes en las tumbas, llegando a localizarse en 41 en-
terramientos (del total de 61sepulturas), algunas con
concentraciones elevadas que alcanzan los 31 ejempla-
res por tumba, que son interpretados como adornos de
Figura 25: Escudos representados en las emisiones de Coelio Caldo
telas o tocados. Las mayores concentraciones se aso- y Carisio (s. I a.C.) con tachuelas sobre la superficie y otras decora-
cian a placas de cinturón por lo que cabe pensar que en ciones.
este caso formaban parte de la decoración del cuero del
cinto (Jimeno et alii 2004: 224-225).
El hallazgo del conjunto metálico en el castro de El VII.4. Paralelos
Cincho presentaba en planta una disposición lineal, La evolución cronotipológica de las anillas y grapas
compuesto por tres tachuelas a las que se le sumaba asociadas al sistema de correas de sustentación (tela-
el remache que fijaba la placa de la grapa de la anilla món o tiracol) del escudo se ha establecido a partir de
de sustentación, de igual forma y tamaño que estas los hallazgos en las necrópolis de incineración. Los
tachuelas, y que se disponía intercalado con éstas. Es ejemplares más antiguos (ss. V y principios del IV) son
decir, que cuatro de estos tachones hemisféricos de un par de anillas móviles de hierro unidas al escudo
cobre se situaban alineados, separados unos de otros por una grapa cerrada, clavada y que al exterior se fi-
unos 5 cm45. Es muy probable, que formasen parte de ja con un remache o roblón de cabeza plana o hemis-
la decoración de la superficie exterior del escudo; co- férica (Grupo O de F. Quesada). Este sistema cumpliría
mo así aparece reflejado en la mayoría de los escudos en ocasiones la función de manilla con la que sujetar
representados en las emisiones de moneda conme- el escudo, que puede complementarse con una em-
morativa de las guerras astur cántabras, acuñadas a puñadura de madera o hierro (Quesada, 1997: 499).
partir de la fundación de Emerita Augusta en el año 25 Este modelo de anillas para telamón evoluciona de for-
a. de C. por el legado imperial de Augusto de la pro- ma diferente en el mundo ibérico y en el celtibérico. En
vincia de Lusitania Publio Carisio. Esas mismas ta- ambientes íberos, las anillas se incorporan a la mani-
chuelas también se reconocen en uno de los escudos lla de hierro de tipo de aletas o de cinta (Grupos III y
representados en los denarios del cónsul Coelio Caldo IV respectivamente de F. Quesada), una en cada aleta,
(acuñados por su nieto en el 51 a.C.)46 (Fig. 25 y re- mediante un vástago o alambre de hierro doblado en
creación en Fig. 28 y 30). “U” que perfora primero la placa de hierro de la ma-
nilla, luego el cuerpo del escudo y los extremos so-
brantes del vástago se doblaban en forma de “S” en lo
que se ha denominado en “gusanillo” (Quesada,
1997: 495-496)48. En la cultura celtibérica las anillas
se separan, de forma independiente, de la manilla del
escudo; si bien, se conocen algunos ejemplares de ma-

45. Una tachuela más apareció un tanto desplazada, a 8,5 cm de las ante-
riores, que igualmente podía formar parte de ese juego de decoración.

46. Queremos agradecer a D. Eduardo Peralta Labrador el habernos apunta-


do estos paralelos de tachuelas en escudos en las monedas de Coelio Cal-
do, en los cuales también se observan modelos de caetra con el emblema
astral de las estelas discoideas gigantes de Buelna y Piélagos. E. J. Peralta 48. Si bien es el tipo predominante en el mundo ibérico se conocen ejempla-
Labrador (25 nov. 2015) “Cartas desde el Medulio (1): Signa Militaria Can- res dispersos en el mundo celtibérico, como por ejemplo, en la necrópo-
tabrorum” en Proyecto Mauranus: http://mauranus.blogspot.com.es/ lis de las Cogotas (Cardeñosa, Ávila), La Revilla B (Soria) y Atienza que se
2015_11_01_archive.html (Consulta 3 / II /2016). han considerado influencia del primero.
178 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

Figura 26: Evolución cronotipológica de los escudos y los sistemas de enganche del sistema de tiracol del escudo. Elaboración a partir de la
tabla comparativa de armas de la meseta de F. Quesada (2010: 55).

nillas de aletas y de tipo cinta con gusanillo o incluso El sistema de fijación del telamón al escudo típica-
simplemente doblada. En concreto, este último tipo mente celtibérico se realiza con grapas, con o sin ani-
es típico de la meseta oriental y occidental, datándo- llas, separadas del sistema de agarre con manilla. Se
se desde la últimas décadas del s. IV hasta los ss. III-II conocen varias variantes que es posible agrupar en dos
a.C. (Quesada, 1997: 506). tipologías básicas. Un modelo, a priori más antiguo,
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 179

Figura 27 y 28: Disposición de la pieza en el interior del escudo (Dibujo: Manuel García Alonso). Reproducción experimental realizada por el
equipo del proyecto El Cincho de un escudo circular grande con el sistema de placas, grapa y anilla para el tiracol.

basado en un sistema de grapa en “U” con anilla y con a.C., como por ejemplo la sepulturas 12 y 20 de Al-
una o dos placas de encastre a presión que se rema- panseque, Almaluez, Quintanas de Gormaz, La Mer-
tan al exterior con remaches circulares, hemisféricos o cadera y Aguilar de Anguita (Quesada, 1997: 508-
de forma estrellada. Y un segundo grupo formado por 510). En una segunda fase, durante todo el siglo IV
los denominados escudos de tipo Miraveche-Monte a.C., comienzan a aparecer ejemplares como el que
Bernorio que únicamente disponen de grapas (sin ani- aquí nos ocupa con dos placas que esporádicamen-
lla) donde se fija el telamón (Fig. 26). te se asocia a umbos de hierro con apéndices radia-
La pieza hallada en el castro de El Cincho se en- les o Tipo II (Quesada, 1997: 511-514), aunque tam-
marca en el grupo de anillas de sustentación con gra- bién a grandes tachones como un ejemplar de la ne-
pa en “U” y con placas de encastre a presión, que crópolis de Griegos, Teruel (Cabré, 1939-40: Lam. II).
aparecen frecuentemente en la necrópolis de incine- Ejemplares de este tipo se han hallado en las necró-
ración celtibéricas con diferentes variantes (Fig. 27 y polis de La Mercadera (sepultura 14), Gormaz, Grie-
28). Usualmente este tipo de anillas aparecen aso- gos (tumba 3 asociada a un gran tachón de bronce),
ciados a umbos de escudo del tipo “grandes tacho- Atienza (tumba 13) y la necrópolis de Aguilar de An-
nes de bronce” (grupo I del s. V a.C. en la tipología guita (Tumba A y B) e incluso en la Tumba C asocia-
de F. Quesada (1997: 508-509) o a umbos de “ter- da a un umbo de apéndices radiales (Lorrio, 2005:
minales radiales de hierro” (Grupo II de mediados del 160-171). El ejemplar más reciente aparece en la
s. V a.C. hasta finales IV a.C. en la tipología de F. Que- tumba 5 de la necrópolis Viñas de Portuguí de Osma
sada 1997: 511-514). No se asocian a manillas de (Soria) datada en el siglo III a.C. (Fuentes, 2004: 152,
hierro; ya que muy posiblemente debían ser confec- 168 y 173-174; Schüle, 1969: Tafel 63). Este sistema
cionadas en madera u otros materiales perecederos. de placas y anillas parece que empieza a sustituirse
Sin embargo, esta tipología de anillas de sustenta- en el siglo III a.C. por una simple anilla de hierro re-
ción no siempre aparece asociada a umbos, sino que machada al cuerpo del escudo con una grapa que lo
frecuentemente aparecen aisladas (Lorrio, 2005: Ta- atraviesa y dobla las puntas en el exterior (Cabré,
bla 1 y 2, Apéndice I, pieza nº 47) lo que puede in- 1939-40: Lam. XXI) o en la tipología denominada
dicar que los escudos donde se insertaron carecían Monte Bernorio, por abrazaderas o grapas rectangu-
de él o estaban confeccionados en madera quizás del lares sobre caetras pequeñas del s. IV al II a.C. (Ruiz,
tipo spina. Fernando Quesada Sanz llega a definir a 2005: 33 y 75).
este tipo de anillas como un sistema de suspensión No obstante, la cronotipología, desde nuestro pun-
para el telamón característico de la Meseta con larga to de vista, no debiera ser atendida de forma categó-
perduración cronológica y tipológicamente encua- rica, ya que se trata de piezas metálicas escasas en
drados en el Grupo VI o “Manillas independientes del cuanto a número, de procedencia cuestionable y en
sistema de telamón” (Quesada, 1997: 508). A juzgar su mayoría en ausencia de contextos con datación ab-
por las evidencias exhumadas en las diferentes ne- soluta.
crópolis parece que este tipo evoluciona desde piezas
con placa al interior y remache al exterior (circular o VII.5. Una aproximación al escudo
estrellado) asociado al grupo de los grandes tachones La interpretación de las evidencias arqueológicas
(Tipo IA) de bronce del s. V a.C. a principios del s IV como es la disposición en planta y distribución de las
180 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

VII.5.1. Las fuentes documentales


Si bien, a menudo frecuentemente se ha señalado
la utilización frecuente en la cultura celtibérica del es-
cudo circular de pequeño tamaño, al modo de los usa-
dos entre los Lusitanos o los Galaicos (caetra), parece
que era más común el uso de la caetra de grandes di-
mensiones o scutum circular. En este sentido parece
apuntar la cita que Diodoro de Sicilia (V, 33, 3) en la
segunda mitad del s. I a.C. hace sobre los celtíberos:
“En cuanto a las armas, algunos celtíberos van pertre-
chados con escudos tureos galos ligeros50, y otros con
unos escudos circulares convexos (Cyrtias51) tan gran-
des como un aspis (en torno a 80-110 cm)” o la re-
Figura 29: Detalle de la escena principal de la estela de Zurita de
Piélagos (s. I a.C. a s. I d.C.) con representación de escudos circula- presentación iconográfica cántabra de los guerreros
res grandes, quizás cóncavos. portando grandes escudos en la estela gigante discoi-
dea de Zurita (Piélagos).
El uso del tiracol para la sustentación del escudo
tachuelas y la anilla de sustentación, su comparación supone dos formas de uso en función del tamaño del
con paralelos de este tipo de piezas de tiracol de es- escudo. En las caetras pequeñas permite amarrar me-
cudo en la cultura de celtibérica y de su área de in- diante las correas al brazo del guerrero y evitar así su
fluencia; así como, su cotejo en alguna representación pérdida. Además, en combate favorece de ese modo
lapidaria (por ejemplo la Estela de Zurita de Piélagos - un ágil movimiento del escudo, que incluso sirve para
Fig. 29-) o las imágenes de la panoplia cántabra apa- dar golpes (Quesada, 1997: 518 y 525), tal como los
recidas en la numismática acuñada con motivo de las describe Diodoro (5, 34) al hablar sobre los Lusitanos
guerras astur-cántabras, parece apuntar a que nos en- (si bien parece que describe el escudo meseteño): “Los
contramos ante los vestigios de un escudo de tipo cir- más valientes de los iberos son los llamados Lusitanos.
cular. Asimismo, se especula que muy posiblemente se En los combates llevan unos escudos pequeñísimos de
trate de una caetra de gran diámetro (en torno a 90 nervios trenzados, que por su solidez pueden prote-
cm), lo que manifiesta un modelo de armamento de- ger el cuerpo con mucha eficacia. Manejándolos ágil-
fensivo de infantería para la lucha en formación o pa- mente a uno y otro lado en las batallas apartan con
ra caballería. suma habilidad de sus cuerpos los dardos lanzados so-
Las fuentes documentales emplean varias deno- bre ellos”. El tiracol sirve para colgar el escudo del
minaciones para los diferentes tipos de escudo, de- hombro según aparecen en algunas iconografías ibé-
pendiendo si el autor es de origen griego o romano, ricas como en el guerrero número 6 de Porcuna (Blan-
describiendo los escudos en función de los referen- co, 1987: 27) o por ejemplo en varios en varios de los
tes que conoce de la lengua de su propio pueblo. exvotos del santuario ibérico de Collado de los Jardines
Así se distingue un modelo circular de pequeño ta- (Sierra Morena, Jaén)52.
maño que puede ser cóncavo, convexo o plano (cae- En cuanto a los escudos de mayor tamaño, el ti-
tra, cetra, clipeus, ancile, parma), un escudo circular racol se emplea para sostener el escudo al hombro,
de tamaño mediano o grande (similar en tamaño al en especial para el combate en caballería. Quizás, se
aspis, clipeus según Isidoro de Sevilla48, quizás scu- llevase colgado para la maniobra de caballería de-
tum circular (Eichberg, 1987:157-169), un escudo nominada Cantabricus ímpetus o Cantabricus circu-
ovalado plano (tureos, a veces también denomina- lus53 que consistía en atacar al enemigo en grupos
do scutum) y un escudo ovalado o rectangular, nor- de jinetes avanzando en círculos mientras arrojan ja-
malmente grande y pesado, de sección curva en for- balinas contra el atacante (Peralta, 2000: 208-209),
ma de teja (scutum)49. por lo que en su retirada hubieran necesitado de un
escudo colgado que les protegiera la espalda (Que-

50. Modelo galo oval y plano.

51. Cyrtias es combado en griego. Hay algún autor que plantea que puedan
48. Isidoro, Etimologías, XVIII, 12. Es de gran tamaño, así llamado porque ser escudos trenzados con mimbre (Quesada, 1997: 524) ya que la pala-
“escuda” (clipeare) o protege el cuerpo y lo pone a cubierto de los peli- bra también alude a algo trenzado.
gros.
52. Entre otros Rueda, 2012: 269, 273, 275, 277, 279, 281 y 283; Cabré,
49. Se conocen más modelos del mundo romano y prerromano pero que es- 1939-40: Láms. I y XVIII.
capan al hilo conductor de este artículo: pelta, escudos planos hexago-
nales, etc. 53. Arriano, Tact. XL, 1-12.
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 181

sada, 1997: 527) y les permitiera tener las manos li- niendo ni abrazadera ni asa (propax y antilabé)”. La re-
bres para lanzar los proyectiles con una y sostener presentación artística de escudos cóncavos en la cerá-
haces de ellos en la otra. Portar pesados escudos col- mica pintada ibérica y la escultura prerromana de la
gados del hombro permite a la infantería caminar Península Ibérica muestra pequeñas rodelas de apenas
sin tener que sostenerlo con la mano, evitar su caí- 40 cm de diámetro (salvo en el caso de la cerámica de
da durante el combate o huir en los combates de Liria donde parecen mayores) pero no se conocen es-
guerrilla salvaguardándose la espalda55. cudos cóncavos del tamaño de la estela Zurita. Véase
Silio Itálico cuando habla de los pueblos montañe- el caso del broche de cinturón de La Osera, el pomo de
ses del norte dice que las caetrae de la juventud gue- puñal de la sepultura 32 de Las Ruedas, las esculturas
rrera cántabra lanzaban destellos: effulget caetrata iu- de los guerreros Galaicos, la cerámica de Liria, los ex-
ventus; Cantaber ante alios… (Silio Itálico, IX, 229- votos ibéricos (Quesada, 1997: 527-528) o las mone-
232, en Peralta, 2000: 188-189), lo que hace suponer das de Carisio realizadas con posterioridad a las gue-
que contaban con elementos metálicos que reflejaban rras Astur-Cántabras y los denarios del cónsul Coelio
la luz, quizás grandes umbos de hierro o tachones de Caldo acuñados por su nieto en el 51 a.C. donde apa-
bronce, y/o numerosas tachuelas de cobre que recu- recen caetras levemente cóncavas con umbo (Peralta,
brirían la parte externa del escudo, como parece ser el 2009: 90-91). Un escudo tan grande, sin umbo y cón-
modelo encontrado en El Cincho. Siguiendo a Silio Itá- cavo, no sería efectivo para el combate de infantería
lico: sobre estos elementos metálicos se golpeaban las pesada pues dejaría expuestos los flancos, favorecien-
armas al entrar en combate por lo que se les denomi- do la concentración de los golpes sobre el brazo del
naba “caetrae sonoras” (Silio Itálico, III, 348; X, 229- guerrero, resultando difícil de manejar por su propio
230; XVI, 30-20). Sin embargo, dado el carácter lite- peso, ya que tendería a balancearse hacia adelante y
rario de la narración de Silio Itálico hay que tomarse hacia abajo al sujetarlo por un asa que debía estar re-
estos datos con las debidas reservas, ya que ciertos da- traída al carecer de umbo. Los casos antes apuntados;
tos han podido adornarse retóricamente. así como, cuatro ejemplos arqueológicos, en especial
El referente o paralelo más cercano, en cuanto a las manillas de aletas de escudos planos ibéricos del s.
un escudo redondo de tamaño grande, es el que apa- IV a.C. que se doblan levemente en el borde hacia
rece representado en la estela discoidea gigante de Zu- afuera55 y la discutible hipótesis de Cabré (1939-40:
rita de Piélagos (Fig. 29). En ella han sido tallados dos 71) sobre los terminales de los tirantes de escudo tipo
escudos circulares grandes, cóncavos y sin umbo en la Monte Bernorio, indican su existencia como escudos
parte superior de la escena y en la parte inferior de la cóncavos de tamaño pequeño. La cerámica de Liria
estela un posible guerrero yacente que aún porta su muestra a guerreros combatiendo con el brazo casi ex-
caetra (Peralta, 2000: 189-190). Parece apreciarse en tendido portando escudos de tamaño mediano con
los desgastados bajorrelieves que los escudos circula- una pronunciada concavidad; lo que lleva a considerar
res penden de los hombros de los guerreros median- que en estos casos, su tamaño debía ser pequeño y su
te correas. Sin embargo, aunque la existencia de es- fabricación debió emplear materiales ligeros (cuero,
cudos cóncavos en cóncavos tipo caetra constatado mimbre, etc.) para permitir mover el brazo con soltu-
por su nutrida representación iconográfica en la es- ra. Su función se encontraba en mantener alejado al
cultura ibérica y lusitana, cerámicas ibéricas, orfebre- máximo al atacante; si bien, su concavidad parece ha-
ría, numismática romana; así como, en las fuentes es- berse exagerado, como probablemente lo hacen con
critas; sin embargo, se plantean varias incertidumbres su dimensión. Este tipo de solución cóncava sobre es-
sobre el tipo de escudo reflejado en dicha estela (con cudos grandes únicamente puede explicarse por una
una dimensión que cubre desde los hombros a las ro- utilidad práctica para caballería, ya que podría permi-
dillas y carente de umbo). Hay bastante bibliografía tir ajustar el escudo al cuerpo y liberar así la pierna del
sobre la existencia de escudos cóncavos que básica- roce del escudo. También cabe la posibilidad que el es-
mente ha sido recopilada y valorada por Fernando cudo representado sea en realidad un escudo plano
Quesada (1997: 527-528). Estrabón (29 a.C. aprox.) con reborde reforzado, tal como aparece representa-
al referirse a los Lusitanos (III, 3, 6-7) dice: “usan una do en una de las estelas Numantinas conservadas en el
pequeña rodela que tiene un diámetro de dos pies museo homónimo. Por último, una última explicación
(unos 60-66 cm) y es cóncava por delante (Koilon esi pudiera encontrarse en la utilización de materiales li-
to prosthen), y se maneja por correas, (telamón) no te- geros en su fabricación (mimbre, cuero, etc.) lo que
hubiera permitido moverlo ágilmente durante el com-

54. Agradecemos el apunte de Yeyo Balbás sobre la cita de Jenofonte, en su


Anabasis (Libro VII, IV, 13) “Los tracios huyeron, echándose a la espalda
sus peltas, según tenían costumbre. Y al saltar las estacas algunos se que-
daron colgados de ellas por los escudos y así fueron cogidos; otros pere- 55. Castellet de Bernabé (Valencia), Cigarralejo, La Serreta de Alcoy y Castille-
cieron también porque no acertaron a encontrar salida”. jo de la Orden en Cáceres (Quesada, 1997: 528).
182 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

Figura 30: Diferentes tipos de escudos utilizados por los pueblos de la meseta y del norte en la segunda mitad de IIª Edad del Hierro. El cen-
tral interpretación del escudo de El Cincho con indicación de las piezas halladas.

bate. Sin embargo, esta confección liviana restaría po- que vienen de lejos y los asestados de cerca; son es-
der de resistencia en el escudo; más si cabe, cuando en cudos con los que se puede contar. Los romanos lo
este tipo de combate se requiere la protección de la comprobaron y lo imitaron al punto. Ellos, más que
mayor parte del cuerpo de forma estática frente a los cualquier otro pueblo, cambian fácilmente sus cos-
envites, empujones y punzadas del enemigo. En cual- tumbre e imitan lo que es mejor que lo suyo”57.
quier caso, si los escudos fueron tal como son repre-
sentados en la estela de Zurita no existe ninguna evi- VII.5.2. El escudo circular como arma de defensa
dencia arqueológica56 (Quesada, 1997: 528). Es posi- pasiva: dos tamaños, dos formas de combate para
ble que estos escudos representados en la estela sean la infantería. El escudo de caballería
los escudos de cuero citados por Polibio en el siglo II El escudo es parte del equipamiento básico de la
a.C. (Historias, VI, 25) para la caballería romana ante- guerra en la antigüedad enmarcándose en lo que se
rior a la conocida por él, ya que fueron sustituidos por denomina armamento pasivo o de protección junto
el modelo griego (Thureos ovalado o bien clipeus si- con las armaduras, grebas y cascos. Si bien, éste pue-
milar a la caetra): “Los jinetes romanos usaban tam- de ser usado como arma para golpear al enemigo.
bién antes unos escudos confeccionados con piel de Los escudos varían en la forma, material, perfil y
toro, muy semejantes a las tortas en forma de ombli- tamaño adaptándose al modo de combate guerrero
go que se ofrecen en los sacrificios. Pero estos escudos (caballería, infantería pesada o ligera, guerrilla o ba-
eran casi inservibles en caso de ataque, porque no te- talla campal), reconociéndose una evolución en el
nían ninguna solidez; cuando las lluvias han enmohe- tiempo, desde los escudos circulares de finales de la
cido la piel y ésta se destroza, pierden la poca utilidad Edad del Bronce hasta las influencias del mundo me-
que antes tenían. Por eso, porque la experiencia no les diterráneo y céltico.
recomendó aquellas armas, los jinetes romanos adop- Los escudos circulares responden a dos tipos bási-
taron muy pronto el equipo griego... Lo mismo cabe cos relacionados con su tamaño. Los escudos circula-
decir de los escudos griegos: resisten bien los golpes res pequeños o caetras se asocian con la infantería li-
gera o caetrati donde es necesario manejar el escudo
de manera ágil en la lucha cuerpo a cuerpo en forma-
ción abierta (concursare) o en la lucha de guerrillas en
56. Una posibilidad que no se ha apuntado son los convencionalismos en la
representación gráfica de los escudos. En la escultura romana se tiende a
reducir el tamaño del escudo para resaltar la figura humana (Bishop y
Coulston, 2006: 1-22). ¿En el caso de la escultura indígena hispana cabría
la posibilidad que los escudos se les aumentase su tamaño dado que cons-
tituyen un elemento importante en su panoplia guerrera?

57. Polibio, Historias, Libros V-XV, Traducción y notas, Manuel Balasch Recort 58. También se conocen representaciones de jinetes que portan escudos pe-
(1981), Biblioteca Clásica Gredos, 43, Editorial Gredos. queños como en el caso de la Diadema de Moñes.
Lino MANTECÓN CALLEJO y Javier MARCOS MARTÍNEZ 183

espacios boscosos o terrenos accidentados, la “guerra VII.6. Contextualización del hallazgo


de terreno” (topomaquia) que describe Estrabón (I, 1, El hallazgo de escudos prerromanos asociados a
17), o la “guerra de fuego” que alude Polibio (XXXV, contextos proto-urbanos no es nada frecuente en la
1) donde lo importante es beneficiarse de la agilidad arqueología de la Península Ibérica, pues la práctica
con el uso de armamento ligero y arrojadizo58. Los es- totalidad de los mismos aparecen asociados a necró-
cudos de mayor tamaño los portaban la infantería pe- polis de incineración. No obstante, se conocen algunas
sada o scutati, bien sea en su forma de scuta al estilo excepciones donde no está clara la adscripción cultu-
galo (ovalado o rectangular) o caetras circulares de ral al mundo romano republicano sertoriano o a la cul-
grandes dimensiones, que son más aptos para la for- tura celtibérica, ya que se encuentran mezcolanzas de
mación cerrada, donde es importante protegerse con armas de tipología romana y celtibérica. Sería el caso
el escudo, apoyándose en los escudos de los infantes del depósito de la Casa de Likene en La Caridad (Ca-
contiguos y además utilizarlo para empujar al enemi- minreal, Teruel) vinculado con un episodio de las Gue-
go, desequilibrarlo o incluso para golpear directa- rras Sertorianas (82-72 a.C.) donde distribuidas por las
mente con él (Peralta, 2000: 200-203; Polibio 18, 30, diferentes estancias se hallaron un buen número de
7)59. En el s. I a.C. había entre el pueblo de los cánta- armas, entre ellas la conocida catapulta, y dos scuta,
bros scutati o infantería pesada, como al igual que los uno de ellos con un umbo de aletas de tipo latenien-
celtíberos (Caes. BC. I, 38, 39), armados con el gran se (Lorrio, 2005: 150; Vicente et alii, 1991: 112). Tam-
scutum oblongo de madera (Diodoro, 5,33-38); así co- bién el depósito de armas de la Azucarera de Alfaro
mo, también escudos circulares grandes de caballería (La Rioja) donde se hallaron cinco umbos de escudo
con umbo central, en madera recubierta de cuero (Pe- junto con abundante armamento también relacionado
ralta, 2009: 91) ya que permitía cubrir una mayor su- con episodios sertorianos (Iriarte et alii, 1996: 182)60.
perficie del flanco del jinete a caballo y por lo tanto El caso del escudo tipo caetra de El Cincho resulta sin-
ofrecer una mayor protección. Este tipo de escudos gular por ser una de las primeras evidencias de este ti-
aparecen representados en varias estelas celtibéricas po, asociada además a restos de madera y a tachuelas
de Clunia, de Numancia o en la fíbula de Cañete de decorativas.
las Torres (Córdoba). Se han realizado un análisis de datación absoluta
Entre los cántabros, Estrabón (III, 3, 7) nos descri- de una muestra de carbón (14C, AMS) sobre un carbón
be la existencia de infantería ligera, infantería pesada asociado al estrato (nivel 2) y próximo a la pieza. El re-
y caballería. “Practicaban también competiciones de sultado obtenido elaborado por el laboratorio Beta
infantería ligera, así como de hoplitas y caballería en Analytic inc. es Beta-438063: 2220 ± 30. La calibra-
pugilato, carrera y batallas de tiro en formación cerra- ción de la fecha61 con un 95.4% de probabilidades os-
da”. Es decir, que para cada tipo de lucha se necesita- cila entre el 375 al 203 cal a.C. que otorga una cro-
rían escudos específicos: caetras de pequeño tamaño nología un poco más reciente que las atribuciones por
para la lucha individual en formación abierta de in- paralelos tipológicos, pero dentro de un rango razo-
fantería ligera o en zonas accidentadas (bosques, te- nable (Fig. 31).
rrenos escabrosos, etc.), escudos grandes ovales o cir- La anilla de sustentación de escudo mediante tela-
culares para la caballería y pesados scutum y/o escudos món o tiracol hallado en el castro de El Cincho, fue lo-
circulares de tamaño grande para la infantería pesada calizada en la parte interna de la muralla principal, in-
al modo de los hoplitas para su uso en el combate en mediatamente bajo el derrumbe de la fase de la mu-
formación cerrada (Fig. 30). Una gran batalla en cam- ralla más reciente (Fig. 32). Estratigráficamente la pie-
po abierto aconteció a los pies de la ciudad de Bergi- za metálica se localiza próximo a la interface 1-2; más
da o Bellica en la ofensiva de Antistio del año 25 a.C. concretamente, a techo del horizonte 2 que se rela-
para la cual debieron emplearse por parte de las tro- ciona con la fase I de la muralla. Las piezas se hallaban
pas Cántabras de infantería pesada pertrechadas con envueltas en la matriz terrosa del horizonte, justo por
scutum oblongos o escudos circulares de gran tama- debajo del derrumbe de piedras de la segunda fase de
ño (Dion Cassio 53, 25,7; Peralta, 2009: 250; 2015: la muralla que lo selló. Se interpreta que la pieza del
364). escudo es anterior a la ruina y el colapso de la fábrica
II o última fase de fortificación del castro. Dada la po-

60. Cabe mencionar, asimismo, el depósito de Cabeça de Vaiamonte (Mon-


59. Se ha planteado incluso que la introducción del scutum oval en la Penín- forte, Portugal) relacionado con episodios entre Sertorio y César, ya ple-
sula Ibérica está relacionado con la difusión del combate en formación namente romano, donde fue hallado un umbo circular (Rita, 2014: 326-
cerrada del ejército cartaginés de Aníbal (Polibio, 3,114; Livo 22, 46). Las 328).
Guerras Púnicas pudieron propagar las excelencias de este tipo de escu-
dos entre las tropas indígenas incorporadas a las filas cartaginesas. Para 61. INTCAL13 database. Reimer et alii (2013): “IntCal13 and Marine13 radio-
saber más sobre esta problemática consultar (Quesada, 2002-2003: 76 y carbon age calibration curves 0–50,000 years cal BP”, Radiocarbon 55(4):
el artículo en general). 1869-1887.
184 EL HALLAZGO DE UN ESCUDO DE LA SEGUNDA EDAD DEL HIERRO EN EL CASTRO DE "EL CINCHO" (BARRIO DE YUSO, …

Figura 31: Curva de calibración de la fecha de 14C-AMS de un car- Figura 32: Recreación de la posición del escudo sobre el plano de la
bón hallado junto al escudo. excavación, en la parte interna de la muralla del castro.

sición estratigráfica de las piezas del escudo justo en pieza nos ilustra como en la costa de cantábrica se em-
zona de contacto entre ambos estratos, pero dentro plean modelos de panoplia bien constatados en la cul-
del estrato asociado a la primera fase de la muralla, en tura celtibérica y su área de influencia, en principio en-
nuestra opinión cabe relacionarla con un momento del marcados cronológicamente entre inicios del siglo VI
funcionamiento de esta fase edilicia o muralla de tipo a.C. a finales del III a.C. La gran mayoría de los escu-
muro gálico.. dos de la cultura celtibérica derivan de su hallazgo en
Al observar la posición estratigráfica en la que apa- contextos funerarios64, como son las necrópolis de in-
reció la singular pieza (a pie de muralla, y bajo su de- cineración, rara vez provenientes de su descubrimien-
rrumbe), se plantean varias hipótesis explicativas: en to en escenarios bélicos o protourbanos. Es singular
nuestra opinión cabe relacionarla con un momento del por cuanto se asocia a un contexto poliorcético de una
funcionamiento de esta fase edilicia o muralla de tipo muralla de un castro del periodo de la Edad del Hierro
muro gálico. Una segunda interpretación es que la ani- II o época del pueblo indígena de los cántabros. Se
lla fuese coetánea con el propio derrumbe de la mu- trata del primer escudo cántabro encontrado dentro
ralla. Se maneja la posibilidad de la utilización simbó- de la circunscripción autonómica de Cantabria. Tam-
lica de la muestra de escudos en la coronación del bién es el primer escudo de tipología de caetra que ha
adarve de la muralla62. Igualmente, es posible que el permitido analizar la madera empleada en su cons-
escudo se hallase colgado en una casa, no constatada, trucción, en este caso fresno. Es por todo ello, que se
adosada a la muralla63 o cabe la posibilidad que se re- sostiene que el vestigio posee un indudable valor mu-
lacione con el último momento de uso de la fortifica- seográfico.
ción, quizás durante su colapso, fruto del abandono o En Santillana del Mar, a 14 de Junio de
de un asedio. 2016. Víspera del comienzo de una nueva
La escasa riqueza que proporciona este tipo de campaña arqueológica.
asentamientos castreños en cuanto a materiales ar-
queológicos, apenas permite realizar mayores aproxi- BIBLIOGRAFIA
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62. Salvando las distancias en los relieves del Palacio del sur-oeste en Nínive
Nineveh (Iraq), habitación XXXVI, panel 7, 700-692 a.C. (The British Mu-
seum, London) los guerreros se guarnecen con sus escudos redondos en
el exterior de las almenas de una torre de asedio. 64. El marco funerario ofrece ítems procedentes de un contexto postdeposi-
cional, fruto de la recogida de la pieza incinerada y posteriormente se-
63. La posibilidad que la pieza se asocie a una estancia o lugar habitacional pultada en la fosa. El caso de la pieza de El Cincho es distinto, ya que se
adosado a la fábrica de la muralla por el interior tampoco está clara, ya halló “in situ”; por lo que, se han podido conservar elementos sumamente
que precisamente en esta zona del castro se sitúa una profunda dolina endebles como son las tachuelas ornamentales de cobre y vestigios líg-
que no deja margen para la instalación de viviendas, salvo un pequeño pa- neos, objetos que mayoritariamente se pierden en el proceso de incine-
sillo. ración.
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