Facultad de Economía, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
CURSO RÁPIDO SOBRE MACROECONOMÍA
Author(s): N. Gregory Mankiw
Source: Investigación Económica, Vol. 51, No. 201 (julio-septiembre 1992), pp. 243-269
Published by: Facultad de Economía, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM)
Stable URL: https://www.jstor.org/stable/42777383
Accessed: 22-10-2018 06:11 UTC
JSTOR is a not-for-profit service that helps scholars, researchers, and students discover, use, and build upon a wide
range of content in a trusted digital archive. We use information technology and tools to increase productivity and
facilitate new forms of scholarship. For more information about JSTOR, please contact support@jstor.org.
Your use of the JSTOR archive indicates your acceptance of the Terms & Conditions of Use, available at
https://about.jstor.org/terms
Facultad de Economía, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) is
collaborating with JSTOR to digitize, preserve and extend access to Investigación Económica
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Investigación Económica 201 , julio-septiembre de 1992¿ pp. 243-269
CURSO RÁPIDO SOBRE MACROECONOMIA*
N. Gregory Mankiw**
Introducción
Hace veinte años era más fácil ser estudiante de macroeconomia. Los
macroeconomistas se sentían más seguros de las respuestas que daban
a preguntas como: "¿qué ocasiona que la producción y el empleo
fluctúen?, y "¿cómo debe responder la política a estas fluctuaciones?"
En el nivel de los libros de texto, el modelo económico aceptado
era el modelo is-lm. Había tenido muy pocos cambios desde la inter-
pretación que John Hicks (1937) hizo de la otrora revolucionaria vi-
sión de la economía de John Maynard Keynes (1936). Puesto que el
modelo is-lm tomaba como dado el nivel de precios, se agregó una
curva de Phillips para explicar el ajuste de los precios. Algunos pen-
saban que la curva de Phillips tenía la propiedad de la tasa natural,
lo que implicaba que a largo plazo la economía se corregiría a sí misma.
En el nivel de una mayor aplicación, este consenso se encontraba
en los modelos macroeconómicos de mayor escala, como el modelo del
MiT-Penn-Social Science Research Council (mps). La labor de afinar
estos modelos dio origen a muchas teorías. Los encargados de las polí-
ticas privadas y públicas utilizaban con confianza los modelos para
* Este articulo gira mucho en torno de otro previo, "Recent Development in Macroeco-
nomics: A Very Quick Refresher Course", Journal of Money , Credit , and Banking, agosto
de 1988, parte 2. El autor agradece a Moses Abramovitz, David Laidler y Thomas Mayer sus
comentarios, y a la National Science Foundation su apoyo financiero.
** Universidad de Harvard y nber.
243
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
244 N. Gregory Mankiw
predecir importantes series de ti
efectos de políticas macroeconóm
Hoy en día, los macroeconomist
puestas. El modelo is-lm raras v
revistas especializadas; algunos eco
una reliquia de un tiempo pasad
a sus alumnos. Los modelos macr
cionan sólo algunas veces en conf
un toque de burla. Es poco proba
dedique su disertación a mejorar
En comparación con este camb
macroeconomistas académicos ven
mistas de la macroeconomia aplic
te la manera en que analizan la
tado con la curva de Phillips, co
de interpretar las discusiones d
en la prensa y entre los encargad
que se encuentran en la empresa
utilizando los modelos macroecon
y analizar las políticas. Los desarr
han tenido relativamente poca re
cada.
¿Por qué existe tal disparidad entre la macroeconomia académica
y la aplicada? La opinión de algunos académicos es que los prácticos
se han quedado a la zaga de lo nuevo, que continúan utilizando mo-
delos obsoletos porque no han podido estar al día con los rápidos avan-
ces en este campo. Sin embargo, este punto de vista egoísta es sospe-
choso, ya que viola la propiedad fundamental del equilibrio económico.
Supone que no se ha explotado una oportunidad de obtener ganancias.
Si los desarrollos recientes en macroeconomia fueran útiles para el
trabajo aplicado, entonces habrían sido adoptados. La observación
de que los desarrollos recientes han tenido pocas repercusiones en la
macreconomía aplicada crea por lo menos la suposición de que son
de poca utilidad para los economistas de la macroeconomia aplicada.
Se podría estar tentado a concluir que, puesto que el análisis macro-
económico de los últimos 20 años ha tenido pocas repercusiones en los
economistas de la economía aplicada, la investigación no tiene valor.
Sin embargo, esta conclusión también es injustificada. Los últimos 20
años han sido una época fértil para la macroeconomia. Los desarro-
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre magroeconomía 245
líos recientes tan sólo no han sido del tipo que p
mente los economistas prácticos.
A. Una parábola de la macroeconomìa
La historia de la ciencia es útil para entender
macroeconomia. Puesto que no soy historiador
¡garantizar su exactitud. Pero sin importar si e
detalles, esta historia sirve muy bien como un
economia en la actualidad.
Hace aproximadamente cinco siglos, Nicolás Copérnico sugirió que
el Sol, y no la Tierra, era el centro del sistema planetario. En ese en-
tonces, erróneamente se pensaba que los planetas seguían órbitas cir-
culares; ahora sabemos que esas órbitas son en realidad elípticas. En
comparación con el sistema geocéntrico prevaleciente de Tolomeo, el
novedoso sistema de Copérnico era más elegante y, a fin de cuentas,
resultó ser más útil. Pero en la época que fue propuesto, y durante mu
chos años más, el sistema de Copérnico no funcionó tan bien com
el sistema tolomeico. Para predecir la posición de los planetas, el sis-
tema tolomeico era mejor.
Ahora imagínese a usted mismo como astrónomo académico y como
astrónomo práctico cuando Copérnico dio a conocer su trabajo. S
hubiera sido un astrónomo académico, habría dedicado su trabajo de
investigación a mejorar el sistema de Copérnico. El sistema de Copér
nico ofrecía una gran promesa para entender los movimientos de los
planetas de una manera sencilla y bastante intelectual.
No obstante, si hubiera sido un astrónomo práctico, habría seguido
utilizando el sistema de Tolomeo. Hubiera sido aventurado navegar
su barco por el más prometedor, aunque menos exacto, sistema d
Copérnico. Debido al estado en que se encontraba el conocimient
inmediatamente después de Copérnico, era razonable, y de hecho ópti-
ma, una separación entre astrónomos académicos y prácticos.
En este artículo son examinados algunos de los adelantos recientes
en macroeconomia. El público al que va dirigido incluye a economis-
tas prácticos que se encuentran en la empresa privada y en el gobier
no, que a menudo observan la investigación reciente con una mezcla
de diversión, asombro y desdén. El objetivo no es proselitista. Más
bien, consiste en demostrar la manera en que varios adelantos recien
tes señalan el camino hacia una mejor comprensión de la economía, así
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
246 N. Gregory Mankiw
como la sugerencia de Copérnic
el camino hacia una mejor com
A pesar de ello, así como Copér
mente realizada en vida, no debe
cientes, a pesar de ser prometedo
en el futuro cercano. A largo p
desarrollos cambiarán en gran fo
nomistas piensan acerca de la e
B. El rompimiento del consenso
El consenso que prevaleció en m
década de los setenta tropezó con
teórica. La grieta empírica consis
senso no podía hacer frente de
elevadas tasas de inflación y dese
cada de los setenta. La grieta teór
del consenso dejaba un abismo en
croeconómicos demasiado grande
Estas dos grietas se unieron de m
mente en la famosa predicción d
Phelps (1968). De acuerdo con la
lograr y mantener un nivel de
sólo tolerando un nivel de inflac
la década de los sesenta, cuando e
vía estaba en su apogeo, Friedma
de principios microeconómicos, q
ción y desempleo se rompería si l
ban de explotarla. Su razonamien
pleo de equilibrio, o natural, deb
de la demanda de trabajo, de los
otras consideraciones microeconó
crecimiento del dinero. Hechos po
y Phelps estaban en lo correcto:
permanente en el desempleo.
El rompimiento de la curva de P
y Phelps preparó la macroecono
hizo Robert Lucas (1976) sobre el
pugnó que muchas de las relacion
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre macroeconomìa 247
délos macroeconómicos de gran escala no se f
los principios microeconómicos que la curva de
las decisiones que determinan la mayor parte d
económicas, tales como el consumo y la invers
mente de las expectativas sobre el curso futu
modelos macroeconómicos trataban las expec
caballeresca, haciendo uso con frecuencia de
bien arbitrarios. Lucas señaló que muchas inter
biaban la forma en que los individuos formaba
futuro. Sin embargo, los sustitutos de las expec
modelos macroeconómicos no lograron tomar
en la formación de expectativas. Por lo tanto, L
modelos no debían usarse para evaluar la re
alternativas.
La "crítica de Lucas" se convirtió en lema de los radicales que
pretendían destruir el consenso. Los defensores del consenso argumen-
taron que los que utilizaban los modelos macroeconómicos ya estaban
conscientes del problema que Lucas definió tan vigorosamente; que
los modelos eran, sin embargo, informativos si se utilizaban con cui-
dado y criterio, y que la crítica de Lucas era correcta en principio,
pero no era importante en la práctica. Estas defensas no fueron escu-
chadas.
Como se mencionó, el consenso en macroeconomia se rompió debido
a dos grietas. Ambas fueron cruciales. Ni la grieta empírica ni la
grieta teórica eran, por sí solas, suficientes para causar el rompimiento.
Como ejercicio en la historia intelectual, es instructivo considerar dos
contrahechos.
Supongamos que los modelos macroeconómicos no lograron expli-
car los sucesos de la década de los setenta, pero que los macroecono-
mistas confiaban en las bases teóricas de dichos modelos. No hay duda
de que los sucesos se podrían haber explicado de alguna manera. Como
afirmaba con frecuencia el punto de vista de los defensores del con-
senso, gran parte de la estanflación de la década de los setenta puede
atribuirse a los impactos de la oferta de la opep. El resto siempre
puede atribuirse a unos cuantos residuos grandes. La heterodoxia nun-
ca ha sido una buena razón para descartar un modelo de otra forma
bueno.
A su vez, supongamos que los modelos macroeconómicos tuvieron
un desempeño excelente durante la década de los setenta, pero que
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
248 N. Gregory Mankiw
Friedman, Phelps y Lucas de tod
microfundamentos inadecuados. E
sólo habrían molestado al teóric
Friedman y Phelps se habría olv
bado. La crítica de Lucas habría pe
pero la respuesta general habría s
arregles".
Sin embargo, resultó que los modelos macroeconómicos y el punto
de vista del consenso fallaron tanto empírica como teóricamente. Esta
falla condujo a un periodo de confusión, división y emoción en la ma-
croeconomia que continúa hasta la fecha.
C. Direcciones de la investigación
Gran parte de la investigación macroeconómica de los últimos 20
años trata de abordar los problemas que ocasionaron el rompimiento
del consenso. Los economistas han concentrado esfuerzos renovados y
más intensos en construir la macroeconomia sobre una base microeco-
nómica firme. Con mucha frecuencia se sacrifica la relevancia de la
investigación de problemas económicos actuales. Para los que practi-
can la macroeconomia, gran parte de la investigación ha de parece
esotérica e inútil. De hecho, para fines prácticos así es.
Permítase dividir en tres categorías los adelantos recientes en ma-
croeconomia. Al igual que la mayoría de las taxonomías de fenómenos
complejos, la que se propone es imperfecta. Algunos adelantos corres-
ponden a más de una de las tres categorías, y unos cuantos no correspon-
den naturalmente a ninguna de ellas. Sin embargo, la taxonomía e
útil, ya que ayuda a entender la motivación y las metas de los progra-
mas de investigación que han emprendido muchos macroeconomistas
académicos en los últimos años.
Una gran categoría de investigación trata de moldear las expecta-
tivas de una manera más satisfactoria que la que era común hace 20
años. Una atención más cuidadosa al tratamiento de las expectativas
puede a menudo extraer implicaciones nuevas y sorprendentes de los
modelos estándares. La amplia aceptación del axioma de las expec-
tativas racionales es tal vez el mayor cambio en macroeconomia en las
dos últimas décadas.
Una segunda categoría de investigación intenta explicar los fenó-
menos macroeconómicos utilizando los modelos neoclásicos. Estos mo-
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre macroeconomìa 249
délos mantienen el supuesto de que los precios
para equilibrar la oferta y la demanda. Hace 2
mistas solían suponer que era necesaria una t
no agotara el mercado para explicar las fluctu
investigación reciente ha demostrado que lo
mercado tienen implicaciones mucho más r
se pensó y que no se desechan tan fácilmente
Una tercera categoría de investigación inten
croeconomia utilizando los modelos neokeyne
goría es la más compatible con el modelo de l
bina el modelo is-lm con la moderna curva
considerar que esta investigación trata de ubic
nos de libros de texto en bases microeconómicas más firmes.
Expectativas
La noción de las expectativas racionales encuentra sus raíces e
brillante y a la vez tanto tiempo rechazado trabajo de John M
(1961). Para los economistas era rutinario suponer que las empr
racionalmente maximizaban las ganancias y que los consumidores
cionalmente maximizaban las utilidades. Sería una locura no supon
que los agentes económicos actúan racionalmente cuando forman
expectativas sobre el futuro.
Gran parte de la investigación macroeconómica realizada desd
rompimiento del consenso ha explorado la suposición de las expec
tivas racionales. Por sí sola, la suposición de las expectativas racion
no tiene implicaciones empíricas, al igual que la suposición de la m
mización de utilidades no tiene una implicación empírica directa.
embargo, junto con otras hipótesis auxiliares, muchas de las c
son previas a la introducción de las expectativas racionales y parec
en su momento, inobjetables, la suposición de las expectativas raci
les puede tener implicaciones profundas y sorprendentes.
A. Irrelevancia de la política
Una de las primeras y más controvertidas aplicaciones de las expe
tativas racionales la realizaron Thomas Sargent y Neil Wallace ( 19
Afirmaron que la política monetaria sistemática es irrelevante
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
250 N. Gregory Mankiw
la trayectoria de la producción
clusión, Sargent y Wallace tan
nales a la curva de Phillips, aum
Friedman y Phelps. La curva d
perada no influye sobre el desem
rada reduce temporalmente el d
ral. Sin embargo, esta suposición
que las personas no pueden sor
manera sistemática o de política
y constante. Sargent y Wallace
taria sistemática puede generar
de producir inflación no esper
desempleo. Si bien ésta es una
resultado puede volver ineficien
como "incrementar el crecimien
rece entrar en recesión".
Por un tiempo hubo mucha confusión alrededor del significado del
resultado de Sargent y Wallace. Se ha dicho que la irrelevancia de
la política es a veces la implicación de las expectativas racionales
per se. Ahora sabemos que las expectativas racionales no son el punto.
Como demostró Stanley Fischer (1977), es completamente posible
construir modelos con expectativas racionales en los que la política
monetaria sistemática pueda estabilizar la economía. El modelo de
Fischer, en el que los salarios inflexibles desempeñan un papel crucial,
produce las prescripciones de la política keynesiana, a pesar de la
presencia de expectativas racionales.
El documento de Sargent y Wallace fue importante no por su resul-
tado sustantivo de la irrelevancia de la política, sino porque ayudó a
que los macroeconomistas se familiarizaran con el uso de las expecta-
tivas racionales. Demostró que se podían resolver los modelos sin nece-
sidad de invocar sustitutos arbitrarios de las expectativas, y que la
solución con expectativas racionales podría verse muy diferente de
la solución más convencional. El trabajo de Sargent y Wallace fue
uno de los primeros en aplicar las expectativas racionales a la teoría
macroeconómica, e ilustró claramente la importancia potencial de
dicha aplicación.
Una vez que la atención de los macroeconomistas se volvió hacia el
papel central de las expectativas, muchas preguntas tomaron un nuevo
aspecto. Una de las tareas principales de los macroeconomistas aca-
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre macroeconomia 251
démicos fue volver a pensar la teoría macroeconó
cuenta cómo los encargados de tomar decisiones p
expectativas adecuadas para el medio. Remplaz
modelos macroeconómicos de gran escala como el
investigación.
B. Reglas versus discreción
De entre las numerosas preguntas que volvieron
la más importante es si la política pública debía d
de reglas o por medio de la discreción. Muchos au
zonamientos nuevos y a menudo persuasivos p
política discrecional cuando el resultado depend
de los encargados de la políticas privadas (Finn
Prescott, 1977; Guillermo Calvo, 1978; Fischer,
y David Gordon, 1983).
El argumento contra la discreción se ilustra me
que implica políticos y no economistas; específ
pública acerca de negociar con terroristas respec
rehenes. La política anunciada por Estados Unid
que el gobierno no negociará los rehenes. Este an
nimar a los terroristas: Si no se logra nada con s
ristas racionales no tomarán rehenes. Pero, de hecho
lo suficientemente racionales para saber que u
rehenes la política anunciada puede tener poca fu
tación de hacer alguna concesión para lograr
rehenes puede volverse irresistible. Una forma de
lentar a los terroristas racionales es eliminar de a
creción de los encargados de la política y compro
de nunca negociar. Si los encargados de la polític
incapaces de hacer concesiones, se reduciría susta
tivo para que los terroristas tomaran rehenes.
El mismo problema surge menos dramáticame
de la política económica. Considérese el dilema de
taria preocupada tanto por la inflación como por
mundo gobernado por la curva de Phillips, aume
vas, utilizada por Friedman y Phelps. La autori
esperen una inflación baja, de modo que enfren
parativa favorable entre inflación y desempleo. P
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
252 N. Gregory Mankiw
política de inflación baja no es
expectativas, la autoridad tiene
cio de reducir el desempleo. Los
den el incentivo para renegar y
en primer momento. Así como
de rehenes se siente sumamen
los mismos, una autoridad mon
tentada a causar inflación para
terroristas le dan poca importan
negociar, los actores económicos
ticas anunciadas de una inflaci
La implicación sorprendente d
de la política a veces pueden lo
se les quita la discreción. En e
rehenes y menos rehenes moriría
la aparentemente cruel regla
el caso de la política monetaria,
desempleo si la autoridad mone
tica de cero inflación.
Esta teoría de la política monetaria tiene un corolario trivial pero
importante. Una autoridad monetaria con discreción logra el mismo
resultado que una autoridad monetaria limitada a una regla fija de
cero inflación. Si a la autoridad le disgusta la inflación mucho más
de lo que le disgusta el desempleo, la inflación con discreción es casi de
cero, porque la autoridad monetaria tiene pocos incentivos para cau-
sar inflación. Este hallazgo proporciona una guía para los que tienen
la tarea de nombrar a los encargados del banco central. Una alterna-
tiva para imponer una regla fija es nombrar individuos que aborrezcan
la inflación.
El punto que ha surgido aquí en el contexto de los rehenes y de la
política monetaria se llama generalmente incongruencia temporal de
la política óptima. Surge también en otros contextos. Por ejemplo, el
gobierno puede anunciar que no gravará el capital para alentar la
acumulación, pero una vez que el capital está en su lugar, el gobierno
puede tratar de no cumplir su propia promesa porque la imposición
del capital existente es no distorsionadora. Como otro ejemplo, el go-
bierno puede anunciar que perseguirá vigorosamente a los evasores
fiscales, pero una vez que se han evadido impuestos, el gobierno puede
estar tentado a declarar una "amnistía fiscal" para reunir algunos
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre macroeconomìa 253
ingresos extra. Como tercer ejemplo, el gobierno
dará un monopolio temporal a los inventores de pr
alentar la innovación^ pero una vez que se ha inve
nuevo, el gobierno puede estar tentado a revocar l
minar la distorsión de la fijación de precios del
caso, los agentes racionales entienden el incentivo
no cumplir, y esta expectativa afecta su conducta.
solución es eliminar el poder discrecional del gobi
una regla política fija.
C. Expectativas racionales en el trabajo empírico
Hasta el momento se han subrayado los desarrollos
económica. Pero la amplia aceptación de las expe
como un dogma metodológico también ha tenid
fluencia en el trabajo empírico. Al centrar su aten
en que los actores económicos deberían comportar
bre, la revolución de las expectativas racionales ha
en que los macroeconomistas formulan sus teorías
utilizan datos para probarlas.
Un ejemplo de un tema que ha sido extensamen
la luz de las expectativas racionales es la teoría de i
tes del consumo. En un documento original, Ro
ñaló una implicación sencilla y sorprendente de la
en el consumo deben ser impredecibles. De acuer
ingresos permanentes, los consumidores que enfren
intertemporal del presupuesto hacen lo mejor pos
camino de su consumo durante el tiempo. Como re
refleja las expectativas de los consumidores acerca
turo; el consumo cambia sólo cuando los consumid
expectativas. Si los consumidores utilizan de man
información disponible, las revisiones en sus expe
impredecibles, y así deben ser los cambios en su co
Hall aplicó la lógica de la hipótesis de los mercados
han utilizado mucho los economistas para explicar
de los precios de las acciones - a la hipótesis de l
nentes.
Formulada de esta manera, la hipótesis de los ingresos permanentes
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
254 N. Gregory Mankiw
puede probarse con facilidad. Tan
consumo con una serie de variables
bles pueden predecir cambios en
estas regresiones, encontró, para so
la teoría pasaba esta prueba, al men
Los cambios en el consumo agregado
gran medida impredecibles. Al igu
el consumo está cerca de un camino aleatorio.
Para ver qué tan revolucionario era el enfoque de Hall, considérese
cómo mide el éxito un investigador empírico. Hace 20 años, la inves-
tigación empírica del consumo a menudo vinculaba funciones de con-
sumo estimadas. El éxito se medía a través de qué tan bien la ecua-
ción estimada correspondía a los datos; es decir, el éxito era un R2
alto. Hall le dio vuelta a este estándar argumentando que la teoría
del ingreso permanente es válida precisamente porque encontró un
R2 bajo. Esta diferencia surge porque Hall no estimó una función de
consumo, sino que examinó una condición intertemporal de primer
orden de un consumidor representativo para verificar si el consumidor
cometía errores sistemáticos en su optimización.
En retrospectiva, resulta claro que la contribución de Hall fue más
metodológica que sustantiva. Hall concluyó que las pruebas favorecían
fuertemente la hipótesis del ingreso permanente. Las investigaciones
posteriores, algunas de la cuales, siguieron el enfoque de Hall, encon-
traron que el ingreso actual tiene una influencia mayor en el consumo
que la que predice la hipótesis del ingreso permanente (Marjorie Fla-
vin, 1981; Hall y Frederic Mishkin, 1982; John Campbell y Gregory
Mankiw, 1989., 1990; Chris Carroll y Lawrence Summers, 1989). Aún
subsiste mucha controversia acerca de la validez de la hipótesis del
ingreso permanente, pero no hay duda de que Hall cambió para siem-
pre los términos del debate.
Si bien una vez fue revolucionario el enfoque de las expectativas
racionales al trabajo empírico, ahora es estándar. Encuentra su desa-
rrollo más avanzado en los métodos de la ecuación de Euler, que evo-
lucionaron del trabajo de Hall sobre el consumo. Los investigadores
han aplicado estos métodos para estudiar la oferta de trabajo, la de-
manda de trabajo, el gasto en artículos de consumo duradero, inver-
siones fijas de negocios y acumulación de inventarios. A pesar de que
es poco probable que estas nuevas técnicas remplacen por completo los
enfoques econométricos "chapados a la antigua", se han ganado un
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre macroeconomìa 255
lugar permanente en la caja de herramientas de
ticos.
Macroeconomìa neoclásica
Puesto que el ataque inicial de Lucas a la práctica macroecon
estándar subrayaba la manera inadecuada en que se trataban
pectativas, la primera tarea que enfrentaban los macroecono
consistía en aprender a abordar la previsión de los agentes econ
racionales. En las primeras etapas de la revolución neoclásica
nos economistas creían que los modelos macroeconómicos podía
ponerse con relativa facilidad. Parecía que los sustitutos imper
de las expectativas tan sólo necesitaban ser remplazados por ex
tivas racionales. Este punto de vista resultó demasiado optimis
bía mucho más trabajo por hacer. El objetivo de la revolución n
sica era reconstruir la macroeconomia comenzando con los con
microeconómicos básicos de preferencias y tecnología. Los econ
tas neoclásicos persiguieron este objetivo al tiempo que man
las axiomas de que el individuo siempre optimiza y que, lo que
más controvertido, los mercados siempre se agotan.
A. Información imperfecta
Los primeros modelos neoclásicos tenían el objetivo de gene
ciclo económico monetario. Para hacer esto, se alejaron leveme
paradigma walrasiano al asumir información imperfecta refer
los precios (Lucas, 1972, 1973). Se suponía que los individuos es
más conscientes de los precios de los bienes que producen que
precios de los bienes que compran. Por lo tanto, solían conf
los movimientos en el nivel de precios global (lo cual no deber
portar) con los movimientos en los precios relativos (lo cual sí d
importar). Una inflación no anticipada conduce a que los ind
infieran que los precios relativos de los bienes que producen son
poralmente altos, lo que los lleva a aumentar la cantidad of
Todo esto implica, entonces, que la producción depende de la d
ción de la inflación respecto a la inflación esperada. De esta m
se utilizó la suposición de la información imperfecta para gene
curva de Philips aumentada con expectativas utilizada por Frie
y Phelps.
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
256 N. Gregory Mankiw
Pese a que esta teoría del ciclo e
en la década de los setenta, ha a
recientes. La razón por la que s
clara. Las críticas argumentan q
precios no puede ser realmente ta
cambios en la producción y el em
nómico. Las pruebas empíricas tam
favorables (Barro y Zvi Hercow
existen pruebas precisas que ex
este enfoque.
B. Ciclos económicos reales
Quienes trabajan dentro de la tradición neoclásica han subrayado re-
cientemente la teoría de los ciclos económicos "reales" (John Long y
Charles Plosser, 1983; Barro y Robert King, 1984; Prescott, 1986).
Esta teoría procede de la suposición de que existen grandes fluctua-
ciones al azar en la tasa de cambio tecnológico. Puesto que estas fluc-
tuaciones en la tecnología conducen a fluctuaciones en los precios rela-
tivos, los individuos racionalmente cambian su oferta de trabajo y su
consumo. De acuerdo con esta teoría, el ciclo económico es la respuesta
natural y eficiente de la economía a los cambios en la tecnología de
producción disponible.
La fortaleza de los modelos de ciclo económico real está en que es
muy parca y, al mismo tiempo, rigurosamente fundamentada en los
principios microeconómicos. Con frecuencia son modelos de equilibrio
general intertemporal estándares, comunes en el estudio del crecimien-
to económico, corregidos sólo levemente para incluir cambios al azar
en la tecnología. Estos modelos imitan sorprendentemente bien el com-
portamiento de importantes series de tiempo económicas. Edward
Prescott concluye provocadoramente que los ciclos económicos no son
un enigma ; más bien, puesto que las fluctuaciones son una implicación
natural de los modelos de crecimiento estándar, sería un enigma si no
observáramos los ciclos económicos.
La teoría de los ciclos económicos reales contrasta mucho con el
punto de vista del consenso de la década de los sesenta. Aquí se men-
cionaron brevemente tres suposiciones de estos modelos, que hace 20
años habrían parecido ridículos y que hoy siguen siendo controver-
tidos.
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre macroeconomìa 257
En primer lugar, la teoría de los ciclos econó
que la economía experimenta cambios grandes y
nología de producción disponible. Muchos mod
micos explican la recesión como periodos de re
es decir, bajas en la habilidad tecnológica de la s
afirman que los grandes cambios en la tecnologí
los retrocesos tecnológicos, son poco probables (
kiw, 1989). Es más común suponer que el progre
de manera gradual.
En segundo lugar, la teoría de los ciclos económ
que las fluctuaciones en el désempleo reflejan ca
de personas que quieren trabajar. Puesto que el em
cialmente mientras los determinantes de la ofer
de salarios real y la tasa de interés real - varían
modelos requieren que el tiempo libre sea altam
larga. Esta suposición entra en conflicto con m
nométricos de la oferta de trabajo que usan da
los cuales típicamente encuentran pequeñas elast
rales de sustitución (Joseph Alton ji, 1986). Ta
flicto con las sólidas creencias anteriores de muchos economistas en
el sentido de que un alto desempleo en las recesiones es en la mayoría
de los casos involuntario.
En tercer lugar, la teoría de los ciclos económicos reales supone - y
esta suposición es la que da nombre a la teoría - que la política mone-
taria es irrelevante para las fluctuaciones económicas. Antes de que la
teoría de los ciclos económicos reales entrara al debate a principios de
la década de los ochenta, casi todos los macroeconomistas concorda-
ban en una proposición: el dinero importa. Pese a que había contro-
versias acerca de si la política monetaria sistemática podía estabilizar
la economía, se aceptaba universalmente que una mala política mone-
taria podía desestabilizarla. Los teóricos de los ciclos económicos reales
han desafiado ese punto de vista utilizando el viejo argumento keyne-
siano en el sentido de que cualquier correlación del dinero con la pro-
ducción surge porque la oferta monetaria es endógena (King y Plosser,
1984). Ellos también le dan poca importancia a las pruebas anecdó-
ticas sobre los efectos de la política monetaria - como la desinflación
de Volcker de principios de la década de los ochenta - que parecen
dar forma a los puntos de vista de muchos otros economistas.
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
258 N. Gregory Mankiw
C. Cambios sectoriales
Otro enfoque neoclásico del ciclo económico es la teoría del cambio
sectorial, que subraya el costoso ajuste del trabajo entre sectores (David
Lilien, 1982; Fischer Black, 1987). Al igual que la teoría de los ciclos
económicos reales, la teoría del cambio sectorial conserva la dicotomía
clásica no dándole importancia a los disturbios monetarios. Pero, a
diferencia de la teoría de los ciclos, se desvía ligeramente del para-
digma walrasiano al suponer que, cuando un trabajador se mueve de
un sector a otro, se necesita un periodo de desempleo, tal vez para
buscar trabajo. De acuerdo con la teoría del cambio sectorial, las re-
cesiones son periodos durante los cuales hay más shocks sectoriales y
por lo tanto una mayor necesidad de ajustes sectoriales.
A pesar de que aún hay mucho trabajo empírico por hacer, el paso
de las pruebas disponibles no parece apoyar la teoría del cambio sec-
torial. Si los trabajadores están voluntariamente desempleados en las
recesiones porque se mueven hacia nuevos trabajos en otros sectores,
esperaríamos encontrar que un desempleo alto coincidiera con un nú-
mero elevado de vacantes. Sin embargo, las fluctuaciones observadas
tienen el patrón opuesto: las altas tasas de desempleo coinciden con
bajos niveles de ayuda requerida a través de la publicidad (Katherine
Abraham y Lawrence Katz, 1986). Además, pese a que la teoría del
cambio sectorial sugiere que los trabajadores se mueven entre sectores
durante las recesiones, parece que el caso es lo contrario: el movimien-
to medido de los trabajadores es fuertemente proci clico (Kevin Mur-
phy y Robert Topei, 1987). Estos hallazgos sugieren que no es proba-
ble que la teoría de los ciclos económicos esté plausiblemente recon-
ciliada con las fluctuaciones económicas observadas.
Los defensores de la teoría del cambio sectorial argumentan que las
pruebas de este tipo no son persuasivas. Es posible que, puesto que el
proceso de ajuste sectorial requiere un periodo de alto desempleo y
bajo ingreso, reduzca la demanda de productos de todos los sectores.
Por lo tanto, podríamos observar pocas vacantes y bajo movimiento
durante las recesiones, aun cuando las recesiones fueran inicialmente
causadas por la necesidad de reubicar fuerza de trabajo entre los sec-
tores. De esta forma, no es claro cómo se puede distinguir empírica-
mente la teoría de los cambios sectoriales de las teorías de los ciclos
económicos que subrayan fluctuaciones de la tecnología en toda la eco-
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre macroegonomía 259
nomía y de las teorías keynesianas que subrayan
la demanda agregada.
Macroegonomía neokeynesiana
Al mismo tiempo que muchos macroeconomistas han tratado de
car las fluctuaciones económicas dentro del paradigma walr
muchos otros economistas han trabajado dentro del enfoque n
rasiano que evolucionó a partir de la Teoría general de Key
firma "keynesiana" es tan amplia y vaga que muchos investiga
han aplicado el término a sus propias teorías. Si existe un solo
que unifique la economía keynesiana, es la creencia de que l
tuaciones económicas reflejan no la respuesta eficiente de Pare
la economía hacia los cambios en los gustos y la tecnología, sin
bien algún tipo de falla en el mercado a gran escala.
La imperfección del mercado que se repite con mucha fre
en las teorías keynesianas es la falla de los salarios y los preci
ajustarse instantáneamente con el fin de equilibrar la oferta y
manda. En efecto, la lentitud a corto plazo de los salarios y los
fue la suposición clave del punto de vista del consenso de la
de los sesenta. Y la ausencia de una justificación teórica adecua
dicha suposición fue la grieta fatal que socavó el consenso.
examinan, siguiendo un orden histórico, tres líneas recientes de
tigación, cada una de las cuales subraya a su manera la fall
precios para agotar el mercdo. Puede considerarse que mucha
tigación intenta revivir el punto de vista del consenso, con
modificaciones, al proporcionar un fundamento teórico convinc
razonamiento microeconómico realista.
A. Precios fijos y desequilibrio general
Partiendo del trabajo original de Barro y Herschel Grossman (1971),
gran parte de la investigación que se realizó en la década de los setenta
utilizó las herramientas de la teoría del equilibrio general para exami-
nar la manera en que los mercados interactúan cuando los precios se
fijan a niveles que no agotan el mercado. Este programa de investi-
gación era particularmente popular entre macroeconomistas europeos
(Edmond Malinvaud, 1977; John Muellbauer y Richard Portes,
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
260 N. Gregory Mankiw
1978; Jean-Pascal Benassy, 1982).
gurosos cómo se ajustan las cantid
hacerlo y cómo las políticas econó
el empleo en condiciones de preci
Un resultado significativo de esto
to de la economía depende crucia
mentan un exceso de demanda y
oferta. El desempleo - un exceso
dos regímenes. En el primer régim
empresas pueden vender todo lo q
el desempleo surge porque el salar
toda la fuerza de trabajo esté pr
gundo régimen, llamado desempleo
den vender todo lo que quieran a
surge debido a esta limitación de
La diferencia entre estos regímen
tantes que se repiten en la teorí
mercado clave causa un alto dese
el mercado de trabajo o en el me
fecciones en ambos mercados, ¿có
recibido recientemente la atención
un programa de investigación d
adelante.
Puesto que estos modelos del desequilibrio general se propusieron
antes del rompimiento del consenso prevaleciente en la década de los
sesenta, no están directamente dirigidos a remediar las grietas que
ocasionaron dicho rompimiento. Para concentrarse en las implicacio-
nes de los precios fijos, estos modelos dan por sentado el problema de
por qué los precios no se ajustan a los mercados agotados. A raíz de la
revolución neoclásica, que al parecer tenía mayor repercusión de este
lado del Atlántico, los keynesianos estadounidenses estaban menos preo-
cupados por los detalles del ajuste de la cantidad bajo precios fijos.
Dirigieron sus esfuerzos a modelar los procesos de ajuste de precios.
Una vez que se dirige la atención hacia el problema del ajuste de
precios, se torna aparente una incongruencia de estos modelos del
desequilibrio general. Estos modelos imponen precios fijos en econo-
mías walrasianas diferentes. Sin embargo, para analizar el problema
de cómo se ajustan los precios, es necesario admitir que algunos acto-
res económicos tienen control sobre los precios. Por lo tanto, es nece-
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre macroeconomìa 261
sario ir más allá de la suposición de la toma de
del equilibrio general e incorporar explícitamente
los precios, tales como los sindicatos o las empres
algún grado de poder en el mercado. Sin emba
comienza a pensar en una economía con fijador
poco probable que se comportara igual que una
los precios los establece un subastador walrasiano
específicas, no llega a elegir precios de equilibr
modelos del desequilibrio general que surgen de B
pueden ofrecer el mejor marco de referencia p
los puntos para los que fueron diseñados, como e
dad bajo precios fijos. Dicho de una manera sen
ble divorciar el problema del ajuste de la cantid
ajuste de los precios.
B. Contratos laborales y salarios inflexibles
La mayor parte de los intentos por explicar po
aleja del ideal walrasiano se ha centrado en el m
El mismo Keynes subrayó el lento comportamient
lo tanto, cuando los economistas escépticos de la
trataron de defender la economía keynesiana, el
fue el lugar natural para empezar.
Una línea prominente de investigación modeló"
bajo como incapaz de agotarse, debido a los con
especificaban con anticipación el salario nominal
podrían comprar la mano de obra (Jo Anna G
1977; John Taylor, 1980). El principal atracti
es que reflejan las instituciones observadas. Mucho
cubiertos por contratos formales que predetermin
nal, y muchos otros parecen estar cubiertos por
con los empleadores. Incorporada al modelo ma
observación tiene implicaciones importantes pa
política monetaria. Una de estas implicaciones e
de la política irrelevante de Sargent y Wallace
salario nominal es incapaz de responder a los dist
entonces la política monetaria que sistemáticamen
es una herramienta poderosa para estabilizar la ec
la suposición de las expectativas racionales. En ese
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
262 N. Gregory Mankiw
minai fijo da a la autoridad moneta
por tanto, control sobre el empleo.
Estos modelos basados en los contratos de salarios nominales fueron
criticados en tres terrenos. En primer lugar, la existencia de dichos
contratos nunca se explica a partir de los principios microeconómicos.
Si estos contratos de salarios nominales son responsables de fluctua-
ciones grandes e ineficientes en la producción y el empleo, ¿por qué
los trabajadores y las empresas firman estos contratos? Hay mucho
trabajo teórico que estudia los arreglos que comparten riesgos entre
las empresas y los trabajadores. Es evidente que una contratación
óptima no puede producir la inflexibilidad de los salarios nominales
con que cuentan estos modelos de contratación keynesianos. Puesto
que los trabajadores desempleados valoran su tiempo libre menos de
lo que la empresa valora su trabajo, estos contratos dejan ganancias
del comercio sustanciales y obvias sin explotar.
En segundo lugar, a pesar de la existencia de contratos laborales que
determinan los salarios nominales por adelantado, no es obvio que estos
salarios desempeñen un papel importante en la determinación del em-
pleo, como suponen estos modelos. Muchos trabajadores tienen un solo
trabajo toda su vida. En el contexto de una relación a largo plazo,
un salario pagado durante un periodo determinado no necesita igualar
el producto marginal del trabajo, como lo haría en un mercado spot.
En cambio, el salario puede ser como un pago parcial. Por ejemplo,
algunas universidades pagan el salario anual del profesor de igual
manera durante nueve meses, mientras que otras universidades lo pa-
gan durante doce meses; sin embargo, seguramente esta diferencia no
tiene relación con el esfuerzo de trabajo o con el producto marginal de
los profesores durante todo el año. De igual manera, la observación
de que algunos salarios son inflexibles no necesariamente implica que
la distribución de la fuerza de trabajo está ineficientemente deter-
minada.
En tercer lugar, el comportamiento cíclico del salario real no parece
corresponder con los modelos que incorporan un salario nominal pre-
determinado y movimientos en un programa de demanda de trabajo
descendente y estándar. En la mayor parte de estos modelos, un shock
negativo en la demanda agregada disminuye el nivel de precios, eleva
el salario real (debido a que el salario nominal está fijo) y, por tanto,
reduce la cantidad de fuerza de trabajo demandada. Hasta el punto
en que las fluctuaciones están dirigidas por la demanda agregada, los
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre macroeconomìa 263
salarios reales deberían ser contracíclicos. Sin em
los salarios reales parecen no tener una relación
actividad económica, o tal vez aparecen un tanto p
plo, en la severa recesión de 1982, que supuestame
una política monetaria contraccionista, los salario
muy diferentes de lo que fueron unos años antes
La predicción de los salarios reales contracíclicos n
fácilmente con las pruebas.
Los economistas difieren en cuanto a considerar seria esta crítica.
Como mínimo, estos problemas con los modelos contractuales de tra-
bajo pusieron a los keynesianos a la defensiva en el debate académico.
C. Competencia monopólica y precios inflexibles
El descontento con los modelos que subrayaban la inflexibilidad de los
salarios reales alejó la atención de los macroeconomistas keynesianos
de la década de los ochenta del mercado de trabajo y la dirigió hacia
el mercado de bienes. Se ha dedicado mucho trabajo a examinar el
comportamiento de las empresas monopólicamente competitivas que
enfrentan "costos de menú" cuando cambian sus precios (Mankiw,
1985; George Akerlof y Janet Yellen, 1985; Michael Parkin, 1986;
Olivier Blanchard y Kiyotaki Nobuhiro, 1987 ; Julio Rotemberg y Garth
Saloner, 1987; Laurence Ball, Mankiw y David Romer, 1989). Toma-
dos de manera literal, estos costos de menú son las fuentes necesarias
para fijar nuevas listas de precios. De manera más metafórica y más
realista, estos costos de menú incluyen el tiempo que se toma para in-
formar a los consumidores, el asombro de los consumidores por los
cambios de precios y el esfuerzo requerido incluso para pensar en cam-
biar los precios.
Esta línea de investigación es todavía muy nueva para juzgar cuán
sustanciales serán sus repercusiones o para adivinar qué problemas juz-
gará más serios. Lo que resulta claro en este momento es que este énfa-
sis en el mercado de bienes puede evitar los tres problemas que pla-
garon el modelo keynesiano basado sólo en los salarios inflexibles.
En primer lugar, estos nuevos modelos pueden explicar en términos
rigurosamente microeconómicos por qué los fijadores de precios no
pueden restablecer el equilibrio. Las empresas monopólicamente com-
petitivas no tienen muchos incentivos para cortar sus precios cuando
disminuye la demanda de sus bienes. Sin embargo, debido a la distor-
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
264 N. Gregory Mankiw
sión preexistente de la fijación de
para la sociedad de un corte de pr
orden) aun cuando el beneficio p
gundo orden). Si las empresas enf
menú, podrían mantener sus anti
pérdida social de su precio de in
En segundo lugar, a diferencia
de los precios rígidos que observa
importante sobre la distribución
de las revistas en los puestos de p
cambiar durante muchos años a
difícil argumentar que estos prec
tro del contexto de una relación a
levantes.
En tercer lugar, estos modelos c
salario real contracíclico. Una ve
precios como un elemento import
economía a los cambios en la dem
puede ser procíclicos o acíclicos.
se combina con el punto de vist
tan sólo pagos parciales, se pued
al tiempo que se deja indetermin
precios.
Por estas razones, la búsqueda de rigideces nominales ha cambiado
de los mercados de trabajo a los mercados de bienes. Sin embargo,
sería incorrecto deducir que los keynesianos ahora adoptan un mer-
cado de trabajo en equilibrio. Mejor dicho, es más común explicar el
desempleo a través de diversos tipos de rigideces reales que evitan que
los salarios reales no lleguen a equilibrar el mercado de trabajo. Sólo
al explicar las rigideces nominales y la no neutralidad del dinero, es
cuando el énfasis se ha vuelto hacia los mercados de bienes.
De entre los diversos tipos de rigideces en el mercado de trabajo
oue han recibido atención, probablemente los modelos del "salario de
eficiencia" son los más populares (Yellen, 1984; Jeremy Bulow y Sum-
mers, 1986; Katz, 1986; Joseph Stiglitz, 1986). La característica prin-
cipal de esta clase de modelos es que las empresas no reducen los salarios
ante un desempleo persistente porque hacerlo reduciría la productivi-
dad. Se han propuesto varias razones para explicar la manera en que
los salarios afectan la productividad. Una explicación sociológica es
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre macroeconomìa 265
que los trabajadores menos pagados son men
Una explicación basada en la selección advers
nores salarios reducen la calidad promedio d
porque sólo se van los mejores trabajadores.
pular de los salarios de eficiencia es la "evasión
presas realizan un seguimiento imperfecto del
trabajadores evaden sus responsabilidades y s
didos; un salario menor reduce el costo de ser d
eleva la cantidad de evasión. En todas estas teorías del salario de efi-
ciencia, la repercusión de los salarios en la productividad disminuye
el incentivo de una empresa para recortar los salarios como respuesta
a un exceso de oferta de trabajo. Si este efecto sobre la productividad
es suficientemente grande, las fuerzas competitivas normales que mue-
ven el mercado de trabajo hacia el equilibrio de la oferta y la deman-
da están ausentes.
En un documento importante, Laurence Ball y David Romer (1990)
han demostrado que las rigideces nominales causadas por costos de
menú son fomentadas por rigideces reales como los salarios de eficien-
cia. Los costos de menú evitan que los precios caigan como respuesta
a una reducción en la demanda agregada. La rigidez en los salarios
reales evita que los salarios caigan en respuesta al desempleo resultan-
te. El hecho de que los salarios no logren caer mantiene altos los cos-
tos de la empresa y de esta manera asegura que tenga pocos incentivos
para recortar precios. Por lo tanto, a pesar de que por sí sola la rigidez
de los salarios reales es de poca ayuda para entender las fluctuaciones
económicas porque conduce solamente al desempleo clásico y no le
da ,un papel a la demanda agregada, la rigidez de los salarios reales
junto con los precios de menú ofrecen una nueva y poderosa expli-
cación del desequilibrio keynesiano.
Conclusión
En este trabajo se comenzó por sugerir que los desarrollos reci
en macroeconomia son similares a la revolución de Copérnico en
nomía. De inmediato puede que tengan poco valor práctico, pero
mente indicarán el camino de una comprensión más profunda.
la analogía es demasiado optimista. Copérnico podía ver no
que estaba equivocado en el paradigma prevaleciente, sino
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
266 N. Gregory Mankiw
debería ser un nuevo paradigma. E
nomistas han dado sólo el primer
mucho desacuerdo en torno a cóm
más fácil criticar lo nuevo que me
Sin embargo, algunos desarroll
ampliamente aceptados. A pesar d
dan que las expectativas sean ra
mixtas de las encuestas sobre las e
tativas racionales está tan firmem
económica como lo están los axiom
las ganancias y que las familias
sobre reglas versus discreción con
gruencia de tiempo es un probl
manera más fundamental, casi t
acuerdo en que basar la macroecon
cos firmes debe tener un lugar m
tigación que el que ha tenido en
Sin embargo, respecto al asunt
económicos, parece que hay ciert
senso. Tanto los "neoclásicos" com
adelantos sustanciales en sus pro
fluctuaciones económicas, los nuev
los disturbios de la tecnología, la s
libre y los ciclos económicos reale
hablan de competencia monopólica
ciencia. De manera más general,
ciclo económico puede comprende
dos sin fricciones, mientras los ke
fallas del mercado de diversos tip
la economía.
Los adelantos recientes en macroeconomia se juzgarán finalmente de-
pendiendo de si resultan útiles a los macroeconomistas prácticos. El
paso del tiempo hará menos modernos a los salarios de eficiencia, los
ciclos económicos reales y otros "adelantos" de la última década. La
atención de los investigadores académicos con seguridad se dirigirá
hacia otros temas. Sin embargo, es probable que algunos de estos desa-
rrollos recientes cambiarán de manera permanente la forma en que
economistas de todos tipos piensen y analicen el comportamiento eco-
nómico y la política económica. Dentro de 20 años sabremos cuáles
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre magroegonomía 267
de estos desarrollos tienen la fuerza para sobreviv
permear las concepciones de los economistas acer
el mundo.
Referencias bibliográficas
Abraham, Katcherine G. y Lawrence F. Katz, 1986, "Cyclical Unem
ment: Sectoral Shifts or Aggregate Disturbances?", /. Polit . Econ.,
94(3), pp. 507-522.
Akerlof, George y Janet Yellen, 1985, A Near-Rational Model of the
ness Cycle, with Wage and Price Inertia", Quart . /. Econ ., suplemento,
(5)., pp. 823-838.
Altonji, Joseph G., 1986, Intertemporal Substitution m Labor Supply
dence from Micro Data", /. Polit . Econ., junio, 94 (núm. 3, parte 2
S176-S215.
Ball, Laurence, Gregory N. Mankiew y David Romer, 1988, "The New Key-
nesian Economics and the Output-Inflation Tradeoff", Brookings Pap . Econ.
Act. y 1, pp. 1-65.
Money", Rev. Econ . Stud., abril, 57(2)
Barro, Robert J. y David B. Gordon, 19
Policy in a Natural Rate Model", /. Po
Income and Employment", Amer. Econ.. Re
Money Growth", /. Monet. Econ., abril, 6
poral-Substitution Models of Business Cycles
99(4), pp. 817-839.
Benassy, Jean-Pascal, 1982, The economics of
York, Academic Press.
Black, Fischer, 1987, Business cycles and equilib
well.
Blanchard, Olivier J. y Nobuhiro Kiyotaki, 1
and the Effects of Aggregate Demand", Am
77(4), pp. 647-666.
Bulow, Jeremy I. y Lawrence H. Summers,
Markets with Application to Industrial Pol
nesian Unemployment", /. Lab. Econ., julio
Calvo, Guillermo A., 1978, On Time Consis
Monetary Economy", Econometrica, noviem
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
268 N. Gregory Mankiw
Campbell, John V. y N. Gregory Ma
Interest Rates: Reinterpreting the
nomics Annual , 4, pp. 185-216.
nal of Economic and Business Statistics , en prensa.
Carrol, Chris y Lawrence H. Summers, 1989, "Con
Income Growth: Some New Evidence", Universi
Cecchetti, Stephen G., 1986, "The Frecuency of
of the Newsstand Prices of Magazines", /. Econo
255-274.
Fischer, Stanley, 1977, "Long-Term Contracts, Rational Expectations, and
the Optimal Money Supply Rule", /. Polit . Econ ., febrero, 85(1), pp. 191-
205.
sembling Government", /. Econ. Dynam. Cont
Flavin, Marjorie A., 1981, "The Adjustment o
Expectations about Future Income", /. Polit
974-1009.
Friedman, Milton, 1968, "The Role of Monetary Policy", Amer. Econ. Rev.,
marzo, 58, pp. 1-17.
Gray, Jo Anna, 1976, "Wage Indexation: A Macroeconomic Approach", /.
Monet. Econ., abril, 2(2), pp. 221-235.
Hall, Robert E., 1978, "Stochastic Implications of the Life Cycle-Permanent
Income Hypothesis: Theory and Evidence", J. Polit . Econ., diciembre,
86(6), pp. 971-987.
Transitory Income: Estimates from
metrica, marzo, 50(2), pp. 461-481.
Hicks, John, 1937, Mr. Keynes and the
pp. 147-159.
Katz, Lawrence, 1986, "Efficiency Wa
nber Macroeconomics Annual, 1, pp. 2
Keynes, John Maynard, 1936, The gene
and money, Londres, Macmillan.
King, Robert G. y Charles I. Plosser, 1
a Real Business Cycle", Amer. Econ. R
Kydland, Finn E. y Edward C. Prescott,
The Inconsistency of Optimal Plans", J
Lilien, David M., 1982, "Sectorial Shifts
Polit. Econ., agosto, 90(4), pp. .777-793
Long, John B., Jr., y Charles I. Plosser, 1
Econ., febrero, 91(1), pp. 39-69.
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms
Curso rápido sobre magroeconomía 269
Lucas, Robert E., Jr., 1972, "Expectations and the Neu
Econ . Theory , abril, 4(2), pp. 103-124.
Econ . Rev., junio, 63(3), pp. 326-334.
serie de suplemento, 1, pp. 19-46, 62.
Malinvaud, Edmond, 1977, The theory of unem
Blackwell.
Mankiw, N. Gregory, 1985, "Small Menu Costs and Large Business Cycles:
A Macroeconomic Model", Quart . J. Econ., mayo, 100(2), pp. 529-538.
Perspectives, verano, 3, pp. 79-90.
Mishkin, Fiederic S., 1983, A rational expect
metrics, Chicago, University of Chicago Pres
Muellbauer, John y Richard Portes, 1978,
Quantity Rationing", Econ. J., diciembre,
Murphy, Kevin M. y Robert H. Topel, 1987
ment in the United States: 1968-1985", nb
pp. 11-58.
Muth, John F., 1961, "Rational Expectations and the Theory of Price Mo-
vements", Econometrica, julio, 29, pp. 315-335.
Parkin, Michael, 1986, "The Output- Inflation Tradeoff When Prices Are
Costly to Change", /. Polit. Econ., febrero, 94(1), pp. 200-224.
Phelps, Edmund S., 1968, "Money-Wage Dynamics and Labor Market Equi-
librium", /. Polit . Econ., julio-agosto, 76 (num. 4, parte), pp. 687-711.
Prescott, Edward, 1986, 'Theory Ahead of Business Cycle Measurement ,
Carnegie-Rochester Conf. Ser. Public Policy, otoño, 25, pp. 11-44.
Rotemberg, Julio J. y Garth Saloner, 1987, "The Relative Rigidity of Mono-
poly Pricing", Amer. Econ. Rev., diciembre, 77(5), pp. 917-926.
Sargent, Thomas y Neil Wallace, 1975, "Rational Expectations, the Optimal
Monetary Instrument, and the Optimal Money Supply Rule", J. Polit . Econ.,
abril, 83(2), pp.. 241-254.
Stiglitz, Joseph, 1986, "Theories of Wage Rigidity", en James L. Butkiewicz,
Kenneth J. Koford y Jeffrey B. Miller (comps.), Keynes 9 econpmic legacy :
Contemporary economic theories, Praeger Publishers, pp. 153-206.
Summers, Lawrence H., 1986, 'Some Skeptical Observations on Real Business
Cycle Theory", Fed. Res. Bank Minn. Rev., otoño, 10(3), 23-27.
Taylor, John, 1980, "Aggregate Dynamics and Staggered Contracts , /. Pout.
Econ., febrero, 88(1), pp. 1-23.
Yellen, Janet L., 1984, "Efficiency Wage Models of Unemployment", Amer.
Econ. Rev., mayo, 74(2), pp. 200-205.
This content downloaded from 132.248.9.8 on Mon, 22 Oct 2018 06:11:19 UTC
All use subject to https://about.jstor.org/terms