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Facultad de Ciencias Políticas y Sociales

Sistema de Universidad Abierta

Grupos de Poder y Negociación Política


9 de Septiembre del 2017
Lic. Jesús Eduardo Monroy Tenorio

La teoría social: “la realidad se nos escabulle”

En uno de sus discursos acerca del más allá metafísico, José Gaos (filósofo
español), menciona algunos puntos importantes que nos ayudarán a entender aún
mejor la problemática en la que la sociología ha estado y sigue envuelta: la de no
poder alcanzar con marcos teóricos ninguna realidad social.

En el 59’, Gaos escribió que la materia principal de la realidad es la unidad y


la del tiempo es el instante mismo. La unidad como materia de la realidad no puede
estar separada. Las células son unidad de moléculas y electrones, a su vez, estás
forman tejidos y, luego, los tejidos son sistemas. Pero en algún momento un tejido
o un sistema (nervioso, linfático, etc.) se convierten en unidad de algo más: el
cuerpo humano, por ejemplo. Lo mismo pasa cuando pensamos en el tiempo y lo
categorizamos en instantes: presente pasado y futuro. Cada instante es una unidad
práctica que nos sirve únicamente para poderla hacer inteligible. No obstante, ni
presente ni pasado ni futuro se quedan quietos. En el presente mismo en que
escribo estas palabras, ya pasaron a formar parte de mis recuerdos, es decir, de mi
pasado.

Lo que acontece a la sociología no es exclusivo de ella, los mismos modelos


de la filosofía, la antropología o la psicología, por mismos horizontes. El estudio de
la interacción social siempre ha dependido de muchos supuestos teóricos, de
especulaciones, de un acto de fe respecto a las entrevistas y los resultados
estadísticos que ellas arrojan, pero, ante todo, de aislar instantes que contengan los
rasgos necesarios para volverlos una generalidad que sirva como objeto de estudio.

Ahora traslademos este mismo modelo de pensamiento al caso de la


sociología. Con lo que respecta a la colectividad, la interacción social y la política,
por seguir con los ejemplos, podríamos pensar como unidad al ser humano-
individuo. La política nace del individuo. Cada postura ideológica o una personalidad
cualquiera se plantea un modo de vida para quien la asume o la construye. Hasta
este punto el ciudadano aislado funciona como unidad de una sociedad, pero surgen
muchas problemáticas cuando este individuo empieza a interactuar a través del
tiempo: los problemas de consenso (Giddens, 12), el descontento social reflejado
por las protestas, estadísticas fallidas, la territorialización y un sinfín más de
fenómenos, muestra de lo complejo que resulta ser el fenómeno de lo social.

Nunca tenemos una personalidad o una ideología acabada, incluso cuando


dormimos y bajo la influencia de nuestro contexto, nuestro ser se mantiene
cambiando, ésa es la única constante y certeza.

Resulta irónico si se piensa que, tal vez, este gran detalle de lo intangible y
contingente, por llamarlo de una manera, es lo que, a la hora de aplicar las guías
morales para la acción política, resultan en actos radicales y agresivos en vez de
acciones justas. Por ello es que las ideologías siempre tienden hacia lo radical o lo
conservador.

Hasta aquí, podríamos considerar a ese “crepúsculo de la sociología” como


los tropiezos y las pruebas en vías de un funcionalismo práctico y teórico que le dé
la legitimidad como ciencia social.

Pero por encima de lo que parecen imposibilidades de asir un objeto de


estudio en constante cambio, están los prejuicios o etiquetas —sean estos
conceptos culturales o académicos que se distribuyen en el colectivo— que han
hostigado o entorpecido las perspectivas sociales.

Volvamos al principio. Si se ha llegado a pensar esta “crisis”, declive o fracaso


de la sociología es porque, la historia de los últimos 100 años nos dice que a pesar
de que las sociedades crecen y se desarrollan, finalmente, el declive viene a arrasar
con su supuesto progreso alcanzado. Eso puede deberse a que el progreso sólo
sirvió como un velo de discurso al servicio de la estrategia política o que el progreso
o desarrollo no ha sido asimilado por la población.

Si antes se vivían posturas o ideologías antagónicas, actualmente podemos


hablar de que el descontento social es resultado de ideologías múltiples. La
información corre más rápido y si en los 80, o todavía los 90 podíamos saber o
ignorar algún dato relevante respecto de nuestra sociedad, hoy el internet cambió
el plano de interés, jugamos más a los trasfondos, el plano de las intenciones. Esto
podría quedar bien con el hecho de que “el feudalismo decadente aún no ha sido
del todo destruido y la nueva sociedad industrial que emerge sólo se ha formado
parcialmente.” (Giddens, 24), es decir, aún no hemos superado el problema de la
ignorancia y los prejuicios ni aprendido a ser objetivos cuando ya se no está dando
la oportunidad de alzarse ante un estrado y decir lo que pensamos. Sería fatídico
pensar que nunca hayamos aprendido a existir con el desarrollo y la crisis de
manera independiente. Los impedimentos ideológicos emanan un sinfín de
clasificaciones que vuelven el panorama social aún más complejo de lo que ya es
naturalmente.

El hecho de que las personas, que producen y ponen a disposición de otros


todo lo que necesitan para vivir, crean que son una clase de personas superiores
es tan parecido a las ideas de aquellos que creen que por pertenecer a la clase de
los gobernantes pueden disponer completamente del tiempo y espacio de aquellos
que sólo esperan apaciblemente a escoger lo que hay que hacer.

Y todo se complica aún más cuando se involucran los términos de


dominación, perversión y superioridad.