A causa del accidente, ocurrido el 17 de agosto del 2009 a las 8:15 hora local,
quedó inundada la sala de máquinas, los trabajadores que ahí se encontraban
murieron enseguida. Tres turbinas fueron destruidas y 10 hidrogeneradores se
deterioraron. El accidente provocó una mancha de aceite que se extendió 15
km2 aguas abajo. Los territorios adyacentes a la central quedaron bajo el agua,
pero se logró evitar la inundación de localidades cercanas. La central permaneció
parada durante medio año.
No se trató de ningún acto terrorista ni de un choque hidráulico. La comisión que
investigó el desastre concluyó que hubo un conjunto de circunstancias que lo
provocaron. Pero las premisas principales de la catástrofe fue lo ocurrido la noche
antes del colapso: se había incendiado la segunda central más potente siberiana,
la Brátskaya y para no dejar sin electricidad a toda Siberia, los especialistas de la
estación Sayano-Shúshenskaya tuvieron que aumentar la potencia de la estación
y poner en marcha la segunda turbina, que luego tuvo que ser reemplazada.
Sayano-Shushenskaya tuvo que trabajar a su máxima capacidad. Durante la
noche la vibración de la turbina creció cuatro veces hasta que por la mañana
simplemente reventó.
En la población de los trabajadores de la central, Cheriómushki, hoy
se conmemora a las víctimas de la tragedia, que en su mayoría eran empleados
de la misma. Este día se santificó la capilla ortodoxa que fue construida dentro de
la central un año después del accidente y se rezo una misa de difuntos. En las
actas fúnebres participaron los familiares de los muertos, así como los socorristas
del Ministerio de Situaciones de Emergencias de Rusia, que hace un año
realizaron los trabajos de rescate y de liquidación de las consecuencias de la
tragedia.
Actualmente, los sistemas de seguridad y control de la central
hidroeléctricaSayano-Shúshenskaia funcionan normalmente, informó el Servicio
Federal de Supervisión Ecológica, Tecnológica y Nuclear. Bajo el control del
departamento se realizan los trabajos de restauración, que de acuerdo con el plan
estarán finalizados hacia 2014.
El colapso de la presa de Banqiao, en la
provincia china de Henan
Ampliar
Una barca rescata a supervivientes sobre un tejado
En agosto de 1975 el derrumbe de la presa de Banqiao, en el área central
de China, por las lluvias torrenciales que dejó a su paso el tifón Nina,
supuso la mayor catástrofe de la historia en accidentes de este tipo. El
suceso fue ocultado al mundo durante las dos décadas posteriores.
Más de 26.000 personas fallecieron de forma directa por la avenida provocada por
el colapso de la presa y, según diversas estimaciones, entre 165.000 y 200.000
más morirían de hambre y enfermedades en los meses posteriores. Hasta 11
millones de personas se vieron afectadas y cerca de 6 millones de
casas quedaron destruidas o seriamente dañadas.
La presa de Banqiao, construida en el rio Ru, en la provincia china de Henan entró
en funcionamiento en 1952. Con una altura de 24,5 metros, estaba construida
con materiales sueltos: piedras, gravas, arenas, limos y arcillas. Tenía una
capacidad de 492 millones de metros cúbicos, el 75 por ciento destinado a
la laminación de avenidas, es decir, para regular el caudal creciente que llegaba
a su embalse asociado y, por consiguiente, prevenir los desbordamientos. Era parte
de un gran proyecto para el control de las graves inundaciones que afectaban a
esta parte del país de forma cíclica y para la producción de energía eléctrica.
Desde el principio se hicieron evidentes fallos estructurales que necesitaron de
la participación de expertos de la extinta URSS. Al tratarse de una presa de
gravedad, era indispensable una buena cimentación capaz de resistir las
cargas que se transmitían al terreno: las propias del peso de la estructura y las
derivadas de la fuerza que ejercía el caudal sobre el muro -presión hidrostática-.
Además, los estribos o empotramientos del dique en sus fijaciones
laterales no eran suficientemente consistentes y habían aparecido grietas.
Aprovechando los trabajos de refuerzo se recreció la coronación de la presa en tres
metros, concluyendo los responsables que el nuevo diseño haría invulnerable su
estructura, otorgándole el sobrenombre de “dique de hierro”.
El hidrólogo chino Chen Xing recomendó aumentar a doce los aliviaderos por
los que rebosara el excedente de agua, en lugar de los cinco proyectados, debido
fundamentalmente a la ausencia de datos hidrológicosde la serie histórica.
Fatalmente, su propuesta no sería atendida por las autoridades. Tampoco se
tuvieron en cuenta que los desagües de fondo, destinados a mantener una
circulación continua del agua -que hoy se denomina caudal ecológico- y permitir
el rápido vaciado del embalse en caso de emergencia podrían colmarse por los
sedimentos, como así ocurrió.
El tifón Nina
En agosto de 1975 el tifón Nina llegó a las costas de China
continental procedente de las montañas de Taiwán. Aunque de baja intensidad y
debilitado, sin embargo iba acompañado de lluvias torrenciales que se prolongaron
durante tres días; el equivalente a la precipitación acumulada de un año descargó
en solo 24 horas.
La presa de Shimantan sobre el rio Hong, con una capacidad de 94,4 millones de
metros cúbicos fue la primera en ceder, después de que el agua sobrepasara la
coronación del muro unos 40 centímetros. En total serían 62 presas, casi todas
menores, las que colapsaron por los efectos de la lluvia o por la acción en cadena
de las riadas.
En Banqiao, centenares de militares y campesinos de la zona trabajaron hasta el
último instante para intentar reforzar la estructura cuando ya comenzaba a
ceder. En condiciones durísimas, bajo la fuerte tormenta, con el agua por encima
de las rodillas y sin los medios materiales adecuados, unos 500 de ellos morirían al
romperse el dique.
Cuando la situación era ya desesperada se solicitó permiso a las autoridades de la
prefectura y de la provincia para abrir las compuertas de alivio; pero se denegó
tal posibilidad. Las lluvias torrenciales ya inundaban ciudades y
campos aguas abajo y esta medida agravaría la situación. Ante los ruegos de las
autoridades locales finalmente se consintió autorizarlo, pero para entonces ya
era demasiado tarde.
La enorme ola devastadora que siguió al desmoronamiento de la parte central
de la presa arrasó todo lo que encontró. A su paso por la población de Suiping, la
avenida viajaba a una velocidad de 50 kilómetro por hora, tenía 10 kilómetro de
ancho por 3,7 metros de altura. Quedaron anegados miles de kilómetros cuadrados
de campos y cientos de comunidades.
Las órdenes de evacuación no llegaron a todas las localidades o fueron
ineficaces, por la falta de preparación de los servicios de emergencia, la escasez
de sistemas de comunicación: teléfono y telégrafo, y de infraestructuras
apropiadas. Todo ello condicionado por las malas condiciones
climáticas propiciadas por el paso del tifón Nina.
En Shahedian, primer núcleo urbano aguas abajo de la presa pudo ser
evacuado, murieron sólo 827 de sus 6.000 habitantes. Mientras, en Daowencheg
fallecieron la práctica totalidad de sus 10.000 moradores. Para proteger las presas
del perverso colapso en cadena o para desviar el curso de las avenidas en la
dirección deseada, se realizaron bombardeos con aviones militares sobre
determinadas presas y diques, aunque no siempre consiguieron el efecto deseado.
La conjunción del colapso de las presas y los efectos de la tormenta dejaron
un paisaje devastado. Con líneas de comunicación y tendidos eléctricos caídos, y
carreteras, puentes y líneas férreas destruidas. Amplias zonas de la región
quedaron aisladas por semanas e incluso meses. Un hecho asociado fue la
pérdida repentina de 18.000 megavatios (MW) de potencia hidroeléctrica instalada
en el total de las presas derruidas. -La mayor central del mundo de este tipo, la
presa de las Tres Gargantas, situada en el curso del río Yangtsé en China, totaliza
una potencia de 24.000 MW-.
A pesar de la movilización del Ejército Popular de Liberación las tareas de rescate
fueron lentas, realizándose de forma ocasional lanzamientos de víveres desde el
aire. El saneamiento deficiente y la carencia y falta de higiene en general, así como
el uso de agua no apta para el consumo humano, propiciaron unas condiciones
propicias para la aparición de epidemias. Muchas de estas enfermedades,
endémicas en las zonas rurales de China quedaron fuera de control por la
imposibilidad de la población de acceder a los recursos sanitarios.
De otra parte, con los depósitos y almacenes de comida arruinados, los
campos arrasados y los animales de granja muertos, pronto hizo aparición la
hambruna. Con la llegada del invierno, cientos de miles de personas tuvieron
que improvisar refugios para intentar sobrevivir con unos suministros escasos.
Muchos no lo consiguieron.